lunes, 30 de mayo de 2016

512. Más sobre Bruce (y Prince)

Bueno, mucha gente se sorprende de mi entusiasmo por Bruce Springsteen y mi fidelidad a su figura después de tantos años. Esto hay que matizarlo. Bruce fue un compositor extraordinario hasta 1980, año en que publica The River. Yo lo conocía y lo iba siguiendo y por eso tomé el tren del rock, en abril de 1981 para escucharle en Barcelona, en la gira de promoción de dicho disco. No fui el único, mi tren iba lleno de rockeros, nada más subir se podía captar el olor a marihuana e incluso había gente que llevaba pequeñas armónicas y otros instrumentos con los que improvisaba melodías. Tal vez sea el mejor concierto de rock que he visto en mi vida.

A partir de The River, en mi opinión, su producción se limita a vivir del invento, a repetir una fórmula que ya no es innovadora, ni demasiado creativa, lo que le lleva a pasar a un segundo plano frente a los nuevos músicos. Yo lo volví a ver en el Calderón, en los primeros 90 y no me impresionó especialmente. Discos como Born in the USA, ya no me decían mucho. Cierto que casi todos sus discos de estudio contienen alguna pequeña joya; que canciones como la que compuso para la película Philadelphia, con la que obtuvo el Óscar, son excelentes. Pero ya era uno más entre los músicos veteranos. Ahora, todos los rockeros que un día fueron estrellas del show business, han vuelto a dar conciertos, algunos manteniendo un buen nivel, como los Stones y otros con resultados patéticos. Pero Bruce es diferente.

Bruce derrocha la misma energía que cuando era joven, mantiene los formatos superiores a 3 horas y parece haber encontrado un punto de felicidad, de madurez vital que se manifiesta en cada una de sus actuaciones públicas, en las que es capaz de sacar a bailar a su nonagenaria madre, o a cualquiera de sus seguidoras más jóvenes. La gente le adora, se moviliza para verle, familias enteras acuden a sus conciertos, los padres llevan a sus hijos, los hijos que ya pueden ganarse la vida les regalan entradas a sus viejos, como sorpresa de cumpleaños. Esto es casi como una religión. En la prensa oficial (como El País, donde nunca lo han entendido) se centran en que el sonido era malo y se empastaba. Joder, ¿es que puede evitarse eso en un estadio del tamaño del Bernabeu? Un colega que fue a ver el concierto de San Sebastián, me cuenta que allí se alcanzaron las cuatro horas de música, porque el público le obligaba a salir una y otra vez con nuevos bises.

Ese es ahora el Boss, a quien ya le he dedicado el Post #507 y mucho antes el Post #339 a medias con su señora madre. Todo el mundo conoce y tararea sus éxitos más conocidos pero: ¿se merece todo eso que yo me cogiera un tren a Barcelona en 1981 (con 30 años que ya tenía), para ver simplemente a un rocker de éxito? Volvamos a los años anteriores y busquemos algunos de los perfiles menos conocidos de este hombre. Hay un Bruce poeta, sensible, que cuenta historias de la calle, relatos de putas y camellos en la medianoche de Manhattan. Su primer disco, de 1973, se cerraba con una canción de casi 10 minutos, una auténtica maravilla que se llamaba New York City Serenade.

Por comparar, en ese tiempo, en España triunfaba Fórmula V, con Eva María se fue/buscando el sol en la playa/con su maleta de piel/y su bikini de rayas. Y Bruce ya era capaz de grabar esta preciosidad. Pónganse cómodos y, tal vez, sírvanse un Martini blanco, para escuchar esta serenata a la ciudad de Nueva York, con la obertura de piano de David Sancious, y el apoyo del saxo de Clarence Clemons. Les he buscado una versión con subtítulos, aunque la traducción es bastante chunga. Fish lady no es mujer-pescado, sino pescadora/buscona. El chico le ofrece irse con él y redimirse, dejar la calle, pero ella tiene miedo de que luego la deje tirada y no se atreve a subirse al tren. Vibes man no es hombre-sensación, sino vibrafonista. Y ese basurero que sale al final (junk man) es en realidad el camello, el suministrador de droga. Por eso lleva un traje de satén y se aleja cantando por una calleja, adonde la chica lo seguirá de forma inevitable. Escuchen please.


Hay también un angry Bruce, un Bruce cabreado. Aquí tienen la canción Adam raised a Cain. El título es un juego de palabras: to raise a Cain es algo así como armar la marimorena, o montar una bronca. A la vez, Adán crió a Caín. Aquí parte de la letra: En la Biblia Caín mató a Abel/Y fue arrojado al Este del Edén/Naces en esta vida/Pagando por los pecados del pasado de otro/Mi padre trabajó toda su vida/Tan sólo para sufrir/Ahora camina por estas habitaciones vacías/Buscando alguien a quien culpar/Heredas los pecados/Heredas las llamas. Esta canción es una explosión de cólera, publicada en 1978. No quiero buscar lo que se cantaba entonces en España, en la recién inaugurada democracia.


Y hay un Bruce depresivo, que mostró sus perfiles más sombríos en el disco siguiente a The River, llamado Nebraska. El Boss estaba de bajón, prescindió de su banda y se encerró solo a grabar, tocando todos los instrumentos. Aquí la canción que da nombre al disco, esta vez con unos subtítulos dignos.


Las diferentes versiones de este hombre tienen un denominador común: la solidaridad, la comprensión con los que sufren. Bruce es el cronista de los sueños rotos, del American Dream convertido en pesadilla. Aquí le tienen tocando en directo The ghost of Tom Joad, una balada de aires dylanianos. Para quien no lo sepa, Tom Joad es el protagonista de Las Uvas de la Ira, la gran novela de Steinbeck que fue llevada a la pantalla por John Ford, con Henry Fonda como protagonista (la traducción correcta yo creo que sería Las Viñas de la Ira). También aquí los subtítulos están bien.  


En fin, creo que este hombre atesora un legado amplio y variado que le ha permitido alcanzar esta madurez feliz. Además, a sus 66 años, el Boss mantiene la cabeza despierta y eso es algo fundamental. Vean, si no, el triste final de su colega y admirado Prince, cuyo tema Purple Rain cantó al parecer en Barcelona, pero no en Madrid. No se conoce aún el resultado de la autopsia, pero yo no necesito saberlo: está claro que falleció por una sobredosis de opiáceos, un final similar al de Michael Jackson. ¿Y por qué tomaba Prince tantos calmantes? Se lo explico. Prince, como ya quedó dicho en el post que le dediqué, medía exactamente 1,57 metros. Era casi un enano. Y eso le acomplejaba bastante. Por eso llevaba unos tacones muy altos, a menudo disimulados (el llamado tacón francés), además de sombreros y otros trucos para camuflar su enanez.

El uso de esos tacones, más la forma sincopada en que solía bailar le produjo una lesión crónica en las caderas, que le ocasionaba fuertes dolores. Hasta aquí todo tiene una lógica. Pero falta lo peor. Resulta que los médicos que le examinaron y diagnosticaron su lesión, le dijeron que era fácil de resolver con una operación sencilla. Pero Prince no quiso operarse. ¿Saben por qué? Pues porque era testigo de Jehová. Sí, señor. Tiene cojones ¿verdad? Al no operarse, los dolores fueron in crescendo y empezó a mitigarlos con opiáceos, de los que necesitaba cada vez mayores dosis, que sólo podía conseguir ya de personajes tenebrosos, como ese junk man que sale al final de la canción del Boss. Ahora díganme: ¿Se imaginan a Bruce adhiriéndose a los testigos de Jehová? Yo no. El Boss es un hombre culto, con la cabeza bien amueblada.

Terminamos con una curiosidad. Ya les dije que Bruce era el representante más conocido del sonido New Jersey, pero no el único. Es éste un estado muy musiquero. Ahora mismo, el grupo que lo peta en NJ es Gaslight Anthem. Sus miembros podrían ser hijos del Boss. Bueno, pues nuestro héroe no ha dudado en apoyarlos apareciendo por sorpresa en sus conciertos. Eso supone aprenderse alguna de sus canciones, salir en un papel secundario, hacer los coros y hasta animarse con un punteo. Lo ha hecho varias veces, cuando estos chavales tocan cerca de su barrio. Aquí el resultado. Sean felices. 



viernes, 27 de mayo de 2016

511. El blog se reinventa

¡Uf! Ayer tuve un día bastante agitado, por la mañana acudí a la sesión diaria de rehabilitación de mi brazo roto hace ya más de tres meses, ese húmero partido en dos secciones que se resisten a pegarse de nuevo. Al acabar, cogí como muchos jueves, autobús, tren y Metro hasta el Campo de las Naciones, el lugar adonde cierta señora inane y absentista, vergüenza de la clase política, a la sazón Concejala Contra el Urbanismo de Madrid, tuvo a bien desterrar a los cerca de mil funcionarios a su cargo, que desde entonces invertimos una media de una hora en ir al trabajo y otro tanto en volver. Iba para una reunión relacionada con la red ONU-Hábitat, pero tuve que entrar en el edificio clandestinamente, con una tarjeta de visitante, puesto que estoy de baja médica. A eso de las 3 bajé a comer algo en mi restaurante favorito de la zona, y luego regresé al centro, en donde tenía una cita importante.

La cita era con el bueno de Lisardo, aquel ordenanza del viejo edificio de la Gerencia de Urbanismo que hace casi cuatro años me ayudó y me asesoró sobre los aspectos técnicos necesarios para crear y mantener un blog como el que yo quería iniciar. Los que me siguen desde el principio recordarán que este hombre era un genio de la informática, pero también un cascarrabias, con un punto colérico por el que siempre acabábamos a gritos (o a los gritos, que dicen en Argentina). Lisardo era todo corazón y me ayudaba cada vez que yo me atoraba en algún problema técnico derivado de mi ignorancia en los intríngulis del mundo digital. Luego se jubiló y nos distanciamos un poco, especialmente porque yo me negaba a abrir una cuenta en Twitter y él decía que, de esta forma, el blog nunca pasaría de 40 o 50 followers. Aun nos vimos unas cuantas veces pero, en los últimos tiempos, habíamos perdido todo contacto. Y ahora debía recurrir de nuevo a él, por lo que voy a contarles.

Todo empezó cuando fui a comer al Ramen Bar de la calle Echegaray, con mi amigo Mariano. Mi amigo trabaja en una galería de arte y tiene cada mañana un rato libre desde que abre hasta que asoman los primeros clientes potenciales. Según me contó, lo primero que hace todos los días al llegar, es encender el ordenador. En cuanto se ilumina la pantalla, busca mi blog y lee la última entrada, si es que hay alguna nueva. Sólo entonces, abre otras páginas, consulta la prensa y se entera de la actualidad. Unos días más tarde, hablé por teléfono con el bueno de Alfred, tan fiel a este blog desde La Coruña, que hasta se rompió el brazo izquierdo unos días antes que yo. Alfred me confesó que él hace lo mismo que Mariano, sólo que varias veces al día. Por otro lado, el amigo X que, desde que se ha jubilado, no para quieto, en cuanto tiene un rato libre en su casa, consulta mi blog y busca las novedades. X tiene la costumbre de utilizar el control-P, para imprimirse la entrada y leerla luego en el Metro.

Es decir, entre mis seguidores más fieles hay una especie de expectación frustrada, una zozobra continua, un síndrome de ansiedad de claros perfiles adictivos, derivado del hecho de que no tienen otra forma de saber si he publicado algo nuevo, que entrar de vez en cuando en la página y mirar. Ya estaba yo pensando en arbitrar algún sistema que me permitiera avisarles cada vez que suba algo al blog, por ejemplo un grupo de Outlook. En estas, comenté el asunto con mi amiga Claudia Sánchez Morzán, periodista peruana radicada en Berlín y colega del club de lectura Billar de Letras, de la que ya les hablé con motivo de su artículo sobre el libro Hitler ha vuelto. Claudia me dijo que la solución a mi problema era crear una fanpage. A mí, les confieso, esa idea se me hacía un mundo (ni siquiera sabía qué era una fanpage), pero Claudia se ofreció amablemente a guiarme desde Berlín diciendo que era un asunto relativamente sencillo. Nos pusimos a la obra, pero llegué hasta un punto determinado, en donde me atasqué. Aquí decidí tirar la toalla y volver a la idea del grupo de Outlook, y así se lo dije a Claudia.

Pero entonces intervino mi hijo Kike, quien me dijo que una fanpage era un instrumento mucho más potente. Kike, como saben, estuvo unos años tocando el bajo en el disuelto grupo de hardcore music Memories, que disponía de una fanpage con la que se comunicaba con medio mundo. Pero, una fanpage sirve sólo para conectar con gente que esté dada de alta en Facebook. Y resulta que una buena parte de mis seguidores está formada por jubilados, algunos de los cuales incluso me han dicho que se niegan a leer en el ordenador; que, si quiero hacerles llegar lo que escribo, se lo tengo que dar en papel. En consecuencia, decidí que haría ambas cosas: fanpage y grupo de Outlook. El problema es que me puse a confeccionar el grupo de correo, que parecía la parte más fácil, e incluso en esa tarea aparentemente sencilla, desemboqué en un callejón sin salida. Entre otras razones, porque ni siquiera tengo instalado el Outlook. No me quedaba más remedio que tirar de Lisardo.
   
Así que, enterrando mi orgullo, hace unos días marqué su número que aún conservaba. Para mi sorpresa me contestó una voz de mujer, que se identificó como su esposa. Lisardo estaba ingresado en un hospital en estado grave después de haber sufrido un ictus severo. Estaba en la UVI y no se le podía visitar. Me quedé hecho polvo. En estos casos lo peor es la mala conciencia. Joder, tenía que haberle llamado mucho antes, estas cosas no les pasan a las mujeres, los varones somos así de siesos, dejamos perder relaciones por no coger el teléfono y hacer una llamada, siempre esperamos que la haga el otro, cuando el otro espera justo eso mismo de nosotros. La mujer de Lisardo me puso en antecedentes. Tras jubilarse, había montado una pequeña empresa de asesoría informática, reparación de aparatos, instalación de wi-fi, montaje de redes locales. Se había dado de alta como autónomo y había contratado a un par de chavales, medio sobrinos suyos, que le habían salido rana. Incluso llegaron a denunciarle en el juzgado de lo social. Y fue justo cuando le tocó ir a declarar, en mitad de su intervención, cuando le dio el patatús y tuvieron que llamar al Samur.

Quedamos en mantenernos en contacto, pero no hizo falta, porque anteayer, el propio Lisardo me llamó desde su cuarto: había mejorado de forma espectacular, lo habían trasladado a planta y estaba encantado de que le fuera a visitar para darme un abrazo. Le dije que, además de darle un abrazo, tenía unos problemas técnicos que esperaba que me solucionara. Respuesta: no, si ya sabía yo que algo de eso habría; que usted no me iba a llamar hasta que tuviera el agua al cuello; qué me va a decir, si lo he tenido de jefe tantos años. Joder, Lisardo, no me regañes, tú tampoco me has llamado en todo este tiempo. Como para llamarle, con todos los problemas laborales y de salud que se me han echado encima. Pero, Lisardo, no te alteres, ¿cómo iba yo a saber todo eso? Hombre, si usted no pregunta, pues desde luego que no se entera de nada. En fin, nuestras discusiones de siempre. Quedé en ir a visitarle ayer por la tarde, con el portátil y mi vieja petaca de bourbon, para que le diera un tiento a escondidas (ya les conté que fui con ella al concierto de Bruce Springsteen y la pasma no me la encontró al cachearme).

Lisardo tenía muy buen aspecto, bromeaba todo el rato con eso de que la mala hierba nunca muere y refranes similares. Hablamos de muchas cosas y resolvimos en un periquete tanto lo del grupo de correo, como lo de la fanpage. Siguiendo su consejo, voy a utilizar el grupo de correo para avisar cada vez que suba un nuevo post al blog (este va a ser el primero). En cambio, en la fanpage, voy a empezar por colgar algunos de los 500 posts anteriores, especialmente seleccionados por mí, para ir haciéndome una audiencia poco a poco mayor. Para entrar a la fanpage, los que quieran (y estén dados de alta en Facebook), han de pinchar en esta dirección:

Y quien quiera sumarse al grupo de correo, que me lo diga a través del blog o por teléfono. Me despedí de Lisardo entre bromas sin saber lo que me deparaba el resto del día. A las diez de la noche, la esposa de mi amigo me llamó para informarme entre lágrimas de su fallecimiento. La mejoría del día anterior había sido efímera, como sucede muchas veces. Esta mañana he ido directamente desde la rehab al Tanatorio de la M-30 y acabo de llegar de allí. Y yo que me quejaba de mis problemas con el brazo. La vida te da cornadas inesperadas cuando más descuidado y contento te sientes. Estás dándole un abrazo a un amigo y, a las dos horas, te dicen que se ha muerto. Descansa en paz, querido Lisardo. Este blog no hubiera sido posible sin ti. 

Sí, ya sé que debía haber titulado este post Espérame en el cielo, Lisardo, o algo por el estilo. Pero entonces les hubiera hurtado la sorpresa final. Este blog suele ser humorístico, pero hoy la realidad lo ha desbordado y les pido disculpas por haberme puesto trascendente. Tal vez recuerden el final de la película Carrie. La protagonista endemoniada ha muerto y la última escena es su entierro que se muestra a cámara lenta. Se ve como su mejor amiga se acerca despacio a la tumba con un ramo de flores. Es un día soleado y suena una música tranquila y sosegada, para subrayar que el horror ha terminado con la muerte de Carrie. Cuando la chica está poniendo las flores sobre la tierra, del suelo sale la mano del cadáver y la agarra fuerte. Todo el público grita y entonces se encienden las luces del cine y dan paso a la risa floja.

Yo no he llegado a tanto, pero la cosa tampoco me ha quedado tan mal. Sobre todo teniendo en cuenta que Lisardo es un personaje imaginario, que yo me inventé al principio del blog. Hoy tocaba matarlo para subrayar que empezamos una nueva etapa. Como suelo decirles cada viernes, sean felices y pasen un buen fin de semana. Y aprovechen, que no sabe uno la suerte que tiene hasta que la pierde.

lunes, 23 de mayo de 2016

510. Tomando vista

Cuando, hace unos cuantos posts, expliqué mi pelea con la burocracia municipal para que mi petición de reenganche no se cerrara en falso y de forma chapucera, algunos amigos de los que hacen observaciones al blog por teléfono, me tacharon de exagerado y desconfiado, me dijeron que me había pasado de purista y que, de una u otra forma, les resultaba muy increíble que a alguien como yo, que soy una institución, le dejaran fuera por un simple tema de forma, cuando no había dudas sobre el fondo, que es el hecho incontestable de que he presentado un papel donde una autoridad dice que sigo siendo necesario y pone debajo su rúbrica.

Bien, les voy a contar cómo ha seguido la cosa, para ver si siguen pensando que exageraba. Tal como acordé con la jefa de Recursos Humanos que por fin me propuso una solución razonable, se han intercambiado escritos con Madrid Salud y eso ha generado una providencia, que me han enviado a mi domicilio, con acuse de recibo cual vulgar multa. En ella se explica todo el proceso, se propone que se me conceda el reenganche condicionado al examen médico que se me haga cuando, un siglo de estos, me den el alta médica y se concluye con el párrafo que les transcribo a continuación:

Por todo cuanto antecede, le comunicamos que durante un plazo de diez días naturales a contar desde el siguiente a aquel en que reciba la presente notificación, se pone el expediente a su disposición, a fin de que tome vista del mismo y, si lo estima oportuno, formule cuantas alegaciones estime convenientes. Si antes del vencimiento del citado plazo manifiesta su decisión de no efectuar alegaciones, se tendrá por realizado el trámite. Y si transcurrido el plazo indicado no se hubieran formulado alegaciones, se le declarará decaído en su derecho al trámite, continuándose con la tramitación ordinaria del expediente.

Tal cual. O sea, en cristiano: que lo mismo me da que me da lo mismo, ir o no ir a tomar vista del expediente, que continuará adelante de una manera o de otra. Finalmente, creo que me daré una vuelta por el Departamento de Personal, más que nada para saludar en persona a la mujer que me solucionó la papeleta, que parecía bastante agradable. Al fin y al cabo, se trata de tomar vista del asunto. Peor sería que me ofrecieran tomar otras cosas. Por ejemplo, tomar por culo, o tomar vientos. Incluso puede que la señora esté de buen ver y pueda tomar un café con ella. Además, lo que no me hace ninguna gracia es eso de que me declaren decaído.

Porque lo cierto es que, el pasado viernes, después de la intervención en la que me quitaron un tornillo, pasé el día bastante decaído. Mi estado general había empeorado, ese día me dolían lugares que nunca me habían dolido, como la propia zona de fractura y no podía hacer sin dolor algunos de los ejercicios que antes hacía sin mayores dificultades. El problema es que mi húmero, después de tres meses no ha consolidado. Es algo que sucede a veces. Lo que pasa es que hasta ahora no me lo habían explicado bien. No había tenido la oportunidad de tomar vista de mi expediente médico hasta la consulta preoperatoria en que le apreté las tuercas a Gárate y me enseñó la última radiografía. Les juro que, cuando la vi, le pregunté si se trataba de una imagen tomada inmediatamente después de la operación. No señor. Era de ahora. Y mostraba a la señora Ashton, tal como se veía en la foto que les puse en el blog.

Desde el viernes he empezado a hacer una serie de maniobras, como flexiones contra la pared, o recargarme sobre el codo cada vez que paso un rato sentado. También he empezado a tomar cápsulas de calcio con vitamina K, que ayuda a fijarlo. Y mucha leche Pascual Calcio. Ya saben que soy un poco obsesivo y bastante sistemático. Así que, ahora que estoy escribiendo, tengo el codo izquierdo apoyado y haciendo presión. Cuando voy a un bar, me apoyo también en el codo izquierdo. Hasta para cagar, apoyo el codo en la rodilla y hago fuerza. Me duele esa presión omnipresente, pero no me queda otra. Los músculos, tendones y articulaciones los tengo a punto, pero el hueso no suelda y he de concentrarme en ello. También me han dicho que es bueno andar a gatas, pero eso si que no, hasta ahí podíamos llegar, no he andado a gatas en mi vida y no voy a hacerlo ahora.

Por lo demás, la operación fue sencilla, me la pasé bromeando con los médicos y les propuse que me regalaran el tornillo extraído. Me dijeron que estaba prohibido por una nueva Ley de Sanidad (siempre tiene que haber alguna norma que joda las cosas), que antes era frecuente que la gente se llevara las placas, para hacerse un colgante; no los tornillos, que son bastante feos, al parecer. En cuanto al clavo, ahora tengo clara la diferencia entre los dos nombres con los que lo bauticé. Hasta ahora era el general De Gaulle, siempre estirado, rígido, soberbio y con ese punto de grandeur tan irritante. Una vez liberado el tornillo superior, el clavo ha pasado a ser Konrad Adenauer, un personaje más flexible y humilde. Entre esa nueva condición y mi continua presión sobre el codo, a ver si conseguimos por fin una señora Ashton como Dios manda. Y ahora ya puedo decir con propiedad que me faltan dos tornillos (supongo que ya se habían dado cuenta hace tiempo de que me faltaba uno).

El viernes estaba, como digo, un poco malhumorado y decaído, pero todo eso se desvaneció con el concierto de Bruce Springsteen del sábado. Tres horas y media de escuchar al Boss, le levantan el ánimo a cualquiera. Lo de este hombre es algo fuera de lo común. Lleva 40 años haciendo unos conciertos tres veces más largos que los de cualquier otro músico, no se cansa, se le ve feliz y además, todas las canciones van seguidas, sin descansos. El martes había tocado en Anoeta y, dentro de unos días seguirá en Glasgow. A estos conciertos asiste gente mezclada, se ve mucha cana y mucha calva, hay familias enteras que levantan en alto a sus niños, hay gente que viaja desde todos los rincones de España para ver en directo a este portento. Mi amigo X y yo nos lo pasamos en grande y tomamos vista del evento, tal como puede verse en las fotos que les pongo más abajo. Como quizá algunos recuerden, a las antiguas cámaras de vídeo se las solía llamar tomavistas.

Ayer también tome vista por la tele de la final de la Copa del Rey, con los pitos al himno habituales, frente a los que el señor Puigdemont se mantuvo serio, como debe ser. A mí el año pasado no me molestaron los pitos, sino la sonrisa de conejo de Artur Mas, un tipejo que ya está en el lugar que le corresponde. Por lo demás, el Barça ganó con justicia, aunque yo iba naturalmente con el Sevilla, porque, como saben, el Barça es un club que se ha decantado claramente por los catalonios, esos que proclaman que Catalonia is not Spain. En cambio Sevilla sí que lo es, así que yo, como español, gallego, coruñés y madrileño de adopción, pues iba con el Sevilla. Los catalonios no me gustan nada y espero que, el día que ejerzan ese derecho a decidir por el que tanto han peleado, pierdan el envite frente a los catalanes. Durante el día me crucé con muchos grupos de seguidores barcelonistas y me entraron ganas de abordar a alguno, para explicarles mi idea de que, ellos y nosotros, hemos de luchar juntos, e incluso intentar incorporar a nuestra lucha común a Portugal, pero me contuve, porque con el brazo como lo tengo no es como para andarme metiendo en actividades de riesgo.

Esta mañana he pasado consulta en el ASEPEYO de Legazpi, para que me revisaran la nueva cicatriz. Allí me han aclarado que ese nuevo corte me lo han cosido con puntos de los llamados colchoneros, lo cual no es de extrañar habiendo sido su autor el doctor Gárate. Me han dicho que la cosa va lenta pero bien y me han animado mucho. La verdad es que, una vez extraído el tornillo superior, el clavo está únicamente sujeto por dos tornillos junto al codo y el brazo no se me ha caído al suelo, lo que indica que algo de superglue óseo se ha formado. No todavía al gusto de Gárate, pero tiempo al tiempo. Después he pasado al gimnasio, donde le he explicado la nueva situación a mi querida recuperadora. También le he contado que mi estado general mejoró notablemente con el concierto del Boss. Su respuesta: –Ah, yo también estuve. Ya sabía yo que esta chica era de los míos. Les dejo con las fotos.
















sábado, 21 de mayo de 2016

509. Mi amigo X sale del cascarón

Iba a titular este post El strip-tease de mi amigo X pero, sabiendo cómo va esto de las redes, la simple inclusión de la palabra strip-tease en el título seguramente hubiera atraido a un buen número de guarros e indecentes, que a saber si no se me ponen a hacer comentarios bordes, disgustados de no encontrar lo que buscan, y acaban convirtiéndose en trolls y me fastidian el blog. Luego pensé titularlo Mi amigo X sale del armario, pero eso llevaría a un doble sentido impropio, diametralmente opuesto a la circunstancia y personalidad de mi querido colega. De ahí lo del cascarón, que queda como más neutro. Mi amigo X es un fenómeno. Hemos trabajado juntos más de 30 años, hasta su reciente jubilación y, en realidad, fue él mismo el que se metió en el cascarón de marras, un cascarón digital del que ahora renace cual polluelo travieso. 

Tal como él mismo confiesa, mi amigo X era una persona tímida de joven. Con la madurez, pasó de tímido a prudente, sensato, equilibrado. Y, ahora con la vejez, ha dado un paso más en ese sentido y ha pasado a ser una persona desinhibida, desprejuiciada, casi podríamos decir despendolada, que ha echado fuera ciertas precauciones sacando a flote ese punto disfrutón y vitalista que siempre le ha caracterizado. La cuestión es que, en un viejo post de este blog, allá por el año 2014, yo lo saqué con nombre y apellidos como personaje colateral de uno de mis textos imaginarios, los que se agrupan en la etiqueta Relatos. Él leyó el post y vino a verme bastante enfadado: –Cómo se te ocurre citarme por mi nombre, eso ya queda ahí colgado en la nube y cualquiera puede leerlo. Tenía razón. Yo tengo por norma citar los nombres completos de los amigos sólo cuando me autorizan expresamente para ello, precaución que en este caso me había saltado. En caso contrario, suelo poner una inicial: mi amiga L. o mi amiga holandesa R. pueden dar fe.

Pero el amigo X tiene una inicial que le hubiera identificado inmediatamente ante cualquiera de los colegas del trabajo, que saben además que somos amigos. Fue así como acordamos que se convirtiera en el amigo X. Por supuesto, todo esto sucedió en su fase vital intermedia, la de hombre prudente y sensato. Ahora, con tres nietos y plenamente integrado en la era post-jubilación, mi amigo me ha confirmado que ya no le importa que lo identifique; incluso tengo la sospecha de que hasta le hace ilusión. Dándole vueltas al tema, he pensado que no hace falta poner su nombre y apellido completos (tampoco voy a poner su dirección o su teléfono). Tan sólo algunas fotos. Así, los que ya le conozcan, podrán descubrir de quién se trata, y los demás sabrán qué aspecto tiene. Empezamos por unas fotos de ambos luciendo un auténtico sombrero Stetson, de mi propiedad, el mismo que usaban John Wayne y todos los cowboys. No cabe duda de que le queda mejor a él.


















Hace más o menos 30 años, una noche me caí haciendo el chorra junto a una piscina (me resbalé en el suelo deslizante) y me hice daño en el hombro izquierdo. Me recomendaron nadar a braza, pero yo era un autodidacta de la playa de Riazor y busqué alguien que me enseñara el estilo correctamente. Mi amigo X dijo que él sí sabía, pero que se apuntaba conmigo. Así que ambos empezamos a nadar dos días por semana, debidamente instruidos por un tercer colega: el gran Josito, de quien supongo que tal vez sea seguidor fiel de este blog desde el más allá, o desde donde quiera que esté, porque el pobre falleció ya hace años. El primer día, Josito, que había sido campeón provincial junior de natación, se quedó atónito al ver que el amigo X nadaba con la cabeza fuera del agua, es decir, que sus conocimientos de natación no iban mucho más allá de los míos y que ambos, más que nadadores, éramos expertos bañistas, que no es lo mismo.

Por esa época, los tres, junto a Paco Ramos, otro compañero al que no creo que le importe que le cite con nombre y apellido, montamos una peña gastronómica. Nos reuníamos de vez en cuando y cada uno preparaba un plato. Bueno, para ser exactos, el amigo X traía algo preparado por su señora, gran cocinera, y éramos los demás los que lucíamos nuestras habilidades. En una ocasión yo preparé en directo un ceviche al más puro estilo peruano. El amigo X miraba por encima de mi hombro arrugando la nariz y decía: –Eso tiene una pinta ciertamente asquerosa. Pero, una vez preparado, fue el que más comió. Recuerdo también otro episodio histórico, el día en que Josito intentó hacer un bacalao al pil pil y le salió algo con un aspecto bastante diferente y desde luego no muy apetitoso. Ante nuestras risas se cogió un gran cabreo y dijo que no teníamos ni puta idea, que una cosa era el pil pil y otra era el ligado. Desde luego que, el suyo, muy ligado no parecía. 

Años después, al bueno de X le salió en el cuello una especie de branquia primigenia, probable reminiscencia de alguno de sus antepasados piratas y hubo de ingresarse en el Doce de Octubre para que se la extirparan. Desde allí me llamó aterrorizado: –Emilio –decía–, ¡Socorro! ven a sacarme de aquí, me han puesto un pijama verde, estoy en pijama y con el culo al aire, esto es humillante. Ahora que yo he sufrido por desgracia esa misma humillación, el amigo X ha sido el primero en venir a verme, como atestigua esta foto al día siguiente de mi operación de inserción de un clavo en mi húmero seccionado. Ese clavo del que el otro día me soltaron un tornillo, todavía no sé si para bien o para mal. Aquí el testimonio de la solidaridad de mi amigo en ese duro trance del que ya han pasado tres meses. El bueno de X está siempre ahí cuando se le necesita.


Hace una eternidad, cuando yo era un corredor de fondo y no un lisiado como ahora, solía participar en la Carrera Popular de Canillejas, que muchas veces transcurría bajo la lluvia. Allí, en la esquina de Hermanos García Noblejas con Alcalá, estaba siempre mi amigo X, con su proverbial gabardina y su paraguas, aguantando el coñazo de ver pasar a cientos de corredores sólo por el placer efímero de descubrirme entre la masa y aplaudirme unos segundos. Con los años, X empezó a preparar su jubilación y es ahí cuando tomó contacto con mi blog. X es una persona muy ordenada que tiene todas sus informaciones clasificadas. Cada vez que encuentra en mis textos algún dato, información o referencia de su interés, lo guarda por el procedimiento de copiar/pegar en sus archivos, que tiene perfectamente organizados por temas: cine, música, viajes, etc. Hacia finales de diciembre, le hicimos una comida homenaje, en la que me pidió que dijera unas palabras al final. Fue un acto muy entrañable en el que acabamos en un abrazo emocionado. Aquí una foto del evento, con otros dos compañeros.


















He de aclarar que mi extraña postura no se debe a que ya intuyera que dos meses más tarde me iba a romper ese brazo, sino a que, durante toda la comida aguanté la charla continuada de otro amigo que habla bastante bajo y, con el estruendo del acto, me costaba entender lo que decía. Desde que se ha jubilado, el amigo X no para quieto, se mantiene en buena forma y de ello da fe la imagen de abajo, tomada en el Pirineo esta pasada Navidad.

En fin, el bueno de X es ahora uno de los más tenaces seguidores de mi blog y, uniendo esta circunstancia a su nueva situación de hombre libre, le entró la curiosidad por dos cosas que él nunca había hecho: correr una carrera popular y asistir a un concierto de masas. Tenía la ilusión de vivir ambas experiencias conmigo, porque me considera un experto en ambas. La carrera ya la corrimos hace un par de navidades. Fue cuando Madrid batió el record Guiness de corredores disfrazados de Papá Noel. Allí estábamos ambos, tal como se reflejó en el blog, en un amplio reportaje fotográfico del que les extraigo un par de imágenes tomadas antes de la salida. Como íbamos los dos disfrazados, el anonimato de mi amigo no corrió peligro. Después de esta experiencia, sólo nos faltaba asistir a un concierto de masas.


Para ello, ¿qué mejor que ver a Bruce Springsteen en el Bernabeu? Cuando X supo en enero que el Boss venía a Madrid, me llamó muy alterado: lo había oído en la radio y ya había visualizado la escena por anticipado, como muchas otras cosas que este hombre intuye antes de que sucedan. Iríamos a ver a Bruce los dos juntos. Así que yo me encargué de sacar las entradas por Internet pero, como quizá hayan leído, fue imposible conseguirlas. Se pusieron a la venta en Ticketmaster, se bloqueó la página inmediatamente y, dos horas más tarde, se desbloqueó, pero ya no quedaban. En ese mismo instante, una página filial de Ticketmaster las puso a la venta por el doble o más de su precio. La reventa de toda la vida, en versión digital. Ya dábamos el tema por perdido, incluso X había organizado para esta noche una cena con unos amigos.

Pero, en este foro, ya he insistido muchas veces en dos cosas: que soy un cabezota y que un día (hace una eternidad) fui alguien importante en el Ayuntamiento. Así que no me di por vencido, removí Roma con Santiago y, tirando de viejos contactos, con los que mantengo una mínima relación, conseguí por fin dos entradas de grada lateral para el gran evento de esta tarde. X canceló enseguida la cena y se apuntó con entusiasmo. Es posible que ambos acudamos con nuestras bufandas respectivas: él la del Real Madrid y yo la del Dépor. Del fondo de un cajón he recuperado una vieja petaca que me regaló mi amigo escocés Geoff Keogh y que antiguamente llevaba siempre encima cuando acudía a partidos y conciertos. La llenaremos, como no podía ser de otra manera, de Bourbon. El problema es que, como me registren a ver si llevo alguna estelada, tal vez me la quiten. Siempre nos queda el recurso de bebérnosla allí mismo, en las narices de la policía. Ya les contaré.

jueves, 19 de mayo de 2016

508. A razón de catorce, siete a la media

Bueno, llevo dos textos hablando de temas exógenos (la radio en los 40 y la próxima visita del Boss) y ya unos cuantos de mis seguidores me han llamado por teléfono para preguntarme por mi brazo, qué pasa con el tornillo, cómo va mi recuperación. En ascuas me dicen que les tengo. A ver. Yo creo que una de las principales virtudes de mi blog es la variedad, el saltar todo el rato de un tema a otro, incluso dentro de cada post y de forma aparentemente anárquica, aunque la cosa está más estudiada de lo que parece. En ese marco, yo no quisiera caer en la tontuna de Francisco Umbral (yo he venido aquí a hablar de mi libro) y convertir esta tribuna en yo he venido aquí a hablar de mi brazo. Pero ya que insisten, pues les pondré al día.

Dice mi amigo Joe que me meto demasiado con el doctor Gárate, que es un buen chaval y buen profesional. Desde luego que es ambas cosas, nunca he dicho lo contrario, podría ser hijo mío y hasta le estoy cogiendo cariño. Lo único es que no me da la información que yo busco. Supongo que soy un ansioso; que lo que yo quiero oír no me lo puede decir y que, si me dice la verdad, a lo mejor me desanimo. En fin, es su política informativa y yo la respeto. Sólo que a veces es un poco irritante que yo venga con la pregunta qué hay de lo mío y se me responda que a razón de catorce, siete a la media, refrán que me encanta, aunque nunca he entendido qué es lo que quiere decir exactamente.

En contraposición, en el gimnasio de ASEPEYO, tengo una recuperadora que es un cielo y con la que me entiendo mejor. Fue ella la que me echó la bronca por el cachondeo que me traía con los horarios. Pero yo conté esta anécdota convirtiéndola en un hombre, para poder añadir que tal vez su malhumor se debía a que había dormido mal o no había conseguido follar la noche anterior. Comentario que no molestaría y podría hacer hasta gracia a mi mayor grupo de seguidores, que es del género femenino. Si hubiera dicho la verdad, el comentario tendría que haber sido que la chica tal vez estaba cabreada porque le había venido la regla, lo que habría sido inmediatamente tachado de machista e inadecuado. Aunque, ahora que lo pienso, también podía haber dicho que a lo mejor es que no había cagado después de desayunar. Yo tengo al menos un amigo y una amiga que, si no cagan después de desayunar, ya están de mala uva todo el día.

Bien, pues ante la falta de información precisa sobre mi proceso, le apreté las tuercas a la recuperadora y me habló, como siempre, con claridad: el proceso de formación de la señora Ashton va bien, pero más despacio de lo que se esperaba. ¡¡Bueno!! Pues ahora ya lo sé. No pasa nada, soy cabezota y no pararé hasta que tenga el brazo bien, si es que lo llego a tener algún día. Y, si no, pues me arreglaré con lo que quede. Estas cosas son muy subjetivas. Les recuerdo que, en el momento de mi accidente, yo había dejado de correr porque tenía molestias importantes en la espalda y en las rodillas, sobre todo en la derecha. Llevaba dos meses en el dique seco y las molestias no desaparecían. Bien, pues en el segundo 1 del accidente, cuando los viajeros del Metro tiraron de mí para ponerme en pie y supe que tenía el brazo roto, esas molestias desaparecieron como por arte de magia. Hasta hoy.

Por abreviar, hoy a las 11.00 he de ingresar otra vez en el hospital para ser intervenido de nuevo. Me van a quitar el tornillo superior, el que está en el hombro, en vez del que me dijeron primero. Ese fue el dictamen del sanedrín de los traumatólogos. Me lo ha explicado Gárate pero, como no lo he entendido, pues no puedo a mi vez explicarles a qué se debe el cambio de tornillo. Ya ven, si Gárate fuera del tipo más gamberro de matasanos, yo le pediría que me regalara el tornillo extraído, para quedármelo de recuerdo. Tal vez lo metiera en formol para enseñárselo a los amigos. Pero, con lo serio que es este hombre, no sé si me atreveré. Anteayer, en la consulta preoperatoria, le insistí en que me enseñara la última radiografía y, por primera vez, conseguí que girara la pantalla del ordenador. Cuando vi la nueva imagen de mi húmero, lo entendí todo. Tal vez era mejor que no la hubiera visto. Porque la imagen actual de la señora Ashton es, más o menos, como la que les pongo aquí debajo. 


Quizá todo se debe a que he visto demasiado cine de ciencia-ficción y me había imaginado que mi operación era un asunto asistido por una tecnología punta que permitía una visión tridimensional en directo, lo que llevaba a que, una vez metido el clavo, ambas partes del húmero se acercaban hasta encajarse perfectamente. Y luego se apretaban los tornillos. Ahora entiendo que, a pesar del avance que supone el clavo sobre la escayola, el fundamento de la operación no ha variado: los dos fragmentos del hueso se aproximan a ciegas y quedan a como caigan. El hueso es un elemento vivo, que luego se va pegando y redondeando aristas. Lo de que quede más o menos encajado de primeras es una cuestión de suerte y parece que yo no la he tenido. A la vista de la imagen, ya lo entiendo casi todo (sólo me falta saber por qué me quitan el tornillo de arriba y no el de abajo).

Como les digo, me gusta bastante el cine de ciencia-ficción. Eso explica que haya ido a ver una película de estreno que se llama Eye in the Sky (Espiando desde el cielo). No se la recomiendo, porque me parece que el guión no está muy logrado; la situación que plantea es única, no tiene recovecos, no tiene sorpresas y se estira demasiado para lograr la duración de una película completa. Como sé positivamente que me hacen bastante caso en estas cosas, supongo que no la irán a ver (aunque tiene algunas cosas atractivas, como la siempre impactante presencia de Helen Mirren, actriz de mi quinta que se conserva en plena forma). Así que les voy a contar de qué va la cosa (por otro lado, a los cinco minutos de película ya se sabe).

En un futuro bastante cercano, los drones que nos vigilan desde el cielo han evolucionado mucho y se pueden camuflar en pequeños pájaros o escarabajos. La inteligencia anglo-yanqui ha detectado que en un suburbio de Nairobi se va a producir una reunión del grupo terrorista Al-Shabaa y hay autorización de ambos gobiernos para lanzar una operación en tierra en la que se capture a sus principales líderes (de nacionalidades británica y americana), para que sean juzgados en sus respectivos países de origen. El pequeño dron que anda por allí comprobando si llegan todos a la reunión, se introduce en la casa y descubre que, en realidad, lo que están preparando es un atentado suicida, presumiblemente en un lugar concurrido, como un mercado o un centro comercial. Eso cambia las cosas. Para ese supuesto, los mandos militares proponen un misilazo que acabe con todos los reunidos. Piden autorización a sus gobiernos y la obtienen.

Hay un soldado en una instalación en Reno (Nevada), que dirige desde allí el dron mayor y es el encargado de apuntar y dirigir el misil. El problema es que, cuando ese soldado está a punto de apretar el gatillo, llega caminando una niña que instala en la puerta del edificio un puesto para vender los panes que elabora su madre. Es lo que se llama un muy probable daño colateral y el soldado pide que se haga una nueva evaluación de daños potenciales y se recaben de nuevo todas las autorizaciones, antes de disparar. Ese es el dilema moral que se plantea: lanzar el misilazo, que matará seguramente a la niña, o no disparar, salvar a la niña y no evitar un atentado suicida inminente, en el que pueden morir unos 80 inocentes. Ese es el quid de la cuestión, muy interesante desde luego, aunque, en mi modesta opinión, desarrollado con un guión flojito. Hay sin embargo una frase demoledora que dice uno de los mandos intermedios y que les transcribo literalmente: Si ellos matan a 80 inocentes, nosotros habremos ganado la guerra de la propaganda. Si nosotros matamos a una niña con un misil desde un dron, ellos la habrán ganado.

En fin, ya saben que yo siempre fui un poco macarra en esto del cine. Yo no soportaba a Antonioni, ni buena parte de las películas de Ingmar Bergman. A mí me gustaba, por ejemplo, el cine de Pietro Germi. Este es un hombre que empezó en el neorrealismo, pero descubrió una vena cómica con la insuperable Divorcio a la Italiana, con la que por cierto ganó un Oscar al mejor guión, y ya siguió por ahí: Seducida y Abandonada, Muchas Cuerdas para un Violín y otras. A mí me gustaba incluso la que toda la crítica coincide en señalar como su peor película: Serafino. Trataba este film de un pastor de la zona de los Abruzos, en el centro de Italia (una de las regiones pobres del país), al que interpretaba Adriano Celentano. El personaje era una especie de Cantinflas: hablaba y hablaba tonterías, volvía locos a todos y, de esa forma, conseguía salir de todos los aprietos.

La película empieza cuando lo llaman a filas. En la mili monta tal follón que lo mandan enseguida de vuelta a casa. Allí vive con la bella Asmara, la moza a la que adoran todos los pastores. Entonces recibe una herencia inesperada de una tía y se pone a derrocharla en juergas con sus colegas. El resto de su familia, enfadados por este comportamiento, le ponen una trampa. Convencen a una prima suya muy guapa, Lidia, para que se lo ligue. Serafino se va con ella a la cama, le pillan los padres de la moza en plena faena, montan un escándalo y dicen que sólo hay una forma de arreglarlo: casándose. Así podrán mangonear la sustanciosa herencia a través de la chica. Yo tenía en la memoria la canción que cantan sus amigos los pastores en el bar del pueblo, en la que cuentan toda esta historia. Me ha costado encontrarla (al final lo he conseguido en una página rusa), pero abajo la tienen. El italiano no se entiende mucho, pero se hace uno una idea. La bella Asmara participa en la juerga, aunque se puede ver que la han echado de casa de Serafino con todas sus cosas. Me encanta ese estribillo en que dicen: tiero, tiero, tiero, tiero-tierá, tierá, tierá, va pérdere, va pérdere, va perderé la libertá, y el más viejo del grupo corea: qué se po far (qué le vamos a hacer). Han de pinchar AQUÍ. Pónganselo en pantalla grande. Merece la pena

Ya ven que España y Portugal no eran los únicos países pobres en los cincuenta. Por cierto, cuando el cura le pregunta a Serafino si quiere a Lidia por esposa, el tipo no dice ni sí ni no, sino un montón de tonterías del estilo a razón de catorce siete a la media, monta otro de sus galimatías tipo Cantinflas y acaba escapando del altar. Volverá al monte a cuidar a sus ovejas, a vivir con Asmara y a derrochar su dinero con sus amigos pastores. Toda una enseñanza de vida. Nos vemos a la vuelta del quirófano.  

martes, 17 de mayo de 2016

507. ¡Que viene el Boss!

Viene Bruce Springsteen el sábado próximo a Madrid, ciudad donde no toca desde que lo hizo en 2012, en el mismo escenario, el Santiago Bernabeu. Al año siguiente incluyó sólo una visita a España, en el campo de El Molinón, en Gijón. En la gira de este año del Señor de 2016, ha tenido a bien incluir tres conciertos: Barcelona, el sábado pasado, San Sebastián esta tarde y Madrid en la fecha que ya he dicho. En Barna asistieron al concierto 65.000 personas que llenaron el Camp Nou el mismo día en que el Barça se proclamó campeón de Liga, asunto que no pareció interesar a los entregados espectadores del Boss, que vibraron con las más de tres horas y media de concierto de este hombre, que ha alcanzado una especie de plenitud vital en estos últimos años, puesto que su época dorada como compositor culminó en 1980, con el doble álbum The River, hace más de 35 años. En este blog ya se le dedicó hace más de un año un post a este señor, a medias con la madre que lo parió, que pueden (y deben) consultar AQUÍ. Deben leerlo, porque es complementario de este que estoy escribiendo.

Desde entonces están cayendo como moscas diferentes figuras del rock, como Lou Reed, Bowie o Prince. El Boss goza aparentemente de una salud de hierro. Hace poco me dijo un amigo médico listillo que todos estos caen por la mala vida que se dieron de jóvenes, que les pasa factura, como sucedió con los cuatro integrantes iniciales de Los Ramones, que ya se han muerto todos, mientras que Bruce siempre se ha cuidado. No creo que esto sea una correspondencia biunívoca, porque ninguno de los difuntos se castigó tanto el cuerpo como Keith Richard, y ahí lo tienen tan contento. Lo último que le pasó fue una lesión en la espalda, por caerse de un cocotero al que se había subido vaya usted a saber por qué. Vamos, que si me caigo yo de un cocotero, tienen que escayolarme entero, como los heridos que salían en los tebeos. Lo mismo puede decirse de Bob Dylan y hasta de Leonard Cohen, que tiene ya más de 80 años. El que sí se cuida hace tiempo es Mick Jagger.

Hablando de los Stones, me cuentan que se llevan tan mal entre ellos que, para organizar las últimas giras y concretar los detalles de sus conciertos, directamente se reúnen sus abogados respectivos, porque entre ellos ni se hablan. No se soportan. Keith Richard es un yonky inmortal, un walking dead que debe ser bastante difícil de aguantar. Cuando hizo de padre del protagonista de Piratas del Caribe, todos en el equipo de rodaje acabaron hartos de él, de su informalidad y la cantidad de tiempo y dinero que les hizo perder. Bruce Springsteen es diferente. Bruce mantiene en su banda a algunos de sus músicos originales y son todos amigos. Empezaron en New Jersey, en el barrio de Asbury Park, hace más de 40 años. Su primer disco, de 1973, se llama precisamente Greetings from Asbury Park NJ. Y allí estaban ya algunos de los que siguen tocando con el Boss, sesentones como él. Como el batería Max Weinberg, cada vez con más pinta de señor, y el bajo Garry Tallent.

Destaca singularmente el guitarrista Steve van Zandt, también conocido como Little Steven (Stevencito). Es el tipo del pañuelo en la cabeza, al que tienen en la imagen de arriba, que nunca falta al lado del Boss, haciendo los coros. Ya se imaginarán que el sujeto no se quita nunca el pañuelo, porque está calvo como una bola de billar. Y cada vez más gordo, lo que acerca su imagen a la de Agustín Almodóvar. Cuarenta años de acompañar a su amigo Bruce en todas sus giras, no le han impedido desarrollar en paralelo una lucrativa carrera como actor, que le ha llevado a interpretar durante diez años a un gangster con peluquín en las once temporadas de la gran serie de TV Los Soprano, imagen que tienen a la derecha. Algunos de los integrantes iniciales de la E-Street Band se han muerto: el teclista Danny Federici en 2008 y sobre todo el gran Clarence Clemons, el gigante apodado The Big Man que tocaba el saxo en la banda. Clemons, fallecido en 2011, había sido jugador de fútbol americano y le daba un punto soul a la música del grupo, definitivamente perdido. Aunque Bruce, siempre fiel a su amigo, lo ha sustituido por su sobrino, el joven Jake Clemons.

Completan la banda Patti Scialfa (esposa de Springsteen) a la guitarra rítmica, y Nils Lofgren como guitarra solista, en un puesto en el que se han ido sucediendo diversos artistas. Lofgren era ya un artista reconocido con carrera contrastada, cuando el Boss lo fichó. Y aquí tienen a este grupo de sexagenarios haciendo lo que más les gusta: tocar en directo. Como ya les he contado, la carrera del Boss arrancó en el 73, con un par de discos de escasa repercusión. Luego la banda se encerró dos años hasta crear el mítico Born tu run, que llegó a todos los números uno. Bruce descubrió entonces que estaba atado por una serie de contratos leoninos con managers e intermediarios dispuestos a vivir del invento. Se tiró tres años pleiteando, hasta que liberó sus derechos. Pero no estuvo ocioso mientras tanto.

En 1978, ya dueño de su obra, se presentó a su nueva productora con material para tres discos LP. La discográfica hizo una selección y el resultado fue el extraordinario Darkness on the Edge of Town, tal vez uno de los mejores discos de la historia. Repitió la jugada en 1980 con el doble álbum The River. Y ahí se agotó su creatividad. Desde entonces, sus discos de estudio no hacen sino copiar la fórmula. Menos mal que ha encontrado el filón de los conciertos en directo, en los que nadie duda de que es el más grande. 30 años más tarde, sigue tocando las mismas maravillosas canciones que compuso en esa época de sobreproducción creativa. Es curioso esto de las explosiones creativas de los músicos. Bowie compuso mil maravillas entre el 70 y el 75. Y Lennon en tiempos de los Beatles y un poco después. Sin saber por qué, hay un momento en que la fuente se seca y hay que admitirlo. El único que se reinventa de vez en cuando es Bob Dylan, otro que en sus años de locuras se cuidó tan poco como Keith Richards y ahí lo tienen vivito y coleando.

Ya saben que en 1981, cuando a este señor no lo conocía casi nadie en España, yo cogí el tren del rock para ir a verlo en Barcelona. La fecha, el 21 de abril y el lugar, el Palau Dels Esports. De la misma forma, algunos amigos míos viajaron ayer a Donosti, donde las entradas para hoy eran más asequibles que las de Madrid. Supongo que a esta hora ya estarán rondando Anoeta. Las canciones del Boss de esos años dorados, encima tienen unas letras extraordinarias. Bruce siempre ha sido un hombre solidario, capaz de entender el dolor, el duelo y la pérdida, porque él mismo ha tenido que sufrirlo. Les voy a poner un par de ejemplos, para que entiendan lo que digo: el Youtube está lleno de vídeos con sus canciones subtituladas en español. Vean primero este: Point Blank, literalmente: A quemarropa. Un retrato de una mujer a la que la vida ha devastado. Hay que tener una sensibilidad especial para componer esto. 


No me digan que no es una cosa emocionante. El otro tema que les traigo es el archiconocido The River. En 1980, Bruce ya habla hasta de la crisis de la construcción y la desolación del que se tiene que ir al paro. Estas eran las letras que escribía este hombre hace más de 35 años.


En fin, mucho de lo que aquí se ha contado, seguro que mis seguidores más rockeros ya se lo sabían pero, como soy un listillo y un repipi, voy a añadir algo que me apuesto lo que quieran a que no lo sabían. El Boss es una figura de nivel mundial, que ha trascendido de su pequeño barrio de New Jersey. Pero no es el único músico de la zona. Hasta el punto de que incluso puede hablarse de un sonido New Jersey. Por ejemplo, Little Steven se unió a Bruce desde el principio, pero antes ya había tocado en otra banda. La que encabezaba el bueno de Southside Johnny. Su nombre era inequívoco: Southside Johnny and the Asbury Jukes. El tipo ha seguido todo este tiempo componiendo y tocando por los bares y auditorios locales. No envidia al Boss, de quien sigue siendo muy buen amigo. Bien, pues el año pasado, este casi septuagenario se animó, reunió a su banda de toda la vida y grabó un disco de estudio. Se llama Soul Time y es cojonudo. Les voy a dejar con una canción suya. Ya sé que se da un aire a Bruce. No podría ser de otra manera, siendo como son del mismo barrio. Pero en canciones como esta tiene su propio punto soul. Pásenlo bien.


    

sábado, 14 de mayo de 2016

506. Carmena se llama el sastre

Si alguien ha entrado en este blog con la esperanza (Aguirre) de encontrar alguna crítica a mi adorada Alcaldesa y jefa, pues ya puede girar el dial y buscar otra emisora. Digo lo del dial porque, en realidad, de lo que aquí se va a hablar es de la radio, en concreto de la radio en los años 40 y 50, cuando este medio de difusión alcanzó su mayor desarrollo. Era entonces cuando en las emisoras madrileñas se emitía el anuncio del que forma parte el título de este post, que empezaba con un ripio de postín: Carmena se llama el sastre/que viste a la gente bien/hace trajes y hace abrigos/como muy pocos se ven. Entonces aparecía la voz exagerada de un negro, tal como los que salían en la versión doblada de Lo que el viento se llevó, que decía algo así como: akatula malatula. ¿Qué dice el negro? –terciaba una nueva voz extrañada. Respuesta: que Carmena se llama el sastre que viste a la gente bien. Entonces el otro concluía –¡Ah! Hasta los negros lo saben.

La sastrería Carmena estaba en la calle Duque de Alba, cerca del Rastro. Busca que te busca, he encontrado hasta una vieja entrevista a mi querida Alcaldesa, de cuando ejercía como juez, en la que le preguntaban por su relación con el sastre y el viejo adagio del anuncio de la radio. Y ella contestaba que no tenían nada que ver, que su familia había regentado una pañería por la zona de Fuencarral y Hortaleza, pero que, de niña, sus compañeras de colegio intentaban martirizarla cantándole el ripio del sastre Carmena, algo que le molestaba al principio, aunque pronto aprendió a mostrarse inmune a estos ataques, tal vez empezando a forjar ese carácter tranquilo y ponderado que hoy en día conserva. Por lo que respecta al anuncio de marras, hoy sería tachado de racista, pero no hace más que mostrar la ingenuidad de los mensajes que se difundían en esa época, bajo la férrea supervisión de la censura franquista.

Eran tiempos de racionamiento y estraperlo, en un país devastado por la guerra y regido por la política de autarquía, mientras se dirimía la Guerra Mundial, en la que, al menos formalmente, España era neutral y pretendía reconstruirse a partir de sus propios recursos naturales. Después vendría la paz mundial, el plan Marshall y la visita de Eisenhower a quien recibimos agitando banderitas. El racionamiento fue sustituido por la leche en polvo y el queso de lata que se repartía en los colegios. La radio de esos tiempos incluía muchos anuncios locales, para los que se contrataba a cantantes de zarzuela que grababan en el propio estudio con métodos rudimentarios. Se trabajaba mucho el ripio: Pa’l otoño madrileño/gabardinas Butragueño. Aféitese la barbilla/con máquinas de Padilla. Esta tienda de Padilla, cerca de la Puerta del Sol, vendía unas brochas de afeitar excelentes y yo creo que existe todavía. Por esa zona se movía, al parecer, un precursor de los actuales hombres-sandwich que compran oro: el gigante con zancos que anunciaba a otro sastre de prestigio: Flómar, que era una contracción de Florentino Martínez, que nada tiene que ver tampoco con el que están ustedes pensando.

Yo sé todo esto de referencias porque, como sabrán, nací en el 51. En La Coruña, creo recordar que sólo había dos emisoras por entonces: Radio Nacional y Radio Coruña. En mi casa se oía principalmente la segunda, que mi tía Lola llamaba la Radio Pancho. Había sido fundada antes de la guerra por el ilustre don Pancho Hervada. Se anunciaba como Radio Coruña EAJ-41. Nunca supe lo que significaban esas siglas. Leo que las primeras emisoras que empezaron a emitir en España lo hicieron en los años 20, durante la dictadura de Primo de Rivera, y que la primera de todas fue Radio Barcelona, EAJ-1. Tal vez las siglas eran un simple numeral correlativo. Mi tía Lola seguía los seriales más populares, como Dos hombres buenos o Ama Rosa, que solían emitirse por la tarde. A veces, se despistaba o se perdía un capítulo y de pronto ya no entendía nada. Cuando eso le sucedía con el capítulo final, llamaba por teléfono a la radio y les echaba una bronca: –¡Pero qué se han creído ustedes! ¿Que pueden hacer borrón y cuenta nueva y dejarnos así, a dos velas? En la emisora se debían de reír las tripas.

Dos veces al día, todas las cadenas debían conectar con Radio Nacional, para emitir conjuntamente el Diario Hablado, que la gente seguía llamando El Parte, reminiscencia inequívoca de la guerra. El de mediodía empezaba a las dos de la tarde y el otro a las diez de la noche. Cuando empezaba el Parte, mi padre pegaba un puñetazo en la mesa y chistaba enérgicamente: –A callar todo el mundo, que vienen las noticias. Busca que te busca, he encontrado también la sintonía que daba paso al Parte, la famosa Generala (otra reminiscencia guerrera), al parecer adaptada por un cura castrense a partir de un antiguo toque militar de ordenanza. Pues aquí mismo la tienen.


Por la noche, las emisiones se cerraban a las doce, también de manera unificada, con la transmisión de un himno que me ha costado encontrar y que les pongo más abajo. Yo era un niño bastante pijotero y repipi (no creo que les extrañe), pero ya tenía un punto más noctámbulo que madrugador. Mi madre se esforzaba en que me fuera pronto a la cama y yo le pedía que se quedara a mi lado y me contara cuentos o cualquier cosa, pero no conseguía que me durmiera. Al final, le rogaba: –déjame que oiga el himno del final, después te prometo que ya me duermo. Así que he escuchado muchas veces ese himno, cuyas notas están firmemente ancladas en lo más profundo de mi memoria. Me ha costado, como digo, encontrarlo y, a mis años, he sabido que se trataba del llamado Triple Himno, en el que se sucedían un fragmento del Oriamendi, himno de los requetés (por cierto, carlistas y precursores de los nacionalistas actuales), el Cara al Sol, por la parte de los falangistas y, por último, la Marcha Real que aun conservamos como himno nacional. Escúchenlo. 


Eran los tiempos de algunos nombres míticos: Bobby Deglané, José Luis Pecker, Matías Prats, Enrique Mariñas, que era de La Coruña. Y Pepe Iglesias “El Zorro”. Los viejos aparatos de mesa fueron poco a poco sustituidos por los llamados transistores, primero bastante grandes y luego más reducidos, lo que permitía llevarlos en el bolsillo de la americana y, con unos pequeños auriculares, acompañar a la señora al parque siguiendo discretamente el Carrusel Deportivo. Por entonces, la Liga de Fútbol era lo único que se seguía en directo, porque las demás noticias llegaban convenientemente filtradas por la censura y no interesaban a casi nadie. Mi padre escuchaba por las noches Radio París, que tenía algunos noticiarios en castellano en los que uno se podía enterar de algo más.

Comprendo que a algunos de mis lectores más jóvenes, que han nacido en la era digital, todo esto les parezca antediluviano, pero está ahí a la vuelta de la esquina. Yo no conocí el racionamiento por los pelos, pero recuerdo que vivíamos en una sociedad muy pobre. Cuando yo nací, España era el segundo país más pobre de Europa después del Portugal de Oliveira Salazar. La política económica del régimen nos estaba llevando a la ruina, hasta que Franco dio un volantazo, echó del gobierno a los falangistas más casposos y dio entrada a los tecnócratas del Opus Dei. Ellos diseñaron la política de creación de Polos de Desarrollo que indujo la ola de inmigración masiva que llevó a la gente del campo a la ciudad (Madrid, Barcelona y, un poco, Bilbao), atraídos por las nuevas ofertas de empleo en la industria y en la construcción. La gente dejaba masivamente su tierra huyendo del hambre y la miseria, algo que antes sólo se habían atrevido a hacer unos pocos, en un país aterrorizado por la guerra.

Llegaron entonces los turistas, las suecas y el bikini. Y la Televisión en blanco y negro. Por entonces apareció una segunda generación de famosos de la radio, como el inefable Pepe Domingo Castaño, que empezó en Radio Santiago, donde era conocido como Pepito Costilleta, antes de emigrar también a Madrid en busca de más amplios horizontes. Hemos prosperado mucho desde entonces. Pero la radio sigue cumpliendo un papel que no le ha conseguido arrebatar ningún otro medio de difusión. En las mañanas de fin de semana, como hoy, yo suelo poner el programa de la SER, que es muy divertido. Y en el cual se aprenden cosas muy interesantes.

Y, ya que hemos empezado hablando de la señora Carmena, no puedo dejar de decir unas cuantas cosas. En primer lugar, si no me falla la memoria, creo que es la primera vez en mi vida que gana alguien a quien yo he votado. Y, por otro lado, ya saben que yo estaba bastante decidido a jubilarme, incluso contaba en este blog los días útiles que me quedaban y, sin embargo, el cambio de signo del gobierno municipal me ha llevado a mi situación actual, en la que estoy luchando a brazo partido por conseguir el reenganche en condiciones. La señora Carmena no tiene nada que ver con el sastre de la calle Duque de Alba, pero en su tarea diaria ha de dedicarse muchas veces a coser y zurcir los rotos que se producen en el delicado tejido político que la sostiene. Y puedo asegurarles que lo hace con mimo extremo. Sus zurcidos son perfectos, no como esos chapuceros que mi madre llamaba culos de pollo. Sean felices y, si están en Madrid, disfruten del puente.


viernes, 13 de mayo de 2016

505. Problemas y soluciones (Missing you)

Bueno ya tengo más o menos encajada la situación que les conté en el post anterior. La cosa tiene dos componentes: el médico y el administrativo. En el terreno médico, está claro que me ha tocado un traumatólogo conservador y no me queda otra que aceptarlo: yo no puedo ir por libre, tengo que moverme en el marco ASEPEYO, y la mutua me ha asignado al doctor Gárate, que es un excelente profesional. Y tener un médico como él va a mi favor; no me va a soltar hasta que mi húmero esté perfecto. Lo que pasa es que yo conozco a unos cuantos traumatólogos y casi todos responden a un estereotipo diferente: juerguistas, comilones, ligones, bebedores de coñac, fumadores de puros, simpáticos, propensos a las grandes risotadas y, con frecuencia, madridistas acérrimos. Si me llega a tocar uno de estos, tal vez ya me hubiera dado una patada en el culo. En cambio, de Gárate no me extrañaría que fuera vegetariano. Y probablemente tampoco le guste el fútbol. No he conseguido ni que me tutee. Así que, a esperar, a disfrutar otro mes de mi situación de privilegio y a vivir, que son dos días.

El tema administrativo me tenía más preocupado, pero no se lo podía contar en el texto anterior por una elemental prudencia. Una vez resuelto, se lo voy a detallar, para que vean ustedes hasta qué extremos llega la burocracia. Como les conté, antes de Navidad pedí el reenganche, para poder seguir trabajando después del 19 de junio y jubilarme luego cuando me dé la gana. El proceso administrativo tiene un punto crítico: que tu Director General te firme un documento diciendo que le sigues siendo de utilidad y que está de acuerdo en que continúes a sus órdenes. Yo ya había conseguido ese papel y lo había enviado a Personal. Así que sólo me faltaba el reconocimiento médico en Madrid Salud, para el que estaba citado el 22 de febrero. Pero unos días antes, me caí, me rompí el brazo y hubo que llamar a anular la cita. No pueden hacerme ese reconocimiento mientras esté de baja.

Mi preocupación el otro día, se debía a lo siguiente. Según la ley que regula el reenganche, el proceso ha de quedar listo en cinco meses, con todos los papeles necesarios para que el responsable de Recursos Humanos adopte la resolución correspondiente (aunque luego dicho responsable puede demorarse en firmarlo, incluso varios meses más). Yo pedí el reenganche el 22 de diciembre. Luego el proceso debía quedar cerrado el 22 de mayo. Ese día seguiré de baja, por lo que la cosa tenía su riesgo. Puesto al habla con los de Personal, me propusieron una primera solución: no hacer nada. Ellos, el día 22, constatan que desde Madrid Salud no han respondido a su petición de que se me haga el reconocimiento y el proceso puede seguir adelante, porque el silencio administrativo es positivo, a mi favor. Es decir, el reconocimiento es para comprobar que yo no estoy medio muerto, o gagá. Si Madrid Salud no dice nada, se presupone que es porque me han encontrado bien.

Esa solución me pareció una chapuza y así se lo dije. Supondría cerrar el proceso en falso. Cualquier burócrata puede luego constatar que no se me ha hecho el reconocimiento preceptivo y denegarme el reenganche. Es algo improbable, pero yo llevo 33 años conviviendo con burócratas y sé con quién me juego los dineros. Además, desde que contamos con medios digitales, los funcionarios de manguito están todavía más crecidos, porque tienen la excusa perfecta, que se plasma en la frase de oro: (lo que usted propone es muy razonable, pero) EL SISTEMA NO ME DEJA HACERLO. Podía darse el caso de que yo llegara el 20 de junio a mi oficina y no pudiera ni entrar, porque me habrían anulado la tarjeta de fichar.

Ante mis reservas, me propusieron una solución alternativa, aun peor que la anterior: pedir el alta hoy, mañana me hacen el reconocimiento y pasado vuelvo a pedir la baja. No me digan que no sería kafkiano que tuviera que ponerme a bailar esa especie de yenka administrativa. Finalmente, conseguí acceder a una jefa que dio con la solución fetén, que es la siguiente. Personal escribe a Madrid Salud, preguntando por qué no han respondido a su petición de que se me haga el reconocimiento. Madrid Salud contesta contando lo de mi accidente y mi baja prolongada. Ambos escritos se unen al expediente, que puede seguir su curso en plazo. El proceso me llevará así a que me concedan el reenganche condicionado a que se me haga el reconocimiento cuando se pueda, y se incorpore al expediente en ese momento. Así yo me quedo más tranquilo.

Después de este coñazo que les he soltado, cambiamos de tercio a un asunto distinto, que ya está bien de burocracias. Tal vez recuerden mi post sobre los One Hit Wonder, esos casos de artistas del rock que consiguen un único éxito, pero de tal calibre que nunca más pueden igualarlo, por lo que quedan unidos para siempre a su canción mágica. Aunque se esfuercen en componer nuevos temas, no consiguen interesar con ellos a nadie ni vender más discos. En el Post #231 se citaban tres ejemplos: el Cantaloup de US3, el 500 miles de The Proclaimers y el What’s going on de Four Non Blondes. Tiempo después le añadimos el Mr Jones de Counting Crows.

Pues hoy les traigo un caso similar. En 1984, el británico John Waite consiguió un exitazo y llegó al número uno en las listas americanas con la canción que les pongo más abajo. El tema se llama Missing You y relata fielmente las sensaciones que sufre un tipo cuando le abandona su pareja. Pocas canciones han reflejado de forma tan intensa ese desvalimiento. Yo creo que al tal Waite le debió de dejar su novia de verdad antes de componer esta maravilla, lo que no resulta nada extraño viendo la pinta del sujeto, que es más bien desagradable. Ya saben que, en inglés, to miss someone significa echar de menos a alguien. En el estribillo, Waite se desgañita proclamando: NO TE ESTOY ECHANDO DE MENOS PARA NADA, EN ABSOLUTO, BAJO NINGÚN CONCEPTO. Y, tras él, el coro repite todo el rato missing you, missing you, o sea, echándote de menos, echándote de menos.  Abajo les pongo la letra y su traducción. Pensaba que pudieran ver el vídeo en pequeñito, con la letra debajo para que la fueran siguiendo, como hemos hecho otras veces, pero EL SISTEMA NO ME DEJA HACERLO. Así que, para ver el vídeo han de pinchar AQUÍ. Tendrán que verlo primero y luego seguir la letra escuchándolo.

Everytime I think of you, I always catch my breath         Cada vez que pienso en tí, siempre pierdo el aliento
And I'm still standing here, and you're miles away         Y yo sigo aquí quieto y tú estás muchas millas lejos
And I'm wonderin' why you left                                           Y me pregunto por qué te fuiste
And there's a storm that's raging through my                   Y por la noche hay una tormenta rugiendo
Frozen heart tonight                                                             A través de mi corazón congelado

I hear your name in certain circles,                                    Oigo tu  nombre en ciertos círculos
And it always makes me smile                                            Y siempre me hace sonreír
I spend my time thinkin' about you,                                     Me paso el tiempo pensando en ti
And it's almost driving me wild                                             Y esto casi me está volviendo loco
And there's a heart that's breaking down                           Y por la noche hay un corazón
This long distance line tonight                                             Que se quiebra en esta línea de larga distancia

I ain't missing you at all                                                          No te estoy echando de menos para nada          
since you've been gone away                                              Desde que te marchaste 
I ain't missing you,                                                                  No te estoy echando de menos
no matter what I might say                                                    No importa lo que pueda decir


There's a message in the wire,                                            Hay un mensaje en el alambre
And I'm sending you this signal tonight                              Y esta noche te voy a enviar la señal
You don't know how desperate I've become                     No sabes lo desesperado que he llegado a estar
And it looks like I'm losing this fight                                    Me parece que estoy perdiendo este combate
In your world I have no meaning,                                        En tu mundo yo no significo nada
Though I'm trying hard to understand                                 Aunque estoy tratando de entender
And it's my heart that's breaking down                               Y por la noche es mi corazón el que se quiebra 
This long distance line tonight                                             En esta línea de larga distancia

I ain't missing you at all                                                          No te estoy echando de menos para nada          
since you've been gone away                                              Desde que te marchaste 
I ain't missing you,                                                                  No te estoy echando de menos
no matter what my friendt say                                               No importa lo que digan mis amigos

And there's a message that I'm sending out,                     Y hay un mensaje que estoy mandando 
Like a telegraph to your soul                                                Como un telegrama a tu alma
And if I can't bridge this distance,                                         Y si no puedo tender un puente sobre la distancia 
Stop this heartbreak overload                                               Detén esta sobrecarga de angustia

I ain't missing you at all                                                          No te estoy echando de menos para nada          
since you've been gone away                                              Desde que te marchaste 
I ain't missing you,                                                                  No te estoy echando de menos
no matter what I might say                                                    No importa lo que digan mis amigos

I ain't missing you, I ain't missing you,                                No te echo de menos, no te echo de menos
I can lie to myself                                                                    No puedo mentirme a mí mismo
And there's a storm that's raging through                           Y esta noche hay una tormenta rugiendo
My frozen heart tonight                                                          A través de mi corazón congelado

I ain't missing you at all                                                          No te estoy echando de menos para nada          
since you've been gone away                                              Desde que te marchaste 
I ain't missing you,                                                                  No te estoy echando de menos
no matter what I might say                                                    No importa lo que digan mis amigos

Ain't missing you, I ain't missing you                                  No te echo de menos, no te echo de menos                      
I ain't missing you, I can lie to myself                                 No te echo de menos, no puedo mentirme 
Ain't missing you, I ain't missing you                                  No te echo de menos, no te echo de menos
I ain't missing you, I ain't missing you                                 No te echo de menos, no te echo de menos
I ain't missing you, I ain't missing you,                                No te echo de menos, no te echo de menos
Ain't missing you, oh no                                                        No te echo de menos, oh no 
no matter what my friends might say,                                 No importa lo que digan mis amigos
I ain't missing you...                                                               No te echo de menos…

Por qué les he traído aquí esta canción de amor desesperada. Supongo que más de uno ya lo habrá pillado. Llevo tres meses presumiendo de lo bien que me siento de prejubilado. No paro de decirlo. Incluso puede que esté insistiendo demasiado. NO ECHO DE MENOS EL TRABAJO. PARA NADA. EN ABSOLUTO. BAJO NINGÚN CONCEPTO. Y, por detrás, el coro me repite todo el rato missing you, missing you…