domingo, 30 de septiembre de 2018

775. El sinvivir es una forma de vivir

A punto de salir para Chicago, termino una semana intensa que les voy a contar, ya que me dicen algunos de mis seguidores habituales que les encanta que cuente estas batallitas. He de aclarar que, como de costumbre, cuando uno está a punto de faltar una semana en la oficina, todo el mundo le insta a que deje terminados todos los asuntos posibles. Esto se suma al rebufo que ya traigo, subido en mi ola favorable, sobre la que pienso seguir surfeando hasta que me pegue la bofetada, o la cosa vaya bajando de intensidad gradualmente. Yo mismo me maravillo de la cantidad de cosas que hago en una semana. Porque han de saber que, a lo que cuento en el blog hay que añadirle los entrenamientos por el Retiro. Más los temas que no se cuentan en este foro, bien por aburridos y sin contenido bloguero (como el acuchillado de mi parqué), o bien porque afectan a temas íntimos, no sólo míos sino de terceros, que no voy a poner en público, para solaz de todos los cotillas del mundo mundial. Más el trabajo que supone la propia escritura del blog. En fin, que esta semana previa a mi escapada a Chicago ha sido de órdago. Vayamos por partes.


Mi amigo Flavio Coppola se quedó encantado con el webinar que protagonizamos mi compañera C. y yo la semana anterior. Luego estuvo unos cuantos días missing, absorbido por el montaje de la cumbre mundial del clima, organizada por el Ayuntamiento de San Francisco, cuyo anuncio les he puesto arriba, y otra serie de asuntos que tenían su atención ocupada. Solamente el fin de semana anterior a este en el que estamos, disfrutó de un rato para echar un vistazo a las imágenes que yo le había mandado para mi intervención en el workshop de Chicago. No le parecieron adecuadas, por una razón muy clara. Muchos de los técnicos que se reunirán conmigo en el taller, ya asistieron a mi presentación a medias con C. del otro día. Yo le había mandado a Flavio unas imágenes que eran una especie de resumen de las del webinar y él quería unas imágenes totalmente diferentes, porque además, el vídeo del webinar estará a disposición de todos.

Me lo contó por teléfono el sábado por la tarde y, cuando llegué a mi oficina el lunes, tuve que llamar a C. y ponerme con ella a trabajar para hacer una presentación nueva, que debíamos mandarle el martes, porque ya estábamos fuera de plazo. El lunes llegué a mi casa muy tarde, pero con tiempo de ver el partido del Deportivo, que lo daban en abierto. El martes tenía una reunión a primera hora. El Ayuntamiento ha creado una Oficina de Atención al Inversor Extranjero, que tiene su sede en la plaza de Jacinto Benavente, a 20 minutos andando desde mi casa. Esa oficina se apoya en un grupo de trabajo transversal, que se reúne una vez al trimestre para coordinar la actividad municipal en este sector. Y yo soy el representante del Área de Urbanismo en ese grupo (quién si no). Acabada la reunión, bajé a Sol a coger el tren y luego el Metro hasta mi oficina. Menos mal que mi colega C. había avanzado en la confección de mi presentación para Chicago. Se la enviamos a Flavio a las 5 de la tarde y supongo que se la encontró en su buzón de entrada cuando se levantó.

Regresé a casa y apenas pude sentarme un rato. A las 19.30 tenía que estar en Malasaña para la sesión inaugural de esta temporada de Billar de Letras, el club de lectura al que llevo unos años adscrito. Como me gusta hacer, fui a pie desde mi casa, 35 minutos de paseo urbano por el centro de la ciudad, que me preparan anímicamente para la discusión literaria. Esta vez nos centramos en la novela La Espuma de los Días, de Boris Vian (1947). Boris Vian fue un tipo muy singular, que vivió en una época en la que florecían el surrealismo, el existencialismo y la resaca del dadaísmo. Vian los superaba ampliamente a todos ellos, a la vez que los criticaba con saña. Ingeniero, trompetista de jazz, cantautor que dejó una serie de melodías y letras que no desmerecerían en el cancionero de Brel o Brassens, escribió varios libros inclasificables, que le dieron fama, además de perpetrar unas cuantas novelas policíacas brutales, que camuflaba tras el seudónimo Vernon Sullivan, como la sublime Escupiré sobre vuestra tumba (1946).

Cuando este último libro fue prohibido por violento y pornográfico, Vian salió públicamente en defensa de su heterónimo. Y, cuando se supo que en realidad eran la misma persona, mucha gente se sintió estafada por este great pretender y dejó de apoyarle. En la actualidad, no tengo duda de que a este brillante e imaginativo artista multidisciplinar se le calificaría de friki. Y su historia se coronó con una muerte digna de un verdadero friki. Resulta que le ofrecieron hacer una versión cinematográfica de La Espuma de los Dias. Vendió sus derechos a una productora y empezó a colaborar con ellos como guionista asociado. Pero, a medio rodaje, se mosqueó porque estaban distorsionando el mensaje de su novela y rompió con ellos sonoramente, desautorizando en público la película. El día del preestreno en París, la proyección hubo de interrumpirse bruscamente. Un espectador de las últimas filas estaba sufriendo un infarto. Los médicos llegaron rápido, pero no pudieron salvarle. Cuando lo identificaron, descubrieron que era el propio Vian, que había acudido de incógnito al preestreno.

Yo había leído la novela a los 20 años y me había encantado. Era un relato alucinado, muy apropiado para la época de la experimentación sensorial, los tripis, los hongos mexicanos y la música de Pink Floyd. Y la retomé ahora con cierta aprensión. Ya me ha pasado que, al repasar algún libro o película que me maravilló en mi juventud, mi revisión me lleva a exclamar: –Pero, cómo me pudo entusiasmar a mí esto. Algo así sentí de entrada al afrontar La Espuma de los Días, aunque, avanzando en su lectura, me fue ganando de nuevo. Lo mismo les había sucedido a varios de los miembros del club. Así que les hice una reflexión, no por obvia menos certera: si el libro nos encantó de jóvenes y ahora nos irrita más o menos, dado que el texto es el mismo, está claro que los que hemos cambiado somos nosotros.

Regresé a casa caminando, pero no tenía sueño: la discusión sobre el libro de Vian me había despejado. Así que subí y me puse a escribir mi post de cierre de la serie Recovering myself. No necesitaba mucho esfuerzo intelectual: lo tenía entero en mi cabeza y sólo tenía que transcribirlo. Eso no me impidió madrugar el miércoles. A las 9.00 tenía que estar en la sede de ASPRIMA, en el despacho de su Gerente, Daniel Cuervo. La principal asociación de los promotores inmobiliarios de Madrid está muy interesada en Reinventing Cities y había ofrecido facilitar contactos entre los finalistas del concurso y algunos de sus asociados, que tengan interés en sumarse como inversores a las diferentes propuestas. En el encuentro definimos la operativa para organizar esa colaboración. En la segunda parte de la mañana, tuve que rematar determinados trabajos, como la redacción de un comunicado de prensa explicando el cierre de la primera fase de Reinventing y el inicio de la segunda. Y tuve un hueco para repasar y publicar mi post, escrito la noche anterior.

Pero tampoco tenía descanso esa tarde. Desde mi oficina me desplacé directamente a la antigua Real Fábrica de Tapices, cerca de Atocha. Esta institución, vinculada al Patrimonio de la Corona, entró en quiebra hace unos años y ahora se ha reconvertido en lugar para eventos, bajo el nombre de Loomhouse. Ese era el lugar que había alquilado la Camara Hispano-Danesa de Comercio, para una jornada en torno a la felicidad en la sociedad moderna, en la que yo participaba como ponente. Qué quieren que les diga: ahora mismo soy conocido en todo el Ayuntamiento, en donde tiran de mí para los acontecimientos más estrambóticos. Soy el Boris Vian de los servicios municipales, salvando las distancias. Marianne Koefoed, danesa que vive en España desde hace años, era la encargada de la organización de la jornada. Y nos citó a las 17.30 para cruzar y concretar nuestras intervenciones.

Allí me encontré a un viejo conocido: Mikkel Larsen, de la embajada danesa, que ya me ha traído varias delegaciones de su país, entre ellas la muy celebrada en el blog de los daneses birreros, que se contó en el Post #562, y de la que todavía se acordaba. Mikkel era el moderador de la primera de las dos mesas redondas de la jornada, en la que me tocaba hablar en primer lugar. Lo cierto es que salí del apuro con las tablas que me confieren mis años de participar en saraos de todo tipo. Empecé diciendo que para el equipo de Gobierno Municipal, la felicidad de sus ciudadanos es trascendental, pero no puede ser que esa felicidad, ligada a la calidad de vida urbana, vaya por barrios. Si hay diferencias de calidad de vida entre los barrios, eso genera frustración, irritación y agresividad. Por eso el Ayuntamiento desarrolla estrategias de reequilibrio territorial y social, apoyando a los barrios más vulnerables. Eso me daba pie para hablar de mi libro y explicar la Estrategia de Regeneración Urbana y la forma en que hemos organizado la participación ciudadana. Es decir, lo mismo que voy a contar en Chicago.

Las siguientes intervenciones en las dos mesas redondas hablaron de cosas como el hygge danés o el ikigai japonés, recetas para alcanzar la felicidad en la sociedad urbana del Siglo XXI. Durante un rato me sentí como alguien ajeno a lo que se estaba ventilando en la jornada pero, a la hora de las preguntas finales, muchas de las cuestiones planteadas tenían que ver con mi intervención, que acabó en el centro del debate. Después había un vino en el jardín del lugar, en donde me sentí muy a gusto y me quedé hasta el final. Los expertos en la felicidad parecían efectivamente felices y eran bastante divertidos. Llegué a casa después de las 11 de la noche. El jueves tuve una mañana bastante agotadora, intentando cerrar todos los frentes abiertos en mi penúltimo día de oficina. Esa tarde, por fin, me pude echar una siesta en casa, tras lo cual salí a correr por el Retiro, primer y único entrenamiento de esta semana.

El viernes me esforcé en terminar pronto mis tareas pendientes, para salir a las 2 de la tarde y llegar a mi cita para comer con mi hijo Kike, que ha venido este fin de semana de visita. Tras un breve descanso, me desplacé al teatro La Abadía, para asistir a la versión que, como intérprete único, hace Lluis Homar del clásico decimonónico catalán Tierra Baja. Es algo que merece la pena. Este hombre interpreta de forma admirable a cuatro personajes de este dramón romántico rural. Lo hace con una escenografía mínima, vestido de negro, subrayando los cambios de personaje de forma muy sutil, exclusivamente con su lenguaje gestual. Así cuenta la tremenda historia del amo Sebastiá, que necesita casarse con alguna heredera de las otras casas de terratenientes de la zona para evitar la ruina. En este empeño se interpone su relación, por todos conocida, con una amante a la que ha sacado de la mendicidad en Barcelona. Para convencer a alguno de sus suegros potenciales organiza la boda de su amante con un pastor al que recluta de las montañas, un personaje que encarna la ingenuidad y la pureza de las incontaminadas tierras altas. Eso desencadena un volcán de pasiones y sentimientos que atrae una violencia imparable y demoledora.

Pero mi semana de sinvivir no había terminado. El sábado tenía un bolo extra. A las 9.30 debía estar en el Matadero, para atender a los Coordinadores Generales de las Alcaldías de las capitales de la Unión Europea. Estos cargos tienen una red que cada año organiza un viaje y este año tocaba Madrid. Habían llegado el jueves, con una agenda bastante nutrida, que incluía una recepción con la Alcaldesa y diversas visitas. El viernes por la tarde lo reservaban para ver el Bernabeu y un Corte Inglés, atracciones inevitables de nuestra ciudad. Y el sábado por la mañana iban a conocer el Matadero y el parque Madrid Río, visitas en las que yo debía ejercer de anfitrión en inglés. La cosa terminó en una comida en el Club de Campo, a la que se incorporó Luis Cueto, el Coordinador de Madrid. El sábado por la tarde por fin pude relajarme un poco. Porque hoy domingo he tenido que prepararme para mi viaje de Chicago, lo que ha incluido plancharme cinco camisas, porque la señora que limpia en mi casa ha tenido a bien hacer pellas esta semana. Aun así me ha quedado hueco para escribir este post.

Dejo para el final algo que oí en la jornada sobre la felicidad. Me gustó especialmente la intervención de Paloma Fuentes, médico y psicóloga que se presenta como happytóloga. Esta mujer, que trabaja en las unidades de recursos humanos de varias empresas, como Mahou, ocupándose de la felicidad de los trabajadores, dijo cosas muy interesantes. Cuando se inició en este nuevo sector de la política de personal de las empresas, se centró en combatir el estrés laboral y vital. O sea, que contraponía felicidad a estrés. Sin embargo, sus reflexiones le habían llevado a una conclusión distinta. La felicidad puede ser compatible con un estrés, más o menos intenso. Puede haber un estrés feliz, o una felicidad estresada. La felicidad está más bien vinculada con la capacidad de actuar de forma consciente. De hacer lo que hacemos porque lo queremos hacer, como resultado de una reflexión que tenga en cuenta todos los factores y derivadas. Eso nos hace sentirnos emocionalmente realizados, sensación básica de la felicidad.

Es este un tipo de felicidad que puede mantenerse de forma continuada, como sustrato básico para seguir adelante. Cada uno ha de identificar que es lo que quiere y esforzarse por conseguirlo. Y, desde luego, ese concepto de felicidad no comporta estar todo el tiempo con una sonrisa bobalicona en la cara. Uno ha de vivir la ira o la tristeza cuando corresponda y dejarlas expresarse. En una entrevista, le preguntaron a Julio Caro Baroja si era feliz. Su respuesta. –Ni soy feliz ni maldita la falta que me hace. Yo estoy en este momento haciendo lo que me gusta, que no es lo que buscan otras personas. Por ejemplo, hace unos cuantos años que no voy a la playa durante el verano. A mí lo que me gusta son las ciudades y todo mi tiempo de vacaciones lo vengo dedicando a visitar nuevas ciudades. Intento ser yo mismo, be myself, como dice Sheryl Crow. 

Mañana me voy a Chicago con una agenda muy apretada y tal vez no vuelva a escribir en el blog hasta la vuelta. Ya tengo toda la información sobre el workshop y nuestra estancia. Nos alojaremos en el Chicago Athletic Association Hotel, a 3 minutos andando del Chicago Cultural Center donde se celebra el workshop. Y a 5 minutos del Millenium Park. En cuanto vi el plano de localización del hotel, me vino una idea a la cabeza: salir a correr por el parque, si tengo un rato libre. Y una segunda idea automática: Shannon Ryan, mi amiga de LA con la que me encontraré en Chicago. Ayer le escribí un whatsapp contándole esto. Le dije que no tenía constancia de que fuera corredora, pero que una intuición súbita me decía que tal vez lo fuera. Y que, en caso de que lo fuese y si le apetecía, podíamos correr juntos un día por el Millenium Park. Me contestó que no era una corredora muy regular, pero que cargaría en su equipaje con sus zapatillas de running, por si acaso (just in case). Y yo le confirmé que también llevaría las mías, just in case. Como dijo Dostoievsky, el misterio de la existencia humana no radica en mantenerse vivo, sino en encontrar algo por lo que vivir. 

miércoles, 26 de septiembre de 2018

774. Recovering myself VI

La verdad es que no sé para qué les propongo acertijos sobre el destino de mis viajes, si al final todos los acierta Paco Couto. Esta vez la pista era algo más difícil, pero bastante clara también. Cualquiera que me conozca sabe qué clase de música me gusta y la canción de Wilco que les puse en el último post, no es de ese tipo. Como pensé que nadie lo pillaría, hice un poco de sobreactuación, diciendo que la dejaran de fondo, mientras seguían leyendo. Inmaculada me confesó que le había tenido que quitar el sonido, porque era incapaz de concentrarse para leer, mientras escuchaba semejante murga. También les puse al final del post una canción de Specials que me encanta, para subrayar la diferencia. El único motivo de incluir el tema de Wilco era por dar una pista. Wilco es uno de los grupos de rock más valorados de Chicago y, en la portada de su disco Yankee Hotel Foxtrot (2002), usaron para la carátula una imagen desde abajo de las icónicas torres de Marina Drive, al lado del río, un edificio tan emblemático de Chicago como el Bradbury en Los Ángeles. Me dicen que entre la gente joven es frecuente llamar a este edificio las Torres de Wilco. Para adivinar el acertijo bastaba saber un poco de rock y un poco de arquitectura.  

Así que ya está dicho: me voy a Chicago. Lo que pasa es que este viaje, que me ocupará la semana que viene, es el colofón de esta serie Recovering myself con la que les vengo entreteniendo y que espero terminar hoy. Nos habíamos quedado en que mi jefa y yo nos tirábamos al abismo, sin saber si el río tenía o no suficiente agua. Pero la cosa tuvo un cierto período de maduración. Mi jefa reunió a su staff técnico y seleccionó con ellos cinco áreas de oportunidad ya detectadas en nuestra estrategia de recuperación de la periferia. Las llevó al Comité de Dirección de Urbanismo y allí se perdió una, que alguien quería reservar para un proyecto diferente. Las cuatro supervivientes eran bastante heavy, en zonas muy deterioradas y sin un gancho importante para inversores. Antes de lanzarnos definitivamente, hablé con Hélène y le expresé mis dudas: –¿Tal vez nos hemos pasado de cutres? ¿Es posible que entren inversores a lugares tan degradados? Hélène viajo a Madrid y dedicamos un día a visitar los cuatro sitios. Y le parecieron perfectos para los objetivos de C40. Cuanto peor es el punto de partida, mayor es el recorrido de recuperación que tenemos –me dijo.

A partir de aquí las cosas fueron rodadas. La Alcaldesa firmó la carta de adhesión al certamen el 15 de noviembre. En diciembre hicimos un acto de presentación a la ciudad, en el que me tocó hacer de maestro de ceremonias. Mi jefa metió en el proyecto a mi compañera M., idea feliz, porque M. es un portento, que le dio al tema el impulso definitivo. En enero viajamos a París los tres mosqueteros del proyecto a participar en el Meet Up de esta ciudad, excursión que se reseñó en el blog con fotos incluidas. En febrero hicimos nuestro propio Meet Up, en la Nave de Villaverde, con bastante éxito. Y en marzo, M. y yo viajamos a Cannes para estar presentes en el Meet Up internacional, que había organizado C40 en el marco de la feria MIPIM. Además hicimos incontables actos de promoción del asunto, que no voy a detallar aquí. Los promotores inmobiliarios en su mayoría aparecían renuentes a participar. Era algo novedoso, innovador y el promotor español tipo es un sujeto prudente, cortoplacista, que va a lo seguro.

Llegamos a la fecha tope para presentar expresiones de interés (31 de mayo) con la incertidumbre de si todo no sería un bonito sueño y nadie iba a presentar nada. Pero el último día entraron 20 propuestas y hubo al menos dos para cada sitio. En la primera quincena de julio se celebraron las dos sesiones del Comité de Selección. Se proclamaron tres finalistas para el sitio de Vicálvaro, cuatro para el de Vallecas, dos para Usera y dos para Villaverde. En este momento, los finalistas están empezando su trabajo de preparación del anteproyecto que han de presentar en la Segunda Fase, puesto que no supieron el resultado de la Primera hasta comienzos de septiembre, por petición expresa de C40, que quiere llevar a todas las ciudades al unísono. Pero de todo esto se ha ido dando cuenta en el blog.

Me centraré ahora en un par de temas. El 8 de agosto de 2017, yo tenía una cita en la Seguridad Social, para que me detallaran las condiciones de mi jubilación. Por entonces yo proyectaba tirar la toalla en febrero de 2018, por mi 67 cumpleaños. Ese día me explicaron que, desde mi cumpleaños hasta el 1 de enero de 2019, yo tendría una pensión X que, si me empeñaba en continuar después de dicha fecha, se vería seriamente demediada por el factor de sostenibilidad, aprobado por Rajoy para su entrada en vigor justo ese día. Dado que con estos asuntos que les vengo contando mi situación en el trabajo estaba mejorando día a día, le dije a mi jefa que me marcharía el 1 de enero de 2019. Pero luego empecé a dudar. En una excursión senderista me hicieron ver que el factor económico no es el decisivo para fijar una fecha de jubilación. Que lo principal son las sensaciones. Y en eso Rajoy pactó con el PNV posponer la entrada en vigor del factor de sostenibilidad hasta 2023. Entonces ya decidí seguir al menos hasta las elecciones locales de mayo de 2019. Luego ya veremos. Supongo que seguiré durante el verano, que es cómodo en mi oficina, y en septiembre tomaré una decisión, en función de los resultados de dichas elecciones.

Pero, hay otro tema pendiente. Yo había conectado con Hélène en el workshop presencial anual de la red TOD (Transit Oriented Design), celebrado en Portland. ¿Y qué fue de esa red? En septiembre aun asistí a un webinar, sobre el sistema de carriles bici de Londres. Mi amiga Clare Haley, hasta entonces directora de la red TOD, me contó después que dejaba el cargo para sustituir a una compañera embarazada en Londres, con mejora de sueldo. Quedé con ella un par de veces antes de que se fuera, para visitar el parque del río y para desayunar en el Café Comercial, circunstancia también reseñada en el blog con foto. Y entonces me vi sumergido en la vorágine de Reinventing Cities y me olvidé de todo lo demás. Y no fui consciente de que ya no me convocaban a más webinars de la red TOD. Mucho después, creo que en abril de este año, caí en la cuenta de esa ausencia de novedades de TOD y llamé a mi amiga Julia, la coordinadora de C40 para Europa.

Me contó que la red TOD se había disuelto. Que habían pensado que era una red con una mezcolanza entre temas de planeamiento urbanístico y asuntos de movilidad, carriles bici, etc., que no tenía demasiada lógica. A mí nadie me había avisado de esto, yo seguía en contacto con Clare, que ahora estaba en Copenhague, y con el whatsapp colectivo del grupo de Portland, pero nadie me había comentado nada de la desaparición de TOD. Julia me dijo que los temas de planeamiento se habían incorporado a la red (LUP) Land Use Planning, que dirigía desde febrero un joven arquitecto italiano, llamado Flavio Coppola e instalado en San Francisco. Y, con los temas de movilidad, se había creado una red específica llamada Walking and Cycling, al frente de la cual estaba una mujer de Barcelona. Empecé a intercambiar mails con ambos, para que me informaran de sus organizaciones y actividades, de cara a tomar la decisión de en cuál quedarme.

Y entonces me escribió mi amigo Diego Moreno, de Tijuana, y surgió la oportunidad de un viaje a la Costa Oeste. Se lo conté a Flavio y quedamos en que tras nuestra entrevista en persona, decidiríamos qué era lo más oportuno. En San Francisco, lo mío con Flavio fue un auténtico flechazo. Le conté lo que estábamos haciendo en la Dirección General que encabeza mi jefa, es decir, la Estrategia de Regeneración de la periferia. Y también los métodos de participación ciudadana que estábamos usando. Ambas cosas le parecieron tan interesantes que quedamos en que a mi vuelta organizaríamos, no uno, sino dos webinars, dirigidos desde Madrid y centrados en ambos asuntos. Le pregunté por el modo de formalizar mi adhesión a la red LUP y respondió con un apretón de manos y enfatizando: –Ya estás en la red. Y, así como al descuido, me interesé por el workshop presencial de LUP de este año. Me dijo que sería en Chicago a primeros de octubre, pero que ya tenía cerrado el cupo de invitados de C40. Yo podía sumarme y sería bienvenido si conseguía que el Ayuntamiento de Madrid me pagara los gastos. Le contesté que el año anterior había tenido una bronca considerable por el billete de Portland y que no iba a pelear otra vez por ese asunto. Si C40 no me invitaba, pues no iba y listo.

De vuelta en Madrid, le planteé el asunta a mi compañera C. que es la que diseña todas las dinámicas de participación ciudadana. Descubrí que se maneja bien en inglés y que le hacía especial ilusión colaborar en un webinar conmigo. Se lo comuniqué a Flavio y me lo terminé de ganar: yo le había hecho una promesa de palabra y muchas veces las palabras se las lleva el viento. Pero yo había respondido y pronto. Decidimos hacer dos sesiones próximas en el tiempo. En la primera, yo explicaría la Estrategia de Regeneración Urbana. En la segunda, C. contaría el sistema de participación vecinal empleado. Llegamos a fijar las fechas (20 y 25 de septiembre) y hacer las convocatorias on line a toda la red LUP. Y empezamos a preparar las imágenes para nuestras presentaciones. Y entonces sucedió. Flavio me telefoneó un día y me dijo que había una baja para Chicago. El representante de Melbourne no podía acudir por un motivo familiar sobrevenido e inexcusable. Flavio quería saber si yo seguía interesado en ir. Le dije que bueeeeeno, si no hay más remedio… No era todavía seguro. Él tenía que consultar primero el caso con el coordinador de C40 para Oceanía. Si éste señor tenía un candidato a sustituir al hombre de Melbourne, tendría preferencia. En caso contrario, Flavio me propondría a mí, con el visto bueno de la coordinadora para Europa, que es mi amiga Julia.

Todo salió como yo confiaba en que saliera y finalmente me voy a Chicago el 1 de octubre, para el workshop de los días 2, 3 y 4, y regreso el 5. Ya tengo los billetes. Esta vez ni se me ha pasado por la imaginación quedarme por allí de vacaciones. Ya saben que el 24 del mismo mes salgo pitando a un segundo viaje, al lugar que ya se desvelará oportunamente. Por cierto, nuestros webinars se redujeron finalmente a uno solo: como también voy a intervenir en el workshop, ya era demasiado protagonismo de Madrid. El pasado 20 de septiembre, C. y yo compartimos un webinar conjunto, como ya les conté. Y esto es todo en cuanto a la serie Recovering myself. Si han tenido la paciencia de leerla entera, habrán encontrado las claves de cómo, a partir de una situación caracterizada por un deambular mortecino por una vida profesional en decadencia, he logrado remontar hasta el momento de delirio actual. Y todo sobre la base de una serie de casualidades. El único mérito que me puedo atribuir en este proceso, es una especie de sexto sentido para pillar las oportunidades que se me iban poniendo a tiro. Pero esto es algo normal en mí. Cuando era más joven dejé perder algunas ocasiones por timidez, indecisión o miedo y nunca me lo he perdonado.

Este domingo, culminé mi semana de sinvivir corriendo la carrera Global Energy Race, de 5 kilómetros. A la izquierda tienen la foto que me hice en la salida con mi colega de carreras J.  Para los que piensen mal, se trata de la esposa de mi buen amigo M., que la trajo en coche hasta la salida de la carrera y él mismo nos hizo la foto. J. me fue cuidando hasta pasado el kilómetro 4, luego le dije que esprintara, que yo ya llegaba bien, pero a mi tran tran cochinero de sexagenario. Mi tiempo fue de 32.15 minutos, que no está mal, dadas mis condiciones de edad, dignidad y gobierno. Se pueden imaginar el desayuno con que nos obsequiamos después.

Para terminar, les voy a dejar con la melodía que llevé todo el rato en la cabeza. Aquí no hay trampa ni cartón, esto es un ejemplo de la música que me gusta y no lo que les colé de matute en el post anterior. La canción, que es del año pasado, me fascina y es perfecta para marcar el ritmo de carrera. El grupo, de Portland aunque originario de Alaska, responde al curioso nombre de Portugal. The Man. Que ustedes la disfruten.



sábado, 22 de septiembre de 2018

773. Un sinvivir

Nada, con lo tranquilo que estaba yo en agosto y ya he entrado otra vez en la vorágine en que se ha convertido mi vida en los últimos tiempos. Esto es de nuevo un sinvivir. Les voy a contar lo que se puede traer aquí al blog, que ya les he dicho que sobre la segunda fase de Reinventing Cities no puedo hablar por el momento. Así que me centraré en lo demás. Por ejemplo, la semana pasada, el miércoles por la tarde, bajé a la estación de Atocha y me cogí el AVE a Ciudad Real. Con la tarjeta dorada me costó exactamente 41,40€, ida y vuelta. Se tarda en llegar menos de una hora, así que el coche no puede competir con esto. En CR me esperaba mi amigo Alfredo, el organizador y amable líder del grupo de viajeros veteranos con los que visité Birmania a primeros de 2017. Ellos han hecho ya otro viaje, a finales del año pasado, a las kasbahs del sur de Marruecos, aventura que yo me salté para guardar días de vacaciones que utilicé visitando Nápoles y Roma.

Ahora estamos terminando de preparar un nuevo viaje, que ya diré a dónde nos va a llevar, no se me apresuren. En realidad, los billetes de avión los tenemos pagados y el alojamiento reservado, desde mediados de marzo; así es como se consiguen precios aceptables a los lugares lejanos. O sea que yo ya tenía este asunto cerrado cuando me surgió en junio la posibilidad de hacer una escapada a San Francisco, Los Ángeles, San Diego y Tijuana, en lo que yo creo que ha constituido mi viaje más redondo desde el punto de vista del blog. Así que: ¿quién sabe? A lo mejor aun me sale otro viaje intermedio, antes del 24 de octubre, que es cuando tenemos el vuelo de ida. Para ese día queda mucho tiempo. Para irles endulzando la espera, les voy a poner una música muy tranquila y sugerente. Se trata del grupo Wilco, del que ya se ha hablado aquí en alguna ocasión. Pueden dejársela de fondo y seguir leyendo.


Como les digo, Alfredo me esperaba en la estación y me llevó en coche hasta su casa, donde nos reunimos por primera vez los que compartiremos tres semanas en ese viaje que todavía no les voy a revelar a dónde me llevará. Esta vez seremos seis personas, cuatro supervivientes de Birmania y dos nuevos que no conocía. Estuvimos un buen rato confirmando la ruta, estudiando nuestras opciones y perfilando las diferentes etapas. Luego salimos a tomar unas cervezas con algo de picar en una terraza del centro, en donde nos reunimos con el resto del grupo, los que esta vez no vienen, como mi amigo Paco Matas, recién llegado de Togo como cada verano. No estuvimos hasta muy tarde, que ya vamos estando mayores (Paco y yo somos los únicos recalcitrantes que seguimos trabajando). Y me quedé a dormir en casa de Alfredo.

El jueves regresé temprano en el AVE y llegué un poco tarde al trabajo, pero este mes me sobran horas. Esa noche salí para acudir a la fundación Moneo-Brok y asistir a la inauguración de la exposición del fotógrafo esloveno Primoz Bizjak, que se dedica a buscar viejas estructuras industriales o bunkers, abandonados por el hombre y en proceso de ser reconquistados por la naturaleza. Primoz ha de explorar terrenos ignotos, en los que se interna con su mochila en busca de estos vestigios de otros tiempos. Estuve hablando con el artista un buen rato, con unas cervezas. El lugar de la exposición es un antiguo local industrial en el barrio de Prosperidad, en donde tienen su estudio Belén Moneo, hija del famoso arquitecto, y su marido el neoyorkino Jeff Brock. Conocí a esta prestigiosa pareja en el MIPIM de Cannes, les estuve vendiendo el Reinventing y les di una de mis tarjetas. Desde entonces me tienen en su mailing, pero hasta ahora no había acudido a ninguno de sus eventos. Aquí una de las fotos de Primoz, que corresponde a una antigua fortificación a las afueras de Venecia.




El viernes salí también por la tarde/noche para asistir a la presentación del último libro de Lola López Mondejar, escritora y psicoanalista, que se llama Qué mundo tan maravilloso. La presentación tenía lugar en la librería Cervantes y compañía, en la calle del Pez y allí me encontré con un grupo de gentes relacionadas con la literatura, que hacía tiempo que no veía. Por ejemplo, mi amigo Juan Casamayor, reconocido como editor distinguido en la penúltima Feria del Libro de Guadalajara (Mexico). Antes de circunscribirme al blog, yo escribía relatos que nunca me animé a enviarle, porque no hay que mezclar la amistad con los negocios. Ahora ya no tengo nada que mandarle. Estaba también Clara Obligado, acreditada escritora argentina, de las que salieron por piernas de su país en los tiempos más difíciles de la dictadura de Videla y ya se quedó por aquí.

Y Javier Saez de Ybarra, que ha publicado varios libros de poesía y otros narrativos inclasificables. Nos dimos un abrazo y me recordó la ocasión en que, en un club de lectura de Billar de Letras, yo descubrí un fallo garrafal en su texto, que nadie más había advertido. El bueno de Javier, a medio escribir el libro, cambió el nombre de uno de los personajes centrales. Pero olvidó hacerlo en algunos de los pasajes del principio, lo cual inducía una confusión notable. A mí me produjo cierto bochorno revelar esto en el club, y aun me lo produce, pero él siempre me lo recuerda y se muestra agradecido, porque, dice, en una eventual segunda edición, el libro saldría corregido. Me temo que esa segunda edición nunca llegará a ver la luz y no quiero ser agorero. Finalmente, la persona que más me alegré de ver: la gran Valeria Correa, guapísima poetisa rosarina, autora de La Condición Animal, una colección de relatos muy heavy, que se comentó en su día en el blog. Arriba tienen su foto. Con todos ellos estuve un buen rato sentado en una terraza de la calle del Pez.

Este lunes tenía un encuentro muy especial. Como les conté, mi hijo Lucas pasó hace poco tres semanas en Osaka (Japón), trabajando en un laboratorio de la Universidad. Pues resulta que tres de los compañeros que convivieron con él en ese breve tiempo, están ahora en Toledo, cuya Universidad está hermanada con la de Osaka, haciendo un curso de diez días. Se trata del profesor Shyonzi Ito y los estudiantes de postgrado Mashafumi Koga y Shinya Nakamura. Nada más llegar a España pasaron un día visitando Toledo, al siguiente fueron a Granada y luego venían a Madrid. Mientras hacían esas actividades turísticas, absorbían el jet lag. Sólo después de esos tres días, empezaba su trabajo. Gente práctica, los japoneses. Así que el lunes, a las 19.45, estaba yo en la salida de viajeros del tren de Toledo, vestido con una camiseta que me compré en Kyoto y que reza Emilio en japonés, así como un gran cartelón en el que ponía KOGA, para que me reconocieran. Aquí pueden verme, de esa guisa preparado.


Nos encontramos, subimos andando a Tirso de Molina, donde tenían su hotel, hicieron la inscripción, dejaron sus bolsas y nos dirigimos también andando al lugar que había reservado para ellos: el tablao flamenco Casa Patas. Allí cenamos muy bien, con nuestra correspondiente botella de Protos, y luego pasamos a la sala donde se desarrollaba el show, en donde cayeron también sendos gin-tonics. Lucas me había avisado que sus amigos no son muy resistentes al alcohol, pero aguantaron el tipo sin problemas. No obstante, volvimos al hotel entonando el Osaka Patria Querida. Aquí unas imágenes del grupo, para que vean que majos eran.





El martes me lo había pedido de permiso en el curre, para acompañar debidamente a mis amigos japos. A las 10.00 les estaba esperando a la puerta del hotel para ir a desayunar chocolate con churros a San Ginés. Después recorrimos la zona de plaza de Oriente, Viaducto, Las Vistillas, vuelta por el barrio de los Austrias, Mercado de San Miguel (donde picamos alguna cosa), Puerta del Sol, Plaza de Santa Ana, etcétera. Pasamos por su hotel a recoger sus maletas y nos encaminamos al Reina Sofía, que encontramos cerrado (cómo puede cerrar un museo los martes). Una pena porque tenían muchas ganas de ver el Gernika. Como alternativa, fuimos al Caixaforum, donde había una exposición sobre los trucos técnicos de la primera época Disney, que les encantó. Luego comimos en la cafetería del museo, donde nos hicimos esta otra foto.


Les dejé en la estación de Atocha a las cuatro y cuarto y salí cagando virutas hacia mi oficina, en donde tenía una call con Flavio Coppola, para chequear imagen y sonido del webinar que estábamos preparando para el jueves. Esto del webinar corresponde a la serie Recovering myself, pero ha asomado por aquí. El jueves, mi compañera C. y yo estuvimos una hora conectados con técnicos de otras veinte ciudades, explicando en inglés nuestra estrategia de regeneración de la periferia y el sistema de participación ciudadana que hemos utilizado. Flavio se quedó muy contento con el resultado. También mi amiga Shannon Ryan de LA me mandó un whatsapp para felicitarme por el webinar al que había asistido. Pero mi semana no había acabado todavía. Ayer viernes a las 13.00 estaba en la planta 18 de Torre Espacio, para dar una charla de una hora en francés a un grupo de directivos de la empresa inmobiliaria gala COGEDIM, que venían pastoreados por mi amigo suizo Werner Dürrer. Les conté la historia más reciente del urbanismo madrileño y les mostré algunas imágenes de la operación Nuevo Norte, antes llamada Chamartín, para que vayan teniendo información a ver si se animan a invertir.

Al acabar teníamos comida en el restaurante que hay en la planta 30 y última de la tercera torre del Real Madrid, según se cuentan desde el norte. Varios se acercaron a felicitarme por mi exposición, especialmente por mi punto de vista crítico con la administración y los políticos. Llevaban varios días de visitas y entrevistas y estaban un poco hartos de la visión autocomplaciente que les habían dado otros. Yo hablo a la gente como en el blog, criticando lo que hay que criticar, procurando mostrar una visión positiva y optimista, pero nunca autocomplaciente. Los asistentes eran casi todos de mediana edad de esas generaciones intermedias con las que no suelo entenderme demasiado. Pero entre ellos localicé a uno algo más mayor, digamos de unos 55, completamente rapado y vestido de negro, como gustan de vestirse los arquitectos. Me las arreglé para sentarme a su lado en la comida y acerté. Era un tipo muy interesante.

Se trata de Jean-François Drevon, arquitecto, que es asesor externo de esta empresa, pero con una trayectoria más amplia, que incluye la dirección durante años de la revista AMC, del grupo Le Moniteur. Este grupo tenía una librería especializada en arquitectura, en la zona del Odeon, donde yo solía entrar a comprar libros y revistas en mis visitas a París. Jean-François me dijo que ahora había cerrado y se había trasladado a la nueva Ciudad de la Arquitectura. Encontramos muchas cosas de que hablar, desde la alcaldesa Hidalgo, el concejal de Urbanismo Jean-Louis Missika, el Atelier Parisien d'Urbanisme con el que yo colaboré en el proyecto LASDO en Sri Lanka, el Reinventer Paris y su ampliación internacional y otros asuntos de interés. Me confesó que en Francia la situación del planeamiento es similar a la española, con el sistema tradicional colapsado y prácticamente ninguna ciudad grande revisando su planeamiento general; por el contrario, todo el mundo intenta hacer planificación estratégica, que es mucho más práctico. Sobre esto ya les daré algunas explicaciones otro día, que también hay temas ahora mismo "en el horno" en relación con ello.

Fue, pues, una sobremesa muy agradable, tras la que Werner se los llevaba a ver el nuevo desarrollo de Sanchinarro (venían de visitar el de Valdebebas). Repartí tarjetas, me despedí y cogí el Metro hasta Mar de Cristal. En el Centro Comercial Gran Vía de Hortaleza debía recoger el dorsal para mi carrera de mañana, la Global Energy Race, una idea similar a la de la Human Race que yo corrí en 2008 y que inspiró mi novela corta premiada en 2009. Esta vez me he apuntado a la carrera de 5 kilómetros, que no me veo actualmente para mayores trotes, aunque este año estoy entrenando de forma muy sostenida. Hasta que empiece con mis viajes. Vale, ya les digo que antes de mi largo y lejano viaje que empieza el 24 de octubre, tengo otro en perspectiva. Cuando urdí mi viaje a San Francisco, les puse una imagen mía como cebo, a ver quién acertaba con mi destino, y fue Paco Couto el que se llevó el premio. Este post contiene alguna clave al respecto, pero esta vez es más difícil. ¿Adonde voy? A ver quién descifra el mensaje. Les dejo con otro mensaje, el destinado a un tal Rudy, que grabaron los Specials en 1979. Todo un clásico. Pónganlo en pantalla grande. Buen fin de semana.

   

martes, 18 de septiembre de 2018

772. Recovering myself V

Penúltimo post de la serie, hoy les voy a explicar de una vez qué-puñetas es Reinventing Cities. Una advertencia previa. Reinventing es una competición en dos fases y la segunda se ha iniciado este 3 de septiembre pasado. Digamos que esta segunda fase está en estos momentos “en el horno” y en un punto especialmente delicado y candente, por lo que no es oportuno que yo me dedique ahora a dar demasiados detalles sobre un asunto en el que estamos luchando a brazo partido, para defendernos de serios riesgos y poderosas amenazas, que afectan a intereses y derechos de mucha gente. Entenderán que en adelante no hable demasiado de este tema. Cuando esté cerrado o, al menos, algo más definido, tal vez cuente aquello que entienda que puede tener un significado estrictamente bloguero, ya saben que esta no es una página técnica o profesional. Sin embargo, la primera fase, recién terminada, sí que tiene una narración que encaja en el marco literario-onírico-autobómbico-evanescente que caracteriza los textos de este blog. Les anuncio también que el último post de la serie, lo que podríamos llamar el post-Reinventing, les va a resultar muy interesante para entender mi deriva de estos últimos meses. Les recomiendo que no se lo pierdan.

Habíamos llegado en el post anterior a Portland, al workshop maravilloso que compartí con Clare, Tantri, Erika, Shannon y otras mujeres espléndidas (y también, por supuesto, con Thabang, Radcliffe y otros colegas), en cuyas cenas conocí a Hélène Chartier, la directora de Reinventing Cities. Por entonces yo no había oído ni mencionar este asunto. Después he llegado a saber muchas cosas al respecto. Y, para que lo entiendan bien, he de hacer un largo flashback, de modo que ustedes reciban la información ordenada cronológicamente. Este flashback nos lleva a finales del año 2014. En ese momento, el Ayuntamiento de París, por su cuenta, lanzó un concurso innovador que se llamó Reiventer Paris y que no tenía precedentes. 23 parcelas o edificios de la ciudad en situación de deterioro o abandono, propiedad de diferentes administraciones públicas (Ayuntamiento, Región Île de France, compañía SNCF de los ferrocarriles) se proponían para que grupos de inversores, arquitectos y agitadores urbanos hicieran propuestas innovadoras, de obra y gestión posterior de los nuevos elementos urbanos a implantar.

El concurso se estructuraba en dos fases. En la primera, los concursantes aportarían “expresiones de interés”, documentos de unos diez folios en donde presentarían el equipo y las líneas generales de su propuesta funcional, arquitectónica y financiera. Entre estas expresiones de interés se elegirían tres finalistas, que entrarían en una segunda fase en la que ya debían aportar un anteproyecto y un estudio de negocio fiable y bien avalado. De entre estos tres finalistas, en la segunda fase se elegiría un ganador, que se quedaría con el solar o edificio, mediante una cesión de derecho de superficie, por un plazo determinado, condicionada a que desarrollara el proyecto propuesto. Era un sistema nunca antes ensayado en ninguna ciudad, al que el Ayuntamiento de París dio una gran difusión.

Hay que precisar algunos extremos. París es una ciudad ya completamente planificada y edificada, en la que quedan muy poquitos solares libres, y los pocos que hay son de propiedad pública. Es decir, que el mensaje que se mandó a los principales constructores e inmobiliarios de Francia era: ojo que, si queréis desarrollar algún negocio en el municipio de París, tendréis que entrar por este aro; en caso contrario no vais a pillar nada en años. El objetivo del Ayuntamiento era movilizar la inversión privada para recuperar zonas en declive. Y los 23 sitios propuestos tenían todos algún tipo de gancho para el inversor, en forma de viviendas, oficinas y otros usos lucrativos. El éxito de la iniciativa fue extraordinario: se recibieron cerca de 400 expresiones de interés. Tras las dos fases del concurso, los ganadores fueron proclamados en febrero de 2016, y con sus propuestas se organizó una exposición fastuosa en el Pavillon de l’Arsenal, al lado del Sena. AQUÍ pueden ver una información sobre los 22 proyectos ganadores (al final se cayó uno de la lista). Si pinchan en la serie de imágenes que pasa vertiginosamente en el lado derecho, podrán irlas pasando una a una. Algunas son ciertamente espectaculares y todas se están construyendo en estos momentos.

Cambiemos ahora de tercio. En los textos anteriores les conté cómo era el funcionamiento de la red de ciudades C40, con su staff técnico dirigido desde Nueva York pero distribuido por muchas de las ciudades-miembro. Pero resulta que, por encima de este staff técnico, la red tiene una superestructura política, constituida por la Asamblea periódica de los Alcaldes y por una presidencia política rotatoria, que se elige por períodos fijos, como la de las comunidades de propietarios de cualquier edificio de viviendas. Desde la fundación de C40 en 2005, se habían ido sucediendo en esta presidencia Ken Livingstone (Londres), David Miller (Toronto), Michael Bloomberg (New York) y Eduardo Paes (Río de Janeiro), que era el presidente de la red en ese año de 2016. En el mes de agosto, se reunió en México DF la Asamblea de los Alcaldes (entonces eran 85) para elegir al sucesor de Paes.

Diversos candidatos se postularon para el cargo e hicieron discursos con sus proyectos e intenciones. Entre ellos, Madame Hidalgo, la alcaldesa de París, que sería finalmente la elegida. En su discurso, la señora Hidalgo dijo que, de ser elegida, se proponía replicar a nivel mundial una iniciativa innovadora que acababan de hacer en su ciudad y que había tenido un éxito notable. Y ese es el origen de Reinventing Cities. La red fichó a Hélène Chartier, que había estado en el equipo que desarrolló Reinventer Paris, para que se encargara de dirigirlo. Y Hélène se trasladó a vivir a Nueva York con su familia. La convocatoria se lanzó a finales de mayo de 2017. Al pasar al ámbito de C40, el asunto cambiaba ligeramente. El componente medioambiental pasaba a primer plano, por encima de la intención de París de movilizar la inversión. Y el número de propuestas por ciudad se limitó a cinco, para no volverse locos con la avalancha de expresiones de interés que se esperaban.

Aquí me van a permitir un comentario. Los parisinos o parisiennes son una gente ligeramente irritante, que siempre creen que acaban de inventar la rueda. A finales de julio de 2017, cuando yo llegué a Portland, las perspectivas de esa avalancha mundial de propuestas se habían enfriado bastante. De hecho, aun no contaban con ninguna ciudad inscrita, a pesar de que el plazo dado era hasta el 1 de septiembre. Ante ello, Hélène había iniciado una actividad frenética de visitas a todas las ciudades para intentar movilizar a los Ayuntamientos de la red. Por eso estaba en ese momento en Portland, para intentar convencer a su Ayuntamiento de que participara en Reinventing Cities. La presencia por allí de alguien de Madrid le permitía digamos matar dos pájaros de un tiro. Ya ven que todo esta historia se va sustentando sobre una serie de casualidades; que uno no puede dejar de pensar en la incidencia de la suerte, o en la presencia de ese dios travieso y juguetón que se divierte tirando los dados cada poco, al que nos hemos referido más de una vez en este blog. 

Hélène me confió que la propia señora Hidalgo le había escrito personalmente a Carmena a primeros de junio, para involucrarla en este asunto. Y que estaban muy sorprendidos de su falta de respuesta. Le prometí que intentaría averiguar qué estaba pasando. Ya de vuelta a primeros de agosto, le conté todo esto a mi jefa. La cosa parecía interesante, pero debía consultarla con el Concejal, como es natural. El resultado de esta consulta fue que no. Hay que comprender que era un momento muy malo, con ambos a punto de irse de vacaciones y nuestra unidad muy sobrecargada de trabajo, como para cargar encima con un asunto nuevo y tan cogido por los pelos. Pero ya saben ustedes que soy muy cabezota y que nunca doy un asunto por perdido. A partir de ese día me dediqué a enviar correos electrónicos a todos los pesos pesados de las diferentes Áreas municipales, independientemente de que me conocieran o no. Quería saber si alguien estaba haciendo algo a partir de la carta recibida por la Alcaldesa y además me daba rabia que mi ciudad perdiera la oportunidad de involucrarse en un asunto que parecía tan atractivo  En realidad era como el cazador que se pone a tirar tiros al aire a ver si por casualidad cae algún pájaro.

Y cayó. Esta vez, el pájaro fue Marisol Mena, al frente de una de las direcciones generales del Área de Cultura, precisamente la que ha logrado que el Retiro sea preseleccionado para ser propuesto como Patrimonio de la UNESCO. Esta mujer fue la primera persona importante que supo ver el potencial del asunto Reinventing. Me contestó al correo pidiéndome más información y le mandé un dossier completo con todo lo que sabía. Y no tuve más noticias. Llegó el 1 de septiembre, la fecha límite para que Madrid se inscribiera en el programa y yo le escribí un mail a Hélène, en el que le decía que había hecho lo posible y también lo imposible si ello fuera posible (Rajoy dixit), pero que no había tenido respuesta. Que lo sentía mucho y que esperaba que tal vez nos pudiéramos sumar a una segunda convocatoria en el futuro. Me contestó al instante –Nooooo, noooo, Emilio, que estoy en contacto con Marisol, que hemos mantenido varias conferencias, que me ha dicho que tu intervención ha sido clave y que hemos decidido alargar el plazo para que os podáis presentar más ciudades.

Ese fue el punto de inflexión de la historia. Marisol Mena, logró implicar a la Gerencia de la Ciudad, órgano de la confianza de la Alcaldesa. Y la Gerencia convocó un par de reuniones con directores generales de las diferentes Áreas municipales, a las que mi jefa asistió también. En ese foro, se llegó a la conclusión de que el tema no era de Cultura sino de Urbanismo. Todos miraron a mi jefa, que dijo que necesitaba unos días para tomar una decisión. De vuelta en nuestras oficinas, me llamó y me confió sus dudas: –Qué hacemos, Emilio, ¿nos lanzamos? ¿tú me ayudarías? Era un momento decisivo para nuestra trayectoria profesional. Algo así como la mítica escena de la película Dos hombres y un destino, cuando Butch Cassidy y el Sundance Kid, magistralmente interpretados por Newman y Redford llegan a la carrera a una inmensa cortada, huyendo de una patrulla de perseguidores. Abajo hay un río encajonado en la cortada. Se disponen a defenderse a tiros, pero súbitamente Cassidy parece tener una revelación y propone saltar y el otro se niega.  –¿Por qué? –pregunta Cassidy, y el otro responde: –Porque no sé nadar. A Cassidy le entra entonces la risa floja: –¿Nadar? Eres un iluso, nos vamos a matar en ese salto. Vean la escena.


Pues algo así hicimos mi jefa y yo. Como Butch y Kid dijimos ¡¡¡¡OOOOHHHHH!!!! y saltamos al abismo. Y en el último episodio verán cómo nos fue. Que lo pasen bien.

sábado, 15 de septiembre de 2018

771. Los plagios y la prensa carroñera

Bueno, le he aplicado los programas antiplagio Turnitin y Plagscan a mi post anterior y he descubierto una inexactitud que tengo que rectificar, en aras de la tontuna esta que nos ha entrado de escarbar en la mierda pasada, tarea en la que los rebusca–basureros de El inMundo están disfrutando cual gorrinos en lodazal reposado. Menos mal que hace meses me adelanté a decir que el hecho de que el señor Casado tuviera o no un máster, se me daba una higa, para que ahora nadie me acuse de sesgado por decir lo mismo de Sánchez. Dejémonos de hipocresías y fariseísmos: joder, yo aprobé varias asignaturas de la carrera copiando y hasta comercialicé unas chuletas muy aseadas que le resultaban de bastante utilidad a mis compañeros. Quien no haya hecho estas cosas a los veinte años, seguramente fue más por miedoso que por honrado. Otro día hablaremos de este tema, que daría para un post holgado, como si nos ponemos a hablar de la mili.

Pero decía que mi post anterior tiene una inexactitud. En efecto, dije que Sheryl Crow se hizo un selfie con Paul McCartney, con quien se encontró casualmente por el pasillo. Así lo publicó ella en su Facebook. Pero un buen bloguero debe contrastar las fuentes y así he sabido que la casualidad no fue tal, porque Sir Paul venía a lo mismo que Sheryl: a participar en el show de Jimmy Fallon. Y se encontraron a la puerta del estudio, una saliendo y el otro entrando a grabar su parte. Menos mal que no se ha enterado Albert Rivera de mi desliz, sino estaría ya pidiendo mi dimisión como responsable de Reflexiones a la Carrera. Lo cierto es que, ahora mismo, no hay mejor foro para promocionar algo en USA, que el Tonight Show de mi admirado Jimmy Fallon. En este blog hemos visto sus asombrosas imitaciones de Springsteen, Neil Young y Jim Morrison. El otro día, Paul McCartney cantó varios temas del disco que está lanzando, fue objeto de una larga entrevista y, con Fallon, hicieron una divertida performance, que ya está en la red y que con gusto les pongo abajo. Se trata solamente de estudiar las reacciones de la gente que sube en el ascensor de la NBC, cuando inesperadamente se encuentran con dos tipos tan famosos como ellos. No hace falta saber inglés para disfrutarlo.  


Volviendo al tema inicial, es una verdadera hartura este delirio de escarbar en la mierda pasada que le ha entrado a la prensa carroñera. De un tiempo a esta parte, los periódicos vienen atiborrados de noticias al respecto: todos los políticos han engordado fraudulentamente sus currículums (discúlpenme que use este plural, es que eso de currícula me suena tan cursi…), la señora Montón se lleva el premio gordo del fraude (se compró una tesis en el todo a cien del Wikipedia), todos los curas se dedicaban a tocarles el culo con fruición a sus escolares, los directores y productores de cine se pasaban por la piedra a las actrices, los deportistas se dopaban a conciencia. Vale, que salga la verdad. Me parece muy bien. Pero hay algo que no trago: los aspavientos y rasgamientos de vestiduras de los supuestos honestos, a los que imagino tan podridos como los demás, sólo que todavía no los han pillado.

En el tema del deporte, todos podemos recordar con que aire compungido salía Carl Lewis a decir que Ben Johnson era un impresentable, que su conducta perjudicaba a los deportistas honrados como él. Ya retirado y medio entrando en la ancianidad, confesó que se había dopado como el que más. ¿Y qué fue de Ben Johnson? No tengo ni idea, pero no me extrañaría que hubiera acabado vendiendo biblias a domicilio, por decir una ocupación bastante devaluada socialmente. En esa línea de fariseísmo está mi admirado y detestado Ridley Scott, que tuvo los santos huevos de volver a rodar entera la película que acababa de terminar con Kevin Spacey, para eliminar a este actor, ya definitivamente convertido en apestado, y sustituir su papel por la interpretación de Christopher Plummer. Otro fariseo, que hizo todo eso por que su película no se viera salpicada por el escándalo y fuera un fracaso económico.

Al final, la única persona honrada del mundo actual parece ser la autora del libro Cómo matar a tu marido, que acaba de ser acusada de matar a su marido. No parece haber ninguna impostura en este personaje (pueden consultar la noticia AQUÍ). En fin, detrás de todo esto está la prensa, que no sabe cómo hacer para levantar las cifras de su ruinoso sector económico. Los tiempos han cambiado y ya nadie se compra el periódico de papel. Habrán observado que Fallon y McCartney, cuando quieren simular ser unos abuelos, utilizan cuatro elementos: el sillón de orejas, el batín, la pipa y el New York Times. Respecto a esto de la prensa, tengo una anécdota sabrosa que contar, de hace unos cuantos días. Corresponde a esa parte de mi vida de la que no hablo nada en el blog, contradiciendo la creencia general de mis seguidores de que cuento aquí todas mis intimidades.

Érase que se era, resulta que la semana pasada terminé unas obras de mantenimiento de mi casa, con la tarea del acuchillado del parqué. Es este un tema delicado, porque mi experiencia me dice que la mayor parte de los acuchilladores están totalmente grillados, posiblemente debido a la inhalación del poliuretano ese que aplican y que te deja el suelo con ese brillo hortera que ya no tiene remedio. Esta vez di con un tipo de otra categoría, que empezó por puntualizar que él no era acuchillador, sino parquetista, por favor, un respeto. Y me juró que no usaría poliuretano. La verdad es que este gentleman de los suelos de madera hizo un trabajo perfecto. Se me planteó entonces la necesidad de hacer una limpieza de obra, antes de poder entrar a vivir en mi casa otra vez. Y el marqués del parqué me advirtió: durante un mes el producto que me había aplicado está cristalizando; no le puede caer una sola gota de agua. Así que, para limpiar los cristales, tenía que proteger el suelo con unos periódicos.

Busqué entre mis cosas apiladas para la obra. No había ningún periódico. Puede que haga siete u ocho años que no compro ninguno. Hice una rápida ronda por los vecinos de mi bloque. Nadie tenía un solo periódico. Así que no me quedó más remedio que bajar al único kiosco que queda en el barrio, el que está al pie de la Cuesta de Moyano. Regentan este negocio dos hermanos más jóvenes que yo, muy castizos y muy metralleta, con los que sigo en relación: los saludo cuando paso corriendo, les compro discos y coleccionables. Son unos personajes notables del barrio. Ese día estaba uno de ellos al cargo. La conversación fue como sigue.

–Hola Carlos, ¿cómo te va?
            –Ahí vamos. ¿Qué le trae por aquí jefe?
–Pues que necesitaría unos periódicos
–Y, si no es indiscreción, ¿para qué los quiere usted, jefe?
–Pues es que acabo de lijar el parqué y tengo que protegerlo mientras limpio los cristales
–¡Aaahh! Mire usted por dónde. Pues lo tiene muy fácil. No tiene más que conectar el ordenador, abrir Internet, y ya tiene usted todos los periódicos que quiera.
–Vale Carlos, joder, no me des más por culo, mensaje recibido, tienes toda la razón, ahora dame unos cuantos periódicos, por favor.

Es una anécdota muy reveladora. La prensa carroñera del estilo El inMundo o La sinRazón tienen mucha parte de culpa en el deterioro de su propio negocio. Y El País, que fue una verdadera referencia de mi generación, también, por igualarse a la baja con esos panfletos amarillistas. Cebrianes, indas y pedrojotas han acabado con la gallina de los huevos de oro y no se sabe cómo va a sobrevivir el sector en los nuevos tiempos de la información digital. En el extranjero hay ejemplos de periódicos excelentes que mantienen el prestigio y no presentan malos números económicos. Por citar algunos al azar, el New York Times, el Boston Globe, el Guardian, el Times de Londres, Le Monde, Le Figaro, el Corriere della Sera o el Frankfurter Allgemeine. En los albores del blog me indigné bastante cuando Cebrián perpetró un ERE y echó fuera del periódico a Ramón Lobo, Enric González y otros. Veo con alegría que la nueva directora Soledad Gallego Díaz los acaba de recuperar, mientras tipos como José Ignacio Torreblanca firman ahora sus textos en El inMundo. Las plumas se están recolocando y sólo falta que El País recupere a John Carlin y a Maruja Torres, aunque ni así van a conseguir revertir su deriva hacia la nada.

Con este aquelarre de los plagios y los cum laude regalados, hay un matiz que yo no he visto escrito en ningún periódico. Es el siguiente. En los años de predominio del PSOE, los tiempos de Felipe González, el partido creó una Universidad afín: la Carlos III de Getafe. Puso al frente a personas de talla, como Gregorio Peces-Barba y Rafael Zorrilla. Entre todos lograron crear un ente educativo de altura, reconocido en los rankings mundiales. Mi hijo Kike estudió Económicas allí y ese título le ha valido para fichar por buenas empresas multinacionales, como la que actualmente le emplea, con sede en París (por cierto, ahora mismo está en Shanghay, enviado por su empresa). 

Cuando el PP de Aznar se hizo con todos los poderes nacionales, quisieron emular este logro fundando también una Universidad afín. Y fue ésta la Rey Juan Carlos de nuestras desventuras actuales. Al no poner al frente de ella a personas de talla, la cosa se convirtió en un esperpento. Cuando mis hijos eran universitarios, entre sus compañeros existía la convicción generalizada de que la URJC era la peor de todas las universidades madrileñas, en la que recalaban los estudiantes más negados, que no podían optar a entrar en una mejor. Con esta historia de los másters, la cosa ha degenerado ya a un híbrido entre chiringuito y tienda de todo a cien. Como siempre, El Roto ha sintetizado todo esto en un dibujo sublime. Les dejo con él, no sin antes desearles que pasen un buen fin de semana.  



martes, 11 de septiembre de 2018

770. Si no pueden ser cualquier otro...

En esta tribuna se habla de Haruki Murakami, de Bruce Springsteen, de David Bowie, de José Ovejero, de Clarence Seedorf y otros personajes de los que no suele hablar la prensa generalista. También se pone verde al nacionalismo en general, a los independentistas catalanes en particular, a los taxistas, a Mourinho y a Mircea Cartarescu, entre otros. A veces tengo la sensación de que siempre escribo sobre los mismos temas, especialmente sobre mí mismo, pero nadie me puede negar que mis filias y mis fobias están claras y son duraderas. Entre las primeras, ha aparecido recientemente Sheryl Crow, una mujer de la que, cuanto más cosas averiguo, más atractiva me parece. El pasado día 5 de septiembre, Sheryl acudió como estrella invitada al Tonight Show de Jimmy Fallon, el programa de la NBC que atrae a más seguidores de la América menos inculta. Allí cantó su última canción publicada, de la que hablaremos más abajo, y, al terminar, se abrió la chaqueta para mostrar el mensaje de su camiseta, mirando retadora a la cámara. Aquí pueden verla.


Un mensaje muy claro. USA está ya en precampaña para renovar el Congreso completo y un tercio del Senado y la única forma de que los Demócratas alcancen la mayoría en ambos y le puedan hacer el impeachment a Trump, es acabar con el alto abstencionismo de elecciones anteriores. Sheryl lo sabe y sabe también que sus opiniones son respetadas por mucha gente, y aprovecha esa posición para aportar su granito de arena. Por cierto, Sheryl se cruzó por los pasillos de la cadena NBC con el mismísimo Paul McCartney, que estaba por allí grabando un especial de lanzamiento de su último y esperado disco, y, con la ilusión de una quinceañera, esta mujer espléndida de 56 años no dudó en hacerse un selfie con él, y publicarlo enseguida alborozada en su página de Facebook, de la que soy seguidor. Aquí lo tienen.


Musicalmente, Sheryl me fascina por tres motivos, como ya he contado. 1, es una buena compositora, con letras críticas, irónicas y originales, de las que se responsabiliza en solitario, si bien la parte musical le gusta compartirla con algún compañero o amigo. 2, es capaz de tocar muy bien cualquier instrumento; se la ha visto en sus conciertos tocando guitarra, bajo, cualquier teclado, acordeón, armónica. Y 3, es un portento en el directo, donde mejora cualquiera de sus composiciones. Da la impresión de que el estudio de grabación la intimida y que, sólo cuando se sube a un escenario y le dan un micrófono, se libera, se viene arriba y lo da todo. La entiendo muy bien, porque a mí me pasa lo mismo, cuando tengo la oportunidad de dirigirme a un público, saco mi vena de showman. Como estamos hablando de alguien que hace música, vamos a ir poniendo algunos de sus vídeos, que tiene cuidadosamente archivados y cuelga seleccionados en Youtube. En este caso se trata de un concierto de 1999. Al comienzo se ve como cambia la guitarra por un bajo y afronta una canción de corte tenebrista, gótico, más próxima a la estética de P.J. Harvey, con acompañamiento de cuerda. Pero, al terminar la canción, se queda con el bajo y afronta sin transición un rock ortodoxo a toda velocidad. Acaba sudando como pollo baldeado.


Ya ven cómo toca el bajo esta señora. Sheryl es de un pueblo de Missouri, hija de una pareja de músicos que, desde niña, le inculcaron el gusto por la música y el deporte. A los 5 años tocaba el piano y era majorette en el cole. En la Universidad de Missouri formó su primer grupo, mientras participaba en las competiciones de 100 metros vallas, que no es cualquier cosa. Después se fue a buscarse la vida a LA, en donde empezó a hacer audiciones para todo tipo de trabajos musicales, consiguiendo apenas salir en algunos anuncios de la tele. Le hubiera gustado ser modelo pero le faltaban bastantes centímetros. Hasta que Michael Jackson la contrató como corista para una gira en 1987. Sí, estamos hablando de hace más de 30 años. A la vuelta de esa gira, entró en una depresión severa. Tuvo que ser ingresada y fue la música el pilar al que se agarró para salir del agujero, puesto que no paró de componer canciones, que otros artistas como Celine Dion incorporaban a su repertorio. Logró vencer esa enfermedad y salió de ella galvanizada, indestructible, dispuesta a comerse el mundo. En 1993 grabó su primer álbum, premiado con tres Grammys. Había alcanzado el estrellato.

Desde su debut, Sheryl sólo ha grabado ocho álbumes, porque ella no depende de la industria: cuando está inspirada y le apetece, saca un disco. Es una mujer de carácter fuerte, que tiene mando en plaza y a la que nadie rechista. Vamos a ver ahora un vídeo curioso, porque se percibe perfectamente que nuestra heroína está de bastante mal café. No sé si le dolía la cabeza o simplemente estaba cansada. Empieza presentando uno a uno a sus músicos: bajo, batería, percusión, guitarra solista, segundo guitarra. Uno espera que presente a continuación al pianista, al que se le está oyendo en primer plano. Pero no lo presenta, porque es ella misma la que toca el piano y muy bien, incluyendo esos vistosos arrastres por el teclado que se hacen con la uña del pulgar de derecha a izquierda. Sheryl está cabreada, pero es una profesional, por lo que cumple con su trabajo. Eso sí: al final dice “esto es todo, buenas noches” y se larga con su gente. Apostaría a que no salió más. La grabación es de 1996 y la canción se llama Superstar.

Su carrera es un rosario de éxitos. Ha vendido más de 50 millones de discos en todo el mundo. Además ha participado como actriz en diversas series de televisión, ha escrito varios libros, incluido uno de cocina y es una mujer concienciada a la que invitan a participar en debates políticos o medioambientales. Su historial médico es terrorífico: sobrevivió a un cáncer de mama en 2002 y a un tumor cerebral benigno que le tuvieron que extirpar en 2012. También ha tenido una vida amorosa nutrida, en donde habría que incluir al actor Owen Wilson, a algunos músicos, una aventura con Eric Clapton, ese viejo seductor con el que sigue en buenas relaciones, y la mediática pareja que formó durante tres años con el ciclista Lance Armstrong, justo hasta que se descubrió el tomate de su larga historia de doping. Preguntada por ello, declaró que ella no sabía nada, pero que ahora le encajaban como un puzzle una serie de detalles raros que había observado en su tóxica pareja y que ya la tenían en guardia. Y la gente la creyó. Esta mujer se gana al personal con su sinceridad.

Para compensar del vídeo anterior, vamos a poner ahora una grabación en la que Sheryl está muy contenta, rodeada de sus amigos. Entre 1999 y 2013, Eric Clapton organizó una serie de festivales denominados Crossroads en los que reunía a los mejores guitarristas del mundo. Por allí pasaron J.J.Cale, Keith Richards, Buddy Gay, Robbie Robertson y otros. El vídeo corresponde a 2007. Sheryl participa y reúne a Clapton con otros dos guitarristas muy buenos: Albert Lee, pelo corto, camiseta azul oscuro y Vince Gill, camisa blanca y cierto aire de pirracas. Todos ellos se conjuran para cantar el clásico del country Tulsa Times. Sheryl dirige el cotarro como siempre, intenta que Clapton haga bien los coros, pero el otro parece decirle no se me oye ni hostia, la hace reír y casi pierde el compás. Finalmente es ella la que se ocupa de que le dejen un turno al pirracas, al que casi no le dejaban respirar. Y, naturalmente, las intervenciones de Clapton son las que el público más ovaciona. Al final, se ve llegar al gran pope del country, el ya anciano Willy Nelson, que va a tocar a continuación. Incluso se le ve hablando tranquilamente con Sheryl y con el actor Bill Murray que no solía perderse el Crossroads.


Tras una vida tan intensa, Sheryl decidió formar una familia monoparental. No es difícil deducir que ninguno de los hombres de su vida ha estado a la altura. Así que en 2008 adoptó a un niño de semanas y en 2011 repitió la jugada. La maternidad la ha dotado de una estabilidad personal que le ha permitido retomar su carrera con ánimos renovados. Ahora es una madre muy volcada en sus niños que, para criarlos, se ha mudado a Nashville, una ciudad pequeña y muy musiquera. Es una decisión acertada: la niñez y la adolescencia es mejor pasarlas en el medio rural. Abajo ven la felicidad que destila el grupo (en Estados Unidos no está prohibido publicar fotos de niños y Sheryl ha colgado esta en Facebook). Hace poco en una entrevista, contó que su hijo mayor estaba fascinado con Ariana Grande, lo que la tenía muy descolocada (ya saben que eso no es rock). Ella trata de guiar los gustos musicales de sus hijos, dijo, pero procurando no caer en la censura.


El año pasado, después de más de cuatro años sin pisar un estudio de grabación, publicó el disco Be Myself (Ser yo misma), para muchos el más redondo de su carrera. Y lleva desde entonces de gira, tocándolo por todo el mundo anglosajón. La canción que le da título, es toda una declaración de principios: If I can't be someone else, I might as well be myself (si no puedo ser cualquier otra persona, no me queda más remedio que ser yo misma). En eso estoy yo también. En este momento, Sheryl ya no se corta por nada. Le importa un rábano que se le noten las raíces grises del pelo en la raya (incluso bromea sobre ello en la letra de una canción). Le importa un rábano que se note que no es muy alta; por eso se hace fotos como la que ven abajo, con la banda al completo. Ha encontrado un equilibrio vital y artístico con el que está encantada. En su banda hay cuatro músicos que llevan mucho tiempo con ella y dos nuevos: la teclista del pelo rizado y el batería, que está entre el sobrino de Quasimodo y el eslabón perdido de Darwin. Pero toca la batería de cine. Sheryl lo adora, como se puede ver en la foto que les pongo aun más abajo. 



Es el momento de escuchar Be myself, por supuesto, en directo. Todo un himno vital. Dentro de su descubierta falta de complejos, Sheryl pasa de tacones y sale al escenario con las mismas zapatillas que usa para correr, y hasta se atreve a emular el grito de leona de Tina Turner, aunque en su caso suene más a una gata a la que le han pisado el rabo.


No les extrañará que yo conduzca por Madrid con este tema a todo volumen. Pero Sheryl sigue generando noticias. A primeros de julio fue entrevistada por la emisora de radio Lightning 100. Allí reveló que está preparando un álbum para 2019, en el que colaborarán Keith Richards y otros amigos suyos. Y que será el último de su carrera. No es que se vaya a retirar, sino que dice que esto de los álbumes es algo que venía determinado por la capacidad de los discos grandes de vinilo, por lo que ahora mismo, en la era digital, es un formato obsoleto con el que no tiene sentido seguir. Ella, tras ese último álbum, irá publicando canciones al ritmo que las componga. Para entrar en ese futuro inmediato, presentó en ese mismo programa una primicia recién compuesta, llamada I wouldn’t wanna be like you (No quisiera ser como tú). La tocó con todo su grupo en versión acústica, (aunque sólo se alcanza a ver al hombre de Cromañón) y se la voy a dejar de regalo final.

Esta canción, en la que muchos han creído ver un mensaje contra Trump y lo que representa, tiene un estribillo muy explícito: Dices una mentira, dices una mentira, dices una mentira, pero no por repetirla se convierte en verdad. ¿O sí? Que se lo pregunten a Puigdemont. Es una vieja técnica, que ya usaba Goebbles entre otros. Franco condenaba a los vencidos por el delito de Auxilio a la Rebelión, cuando el que se había rebelado era él. El partido ultraderechista sueco que ha asustado a Europa en estos últimos días, se llama Demócratas Suecos. Por no mencionar el hecho de que en esta sociedad llamemos Punto Limpio al lugar donde se acumula la mierda. Pero escuchemos a Sheryl. La entrevistadora le pide que cante la nueva canción que está presentando. Y ella se pone las gafas de sol para concentrarse. Vean también cómo se agarra a la esquina del mostrador para tomar fuerza cuando ha de dar una nota sostenida a buen volumen. Por cierto, esta canción utiliza la técnica del talking blues, una especie de precursor del rap. Sean felices, hombre. Y sobre todo: si no pueden ser cualquier otro, sean ustedes mismos.


martes, 4 de septiembre de 2018

769. Recovering myself IV

Continúo con el relato del vuelco que ha dado mi vida laboral y personal en estos últimos y vertiginosos meses y he de darme prisa, porque en este asunto siguen sucediendo novedades con rapidez y, a este paso, mi novela autobiográfica nunca va a alcanzar al devenir del tiempo real, igual que la tortuga no conseguía nunca pillar a Aquiles en el conocido sofisma de Zenón de Elea. A mi edad empieza a flaquear la memoria y por eso quiero dejar por escrito esta historia, para que mis recuerdos no se pierdan (ya saben: como lágrimas en la lluvia) y en parte también para explicármelo a mí mismo. En el post anterior de esta serie, les conté qué es C40, cual es su finalidad y cómo se financia la actividad incansable de su staff técnico. Y me había quedado al borde de relatar nuestro primer contacto con ellos: la reunión del 6 de abril de 2017 con Julia y Clare, reunión que tuvo lugar en inglés, en atención a Clare Haley, que acababa de llegar de Londres y no sabía por entonces una palabra de castellano. 

C40 funciona a través de una serie de instrumentos, entre ellos unas cuantas redes temáticas a las que se apuntan funcionarios de las diferentes ciudades. El trabajo se estructura a través de la celebración de webinars (seminars on line), uno o dos al mes, en los que los miembros de cada red debaten sobre un tema de interés común durante una hora. A lo largo de los doce años de funcionamiento de C40, esas redes temáticas se habían centrado en la lucha contra el cambio climático. Pero ahora había una convicción general de que el tema medioambiental no se puede abordar en solitario, sino que está íntimamente relacionado con otros: el urbanismo, la regeneración social, la vivienda asequible, la animación cultural, la participación ciudadana y muchos otros temas. Desde ese convencimiento C40 estaba creciendo y buscando extender sus redes, sobre la base de considerar el hecho urbano desde una perspectiva global, contemplando todos los sectores a la vez.

En el contexto de esa ampliación de objetivos, habían nombrado a Julia, ingeniera de teleco con una larga experiencia en gestión en el Ayuntamiento de Barcelona, como Coordinadora de C40 para la Región Europea (C40 se divide por continentes) y la habían mandado a Madrid para que desarrollara su trabajo desde aquí. El Ayuntamiento de Madrid le había facilitado un despacho en el que llevaba ya unos meses instalada. En la reunión del 6 de abril nos explicaron todo esto y nos dieron la oportunidad de sumarnos a una de las redes existentes (unas seis en ese momento). Elegimos la red TOD: Transit Oriented Development, es decir, desarrollo centrado en el tráfico y el cambio de modelo de transporte. La directora de esta red era precisamente Clare Haley. Tras dos años trabajando para C40, esta joven urbanista londinense, acababa de ser nombrada directora de la red TOD y enviada a Madrid para los siguientes 6 meses. Con Julia compartía un despacho en Cibeles, cedido por el Área de Medio Ambiente, y estaba todavía buscando alojamiento en la ciudad.

La reunión con nosotros había surgido de la siguiente manera. Julia preguntó a sus interlocutores del Área de Medio Ambiente quién había en Urbanismo haciendo en esos momentos un trabajo interesante en la línea de lo que promueve C40. Todos los consultados estuvieron de acuerdo en dar el nombre de mi jefa y la Dirección General que encabeza. Y de esta reunión, hace apenas año y medio, ha venido todo lo demás. Para integrarnos en la red TOD, había que dar algunos nombres de personas que atendieran ese nuevo sector de trabajo. Yo me adelanté a decirle a mi jefa que este asunto tenía una perspectiva a medio/largo plazo y que por tanto me parecía más estratégico que se apuntaran mis dos compañeros más jóvenes que asistían a la reunión, puesto que yo me iba a jubilar pronto. Pero mi jefa fue rotunda: yo tenía que estar en ese asunto, el primero. Este incidente, revela cómo pensaba yo por entonces y cuál era mi estado anímico. Si fuera ahora nadie tendría que haberme insistido.

El caso es que empezamos a participar en webinars. Los tres apuntados a la red TOD nos reuníamos en mi despacho, nos conectábamos, generalmente a las 5 de la tarde (por el tema de las diferencias horarias), y asistíamos durante media hora a la explicación de un tema monográfico: el nuevo Plan General de Buenos Aires, la visión estratégica de Portland o el plan de bicicleta pública de Londres. A continuación se organizaba un chat de otra media hora, en el que los participantes podían plantear dudas, aclaraciones o preguntas. Y sucedió lo que se pueden imaginar. Que mis dos colegas empezaron a fallar. Que si yo estoy muy ocupado, que si tengo que recoger a los niños del colegio, que si la abuela fuma, que si esto, que si lo otro. Los últimos webinars los seguí yo solo. Y en ese momento, me fui una semana de vacaciones a La Toscana, viaje que fue debidamente reseñado en el blog.

A la vuelta de vacaciones, me encontré con un ambiente extraño: todos mis compañeros se daban codazos entre sí a mi paso, intercambiaban miraditas, murmuraban con ironía. ¿Qué coño pasa? Nada, que te vas a Portland-Oregon. No me enteraba de nada hasta que me lo explicaron. Las redes de C40, además de los webinars periódicos, organizan un workshop presencial al año. Este año el workshop tendría lugar en Portland y tenían a bien invitar a una persona de Madrid. Y la jefa había decidido que fuera yo. Como siempre, la jefa cuidando de mis intereses en mi ausencia. Fui a verla y le hice unas preguntas de comprobación. ¿Por qué no va Fulanito? Porque no tiene el suficiente nivel de inglés. ¿Y Zutanito? Ese sí habla inglés, pero no sabe urbanismo porque lleva dos días con nosotros. La cosa no ofrecía dudas.

El viaje de Portland, en mi convencimiento de que iba a jubilarme pronto, me lo planteé como una última oportunidad de hacer algo divertido en mi carrera municipal. Por eso me empeñé en aprovechar para quedarme por allí una semana de vacaciones, para visitar Vancouver y Seattle, a pesar de que me advirtieron que, haciéndolo así, me arriesgaba a que no me pagaran el billete de avión (finalmente, me pagaron sólo la mitad). Fue este un viaje fantástico, del que se dio amplia cuenta en el blog, en numerosos posts entre el #653 y el #668. Para entonces, tanto Clare como Julia eran ya amigas mías. El workshop fue un éxito rotundo, gracias al trabajo de nuestro anfitrión en Portland, Radcliffe Dacanay y al esfuerzo de Clare, que lo dirigió con mano de hierro (a la izquierda pueden verla el último día de taller, cuando le pedimos que posara con el cartel que usaba para cortar nuestras intervenciones y que no nos enrolláramos demasiado). Clare me confesó que C40 confía el grueso del trabajo anual a los webinars; que el taller presencial tiene sobre todo dos significados: es un premio a las ciudades que más se han implicado y, además, se intenta que la convivencia durante tres días genere lazos de amistad entre los participantes, para que eso refuerce la continuidad del intercambio de experiencias profesionales entre ellos.  

Si ese era el objetivo, he de decir que se consiguió de largo. Con la excepción de la representante china que todo el tiempo se mantuvo al margen, los demás mantenemos a día de hoy un grupo de Whatsapp, en el que seguimos contándonos nuestras experiencias personales y profesionales. Sabemos así que Radcliffe tuvo poco después gemelos, dos preciosidades llamados Ziggy y Zosia, cuyas fotos nos actualiza de vez en cuando. Sabemos también que este verano ha dejado su trabajo en Portland y se ha trasladado a Seattle, donde ahora trabaja para el Ayuntamiento. Clare volvió poco después a Londres, a sustituir a una compañera de C40 de baja por maternidad y luego se trasladó a Copenhague, donde ha seguido trabajando para la red casi un año. Hace menos de un mes ha vuelto a Londres. La TfL, Transports for London, la entidad que me invitó a mí a dar una conferencia justo antes de mi fractura de brazo, la ha contratado para que trabaje como urbanista para ellos.

Aparte de nuestro grupo de Whatsapp, yo sigo en contacto individualmente con Tantri, la chica de Yakarta, y con Thabang, el hombre de Johannesburgo. También con Valeria, la chilena y con Erika, la dulce mexicana, que este mes viene a Londres a estudiar un máster de un año. También nos visitamos entre nosotros y colgamos en el grupo las fotos correspondientes. Liana Valicelli, la señora de Curitiba, se reunió conmigo en Vancouver y también visitó a Caterina en Roma. Clare ha viajado este verano a Seattle y ha colgado una foto con Radcliffe en un café del centro. Y, por mi parte, ya saben que visité a Shannon Ryan en Los Ángeles y juntos visitamos el mítico edificio Bradbury, donde se rodó Blade Runner. 

Pero volvamos por un momento a Portland. Como ya conté, fueron tres días intensos de trabajo de mañana y tarde. Y cada noche terminábamos cenando juntos, bebiendo cerveza y haciendo risas a montones. También conté que a esas cenas se sumó una persona de C40 que no estaba en nuestro workshop. Se trataba de Hélène Chartier, directora mundial del proyecto Reinventing Cities. Hélène había trabajado muchos años en el Ayuntamiento de París, por lo que teníamos varios conocidos comunes: mis viejos amigos Philippe, Chantal, Alain y Barbara, de cuyas últimas novedades estaba yo más al tanto que ella. En ese momento, yo no podía imaginar la trascendencia que ese encuentro iba a tener en mi vida. Pero esto ya se va a quedar para la entrega número 5. Les dejo con una foto de Hélène. Se la sacamos cuando participó en nuestro evento de lanzamiento de Reinventing Madrid, en febrero de este año.