lunes, 28 de febrero de 2022

1.124. Un presumido

En este momento triste, dominado por la guerra cruel declarada por el Hijo de Putin contra el Estado ucraniano, uno ha de hacer malabarismos mentales para no caer en el desánimo, cuando además aquí se puede liar la mundial y salir todos escaldados. Este blog trata siempre de ser positivo, divertido e inspirador, pero no es fácil en este momento en el que las perspectivas están llenas de negros nubarrones y presagios fatales. Con un borrico como el Hijo de Putin manejando los hilos, puede pasar cualquier cosa y la situación es altamente peligrosa. 

Sin embargo, los mercados parecen apostar por una resolución rápida del conflicto y los diversos indicadores, como la prima de riesgo o los índices de las bolsas, reaccionaron con unas decimillas de fiebre y enseguida se recuperaron. Pase lo que pase, los más ricos van a seguir ganando dinero y por eso el sistema mantiene sus constantes básicas. Los de abajo siempre la acaban pagando. Yo soy consciente de ser un privilegiado, de estar relativamente arriba en la pirámide social, pero no sabemos hasta dónde va a llegar esta vez la calamidad. Además, no acabamos de salir de una y ya viene la siguiente. En 2008, la crisis económica mundial. Cuando ya empezábamos a salir del agujero, la pandemia. Y ahora que la pandemia parece destinada a convertirse en un mal recuerdo, pues llega el Hijo de Putin y la lía parda. Yo también espero que se resuelva de forma rápida, pero no tiene muy buena pinta. Y es lamentable que, en pleno siglo XXI, tengamos que ver imágenes como las que se están viendo en la tele estos días.

Mi intención no es en ningún caso convertir este blog en una página monográfica sobre la guerra. Para ello tienen los diferentes medios de comunicación, dedicados prioritariamente a informar de ello. Con la pandemia, hemos aprendido a convivir con la calamidad cotidiana por diversos sistemas, entre otros el de hacer como si. Hacer como si no hubiera virus. Hacer como si no hubiera guerra. Pero no viene mal leer algunos análisis como el de Javier Cercas, como siempre el más atinado en mi opinión. Compara Cercas el momento actual con el que antecedió a la Segunda Guerra Mundial (toquemos madera). Dice que la crisis económica del 2008 es similar al crash del 29. Que aquel llevó el malestar a la gente cada vez más empobrecida, generando el nacimiento de los fascismos, que más adelante retarían y atacarían a los regímenes democráticos. Ahora, la nueva crisis tiene también a mucha gente cabreada y eso ha alumbrado lo que él llama los nacional-populismos. Y me encanta cómo incluye entre ellos a Trump, el Brexit, Bolsonaro, Putin, el prusés y Vox. Estoy totalmente de acuerdo, de hecho es lo que yo vengo diciendo en el blog. En esa comparativa, el ataque del Hijo de Putin a Ucrania sería similar a la anexión de los Sudetes por Hitler. El primer ataque del nacional-populismo contra las democracias. Si quieren leerlo han de pinchar AQUÍ.

A mí me parece un análisis impecable. Pero ya saben cuánto me gusta vanagloriarme de esas ocasiones en que me anticipo a las noticias y aviso de algo que luego sucede o aparece en la prensa generalista mucho después de que yo lo anuncie. Cuando eso sucede, es que me da un gusto enorme, casi un gustírrinin, como decían los anuncios de Filomatic. Y yo hice un análisis de lo que estaba por venir en Ucrania, nada menos que en 2013. Seguramente han leído estos días que Putin llevaba nueve años preparando la invasión de Ucrania. Exactamente desde que comenzaron los disturbios del Maidan, que terminaron por echar al anterior presidente prorruso. Ahí está el origen de esta guerra, para la que la anexión de Crimea fue una operación de prueba y ensayo. Les voy a pedir que lean mi Post de 3 de diciembre de 2013, que creo que explica bien los orígenes del conflicto, y permite completar el análisis de Javier Cercas. Han de pinchar aquí: Post #208.

En fin, ya saben que soy un presumido, no es ninguna novedad. Pero nunca presumo de experto en nada, salvo por lo que respecta al rock and roll. En realidad, en este foro yo sólo presumo de dos cosas: de ligón y picaflor y de adelantarme a algunas noticias por mera intuición. Lo primero es un mero divertimento, mis seguidores no se lo creen del todo, pero es motivo de risa y solaz, que es uno de los objetivos del blog. Pero lo segundo es a veces asombroso. Vean por ejemplo el caso del fraCasado. No creo que en ninguna otra página o medio de prensa se le haya atacado como en este foro. Una cosa es que se le criticara políticamente, como se hacía desde los medios de la izquierda. Pero lo mío era otra cosa. Era la intuición de que este señor no daba la talla para el cargo que ostentaba. Es que siempre he tenido con él la sensación de que era como un niño (ya ven sus últimas declaraciones: no sé por qué me tengo que ir, yo no he hecho nada, sólo le falta hacer unos pucheros). Ahora parece que el juego se ha acabado y los mayores se han hecho cargo del partido.

Sin embargo, los medios de la derecha están tan obsesionados con echar a Sánchez, que estaban todo el rato proclamando a diestro y siniestro que El Fraca iba a ser el próximo presidente del gobierno, vaticinio que apoyaban en sesudas encuestas, que avalaban esa idea de forma unánime, con la única excepción del CIS de Tezanos, del que todo el mundo hacía risas por no sumarse a esos pronósticos. Y es muy curioso cómo se han invertido las tornas. Ahora los medios de la derecha jalean a los que lo han echado, en un golpe palaciego como no se había visto desde que los conservadores británicos echaron a Margaret Thatcher. Y, en cambio, la izquierda ha comprado el relato de que todo empezó porque al Fraca le llegó el soplo de la mordida del hermano de Ayuso y decidió actuar honradamente (mi relato es otro que ya les he contado).

En realidad, esto es un reflejo de algo que sucede en nuestra sociedad cainita y envidiosa. En vida, a los personajes públicos se les pone verdes, especialmente en su pueblo. Pero, en cuanto se mueren, todo el mundo rompe en panegíricos y alabanzas plañideras: ya puede el tipo haber sido un cabrón o un imbécil, que todo el mundo suspira aaaay, con lo bueno que era. El fraCasado está muerto políticamente, es un deadman walking. Y su destino es terminar de concursante de Master Chef Celebrities, aunque es muy probable que se le adelante el ínclito Albert, expulsado con indignidad de su primer trabajo tras dejar la política y, según la prensa rosa, expulsado también del regazo de Malú, que últimamente se deja ver por Algeciras sola con su niña y lanza significativos mensajes en Instagram. A lo mejor es que no le perdona que no aceptara ser vicepresidente de Sánchez, lo que le habría permitido a ella ser Ministra de Cultura. La verdad es que nunca he entendido que una mujer de bandera como ella, y encima sobrina de Paco de Lucía, estuviera con semejante pazguato. Por hache o por be, el ínclito Albert está volviendo a sus orígenes, cuando la imagen que ven abajo empapeló las calles de Barcelona en 2006. Se está quedando en pelotas.

Pero estamos con que me encanta presumir de anticiparme a las noticias y de descubrir personajes que luego todo el mundo aclama. Con Samantha Fish no ha sucedido todavía, entre otras cosas, porque es una empresaria que no le hace la pelota a las grandes compañías discográficas, por lo que éstas la ignoran. Es una artista de culto, pero el Babelia todavía no habla de ella. Les diré que una de las páginas de Facebook que sigo, Samantha Fish Fans (official), tiene nada menos que 86.000 seguidores, que no está nada mal para una artista de culto. Como hace días que no les hablo de esta chica, les voy a poner un vídeo antiguo, para desmentir también a los que me dicen que la adoro porque es muy guapa. En este vídeo no está precisamente guapa, porque fuerza el gesto hasta el extremo para cantar un viejo blues tradicional que requiere bastante esfuerzo. La guitarra que lleva es una oil can guitar, fabricada con una vieja lata de aceite de motores. Y el vídeo es de marzo de 2014, es decir, que poco después de que yo escribiera un post premonitorio sobre lo que podía pasar en Ucrania, esta mujer actuaba de esta forma que van a ver.


La que sí ha dado definitivamente el salto a la fama es mi admirada Athenea del Castillo, de la que todo el mundillo futbolístico femenino español habla en estos momentos. Muchos de mis seguidores se creían que mi devoción por esta mujer era un capricho o una de mis excentricidades, pero van a ver que no exageraba. Athenea debutó en la selección española hace año y medio siendo la primera futbolista del Dépor en hacerlo. Tras el descenso del club a segunda, fichó por el Real Madrid, en donde rápidamente se convirtió en titular habitual a pesar de su juventud. Y ha seguido acudiendo a la selección absoluta con regularidad, jugando y marcando algún gol. El verano que viene, se celebra en Inglaterra la Eurocopa de Futbol Femenino en la que España tiene mucho que decir y es probable que entre en la disputa del título. Como preparación a esta competición, la FIFA ha organizado estos días, también en Inglaterra, un torneo cuadrangular nuevo que se llama la Arnold Clark Cup. España fue invitada a participar junto con tres selecciones muy prestigiosas: Alemania, Inglaterra y Canadá, la actual campeona olímpica.

Para este torneo, el seleccionador Jorge Vilda dio la lista de seleccionadas y no estaba Athenea. En las ruedas de prensa todo el mundo le preguntaba por qué. No dio una respuesta clara, pero el caso es que Athenea tiene sólo 21 años y el seleccionador consideró oportuno que reforzara a la selección Sub-23, que tenía esos días un compromiso importante en España. La Arnold Clark Cup se inició con el partido España-Alemania, que terminó con empate a uno. Pero sucedió algo inesperado: Mariona Caldentey, una de las figuras del Barça, se lesionó y tuvo que abandonar la concentración. Y Vilda llamó urgentemente a Athenea, para que viniera a sustituirla. Recién llegada a Inglaterra y sin apenas haber entrenado con sus compañeras, Athenea empezó el segundo partido (precisamente contra Inglaterra) en el banquillo. Pero en el descanso le dijeron que calentara. Y empezó a jugar como sabe, dejando a todo el mundo boquiabierto, hasta el punto que al final del partido (0-0), fue elegida MVP del match, algo muy inusual en una futbolista que sólo ha jugado medio partido y no ha marcado ningún gol. Con ese motivo, le hicieron la entrevista que ven abajo.

Pero la cosa no queda aquí. Para el tercer y último partido, Athenea ya fue titular y se marcó un partidazo. España ganó 1-0 a la potente Canadá, con un gol que se inició con una jugada suya con pase al hueco para dejar a una compañera lista para dar el pase de la muerte a Alexia Putellas, la reciente Balón de Oro, que marcó el único gol. Finalizado el torneo, se dio ganadora a Inglaterra, que tenía cinco puntos igual que España, por haber ganado 2-0 a Alemania. Y llegó el momento de los premios individuales. Athenea fue nombrada MVP del torneo, sólo por lo mostrado en partido y medio. El otro galardón individual, la Bota de Oro a la máxima goleadora, fue compartido por Putellas y una inglesa, ambas con dos goles. Aquí una breve referencia del momento de la entrega de ambos premios.

Hace tiempo que empecé a hablarles de esta mujer, desde que la ví en algún partido del Dépor femenino. Athenea tiene un talento natural, un gen competitivo, una velocidad, una concentración y una entrega que yo supe que la llevarían lejos. Son cualidades que comparte con Samantha Fish, Yuja Wang y otras mujeres admirables. Pero miren ustedes por donde, en este maravilloso mundo en paz en el que vivíamos hasta hace un par de días, a la selección española de fútbol femenino le tocó visitar a la selección de Ucrania. Jugaron en Kiev y los comentaristas del encuentro se quedaron tan alucinados con Athenea, que grabaron un vídeo con todas sus intervenciones, hasta que fue sustituida. Es un vídeo en ucraniano, en el que se esfuerzan por pronunciar su apellido, que les cuesta mucho: Del castii-io. Se lo dejo de propina. Athenea luce el número 22. Ya ven que todos los temas de este blog están interrelacionados. Son circulares. Que tengan buena semana, dentro de lo que cabe.

jueves, 24 de febrero de 2022

1.123. Pablo Cesado y el Hijo de Putin

Pues me levanto hoy por la mañana, conecto el ordenador y me entero de que el Hijo de Putin ha atacado Ucrania. Era lo esperado y así lo llevaban anunciando mucho tiempo los servicios secretos americanos. Lo que pasa es que la mayor parte de la gente razonable no se lo creía. Ni el secretario general de la ONU, ni yo, sin ir más lejos. Pero en el fondo es una historia manida por repetitiva y ciertamente antigua. El Hijo de Putin es de otro tiempo, es como esos espías soviéticos que retrataba Hitchcock en sus películas más antirrusas, tipos con gabardina, terno desgastado por los codos, corbata aburrida y mirada torva. Tiene la misma pinta que tenía cuando era el jefe del KGB en Dresde, durante los largos años de la República Democrática Alemana.

Las razones del Hijo de Putin también son antiguas y casposas. Ucrania no existe, dice. Fue un invento de Lenin. Ucrania, como Bielorrusia, forma parte de la esencia rusa, de hecho la patria rusa se fundó en la Edad Media en el llamado Rus de Kiev, del que ya les he instado a que busquen información en la Wikipedia. Ucrania, capital Kiev, nunca formará parte de Occidente. ¿Les suena la historia? Claro que sí. Así de primeras, Hitler decía que los Sudetes eran parte de Alemania, y no podían estar integrados en Checoslovaquia, otro invento, en este caso de los vencedores de la llamada Gran Guerra (que muy pronto se quedaría pequeñita, al lado del horror de la Segunda). Y Sadam Hussein decía que Kuwait era una provincia más de Irak, que formaba parte de su idiosincrasia y no sería nunca un estado independiente, que eso era otro invento, aquí de las compañías petrolíferas. Es la cantinela de siempre.

Yo, en plan egoísta, lo único que quiero es que no nos salpique la cosa aquí en nuestra querida España; que nos dejen tranquilos con nuestras peleíllas, nuestras traiciones y nuestro cainismo secular. Porque con esto de Ucrania se puede liar una gorda. Otro clásico: justo antes de desencadenarse las hostilidades se hacen grandes proclamas por la paz, desde el sentido común de la gente normal, que al final es la que sufre en sus carnes toda esta violencia absurda. Recuerdo la multitudinaria manifestación por la paz en Sarajevo para evitar el estallido de la guerra civil que se produciría unos días más tarde. Allí se juntaron serbios, croatas, musulmanes y judíos; toda la ciudad salió a la calle en un clamor único por la paz. No cambió nada ese pronunciamiento la determinación del Hijo de Milosevic y otros asesinos. Me he acordado de esa gran manifestación leyendo el magnífico artículo de Jaume Reixach en El Triangle, de hace unos días, que les pido que lean, para lo que han de pinchar AQUÍ.

Pues ese artículo, como la manifestación masiva de Sarajevo, se convertirá en un grito desgarrado en el desierto. De hecho ya se ha quedado en papel mojado. La guerra es un horror, pero también es un arte que describió al detalle el barón Carl von Clausevitz. La actuación rusa es también un clásico. Esta madrugada, con la nocturnidad de costumbre, Rusia ha atacado todos los centros neurálgicos de la defensa ucraniana, aeropuertos e instalaciones militares. El objetivo: destruir aviones, armamento e infraestructuras para lograr la superioridad aérea. Y, cuando esta se consiga, invadir por tierra y ocupar el territorio, a ser posible sin causar muchas víctimas civiles (en algunas zonas hasta se les recibirá como libertadores, sinceramente o de mentira, por salvar el pellejo). Para esta segunda fase hay que tener grandes masas de soldados preparadas en la frontera, divisiones y batallones incontables con todo su armamento, víveres y pertrechos.

Eso es lo que estaba preparando el Hijo de Putin desde hace meses. Lo demás ha sido marear la perdiz para dar tiempo a tener toda la tropa acantonada y lista para el ataque. Joe Biden, que conoce bien la idiosincrasia rusa (su hijo ha tenido grandes negocios en Ucrania) estaba seguro de que esta iba a ser la deriva. Pero casi nadie le creía. En realidad, todo este conflicto arranca en el momento en que se desmoronó el mundo soviético, allá por el año 1989, ocasión que Occidente aprovechó para sacar pecho, proclamar el triunfo absoluto y definitivo del capitalismo y, ya si eso, integrar en la OTAN a todos los antiguos países de detrás del telón de acero y llenarlos de divisiones acorazadas y misiles apuntando al corazón de Rusia, por si se les ocurría renacer de sus cenizas. Ese desastre fue convertido en canción satírica, ese mismo año de 1989, por el gran Luis Eduardo Aute, que pronosticaba una guerra futura que sería la más hortera de la historia (sic). La guerra que vendrá. se titulaba el tema. Por desgracia, más de 30 años después, ha estallado una guerra bien diferente. Pero merece la pena escuchar esta canción olvidada. Atentos a la letra.

En fin, veremos por dónde sigue esta triste historia. Nosotros que estábamos aquí tan entretenidos asistiendo al final tremendo e inesperado del fraCasado, y de pronto la actualidad nos arrastra a otro gran tema del que no nos podemos sustraer. Lo del fraCasado ha sido alucinante. Nunca creí que estuviera tan poco apoyado. Cuando yo pronosticaba que acabaría de concursante en Máster Chef Celebrities, lo decía en broma. Pero ahora pienso que puede llegar a suceder. Si ustedes siguen este blog hace tiempo, estarán conmigo en que nunca NUNCA se ha insultado a nadie en esta tribuna de una manera tan continuada, convencida e insistente como se ha hecho con este señor. Parece claro ahora que mis opiniones no eran una voz en el desierto, que mucha gente le tenía tomada la matrícula a este incompetente, especialmente en su propio partido.  

La historia es sabida. Este señor se presentó a presidente del PP por hacer una gracia, aunque nadie daba un duro por él. Y quedó de segundo en la primera ronda, por detrás de Soraya, que iba de primera. Entonces Cospedal volcó todo su rencor hacia Soraya pidiendo el voto en segunda ronda para este caballero, haciendo que fuera finalmente el ganador. Yo creo que ni él mismo se lo esperaba, él venía de las juventudes peperas, lo que se conoce como Nuevas Generaciones y, permítanme un comentario: ¿qué tipo de joven se apuntaría hoy a un grupo como este? Pues alguien bastante pijo, de familia acomodada, tal vez miembro de los boy scouts o de la tuna. Desde luego alguien no muy contestatario o alternativo. Basta ver la pintilla que tenía su grupo el día que se enteraron de que habían ganado.

Ya ven qué bisoñez denotan. Por el lado de la izquierda reconocemos a El de los Güitos de Aceituna y, a su lado, Maroto El de la Moto. Y por el otro lado a la señora Ayuso, que terminaría por convertirse en su némesis. Lo sorprendente, visto ahora desde la perspectiva, es que un partido tan serio y sólido como el PP aceptara quedarse en manos de esta banda de niñatos. Una de las primeras cosas que hizo el fraCasado fue dejarse la barba para parecer mayor. Y empezó su labor de oposición. El otro día se despidió en el congreso proclamando que, para él, la política es una disciplina hecha de respeto al adversario y compañerismo con los suyos. Ambas cosas han brillado por su ausencia en su trayectoria. Al gobierno de Sánchez le negó legitimidad desde el principio, tachándolo de Frankenstein y adoptando el vomitivo léxico acuñado por el lamentable Albert, que podría entrar en el Guiness como el peor político de la historia de Europa: el sanchismo, la banda que controla la Moncloa y la vivienda del presidente caracterizada como la habitación del pánico.

Inició su actividad como jefe de la oposición poniéndole al gobierno toda clase de zancadillas para ver si se estrellaba y aprovechando cada sesión del Congreso para insultar a Sánchez, llamándole cómplice de terroristas y separatistas. Esto no es nada original, el PP ha hecho lo mismo desde siempre: decir que lo que hacen los gobiernos de izquierda está TODO MAL. Pero Fraga reconocía que González hacía de vez en cuando algo bien, por error, y tanto Aznar como Rajoy actuaron con una cierta educación cuando estaban en la oposición. Lo del fraCasado es un nivel de insulto y crispación que no se había alcanzado antes. Y que no iba acompañado de propuestas en positivo. Y no dejó de aprovechar un tema tan dramático como la pandemia, para seguir dando el coñazo en cada petición de prórroga del estado de alarma. Este tipo de oposición no se ha dado en ningún otro país de Europa durante la pandemia.

Lo siguiente fue ir a Bruselas repetidamente a pedir que no nos dieran los Fondos, diciendo que éramos igual que Polonia y Hungría. Mostraba aquí un desconocimiento supino, porque en esos países gobiernan partidos amigos de sus socios de Vox. Y aprovechó unas declaraciones bastante razonables sobre alimentación del ministro Garzón, para empezar a hacerse fotos en granjas de cerdos por toda Castilla, calzado con mocasines de la calle Serrano. Yo creo que todas estas líneas se las marcaba El de los Güitos de Aceituna, que es nefasto. Parece claro que en su propio partido empezaron a mirarle con desconfianza. Sobre todo cuando embarcó a Mañueco en unas elecciones en Castilla León que no hacían falta para nada y que terminaron con el clásico tiro por la culata, ya que estamos hoy de símiles bélicos. Durante esa campaña se tomó la impresionante foto que les pongo abajo, con todos los presidentes regionales escoltando a la señora Ayuso, sin la presencia del fraCasado.

Y el colmo fue la votación sobre la Reforma Laboral. Esa ley se había pactado con la patronal, en la que ejerce de asesora máxima Fátima Báñez, ministra de Trabajo de Rajoy. Los viejos cuadros no daban crédito y ya empezaron a mirar a Feijoo, para que diera un paso al frente y librara al partido de esa cuadrilla de niños de papá. Y lo de comprar a dos señores de UPN para que votaran en contra sin avisar, es algo muy feo, que un partido serio no puede apoyar, y que encima salió mal gracias al portentoso señor De La Chacina. Cuando empezaron las hostilidades de Ucrania y Sanchez mostró su disposición a mandar unos cazas a Bulgaria, de entrada el fraCasado lo puso verde, en un sesgo casi pacifista. Pero enseguida Vox mostró su apoyo a la medida dejándolo en fuera de juego. Sólo entonces apoyó él también al gobierno.

Y llegó la traca final. Ayuso se enteró de que estaban investigando a su hermano por el asunto de la compra de mascarillas y decidió embestir con todo. Fue como esos tipos de las películas de gángsters a los que están empujando hacia un abismo y se agarran al que les empuja, de forma que al final se precipitan los dos al vacío. Yo creo que en este caso, han caído los dos, como en la canción de Radio Futura, cuya letra viene como anillo al dedo a este caso y les pido que la escuchen también. Por cierto, estarán de acuerdo en que, en el panorama nacional musical, no hay en estos momentos ningún grupo de la calidad de Radio Futura, a los que vi por primera vez en directo en Barcelona, año 1980, como teloneros de Elvis Costello. Escuchen la canción.  

Los dos han quedado tocados, pero la señora Ayuso seguirá de presidenta de Madrid y se recuperará, con permiso de los tribunales y apoyándose en el respaldo popular mayoritario que aun tiene. Lo que le han destapado sus adversarios es muy feo, pero ella tiene más cuajo y saldrá adelante. Ayer, sin ir más lejos, se convocó la velada de los barones del PP, que durante cuatro horas intentó convencer al fraCasado de que dimitiera. No lo consiguieron y yo no sé por qué este señor se empeña ahora en seguir pasando un calvario durante más de un mes. La señora Ayuso que, significativamente, fue la única presidente regional no convocada al cónclave, aprovechó la ocasión para irse al Wanda Metropolitano a ver el partido del Aleti con el Manchester United, donde fue ovacionada como en cualquier lugar por el que se le ocurra aparecer.

Porque, no lo olvidemos, Ayuso es la persona más popular del partido y esa es una baza que ella y MAR han jugado de forma inteligente. La vergonzante sesión de anoche recuerda un poco la que le montó su partido a Sánchez por no querer abstenerse en la investidura de Rajoy y agarrarse a su famoso no-es-no. A Sánchez lo echaron a la calle de una patada en el culo, para poner a la nefasta Susanita. Pero en este caso, los militantes estaban con él y le permitieron recuperar el puesto, después de recorrer toda España en un utilitario recabando apoyos. El fraCasado no puede hacer eso ahora. Es un poco vago y, si iniciase un viacrucis similar subido en un Audi, lo recibirían en todas partes a tomatazos. La militancia está con Ayuso y lo ha mostrado en las manis que han montado en la sede de Génova (en donde están que-se-van que-se-van que-se-van y no se han ido). Vean una imagen de estos días.

Así que hemos llegado a las puertas de un cambio de presidente del partido, para el que todo el mundo señala a Feijoo. Pero este señor es gallego y mantendrá la incógnita de si acepta o no hasta el último minuto, a la manera de Rajoy. O sea que: lu mismo acepta, que lu mismo no acepta. Acabaremos por saberlo. Para el Gobierno Sánchez, Feijoo será un hueso duro de roer, pero ya les adelanto que no le vamos a ver insultando a nadie y organizando trucos como el de la votación de la Ley de Reforma Laboral. Feijoo es un político serio y de peso, a la altura de lo que se merece el PP. Y no sería una sorpresa para nadie que, si acepta finalmente, su primera medida fuera desbloquear el tema del Consejo del Poder Judicial.

Desde los medios de la izquierda se ha contado todo esto poniendo verde a Ayuso y casi salvando al fraCasado por honesto, como si fuera un campeón de la lucha anti-corrupción. No estoy de acuerdo. Al fraCasado le importa un bledo la corrupción, se ha criado en medio de ella. Para él era sólo un medio de atacar a una rival que se estaba poniendo farruca. Seguro que a Cayetana le anduvo buscando las vueltas, pero no le encontró nada. Así que de honesto nada. En esa línea, algunos de mis lectores me han mostrado su disconformidad con mi indulgencia con Ayuso. Hombre, este es un foro humorístico-satírico y convendrán conmigo en que Ayuso es mucho más guapa. Abajo tienen la foto de su perfil de Twitter.

Sí, ya sé que tiene Photoshop y todos los demás trucos. Pero es que al fraCasado ni con Photoshop lo podrían sacar tan guapo. Ese es un motivo adicional para que este caballero haya acabado por convertirse en Pablo Cesado. Así que, una vez más, sean buenos y sigan atentos a la pantalla, que la actualidad no para de darnos sustos. Chao. 

domingo, 20 de febrero de 2022

1.122. De cumple

Pues sí, señores, ayer fue mi 71 cumpleaños y parece mentira lo que ha cambiado el mundo en los dos últimos años, desde que yo celebré mi 69 cumpleaños aderezando tan sugerente cifra con un post compuesto por unos cuantos relatos eróticos, sonoramente celebrados por la parte masculina de mis seguidores y me malicio que también disfrutados en secreto por la parte femenina, aunque en general no tuvieron a bien mostrarme su entusiasmo de forma más explícita. Si alguno de mis seguidores/as más recientes quiere echarle un vistazo a ese texto, aquí tienen el enlace: Post #912. Lo cierto es que, por aquel entonces ya se estaban empezando a morir enfermos de Covid en España, pero aún no éramos conscientes de la trascendencia que iba a cobrar el tema.

Poco después, el 4 de marzo, me tocó ejercer de presentador del Meet Up de lanzamiento del concurso Reinventing Cities, segunda edición, que tuvo lugar en el Medialab Prado, ahora cerrado, y donde me dediqué a dar abrazos a diestro y siniestro, especialmente a las chicas que asistieron al evento. Al día siguiente, participé en una visita de campo al Edificio CLESA, en el que también nos abrazamos de manera efusiva, casi como en un intento de conjurar la maldición que se nos venía encima. Pero unos días después, en la oficina nos mandaron a todos a casa y el 13 de marzo dio comienzo el confinamiento más severo. Comenzó así un año en el que hubimos de rediseñar nuestras rutinas y nuestros planes para adaptarnos a la acometida del jodido virus que nos tenía aterrorizados.

Y hace justo un año, llegó mi jubilación y se inauguró este año de los prodigios que termina aquí, y en el que el running, el yoga, el blues y otras materias han pasado a ocupar el plano principal de mi vida, según un relato que ya detallé en el último post de 2021 y que no voy a repetir ahora. Sólo decir que mi sensación ahora mismo es como si llevara mucho más de un año jubilado. Los festejos de cierre de mis casi 40 años de trabajo en el Ayuntamiento de Madrid, me resultan bastante lejanos, y lo vivido hace dos años me parece ya como de la prehistoria de mi vida. Es lo que mi amiga indonesia Tantri definió con gran precisión en una frase que ya se ha contado en el blog: desde la llegada del Covid, el tiempo pasa despacio y deprisa a la vez. Una versión del famoso tiempo líquido que pronosticó Zygmunt Bauman.

Las cosas han cambiado mucho en estos dos años, desde el terror inicial, hasta este Ómicron que acabo de pasar yo, al que se le queda grande la palabra catarro, yo lo llamaría más bien un resfriado, que suena todavía más leve. Tantri vive ahora en Holanda y espera su primer hijo para el mes de mayo. Y es una de las amigas que me ha felicitado por mi cumple, una ocasión en la que he recibido más mensajes que nunca, a pesar de que se olvidaron de felicitarme mi querido amigo X y mis dos hijos, que manda carallo, tenga usted hijos para esto. También he recolectado felicitaciones corporativas de diversas entidades como el BBVA o el Corte Inglés. Algunas de ellas con regalo incorporado, como por ejemplo el Federal Café, que me invitaba a un desayuno completo, regalo que decliné. La tienda de ropa H&M me ofrece un 25% de descuento en cualquier prenda que me compre hasta el 4 de marzo, que no está mal. Y la ONG ACNUR de la que soy socio, me ha mandado un calendario precioso, que pueden ver aquí. 

Les diré que no he hecho ninguna celebración tradicional, con tarta y soplado de velas, pero llevo ya unos cuantos días haciendo honores a la ocasión a mi manera heterodoxa. El jueves quedé con una amiga a la salida del yoga y nos obsequiamos con una comida estupenda y un buen paseo por el centro de Madrid, viendo escaparates, comprando alguna cosa y disfrutando de este tiempo post-covid en el que la gente poco a poco se va soltando del miedo y el aislamiento. El viernes, después de desayunar, cogí el coche y me acerqué a El Escorial, a pasar el día con mi hermano Antonio, que acaba de cumplir años también (en su caso muchos más). Nos dimos un gran paseo por el monte, disfrutando de un día primaveral, comimos y dimos una cabezadita, antes de que yo me volviera a Madrid. Aquí el selfie que nos hicimos con mi cuñada para rememorar el encuentro.

Por cierto, esta imagen incide en el debate de cómo debemos de cubrirnos la cabeza los mayores. Verán que mi hermano lo hace con una buena gorra de lana con badana de cuero, de acuerdo con las recomendaciones del Coronel Groucho, lo que le da un aire entre Labordeta y arrantxale de Ondárroa, mientras yo persevero en mi look de bluesman con mi pañuelo multiusos que también sirve alternativamente para resguardarse el cuello. Llegó el sábado, día del cumpleaños y la única concesión que hice fue posponer mi habitual carrera de los sábados al día siguiente, para poder atender las llamadas y los mensajes de Whatsapp. A mediodía quedé con mi sobrino coruñés Javi, que andaba estos días por Madrid. De hecho, me llamó el día anterior a mediodía y me dijo: Tío, que ando por aquí por Atocha, que si nos tomamos algo. Le aclaré que yo estaba en El Escorial y quedamos para el sábado.

A petición suya dimos un largo paseo por el centro, desde la plaza de Platerías Martínez, pasando por las de Matute, Santa Ana, Sol, Callao y Ópera, hasta terminar tomándonos un vermú en la terraza del Anciano Rey de los Vinos, frente al Palacio Real. Hoy domingo, me he hecho mis 6,5 kms por el Retiro y luego he quedado para un nuevo vermú con mi amigo Mauro Gil-Fournier, que acaba de publicar un libro delicioso que se llama Las casas que me habitan y aporta una visión diferente de la arquitectura, desde una perspectiva más emocional. Es un libro que les recomiendo y que yo ya conozco, porque me lo dio a leer en borrador y me cabe el honor de haber aportado alguna matización. Fíjense que Mauro y yo nos reunimos para discutir sobre el texto en el Café Central, lo que supone que fue antes de la pandemia. Lo dicho: el tiempo líquido que pasa despacio y deprisa a la vez.

En cualquier caso, todas estas historias, quedan eclipsadas por la implosión que se ha producido en el PP en esta semana, un asunto acojonante, tremendo, nunca visto en la política nacional. Imagino que ustedes, queridos seguidores, están esperando que me pronuncie al respecto, así que vamos a ello. Desde luego, no esperen ustedes que mi visión sea imparcial, o equidistante. Ninguno de los dos adversarios es santo de mi devoción, pero yo tengo mis preferencias. Desde luego que me gusta más la señora Ayuso. El fraCasado me parece un auténtico inepto, un personaje que no está a la altura del cargo que ostenta. En casi diez años de blog, no creo haberme metido con ningún otro personaje público de forma tan sostenida en el insulto como con este caballerete. Por cierto, en las manis frente a la sede de Génova (en la que están que-se-van que-se-van que-se-van y-no-se-han-ido), los partidarios de Ayuso gritaban ¡¡¡fraCasado dimisión!!! Y exhibían carteles como el que se ve abajo; yo creo que debería pedir derechos de autor por el mote.

Como les digo, el fraCasado me parece un percebe, un niño pitongo sin carácter ni talla política para ser el jefe del principal partido de la derecha. ¿Y la señora Ayuso? Pues es obvio que accedió al cargo sin una mínima preparación, pero no es tonta, tiene intuición, es valiente y poco a poco va cogiendo un cierto fuste. Eso es lo que yo pienso, aunque tengo seguidores que no la pueden ver ni en pintura, como mi amigo Mariano, que hace meses pronosticó en un comentario al blog que esta señora caería bajo fuego amigo. Un pronóstico certero, aunque está por ver si cae o no cae. Desde esta desigual opinión que tengo de ambos contendientes, yo creo que lo que ha pasado es lo siguiente. 

La señora Ayuso expresó hace tiempo su intención de presentarse al puesto de presidenta regional del partido, pretensión lógica después de la mayoría aplastante con la que ganó la presidencia de la Comunidad. Pero esto no le gusta al fraCasado o, digamos mejor, a su lugarteniente Teodoro, campeón mundial de lanzamiento de güitos de aceituna con la boca. Varias veces le han dicho a Ayuso que no, que lo deje, pero ella sigue insistiendo en optar al cargo y en adelantar el congreso regional para no perder más tiempo. Entonces, más o menos a finales de verano, la cúpula del partido decide ponerse a buscar mierda en la trayectoria de Ayuso y en su entorno familiar. Es marca de la casa de Teodoro, que también fue el muñidor de la semiexpulsión de Cayetana, una mujer que vale más que ninguno de estos personajes. La operación de buscar mierda ya estaba en marcha durante la campaña de Castilla y León, lo que explica el gesto en falso del fraCasado en la imagen que tienen abajo.

Es que este tío es tan tonto que ni disimular sabe. ¿Y para qué buscaban mierda? Pues para tener un dossier sobre ella, por si en un momento dado se ponía muy burra y tenían que aplicarle el tercer grado. Recuerden el dossier que tenían de la señora Cifuentes. Le sacaron primero lo del falso máster y, como no fue suficiente, publicaron el vídeo en el que la pillaban robando unas cremas en una perfumería. A la señora Ayuso no creo que le tengan grabado nada de ese calibre. Pero es el estilo del partido con los que se desmandan. Por lo demás, Teodoro ha dado muestras repetidas de que para él vale todo. Lo demostró en Murcia, cuando compró los suficientes apoyos de tránsfugas de Ciudadanos para proteger al presidente regional de la moción de censura que esos mismos tránsfugas acababan de apoyar. Y lo demostró en el Congreso, en su intento de boicoteo de la Ley de Reforma Laboral, comprando a dos tipos para que votaran en contra y no revelaran sus intenciones hasta el momento mismo de la votación.

El problema de Teodoro (ya saben que Cayetana dice en su libro que el PP actual es una teodorocracia) es que tiene una cuadrilla de fontaneros a sus órdenes que parecen sacados de una tira de Mortadelo y Filemón. O de Pepe Gotera y Otilio. El ínclito Casero, a quien en este blog bautizamos como El de la Chacina, es un caso único de imbecilidad supina, yo no entiendo cómo no lo han cesado de parlamentario después de semejante cagada. Volviendo al caso de Ayuso, el amigo Teodoro ha intentado reproducir una de las historias de espías de John Le Carré, pero es evidente que no es lo mismo John Le Carré, que John Le Carromero. Menudo personaje este también. No les miento si les digo que conozco a más de un funcionario que, tras servir a los sucesivos alcaldes anteriores (Gallardón, Botella y Carmena), pidió el traslado al llegar Almeida, cuando vio que Le Carromero ocupaba uno de los mejores despachos de la planta noble.

Es que este señor es como asquerosillo, espasmódico, mugriento, grasiento. Da casi un poco de dentera o alipori (vocablo este reconocido por la RAE). Resulta que este elemento es amigo de juventud del fraCasado y por eso lo mandaron a Cuba donde, a pesar de haber perdido todos los puntos del carné de conducir, se puso a ejercer de chofer de disidentes locales con el resultado funesto que todos recordamos. Puesta la investigación en manos de sujetos como este, Ayuso no tuvo demasiada dificultad en olerse la tostada. Y entonces decidió tomar el toro por los cuernos. Y la armó buena. En toda esta historia hay por ambas partes un tufillo de inmadurez bastante curioso. Ya saben que Ayuso reveló hace meses que a Teodoro le tiene bloqueado el teléfono. Esto de bloquear números es muy de adolescentes. Y parece claro que el problema debería haberse resuelto de puertas adentro, sin darle publicidad.

El fraCasado no sabe qué hacer. Así como para tratar de arreglarlo, ha ofrecido la cabeza (de turco) de Le Carromero, pero parece que no es bastante. Las bases, los barones y los partidarios de Ayuso, que son muchos, piden algo más sólido. Por lo menos la cabeza de Teodoro. La verdad es que al tipo no le vendría mal dejar la política y dedicarse de nuevo a lanzar güitos de aceituna, para blindar su récord que, por cierto, no está recogido en el Libro Guiness, porque el tipo no ha tenido tiempo de mandarlo a los gestores del libro, tan ocupado como está urdiendo tramas de espías lamentables.

Y un personaje del que ya nadie se acuerda. El pobre Mañueco. Estaba él tan ricamente gobernando Castilla y León en coalición con el declinante Ciudadanos, un socio muy cómodo y confortable, cuando desde Génova le conminaron a adelantar elecciones (maldita la falta que hacía, en tiempos de pandemia). Ya saben que salió escaldado, abocado al dilema de si incorporar a Vox o no. Y pidió instrucciones a los que le habían metido en semejante entuerto. Pero en ese momento, todos empezaron a pegarse entre ellos y a Mañueco nadie le dice qué hacer. Menudo papelón. La verdad es que todo esto es muy lamentable y yo creo que el fraCasado debería dimitir, porque ha hecho el ridículo y ha demostrado una vez más que el cargo le queda grande.

¿Y la señora Ayuso? Pues hombre, es obvio que también se ha dejado pelos en la gatera, por su manera de proceder de adolescente ofendida. Y además, la mierda que le han destapado es bastante maloliente, aunque consiga demostrar que es todo legal. En política no sólo hay que ser honrado, sino también parecerlo. Y eso de contratar al hermano a dedo no parece muy honrado, aunque resulte finalmente legal. Pero es lo que sucede cuando se remueve la mierda: que huele muy mal. En inglés tienen una expresión muy gráfica: when de shit hits the fan, cuando la mierda golpea en el ventilador… pues pasa lo que pasa. Veremos cómo termina todo. Que tengan ustedes una buena semana.   

miércoles, 16 de febrero de 2022

1.121. Saliendo de la cueva

Para los que han estado preocupados por el ataque de la variante Ómicron contra mi persona, empiezo por aclarar que estoy perfectamente, gracias por el interés, ahora les cuento los detalles. Ya ven, uno hace planes y prepara historias, pero de pronto le dan una bofetada y ha de quedarse recogido unos días hasta que le den suelta de nuevo. Por partes. La variante Ómicrón se manifiesta por un gran picor de garganta, una tos imposible de contener, que te impide dormir si te da por la noche, mocos en la nariz y fiebre que cursa en picos. A mí me lo identificaron enseguida, pero el primer test me salió negativo. Luego tuve un único pico de fiebre el martes día 8, que se bajó sola antes de que me tomara nada, y hasta hoy. Según el protocolo tenía que estar siete días confinado y es lo que he hecho.

Un médico amigo me dijo que, con tres vacunas al cuerpo, pasados los siete días, podía salir a la calle, sin hacerme más tests de antígenos ni nada, siempre que me sintiera asintomático, que es como yo estuve desde el miércoles 9. Durante los días de encierro, tuve dos sesiones on line de yoga y una de running indoor, además de mis habituales clases de inglés y el Billar de Letras de ayer. Únicamente me perdí una clase de guitarra y una tarde de limpieza de la casa a cargo de la señora que se encarga de ello. Así que, este lunes, a pesar de seguir confinado, hice una escapada a mediodía a la farmacia a recoger las medicinas que tengo pautadas para mis dolencias diversas, y al Acampo, a reponer cervezas Estrella Galicia que se me estaban acabando. Y ya me quedé tranquilo en casa.

Ayer martes me levanté, desayuné como de costumbre, tuve mi clase de inglés de los martes y me dispuse a hacerme el test de antígenos. Mi amigo médico me había dicho que no hacía falta, pero yo le dije que me lo haría en todo caso. Eso sólo tiene un problema añadió mi amigoꟷ, que te salga otra vez positivo: eso te creará un dilema mental y ético considerable. Pero yo me lo tenía que hacer. No sé si ustedes se lo han hecho alguna vez, o son tan señoritos que necesitan que otro se lo haga. El test se compra en la farmacia por 2,90€. El hisopo tiene una muesca en el centro de la varilla, en donde hay que encajar firmemente las uñas para sujetarlo. Luego se introduce en una nariz, primero hacia arriba y luego hacia dentro. Y se va empujando con técnica de faquir, hasta que las uñas que sujetan el hisopo por el centro tocan con el exterior de la nariz. Ahí hay que girarlo insistentemente para que se impregne bien.

A continuación se hace lo mismo en la otra nariz. La cabeza del hisopo bien macerada en mocos se mete entonces en el líquido que previamente se ha vertido en un recipiente enano de plástico blando, que ha de sujetarse por fuera y apretarse enérgicamente mientras se refriega la cabeza del hisopo sumergida en el líquido. De ese líquido se echan una gotitas en la placa de contraste, e inmediatamente se observa que esa placa se va coloreando y hace brotar las dos rayas (positivo) o una sola (negativo). Ha de esperarse 15 minutos para ver si hay una o dos rayas. En mi prueba del lunes había una sola, a pesar de que mi amiga tiquismiquis sigue diciendo que se ve una sombra en la zona de la T y eso quiere decir que aún quedan restos del virus. Yo le hice una foto a ambas pruebas, sobre las que había escrito la fecha de cada una y aquí las tienen, para que juzguen por ustedes mismos. A ver si ven ustedes alguna sombra junto a la T del test de la derecha. Yo, dese luego, no la veo.

Se lo creerán a no, pero les juro que, antes de hacerme la prueba, no hacía más que notarme síntomas raros por todo el cuerpo y, en cuanto vi el negativo se me quitaron todos como por arte de magia. Lo que es la autosugestión. Comuniqué la buena nueva a todos mis allegados y decidí quedarme en casa, como en una especie de versión light del síndrome de Estocolmo; además tenía por la tarde mi sesión de Billar de Letras. Pero hoy he inaugurado mi regreso a la vida normal corriendo 6,5 kms por el Retiro (he de confesarles que estaba un poco cascado al principio y con diversos dolores en rodillas y musculatura, pero todo ha ido mejor cuando he entrado en calor y he empezado a sudar). Por la tarde ha venido la señora de la limpieza y a las 18.15 he cogido mi guitarra en modo mochila y he tomado el Metro en dirección a Palomeras para mi clase semanal de blues.

En estos días de encierro, además de avanzar en la lectura de la autobiografía de Keith Richards y hacer algunos sudokus de la modalidad difícil, he tenido la oportunidad de seguir un poco la prensa y las noticias de actualidad. A veces uno encuentra detalles o explicaciones que le aclaran algunas de las cosas que han sucedido. Por ejemplo, lo ocurrido en la famosa votación de la Ley de Reforma Laboral. Cuentan las crónicas que el ínclito señor Casero, se encontró esa mañana indispuesto, por decirlo con educación, y comunicó al grupo que seguiría el Pleno desde su casa y votaría telemáticamente. Nadie le puso la menor pega, no olvidemos que este señor está, o estaba, a las órdenes directas de Teo García Egea, el campeón de lanzamiento de güitos de aceituna, del que al parecer era su mano derecha (un amigo mío muy bruto apunta que tal vez sea esta la mano que utiliza para limpiarse el culo, al contrario de los musulmanes que usan la izquierda).

Para votar en esta modalidad, tienes que entrar en el sistema, mediante tu contraseña personalizada. Luego te van proponiendo los diferentes temas a votación y tú clickas en el sí, el no o la abstención. Cuando has pulsado el voto que quieres, el sistema te pregunta: ¿está usted seguro de lo que está votando? En caso afirmativo, pulsas de nuevo para confirmar. En unos segundos, el sistema te envía un pdf del voto emitido, para que conste su validez. Casero votó varias propuestas, entre ellas la de la Ley de marras y parece que equivocó el sentido de su voto (en relación con el de su grupo) al menos en cuatro ocasiones. Pero, cuando recibió el pdf de su voto a favor de la Ley de Reforma Laboral, entró en pánico (quédense con este detalle). Aterrorizado, llamó inmediatamente por el móvil al portavoz de su grupo, que igualmente entró en pánico.

Las votaciones telemáticas se cierran un buen rato antes de comenzar la presencial y los del PP corrieron a la mesa del congreso consternados, diciéndoles a los secretarios que un diputado suyo se había equivocado y que tenía que cambiar el voto. Les dijeron que eso no era posible. No está previsto en el procedimiento de la Cámara. El sistema informático tiene todas esas cautelas para evitar errores pero, una vez emitido el voto, ya no se puede cambiar. Insistieron mucho, hasta el punto de que uno de los secretarios (del PSOE; que lo ha contado todo después), en su ingenuidad, les dijo: no se preocupen tanto, si total la Ley tiene negociados los apoyos suficientes, un voto arriba o abajo no va a modificar el resultado de la votación. No sé si lo pillan: el secretario creía, como la mayor parte de la Cámara, que los diputados de UPN iban a votar a favor, como estaban diciendo a todo el mundo. Pero los del PP sabían que no era así y por eso estaban aterrorizados.

Es decir, que queda demostrada la teoría del tamayazo. El PP había convencido de alguna manera a estos dos señores para que votaran en contra, pero que no se les ocurriera decir nada hasta el momento mismo de la votación. Se trataba de no dejar ninguna opción al Gobierno de arreglar el desaguisado. Una treta que lleva la marca de fábrica de García Egea, que, con mañas de ese tipo arregló el asunto de la autonomía murciana hace unos meses. En cuanto al señor Casero, al ser consciente de que había cometido la cagada del siglo, se vistió y corrió al hemiciclo, como esos niños que descubren haciendo pellas y tratan de colarse por una ventana para aparecer por sorpresa en el momento del pase de lista. Pero ni eso le salió bien. Según la norma, para la votación presencial, se cierran las puertas y ya no se puede entrar, igual que en los conciertos de música clásica: el que llega tarde, se queda fuera hasta el final del concierto. Sólo cuando había terminado la votación, logró colarse y llegar a su escaño, para asistir abochornado a las consecuencias de su torpeza con los ordenadores.

Otra historia de estos días: las elecciones de Castilla León. Veremos cómo hace el señor Mañueco para formar gobierno sin contar con Vox, los verdaderos ganadores de la contienda. Y es impresionante el descalabro de Ciudadanos, un partido que se autodestruirá en pocos meses, un camino que apunta a tomar también Podemos, de cuyo descalabro apenas se ha hablado en estos días. Pero de esta historia, me quedo con tres frases que me parecen brillantes. Una, la mejor de todas, la de Aznar, ya comentada en el blog: todo el rato oigo que tenemos que ganar para que no sé quién llegue al palacio de no sé cuántos, y mi pregunta es: ¿para hacer qué? Genial. La segunda, de Zapatero, uno de los últimos días de campaña: los del PP han organizado este match convencidos de que iban a ganar por goleada, y ya llevan unos cuantos días pidiendo la hora. Es verdad, si llega a durar un poco más la campaña, lo mismo hasta pierden.

La tercera la de Abascal, después de conocer el resultado, mientras arropaba a su candidato clónico que parece hijo suyo y cuyo nombre no quiero aprenderme: a Fulanito, se le está poniendo una cara de vicepresidente de la hostia. En fin, estas elecciones han mostrado toda la torpeza que atesora el fraCasado, que las concibió como un siguiente peldaño en su carrera a la Moncloa, después del gran triunfo de Ayuso en Madrid, sin entender que este fue exactamente eso: un gran triunfo de Ayuso. La siguiente serían las andaluzas, previstas por el de los güitos para este verano, pero a la vista del fiasco el presidente Moreno se ha apresurado a decir que quita-quita, que las elecciones serán a final de año como pronto. Que, como suele decirse, cuidado con las elecciones, que las carga el diablo.

En estas cosas he estado entretenido durante mi encierro, posponiendo algunos asuntos de estos que estoy preparando y que ya he dicho que no voy a anunciar anticipadamente, porque trae mala suerte, como se ha visto en el tema del concierto de Samantha Fish en París. Las cosas se irán contando cuando corresponda. Sin ir más lejos, mañana, entre mi clase de inglés de primera hora y el yoga de mediodía, he de coger el coche para llegarme a la Clínica Virgen de América, en donde tengo hora para hacerme una biometría ocular. Es una cautela previa para evitar complicaciones en mi inminente operación de cataratas. La historia de mi deriva ocular, ya se la he contado alguna vez. Al contrario de la mayoría de la gente mayor, yo empecé a ver peor de lejos, mientras de cerca seguía viendo bien, como les sucede a los miopes de toda la vida. Pero yo no he sido nunca miope.

Hace ya años, me diagnosticaron principio de cataratas y me explicaron que eso me inducía una miopía y que esa miopía se me compensaba con la presbicia. La cosa tenía solución con unas gafas de lejos. Me las hicieron y tan ricamente. Pero hace como unos tres años, empecé a ver peor y fui directamente a la óptica a que me hicieran unas gafas con la graduación adaptada a mi nueva condición. El óptico se negó a hacérmelas, arguyendo que me estafaría de hacerlo, y me instó a que fuera al oftalmólogo. Pero este me dijo que no veía las cataratas suficientemente maduras. Así que he estado tres años atrapado entre dos profesionales tan honrados que me estaban acabando por hacer la puñeta. Porque yo cada vez veía peor. Por la noche veo mal para conducir, en el cine ya no me puedo poner en las últimas filas (con lo que me gustaba eso, sobre todo con algunas amigas) y hasta para ver bien la tele en casa me he tenido que acercar el sillón. Lo de estos últimos tiempos postpandémicos ya es una verdadera ruina. Puedo decir, como en la canción de Estopa: no veo de lejos ni de cerca, no veo ná de ná de ná. ¿Cómo dicen? ¿Que no la conocen? Pues eso tiene fácil solución. Es un canto desesperado a la cerveza y al alcohol en general. Aquí la tienen.   

Los divinos caldos, tan importantes en las juergas y festejos de nuestra juventud, rememorados en las imágenes de este vídeo, seguramente anterior a la actual campaña contra el alcohol, construida a la manera de la que acabó con el tabaco. Y, miren lo que les digo: la siguiente será contra el café, lo único es que a mí ya no me va a pillar por edad. Pero en fin, como el tipo de la canción, yo tampoco veo ná de ná de ná, pero pienso, luego aún existo. Mañana iré a hacerme la biometría, cuyos resultados he de llevar a la consulta que tengo el día 27 con el oftalmólogo, en la que ya seguramente fijaremos la fecha de la operación del primer ojo. Este es uno de los tres frentes médicos que tengo abiertos para este año, como cualquier hijo de vecino septuagenario, que a ver si se creen ustedes que con mis carreras por el Retiro y mis sesiones de yoga iba a conseguir que los médicos se olvidaran de mí. Cuando estos profesionales pillan a alguien de mi edad, ya no lo sueltan nunca.

Eso, que sean buenos. En el próximo post les hablaré algo de Samantha Fish, para que no se me desacostumbren. Feliz segunda mitad de febrero.

jueves, 10 de febrero de 2022

1.120. What a surprise!

Sí, mis queridos seguidores, ¿recuerdan cómo proponía yo traducir este verso del estribillo del Five Years de David Bowie? Exactamente: ¡menuda sorpresa! Pues esa es la que me he llevado yo en estos días desde el último post. Porque, es hora ya de que se lo diga: he dado positivo por Covid y estoy confinado en mi casa a la espera de los acontecimientos que vayan sobreviniendo. Es una constante de la familia de las leyes de Murphy: basta que un tipo como yo presuma de inmunidad innata o inducida por un catarro crónico de dos años, para que ¡¡ZACA!! contagio al canto. De todas maneras, a mí lo que me resulta más sorprendente es que no me lo haya pillado antes, dada la poca atención que he ido poniendo en cuidarme exageradamente, no ahora que esto de la variante Ómicron es un juego de niños, sino desde el primer momento, cuando compañeros y conocidos caían como moscas y no por ello dejaba yo de visitar bares, teatros, cines, restaurantes y museos, bien protegido con mi mascarilla, eso sí, pero sin la paranoia que sufrían algunos de mis colegas de ambos sexos.

Y, por supuesto, no he dejado en ningún momento de dar abrazos y achuchones a los amigos que me iba encontrando y sobre todo a las amigas. Así que aquí va el relato de los hechos, por si a alguien le puede servir de enseñanza o solaz. Si de asuntos más insignificantes se han hecho en este blog verdaderas películas, de esto que es más trascendente, pueden ustedes dar por garantizado que tenemos film candidato al Óscar. Así que ya pueden ir preparando las palomitas para ir amenizando la lectura.  

Yo tengo la sospecha de que me contagié en la clase de yoga del jueves día 3 de febrero. De todas las actividades que desempeño de manera cotidiana, entiendo que esta es la de más riesgo. Todos vamos provistos de mascarillas, pero no deja de ser una sala de tamaño medio, parcialmente ventilada, en la que ese día estábamos nueve chicas jóvenes (diez con la profesora), de cuerpos esculturales, haciendo ejercicio duro, sudando y respirando fuerte bajo la mascarilla, porque en el yoga la respiración es fundamental. Diez bellezas, al menos de cuerpo, y yo en medio de todas ellas. Pues parece bastante factible que me lo haya pillado allí, por el debut de los síntomas tres días más tarde. En cuanto tuve constancia del positivo se lo comuniqué a Elena la profesora, que dice que por ahora no parece haber más casos. Puede que entre esta gente tan joven sean asintomáticos.

El viernes estuve por la mañana en el Mercado de Antón Martín haciendo provisión de pescado, carne, pollo, hortalizas y fruta para unos días (no sabía que me iba a contagiar, es que tenía la nevera estilo Erasmus). Por la tarde fui al teatro con mi amigo X y otros colegas del grupo y luego nos tomamos unas cervezas con algo de picar en un bar cercano. Todos se han hecho tests de antígenos, con resultado negativo. El sábado salí a correr al Retiro tempranito, en una mañana bastante fría y completé mi recorrido de 6,5 kms sin mayores problemas. Comí en casa una merluza a la gallega, me eché mi siesta y estuve tranquilo por la tarde. Me acosté a la hora de costumbre y me sentía bien. Pero apenas pude dormir. Al poco de acostarme, me empezó a picar la garganta y casi no pude dormir, porque no paraba de toser.

El domingo estaba cansado, pero lo atribuí a la noche marinera que había pasado. Me seguía picando la garganta y tenía mocos en la nariz. Pensé que era el típico catarro, pero alguien me dijo que cuidado, que esa es la sintomatología típica de la variante Ómicron. Por la noche me tomé un ibuprofeno para tratar de dormir mejor y me dio buen resultado. El lunes al levantarme me hice un test de antígenos, que salió negativo tal como conté. Así que a mediodía me fui al yoga, al terminar recalé como de costumbre en el bar Ricla y me volví a casa a escribir mi post anterior. La garganta iba mejorando y no me encontraba mal. El martes tuve mi clase on line de inglés, luego estuve enredando por casa haciendo esto y lo otro y cerca de la una bajé a darme una vuelta y visité una tienda de guitarras eléctricas que hay en la calle Cedaceros, para ir viendo amplificadores. A la vuelta me paré a tomar un vermú en Casa Manolo, enfrente del Teatro de La Zarzuela, todo un clásico.

Me preparé unas lentejas con chorizo, zanahoria, curry y un par de chiltepines molidos, que estaban como para levantar a un muerto. Y enfilé hacia una buena siesta. Es decir, mi ritmo normal de jubilado hiperactivo que tantas veces les he detallado. Fue al levantarme de la siesta cuando me encontré un poco raro. La garganta la tenía ya bastante bien, pero tenía la nariz muy cargada y la sensación como de que toda esa carga hacía por subir a la cabeza. Como hacía mucho tiempo que no tenía fiebre, ya se me habían olvidado los síntomas, pero decidí ponerme el termómetro. Resultado: 38.1. En ese momento ya supe que tenía el Covid. Me hice una nueva prueba de antígenos y salió niquelada: la raya de la T se marcó enseguida, mucho antes que la otra. Empecé entonces a hacer una serie de llamadas para que me dijeran qué tenía que hacer.

Bien, como decía mi padre, uno tiene que mover el volante para adaptar la marcha del coche a las curvas que le vaya presentando el camino. Yo avisé a la señora que viene a limpiar todos los miércoles, para que no viniera. Me comuniqué con el profe de guitarra para decirle que no iría a su clase. Hablé con Elena, que me dijo que el jueves, si me encontraba bien, podíamos dar la clase de yoga por Zoom. En síntesis, me informaron de que tengo que estar una semana aislado. No es problema, porque tengo víveres y toda la medicación que tomo en cantidad suficiente. Que dejara el ibuprofeno y me pasara al paracetamol. Tenía pertrechos suficientes de ambos. Estudié las instrucciones del paracetamol y vi que recomendaban tomarse uno cada ocho horas. Y decidí tomarme el primero a las doce de la noche, para pillar un ritmo cómodo.

Pero antes de cenar me puse otra vez el termómetro y tenía 37.2. La fiebre me había bajado sola, sin hacer nada ni tomar ninguna medicina. Cené bien, me tomé el paracetamol y dormí como un cura. El miércoles me encontraba fenomenal, incluso podría haber hecho mi running indoor, pero me habían recomendado más bien descansar. Desde ese pico de fiebre del martes por la tarde no me ha vuelto a subir. Y lo que pasa es que a partir del miércoles empezó el coñazo de llamadas de todo el mundo para interesarse por mi salud, darme ánimos, etcétera. Como estaba hasta los cataplines, se me ocurrió grabarme un vídeoselfie para mandar a todos los pesados y colgarlo en el blog. Ya saben que tengo un maravilloso equipo de música reciclado, cortesía de dos de mis mejores seguidores y amigos. Bueno, pues aquí tienen el resultado. Pantalla grande, please.

Ya saben que me estoy leyendo la autobiografía de Keith Richards, el inefable guitarrista de los Stones, ídolo de Samantha Fish y todo un icono del rock. Los primeros capítulos son buenísimos, puro Dickens. Luego ya se centra en la música y las peripecias del grupo, algo que entiendo sólo le puede interesar a los forofos del rock, entre los que me cuento. Richards revela, por ejemplo, que el disco Beggar’s Banquet, cuya primera canción me han visto bailar en el vídeo de arriba, es en realidad el primero en el que pudieron hacer la música que les gustaba, basada en el blues y el country. Porque, hasta entonces, sus productores y la industria del disco les empujaban en una carrera absurda, intentando competir con el pop más británico que hacían los Beatles. A ellos no les interesaba esa competición, eran amigos de los Beatles, pero querían hacer otro tipo de música. Después del álbum Their Satanic Majesties Request, decidieron cambiar de productor y empezaron una nueva vía con este disco.

Una vía en la que enseguida vendrían Let it bleed y Sticky Fingers, los mejores discos de toda su carrera con Mick Taylor a la guitarra. La primera canción del Beggar’s Banquet es esta Sympathy for the Devil. Richards cuenta que él se hizo cargo del bajo, mientras Bill Wyman tocaba las maracas. Y que los coros esos del uuuh-uuuh los hacía Charlie Watts acompañado por las dos chicas que eran en ese momento pareja de Jagger y Richards, respectivamente Marianne Faithfull y Anita Pallenberg. La primera vive todavía (75 años). Anita falleció en 2017. Pero volviendo al vídeo de arriba, no me negarán que ESA ES LA ACTITUD. Al mal tiempo buena cara y a vivir que son dos días. He de reconocer que el pañuelo que he incorporado a mi nuevo look ayuda mucho. Sin ir más lejos, es capaz de convertir a un guitarrista en tres simultáneos. ¿Que no se lo creen? Pues vean este otro vídeo aún más asombroso.


El miércoles por la tarde ya me dejaron más tranquilo y estuve leyendo y viendo el ordenador. Como no tengo fiebre ni me duele nada, he dejado de tomar paracetamol. Hoy he tenido mi clase de inglés a primera hora, luego he puesto lavadoras y lavavajillas, ya que ayer no vino la señora que lo hace cada semana, y me he puesto a cocinar. Me he preparado un potaje de garbanzos, espinacas y bacalao que me ha salido fenomenal y, a las dos de la tarde me he conectado con la escuela de yoga para mi clase de hora y media on line. Luego, una larga ducha bien caliente y a atacar el potaje, acompañado con un par de copas de verdejo de Rueda. Como dicen mis hijos: ni tan mal. Mi intención es no repetirme el test de antígenos hasta el martes, la semana justa de aislamiento que fijan los protocolos. En función de lo que salga, adaptaremos de nuevo el volante.

Yo me siento fuerte, toco madera y elevo mis rogativas a San Benitiño de Rabiño para que no se enfade conmigo Paco Couto. Al final, uno se tiene que morir, pero mientras eso llega hay que disfrutar todo lo que se pueda. Me viene a la mente una anécdota de Fidel Castro, a quien los yanquis intentaron matar de mil maneras sin el menor éxito y que se mantuvo fenomenal hasta que pinchó como cualquier otro. De esos tiempos en que los cubanos lo consideraban casi inmortal, se cuenta que llegó una delegación de las Islas Galápagos y en la recepción le hicieron a Fidel el regalo de una tortuga, aclarándole que esos animales viven más de cien años. Fidel declinó discretamente el presente y dijo: es que lo malo de las mascotas es que les coges cariño y luego se te mueren y es una faena. Humor cubano en estado puro.

Pues así me voy sintiendo yo hasta que pinche. Así que no tengo motivo alguno para desanimarme. Además, el Covid ya no es lo que era. Salvo gente que tiene una patología previa es difícil que pase de un constipadillo ligero. Yo espero salir de esta como Robocop, tras tres dosis y una infección. Parece claro que la variante Ómicrón (tanto la sigilosa como la más ruidosa) son el paso decisivo para convertir la pandemia en una enfermedad endémica y estacional. Lo normal es que las cifras de contagios sigan bajando y la cosa no vuelva hasta el próximo otoño. Además, yo el sábado pienso hacer 50 minutos de running indoor, el lunes mi yoga on line y luego, en función del test que me haga, lo que sea más prudente y aconsejable.

Total, para lo que hay que ver afuera… Veremos qué pasa en las elecciones de Castilla y León, donde una reciente encuesta ha revelado que la mayoría de los votantes sería partidaria de eliminar la autonomía y volver a depender de Madrid. El candidato del PP, ha decidido darle todo el peso del final de campaña a la señora Ayuso y no enseñar mucho al fraCasado, por la cuenta que le trae. Ocasión que ha aprovechado el susodicho para viajar otra vez a Bruselas a ejercer de acuseta, qué cansino. Y una vez más le han dado con la puerta en las narices, lo mismo que a Almeida que le ha tocado ir también a chivarse. Del fiasco del pícnico Casero, ya no se habla apenas. Como dice un comentarista, el PP ha perdido la ocasión de apoyar la Ley de Reforma Laboral, que supone dar carta de naturaleza con mínimos y pertinentes recortes, al decretazo de Rajoy. Con el fraCasado y el de los güitos de aceituna al frente, no se puede esperar una mayor visión política. Mientras el PP no eche a estos dos señores, no se va a comer una rosca.

Por lo demás, no me extraña que a Albert Rivera lo hayan echado por manta del bufete de abogados por el que fichó tras retirarse de la política después de protagonizar el mayor fracaso de un político europeo después de la Segunda Guerra Mundial. Ojo al párrafo de la empresa en el escrito de despido: Aunque sabíamos de su completa inexperiencia en nuestro sector, a todos nos ha sorprendido su inactividad, su desconocimiento más elemental del funcionamiento de una organización empresarial. No estamos habituados en nuestra profesión a discursos vacíos, a llenar los espacios sólo con palabras huecas, sin un soporte real. Impresionante. A este paso, va a ser Rivera quien primero llegue a concursante de Máster Chef Celebrities.

Pero hemos asistido estos días a un ridículo aún mayor que estos que comentamos, el de la única congresista republicana del grupo ultra QAnon, que estuvo detrás del asalto al Congreso y difunde toda clase de teorías conspiratorias. Esta señora, se las quiso dar de más culta de lo que es y pretendió insultar a la presidenta del Congreso Nancy Pelosi, situándola a la cabeza de una Gestapo que les espía a todos. Vean el resultado en este breve vídeo. 

Yo no sé por qué se empeña cierta gente en negar la evidencia. Una amiga negacionista, me dice: te has contagiado ¿ves como la vacuna no sirve para nada? En fin, yo tengo muy claro que si no me llego a vacunar tres veces, esto no sería un constipadillo. Por mi parte, que nos pillen vacunados, más que confesados. Y lo del cambio climático es algo que estamos viendo a diario. Y hemos de adaptarnos a él, mientras se toman medidas para mitigarlo en lo posible. En Galicia, por ejemplo, hay ahora un clima que nadie recuerda, lleva tiempo sin llover y hay unas heladas matutinas tremendas. Por una parte, parece que a los viñedos de la Ribeira Sacra no les va mal el cambio, porque las heladas se están cargando a todos sus parásitos. Pero el grelo y las demás hortalizas se queman y hay que protegerlos con plásticos.

En fin, que me voy a cenar. Les seguiré informando de mi confinamiento. Cuídense.

lunes, 7 de febrero de 2022

1.119. El hisopo, la chacina, los coturnos y otras excentricidades

Vaya, nos habíamos quedado el otro día en que el Covid iba remitiendo y en la duda de si yo, como mi querido Coronel Groucho, soy titular de esa inmunidad innata al bicho que alguien acaba de descubrir y diagnosticar con toda precisión. Los que me siguen de antiguo, saben que no me he cuidado especialmente de evitar el contagio, casi desde el primer momento, porque mi querencia por los bares y cualquier evento urbano de cierto atractivo, me resultaba demasiado fuerte como para no acudir cual mosca a la luz nocturna. Pero mi inmunidad, yo tiendo a relacionarla más con el hecho de que padezco un catarro crónico desde hace dos años y medio; que he descartado que sea de origen alérgico, porque estuve en Madagascar tres semanas en un entorno que no tiene nada en común con Madrid y no se me pasó, y saben ustedes que el catarro común lo produce otro coronavirus que se amoldó a vivir entre los humanos, como los gatos, lo que podría ser causa de que mis defensas estén bien preparadas contra el Sars-Cov-2, después de una tan larga convivencia con sus primos más benignos.

Ese catarro crónico me hace despertarme cada día, desde que me lo pillé en el verano de 2019 (siempre he creído que fue por un aire acondicionado), con unos mocos bastante espesos que he de lavarme antes de cualquier otra actividad, en unas abluciones bastante asquerosas –tranquilos, no las voy a describir aquí. Pero, dentro de su tono leve, el jodido catarro acostumbra también a tener picos de intensidad bastante molestos: recuerdo una ocasión, cuando aún trabajaba, en que me quedé sin voz y tuve que hacer maravillas para continuar con mis tareas de difusión de la planificación estratégica y la regeneración urbana. Y, miren ustedes por dónde, ayer domingo me desperté hecho polvo, después de casi no haber dormido, debido a la tos que me provocaba el picor en la garganta causado por el agravamiento súbito del catarro. Hablé del tema con una amiga, que me aconsejó hacerme esta mañana un test de antígenos, más que nada por responsabilidad social (ese sentimiento que algunos personajes, como el ínclito No-Vac Yo-Covid, desconocen). Si tenía que ir luego a mi sesión de yoga, debía asegurarme de no estar contagiado.

Así que me levanté esta mañana y me dispuse a hacerme el test. Sólo me había hecho antes uno de estos inventos, con motivo de mi viaje a París en noviembre pasado, así que saqué las instrucciones, una especie de sábana gigantesca de papel, con versiones en inglés, griego, polaco, portugués y español. Me fui con ellas al cuarto de baño, porque siempre he odiado las instrucciones de cualquier aparato o medicamento, y pensé que podría sacarles una utilidad suplementaria como revulsivo contra el estreñimiento presunto. Me llamó la atención que se hable en ellas del hisopo, para designar el fino bastoncillo plástico provisto de una delicada y suave punta textil, que ha de introducirse en ambas narices sucesivamente, con técnica próxima a la que utilizaban algunos faquires en los circos de mi infancia, para que se impregne bien en la mucosidad más profunda.

Yo busco la palabra hisopo en los diccionarios y, tras una primera acepción que habla de un arbusto medicinal conocido con ese nombre, únicamente se indica otro significado: el del aspersorio o sahumerio que los curas utilizaban para bendecir lo que se les pusiera por delante, tanto santos como asistentes, en ciertas ceremonias religiosas. Me viene a la memoria una anécdota de infancia que me contó mi amigo Mariano al respecto. Con motivo de la solemne celebración del Santísimo y con todos los niños del colegio reunidos y vestidos de marineritos, el cura, ataviado en púrpura y oro, se dispuso a abrir la puertecilla que mostraba al Santo, para lanzarle unas aspersiones de agua bendita con el hisopo humeante, que llevaba preparado al efecto. 

Pero resulta que el más travieso de los chavales, ya por entonces abiertamente gay y conocido por el mote de La Matilde, se había colado la noche anterior en la iglesia y había colocado delante de la imagen del santo una foto directamente arrancada del Play Boy, que mostraba a una mujer en pelotas con unas tetas enormes. Cuando el cura abrió la portezuela con su sonrisa más beatifica y contempló la imagen citada, la sonrisa mudó en mueca horripilada y una reacción instintiva le llevó a ponerse a dar hisopazos hacia la señora tetona, con tan mala fortuna que el hisopo de vuelta le daba cada vez en la nariz y se la quemaba poco a poco. Dice Mariano que nunca se olvidará de esta escena, con el cura chamuscándose visiblemente el apéndice nasal, hasta que se le ocurrió cerrar de nuevo el portillo y suspender inmediatamente el acto.

Bueno, pues ahora, los avispados farmacéuticos que se están forrando con la comercialización de estos test de antígenos, han decidido llamarle hisopo al bastoncito plástico, pero igual podrían haberlo llamado botijo o palometa. El caso es que, volviendo a nuestra historia, yo seguí puntualmente las instrucciones, introduje la punta textil impregnada de mis malos humores profundos en el frasquito con la solución química y lo giré a todos lados mientras apretaba el recipiente, como me indicaban las instrucciones citadas. Lo dejé reposar un minuto y luego eché unas gotas del principio activo contaminado con mis mocos en el circulito pertinente. Un rato después, el aparatito se manifestó y ¡¡¡EUREKA!!! El resultado era claramente negativo. 

Me puse tan contento que no pude menos que encender mi flamante equipo de música reciclado, para escuchar a David Bowie mientras me preparaba el desayuno. Five Years, el tema que abría su álbum Ziggy Stardust and the Spiders of Mars (1972). Hace unos años lo traje al blog sin imágenes, pero ahora he encontrado un vídeo que alguien ha elaborado recientemente, con fotos fijas ad hoc y subtítulos en español. Porque el tema de la canción está de plena actualidad, cincuenta años más tarde. Entonces Bowie fantaseaba con la idea de que a la Tierra le quedaban sólo cinco años de vida. Ahora, con esto del cambio climático, estamos seguros de que nos queda algo más, pero no debemos descuidarnos si no queremos que nuestros hijos o nietos lleguen a ver imágenes como las que se muestran en este vídeo. Pantalla grande y volumen al máximo, porfa.

Espectacular y altamente dramático como siempre The Thin White Duke. La traducción la ha debido de hacer un argentino y yo cambiaría dos cosas. Traduciría What a surprise por Menuda sorpresa, y en la estrofa en la que encuentra a la chica diría: no se sabe qué hacías en una canción como esta, que es lo que quiere expresar el Duque. Pero, volviendo a mi test de antígenos, para mí la imagen no ofrece duda. Sin embargo, una amiga muy tiquismiquis a la que le he mandado la foto por Whatsapp, cree ver una pequeña sombra en la zona de la Te. Y me dice que a ver si voy a padecer la llamada Ómicron sigilosa que, como su propio nombre indica, se pasa estos tests por la entrepierna virtual. En fin, tenga uno amigas para esto. Yo les pongo la foto y juzguen ustedes mismos.

Hay que ser agorero y cenizo para ver una sombra en una imagen tan inmaculada como esta. Es que esta chica es del tipo pesimista y ya saben ustedes que un pesimista se diferencia de un optimista como yo, al contemplar un trozo de queso de Gruyere: el optimista lo ve todo queso, mientras que el pesimista lo ve todo agujero. Yo, en general tengo bastante confianza en todo tipo de artilugios digitales o científicos de uso corriente. Si el test da negativo, no hay más vueltas que darle. Hace unos días, un comentarista anónimo me sugirió que tal vez el contador de visitas de este blog estaba averiado o fallaba. Fallaba mis cojones y perdón por la bastez. Ha sido incorporar al mailing al ejército de amigas de mi querida Inés U. y empezar a subir las cifras de forma espectacular. Ahora el contador luce bien inflado. Da gloria verlo.

Lo mismo sucede con las grandes cifras de la pandemia que actualiza diariamente la Universidad Johns Hopkins y que evidencian un descenso del número de contagios en USA, el Reino Unido, Francia, Italia, España, Australia y Argentina, entre otros países. Sube todavía en Alemania, Rusia, Japón y Brasil, pero es de esperar que pronto se invierta la tendencia también en estos países. A la vista de estos datos y de mi contrastado test negativo, yo seguiré tratándome el constipado con pastillas Juanola y un par de comprimidos al día de Ibuprofeno-400, acompañado por las mañanas por una pastilla de Omeprazol para proteger las vías digestivas del Ibuprofeno, que no las trata demasiado bien.

Viene todo esto a cuento también del esperpento del otro día en el Congreso, a partir del cual el PP se agarra a la posibilidad de un fallo en el sistema informático de votación, algo que, como ha quedado demostrado, es imposible. Las máquinas, como el algodón, no engañan, y parece claro que el conspicuo diputado Casero se equivocó repetidamente al votar, con tenacidad digna de mejores objetivos. Más que tenacidad, habría que hablar de contumacia. Pero yo creo que nada explica mejor el tema que una imagen reciente de este caballero. Véanla y seguimos.

En fin, ya sé que está feo burlarse del aspecto físico de las personas, pero en esta tribuna ya nos hemos metido bastante con el aspecto de personajes como Almeida o Boris Botejhon-son, como para que nos preocupe este reparo o recomendación de estilo. Para mí está claro que la cara es el espejo del alma y la cara de este señor dice muchas cosas. No sé si ustedes conocen la teoría de Ernst Kretschmer, psiquiatra y neurólogo alemán del siglo pasado, que determinó que los humanos podemos englobarnos en tres tipos psico-somáticos: los atléticos, los asténicos y los pícnicos. Los atléticos serían, para entendernos, los cachas. Los asténicos, los delgaditos como yo. Y los pícnicos… En fin, los pícnicos basta mirar la foto de arriba para saber de qué clase de personas estamos hablando.

Si al carácter indudablemente pícnico de este señor, le añadimos que es oriundo de Extremadura, ya sabemos bastante de él. Su aspecto es más bien de lo que en la calle se llama tipo gorrinete, o tonelete. No hay más que verlo para saber que no es un amante del running, el yoga o la comida vegetariana. No creo equivocarme mucho si aventuro que su principal afición es lo que en tierras extremeñas se conoce bajo un sustantivo plural genérico que no ofrece dudas: la chacina. Por más que haya gente que sostiene que uno puede engordar por estar predispuesto por su constitución natural, yo siempre he creído que uno adquiere el aspecto de Casero a fuerza de darle a la chacina con fruición durante años de desenfreno alimentario. No es de extrañar, pues, que el tipo pidiera acogerse al voto telemático por estar afectado por una gastroenteritis aguda, que le mantenía anclado en su domicilio de Madrid.

Porque se trata de uno de estos diputados que se alquilan un piso cerca de las Cortes para no tener que andar yendo y viniendo a su tierra cada día, de forma que vienen los domingos por la tarde y se regresan los viernes a mediodía. Si su señoría es un poco casquivano, ligero de cascos o, digámoslo claro: putero, las posibilidades que ofrece la noche madrileña a los usuarios de ese modo de vida, que encima manejan dinero en cash, son infinitas, y no estoy señalando a nadie en concreto, sólo hablo de una posibilidad en abstracto. Es sin embargo un tanto sospechoso que un tipo que sabía lo que se jugaba su partido en la votación, alegue un ataque de cagalera incontrolable para votar por remoto y luego, al ver que ha metido la pata de forma clamorosa, se vista y eche a correr (porque su piso está en el barrio) para sumarse a la bronca del final del esperpento y aparezca en las fotos del alboroto encerrado en un círculo rojo.

Como saben, yo me dediqué esa tarde a escribir mi post anterior y no me enteré del pifostio hasta después de terminado. Y de aquí, todos los partidos han salido señalados. En primer lugar, Podemos, que no ha sustituido a su diputado Rodríguez, el de las rastas, con la excusa de que no acepta su expulsión, pero yo creo más bien que es por un motivo de pura desidia o vagancia. Con un diputado más, la aritmética no habría resultado tan apurada. Además, este grupo no apoyó a Yolanda Díaz todo lo que debía, porque entiende que la Reforma Laboral se queda corta y además, la apoya Ciudadanos y eso hace que ya por definición sea mala, que tiene narices. Es una actitud dogmática e ideologizada similar a la que llevó a la izquierda portuguesa a no apoyar los presupuestos de Antonio Costa, propiciando que este convocara elecciones y que el electorado castigara a los dogmáticos y le diera a Costa una victoria histórica. Los de Podemos no entienden que eso mismo les puede pasar a ellos.

En segundo lugar, el PSOE, que no puede dejar una Ley tan importante al albur de una mayoría exigua y mal enhebrada, que salió al final de pura chiripa. En tercer lugar los nacionalistas, que no apoyan la Ley porque invade competencias autonómicas, evidenciando que para ellos es más importante su nacionalismo que su izquierdismo o centrismo según los casos. Con Yolanda se han encontrado un hueso, una mujer que no les va a dar concesiones como un porcentaje mayor de películas dobladas al catalán o al vasco en las plataformas tipo Netflix, que en ocasiones anteriores han mercadeado sin pudor alguno. Y qué decir del PP, que ve como aparece un señor Casero que es nada menos que la mano derecha de García Egea, el campeón mundial de lanzamiento de güitos de aceituna por escupitajo, que ejerce de secretario general del partido. Basta unir la existencia de esta mano derecha del gran jefe, con el hecho de que hayan marginado a Cayetana para sumar dos y dos y cuadrar el cuatro del tipo de partido que ha creado este señor y que no le gusta ni a Aznar.

Pero lo peor es lo de los dos tipos de UPN. No por el hecho de que cambien de opinión, que están en su derecho, aunque sepan que los van a echar del partido. No. No por eso, sino por la premeditación que sugiere el hecho de que estuvieron todo el día diciendo que iban a votar que sí, hasta el momento mismo de la votación. Para fastidiar el proyecto sin que se pudiera remediar. Yo lo siento, pero esa actitud huele a tamayazo. Si lo recuerdan, Tamayo y Sáez (por Dios, he tenido que comprobar los nombres en la Wikipedia, porque mi memoria me dictaba Tamayo y Baus) estuvieron todo el día remoloneando sin revelar a nadie sus planes y, en el momento de la votación, salieron a mear. ¿Y qué interés pueden tener dos tipos tan grises como esos dos, en descabalgar una reforma pactada con Patronal y Sindicatos, de la que hasta han hablado bien la FAES y el Banco Santander? Pues ninguno, salvo el económico.

Tampoco ha salido muy bien parada la institución. La escena de la presidenta Meritxell diciendo: queda derogada la Ley, seguida del estruendo de aplausos y puños arriba de la bancada de la derecha y la desolación del otro lado y, unos segundos más tarde, la enmienda: me dicen del VAR que la norma queda aprobada. Sólo le faltó hacer el gesto de recercar una pantalla imaginaria en el aire, como hacen los árbitros del futbol, para certificar la corrección. Y el alboroto que montó la derecha fue de los que hacen época. Creo que García Egea lamentó en ese momento no haberse traído una lata de Aceitunas La Sevillana, para repartirla a toda su bancada y que se dedicaran a escupir güitos hacia los escaños del gobierno. Lo dicho: penoso. Dejo fuera del repaso a Ciudadanos y Más País, que votaron a favor por responsabilidad, aunque no les gustara plenamente la Ley. Porque, a todo esto, ¿de qué va la nueva Ley de la Reforma Laboral?

¡Amigo! Ese es un tema que parece no interesar a nadie. Por centrarlo en grandes trazos, se trata de desandar un poquito el camino, desde el decretazo del señor Rajoy (que patronal y sindicatos conocieron cuando se publicó en el BOE) que recortaba severamente las condiciones del mercado laboral que se habían conseguido en España después de muchos años de luchas sindicales. Esas condiciones, no eran ni la mitad de favorables al trabajador que, por ejemplo, las de Francia, y lo digo con conocimiento, puesto que mis dos hijos trabajan en dicho país. Pero aún así, hubo que recortarlas drásticamente hasta dejarlas irreconocibles. Ya saben que Rajoy reconoció años después que no había hecho lo que prometió en el programa con el que fue elegido, sino que hizo lo que había que hacer (o, como digo yo, lo que le dijeron que había que hacer). Es lo que se suele llamar el austericidio, que ha traído más desigualdad y más pobreza a nuestro país.

Cualquier medida o ley que mitigue ese marco tan despiadado, es un paso en el sentido correcto, aunque sea pequeño. Pero aquí lo importante es que se ha logrado poner debajo la firma de sindicatos y empresarios, lo que es algo que la ciudadanía está reclamando: que negocien, que cedan y, en suma, que hagan política, que para eso se les elige. La gente está harta de tanta crispación, de que se dediquen a insultarse y se escupan güitos de aceituna y otras clases de proyectiles. No elegimos a los políticos para que se comporten como forofos del fútbol o como buhoneros peleándose en un mercado persa. Ya está bien, hombre. Así que yo me congratulo de que la Ley se haya aprobado, aunque sea en medio de ese vodevil, porque es un paso hacia la desaparición de los contratos de cinco días, o la institución como procedimiento permanente de los ERTEs, que tantos empleos han salvado durante la pandemia.

En fin, que, como este post ha empezado de manera un tanto brillante y ha derivado en este tema tan desagradable, creo que vamos a terminar con un vídeo musical. Hace no mucho les hablé de la pianista china Yuja Wang, virtuosa, guapísima y muy simpática. Les traje al blog una interpretación suya realmente asombrosa de la famosa Toccata de Prokofiev. Ahora les traigo el testimonio de un hecho también portentoso. En 2016, Yuja tocó en la histórica sala neoyorkina Carnegie Hall y sucedió lo que van a ver. Acabado el concierto, el público puesto en pie le dedicó una ovación clamorosa. La chica sale a saludar y dar las gracias, hace dos de sus genuflexiones también asombrosas porque parece que se va a partir en dos, y se va otra vez, porque no tiene intención de tocar más. Pero la gente no se va y sigue reclamándole unas propinas. Les cuesta bastante, la chica se hace de rogar.

Pero finalmente sale, hace dos genuflexiones más y se sienta. En un gesto simpático, hace ver que no sabe qué tocar. Pero se arranca con una melodía deliciosa, llena de sensibilidad. No soy muy experto en música clásica, pero sé lo suficiente como para identificar la versión que hizo Franz Liszt de una conocida pieza de Schubert. Termina esta pieza y, sin levantarse, desarrolla otra que no reconozco. Al final de esta, se pone de pie, hace otra de sus genuflexiones extremas y entonces parece que se lo piensa y toma una decisión: ¿no quieren marcha? Pues se la vamos a dar. Se sienta de nuevo y ataca una versión bastante personal de la introducción de Carmen de Bizet.  Cuando la termina, la ovación ya es monumental. Yuja se va, pero ha de salir de nuevo y ahora viene lo más asombroso: así sin anestesia, se arranca con una versión jazzística de la Marcha Turca de Mozart, con aromas de ragtime, que deja al público patidifuso.

Pero Yuja, como todos los artistas del rock, sabe que una propina no puede ser demasiado marchosa, porque entonces el público se viene arriba, sigue pidiendo más y más y la cosa puede no acabarse nunca. Recuerden el cuento fantástico de Cortázar, llamado Las Ménades, en el que una situación similar a esta termina con el público asaltando el escenario y, literalmente, comiéndose a los músicos. Yuja tiene que salir a escena una vez más, porque de allí no se va nadie. Aunque se la ve ya cansada, y no es de extrañar, a la vista de los coturnos que calza (recuerden que se llamaba coturnos a los zapatos con grandes alzas que los actores del teatro griego calzaban cuando el personaje que interpretaban era mucho más alto). Y, para calmar a las fieras, nada mejor que Chopin. Esta vez es una interpretación ortodoxa, tranquila, precisa, perfecta para cerrar el evento sin mayores sobresaltos. Disfrútenla. Y que pasen una buena semana.