viernes, 31 de diciembre de 2021

1.111. El año de los portentos

Por primera vez en mucho tiempo, he logrado una velada de Año Nuevo completamente solo, aleluya. Estoy aquí como un cura, llevo todo el día leyendo, me he dado un paseo por el Retiro, he comido unos restos, he mandado guasaps a todos mis contactos, me he duchado y me pongo ya a escribir un post para ustedes, con la idea de que tengan lectura para la jornada de descanso de mañana. Esta noche, me haré dos huevos fritos con patatas fritas, la cena preferida de mi padre, que además nunca decía huevos con patatas, sino la expresión correcta y completa que les he escrito arriba. Me los haré sin prisas en cuanto acabe este texto y me los comeré con una milnueve, que es como se llama en Galicia popularmente a la cerveza Especial Rivera, de Estrella Galicia, un manjar de dioses. Ya ven en esta imagen como la propia botella incluye la denominación popular.

Me prepararé de entrante unas aceitunas de Camporreal y me las tomaré con un vermú Zecchini, que a pesar de su nombre se fabrica en la Comunidad de Madrid igual que las aceitunas. Y, como una concesión al festejo estacional para celebrar que el sol ha dado la vuelta en su camino alrededor de esta Tierra de nuestros pesares (que los terraplanistas creen plana), pues me comeré las consabidas doce uvas que he bajado a comprar a media tarde al Alcampo, una cadena que no cierra ningún día del año y explota indecentemente a sus empleados haciéndoles estar ahí en un día como hoy, vendiendo uvas sin hueso a los rezagados como yo. Todo en aras de guardar ya mi agenda Moleskine del año pasado y estrenar la nueva, que esta vez me la he comprado roja y ya ven qué nuevecita está.

Hace un año afrontábamos estas fechas moderadamente esperanzados en que más o menos en verano alcanzaríamos esa nueva normalidad que se nos prometía, sin ser conscientes de que la denominación era extraordinariamente precisa: es una nueva normalidad, no es la de antes; la de antes era la vieja normalidad y esa parece que nunca la volveremos a lograr, si bien hemos llegado a una especie de modus vivendi, consistente en hacer como si. Hacemos como si no tuviéramos problemas laborales. Hacemos como si no hubiera crisis económica. Hacemos como si estuviéramos muy contentos.

Y, por supuesto, hacemos como si no hubiera virus, como si todo fuera una pesadilla de la que se sale sólo con despertarse. Pero el virus está entre nosotros, y ha venido para quedarse. Así que no debemos soñar con volver a esa vieja normalidad que tanto añoran algunos (ya saben que yo soy bastante refractario a la nostalgia, algo que no sirve para nada: hay que mirar al frente siempre). Finalmente se cumple la profecía de Michael Stipe en 1987, al frente de su grupo REM, en esta sensacional canción: It’s the end of the world as we know it. Es el final del mundo como lo conocemos. Se la traigo con subtítulos en español sobreimpresionados para que la sigan.

Yo estoy de acuerdo con el mensaje de esta canción: el viejo mundo era tan caótico como la letra de este tema. Estábamos en un mundo muy desquiciado, desigual y absurdo. Cero nostalgia. El futuro siempre será mejor. El mundo progresa y las crisis son oportunidades. Este año hemos visto la maravilla de las vacunas, diseñadas y producidas en tiempo récord, que nos han llevado al escenario actual, donde empiezan a surgir voces que dicen que ya no hay que hablar de Covid-19, porque la variante ómicron ya es otra cosa y es muy posible que sea un paso adelante en la evolución del virus hacia versiones más suaves que le permitan quedarse conviviendo con el humano, como los coronavirus de los catarros.

Es muy listo este virus, y muy considerado, porque, no sé si se han fijado, pero en esta ola prenavideña la nueva variante no afecta ya al olfato y el gusto, algo que el virus ha planeado para permitirnos saborear el ternasco, la lombarda, el turrón y las peladillas. ¿Qué serían unas navidades sin olfato ni gusto? Pero volviendo a lo de hacer como si, imagino que muchos de ustedes habrán visto la película del momento Don’t look up, No mires arriba. No sé si dentro de unos años se seguirá viendo con el mismo entusiasmo que ahora, pero en este momento es súper oportuna y hay que verla (yo la he visto en Netflix). Supongo que conocen la historia. Un par de astrónomos llegan a la conclusión de que a la Tierra le quedan un par de meses, porque viene de camino un cometa de varios kilómetros de diámetro, cuya trayectoria se dirige sin margen de duda hacia nuestro planeta, lo que causará la extinción de la raza humana.

Y la película nos muestra las reacciones de la gente ante eso. Cómo surgen varios tipos de negacionistas que dicen que es mentira, que nos están asustando para tenernos más controlados. Hay también políticos que siguen en su guerrita minúscula del día a día para sacar ventaja a sus enemigos. Hay súper capitalistas más preocupados por seguir ganando más dinero exponencialmente y no tienen tiempo de procesar el hecho evidente de que todo se va a ir a la mierda. Hay hedonistas y nihilistas que dicen: si total nos vamos a extinguir, pues ¡hala! a beber, a bailar, a follar. En resumen: todo un abanico de formas de hacer como si. Los personajes y la acción son caricaturescos y muy exagerados, pero las referencias al mundo actual de la pandemia son obvias. La película no es una obra maestra del cine, pero tiene unos actores magníficos, es muy divertida y tiene referencias claras de la estupenda Dr. Strangelove de Kubrick, que en la España franquista se retituló, en un delirio de los censores, como ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú.     

En fin, en estos textos de fin de año se suele hacer balance de lo sucedido a lo largo del mismo, y ciertamente ha sido un año lleno de hechos portentosos. En los periódicos del día tienen fotos y reseñas minuciosas de lo sucedido, pero, así de memoria, deberíamos citar el asalto al Congreso USA, la Filomena, el reparto de vacunas en el que España ha estado siempre en cabeza, con Portugal y otros países de nuestro entorno. Y la vergonzante retirada de Afganistán, y el volcán de la Palma y tantas otras cosas. El mundo ha evolucionado mucho en estos 365 días; ya no nos acordamos, pero hace un año estábamos escornándonos con el concepto allegado, para ver cuántos podríamos cenar en Nochebuena. Pues así sin enterarnos, ha-llegado otra Navidad y aquí, al grito ayúsico de Libertad-libertad-libertad, cada uno ha hecho de su capa un sayo y en estas fiestas hemos cenado en el número que nos ha pasado por los huevos. Yo, particularmente, sigo entrando en los bares desde que se levantó el gran confinamiento, allá por el verano de 2020.

Pero este ha sido un año lleno de portentos también para mí, que se han ido reseñando puntualmente en el blog. En febrero me jubilé y, está claro que, aunque me lo estaba pasando de puta madre en el trabajo, después me lo he seguido pasando de puta madre fuera de él. Llevo corriendo con regularidad desde que llegó la pandemia y a esto le he sumado ahora el yoga que es una dimensión personal nueva. Con la suma de running y yoga, me mantengo bastante bien. Me pagan una pensión que no está nada mal, aunque no tengo los ingresos de que disfrutaba cuando era ciudadano activo. Y es una verdadera delicia que le paguen a uno por no hacer nada. Todavía recuerdo cuando entré en el Ayuntamiento en 1982 y constaté atónito que el mes de agosto me pagaban el mismo sueldo, aunque estábamos de vacaciones. Pues ahora es así ya todo el año.

Por cierto, la aventura de conseguir que me empezaran a pagar la pensión fue toda una batalla épica contra la máquina, pero al final lo conseguí. Este año, he dado un montón de charlas en distintas universidades, la mayoría on line, pero las últimas ya presenciales. Me han llamado de la Université Catholique de Lille, l’Ecole Politechnique de Lausanne y varias universidades madrileñas, con protagonismo especial de la ETSAM, como es lógico. La cosa se recrudeció en los meses de enero a abril y luego decayó, aunque en septiembre he reanudado el asunto y la cosa ha culminado con mi clase en la Paris-Huit, con motivo de la cual viajé a París antes de esta última ola del covid y visité también Lille.

En marzo empecé las clases de blues con mi profesor al que llamo Henry Guitar y antes del parón de verano ya me manejaba bastante bien con el blues, como pudieron comprobar con el vídeoselfie que subí al blog y que constituye uno de los momentos más portentosos del año, del que estoy bastante orgulloso. También lo estoy de otro hecho portentoso: cuando me dejé las llaves dentro de casa y solucioné el tema descolgándome desde la azotea como Spiderman. Esto es algo que algunos lectores no han entendido, pero para mí fue un subidón. También el hecho de arreglarme yo mismo el mobiliario de la terraza, arruinado por el Filomena. Y, desde que me jubilé, voy manteniendo dos horas a la semana de conversación inglesa on line con el bueno de Ed, lo que se va notando bastante.

A pesar de las restricciones y los miedos, salgo bastante, cuido a los amigos y amigas que más quiero y me congratulo de tener una serie de actividades a horario fijo, que me sirven para pautar el tiempo y tener unas referencias para organizarme y no perder miserablemente el día como hacen muchos de mis conocidos jubilados. Mantengo el Billar de Letras, que está alcanzando unos niveles de calidad maravillosos y eso me ha permitido acceder a libros como La novia prusiana, de Yuri Buida, un portento literario del que ya les contaré en un post específico. Y, por supuesto, este es el año en que se ha consolidado mi admiración incondicional por Samantha Fish y su música, una presencia casi permanente en el blog desde que la descubrí en mayo de 2020. He de destacar también el hecho de que he conseguido tener un equipo de música magnífico, gracias a decirlo en el blog y que dos de mis seguidores más fieles me regalaran los distintos elementos de la cadena de alta fidelidad que me ha permitido recuperar la colección de vinilos que tenía por ahí arrumbada.

Ha sido pues un año de cambio y transformación en mi vida. Hace un año tenía un puesto de trabajo en el Ayuntamiento de Madrid, donde se me permitía teletrabajar bastantes días, pero tenía que ir de vez en cuando. Ahora mi vida la marcan el yoga, el running, el inglés, el blues, la literatura, el blog y Samantha Fish. Por eso he cambiado mi perfil de blogger por primera vez y estoy cambiando también mi pagina de Linkedin, con la ayuda de una amiga con la que suelo quedar para ello en el café Federal, cerca de mi escuela de yoga. Desde luego que he salido ganando con este cambio de vida. Me falta que el acoso del Covid afloje lo suficiente como para que pueda volver a viajar. Este año únicamente he hecho el viaje de La Coruña en junio y el de Francia en noviembre. Ahora tengo planeado volver a París a ver el concierto de Sam en el Bataclan, en función de cómo estén las cosas del virus. Samantha es ahora mismo una mujer espléndida, en plena madurez personal y artística, como pueden ver en esta imagen reciente. 

Pero ya les he dicho que a mí lo que me alucina de esta mujer es su primera época, cuando era casi una niña y salía al escenario a comerse el mundo, con toda la determinación, con toda su personalidad y su arte. Era esta una Samantha apenas maquillada, que se dejaba el pelo largo, se lo lavaba con un champú del Todo a Cien y se recortaba el flequillo con unas tijeras, sino con una podadora de su padre. Tocaba entonces un blues de lo más ortodoxo y no tardaría mucho en empezar a ganar premios, a componer y a dirigir su carrera por derroteros mucho más amplios. Les voy a pedir aquí que vean un vídeo de ese tiempo. Es en Alemania, en noviembre de 2012, durante la gira de las Chicas con Guitarras, acompañada por sus dos colegas y el batería motivao, que ya vimos en algún post. Pero ella es el alma del grupo. Vean cómo interpreta el clásico I put a spell on you, del gran Screaming Jay Hawkins (autor, por cierto, del blues del estreñimiento, también muy celebrado en este blog). Pantalla grande, please. Hace casi 10 años de esta grabación, pero ahí está ya todo Samantha.

Este ha sido también el año en el que el fraCasado ha alcanzado las mayores cotas de deslealtad y cabezonería, que lo harían merecedor de aparecer en la Lista Forbes de los políticos más pedorros en activo, suponiendo que dicha lista existiera. Nadie entiende que rechace la reforma laboral pactada por el Gobierno con patronal y sindicatos, sin siquiera leerla. Este petimetre ha llevado al paroxismo la política del no es no, concepto que, no debemos olvidar, fue inventado y formulado por Pedro Sánchez cuando estaba en la oposición. La situación en el Ayuntamiento de Madrid está en cambio bastante interesante, pero ya lo vamos a dejar para otro día, que hoy es fin de año y es momento para mí de empezar a pelar las patatas y prepararme el vermú como mandan los cánones: en vaso ancho, con bastante hielo y una rajita de limón.

Así que les voy a despedir con el christmas que nos ha mandado Sam a sus fieles seguidores. Este año, aparece con su gato (ya hablaremos de gatos también otro día). Les lanzo una pregunta: ¿están los ojos de nuestra diva teñidos de una cierta tristeza? Sam es un libro abierto para mí y cada una de sus imágenes me parece que lanza un mensaje. Ahí lo dejo. Que pasen una gran noche, déjense esto para leerlo mañana con la resaca del cotillón, Y, por supuesto, les deseo a todos que tengan un feliz 2022.

martes, 28 de diciembre de 2021

1.110. Lo que conté en París

Va pasando la Navidad sin demasiados sobresaltos por ahora y, por mi parte, bastante encerrado a cuenta de la variante ómicron sobre la que todavía no sabemos a qué atenernos, aunque se empieza a confirmar que en Sudáfrica, donde se detectó por primera vez, los contagios están bajando tan rápidamente como subieron. Parece que empieza a remitir la cosa también en Alemania, Holanda y Bélgica, mientras las cosas están jodidas en Francia, Inglaterra, USA y España. El día de Nochebuena, yo me hice por la mañana un test de antígenos (el primero que me hago en toda la pandemia) y me presenté así en la cena que organizaba la familia de mi hermano mayor. Una vez allí, nadie llevaba mascarilla y no me consta que se hubieran hecho test alguno, pero, cuatro días después, no tenemos noticia de ningún contagio o malestar, salvo los ocasionados por la resaca y el exceso de comida.

Pero la cosa es que, ese día, haciendo una excepción en nuestra prudencia, nos comportamos como si no hubiera pandemia. Igualmente hago yo cuando voy al yoga, a la guitarra o al mercado de Antón Martín. A día de hoy no se sabe nada de por qué unas personas se contagian y otras no, y muy poco de por qué algunos se ponen malísimos, pero parece claro que no es una casualidad. Lo sabremos algún día. Esta mañana, después de mi clase de inglés, he acudido a recoger a una amiga y su familia para llevarlos a la estación de autobuses de Méndez Álvaro, en donde debían coger un bus a Valencia para pasar la Nochevieja. Luego me he citado con una segunda amiga para dar una vuelta y picar algo. Hemos entrado en el Jardín Botánico, sólo para comprobar que ha desaparecido la terraza que llevaba años junto al Pabellón de Villanueva y que era tan agradable.

Ahora hay una especie de bar-cafetería, justo al entrar a la izquierda, que no es ni la mitad de bonito. No sé por qué las cosas que están bien las tienen que tocar para joderlas. El bar del Botánico era un lugar muy especial, único, donde uno se podía pasar un rato súper agradable. La nueva cafetería es como cualquier otra. Ni siquiera se sabe desde las mesas si uno está en el Botánico o en cualquier otro lugar de Madrid. En fin, que he subido a casa, he leído un rato hasta que me ha dado la modorra y, después de un té para despejarme, me he puesto a cocinar un potaje de reglamento, con sus garbanzos, espinacas y bacalao, para tener mañana de qué comer con mis hijos. Y, mientras se hace en la olla a presión Magefesa, me he puesto a escribir de nuevo para ustedes. Y me he acordado de que al final no les conté el contenido de mi charla en París. Así que vamos a ello.

Les recuerdo en primer lugar, que a mi amigo Alain Sinou lo conocí en Madrid, cuando vino como invitado al acto de presentación de un libro sobre la ciudad de Madrid financiado por el Ministerio de Cultura francés, para cuya elaboración fui uno de los expertos a los que hicieron largas entrevistas cuyo contenido resumido se incorporó a dicho libro. Los franceses, con su gusto por la grandeur, organizaron un acto en el Matadero que duraba todo el día. En el break de mediodía, nos sirvieron un almuerzo en unas mesas corridas de madera, yo me senté a la izquierda de mi jefa, que enseguida se puso a hablar con la persona del otro lado y yo, de manera automática, empecé a charlar con mi vecino de la izquierda, a quien le conté en francés lo que hacíamos en nuestra querida Dirección General de Planificación Estratégica. En un momento dado, entre bocado y bocado, me soltó: ¿Usted vendría a contar todo esto en el máster que doy en París? Obviamente, le contesté con otra pregunta: ꟷ¿Dónde hay que firmar?

Este es un tipo de escena que me ha pasado muchas veces a lo largo de mi carrera como urbanista municipal, resultando que, en la mayoría de las ocasiones, no he vuelto a saber nada más del tipo, o tipa. Esto sucedió en junio de 2018 y yo me llegué a olvidar del asunto. Pero, a finales de año, Alain me escribió y me invitó a dar una charla en enero de 2019. El tema ya lo tenía preparado y lo había contado muchas veces; sólo tuve que traducir al francés los letreros de mis imágenes de power point. La cosa salió muy bien y fue debidamente reseñada en el blog, por cuanto me sirvió además para viajar a Lille y estar por París una semana enredando, como parte de mis vacaciones de ese año.

Un año después, Alain me invitó a dar una segunda charla y ya tenía los billetes de avión pagados por la Université Paris-Huit, para dar una nueva charla que sería en marzo de 2020. Pero nos cayó encima la maldita pandemia y hube de decirles que anulasen dichos billetes. Como una eternidad después, Alain me contactó de nuevo, cuando ya no esperaba que la cosa se mantuviera viva. La explicación es que Alain odia el formato on-line. A él le gusta reunirse con otros profesores o conferenciantes para montar un debate en directo en presencia de los alumnos, sin un guion muy rígido, de forma que, hasta que no se ha podido hacer esto en formato presencial, yo creo que ni siquiera ha dado su máster. Este año ya se podía y la cosa se había montado para final de noviembre, como saben.

Pero resulta que este año, el tema sobre el que versaba el máster era diferente y yo solo lo supe cuando ya había dicho que sí y acordado una fecha para mi clase a tres bandas con el profesor de Geografía de Kiel, Rainer Wehrhahn. Y tuve que hacerme una presentación ad hoc, yo solito, sin ayuda de ningún informático, para hablar de un tema que nunca antes había contado. Todo esto ya se contó en el blog, pero no viene mal repasarlo. ¿Y cuál era el tema de nuestra clase a tres bandas? Pues las operaciones urbanísticas centradas en la recuperación de un viejo edificio abandonado, para cambiarle el uso anterior (generalmente industrial) por una nueva actividad como centro cultural, y sus efectos sobre los barrios circundantes. Cada uno de los tres teníamos que hablar de varios ejemplos y suscitar algunos temas de debate.

Yo les puse cinco ejemplos de Madrid: el Matadero, el Museo del Ferrocarril en la antigua Estación de Delicias, el Museo Reina Sofía, el Medialab y el Caixaforum. Alain habló del Centro Pompidou, el complejo La Villette y el centro social 104. Y los alemanes contaron el edificio para la Elbphilarmonie en Hamburgo y el Museo Humboldt de Berlín. Por diferentes motivos, yo los conocía todos y había hablado de ellos en el blog, aunque es normal que no se acuerden. Trataré de contar aquí un breve resumen de mi valoración de cada uno de estos edificios recuperados en Madrid. El Centro Cultural Matadero, es posiblemente el complejo cultural más importante de Madrid y responde a una iniciativa del gobierno municipal de Ruiz-Gallardón.

Este señor, en los ocho años que presidió el Ayuntamiento, dejó la cultura en manos de Alicia Moreno, hija de Nuria Espert, y toda la gente del mundo de la cultura que conozco coincide en decir que no ha habido un período mejor para la cultura en nuestra ciudad. Después, Mrs. Bottle puso el tema al mando de un tipejo que en tres años hizo todo lo posible por joder el asunto, encima poniendo a sus amiguetes en puestos relevantes. La señora Carmena dejó la cultura en manos de una señora, llamada Celia Mayer, que era prácticamente analfabeta y la tuvo que cesar a media legislatura. Y Almeida ha puesto al frente a Andrea Levy, a la que a veces ni se le entiende lo que dice, aunque ella alega que eso se debe a no sé qué enfermedad que padece.

No les voy a contar en detalle lo que expuse en mi clase de París; de cualquiera de los edificios aludidos pueden encontrar ustedes información, fotos y reseñas en Internet. A efectos del blog, me centraré únicamente en los efectos de cada uno sobre el entorno. El Matadero es un centro mixto, porque tiene actividades de rango metropolitano, como los dos teatros que alberga, el cine especializado en documentales, o las numerosas salas de exposiciones. Pero también organiza numerosas actividades para el barrio, desde mercadillos, atracciones infantiles, actos para las mujeres del barrio, los mayores y otros colectivos. Su modo de gestión se mantiene con el diseño de Alicia Moreno, de modo que cada edificio se gestiona por un consorcio público-privado con las asociaciones de los diferentes sectores culturales.




La antigua estación de Delicias alberga actualmente el Museo del Ferrocarril, un lugar de funcionamiento mortecino, con muy pocas visitas, aunque es interesante ver las antiguas máquinas de vapor. Para el barrio, este museo resulta indiferente, no es ni bueno ni malo. Sin embargo, un fin de semana al mes, el lugar se transfigura al cederse el espacio para la organización del llamado Mercado de Motores, una cita obligada para todos los artesanos, anticuarios y artistas diversos de la región que venden aquí directamente el producto de su trabajo. Es un evento que ha heredado los valores del antiguo Rastro, actualmente bastante degradado, y cada vez reúne a gente de lo más cool, con su oferta de ropa vintage, muebles antiguos, cuadros, etc. Este es un uso realmente al servicio de toda la ciudad, pero que reporta beneficios a los comercios, bares y restaurantes del barrio.




El Museo Reina Sofía, instalado en el antiguo Hospital Regional, ha mejorado también el entorno de Atocha, junto con el desmontaje del escalextric. Detrás vinieron el Medialab y el Caixaforum. Es un conjunto de actuaciones que en su día frenaron la degradación del barrio en el que yo vivo, pero actualmente sirven básicamente al turismo más tóxico, sin ninguna actividad diseñada para la gente del entorno. Por lo que yo sé, mis vecinos no pisan el Reina Sofía. Todo el barrio de las Letras está sufriendo un proceso de gentrificación que expulsa a muchos de los habitantes tradicionales, bajo el empuje del airbnb y los apartamentos turísticos. Esa expulsión se está produciendo también en zonas como Lavapiés, que hace unos años era un distrito lleno de minorías étnicas con sus propias redes de comercios, pero se empezó a poner de moda y llegó un personal alternativo, bastante pijo y con mucho dinero, que poco a poco van echando a la gente anterior hacia zonas menos céntricas.

Eso mismo pasa en París, donde barrios como mi querido Marais, están llenos de hordas de turistas pedorros siguiendo a un tipo con un paraguas cerrado en alto. El fenómeno es siempre igual. En un barrio degradado, peligroso y con trapicheo de drogas, empieza a instalarse gente joven a la que le atrae ese punto marginal y alternativo. Son gente culta, con inquietudes artísticas, estudiantes, etc., pero con mucho dinero. En París se les conoce como los Bobos, acrónimo de Bourgeois Bohemes. Estos bobos hacen de ariete, su llegada mejora al principio el ambiente, pero entonces el barrio se pone de moda y acaba llegando el macroturismo, que los termina por expulsar a todos, bobos incluidos. Algo así pasó en Madrid en el entorno de Chueca, donde la comunidad gay hizo el papel de bobos, su llegada contribuyó a adecentar el barrio, pero ahora van quedando más bien pocos.

Ese fue uno de los temas de debate que yo lancé en mi charla, añadiendo una teoría mía: que si el porcentaje de gente expulsada se mantiene en niveles discretos (por ejemplo el 10%) una operación de mejora de un barrio es buena, porque los que se quedan ven mejorada su vida y su entorno. Que la forma en que una operación pública se puede calificar de exitosa es lograr precisamente ese mix social, que se puede conseguir con un diseño cuidadoso, que exija un porcentaje de vivienda asequible, una adecuada mezcla de usos, una atención al tema medioambiental y el mantenimiento de algunas de las señas de identidad del barrio que se mejora. Porque es tarea propia de la administración intentar mejorar la calidad de vida de los barrios en declive, pero sin echar a sus habitantes.

No es algo fácil de conseguir, en el mundo mercantilista en el que se mueve el mercado inmobiliario. Otro tema a debatir es la disyuntiva concentración-dispersión. Lo saqué a cuento al hablar del Medialab, otra creación de los tiempos de Gallardón, que era un centro de creación artística y actividad social de mi barrio y que el señor Almeida ha tenido a bien trasladar a una de las naves vacías del Matadero, para hacer en su lugar ¡¡otro Museo!! El proyecto del equipo de Almeida es llegar a tener una Milla de Oro del Arte, a base de concentrar museos y más museos. Pero esta concentración viene también forzada por el turismo tóxico. En París, un nuevo museo que se va a abrir con la colección de una conocida Fundación, se va a instalar al lado del Louvre. El mismo concepto.

Al turismo pedorro (el mismo que viaja en los grandes cruceros) le va bien esa concentración, porque, entran por ejemplo en el Louvre y tienen el tiempo justo de ver dos o tres cosas y hacerse un selfie delante de la Gioconda, cuando ya les urge el tipo del paraguas a correr y cruzar una calle para ver el siguiente museo. Y ese mismo debate está ahora mismo sobre la mesa en España, a partir de la idea del Gobierno Sánchez de repartir por la geografía patria diversas instituciones, para luchar contra el deterioro de la España vacía. La señora Ayuso ha puesto el grito en el cielo, diciendo que lo hace por joder a Madrid. Pero, ¿a quién le puede molestar que el Tribunal Constitucional se ponga en Cádiz?

Este debate nos lleva a optar entre dos modelos extremos. Si seguimos centralizando, vamos a un modelo de grandes urbes, megaciudades separadas entre ellas por un desierto y únicamente conectadas por las autovías y el AVE. El concepto opuesto nos habla de una planificación territorial en red con nodos dispersos por las diferentes regiones, un modelo este que ya funciona en lugares como Alemania. Y, como avanzadilla de este modelo más deseable, cerré yo mi presentación hablándoles de la Fundación Antonino y Cinia, que ha construido un Centro Cultural maravilloso en el pueblo de Cerezales del Condado, provincia de León. Era este un pueblo de unos 20 habitantes, antes de la construcción de dicho centro, ahora creo que son unos 100. Resulta que el tal Antonino Fernández nació en Cerezales en 1917 y se vio obligado a emigrar a las Américas.

Allí consiguió con el tiempo ser uno de los hombres más ricos de México, llegando a ser el presidente del Consejo de Administración de la Cervecera Modelo, que comercializa entre otras la cerveza Coronita, y en la que entró de simple recadero y luego fue ascendiendo escalón a escalón. Cuando se jubiló, Antonino creó la Fundación a medias con la que fue su mujer durante sesenta años, y se propuso fijar la sede en su pueblo natal. El proyecto se le encargó al prestigioso estudio español de Alejandro Zaera, autor por ejemplo del proyecto de ampliación del puerto de Yokohama. El centro se inauguró en 2007 y Antonino tuvo tiempo de disfrutarlo hasta su muerte en 2016 a los 98 años. El lugar alberga actos como presentaciones de libros, conciertos de jazz, debates entre escritores o artistas, con una programación muy nutrida. El centro dispone de un buen aparcamiento, de forma que a cada uno de estos actos puede acudir gente de las diferentes ciudades del entorno.

Abajo les dejaré algunas imágenes de esta institución tan curiosa. En el debate quedó claro que centros sociales como el 104 de Paris o el fenecido Medialab de Madrid enriquecen la actividad de los barrios ofreciendo actividades para la gente joven que no quiera dedicarse en exclusiva al botellón. No son incompatibles con pequeños museos como el Caixaforum o grandes complejos como el Matadero o la Villette (que también está en las instalaciones del antiguo matadero de París) en donde se organiza toda una variedad de actividades de distinto ámbito de influencia. La ciudad es un organismo que muta continuamente, pero en general los barrios y lugares con gente mezclada son los más interesantes y los que generan una vida urbana más rica. Recuerden: hay que intentar buscar el mix social. Aquí las fotos prometidas. Sean buenos.




sábado, 25 de diciembre de 2021

1.109. El año de las mujeres

Aquí me tienen tras superar el primer asalto navideño de la cena de Nochebuena, dispuesto a pasar el día de Navidad y el siguiente, tranquilo en mi casa, pertrechado con buenas lecturas y viendo desde mi ventana como llueve, detrás de los cristales llueve y llueve, sobre los chopos medio deshojados, sobre los pardos tejados, sobre las calles llueve. A punto de cerrar con un post resumen este año que pronto será historia, en el que han sucedido tantas cosas mientras nos defendíamos del acoso del virus de nunca acabar, quiero hoy centrarme en hacer un nuevo homenaje a esas mujeres que están triunfando en sus respectivos campos a base de talento, esfuerzo, dedicación y brillantez. Las mujeres, en general, no han ganado todavía su guerra de liberación, como tampoco lo han logrado los negros y tantas otras minorías machacadas y dominadas del mundo. Pero hay una serie de mujeres que empiezan a ganar espacios, que son muy valientes y pueden servir de ariete y referencia para las demás. Siempre me han gustado estas mujeres insumisas y peleonas que no renuncian sin embargo a su toque femenino, a su coquetería y su sex appeal, demostrando su inteligencia emocional superior.  

El otro día les hablaba de Athenea del Castillo. Esta mujer, que hasta el verano jugó en el Deportivo de la Coruña, fue fichada por el Real Madrid al quedar liberada de su anterior contrato por el descenso del Dépor a Segunda (por cierto, este año mi equipo marcha como líder de la categoría y confío en que pueda volver otra vez a Primera). Athenea tenía por entonces 20 años, cumplió 21 en octubre y llegó al club blanco por la puerta de atrás, como una promesa de futuro. Pero desde el comienzo de la liga se hizo un hueco como titular indiscutible, además de ser llamada para todos los compromisos de la Selección Española. En el Real, jugaba bien, pero no marcaba goles, tal vez atenazada por su responsabilidad en un club tan grande.

Hasta que rompió su sequía con tres goles en este mes de diciembre. El primero al Villarreal. El segundo, el golazo estratosférico que pudieron ver en el post anterior, que da fe de su salto de calidad y que le ha hecho soltarse definitivamente. Quedaba todavía un último partido después, contra el Sporting Huelva, que el Real ganó por 3-0, lo que le permite empezar a acercarse a la cabeza, después de su mal arranque. Athenea empieza a ser ya un fenómeno mediático, hasta el punto de que una página inglesa ha compilado sus mejores jugadas en el partido contra el Sporting Huelva, que se jugó el día 22, en un vídeo que les voy a pedir que vean. Es impresionante la variedad de registros que atesora esta mujer, con qué clase baja al suelo los pases largos que le lanzan, cómo regatea, cómo corre con la pelota como cosida al pie, con la melena al viento como una walkiria triunfante, cómo pasa siempre el balón a la compañera mejor situada. A todo esto acaba de añadir el gol.

Sí, señor, Athenea tiene gol y les pido que se fijen en dos detalles de este vídeo. Muy al principio, se perfila tras un quiebro para repetir el golazo del partido anterior, pero le sale ligeramente por encima de la cruceta. La portera contraria, que seguro que ha visto muchas veces ese gol extraordinario, ya sabe cómo se las gasta y se lanza a cubrir el ángulo por donde se puede prever que irá el tiro. Pero, al final del partido, con el marcador 2-0, podemos ver como se perfila de la misma forma para armar la pierna; la portera se prepara para estirarse al ángulo largo, y entonces Athenea le cambia el tiro al palo corto y por raso y la pilla a contrapié. Otro detalle del talento de esta mujer, que apunta a convertirse en todo un ídolo del futbol femenino español. Pónganse la pantalla grande para ver este vídeo (que corresponde sólo a un partido). Se les van a quitar todas las dudas sobre la calidad de esta mujer admirable.

Es impresionante ver a Athenea con la potencia y la clase que tiene, y la confianza que está cogiendo. Estoy seguro que más pronto que tarde se hablará mucho de ella en la prensa y ustedes se acordarán de que fui yo quien primero les habló de esta mujer. Lo mismo que en el caso de Samantha Fish, de la que llevo año y medio hablándoles. La diferencia es que Athenea tiene 21 y Sam 32, pero su imagen en los comienzos era muy similar, con esa valentía, ese convencimiento de que lo que hace es bueno y esas ganas de comerse el mundo. Ahora mismo, Sam está en un momento de madurez espectacular. Hace poco les mostré dos vídeos tomados por un espectador de las dos canciones que interpretó en el homenaje al bluesman de New Orleans Earl King, en el escenario incomparable del Tipitina’s, al pie de la imagen del Professor Longhair.

Ahora he encontrado otra toma de ese momento con un punto de vista más frontal, de modo que el atril de las partituras no tapa su imagen y sin cortar tampoco los principios ni finales. Les voy a pedir que lo vean de nuevo, creo que es uno de los momentos cumbre de este blog en el año que termina y merece la pena repasarlo. Les recuerdo que Sam ataca dos canciones que no son suyas, sino del homenajeado King, y por tanto no están en su repertorio ni ella está acostumbrada a tocarlas. Además, se pone al frente del grupo de George Porter Jr, un prodigio de la funk music que tiene ya setenta y tantos. En esas condiciones, saca toda su fuerza y todo su talento para unas interpretaciones portentosas, la primera un blues tradicional y la segunda un ritmillo típico de New Orleans. Y además se puede ver que se lo pasa fenomenal. No es difícil establecer un paralelismo entre la actitud de Athenea y la de Sam. Pantalla grande please.

¡Qué espectáculo! En el homenaje intervinieron numerosos artistas, pero yo busco en Youtube vídeos de los demás músicos que participaron y no encuentro ningún otro. Supongo que la intervención de Sam fue el punto culminante del evento. Como en el caso de Athenea, esta filmación nos muestra a la artista en estado puro: talento, pasión y personalidad. No son las únicas mujeres que se están abriendo paso en terrenos tradicionalmente reservados a los hombres, como el fútbol y el blues. También les he hablado en el blog de Khatia Buniatishvili, la guapa pianista de Georgia radicada en París, que es también una figura mediática de peso. Este verano, Khatia dio un concierto con la Orchestre de la Suisse Romande. Interpretaron el concierto nº 1 para piano y orquesta de Tchaikovsky, que consta de tres movimientos. Pueden encontrar en Youtube los vídeos de los dos primeros, el archifamoso Allegro Maestoso y el Andantino, pero yo les traigo aquí el tercero, el Allegro con Fuoco, para vean todo el talento, la pasión y la personalidad de esta mujer. Disfrútenlo.

Personalidad, determinación y talento. Las mujeres ganan terreno en todas las materias y yo me congratulo de ello. Por ejemplo, una gran mayoría de los libros que he leído este año y que más me han gustado, son de pluma femenina y les cito de memoria algunos de ellos. Dendritas de Kallia Papadaki. Los incendiarios, de Jan Carson. Un amor, de Sara Mesa. Panza de burro, de Andrea Abreu. Como si existiese el perdón, de Mariana Travaccio. Otoño, de Ali Smith. Cualquiera de ellos pueden tenerlo por recomendado encarecidamente por mí, son todos muy buenos. Y, si nos pasamos al terreno de la política, pues ya se ha hablado aquí de la cantidad de nuevas presidentas y primeras ministras que hay por el mundo adelante, con mi admirada Jacinda Ardern a la cabeza, la mujer que tiene al virus a raya sin dejarle apenas entrar en Nueva Zelanda. Recordemos qué cara tiene esta señora.

Y esto nos lleva a la figura emergente de la política española: Yolanda Díaz, la política ahora mismo más valorada por los españoles, según todas las encuestas, y no sólo las del CIS de Tezanos. Yolanda es hija de sindicalistas ferrolanos y sabe que se consiguen más cosas con mano izquierda que con posturas dogmáticas e inflexibles. Hace tiempo que a esta señora la miran con lupa los medios de la derecha, para ver si encuentran en su pasado algún renuncio, como suelen hacer, pero en este caso no encuentran nada. El gobierno de Sánchez se ha revitalizado desde que lo abandonó el incómodo Pablo Iglesias, aquel que quería conquistar el cielo por asalto, y le sustituyó esta señora, reconocible por su actitud tranquila, por su talante negociador, por su educación y su brillantez en el desempeño del cargo. Menos mal que los confinamientos más duros nos pillaron con esta señora al frente del Ministerio de Trabajo y así se regularon los ERTEs y la pequeña empresa no se ahogó. No había hablado de ella en mi blog hasta ahora, pero creo que ya va siendo tiempo. Veamos también una imagen.



Ahora, Yolanda Díaz se ha apuntado un tanto similar a los goles de Athenea, los punteos de nuestra Sam, los fraseos arrebatados de Khatia o las decisiones de Jacinda. Hablo de la reforma laboral, la primera en España de amplio consenso desde 1980. Les recuerdo que esta nueva norma, a cuyo pie de página Yolanda ha conseguido estampar la firma de los sindicatos y la patronal, sustituye a la reforma exprés del señor Rajoy, que tardó 50 días desde su toma de posesión en 2012 en aprobar una Ley que está en el origen de todos nuestros males laborales, y que fue conocida por primera vez por sindicatos y patronal cuando ya estaba promulgada. Fue la primera muestra de que Rajoy estaba dispuesto a hacer lo que había que hacer y no lo que había prometido, según sus propias palabras posteriores, que desde este blog se retrucaron: Rajoy hacía lo que le decían que había que hacer. Ahí empezó el llamado austericidio que nos llevó a salir de la crisis de 2008 tarde, mal y a rastras, con un aumento de la desigualdad y la polarización social único en Europa.

Pues eso es lo que ha conseguido Yolanda: que patronos y obreros firmen debajo de una reforma imprescindible en nuestro país para salir del atasco económico crónico. Como es natural, el fraCasado se ha apresurado a descalificarla, con un razonamiento peregrino que ha puesto en boca de la ex ministra Elvira Rodríguez: acordar por acordar no aporta nada. Qué cojones hay que tener para decir eso. Además, sin salirse de su discurso habitual, ha prometido que, en cuanto gane, restaurará la normativa de Rajoy de 2012. Ya les he dicho que este señor es muy tonto. No sabe que Rajoy ganó precisamente prometiendo una regulación más social, lo que pasa es que luego no hizo lo que prometió, sino lo que había que hacer. Si este hombre promete volver al régimen instituido por Rajoy al dictado de la Trilateral europea, está mostrando la patita de lobo demasiado pronto para sus intereses.

Pero es que este caballerete está muy nervioso, lo están sacando de quicio entre Ayuso y Cayetana, que son también dos mujeres de rompe y rasga, y no me importa reconocerlo aunque ideológicamente se sitúen en mis antípodas. El fraCasado se ha apresurado a decir que votará en contra de la Ley ¡sin conocerla! Es decir, el PP votará en contra no por el contenido de la propia reforma, que no conoce, sino porque la promueve Sánchez, y todo lo que hace este señor es malo por definición, porque todavía huele a la coleta de Iglesias desde que se dio el abrazo con él. El fraCasado desconoce el concepto estrategia, todos sus movimientos son tácticos. Y le ha puesto en bandeja la respuesta a Yolanda. Con la misma tranquilidad y educación de siempre, la ministra de Trabajo ha declarado lo siguiente:  

La reforma que se hizo durante el mandato del PP, no estaba pensada para crear empleo, estaba pensada con una lógica de austeridad para salir de la crisis con una devaluación salarial, que fue por lo que se optó en España y en Europa. Ahora lo importante es que esta norma salga adelante y me gustaría que el PP trabajara para intentar mejorarla. Pero su líder ya ha anunciado que va a votar en contra. Afirmar esto sin conocer la norma no es política. La política es diálogo, llegar a síntesis si se puede y, en caso contrario, si hay muchas dificultades o diferencias, votar en contra. La política del no por el no en la que está instalado el PP es dañina hasta para el propio PP, que creo que tiene un problema real porque parece que está secuestrado por Vox.  

Fin de la cita. Qué quieren que les diga. Esta señora creo que tiene futuro, siempre que le salga bien su jugada. Desde luego muestra preparación, profesionalidad y valentía, como las diosas de este foro. Ya ven que empiezo un post hablando de las mujeres y acabo siempre en el fraCasado. Discúlpenme, no lo puedo evitar, es que el espectáculo de este señor es como un circo continuo. Hace una semana sorprendió a todo el mundo dando la orden de criticar por tierra, mar y aire a la señora Calviño, ministra de Economía (por cierto, una mujer discreta y menos pasional que las que me gustan a mí), hasta ahora la figura más moderada del gobierno y más respetada por la derecha, por sus puntos de vista siempre centrados y muy alejados de los de Yolanda. Nadie entendía por qué. Ahora lo sabemos.

Calviño acaba de ser nombrada presidenta del Comité Monetario y Financiero del FMI, el órgano asesor más importante del organismo que controla las finanzas mundiales. En esos medios, estos nombramientos se saben de antemano, se lanzan como globos sonda y parece evidente que el fraCasado se enteró de esa posibilidad y se lanzó a una campaña suicida para evitarla, además de hacer todos los movimientos posibles dentro del PP europeo para boicotear su candidatura, demostrando una vez más hasta donde llega su nivel de deslealtad y felonía y haciendo de nuevo el ridículo. Dios nos libre de que este petimetre acomplejado y resentido llegue alguna vez a presidente de gobierno. Yo le deseo que no gane nunca y que termine donde se merece por su talla personal y política: de concursante en Master Chef Celebrities.

Hala, ya no les doy más la murga con este impresentable. Es día de Navidad, noche cerrada ya y mañana tenemos un domingo para seguir descansando, leyendo y reflexionando, antes de la última semana completa del año. Para ayudarles a alcanzar ese nirvana que se deriva del dolce far niente, les voy a dejar otro momento de Khatia Buniatishvili. Esta vez con Rachmaninof. Es en un concierto de 2017. La pieza tiene un tempo mucho más sosegado que el de antes, y permite a la pianista georgiana desplegar toda su maestría interpretativa con un resultado grandioso. Que lo disfruten. Y, de nuevo, felices fiestas.    

miércoles, 22 de diciembre de 2021

1.108. De festejos, diosas y antihéroes

Aquí seguimos remando en la travesía de estas fiestas que normalmente no me gustan nada, pero todavía menos con el ranking de contagios del covid totalmente disparado, aunque ronda mi cabeza hacer de la necesidad virtud, inventándome un positivo que me fuerce a una falsa cuarentena y me evite alguno de los coñazos familiares al uso. El que avisa no es traidor. Un amigo mío de estos pesimistas que ven el queso de gruyere todo agujero (yo lo veo todo queso), me hablaba el otro día del auge de contagios, otra vez aterrorizado. Le contesté que todo lo que sube baja, tanto con el covid como con la Bolsa, que no nos vamos a quedar ahí arriba para siempre, pero nada. El miedo es libre y en la tierra de la señora Ayuso nos movemos por el axioma libertad-libertad-libertad. Yo la verdad es que miedo no tengo, tengo tres vacunas puestas, más la de la gripe, y pienso (en gallego) que malo será. Lo que de verdad me va a joder es si esta mierda me impide viajar a París a ver a Samantha Fish en el Bataclan, pero démosle tiempo al tiempo.

Porque el tiempo, por mucho que percibamos que transcurre deprisa y despacio a la vez, sigue su marcha inexorable y, parafraseando a Heráclito de Éfeso, he de proclamar que ya no me voy a contagiar del virus que pasó por mi lado hace un par de semanas, sino de otro que vendrá detrás. Como optimista irredento, yo espero que la variante ómicron sea el primer paso de un proceso que nos permita convivir con el bicho convertido en endémico, como el que produce los catarros. Pero el tiempo sigue implacable y ayer alcanzamos el solsticio de invierno, es decir, el día más corto del año. Si bien, como les he contado tantas veces, las tardes ya han empezado a crecer desde el día 13 de diciembre, Santa Lucía, lo que pasa es que hasta ayer, el decrecimiento de las mañanas era superior al aumento de las tardes.

A partir de hoy, los amaneceres se seguirán retrasando, más o menos hasta el día 29, pero el cómputo total del día empezará a crecer en valores absolutos. Y desde el 29, las mañanas empezarán a estirar también. Esto se debe, como ya les he dicho, a la llamada eclíptica, es decir, la inclinación del eje de rotación de la Tierra sobre su eje de traslación alrededor del sol, ángulo que fue medido con precisión por el astrónomo griego Eratóstenes en el siglo III antes de Cristo, quien lo fijó en 23 grados y 5 minutos, medición que no ha sido cuestionada hasta nuestros días. En Galicia saben mucho de estas cosas que les cuento y por eso tienen un conocido refrán: Por Santa Lucía, mengua a noite e crece o día. Pero el caso es que entramos en el invierno, mi primer invierno completo como jubilado, por ahora sin grandes incidencias climatológicas, nublado, con lluvias intermitentes y temperaturas altas.

Esta mañana he salido a correr por el Retiro y lo he encontrado bastante vacío, para lo que solía ser habitual los últimos días. El lunes en el yoga sólo estábamos dos chicas y yo. No termino de saber por qué la gente aplica el parón de las vacaciones a todas sus actividades cotidianas. En mi blog, el número de visitas se reduce en Navidad a la mitad. Y todo parece entrar en una especie de lapsus vital, excepto los Grandes Almacenes y los restaurantes, que están petaos. Yo creo que el personal, cuando llega la Navidad, se dedica a comprar regalos, preparar banquetes, hacer celebraciones, gastar más de la cuenta, cantar villancicos y tocar la zambomba zumba-zumba-zumba. No lo pueden evitar, es algo impreso en lo más hondo de su idiosincrasia.

Esto de parar tres semanas toda actividad lectiva o laboral, es una costumbre atávica, que hunde sus raíces en los tiempos precristianos, cuando los astrónomos certificaban que el sol no seguía alejándose, sino que iniciaba el camino de retorno un año más. Era una observación que partía del supuesto de que la Tierra era el centro inmóvil del universo, de modo que era el sol quien giraba a nuestro alrededor y no al contrario. Antes de Cristo, ya los pueblos organizaban grandes festejos en agradecimiento al sol por volver de nuevo como cada año, e incluso se dice que Cristo no nació el 25 de diciembre, sino mucho antes, y que, cuando los romanos adoptaron el cristianismo como religión oficial, ajustaron su nacimiento a esta fecha para poder seguir celebrando sus grandes fiestas paganas anuales en honor del sol.

Todo esto se ha comentado en diferentes entradas del blog, y no es que esté empezando a repetirme, sino que sé que tengo nuevos seguidores que no han leído mis textos antiguos. A partir de estas celebraciones paganas, el hombre complicó su mentalidad creando dioses a los que atribuía cualidades muy humanas. Ya les he dicho que estoy convencido de que el hombre creó a Dios a su imagen y semejanza, y no al contrario, como sostienen la mayoría de las religiones. Antes de la llegada de las grandes religiones monoteístas, los pueblos creaban mitologías que no disimulaban su carácter de invento del hombre y daban lugar a universos paralelos muy divertidos, como el que crearon los griegos, con los dioses del Olimpo todo el día comadreando e intrigando, como cualquier hijo de vecino.

Este foro tiene también sus dioses, más en concreto diosas, de las que Samantha Fish es la primera, pero no la única. Por ejemplo, también está nuestra querida Athenea del Castillo, de nombre tan lleno de resonancias mitológicas. Athenea era la figura del Depor femenino hasta el año pasado, en que la fichó el Real Madrid como promesa de futuro, si bien se ha hecho con un hueco casi fijo en el equipo titular, lo mismo que en la Selección Nacional. El Real Madrid femenino ha iniciado el año más bien mal, pero yo creo que se debía al entrenador con el que empezaron, que se llamaba David Aznar Chicharro. Parece claro que, con semejantes apellidos, no se podía esperar mucho de este señor. Las chicas llegaron a firmar una carta colectiva a Florentino pidiéndole por favor que lo echara y al final les han hecho caso y la cosa ya va mejor.

Este año he visto algunos partidos del Real Madrid femenino en la tele, por seguir a mi admirada y celestial Athenea, y me ha parecido que su juego ha cambiado. En el Dépor corría mucho, se embarcaba en contragolpes vertiginosos en los que acababa tirando a puerta. Ahora ha cogido más cuerpo, ha ganado en sentido táctico, se esfuerza quizá menos y juega con un sentido más colectivo. Pero mantiene su profesionalidad y su calidad técnica. El otro día, en el derbi local frente al Madrid Club de Fútbol Femenino, el partido llegó al tiempo reglamentario con resultado de empate a uno. Y, al comienzo del descuento, Athenea rompió el empate con un gol sensacional, que desde ya la califica como candidata al Premio Puskas femenino de este año. Tengo un vídeo de ese tanto, en el que se escucha a los locutores volverse medio locos al narrarlo. Espero que puedan verlo pinchando AQUÍ.

Dense prisa a cerrar la página del vídeo, si no quieren que el Marca les cuele toda una serie de videos de otros asuntos. Athenea tenía un noviete en La Coruña, que no sé si sigue con ella. Es posible que sea un chico con gafas, porque ella siempre le dedica sus goles a alguien seguramente miope, en esta ocasión por dos veces. He encontrado también la imagen que le tomó un fotógrafo en el momento en que acaba de marcar ese golazo y una compañera la levanta en el aire. Véanla.

Pero en este foro, además de al menos un par de diosas, hay también un antihéroe, un villano oficial, al que hemos llamado el fraCasado, que está alcanzando unas cotas de deslealtad institucional sin precedentes, incluso a nivel mundial. Fíjense, por comparación, en lo que ha sucedido en Chile. En las elecciones presidenciales, segunda vuelta, se disputaban la victoria el izquierdista Boric y el ultraderechista Kast. Ganó el primero, como habrán leído. ¿Y saben qué fue lo primero que hizo Kast? Pues felicitar al contrincante y desearle lo mejor. Les voy a poner un breve vídeo para que vean en detalle esta reacción.

¿Qué les parece? Joder, es que ya quisiéramos nosotros tener una ultraderecha como esta. O al menos una derecha. Kast es un pinochetista, que en el referéndum en el que el Dictador perdió el poder hizo campaña a su favor por toda la región en la que reside. Pero es que así se funciona en los países civilizados. En Alemania, vimos hace unos días cómo el socialdemócrata Scholz empezaba su andadura al frente del gobierno federal llevándole un primoroso ramo de flores a la señora Merkel. Y no se ha visto que el candidato de la derecha haya empezado a hablar de Gobierno Frankenstein, ni de que ha ganado el scholzismo.

Por cierto, eso del sanchismo, término inventado por el funesto Albert Rivera, es encima una incorrección gramatical, porque sanchismo vendría de Sancho, no de Sánchez; en todo caso debería ser sanchezismo. En fin, he encontrado un artículo en el que se reseñan en plan telegráfico todas las miserias de este impresentable, a quien ya sólo le falta poner a Teodoro García Egea a lanzar güitos de aceituna a la bancada socialista en el Congreso. Pueden leerlo AQUÍ.

En plena ola de covid, este señor sigue rabiando al comprobar que no consigue echar a Sánchez del poder y que cada vez lo tiene peor, porque con los Presupuestos aprobados, a ver quién lo quita de ahí. Por cierto, en el colmo de la deslealtad, el PP se sumó ayer en el Senado a una enmienda a los Presupuestos que había presentado Compromis, sólo para que, a partir de eso, el documento tenga que ser devuelto al Congreso y tarde una semana más en aprobarse. El PP ha perdido ya hasta las mínimas formas democráticas, sumido en la teodorocracia, como lo llama en su libro Cayetana Álvarez de Toledo.

Por cierto, ya saben que, preguntado el tal Teodoro por si había leído el libro, dijo que no tenía intención y que pensaba que una diputada no tenía que dedicarse a escribir un tocho de 500 páginas, sino a hacer actuaciones en beneficio de los españoles que la han votado. Preguntada Cayetana por este comentario se limitó a decir: bueno, unos servimos a los españoles escribiendo libros de 500 páginas y otros lanzando huesos de aceituna lo más lejos que pueden. Creo que es uno de los mejores comentarios del año, que optaría al Premio Puskas de los comentarios en caso de que existiera semejante galardón. El choteo patrio sobre Pablo y Teodoro alcanzó un clímax en la presentación del libro de Cayetana en Barcelona, a cargo del gran Albert Boadella. Pueden verlo pinchando AQUÍ.

Ayer, mientras asistía a la sesión de cierre de Billar de Letras por este año, mis hijos se pusieron a cocinar y me prepararon una cena exquisita. Compraron unos pimientos rojos y los asaron al horno, para hacer una especie de escalibada y luego elaboraron una quiche vegetariana, que prepararon también en el horno. Ambos me han pedido que suba al blog algunas fotos del evento, que pueden ver más abajo. Pero lo más grande del asunto es que yo no sabía que el horno de mi casa funcionaba. Se lo juro. Yo empecé a cocinar en el momento del gran confinamiento después de años comiendo en restaurantes. Y no sé por qué, pero pensaba que el horno estaba estropeado. Gran sorpresa. Y una ampliación de posibilidades culinarias que no voy a desaprovechar. Vean las fotos. Un momento de la elaboración de la quiche y el resultado final.


En fin, nosotros tres ya hemos celebrado anticipadamente la Nochebuena. Y les cuento también que por fin conseguimos que viniera Tiberio y nos arreglase los azulejos del baño. Aquí cada vez salen más dioses y emperadores de la antigüedad. Pero la auténtica diosa de este blog es por derecho nuestra admirada Sam y con ella les voy a dejar, no sin antes desearles que pasen unas felices pascuas. Samantha tocó el pasado día 16 en su ciudad natal, pero esta vez no en el Knuckleheads Saloon, sino en el Truman. Allí se esmeró como siempre en Kansas City y abajo pueden ver una de sus interpretaciones: Black Wind Howling, en la que por en medio aprovecha para presentar a sus músicos. En esta ocasión se ha sumado al grupo un percusionista local que se llama Mike Dillon. Y pueden ver también la ovación que recibe la baterista Sarah Tomek al ser presentada y la cara que pone al escucharla. Esta chica es un verdadero portento a la batería. Pues eso, que se lo pongan en pantalla grande y que lo disfruten. Y, por supuesto, que pasen unas felices fiestas.

 

viernes, 17 de diciembre de 2021

1.107. La ruta del blues y otros ensueños

Vaya, mi último post ha tenido como la mitad de visitas que los anteriores y hasta llegué a pensar que me había fallado la distribución al mailing de seguidores, pero, según el archivo de correos enviados de Gmail, el envío salió correctamente. Es ya un clásico que en Navidad la gente deje de leer mi blog, nunca he sabido por qué, incluso he dicho en algún post que pienso que es porque no tienen tiempo, tan ocupados como están ustedes tocando la zambomba zumba-zumba-zumba. Ahora mismo lo que pienso es que hay algún fallo en el contador de entradas, porque, mientras los visitantes del último post siguen estancados en una cifra bajísima, las estadísticas de los anteriores siguen creciendo. A estas alturas de la película, después de que esta página haya cumplido nueve años, este es un tema nimio y lo que de ninguna manera contemplo es la posibilidad de que el post anterior adolezca de un bajón de calidad respecto a la media de mis textos, que justifique tal desafección. A mí me parece que son todos por un estilo, con alguna excepción de vez en cuando. 

Así que yo a lo mío. Terminé el post anterior hablándoles de Hank Williams, un artista del que algunos seguidores me confiesan que no saben nada. En fin, Hank Williams fue un artista de los años 40 y 50 que llevó la música country al nivel más alto, definiendo sus características esenciales, que ya se han mantenido hasta nuestros días. Hank nació en 1923, empezó a componer y cantar canciones con su guitarra en 1936 y murió en 1953, cuando estaba a punto de cumplir los 30. Era por entonces un artista de éxito que tenía un chofer que lo llevaba por toda USA a dar sus conciertos. En una gasolinera, el chofer paró a repostar, hacer pis, etc y, cuando volvió al coche, Hank estaba muerto. En su corta vida compuso más de 400 canciones, más o menos como José Luis Perales en toda su vida. Algunas tan mágicas como el Lovesick blues, el blues del enfermo de amor que ya les he traído al blog en un par de ocasiones, o la del post anterior Mind your own business. Hoy tengo otra para ustedes, que ya ha sonado en este foro en una versión de Tim Armstorng. Se llama My bucket’s got a hole y tiene una letra muy sencilla: mi cubo tiene un agujero, mi cubo tiene un agujero, mi cubo tiene un agujero y no puedo comprar cerveza. Disfrútenlo.

Cojonudo. El country es una música muy relajante y constituye una de las referencias básicas de nuestra diva Samantha Fish, junto con el blues y, en sus últimos discos, el pop. Su último disco ha sido elegido como el 37º álbum de rock del año por la revista Classic Rock, que hace estas clasificaciones por votación entre sus lectores. No es un registro muy brillante, pero está bien que vaya saliendo de los límites de las listas del blues, en las que sus discos siempre llegan a los primeros lugares. Y me encanta la reseña que le hacen en la citada revista. Vean la pagina de que les hablo.

Les traduzco: La hija pródiga de Kansas no es una purista del blues –un concepto que está escrito en letras grandes en su séptimo álbum. Faster es un conjunto de alto octanaje, que debe tanto al rock, al pop y a la electrónica, como a los sonidos con que ella echó los dientes. All ice no whiskey suena como a ZZ Top haciendo una versión del Bad de Michael Jackson. Twisted Ambition aparece como un hijo del amor de Aerosmith y Pink. “Hay canciones que son más vulnerables –nos dijo ella–, pero creo que este disco tiene una fuerte energía del tipo me importa un carajo”.

Después de eso, la revista designa como killer track, o sea, como canción más destacada a All ice no whiskey, que es precisamente la canción que a mí más me gusta y con la que les hice un bailecito por mi casa bastante aplaudido por mis seguidores más jóvenes. Samantha tocó el otro día con Tab Benoit en el Ryman de Nashville y aprovechó la ocasión para dar rienda a su lado mitómano fotografiándose en el rincón que ese mítico edificio tiene dedicado a uno de los artistas más legendarios de todos los que tocaron allí: Hank Williams.

Lo cierto es que yo tengo entradas para el concierto de esta señora en París el 10 de febrero próximo y no tengo nada claro que la variante ómicron me permita disfrutarlo. De aquí a entonces es previsible que alcancemos el llamado pico de la sexta ola (cuarta en Alemania) y haya empezado a mejorar la situación, pero no hay que descartar que las cosas vayan a peor. A mí esto del covid ya me está hartando bastante, porque saben que una de las cosas que más me gustan es viajar y tengo varios viajes pendientes que me gustaría poder hacer algún día. Por ejemplo, me encantaría volver a Chicago para vivir la ciudad unos días y luego incorporarme a la Autopista 61, que parte del estado de Wyoming y va recorriendo el curso del Mississippi en dirección a Nueva Orleans. Bob Dylan le dedicó uno de sus discos más luminosos, que tituló precisamente Highway 61 revisited. Escuchen la canción que le da título.

Si son mañosos y saben cómo ponerle unos subtítulos en español, tal vez empiecen a comprender por qué le dieron a este señor el Nobel de literatura. Por la ruta 61, tras tocar brevemente el estado de Kentucky, se llega a Memphis, la mítica capital de Tennessee donde surgió el rock, en la persona de un camionero local llamado Elvis Presley, que supo conjugar las influencias de la música blanca que venía del norte con los cánticos de los negros del sur, dando lugar a esa fusión que se dio en llamar rock and roll music. En ese lugar es recomendable salirse de la autopista hacia el este para visitar Nashville, la ciudad clave del country, donde viven Sheryl Crow y las chicas de Larkin Poe, entre otros músicos, y donde se encuentra el Ryman, lugar de tantos conciertos históricos.

Más abajo, ya en el estado de Mississippi, es posible hacer un alto en el cruce con la Highway 49, localizado en la ciudad de Clarksdale. Es ese el lugar en el que el bluesman Robert Johnson dijo haber hecho un pacto con el diablo que le garantizaba ser de por vida el mejor músico de blues del mundo. Robert Johnson, un negro con bastante cuento (aunque cabe la posibilidad de que se creyera su propia leyenda) murió en 1938, un tiempo en el que uno podía salir al público con semejante historia y no arriesgarse a que le tiraran tomates y huevos. Esta pequeña ciudad, en el estado de Mississippi, tiene este cruce como principal atractivo turístico, marcado con la escultura homenaje que pueden ver abajo. 


A partir de ahí, se entra en el estado de Louisiana, donde se cruza la capital Baton Rouge antes de llegar a destino: la gran New Orleans, la ciudad de Tennessee Williams y Louis Armstrong, la urbe multicultural con su barrio francés, sus calles coloridas, el Tipitina’s y sus conocidos carnavales. En New Orleans es donde empezó a surgir una cultura negra a partir de los últimos años de la esclavitud, cuando muchos amos empezaron a liberar de su condición a algunos de sus esclavos y estos se empezaron a establecer en la zona a buscarse la vida como podían, aprovechando el clima más cálido y parecido al de sus tierras africanas de origen. Su influencia se mezcló con la francesa y la cajun, que vino del Canadá, llegando a esa identidad mixta que suele conocerse como criolla.

No se imaginan cuánto me gustaría visitar New Orleans y pasarme allí al menos quince días. Pero esto de momento son sólo sueños, a la espera de que se solucione el tema de la pandemia y que esta solución llegue antes de que yo sea ya demasiado viejo para viajes como este. Me asaltan estas nostalgias inversas (porque no se refieren al pasado, sino a un futuro nunca acontecido) en estos tiempos navideños insufribles, en los que hay que cumplir con la familia y hacer como que te lo estás pasando muy bien. Yo sólo estoy deseando que se terminen y pueda de nuevo caminar por calles tranquilas, sin masas de pueblerinos haciendo colas para comprar los regalos y jugar a la lotería. Sin sonido de villancicos, zambombas y petardos. Básicamente recluido en mi casa llena de hijos, aguardo a que vengan mejores tiempos, mientras transito por mi particular Desolation Row. Tal vez la mejor canción del álbum de Dylan del que les hablé y una de las mejores de su carrera. Hala, a divertirse.

sábado, 11 de diciembre de 2021

1.106. En un tiempo líquido y evanescente

Bien, olvidado ya mi viaje a París y superado el coñazo del macropuente, afronto el nuevo coñazo de las navidades, pensando inevitablemente en lo que vendrá después, marcado por mi inminente nuevo desplazamiento a la Ciudad de la Luz para ver en directo a mi adorada Samantha Fish, que tocará en el Bataclan el día 10 de febrero, evento para el que dispongo de seis entradas como la que pueden ver en esta primera imagen que les traigo.

La musa de este blog sigue con su ritmo de casi un concierto diario y anoche prosiguió su gira con un nuevo bolo a medias con Tab Benoit, en el histórico Ryman de Nashville. Por cierto, entre mis lectores ha causado gran impacto la presencia en el vídeo que les traje al último post, del gran Big Chief Monk Boudreaux, con todo su plumaje verde al viento. He de decirles que en New Orleans hay una vieja tradición que hace que los indios de las diferentes tribus organicen su propio Mardi Grass, su carnaval, que a menudo es hasta más divertido que el oficial y desde luego más colorido.

Representantes de las tribus que viven por el entorno no compiten por otro concepto que el de ser el más guapo y el que muestra un atuendo más espectacular. Boudreaux es desde hace años el Big Chief, o sea el Gran Jefe, de la tribu de los Golden Eagles, las Águlias Doradas. Y ya se ha convertido en un personaje imprescindible de la ciudad. Por eso Tab Benoit le ha invitado a incorporarse a su gira, aunque su aportación musical se limita a tocar levemente una pandereta provisto de guantes quirúrgicos. Boudreaux chupa cámara como los mejores actores y se convierte en el centro del espectáculo. Otro día me extenderé sobre los orígenes de esta curiosa tradición del Indian Mardi Grass. De momento conténtense con una nueva imagen de este insigne caballero.

Aparte otras consideraciones, este señor es un ejemplo de lo que les contaba en el último post, que uno no puede anclarse en la nostalgia, sino que debe intentar adaptarse a los nuevos tiempos, sin renegar de las tradiciones y las señas de identidad propias. Porque este señor, al que han visto bailar con buen estilo durante la propina de un concierto que lleva posiblemente dos horas de desarrollo, tiene nada menos que 80 años. Los cumplió el pasado 7 de diciembre, tres días después de dicho concierto. Estamos en un tiempo realmente líquido, que ha perdido la cualidad inmutable del simple paso de los minutos y segundos, para adquirir una textura más flexible y variable, coherente con las teorías de Bauman y los fundamentos de la mecánica cuántica. Otro ejemplo. El pasado día 27 de noviembre, Jimmy Hendrix hubiera cumplido 79 años. Acojonante. Este señor se murió mucho antes, a los 27 y por eso nos hemos quedado con su imagen eternamente joven, como la de James Dean o la de John Lennon.

Salvo muertes prematuras como estas, está en nuestra mano mantenernos mentalmente jóvenes (el cuerpo ya es más difícil de mantener) simplemente estando con los ojos muy abiertos para enterarnos de lo que está pasando y probar a adaptarnos a las nuevas ideas y las nuevas rutinas. Y les traigo otro ejemplo más. Ron Johnson el bajo de la banda de Samantha Fish es un cincuentón con una larga carrera musical a sus espaldas, especialmente como bajo titular de la Allman Bets Band. En sus primeros meses con Sam solía vestirse completamente de negro y quedarse en un prudente segundo plano con gesto a menudo taciturno. Pero, en las recientes celebraciones del Halloween, ya vimos como su disfraz y su maquillaje era el más divertido de la banda. Ahora ha publicado una foto que les pongo abajo, en donde se le ve radiante. No cabe duda que la compañía de dos jóvenes mujeres de bandera, como Sam y la baterista Sarah Tomek, le están rejuveneciendo a ojos vista. 

Por cierto, fíjense que Ron y Sarah se estiran para la foto, porque son pequeños, mientras que Sam, que es un pedazo de mujer como sabemos, parece que hace por encogerse para no destacar al lado de sus compañeros. La lectura gestual da mucha información sobre los personajes. Pero volvamos al tiempo. Por si no tuviéramos bastante con este tiempo incierto y mudable, resulta que aparece el Covid y aquí sí que ya todo se trastoca. A mí la Navidad casi siempre me pilla en fuera de juego, pero este año aún más, a pesar de que he pasado un año repleto de historias de todo tipo, que ya reseñaré en algún post de fin de año como de costumbre. Pero es que fíjense sólo en un detalle. A la enfermedad que produce la pandemia se la bautizó como Covid-19, aunque solemos olvidarnos del sufijo numeral: 19 (diecinueve). Y estamos entrando ya en el 22. Ciertamente flipante, como dicen los milennials.

Es este un tiempo inestable y voluble que apenas nos deja hacer planes. Ahora con esto de la variante ómicron y la temida sexta ola, yo estoy haciendo toda clase de rogativas a los distintos San Benitiños (de Lérez y de Rabiño) para que el pico llegue pronto y Samantha no se vea obligada a suspender la parte europea de su gira, que empieza en el Reino Unido el 30 de enero. Mi plan inicial era ir también a Ámsterdam para verla en el Melkweg, pero esta parte del plan la tengo en suspenso, hasta ver por dónde van los tiros. Tenía yo la intención de visitar esa ciudad que tanto me gusta, pero en el viaje pasado ya no fue posible y en el próximo, me temo que tampoco. Sólo se puede hacer una cosa: mantenerse atentos y adecuar los planes a las diferentes curvas que nos vaya presentando el camino, como se hace con el volante de los automóviles.

Mi grupo de viajeros veteranos, con el que fui a Birmania, Chile y Madagascar, muerden rabiosos el freno, impotentes de no poder seguir con su ocupación favorita. La verdad es que estamos aguantando esta mierda con bastante dignidad, pero no cabe duda de que es un auténtico aburrimiento, el cuento de nunca acabar. El otro día, una vecindonga lavapiesera, de estas que meten cuerpo para ver si se cuelan en la cola de los puestos del mercado, lo expresó con total rotundidad, cuando mi amigo Luis el Charcutero la conminó a ponerse bien la mascarilla, que llevaba a guisa de barbuquejo sujetando la papada. Recolocándosela con un gesto airado, proclamó a los cuatro vientos: ¡De verdad! ¡Qué hartura con la panderemia esta de las narices, coñe! Todo un hallazgo lingüístico. Porque no olviden que de esta misma forma surgieron palabros como cocreta y almóndiga, que ya reconoce la RAE.

En fin, que yo estoy feliz como una perdiz, igual que el bueno de Ron Johnson, porque yo también me hago acompañar preferiblemente por mujeres y, si es posible, jóvenes. Ayer viernes me pasé la mañana en la ETSAM, haciendo de jurado de unos premios que la escuela, junto con la Facultad de Ciencias Políticas de la Autónoma, concedía a los mejores trabajos de un curso transversal entre ambas universidades, a petición de mi amiga S., la directora de dicho curso. La mayoría femenina en el acto, tanto entre el profesorado como entre los alumnos, era muy llamativa Por ejemplo: uno de los premios se lo otorgamos por unanimidad a un equipo formado íntegramente por mujeres. Qué contraste con los años en que yo estudiaba en ese mismo edificio. Por aquel entonces, las alumnas eran muy escasas y todas muy feas, con perdón, con dos únicas excepciones: Mariola, la nieta de Franco, y mi amiga Ana Perpiñá. Estas dos eran guapísimas (Ana lo sigue siendo, de la otra no tengo referencias).

Pues estoy feliz como les decía (toco madera para que la racha no se tuerza), porque me lo estoy pasando bien de jubilado hiperactivo y porque le he visto las orejas al lobo con el asunto de mi estenosis carotidea, felizmente esquivado. Pero es que hay más cosas, que me están haciendo literalmente venirme arriba. Veamos. En mis últimos cinco años y medio de trabajo, lo cierto es que me lo pasé muy bien, aprendí mucho, me sentí útil a la ciudad y desarrollé unas líneas de trabajo innovadoras que rompían corsés burocráticos y funcionariales bastante nefastos. El día de mi jubilación, comí en el restaurante Papúa-Colón con mi jefa y mi compañera M., las dos personas que habían formado equipo conmigo, que querían despedirme adecuadamente. No sé si lo conté en este foro, pero mi compañera y amiga M. estuvo inusualmente triste y apagada. No había motivos para estar tristes, pero ahora creo que ella, con su intuición femenina, supo que ya nada sería igual.

Desde entonces, cada vez que he vuelto de visita a la oficina me ha parecido detectar un ambiente más tenso y menos eufórico que el de costumbre. Y ahora tengo dos datos que me han confirmado esta sensación. Mi compañero y amigo JM. fue la persona que mi jefa y yo elegimos para que se hiciera cargo de la tarea de recibir a todas las delegaciones extranjeras que nos visitaban. Durante mi último año lectivo, hicimos esta tarea a medias. Yo le pasé todas mis presentaciones y empezó por acompañarme en algunos de estos saraos. Y enseguida empecé a dejarle intervenir, hacer presentaciones al alimón e incluso dejárselas a él enteras. Se desempeñaba bien con el inglés, se esforzaba, era muy amable con la gente y ayudaba en todo lo que podía.

Bien, pues el otro día me llamó para decirme que se había trasladado a petición propia a una Junta de Distrito. Preguntado por el motivo, me dijo que iba a ganar un poquito más de dinero, pero sobre todo es que el trabajo que hacía en Urbanismo le resultaba ya muy aburrido; que, desde que me había ido yo, la Dirección General ya no recibía a delegaciones extranjera, que parece que ahora son atendidas por otras dependencias y que a él eso era lo que más le interesaba y le divertía del puesto anterior. El otro dato: esta semana, la Dirección le ha comunicado al equipo de Reinventing Cities que Madrid no va a participar en la tercera edición del concurso, para lo que se aducen diferentes razones entre ellas que yo ya no estoy en activo. Antes de Navidad reeditaremos la comida a tres con mis chicas y tal vez me cuenten algo más.

Es decir, que el buen rollo laboral era yo quien lo llevaba incorporado, algo que no me imaginaba, porque siempre he tenido la sensación de que mi tarea era mucho de tirarme el rollo, de relaciones públicas, mientras que el trabajo duro y de detalle lo hacían mis compañeras y así lo he manifestado siempre en el blog. Pero es que, además, esto se contrapone con el hecho de que acabo de ir a hablar a París y he quedado muy bien. De que mi amiga Ana Ruiz-Bowen, directora del Máster de Smart Cities de la Université Catholique de Lille me ha escrito para invítame a dar otra conferencia online en el curso que empieza en enero. De que mi amigo Alain Sinou cuenta conmigo para montar una red europea de personas afines, que entendemos el urbanismo y el territorio de una manera determinada, y yo ya se lo ha planteado a mi amiga S. que, después de pensárselo unos días, me ha dado el sí, realmente ilusionada.

Como para no venirme arriba. Y mi historia del desmantelamiento de las chabolas de Palomeras, objeto de una serie de cuatro posts de este blog, ya la he contado tres veces en la ETSAM y está cobrando las dimensiones de un asunto que puede tener mucho más vuelo, porque es algo que la gente de Madrid no conoce y debería conocer. Además, por medio de Henry Guitar, mi profesor de blues, tengo el contacto con la Asociación de Vecinos Nuevas Palomeras, que podría aportar el punto de vista de los propios afectados. Mi amiga S. me ha hablado de la posibilidad de integrar este tema en el curso del año que viene, incluyendo un encuentro de los alumnos con la propia asociación. Además de esto, la cosa tiene una línea complementaria más, en la que ya estoy empezando a trabajar, pero no la voy a anunciar de momento en el blog, que a veces por contar las cosas demasiado pronto, luego resulta que se joden. Sin ir más lejos, hace mucho tiempo que les hablé del concierto de Sam en el Bataclan y de que ya tenía mis entradas. Veremos si al final no se jode la cosa con la panderemia de los cojones.

¿Cómo dicen? ¿Que se lo desvele ya? Que no, que no. Que se esperen un poco, no me sean ansiosos. Aquí parece que se cuenta todo, pero yo sólo les hablo de lo que me parece. Por ejemplo, hace mucho que no les hablo de mi amiga indonesia Tantri, a cuya boda online asistí como único amigo no indonesio ni holandés. Miren ustedes por dónde, mi amiga vive ahora cerca de Ámsterdam, está embarazada de varios meses y era esta otra de las razones por las que yo quería viajar a Holanda. Es que ustedes quieren enterarse de todo y así no son las cosas. ¿Saben lo que les digo? Métanse en sus asuntos. Mejor, se lo digo en inglés: Mind your own business.

Mi amiga Tantri fue la que sentenció que, con esto del Covid, el tiempo pasa despacio y deprisa a la vez. No hay mejor definición de este tiempo líquido, incierto, aleatorio, azaroso, eventual, en el que las cosas no salen como se planean. Hace ya cerca de dos años, antes de la llegada de este vértigo temporal, Tantri estaba haciendo un máster en Rotterdam y yo tenía los billetes a París desde donde pensaba coger un tren para encontrarme con ella. Incluso habíamos quedado para vernos una noche y hasta habíamos elegido ya un restaurante para una cena romántica. Pero llegó el Covid y todo se fue a la mierda. Yo cancelé mi viaje. Tantri vio como cerraban apresuradamente su máster, se encontró atrapada en un país extranjero en situación de pánico y en esa peripecia encontró a un holandés que la ayudó de forma decisiva a encontrar la forma de volver a su casa en Indonesia. Y se enamoró de él. Y tuvo que casarse, para que su familia la dejara irse de su tierra.

Ahora es una mujer feliz que espera su primer bebé. Que por qué no les he contado esto antes. Pues porque no es su business y porque yo tengo por norma no usar el blog para quejarme de mis desventuras sobrevenidas. El tiempo te juega estas malas pasadas y hay que aceptarlo con deportividad. Un tiempo voluble, caprichoso, cruel a veces y como gobernado por un Dios que tira todo el rato los dados. Pero a la vez un tiempo que convierte algunas cosas en inmortales, en elementos imperecederos con los que se construyen nuestros recuerdos y nuestra memoria. Por ejemplo, la música del gran Hank Williams, uno de los mejores músicos de country de la historia. No hace mucho les traje su blues del enfermo de amor. Hoy les despido con otra joya: Mind your own business. Disfrútenlo. Y aplíquense el cuento.