lunes, 17 de noviembre de 2014

310. TD#12. Domingo de resaca

Anoche me quedé dormido finalmente a eso de las 6 de la mañana y he amanecido en torno a las 10.00, cuando han empezado a sonar las campanas de la catedral de Lille, seguramente llamando a misa, pero con un toque que más parecía llamada a rebato. Duchado y vestido, he salido a la calle. Los domingos en las ciudades francesas está casi todo cerrado, pero he encontrado un bar de hamburguesas abierto. He preguntado si tenían cruasanes y me han dicho que no. ¿Y dónde me puedo conseguir uno? Pues justo enfrente tiene usted una panadería estupenda. He cruzado, he comprado dos y he vuelto a cruzar a la hamburguesería para que me pusieran un café-crème. Ya saben que si piden un café au lait, les pondrán uno enano, una especie de cortado. Y si quieren un americano han de decir un elongé.

He dado un paseo hasta la puerta de la estación Lille-Flandre. Hasta ahora me he movido por la ciudad guiado por mi hijo y necesito fijar la ruta en mi memoria, para poder orientarme solo. Luego he vuelto al hotel y, apenas había empezado a escribir mi post TD#10, me ha llamado Lucas. Habíamos quedado en dar una vuelta de domingo, bien por un parque, bien por un mercadillo, al estilo del Rastro. Ocupaciones domingueras típicas. Pero con las vicisitudes de anoche, pues no esperaba que me llamara tan pronto (las 11.30). Dice que está en el mercadillo de Wazzemes, el más popular de Lille. Lo busco en Internet, me aprendo la ruta y me voy hasta allí. Lucas estaba en alguna terraza con sus amigos pero, con la ayuda de los móviles, nos hemos encontrado. El hombre va con su jersey finito de ayer.

Respecto al robo de su abrigo, anoche pensé que era un descuidado, pero hoy me lo ha contado. Estaban todos los amigos, que son muchos, en un antro donde unos cenaron y otros tomaron cervezas. Dejaron todos sus abrigos en un montón. Cuando se fueron a ir, los recogieron y faltaban el suyo y el de una chica. Es una faena que le puede pasar a cualquier joven. Cuando yo tenía su edad, también íbamos a sitios donde no había perchero, y dejábamos las chamarras igual, en un montón. Anoche se cogió un cabreo sordo, que todavía le dura (cuando se acuerda), porque le tenía mucho cariño a ese abrigo, que se compró cuando se marchaba a Nancy, consciente de que se mudaba a un lugar mucho más frío que Madrid. Es un abrigo así como de montaña, que no cala y está muy bien para ir en bicicleta y que te caiga un chaparrón.

En fin, estas son piedras en el camino que hay que superar, le digo. Si te mosqueas y te rayas y te cabreas como una mona, sólo consigues que la piedra en el camino se convierta en piedra en el zapato. Anoche, para colmo, en el abrigo llevaba, entre otras pertenencias, la tarjeta de la universidad, que le permite acceder al edificio de su residencia. Conserva la llave de su cuarto pero, para entrar, ha de avisar a algún compañero que le abra la puerta de fuera. Así que anoche no volvió a la residencia, porque no eran horas para despertar a nadie, y se quedó a dormir en casa de alguno de sus colegas que viven en el centro. Calculo que habrá dormido en algún sofá, y por eso se ha despertado tan pronto. En fin, hemos enredado un ratito, y luego me ha llevado a un puesto donde me he comido una especie de pita libanesa cuadrada, con una pasta de espinacas y queso, que hacían sobre la marcha unas señoras gordas con velo.

Lucas no había desayunado, tenía un paquete de galletas Príncipe, de mantequilla con un poco de chocolate, y unas uvas que ha comprado en el mercadillo. Hemos ido a una terraza de la zona y allí él se ha pedido un café caliente y yo una cerveza. Lo he visto frente a mí cogerse los brazos medio entelerido. Si tuviera una espada, como San Martín de Tours, hubiera partido mi chamarra en dos, para darle la mitad. Como no tengo espada, se la he pasado entera y le ha venido muy bien. Lo he visto tan guapo con mi chamarra, que le he hecho una foto. Abajo tienen el resultado. No me digan que no está guapo.


Luego, hemos caminado al hotel y repetido la jugada de ayer: bien calentitos, yo he terminado mi post TD#10, y él se ha echado una siesta reparadora. Estaba tan destemplado (a pesar de que le he dejado mi chamarra todo el camino de vuelta), que se ha metido debajo del edredón, vestido como estaba. Luego por la noche, le he dejado uno de mis jerseys más gordos, que se ha puesto sobre el suyo, y hemos salido otra vez a la calle, para cenar pronto, porque él tiene que recuperar su horario normal y mañana ir a clase. La ciudad estaba bastante desangelada, como todas las ciudades en domingo por la noche, y hemos dado una vuelta en busca de alguno de los restaurantes que él conoce, pero estaban todos cerrados. Al final hemos entrado en uno ecológico, donde nos hemos obsequiado unas quiches y unas tartines muy ricas, regadas con sidra de Bretaña.

Desde allí hemos vuelto al hotel, porque Lucas tenía que recoger su bolsa de compras de H&M, sus uvas y alguna cosa más. Y, aunque era tarde y estaba muy cansado, he salido para acompañarle hasta el Metro Rihour. Poco ha faltado para que me acompañara otra vez, él a mí, de vuelta al hotel. Las despedidas no nos gustan a ninguno, y esto es en parte una despedida, aunque nos veremos mañana por la mañana. En el hotel, he esperado su llamada. Sigue sin poder entrar en la lavandería, donde está toda su ropa. Y, después de lo del abrigo, le ha entrado la neura de a ver si le han robado también la ropa. La cerradura está inutilizada y puede que su ropa haya volado. La solución mañana. Con tantas tensiones, me he tomado un somnífero, para regularizar yo también mis horarios. No soportaría otra noche en blanco.

Hablando de somníferos y, dado que este post se queda un poco corto, les voy a detallar la farmacia ambulante con la que viajo, síntoma inequívoco de vejez. Resulta que, poco antes de salir de viaje, tuve un episodio de gastroenteritis fuerte. Ya saben que, en la gastroscopia que me hicieron junto con la última colonoscopia, me dijeron que tenía gastritis crónica inactiva. Pues se conoce que se activó y el exceso de ácidos gástricos me arrasó la parte intestinal. Así que he viajado con los siguientes medicamentos:

1.- Pancreoflat, para facilitar la digestión en comidas especialmente pesadas.
2.- Almax, para la acidez a posteriori.
3.- Fortasek, para el desarreglo intestinal agudo (es como un tapón en el culo)
4.- Ultra-levura, para la reconstrucción de la flora y fauna intestinal
5.- Aerored, para lo que ustedes saben y de lo que ya no se habla en el blog.
6.- (Dejando ya el digestivo) Espidifén, para dolores de todo tipo
7.- Omeprazol para prevenir efectos secundarios del Espidifén en el aparato digestivo
8.- Crestor.10, para el colesterol
9.- Mis píldoras de colágeno y magnesio de la doctora Lajusticia
10.- Dormidina, como somnífero (me basta con media)
11.- Arkovox pulverizador, para irritaciones de garganta
12.- Mis bolsitas de té de ginseng rojo coreano                                                    

Por si les resulta de interés la información. Ya ven que me cuido. Esto lo estoy escribiendo por la tarde en mi hotel de Rotterdam, penúltima estación del viaje. Con este post he recuperado la rutina de escribir cada día el resumen de la jornada anterior. Mañana les cuento lo que vengo a hacer en Rotterdam. Duerman bien. Un momento. ¿Cómo dicen? No, no. El aerored no es para el nacionalismo. Para curar esa dolencia, la mejor receta es viajar y mirar hacia fuera.

6 comentarios:

  1. En efecto, Lucas está superguapo; yo creo que le sienta la cazadora aún mejor que a su padre. Así que, más vale que te vayas tú de tiendas y te compres otra. San Martín de Tours dio media capa porque era un santo francés; si hubiera sido español, la habría dado entera... Vivimos en la tierra de don Quijote.

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    1. Esa cazadora no se la doy yo a nadie. Ya no quedan quijotes

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    2. Nos conformaremos con Pablo Iglesias.

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    3. Mientras Monedero se siga corriendo de gusto hablando de Chaves, no cuentan conmigo ni con muchos otros. Hasta que no se distancien de la mierda venezolana, no van a ganar. Una cosa es la intoxicación permanente del inMundo y otra lo que saca entrecomillado el País de esta mañana.

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    4. ¡Menudo amor le tiene El País a la revolución bolivariana! ¡Como que les quitó el supernegocio de la editorial Santillana y le hizo la puñeta con expropiaciones varias! La realidad es que el Chaves ganaba en las urnas, o sea, que la gente lo votaba, con todos los observadores internacionales encima.

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    5. También Hitler ganó en las urnas, con perdón...

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