domingo, 29 de noviembre de 2020

999. Nine-nine-nine

Aquí me tienen, a las puertas del post #1.000, un logro que nunca pensé que alcanzaría. Me dicen los gestores de la página blogger.com que no va a pasar nada con esa cifra. Es que les pregunté, porque me temía algo parecido al efecto 2.000, que luego se quedó en agua de borrajas, pero que llenó miles de páginas de los periódicos con predicciones alarmistas. En este caso sería un efecto 1.000, no sé, por ejemplo que la página no admitiera una numeración con más de tres dígitos y se bloqueara de alguna manera. Me aseguran que no va a pasar nada de eso, yo tengo que creérmelo y de todas formas falta poco para saber qué sucede finalmente. Igual que hice con otras cifras mágicas, como el #500 que centré en unos fragmentos del Quijote, para el post #1.000 tenía preparada una idea, pero me ha pillado el toro y no va a poder ser de momento, así que ya les adelanto que mi siguiente texto será uno más de la serie, sin una relevancia especial en consonancia con la efeméride.

Lo que se me había ocurrido era contar la historia de mi padre y cómo vivió el traumático trance de la Guerra Civil. Y cómo eso influyó en toda nuestra familia, incluso en nuestra personalidad. Tengo un relato elaborado en mi cabeza, que no estoy seguro que sea rigurosamente cierto, ya saben que tengo una cierta tendencia a fabular, pero para mí esa es la verdad y ya saben lo que decía al respecto el gran Truman Capote cuando le preguntaban si lo que narraba en A sangre fría era cierto: hay que saber diferenciar entre la verdad y la narración estricta de los hechos. Yo tengo mi relato, encajaría perfectamente en los parámetros de este blog y hasta tenía pensado el título: La guerra del doctor Ortega. El problema es que este no es un texto que yo pueda escribir poniéndome un rato en el teclado, darle una somera corrección de estilo y publicarlo en apenas tres horas, como hago con la mayoría de mis posts.

Este es un asunto que yo debo escribir con mucho cuidado, dejarlo reposar como ciertos guisos, repasarlo, corregirlo y darle cuarenta vueltas hasta que quede a mi gusto. Y, sólo entonces, pasárselo a mis hermanos mayores, para que lo lean, me digan en primer lugar si les gusta o si encuentran algo erróneo o inadecuado y, en segundo término, si me dan permiso para subirlo a una página pública en la que puede entrar cualquiera. Mis hermanos están cerca de cumplir 86 y 78 años respectivamente, no tienen la agilidad y velocidad como para hacer de forma instantánea lo que les voy a pedir, y necesitarán un tiempo. Total, que se me ha echado el plazo encima y ya supe hace tiempo que no llegaría al #1.000 con el texto listo. Mi querido hermano Viti, que se nos fue hace ya cerca de siete años y a quien recuerdo prácticamente todos los días, no me hubiera puesto ninguna pega, era un seguidor incondicional de este blog y sé que hasta le hubiera hecho ilusión.

Los dos hermanos que me quedan, creo que disfrutarán de mi texto cuando lo escriba, incluso tal vez encuentren algún dato que no conocieran previamente, pero entra dentro de lo posible que no les parezca bien que todo eso se publique y están en su derecho de vetarme. Pero, volviendo a lo práctico, les repito que el plazo se me ha echado encima y este será, pues, un proyecto para más adelante. A modo de excusa, he de decir que llevo una temporada muy ocupado, con temas de tipo personal de los que no se cuentan en el blog, y otros que sí puedo contar, lo que pasa es que no me gusta utilizar este foro para quejarme de mis problemas, ya saben: al blog se viene llorado. Mañana lunes tendremos la primera sesión del Jurado del concurso El Bosque Metropolitano. Serán cinco sesiones, una por sector y las tres primeras en la semana entrante. Es un tema difícil y delicado, cuya preparación nos ha llevado mucho tiempo y yo tendré un protagonismo especial en la tercera sesión que será este viernes.

Además, pasado mañana martes tengo cita previa en una sucursal de la Agencia Tributaria, para llevar una serie de facturas y documentos que me pide Hacienda, cuyos sabuesos no han encontrado mejor entretenimiento que buscarme las cosquillas en mi última declaración, en vez de perseguir a la panda de ricachones que se llevan el dinero a las Islas Caimán. Si les ha sucedido alguna vez, sabrán todo el trabajo que lleva encontrar y organizar esas facturas, que se empeñan en no aparecer por ninguna parte. Basta que necesites un papel para que no aparezca. Y, si tienes que pedir un duplicado, a menudo te encuentras con el típico burócrata renuente, que te mira mal por haber perdido el original y te deja claro que no tiene por qué emitirte un duplicado y que, si todo el mundo hiciera como tú, esto sería un cachondeo y patatín y patatán.

Encima, he estado prácticamente un mes sin WiFi, por una avería de la red ADSL de Orange, lo que me ha llevado a una guerra larga con la compañía, que ha estado pasando de mí hasta que les amenacé con volver de nuevo a Movistar. Y todo eso sin entrar en los temas que no se cuentan en el blog. El caso es que estamos ya en el post #999, o nine-nine-nine. Tengo pendiente celebrar la derrota de Trump, cuando sea segura, cantándole el nah-nah-nah de Sheryl Crow. Pero de momento me contentaré con traerles esta tonada del gran Tim Armstrong, que recuerda al fabuloso verano del 69. ¿Quién de ustedes no ha tenido un verano como ese? Yo tenía 18 añitos y había entrado ya en la Escuela de Arquitectura. Les pongo un vídeo con la letra, para que practiquen inglés. Escúchenlo y seguimos.


En fin, que yo estoy fascinado con Samantha Fish, Larkin Poe, Tab Benoit y otros, pero no me olvido de mis referencias musicales básicas y Tim Armstrong, el líder del grupo de punk Rancid que ahora hace esta especie de ska-punk, es una de ellas. La letra es fabulosa: en tres minutos cuenta cómo se compró su primera guitarra, como fardaba por ahí con ella, y como la chica le coge la mano y entonces él sabe que es ahora o nunca. Eso sí, de follar nada. Pero el tiene su guitarra y seguirá adelante en pos de un sueño. La vida misma. Los sueños mueven nuestra vida, quien no tiene un sueño, un afán, un anhelo, es como si estuviera ya muerto. Y, cuánto más difícil y más disparatado sea ese anhelo, mayor placer produce conseguirlo. Dice Eduardo Galeano que el derecho a soñar no está incluido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero nadie nos lo puede quitar.

Maradona encarnó los sueños de la ciudad de Nápoles, unos sueños imposibles, pero que se hicieron finalmente realidad, en forma de dos ligas y una Copa de la UEFA. Cuando visité la ciudad en 2017, ya percibí en las calles el aura de este señor y dediqué al tema la primera mitad del Post #685; la otra mitad estaba dedicada al Benevento, un equipo de fútbol de una pequeña ciudad cercana a Nápoles, que por entonces perdía todos sus partidos, algo nunca sucedido en ninguna liga europea. El Benevento, descendió ese año, estuvo dos temporadas en Segunda y luego volvió a subir. En la temporada actual está consiguiendo mantenerse decorosamente por la mitad de la tabla. Sobre la importancia de Maradona en Nápoles, les recomiendo que lean el artículo del gran Roberto Saviano, el escritor napolitano que ha de vivir con escolta permanente, desde que publicó su novela Gomorra, en la que desvela las interioridades de la Camorra. Para leerlo han de pinchar AQUÍ. Abajo, una imagen de los tiempos felices de Maradona en Nápoles.

Como si no hubiera sido suficientemente negro este año bisiesto de 2020, encima se muere Maradona. Para nadie ha sido una sorpresa. El Pelusa se llevaba muriendo un largo tiempo, años incluso. En este foro trajimos no hace mucho un vídeo corto con un bailecito suyo en el que acababa bajándose los pantalones y mostrando el culo a la cámara. Como suele decirse, nos hizo a todos un calvo. Era una muestra más de su decadencia física y mental. En el vídeo no se le veía especialmente feliz y se dice que en estos últimos tiempos estaba deprimido y desganado del mundo. Lo terrible es que, con tanta mierda de redes sociales y sistemas de comunicación global, la gente asiste impertérrita al espectáculo degradante y patético de contemplar en directo cómo se autodestruye una persona, sin mover un dedo para ayudarle. Cierto que no es sencillo ayudar a alguien con ese tipo de patología psíquica degenerativa. Pero, al menos, no lo exhiban como a un chimpancé de feria.

Exactamente lo mismo sucedió con la gran Amy Winehouse, otra persona genial inmersa en una espiral autodestructiva en directo, sin que nadie intentara ayudarla. Tal vez lo perverso está en la mera existencia de esas mal llamadas redes sociales, un arma peligrosa en manos de garrulos, ignorantes y gentes predispuestas a creerse una realidad paralela, sin capacidad para filtrar y procesar la avalancha de información que les llega. Ese es el caldo de cultivo perfecto para la manipulación. ¿Se creen que exagero? Miren, yo no soy especialmente paranoico, es más no me resulta incómoda la sensación de estar permanente vigilado, de que se sepa todo lo que me sucede y todo lo que pienso. Por eso este blog: si yo lo canto todo a los cuatro vientos sin pudor alguno, ya no tienen que molestarse en vigilarme ni yo preocuparme por ello.

Por ejemplo. Viajé a Chicago, como recuerdan, hace ya más de dos años, cómo pasa el tiempo. La organización C40 me pidió que me sacara yo el billete, que luego ellos me lo reembolsaban. Así que me saqué un billete de ida y vuelta a Chicago desde mi ordenador personal. Pues, desde ese día, me estuvieron entrando propagandas de vuelos, hoteles y hasta restaurantes de Chicago, durante al menos seis meses. Todos los días. Esto es algo que decide un algoritmo, y los algoritmos, por definición, son tontos y no pueden entender que yo no voy a volver a Chicago, que tal vez nunca visite de nuevo esa ciudad maravillosa.

Otra. Yo padezco de insomnio. Me acuesto, me quedo frito, pero me despierto a las cinco horas. A veces me duermo otra vez, a veces ya no y me pongo a leer o a cotillear en el ordenador. Pues hace un tiempo que me ha empezado a entrar propaganda de somníferos programados para operar en dos fases: melatonina y valeriana para el primer sueño y pasiflora y amapola de California para retomarlo después de despertarme a media noche (por cierto, eso de la amapola de California tiene bastante gracia: imagino que será de la familia de la amapola de Afganistán, de la que se extraen esa serie de somníferos acreditados y poderosos que tienen ustedes en la cabeza). Yo no he buscado en el ordenador propaganda sobre medicinas para dormir. Pero el Gran Hermano, que es, como si dijéramos, el Algoritmo en Jefe, ha detectado por mis horas de uso del ordenador, que tengo problemas de sueño.

¿Voy yo por eso a ponerme histérico, paranoico o nervioso? Pues no, desde luego. Incluso, he hecho una comparativa con los productos que me ofrecían y me he bajado a la farmacia a comprarme uno que me da más confianza que el que ya usaba. Es que la publicidad es un mundo que merece todo mi respeto, sobre todo desde que vi la serie completa Mad Men, que explica cómo surge ese sector de negocio tan peculiar. El año pasado presumí de hacer gasto cero en el Black Friday y en el Ciber Monday, pero este año he aprovechado para comprarme unas zapatillas Nike Epic React Flyknit, iguales que las que tenía, que me van muy bien pero están bastante destrozadas, con el trote que les doy. Me las compré por Amazon el Black Friday y me las trajeron el mismo Black Sabbath. De la misma forma, yo les tengo a ustedes vigilados, queridos lectores, y he constatado que mi post sobre la basura no ha recibido muchas visitas. Comprendo que se trata de un asunto bastante maloliente, pero les recomiendo volver sobre sus pasos y echarle un ojo. Cuidado, les vigila el comisario Vidalejo.


A mí no me importa que me vigilen. Lo que no me gusta de las redes sociales es que te encapsulen en una burbuja ideológica y ya sólo te manden información sesgada para realimentar esa tendencia que presumen instalada en tu cabeza. Esto sucede con la izquierda y con la derecha. Y las manipulaciones son palmarias. Ya les traje una conferencia TED en la que una periodista demostraba fehacientemente que el Brexit era el resultado de una de esas manipulaciones. Si usted, querido lector, lee un día una información sesgada a la derecha (o a la izquierda), el algoritmo padre le empezará a bombardear con mensajes de ese tenor. El fenómeno Trump tiene que ver con eso. Cuando Obama llegó a la presidencia, se organizó una campaña en su contra en las redes, que difundía toda clase de confidencias falsas, inventadas. Y lo malo es que los garrulos yanquis se las creyeron.

Yo entré por casualidad en una de estas páginas, buscando información sobre el cantante de country Ray Stevens, que me gustaba y me sigue gustando a pesar de que he averiguado que es un facha irrecuperable. Buscando entre las páginas que seguía este señor, encontré una que decía tener pruebas de que Obama y su señora eran ambos bisexuales y organizaban orgías en la Casa Blanca, en las que se follaban los dos a sus hijas y a sus empleados más cercanos, festejos a los que solían incorporar a unos cuantos grandes chimpancés de los zoológicos vecinos, ya que, como ellos eran medio monos, era esto lo que más placer les proporcionaba. Les juro que eso lo he leído yo y estoy seguro de que muchos americanos creyeron que era cierto. De hecho, en las elecciones al Congreso de mitad de legislatura, los demócratas perdieron la mayoría que tenían.

La gente es capaz de creerse cosas inverosímiles y construir con ellas un universo paralelo, realimentado continuamente con los mensajes que ya te envían todo el tiempo y todo ello favorecido por el aislamiento de las personas en el mundo moderno, exacerbado ahora por el covid-19. Por ejemplo, el propio Trump está convencido de que ha ganado las elecciones y de que ha sido víctima de un gigantesco fraude, a pesar de que sus abogados se estrellan una vez y otra con la realidad (el problema es que nadie se atreve a decirle la verdad de lo que está pasando). Los catalanes se llegaron a creer que tenían la independencia al alcance de la mano. Y, sin ánimo de comparar, es lo mismo que le sucedió a la madre de Asunta, la niña china a la que asesinaron sus padres adoptivos hace ya más de siete años en Santiago de Compostela. La madre, Rosario Porto, se suicidó hace unos días en la cárcel y ya no sabremos nunca por qué la mataron. Vean que monada de niña era. Cómo se puede ser tan mal nacido como para matar a una criatura como esta, a la que has criado desde pequeñita.  


Yo le dediqué a este caso un doble post, que titulé El asunto Asunta, en el que simplemente me limité a traducir un reportaje de investigación de un periodista de The Guardian que me pareció muy bueno. Desconocía, cuando publiqué ese doble post, que estaba a punto de romperme un brazo. Es difícil entender los motivos por los que dos personas, que forman una pareja rota, pueden planear algo tan terrible, y luego mantener su versión irreal y no confesar su autoría, al menos uno de ellos. La Guardia Civil sostiene que Rosario estuvo dos veces a un tris de derrumbarse y hablar, pero le pudo la presión mental de su exmarido, al que todos señalan como cerebro e inductor del crimen. Alimenta esta teoría la conversación que tuvieron ambos recién detenidos, cuando los metieron en celdas contiguas, llenas de micrófonos. Ella le dijo en tono de recriminación: ¿ves a donde nos has llevado con tus fantasías? momento en que él chistó para mandarla callar.

Rosario Porto se construyó un mundo paralelo al real. Mientras estaba reformando la habitación de Asunta para adaptarla a su nueva realidad de adolescente y gestionaba matricularla para hacer el curso siguiente en Gran Bretaña, estaba ya comprando cantidades grandes de Orfidal para dormirla y cargársela cómodamente. Desde que fueron detenidos, ambos sostuvieron, contra todas las evidencias, que Asunta era la persona que más querían y que no descansarían hasta encontrar a los verdaderos culpables. ¿Tuvo Rosario Porto un flash de lucidez que le hizo comprender al fin la realidad y por eso se suicidó? Nunca lo sabremos. Es un crimen muy extraño, realmente yo no concibo cuál pudo ser el móvil verdadero. Y hay un cabo suelto tremendo: Rosario tenía un amante, un hombre de negocios compostelano, que estaba casado. ¿Por qué no se ha sabido nunca la identidad de este señor, cuando se sacaron a la luz hasta los mínimos detalles de este caso? ¿Quién es ese poderoso señor X al que la sociedad protege de forma tan hermética?

Es un caso criminal único. Normalmente, en estos casos acaba apareciendo siempre un vínculo sentimental o económico. Se mata por celos, por despecho, por envidia. O por cuestiones de poder o predominancia. Y también, por supuesto, a cambio de treinta monedas de plata. Esto es lo que canta el bueno de Tim Armstrong en otra de sus canciones. Si no saben lo que es el ska-punk, aquí tienen un ejemplo perfecto. Además con imágenes de un par de bailones, por si quieren ustedes imitarlos. La música de este señor es siempre optimista y energética. Estupenda para el trance colectivo que estamos pasando. Hay señales de que ya vamos saliendo del túnel. Tengan confianza, ya saben lo que dicen en mi tierra: nunca choveu que non escampara. Sean felices. O al menos inténtenlo.


miércoles, 25 de noviembre de 2020

998. La basura

¿Cómo dicen? ¿Manden? ¿Que si voy a hablar de Trump, Bolsonaro, Putin, Erdogan, Maduro? No, no. El título de este post es literal, además definido por un artículo determinado: la basura. No una basura o un tipo concreto de basura especificado en un calificativo posterior. Hablamos de la basura, la que generamos entre todos, ese lixiviado conceptual de la civilización, que el ser humano produce en cantidades estratosféricas. Por cierto, cuando yo estudiaba gramática y me pedían hacer un análisis sintáctico, los vocablos el, la, los, las, se caracterizaban como artículo determinado. Sin más apellidos. En cambio, cuando mis hijos eran pequeños y me tocó ayudarles en tareas similares, ellos debían decir: determinante artículo determinado. Menuda memez. Algún sabio de la semiótica había tenido la ocurrencia de agrupar los artículos determinados con otra serie de figuras sintácticas, bajo un paraguas conceptual común, y no había encontrado mejor nombre para esta categoría global que el de determinante, sin caer en la cuenta de la coincidencia fonética, que lleva el nuevo concepto a los límites de la tautología o perogrullada, cuando no directamente del oxímoron: determinante artículo indeterminado.

Todo esto es un poco abstracto, pero sencillo, no creo que hayan tenido dificultad en seguirme. Pero vayamos al grano. La basura. Ustedes, queridos lectores, bajan cada día su bolsa de basura bien cerradita al contenedor del portal o de la acera, y luego se desentienden del tema y vuelven a su casa impoluta con la sensación de haber cumplido su deber como ciudadanos. Pero eso mismo hacen miles de sus convecinos, cerca de seis millones en Madrid. Y todo eso hay que gestionarlo: transportarlo, tratarlo, clasificarlo, reciclar lo que se pueda. Cada año, el ser humano produce nada menos que 2.100 millones de toneladas de basura. Se podrían llenar con eso 800.000 piscinas olímpicas. Es un dato que aparece en un artículo de la BBC de 2009, un poco anticuado ya, pero con plena vigencia, que pueden consultar AQUÍ. También dice el artículo que los Estados Unidos son el país que más basura genera y que menos recicla en porcentaje. Vamos con unas imágenes.



Como ven, hay gente que trabaja entre la basura, recuperando objetos que piensan que pueden reutilizar. También hay diversos pájaros y zancudas que viven de alimentarse de lo que pillan en estas montañas de porquería. Las gaviotas, animales fundamentalmente marinos (en inglés se les llama seagulls), han dejado de alimentarse del pescado y se dedican ahora a comer mierda, literalmente. Por eso hay gaviotas en Madrid. Aquí no hay playa, vaya-vaya, pero hay decenas de miles de gaviotas. Han ido subiendo de vertedero en vertedero, a lo largo de las ciudades bañadas por el Tajo, hasta instalarse en el de Madrid, llamado Valdemingómez, y también bautizado certeramente como Vaciamadrid. Unas pocas imágenes más sobre el trajín humano y animal en los vertederos del mundo.




Cuando formaba parte del equipo que revisó el Plan General de Madrid, entre 1992 y 1997, tuve la ocasión de visitar el complejo de vertederos de Valdemingómez. Imagino que desde entonces habrán mejorado muchas cosas, de hecho hay ahora una planta que produce biogás, de gran utilidad industrial, que entonces no existía. Pero hay procedimientos y rutinas que imagino que siguen igual, o parecido. Por un lado llegan al complejo los objetos voluminosos, como colchones, los animales muertos, o los residuos hospitalarios o tóxicos, que tienen su recogida independiente. Pero la basura domiciliaria, en sus bolsas bien cerradas, llega en los camiones, que levantan mecánicamente la caja y dejan caer su carga en unas grandes bandejas. Allí, por procedimientos mecánicos, las bolsas son dirigidas hacia una especie de troneras por donde entran ya de una en una, montadas en una cinta transportadora.

Las bolsas, como buñuelos en una fábrica de dulces, enfilan un primer pasillo, donde desde el techo caen una especie de pinzas metálicas poderosas, cuyo objeto es deshacer cada uno de los envoltorios y convertir el cortejo en un pequeño río de desperdicios. En el siguiente espacio, el techo es un imán potentísimo, que atrae todos los objetos metálicos, que vuelan y se quedan pegados arriba, para salir por otra tronera. Lo siguiente que se extrae son los plásticos y otros objetos destacados. Y esto se hace manualmente. Hay por allí unos tipos encargados de tareas específicas. Uno coge los envases plásticos y los aparta a un montón. Otro los tetrabricks. Otro los cristales. Todo lo que no sea orgánico. En el lugar hay un estruendo espantoso y una peste inenarrable. De modo que para este trabajo tienen preferencia de contratación lo que podemos llamar minusválidos sensoriales: sordos y gente sin olfato. Los suministra la ONCE, que controla todas las minusvalías y tiene un acuerdo con la planta.

Todo lo que no se recicla, se saca al exterior y se va depositando en tongadas, en los vertederos del entorno. Allí, por un fenómeno natural, la basura orgánica suele echar a arder casi sin llamas, pero alcanzando unas temperaturas de mil grados. Cuando ese fuego se apaga, el residuo está completamente libre de gérmenes y hace un compost de muy buena calidad. A los visitantes les suelen dar unos paquetitos de regalo, para sus tiestos, y les aseguro que es buenísimo. El problema es que nadie lo quiere comprar, porque en la Comunidad de Madrid apenas hay cultivos, y los agricultores de las dos Castillas no lo quieren ni regalado, porque han de pagar el transporte en camiones y ya no les compensa. Por otro lado, los vertederos tienen una vida útil establecida por ley, de acuerdo con principios científicos. Después de esa vida útil, hay que sellarlos y cubrirlos con tierra fértil. Así se crean parques fabulosos, yo recuerdo el vertedero que había bajo el actual parque Tierno Galván, lleno de residuos industriales y contaminado hasta el extremo de que la tierra estaba verde y azul por zonas.

Dentro de este desmadre universal, parece claro que una práctica que ayuda es la división de la basura en origen. Yo, por ejemplo, separo los plásticos, latas y tetrabricks en una bolsa, que llevo al contenedor amarillo. Lo mismo hago con el papel y el vidrio. He de hacerlo yo, porque si lo saco al portal, el portero lo echa todo junto al cubo de la basura normal. Sostiene que eso del reciclaje es un camelo, que los camiones que recogen los cubos amarillos, los vidrios y los papeles lo echan todo al mismo sitio. La ignorancia es lo que tiene. En muchos barrios de Madrid hay un quinto contenedor, de color marrón, para separar la basura orgánica del resto. En el distrito centro, donde yo vivo, ya nos anunciaron que venían los contenedores marrones, mediante un correo postal con una carta, unas instrucciones de uso y un imán para la nevera. De eso hace unos dos meses. Y todavía no tenemos los cubos. Seamos indulgentes con el alcalde Almeidinha, que hace lo que puede en plena pandemia. Ya llegarán.

Pero hemos seguido el rastro de la basura orgánica en Valdemingómez. ¿Y qué pasa con los plásticos que diligentes empleados sordos o anósmicos, provistos de guantes quirúrgicos, separan del río de basura? Pues es un problema gordo. Estas balas de plástico comprimidas, se solían recoger y transportar en camiones y barcos a países depauperados, generalmente de Asia, que cobraban un dinero por quedarse la mierda plástica, dinero que normalmente acaparaban las élites corruptas locales, en vez de usarlo para hacer más escuelas (es un decir). La mayoría de esa basura se mandaba a China. Pero el gigante asiático está en el proceso de sacar a millones de sus habitantes de la pobreza, con su sistema de capitalismo de estado y partido único. Y, en ese salto cualitativo, ya no quiere la basura de nadie. Así que anunciaron que ya no aceptarían más cargamentos de plástico. La amenaza se hizo efectiva a comienzos de 2017. Y, como Humanidad, tenemos un problema grave con eso. Les recomiendo que lean un interesante artículo al respecto, del pasado agosto, pinchando AQUÍ.

Impresionante artículo e impresionantes fotos. Como ven, este tema de la recogida de basura se presta a la intervención de bandas mafiosas. Hay un sector del mundo del delito dedicado al transporte ilegal de basuras (no hemos hablado nada de los residuos de obra, que darían para un post específico). Y también dedicado a la recogida de basuras urbanas. Recordarán ustedes que, en Nápoles, dicha recogida está en manos de la Camorra, que la maneja a su antojo. Quiero decir presuntamente, que no querría tener que ir a partir de ahora con escolta, como el escritor Roberto Saviano. Y es un problema que no tienen en absoluto bien resuelto, como se ve por la porquería que hay en sus calles y por el hecho de que se llame a la ciudad el vertedero de Italia.

Ya les he dicho que, desde que estamos confinados o semiconfinados (y casi confitados), veo series de TV muchas noches y empecé por tragarme entera Los Soprano, que todo el mundo dice que es la mejor (junto con The Wire, que ya había visto). Pues los Soprano son una familia de gangsters de New Jersey que, además de ocuparse de la droga, la extorsión a comerciantes y otros negocios ilegales, controla la recogida de basuras de la ciudad. Recuerdo un episodio en el que a un tendero que se ha retrasado con los pagos de la mordida, le llegan con un camión de basura y se lo descargan a la puerta del negocio. La recogida de la basura urbana es asunto delicado; quizá recuerden el pulso que le echaron a la señora Botella, a la sazón alcaldesa de Madrid, los trabajadores de las empresas que controlan el negocio. Trece días de huelga en noviembre de 2013 (se contó en el blog). Yo recuerdo las ratas corriendo libremente a la luz del día por la calle Atocha, de guateque permanente. Vean unas imágenes de ciudades europeas en huelga de basuras. Arriba Marsella, abajo París.


¿Por qué hicieron huelga esos trabajadores? Pues en protesta por el nuevo modelo de contrato que implantó el Ayuntamiento en tiempos de Mrs. Bottle. El asunto de la recogida de basuras es muy sensible, una huelga es una cosa terrible para una ciudad y no es tema para que lo toque alguien que no sabe. Y no me estoy refiriendo a la alcaldesa. Siempre que se perpetra una medida impresentable, hay detrás un personajillo capaz de firmar el asunto. Recuerdo que en una ocasión, haciendo inspección de cómo estaban las parcelas de equipamiento previstas en el Plan General de 1985, encontramos una parcela destinada a uso deportivo (donde por tanto debería haber un polideportivo de barrio), convertida en un centro comercial (no les voy a decir el nombre). Hicimos una investigación y averiguamos que la licencia la había dado la Junta de Distrito correspondiente, y la había firmado un arquitecto interino que había estado en ese puesto sólo dos meses y ya no estaba en el Ayuntamiento. Seguro que le pagaron bien el favor.

En Madrid, las basuras y el cuidado de parques habían estado tradicionalmente en manos de varias empresas grandes: FCC, Dragados y Sacyr-Vallehermoso. Se iban turnando, unas veces ganaba una un concurso, al siguiente la otra. Madrid estaba dividida en muchos sectores y las tres grandes empresas y sus filiales controlaban cada una un ramillete de sectores. Entonces llegaron las vacas flacas por el despilfarro de Gallardón. Había que ahorrar como fuera. Y el lobby de las grandes empresas propuso un cambio de sistema: agrupar los sectores en seis grandes paquetes, eliminar las cláusulas que obligaban a tener un mínimo de trabajadores y sustituirlas por un control de resultados. En caso de que la limpieza de la ciudad no estuviera a gusto del Ayuntamiento de acuerdo a un sistema de indicadores, se estipulaban una serie de multas económicas. Pero a estas grandes empresas se la bufa pagar esas multas, es calderilla para ellas.

Pero lo peor de todo es que el Ayuntamiento firmó con estas empresas unos contratos blindados por ocho años, como los que suscriben los entrenadores de los equipos de fútbol. Los contratos se firmaron en agosto de 2013. Y es imposible rescindirlos sin un gasto que la ciudad no se puede permitir, hasta final de julio de 2021. Desde que se estableció el nuevo modelo, la ciudad empezó a estar sucísima. Y la huelga de 13 días fue en noviembre de ese año. Una huelga contra los despidos masivos que proponían las empresas a partir de los nuevos contratos. Al final, la cosa quedó en empate. No hubo despidos, a cambio de una congelación salarial de 5 años y otras rebajas sustanciales para los currantes. Pero la limpieza de la ciudad ya no remontó.

¿Y quién era el portento que aceptó ese acuerdo funesto desde el lado municipal. Ya les he dicho que investigando en estos temas siempre encuentras a un personajillo que da el paso en falso. Cuando escribí mi Pavana para una alcaldesa cesante, panegírico en dos posts en honor de la señora Botella, ya desvelé uno de los hándicaps que esta mujer no pudo superar. Ella iba en una lista encabezada por Gallardón. Cuando éste hizo mutis por el foro, con él se fueron los primeros espadas de la lista, como Manuel Cobo y Juan Bravo. A los segundones les tocó la desgracia del Madrid Arena y tuvieron que dimitir. Los concejales que la alcaldesa nombró directamente sin estar en la lista (como hacía Gallardón, recuerden a Alicia Moreno), fueron anulados por una sentencia judicial que dictaminó que era una práctica ilegal. Así que esta señora acabó gobernando con los últimos de la lista electoral, esa purrela con la que se rellenan las listas en los puestos que nunca van a alcanzar un asiento, esa ensalada de asesores de tercera, carromerillos y petimetres diversos.

Entre estos de la purrela, estaba el que terminó siendo concejal de Medio Ambiente y firmó el contrato maldito. Se llamaba Diego Sanjuanbenito, pero yo le puse el mote de Juan Sambenito. No sé si es muy prudente que desvele este nombre pero, a poco más de dos meses de convertirme en un jubilado, poco me pueden hacer ya, aparte del hecho cierto de que este blog lo leen entre 40 y 50 personas, como mucho. Cuando mi querida África trabajaba conmigo, siempre le pedía consejo antes de publicar un post con revelaciones como esta. Pero ya no la tengo al lado y este es otro tema en el que la echo mucho de menos. En cualquier caso, lo que cuento es cierto, no sería muy difícil de comprobar (si hubiera una prensa de investigación como Dios manda) y finalmente creo que es bueno que los ciudadanos sepan estas cosas. 

Juan Sambenito, no hizo esto porque fuera tonto (tampoco lo era el arquitecto de la Junta citada más arriba). Lo que hizo fue una inversión en la bolsa de favores, tal como la definió Tom Wolfe en La Hoguera de las Vanidades. La gente tiende a pensar que, detrás de un movimiento como este hay una corruptela y un pago en dinero. Normalmente eso no sucede y, desde luego, no creo que sea el caso. Pero Juan Sambenito recibió compensación: fue incluido en la lista del PP a la Comunidad y pudo vegetar durante un tiempo como parlamentario raso. Luego lo han ido nombrando sucesivamente delegado de Medio Ambiente, Sanidad y no sé cuántas cosas más. Una carrera política iniciada a partir de la firma de estos contratos de la vergüenza, que ahorraron al Ayuntamiento cerca de 300 millones de euros, a cambio de un daño incalculable al confort de los ciudadanos y a la imagen de la ciudad.

Cuando llegó la señora Carmena, tuve ocasión de vivir en primera persona las consecuencias de esta guerra. Apenas transcurrido un mes de su victoria tuvo lugar el Día del Orgullo Gay, la primera gran fiesta para el equipo de gobierno municipal entrante. Se decidió que ese año la cabalgata empezara en Atocha y marchara por el Paseo del Prado hasta Cibeles. Eso quiere decir que mi calle, que es paralela al Paseo del Prado, fue el lugar elegido por los gays más gorrinos de la marcha para mear, cagar y vomitar, entre otras actividades reprobables. Las cagadas y las vomitonas estuvieron unos quince días sin limpiar, daba asco salir a la calle. Las empresas concesionarias asomaban la patita: ojo, que como se os ocurra tocarnos un pelo, ya veis lo que nos importa dejar las calles hechas un estercolero.

Durante toda la legislatura de Carmena, las calles siguieron muy sucias. Ella nombró para el cargo a Inés Sabanés, la única del equipo que tenía experiencia. Pero esta señora no pudo hacer nada, aunque lo intentó por todos los medios. Y ahora, Madrid sigue muy sucio, a pesar de que sale mucha menos gente a la calle por la pandemia. El alcalde Almeidinha suspira por que llegue julio de 2021 y pueda por fin dar por finiquitados esos contratos, que son prorrogables, pero que el Ayuntamiento no tiene en principio intención de prolongar. El servicio seguirá siendo concesionado, pero es de esperar que los actuales responsables municipales de Medio Ambiente hayan aprendido la lección y puedan imponer unas cláusulas más favorables al interés general. Todo sea por tener a Madrid bien limpio y bien curioso. Cuídense.

domingo, 22 de noviembre de 2020

997. To fuck shit up y el desguace americano

To fuck shit up es una expresión malsonante del idioma inglés, usada sobre todo en USA, que no tiene una traducción directa, pero que es equivalente a armar la de Dios, liarla parda o hacer un desastre de la hostia. Digamos que puede referirse a hacer un escrache, reventar una mani, generar un desmadre en cascada, romper una pareja, destrozar un castillo de arena, o simplemente molestar o fastidiar mucho. Y, en todos los casos, hacerlo de manera intencionada y no casual y con un punto irreversible: si dices you fucked shit up, viene a ser que ya la jodiste para siempre, tío, la has cagado. ¿Podemos decir que Trump está ahora trying to fuck shit up? No exactamente eso. De acuerdo con el lenguaje propio y exclusivo de este blog, estimo que Trump no está trying to fuck shit up sino dando mucho por culo que no es lo mismo. Y seguirá haciéndolo hasta que se estrelle contra la situación que no quiere aceptar. En fin, a todo esto, la expresión me trae a la cabeza a la deliciosa Samantha Fish, que a veces tiene su punto travieso, como muestra la imagen de abajo. Si se creían que me había olvidado de The queen Sam, es que no me conocen. En realidad, como el bebé del chiste que les he contado unas diez veces, sólo estaba descansando.  

Cada vez sé más cosas de esta mujer que me tiene fascinado y estoy preparando un post exclusivo para explicar quién es exactamente esta señora, con la que encuentro muchas cosas en común, tanto de forma de ser, como de aficiones. Como ven en estas otras fotos, Samantha es una gran amante de la cerveza y de los gatos.



En estos últimos tiempos, les he puesto al menos dos vídeos en los que se me puede ver interviniendo en determinados webinars o debates filmados, siempre con problemas técnicos que me impiden mostrar las imágenes o me dejan mi propia imagen congelada, cuando no se va el sonido o pasa algo peor. Han podido comprobar que no me descompongo y que sigo peleando por hacerlo lo mejor posible a pesar de las dificultades, lo que suele llamarse los inconvenientes del directo. Es que son muchos los años que llevo de conferenciante, en los que me ha sucedido de todo, lo cual da muchas tablas. Antes era muy frecuente llegar a un sitio con tu presentación en power point y encontrarte con que el sistema del lugar no era compatible. Ahora eso ya no pasa, todos los sistemas informáticos están unificados, pero a mí ya me ha tocado hablar improvisando sin poder mostrar una sola imagen. Incluso me ha sucedido que el sistema se cayera del todo, o se le fundiera una lámpara, con el mismo resultado.

Cuando hablé en Nueva York, en el congreso que tantas veces he contado, saludo a Bloomberg incluido, el día que me tocó hablar no hubo forma de que funcionara el puntero laser. Había por allí unos técnicos, pero no pudieron ajustarlo. La imagen era enorme, en una pared y yo me puse de pie y empecé a señalar con el dedo. El problema es que a algunas zonas de la imagen no me llegaba el brazo. Me recuerdo a mí mismo, ante un plano gigante de Madrid señalando por qué punto entra el río en la ciudad desde el norte, para lo que tomé impulso y di un salto como de baloncestista encestando, para señalar con el dedo el punto exacto. No había yo viajado hasta Nueva York para arredrarme por un tema como ese, pero reconocerán que, vestido con traje y corbata, hablando en inglés y tan lejos de España, la cosa tuvo su mérito (al final mi charla fue exitosa y me hicieron muchas preguntas).

Otra vez, teniendo que contar el proyecto del río a una delegación francesa de unas 40 personas, me tocó el último turno de intervención y los anteriores oradores me comieron el tiempo. El que dirigía la delegación me dijo que tenían que salir puntuales para el aeropuerto, por lo que yo disponía exactamente de 10 minutos para una charla que había previsto de media hora. Así que me puse a hablar en francés a toda pastilla, conseguí mostrar toda mi presentación en el tiempo requerido y, al llegar al final, resoplé de forma teatral, momento en que los 40 franchutes se pusieron a la vez en pie y me hicieron una ovación de las que hacen leyenda. Todavía hoy el encargado municipal de estos saraos suele recordarme que en 40 años que lleva organizando estas cosas, nunca ha visto que a nadie le hicieran la ola de esa manera.

También me ha sucedido que entre el público viniera alguien a reventar el tema (fuck shit up) y me interrumpiera todo el rato con preguntas capciosas o absurdas. En una ocasión tuve que llamar a los de seguridad para que se llevaran al follonero. Pero lo que recuerdo con más angustia fue una ocasión en que me empezó a picar la garganta, me dio la tos y me quedé sin voz a medio parlamento. Estaba en la Junta de Usera, con el Concejal del distrito y toda su plana mayor escuchándome sentados alrededor de una mesa de juntas. Después de un par de intentos, pedí por señas un folio en blanco y escribí: por favor, déjenme estar cinco minutos en silencio. Así lo hicimos. Luego, empecé a hablar sin forzar mucho la voz y conseguí remontar la situación y contarles todo lo que les tenía que contar. El concejal me felicitó al final por la forma en que había salido del apuro.

¿Por qué creen que les cuento todo esto? ¿Cómo dicen? Que para presumir. Vaya, siempre tiene que venir algún graciosillo a dar por culo o a fuck shit up. Por supuesto que por presumir. Pero también por otra cosa y aquí entra de nuevo Samantha. Les voy a pedir que vean un vídeo que muestra las tres primeras canciones de un concierto de mi diva más querida, de hace poco más de un año, en una zona rural del condado de Orange, en Carolina del Norte, en donde a Samantha le fallan las conexiones y se queda sin sonido. Verán cómo afronta la situación. Merece la pena que lo vean. Sucede en el campo, al aire libre. Este es un vídeo que no está en Youtube, lo grabó un fan con su móvil y lo colgó en Facebook, en una de las páginas de fans de Samantha, a las que estoy suscrito. Espero que puedan verlo bien, se lo he mandado a un amigo que no tiene Facebook y me dice que lo ve perfectamente.

Pónganselo en el tamaño mayor que puedan, que quiero que se fijen en varias cosas. Primero: todos los músicos de su big band están arriba, pero ella llega la última, escoltada por su fiel bajo Chris Alexander, porque quiere subir las escaleras como una reina y hacer una aparición de diva total. Pueden comprobar también que Samantha ya había empezado a engordar antes del confinamiento, se puede ver que tiene papitos en los mofletes y unas cachas importantes. Además, les prevengo que el vídeo está grabado con un móvil, con lo que se oye en primer plano al público. Sobre todo a un pelma, que debe de estar justo al lado del que graba, que todo el rato hace aaaauuuuuuhhh, con un sonido entre lamento de pájaro tropical, gato al que le acaban de pisar el rabo, especialista gallego en aturuxos y tipo al que alguien le ha dado un pellizco fuerte en los huevos. No he contado las veces que repite su grito, pero yo le calculo unas cuarenta. Imagino que, para dar ese alarido con tanta convicción, ha de cerrar los ojos, con lo que se pierde una parte importante del concierto.

Algunos de ustedes me han contado que suelen seguir estos videos que les explico en detalle leyendo el texto en un Ipad a la vez que ven la imagen en el ordenador. Les cuento. Samantha empieza con la cigar box guitar, ese instrumento arcaico de 4 cuerdas. En cuanto canta el primer verso, mira a su izquierda y pide al mezclador de sonidos que le suba el volumen del micro, con un gesto expresivo. Canta el segundo verso y nada, lo que motiva una segunda mirada de reojo y otro gesto, ahora con la mano abierta: que me lo subas, coño. Pero lo peor llega enseguida. La cigar box pierde la conexión con el ampli. Samantha hace gestos, ahora a su derecha, pero no deja de cantar. Y los músicos tienen instrucción de continuar. Samantha se va donde los técnicos, enreda un poco con ellos, porque conoce cómo van todas las conexiones. Pero la cosa sigue sin furrular. Entonces vuelve al micro y proclama: I break it down (me lo he cargado). Pero no pasa nada, dice al público, no se preocupen, que se va a solucionar, mueve un poco el culo, se quita las gafas y las tira al cielo para atrás, en otro gesto de diva, saludado por el pelma con su enésimo aaaauuuuuuhhh.

Vuelve con los técnicos y, en un momento dado, se agacha y el tipo que la está filmando se recrea un momento en su culo, antes de desviar la cámara avergonzado, para enfocar a los otros músicos. Enseguida parecen encontrar un remedio provisional, un empalme chapuza para salir del paso. Samantha vuelve y se pone a ajustar los botones del suelo y del ampli. Una precisión: por si no se han dado cuenta, todo este kit de aparatos con los que Samantha distorsiona y modela su sonido, es completamente analógico, aquí no hay nada digital como lo que usan algunos músicos más en la onda. Samantha es la reina del sonido analógico, que maneja a su antojo con el pie o agachándose. Lo tiene así porque es lo que le gusta.

Con la solución provisional, vuelve al micro (nuevo aaaauuuuuuhhh) y canta su primera canción, en la que vuelca toda su pasión, sacando un auténtico vendaval de sonido de esa guitarra arcaica en la que está considerada la mejor intérprete mundial. Durante el clímax final, hace gestos perentorios a su derecha, para que vengan otra vez los técnicos. Vean cómo se apresura a quitarse la guitarra, para tirarse al suelo a arreglar el tema bien, sin chapuzas, algo en lo que se afana con prisa, mientras los músicos siguen tocando. Otro de los vecinos pelmazos del filmador comenta por dos veces: ¡Is the hornyest working woman in the showbiz! Es la trabajadora más cachonda (o más maciza) del mundo del espectáculo. Cuando ha conseguido arreglar la avería, agarra la Gibson SG que es su guitarra preferida, para atacar las dos canciones enlazadas que siguen. Como tiene previsto, a la mitad de este doble tema se cambia de guitarra por un rato, deja la Gibson y empuña su nueva Delaney. Con tanto trajín está un poco acalorada así que se quita la chaqueta de cuero y se queda con su top de leopardo, rompiendo, guapísima, eventualidad saludada con el correspondiente aaaauuuuuuhhh del pelmazo. Para ver todo esto, han de pinchar AQUÍ

En fin, esta mujer toca muy bien la guitarra, canta fenomenal, pero lo que más me admira de ella es su determinación, su personalidad, su convicción de que lo que hace es bueno, su presencia en el escenario. Lo que en los USA se llama la showmanship, otro vocablo intraducible. Sale al estrado como una reina, enfrenta a una multitud de palurdos que le gritan que qué culo tiene y otras ordinarieces, y acaba poniéndolos a todos a bailar a su son, llevándolos a su terreno y haciéndoles cantar ese coro suave que dice I won't fade away, no me desvaneceré, toda una declaración de principios. Es que, les digo la verdad, yo veo este vídeo y me entran unas ganas irresistibles de gritar también aaaauuuuuuhhh. 

Ahora les pregunto una cosa. El tipo ese que se pasa todo el concierto dando semejantes alaridos, parece claro que es un genuino garrulo de Carolina del Norte. Se le puede imaginar con aire rural, gorra de su equipo de beisbol, camisa de cuadros, manos manchadas de grasa de conducir su tractor. ¿No piensan ustedes que este señor seguramente ha votado a Trump? Yo me apostaría un brazo a que sí. Orange es uno de los 100 condados de Carolina del Norte, un estado donde ha ganado Trump, cierto que por un margen estrecho. Mucha gente se pregunta asombrada quiénes son esos casi 75 millones de votantes que ha recolectado este señor. Pues aquí tienen uno de ellos, todo un prototipo. Tal vez muchos de esos tipos votaron a Trump confiando en que realmente he would fuck shit up. El estropicio que ha hecho no es exactamente el que algunos esperaban.

Donde mucha gente votó a Trump en 2016, desencantada de los elegantes como Obama y Clinton que miraban por encima del hombro a la población empobrecida de ciertas zonas industriales en declive, fue en los estados del llamado Cinturón del Óxido, Michigan, Wisconsin y Pensilvania (Minnesota se mantuvo fiel a los demócratas). Muchos de estos votantes han cambiado ahora el signo de su voto, al ver que Trump, al fin y al cabo, no era más que un millonario caprichoso que les había dado gato por liebre. En concreto, en el estado de Michigan transcurre la acción de los relatos que reúne el libro que estoy ahora devorándome con auténtica pasión, para la sesión de diciembre de Billar de Letras. Se llama Desguace americano (Bonnie Jo Campbell, 2009, publicado en España en 2018 por la editorial independiente Dirty Works).



Bonnie Jo es esta señora que tienen aquí arriba, con su burro. Nacida en Kalamazoo (Michigan) hace 58 años, Bonnie Jo se crió en una granja con su madre y sus cuatro hermanos, en un medio totalmente rural y deteriorado. Hasta que se escapó de casa con la intención de estudiar filosofía en Chicago. Suele contar que, en cuanto se fue, su madre puso su habitación en alquiler. Pero, una vez fuera de casa, se dedicó a recorrer los Estados Unidos de punta a punta, haciendo autostop. En Phoenix (Arizona), se encontró con el famoso circo Ringling Bross y se unió a la caravana, como vendedora de refrescos en los descansos. Dice que se sacó bastante pasta. A continuación se vino a Europa, estuvo organizando y haciendo de guía de viajes de aventura en Rusia, subió los Alpes en bicicleta y, en los ratos libres, se sacó un máster en matemáticas.

En un momento dado, decidió que quería dedicar el resto de su vida a escribir cuentos y novelas sobre la zona en la que pasó su infancia, por lo que regresó y se estableció por allí. Con el burro y otros animales de granja. Como dice la contraportada del libro, probablemente es la única beneficiaria de una beca Guggenheim que sabe cómo castrar un cerdo. Sus personajes son tipos que tienen también múltiples habilidades. Saben arreglar un coche averiado o una lavadora que pierde agua. Saben disparar una pistola o un fusil. Saben descuartizar, pelar y limpiar cualquier bicho que atropellen con sus viejos coches. Saben cocinar metanfetamina, beben como cosacos, les cuesta llegar a fin de mes y no consiguen mantener una pareja estable. Se duchan lo justo, tienen la ropa y los zapatos llenos de barro, nieve sucia y sal de la que echan en la carretera. Y ya no tienen la menor esperanza en un sistema que los ha dejado caer.

Alguno almacena combustible, munición y víveres, por si un día llega el fin del mundo. Otros coleccionan objetos absurdos en una versión vernácula del síndrome de Diógenes. Sus casas son un desastre, llenas de botellas vacías de cerveza por todas partes, su alimentación es desastrosa, fuman un cigarrillo tras otro, tienen el televisor encendido todo el día a volumen alto y a menudo duermen vestidos sobre un sofá destartalado, entre vapores alcohólicos. El ambiente de los pueblos es el de las zonas industriales venidas abajo, como Avilés o los Altos Hornos de Vizcaya, pero encima con un frío de varios grados bajo cero. Por todas partes hay aparatos viejos que funcionan mal y hacen ruidos horrendos. Y, como telón de fondo sonoro, el estruendo de la cercana autopista interestatal. El que espera el fin del mundo lo imagina como un gran apagón eléctrico, que generaría un escenario en silencio, donde se escucharían los trinos de los pájaros. Y presidiéndolo todo, la ominosa presencia de una planta de celulosa, una papelera industrial, que todos ustedes saben a lo que huelen. Ahí es donde trabajan los únicos que no están en el paro.

Esta situación ya es terrible en países europeos, como España. Pero en los USA, la inexistente regulación del mercado laboral, deja a estos desheredados del progreso totalmente desamparados, viviendo en viejas autocaravanas amontonadas en las afueras de los pueblos, sin asomo de esperanza de mejora alguna. Curiosamente, en este medio tan depauperado, sobreviven mejor las mujeres, cuando las dejan (no en vano la autora es un ejemplo de ello). Ellas se ocupan de hacer mejor la vida de sus vecinos, de atender a los niños y las familias, de alegrar el día a día de sus hombres y de mantener la cabeza fría. En fin, en este texto hemos hablado, como de costumbre, de mujeres fuertes y brillantes. Cerraremos con la imagen de otra de estas leghorn women. De las recientes elecciones generales de Moldavia, un pequeño país centroeuropeo vecino de Rumanía, ha resultado un nuevo gobierno, por primera vez en su historia presidido por una mujer. Se llama Maia Sandu, es economista, formada en Harvard y hasta hace poco trabajaba en el Banco Mundial. Una mujer joven (48), brillante y atractiva. Otra más. Les deseo una buena semana.




jueves, 19 de noviembre de 2020

996. Dale que dale

Como ya saben, supongo, dentro de tres meses justos adquiriré la condición de jubilado, pero no va a ser un cambio radical. Porque ahora mismo yo estoy en una situación que, en la práctica, es ya la de un jubilado con entretenimientos diversos y porque después del 19 de febrero pienso seguir dando guerra en la misma línea, con permiso del virus y demás amenazas que nos acechan a los septuagenarios, que es lo que voy a ser yo después de dicha fecha. Así que, como he visto que ha causado impacto el detalle de mis actividades de la semana pasada, voy a empezar este post por una reseña de lo que ha sido esta semana laboral que termina mañana, antes de pasar a otro tema. El lunes no tuvo nada de especial, colgué pronto mi post, que tenía escrito de la tarde del domingo y estuve conectado hasta el mediodía, atendiendo el correo y haciendo gestiones telemáticas.

El martes tenía dos reuniones presenciales, a partir de las 10.00, por lo que no tuve que madrugar. Estuve primero con mi jefa centrando el contenido de una nueva intervención mía en un foro que les cuento más abajo, y luego más de dos horas reunido con el equipo que va a llevar un nuevo asunto: Reinventing Universidades. Va a ser un concurso a la manera de Reinventing Cities, pero para que participen diferentes universidades, no sólo de Madrid, sino del mundo mundial. Es una idea que nos ha propuesto el C40 y mi jefa ha designado a tres personas para hacer el trabajo, porque nosotros no podemos más. Mi tarea se limita a aconsejarles, facilitarles contactos y resolver sus dudas. El concurso se lanza el 11 de diciembre y nos interesa que entren al trapo cuantas más universidades, mejor. Comí después en el bar de mis amigos y volví a casa a descansar un rato.

A las 19.00 tenía una convocatoria. El equipo de Más Madrid convocaba a los militantes del distrito Centro a una reunión telemática. Hace año y medio, con motivo de las elecciones locales, yo me involucré mucho en el apoyo a Carmena, di algo de dinero, fui a todos los actos del distrito y me puse en la terraza la pancarta con las imágenes de Carmena y Errejón. Se conoce que por eso me tienen en la base de datos. Por entonces yo me definí en el blog como carmenista y errejonudo perdido. Pero ahora han cambiado las cosas. Las dos facciones han enfrentado sus modelos y los errejonudos han impuesto su idea de hacer una estructura de partido, frente a los carmenistas que querían ser una agrupación ciudadana independiente como la ideó Manuela. Por eso han desplazado a Marta Higuera de la portavocía, que ahora ejerce en solitario Rita Maestre, como ya conté en el blog. Vean el cartel de la cita.    

Todo esto de la lucha interna entre dos tendencias, en una formación que, a su vez, surgió de una división de Podemos, me tenía ya un poco descorazonado, pero decidí conectarme, un poco por curiosidad, y otro poco porque Rita Maestre está muy guapa, dicho esto a título puramente admirativo y sin ánimo de incurrir en comentarios sexistas, poco habituales en la línea de este blog. Pero ya la foto tiene narices, porque no se ve ahí a Marta Higuera, ni a Luis Cueto, ni a José Manuel Calvo, ni a ninguno de los otros carmenistas más conspicuos, barridos de la foto, como cuando Stalin, ese precursor del Photoshop, eliminaba a sus elementos más críticos (lo malo de Stalin es que no sólo los eliminaba de las fotos, sino también del mundo de los vivos).

Me conecté y escuché a varios de los oradores ufanarse de la cantidad de trabajo que habían desarrollado durante el último año para elaborar una especie de estatutos y estructurar su grupo. Es decir que, con la que está cayendo, estos se dedican a mirarse el ombligo con esmero. En fin, he de confesarles que, con tanta palabrería, me quedé dormido (no es un chiste, es literal). En un momento dado, se hizo el silencio y me desperté. El Zoom se me había desconectado. Ante ello, decidí pasar de conectarme de nuevo y me puse a Samantha Fish a todo volumen. Creo que entraré en el correo de estos señores para darme de baja. No es que me caigan mal, a lo mejor hasta les voto algún día. Es que no me parece que estén haciendo una oposición en condiciones, aunque, al lado del trabajo apabullante y vertiginoso de Pepu, incluso resultan brillantes. Ahí queda dicho.  

Ayer miércoles era la primera de las dos visitas a la fábrica CLESA, con dos de los equipos finalistas, a los que acompañó mi compañera M. lo que me vino muy bien para hacer mi entrenamiento reglamentario matutino y también para prepararme tranquilamente mi intervención en una nueva sesión telemática de City Managers, de la red Metrópolis. Ya conté en ese foro el Bosque Metropolitano en el mes de julio, pero ahora, mi contacto de la red, Lia Brum, a quien conocí en el sarao de Lyon, me pidió que interviniera de nuevo para contar los avances en el terreno de lo que se llama la cogobernanza, es decir, la forma en que estamos implicando a otros agentes en el tema del Bosque Metropolitano. Por ejemplo, Ayuntamientos limítrofes, Comunidad, Ministerio, empresas, ciudadanía, universidades. Esta vez tuve que hablar en español y quedó bastante bien.

La cita era a las 15.00 para que pudieran entrar los de China antes de acostarse y los de Sudamérica recién levantados. Fue muy interesante, intercambiamos no sólo información sobre nuestros proyectos, sino también sobre las circunstancias de las diferentes ciudades en relación con la pandemia. Por ejemplo, los de Barcelona me dijeron que qué envidia les daba el que yo pudiera salir a tomar una cerveza. El problema es que no pude comer hasta las 17.30, pero así me ahorré la cena, que sustituí por un par de mandarinas y un yogur. Esta mañana estaba en CLESA a las 10.00, visita que ha sido muy interesante y ya les contaré otro día, si viene a cuento. He cogido el coche de vuelta cerca de la una y como que sin querer me ha llevado al bar de mis amigos cerca de la oficina, donde he comido estupendamente otra vez.

Y, después de una breve siesta, me he conectado de nuevo, a las 17.00, esta vez para un encuentro con la gente de ACNUR en Yemen. Como ya les conté, hace unos años me llegó una pequeña herencia con la que no contaba, que empleé parcialmente en comprar acciones del Deportivo de La Coruña y también en hacerme socio de ACNUR. Desde entonces pago una pequeña cantidad mensual a la organización y además, en determinados casos de emergencia, me llaman para pedirme un donativo puntual mayor. Esto último ha sucedido tres veces. La primera para ayudar a los rohingya expulsados de Birmania. La segunda para los venezolanos hacinados en campamentos en la selva de Colombia. Y la tercera, hace como un mes, para los refugiados y desplazados por la guerra civil del Yemen. En esta ocasión, la organización ha querido que los donantes tengamos un encuentro virtual con los que dirigen el tema en Yemen. Esto se merece un post específico que desde ya les prometo. Por ahora me limitaré a decir que creo que acerté con la organización a la que apoyar.

Por último, mañana he quedado de nuevo a comer en el Papúa de Colón, esta vez con mis tres amigas de la peña de los viernes. Así que otra vez llegaré al fin de semana con la nueva sensación de alivio después de tanto trajín. Como ven, no tengo mucho tiempo de pensar en otros asuntos, lo que no me impide seguir de cerca el cierre de las elecciones USA. No tengo ninguna duda de que el toro Trump doblará al final, pero de momento se dedica a dar mucho por culo, tarea en la que se empleará con esmero hasta que le dé la gana. Supongo que saben que, durante la suerte del descabello, los toros son peligrosos y pueden dar derrotes muy gravosos. Pero yo creo que la actitud de Trump tiene una explicación subyacente. ¿Se han enterado ustedes de los resultados del congreso y el senado? Seguro que no. Es que, si no se las cuento yo en el blog, ustedes no se enteran de muchas cosas. En el Congreso, los demócratas han perdido congresistas, pero mantienen una cómoda mayoría.

Sin embargo, en el Senado la cosa está igualada, como les detallo ahora. Por cierto, en muchos estados, los republicanos han registrado más votos a sus candidatos a senadores y congresistas, que los que ha obtenido Trump, dato muy relevante. El Senado USA es muy sencillo de entender: hay 50 estados, dos senadores por estado, total 100 senadores. La misma representación en California que en Wyoming, como ya les conté. Bien, pues en este momento, los republicanos cuentan con 50 senadores, los demócratas con 46 y hay dos independientes. Estos dos independientes, son tipos más a la izquierda, con lo cual apoyarán a los demócratas en todas las cuestiones que tengan un matiz ideológico de fondo. O sea, que sería 50 a 48. ¿Y dónde están los dos que faltan? Pues son los del estado de Georgia, en el que el resultado ha sido de un virtual empate, por lo que hay que repetir la elección.

La repetición se va a celebrar el 5 de enero. Y los analistas se malician que Trump va a mantener su comportamiento antideportivo hasta ese día. Después ya se verá, porque, en función del resultado del senado, puede que su partido deje de apoyar su teoría de las elecciones robadas. Por cierto, Georgia es un ejemplo de lo que les decía antes: Biden ganó por poco, pero ganó, mientras en la votación del Senado hubo empate. O sea que hubo un buen número de votantes republicanos que apoyaron a sus congresistas y senadores, pero no a Trump. A pesar de todo, yo creo que lo normal es que los republicanos controlen finalmente el Senado. Sólo les falta uno para la mayoría absoluta. Pero, si los demócratas consiguieran los dos puestos que faltan, se llegaría a una situación de empate. ¿Y saben cómo se resuelven las votaciones empatadas en el Senado, según la Constitución americana? Pues el voto de calidad corresponde al Vicepresidente electo: es decir, a Kamala Harris. Ya les anuncié que, si los demócratas controlan también el Senado, me daría directamente al alcohol.

Mi amigo el Coronel Groucho afirma en su comentario al respecto que Biden ha obtenido una victoria pírrica. A falta de la cifra definitiva de votos, Biden ha ganado por más de 5 millones de votos. La que fue apretada fue la victoria de Trump, hace cuatro años, cuando ganó por menos-tres millones de votos. Pero yo, que conozco a mi querido amigo y sé cuánto gusta de los juegos de palabras, palíndromos y sinécdoques, como aquello de la ventana herméticamente abierta, entiendo que quiere decir una victoria pírrica de Pirri, jugador del Real Madrid al que gustaba ganar sus partidos con claridad. En ese sentido, podemos afirmar que la victoria el otro día de la selección española de fútbol (qué partidazo) por 6-0 frente a Alemania, fue una victoria claramente pírrica. Si me estás leyendo, brother, te mando un abrazo y perdona la coña.

Finalmente, el análisis sobre las elecciones USA que más comparto, es el que hace mi admirado José Ovejero, que pueden leer AQUÍ. Sus opiniones sobre Trump, Biden, Obama, Clinton y otros, están bastante en sintonía con lo que yo pienso. Si el partido Demócrata hubiera hecho las cosas bien, Trump nunca habría ganado hace cuatro años. Su victoria fue una especie de eructo del pueblo harto de tanto elitista urbano elegante. Pero yo quiero hablarles también de otras votaciones que se celebraron al mismo tiempo. Por ejemplo, el día 3 de noviembre, los ciudadanos del estado de Oregón votaron simultáneamente un referéndum sobre la legalización o no del consumo de cualquier clase de droga. Y el resultado fue que sí. Todo un avance en este tema. No me extrañaría que Colorado, California y otros estados bastante avanzados en este terreno, les imitaran a medio plazo.

¿Acabará eso con el tráfico ilegal? Está por ver. Es un tema muy polémico. Ya saben que Ámsterdam legalizó la venta libre del haschís en los coffee shops, lo que generó un turismo del porro que no le convenía para nada a la ciudad. Ahora los coffee shops venden sólo a residentes. Este es un tema que se merece también un post específico. Y, por cierto, en Nueva Zelanda, también se celebraron simultáneamente a las generales un par de referéndums, cuyo resultado se acaba de publicar. Los neozelandeses se han pronunciado mayoritariamente (62/37) a favor de la Ley de la Eutanasia, algo previsible, puesto que contaba con el apoyo, no sólo de Jacinda Ardern, sino también del principal grupo de la oposición. Se alinean así con Bélgica, Holanda, Canadá y unos cuantos estados USA. Sin embargo, respecto a la legalización de la marihuana para uso recreativo, han dicho que no (53/46). Ya ven qué lista fue la presidenta de no pronunciarse al respecto. Les dejo con una foto más de esta señora estupenda, uno de los ídolos de este blog. Que pasen un buen finde.   


lunes, 16 de noviembre de 2020

995. Mientras esperamos a que se vaya Trump

¡¡¡NA, QUE NO SE VA!!! Esto cantaban a coro los cuatro pretendientes de la Mari Pepa en una escena memorable de La Revoltosa, zarzuela del Maestro Ruperto Chapí, estrenada en 1897 en el teatro Apolo de Madrid. Como era de esperar, el presidente más tóxico de la historia de los USA está teniendo un final a la altura de toda su presidencia, caracterizada por un comportamiento antideportivo continuado. La nueva administración Biden debería contratar a MAR, el creador de aquel eslogan inolvidable: Váyase señor González, para trasponerlo a Váyase señor Trump. O tal vez tengan que probar con agua caliente, no sé, para despegarlo del sillón. La cosa se puede eternizar y por eso no lo he celebrado yo todavía, que ya estoy escarmentado de celebrar cosas antes de hora y luego tener que tragarme el sapo. Tiempo habrá. Me llega ahora un vídeo de la gran Patti Smith, precursora del punk, amiga de Dylan, Springsteen y tantos otros músicos, que sigue con la misma energía de siempre a sus 73 años, y el día de las elecciones bajó a la calle en su barrio neoyorkino, con un guitarrista y unos amigos a cantar su himno People have the power, para animar a los votantes. Ya saben: la gente tiene el poder y ha de usarlo para librar al mundo de los tontos. Veanlo.

La cosa es que, mientras esperamos a que se vaya Trump, yo he tenido un par de semanas de bastante trabajo a pesar de la situación, lo que me ha llevado a disfrutar otra vez del descanso de fin de semana, recibido con alivio, como un lapsus en esa deriva enloquecida. El puente último ya descansé, pero estaba agotado anímicamente, entre las elecciones americanas, con su sube y baja de expectativas y emociones, el concierto a medianoche de Tab Benoit y Samantha Fish, que tengo pendiente de contarles y el curre de analizar, exponer y discutir los proyectos presentados al concurso del Bosque Metropolitano. Ya ven que no me faltan entretenimientos en esta situación de semiconfinamiento, en la que el tiempo pasa despacio y deprisa a la vez, como definió con precisión mi amiga indonesia Tantri: en nada tenemos la Navidad y nos pilla otra vez de sorpresa.

Tras el puente, he tenido una semana con muchas cosas que hacer, como verán. Este martes no fui a la oficina como los anteriores, porque la sesión de trabajo del equipo del Bosque Metropolitano la habíamos adelantado al viernes, como les dije. Sí estuve toda la mañana ocupado, organizando un par de visitas a la antigua fábrica CLESA, que haremos en la semana que hoy empieza, con los equipos técnicos de los cuatro finalistas de Reinventing II, divididos en dos grupos de dos. El edificio CLESA es una maravilla de la arquitectura industrial española, obra del maestro Alejandro de la Sota, que está abandonado desde la quiebra de la empresa, integrada en el grupo RUMASA. Los equipos quieren visitarlo para conocer cuál es exactamente su estado. Y coordinar esas visitas tiene su trabajo, entre las condiciones de seguridad y las sanitarias, además de cuadrar con tiempo las agendas de gente que no toda vive en Madrid.

El martes por la tarde tenía sesión telemática de Billar de Letras, en torno al libro Haz memoria (Gema Nieto, 2018), con participación de la autora y los editores. Estas sesiones en las que escuchas al autor son siempre interesantes, si bien la obra no me había dejado tan impresionado como otras anteriores (Niña, mujer, otras), ni el desarrollo de la propia sesión me resultó tan apasionante como la dedicada al libro del autor alemán Walter Kempowsky Todo en vano. La novela de Gema cuenta cómo una mujer ha de volver a la casa del pueblo en la que pasó un tiempo de niña con su abuela, para recuperar papeles y documentos de la familia. Eso da pie a un gran flashback en el que se cuenta la historia de su madre, sus tías y su abuela, una historia gravemente condicionada por la guerra española. Es una novela de mujeres, en la que los personajes masculinos son secundarios, que está escrita con pasión y en la que se cuentan sentimientos, algo que no es fácil.

Tal como me imaginaba, Gema es una mujer muy perfeccionista, que repasa hasta la saciedad sus textos hasta que están perfectos. Los editores confirmaron que apenas tuvieron que introducir correcciones en el manuscrito que les presentó. Si yo actuara así, publicaría un post cada dos meses; realmente tengo una forma de ser opuesta a la de esta buena novelista. No obstante, las opiniones que formulé durante la sesión fueron educadas y resaltando lo positivo de la novela, que es mucho. Estábamos en un foro como de costumbre todo de mujeres, menos los editores, Ronaldo y yo. La sesión fue emotiva, la escritora aparecía en público por primera vez después de superar la covid y salió muy reconfortada. Por la noche me envió una petición de amistad en Facebook, que rápidamente contesté, y publicó esta foto de la sesión.

El miércoles hice mi entrenamiento matinal indoor y me pasé el resto de la mañana conectado haciendo trabajos diversos. Se me echó la hora de comer encima sin haber preparado nada, así que bajé a comer a La Matilda, donde me dieron un caldo gallego como hacía décadas que no probaba. Tenía hora en el dentista a las cuatro, así que eché a andar atravesando el Retiro, bajo una llovizna fina. El parque está precioso y su vista me revivió las ganas de volver a correr al aire libre. Tras casi una hora de tortura dental, regresé por el mismo camino a casa y estuve el resto de la tarde ensayando mi intervención en el sarao del día siguiente, que ahora les cuento.

El jueves fue un día realmente completo. Hube de madrugar para poder estar conectado por el Windows Teams a las 8.30, hora en que con puntualidad suiza mi jefa inició el Encuentro Informativo telemático de los jueves y nos contó las perspectivas del año que empieza en poco más de un mes, del que estamos aún pendientes de que se apruebe el presupuesto y ver cuánto nos recortan lo que hemos pedido. A mí me interesa relativamente, porque el 19 de febrero es mi último día como funcionario, aunque, con esta situación de pandemia, no voy a poder hacer mi viaje de vuelta al mundo por las ciudades, así que, si encuentro la manera, es posible que siga currando hasta el verano (no más). Tras el encuentro informativo, me obsequié con mi desayuno habitual, con zumo y tostadas, me duché, y bajé a coger el coche para ir a la oficina.

A las 11.00 teníamos el reto de contar el Bosque Metropolitano en el webinar Lighting Lab, organizado por el ITD, un instituto de investigación de la Universidad Politécnica. Nos lo habían ofrecido hace tiempo y, como siempre, me tocó a mí hacer la presentación. Cuando me fui enterando del formato, verifiqué que la cosa era en inglés, y con una intervención de unos 10/15 minutos, seguidos de una ronda de preguntas de otros 30 minutos. A la vista de eso, negocié con mi jefa y mi compañera M. que me ayudaran con las preguntas, porque a mí me escuchan y se creen que hablo muy bien inglés, aunque no tengo ni puta idea, porque le doy a mi pronunciación una musicalidad muy aparente, no en vano todo lo que sé de inglés lo he aprendido a través del rock and roll. Entonces, me suelen hacer las preguntas hablando a toda velocidad, me cuesta entenderlos y me pongo nervioso. Al final, la cosa quedó bien gracias a ellas. El webinar está colgado en Youtube y lo pueden ver abajo. No hace falta que se lo traguen entero, sólo en diagonal, para que vean cómo me bandeo en estas situaciones.  

La verdad es que yo me veo y escucho en estas grabaciones y me encuentro horroroso, pero dicen que es lo que le pasa a todo el mundo. También es como una maldición el hecho de que la transmisión me falle, siempre me pasa alguna putada técnica en estos saraos: o se me congela la imagen, o se me va el sonido o cualquier otra calamidad. Tras el webinar, aproveché que estaba en la oficina para hacer algunas gestiones con diferentes compañeros. A las 13.30 cogí el coche de vuelta, lo dejé en el garaje, subí un momento a casa a dejar el ordenador y eché a andar de nuevo, esta vez en dirección a Colón. Había quedado allí a comer con mi amigo X, para probar un nuevo restaurante que han abierto a todo lujo hace 15 días. Se llama Papúa y uno de los socios que lo han montado es el marido de una amiga mía. Es un lugar muy amplio que no te da ninguna sensación de agobio sanitario. El restaurante está bajo la plaza, iluminado por un lucernario que sobresale al exterior. Comimos estupendamente, en un ambiente tropical, lleno de gente muy cool. Abajo tienen la imagen del lucernario visto desde fuera y la foto que le pedimos al camarero que nos hiciera.  


Volví caminando a casa y me pasé el resto del día leyendo tranquilamente y descansando de tanto trajín. El viernes fue también un día tranquilo, en el que me pasé toda la mañana teletrabajando y tuve la tarde más libre, antesala de un fin de semana sin mayores obligaciones que la de correr el domingo (finalmente lo hice dentro de casa) y escribir un post para ustedes, que dejé prácticamente listo ayer tarde. Ahora me adelanto a lo que seguramente está pensando más de uno de ustedes. ¿Es prudente que desarrolle tantas actividades sociales, con el riesgo de contagio que al parecer hay en mi ciudad y siendo como soy una persona de riesgo? Mi respuesta: cada uno es cada uno y yo no pretendo ser un modelo de conducta para nadie. Siempre he pensado que una vida exenta de riesgo no merece la pena de ser vivida.

Yo soy prudente y sé los riesgos que asumo. Pero no estoy acojonado y les diré que, por edad y circunstancias, soy también persona de riesgo del otro virus: el del aislamiento, el encierro y la miseria moral absoluta. Les pongo un ejemplo. Yo podría conducir mi coche de manera ultraprudente. Eso no me garantizaría un nivel de riesgo cero, pero seguramente disminuiría las posibilidades de que me dé una chufa con el coche. Sin embargo, sigo conduciendo de una forma alegre y relajada, cambiándome de carril cuando me da la gana, cerrando a los taxistas y a una velocidad tal vez más alta de la debida. Eso me obliga a ir con siete ojos, a estar muy despierto y pendiente de todo, lo que me somete a una especie de masaje cerebral y anímico que es muy bueno para ambas cosas: la cabeza y el ánimo.

Como dice mi amigo X, nosotros hemos echado las muelas conduciendo nuestros coches por la jungla madrileña. Pues de la misma forma afronto yo esta situación de pandemia. Tengo compañeros que no han vuelto a pisar el edificio APOT, donde tenemos las oficinas. Y otros a los que les propongo quedar a comer en algún restaurante (Matilda, Casa Tomás, Papúa) y me dicen que ellos no entran en un local cerrado ni a punta de pistola. Yo no quiero en absoluto contagiarme del covid, pero creo que se puede uno ir incorporando a la vida post covid, con prudencia, pero sin miedo. No sé, los riesgos son ciertos, en medio de una pandemia en plena expansión, pero a mi edad, muchos no saldrían a correr por el Retiro por miedo a tropezarse y romperse un hueso. Y yo sigo corriendo.

La resiliencia es algo muy útil en estos momentos, tanto a nivel individual como colectivo. Un ejemplo de resiliencia es el grupo de rock AC/DC. Estos australianos sufrieron en estos últimos años una serie de desgracias, empezando por la muerte de su guitarrista Malcolm Young, el creador de su sonido más característico, así como la de su hermano mayor George Young, músico de los Easy Beats y Flash and the Pan, que fue quien metió el gusanillo del rock a sus hermanos pequeños, Malcolm y Angus. El cantante Brian Johnson se tuvo que retirar a media gira, hace como seis años, porque estaba en riesgo de quedarse definitivamente sordo (los grupos de antes no tenían la buena costumbre de usar tapones para los oídos, como hacen todos ahora y el volumen brutal del rock los dejaba a menudo medio sordos, como le sucedió a Phil Collins). Angus Young, inasequible al desaliento, lo sustituyó durante la gira por el famoso Axel Rose, lo que hizo que muchos fans devolvieran sus entradas.

Pero la cosa no acaba aquí. El batería Phil Rudd tuvo un grave problema de drogas y se le fue la olla, hasta el punto de ser detenido, acusado de amenazar de muerte a un vecino y contratar a un sicario para cargárselo, por lo que un juez decretó su confinamiento domiciliario hasta el juicio. Por último, el bajo Cliff Williams, declaró a finales de 2016 que estaba harto de esa vida llena de sobresaltos y que se retiraba definitivamente. Pues bien, Angus no se ha rendido, a pesar de la dolorosa muerte de sus dos hermanos mayores en el lapso de menos de un año. Con paciencia, ha reunido otra vez a la banda original. El cantante ha superado sus problemas auditivos y ahora no se quita los tapones ni para ducharse. El batería, sometido a una cura de desintoxicación y absuelto finalmente de todas las acusaciones, se ha apuntado también. Y al bajo no le ha quedado más remedio que volver. Tal vez haya visto lo gordo y feo que se ha puesto el bajo de los Stones desde que se retiró de la banda.

Sólo falta el gran Malcolm Young, que ha sido sustituido por su sobrino Stevie Young, hijo de George, que tiene ya más de 60. La banda queda así: Brian Johnson (73), cantante. Angus Young (70), guitarra solista. Stevie Young (63), segundo guitarra. Cliff Williams (70), bajo. Y Phil Rudd (66), batería. Con esa formación se han reunido a grabar y su nuevo disco salió en todo el mundo el viernes pasado, viernes 13, un día muy adecuado. Parece que quieren hacer una gira de despedida, que no esperan empezar hasta 2022, por mor de la pandemia. Los críticos han vuelto a decir que el disco suena exactamente igual que su música de siempre. Angus ha declarado, irónico, que llevan 17 discos escuchando a los críticos acusarles de que se repiten, pero la gente vuelve a comprar esos discos todos iguales. Les dejo con la primera canción que se dio a conocer de este nuevo trabajo del grupo, para que juzguen por ustedes mismos. A sus 70, Angus Young se ha vuelto a vestir de Guillermo el Travieso para el vídeo promocional y sigue dando sus saltitos de siempre por el escenario. Eso es resiliencia, coño. Aprendamos de este señor. Que tengan una buena semana.