domingo, 30 de abril de 2023

1.222. Como yo no soy un río

Me dice mi amigo JG, cuyo nombre no puedo revelar sin su permiso, que el tal Txepe Lara, cuya detención en plena plaza de Lavapiés inició mi post anterior, es a su vez amigo suyo de siempre y un tipo estupendo. Esto último no hace falta que me lo diga, lo evidencia el hecho de que, con 75 años, se metiera a regañarle a unos policías que sin duda se estaban propasando en los procedimientos de detención de un par de chavales marroquíes. No me quito de la memoria el vídeo citado, en el que es como si estuviera yo viviendo la situación desde dentro, me identifico completamente con este señor canoso y medio calvo, al que le hacen la doble Nelson para tirarlo al suelo sin miramiento alguno y luego le ponen las esposas, precaución superflua por innecesaria y claramente humillante.

Es que los boomers somos gente recia, porfiada, correosa, estamos hechos de una pasta especial, somos de artesanía. Yo cada día me asombro de levantarme por la mañana y que no me duela nada, cuando estoy rodeado de colegas librando luchas desiguales contra las diferentes dolencias propias de nuestras edades, pero lo mismo sienten muchos de los diversos músicos de la época dorada, como el gran Keith Richards, que dice que cada día se sorprende de no haberse muerto todavía. Hace más de diez años, cuando inicié el cultivo de este blog (que es como un arbolito mental), no era consciente de lo viejo que era. Poco a poco, post a post, he ido cayendo en la cuenta de que soy una especie de abuelo ya completamente amortizado, que se empeña en seguir adelante a base de running, yoga, clubes literarios y viajes cada vez más espaciados. Pero, como buenos boomers, hemos de seguir adelante y un ejemplo perfecto es el de Van Morrison, que a sus 77 tacos sigue fiel a sí mismo.

Hace unos pocos meses este señor publicó un nuevo disco que es buenísimo. El primer tema que se anticipó en redes fue el Worried Man Blues, el blues del hombre preocupado, cantando su preocupada canción (eso dice el estribillo), que fue oportunamente incorporado al blog para disfrute de mis lectores. Pues hace unas semanas, Van tocó en directo en el histórico Royal Theatre Carré de Amsterdam, un antiguo circo y cabaré inaugurado en 1887 en pleno centro de la ciudad. Y cerró el concierto precisamente con este tema. Bueno, decir que lo cerró, es un ejercicio de optimismo; Van siempre se ha portado de manera muy borde con el público que le sigue y esta vez no podía ser menos, de forma que, a mitad del tema, el tipo abandona el escenario y se larga definitivamente, casi sin saludar. Los del grupo siguen hasta el final y aprovechan para hacer sucesivos solos. También he de decirles que Van se suele rodear de buenos músicos, capaces de hacer eso de forma brillante, pero quiero que se fijen en la edad de todos y cada uno de ellos. Es que parece algo así como la Banda de la Tercera Edad, o la Imserso Blues Band, salvo la inevitable corista de la pandereta. Por cierto, Van y sus músicos arrancan el tema a capella, coreados por el público. Vean ya el vídeo. Pantalla grande, please, merece la pena.

Pues miren por dónde, yo también soy un hombre preocupado, cantando mi preocupada letanía entre dientes: ¿a quién votar en las próximas elecciones locales? En las semanas pasadas me he implicado mucho en la recogida de firmas para Luis Cueto y su grupo Recupera Madrid. En general, convencí a mucha gente, hasta llegar a cerca de 70 firmas. Solamente encontré fuertes reticencias en mi antiguo trabajo, entre mis compañeros del edificio APOT. Ya comenté lo de algunos que me miraban con verdadero terror: ¿firmar yo algo? Bueno, esos fueron al final los menos molestos, lo peor fueron los que se pusieron a darme lecciones de izquierdismo, a mí que me estaba peleando con los grises en la universidad cuando ellos iban en pantalón corto. Sus argumentos eran diversos.

Había los que me decían: es que yo soy de Podemos, del círculo de no sé dónde y tengo que ser fiel a mi partido. Vale, cada uno es libre de opinar y pensar como quiera, pero yo nunca he sido militante de ningún partido, nunca he aceptado consignas y nunca me he dejado adoctrinar. Otros me decían: es que con esa candidatura se va a fragmentar aún más el voto de la izquierda y no van a sacar una mierda. Muy bien, pero ¿la solución a eso es prohibir a estos señores que participen? Aparte de consideraciones estratégicas, a mí la saña con que se ha tratado de impedir que Recupera Madrid se presenten, me huele a leninismo del más rancio. Tercero, me dice un tipo: es que a mí el discurso ese de profesionales antipartidos no me convence nada. Muy bien, pero a renglón seguido me dice que va a votar a Podemos. ¿Es que estos de Podemos no tenían un discurso similar cuando hablaban de la casta que conformaban todos los partidos del arco parlamentario, menos ellos?

En fin, yo ya expliqué por qué me parecía bien que Cueto y su gente se pudieran presentar. Pero otra cosa es votarles y ahí es donde me han entrado las dudas. Para empezar, yo no me siento en posesión de la verdad y, como no soy el Papa, también me puedo equivocar, lo admito. No creo haberme equivocado pidiendo firmas para esta gente, lo volvería a hacer sin ninguna duda. Pero, una vez asegurada su participación, me llegan un par de mensajes que me hacen dudar. Si yo me puedo equivocar, entonces también puedo rectificar a tiempo y cambiar de opinión. Mi madre, cuando alguno de los hijos le echaba en cara que donde antes decía blanco de pronto había empezado a decir negro, tenía una frase demoledora: es que yo, como no soy un río, me puedo dar la vuelta. Sí, señor: tú que puedes vuélvete, me dijo el río llorando.

Vamos con los mensajes que me han inducido la duda. El primero me lo desliza un colega bastante metido en el Ayuntamiento, con el que hablo por teléfono. ¿Cuál ha de ser nuestro objetivo en estas elecciones? Pues echar a Almeida. El Topillo es un alcalde que no está a la altura de lo que se merece esta ciudad. Muy bien. Pues puede darse el caso de que, si la izquierda a la izquierda del PSOE se presenta unida, lo consigamos echar y, en cambio, si van divididos en tres, gane de nuevo. Es verdad. Eso parecería animarme a priorizar el voto útil, al PSOE, o por qué no, a Rita Maestre. En ambos casos tendría que votar tapándome la nariz pero, como yo no soy un río, podría hacerlo. El voto es una cosa personal e intransferible de cada ciudadano y por eso ha de ser secreto. Así que no esperen que yo les revele mi voto, ni confíen plenamente en que, en caso de que lo cante en el blog, no les esté mintiendo.

Les diré que ya he salvado esa primera duda u objeción. Porque, si esa aritmética se demostrara como cierta, pues joder, que se unan. Que Cueto pida el voto a Rita Maestre y se retire y el atleta de Podemos haga lo mismo. Si no lo hacen, no es culpa mía y desde luego, no voy yo a echar sobre mis espaldas ningún tipo de culpa a causa de la deriva lamentable de las izquierdas de nuestro país. Yo ya he mostrado mi entusiasmo por Yolanda Díaz, que precisamente está organizando una propuesta que intenta acabar con esa fragmentación. Sólo faltaría que me culpabilizara de la división continua de la izquierda en mi país. Y en todos, supongo, es algo consustancial, la derecha sigue las consignas como borregos, mientras la izquierda las pone siempre en cuestión. Pero hay un segundo mensaje que me ha hecho dudar.

El otro día, en clase de inglés, mi colega Javi me reveló que Carmena acababa de apoyar a Rita Maestre en un acto. Eso sí que me hace dudar y mucho. Si yo tengo el plan de votar a Cueto porque representa el espíritu de Carmena, qué hace esta señora apoyando a Rita. Yo no soy un río, ni tampoco soy un fraCasado. Quiero decir que a mí no me gusta Rita, pero no me van a doler prendas para reconocer los aciertos que pueda tener en su campaña. Y lleva ya dos muy potentes: el fichaje de Álvaro Fernández de Heredia, experto en transportes que dirigió la EMT con Carmena, y la foto (no tanto el mensaje) con la propia Carmena. Cueto no ha logrado esa foto, si bien cosechó su firma para reunir las 8.000 que necesitaba, junto con otras ilustres como las de Eduardo Leira, Enrique Cerezo el presidente del Aleti, el periodista Cebrián (a quien nunca leo) o el mismísimo Luis García Montero, viudo de Almudena Grandes. Pero no han conseguido que Carmena les apoye explícitamente. Yo creía que esta señora no quería mojarse con nadie, pero ya se ha mojado un poquito con Cueto y mucho con Rita. La foto es meridiana, con Mónica García a la izquierda.

Dice Cueto que esa foto no significa nada, que Carmena ofreció hace semanas su apoyo a todos los grupos de la izquierda y Rita ha sido muy hábil invitándola a la inauguración de un Centro para la Tercera Edad, pero que él no descarta que acuda también a algún acto de los suyos. Desde luego, pero convendrán conmigo en que una imagen vale más que mil palabras. Me gustaría hablar uno de estos días con Cueto o Calvo respecto a lo que supone esta foto, si es que consigo verlos otra vez. Yo les he traído todo esto al blog para que tengan ustedes una información completa y puedan disponer de los datos necesarios para votar bien. Una vez que Recupera Madrid parece que sí podrá participar, es momento de escucharlos a todos, ver qué ideas y qué programas proponen y votar en consecuencia. Mientras estaba escribiendo esto, me ha entrado un comentario de un anónimo que me restriega otra vez lo de que Carmena ha apoyado a Rita. Pero yo voy a seguir de momento apoyando a Cueto y, a ese respecto, les voy a pedir que escuchen un par de entrevistas recientes que le ha hecho la prensa en estos días. La primera, de hace tres meses, da un perfil muy fiel de este señor.

La segunda, de esta semana (después de la foto de Rita), la pueden escuchar entrando en el artículo de El Debate que pueden encontrar pinchando AQUÍ. Tras ver estas dos entrevistas, ya tienen ustedes una mayor información sobre este señor. Que, por edad y aspecto, podría tocar la pandereta en la banda de Van Morrison, algo que me lo hace todavía más próximo. Y que también es amigo de mi amigo JG, a su vez amigo de Txepe Lara, como les dije al comienzo de este post. Yo tengo algunas dudas sobre si votarle o no, pero me gusta precisamente el discurso antipartidos que tanto le molestaba a mi colega del APOT. La idea de que existan agrupaciones de electores me parece muy sana para la democracia; por ejemplo, en Torrelodones existe un grupo de este tipo que lleva gobernando desde 2011 y ha revalidado la alcaldía dos veces.

Mientras maduran mis dudas y mis decisiones, yo sigo con mi vida a todo trapo. La otra noche, el Colectivo La Palmera, del que forman parte Henry Guitar, Críspulo y otros de mis amigos del blues vallecano, tocaba en Lavapiés, en un local que se llama significativamente El dinosaurio todavía estaba allí, parafraseando al célebre microrrelato de Monterroso. Es este un lugar que opera de librería, sala de exposiciones y centro cultural/social de un barrio interétnico como este. Como ya saben que yo no doy puntada sin hilo, estuve coqueteando con la encargada del lugar, escarceo del que salí con su contacto de móvil y whatsapp. ¿Cómo dicen? ¿Que si era para ligar? No, no. Parece mentira que me digan eso. Lo que yo quería es quedarme con el contacto para explorar la posibilidad de venir un día al lugar como conferenciante, contar mi historia del realojo de Palomeras y darles una segunda oportunidad a los seguidores que me hicieron el feo de no venir a verme al Ateneo, adonde ya saben que sólo acudieron mi sobrina Eva y el padre de Corro.

Nos tomamos unas cervezas antes de irnos y luego les estuve ayudando a cargar el aparataje de la actuación, especialmente voluminoso en el caso de la batería de Críspulo, compuesta por una infinidad de bombos, tambores y tamborcitos, más sus soportes y una manta que lleva siempre, por si el local tiene el piso resbaladizo y ha de ponerla debajo de todo lo demás. Más el contrabajo de orquesta de Christian, el alemán del grupo que nos invitó el año pasado al concierto en la capilla alemana cerca de Colón. Christian habló conmigo un rato; me había firmado a favor de Recupera Madrid, le hice saber mis dudas y me contestó que él les va a votar seguro, que le gusta su rollo y que está muy agradecido conmigo por haberle revelado la existencia de esta candidatura.

¿Es esta la actitud más pertinente? No lo sé. Esto, como he dicho, es una opción democrática personal. Seguiremos profundizando en el tema. Si yo supiera que van a sacar entre cinco y ocho concejales, como dice Cueto, les votaría sin dudarlo. Pero es que los sueños hay que cultivarlos también, como pequeños arbolitos. Ya saben que a mí me miran las mujeres que no me gustan y me gustan las que no me miran. Es ilusorio que se me presente un punto de encuentro entre ambos conjuntos disjuntos. Pero yo voy a seguir mirando a las mismas, aunque mis posibilidades con ellas sean cero. Igual de ilusorio es que consiga llegar al Crossroads de LA. Pero mi sueño sigue vivo. Por cierto, con su participación en este festival, Samantha Fish, Eric Gales y el gordo Christone Kingfish Ingran han dado ya el salto a la primera división del rock/blues. Tengan en cuenta que el cartel no incluye a Larkin Poe, Damon Fowler, Tab Benoit y otros que parecen quedarse rezagados en esta carrera. Y Ghalia Volt que viene de atrás.

En cambio, este año el festival de blues de Cazorla se presenta flojo. El año pasado fue esplendoroso: Samantha Fish, Eric Gales, Tommy Castro, Raimundo Amador. Se ve que, tras el parón de la pandemia, habían reunido un presupuesto importante. El cartel de este año, que ahora les detallo, es penoso, así que esta vez no van a contar conmigo. El elenco lo encabezan los Waterboys, un grupo que yo creía que ya no existía. Es que el disco más exitoso de este grupo, creo que escocés, es el Fisherman Blues, nada menos que de 1988. Hace 35 años. De los tiempos en que yo estaba al tanto de lo más puntero, mientras que algunos de ustedes gastaban pantalón corto, por repetir la comparativa. La prueba es que tengo ese disco en mi colección de vinilos, como pueden comprobar en la foto. 

En estos días de transición, me hace mucha compañía mi maravilloso gato Tarik Marcelino Martínez, todo un personaje. Es un gato señorial, elegante, aseado, participativo, expresivo. Todavía estoy pendiente de cerrar los escapes de la terraza, para lo que me va a venir a ayudar, seguramente mañana, Manuel, el pintor que me ayudó con las obras de casa del año pasado. Mientras tanto, estamos en el espacio interior, aunque por las mañanas lo encierro un rato en el baño para ventilar la casa, lapsus que se pasa todo el rato maullando, pero no con pena ni miedo, sino con justa indignación. Tarik tiene ya establecidas sus rutinas, tiene unos tiempos para dormitar y otros para reflexionar, además de sus travesuras y juegos para provocarme.

Y ya me ha demostrado su habilidad para cazar moscones, que entran por las ventanas de la casa que mantengo en su posición abatida para no asarme de calor. En cuanto entra un moscón, se pone a perseguirlo por toda la casa con tenacidad irreductible. Y, una vez que lo caza, se tira un buen rato torturándolo minuciosamente, bien ensalivado para que no pueda volar. A veces, el bicho consigue refugiarse un rato debajo de algún armario o de la nevera. Entonces Tarik se puede estar una hora acechando hasta que sale otra vez y se reanuda el juego. Cuando ya se harta, finalmente se lo come. Es su instinto de cazador. Ya saben que, cuando el diablo no tiene nada que hacer, mata moscas con el rabo (delicioso refrán castellano). Pues cuando Tarik no tiene nada que hacer, caza moscas imaginarias, a la espera de que entre una real. Pueden ver el vídeo que le hice en plena cacería de uno de estos moscones primaverales. Sean ustedes, en cambio, buenos. Y pasen un buen puente. 

martes, 25 de abril de 2023

1.221. La tesis, la porra, el pie y las firmas

Ayer lunes, me levanté relativamente pronto, desayuné y me vestí más o menos de profesor para acudir a la Escuela de Arquitectura. Allí, a las 11.00 leía su tesis mi amigo y paisano Darío Rivera y tenía interés en escucharla. Subí andando hasta el Metro de Lavapiés para coger la Línea 3 a Moncloa y caminar luego hasta la ETSAM, sin poder quitarme de la mente las imágenes de un abuelo al que redujeron los maderos a las puertas de esa misma estación de Metro un par de días antes. ¿No han visto la filmación de dicha escena? Pues aquí la tienen. Me recuerda también la del anciano doblemente atropellado, primero por un coche y luego por la prensa al titular precisamente así la noticia (anciano atropellado en Fuencarral), cuando luego se especificaba que el tipo tenía 60 años. Pero vean ya las imágenes que les digo.

Impresionante escena. Lo bueno de esta era es que en cualquier esquina hay un tipo con un móvil capaz de inmortalizar lo que vaya sucediendo y subirlo instantáneamente a la red. El tipo es más o menos de mi quinta, va vestido más o menos como yo y está delante de la entrada de Metro que yo suelo usar cuando me voy hacia la zona de Moncloa-Argüelles. En algunas noticias sobre el caso se decía que el abuelo le había quitado la porra a un policía y le había retado diciéndole: ven aquí que te la meto por el culo. Si así hubiera sido, tendría mi admiración eterna, pero parece que es mentira, según ha declarado el propio implicado al medio de izquierdas El Salto TV. Aquí pueden escuchar un extracto de sus declaraciones.

Pude ingresar al Metro sin tantas tensiones, hacía una mañana soleada y fresquita y logré llegar a tiempo a mi cita. A veces, cuando paso mucho tiempo sin encontrarme con mis colegas de la ETSAM, me entra una especie de complejo de descastado profesional y pienso que debería cuidar un poco mi relación con ellos. Pero, cada vez que vuelvo a la Escuela o al COAM, se me quitan al instante los complejos. Este es un grupo gremial, endogámico y coñazo en el que yo no me podría integrar jamás. Por allí estaban personajes como el cascarrabias Ramón López Lucio, que presidía el tribunal, el Gus, que es el tipo más cotilla de Madrid y los pelotas de siempre. Aun así, me alegré de encontrarme a Ester Higueras, Isabel González y algunas otras chicas de la línea disidente con la que me identifico un poco más y eché de menos a Sonia de Gregorio, Elisa Pozo y la joven generación más rupturista.

Por lo demás, la tesis de mi amigo versaba sobre la necesidad de planificar un poco las grandes extensiones periurbanas ocupadas caóticamente por usos vinculados a la logística. Parece que el tema ha crecido con la pandemia y que hay zonas enormes como la que usan todos los chinos en Fuenlabrada, o edificios gigantescos, como la nave de El Corte Inglés en Valdemoro, que puede ser uno de los inmuebles más grandes de España. Eso de comprar algo on line y que nos lo traiga a casa un ciclista, requiere de una cadena que empieza en estas grandes instalaciones y acaba en el llamado servicio de última milla. La tesis de mi amigo era soporífera, como cualquier otra tesis (por la noche me escribió que le habían dado sobresaliente y estaba pendiente de si le daban el cum laude) y, en mi opinión, a pesar de tener una información extensísima recopilada durante años, carecía de un poco más de aspecto crítico, porque esto del comercio on line es una muestra más de lo enloquecido que está este mundo en el que vivimos y con el que nos estamos cargando el planeta.

Darío es un dandy coruñés y del Dépor, como yo, y sabe lo que se esperaba de él, lo que tenía que darle a Ramón y demás cátedros del tribunal y cumplió puntualmente. Yo soy mejor comunicador que él, pero probablemente en una ocasión como esta largaría un discurso brillante y divertido, que luego se me calificaría como aprobado raspado y gracias. Y, sin duda, yo no dejaría de contar un ejemplo concreto. En mi casa tengo una alfombra que compré cuando vivía en Torrelodones. La encontré en una pequeña tienda de El Plantío, en plena A6. Era una tienda que llevaban dos chicas muy hippies y forofas de la India. Cada año iban a Bombay y reponían existencias para la tienda. Esas alfombras eran tejidas por mujeres de la artesanía local, para lo que usaban un hilo de lana que provenía de Bélgica, donde están las mejores hilaturas del mundo. Unas hilaturas que usan lana de ovejas australianas.

Creo que este caso explica mejor que cualquier tesis con miles de mediciones y cifras, la locura de mundo en el que vivimos. La lana que esquilan los pastores australianos es enviada a Bélgica para ser convertida en cuerda de lana, que luego se manda a la India y, convertida en alfombras tradicionales, reenviada de nuevo para que se vendan en El Plantío. Cómo no vamos a tener un mundo contaminado con la cantidad de viajes absurdos que genera este modelo de comercio internacional. Recuerden también la que se lió cuando un carguero elefantiásico se quedó atascado en pleno canal de Suez. En fin, que como le había prometido a Darío, a las 13.30 me salí del acto y caminé hasta la parada de autobuses que hay detrás de la ETSAM, para coger uno a Moncloa y repetir de Metro hasta Sol, para llegar a tiempo a mi sesión de yoga.

Y en este Metro, que iba bastante vacío, llamó mi atención un pequeño fragmento literario de los muchos que decoran el interior de los vagones desde hace años. No suelo leerlos, pero no sé por qué éste atrajo mi mirada y me quedé tan fascinado que le hice una foto para transcribírselo a ustedes en el blog. El fragmento se titula Pie y se debe a la pluma del nunca suficientemente ponderado José María Merino. Para quien no lo conozca, les diré que José María Merino es también coruñés, y por tanto un dandy, como yo y como Darío, con la particularidad de que tiene ya 82 años (lo que le acerca al anciano avasallado en Lavapiés) y que está en posesión del Premio Nacional de las Letras Españolas, además de ser miembro de la Real Academia de la Lengua. Les pido que lean esta maravilla.

                            Pie

De soltero ha pasado a solterón y está bien acostumbrado a dormir solo. Una noche lo despierta la sensación de un contacto insólito, uno de sus pies ha tropezado con la piel cálida y suave de un pie que no es suyo. Mantiene su pie pegado al otro y extiende su brazo con cuidado para buscar el cuerpo que debe de yacer al lado, pero no lo encuentra. Enciende la luz, separa las ropas de la cama, allí dentro no hay nada. Imagina que ha soñado, pero pocos días después vuelve a despertarse al sentir de nuevo aquel tacto de suavidad y calor ajeno y hasta la forma de una planta que se apoya en su empeine. Esta vez permanece quieto, aceptando el contacto como una caricia, antes de volver a quedarse dormido. A partir de entonces, el pequeño pie viene a buscar el suyo noche tras noche. Durante el día, los compañeros, los amigos, lo encuentran más animoso, jovial, cambiado. Él espera la llegada de la noche para encontrar en la oscuridad el tacto de aquel pie en el suyo, con la impaciencia de un joven enamorado antes de su cita.

Huelgan los comentarios. Hice mi yoga, comí unos garbanzos con setas y morro en el Ricla y regresé andando por Atocha, hasta entrar en la parte más hogareña de mi barrio. Y me encontré con que todos los comerciantes, floristas, peluquero y barman salían a la calle a preguntarme qué había pasado con las firmas para Luis Cueto. Esa mañana se había filtrado que Recupera Madrid se había inscrito como partido para poder presentarse a las elecciones locales, un plan B que venía a contradecir su propósito inicial de no ser un partido sino una agrupación de electores como la que encabezó Carmena en 2019. Les expliqué lo mismo que les detallo aquí abajo. Resulta que la persona que tiene que validar las firmas recogidas es el señor Secretario del Ayuntamiento. Y que este ínclito caballero se ha sacado de la manga una norma que dice que para ello, cada firma ha de ir acompañada por la fotocopia del DNI.

Los de la candidatura consideran esto un atropello y se han quejado al Defensor del Pueblo, que es el mandiles Gabilondo. Quien a su vez ha escrito una carta al Secretario diciéndole que nunca se ha pedido copia del DNI para una recogida de firmas. Pero el secretario (ya no se merece que ponga el cargo con mayúscula), se ha puesto borrico y dice que las indicaciones del Defensor del Pueblo no son vinculantes, sino meras recomendaciones, por lo que él sigue erre que erre. Los obstáculos que les están poniendo a esta gente son enormes, no podían empezar a recopilar firmas hasta el día 4 de abril y debían tener las 8.000 requeridas el 23, o sea en 19 días. Y con copia del DNI. Yo les aporté unas 70, todas sin DNI, desde luego. Cuando fui a entregarlas, me dijeron que más de la mitad de las que tenían iban sin DNI.

Ante eso recurrieron al Plan B y a mí me parece bien: ¿no presumen de ser buenos gestores? Pues tendrán que defenderse del atropello con recursos imaginativos. Ahora mismo han elaborado unos estatutos de partido, necesarios para poderse inscribir como tal, en los que se dice taxativamente que es un partido instrumental y que se disolverá en cualquier caso después de las elecciones. Además, han recurrido la imposición del secretario ante el Tribunal Constitucional, que calculo que se pronunciará al respecto el año que viene si Dios quiere. Además de todo eso, Cueto manifestó que, si no alcanzaban las 8.000 firmas requeridas, se retirarían de la carrera y asunto terminado. Pero en el Pleno de ayer, Cueto presentó el tocho de los pliegos de firmas, afirmando que pasaban de 8.000. Vean la foto que ha publicado este señor en redes para celebrar su éxito.


Este hombre está cogiendo un cierto aire quijotesco y creo que su aventura no acabará muy bien. ¿Por qué me tomo entonces tanto interés en apoyarlo? Trataré de explicarlo. Hace un par de posts me definí sin dudarlo como yolandista. Pero con una particularidad: yo era yolandista años antes de que apareciera la figura de Yolanda. Yo siempre he sido partidario del diálogo, de la negociación, que implica la disposición a ceder y la ausencia de líneas rojas, del talante amable y la sonrisa, que son compatibles con una voluntad de hierro para seguir y seguir peleando hasta lograr un acuerdo que satisfaga a todas las partes. ¿Y quién ha representado eso mejor que nadie en los años pasados? Pues sin duda, la señora Carmena. Esa señora que logró desbloquear la Operación Chamartín de forma brillante, consiguiendo que la propiedad aceptara rebajar la edificabilidad total en más de 700.000 metros cuadrados, un caso único en Europa.

Pues estos señores de Recupera Madrid eran su equipo más de confianza, junto con Marta Higuera que al final se ha caído del cartel. Y, en cuanto a este grupo le faltó su jefa y referencia, retirada tras perder la alcaldía (que no las elecciones), los demás del grupo, liderados por Rita Maestre, empezaron a acorralarlos y a joderlos, hasta que se tuvieron que ir. Ahora mismo, para mí, esta gente representa el espíritu de Carmena mucho más que la línea de Rita Maestre. ¿Que no van a sacar ni un concejal? Desde luego, pero eso ya lo dije yo el primer día: que ante el panorama político local que tenemos, el cuerpo me pedía abstenerme, pero que, votando a Cueto, tiraría también mi voto a la basura, pero con clase. Insistiré en el tema en entradas futuras, ya saben que soy muy pesado cuando encuentro algo en lo que creo.

Por lo demás, me cuentan que las posibilidades de votar anticipadamente son escasas y difíciles, así que el 28M tendré que estar en Madrid para tirar mi voto a la basura con clase. Tal vez por la tarde o el lunes, viaje a Paris para ver el concierto de Sam en el Bataclan el 31. Y luego me quedaré por la zona unos días más. Todo ello suponiendo que consiga resolver el tema del gato. Con esa base, voy a intentar organizarme un viaje chulo para los primeros días de junio, moviéndome en tren y visitando amigos, como me gusta hacer.

Hasta entonces, sigo estando bastante ocupado cotidianamente. Por ejemplo, el domingo me lo pasé entero viendo partidos del Dépor, que se jugaba la vida en distintos frentes. Por la mañana, el femenino perdió, estropeando las posibilidades de ascenso directo que tenía. Pero por la tarde ganó el masculino y también el filial, que se vuelve a llamar el Fabril, después de años en que se cambió el nombre por el de Dépor B. El Celta, en cambio, no ha recuperado el nombre histórico de su filial, que se sigue llamando Celta B, descartando su nombre histórico, tan delicioso como el de Fabril. Para quien no lo sepa, el filial del Celta siempre se llamó el Turista. Y, ya que hemos hablado del gato, les revelaré que a Tarik le encanta ver los partidos del Dépor por la tele, como pueden ver en este vídeo.

Esta mañana he madrugado también para ir al km 23 de la A1 a pasar la ITV del coche. A estas alturas, los de Toyota ya tendrían que haberme dado el nuevo, pero esta vez se retrasa, como les anuncié, y no creo que me lo den hasta junio o julio. Hacía más de diez años que no pasaba una ITV, la última fue con mi viejo Seat Toledo de matrícula de Barcelona, pero me ha salido todo perfecto y, al ir temprano, no he tenido que esperar mucha cola. De vuelta he parado un momento en la tienda de animales Kiwoko para reponer comida para gatos, que este Tarik come como una lima. Esta tarde he tenido nueva sesión de Billar de Letras, esta vez más interesante que las anteriores, que me habían hecho dudar si seguir o no en este club.

Y sigo soñando con qué hacer en el otoño. Me tira bastante la idea de viajar a Los Ángeles a ver a mi amiga Shannon y luego visitar a Diego en Tijuana. En esas ensoñaciones se ha cruzado el anuncio de que Eric Clapton ha organizado, allí precisamente en LA, el festival Crossroads, un evento donde se reúnen los mejores guitarristas del mundo, que se celebró por primera vez en 2004 y se había parado por la pandemia. Allí Clapton solía reunirse con J.J. Cale, Jeff Beck, Sheryl Crow y tantos otros. Este año el cartel está ya cerrado, abajo lo tienen. Aparecen varios de los grandes: Santana, McLaughlin, Buddy Guy, Taj Mahal, Robbie Robertson. Algunos valores contrastados como Gary Clark jr, Marcus King o Keb Mo. Pero por primera vez, Clapton, que es un águila, abre la puerta a los nuevos que vienen rompiendo: Eric Gales, Samantha Fish y Christone Kingfish Ingram, los tres de los que les vengo hablando en el blog hace bastante tiempo. Vean el cartel.   

Sueños. Viajar a LA no es moco de pavo, pero es uno de los viajes más apasionantes que he hecho durante la duración del blog. Pero es algo todavía muy incierto. De aquí al otoño las cosas pueden cambiar, se está liando buena en Sudán, mientras que el Hijo de Putin sigue erre que erre, como el secretario de mi Ayuntamiento. Me da mucha pena la gente de Ucrania, y también la gente de Rusia, que estaba tan tranquila haciendo su vida y ahora lo están pasando también muy mal. Durante años serán unos apestados internacionalmente. Lo siento por mi amiga Svetlana, con quien he perdido la comunicación. Y les voy a dejar de propina un vídeo delicioso de un grupo de cuatro chicas de Moscú. El vídeo expresa el sueño de estas chicas, similar al mío. Está rodado poco antes de la invasión de Ucrania, imagino que ahora sería imposible publicar algo así sin acabar en la cárcel. El grupo se llama Beloe Zlata y, para los que no lo sepan, el instrumento de tres cuerdas que toca una de las chicas es una balalaika. Sean buenos.  

jueves, 20 de abril de 2023

1.220. De bajón transitorio

Espero que sea transitorio. En realidad se suman varias cosas: la ausencia inmediata de compromisos como los que han llenado los primeros meses de mi peripecia en 2023, la misma llegada de la primavera, con su astenia proverbial, acentuada por la sequía bíblica que sufrimos y que anuncia un verano bastante duro, además de algunos temas que me han dejado algo tocado y que les detallaré más abajo. Me salvan del desánimo absoluto la música y mi gato Tarik Marcelino Martínez, que es un compañero buenísimo, el amigo perfecto para cuando uno empieza a feel the blues. Ya saben lo que dijo al respecto el gran Albert Schweitzer, premio Nobel de la paz en 1952: existen dos medios de refugiarse de las miserias de la vida, la música y los gatos. Vean una foto de este señor en su casa africana.

De falta de actividad no me puedo quejar, lo cierto es que sigo sin parar, como les contaré más abajo, y además el gato llena muchos de mis huecos de atención. Y me quedan algunos flecos del sinvivir de los primeros meses, como recibir a la delegación de la ciudad holandesa de Almere que aplazó el año pasado su visita hasta mediados de este mayo. También he de viajar a final de mayo a París, a ver el concierto de Samantha Fish en el Bataclan, dos veces aplazado y en el que me han dado finalmente gato por liebre, como les he contado, porque mi adorada Sam compartirá escenario con Jess Dayton, que no es manco pero por quien yo no viajaría para ver uno de sus conciertos. Y en el verano tengo varias posibilidades de ir a algunos festivales de rock-blues como hice el año pasado, solo o con mis colegas del blues.

Pero en otoño las posibilidades de moverme se han reducido bastante. En primer lugar, el tema Brazzaville, que ha terminado por convertirse en una decepción, lo que también está contribuyendo a mi desánimo. Se lo explicaré con más detalle. Lo de Brazzaville nos llegó a Werner y a mí como una cosa cojonuda. En una ciudad perdida en la jungla, capital de uno de los países más pobres del mundo surge una ONG preocupada por el medio ambiente y el cambio climático, algo insólito y pionero en África. Se les ocurre crear un anillo verde alrededor de la ciudad, buscan en Internet proyectos similares y encuentran Madrid. Y se les ocurre venir de visita, para lo que contactan con la organización Guiding Architects, de la que Werner es el representante en Madrid. Werner me llama y organizamos el tema a medias. Por primera vez yo paso de ser un conferenciante que le resuelve a Werner una hora de su programa, a ser un co-organizador, lo que supone más trabajo y mayor implicación.

Después hay todos los problemas que les fui contando (incluyendo la visita del Papa a Kinshasa), que retrasan el tema varios meses, pero por fin la visita tiene lugar. A toro pasado, ahora he llegado a tener una idea más clara sobre en qué ha consistido este sarao. Realmente, el amigo Ugain es un hombre con aspiraciones políticas al más alto nivel. Ugain, como Martin Luther King, tiene un sueño. En el Congo-Brazzaville hay un dictador que gobierna el país desde hace unos 40 años, momento en que llegó al poder mediante un golpe de estado. Es una república con un régimen presidencialista, en la que cada siete años hay elecciones a presidente, que este señor gana con porcentajes superiores al 95%.

A mediados de los 90, este señor intentó retirarse y dejar a un sucesor. Pero una parte amplia del pueblo rechazó al sucesor, lo que desembocó en una guerra civil que duró tres años. La guerra terminó cuando intervino, en nombre de la OUA, el ejército de Angola, el más poderoso de la zona, instruido por los rusos y los cubanos. Los de Angola separaron a los contendientes y volvieron a llamar al viejo dictador, cuyo nombre no he memorizado (el aeropuerto de Brazzaville lleva su nombre), que ya ha seguido hasta ahora. Durante un tiempo, el tipo creó la figura de un Primer Ministro que le echara una mano, pero luego se hartó y lo suprimió. Ahora tiene 80 años, las siguientes elecciones son en 2026 y todo indica que está preparando a su hijo como sucesor (todos los dictadores lo intentan), solución que no convence al pueblo.

El bueno de Ugain es arquitecto lo que, en un país con un porcentaje de analfabetismo altísimo, ya indica su pertenencia a una elite muy exclusiva. Él estudió arquitectura primero en Dakar (Senegal) y luego en Shenzhen (China). Los chinos ofertan becas a estudiantes africanos brillantes, para que estudien unos años en sus universidades. Les pagan todo, con dos condiciones: que aprendan chino y que luego no se queden, sino que se vuelvan a su tierra. Disponen así de contactos, a modo de cónsules locales, que les vienen muy bien para su penetración en el continente. Ugain regresó y se sintió llamado a trabajar para su país. Pero, según nos confesó, en su tierra hay dos líneas posibles para dedicarse a la política: integrarse en el régimen (con el riesgo a medio plazo de que te atrape el sistema y su corrupción) o apuntarse a la oposición (con la seguridad inmediata de dar con tus huesos en la cárcel).

Él ha soñado crear una tercera vía, una línea moderna, honesta y basada en el cuidado del medio ambiente. Pero, poco antes de venir a Madrid, nos informaron de que le habían nombrado subsecretario nacional de medio ambiente, lo que viene a sugerir que ya se ha decantado por una de las dos vías posibles. El caso es que la supuesta ONG no existe, aunque probablemente la hayan registrado como tal. Por aquí vino Ugain con cinco personas de relleno, que no decían nada porque no sabían una palabra de urbanismo ni de medio ambiente. Como recordarán, a lo largo de la preparación del viaje nos hicieron llegar distintas listas con los nombres de los implicados para que les hiciéramos la carta de invitación para el visado. Pues esos nombres cambiaban todo el rato, salvo el de su ayudante más directa, que atendía por Kumba.

Aquí llegaron tras una noche de viaje en bus, pasaron un día de breve visita al centro urbano y un segundo día con diferentes visitas institucionales, que les dejaron agotados. En ese día filmaron todos los pasajes, en los que yo debía actuar, salir a la puerta a recibirlos, estrecharles la mano y saludar sonriente, o bien señalar hacia una zona del jardín y fingir explicarles algo. Traían a un señor exclusivamente para filmar. Eso puede entenderse desde su óptica de país subdesarrollado, pero lo peor es que, una vez que tenían lo que habían venido a conseguir, el tercer día ya no querían hacer nada, salvo ir a París para hacer turismo. El objetivo de este señor era tener un vídeo para utilizarlo en su carrera política. Yo creo que su sueño es llegar a ministro y poderse postular como presidenciable frente al hijo del presidente. En fin, todo esto lleva el adverbio presuntamente, es algo que yo he deducido de lo que sentí con esta delegación, a lo largo de los tres estresantes días en que me tocó azuzarles para que no siguieran perdiendo trenes y se comportaran mínimamente.

El objetivo nuestro, tanto de Werner como mío, era que nos invitaran a visitar Brazzaville pero, el día en que nos fuimos a comer los dos para descansar un poco del coñazo, yo ya le dije a Werner que se me habían quitado las ganas de hacer ese viaje. Dado el nivel del tema, pensamos que no íbamos a saber nada más de esta gente. Pero resulta que, hace unos quince días nos empezaron a entrar whatsapps de otro señor. Je, je, que resulta que yo soy un amigo de Ugain y tengo otra ONG y me gustaría hacer un viaje con cinco de sus miembros a Madrid y Valencia, para ver los interesantes proyectos de ambas ciudades. Werner le contestó que cualquier contacto lo canalizara a través de Ugain. Mientras, yo le dije que no estaba muy por la labor y que pensaba que había que cortar con ellos.

Ugain escribió diciendo que sí, que era un amigo suyo. Y Werner le contestó que no teníamos interés en continuar con esta línea de actuación, que nuestra experiencia había sido muy negativa y disuasoria y que estamos muy ocupados. Era un mensaje educado, pero seco e inequívoco. Ugain respondió enseguida diciendo que estaba touché, que lo sentía pero lo entendía perfectamente. Y que le gustaría que, independientemente de todo, siguiéramos siendo amigos, Werner, él y yo. Punto final al tema. Además, la organización Guiding Architects se caracteriza por traer unas delegaciones de muy alto nivel, sus servicios son caros, cuando Werner me requiere para atender a una de sus visitas yo cuento con la garantía de que es un grupo de categoría, no unos mataos. Según escribo, el bueno de Tarik se ha subido a mi mesa a expresarme su acuerdo con lo que les estoy contando. Véanlo.

El caso es que el viaje a Brazzaville ya no está entre mis proyectos para el otoño. También se ha frustrado el posible viaje a Uganda, con los del grupo de Ciudad Real. Con estos he hecho tres viajes de otoño, a Birmania, Chile y Madagascar. Y en las tres ocasiones, a estas alturas ya estaba definido y contratado el viaje. No sé si volveremos a viajar algún día, pero creo que este año ya no va a ser. Tenía también el plan de recibir a mi amigo Diego Moreno, de Tijuana, que me anunció que planeaba venir este otoño. Pues tampoco viene. Le he escrito para ver qué pasaba y me dice que ha tenido que reformar su casa, que se ha gastado mucho dinero y tiene que aplazar su proyecto de cruzar el charco.

El grupo de senderistas con el que solíamos viajar una vez al mes, también se está viniendo abajo. De sus dos principales impulsores, uno se murió de Covid en los últimos coletazos de la pandemia y el otro se ha enamorado y se ha ido a vivir a Soria con su amada. Todavía puede que vayamos haciendo alguna salida que otra pero la cosa pinta bastante mal. Son cosas que pasan; hace unos quince años yo pertenecía a un grupo que se iba a esquiar cada Navidad a los Pirineos. Pues un año, el tipo que solía ocuparse de organizarlo todo nos comunicó que lo dejaba y el grupo se fue a la mierda. En mi caso, la consecuencia es que ya no he vuelto a esquiar y, a estas alturas y edades, tengo claro que eso se acabó. Diferentes aristas de lo que García Márquez llamaba el desgano.  

Pero la nostalgia de lo que no ha pasado es un sentimiento que no sirve para nada y hay que luchar para que no te atrape. Y lo cierto es que yo no paro de hacer cosas y les cuento. Lo último de lo que les di cuenta es de mi visita al veterinario y lo bien que se portó Tarik el martes 11. Al día siguiente apareció por mi casa mi hijo Lucas, que venía a pasar unos días por Madrid. Esa tarde acudí a la clase de guitarra con Henry y estuvimos practicando con afinaciones abiertas, es decir, formas de afinar la guitarra de forma que el toque sea más fácil. Es algo que inventaron los negros del blues y que Keith Richards incorporó al rock, otro día se lo explico más en detalle. El jueves tuve clase de inglés, yoga, comida en el Ricla y siesta. Por la noche tenía un concierto de Osi y los Osidados en Vallecas. Le dije a Lucas que si se venía conmigo, pero prefirió irse a cenar con su madre y quedarse ya en su casa.

El concierto de Osi fue en la sala Godfather Rock Club, al lado del campo del Rayo, un lugar que durante años se llamó el Jimmy Jazz. Allí nos juntamos todos los del grupo, Henry Guitar, Manolo el trompeta, Pepe el saxo, Críspulo, que es el batería de la big band vallecana y otra serie de colegas de la parte de Palomeras. Yo ya soy uno más del grupo, me recibieron con abrazos afectuosos y me hubiera gustado que mi hijo viniera, pero no pudo ser. El concierto estuvo muy bien, cada vez están más conjuntados y el público era de veteranos rockeros del barrio, de los tiempos del Hebé y el Jimmy. Nos pusimos bien de birras y, ya cerca de la una y media, caminamos Henry, Críspulo y yo hasta la estación de metro a pillar el último tren, ellos en un sentido y yo en el otro. Nos equivocamos varias veces de escaleras y, cuando por fin logramos vernos a ambos lados de las vías, montamos un pollo de risas de los que hacen época, para asombro de los demás viajeros que esperaban para volver a casa.

El viernes fui al teatro con mi amigo X y la peña correspondiente que, por fortuna, no se disuelve. Acudimos al Valle Inclán a ver una obra que se titula Fundamentalmente fantasías para la resistencia. La obra representa a una compañía de teatro de Kiev, que ha de refugiarse en un sótano cuando empieza la invasión de Putin. Y deciden escribir y ensayar una obra cómica, para no desanimarse, en la que uno de ellos representa de forma caricaturesca al propio Putin. La idea es genial, aunque su desarrollo no me pareció demasiado brillante, especialmente cuando deja la línea más bufa y se embarca en un tema más metafísico, sobre si es o no ético que en la obra maten a Putin, al fin y al cabo un ser humano. Desde luego, yo no voy a impulsar que se mate a nadie, pero desde ya les digo que no sentiría ninguna pena si eso sucediera en la realidad. Por ejemplo, hace unos días se ha muerto Sánchez Dragó y no podría decir que me he alegrado, pero sí que he sentido una indiferencia de una intensidad tal que casi se acercaba a la alegría.

El sábado salí a correr por la mañana y dediqué toda la tarde a escribir mi post anterior, de marcado carácter autobiográfico. Por la noche salí a cenar con una amiga a las Bodegas Rosell y dejé el texto sin publicar. El domingo, después de publicar mi post me fui a Entrevías, donde la Big Band Vallecana que dirige mi amigo Henry daba un concierto matutino. El miércoles le había hablado a Henry de mi interés por recoger firmas para la candidatura de Recupera Madrid y me confirmó que los del local le habían dicho que me permitirían poner allí una mesa de firmas. Así que cogí el tren a Entrevías con mis hojas de firmas y con la sensación de ir a jugar un partido fuera de casa, porque en Entrevías son muy podemitas. Y lo acojonante es que, a la vez que yo, apareció por allí Luis Cueto, el cabeza de lista, con más pliegos de firmas. Henry, que era el maestro de ceremonias, decidió que nos cederían cinco minutos antes del concierto para un breve speech y me pidió que presentara yo a Luis.

Fue una buena idea. Yo empecé recalcando que soy del grupo de músicos y ya me conocen de otros conciertos y saraos. Luego dije que era funcionario jubilado del Ayto, que Manuela Carmena y su equipo me habían hecho vivir cuatro años entre los mejores de mi carrera y que Recupera Madrid son los auténticos herederos de ese espíritu, a la espera de que llegue Yolanda. Luis explicó un poco la propuesta del grupo y empezó el concierto. Y a ambos nos persiguió mucha gente interesada en firmarnos las hojas, algo que me sorprendió bastante. Luis recogió un montón de firmas y, antes de irse me dio las gracias y me dijo que pensaba que la mayor parte de la cosecha de firmas era debida a mi intervención, que le había encantado.

Me quedé por allí recogiendo más adhesiones y me comí un bocata de lomo con unas birras en medio de los colegas que ya me tienen como uno más. Me lo pasé bien, aunque no hicimos tantas risas como tras el concierto de Osi. Después de una breve siesta, llevé a Lucas al aeropuerto y volví corriendo porque tenía otra sesión de teatro, esta vez en el Reina Victoria, casi frente a las Cortes. La obra de turno, Figurantes, imagina que los figurantes de una obra, hartos de no tener apenas diálogos, encierran a los actores principales en un desván y se ponen a representar teatro, de forma un tanto caótica y con muchos problemas entre ellos. Es una idea bastante descabellada y los actores la desarrollan de forma muy meritoria. La obra es desigual, con momentos muy hilarantes, un poco en la línea de humor absurdo de los hermanos Marx. En otros pasajes es menos brillante.

El lunes tuve inglés y yoga y me dediqué a recoger firmas por el barrio. Me firmaron varios vecinos de la casa, el portero, Jurgen el peluquero, Fernando del Matilda, que se quedó con un par de folios para clientes interesados en firmar también, los floristas, las chicas de la farmacia, varios dependientes de tiendas a los que apenas conozco y hasta Javi el veterinario de Tarik, a quien fui a ver para pagarle 25€ que le había dejado a deber. Antes me habían firmado la profesora de yoga y varias alumnas, así como los dos hermanos que llevan el Ricla. Me vine un poco arriba con este tema y el martes me fui al APOT a recoger más firmas, pero allí, entre mis antiguos compañeros, apenas recogí apoyos. Me sentí un poco raro, estos tipos de la candidatura han sido nuestros jefes, nos han tratado bien, han sido los responsables de la creación de la Dirección General de Planificación Estratégica, algo por lo que habíamos luchado años sin que el PP nos escuchara.

Ahora esta gente, que fueron los que realmente salvaron la legislatura de Carmena, al retirarse su jefa natural se han visto acorralados por Rita Maestre y los demás de Más Madrid y sólo están pidiendo firmas para poder competir en las elecciones, ni siquiera son votos lo que se pide. Capté un sentimiento como de que estas oficinas son una especie de cápsula fuera del tiempo, en la que se desarrollan rutinas y comportamientos endogámicos. Durante años pertenecí a esa burbuja atemporal, pero cada vez me siento más ajeno y cada vez entiendo más a mi compañera África que no ha vuelto a pisar el lugar desde que se jubiló. Entiendo que hay gente que piensa que esa candidatura va a dividir aun más a la izquierda y lo respeto.

Cada uno es libre de tener sus opiniones y dejarse influir por determinadas campañas o no, yo siempre he ido por libre y tengo debilidad por la disidencia y las causas perdidas. Pero me impresionaron especialmente algunos compañeros que reaccionaban a mi petición con un mohín entre el asco y el terror, diciendo: es que yo no quiero firmar nada. No fue uno ni dos, unos cuantos. En general, interpreto esto como una secuela más de la pandemia, que ha dejado a mucha gente tocada y aterrorizada. El mohín era gemelo del de los vegetarianos cuando se les ofrece jamón, los antivacunas cuando se les solicita que se vacunen y se me ocurre una tercera comparación de índole sexual, que me abstendré de detallar por respeto a mis lectoras del género aludido.

En fin, menos mal que me fui pronto al bar de mis amigos, donde recuperé el buen ánimo porque el dueño, mi amiga Sonia, los demás camareros en bloque y muchos clientes me firmaron sin tantos remilgos. Por la tarde me fui a acompañar a un amigo que estaba un poco malito en su casa, lo encontré bastante recuperado y animado y hasta me firmó también, a pesar de sus justificados reparos. Como es lector del blog, desde estas líneas aprovecho para mandarle un abrazo fuerte. Ayer tuve otra vez clases de inglés y guitarra, esta semana está todo descabalado porque Ed, el profesor de inglés está en una playa en la República Dominicana y hemos de adaptar el calendario a la diferencia horaria. Hoy jueves tampoco tenía el habitual yoga por ser luna nueva, pero mi tocayo del Ricla me ha avisado de que su madre había cocinado un bacalao con tomate extraordinario, así que me he subido a comer con ellos. Por cierto, la madre también me ha firmado.

Esto es más o menos todo. Afronto un par de meses con flecos del sinvivir, un verano que, salvo algunos festivales de blues, pasaré con Tarik refugiados del calor extremo y un otoño por ahora abierto y sumido en incógnitas. Empiezo a considerar algunas ideas a lo grande, pero no las quiero contar en el blog, que ya saben que trae mala suerte. Samantha Fish ha rodado una especie de documental con entrevistas y temas en directo en una emisora de Nueva Orleans y empiezan a filtrarse algunas de las canciones. Entre ellas la que les dejo de propina, de su último disco, un tema melancólico que nunca canta en sus conciertos y que es una maravilla, en la línea de Adele pero con su voz más metálica. Habla del final de una relación y es adecuado para momentos de bajón como el que me acecha. Pueden ver que, como Carolina de Mónaco, esta mujer no se ha tocado nada, ni los dientes un poco de vampira que siempre ha tenido, y lleva sus primeras arrugas con bastante dignidad. Sean buenos.

domingo, 16 de abril de 2023

1.219. Autobiografía en una hora

Vaya, este es otro de esos temas que se han quedado a un lado, sin llegar a aparecer en el blog. Como saben, el día 11 de febrero volé a París, en donde planeaba pasar una semana culminada el 17 con una clase en el máster de 4º curso que dirige mi amigo Alain Sinou en la Paris Huit Université, seguido de una reunión con mis hijos para visitar el Louvre de Lens y celebrar con ellos mi cumple en Lille. A media semana tenía una cita con Alain para comer, dar una vuelta por París y concretar los detalles de mi clase. Esa cita tuvo lugar el martes 14 y en ella me enteré que Alain contaba conmigo para dar otra clase más, en este caso al grupo de 5º curso. Más que una clase sería una conversación en la que yo les contaría mi historia profesional, empezando por cómo elegí ser arquitecto, cómo se desarrolló mi carrera, qué hice al terminar, cómo fue que entré en el Ayuntamiento y qué responsabilidades fui teniendo a lo largo de mis casi 40 años de carrera funcionarial en el municipio.

Apenas tenía tiempo de preparar una charla como esa, encima en francés, pero no me puse nervioso, ya saben que tengo muchas tablas y me ha tocado lidiar toros peores. En realidad, no pude dedicar mucho tiempo al tema, con la agenda parisina que llevaba, pero sí fui pensando algo al respecto y el jueves por la tarde elaboré unas notas manuscritas que me sirvieran de estructura para esta clase, que finalmente tuvo lugar a las 9.00 del citado viernes. Después de numerosas preguntas, respuestas e intercambios de información, dimos por terminada la sesión a las 11.30 y, tras media hora de descanso con bocata y botellita de agua, cambiamos de aula y pude dar la conferencia que traía preparada para los de 4º, con imágenes de power-point y la parafernalia acostumbrada. ¿Y qué fue lo que les conté a los de 5º en la primera charla de la mañana? Pues una parte de eso es lo que me dispongo a contar en este post, porque desde la misma elaboración de las notas manuscritas fui consciente del potencial bloguero de la primera parte de mi relato. Hasta que entré en el Ayuntamiento. La segunda parte tal vez me anime algún día a contarla, aunque es menos interesante.

Puedo jurarles que esto que voy a contar fue exactamente lo que compartí durante la primera hora de mi charla a los alumnos del máster (recuerden que apenas dos o tres eran arquitectos, los demás venían de otras carreras). Ahora bien, ¿es esto verdad? Bueno, a este respecto les volveré a recordar la respuesta de Truman Capote cuando le preguntaron algo parecido. Exactamente después de su exitazo A sangre fría, escrito después de seis meses de convivir con dos asesinos convictos y condenados a muerte. Todo el mundo le preguntaba lo mismo: ¿pero todo lo que usted cuenta es verdad? Hasta que se hartó y dijo la frase memorable: ya va siendo hora de que empecemos a diferenciar la verdad del estricto relato de los hechos. Eso mismo les digo yo. Lo que viene no es el estricto relato de unos hechos que marcaron mi vida (porque no soy periodista, ni historiador, ni esto son unas memorias), pero, para mí, esto es la verdad, o al menos mi verdad (ya saben que este blog tiene pretensiones literarias, como el libro de Capote, salvando las lógicas distancias).

Vamos allá. Yo no he sido nunca un arquitecto vocacional. Ni siquiera me reconozco como arquitecto. Sí me siento urbanista, pero el urbanismo apareció en mi vida mucho más tarde del comienzo de mi carrera. La realidad es que yo he sido siempre un hombre más de letras que de ciencias. En el bachillerato me encantaban la lengua española, la historia. Y sobre todo la geografía, que me permitía soñar con viajes por todo el mundo. Y, cada vez que el profe de literatura ponía como ejercicio una redacción, yo sacaba la nota más alta. Pero en mi familia, yo tenía una presión intensa y continua para que me decantara por una carrera de ciencias, una ingeniería, concepto casi mágico para mi padre, que insistía todo el rato en que esas eran carreras con salidas. ¿Y las carreras de Letras? Por Dios, esas eran carreras sin salidas, salvo la de abogado que a mí no me entusiasmaba especialmente.

Lo cierto es que uno se ve obligado a elegir su carrera profesional con 17 años, cuando no sabe nada del mundo ni de la vida. Yo elegí Arquitectura como una especie de pacto entre lo que yo quería y lo que mi padre prefería, la arquitectura era para mí una ingeniería ma non troppo, con componentes artísticos y humanistas, más acordes con mi personalidad. Por cierto, en el test de orientación profesional que me hicieron antes del Preu, mis respuestas condujeron a recomendarme en primer lugar Música, en segundo Medicina y en tercero Arquitectura. Lo de la Música me hubiera supuesto unas cuantas bofetadas y la Medicina no me gustaba porque el tema de la sangre no lo llevo demasiado bien. Además de estos motivos, he de reconocer que había otros adicionales. En primer lugar, tenía un hermano que estaba estudiando Arquitectura y parecía que eso me podría ayudar a abrirme camino.

Además, en La Coruña no había por entonces Escuela de Arquitectura, ni tampoco en Santiago. Elegir esa carrera, me llevaba directamente a Madrid, adonde yo soñaba con llegar, porque mi ciudad natal se me empezaba a quedar muy pequeña. Yo ansiaba el anonimato de una ciudad grande en la que pudiera conocer gente nueva y ampliar horizontes. Incluso valoré el hecho de que en Arquitectura no se estudiaba Química, materia que yo odiaba, después de haber tenido un profesor malísimo al que llamábamos Faballón. Un inconveniente era que se pedía un nivel alto de dibujo y yo no sabía dibujar, pero el último verano me apunté a un curso de Dibujo Artístico en el que aprendí los primeros rudimentos. Corría el año 1968 y, mientras yo me debatía en estas aguas agitadas, en París la situación saltaba por los aires.

Instalado ya en Madrid en un Colegio Mayor, me sumergí en la Escuela, si bien el primer año lo perdí prácticamente entero, por causa de una hepatitis que me hizo volver a casa de mis padres durante tres meses para recuperarme. Pero la carrera me gustaba. En Dibujo era un poco manta, pero me propuse aprender a hacerlo bien mientras iba aprobando las demás asignaturas. Con todo esto tardé tres años en aprobar el primer curso, que era selectivo, es decir, que uno no se podía matricular en segundo mientras le quedase una sola asignatura pendiente. El Dibujo fue la última materia que aprobé, en mi tercer septiembre, momento en que pude pasar a segundo. Este 2º curso fue maravilloso para mí. La Universidad ardía de actividad política y yo compaginaba mis estudios con la asistencia a todos los conciertos de rock que podía, la lectura, el cine y la participación en manifestaciones, en las que me cayó algún que otro porrazo de los grises.

Además de las asignaturas teóricas, había una práctica que se llamaba Elementos de Composición. En ella tuve la oportunidad de conocer determinados textos que el profesor nos recomendaba y que me abrieron la puerta del llamado materialismo dialéctico, base del marxismo, que daba una cobertura teórica a mis actividades callejeras. Estaba feliz y pensaba que había acertado con la carrera. Hacíamos ejercicios teóricos en los que deconstruíamos determinados conceptos, desde la familia o el Estado, hasta la propia práctica de la arquitectura. Yo me sentía como pez en el agua. Hasta el punto de que, un grupo amplio de alumnos, le propusimos al profesor que nos suspendiera, para poder seguir un año más bebiendo de sus enseñanzas.

El segundo curso era también selectivo, de modo que la historia me llevó a completar cinco años de estudios para los dos primeros cursos. Era algo relativamente frecuente en aquellos tiempos. Mi padre estaba preocupado por mí, pero a la vez me veía feliz y confiaba en que, aunque fuera a trancas y barrancas, conseguiría acabar la carrera algún día. Y así entré en mi sexto año, el año de 3º curso, el año de la debacle. Aquí, los Elementos de Composición ya se sustituían por Proyectos 1. Una asignatura totalmente práctica a la que se dedicaba la mitad del horario lectivo, en un desempeño en el que se perdía bastante tiempo, pero había que pasar por ello. Elegí un grupo a ciegas y el profesor, un tipo de traje gris y corbata neutra, nos puso un ejercicio, consistente en diseñar un chalé. El día de la entrega, yo aparecí con un papel DIN A0, cubierto de gráficos con muchas flechas, en el que deconstruía el concepto de chalé, a la manera de lo que hacíamos en segundo.

El profesor se quedó blanco. Inmediatamente me dijo que eso era una milonga que no servía para nada. Que yo estaba estudiando una carrera al final de la cual debía ser capaz de construir edificios para clientes privados, como el que él nos había pedido, y no teníamos que atender a otra cosa que a los gustos del cliente, para darles una forma construible. Y, con un guiño de colega machote, añadió: y, sobre todo, ojo con los gustos de la mujer del cliente. En fin, ya sé que esto es increíble, pero así fue. No volví a aparecer por la clase de este señor, lo que era muy poco recomendable. Porque, llegado junio, si habías estado todo el año brujuleando por allí haciéndole la pelota a tu profe diariamente, te aprobaban por curso. Los demás, iban a examen, donde normalmente te suspendían, como me sucedió a mí.

Ese fue el año de la crisis. Mi cabeza hizo ¡BUM! Creo que aprobé apenas una asignatura. En paralelo, había empezado a escribir relatos, como hago siempre que entro en crisis. Y gané un concurso literario de los colegios mayores, por el que me pagaron 2.000 pesetas. Con ese bagaje, llegué a casa en verano y le dije a mi padre que quería dejar la carrera. Que quería dedicarme a escribir y, si acaso, al periodismo o similar. Enorme disgusto. Y mi padre optó por una solución que, ahora con la perspectiva del tiempo, me parece obvia y puede que fuera la que yo adoptara si uno de mis hijos me hubiera propuesto algo semejante. Mi padre me dijo que acabara la carrera. Y que luego, con el título en la mano, me dedicara a lo que quisiera. Y, por supuesto, si no seguía con la carrera, me suspendía inmediatamente la paga de la que yo vivía. Para la otra línea alternativa, me tendría que buscar la vida por mí mismo.

Mi reacción fue también la típica. Tengan ustedes en cuenta que estábamos en tiempos de Franco, que yo era un rocker, con ínfulas de escritor y ciertas veleidades de activista político, muy influido por la cultura hippy y bastante poco integrado en la sociedad más tradicional; que además tenía una relación muy lejana con mi padre al que veía como una figura autoritaria y bastante hermética (mi padre no empezó a hablar de su pasado de antes de la Guerra hasta que se murió Franco, un par de años después, momento en que yo descubrí que tenía un padre al que no conocía). Así que yo me tomé el tema como una especie de Golpe de Estado, un tancazo, como los que por entonces se daban en Argentina y Chile. Mi reflexión fue que todo esto me pasaba por no ser autónomo económicamente. Así que tenía que ponerme a trabajar enseguida.

Por medio de unos amigos, me conseguí un trabajo de delineante en un estudio de arquitectura y empecé a ganar dinerito. El siguiente verano, cuando mi padre se disponía a tenerme como de costumbre estudiando en casa encerrado tres meses, le comuniqué que me iba a Francia con un par de amigos en un seiscientos. Me preguntó que con qué dinero y le dije que yo ya no tenía problemas económicos. Fue un punto de ruptura: obviamente, trabajando mañana y tarde en un estudio como delineante, no podía atender adecuadamente los requerimientos de una carrera que encima no me gustaba. Mi padre me suspendió la paga en medio de una bronca y un disgusto familiar considerables.

Al año siguiente yo era feliz. Vivía en un piso con unos colegas, trabajaba mañana y tarde, escribía, iba a conciertos de rock y vivía la noche madrileña hasta los últimos sorbos. Pero entonces se produjo un hecho también relevante. El arquitecto para el que trabajaba, me llamó a capítulo. Me dijo que estaba haciendo el idiota. Que tenía la carrera tan adelantada que, con un pequeño esfuerzo, podía sacarme el título, lo que a él le permitiría pagarme un mejor sueldo que el que me pagaba entonces, como delineante proyectista. Tenía razón. Así que se impuso el sentido común. Volví al redil paterno con el rabo entre las piernas, le juré a mi padre que mi primer objetivo era terminar y conseguí que me volviera a dar un dinero mensual. En el estudio pasé a ser una pieza de apoyo a la que llamaban cuando tenían un apuro por alguna entrega de proyecto y con eso me sacaba de vez en cuando un dinerillo adicional.

Retomé la carrera y fue en esa segunda etapa cuando descubrí el urbanismo. En aquellos años, en la Escuela de Madrid, el urbanismo era una materia secundaria. Sólo había dos ramas: Construcción y Urbanismo. Y el 80% elegía Construcción, que es donde uno se podía luego forrar. El urbanismo sólo lo elegían algunos tipos raros y marginales. Pero en esos años, la cosa estaba empezando a cambiar y yo encontré que esta materia se ajustaba más a mi personalidad de Letras y me conectaba con mi pasión por la geografía. Con tantos dimes y diretes, idas y venidas, el resultado fue que acabé la carrera en 1978, tras diez accidentados cursos. Ahí ya sabía que el urbanismo era una línea que me interesaba mucho más que aquello de hacer chalés adaptados al gusto del cliente y al de la mujer del cliente.

Pero no entré en el Ayuntamiento hasta 1982. ¿Y qué hice en ese intervalo de cuatro años? Pues unas cuantas cosas, ya saben que soy un culo inquieto. Para empezar, tuve que hacer la mili, año y medio en Infantería de Marina, parte en Cartagena y parte en Madrid, adonde conseguí que me trasladaran apuntándome a la banda de música (esto podría dar para otro post bien divertido). Además, hice un par de proyectos: una casa rural y un chalé, que me resolvieron económicamente la vida. Pero sobre todo, me apunté a todos los cursillos de urbanismo que encontré. Hasta que conseguí que me admitieran en el Máster de Técnico Urbanista del IEAL, más tarde llamado INAP. Este máster duraba dos años, era caro, pero mi padre me lo pagó con gusto. Y realmente, allí fue donde aprendí más cosas y donde me enamoré del urbanismo.

Terminado el máster en junio de 1982, en octubre entré en el Ayuntamiento. Me había enterado por mi hermano, de que el Ayuntamiento de Madrid (en manos de Tierno Galván) había decidido crear dos plazas de arquitecto interino y otras dos de aparejador, para apoyar una nueva línea de ayudas sociales a la vivienda. Yo acudí a entrevistarme con el Gerente de Urbanismo, Enrique Bardají, y le llevé un currículum escueto, apenas podía acreditar poco más que el título de Técnico Urbanista, pero vi que ese título le impresionaba. Como buen comunicador que soy, le dije que las ciudades eran lo que más me gustaba en el mundo, que aún no me había recuperado de la impresión que me había causado llegar a Madrid catorce años antes y que me ilusionaba trabajar para esa gran ciudad que me había acogido. Mi entusiasmo ayudó también, supongo. Le entregué el currículum, metido en una subcarpeta amarilla, que puso en un montón en el que había más de 40 para las cuatro plazas, y esperé.

Empecé el 1 de octubre de 1982 y mi vida cambió para siempre con este trabajo fijo en el que enseguida me integré. He de decir que, en aquellos años, la única forma de trabajar en urbanismo era entrar en la Administración; de privado no te comías una rosca, salvo que lo simultanearas con una actividad de construcción, algo que yo no quería hacer. Y muy pronto entendí que, a pesar de tantos estudios y cursos, no tenía ni idea de cómo se organiza y se gobierna el planeamiento y la gestión de una ciudad del tamaño de Madrid. Tuve que aprender sobre la marcha, pero esto es la segunda parte de mi autobiografía profesional, que ya vamos a dejar para algún futuro post. A los franceses les conté todo esto en líneas generales, sin tantos detalles privados y personales, pero a ustedes se lo tenía que adornar un poquito más.

Y les diré que esta primera parte de mi charla les encantó, me interrumpían todo el rato con preguntas y se reían las tripas con los detalles más hilarantes. Ellos están a punto de ingresar en el mundo profesional, en una época en la que las cosas han cambiado mucho. Para empezar, el urbanismo ya no está exclusivamente en manos de los arquitectos, ahora es un mundo transversal. En general, creo que esta historia que les he contado, refleja bastante bien una época muy concreta, la de la eclosión de la generación de los boomers, unos tipos que no conocimos las guerras anteriores y que nos dedicamos a vivir la vida en una sociedad en paz, a caballo del rock’n roll, el sueño de un país democrático y una alegría que lo impregnaba todo. Estaba por entonces a punto de brotar la llamada Movida Madrileña, que yo disfrutaría en primera fila.

Cuarenta años después, el mundo ha cambiado muchísimo. Y, como hemos llegado a este punto del relato sin ninguna foto ni vídeo, se me ocurre una idea para terminarlo en condiciones. En aquellos tiempos, todos estábamos más o menos enamorados de Carolina de Mónaco, algo así como nuestro ideal de mujer. Estos días se han publicado unas fotos que muestran el aspecto actual de esta señora, que tiene un montón de nietos. Los comentaristas valoran especialmente que no se haya hecho ningún retoque de cirugía estética y que siga teniendo un encanto especial a sus sesenta y tantos, con las arrugas bien colocadas en su sitio. Vean una de estas fotos. 

Pues, como les he dicho, en los primeros 80, estaba a punto de florecer la Movida y yo salía cada noche a lugares como el Rockola, la Sala MM, La Vía Láctea, La Sastrería o el Pentagrama. Y empezaban a surgir algunos elementos que podemos considerar precursores de esa Movida. Uno de los más peculiares era Moncho Alpuente, poseedor de un ingenio inigualable, maestro de Wyoming y compositor de algunas de las letras más hilarantes de la música local, desde su grupo Las Madres del Cordero. En ese punto de la pre-movida, este señor formó un nuevo grupo, llamado Alpuente y los del Río Kwai. Y una de sus canciones más celebradas fue la que dedicaron precisamente a Carolina de Mónaco. Se la dejo de propina. Pórtense bien. 

miércoles, 12 de abril de 2023

1.218. Latiguillos y muletillas

La verdad es que consulto los textos de la RAE sobre modismos y no acabo de diferenciar entre el concepto de latiguillo y el de muletilla, salvo porque se da por admitido que los latiguillos son una forma concreta de muletillas, concepto por tanto más amplio. Tal vez mi querida África me lo sepa aclarar, si decide dejar de chincharme, como anda haciendo últimamente con tenacidad digna de mejores objetivos. O tal vez el Ateo Piadoso, docto conocedor de los intríngulis del lenguaje, me pueda echar una mano. No consigo captar la diferencia entre muletilla y latiguillo, entiendo ambos como pequeños apoyos del lenguaje oral, que cada uno distribuye en sus parlamentos para apoyarse en ellos como conectores de frases. Lo mejor es citar algunos ejemplos: es decir, o sea, a ver si me explico, no me jodas.

La gente usa esas muletillas o latiguillos para conectar unas frases con otras y ni siquiera se da cuenta de que las repite continuamente. Algunos las convierten en contracciones para abreviarlas y poder seguir hablando rápido. Por ejemplo, una amiga mía dice todo el rato osácir, que viene a significar o sea es decir. Otra llega más lejos y lo convierte en extensivo, entre dos signos de interrogación: ¿saloquetequierocir? Este tipo de conectores informales del español hablado existen también en los otros idiomas. Por ejemplo, en el inglés se utiliza todo el tiempo el you know, ¿sabes? Entre una frase y otra. Los hay también más sofisticados, como el by the way, in my opinión, I should say y otros. En francés se abusa mucho del du coup, que es un conector universal, vale para decir así que, por tanto, en consecuencia y cualquier otro de los castellanos. Igualmente a mon avis, a mi parecer.

Yo no estoy libre de estos trucos, a pesar de expresarme en lenguaje escrito. Por ejemplo el socorrido: me creerán o no, pero… Suelo usarlo cuando cuento algo que pueda resultar de entrada inverosímil. Por ejemplo, uno de los temas que se han quedado a un lado en medio de la vorágine de franchutes y congoleños es el sesudo problema de la ruptura Piqué-Shakira, que se trató muy colateralmente en este foro. No les extrañará saber que yo estoy del lado de Shak, como no podría ser de otra manera, normalmente me suelo inclinar por el lado femenino, como vieron en el asunto Vargas-Preysler. Pero es que tengo clarísimo que Shak acierta en la letra de su éxito más reciente, cuando le dice a su ex: yo a ti te quedé grande y por eso estás con una igualita que tú. Grande no, grandísima.

Tan grande que esta señora ha creado ya lenguaje. Como les conté, todos los niños pequeños cantan ahora lo de los patitos como tú. Y la candidata del PSOE a la alcaldía de Segovia, que se llama Clara Martín, ha llenado la ciudad de carteles como el que ven abajo. Shakira no sólo factura sino que incide en todas las facetas de  la sociedad, incluido el lenguaje de los carteles electorales.

El poderío de esta mujer en el mundo del famoseo es mucho. Y aquí viene lo de mi latiguillo favorito: me creerán o no, pero yo ya seguía a Shakira en los albores del siglo, cuando andaba metido en el proyecto de Srí Lanka. Como saben, escribí cuatro libros contando mis andanzas en esa aventura, que fotocopié y repartí entre mis amigos. Pues en uno de ellos hablaba de Shakira y de un tema que acababa de publicar, que me había impresionado especialmente. Hablo del Underneath your clothes, Debajo de tu ropa, cuyo vídeo les propongo ver más abajo. Es un tema publicado en 2001 (el proyecto Sri Lanka se desarrolló entre 1999 y 2003). Yo me mostraba fascinado con la carga erótica del vídeo, el poderío de su cintura de avispa y lo bien que se adaptaba a cantar una balada rockera en inglés.

Después, su carrera se deslizó hacia el reggaetón, las coreografías extremas a la manera de Beyoncé y dejó de interesarme. Pero aquí mostraba un gran potencial, además de una letra bastante explícita, cuyo estribillo dice: debajo de tu ropa hay una historia sin final, la del hombre que yo he elegido y es mi territorio. No estoy seguro si este tipo de letra sería aceptada hoy por la señora Irene Montero y otras feministas; en 2001 las cosas estaban así. Pero lo importante: en 2001, Shakira tenía 22 añitos. Y ya se desempeñaba de la forma que van a ver. El señor Piqué tenía por aquel entonces 12 años y llevaba pantalón corto. No hay mejor demostración de que esta señora le quedó grande desde el primer día. en todos los sentidos. Vean, vean.

Shakira tenía entonces 21 como les digo, y ahora tiene 44. Por eso le dice a Piqué en su letra más reciente: yo valgo por dos de 22. Este tipo de juego numérico no es del todo original, puesto que ya Luis Eduardo Aute lo utilizaba al final de una de sus canciones más recordadas: Una de dos: Una de dos, o me llevo a tu mujer, o te la cambio por dos de quince, si puede ser. Otra letra que resultaría insólita en los tiempos que corren, caracterizados por el puritanismo más pacato. La serie de posibilidades que Aute desgrana al final de su canción, serían hoy bastante mal vistas. Sin embargo, este tipo de casos se dan. Recuerden que Eric Clapton se enamoró perdidamente de Patty Boyd, esposa de su amigo George Harrison, a la que dedicó una canción desesperada: Layla. Cuando Patty se enteró de que la canción iba dedicada a ella, le dijo que no hacía falta que se pusiera tan dramático, que hubiera bastado con que se lo dijera. Y se fue con él. Aute se toma esto con ironía, como pueden ver abajo; estamos ante uno de los mejores letristas del rock en español.

Pero volvamos a Shakira. ¿Alguno de ustedes, queridos lectores, alberga la menor duda de que esta señora estupenda, que se desempeñaba como han visto en 2001, le quedó grande no, grandísima a Piqué? Sin embargo, paradojas de la vida, resulta que Shakira mide exactamente 1,57, es más pequeña que la mayor parte de las mujeres con las que yo me relaciono o me cruzo cada día. En el otro lado, el señor Piqué mide nada menos que 1,94, es un mozarrón de altura similar a la del Rey, que mide 1,97. Así que estén ustedes alerta, que nada es lo que parece. Y ahora, con lo del ChatGPT se pueden crear imágenes y realidades virtuales con facilidad. Cuando yo publiqué LA FOTO con Samantha Fish, mi amigo Paco Couto empezó pensando que había usado el Photoshop, que es una especie de ChatGPT en cutre. Antes de que existieran estos sistemas de Inteligencia Artificial, las cosas sólo se podían hacer de verdad. Vean por ejemplo un par de casas curiosas.


La de más arriba está en Sopot (Polonia). La de abajo no estoy seguro, pero tiene toda la pinta de estar en San Francisco, por la zona de Haight-Asbury. Caprichos arquitectónicos de otros tiempos. También con simples técnicas fotográficas se podían lograr imágenes muy sugerentes, como esta que les pongo abajo.

Ahora, con la Inteligencia Artificial, llegaremos a un mundo en el que se privilegiará lo real, por más auténtico, igual que en Brasil las mujeres más valoradas en este momento son las que no se han hecho ninguna cirugía estética, al parecer difíciles de encontrar. Otra muestra más de un mundo que se ha vuelto loco y por eso mucha gente no ha superado la pandemia. De ese mundo es del que nos quiere liberar el señor Putin, que quiere volver a lo auténtico. Lo que pasa es que es muy burro y sólo sabe hacer las cosas de una forma: la que ha usado en Chechenia, Kazajistan o Siria (pobre ciudad mártir de Alepo, con lo hermosa que era). Tal vez por eso, yo estoy bastante encerrado en mi casa, en donde aguardo acojonado el incremento del calor. Menudo verano que se nos viene. Menos mal que me hace compañía el gran Tarik Marcelino Martínez.

Aún así, vengo saliendo bastante. La semana pasada quedé a cenar una noche con Paco Couto, y otro día con una amiga en la Plaza de Santa Ana. También he ido al cine a ver Air, una película maravillosa para un proyanqui como yo. Ayer por la mañana acudí al edificio municipal de Mayor-71, donde están las sedes de los grupos políticos, con el propósito de firmar para que se acepte la candidatura de Luis Cueto para las elecciones locales. Como se trata de una agrupación de electores y no un partido político, han de reunir 8.000 firmas. Después de una semana de proponerse, ayer llevaban sólo 1.500, así que la cosa va a estar apretada, porque han de reunir las 8.000 antes del día 23. Si no las consiguen finalmente, puede que clara-mente me abstenga de votar. A menos que alguien me convenza del voto útil a la señora Reyes Maroto, a quien, si me la cruzara por la calle, no reconocería. Los demás, que ni sueñen con contar con mi voto.

Por la tarde llevé a Tarik Marcelino al veterinario por primera vez. Es un vecino muy majo que tiene una clínica en Lavapiés. Allí le hicimos la cartilla veterinaria, en donde lo registré con su nombre completo. Y le pusieron el chip y la primera vacuna. Tarik se portó fenomenal, estuvo inspeccionando la clínica, porque sus principales afanes son los que se derivan de la curiosidad. La verdad es que es un tipo que se porta bastante bien, sin olvidar que es un adolescente. Me sigue haciendo perrerías, pero sólo cuando estoy yo en casa. Si me voy, como el lunes, al yoga, a comer al Ricla y a comprar más café a La Mexicana (unas cuatro horas en total), a la vuelta me encuentro la casa inmaculada. Pero, cuando estoy por la casa, se dedica a escarbar en los tiestos llenando todo de tierra y otras travesuras. Clara-mente para provocar.

Lo peor fue un día que me levanté y no tenía Internet. Investigué qué pasaba y me encontré completamente mordisqueado el cable que une la entrada del cable de fibra con el router. Es un cable delgadito que no está preparado para que lo mastique un gato. Llamé al servicio técnico de Orange y les expliqué lo que me pasaba. Me precisaron que ese cable se denomina el latiguillo y que ellos no podían suministrármelo (era el Jueves Santo), pero que yo podía perfectamente conseguirlo en un Leroy Merlin. Me vestí a toda pastilla, cogí el coche y me personé en el Leroy Merlin de Raimundo Fernández Villaverde. Allí, según se me había indicado, pregunté si tenían latiguillos de fibra para Internet. No tenían, eso sólo se sirve en los Leroy Merlin más grandes, en las salidas de la ciudad. Consulté el Maps, vi que el más cercano era el de Barajas y allí que me fui con el coche.

El Leroy Merlin de Barajas está exactamente en el Polígono de las Mercedes, cuyo Plan Parcial me tocó a mí informar en su día. Por si acaso, me compré un segundo latiguillo de repuesto, en previsión de que Tarik se lo vuelva a comer para merendar. Ahora lo tengo medianamente protegido y de momento no lo ha vuelto a atacar. Por cierto, ya que estamos hoy de digresiones, tal vez ustedes no sepan que Leroy Merlin, junto con Alcampo, Decathlon y los cafés Paul, que suele haber en los aeropuertos, son todos negocios de una misma familia, radicada en Lille, donde vive mi hijo Lucas. El patriarca de dicha familia es una especie de Amancio Ortega franchute, que se ha situado de puta madre en los principales sectores de negocio: la alimentación, el deporte, el bricolaje y la restauración en aeropuertos. En Lille es un hombre conocido, al que es frecuente ver comprando en las tiendas o tomándose algo en un café.

A Tarik todavía no le dejo salir a la terraza. Antes tengo que hacer una pequeña obra cerrando con una puerta el pasillete lateral de la azotea, para lo cual he contactado con el albañil de cabecera de la Comunidad de Propietarios, que se llama Tiberio, nombre a la altura de una chapuza para Tarik Marcelino. Espero que el tal Tiberio me aporte alguna solución para evitar que Tarik se marche por los tejados y monte algún tiberio en casa ajena. El Rubito, el último gato que vivió conmigo en esta casa, gustaba de pasarse a la casa del vecino para cagarse en su terraza, esperemos que Tarik no llegue a tales extremos.

En este post de recorrido un tanto errático, hemos mencionado de pasada el tema de que las cosas auténticas cobrarán valor frente a mistificaciones e imposturas. Lo auténtico siempre será valorado, al menos por una cierta gente, los que no nos dejamos influir por la publicidad, el marketing y los dogmatismos. Por eso están volviendo, por ejemplo, los discos de vinilo y el rock en directo. La presencia avasalladora de las grandes discográficas garantiza el éxito para sus patrocinados, como Beyoncé, Rosalía o Jennifer Lopez. Pero ninguna de ellas puede igualar ahora mismo un directo de Samantha Fish o de Ghalia Volt. Vean qué alegría expresa esta chica, ahora girando por la América profunda, a la que como a mí le encanta la buena cerveza.

Y, si estamos tratando de lo auténtico, de lo no impostado ni mistificado, qué decir del gran Van Morrison. Se lo voy a dejar de propina. Van Morrison se mantiene en plena forma artística, física y personal a sus 77 años. Este vídeo es de 2021, así que tenía por entonces 75. No les quiero hacer ningún comentario específico. Bueno, salvo uno. Fíjense en cómo permite en un momento dado el lucimiento, más bien corto, del guitarrista y el teclista. El interludio de ambos se subraya con la aparición de una segunda pandereta, que suplementa a la primera, presente en toda la canción. Pura esencia de buen rock. Sólo un genio hace cosas como esta. Sean buenos.