miércoles, 31 de mayo de 2023

1.227. La debacle y otras digresiones desde París

Aquí me tienen de nuevo, aprovechando un pequeño ínterin dentro de mi viaje por las Europas que no da tregua y apenas me deja margen para escribir. El jueves madrugué para estar en casa de mi amigo Alain Sinou a la hora convenida, las diez de la mañana. Encontré a mi colega terminando de desayunar con el tercero en discordia, que se llama Lluis y es de Gerona (ya les he dicho que, si los locutores de la TeleGaita se refieren al filial del Real Madrid como O Real Madrid Castela, yo ya voy a decir siempre Gerona y Orense cuando hable en castellano). Mi primer plan era haber ido a dormir el día anterior a casa de Alain, pero al unirse al viaje el bueno de Lluis, pues la habitación de invitados quedó reservada para él.

A toro pasado ya les digo que nos lo pasamos muy bien en esta primera excursión de mi viaje. Alain ha cumplido 67 y es un tipo divertidísimo, del que ya se ha hablado bastante en el blog. En cuanto a Lluis, tiene 80 años cumplidos, está bastante sordo y lleva sonotones que no le funcionan demasiado bien, lo que le hace fluir en una sordera feliz, porque siempre está contento. Este lunes habrán salido ambos en dirección a Basilea, Múnich, Budapest y otros lugares, pero ya hemos constatado que para próximos viajes de ese tipo pueden contar conmigo si me avisan con tiempo. El jueves cogimos la autopista del norte y caímos a mediodía en Rouen, la capital de Normandía, ciudad preciosa con un par de catedrales espectaculares, de estilo gótico tardío. Una es la catedral oficial, pero la otra no le va a la zaga. Delante de una de ellas me hicieron esta foto, con una Leffe blonde pression de reglamento. Abajo, algunas de las casas típicas de la región normanda.




Frente a la  catedral nos zampamos unos steak tartar estupendos, con buena cerveza y continuamos la visita de la ciudad. Una vez bajados los vapores alcohólicos seguimos hasta Le Havre, en donde habíamos reservado una noche en un hotel con encanto, llamado La Bonne Adresse. Era de día todavía, ya saben ustedes que en estas regiones del norte el atardecer es muy lento y agradable. Le Havre es una ciudad reconstruida después de resultar arrasada por los bombardeos americanos e ingleses, que destruían los barrios civiles para echar a los alemanes que no se querían ir de allí. Es la rutina de la guerra. Parece mentira que en una zona tan bucólica y rica se produjera hace poco más de 70 años una barrabasada como la sufrida por estos lares. Por ejemplo, la catedral de Rouen fue bombardeada primero por los alemanes y luego por los yanquis en el contraataque. No se terminó de reconstruir hasta cerca de los 60.

Le Havre es uno de los grandes puertos europeos del norte y la ciudad fue reconstruida según los planos de Auguste Perret, uno de los más importantes arquitectos de Francia en el siglo XX. Es una arquitectura racionalista la suya, pero muy personal, utilizando el hormigón armado con revestimientos de grava que le dan un toque característico. La mayoría de los bloques de viviendas son de cinco alturas, aunque hay también torres entre ellos. Es una arquitectura austera, bien concebida y rápida de construir: había que alojar a todos los desplazados que habían perdido su vivienda. La organización del espacio público es cartesiana y quizá con anchuras excesivas, que no se suelen ver muy concurridas por lo que parecen un poco desangeladas. Una de las atracciones de la ciudad es la visita de la vivienda piloto de esta magna reconstrucción, que en 2005 fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Se hacía tarde y decidimos parar en una terraza para cenar algo de pescado. Y nos apretamos de entrada sendas raciones de boulots, que son unos caracoles de mar gigantes, parecidos a los bígaros pero mucho más grandes. Hay que sacarlos de la concha con un tenedor especial y masticarlos muy bien porque son musculosos. Después nos comimos unas raciones de raya con patatas al horno también muy ricas. Y nos fuimos a dormirla al hotel. Al otro día nos dimos un desayuno de bufet pantagruélico y continuamos la visita de la ciudad con un mercado central muy vistoso, el museo André Malraux, el primero que se construyó en Francia después de la guerra y finalmente la catedral, la obra más valorada de Perret, que reproduce en hormigón armado los espacios típicos de las catedrales antiguas. Abajo unas imágenes más. Primero los barrios residenciales de Perret.



Una escultura hecha con containers en la entrada del puerto.


Un museo con forma de flan, obra del arquitecto brasileño Niemeyer, que los hace todos iguales.


La estatua a los caídos de ambas guerras mundiales, que no falta en ninguna de las ciudades normandas. En este caso, con un cierto tufillo soviético (dicho esto sin ánimo de faltar al debido respeto a la memoria de los combatientes que nos permitieron tener el mundo que hemos disfrutado en las últimas décadas).

Dos fotos del mercado: los boulots, que se venden vivos, y una muestra de la huerta de esta región, que es muy rica.


Aquí algunas tomas de la catedral de Le Havre.



Y, por último, el selfi de los aventureros.

Como nos quedaba tiempo, decidimos dirigirnos a Etretat, un pequeño pueblo junto al mar, que no tiene mayor interés que los acantilados que tiene a los lados. Toda la zona de Normandía es una meseta bastante elevada, que llega hasta el mar generando grandes acantilados, pero en ciertos puntos la roca se ha derrumbado hacia el mar, generando playas como esta de Etretat o las de Omaha y Utah, bautizadas con nombres yanquis por las fuerzas que entraron en el gran desembarco del Día D. No muy lejos de esta zona hay enormes cementerios de soldados yanquis caídos en la batalla, visitados de vez en cuando por sus descendientes. En Etretat, no había ni pueblo, han construido una serie de casas a la manera normanda, con aires de pastelito, todas ellas dedicadas a hoteles y restaurantes. Hay el correspondiente paseo marítimo donde Lluis nos hizo alguna foto a Alain y a mí.

Era el momento de volver a París. Alain y Lluis tenían entradas para el teatro a las ocho de la tarde, así que tomamos el camino de vuelta. Yo le había dicho a Alain que soy un buen conductor y que podía relevarle para que descansara. Pensé que no tenía demasiado interés en dejarme el coche, que era un Citroen Picasso de marchas y no automático como el mío. Así que ataqué el segundo tema que tenía en la cabeza. Habíamos hecho una especie de fondo común, consistente en que Alain pagaba todo y luego dividiríamos por tres, aprovechando su memoria prodigiosa. Así que le dije que esa noche hiciera cuentas. ꟷNo necesito esperar a la noche ꟷme contestóꟷ en cuanto te deje el volante lo hago en un segundo. Vaya, esto de en un segundo es una expresión que me faltó en el post anterior, en el que resalté en rojo todas las formas de expresar premura que me vinieron a la mente.

Dicho y hecho. En la siguiente área de descanso, nos detuvimos brevemente, me puse al volante y arranqué. Alain sacó su móvil, anotó todos los gastos de los dos días, que tenía en la cabeza, hizo una cuenta rápida, nos dijo la cantidad, nos mandó por whatsapp el número de su cuenta, se recostó en el asiento y se quedó frito al instante, entre sonoros ronquidos. Llevé el coche sin demasiados problemas (Lluis se había quedado dormido atrás también) y, ya a la entrada de París, Alain cogió el volante de nuevo. Como él esperaba, nada más entrar en el Peripherique, nos vimos inmersos en un atasco monumental. Estábamos en el lado oeste de este anillo viario, similar a la M30 de Madrid, y teníamos que llegar al lado totalmente opuesto. Los carteles avisaban de más de una hora para llegar al otro lado, justo por donde se entra a la casa de Alain. Con ese retraso no llegarían al teatro, así que Alain se desvió hacia adentro para ir a la zona del teatro. Pero sólo para meterse en el atasco de la ciudad.

Alain hizo toda clase de ilegalidades para adelantar posiciones en el atasco, pero ya se vio que por esta vía tampoco llegarían a tiempo. Así que había que recurrir al Plan C: aparcar donde se pudiera y coger el Metro. Alain vió un sitio a su izquierda, puso el intermitente y rebasó el lugar para aparcar marcha atrás. Pero el enorme camión que nos seguía no se percató de la señalización y se nos echó encima. Los siguientes del atasco hicieron lo mismo, así que el camión tampoco podía ya recular. Cualquier otro hubiera desistido y seguido hacia adelante a buscar otro sitio. Pero Alain es muy cabezota. Él lo había hecho bien, era el camionero el que se había equivocado. Y le correspondía a él arreglar el entuerto. Después de un buen rato de tira y afloja (se escuchaban bocinas indignadas detrás) Alain puso el freno de mano y salió del coche a hablar con el camionero. Controlé la escena por el retrovisor, por si la cosa terminaba a bofetadas y tenía que bajar yo también a apoyar a mi colega.

Un rato después, Alain regresó, se sentó tranquilamente y se puso el cinturón. ꟷ¿Qué ha pasado? ꟷquise saber. ꟷNada, que era ruso y entonces le he hablado en ruso y todo arreglado. Este hombre es realmente increíble (yo ya sabía que había aprendido ruso en el colegio). Pero la situación no estaba para nada resuelta. Era una calle con un amplio bulevar central y, a cada lado, una fila de coches aparcados y luego dos carriles de tráfico. El camionero ruso hacía lo posible por cambiarse de carril, pero no podía, porque detrás de él todos se habían pasado al único carril libre y no le dejaban salirse con su enorme monstruo. Después de un buen rato, le dije a Alain: ꟷ¿Quieres que me baje a regular el tráfico? Torció la cara y dijo dubitativamente: ꟷPues no vendría mal.

Así que, ni corto ni perezoso, me fui al medio del atasco haciendo grandes señales de que se parasen un poquito (subrayaba la mínima cantidad de tiempo comprimiéndola entre el pulgar y el índice de la mano derecha). Mis aspavientos fueron mano de santo: el camión se pudo salir de la ratonera, hice nuevos gestos de agradecimiento a los automovilistas y levanté el pulgar hacia el ruso gritando: ¡¡¡NA ZDOROVIA!!! Para estas cosas basta con tener un poco de cara dura; las canas y las arrugas hacen el resto. Aparcamos el coche y caminamos al Metro. Yo me bajaba unas estaciones antes de mis colegas, de los que me despedí con grandes abrazos en medio del atestado vagón. Llegué a casa de Kike, que me esperaba con su chica para ir a tomar unas pizzas cerca del Canal de Saint Martin. Y el sábado Kike y yo caminamos hasta la cercana Gare du Nord para coger un tren a Lille y reunirnos con su hermano Lucas.

Lille es una ciudad magnífica, que a mí me gusta mucho, desde la primera vez que la visité, con motivo de un congreso de urbanismo, allá por el año 98, varios lustros antes de que Lucas se fuera a vivir allí. Es un lugar lleno de vida callejera a pesar de que llueve casi todo el año, pero nosotros tuvimos la suerte de pillar unos días de sol en los que el personal sale fuera como los lagartos y llena las calles, las terrazas y los parques. Estuvimos los tres colegas todo el fin de semana juntos, hablando de nuestras cosas, que no voy a contar aquí. El sábado, después de coger un hotel, nos reunimos con Lucas para comer una carbonade, que es el plato de carne guisada con patatas fritas, emblema de la cocina local. Habíamos reservado en un estaminet, que es como se llaman los restaurantes tradicionales que sirven este plato. Por la tarde nos fuimos en el Metro a Roubaix, a ver el museo La Piscine, construido en un antiguo polideportivo art deco. Lucas y yo ya lo habíamos visto, tal como quedó reseñado en el blog, con sus correspondientes fotos. Les traigo una nueva para que lo recuerden.

De vuelta de Roubaix circulamos por diferentes terrazas, fuimos a cenar a un restaurante de sushi, en donde un chino te hacía los sushis a pedido, delante de ti y, por último, fuimos a encontrarnos con la panda de amigos de Lucas, para afrontar juntos el Saturday night. Nos sentamos en una terraza de noctámbulos y allí dos chicas se interesaron mucho por hablar conmigo en español, una de ellas había hecho un Erasmus en Cádiz y quería practicar. Hicimos muchas risas y, antes de dirigirnos al antro más duro de la noche, con música en directo a todo trapo, nos hicimos un selfi que les reproduzco más abajo. Luego estuvimos bailando y escuchando lo que tocaba una banda de metales espectacular, con varios trombones de varas, saxos, clarinetes y el bajo sustituido por un helicón gigante, que un gordo tocaba inflando mucho los carrillos. En estas ocasiones, y con la luz escasa de discoteca, uno se llega a olvidar de que es un septuagenario, marchoso, pero septuagenario.

Escuchen ahora un par de clips que les grabé a la banda de metales.

El domingo nos lo tomamos con más calma. Amanecimos tarde y nos volvimos a juntar en el gran mercadillo callejero del barrio de Wazemmes, donde uno se siente como en una ciudad del norte de África. Yo tenía interés en reponer existencias de ras el hanout rojo, la variedad moruna del curry que compré en mi anterior viaje a estas tierras y de la que ahora me agencié dos paquetes. Compramos luego un par de pollos para comer en la nueva casa que Lucas comparte con una compañera, que tiene un jardín comunitario muy agradable con unas mesas de picnic que casi nadie usa. Después de descansar un rato, Kike y yo nos fuimos a dar una vuelta por la ciudad y dejamos a Lucas que tenía que terminar un trabajo que se le había quedado pendiente para el lunes. Por la noche nos reunimos de nuevo a cenar en una pizzería y ya nos despedimos de Lucas para irnos al hotel.

A lo largo de la velada ya nos habíamos ido enterando de las proporciones de la debacle de la izquierda en las elecciones locales, que yo les pronostiqué en el blog con ese mismo nombre (debacle) si bien no esperaba que fuera tan tremenda. Y además merecida, porque no se puede concurrir con esa división y esa tontuna. Como no aprendan la lección, vamos directos a un gobierno de Feijoo con Vox. Por cierto, el grupo Recupera Madrid, al que yo voté en la ciudad para expresar mi disgusto por la oferta que se nos brindaba, sacó apenas 6.000 votos, menos incluso que las 8.000 firmas que pidieron que se pudiera presentar. Yo ya sabía que era una forma de tirar mi voto a la basura pero con clase, como les dije, y al final esa miseria de votos cosechados tampoco les hubiera solucionado la papeleta a los demás grupos. El problema de la izquierda en Madrid es más gordo que lo que suponen 6.000 votos. En la Piscine, el día anterior, fotografié una obra de un escultor francés que está en el jardín. Se llama precisamente La Debacle y representa un grupo amplio de soldados que regresan derrotados de una tremenda batalla. Véanla.

El lunes era fiesta en París (el Pentecostés, que manda carallo) pero no en Lille, así que Lucas tenía trabajo como cualquier otro día y nosotros tuvimos toda la mañana para ir a visitar el gran parque del Vieux Lille, en cuyo centro está una enorme base de la OTAN a la que no se puede acceder. Alain me contó que De Gaulle se había salido de la OTAN en su día, mosqueado entre otras cosas porque no le habían dicho que iban a desembarcar en Normandía, porque no se fiaban de él. Pero alguno de sus sucesores volvió rápidamente al redil. A mediodía nos comimos unas hamburguesas y tiramos hacia la estación para coger el tren de París. Por la noche, Kike y su chica hicieron una cena de verduritas estupenda y muy sana, que ya estaba bien de comer porquerías.

Entretanto, nos enteramos de que Sánchez convoca elecciones generales para final de julio. Me parece muy bien. Después de los resultados de este domingo, hubiera sido una agonía aguantar otro seis meses escuchando a todos los medios de la derechona insistir con el sanchismo, el propósito del gobierno de desmantelar España y lo de que los impuestos se usan para que Sánchez viaje en el Falcon a los conciertos de rock y a sus vacaciones en Canarias. Yo le entiendo muy bien a Sánchez, que nos está diciendo: si eso es lo que os creéis la mayoría de los españoles, si preferís a Feijoo y Ayuso, pues anda que os den, vamos a aclararlo cuanto antes y aquí me las den todas. Tal vez sea la forma de que la izquierda espabile. De momento, hasta Pablo Iglesias esta acojonado y dice que Podemos se tiene que unir con Sumar, si no quiere acabar como Ciudadanos. Veremos por dónde tira la cosa.

Ayer martes tuve que hacer unas gestiones rápidas en casa para sacarme billetes a Ámsterdam y reservar un hotel. Como no les había contado cual era el plan A para los días siguientes, no me veo obligado a revelarles que ha fallado y que he tenido que improvisar un plan B. Lo cierto es que se me ha fastidiado una cita que tenía por la zona de Bruselas por problemas de última hora y he tenido que reconfigurar mi programa. Después de las gestiones salí a callejear por París, me acerqué al Bataclán, para ver si podía vender algunas entradas que me sobran para el concierto de hoy de Samantha Fish, pero estaba cerrado y entonces decidí coger el Metro hasta el Bois de Boulogne y acercarme a ver el nuevo museo de la Fundación Louis Vuitton, una obra de Frank Ghery, cuyos proyectos son siempre iguales y, si no me creen, vean las fotos de abajo. También estaba cerrado, ayer no tenía yo mi día, pero lo pude ver por fuera.



Harto de luchar contra los elementos y encontrarme todo cerrado, me recluí en casa para escribirles a ustedes, pero no me dio tiempo a terminar el post. Esta mañana estoy completando la tarea, hoy comeremos en casa y por la tarde noche saldré a pie al Bataclán a ver a mi admirada Samantha Fish. Finalmente iré solo, porque Kike y su chica van a otro concierto y Lucas no puede venir desde Lille. Las entradas de este concierto las saqué a finales de 2021, cuando pensaba que no iba a tener muchas oportunidades de ver en directo a mi diva preferida. Después de dos aplazamientos, resulta que ya la he visto tres veces y que ahora viene con una fórmula que no me gusta tanto como su formación anterior, con Matt Wade y Sarah Tomeck. Pero ire a verla con la mayor ilusión y esperaré a ver si hace meets & greets y la puedo saludar. El otro día, con motivo del cumpleaños doble de su fiel bajista Ron Johnson y su colega guitarrero Jess Dayton, colgó la foto que ven aquí abajo.

Por lo demás llevo todo el viaje con un sol de justicia, mientras me cuentan que en Madrid está diluviando. El mundo al revés. La lluvia es buena para ver si se recuperan un poco los pantanos, de cara al verano tórrido que nos amenaza. Mi amigo Boni me escribe que está preocupado por mi gato Tarick, que lo ve un poco estresado. Y para demostrarlo me manda una foto de estos días, que les muestro abajo. A pesar del nirvana que demuestra, estoy seguro de que, cuando vuelva, me mostrará una cierta desafección, para castigarme por haberlo dejado estos días. Sé mucho yo de psicología felina. Pero pronto me haré con él de nuevo. Disculpen la longitud del texto, pero es que después de una semana había muchas cosas que contar. Sean buenos.

miércoles, 24 de mayo de 2023

1.226. El comienzo de una nueva aventura

Escribo ya desde la casa parisina de mi hijo Kike a donde llegué ayer por la tarde. Les iré contando las fases de este viaje de quince días en el que voy a hacer varias cosas. Tal vez ustedes piensen que maldita la falta que me hacía salir afuera de mi zona de confort, en donde podía seguir cómodamente instalado con mi gato Tarik remoloneando a mi alrededor y disfrutando conmigo de la vida muelle de jubilado punteada por el yoga, el blues y mis visitas a los bares de la capital, pero ya saben que yo necesito algo más. Cuando mi gato Tarik no sabe qué hacer, caza moscas imaginarias, no con el rabo como el diablo del refrán, sino con estiradas dignas de Ramallets, Iríbar y otros porteros míticos de los tiempos de lo que por entonces solía llamarse el balompié (y los porteros, guardametas). Yo, cuando no sé qué hacer, me embarco en un viaje, lo que, con mi tiempo perfectamente estructurado por citas continuas, me obliga a planificar con antelación y adoptar una serie de precauciones previas.

El viernes pasado me pasé la mañana escribiendo un post para ustedes, estreno de mi nuevo ordenador, que terminé a mediodía, con tiempo de coger el coche y acercarme a comer al bar de mis amigos Sonia y Mon, cerca del APOT, donde solía parar cuando trabajaba todavía en el Ayuntamiento. Tras una larga sobremesa, me fui a unas oficinas cercanas donde tenía una reunión concertada con una amiga que me hace de asesora financiera y con la que tenía que negociar algunos puntos, de cara a la preparación de mi Declaración de la Renta de este año, asunto coñazo donde los haya, del que no me he podido ocupar todavía. De vuelta a casa le mandé un whatsapp a Henry Guitar, para preguntarle a qué hora iban él y los demás músicos a Carabanchel Alto, para coordinarme con ellos. Menos mal que tuve esa precaución porque finalmente el concierto era al día siguiente. Me había empecinado en que el concierto era el viernes y resulta que el cartel ponía bien claro que era el sábado, como me intentó avisar más tarde un lector anónimo. Finalmente dediqué la tarde a podar y abonar las plantas de la terraza y ajustar el riego automático, para que aguanten mi ausencia sin problema.

El sábado tenía ya una serie de tareas previas que acometer para mi viaje en ciernes, pero dediqué buena parte de la mañana a un asunto que no quería dejar para la vuelta: escribir una carta abierta al Defensor del Pueblo, en relación con un asunto que no he contado en el blog, pero en el que me sentí avasallado y hasta acosado por un supuesto defensor de la Ley y el Orden. No tengo una gran fe en esta institución, al frente de la cual han aparcado al mandiles Gabilondo después de su fracaso como candidato a la Comunidad de Madrid, y nunca he recurrido a esa instancia pero, por intentarlo, no se pierde nada. Cuando reciba una respuesta, ya se contará en el blog, para que tengan ustedes la información completa. Tras escribir esa carta abierta y enviarla on line por el conducto reglamentario, procedí a prepararme un pollo al ras el hanout, que me sale buenísimo.

El ras el hanout es una especie de curry pero originario de las tierras norteafricanas y yo me compré un tarro de la variedad más roja en el mercadillo de Lille durante mi última visita a mi hijo Lucas, que ya se me está acabando, por lo que espero reponer existencias en este viaje. Como el curry, es ésta una mezcla de especias molidas, que yo suplemento con comino para acentuar el toqué moruno. La receta es similar a la de cualquier curry que ya se ha contado en este blog, con el añadido de que al final le añado un yogur por persona, que remezclo en el mismo plato, lo que le da ya un toque jalfrezy insuperable. Tras el banquete, me eché una siesta de las de reglamento y ya me preparé para ir a Carabanchel Alto. Para ello tenía que coger el Metro en Atocha hasta Pacífico y allí cambiar a la circular hasta Plaza Elíptica, de donde arranca la línea 11 que pasa por Carabanchel Alto.

Por circunstancias, relacionadas sobre todo con el trabajo, conozco bastante bien barrios como San Cristóbal de los Ángeles, Orcasitas, San Fermín o el Pan Bendito, que suelen ponerse de ejemplos de zonas deprimidas o vulnerables, en las que no es recomendable aparcar el coche porque te lo desvalijan al instante y te suelen alertar de que son frecuentes los asaltos callejeros para robarte el bolso o la cartera. Bueno, pues el ambiente que yo percibí en el trayecto desde la estación de Metro Carabanchel Alto hasta el local del concierto, creo que es de lo más peligroso y amenazante que he visto. Bien es cierto que era sábado noche, pero es que las aceras estaban abarrotadas de grupos de tipos con aires de cargadores de muelle, discutiendo en voz alta, con gestos agresivos y presencia testimonial de algunas mujeres jóvenes supermaquilladas y con vestido ajustados. Esa gente no se apartaba para dejarme pasar y tenía que salirme a la calzada cuidando de que no me atropellara algún SUV con los altavoces a todo trapo, poniéndole un fondo de reggaetón salvaje a la noche.

Menos mal que el lugar del concierto, que se llama La Casa del Barrio, era un remanso de personal más tranquilo, familias con niños correteando y mucho veterano con aires de cura obrero escapado de la Iglesia para casarse con alguna monja igualmente decepcionada de su vocación. Llegué a la mitad de la actuación del primer grupo, un combo de jazz liderado por mi amigo Christian al contrabajo. Este hombre, que se define a sí mismo como alemán de Carabanchel y me confirmó que el domingo votará a Recupera Madrid, participa también en el Colectivo La Palmera, con Henry a la guitarra, Ramón al saxo y Críspulo a la batería, además de un trompeta y un pianista. Son unos músicos estupendos que tocan las composiciones de Henry y Ramón, trufadas con alguna bossa de Jobim. Les grabé un pequeño corte para que vean ustedes cómo suena este grupo. ¿Quieren verlo? Pues ahora mismito se lo pongo.

Acabado el concierto y tras recoger los instrumentos y desgranar largas despedidas, comprobamos que eran ya más de las once y nos acercamos a una especie de mesón, lleno hasta arriba de gente un poco más acomodada que la de la calle, pero también bastante ordinaria, vocinglera y bebida, por decirlo con educación. Nuestro grupo éramos unos diez o quince, pedimos bebidas y algo de picar, pero nos dijeron que la cocina ya estaba cerrada. ¿Y alguna ración de algo frío? Tampoco, estamos ya cerrando. Nos sirvieron las bebidas y nos pusieron una amplia tapa de un picadillo excelente, que nos devoramos enseguida. Hasta ahí, todo dentro de lo previsible. Pero entonces entró un grupo de cinco rusos (los identifiqué por el sonido de sus conversaciones), todos cortados por el mismo patrón, rapados a cero, musculosos, tatuados y reventando camisetas negras, y el que parecía el jefe pidió un par de raciones. Le dijeron que ya estaban cerrando pero, con gesto grave y amenazante, dijo que ellos ya estaban bebiendo antes y querían rematar la noche bien. Por supuesto, consultaron con el jefe, les sacaron sus raciones inmediatamente y a nosotros ni se nos ocurrió decir esta boca es mía. Poca broma con ellos.

Carabanchel Alto la nuit, o Carabanchel Alto on Saturday night. Mis amigos salieron hacia el norte, donde tenían su furgoneta aparcada y yo caminé al sur, hasta la entrada de Metro, atravesando otra vez las masas de sudamericanos, marroquíes y negros discutiendo acaloradamente por asuntos seguramente nimios. A la una de la noche, el Metro pasa con frecuencia muy baja y tuve largas esperas en Plaza Elíptica y Pacífico, en las que presencié varias peleas con intervención de los seguratas de la compañía y ovaciones desde el andén contrario, donde la gente que iba llegando (en este caso muy joven, pero también muy bebida) se posicionaban luego-luego a favor de alguno de los involucrados en la pendencia y abucheaban sonoramente a los de seguridad si hacían ademán de llevarse detenido al otro. En el último tramo de Metro hasta Atocha, mi vagón iba repleto de chavales derrumbados por el suelo, dándose empujones y cantando melodías a coro siguiendo la que salía de algún móvil. Yo destacaba en ese batiburrillo como el proverbial pulpo del garaje, pero llegué a casa sin problemas.

Ya ven que no necesito irme de viaje, para que me pasen cosas reseñables en el blog; ya les he dicho que mi vida es un blog y esto es lo que hay. El domingo tenía una sesión matinal de yoga, para recuperar la que había perdido el lunes por estar en Cáceres. Como de costumbre, recalé después en La Casa de las Torrijas para mi desayuno y volví a casa, atravesando nuevas hordas esta vez de turistas que siguen a un guía paraguas en alto y provistos de pinganillos para recibir las explicaciones correspondientes. Con la salsa que me había sobrado del pollo al ras el hanut, me hice una pasta que me supo a gloria. Y por la tarde estuve vegetando, leyendo y un poco al tanto de la actualidad deportiva, que saben que es una forma más de evitar la depresión inherente al domingo por la tarde.

Y el lunes continuó mi sinvivir de preparativos del viaje. Para empezar me tuve que acercar a Correos en Cibeles para votar en las elecciones locales y regionales. Me habían llevado el sobre a casa el viernes por la tarde pero, como no estaba, no se lo pudieron dejar al portero: el sobre para el voto por correo sólo se le puede entregar al interesado en persona. Recogí el sobre y emití mis votos allí mismo en un santiamén. No les extrañará saber que he votado a Mónica García en la Comunidad y a Recupera Madrid en la ciudad. Y espero que los resultados muestren que Mónica saca muchos más votos que Rita en la ciudad. A los madrileños no nos gustan los mentirosos. No voy a insistir en este tema, creo que ya lo expliqué suficientemente. Lo que se nos avecina el domingo es una debacle clamorosa de la izquierda y nos tocará aguantar a Ayuso otros cuatro años y creo que también a Almeida, un señor que es muy poquita cosa, según puede comprobarse en esta foto en que saluda al más alto del Real Madrid de baloncesto, que ha vuelto a ganar la Copa de Europa.

Continué mi mañana cogiendo el coche a la tienda Kiwoko de la Avenida de los Toreros para comprar un nuevo paquete de comida para Tarik, para llevarlo a casa de África. Volví corriendo a casa, porque esperaba a los floristas que tenían que ajustarme una pieza del riego que me habían instalado y de la que salía una especie de geiser cada vez que se ponía en marcha. Después, caminé hasta la academia de yoga, donde tenía mi sesión regular. También hice mi última comida en el Ricla, donde volvieron a despedirme como un héroe. Además de todo esto, hice el check-in on line del vuelo, formalicé el pago de la entrada de mi nuevo Toyota Corolla, recibí la nueva tarjeta VISA (la otra se estaba rompiendo) y tuve que activarla, cargué algún dinero en mi tarjeta-monedero Revolut, que llevo siempre al extranjero para tener más de una. Y dejé mi equipaje prácticamente listo.

El martes tuve mi clase de inglés con Ed y, nada más terminar, metí a Tarik en el transportín en un abrir y cerrar de ojos y bajé a buscar un taxi. Tal vez no se lo crean, pero experimenté un sentimiento de culpa muy grande haciéndole semejante felonía a traición a mi querido colega y socio, que no se quejó nada en todo el trayecto. A lo mejor fue porque se trataba de un taxi totalmente eléctrico de la marca Tesla, que no hacía ningún ruido. En casa de África, sus gatos recibieron al intruso como cabía esperar. Ulises le gruñía en tono grave cada vez que trataba de acercarse y Mina le bufaba bajito. Pero Tarik es un gato muy sociable, confiado y curioso y se hará con ellos más pronto que tarde. De momento, África ya me manda una foto de Tarik y Mina comiendo tranquilamente sin problema. Véanla. 

Regresé a casa en el Metro y, al entrar en casa, sentí el llamado síndrome del nido vacío con una intensidad que no esperaba. Llevo apenas dos meses con Tarik, pero no se pueden ustedes hacer idea de cómo estoy echando de menos su compañía. Es que la casa era un escenario desolado y vacío, sin la presencia ubicua y continuada de mi querido colega cazando moscas imaginarias. Me sentí tan abrumado que no quise ni hacerme la comida, bajé a la calle y, estando cerrado el Matilda por ser martes, me acerqué hasta La Pitarra y me comí unas lentejas y una merlucita al horno con patatas. Después subí, recogí mi equipaje casi sin mirar alrededor y bajé al Metro para llegar a la Terminal 2 de Barajas. Allí no me sobró demasiado tiempo, subí al avión en un periquete y me acomodé, aunque luego el aparato estuvo más de media hora esperando la cola de aviones hasta tener el permiso de despegar.

Mientras esperaba, recibí un mensaje de Linkedin. El día anterior, una chica llamada Mia Li me había pedido ser mi contacto. Se identificaba como traductora del coreano afincada en Alicante y acepté su invitación en un plisplás. Y ahora me escribía un mensaje. Dice que me conoce de una visita anterior de una delegación del KDI. Recuerdo perfectamente esa visita, el KDI es el think tank más prestigioso de Corea del Sur y clasificado entre los primeros en el ranking internacional de think tanks, esa clasificación en la que suelen aparecer, muy al final el CIDOB de Barcelona y el Instituto Elcano de Madrid. Los de la delegación eran unos tipos muy preparados, con los que pasé una mañana muy interesante en la que visitamos Madrid Río, el Centro de Control de Túneles y las oficinas de Madrid Calle 30, antes de comer cerca del río.

Según me cuenta Mía, el Dr. Chung, jefe de esa delegación se acuerda mucho de dicha visita y la ha llamado para que me buscara, porque hay una empresa pública coreana de construcción y gestión de autovías en la que tiene un amigo. Y este amigo, se quedó tan impresionado cuando Chung le habló de Madrid, que ha decidido venir a verlo con un pequeño grupo de técnicos de la empresa. Mía me buscó en Linkedin, supo que estoy jubilado y, muy respetuosamente, me sondea para ver si puedo guiarles en esta visita, a pesar de mi condición de clases pasivas (así se llama) y siendo una visita en sábado. Por supuesto, le contesté que sí ipso facto. Buscando en mi archivo de visitas que tengo asociado al currículum, compruebo que la visita del KDI tuvo lugar en septiembre de 2017. Ya ha llovido. Pero el Dr. Chung no se olvida de mí ni de Madrid Río. Así que, como ven, tengo un nuevo bolo para el 17 de junio.

Estas cosas me encantan, así que subí al avión muy animado. El vuelo fue como la seda y recuperó la mayor parte del tiempo perdido en la pista. En el Charles de Gaulle, me orienté hasta encontrar la estación del RER, llegué a la Gare du Nord y subí a casa de mi hijo que me esperaba con una cenita de las suyas a medio preparar. He dormido como un cura y hoy estoy en casa, con Kike que se ha pedido teletrabajar para pasar el día conmigo. He aprovechado su tiempo de teletrabajo para escribir este post, con una paradita para comer una pasta con verduras y después nos daremos una vuelta y recalaremos en un restaurante en la zona de Pigalle, donde hemos reservado mesa.

Mientras escribía, me ha llegado otro mensaje interesante. Mi amiga Cl. me manda el enlace a un taller de escritura de relatos sobre la ciudad, que empezará en septiembre. Y me sugiere que nos apuntemos ella y yo. Tengo que pensarlo pero, en estos momentos en que estoy valorando si continúo o no en Billar de Letras, tal vez podría ser una historia cojonuda. Este post es una muestra de que no se me dan mal los relatos sobre la ciudad. Por lo demás, mañana mi aventura da un giro que se irá contando a toro pasado; lo contrario saben que trae mala suerte. No pensarán ustedes que me voy a pasar quince días a la sopa boba de mi hijo, invadiendo su espacio vital, a pesar de lo cariñoso que es conmigo y lo bien que cocina. Mi tour tiene varias etapas, y hasta puede que alguna se inserte plenamente en esa zona de sombra que no se cuenta en el blog y que Paco Couto imagina luminosa. Todo a su tiempo. Sean buenos.

viernes, 19 de mayo de 2023

1.225. Con mi nuevo ordenador

Más de uno de ustedes se creyó que estaba de broma cuando les dije que mi ordenador estaba lleno de hormigas (además de los virus habituales), pero era cierto. Cuando se me cayó al suelo hace cerca de dos años, se le partieron una serie de esquinas de la carcasa y por ellas habían entrado estos incómodos insectos para anidar en su interior, de modo que, cada vez que encendía el aparato, empezaban a pasearse algunas de ellas por encima de la pantalla, con un resultado francamente asqueroso. Finalmente me he comprado uno nuevo, como les contaré y pensaba tirar el viejo al punto limpio, pero el caso es que me ha dado pena, hemos pasado muchas aventuras juntos este ordenador y yo, desde que en enero de 2017 me lo compré a pocos días de iniciar un espectacular viaje a Birmania, inserto en el frenesí viajero de ese año y los siguientes, hasta el cerrojazo de la pandemia.

Este será pues el primer texto que escriba con mi nueva herramienta, un Lenovo como el anterior, pero mucho más modernizado y rápido que el antiguo. El otro, desde que se me cayó en la vieja casa de Lucas en Lille, inició una decadencia física irreversible, que empezó porque no me podía conectar a Internet desde la cocina. Luego, el círculo útil de mi casa se fue acortando y, últimamente, ya sólo podía utilizarlo mediante una conexión directa con el router, a través de un cable punto a punto. Y cualquier operación que intentase con él, se eternizaba. No obstante, el viernes 12 me lo llevé para mi presentación ante la delegación de Almere, que les anuncié en el post anterior. Sólo tenía que mostrarles una larga serie de imágenes en power point, para lo que no necesitaba conectarme a Internet, que era lo que me fallaba.

La delegación de Almere, como todas las que me trae Werner salvo la infausta de Brazzaville, era de altura. Venía hasta un concejal de la ciudad, a la cabeza de una representación completa de lo que podemos llamar las fuerzas vivas del ramo inmobiliario local. Lo organizaba un organismo equivalente a la Cámara de Comercio y el grupo lo formaban 42 personas. Llegué el primero, me acredité en la puerta de la Torre Emperador, la más al norte de las Cuatro, y una azafata me acompañó hasta el piso 33 (la torre tiene 57). Allí funciona un restaurante bastante lujoso y preparado para este tipo de saraos. En la antesala tienen instalada una pantalla enorme, a la que conecté mi ordenador con un cable HDMI, y 44 sillas organizadas en círculo a su alrededor. Mientras esperaba a Werner y los 42 visitantes, me entretuve mirando alrededor desde la amplia cristalera. Vean la foto que le hice a la ciudad sanitaria La Paz desde mi atalaya.

Impresionante ¿verdad? Llegó la amplia delegación y resultó que dos de ellos me conocían porque habían formado parte de un viaje organizado por la Asociación de Cámaras de Comercio de toda Holanda, a la que parece que le di un speech en 2008. A mí no me sonaban de nada, pero ellos se acordaban perfectamente. La charla duró algo más de una hora, me siguieron con mucho interés y me hicieron muchas preguntas. Por cierto, yo les hablé del Madrid Nuevo Norte (antes Operación Chamartín) y del Bosque Metropolitano, como nuevos ejemplos de la dualidad promotora de esta ciudad entre la iniciativa privada y la pública. Al final, me hicieron entrega de un libro precioso: el catálogo de la exposición monográfica de Vermeer que se puede ver en estos momentos en el Rijksmuseum de Ámsterdam. Y tras todo el boato y los aplausos correspondientes, pasamos al comedor. Vean un par de imágenes.


Tras la comida, verdaderamente de lujo y con excelentes vinos, me despedí de todos ellos y cogí el Metro a casa para cambiarme a ropa de sport (se dice así ¿no?), arreglar la casa para dejar allí solo al bueno de Tarik durante tres días, bajar a por el coche, recoger a Henry Guitar y poner rumbo a Cáceres. Llegamos como a las diez de la noche, tomamos posesión de la habitación de hotel y aun tuvimos margen de dar una vuelta, pulsar el ambiente, cenar algo de picoteo y escuchar el concierto final del día. Esto del WOMAD es una iniciativa que empezó en los 90, simultáneamente en Canarias y Cáceres. En Canarias hace años que ya no se celebra, mientras que en Cáceres se ha convertido en la fiesta grande de la ciudad, como la Feria de Sevilla o los Sanfermines. Creo que WOMAD es un acróstico de World of music and dance, o algo así. Se trata de una reunión de músicas étnicas, con mucha presencia africana, pero también de irlandeses, escoceses y otros pueblos musiqueros, además de representantes nacionales, pero más ligados al folclore de los pueblos que a la línea rock/blues.

Pero casi lo más destacado es que los conciertos son gratuitos, en la plaza Mayor y en la de San Jorge. No hace falta entrada de ningún tipo, lo que congrega a su alrededor a mucho personal joven, adictos a la juerga sin límites, el macrobotellón, el camping y todo lo demás. La aglomeración que se concentra en la plaza Mayor es apoteósica y el estado en el que queda la plaza al final es dantesco, completamente tapizada de bolsas de plástico y botellas vacías. Hay un servicio de limpieza urgente que es muy eficiente, de modo que al otro día la plaza está otra vez impoluta. Los artistas de menos nombre se derivan a la plaza de San Jorge, que es muy pequeña y de accesos difíciles, por lo que se peta enseguida. En la plaza Mayor, el mayor problema es el sonido, en el que se conoce que no invierten demasiado. Ese sonido un poco flojo, sumado a la bullanga que montan los del botellón (muchos de ellos de espaldas al escenario hablando a voces) imposibilita una audición adecuada de los artistas que se desgañitan en el escenario.

Parece que esto del sonido malo es una tradición del WOMAD, es una pena que no lo mejoren, pero creo que el festival lo pagan el Ayuntamiento, la Diputación y algunas subvenciones autonómicas y la cosa no da para más. Y he de decir que, en comparación con los sanfermines o las fiestas del norte, el WOMAD es un lugar pacífico, en donde yo no vi una sola pelea ni nadie que se extralimitara o se pusiese cansino. Además, por todos los rincones del casco viejo se montan actuaciones espontáneas de músicos que acuden al sarao para darse a conocer y pasar unos días haciendo lo que les gusta. Los turnos en el escenario principal empiezan como a las siete y el último es de una a dos de la madrugada. Hay extensos mercadillos y los bares, restaurantes y hoteles de la ciudad hacen el agosto en mayo. Un par de imágenes que atestiguan mi presencia en el sarao.


La última es en una terraza-jardín de esta ciudad, cuya visita merece la pena (yo ya la conocía). El casco viejo, encerrado en la muralla árabe es una maravilla, aunque parece que no vive nadie por allí, como en muchas de las ciudades del mundo moderno. Hay restos romanos, visigodos, árabes y cristianos y el ambiente medieval en el entramado de calles entrecruzadas es muy sugerente. Resuenan las campanas de las iglesias y hay muchos balcones con flores y enredaderas. Casi lo más destacado para mí es el barrio judío, bastante bien conservado y mantenido. Pero, al exterior de la muralla, la ciudad extendida está cuajada de palacios señoriales, de los llamados indianos, los conquistadores que regresaban forrados. Se come bien en cualquier chiscón en el que entres y se sirven unos caldos de la tierra realmente sabrosos. La gente tiene un punto señorial y soportan la algarabía del festival con bastante estoicismo. Hay también una zona cultural muy interesante en torno a la calle Pizarro, con talleres de artistas, galerías de arte, librerías y bares con terracitas.

El festival empieza el jueves, pero nosotros pillamos sólo la noche del viernes, el sábado y el domingo. Regresamos el lunes a mediodía, aprovechando que era puente en Madrid. En la prensa local de Cáceres hay hace años mucho debate sobre si se debería prohibir el botellón (suponiendo que tal cosa sea posible sin montar un bochinche de cuidado). Yo creo que el hecho diferencial de este festival es que los conciertos sean gratuitos y de entrada libre. En nuestro país, cualquier actividad que se anuncie gratis, reúne a muchísima gente de todo tipo. Por ejemplo, yo bajo a coger el coche que aparco bajo la plaza del Reina Sofía y sólo se dan dos situaciones: si hay una cola que da la vuelta a la plaza, es que ese día es gratis. En cambio, si es de pago, no hay nadie esperando.

A la vuelta de Cáceres, el Maps nos aconsejó ir por la R-5, que es de peaje, porque había un atasco de entrada considerable. Pagamos por el peaje exactamente 3,55€. Y no había casi coches. La gente prefiere sufrir el atasco y ahorrarse tres euros de mierda. Los días en que no es Operación Retorno, nadie usa esas autopistas. Los concesionarios que las diseñaron y construyeron, no tuvieron en cuenta esa característica roña de los españolitos y por eso están casi todos en quiebra técnica, recibiendo la ayuda del Estado. Por cierto, si ustedes quieren quedar de modernos, chuletas y expertos en el mundo, no pueden usar la palabra euros. Ni siquiera euros de mierda. Han de decir pAAvos, poniendo mucho énfasis en la A. Lo cierto es que mi viaje salió bastante redondo, lo pasamos muy bien y no será este el último festival al que nos apuntemos este verano.

Tras descansar el lunes por la tarde, he tenido una semana bastante nutrida de eventos, que apenas me han dejado tiempo para escribir. El martes tuve clase de inglés, hube de bajar luego a hacer compra y me acerqué a la tienda Kiwoko a comprar un saco nuevo de arena para el gato. Por la tarde tuve sesión de Billar de Letras, en torno al libro Limpia, de la joven escritora chilena Alia Trabucco, que se conectó con nosotros desde Santiago. Es un libro que les recomiendo sin reservas, tal vez el mejor de los que hemos leído este año en el club. El miércoles, quedé a primera hora con mi amigo M. para ir a comprar el ordenador. Acudimos primero al Media Markt de Vallecas, en donde localizamos uno que me gustó, pero sólo tenían el de exposición. De allí nos mandaron a otro Media Markt, el de Rivas donde sí lo tenían. Pagué 570 euros, perdón PAVOS, disculpen el error, un precio que con los tiempos que corren no está mal.

Luego me fui con M. a su casa para que me lo formateara y me lo dejara listo. Tras ello no pude menos que invitarlo a comer con su familia al completo, en una terraza de su barrio. Tras una breve siesta, me cogí el Metro a Palomeras, para la clase de guitarra. Estamos tocando últimamente juntos, tres guitarras y un batería y tenemos el sueño de hacer una audición para los amigos, a modo de cierre del curso, que se termina al final de junio. Mi problema es que, como me voy de viaje, me voy a perder dos de las seis clases que nos faltan. Ya veremos si la idea cuaja. De vuelta a casa, conseguí conectarme a un link pirata que me dejó mi hijo Kike para ver el partido del Madrí, en el que le metieron 4-0, derrota que me dolió especialmente porque, con el Dépor en tercera, uno de los pocos placeres que me depara el fútbol es ver perder a Guardiola. No pudo ser esta vez, así que me fui a la cama decepcionado.

El jueves fue un día largo. Primero clase de inglés. A las once vinieron los floristas, cargados con un saco enorme de tierra y multitud de pertrechos. Se trataba de hacer una serie de ajustes en la organización de la terraza, para adaptarla a los cambios introducidos a causa del gato, para evitar que se escape. Aproveché para cargarme un rosal al que le tenía bastante manía, porque no daba rosas ni por equivocación. Terminada la tarea, a falta de un par de plantas que debía yo elegir por la tarde en la tienda, barrí y limpié el suelo de la terraza y caminé a la academia de yoga. Tras la sesión y la comida en el Ricla, regresé, descansé un poco y bajé a la floristería. Elegí unas margaritas y unas lavandas que luego tuve que plantar. Y, tras un lavado rápido de manos, salí de nuevo al concesionario de Toyota, donde estuve una hora haciendo papeleos para el cambio de coche, que se materializará a la vuelta de mi viaje.

Esta mañana he encontrado por fin un hueco para escribirles, durante este sinvivir final pre-viaje. Sin ánimo de agobiarles: estoy esperando la respuesta de mi petición de voto por correo, que en caso de no llegar a tiempo me empujará a la abstención sin clase, espero también un duplicado de la tarjeta Visa, que se me está rajando justo por la parte del chip y ya no me funciona como tarjeta de contacto, he de hacer la transferencia de la entrada de mi nuevo coche, más toda una serie de recados previos a mi viaje, como llevar al gato a su residencia temporal en casa de África, hacer el check-in on line o preparar el equipaje. De momento, esta noche tengo un concierto del Colectivo La Palmera en Carabanchel, abajo tienen el cartel. Es uno de los grupos en los que participa mi maestro Henry y donde tal vez algún día pueda meter la cabeza, si la audición de fin de curso se hace y me sale bien. Sean buenos.   

jueves, 11 de mayo de 2023

1.224. Un post a galope

Digo a galope, porque ya el blog es a la carrera y esto va más allá. Para que lo sepan, mi ordenador está sufriendo un fallo multiorgánico agudo, se está viniendo abajo estrepitosamente, un proceso que se venía anunciando desde que se me cayó en casa de mi hijo Lucas en Lille hace poco más de año y medio. Lo he tenido entre algodones y le he prolongado la vida lo que he podido, pero esta vez ya parece que la cosa no tiene arreglo. La antena de WiFi ya no funciona, de modo que estoy sobreviviendo con un conector de Internet de diez metros de largo y soportando unas velocidades de reacción lentísimas para cualquier operación que intente. La cosa es tal que, mañana me voy a Cáceres con mi colega Henry Guitar y no me lo voy a llevar, porque no tengo garantía de que el router del hotel esté a menos de diez metros de mi cuarto.

Por eso estoy escribiendo hoy, en condiciones precarias, porque no podré volver a usar el ordenador hasta mi vuelta de Cáceres, el lunes a mediodía. Por si esto fuera poco, encima, mi ordenador tiene hormigas. ¿Cómo dicen? ¿Que si son virus? No, no. Virus también tiene, pero además han anidado dentro unas hormigas minúsculas que salen a pasear por la pantalla cada rato y que seguramente se han comido parte de las piezas de materiales valiosos que forman un ordenador, para excavar allí su nido de insectos okupas. Este ordenador me lo compré en enero de 2017 y, si no fuera por estos sucesivos imponderables, supongo que habría durado más, pero es lo que toca. Intentaré quedar la semana que viene con un amigo experto en estos temas, para irme a comprar un ordenador nuevo y tratar de tenerlo formateado antes del día 23, fecha en la que ya tengo un vuelo a París para pasarme un par de semanas por esa zonas del norte, en donde tengo un programa que no les voy a adelantar.

Por lo demás, mañana tengo mi conferencia en inglés a los representantes de la ciudad holandesa de Almere. Es una delegación muy amplia, compuesta por 42 personas, entre arquitectos, promotores, constructores, inmobiliarios y funcionarios del Ayuntamiento. Los trae mi amigo Werner, que les ha organizado un programa extenso y denso como acostumbra. Mañana por la mañana harán diversas visitas de campo con Werner, que los traerá a la una a la torre ahora llamada Emperador (antes Torre Espacio). Allí, en la última planta, hay un restaurante muy lujoso, en el que vamos a comer después. En la antesala del restaurante les esperaré yo para la charla. Tengo que presentarme con antelación, con mi ordenador para mostrarles mi power point. Como no tengo que conectarme a Internet, el ordenador no será un problema. Salvo que las hormigas salgan en estampida y me dejen en mal lugar. No creo que suceda esto, son unas hormigas muy aseadas y recatadas.

Los del restaurante ya tendrán preparada una pantalla grande y 44 sillas del comedor orientadas hacia ella. Yo sólo tengo que llegar, conectar mi aparato a esa pantalla y esperar a Werner y su multitudinaria compañía. Después, como es natural, me invitan a la comida. Y me llevo un pequeño pago, cuyo monto no les voy a revelar, para el que tengo que llevar una factura según el modelo que ya he usado en ocasiones similares. Acabado el sarao, cogeré el Metro a mi casa, me cambiaré para recuperar mi imagen habitual y saldré con el coche a recoger a Henry y poner rumbo a Cáceres. Finalmente no voy a llevar a Tarik a casa de mi amiga África. Hace unos días me pasé por la clínica del veterinario, para que me sellara la cartilla con su última vacuna y este hombre me dio buenas razones para dejar al gato en casa. Si le dejo comida y agua en abundancia en diferentes boles por la casa, él esperará resignado a que vuelva, pero se va a estresar menos que si lo llevo a otra casa.

La verdad es que los gatos son más de las casas que de sus amos. Tarik ya ha integrado mi casa como suya, incluso manda un montón y me lleva por donde quiere. Es un gato muy sociable, al que le gusta que haya gente en casa, pero cuando no hay nadie no se agobia especialmente. La terraza ya la ha cartografiado y medido en todas sus dimensiones, descubriendo escondrijos y recovecos que yo desconocía y ahora pasa mucho tiempo por allí, acechando bichos o aves reales o imaginarias. Según el veterinario, para viajes de hasta cuatro o cinco días es mejor no moverlo. Si tiene comida y agua en abundancia, él se las apaña sin problemas. Lo que pasa es que mañana tendré que dejarle el arenero bien limpio y todo bien preparado, algo que no puedo hacer hasta por la tarde. No podremos salir muy pronto, aunque a Cáceres son apenas tres horas de carretera.

En fin, este tipo de líos como mi conferencia a los holandeses o mi viaje a ver el Womad, debo cultivarlos con esmero, porque es inevitable que se vayan acabando. Mi amigo Alain Sinou, ya me ha dicho que el año que viene será su último curso lectivo. En el verano de 2024 se jubila sin posibilidad de seguir en la enseñanza. Así que las clases en París tienen para mí los días contados. En la ETSAM este año no me han llamado para ninguna tampoco. Prácticamente el único que sobrevive es Werner, que dice que ya me tiene dos bolos preparados para el otoño. Pero poco a poco, mis actividades se irán reduciendo, en consonancia con la edad que ya voy teniendo. Así que he de disfrutar de ello mientras dure. Estos días he estado bastante ocupado. Mi hijo Kike vino el pasado fin de semana para un asunto de trabajo que tenía este martes. Luego el asunto se complicó y se tuvo que quedar hasta hoy jueves en que ha volado finalmente de vuelta.

Además, he estado atento a pedir el voto por correo, porque el día 28 estaré en París. Para ello, entré en Internet, hice una larga operación, rellenando un montón de campos y me dijeron que ya estaba. Y que si quería guardarme una copia en pdf. Un par de días después, entré en un seguidor que tiene la página de correos, para ver cómo iba la cosa y me salió que yo no había iniciado ningún procedimiento. Revisé el pdf y entonces caí en la cuenta de que lo único que había hecho era grabar un formulario para luego imprimirlo y llevarlo a una oficina de correos. Lo hice así, acudí a Cibeles y allí me dijeron que la fecha era de dos días antes y no valía. Así que tuve que rellenar otro a mano y entregarlo. De este sí que tengo un número de referencia para seguir el procedimiento on line. La cosa sigue con que dentro de unos días me visitará el cartero para hacerme entrega de las papeletas de voto y el sobre para enviar la que yo elija. Esto sólo me lo puede entregar a mí, en mano, no le vale el portero.

Cuando tenga las papeletas, elegiré las que yo quiera, las meteré en los sobres correspondientes (uno para la ciudad y otro para la región) y tendré que irlo a depositar a Cibeles. Ya ven qué complicado es el procedimiento. Pero es que yo no quiero tirar mi voto absteniéndome, sino tirarlo con clase, en el caso de que finalmente vote a Luis Cueto. De una manera o de otra, yo creo que se nos viene encima una debacle histórica de la izquierda madrileña; que Ayuso va a arrasar y Almeida ganará también por mucho. Es una debacle merecida, no puede ser que para una ciudad como esta se presenten PSOE, Podemos, Más Madrid y Recupera Madrid. Mi esperanza es que aprendan la lección y se unan para las Generales, pero no las tengo todas conmigo, a pesar de la propuesta unificadora de Yolanda. Por ahí detrás está el Emérito de Podemos, dando minuciosamente por culo.

Miren, yo les voy a proponer a los de Recupera Madrid un órdago. Que salga Cueto y diga que está dispuesto a retirarse y pedir el voto para Rita si los de Podemos hacen lo mismo. Es un farol brillante que iluminaría bastante el terreno. Pero no creo que lo hagan, es una gamberrada y estos señores son serios. Aunque alguna trastada sí que hacen. Por ejemplo, el otro día se colaron Cueto y Calvo en un mitin de Abascal y lo grabaron diciendo que le habían escribido en redes sociales. El vídeo se convirtió en viral y pueden escucharlo pinchando AQUÍ.

Otra de mis actividades de estos días ha sido visitar la exposición Bowie By Duffy, en el COAM. A mí me resultó fascinante, me pasé una hora increíble y salí totalmente ido, directo a la taberna de Ángel Sierra en Chueca a tomarme un vermú con unas guindillas. Pero ya saben que yo soy un forofo de Bowie, el único personaje del rock al que le he dedicado tres posts seguidos con motivo de su fallecimiento. Los que no sean tan forofos, conviene que sepan que la entrada a la exposición cuesta 16€, un precio que me parece bastante exagerado. Pero la expo es magnífica. Duffy es uno de los mejores fotógrafos británicos de la historia y se encontró con Bowie en cinco ocasiones en los años dorados de su carrera. Después de la última, le dio una especie de crisis existencial, quemó todos sus negativos en el jardín y se dedicó a pintar hasta su muerte. No volvió a hacer más fotos. Su hijo, que también es fotógrafo, pudo salvar parte de los originales, con los que creó la colección que aquí se muestra en parte. Entre ellas la famosa portada del Aladdin Sane.



Se me ha hecho de noche y voy a prepararme una cena ligera, que mañana me espera un día duro. Les diré que, para mantenerse bien a estas edades es fundamental estar entretenido. Yo esta mañana he tenido una hora de inglés, he estado haciendo gestiones diversas hasta la una, luego me he ido a mi sesión de yoga, he comido en el Ricla y he cogido el Metro para el número 1 de María de Molina, en donde tenía una reunión con un abogado para un tema de los que no se cuentan en este blog. De vuelta a casa, he ensayado una vez más mi presentación en inglés de mañana y aun me ha quedado un hueco para escribirles a ustedes antes de cenar. Estar muy ocupada es el secreto de longevidad de una paisana mía que acaba de cumplir 109 años y anda por ahí paseando por las playas, comiéndose buenos guisos de lamprea y más contenta que unas pascuas. Por si no me creen, les pido que pinchen AQUÍ y lean el reportaje que le dedicó por su cumple el digital de La Voz de Asturias. Sin duda, esa es la actitud. Sean buenos y aprovechen el finde, que viene con lluvias ligeras.

domingo, 7 de mayo de 2023

1.223. Cuidado con las estafas on line

Pues aquí me tienen pasando el fin de semana de transición entre los dos grandes puentes de mayo en Madrid, bien acompañado por mi gato Tarik y la compañía efímera por unos días de mi hijo Kike, a quien fui a recoger al aeropuerto el sábado. En la T4 había auténticas hordas de sudamericanos pedorros, con perdón; me refiero a esa gente que viaja por familias numerosísimas, con varios carritos cargados con equipajes enormes, a los que esperan también un montón de familiares, provistos de ramos de flores, peluches gigantes, banderitas, globos de colores y mucha emoción incontenida. Es típico que algún viajero, cuando está a punto de salir por la puerta, avise a su gente de que ya viene, de modo que los de fuera ponen a funcionar el vídeo del teléfono para que el tipo aparezca desde el fondo sonriendo, haciendo la uve de la victoria, poniendo morritos estúpidos y posando de mil maneras estándar.

¿Cómo dicen? ¿Qué soy un racista? Para nada. Lean otra vez y comprobarán que yo no he dicho que todos los sudamericanos sean así, sólo los que he tildado de pedorros. Y, miren ustedes por dónde, después he sabido que esta marea arrasadora de personajes troquelados en el mismo estereotipo, resulta que está compuesta de personas que vienen a Madrid para participar en una serie de eventos mundiales de la Iglesia Evangelista, esa comunidad religiosa que dirige una señora llamada Evelyn Joshua. Uno de los eventos tuvo lugar al lado de la Colonia Marconi, junto a las putas que pululan por allí. Duró todo el día, de 9 de la mañana a 9 de la noche y estuvo trufado de desmayos, trances, vómitos, tembladeras y paralíticos en silla de ruedas que echan a andar cuando la líder les impone la mano.

Este movimiento, claramente retrógrado y puritano, se dedica a recoger a gente de muy bajo nivel cultural, con los que hacen una labor meritoria en el sentido de apartarlos de la droga, el alcohol y el sexo sin control. A cambio, les meten en la cabeza una filosofía de cero sexo, excepto previo matrimonio, cero alcohol y apoyo a los partidos de ideario más carca. En Colombia este movimiento fue el responsable de que fracasara el referéndum para ratificar el plan de paz, sólo porque el documento del acuerdo incluía un párrafo a favor del aborto (los autores quisieron parecer modernos en ese tema). Por aquí ya saben que la señora Ayuso ha asistido a un evento de esta comunión, aunque es cierto que fue una metedura de pata por la que el partido se disculpó.

Pero, si tienen ustedes un ligue o escarceo con una chica a la que le hayan comido el tarro estos señores, les dirá que a pasar primero por la vicaría; en caso contrario únicamente se puede practicar sexo sin penetración, lo contrario es fornicación y por tanto, pecado contra el Espíritu Santo. Este ideario ha tenido mucha penetración (valga la redundancia) en el África subsahariana, en todo Latinoamérica y también entre los gitanos en Europa. Por otro lado, los curas de este movimiento son contrarios a cualquier medida anticonceptiva y también al aborto. Una vez que la chica se ha casado, su única función es parir un hijo tras otro. Igualito que, por ejemplo, entre los judíos ultraortodoxos como los que viven en la zona de Williamsburg, en Brooklyn (les recomiendo la miniserie de cuatro capítulos Unorthodox, donde se explica cómo es la vida en esa enorme comunidad). Si sobre el sexo ese es el ideario, con el alcohol no es muy diferente. Este vídeo ya se lo traje al blog, pero viene a cuento repetirlo.   

A mi gato Tarik ya le abro la terraza sin ningún problema y parece que con la chapuza que me hizo Manuel no se puede escapar. Para el animal, el mundo de la terraza es como un paraíso, allí se camufla entre las plantas a ver si aparece algún pájaro, insecto o salamanquesa incauta, a los que espera durante horas con paciencia de cazador. Cuando se cansa, se viene para adentro. El jueves lo llevé al veterinario a ponerle la segunda vacuna y se volvió a portar muy bien. Me dice el veterinario que los gatos son animales de rutinas y que por eso Tarik me despierta cada mañana cuando considera que es ya la hora de desayunar. Hasta entonces no da un ruido. Cuenta el veterinario que supo del caso de un gato que, cuando sus amos invitaban a algunos amigos a cenar y luego la sobremesa se prolongaba en exceso, empezaba a hacer toda clase de gestos inequívocos hacia los invitados, explicándoles que ya era hora de que movieran el culo, que los de la casa se tenían que acostar.

Pues hablando del gato, ya he resuelto lo de cómo seguir haciendo viajes. Mi querida África y sus hijos y marido no tienen inconveniente en que les lleve a Tarik a su casa, a ver si hace buenas migas con Mina y Ulises. Empezaré por un viaje cortito el próximo fin de semana, puente de San Isidro. El viernes por la mañana les llevaré a Tarik. He de hacerlo a horas primeras, porque a las 13.00 tengo que darles una charla a un grupo de promotores y gestores de la ciudad holandesa de Almere. La cosa será en una de las Cuatro Torres del Real Madrid. A las 14.00 estoy invitado a una comida con ellos en un restaurante de lujo de la torre vecina, creo que como único pago por mis servicios de conferenciante. Terminado el sarao, voy a casa, me cambio, cojo el equipaje y bajo a por el coche para recoger a Henry Guitar y poner rumbo a Cáceres, donde tenemos un hotel reservado para tres noches.

¿Y qué vamos a hacer a Cáceres? Pues asistir al Womad 2023, un evento que se concreta en una serie de conciertos nocturnos y gratuitos por las diferentes plazas del centro de la ciudad, con charangas, grupetes de música étnica, pasacalles y similares. La cosa empieza el jueves, pero Henry tiene clases ese día. Nos había dicho Críspulo el batería que se venía con nosotros, pero al final no puede porque tiene un bolo con su grupo ese fin de semana. El domingo es el fin de fiesta y contamos con regresar el lunes por la mañana, que Henry tiene ensayo con la big band por la tarde. Inauguro así la temporada de festivales veraniegos, que va a ser interesante, aunque no con el nivel del año pasado. Mi siguiente viaje está relacionado con el concierto de Samantha Fish en el Bataclan de París, pero ya les iré contando porque mi plan es hacer un viaje de unos diez días con diferentes hitos en varias ciudades, como el del otoño pasado. Aquí pueden ver el cartel anunciador del Womad de este año.

Pero imagino que ya les he creado una cierta curiosidad con el titular de este post y vamos a ello. Esta vez no les voy a hacer una descripción cronológica como de costumbre, sino que voy a intentar explicar cómo me fui enterando yo, aunque ello me obligue a recurrir a la técnica del flashback. Como quizá les haya dicho, yo tengo un contrato con Orange, operador que me suministra el WiFi, el móvil, la línea de teléfono fijo (que tengo desenchufado) y la posibilidad de conectarme con Orange TV, que nunca he activado. Además de todo eso, la oferta me incluye el abono gratuito a Netflix, que me permite ver un montón de películas y series, y que uso de vez en cuando. Por todo ello vengo pagando unos 65€ que, según mi hijo Kike, sería una estafa si no fuera por el Netflix.

Hace tiempo que me vienen asediando con llamadas de supuestos agentes de Orange que me dicen que me ofrecen pagar mucho menos, a todos los cuales les contesto que no contrataría nunca nada con alguien desconocido que me llama por teléfono a mi casa, y que ni siquiera quiero escuchar sus ofertas. Pero el caso es que en el mes de abril me llegó la factura correspondiente de Orange y esta vez ascendía a 87€. Como algunos de los que me llamaban me anunciaban que iba a sufrir una subida próxima por cabezota y, digámoslo también, no tengo muchas ocupaciones en este ínterin entre fases agudas de mi sinvivir, pues decidí bajar a Príncipe Pío, en donde está la agencia de Orange con la que hice el contrato, normalmente atendida por unas chicas muy amables y donde no suele haber cola.

Me atendió una chica bastante tranquila y de aire razonable. Le conté lo del asedio telefónico y me dijo que eso tenía que ver con nuevas ofertas y rebajas relacionadas sobre todo con las facilidades para ver más o menos canales de Orange TV. Le confesé que apenas veo la tele, que Orange TV únicamente me ofrece la posibilidad de ver nuevos canales de pago y que mi experiencia es que los canales de pago son tan malos como los gratuitos. Me dijo que lo entendía y que en ese caso no había posibilidad de mejora o rebaja alguna. Me explicó que, cada vez que hay una novedad en este tema, la compañía contrata a una serie de chavales para que llamen a los abonados, por si alguien está interesado. También entendía mi aversión a este sistema publicitario pero, muy educadamente, me hizo ver que hay gentes de todo tipo, entre ellas personas a las que no les molesta que les llamen a horas intempestivas.

Pasamos al segundo tema. Buscó en pantalla un gráfico de barras de mis pagos mensuales. Era ciertamente llamativo. Una serie de barras igualitas y una última más alta. Entramos a ver el desglose y allí estaba. El sobrecosto se debía a que yo me había abonado a una página que se llama Woman Today News. Tenía tres servicios de esa página que había usado y cada uno se llevaba unos 7€ y pico. No tenía ni idea de qué servicio era ese, no recordaba nada con un nombre como ese (para qué querría yo estar al tanto de las noticias de la mujer de hoy). Pensé si sería algún tipo de porno pero, me crean o no, no acostumbro a entrar en páginas de ese tipo. Le propuse a la chica acceder con su ordenador, pero me dijo que no podía hacer eso. Pensé en entrar con mi móvil, pero me dio miedo de que me cobraran un servicio adicional.

Pregunté qué hacer. Lo primero, anular la suscripción a esa página. La chica me ayudó a hacerlo con mi móvil y no tardamos nada. Luego le pregunté si podía reclamar algo a Orange y me dijo que por supuesto podía, pero que no me iba a servir de nada, porque esa compañía fantasma podía demostrar que yo me había conectado voluntariamente y había hecho esa suscripción. No había mucho más que rascar. Pregunté de qué fechas eran los cargos que me había cobrado Woman Today News. La respuesta era precisa: los tres eran del 14 de marzo. Así que caminé de vuelta a mi casa y nada más llegar, me abalancé a mi agenda Moleskine. Ya saben que soy un tipo muy ordenado (o más bien ordenadito, como me tildaba el Coronel Groucho). Todo lo apunto, entre otras cosas, para que no se me olvide ninguna cita. Nada más buscar el 14 de marzo, encontré lo que buscaba, me acordé y aquí viene el flashback del que les hablaba.

El 14 de marzo, había quedado a comer en el Doppelganger Bar, un lugar situado en el interior del mercado de Antón Martín, con mi grupo de cuatro amigas del curre que siguen en activo y con las que quedo de vez en cuando. Alguna de las chicas lo propuso como una alternativa de comida en cierta forma similar a la Llorería de mi amigo José, a la que ya les había llevado yo. Suelo ser puntual y además no tengo obligaciones laborales y el bar estaba a un paso de mi casa. Así que llegué el primero, a la hora en punto. Si hubiera llegado con tiempo de sobra, me habría pasado por la charcutería y me habría enterado de la muerte de mi amigo Luis, pero subí directamente al bar. Me indicaron la mesa y, para entretener la espera, decidí utilizar el escáner del móvil para descargarme el menú del lugar y poder irlo consultando mientras esperaba a mis amigas.

Puse la pantalla encima del código QR y le di al botón. Pero no me salió el menú del bar, sino unas chicas con aire estúpido que me saludaban y me mandaban besos con la mano. Lo apagué enseguida y eso es lo que recuerdo. También estoy seguro de que se lo comenté a las primeras amigas que vinieron, lo que motivó que le pidieran al camarero unas cartas en papel. ¿Por qué me figuran tres cargos ese día? Pues no lo recuerdo. No sé si intenté de nuevo sacar el menú, o si se lo mostré a mis amigas para que vieran lo que salía en vez de eso. Después comimos y bebimos bien y yo me olvidé completamente del asunto. Pero estoy seguro de que fue en ese momento cuando me suscribí a Woman Today News. Es decir, que es una estafa. Lisa y llanamente.

Con ese convencimiento, busqué en Internet. Hay reseñas de gente que ha denunciado la estafa, desde comienzos de 2022. Y se detallan todas las gestiones infructuosas que hicieron después. Nunca recuperaron el dinero pagado por ese fraude, aunque algunos habían apoquinado seis o más meses. Se me ocurrió llamar a la OCU, Organización de Consumidores y Usuarios. Una chica bastante educada me dijo que no me podía comentar nada, a menos que fuera socio de la OCU. Cuesta sólo 17€ al mes. Le dije que conocía perfectamente su organización, que una pareja que tuve recibía la revista por ser socia y que, a la vista del escaso volumen de reclamaciones que hago al año, no me merece la pena. Que entendía que, sin ser socio, no podía usar a sus abogados y asesores, pero que había pensado que tal vez me podían comentar algo al respecto. Nada. Cero comentarios. Entonces le dije que ellos no eran muy diferentes de Woman Today News, que todos tratan de aprovecharse de los jubilados incautos para sacarnos el dinero para polladas. Y colgué inmediatamente.

Como seguía cabreado, busqué una página de la policía para hacer denuncias on line sobre delitos informáticos. Había un espacio generoso para contar lo que me había pasado, así que se lo expliqué con pelos y señales. Entonces me pidió un montón de datos: nombre y apellidos, domicilio, fecha de nacimiento, teléfono y dirección de mail, lugar fecha y hora de la infracción sufrida. Estuve un buen rato rellenándolo todo. Sólo faltaba una casilla. En ella había que responder una cuestión sencilla (cuánto es 5+0), para acreditar que no era yo un robot (sic). Bien, le di a la tecla del 5 y no se grababa. Le di a siguiente y me dijo que me faltaba rellenar la última casilla. Intenté varias estratagemas más: contestar en mayúsculas, volver a la página anterior y regresar al cuestionario, dar diversas respuestas falsas, a ver si por lo menos les llevaba a la conclusión de que era un robot, o un subnormal. Nada. Imposible.

Así que no me quedó otra que salirme de la página de la policía, relajarme y servirme una Estrella de Galicia bien fría. Las moralejas de la historia son varias. UNO. Ni se les ocurra utilizar el escáner del móvil. Yo ya he eliminado esa aplicación de mi aparato. Que me traigan una carta en papel, o me reciten el menú de viva voz. El bar no tiene ninguna culpa, imagino que algunos cabrones habían hackeado su Web y la habían dejado lista para pillar nuevos suscriptores de esa página. A partir de ahora, si en un bar me dicen que no tienen otra opción que el código QR, me voy a otro bar. DOS, lo de la OCU está bien para gente que sale por la mañana de su casa a ver si alguien le falta o le intenta timar, para denunciarlo enseguida. Y que miran las etiquetas de todos los productos que compran en el súper. Y que cuentan las hojas de las lechugas para ver cuál es la más conveniente. Si ustedes, como yo, son confiados y no tiene esas obsesiones, la OCU no les sirve de mucho.

TRES, que la Policía Nacional tenga una página en la que te tires una hora rellenando campos, para luego tener truco final, pues se comenta por sí sólo. Es que manda carallo. Esto lo había visto en las páginas de reclamación de las aerolíneas, pero está hecho adrede para desanimar al reclamante. De la madera no podría creer eso. Más bien pienso que, como son unos cutres, a lo mejor han copiado directamente la página de una aerolínea, porque no tienen presupuesto para contratar a un buen programador. El CUATRO es el más interesante. No se lleven disgustos por cosas como esta. Ábranse una cerveza y a vivir. Esto último me recuerda a una conocida canción de Leño que también acababa con una cerveza. Nada menos que de 1982. Por cierto, en este tiempo de estupidez, sosería y puritanismo camuflado que nos ha tocado vivir, esta canción ahora mismo no sería publicable. Se llama La Fina y se la dejo de regalo de postre. Que pasen una buena semana de mayo.