lunes, 31 de agosto de 2020

971. Llegan brisas otoñales

Sí señor, los primeros aires fresquitos cayeron sobre Madrid el viernes, al poco de publicar mi post anterior. Eso ha traído un fin de semana muy agradable, en el que mi terraza ha dejado de ser una sauna apenas protegida por los toldos nuevecitos, para convertirse en un lugar grato al aire libre, ideal para leer, escribir y completar mis trabajos pendientes. Tenía dos temas a terminar antes de hoy lunes, en teoría mi primer día de vacaciones, pero ya les he dicho a mi jefa y a mi compañera M. que no los tengo listos, pero que a cambio voy a seguir en activo toda esta semana, con el compromiso de terminarlos. Y les ha parecido bien. No podía ser de otra manera, si tenemos en cuenta que estoy a menos de seis meses de que me den una patada en el culo y me manden a casa (donde, por otro lado, ya estoy, porque esto del teletrabajo  no es más que una transición tranquila a la jubilación). A ver quién me dice nada. 

Una de las tareas a las que tendré que dedicarme en estos meses venideros, es recoger mis efectos personales del despacho. Ya he hecho la parte digamos virtual. Empecé por subir a la FNAC a comprarme un disco duro externo para copiar todos mis archivos. Tenía ya uno de esos discos duros externos, comprado hace años, en ese momento el de más capacidad: 500 gigas. Lo tengo medio lleno y pensé que no sería suficiente. Ahora hay discos de un tera, de dos, de cinco y hasta de 14 teras (ahí debe de caber todo el conocimiento mundial desde la Edad de la Piedra). Los precios también varían: 40 euros el de un tera, 50 el de dos y más de 300 el de 14. Pedí consejo a un empleado de la tienda y le expliqué para qué lo necesitaba, mi próxima jubilación y bla-bla-bla. Quiso saber a qué me dedico. Al urbanismo. ¿Y guarda usted planos? ¿Archivos de Autocad o de Arc-Gis? Le dije que algunos sí, pero pocos, lo que más conservo son documentos de texto. Entonces con el de un tera le sobra.

La verdad es que los planos y los documentos más pesados los guardábamos de costumbre en los archivos comunes. Con mi flamante disco externo, me acerqué un día a la oficina, completamente vacía y desangelada. Me descargué todos mis archivos personales. Tal como dejé mi ordenador de mesa ya lo pueden tirar o formatear para dárselo a otro. No creo que lo vuelva a encender nunca más. Lo siguiente, para estas próximas semanas, será ir con unas cajas de cartón para llevarme los libros y los objetos de mesa que no quiera tirar. Tengo que hacerlo en varias veces. Quizá se despejen pronto las dudas sobre si voy a volver algún día al trabajo presencial. Si, como me temo, es que no, hablaré con mi jefa para ver si quiere que me dé prisa y así puede darle mi despacho a algún compañero. Pero tenemos que coordinarnos bien, no sea que se lo quiten, que hay mucho buitre al acecho.

Ya lo ven: los nuevos tiempos han llegado. Más que llegar, nos han arrollado, con esto del virus. Yo estoy feliz en mi encierro, me encuentro bien en mi casa, con la terraza recién arreglada. Lo del teletrabajo me encanta y no tengo ninguna nostalgia de volver a la Isla de Alcatraz, lo único que me tira es el bar de mis amigos y puedo ir a visitarlos cuando quiera, de hecho ya lo hago, ahora que se aparca sin problemas por la zona. Entre ustedes y yo, lo único que echo de menos es la posibilidad de hacer viajes por el mundo, eso es lo que me jode. Les recuerdo que, cuando se desató esta calamidad, yo tenía ya hasta los billetes para ir a Paris y Lille, a dar dos clases en sus universidades respectivas que ya tenía apalabradas y visitar a mis hijos, viaje que habría completado con un encuentro en Rotterdam con mi amiga indonesia Tantri, a la que no sé si volveré a ver algún día y con quien ya tenía hasta el restaurante elegido para cenar. Tendría, pues, motivos para estar amargado, pero no me da la gana.

La verdad es que no me puedo quejar. He sobrevivido a la primera andanada de la epidemia sin grandes daños y me sigo cuidando para aguantar las sucesivas. Y sólo añoro la posibilidad de pillar un avión y largarme a dar una vuelta por el mundo adelante. Algún día eso se podrá volver a hacer. Una de mis ilusiones es combinar alguno de esos viajes con la posibilidad de ver un concierto de Samantha Fish en vivo. Ahora mismo no me movería por ningún otro artista. Entre los lugares en que actúa fijo esta mujer, está el Cigar Box Guitar de Nueva Orleans, que es cada mes de enero, como saben, y para el que recibí una oferta de un pack-VIP. Y también el Blues and Brews Fest, el festival de la cerveza y el blues de Telluride (Colorado), que suele ser en septiembre y que este año se ha suspendido.

Telluride es un lugar de montaña con una estación de esquí. Y los artistas que se prestan a ello, pueden tocar una canción en acústico en una de las cabinas del teleférico que te sube a los remontes de la pista. Los vídeos los usan luego para propaganda de la estación de esquí y del pueblo. Como se pueden imaginar, Samantha aceptó el reto y cantó a pelo una de las canciones que suele interpretar con la cigar box. Este es el resultado. Ella misma se presenta con su impagable acento sureño y, como no tiene batería, lleva el ritmo con los golpes de su tacón izquierdo, como lo hacía Neil Young en el vídeo que les traje el otro día. Primerísimos planos de nuestra diva preferida.


Esta mujer lleva la música en la sangre. A diferencia de muchos artistas del rock, que están publicando vídeos grabados en Zoom con multipantalla o produciendo otros con técnicas de animación, como Sheryl Crow, Samantha permanece callada, seguramente descansando, reflexionando y componiendo nuevas canciones. Está en su querida ciudad de Kansas y prepara su vuelta a los conciertos, si el Covid lo permite, para el próximo día 8 de octubre en la sala Knuckleheads (cabezas huecas) de Kansas City. Como no mejoren las cosas, tendrá que retrasarlo otra vez y dejarlo ya para después de las elecciones. Pero de momento, este es el cartel anunciador del evento, que ya está a la vista en todos los colmados y centros comerciales de la ciudad.


Los americanos llevan cinco meses confinados (nosotros, seis) y no ven la salida cerca. En una interesante entrevista (por Zoom) que se publica en El País, el escritor negro Colson Whitehead (curioso esto de que un negro se apellide cabeza blanca), ganador de dos Pulitzer seguidos por sus dos últimas novelas, reflexiona sobre esto del encierro. Él lo está pasando en Nueva York y lo lleva bien, es una fase más de la vida, dice, que se puede aprovechar para cosas como escribir una novela, o hacer la tesis, trabajos que serían más difíciles de afrontar en otras circunstancias. No pierde de vista la importancia de las próximas elecciones, dice que cuatro años más de Trump serían una verdadera catástrofe para su país. Pero lo que más me interesa: preguntado sobre cómo hacer para no desanimarse en esta situación tan anómala, viene a decir que no podemos perder tiempo con lamentos ni caer en la autocompasión.

Que ahora mismo hay mucho trabajo para conseguir que la gente no tenga impedimentos para votar libremente (ya saben los intentos de Trump de evitar el voto por correo). Que, una vez que se consiga (en su caso) elegir un presidente mejor que Trump, habrá que ocuparse del virus, la devastación económica, la atención a las vidas destrozadas, la lucha contra el racismo. Y, suponiendo que avancemos en eso, habrá que volver a pensar en el medio ambiente. Así que, concluye, estamos jodidos. Pero hay que seguir en la lucha. Como dice Arundhati Roy: somos hormigas cruzando una autopista y tenemos que seguir adelante como podamos, es nuestra obligación.

Y nos queda confiar en la ciencia. Hoy las ciencias (verdaderamente) adelantan, que es una barbaridad. Les pongo unos ejemplos. Me cuenta un amigo que están probando una nueva quimioterapia experimental contra algunos tipos de cáncer, como el de pulmón. El producto, que se ingiere por boca, potencia de forma increíble a los leucocitos. Los leucocitos ya son de por sí unos hijos de puta, que devoran elementos patógenos, células cancerígenas o lo que les pongan por delante. Pero este producto los hace todavía más malvados: ya ni siquiera tienen que devorar a las células cancerígenas, sencillamente, las convencen de que se suiciden. Algo así como cuando a Woody Allen le pisaban las gafas cada vez que metía la pata (en Toma el dinero y corre) y en la última escena de la película, directamente se da cuenta de que la ha vuelto a cagar y él mismo tira las gafas al suelo y se las pisa. Parece que el tratamiento está resultando muy efectivo, sólo hay que vigilarlo de cerca para que los leucocitos no extiendan su poder de convicción a las células sanas.

Otro caso. Como saben, tengo una jungla en mi terraza, en la que hay abundante fauna: mariposas, mosquitos (espero que no del Nilo), abejas, avispas, moscas y dípteros diversos. Las salamanquesas están eufóricas, todo el día de fiesta, después de las privaciones que han sufrido durante años. Pues entre los organismos que han aparecido por ahí, ya les conté que estaban unos bichos repulsivos, con pinta de mini tartaletas de nata y fresa con merengue. Les he dado duro con diversos insecticidas, y nada. Busco información en Internet y me aclaran que se trata de la cochinilla acanalada. Es una plaga muy difícil de erradicar con insecticidas. Lo único que acaba con ella es un depredador natural que se llama el rodolia cardinalis, una especie de mariquita, que se las come una a una. A veces aparece espontáneamente, si no, se puede comprar. Por ahora no he visto ninguna en mi jungla terracera, pero no desespero. Y no hay que perder la esperanza de que, por medio de la manipulación genética, se consiga crear un bicho que las convenza de suicidarse.

Con esto del encierro hemos descubierto cosas que desconocíamos, ya ven que en mi propia terraza se está librando una guerra biológica de la hostia. En Galicia hace años que se lucha a brazo partido contra la vespa velutina, esa avispa asiática asesina que se come a las abejas y que construye unos nidos gigantes, hasta de 90 centímetros, duros como de piedra y con un solo agujero de acceso. La Xunta tiene un servicio de lucha contra la velutina, al que se puede avisar cuando se descubre uno de esos nidos. Acuden siempre de noche, porque las avispas se recogen a la caída del sol para dormir. Les enchufan por el agujero un gas tóxico (espero que no sea gas mostaza) y lo tapan fuertemente con arcilla. No queda ni una. Es una guerra sin cuartel, que de momento vamos perdiendo. También aquí habría que encontrar algún insecto que las convenciera de suicidarse. Vean al paisano sosteniendo un nido desmontado y con la superficie seccionada con un machete para mostrar la estructura interior.


Acojonante. Y, ya que estamos por mi tierra, pues creo que algo tendré que decir del Dépor, que ha dado con sus huesos en la Segunda B, antiguamente llamada Tercera División. Durante más de un mes el club se ha embarcado en una guerra temeraria, para recuperar en los despachos lo que perdió en el campo. A cuatro jornadas del final estaba prácticamente a salvo del descenso. Pero a los jugadores y entrenador les entró la cagalera, jugaron fatal y perdieron los tres partidos penúltimos. En la última jornada no pudieron jugar, porque el Fuenlabrada, su contrincante, se presentó en La Coruña con 28 positivos por Covid. El presidente de la Liga Javier Tebas decidió que se jugaran todos los partidos menos ese, alterando la norma de que todos los encuentros de la última jornada se jueguen a la vez. Un asunto lamentable.

Debo decir que el descenso se lo han ganado en el césped a pulso. Los jugadores de que se disponía eran todos muy malos, auténticos fichajes del feirón. Hace unos años pasó por el club el peor jugador de fútbol que he visto nunca en un campo. Era brasileño y se llamaba Evaldo. Yo me divertía en los partidos observando lo mal que se posicionaba en el campo, su nulo sentido táctico, lo absurdo de sus evoluciones con y sin balón. Pues este año, el equipo salía cada domingo al campo con 11 evaldos. Tienen que echarlos a todos, yo creo que no sirven ni siquiera para Segunda B. La lucha por evitar el descenso en los despachos seguirá ahora en los tribunales ordinarios, pero estos ya se sabe que no resuelven antes de tres o cuatro años. El Dépor sostiene que el Fuenlabrada se merece el descenso administrativo por haberse desplazado a Coruña sabiendo que portaban un brote y poniendo en peligro la salud de toda una ciudad. Y que la Liga autorizó el viaje porque el hijo de Tebas es el consejero jurídico del Fuenlabrote, como le llaman ya por allí.

Tebas es un gángster de estirpe velutina, que está devorando a las abejas de nuestro fútbol. Ha logrado salvar económicamente la competición, con el sistema de que sólo se juegue un partido a la vez y las televisiones no den ningún encuentro en abierto. Pero eso es pan para hoy y hambre para mañana. Yo no estoy dispuesto a pagar por ver un partido por la tele, es una cuestión cultural y generacional. Y conozco a mucha gente que está en la misma posición. Al fútbol hay que sostenerlo como competición y como espectáculo en el campo, como hacen en Alemania e Inglaterra. Si no hay espectadores, el fútbol irá languideciendo, como los toros, porque la gente joven ya no se interesa mucho por el tema. El Dépor se ha arrogado el papel de depredador natural de gangsters velutinos y creo que lo lleva crudo, a menos que encuentre la fórmula de convencerlos para que se suiciden. De momento, sus esfuerzos con los organismos de la justicia deportiva han sido un fracaso. Pero lo que no tenemos que hacer es caer en el victimismo, como suele hacer el Barcelona.

Si dentro de cuatro años se gana el juicio, lo único que lograremos será, en el mejor de los casos, una indemnización económica. O sea que nos toca pasar el purgatorio de la Segunda b, al menos un año, y mejor que nos vayamos haciendo a la idea. Hay que formar un equipo con gente de la cantera y futbolistas que sirvan para esa categoría. Yo tengo confianza plena en que volveremos. El club se sostiene sobre dos pilares sólidos. Una afición superior en número a la de muchos clubes de primera. Y el apoyo económico de la entidad Abanca, que es el accionista mayoritario. Sólo hay que despedir a todos los evaldos, hacer un buen equipo y tener paciencia. En base a esa confianza, ya les anuncio que he procedido a duplicar mi paquete de acciones del club, posibilidad que tenía abierta hasta el 4 de septiembre, dentro del proceso de ampliación de capital en curso, que tutela Abanca.

Yo voy a seguir siendo del Dépor, porque eso es algo que se lleva en la sangre, como Samantha el blues. Y estoy dispuesto a seguir apoyando y peleando. Vale, lo primero es que se vaya Trump, después hay que seguir con la guerra biológica hasta que consigamos cagarnos en el virus. Y entonces ocuparnos de levantar la situación económica, ayudar a las familias rotas o depauperadas por el virus y la crisis,  acabar con el racismo, trabajar contra las diversas desigualdades del mundo y finalmente cuidar el medio ambiente. Un trabajo ingente. Pero no por eso debemos olvidar al Dépor (o al equipo de cada uno). Estamos bien jodidos, dice Colson Whitehead. Somos hormigas cruzando una autopista, añade Arundhati Roy. Así que mucho ánimo y a por ellos-oé-oé-oé. A los del Dépor nos toca ahora sentir el blues. Y para salir de esa morriña, la mejor receta es la que nos proporcionan el gran Jon Cleary y su banda de caballeros absolutamente monstruosos. Cuídense. 


viernes, 28 de agosto de 2020

970. El pepinazo y sus nuevas claves

Les debo una reseña del libro La nieta de Pushkin, de mi admirado amigo y próximo profesor Ronaldo Menéndez, escritor contrastado que me gusta mucho. Me lo terminé hace ya tiempo y creo que es oportuno que les traiga aquí una crítica sincera. En suma, decirles la verdad, como siempre hago en el blog, este no es un foro para el peloteo. El libro reúne una colección de 9 cuentos, seguidos de un epílogo. Los cuentos son todos muy personales, habla de sí mismo en primera persona, es autoficción pura y dura, algo que Ronaldo no había hecho nunca hasta ahora. Su prosa anterior era normalmente muy brutalista, suele narrar escenas a las que la fatalidad encamina a situaciones límite, que derivan en el absurdo, bordeando lo fantástico y la ciencia-ficción, con ribetes kafkianos y un componente de humor marcado, a menudo humor negro, que domina con maestría, bastará decir que su primer y premiado libro se tituló El derecho al pataleo de los ahorcados. Por eso sorprende el tono evocador, intimista, personal de este su último libro, que bebe de sus recuerdos.

Los nueve relatos forman tres grupos de tres (aunque eso no se evidencie de ninguna forma en el libro), pero, conociendo como conozco también al editor Juan Casamayor, reconozco su mano en la composición del libro. A mí los tres del centro no me han gustado especialmente, son demasiado abstractos y los dejas correr esperando que se acaben, por ver si se repiten las explosiones de brillantez que aparecen en los tres primeros y por fortuna vuelven en los tres últimos (todo esto es una valoración mía personal, por supuesto, es posible que haya lectores que prefieran los tres centrales). Y en cada uno de estos tríos inicial y final hay dos muy buenos relatos y uno extraordinario, situado en el centro del trío. Puestos a seleccionar lo que más me ha gustado del libro, yo me quedaría en primer lugar con el cuento nº 2, seguido del epílogo y el cuento nº 8. Los cuentos 1, 3, 7 y 9 son muy buenos, cariñosos, entrañables, escritos con el corazón. Y los 4, 5 y 6 más flojos en mi opinión.

El epílogo es brutal, en la línea del mejor Ronaldo. Un tipo acaba de morir, pero se ve que se disocia de su cuerpo, que queda tendido en el suelo, y echa a andar sin rumbo. Descubre pronto que hay muchos otros muertos vivientes que caminan despacio, todos en una misma dirección, como guiados por un propósito colectivo. El tipo se suma a esta especie de caravana de zombies que se dirigen a la costa norte de la isla de Cuba. Allí se van embarcando en una especie de pateras del horror en dirección a Miami. El protagonista se ha incorporado al macabro cortejo sin saber el objeto de esa diáspora. Lo que sigue es un retrato alucinado, con unos diálogos horribles y desternillantes a la vez, que transcurre en medio del mar y en plena noche. Cuando el protagonista descubre que todos van a Miami para reunirse allí con sus parientes muertos y poder por fin descansar con ellos, decide cambiarse a una barca que va en sentido contrario: sus muertos están en la isla. Un relato magnífico, cuajado de simbolismos, que casi podría ser el epílogo de toda una época creativa de este escritor.

¿Y qué tiene el relato número 2 para que yo lo sitúe incluso por encima de este epílogo extraordinario? Pues el cuento se llama Al diablo con Borges y narra la breve estancia del autor en Teherán, invitado a un congreso de escritura latinoamericana, de tintes tercermundistas, solidarios y anti-imperialistas. A Ronaldo lo han invitado en calidad de cubano y por tanto seguidor de Fidel, cuando la realidad es que lleva ya diez años fuera de la isla, primero en Perú y luego en Madrid, lo que ha dado a sus opiniones sobre el régimen un sesgo crítico irreversible. Pero aun conserva el pasaporte cubano, le invitan y acepta, porque es, como yo, un enrredica que se apunta a un bombardeo con tal de observar contextos para luego escribir sobre ello.

La descripción de las sucesivas sesiones del congreso y recepciones oficiales es buenísima. Nada más llegar, les asignan unos acompañantes jóvenes de ambos sexos, estudiantes de español en la universidad de Teherán, para que estén con ellos todo el tiempo y les ayuden ante cualquier problema. Se describe también otro grupo de acompañantes omnipresentes, todos hombres, con ternos oscuros, zapatos de punta, mirada torva y gesto adusto e inquisidor, que tienen otra función muy clara. Ronaldo encuentra allí reflejadas algunas de las actitudes y rutinas que recuerda de su pasado cubano, como la forma en que los estudiantes se abalanzan sobre las bandejas de canapés en las recepciones, mirando a todas partes con disimulo, porque tienen un hambre de la hostia y no suelen tener a mano exquisiteces como las que se sirven en estas recepciones para invitados extranjeros. También cuenta las formas de conseguir que te pongan un whisky en tales saraos, en un país en el que el alcohol está prohibido. Y allí surge una historia de amor imposible con una chica local, que ha de burlar el escrutinio constante de los del zapato de punta, encargados de que eso no suceda de ninguna manera. Una delicia de cuento.

Sobre Irán hace tiempo que tenía pendiente un post en relación con un hecho insólito que tuvo lugar el 3 de enero y que no pude desarrollar (aunque amenacé varias veces) porque la actualidad del virus nos arrolló como un tsunami. Ahora hay una novedad que podría explicar el asunto, así que vuelvo sobre ello. Vayamos por partes. Los hechos. El día de autos, el poderoso general iraní Qasem Soleimani se dirige con siete acompañantes en dos coches oficiales tintados de negro hacia el aeropuerto internacional de Bagdad, parece que con intención de coger un avión de vuelta a su país. Lleva un tiempo en Irak coordinando las acciones de las milicias proiraníes, entre las que está la infiltración de provocadores en las manifestaciones callejeras que se extienden por el país, para darles un tinte más violento, además de otras actividades directamente enmarcables en el espionaje político y militar. Nunca llegará al aeropuerto. Un misil impacta sobre la comitiva y mata instantáneamente a los ocho.

El misil ha sido lanzado desde un dron y guiado por la señal del móvil del general. El gatillo lo ha apretado un soldado, seguramente sentado ante una multipantalla en una instalación militar de Nevada o Arizona, después de cumplir un amplio protocolo de autorizaciones de sus superiores. El caos es instantáneo, en Irán la noticia se extiende como pólvora prendida, todos imaginan quién está detrás y empiezan las revueltas. No han transcurrido ni 24 horas cuando el Pentágono confirma su autoría, de la que nadie dudaba. El ataque ha sido autorizado personalmente por el presidente Trump y buscaba cargarse a un grupo que proyectaba realizar atentados contra intereses USA, dicen. Es, por tanto, un ataque preventivo, cuyo objetivo último es la paz en la región. O sea, lo mismo que dijo Truman sobre las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Veamos quién era este general tan peligroso como para que lo mataran de esa forma. Aquí lo tienen en un gesto tan característico suyo como significativo.

Soleimani no era desde luego ningún angelito. Salvando las distancias y la diferencia de culturas, podríamos considerar que era una especie de comisario Villarejo en versión iraní. Adquirió notoriedad durante la larga guerra Irán-Iraq (1980-1988, un millón de muertos y dos millones de heridos y lisiados de por vida, además de la economía de ambos países devastada para siempre). En esa interminable y cruenta guerra de desgaste, en la que Sadam Hussein usó armas químicas como el gas sarín y el gas mostaza incluso sobre la población civil, Soleimani se distinguió como un joven e intrépido capitán, que no conocía la palabra miedo y mostraba una increíble capacidad de infiltrarse en territorio enemigo en misiones imposibles, casi suicidas. A partir de ahí adquirió la vitola de héroe nacional, siempre cerca del ayatollah Jomeini y, después, de su sucesor Alí Jamenei, con quien le vemos en la imagen de abajo.  

Soleimani era un antiyanqui furibundo, desde los tiempos en que tanto USA como Rusia apoyaron a Sadam contra Irán. Supongo que saben que la población iraní es mayoritariamente chiita, igual que una parte de la irakí. A Sadam le apoyaba Rusia por ser un régimen laico homónimo del sirio, y también los USA para tratar de cargarse al hostil régimen de los ayatollahs sin derramar sangre americana. La guerra fue parada por la ONU por la fuerza y Jomeini dijo que firmar el acuerdo de paz había sido para él como tomarse un veneno. Antes del alto el fuego se supo que el gobierno Reagan, mientras apoyaba a Sadam, le estaba vendiendo armas a Jomeini por detrás, en lo que se llamó el Irangate. Ya en tiempo de paz, Soleimani reaparece al frente de la fuerza llamada Quds, una especie de paramilitares que operaban en el extranjero, reclutados entre los cuerpos de élite de la Guardia Islámica Revolucionaria. Tuvieron importancia clave en la derrota del Estado Islámico en Siria e Iraq, apoyaron al régimen sirio y aparecían por medio en todos los conflictos regionales.

El pepinazo contra Soleimani fue el punto álgido de una escalada de actos violentos en la zona. En junio, hace poco más de un año, las defensas antiaéreas iraníes derribaron un dron espía americano no tripulado sobre su espacio aéreo. En respuesta al derribo, se preparó un ataque masivo contra Irán que hubiera desencadenado una guerra terrible. Pero Trump no dio al final su autorización. Días después declaró que las armas americanas estaban cargadas y apuntando a objetivos clave de Irán. Sólo faltaba que él lo autorizara. Pero no lo hizo porque pensó que la respuesta no era proporcional al ataque sufrido. Trump me cae fatal, como es notorio, pero reconozco que, en esta ocasión, estuvo a la altura, tanto en su actuación como a la hora de explicarlo. Pero en el otoño se empezó a agitar el cotarro de nuevo.

En Irak empezó una ola de movilizaciones masivas contra su corrupto gobierno y el desastre de administración que sufren desde la agresión yanqui promovida por Bush y Blair y apoyada por Aznar. Se generalizó la violencia callejera y, al hilo del mogollón, las milicias proiraníes empezaron a atacar la embajada norteamericana y otros objetivos occidentales. Desde una plataforma medio artesanal, se lanzaron 30 cohetes Katiusha contra una base americana. Estos cohetes son una porquería, poco más que pirotecnia, y seguramente no buscaban causar bajas, pero la mala suerte quiso que matasen a un contratista civil norteamericano que andaba por allí despistado. Sucedió esto el 27 de diciembre. Al otro día, Estados Unidos contraatacó bombardeando 5 instalaciones militares vinculadas a las milicias Quds en Irak y Siria, con el resultado de 25 milicianos muertos.

La escalada continuó con el asalto a la embajada yanqui en Bagdad el día de Nochevieja, que fue repelido a duras penas. Y ese fue el momento en que se produjo el pepinazo, el 3 de enero de este año, como ya se ha dicho. Hasta aquí todo entra dentro de lo explicable. Hasta el propio pepinazo, discúlpenme la barbaridad que estoy diciendo. De acuerdo, una cosa como esa no se puede hacer en un mundo civilizado, la ONU no aprueba este tipo de acciones que, seguramente, tampoco contribuyen a solucionar los conflictos, sino al contrario. Lo que quiero decir es que, hasta aquí, todo tiene una lógica acción-reacción. Lo raro es lo que viene después. Veámoslo. En Irán se organizan grandes muestras de dolor, se declaran tres días de luto nacional y un entierro multitudinario en el que despiden a Soleimani como un mártir de la revolución. Aquí una imagen tomada durante ese entierro.

En los discursos y los comunicados oficiales se amenazaba con una respuesta terrible, se decía que los yanquis serían atacados en cualquier país del mundo y sus cuerpos destrozados se podrían contemplar a lo largo y ancho del universo. Los medios de comunicación occidentales contenían el aliento. Si las hostilidades habían estado a un tris de saltar en junio, por un triste dron no tripulado, ¿qué era lo que estaba por venir? La respuesta se supo rápido. El 8 de enero, baterías antiaéreas iraníes lanzan una lluvia de misiles sobre dos bases americanas en Irak: Irbil y Al-Asad. La televisión iraní informa detalladamente del ataque y habla de 80 muertos, cifra que contenta el malestar y deseo de venganza de la población. Pero tanto USA como Irak contradicen esta información: el número de víctimas es cero. Trump, cerca de la media noche, no puede reprimirse y tuitea: tranquilos, estamos bien. ¿No les va pareciendo todo esto muy extraño?

La explicación se filtra poco después: Irán avisó mediante su contraespionaje de dónde iban a caer los misiles y a qué hora. El aviso se hizo con tiempo, para que los soldados se pudieran guarecer en los refugios subterráneos. Esto parece creíble, lo que aún no sabemos es por qué. Pero se han pasado en la teatralización del ataque, en el hacer-como-si. La cosa es tan descarada, que a los dos días, las bases americanas lanzan un comunicado desmintiendo que no haya habido víctimas y hablan de 17 heridos, la mayoría con problemas auditivos por las bombas y uno que se resbaló al correr al bunker (esto último ya es coña mía, lo de los sordos no, lo dijeron así, con lo que fue peor el remedio que la enfermedad, como suele decirse). La respuesta de Estados Unidos a este último ataque fueron unas sanciones económicas suplementarias de las que ya llevan aplicando al país desde que llegó Trump. Y la tensión se desinfló como un suflé malogrado.

En enero yo pensaba escribir algo sobre este asunto tan turbio. Si a Jomeini firmar un tratado de paz que ponía fin a ocho años de cruel guerra le había resultado difícil y doloroso, cómo explicar que sus herederos se traguen un atentado a un personaje como Soleimani sin perpetrar una respuesta proporcionada, por seguir con la terminología de Trump. Pensaba yo por entonces aventurar una explicación sencilla: Irán está lo suficientemente depauperado y con la población muy revuelta y crítica con el régimen, como para meterse en una guerra desigual con Estados Unidos. Por eso había cantado la gallina (no otra cosa es lanzar un montón de misiles con preaviso para dar tiempo a que los atacados se protejan). El ataque era exclusivamente para consumo interno y no querían cabrear más al gigante yanqui que, con Trump a la cabeza, ya había dado muestras de hasta dónde podía llegar. No escribí entonces sobre esto y ahora, siete meses después, nos llega una noticia que puede aportar nuevas claves a lo sucedido.

Resulta que Irán y China llevan casi cuatro años negociando en secreto un acuerdo de colaboración económica, política y militar sin precedentes, que puede dar un vuelco a la situación geoestratégica mundial. Como saben, Irán tenía un acuerdo con Obama, para renunciar a su programa de armas nucleares, supervisado por la ONU y apoyado también por Rusia y por la Unión Europea. Llegó Trump a la presidencia y se salió de dicho acuerdo, que aún mantienen los demás pero que no sirve ya para nada, porque el propio Irán ha declarado que retoma su programa nuclear. Y Estados Unidos rescató las sanciones económicas anteriores a tal acuerdo. Pero Irán no se ha quedado quieto y estaba preparando el tratado con los chinos, al que podría sumarse también Rusia, con lo cual dejarían a USA fuera de juego en la zona. Parece que la CIA ni se ha enterado. Estaban tan entretenidos con el acuerdo de Israel con los Emiratos, cocinado por el yerno de Trump, que no se han dado cuenta de que se la estaban metiendo cuadrada.

Para llevar adelante un acuerdo como ese de forma civilizada y ajustada al derecho internacional, se requiere que el texto del tratado sea ratificado por los parlamentos de ambos países. En China hasta ahora no se ha sabido nada al respecto, pero en Irán se ha filtrado un borrador que estaba empezando a estudiar el Congreso de la Revolución. Según lo filtrado, China invertiría en Irán 400.000 millones de dólares (lo nunca visto). A cambio, Irán proporcionaría a China una salida al Golfo Pérsico y autorizaría la presencia de 5.000 soldados chinos en su territorio. El tratado incluye la construcción de numerosas carreteras por todo el país y la entrada de productos comerciales chinos. Y los acuerdos comerciales se harían en las dos monedas nacionales, y no en dólares.

El tratado, de firmarse, supondría un golpe mortal a entidades como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, en el fondo títeres de las finanzas yanquis. Los chinos quieren mostrar al mundo una nueva forma de cooperación (que ya han ensayado en África) y su voluntad de no entrar en conflictos armados. Y evidenciar que empiezan ya a ser los gallos del cotarro geoestratégico. Así que, a lo mejor por eso se achantaron los ayatollahs y no entraron a la gresca con un estado agresor que se había cargado de un pepinazo a todo un número dos en la sombra del régimen. Irán calló, porque tenía esta negociación en marcha. En fin, no es más que una hipótesis mía, pero parece posible. Y, como sé que les gusta comprobar las cosas que les cuento y verificar que no les he metido una bola, pueden comprobar los detalles del acuerdo en ciernes, pinchando AQUÍ.

Respecto a esto de las bolas, les vuelvo a recordar lo que dijo el gran Truman Capote cuando le preguntaron si lo que contaba en A sangre fría era cierto: Hay que saber distinguir entre lo que es verdad y lo que es rigurosamente cierto. Tiene razón. Yo digo la verdad siempre en mi blog. Lo rigurosamente cierto, queda para los periodistas. El 25 de agosto, hace tres días, se cumplieron 36 años de la muerte de este genial escritor, una de mis referencias literarias y vitales, parece que fue ayer. Les voy a dejar con una foto suya, en la que está muy guapo. Pero antes, un último comentario. A la ciudadanía china no le ha llegado una sola noticia del acuerdo con Irán que prepara su gobierno, ya saben que es un país hermético. Y el gobierno chino, como de costumbre, no tiene prisa. Se dice en los mentideros políticos que es muy posible que esperen un par de meses más, hasta saber quién gana las elecciones USA y así ya sabrán a qué atenerse. Otra característica de este blog: que todos los temas están interrelacionados, que en realidad yo siempre escribo sobre lo mismo. Cuídense.





martes, 25 de agosto de 2020

969. La inMundicia, la envidia y un hueso de gato negro

Este post está dedicado a mi colega Paco Couto, seguidor fiel del blog, arquitecto, rockero primigenio, coleccionista inveterado de guitarras eléctricas y amigo de los de verdad, de los que son para siempre, con un fuerte abrazo virtual.

El otro día les mostré los vídeos publicados este mes por Neil Young y Bruce Springsteen, artistas ambos de marcado perfil político, Young más próximo a Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, su previsible sucesora al frente del ala izquierda del Partido Demócrata; el Boss situado más al centro: Obama, Kamala, Biden. En esta situación de confinamiento, algo tienen que hacer los músicos para dar salida a ese prurito artístico que les brota de muy adentro y que no pueden desarrollar durante el encierro. Otro de los gigantes de la música, cuya adscripción política desconozco, es el gran Steve Winwood, una referencia del rock y uno de los grandes ídolos de mi amigo Paco Couto, si no me falla la memoria. Por eso le he dedicado este post, aprovechando que todavía se me autoriza a usar la antigua interfaz, que permite incorporar entradillas en letra de distinto tamaño. El otro día, con mi amigo X inauguré esta línea de dedicar algunos de mis posts, que me parece que va muy bien con el blog.

En 1966, con 18 años, Steve Winwood, nacido cerca de Birmingham (UK), consiguió que lo admitieran como teclista en la Spencer Davies Group, una de las bandas de rock que proliferaban por Londres, al conjuro de la explosión de los Beatles, Stones y otros. Al poco, logró que el jefe del grupo le dejara grabar una composición propia arrolladora, que se llamaba Gimme Some Loving. El éxito fue de tal magnitud que se comió al propio grupo. Spencer Davies se diluyó en la nada, mientras que a Steve se lo rifaban para encabezar otros conjuntos como líder indiscutible. A lo largo de los años sucesivos lideró Trafic, Blind Faith y otros grupos exitosos, además de cultivar una larga carrera en solitario, y aparecer en numerosas colaboraciones, con su órgano y su voz única.

No hace mucho lo tuvimos en el blog tocando en su casa una canción llamada John Barleycorn must die, larga balada compuesta por él sobre la idea de un cuento de Jack London y acompañada por una guitarra muy bien tocada. Pues bien, Steve Winwood se ha adaptado a los nuevos tiempos y ha empezado por elaborar una versión de su primer éxito Gimme Some Loving, grabada de forma telemática, con la típica pantalla dividida. Es un curre, hay que contactar con los músicos, enviarle a cada uno la partitura con su parte concreta, ensayar un par de veces y grabarlo al unísono en Zoom u otra plataforma similar, sincronizando las diferentes cámaras. Y luego editarlo todo con la técnica de los montadores de cine. Steve Winwood tiene ahora 72 años (como habrán deducido, si saben contar por los dedos) y se mantiene muy bien. Es una alegría verlo en tan buena forma. Compruébenlo por ustedes mismos.


Espectacular. Este vídeo se publicó el día 11 de agosto, el de Neil Young el 14 y el del Boss el 18. Ya ven, con lo que me gustaban a mí los conciertos de rock, el infiltrarme con mi cerveza mini en vaso de plástico entre los rockeros sudorosos y esperanzados en busca de un sitio cerca del escenario para vibrar con mis artistas favoritos, pues tendré que adaptarme a verlos en el ordenador y gracias. También me gustaba ir a los estadios a ver partidos de fútbol y ahora hay que verlos en la tele. Por no hablar de las carreras populares, sustituidas ahora por mis incursiones al Retiro sin acercarme a nadie por si acaso. Y contento de que no me haya pillado el virus y me haya dejado sin olfato. Nunca olvidaré los olores a humanidad de esos acontecimientos de masas, aromatizados, en sus casos respectivos, con sendos tufos a marihuana, a puro habano y a linimento con brisas de ozonopino.

Signos de esta nueva época, que, como concluimos mi hijo y yo, va para largo. La pantalla partida, los saludos con el antebrazo, la distancia asocial. Y la mascarilla, por supuesto. Algunas de las señas de identidad de estos tiempos, bajo el acoso del virus, han venido para quedarse. Igual que llegaron en su día el móvil, el ordenador, el dejar de fumar, el ecologismo. Cuando hizo su irrupción el SIDA, se impuso por causa de fuerza mayor el preservativo, un viejo artilugio anticonceptivo que se había guardado en los armarios de la Historia con la llegada de la píldora y los diafragmas. Era un coñazo volver al incómodo condón, pero no quedaba otra, y ya se quedó para siempre. Pues lo mismo va a pasar con la mascarilla, esa especie de preservativo nasobucal que nos impide respirar con comodidad y oculta la mayor parte de nuestra expresión. Yo, que ya saben que siempre estoy a la última, ya me he comprado una mascarilla de diseño, faltaría más. Vean qué bien que me sienta.  


Eso es lo que yo quiero con el blog, entre otras cosas: provocarles una sonrisa. Y dirán ustedes: ¿y cómo eres capaz de estar contento con la que está cayendo? Pues el domingo leí en El País una interesante entrevista con la escritora india Arundhati Roy, autora de un libro que me impactó mucho en su día, El Dios de las pequeñas cosas, su primera novela, publicada en 1997 y con la que ganó el prestigioso premio Man Booker de ese año. No tenía muchas noticias de ella desde entonces, no ha vuelto a publicar otras obras de la misma envergadura, o yo no me he enterado. En la entrevista se desvela que durante todo este tiempo se ha dedicado al periodismo de denuncia y al activismo contra los poderes establecidos en la India. Una lucha desigual en la que se ha avanzado muy poco, el sistema de castas pervive, hay un machismo estructural inmune a cualquier evolución y ahora está en el poder un partido nacionalista que ha revertido la autonomía de Cachemira, reprimido a las minorías musulmanas y enviado tropas a las fronteras con China y Pakistán.

Una ruina. Y un peligro latente serio, porque se trata de tres países con armas nucleares. No hablemos ya de temas como la terrible desigualdad social, o el medio ambiente. Las respuestas de Roy revelan una sociedad podrida e incómoda de vivir. Pero ella mantiene la alegría, la percepción de la belleza y dice que quiere seguir en la India, para luchar por un mundo mejor. Que si no le importara su tierra, se hubiera ido a cualquier país occidental a vivir como una reina. Es la misma razón por la que Padura no se va de Cuba, Svetlana Alexiévich sigue viviendo en Bielorrusia y Yan Lianke (El sueño de la aldea Ding) seguirá siempre en China, aunque su vida no sea cómoda. Pero la periodista le pregunta a Roy cómo mantiene la esperanza después de tantos años de lucha infructuosa. Ojo a la respuesta:

Uno no puede convertirse en alguien grandilocuente que se deprime porque su lucha no avanza. Uno es como una hormiga que está cruzando una autopista por la que pasan muchos camiones: ¡no puedes deprimirte! Tienes que seguir y ser consciente de que, como ser humano, estás a otra escala de los temas sobre los que escribes. Y encontrar motivos para reír y para amar.

No es textual, le he dado un poco de gracia, pero el sentido es ese y la imagen de la hormiga es potentísima. No se puede andar con miedo por la vida. Como dicen los del pueblo de San Pedro Manrique (Soria), que cada noche de San Juan caminan sobre una alfombra de brasas a menudo con un vecino a hombros: el que sale con miedo, ya está quemado de antemano. Hay que salir con decisión y pisando fuerte. El secreto está en la cabeza. Pero, ya que hemos hablado de El País, no sé ustedes, pero yo le vengo oliendo un cambio de tendencia bastante llamativo. Hace semanas que es muy crítico con Pedro Sánchez y con el gobierno y le da mucha bola a Ciudadanos y, últimamente, a Cayetana, de cuyo cese hablaremos otro día. Por ejemplo, el domingo pasado, amaneció con una portada digital tan alarmista acerca de la segunda ola del virus, que ya me mosqueó y hasta le hice un pantallazo, que ven aquí abajo.  


Menos mal que hice el pantallazo: por la tarde suprimieron el adjetivo dramático de la noticia principal. Pero ven que no exagero. En pocos centímetros se podía leer: la segunda ola GOLPEA A ESPAÑA, DRAMÁTICO AVANCE, OLEADA DE CASOS, INGRESOS Y MUERTES, con 24 años estuve a punto de MORIR por el virus. El editorial se titulaba: Hay que actuar ya. Todo eso después de pronunciarse a favor de que se haga una auditoría independiente a la actuación del Gobierno (algo que me parece muy bien, desde luego, y también a las autonomías como la de Madrid) y varias semanas de titulares sesgados bastante sospechosos. Los que vivimos el franquismo sabemos leer entre líneas. El caso es que, leyendo la portada del domingo, pensé yo de primeras: la situación debe de ser gravísima. Y, en tal caso, qué dirán los periódicos de la derecha. Eso debe de ser ya el Aquelarre, el Desideratum, la Divina Comedia, la Biblia en pasta y el llanto y el crujir de dientes, todo remezclado. Así que me apresté a ver los demás periódicos. Aquí no hice pantallazos, pero pueden creerme.

El inMundo encabeza su edición del domingo con una entrevista tranquila con el alcalde de Madrid Almeida, quien dice que hay otras salidas a la crisis además de las que propone Sánchez. Además, destaca en cabecera una entrevista con Plácido Domingo que va a reaparecer. El PP pide al congreso que se investigue la financiación de Podemos. Y completa con otra noticia: Sánchez rechaza los vetos de Podemos a los presupuestos. Sólo debajo de estas informaciones se habla algo del coronavirus: un juez anula las medidas tomadas en Ciudad Real. Supongo que se van dando cuenta del contraste con el tremendismo de El País. Pero vayamos al ABC. Aquí siguen a lo suyo: atacando al movimiento okupa, que tanto preokupa a los ricos terratenientes propietarios de inmuebles que mantienen vacíos para especular.

Las noticias de cabecera del ABC eran: Okupación salvaje, la España secuestrada. Sexo, basura y drogas en los balcones del confinamiento okupa. Te da asco hasta dormir en tu cama, lo hemos tirado todo (hasta aquí el especial sobre la okupación). Sigo: Guía para diferenciar los síntomas de la Covid y los del resfriado. Madrid pide revocar el auto que anula la prohibición de fumar en la calle. Casado y Cayetana, historia de un divorcio exprés. Sánchez ha tenido más vacaciones con la pandemia que cuando negociaba la investidura. Creo que ven lo que les quiero decir: aquí no hay drama ni tremendismo. El ABC, igual que El inMundo sigue a su raca raca. Muy bien, veamos qué dice La sinRazón.

Titulares de La sinRazón: Cuca Gamarra dice que el PP pedirá que se investiguen las cuentas de Podemos y que se retrate Sánchez (sic). El director Marhuenda, en su artículo de fondo, se pregunta: ¿Están Casado y el PP al servicio del gobierno social-comunista? Siguiente: ante la mayor crisis de España, tenemos un gobierno invisible, todos los ministros están en la playa. Bueno, no sigo. Conclusiones. A mí me parece que los medios de la derecha son coherentes, en esta ocasión. Ellos se desgañitaron contra el estado de alarma, proclamaron que Sánchez quería aprovechar el encierro para instaurar una dictadura comunista en la que todos viviéramos de subvenciones. Se alimentó ese discurso perverso desde Vox, lo que cristalizó en las concentraciones de Núñez de Balboa y en las caceroladas, donde la gente pedía libertad.

Recuerden a la señora Ayuso amenazando con que lo de Núñez de Balboa iba a ser un juego de niños, al lado de lo que venía. Bueno, ya tienen lo que querían, ya pueden salir, ir a las terrazas y hasta a las discotecas. Lo mismo que con la derecha sucede con los nacionalistas. Sánchez usaba el estado de alarma para quitarles competencias, denunciaban. Pues ahora ya tienen también lo que querían. Entonces, si unos y otros han forzado al gobierno a desescalar precipitadamente (algo que podría estar entre las causas del nuevo brote), no tendría lógica que ahora le echasen la culpa de eso. La única que lo ha hecho es la señora Ayuso, que demuestra una vez más el tamaño de su cerebro (rápidamente en la tele han puesto sus declaraciones de antes y después). Pero, a lo que vamos. Los medios de la derecha no están haciendo sangre con el desastre que viene. Lo siguen citando en condicional y lo tratan con cierta cautela.

¿Por qué entonces esa saña y ese gore en El País? El País se ha inMundiciado. La cosa es tan llamativa que he recurrido a las fuentes. Tengo una garganta profunda en el mundo de la prensa, a quien llamo sólo en casos de apuro. Preguntado al respecto, me dice que tengo toda la razón. Que hay un cambio de tendencia en El País, coincidente con la salida de la dirección de Soledad Gallego-Díaz y su sustitución por Javier Moreno. Un hombre de Cebrián. No me tiene que explicar nada más. Hace una eternidad yo publiqué un post que se titulaba Qué mal va El País. Era un juego de palabras, pero la utilización de las mayúsculas ya revelaba mi intención. Lo releo ahora, casi 8 años después, y me sigue pareciendo cojonudo, aunque esté mal que lo diga. Les recomiendo su lectura, para lo que han de pinchar en Post #35. Si ya está todo ahí explicado, para qué lo voy a repetir.

¿Y qué pasó después? Bueno, a Forges lo indultaron del ERE y siguió publicando sus chistes hasta su muerte. John Carlin fue fulminado años después por un artículo en el que no se cagaba en el movimiento independentista catalán, sino que mostraba cierta comprensión con él. Ahora trabaja en La Vanguardia. Los demás, a la puta calle. Y el periódico empezó a ir para abajo, porque se igualó a los demás, dejó de informar y se puso a jalear como todos y, en paralelo, aparecieron algunos medios de información independiente, sobre todo en formato digital, como Jot Down, elDiario.es o CTXT. Mientras Cebrián seguía de presidente honorario, con su sueldo intacto, la empresa se iba directa a la quiebra. Hasta que los del fondo Liberty, propietarios del periódico, que sólo buscan su rentabilidad económica, tomaron cartas en el asunto. Hablaron con los herederos de la familia Polanco, a los que Cebrián había desplazado. Y de ahí salió el nombramiento de Soledad Gallego-Díaz.

Soledad es una señora de mi quinta del 51, a la que conocí brevemente hace años y que destila cultura y saber estar por todos sus poros. Y es además una periodista estupenda. Se hizo cargo del periódico el 6 de junio de 2018. Al día siguiente, la empresa hizo una encuesta interna entre el personal de redacción para valorar qué les parecía el nombramiento. Obtuvo una opinión favorable del 97,2% de los trabajadores, más del doble de lo que cosechaba el director anterior, Antonio Caño, hombre de Cebrián. Durante dos años, esta mujer ha recuperado las cifras de lectores de antes. También ha reintegrado al periódico a Ramón Lobo, Enric González y otros de los que echaron en 2012. Incluso Maruja Torres (a la que habían despedido antes del ERE) se brindó a echar una mano diariamente durante la fase más dura del confinamiento. Soledad ha estado sólo dos años al frente de El País. En junio cesó de su cargo. Me dice mi garganta profunda que, en cuanto supieron el nombre del sustituto, adivinaron lo que iba a pasar. A mí me ha costado más de dos meses darme cuenta.

En fin, cambiando de tema. Al hacer esa especie de auditoría de toda la prensa generalista de estos días, he descubierto con sorpresa que la noticia del verano no es el Covid, ni la revuelta en Bielorrusia. No señor. La noticia es la bronca en una playa entre el torero Enrique Ponce y su novia Ana Soria. Yo no sabía nada de estos personajes, pero ahora me enterado un poco. Resulta que Ponce, 48 años, se ha separado de su esposa de toda la vida y tiene una novia de 21, la tal Soria, que está de guapa como se pueden imaginar (busquen fotos de la pareja, ella publica muchas con su novio en Instagram). El amor, con esa diferencia de edad, es algo que da mucha envidia a los españolitos, que se hacen cruces y proclaman su condena social, cuando todos estarían encantados de pillarse una novia de 21 (yo el primero). El torero está tan enamorado que, cada vez que sale a la plaza, marca una A en la arena con la zapatilla y luego otra con el falso estoque, cuando entra en faena.

Desde el principio, toda la prensa rosa y no rosa acecha a la pareja, para ver qué pueden cotillear, y por eso estaban todos preparados en la playa pasando un calor de la hostia cuando sucedió la bronca. Entre las opiniones desaprobatorias que han menudeado en los meses pasados, me llama la atención la de un compañero de profesión que dice que el toro es incompatible con el amor. Que el toro huele que el torero está encoñado (con perdón) y se va a por él, igual que los perros huelen a los que les tienen miedo. Hay que ver qué canallas que son algunos. Si la envidia fuera tiña... Este tipo de parejas las defendía en cambio el gordo Chiquetete, por la cuenta que le traía. Incluso compuso una canción exitosa al respecto, que se llamaba Cuarenta y Veinte. Aquí el estribillo, vean ustedes qué hondura:

Cuarenta y veinte
Cuarenta y veinte
Es el amor lo que vale 
(y no) Lo que diga la gente.

Las mujeres a los veinte y pocos están muy guapas y lo van a poder comprobar con el vídeo de cierre, que viene que ni pintado. Buscando información más antigua de mi adorada Samantha Fish, he encontrado esta maravilla. Samantha se apunta a una jam sessión en un bar de Kansas City que se llama el Gospel Lounge. La acompañan su amigo el batería Go Go Ray y un bajo que podría ser su padre. La jam tiene lugar el 4 de enero de 2012. Samantha está a punto de cumplir 23, es casi una niña. Y aun no sabe que en el año entrante va a ser elegida la mejor artista novel de blues de los USA. Tiene ya en el mercado un álbum autoeditado y otro a tercios con otras dos chicas guitarristas. Es una joven estrella emergente en busca de la gloria.

Pero es que en este vídeo ya está todo. La presencia, la determinación, la personalidad, es ella la que manda en el trío. La forma maravillosa de cantar y sus tics de besar el micro cuando canta y retirar la boca hacia el lado izquierdo cuando grita. El perfeccionismo, que se expresa en su atención obsesiva a los botoncitos del sonido, hasta que logra lo que quiere. El virtuosismo con el que domina la guitarra. Su forma de interpretar con todo el cuerpo, ese movimiento hacia arriba de su rodilla izquierda para apoyar algunas notas. La concentración, la seriedad, el esfuerzo. Y las minifaldas y los tacones. Con 22 años. La edad a la que muchas jovencitas andan tonteando sin saber lo que quieren. Quienes tuvieran la suerte de verla en jams como esta, no dudarían de que esta chica iba a llegar lejos.

Empieza dando palmas, con la púa entre los dientes, dejando que el bajo se luzca. Amaga con empezar, pero decide dejarle otro compás. Entonces entra con su guitarra en un ritmo funk delicioso. Canta la primera estrofa con autoridad, hace un punteo de calentamiento, otra estrofa y ya afronta el punteo largo, que es espectacular. En las estrofas finales enfatiza su discurso con el dedo índice en alto. Y su último gesto con la mano derecha suelta arriba es una señal para sus dos compañeros: chavales, que terminamos ya. Al final pueden ver su expresión de complicidad con su amigo el batería, como diciendo: joder, qué bien nos ha salido. Resumiendo: profesionalidad, brillantez y entrega. Esta chica lo traía todo de serie.

La canción se llama Black Cat Bone, o sea hueso de gato negro. Habla de un amuleto característico de la cultura Hoodoo, una especie de santería equivalente al Vudú, muy extendida entre los afroamericanos de ciertas zonas del sur de los USA. El que tiene un black cat bone en el bolsillo, está tan protegido de todos los males que hasta se vuelve invisible. Y Samantha ironiza con que su chico debe de tener uno, porque, por más que lo intenta y lo intenta y lo intenta, no consigue satisfacerlo. Disfruten del vídeo. Es sensacional. Y terminen bien sus vacaciones, que lo que viene es duro.


sábado, 22 de agosto de 2020

968. Let's vote him out

Creo necesario aclarar algunos puntos previos. Cuando, hace unos meses, me ofendí y me cabreé porque estaba escribiendo unos posts cojonudos y no entraba ni Dios a leerlos, mi amigo X me cogió por banda y me dijo muy seriamente: Emilio, tú lo que tienes que hacer es escribir sobre lo que te dé la gana; olvídate de si la gente te lee o no te lee; tú tienes una cosa en la cabeza, la maduras y la escribes, y luego te desentiendes, no tienes ni que mirar las estadísticas, que además seguro que son muy poco fiables; tú tienes que mantener un nivel de calidad que sea suficiente para ti, que te satisfaga a ti; lo que luego hagan con ello tus seguidores, es problema de ellos. 

Sabio consejo que, desde entonces, sigo a rajatabla. Eso explica que le haya dedicado un post entero a mi admirada Samantha Fish. Alguno de mis comentaristas por detrás me ha dicho que le ha gustado, pero que es un poco sobredosis. Yo creo que no es una sobredosis, es una tesis sobre un personaje emergente que me parece de interés y del que por ahora no se dice nada en los medios locales, aunque no descarten que a medio plazo se hable de ella y mucho. Una tesis que seguiré desarrollando en dosis más asequibles, que tampoco hay que agotar al personal.

En cuanto a lo de revisar las estadísticas de visitas al blog, es algo que no puedo evitar hacer de vez en cuando y eso me ha permitido comprobar, por ejemplo, que mi texto sobre el puente Verrazano, que para mí es el más sólido de los últimos publicados, tiene menos visitas que otros que me parecen más flojos. Definitivamente renuncio a entender por qué unos posts tiene más éxito que otros. En cualquier caso, ya queda dicho: yo escribiré de lo que me interese a mí; luego ustedes son libres de hacer con ello lo que les plazca, incluso imprimirlo y utilizarlo para envolver bocadillos de sardinas en lata y discúlpenme la grosería (había escrito otro uso potencial todavía más zafio, pero he tenido a bien autocensurarme, que no hay por qué caer en lo escatológico).

Otra cuestión previa. Este texto lo escribo otra vez con la interfaz antigua (de momento no la han eliminado y me dejan volver a ella). ¿Saben por qué? Pues porque va a incluir la letra de una canción, con mi disposición clásica, inglés en una columna a la izquierda y su traducción casera a mi cargo en otra columna a la derecha, además del uso de un tamaño de letra más pequeño, que también utilizo en citas al principio del texto, apoyadas en el lado derecho. Esas composiciones las hago en un archivo Word y luego digo: seleccionar todo, copiar y pegar en el recuadro previsto en la página blogger.com para incorporar textos. Con la antigua interfaz, la cosa funcionaba, apenas tenía que hacer algún ajuste de márgenes. Pues con la nueva no: al darle a pegar, se empasta todo en la letra más grande, se pierden los espacios y la tabulación, y se elabora lo que, reciclando un término culinario, llamaríamos un bodrio de publicación.

Estoy pendiente de que alguien me ayude, pero mi amigo Boni anda por ahí de viaje y no estoy seguro de si será capaz de asesorarme en un tema que es más de mecanografía, que de informática, que es su especialidad. Luego está mi amiga A. que posiblemente me pueda resolver el tema. El caso es que le he enviado un Whatsapp y me contesta que está de vacaciones, en una especie de masía con piscina. Y me ha mandado la foto que les pongo más abajo, en la que sale su pie, igual que me hizo mi amiga S. desde Sicilia. Que una cosa pase dos veces ya es tendencia. Lo que no sé es cómo interpretarlo, pero es un hecho que este verano, cada vez que intento conectar con una amiga para quedar un rato a tomar algo (o a lo que ella quiera), me responde con una imagen en tiempo real con un sugerente pinrel observando un panorama idílico. Mi amiga A. no se pinta las uñas de los pies, pero es muy guapa también. 


Así que, en conclusión, yo escribo de lo que me interese a mí, y luego ustedes lo leen o no; por mí como si se operan de amígdalas, por seguir con el tono borde y faltón. ¿Y qué temas ocupan mi mente en este tiempo (aparte de Samantha Fish)? Pues básicamente dos: el coronavirus y las elecciones USA, a celebrar en poco más de dos meses. Del virus, poco les puedo contar que no sepan. Estamos en pleno rebrote, no parece que tengamos muchos medios para evitarlo, el patógeno parece algo menos letal, pero se sigue muriendo gente y tenemos que estar vigilantes, porque no cabe duda de que es mejor no pasar la enfermedad, o pasarla de la forma más leve posible y cuanto más tarde mejor, en eso coinciden todas las fuentes, porque se van teniendo más recursos contra ella.

Ahora hay una línea de investigación que dice que, ante el virus, el cuerpo humano, además de generar anticuerpos, produce también linfocitos C, que son un potente escudo contra nuevos ataques del bicho. Pueden leerlo AQUÍ. Pero lo que más me interesa es que dice que esos linfocitos C también se generan ante un simple resfriado (que también es producido por otro coronavirus, como saben). Hombre, yo, hasta que no me haga algún tipo de prueba, no puedo afirmar nada, pero les diré que llevo con un constipado crónico más de un año.

Me lo agarré en julio de 2019 y hasta ahora. Lo que pasa es que no he dicho nada en el blog, porque esta es una tribuna fina y elegante, en la que no pega hablar de mocos y otras asquerosidades. Además, no me gusta usar el blog para quejarme, aquí se viene llorado. Y tampoco es algo que me induzca muchas molestias: me despierto con mocos, me aseo adecuadamente en el lavabo y ya estoy listo para salir a correr, trabajar o lo que sea. Algunos me dicen si no será una alergia. Estoy seguro de que no. ¿Saben por qué? Pues porque tenía el catarro aquí, me lo llevé a Madagascar tres semanas y me lo traje de vuelta. Entre Madagascar y Madrid no hay ningún elemento común que me pueda producir esa alergia. A menos que sea alérgico a mí mismo.

Así que vayan ustedes a saber si no estoy de linfocitos C hasta las cejas, y por eso no me pillo el virus a pesar de dar abrazos a diestro y siniestro y estar haciendo una vida, ciertamente recogida, pero sin grandes precauciones. Por ejemplo, yo ayer quedé en una terraza del Paseo de Rosales con un par de colegas arquitectos y, en cuanto nos sacaron las birras, nos quitamos las mascarillas y nos las guardamos en el bolsillo. Y estuvimos un par de horas hablando en torno a una mesa a distancias inferiores a dos metros. Así lo he hecho en todas mis citas, algunas incluso en espacios interiores, como La Matilda. Antes de irse de vacaciones, mi amiga A. estuvo conmigo en la terraza del Botánico y, cuando salíamos hacia el Paseo del Prado, un vigilante nos regañó porque seguíamos con la mascarilla en el bolsillo.

La segunda oleada del virus está en pleno auge y no sería de extrañar que nos tengamos que recoger otra vez, hasta que pase la tormenta. Para mí no es demasiado problema, como les digo, a mí lo que me gustaría es poder salir de viaje como hacía antes. No pudiendo hacer eso, me da igual confinarme más o menos. Otro día intentamos hablar un poco más de este asunto, discúlpenme que lo despache con una faena de aliño, pero es que hoy me quiero centrar en el otro tema, en consonancia con el título del post. ¿Cómo lo traduciríamos? Pues literalmente sería votémoslo fuera. Posibles traducciones caseras de las mías: echémoslo con nuestro voto. O, aun mejor: botémoslo. Con B. En todos los casos: a él. Al innombrable. No hace falta que digamos su nombre, todos sabemos de quién estamos hablando.

Es clave para el futuro del mundo que Trump no sea reelegido. Los americanos tienen la oportunidad de echarlo con sus votos, posibilidad de la que carecen los chinos, los rusos, los bielorrusos, los turcos, y muchos otros pueblos del mundo. Ha estado cuatro años y vale, ya todo el mundo ha visto quién es. Ahora, por favor, elijan a un presidente como Dios manda. En la reciente convención demócrata se han escuchado algunas intervenciones interesantes. Por ejemplo la de Hillary Clinton: En estos cuatro años he escuchado a mucha gente decir “no me di cuenta de lo peligroso que era”, ”tendría que haber votado”, “ojalá pudiera volver atrás”. Por favor, en estas elecciones no caigamos de nuevo en el habría, el tendría o el podría. Si van a votar por correo, háganlo cuanto antes. Y recuerden: podemos sacar 3 millones de votos más y perder, se lo digo yo, necesitamos una victoria abrumadora para que Trump no nos la pueda robar.

Tiene razón Hillary (ya les he dicho muchas veces que el hubiera no existe), aunque evidencia que todavía está escocida por su derrota. No es consciente de que fue ella la que perdió por su soberbia, su falta de empatía y su desconexión con una buena parte de la clase obrera, que picó en las promesas de Trump. Pero acierta en alentar a la gente a que vote y lo haga cuanto antes. Las posibilidades de Trump van ligadas a una alta abstención o a un importante número de votos nulos por problemas técnicos. Y a que mucha gente no vaya a votar porque crea que el tema está ganado, como le pasó a la señora Carmena. Por lo demás, la convención fue telemática y una de las intervenciones más esperadas fue la de Obama, que por fin salió del congelador. Aquí una imagen de su intervención, ya ven qué viejo está.



Barack abandonó ese limbo de buenismo en el que ha vivido estos años (y parte de su presidencia), para atacar a Trump con contundencia. Este gobierno ha demostrado que es capaz de derribar nuestra democracia, si eso le hace falta para ganar. El presidente está dispuesto a poner todos los medios para que sea muy difícil votar por correo, así que háganlo cuanto antes, no permitan que les quiten su democracia. Nunca esperé que mi sucesor continuara mis políticas o mantuviera mi visión. Pero, por el bien del país, esperaba que mostrara algún interés en tomarse su trabajo en serio. Pero no ha sido así, en ningún momento ha mostrado el menor interés en tratar la presidencia como algo distinto a un reality show, para obtener la atención mediática que ansía. El resultado está ahí: 170.000 muertos por el Covid-19. Por favor, confíen en Joe y Kamala para sacar a nuestro país de este tiempo oscuro y reconstruirlo. Dicen que el presidente siguió en directo este discurso por la tele, mientras escribía uno tras otro un montón de tweets indignados en mayúsculas. 

La batalla está planteada y el resultado será reñido. Todo el planeta contiene el aliento, porque el resultado de esta contienda marcará un antes y un después. Si Trump pierde, sería quebrar una tendencia mundial nefasta, en la que podemos incluir desde el secesionismo catalán, pasando por el Brexit, la derrota del referéndum por la paz en Colombia, la propia elección de Trump en 2016, hasta el final de la libertad en Hong Kong. El mundo de la cultura se está movilizando también y, dentro de ese mundo, el rock es un elemento clave por su poder mediático. Ya les conté que los Stones han requerido judicialmente a Trump para que deje de usar las canciones del grupo en sus actos electorales. Y hace unos días les traje el vídeo de Sheryl Crow, centrado en el movimiento de las mujeres, pero claramente relacionado con todo esto. Hoy les traigo otros dos vídeos recién publicados que resultan demoledores, por la talla de sus autores y por su contenido.

Empezamos por Neil Young. El viejo oso canadiense, recluido en su casa de campo junto al lago Ontario, ha revisado la letra de su tema Looking for a leader, Buscando un líder, una canción de 2006, y la ha grabado actualizada con su guitarra. Aquí tienen la nueva letra con su traducción (por eso he vuelto a la vieja interfaz, porque aun no sé hacer esto con la nueva). Debajo de la letra tienen el vídeo que se ha grabado Young con medios artesanales. Fíjense en el artilugio para sujetar la armónica, calzado con unos piedros del lago. Parecería que por detrás suena una batería pregrabada: nada de eso, es el tacón izquierdo de Young llevando el ritmo contra el suelo de madera de su porche frente al lago. Este señor tiene 74 años.

Looking for a leader                                         Buscando un líder

Leaders walk among us                                     Los líderes caminan entre nosotros
And I hope they hear our call                             Y yo espero que escuchen nuestra llamada
Maybe it’s a woman                                           Quizá sea una mujer
Or a black man after all                                      O un negro, después de todo
Lookin’ for a leader                                            Buscamos un líder
To bring our country home                                 Para traer nuestro país a casa
Reunite the red, white and blue                        Reunir rojo, blanco y azul
Before it turns to stone                                      Antes de que se convierta en piedra

Lookin’ for somebody                                         Buscamos a alguien
With the strength to take it on                            Con la fuerza para asumirlo
Keep us safe together                                        Que nos mantenga a salvo juntos
And make this country strong                             Y haga fuerte a este país
Walkin’ among our people                                  Caminando entre nuestra gente
There’s someone to lead us on                          Habrá alguien que nos guíe
Need a rainbow of colors                                    Necesita un arco iris de colores
In a broken world gone wrong                            En un mundo roto que salió mal

Yeah, we had Barack Obama                            Sí, tuvimos a Barack Obama
And we really need him now                             Y realmente lo necesitamos ahora
The man who stood behind him                        El hombre que estuvo detrás suyo
Has to take his place somehow                        Tiene que ocupar su puesto de alguna forma
America has a leader                                        USA tiene ahora un líder
Buildin’ walls around our house                        Que construye muros alrededor de nuestra casa
Who don´t know black lives matter                   Que no sabe que las vidas de los negros importan
And we got to vote him out                               Y lo vamos a botar

We got our election                                           Tenemos nuestras elecciones
But corruption has a chance                              Pero la corrupción tiene su oportunidad
We got to have a big win                                   Tenemos que lograr una gran victoria
To regain confidence                                         Para recuperar la confianza
America is beautiful                                           USA es hermosa
But she has an ugly side                                   Pero tiene una cara fea
We’re lookin’ for a leader                                  Buscamos un líder
In this country far and wide                               A lo largo y ancho del país

Just like his big new fence                                Igual que su enorme valla nueva
This president’s going down                             Este presidente se está viniendo abajo
América’s moving forward                                USA está yendo más allá
You can feel it in every town                             Puedes sentirlo en cada ciudad
Scared of his own shadow                                Asustado de su propia sombra
Buildin’ walls around our house                        Construyendo muros alrededor de nuestra casa
He’s hiding in his bunker                                  Escondiéndose en su bunker
Something else to lie about                              Algo más sobre lo que mentir

We don’t need a leader                                    No necesitamos un líder
Building walls around our house                      Que construya muros alrededor de nuestra casa
Who don’t know black lives matter                   Que no sepa que las vidas de los negros importan
And it’s time to vote him out                             Y ya es hora de que lo botemos
We’re lookin’ for a leader                                 Buscamos a un líder
With the great spirit on his side                        Con nuestro gran espíritu de su lado
Lookin’ for a leader                                           Buscamos un líder
In this country far and wide                              A lo largo y ancho del país
We’re lookin’ for a leader                                 Buscamos un líder
With the great spirit on his side                        Con nuestro gran espíritu de su lado


No me digan que no les pone los pelos de punta. Por cierto, se ha sabido estos días que el crowfunding que se organizó para pagar el muro con Mexico (con el que Trump fanfarroneó primero diciendo que lo pagarían los propios mexicanos) ha desembocado en que el dinero se lo estaban llevando a manos llenas los desaprensivos que lo organizaron, encabezados por el impulsor de fascismos en Europa Steve Bannon. En efecto, la iniciativa We build the wall recaudó unos 25 millones de dólares, que ahora no se sabe dónde están. La fiscalía dice tener pruebas de que Bannon se ha cogido de la caja común al menos uno de esos 25 millones para sus gastos particulares suntuarios. El tipo fue detenido en el puerto de Westbrook (Connecticut), en donde fondeó el yate en el que está pasando el confinamiento, propiedad de su amigo el milmillonario chino fugado Guo Wengu y valorado en unos 35 millones de dólares. Desembarcó para reponer suministros y lo estaban esperando.

Los agentes se lo llevaron para un juicio rápido, de esos que salen en las series americanas de abogados. El juez de turno le impuso una fianza de 5 millones, que abonó inmediatamente. Salió de la comisaría muy indignado, diciendo que esto lo único que busca es joder a los que querían ayudar a construir el muro, que él sólo estaba gestionando la cuenta, como hace con muchas otras. Conviene conocer todos estos detalles para entender completamente la catadura de este sujeto. El tipo es tan impresentable, que hasta el propio Trump, preguntado al respecto, se ha desmarcado de él y ha dicho que hace mucho que no hablan y que, si la acusación es cierta, le parece muy feo. Abajo el retrato del sujeto, para que no se les despinte.


Vale, Neil Young les ha dejado patidifusos, pero aun les queda el plato fuerte. Porque, como no podía ser de otra manera, el Boss se ha pronunciado también. Él no ha retocado una antigua letra, como Young, sino que ha aprovechado una vieja canción para editar un vídeo claramente propagandístico que ha producido con su dinero y puesto a disposición del ticket demócrata. Es un vídeo tan explícito que es casi pornográfico (figuradamente). Aquí está todo: el coronavirus, las ciudades vacías, los estadios sin público, los enfermos aislados y también los disturbios por el asesinato de George Floyd. Bruce Springsteen tiene una vieja amistad con Obama, para quien tocó muchas veces en la Casa Blanca, incluyendo un concierto de despedida, días antes de que le pasara los trastos a Trump. Aquí pueden ver una foto de ambos en algún mitin.


La canción se llama The Rising, que viene a significar como el resurgimiento, o el renacimiento y tiene una historia que explica por qué su letra sirve en estos momentos. Porque este tema fue compuesto a raíz del 11-S. Acerca del 11-S, quiero contarles algo muy personal. Para mí fue uno de los disgustos más grandes que me he llevado en mi vida, el día en que de verdad entendí que el techo protector bajo el que me creía a salvo, era de cristal del más frágil. Corría el año 2001 y yo era por entonces un padre de familia que vivía en la sierra en una casa enorme con piscina. Aquel verano, como todos, durante los meses de julio, agosto y septiembre, en mi trabajo se salía a las dos de la tarde. Recuerdo que ese día cogí el coche, llegué a mi casa, en ese momento vacía, me puse el bañador y me hice unos cuantos largos. Me sequé y puse la tele, para ver las noticias mientras me hacía la comida. Entonces vi que no había noticias. El televisor mostraba un plano fijo en directo con una imagen de las Torres Gemelas en las que al parecer había impactado una avioneta o algo por el estilo, decían.

Miré distraídamente a la pantalla sin darle demasiada importancia y entonces, como en una pesadilla, pude ver en directo cómo se aproximaba el segundo avión y cómo explotaba al estrellarse contra la segunda torre. Me quedé lívido, aterrorizado, toda la tarde pegado a la pantalla sin podérmelo creer. Ni comí ni nada ese día. Cuando llegaron los niños del cole me senté con ellos y les dije que había pasado una cosa muy mala y que tal vez nuestra vida ya no sería igual que la que habíamos soñado. Me escucharon muy serios, eran pequeños y estaban deseando que los dejara irse a jugar al jardín. Y recuerdo también que en los días siguientes comuniqué mi terror y mi desolación a amigos y compañeros de trabajo. Casi todos estaban conmigo, pero escuché dos opiniones que nunca he olvidado.

Uno, arquitecto, con ese esnobismo de los arquitectos que tanto me irrita, me dijo que para él había sido algo emocionante, grandioso, fascinante, por el talento científico que se requería para su preparación, por su precisión geométrica, por la puntería con que se habían alcanzado los blancos programados. Según él era algo de una belleza cósmica. El otro me dijo que pensaba que no era un mal día para la Humanidad, sino sólo para Estados Unidos, que él era gallego y en su tierra, que estaba en la periferia del imperio, la vida seguía exactamente igual que el día anterior. Como lo oyen.

Me recuerdo a mí mismo discutiendo a voz en grito con ambos sucesivamente, como casi nunca hago, en medio de sendos grupos de contertulios alucinados, porque nunca me habían visto tan enfadado. Por cierto, el primero de ellos reconoció años después que yo tenía razón y me pidió disculpas. Sucedió con motivo del 11-M, que a él le impresionó por la cercanía, mientras que para mí ya no fue ninguna sorpresa. Y he de decir que, casi 20 años después, con ninguno de los dos he reconstruido la relación, ni la opinión que tenía antes de ambos. La gente se define en momentos como ese.

El 11-M me sigue pareciendo el punto de inflexión de nuestra Historia más reciente. Y Bruce Springsteen lo entendió así desde el primer momento. Por eso, en cuanto pudo y antes de que se le pasara el shock, se encerró en el estudio de grabación para componer unas canciones en respuesta a la catástrofe y para animar al personal a reconstruirse. Llevaba siete años sin sacar un disco de estudio, pero en marzo de 2002 ya lo tenía listo para publicar. El disco se llamó The Rising, igual que una de sus canciones más características, la que precisamente ahora le ha servido al Boss para elaborar su vídeo electoral.

La ocasión es similar al 11-S, por culpa del virus, otro punto de inflexión de la Historia, aunque aún no sepamos hacia donde. Por eso, la canción sirve tal cual, no hace falta cambiarle la letra. Les pido que vean el vídeo. Si Neil Young pone los pelos de punta, el Boss nos lleva al borde de las lágrimas. Después de ver esto, estoy convencido: GANAREMOS, COÑO. Vamos a echar al del pelo-panocha del poder. Sus cuatro años en la Casa Blanca, serán sólo un mal sueño, de esos que se terminan por olvidar. Estoy seguro de que vamos a salir de esta pesadilla. Sólo que hay que currárselo y mucho. Así que Let’s vote him out. Adelante. El mundo nos pertenece. Cuídense.