domingo, 29 de marzo de 2020

925. CC6. Reflexiones cuarenteneras o cuarentenoides

El placer que uno siente viajando por su habitación está libre de la envidia inquieta de los hombres; es independiente de la fortuna.
Viaje a través de mi habitación (X. de Maistre, 1794)

Hoy es el día 17 de encierro, según mis cuentas, puesto que yo empecé a contar días el viernes 13 de marzo, después de que el jueves 12 el equipo de gobierno municipal decidiera mandar a casa a todos sus trabajadores. En este tiempo, me estoy esforzando por buscar temas externos sobre los que escribir para amenizar el encierro de mis seguidores, pero tampoco viene mal hacer algunas reflexiones sobre la propia situación que estamos atravesando, una peripecia totalmente excepcional e insólita para gentes que, como yo, hemos tenido la suerte de vivir toda nuestra vida en paz y sin mayores quebrantos colectivos, como guerras, huracanes, terremotos o similares. 69 años en mi caso. Quién nos iba a decir hace unos meses que nos encontraríamos así. La situación nos ha atropellado y, cuanto más sepamos resistir, mejor librados saldremos. En los últimos siete años estaba yo tan ocupado que tenía que hacer reflexiones a la carrera, pero ahora dispongo de tiempo para sacar mi vena más cool, calm and collected y pensar con un poco más de pausa.

Lo primero que quiero dejar sentado es que no comparto esos mensajes antimilitaristas que se quejan de que en las ruedas de prensa de cada mañana a las 12, haya unos cuantos generales explicando la logística que se está aplicando. Me refiero a esos artículos cuajados de buenismo inútil, que claman ofendidos: –¡Por favor! No somos soldados. Desde luego que no somos soldados (al menos yo). Pero tengo muy claro que estamos en una guerra, aunque nuestro enemigo sea invisible. Y, si no somos soldados, ¿qué coño somos? Pues está bien claro: somos civiles en medio de una guerra. Como los sirios y los del Yemen. ¿Y cuál es la prioridad básica de un civil en un estado de guerra? También está bien claro: salvar el pellejo. Esto es lo primero y no es cuestión baladí: estamos teniendo bajas, muchas bajas (ya ven que asumo el lenguaje militar). Y cada vez más cerca. Yo tengo ya algunos amigos y conocidos que se han muerto y muchos contagiados, unos ingresados en hospitales, más o menos graves, y otros pasándolo en casa. La cosa no es como para tomársela a la ligera, coño, que se está muriendo la gente con este virus, hostia.

Así que ya lo saben: hay que hacer lo posible por salvar el pellejo. Y por intentar que lo salven también nuestras familias y nuestros más próximos. Ninguna precaución es excesiva y es un reto que tenemos que asumir individualmente, pero con sentido de lo colectivo. A título individual, yo podría salir a correr al Retiro (si no estuviera cerrado), seguro de que no me contagiaría. Pero por un sentido colectivo, no lo hago. Ese sentido colectivo es el que no tuvieron los que respondieron al cierre de colegios y la amenaza de confinamiento saliendo masivamente de Madrid y esparciendo el virus por toda la geografía española. Pero ya vendrá el tiempo de los reproches. Si nos dicen que nos quedemos en casa, nos quedamos. Y si podemos concentrar las compras para no salir más que cada cuatro días, pues así lo haremos.

La posibilidad de que sucediera una cosa como esta, una epidemia de contagio masivo, era algo que teníamos ahí, pero no queríamos ver. Ya hubo antes diversos amagos, como el SARS de 2002, pero los conjuramos con tanta rapidez y eficacia que nos creíamos invencibles. Ahora hemos recuperado una charla TED que dio Bill Gates en Vancouver en 2015, en la que se hablaba de ese riesgo y que por desgracia ha resultado profética. Por si no la conocen, les voy a poner un enlace para verla con subtítulos en español. Se la recomiendo; es cortita, 8 minutos, pero muy significativa. Han de pinchar AQUÍ. La película a la que hace referencia Gates, es Contagio (Steven Soderbergh, 2011). Basta ver el trailer oficial que les pongo abajo, para quedarnos helados. Por cierto, habrán observado que Gates habla también en términos militares. 


Como ven, la típica película distópica, como tantas que hemos visto. Sólo que ahora estamos dentro de ella. Tenemos que afrontarla con calma, con cabeza y estando muy atentos. Quejarse de los inconvenientes del encierro es una tontería. Por mucho que nos quejemos, tendremos que seguir encerrados el tiempo que nos digan. ¿Y qué previsiones tenemos? Bueno, me gustaría decirles que unos pocos días más, pero no parece lo más probable. Hemos cumplido ya dos semanas y el estado de alarma prorrogado se extiende hasta el 12 de abril, otros quince días más. No me parece exagerado pensar que se prorrogue de nuevo hasta final de mes. O sea, que si todo fuera sobre ruedas (algo no muy probable) estamos hablando del 1 de mayo. Me cuentan amigos que trabajan en proyectos urbanos, agencias de viajes o comercios de suministros, que sus empresas están haciendo sus previsiones a partir del 15 de mayo. Ese es un escenario optimista moderado. También puede ser más largo. Yo no quiero alarmarles en exceso, pero tampoco mentirles. Ojalá dure lo menos posible.

Teniendo en cuenta el antecedente de China (el único que alienta el optimismo, porque Corea del Sur y Japón están repuntando), tampoco va a ser que de un día para otro empecemos a hacer vida normal. La recuperación de la normalidad será gradual y con muchas cautelas. Así que lo mejor es que se acostumbren a la vida de encierro, que tampoco está tan mal, hombre (además, esta noche nos han quitado una hora de encierro y en octubre nos la devolverán de vida normal, no sé de qué se quejan). Joder, yo me estoy haciendo unas comidas de puta madre y me consta que mis improvisadas recetas son parte del éxito de mis cuadernos de la cuarentena. Estoy estirando lo que puedo Los Soprano, aunque está claro que me voy a terminar las siete temporadas antes de que nos dejen volver a la calle. Y hay muchísima literatura que consumir, mucho cine que ver y muchas otras cosas en que entretenerse. Estos días, yo estoy llamando a una serie de amigos a los que no llamaba demasiado últimamente, para ver cómo están. Cada uno lo lleva como puede. Mi amiga A, la hiperactiva, dibuja pájaros exóticos de colores sin parar. Tiene ya una colección importante. Le he dicho que me tiene que regalar uno para enmarcarlo.

Mi amigo B, el hipocondríaco, se dedica a limpiar compulsivamente la casa, que ya antes tenía como los chorros del oro. Sólo sale a comprar más lejía y Don Limpio Baños. Mi amiga C, la solidaria, hace la compra a todos los abuelos de su bloque y cose batas para los enfermeros reciclando bolsas de basura. Mi amigo D, el anacoreta, me dice que él ya estaba encerrado voluntariamente desde hace unos dos años y que esta crisis le viene muy bien porque estaba harto de inventarse excusas cada vez que le llamaba algún amigo y le proponía salir a tomar una cerveza (ya había yo observado eso de las excusas hace tiempo). En fin, que yo creo que, manteniéndose protegido del virus con las recomendaciones que todo el mundo conoce, se puede pasar el tiempo bastante dignamente, cada uno en su línea. Vale, así como para descansar, les muestro ahora algunas fotos nuevas de las calles vacías. Empezando por una vista nocturna de Brooklyn, con una de las columnas del Manhattan Bridge al fondo.


Panorámica de la playa de Copacabana, desde la terraza de la casa de mi amigo Daniel Mancebo, el hombre de C40 en Río


El Puente de Westminster, en Londres, con el BIg Ben en obras.
L'Arc de Triomphe, París

 La Piazza Navona, en Roma

Una avenida de la reconstruida Varsovia.

 Por último, la Kaaba, en La Meca



Tras este interludio, les diré que se han escrito muchas cosas respecto a esto de vivir encerrado una temporada. Vean por ejemplo estos versos proféticos del gran Lao Tse (Siglo VI antes de Cristo): Sin pasar de la puerta se conoce el mundo, sin mirar por la ventana se ven los caminos del cielo, cuando más lejos se sale menos se aprende. Una eternidad después, en 1794, el Conde Xavier de Maistre, joven militar de Saboya, se batió en duelo con un tipo que le había ofendido, práctica que estaba prohibida, por lo que fue juzgado y condenado a 42 días de reclusión forzosa en su domicilio de Turín, una casa que todavía existe y donde seguramente algún turinés esté ahora mismo guardando una cuarentena similar. Como no podía hacer otra cosa, escribió un librito que se llama Viaje alrededor de mi habitación, una de cuyas frases encabeza este post. Este hombre emigró luego a San Petersburgo, donde se convirtió en un personaje, al servicio del zar. No supo que su libro era famoso hasta que viajó a París, muchos años después, para un negocio privado.

El libro en cuestión es una obra menor que ha sido más valorado por lo que supone, como crítica satírica de los libros de viajes, que por su valor literario. Borges era un gran admirador de este curioso texto. Lo más destacable del escrito del Conde de Maistre es su afirmación de que los días de encierro le permitieron conectarse con lo Universal. Es decir, desde un cuarto en el que uno está confinado, como nosotros, se puede alcanzar el Universo entero. Algo así hizo Kafka, que encima escribía por las noches, después de su jornada de trabajo de pasante, o el primer Guy de Maupassant, que luego tuvo la suerte de alcanzar el éxito literario en vida, lo que le permitió dejar su puesto de funcionario. También Proust, deprimido por la muerte de su madre, se encerró en su casa del 102 del Bulevar Haussman de París, que hizo forrar de corcho para reforzar el aislamiento, y estuvo quince años recluido, dedicado a componer su obra monumental À la recherche du temps perdu sin otro material que sus recuerdos, su cultura y sus queridas madalenas.

No hace falta salir al mundo exterior para tener una vida intensa. Mi tocayo Emilio Salgari escribió más de 80 novelas de aventuras en escenarios exóticos, sin salir de la redacción del periódico La Nuova Arena de Verona, donde trabajó mucho tiempo, y luego desde su despacho en una editorial de Turín que lo contrató durante sus últimos años de vida. De adolescente yo devoraba estas novelas de piratas y aventureros, con personajes tan brillantes como Sandokán o el Corsario Negro. Y eso que todos estos autores que he citado vivieron en un mundo sin wikipedias ni la posibilidad de tener la información instantánea de la que ahora disponemos. En este tiempo, uno puede trascender de lo particular (el escueto encierro) a lo universal. Yo estoy leyendo estos días las extraordinarias narraciones contenidas en la Micropedia de Ignacio Padilla, todas ellas relatos imaginarios y delirantes, que sus amigos cuentan que él narraba como si fueran ciertos, sobre todo al final de las noches de farra.

Uno de estos relatos de Padilla se titula Memorial de la Segunda Peste. Cuenta aquí que, en una imaginaria Misión de Saint Martin, después del paso de la peste bubónica, los nativos se curan milagrosamente sin que nadie pueda explicárselo. Llega entonces un investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Kent, que se llama Richard de Veelt, quien descubre que estos nativos están más sanos que un humano normal, que en ningún momento pierden la alegría ni la sonrisa de oreja a oreja, ni aunque se les pinche con cuchillos y agujas. Y llega a la conclusión de que la Misión ha sufrido una segunda peste, una especie de peste inversa que cura a los indígenas no sólo de las consecuencias de la epidemia sufrida, sino de todas sus dolencias anteriores. Empieza a escribir sus conclusiones, pero no llega a terminar su obra porque los nativos se lo acaban comiendo sin perder su sonrisa beatífica.

Lo que nos trae de vuelta a esta nueva peste que nos aflige y a la continuación del encierro con que nos protegemos de ella. Hemos hablado de un horizonte del 15 de mayo. Pero después vendrá el futuro y hay que empezar a planificarlo. Como les he dicho, la vuelta a la normalidad será gradual. Y tal vez hayamos aprendido a valorar lo que tenemos, en este mundo del Siglo XXI a prueba de epidemias. A mí se me criticaba antes del virus por estar tan contento con el mundo que me había tocado vivir. Joder, es que era un paraíso. Hay cosas que sólo se valoran cuando no se tienen (ya saben los ejemplos: la salud, el dinero y el pelo de la cabeza). Obviamente nada volverá a ser igual, pero continuaremos en un mundo lleno de temas de los que hablar, lo que justifica la existencia de este blog. Esperemos tener el margen suficiente como para dejar al tiempo su labor terapéutica inigualable: el tiempo todo lo cura. Nos quedará entonces el recuerdo de estos días en que sobrevivimos encerrados. Como algo irreal. Como una historia de las que cuenta Ignacio Padilla. Como un mal sueño. 

Entre los vídeos que han circulado por el Whatsapp y otras redes, les voy a dejar de propina el que me ha parecido más entrañable, cariñoso y optimista, una coplilla que imagina el futuro, que anticipa la alegría inmensa del momento en que nos den suelta (aunque supongo que la mayoría de mis lectores ya lo conocen, a muchos se lo he mandado yo mismo por Whatssapp, pero así pueden verlo en pantalla grande). Créanme, ese momento va a ser apoteósico, como salir de la cárcel, como acabar la mili, como terminar la carrera, como encontrar un amor de verdad. Sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta (supongo que esperaban que dijera como escarpias, pero es que no me gusta nada esa frase tan manida). Y ya saben el orden de prioridades: UNO, salvar el pellejo, DOS, proteger a los familiares y amigos hasta donde se pueda, TRES, seguir las instrucciones y disfrutar del encierro dentro de lo que cabe. Cuídense.

(P.D.: Me voy a cagar en el rey Guillermo de Holanda y en todos sus muertos)


jueves, 26 de marzo de 2020

924. CC5. Una teta en el origen de Youtube

En fin, que hoy vuelvo a centrarme en contarles algo que seguramente no saben, aunque supongo que podrían encontrar muchísima información al respecto, si bien nadie se lo va a contar tan bien como yo (ya saben que no tengo abuela en relación con este aspecto concreto). En pleno pico de muertos y contagiados por el maldito coronavirus (de los cojones) que ha logrado paralizar el mundo, me brindo a contar algo que no tiene nada que ver con el triste momento que vivimos, con el sano propósito de ofrecerles un rato de distracción y entretenimiento, como hice hace un par de posts con la historia de la ciudad amurallada de Kowloon, que me parece un tema que merece la pena ser contado, aunque no he detectado un especial entusiasmo al respecto, en mi exiguo grupo de seguidores.

Y lo mismo que, cuando empiezo a hablar de fútbol, una parte de mis seguidoras femeninas dejan de leer al instante, en este caso ya intuyo a más de uno de mis lectores más sesudos meneando la cabeza y arrugando la nariz ante un tema que les parece frívolo y de segundo orden. Ningún asunto lo es para mí, si nos permite acercarnos con mirada crítica, ponerlo en contexto y analizar las implicaciones y las derivadas. El valor de este blog es la variedad y la capacidad de tocar toda clase de temas sin prejuicios ni valoraciones previas. Así que hoy vamos a hablar de lo que se llamó el nipplegate, traducido chapuceramente como pezongate, un nombre horrible que no he querido incluir en el título y con el que se dió en llamar a lo sucedido en la Superbowl de 2004, hace ya 16 años, cómo pasa el tiempo.

Cada año, la llamada Superbowl, la final del campeonato de Fútbol Americano, se celebra en febrero y se convierte en el espectáculo más visto del año, lo que le supone a la cadena CBS unos sustanciosos beneficios. El Fútbol Americano es un deporte salvaje, severamente desautorizado por la American Health Asociation, que todos los años deja un reguero de chavales tetrapléjicos o lisiados de diversas maneras truncando sus carreras por llegar a la élite. La Federación Americana de Football es algo tan yanqui como la Asociación del Rifle. En parte por suavizar el mal rollo que desprende el futbol americano, cada año contratan a los artistas de rock y pop más en candelero, para que amenicen el descanso intermedio, de apenas 15 minutos.

Este año han podido ver, si les ha interesado, a Jennifer López y Shakira. Todo el establishment y la prensa las han alabado de forma unánime: qué maravilla lo que hacen estas dos divas en favor de la valoración de la mujer y el empoderamiento femenino, oyes, qué mérito tienen ambas de conservarse tan bien y salir a darlo todo en el escenario. Etcétera. A mí la música que hacen estas dos señoras forradas de dinero no me gusta nada. La coreografía es meritoria, pero todo es un tour de force por enseñar el culo, moverse de forma espasmódica con posturas de stripper y mostrarse muy descaradas, al gusto del público masculino que abarrota el estadio ese día. Pero eso sí: dentro de los límites del llamado buen gusto. Oigan, que el show se emite en horario infantil de máxima audiencia y es lamentable que los niños puedan ver una teta; no pasa nada en cambio por que adoren a sus violentos ídolos, intenten emularlos luego en los equipos amateurs y algunos se desgracien de por vida.

Esos quince minutos de gloria son aprovechados por los músicos para dar la nota si pueden, conseguir que se hable mucho de ellos y relanzar sus carreras. En 2004, le ofrecieron el papel estelar a Janet Jackson, a condición de compartir escenario con el emergente Justin Timberlake. Y pasó lo que vamos a ver. Pero antes veamos quien era (es) Janet Jackson. Janet Jackson es la pequeña de la saga Jackson, hija número diez del manager de rock y guitarrista frustrado Joe Jackson, que sometió a la mayoría de sus vástagos a una presión continuada para que fueran estrellas y lograran el triunfo que él nunca consiguió. Joe Jackson era un auténtico negrero, valga la paradoja, y muchos de sus hijos salieron tocados, especialmente Michael, el más famoso. Ser un miembro de ese clan marca tanto como ser hijo de Lola Flores o la Pantoja.

Sin embargo, Janet fue siempre por libre. Más bajita que sus hermanos (1,62), regordeta y con una amplia melena crespa, Janet debutó en el show televisivo de su familia con siete años (nació en 1966). A la izquierda ven la imagen con la que aparecía en la versión japonesa de su disco de debut, con 16 años. Enseguida hizo todo por salirse del clan Jackson. Janet es una mujer inteligente, simpática, solidaria, temperamental y muy currante. Su tercer disco, de 1986 y titulado Control, fue un bombazo, se vendió como rosquillas y le permitió iniciar una carrera sólida y dilatada, alejada de su familia y haciendo lo que le gustaba: música bastante simple, muy rítmica, coreografías potentes muy influidas por las de su hermano Michael y una producción discográfica esmerada. Pero sus opiniones y su vida la han llevado siempre a ser una mujer de la calle, que se encuentra a gusto con el pueblo. Tal vez el vídeo que les pongo abajo muestra con claridad su personalidad, su simpatía y su gusto por la gente.


Este tipo de música y de danza, que ahora hace todo el mundo (hasta Rosalía), a finales de los 80 era innovador y rompía moldes. Janet fue una de las primeras en triunfar y crear tendencia. En paralelo, Janet ha estado siempre muy vinculada a la lucha contra el SIDA y a los movimientos LGTB, a los que lleva años donando grandes sumas de dinero. Ha llegado incluso a presidir una fundación dedicada a la investigación del SIDA. Sin embargo, también está implicada en movimientos a favor de la ropa de piel y los abrigos de toda la vida (lo que le ha valido el anatema de los grupos animalistas, como el archiconocida PETA), algo que puede parecer paradójico, pero que para mí demuestra que tiene su propia opinión y no hace las cosas por ser moderna sino porque es solidaria y activista por naturaleza. Su carrera le exigíó siempre un esfuerzo físico notable, para cuidar su figura, lo que le llevó a estilizar su imagen y a retocarse la cara, con algo más de fortuna que su hermano, aunque a mí me gustaba más de joven.

En 2020, a punto de cumplir 54 y con un hijo de corta edad, ha recuperado su pelo rizado abundante y su figura regordeta de los inicios, inducida por la edad y la maternidad. Su carrera sigue viento en popa, a pesar de cómo trataron de hundirla con motivo del incidente de 2004. En estos momentos tiene contratados conciertos multitudinarios por todos los arena de USA, desde finales de junio hasta primeros de septiembre, si el virus se lo permite. Con esta historia les quiero poner en suerte: Janet es la persona con mejor rollo de todo el clan Jackson y, cuando la contratan para la Superbowl en febrero de 2004, es ya una artista consagrada, con más de 20 años de carrera, en la cima de su éxito, con cinco Grammys en sus vitrinas y 20 millones de discos vendidos. Es decir que aquí es la Federación de Futbol quien se beneficia y se prestigia con su participación, y no al revés. Conviene tener claros estos aspectos.

Qué fue lo que sucedió. Pues abajo tienen el vídeo de la parte final del show. Ha habido un primer tercio de Janet, un segundo de Justin y ahora es la apoteosis del encuentro entre ambos. Janet carga con el peso de la actuación, con una coreografía espectacular, y le deja unos minutos finales al novato Timberlake, para que cante una canción suya de éxito, bastante estúpida, que se llama Rock your body y cuya última estrofa reza: hagámoslo mejor, que yo quiero tenerte desnuda al final de esta canción. Al decir eso, Timberlake le arrancó un trozo de vestido y dejó su pecho al aire una fracción de segundo, antes de que la escena fundiera en negro. Véanlo y seguimos.  


Al día siguiente no se hablaba de otra cosa en el mundo. 143 millones de telespectadores pudieron verle la teta a Janet Jackson, qué escándalo. A la hora de máxima audiencia, con niños y todo. Alguien se preocupó de medir cuanto había durado la exposición impúdica y determinó que el intervalo había sido de nueve dieciseisavos de segundo. Pero ya la prensa se ocupó de sacar fotogramas de la filmación para publicarlos y que la gente pudiera ver el desaguisado a gusto. Aquí dos de esas imágenes, una del momento exacto y otra justo de un instante después, antes de que se vaya la luz.



En la segunda de estas fotos, se les ve a ambos un tanto incómodos y apesadumbrados, lo que avalaría su versión del día siguiente: que todo había sido un fallo, un error. Que el idiota de Timberlake tenía que tirar de la parte negra, de cuero, pero pilló también el corpiño rojo. Que lo que habían previsto era que se llevara sólo la pieza de cuero, que era la que estaba debidamente descosida y sujeta con unos hilvanes. Nadie les creyó. Lo que llamaron un fallo de vestuario, se convirtió en motivo de cachondeo. Cada vez que pillaban a alguien en USA metiendo la pata, se decía que había tenido un fallo de vestuario, y todo el mundo se reía. Y enseguida, la gente culpa a Jackson y no le da demasiada importancia al papel de Timberlake. Es hombre y es blanco. Y estamos hablando de un mundo esencialmente machista, anterior al Me Too, en donde personajes como Harvey Weinstein pululan sin que nadie les moleste. La explicación estaba clara: ella había urdido el asunto (era una puta) y él había picado como un pardillo (era un hombre y los hombres, ya se sabe, había que disculparlo, pelillos a la mar). Al día siguiente, una llorosa Janet Jackson se disculpaba en público, seguramente aconsejada por su representante.


Pero no bastaba con eso. El escándalo es de proporciones planetarias y todo el mundo está muy ofendido, lo cual no deja de ser acojonante. En España, El inMundo encuentra un filón para su especialidad: rascar mierda y esparcir la inMundicia. Pueden ver el tratamiento monjil y paleto de la información de ese campeón del amarillismo (han de pinchar AQUÍ). Con gran escándalo y sin darse cuenta del ridículo que hacen, claman al cielo: la exposición de teta fue nada menos que de 2 segundos. Y encima llevaba un piercing en el pezón. El tipo al que ponen a escribir no distingue un piercing de una pezonera. La entrada Janet Jackson fue la que registró más búsquedas en Internet ¡de todo el año! Todo el mundo quería repetir la escena de marras, que se veía con poca nitidez. Recuerden que estamos en 2004, un mundo sin Youtube, ni Facebook, ni Twitter, ni Instagram, ni TDT, ni 5G. Hace sólo 16 años, pero es la prehistoria en cuestión de redes sociales.

¿Todo ese pollo por la exhibición de menos de un segundo de un pezón cubierto con una pezonera? ¿No les parece extraño? Hoy con la perspectiva del tiempo, cualquiera puede deducir que la cosa se sacó de quicio interesadamente. Y fue el propio gobierno quien atizó el fuego. El presidente de los USA es por entonces George Bush hijo, a poco menos de nueve meses de presentarse a la reelección y en ese momento con la popularidad realmente por los suelos, tras descubrirse que las famosas armas de destrucción + IVA de Sadam Hussein eran un cuento chino que había servido de excusa para montar una guerra absurda, sin permiso de la ONU y de resultados desastrosos. Era febrero y los sondeos mostraban por delante al casi seguro candidato demócrata John Kerry, que finalmente perdería. Y Bush ve una oportunidad de dar un puñetazo encima de la mesa con el asunto del nipplegate, o pezongate. La propia señora Bush, que nunca decía nada, se descuelga con unas declaraciones demoledoras en las que concluye: esto ha sido lamentable, no queremos que nuestros niños vean cosas como esa.

La Federal Communication Commision (FCC), que regula los contenidos audiovisuales en los diferentes medios, estaba entonces presidida por Michael Powell, hijo del general Colin Powell, el asesor militar de Bush, o sea, casi como si fuera de la familia. La FCC decide imponer una multa a la cadena CBS de 550.000 dólares, una de las más altas de su historia. La FCC consideró que la cadena estaba al tanto de lo que tramaban ambos cantantes y que era responsable subsidiaria del fallo de vestuario. Como es natural, la CBS recurrió la multa y consiguió que un tribunal estatal les absolviera, por entender que una imagen de 9/16 de segundo es fugaz y por tanto no puede dañar la sensibilidad de nadie. La FCC recurrió al Supremo y el asunto se enzarzó en un interminable procedimiento de ida y vuelta. Según mis noticias, la CBS no pagó nunca la multa. Pero daba igual, Bush había sido reelegido y lo demás era accesorio.

Powell junior aprovechó para llevar a aprobación del Congreso una especie de Ley de Censura, que recortaba contenidos y establecía que las emisiones en directo se emitirían con unos segundos de retraso para dar tiempo a eliminar contenidos perversos que les quisieran colar. Durante años la Superbowl contrató para sus intermedios a artistas masculinos, como los Rolling Stones o Paul McCartney, seguros de que no enseñarían la polla. Todo cambió con este incidente minúsculo hipervalorado. Janet Jackson vio cómo su carrera se hundía, aunque finalmente logró reflotarla con trabajo, tesón y calidad. Sus canciones se eliminaron fulminantemente de las radios-fórmula y del hilo musical. Cancelaron su participación en festivales y perdió contratos publicitarios. Y llegaron los Grammy de ese año. Jackson y Timberlake estaban invitados desde antes del incidente. Pero la organización les exigió disculparse previamente en público, dejando claro que ni la CBS ni la MTV, productora del evento, sabían nada. Timberlake accedió y fue invitado. Janet se negó. Sostuvo su versión de que todo había sido un accidente y dijo que uno no debe disculparse por un hecho accidental. Ella lo había hecho una vez, sometida a grandes presiones, pero no tenía intención de repetirlo. Y se quedó fuera. 

Durante al menos diez años, Janet tuvo que aguantar que el tema fuera mencionado en todas las noticias sobre ella y se le preguntara al respecto en todas las entrevistas, además de soportar las bromas acerca del fallo de vestuario. ¿Y cómo iba el mundo evolucionando? Pues aparecen las redes sociales, como Instagram, que establecen unas condiciones de censura cada vez más circunscritas al pezón, porque nada impide publicar fotos de escotes ni tampoco aquellas de tops mínimos en las que se enseña la parte de abajo de las tetas. ¿Realmente se merece tal inquina esta parte mínima de la anatomía femenina, que además los hombres mostramos sin pudor? Es el absurdo del puritanismo made in USA. La cosa es tan ridícula que hasta ha surgido un movimiento que se llama Free the Nipple, que sus seguidoras apoyan mostrando un pezón y al que se han adherido numerosas actrices famosas. Y el uso de pezoneras por las famosas en eventos públicos se normalizó hace tiempo. Vean abajo cómo apareció hace 2 años la cantante Nicky Minaj en un desfile de moda en París.


Un penúltimo tema. ¿Qué fue lo que sucedió realmente en aquella noche de 2004? Hombre, una cosa es que a mí Janet me caiga bien y Timberlake me parezca un gilipollas, como ha quedado acreditado en este texto, pero eso no quiere decir que me chupe el dedo. Tengo claro que ambos lo planearon de acuerdo. Imagínese usted, querido lector, en una situación como esa. Tiene que tirar de una pieza de cuero negro preparada para ser arrancada. Debajo hay un sujetador rojo de marca que no debe tocarse (según la excusa de ambos). Es imposible que usted arranque accidentalmente ambas piezas. Vamos, que eso no le pasa ni a Arnold Schwarzenegger. La disculpa del fallo de vestuario es intragable. Además, debajo había un pezón cubierto con una pezonera, indicio inequívoco de premeditación. Yo creo que ellos quisieron ir unos milímetros más allá de lo permitido y lo prepararon con sumo cuidado. La luz se tenía que ir enseguida para que el pezón de Jackson no se viera más que la entrepierna de Sharon Stone en Instinto Básico. Nunca pensaron que se armase semejante pollo. Y el mundo les dejó solos. Finalmente, Timberlake agachó la cabeza y pudo seguir su carrera normalmente. Janet mantuvo el orgullo y se tragó ella sola el marrón.

Algunos periodistas hicieron investigaciones por su cuenta y publicaron algunos datos, que avalan esta teoría. El sastre de Janet, un ecuatoriano llamado Marcelo Garzón, confesó que la cantante le había pedido hacer ciertas modificaciones en su vestido de cuero de marca. Se le preguntó en qué consistían esas modificaciones. Respuesta: perdone, eso es confidencial. Luego está Biryah Dailey, propietario de un oscuro negocio de tatuajes y joyas alternativas. Este pájaro declaró que unos días antes, un tipo que se identificó como estilista de Janet, entró en su tienda y le pidió ver pezoneras punk de orfebrería, (que no son piercings, sino adhesivos). Que escogió una pieza y la compró. Que, cuando se iba, le dijo que no se perdiera la actuación de su jefa, que tenía sorpresa final (y le guiñó un ojo). Y que todavía estaba esperando que viniera a llevarse la pieza compañera, porque las pezoneras se venden por pares y el tipo se había llevado sólo una. O sea, verde con asas (aunque cabe la posibilidad de que el pájaro se haya inventado todo esto para darse pisto).

Los coreógrafos declararon a la prensa que en los ensayos previos, lo que Timberlake le quitaba era la falda, dejando las piernas al descubierto. Y años después, Michael Powell, el hijo del general, fue entrevistado al respecto y dijo dos cosas de interés. Una, que pensaba que se había sido muy injusto con Janet Jackson. Dos, que en su fuero interno estaba convencido de que había mucha más gente al tanto de lo que iba a suceder, que los cantantes no eran los únicos que lo sabían, que en el mundo del espectáculo no es creíble que ambos artistas hubieran preparado eso sin que lo supiera nadie más. Pero todo el mundo escurrió el bulto y Janet fue la cabeza de turco, utilizada para invertir las encuestas de popularidad de Bush.

Pero esta historia tiene un estrambote (ya anticipado en el título del post). Porque entre los que se quedaron sin ver la Superbowl 2004, estaba Jawed Karim, un joven ejecutivo de la empresa Paypal, pionera del pago por Internet. Este chaval, que tenía entonces 25 años, y la hormona a tope, como todos a su edad, se pone a buscar la escena de la teta por toda la red (esa red prehistórica de la que hemos hablado) y no consigue verla con la nitidez que le pide su hormona desbocada. Decide entonces filmar una captura directa de la televisión y subirla a una página Web. Y empieza a registrar visitas por centenares. El resultado es tan bueno, que, con un par de colegas que saben de informática, Steve Chen y Chad Hurley, organizan una plataforma exclusivamente dedicada a publicar y compartir vídeos. Y bautizan a esa plataforma YouTube. El primer vídeo que publican, es una visita del propio Jawed al zoo de San Francisco, 18 segundos. Pueden verla abajo.


Menuda tontería la que dice: estoy delante de los elefantes, pero lo que realmente, realmente importa es que tienen unas trompas muy grandes y eso mola. Y es todo lo que tengo que decir. Por cierto, el segundo vídeo publicado en Youtube fue el de un snowboarder que trata de salvar un obstáculo y se pega la costalada padre. Hoy en día, Youtube es la plataforma que más visitas recibe del mundo (si exceptuamos, lógicamente, a Google), muy por delante de Facebook, Twitter y las demás. Los tres chavales vendieron en 2006 la plataforma al gigante Google a cambio de 700 millones en acciones de la propia compañía. Jawed tiene ahora 40 años y vive como un cura. No parece que vaya a ser un problema para él aislarse del coronavirus en su mansión. Pero ya ven que todo empezó con una teta mostrada en TV, intencionadamente o no. Cuídense mucho, porfa.

lunes, 23 de marzo de 2020

923. CC4. Como hormigas en un hormiguero atacado a pisotones

Ustedes lo han hecho alguna vez de niños, y tal vez también de mayores: ver un hormiguero que de pronto invade nuestro jardín o el lugar donde pretendemos sentarnos a descansar de una caminata, y emprenderla a pisotones asesinos. En segundos, las hormigas se transmiten el mensaje de peligro y de pronto ya no hay ninguna a la vista: todas se han refugiado prudentemente en sus casas y esperan a que pase el ataque. Pues eso es lo que hemos hecho nosotros. Como hormigas en un hormiguero atacado, nos hemos recluido en nuestras madrigueras. Y esperamos. Hoy es mi día número 11 de reclusión, si bien, el día 1 salí a correr por el Retiro y luego me corté el pelo. Desde entonces he salido un par de veces a aprovisionarme de comida.

La diferencia con las hormigas es que nuestras madrigueras están sorprendentemente bien equipadas y llenas de entretenimientos potenciales. Por ejemplo la mía. He hecho deporte un par de veces en serio. No me refiero a la payasada que reflejé en mi último videoselfie. Alguien que sepa de running (y ustedes llevan siete años aprendiendo del tema en este blog), habrá observado que mi forma de pisar en esa filmación no es de fondista, sino de velocista, en permanente esfuerzo de impulsarse sobre el suelo. Lo que pasa es que esa es una pisada más plástica, que queda mejor para presumir. También daba muchas vueltas en la parte barrida por la cámara, para evitar esos vacíos que mi amiga África interpretó como que aprovechaba para pasar por la nevera. Es que si hubiera grabado lo que hago de verdad, sería muy aburrido. Ese día, repetí mi actuación cuatro veces, hasta que quedó a mi gusto y con la música sincronizada. Resultado: acabé agotado y al día siguiente tenía agujetas en los gemelos.

Sin embargo, lo que he hecho ya dos veces durante el encierro es repetir mi rutina de El Retiro, pero dentro de casa y por el recorrido más largo posible. Es decir: 8 minutos de calentamiento, unos 15 de estiramientos, 30 minutos de carrera continua, una tanda de abdominales y un rato de pesas. Después, una ducha y a vivir. No me pongo música para esto, la llevo en la cabeza. Hay varios rocks que sirven para el ritmo que puedo llevar dentro de casa, que es algo más lento que el de El Retiro, para evitar el riesgo de tropezarme con algún mueble y caerme, lo que, en estas circunstancias sanitarias, sería auténticamente desastroso. Por ejemplo, el último día llevé todo el rato en la cabeza el Jailhouse Rock de Elvis Presley, el archiconocido Rock de la Cárcel. Es una canción de los míticos Leiber y Stoller que constituyó el tema central de la película del mismo nombre y que fue grabada nada menos que en 1957. Les pongo un vídeo que ya traje al blog hace una eternidad, pero que no tengo inconveniente en repetir. Véanlo en pantalla grande. Merece la pena.  



Hace 53 años de esto y ya ven que ahí estaba todo. Por cierto, los autores Leiber y Stoller, responsables también de maravillas como Stand by me, Hound Dog, Kansas City y otros cientos de canciones, están hoy de actualidad. En concreto Mike Stoller, porque Leiber se murió en 2011. Mike Stoller tiene 87 años y está vivito y coleando, lo que no ha impedido que estos días, los cabrones que imaginan y difunden fake news hayan publicado la noticia de su muerte por coronavirus. Ha tenido que salir su familia a desmentirlo, como pueden comprobar en ESTA información de hoy mismo. Y volviendo al hilo del post, los que tengan un poco de oído musical habrán captado que el ritmo del Jailhouse Rock es mucho más lento que el de Led Zepelin que utilicé en el videoselfie y que me dejaba agotado a los tres minutos.

Más entretenimientos para el tiempo infinito de la reclusión. Mi jefa y algunos de los miembros del equipo tenemos un grupo de Windows Team, con el que mantenemos un chat que tenemos abierto toda la mañana, además del correo electrónico y el grupo de Whatsapp. Con esa triple herramienta nos podemos enviar documentos, corregirlos y devolverlos, o generar otros nuevos, incluyendo planos e imágenes. Eso nos permite seguir trabajando on line. Mañana tendremos una call conjunta con Londres y Nueva York para tomar decisiones respecto a los plazos y condiciones de Reinventing Cities 2. En la medida de lo posible, seguimos ocupados. También les diré que el Club Billar de Letras está montando una sesión on line a través de la plataforma Zoom, que es la misma que yo uso para asistir a los webinars que organiza mi amigo Flavio Coppola, ahora desde Nueva York, ya no más desde San Francisco, donde yo lo conocí. Tendremos en directo a Andrés Neuman, desde Granada, y a su editor, el gran Juan Casamayor, para hablar de Anatomía Sensible.

Además tengo las siete temporadas de Los Soprano (ya me estoy acabando la segunda) y estoy aprovechando que tengo más tiempo de lectura disponible, para atacar la Micropedia del mexicano Ignacio Padilla, de la que ya se habló en el blog. Y, por si no fuera bastante con esto, he recuperado el gusto por cocinar. Ya les expliqué cómo hacer unas buenas lentejas. El otro día me hice un curry de pollo Madrás sui géneris, que me salió bastante rico. La receta es fácil. Basta tener un curry de calidad y un paquetito de semillas de sésamo, o ajonjolí, como se le llamaba en mi casa. También hay que tener media pechuga de pollo, a ser posible de corral. Se trocea en daditos, y se reboza en el curry en un tazón, dándole vueltas para que se impregne bien y se macere. Eso se hace un rato antes de empezar a cocinar. Luego se pone al fuego, con un poco de aceite de oliva del bueno y se rehoga un buen rato con una cuchara de palo. Ahí se echa el ajonjolí por encima y sal a gusto, se dan unas vueltas más para que se haga y luego se le añade nata líquida y se deja a fuego lento hasta que espese.

Se toma con arroz, a ser posible del largo local, o del indio basmati. El arroz se puede hacer al estilo indio, directamente cocido con sal y escurrido, o bien a la valenciana, como me enseñó a hacerlo mi madre, dorando primero un ajo, añadiendo el arroz, rehogándolo un poco y luego añadiendo dos veces y media de agua y bajando el fuego. Cuando el agua se ha ido del todo y la base no ha empezado a quemarse, el arroz está en su punto. He de decir que esta vez hice una heterodoxia, porque al momento de echar la nata líquida al curry, caí en la cuenta de que no tenía, con lo que tuve que improvisar. Se me ocurrió mezclar un yogur con leche y batirlo bien. En vez de un curry Madras me salió más bien un Jalfrezi, pero estaba de rechupete. Hoy me he hecho una merluza a la gallega, cuya receta ya les explico otro día.

Ven que no me lo paso mal. Y algunos lectores me han dicho que cómo puedo estar tan contento con la que está cayendo. Que yo esté bien no quiere decir que sea insensible a lo que está pasando fuera de mi refugio. Estamos en pleno pico, la gente se está muriendo y yo ya he tenido varias bajas cercanas, como una compañera del grupo de senderismo y el padre de un amigo mío. También tengo otros amigos ingresados, en diferentes grados de gravedad y hasta uno ya dado de alta. Es terrible, pero yo me he propuesto continuar este blog al ritmo habitual de los últimos tiempos, para ayudar a mis lectores a mantener el ánimo. Y también para mantenérmelo a mí mismo. Pero soy consciente de lo que está pasando afuera y no puedo evitar sentir una cierta congoja. Me llegan fotos de las ciudades vacías de todo el mundo. Imágenes de la desolación. He seleccionado algunas para ustedes. Empezamos por Times Square. NY.


Una imagen nocturna y desolada de otra calle neoyorkina. Es el cruce de la calle 44 con la 8ª Avenida.


Aquí el puente de Brooklyn, habitualmente abarrotado de gente. Hay niebla en NY estos días.


Una calle del barrio de Fulton Market, la zona más hipster y bulliciosa de Chicago, de la que se habló en el blog.


Exterior del Walt Disney Concert Hall, de Los Ángeles, no hace falta que les diga quién es el arquitecto.


Una de las míticas playas de Miami.


El paseo de borde de otra playa legendaria, la de Ipanema, en Río de Janeiro.


Una imagen de Venecia.


Y las Ramblas de Barcelona.


Y ahora vamos con las de Madrid. Empiezo por la plaza de Las Cortes, a 5 minutos de mi casa.


El arranque de la Gran Vía.


La calle Toledo, desde la Plaza Mayor.


Preciados, normalmente la calle más concurrida de la ciudad.

La Puerta del Sol.


Y la Plaza Mayor, sin turistas ni terrazas.


Es imposible que a uno no le entre una cierta angustia con estas vistas. El jodido virus nos ha golpeado donde más duele. Tenemos que resistir, hasta que se le consiga doblegar. A la gente le preocupa el cumplimiento de los plazos, de los calendarios, de los programas. Que hacer con la Liga, y con las Olimpiadas y con los Presupuestos del Estado y con los diferentes procesos políticos y con las Elecciones USA. Pero todo eso son constructos, creaciones de la mente del ser humano para pautar el transcurso del tiempo. Y el tiempo ahora no corre. Yo propondría que nos tomásemos un año sabático colectivo, que borrasemos todo lo ocurrido y le quitáramos un año al calendario y a la Historia, como si esto no hubiera sucedido nunca. Que las próximas Navidades vuelvan a ser las de 2019, para que empecemos de nuevo este año sin el maldito virus. Podría ser una opción a considerar, si no fuera por la economía y la necesidad de contar con ella para recuperar nuestras vidas. Y los muertos.

A veces se puede tener nostalgia de algo que no ha sucedido. Yo tenía el sueño de encontrarme en Rotterdam con mi amiga Tantri y ahora no sé dónde está. Habíamos reservado un fin de semana para pasarlo juntos, ya teníamos pensado hasta el restaurante en donde íbamos a cenar el sábado. Lo último que supe de ella es que le habían cancelado abruptamente la residencia en Holanda, que estaba buscando vuelos de vuelta a su tierra y que estaba aterrorizada, porque pensaba que en Indonesia las condiciones higiénico-sanitarias son peores que las de Holanda y al mismo tiempo temía volver allí contagiada y pegárselo a su familia. Nuestro encuentro ha quedado pospuesto indefinidamente y a mí me invade la nostalgia cuando pienso en ese sueño que no llegó a cumplirse. Porque se puede echar de menos algo que no ha llegado a suceder, se puede sentir nostalgia de una ilusión, igual que se puede recordar un sueño. Así lo dejó grabado el gran Otis Redding, un artista muy adecuado para momentos intensos y excepcionales como estos. Con esta canción se abría su album póstumo El Inmortal Otis Redding, de 1968. Cuídense mucho y resistan. Hagan como los  del Dúo Dinámico, que aguantan lo que les echen.



viernes, 20 de marzo de 2020

922. CC3. La Ciudad Amurallada de Kowloon

A día del Señor de 20 de marzo, continúo sano y asintomático, a Dios gracias, locución adverbial valorativa que, viniendo de un agnóstico como yo, no deja de tener su mérito. Doy por cumplido el período de seguridad de 14 días en relación tanto con el Meet Up, como con la visita a la fábrica CLESA. A partir de dicha visita, dejé de saludar efusivamente a los amigos y amigas que me iba encontrando, lo que me deja por asegurar únicamente mi ocurrencia de cortarme el pelo el día 13, respecto de la cual tampoco tengo por ahora noticia de que mi amigo Jurgen esté afectado por el bicho ese que no me da la gana de nombrar, coño, que ya está bien de putearnos y acosarnos de esta manera, hombre, que no hay derecho. Lo cierto es que, estuve dudando si cortarme el pelo o no, como les dije, y al final creo que me decidió la idea de que, si tiene que venir la bruja de la guadaña, por lo menos que me pille bien peinado. Sigo, pues, tocando madera y encomendado a los sanbenitiños ya reseñados.

Diríase que, como Humanidad, hemos pisado mierda, o nos ha cagao el cigüeño, que de ambas maneras se puede expresar esta calamidad colectiva que sufrimos. Y no lo digo por mí, que estoy en una casa agradable, no tengo frío, tengo comida, televisión, WiFi, las 7 temporadas de Los Soprano, libros en abundancia y sobre todo: papel higiénico. No creo que deba quejarme de mi situación de encierro, sino al contrario. Así que, según lo prometido, hoy voy a tirar de stock y dedicar este tercer Cuaderno de la Cuarentena a un asunto que no tiene nada que ver con nuestra circunstancia presente, para ayudarles a pasar estas interminables horas de clausura, brindándoles un simple entretenimiento y un poco de información sobre una historia realmente singular y única, de la que les supongo bastante in albis; no me irán a decir ahora que habían oído hablar antes de la Ciudad Amurallada de Kowloon. ¡Anda ya! que diría mi amiga África.

Empiezo por decirles que Kowloon es una parte de la región autónoma china de Hong Kong, un territorio organizado bajo el lema one country, two systems. Un país (China), dos sistemas: el autoritario que rige la casi totalidad del inmenso estado chino y el democrático por el que se gobierna Hong Kong, herencia de los años de dominio británico, finalizados en tiempos de la señora Thatcher, que acordó con el Partido Comunista Chino la devolución de esta colonia a condición de que se les respetaran a sus ciudadanos sus derechos y su sistema de vida. Desde entonces, China les observa con desconfianza y trata de reducir su libertad con recortes solapados, que son rápidamente contestados en las calles por la llamada revolución de los paraguas. Esa región autónoma china se compone de tres partes: la isla de Hong Kong, la península de Kowloon y los llamados Nuevos Territorios, que circundan Kowloon, constituyendo con ella la parte continental de esta ex-colonia, a la que fueron incorporados a partir de 1860, unos 20 años después de que el Imperio Británico se quedara con la isla como resultado de su victoria en la primera Guerra del Opio.

Fue esta una zona convulsa durante años, por las guerras del opio y los conflictos chino-japoneses. El ejército imperial nipón tomó Hong Kong el mismo día del ataque de Pearl Harbour y lo mantuvo bajo su dominio hasta el final de la Guerra Mundial, momento en que los ingleses se apresuraron a recuperarlo. Por entonces ya era un centro financiero de primer orden con una prestigiosa universidad y una Bolsa de Valores de las más potentes del mundo. Hoy en día Hong Kong es una urbe pujante de siete millones y medio de habitantes, distribuidos entre la isla, donde los precios inmobiliarios están por las nubes, y la ciudad continental de Kowloon, donde la vivienda es más asequible y hay excelentes conexiones de transporte público con el centro financiero que sigue estando en la isla. Los Nuevos Territorios tienen una densidad baja, con bastante espacio libre, que sirve de colchón con la gran urbe de Shenzhen (12 millones de habitantes) que los chinos promocionan y cuidan para que sea un escaparate en el que los hongkoneses vean la maravilla de mundo que el Partido ha logrado construir. Estas urbes-escaparate frente a mundos diferentes, son frecuentes en la historia y en la idiosincrasia del ser humano: Berlín occidental, frente al oriental, San Diego frente a Tijuana, Nador frente a Melilla.

En este contexto se sitúa la ciudad amurallada de la que les hablo. El origen fue un pequeño fuerte construido en torno al año 1000, para proteger el comercio de la sal de los ataques de los piratas, bastante frecuentes en esa época. Sobrevivió como tal durante casi un milenio. Era un puesto militar mínimo, alrededor del cual, en 1810 se empieza a construir una muralla para protegerlo. Cuando China pierde la primera Guerra del Opio, se acentúa la necesidad de completar esa muralla que separaba el pequeño fuerte de la isla de Hong Kong, que había pasado a propiedad del Imperio Británico. La muralla se termina en 1847. Pero siguen desarrollándose guerras y conflictos y, en 1898, el emperador chino de turno se ve obligado a ceder a Gran Bretaña los territorios continentales de los que les he hablado: Kowloon y los Nuevos Territorios. ¿Todos? No, señor. Lo han adivinado. En medio de estos territorios que se incorporan al Imperio, queda la ciudad amurallada de Kowloon, como un pequeño enclave que se mantiene bajo dominio chino. Una especie de grano o verruga minúscula en medio del cuerpo que se cede a la corona británica.

Y aquí empieza la singularidad de la historia. Estamos a comienzos del siglo XX. Un territorio amurallado de unos 200x100 metros, y con unos 700 habitantes, se convierte en un cuadradito minúsculo de soberanía china, en medio de una colonia británica. La población sigue creciendo moderadamente, pero entonces llega la Segunda Guerra Mundial (les estoy haciendo un repaso apresurado de una historia que podría dar para un libro). Los japoneses están sólo cuatro años, pero ya saben ustedes que son laboriosos y cabezotas. Entre sus proyectos estaba la construcción de un aeropuerto, erigido en una especie de espigón ganado al mar. Y, como no tienen otro material a mano, se dedican a desmontar la muralla de Kowloon para usar sus sillares como base de su nuevo aeródromo militar que, por cierto, subsiste en la actualidad.

Termina la guerra, los ingleses recuperan el dominio de su colonia y la antigua ciudad amurallada pasa a encontrarse en un limbo administrativo y físico: los chinos ya no la quieren, bastante ocupados están en su incipiente guerra civil entre los nacionalistas del Kuomintang, liderados por Chang-Kai-Shek y los comunistas de Mao. Y los ingleses no le dan prioridad, porque no es formalmente suya y tienen mucho que reconstruir en los barrios que les pertenecen según los tratados firmados. Y todo eso le sucede a este antiguo asentamiento sin su rasgo distintivo: su muralla, desaparecida para siempre. Es una ciudad amurallada sin muralla. Algo así como un molusco sin concha. En adelante, a la Ciudad Amurallada de Kowloon la vamos a llamar CAK, por abreviar. Es hora ya de ver un par de fotos. La primera  es de 1898, cuando no había ni muralla. Es la entrada del pequeño fuerte original, que se llamaba el Yamen, tomada desde el lado de la isla de Hong Kong.


La segunda imagen es de 1933. El Yamen aparece ya rodeado de algunos edificios, y en el centro pueden verse los cañones del fuerte original, inservibles pero convertidos en monumento, como tantos que hemos visto en diversas ciudades (como La Coruña). 


Nos habíamos quedado en que después de la Segunda Guerra Mundial, la CAK se convierte en realidad en una especie de tierra de nadie. Para quedar bien, Chang Kai Shek la reclama y los ingleses dicen que no la sueltan, ambos con la boca pequeña. Lo cierto es que el lugar queda dejado de la mano de Dios, nadie se ocupa de ello y empiezan a llegar refugiados chinos que huyen de las diferentes desgracias y guerras, con la esperanza de que un día el estado chino los ampare y los legalice. Es como un núcleo de chabolas a lo bestia. Este lugar sin ley ni autoridades atrae a las mafias chinas más peligrosas. Se instalan allí dos de las más poderosas triadas: la 14K y la Sun Yee On, formadas por antiguos combatientes del Kuomintang, desertores, mercenarios, etc. La CAK se convierte en una ciudad sin ley, como las del Oeste. Y se llega a un ten-contén: la antigua muralla ha sido sustituida por una calle perimetral. Cada vez que alguien hace una pequeña construcción o campamento al otro lado de la calle, vienen los ingleses y la arrasan. Pero al interior no hay policía que se aventure. 

Y el núcleo, que equivale a unos cuatro o cinco campos de fútbol, empieza a crecer en altura y en densidad. La gente construye encima de las antiguas edificaciones, sin licencia ni condiciones de seguridad. Se dice que el tinglado se mantiene en pié porque unas casas se apoyan en las otras. Pero se llegan a alcanzar alturas de hasta 14 plantas, manteniendo las calles de apenas un metro. Resultado: el lugar se convierte en la ciudad de la oscuridad, en la que el sol sólo llega a las azoteas. Allí se instalan bingos y casinos ilegales, fumaderos de opio, puticlubs, casas de apuestas, talleres de falsificación de billetes, venta de todo tipo de drogas y también de armas. Y bares y restaurantes infectos, donde se sirve carne de perro y otras exquisiteces. Desde 1948 hasta los primeros 70, esa fue la situación. En las guías de Hong Kong se recomendaba encarecidamente a los turistas que ni se acercaran por allí. Un reportero de guerra de estos que se meten en los sitios de más riesgo, entró en su interior, tomó fotos y dijo que le habían impresionado mucho la oscuridad, la suciedad y la ausencia total de perros y gatos, que ya saben ustedes lo que significa. Vamos con más fotos. Para empezar una vista aérea oblicua del lugar, en donde se puede ver el gran desarrollo urbanístico de la ciudad de Kowloon, que está ya cercando la CAK. El hueco que ven en el medio corresponde al antiguo Yamen.


Y aquí una vista nocturna y una de las fachadas.

 

En términos urbanísticos, la ciudad tenía una extensión de unas 2,6 hectáreas, y se dice que llegaron a vivir, o malvivir, allí en torno a 50.000 personas. Eso supone una densidad cercana a los 2 millones de habitantes por km2, sin duda el record mundial de densidad de un asentamiento humano de toda la Historia. Han de tener en cuenta que el lugar obtenía agua y electricidad de manera ilegal, con ocho enganches a la red exterior de agua, que de vez en cuando eran cegados por las autoridades y vueltos a abrir más allá unos días después, y otro tanto con la electricidad, el teléfono, etc. Todo eso organizaba marañas de tuberías y cables aéreos que ocultaban aun más la luz del sol. Eran frecuentes también los fluorescentes alimentados con generadores individuales de gasoil. En todo el barrio no había un solo contador de agua o luz. Y, por supuesto, tampoco había alcantarillado ni servicio de limpieza. Los de arriba barrían hacia abajo, eliminaban la mierda por el sistema ¡Agua va! y seguramente alimentaban a ratas como conejos. Veamos algunas vistas del interior.




En esta última pueden ver a un tipo que ha conseguido subir a la azotea a tomar el sol. Este era un mundo en el que uno podía subir o bajar por escaleras de una casa a otra sin salir a las calles circundantes.

En los años 70, las autoridades de Hong Kong deciden intervenir, porque el lugar se ha convertido en el centro de la delincuencia regional, que luego opera por todo el distrito financiero y los barrios más acomodados de la isla, lo que asusta al turismo. A partir de 1973 se organiza una ronda de redadas, comandadas por una especie de GEOs, que realizan más de 3.000 operaciones, logrando que las triadas abandonen el lugar. Se llega entonces a una especie de armisticio, porque en el lugar sigue gente que no se quiere ir. Hay que decir que las familias vivían en cubículos de unos 20 metros cuadrados, formados por un salón-comedor-cocina y unas cuantas alcobas minúsculas, un estándar, por otro lado, bastante frecuente en Hong Kong, incluso hoy. Mi hijo Kike fue a visitar a un amigo que había estado de Erasmus en Rotterdam con él (o sea, de familia de clase alta) y se tuvo que buscar un hotel, porque en su casa no cabía ya nadie más.

A partir de 1975, las mafias abandonan el lugar, pero subsisten las demás fatalidades: la falta de higiene, la falta de agua, luz y alcantarillado, los edificios que corren un riesgo serio de ruina, apoyados unos con otros. Más el riesgo que supone que la gente sigue intentando construir más habitáculos hacia arriba, afectando a la seguridad de las rutas de vuelos (el aeropuerto está al lado) y aumentando el propio riesgo de derrumbe. Allí vive una población que tiene pequeñas fábricas y negocios y además se instalan clínicas abortistas ilegales en condiciones de espanto, y dentistas sin título, a los que viene gente de las regiones más próximas de China por sus precios de risa. Pero se les empieza a mejorar el suministro de agua y luz, al tiempo que entran organizaciones humanitarias, iglesias y ONGs que trabajan por mejorar sus condiciones. Algunas imágenes más. En la de abajo pueden ver a la izquierda los cañones originales del Yamen, guardados de cualquier manera. Seguramente habría sido imposible sacarlos del lugar, por su peso y por lo angosto de las salidas posibles. Así que mejor ponerles encima los bidones de pintura.




A pesar de esas mejoras, la CAK es una ruina y un foco de insalubridad en un mundo cada vez más avanzado e higiénico. En 1984, los gobiernos chino e inglés alcanzan un acuerdo para eliminar este lugar del mapa. Se aprueba un plan para proveer de indemnizaciones y nuevas viviendas a los habitantes del asentamiento. Por primera vez se hace un censo, que recoge a 33.000 habitantes con derecho a realojo, el resto no se sabe si eran ilegales y salieron pitando, o bien la cifra de 50.000 era una leyenda. Como suele suceder en estos casos, la mayoría de los censados aceptó la indemnización y el realojo. Una minoría se negó y hubo que sacarlos a hostias. La demolición, una vez desalojado el asentamiento, empieza en marzo de 1993 y termina más o menos un año después. Por cierto, antes de empezar la demolición se rodaron en este escenario único dos películas: una de Jean-Claude Van Damme y otra de Jacky Chan. Aquí una imagen de los trabajos de demolición.


En abril de 1994, se da por finalizada la demolición y se aprovechan parte de los escombros para servir de base a un parque que, en un alarde de imaginación onomástica, se bautiza como el Parque de la Ciudad Amurallada de Kowloon. Cuando el 1 de julio de 1997, la señora Thachter hace entrega de la colonia de Hong Kong a la administración china, en calidad de región autónoma, la ciudad de Kowloon cuenta con un parque casi nuevecito. En una esquina, un pequeño monumento muestra la maqueta de la ciudad que precedió a ese parque y que le da nombre. Si un día viajan a Hong Kong, no dejen de visitarlo. Les voy a dejar con unas imágenes de despedida. Un trozo del parque, el Yamen reconstruido, con sus cañones recuperados, y el monumento a lo que fue el barrio. Si no sabían nada de esta historia, supongo que les habrá resultado interesante. Y en cualquier caso espero haberles distraido un rato de las cifras de muertos y contagiados. Cuídense y manténganse sanos. Take care and keep safe, que decimos los políglotas.