viernes, 28 de junio de 2013

143. Sobre la belleza

La percepción de la belleza es algo que evoluciona y se depura con la edad. A mí, ahora, cumplidos los sesenta, algunos paisajes, especialmente del otoño, me emocionan como nunca antes. Y me hacen recordar cómo, cuando era pequeño, mi padre me llevaba a ver determinadas zonas de Galicia o de La Mancha, y trataba de trasladarme sus sensaciones sobre algo que él captaba como maravilloso y único. A mí aquello me resultaba un rollo interminable. Con los años he ido entendiendo la forma en que mi padre miraba los campos sembrados y se extasiaba frente a las choperas lineales mecidas por el viento. Algo parecido sucede con la pintura, la música clásica, la literatura y otras formas de belleza que, a veces, te muestran de niño intentando que las entiendas y haciéndote pasar unos ratos de aburrimiento supino, punteados por la pregunta inevitable: ¿Falta mucho para acabar?

Como han podido comprobar los que siguen este Blog, soy heterosexual y eso hace que, cuando alguien me habla de belleza, así, en abstracto, a mi mente acuda por sistema la imagen de un rostro femenino. En esto la cosa también evoluciona con la edad. Cuando uno es joven, la belleza femenina se representa de cuerpo entero. Luego, a medida que las urgencias hormonales se van desvaneciendo, esa imagen se va reduciendo también y se queda en una cara, unos ojos, una sonrisa. Hoy no tengo ganas de escribir un texto largo y voy a centrar este post en un par de vídeos, que explican lo que quiero decirles mucho mejor de lo que yo podría expresar con palabras.

Lo que una mujer puede expresar en una mirada al descuido, un parpadeo, el gesto de apartarse el pelo de los ojos, es algo que colma mi ansia de disfrutar de las cosas hermosas del mundo. En la naturaleza hay formas y colores preciosos, lo mismo que en la música. Pero para mí nada iguala al momento en que una mujer te formula un razonamiento, ayudándose con las manos, esas hermosas manos femeninas, y te mira un instante a los ojos, como para constatar que la sigues, que estás de acuerdo.

Porque las mujeres siempre buscan tu aprobación. Ellas tienen las ideas, pero necesitan que se las apruebe el hombre, para sumar su fuerza física al proyecto. Una amiga mía muy feminista sostiene que las notas de corte de admisión en las diferentes carreras (las que quiere subir Lo-que-hay-que Wert), deberían ser diferentes por géneros. Porque a los diecisiete, las mujeres son seres maduros perfectamente seguros de lo que quieren. Mientras que los hombres somos unos gilipollas. Yo añadiría que después también. Discúlpenme, no quiero insultar a nadie, es que estoy en un momento bajo de mi autoestima masculina. Miro a mi alrededor y me cuesta encontrar hombres a la altura de las mujeres que me rodean. Ellas tienen la razón y esa también es una forma de belleza.

Aquí está mi primer vídeo. En 1989, la cantante irlandesa Sinead O’Connor grabó una canción de Prince que es una maravilla, y su discográfica decidió promocionarla con la producción del vídeo que aquí les muestro. Una mujer guapa, no necesita pintarse, ni ponerse pendientes, ni siquiera tener el pelo largo. Le basta mirar de frente a la cámara y expresar sentimientos. Escúchenla. Súbanle el volumen, pónganla en pantalla completa e intenten sostener su mirada.



¡Qué intensidad! La cámara inmortalizó este momento de gloria de una mujer guapísima con una voz única. Pero la belleza es también un valor efímero. Más de veinte años después, Sinnead O’Connor tiene un aspecto bastante diferente, no voy a tener el mal gusto de mostrárselo. Está en Internet. Sinnead se ha dado una vida bastante baqueteada y los años no perdonan. En 1989 estaba en el cenit de la belleza. En realidad, sólo le faltaba una cosa: una sonrisa. La gente que se toma a sí misma tan en serio, sufre mucho desgaste. 

Para desengrasar, como quien dice, aquí les dejo otro vídeo, centrado precisamente en la sonrisa de otra mujer muy guapa: Audrey Hepburn, actriz admirable que envejeció mucho mejor a partir de su capacidad para sonreír. Un admirador ordenó esta serie de fotos de sus sonrisas, sobre la música inolvidable de la gran Edith Piaff. Disfruten de ella y que pasen un buen fin de semana.


miércoles, 26 de junio de 2013

142. Rodríguez

Les hablo de la película “Searching for Sugar Man”, último Oscar al mejor documental. No he querido referirme a ella hasta ahora, por no adelantarles el giro de guión que se produce a mitad de su metraje, una circunstancia que pilla por sorpresa al espectador que no se ha informado previamente, a partir del cual, la historia cierta que en ella se cuenta, adquiere tintes verdaderamente asombrosos. Yo no he escuchado nunca una historia como esa. Me animo a hablar de ello, porque ya todo el mundo ha visto la película, que se mantiene en cartel meses después de su estreno, en un fenómeno que se realimenta continuamente por el boca a boca. Así que si usted, querido lector de mi Blog, no la ha visto todavía, está a tiempo de dejar de leer este post, para que no se le fastidie la visión de esta película, que sin dudar le recomiendo.

La historia nos habla de un chaval nacido en Detroit de padres mexicanos, que a finales de los sesenta se dedica a cantar por los bares de esta fría y desapacible ciudad industrial en declive, del norte de los USA. El tipo es tan bueno que unos productores avispados creen ver en él al nuevo Bob Dylan y le proponen grabar un disco. Ese disco, llamado Cold Fact, se publica en 1970. Resultado: fracaso total, nadie lo compra. Es algo bastante incomprensible, porque las canciones son buenísimas, están bien grabadas, tienen letras impactantes y nuestro hombre tiene una voz singular, cariñosa, sugerente, acariciante y potente a la vez.

El tipo vuelve a su mundo de vagabundear y tocar por los bares para sacar unas perrillas con que pagarse una cama y una cena caliente. Y un año después, la historia se repite. Otro productor diferente le escucha una noche, alucina con su música y lo convence de grabar de nuevo. Le sugieren cambiar de nombre, al fin y al cabo Dylan se llamaba Robert Zimmerman, nombre con el que jamás hubiera triunfado, le dicen. Pero el tipo es terco: él se llama Rodríguez y así quiere aparecer en sus grabaciones. El nuevo disco, Coming from reality, tan bueno como el primero, se publica en 1971. Con idéntico resultado. Y ya no se vuelve a saber nada del bueno de Rodríguez. Su estela se pierde en el limbo de los artistas que desaparecieron sin alcanzar el éxito.

Nadie sabe con exactitud por qué, pero el caso es que ambos discos llegan a Sudáfrica poco después. En la película se sugiere que tal vez una chica norteamericana se los trajo de regalo a un novio sudafricano. En los setenta, Sudáfrica está en los momentos más duros del apartheid, aislada internacionalmente y sometida a duras sanciones. Entre los blancos progresistas hay mucho miedo, deben moverse con cautela porque están fuertemente vigilados por un régimen consciente de que está viviendo sus últimos alientos. Los españoles que vivimos los últimos años de Franco sabemos de qué se está hablando.

Los dos discos de Rodríguez se empiezan a multiplicar en copias en casette que la gente se pasa clandestinamente en ese ambiente asfixiante. Y las canciones de estos discos se convierten en el símbolo de la ansiada libertad, como el Grándola de los portugueses. Cuando llega la democracia, los discos aparecen en las tiendas y la gente se los compra. Rodríguez es un músico al que todos los sudafricanos adoran, su música suena en todas las fiestas, jóvenes y mayores tararean sus canciones. Pero nadie sabe dónde está, ni que fue de él. Ni siquiera hay certeza de que viva, treinta años después de las grabaciones.

Todavía están a punto de dejar de leer y salir corriendo para el cine. Porque aún no hemos llegado al minuto cero de la película. En efecto: el documental, cuyo desarrollo no les voy a contar, parte de esa historia previa y narra al detalle la investigación que emprenden dos periodistas musicales de Ciudad del Cabo, intentando encontrar el rastro del Sugar Man. Los tipos se estudian las letras de las canciones de Rodríguez en busca de referencias que permitan situar el barrio en el que vivía en Detroit. Tiran del hilo de los derechos de autor que devengan los discos reeditados. Ponen carteles y hacen búsquedas por la red. 

Hasta que consiguen su objetivo y constatan que Rodríguez vive y tiene 60 años (ahora, diez años después de esta peripecia, ya tiene 70). Este es el giro de la historia que me resistía a desvelarles, así que, si no han visto la película y han leído hasta aquí, pues ya la han cagado. En el documental hablan sus tres hijas, que cuentan que su padre, al ver que no triunfaba como músico, se puso a trabajar de albañil en Detroit, de donde nunca se movió. Que jamás le oyeron quejarse de su suerte. Que las llevaba a los museos y las bibliotecas, enseñándoles la importancia de la cultura. Sus compañeros de cuadrilla hablan de él como de una especie de gentleman del ladrillo, que nunca se ponía nervioso, que hablaba siempre correctamente, que asumía las tareas más duras con una sonrisa en la boca. 

Una vez que lo encuentran, lo invitan a ir a Sudáfrica y le preguntan si se animaría a dar un concierto. Y el tipo dice que por supuesto, que en esos treinta años no ha dejado de practicar con la guitarra. Que está en forma. Y es emocionante la naturalidad con la que baja del avión y saluda a las multitudes que esperan a su ídolo. El concierto está previsto en un palacio de deportes, con el mejor grupo de rock sudafricano como telonero. El líder de este grupo cuenta en la película cómo se puso a disposición de Rodríguez para adaptar el equipo de sonido a su banda, y la respuesta de éste: “No, si yo no tengo banda, sólo traigo mi guitarra”. Al final ellos mismo lo acompañan, y las imágenes del concierto son una de las partes más emotivas de la película. Aclamado por la multitud que abarrota el local, el tipo sale, saluda con una sonrisa a la gente y empieza a tocar, como si hubiera estado toda la vida dando conciertos de masas.

La vida posterior de Rodriguez le ha permitido retomar su carrera artística y se supone que vivir del invento. Sus dos discos, más el de la banda sonora de la película, están ahora entre los más vendidos en todo el  mundo. Este verano se anunció su presencia en el Primavera Sound, en Oporto y en Barcelona (nunca ha tocado en España), pero el concierto se canceló por motivos de salud. No olvidemos que el hombre tiene 70 años. Les dejo una pequeña joya como muestra de su talento: la canción Establishment Blues, de su primer disco. Dura dos minutos justos. En ese breve tiempo, Rodríguez desgrana una letra demoledora, que les he traducido al castellano. Convendrán conmigo en que un tipo capaz de componer esto en 1970, es un verdadero genio. En el vídeo tienen algunas imágenes de Rodriguez en los setenta. Abajo les pongo una foto actual. Disfruten de todo ello.



                Establishment blues (esto no es una canción, es un estallido)
El Alcalde esconde las tasas de crimen
La concejala duda
El personal se enfurece, pero olvida la fecha de votar
El hombre del tiempo quejándose
Predijo sol, está lloviendo
Todo el mundo protestando, el novio sigue diciendo:
Tú no eres como las demás

La basura no se recoge, las mujeres no están protegidas
Los políticos usan, a la gente de la que abusan
La mafia crece y crece, como la contaminación en el río
Y tú me dices que eso es lo que está de moda

Me desperté esta mañana con dolor de cabeza
Me vestí con cualquier cosa y me arrastré fuera de la cama
Abrí la ventana para escuchar las noticias
Y todo lo que oí fue el Establishment blues

El comercio de armas aumenta, las amas de casa ven sus vidas aburridas
El divorcio es la única respuesta, fumar produce cáncer
Este sistema va a caer pronto, bajo una joven y cabreada melodía
Y eso es un hecho concreto

El Papa hunde a la población, hay libertad de impuestos
Las quinceañeras están nerviosas, bebiendo junto a un semáforo
Las minifaldas coquetean, no puedo parar que me hago daño
Las solteronas venden sus pechos ajados

Se juega al adulterio en la cocina, los polis no son de ficción
El hombre corriente es maltratado, sus hijos y su dinero requisados
Viviendo en un trozo de tiempo, hay una nueva guerra en el lejano oriente
¿Podrías tú pasar el test de Rorschach?

                Es un follón, es una conjetura
                Francamente: no podría importarme menos


lunes, 24 de junio de 2013

141. El gran Chacho, un coruñés en el Guiness

Tal como se pronosticaba en mi post #135, el paso de la selección de Tahití por la Copa de Confederaciones de Fútbol se ha saldado con una serie de goleadas, en la que destaca la que le endosó España, 10-0, con cuatro goles de Torres. Ni el jugador ni la selección han batido, sin embargo, los correspondientes records históricos, inscritos en el Guiness World Records, que datan ambos de 1933, el momento más dulce de la Segunda República y también el mejor momento (hasta ahora) de la selección española de fútbol, por entonces considerada la mejor del mundo, etiqueta que ostentaría hasta el comienzo de la Guerra Civil. 

El 21 de mayo de 1933, se establecieron los dos records, la mayor goleada de nuestra selección (13-0, a Bulgaria) y el mayor número de goles anotado por un jugador español en partido internacional (seis). ¿Y saben ustedes quién fue el autor de semejante hazaña, nunca igualada? Pues, por supuesto, un coruñés: Eduardo González Valiño, más conocido por su sobrenombre artístico, Chacho. Después de esa fecha, España sólo se ha acercado una vez a ese registro, el día del famoso 12-1 a Malta, en 1983. La goleada a Tahití es, pues, la tercera mayor de la historia. En cuanto a la marca de Chacho, sólo Lángara se acercó en 1934 al marcar cinco goles a Portugal, en partido del que se habla más abajo. Otros varios han marcado cuatro de una tacada, como Zarra, Butragueño, Raúl y el citado Torres.

Nacido en 1911, en la cuesta de San Agustín, Chacho demostró desde niño una habilidad con el balón que los que le vieron jugar sitúan a la altura de la de Pelé y Di Stéfano. Era un auténtico malabarista, al que en La Coruña se le considera uno de los cuatro mejores jugadores locales de la historia, junto con Luis Suárez, Amancio y el portero Acuña. ¿Y cómo es que semejante portento no llegó al Olimpo de las grandes figuras históricas del fútbol? Pues por culpa de dos grandes handicaps que lastraron su carrera: su indolencia y las lesiones. Sumados a un tercer obstáculo insalvable que se interpuso en su trayectoria: la guerra.

Chacho empezó jugando de juvenil en el Varela Silvari, un equipo aficionado que todavía existe y que toma su denominación de la calle donde estuvo su primera sede social, una vía que también subsiste en el actual callejero coruñés, dedicada a un olvidado músico gallego del XIX. El ojeador del Deportivo Rodrigo García Vizoso lo vio jugar y se lo llevó al equipo de alevines del club. Debutó con los grandes a los 18 años, en 1929. Los que tuvieron la suerte de verle jugar, hablan de un tipo que acariciaba el balón como Iniesta, que técnicamente era un portento, que daba pases precisos de cuarenta metros y que chutaba de volea con una precisión y una potencia sorprendentes en un jugador de aspecto frágil. 

Pero los seguidores del Deportivo debían alternar sus genialidades con fases de absentismo que desesperaban al más pintado. Chacho no corría, si no tenía el balón cerca. Sólo cuando se lo daban al pie iniciaba sus galopadas por el interior izquierdo con la pelota como cosida a la bota, internadas que terminaban en un regate y un disparo certero. El resto del tiempo caminaba por el campo. Eran los tiempos en que los equipos jugaban con tres defensas, dos medios y cinco delanteros, en la disposición que aún se ve en los futbolines (por cierto, inventados por otro gallego, del que ya hablaré otro día). El propio jugador dijo en una entrevista que él no tenía por qué correr. “El que tiene que correr es el balón, que no se cansa” es su frase más recordada. 

En cuanto a las lesiones, tenía un menisco medio destrozado desde que le habían dado una patada de niño, jugando en la calle. Un contrincante con mala uva se hartó de que aquel mocoso le regateara todo el rato. Los más viejos del lugar aún recuerdan la imagen de Chacho parándose en plena carrera, agachándose un instante para colocarse bien la rodilla con una mano y seguir su carrera. En los tiempos actuales seguramente le habrían curado su dolencia con láser o con inyecciones de plasma, pero en aquellos tiempos no había tales remedios.
  
A pesar de sus hándicaps, la magia de Chacho trascendió de su tierra natal, y el seleccionador nacional decidió convocarlo para jugar con España, algo realmente asombroso, porque no olviden que el Deportivo era un equipo de la periferia, que jugaba en la Segunda División, y no ascendería a Primera hasta después de la guerra (ver post #30). En 1933 la selección se preparaba para el Mundial que la Italia de Mussolini estaba organizando para el año siguiente. El seleccionador Amadeo García Salazar convocó a Chacho y le hizo debutar como titular en el amistoso contra Bulgaria que se jugó el 21 de mayo en el viejo campo de Chamartín.

Era la época dorada del optimismo republicano, pero el campo no se llenó, porque estaba lloviendo a mares. Los pocos aficionados que acudieron al viejo campo madrileño, escucharon estoicamente bajo sus paraguas la interpretación del Himno de Riego que dio paso al partido. Tal vez fue la lluvia lo que hizo que Chacho se sintiera como en Riazor. O la ilusión del debut con la selección. El caso es que a los veinte minutos de juego ya había marcado tres goles y el público puesto en pie le ovacionaba sin creerse lo que estaba viendo. A los búlgaros les llovían pepinazos desde todos los ángulos. Con resultado al descanso de 6-0, el seleccionador búlgaro decidió cambiar al portero titular, que estaba muy desanimado. Al suplente le cayeron siete. Chacho marcó otros tres y un cuarto que rebotó en un defensa, por lo que el árbitro lo consideró como gol en propia puerta y no se incluyo en la cuenta del record.

Chacho sólo jugaría dos partidos más con la selección. En 1934, España debía eliminarse con Portugal por un puesto en el Mundial de Mussolini. Resultado: 9-0. Entre los goles, los cinco ya reseñados de Lángara y uno de Chacho, su séptimo y último como internacional. En el Mundial, a Chacho le tocó jugar la eliminatoria de cuartos de final con la anfitriona. Y Mussolini tenía que ganar su Mundial por lo civil o por lo criminal, como Videla el suyo, muchos años más tarde. Los azzurri se emplearon con una dureza inusitada, que terminó con siete españoles lesionados, entre ellos el portero Zamora, al que le rompieron dos costillas. El árbitro que lo consintió, un suizo acojonado, no volvió a arbitrar ningún partido en su vida. Y los periodistas que siguieron el Mundial reconocieron que España era la mejor selección del momento.

Chacho era ya por entonces jugador del Atlético de Madrid. La repercusión de su partido mágico con Bulgaria había llevado a los dirigentes del club de la capital a fichar al gallego de oro. Chacho jugó en el Metropolitano dos temporadas. En su infausto último partido, en 1936, el equipo se jugaba la permanencia en Primera División y Chacho falló el penalti que hubiera salvado al club de la Segunda. Es el único penalti que Chacho falló en toda su carrera. Descorazonado y señalado por la afición, se volvió a su tierra. Y a los pocos días, estalló la guerra. Chacho fue movilizado por las tropas nacionales, que se habían hecho con La Coruña en tres días, y pasó a ser un  humilde artillero. Tras la contienda civil, Chacho jugó todavía unos años en el Deportivo y marcó uno de los dos goles del ascenso (post #30). 

A Chacho le tocó vivir una época histórica convulsa, en la que la medicina no tenía los adelantos de hoy en día y se jugaba al fútbol con un balón muy duro, unas botas arcaicas y una sola táctica: todos arriba y el que pueda que remate. Se vio además afectado por la maldición de los españoles que integraron aquella selección única. Porque ninguno de los que jugaron el Mundial de Mussolini volvió a ser convocado después de la guerra. Algunos murieron en los frentes, otros se retiraron por viejos, como Zamora, otros fueron vetados por republicanos. La España que ellos representaban, ya no existía. Había sido aniquilada.

A Chacho no volvieron a llamarlo por el estado de su rodilla, aunque siguió prodigando sus genialidades intermitentes en el Deportivo. Tras dejar el club en 1947, aun tuvo el valor de reforzar a un equipo juvenil a petición de su presidente: su viejo amigo Rodrigo García Vizoso. Consiguió subirlo a Tercera y luego se retiró. Se cuenta que en un partido a domicilio marco otra vez seis goles y la Guardia Civil tuvo que intervenir para liberarlo de los aficionados locales que querían tirarlo al río. Murió en 1979. En La Coruña, junto al Estadio de Riazor, hay una estatua dedicada a este gran jugador.

viernes, 21 de junio de 2013

140. Sobre el próximo Nobel de Literatura

                                                                                                        The President called
          To give me the news
          I‘ve been awarded the Nobel prize
          In rhythm’n blues
      Lou Reed: Down at the arcade (1984) 

Asisto a la presentación en España de una  iniciativa de la red danesa INDEX, una empresa cuyo lema es Design to improve life y está patrocinada por la Corona de ese simpático país nórdico que he visitado dos veces. La embajadora, una mujer espigada de ojos inteligentes y buen manejo del español, habla con entusiasmo de esta propuesta dirigida al mundo de la educación, que promueve un cambio de orientación lectiva cuyo objetivo es preparar a los jóvenes para ser emprendedores, tener mayor facilidad de cambiar de trabajo y disfrutar de una vida más creativa a través del diseño.

La marca INDEX se creo en 2002, con la idea de aportar un valor añadido a la tradición de buenos diseñadores que hay en Dinamarca. Es justo ahora cuando están ampliando su campo de acción, porque hasta hace poco, su actividad se centraba en dar unos premios internacionales anuales a empresas o individuos que hubieran aplicado criterios de buen diseño a productos comercializados con algún componente medioambiental o solidario. Les cito las seis categorías que se premian cada año, con algunos ejemplos de diseños premiados, para que lo entiendan.

Cuerpo (unas gafas para niños, un casco de ciclista cómodo y bonito), Casa (un sistema barato de autoconstrucción, un mecanismo individual de purificación de agua), Trabajo (una Web de ofertas laborales, una red de contactos entre artesanos), Ocio (la red I-tunes fue una de las premiadas), Comunidad (un sistema de coches eléctricos urbanos) y una última categoría de elección popular, que uno de estos años premió un modelo de sacos de dormir para la gente que tiene que vivir en la calle.

Los países nórdicos son muy dados a este tipo de premios, organizados a imagen y semejanza de los Nobel, los más conocidos de todos. Como ustedes seguramente saben, Alfred Nobel fue el inventor de la dinamita que, en su ingenuidad, creyó que el producto de su talento se iba a emplear en la minería y otros usos pacíficos. La mala conciencia que le produjo comprobar su utilización masiva para fines bélicos, le hizo crear una fundación bajo su nombre, que cada año premiaría los valores que quería fomentar. Los premios Nobel son también seis: Física, Química, Medicina, Economía, Literatura y el de la Paz.

En cuanto al premio de literatura, cualquiera puede enviar a la Academia Sueca la candidatura del escritor que estime merecedor del galardón. Cada año se recogen en torno a cien propuestas. Recuerdo a un tipo barbado y estrambótico que hace muchos años circulaba por las calles con una pancarta que decía: Liberto, candidato al Nobel. Los de la Academia eligen cinco finalistas, entre los que se pronuncian más adelante. Por ejemplo, este año ya han anunciado que tienen seleccionados a sus cinco finalistas y que desvelarán el nombre del ganador, como de costumbre, en el mes de octubre. Más abajo les hablaré de mis candidatos, pero ahora quiero centrarme en una curiosidad al respecto.

Resulta que, según los estatutos de la Fundación Nobel, los nombres de esos finalistas no pueden ser conocidos, con la excepción, lógicamente, del ganador. Ese secreto sólo puede ser desvelado cincuenta años después de la concesión del premio. De acuerdo con esa norma, a comienzos de este año han dado a conocer los nombres de los cuatro contrincantes del ganador de 1962, el americano John Steinbeck (me viene a la memoria su delicioso cuaderno de ruta Viajes con Charlie, en el que cuenta su periplo americano en un coche viejo, acompañado por el Charlie del título, su perro fiel).

Ahora se ha sabido que los otros finalistas fueron el poeta inglés Robert Graves, el dramaturgo francés Jean Anouilh, el británico Lawrence Durrell y la escritora danesa Karen Blixen, la inolvidable figura en la que se inspira la película Memorias de África. Ninguno de los cuatro conseguiría jamás el Nobel. Tal vez tenga sentido que no se haga público en el momento el nombre de los perdedores. Debe de dar bastante rabia saber que se ha quedado uno a las puertas de un reconocimiento como ese. Algo que puede suceder en muchas ocasiones. El propio Steinbeck fue finalista unas diez veces antes de ganar, como se ha sabido después.

En concreto, Blixen, que escribía unos magníficos relatos muy personales firmados con el seudónimo Isak Dinesen, fue descartada por un motivo de fuerza mayor: falleció precisamente ese año en el mes de septiembre, antes de la proclamación del ganador. Los estatutos de la Fundación especifican que los premios no pueden ser póstumos, aunque en 2011 se admitió una excepción con el de Medicina, fallecido horas antes de que se hiciera público su nombre. 

¿Quiénes serán esos cinco finalistas ya elegidos, cuatro de cuyos nombres se guardarán en una cámara blindada hasta el año 2064? Pues no les sorprenderán mis candidatos. En realidad, me parece vergonzoso que aun no hayan recibido ese galardón Haruki Murakami, Paul Auster, Philip Roth o Alice Munro. Para mí están por delante de algunos ganadores recientes. Pero, en fin, la lista de los que nunca lo ganaron está llena de nombres ilustres: Marcel Proust, Borges, Cortázar y tantos otros. Y qué decir del hecho sangrante de que se lo dieran a Echegaray y no a Valle Inclán. Qué ojo certero el de los académicos suecos del momento. El mismo ojo que les llevó a premiar a Winston Churchill por su libro de memorias. La ventaja de ese dislate es que, ante las risas planetarias que suscitó, ni se les ocurre repetir tal ridículo. Lo que nos libra de que se lo den al del bigote.

Disfruten del fin de semana con más horas de luz del año.

miércoles, 19 de junio de 2013

139. Paranoias

Viernes 14. Tarde noche. Asisto a la representación de Autorretrato de un joven capitalista español, el impactante monólogo de Alberto Sanjuán, que no les puedo recomendar porque he comprobado que ya no quedan entradas para ninguno de los días previstos en el Teatro Alfil. Supongo que lo repondrán más adelante, porque es extraordinario. Entre el público, muchos de sus compañeros de la farándula; reconozco a David Trueba, Malena Alterio y a un Antonio de la Torre cuyas carcajadas resuenan en el teatro, haciéndole reír al propio Sanjuán, que se ve forzado a improvisar una protesta: “joder, que esto es muy serio”.

La obra comienza con la presentación del personaje: se trata de un tipo con éxito profesional y vital, al que adoran las mujeres, la vida le sonríe y gana mucho dinero. Y, de pronto, se queda sin trabajo y se lo replantea todo. Para encontrar una explicación sobre el origen de lo que le está sucediendo, tira de una serie de libros y descubre la superchería que le han vendido hasta entonces, en forma de Estado del Bienestar. Los libros que va consultando, se quedan al final en el escenario a disposición del público, que puede ojearlos o anotar sus títulos, para comprarlos en alguna librería.

Vamos con algunas de las cosas que dicen esos libros. Franco lo dejó todo atado y bien atado, con instrucciones precisas al Príncipe, actual Rey. El advenimiento de la Democracia fue algo perfectamente controlado y previsto hasta sus más mínimos detalles en la mente del dictador. Un ejemplo: el congreso nº 13 del PSOE celebrado en Suresnes, en el que fue elegido un desconocido que se llamaba Felipe González, fue algo también promovido desde el régimen franquista, que quería revivir el, por entonces, inexistente Partido Socialista, para evitar el peligro que representaba el mayoritario Partido Comunista. La prueba de ello es que Felipe fue escoltado hasta Suresnes por un general franquista, al que años más tarde nombraría Jefe del Estado Mayor, o algo así. 

Y digo yo: ¿pero no habíamos quedado en que Franco era un tipo astuto y taimado, pero no demasiado listo, que además por esas fechas estaba senil y tenían que ayudarle hasta para subir al poyete desde el que lanzaba sus delirantes proclamas con voz atiplada? Entonces, ¿quién estaba detrás de esas conspiraciones tan elaboradas y clarividentes? ¿Arias Navarro, entre llorera y llorera? ¿O, por ventura, el señor Fraga? En fin, que yo no me lo creo. Imagino que Alberto Sanjuán tampoco; él interpreta a un personaje que encuentra estas teorías en libros reales, que existen y se venden en las librerías, y que mucha gente devora porque se cree estas interpretaciones a pies juntillas. Discúlpenme, pero yo no soy de esos.

Más conspiraciones. El realizador de TVE que acudió a la Zarzuela a grabar el mensaje del Rey el 23-F con el Congreso secuestrado, salió de allí con dos cintas grabadas, una, la que finalmente se emitió, y otra de signo opuesto por si el golpe triunfaba. Otro libro lo dice. Raro es que no salga por detrás la CIA: cuando no es bastante alguna de estas explicaciones delirantes, se tira de la CIA manejándolo todo, ya se sabe lo que hicieron en Chile, etcétera. Por supuesto, en el monólogo se hace referencia a que fueron los propios americanos los que organizaron el 11-S y se tiraron ellos mismos las torres gemelas. Y el atentado del Maratón de Boston. El 11-M no sale, supongo que por no herir la sensibilidad de víctimas más cercanas, pero ¿quién duda que fue el propio Aznar el que estaba detrás, para que Rajoy perdiera las elecciones y así tener un agravio del que quejarse por los siglos de los siglos?

Bien, reitero que la obra de teatro es excelente, puesto que habla de un tipo que se hace preguntas y encuentra esas respuestas en libros publicados. Y admito que es posible que alguna de estas teorías sea cierta. Pero que no cuenten conmigo para creerme que todo lo que sucede está manipulado y predeterminado por Franco, la CIA o la madre que los parió. Los que en estos días protestan en Estambul y Río de Janeiro, tampoco lo creen. Si no, para qué salir a la calle. Pero hay gente a la que le encanta interpretar la actualidad en clave conspiratoria. Es algo muy efectivo en conversaciones de café. Tú sueltas una de esas y dejas al interlocutor apabullado.

Estos días hemos oído teorías similares en la prensa y los corrillos patrios. Por ejemplo, el triunfo del moderado Rohani en Irán es algo perfectamente orquestado por el régimen de los ayatollah. Lo dice hasta un editorial de El País. El hasta ahora presidente había llevado la situación económica y social a un punto crispado y sin futuro. Tocaba abrir ya la mano. Pruebas: desde el poder se ha fomentado la participación (que facilitaba la victoria del candidato moderado). Y se han apresurado a reconocer el resultado, aunque apenas superaba por unas décimas el 50% que excluye la segunda vuelta. También la elección del Papa Francisco es algo programado por el poder vaticano: tocaba abrir la mano, porque la Iglesia se estaba alejando de la gente y, para evitarlo, nada mejor que elegir a un porteño pelotudo, hincha del San Lorenzo, por más señas. Y no duden ustedes de que los brasileños han salido a la calle manipulados por la propia Dilma, para vaya usted a saber qué oscuros propósitos.

A la gente le encanta imaginar que hay alguien detrás, organizando todo lo que les pasa a ustedes y a mí. Antes era Dios. Ahora, supongo que será una especie de Gran Hermano que todo lo controla (por cierto, las ventas del 1984 de Orwell suben como la espuma). Cierto que la prensa nos cuenta cada día historias que alimentan esta tendencia, como la de que los británicos espiaron a los presidentes de la reunión del G-20 en 2009 (y Zapatero sin enterarse). O las revelaciones del informático Snowden, escondido en Hong Kong. La historia de este señor recuerda la que se contaba en la excelente película Enemigo público, que les recomiendo vivamente, si es que no la han visto. Un amigo informático me confirmó en su día que todo lo que se cuenta en ese film de 1998, era técnicamente posible entonces, no digamos ahora.

Desde luego que los gobiernos del mundo se gastan un dineral en “inteligencia” y se dedican a espiar a diestro y siniestro. Pero no por eso tenemos que creernos que todo lo que pasa está previsto de antemano por alguna mente calenturienta. El pensar que todo está manipulado y sucede porque alguien lo ha decidido previamente, es un síndrome perfectamente descrito y con nombre: paranoia. Yo tengo un amigo que está convencido de que detrás de todo lo que nos pasa está la masonería internacional. Fueron los masones los culpables de que mi estupenda botella de whisky escocés decidiera suicidarse contra el granito de la calle Arenal (#131). Y supongo que han oído la declaración ante el juez del nigeriano al que detuvieron en Madrid después de apuñalar a tres policías que le habían pedido los papeles: lo hizo porque se siente sistemáticamente perseguido por una banda que encabezan José María Aznar e Isabel Pantoja. 

Lo que quería exponer en este post esta ya bastante claro. Así que, por seguir en esa onda, voy a rematar con un hecho decisivo que nadie conoce todavía. Así que apuren su café y agárrense firmemente a la barra, que vienen curvas. ¿Saben quién está detrás de que el Deportivo de la Coruña haya bajado a segunda? Pues nada menos que Osama Bin Laden. Lo tenía previsto desde hace años. Los administradores concursales son simples testaferros de este señor, interesado en que el equipo se descapitalice para comprarlo y tener así una forma de infiltrarse en el mundo occidental, una cabeza de puente desde la que urdir nuevas tropelías contra el capitalismo impío y sedicente. ¿Y saben cómo es que conozco esa información? Muy sencillo: Osama Bin Laden soy yo.  
  

lunes, 17 de junio de 2013

138. La Constitución de Uzupis

Mi post sobre Tahití y el fútbol suscita opiniones encontradas (ya les he dicho que muchos de mis seguidores se abstienen de hacer comentarios escritos –qué pereza, oyes– y prefieren decirme lo que piensan cuando me cruzo con ellos en los pasillos o me los encuentro por la calle –te estás poniendo pesadito con tanto fútbol). Como le he aclarado al único que me lo dijo por escrito, ese texto no iba sólo de fútbol, que también. Iba de geografía, de gentes, de países lejanos, de viejas hazañas en latitudes remotas. A mí lo que me gusta es el punto surrealista y los nombres de los lugares y personas: que el entrenador de Tahití se llame Eddy Etaeta, su capital Papeete, o su volcán Mou’a Puta.

Uno de los lugares en donde los nombres me resultaron más curiosos es Lituania, un país que ya saben que he visitado (ver #137), en donde la gente se llama Alfredas, Konstantinas, Alfonsas, Vitautas o Arturas. Los nombres lituanos me hicieron tanta gracia que tomé algunas fotos de placas conmemorativas, anuncios y letreros. A continuación se los muestro. Sobran los comentarios.








Vilnius, la capital de Lituania, es una ciudad con diferentes partes, todas de interés. Hay en primer lugar un centro histórico de callejas tortuosas, cuajado de iglesias católicas de decoración barroca muy recargada. Lituania abrazó el catolicismo apostólico-romano en el siglo XIV. Hasta entonces, sus habitantes eran directamente paganos y practicaban todo tipo de ritos de adoración del sol, la luna y otros iconos primitivos. El rey de turno impuso el catolicismo para poderse casar con una princesa polaca y se cuenta que numerosos lituanos continuaron durante mucho tiempo practicando sus ritos, que finalmente se perdieron. Aquí tienen una imagen de la mastodóntica catedral.
Más abajo hay una zona moderna con estructura de cuadrícula y edificios nuevos de acero y cristal, en donde están todos los organismos administrativos del Estado lituano. Y luego está el barrio de Uzupis, el lugar donde viven los bohemios y los artistas. Si por casualidad viajan ustedes a la capital de Lituania, no deben dejar de visitar este lugar tan curioso. El río Vilnius, que da nombre a la ciudad, rodea el casco antiguo en una curva amplia. Al otro lado queda el barrio de Uzupis, nombre que en lituano significa precisamente “allende el río”.

Tradicionalmente, Uzupis fue el ghetto judío de Vilnius. Pero en la Segunda Guerra Mundial, sus habitantes fueron enviados a campos de concentración y exterminados en su mayoría. Luego llegaron los soviéticos que destruyeron el cementerio judío, uno de los pocos elementos que sobrevivían. Los pocos ciudadanos del barrio que sobrevivieron al Holocausto se fueron a Israel, USA o a otras zonas de Lituania. El barrio se quedó completamente deshabitado. El régimen soviético no tenía un gran interés en estas tierras tan alejadas de sus centros de poder, y el caserío fue poco a poco ocupado por prostitutas, borrachos, vagabundos y colgados. 

En 1990, Lituania alcanza la ansiada independencia. Entonces los artistas locales, que esperaban la llegada de la libertad, buscan un lugar barato donde trabajar y vivir, y empiezan a establecerse en las viviendas abandonadas, adaptándolas a sus necesidades. Aparecen los estudios de escultores, músicos y pintores. Tras ellos, las viviendas. Y después los bares, las bibliotecas y los teatros. En paralelo, el Ayuntamiento de Vilnius repara las calles, el alumbrado público y las instalaciones. El Uzupis que yo visité era una mezcla entre el Malasaña madrileño y el Plaka de Atenas.

En 1996, los habitantes de Uzupis se declaran República independiente. No son el primer barrio europeo que lo hace. Se les adelantaron Montmâtre en París y Christianía en Copenhague. Este tipo de historias denotan un sentido del humor sano e irreverente. Pero los de Uzupis son tan cachondos que han profundizado en el tema y se han dotado de una bandera que nadie reconoce, una moneda que nadie usa, un ejército, formado por 17 personas en estado de sobriedad etílica no siempre garantizada, un Presidente que se nombra de forma rotatoria (el actual es un poeta, músico y cineasta) y lo más grande de todo: han redactado una Constitución con 38 artículos que recogen derechos delirantes y otros tres adicionales con recomendaciones obligatorias no menos estrambóticas.

Se entra en Uzupis a pie, cruzando un pequeño puente sobre el río Vilnius, con barandillas de hierro medio oxidado. Y muy cerca de la entrada, hay una serie de paneles de metacrilato, fijados en un muro de piedra,  en los que se reproduce la Constitución de Uzupis en doce idiomas diferentes, entre los que no está el español. Pueden encontrar en Internet imágenes de estos paneles. Yo me he tomado la molestia de traducirles esta original Constitución al español. Disfruten con ella. Y sigan siendo buenos.

La Constitución de Uzupis
1.- Todo el mundo tiene derecho a vivir junto al río Vilnius y el río Vilnius tiene derecho a fluir junto a cada uno.
2.- Todo el mundo tiene derecho a tener agua caliente, calefacción en invierno y un techo bien tejado.
3.- Todo el mundo tiene derecho a morir, pero no es una obligación.
4.- Todo el mundo tiene derecho a cometer errores.
5.- Todo el mundo tiene derecho a ser único.
6.- Todo el mundo tiene derecho a amar.
7.- Todo el mundo tiene derecho a ser amado, pero no necesariamente.
8.- Todo el mundo tiene derecho a no ser distinguido ni famoso.
9.- Todo el mundo tiene derecho a hacer el vago.
10.- Todo el mundo tiene derecho a amar y cuidar a un gato.
11.- Todo el mundo tiene derecho a cuidar un perro hasta que la muerte los separe.
12.- Un perro tiene derecho a ser un perro.
13.- Un gato no está obligado a amar a su amo, pero debe ayudar en los momentos difíciles.
14.- De vez en cuando, todo el mundo tiene derecho a descuidar sus obligaciones.
15.- Todo el mundo tiene derecho a la duda, pero no es una obligación.
16.- Todo el mundo tiene derecho a ser feliz.
17.- Todo el mundo tiene derecho a ser infeliz.
18.- Todo el mundo tiene derecho a estar en silencio.
19.- Todo el mundo tiene derecho a tener fe.
20.- Nadie tiene derecho a la violencia.
21.- Todo el mundo tiene derecho a darse cuenta de su insignificancia.
22.- Nadie tiene derecho a tener un designio eternamente.
23.- Todo el mundo tiene derecho a comprender.
24.- Todo el mundo tiene derecho a no entender nada.
25.- Todo el mundo tiene derecho a tener una nacionalidad.
26.- Todo el mundo tiene derecho a celebrar o no celebrar su cumpleaños.
27.- Todo el mundo recordará su nombre.
28.- Todo el mundo puede compartir lo que posea.
29.- Nadie puede compartir lo que no posee.
30.- Todo el mundo tiene derecho a tener hermanos, hermanas y padres.
31.- Todo el mundo puede ser independiente.
32.- Todo el mundo es responsable de su libertad.
33.- Todo el mundo tiene derecho a llorar.
34.- Todo el mundo tiene derecho a ser incomprendido
35.- Nadie tiene el derecho de hacer que otro se sienta culpable.
36.- Todo el mundo tiene derecho a ser individual.
37.- Todo el mundo tiene derecho a no tener derechos.
38.- Todo el mundo tiene derecho a que no le asusten.
39.- No machaques a nadie.
40.- No tomes venganza.
41.- No te rindas.

viernes, 14 de junio de 2013

137. De Mockus a Zappa

Hace casi cuatro años estuve en Bogotá y tuve ocasión de comprobar in situ la lucha por el espacio urbano que comporta la implantación de un sistema de transporte colectivo de plataforma reservada, como el Transmilenio, concebido a imagen y semejanza del modelo de Curitiba en Brasil. Las dársenas de acceso a los autobuses, el doble carril que se les reserva en las grandes vías y las modernas unidades que circulan desahogadamente por él, transmiten una imagen de progreso, que contrasta fuertemente con el caos de los viejos autobuses informales de compañías privadas, que compiten por pillar viajeros a las horas de salida del trabajo. Media ciudad estaba entonces levantada por las obras de extensión del Transmilenio, que poco a poco iba extendiendo sus dominios.

Pensé que detrás de ese proceso  modernizador seguramente estaría un político decidido y me propuse saber algo más de los sucesivos alcaldes de la ciudad. A la vuelta de Colombia ese propósito se quedó en el limbo de los planes nunca cumplidos. Un año más tarde, cuando las elecciones presidenciales colombianas, el candidato oficialista que finalmente las ganaría, el actual presidente Juan Manuel Santos, se enfrentó a un contrincante atípico, un personaje peculiar hasta en el nombre: el profesor universitario Antanas Mockus, que representaba al llamado Partido Verde. Alguien me dijo que este señor acababa de ser el alcalde de Bogotá y eso me hizo recordar mi viejo propósito de averiguar algo de la historia reciente de esa ciudad. 

Antanas Mockus es realmente un personaje curioso. Hijo de Alfonsas Mockus, un lituano que emigró a Colombia con su esposa, mostró desde pequeño una predilección por estudiar Matemáticas, carrera que compatibilizó con la de Filosofía, logrando una visión humanista del mundo que es la base de su ideología. Porque Mockus no pertenece a las familias de políticos que se han turnado en el poder de Colombia desde siglos atrás. Mockus es un simple profesor universitario, formado parcialmente en el extranjero, didáctico, generoso y brillante. En 1990 fue nombrado rector de la Universidad Nacional de Colombia en la que trabajaba. Un cargo que no cambió para nada su vida: vivía con su madre y acudía a su despacho en bicicleta, atravesando las contaminadas calles de Bogotá.

Y en la Universidad protagonizó su primer episodio sonado, que lo dio a conocer en todo el mundo. Dos años después de ser elegido, en un acto organizado en el auditorio León de Greiff, con presencia de buena parte de los catedráticos, los estudiantes contestatarios, en número de mil, reventaron el acto sin dejar hablar a los oradores. Mockus les pidió por favor reiteradamente que cesaran en su protesta. Hasta que se hartó. Entonces, muy lentamente, se soltó el cinturón, se dio la vuelta, se bajó los pantalones y se agachó para mostrarles el culo a los revoltosos. Estaba la televisión nacional cubriendo el acto y, esa noche, todos los colombianos pudieron contemplar el trasero del rector de su principal universidad. Para ver la filmación de este hecho trascendental, han de pinchar AQUÍ.

A Mockus lo obligaron a dimitir como rector a raíz de este suceso, pero su popularidad en todo el país era ya imparable. Dos años después, decidió presentar su candidatura a la alcaldía de Bogotá y, contra todo pronóstico batió al otro candidato, Enrique Peñalosa, un joven político de gran proyección, que se presentaba a los actos con corbata, lo que hizo que mucha gente desencantada de la política lo identificara injustamente con el establishment. Mockus arrasó en la votación capitalizando el descontento de la población con la violencia, el narcotráfico, la guerrilla y la corrupción. Pero Mockus no era un simple payaso como Beppe Grillo. Su paso por la alcaldía dejo huella. Para empezar, saneó las cuentas municipales reduciendo costes, eliminando los gastos más absurdos y dejando la deuda casi en cero.

Además, dio empleo a un ejército de mimos que andaban por las calles dando lecciones de civismo. Por ejemplo, si alguien tiraba un papel al suelo, lo recogían, iban detrás del tipo, le hacían cuarenta pantomimas y al final conseguían que el papel terminara en la papelera. También regulaban el tráfico, afeando la conducta de los que se pasaban los semáforos en rojo y atascaban los cruces. Otra de las iniciativas de Mockus fue introducir una hora de cierre de los bares, lo que redujo drásticamente la cifra de muertos en accidentes de coche de madrugada.

En Colombia el mandato de los alcaldes es de tres años. Mockus no podía presentarse a la reelección. En 1997, Enrique Peñalosa se presentó como independiente y ganó por fin. Su programa integró algunas de las líneas ideológicas de Mockus (que apoyó abiertamente su candidatura) pero siempre con su tono más serio. Peñalosa se encontró con una economía municipal saneada, consiguió recursos económicos y transformó la ciudad de manera radical. Peñalosa es el padre del Transmilenio. Además demolíó zonas céntricas de chabolas (tugurios les dicen allí), construyó parques y organizó perfectamente la ciudad.

En 2001, Mockus se presenta de nuevo y recibe el apoyo expreso de Peñalosa, a condición de que terminara los planes urbanísticos en marcha. Mockus consolidó y extendió el Transmilenio y completó un segundo mandato menos polémico que el primero. Estos nueve años mágicos que transformaron Bogotá se pueden ver resumidos en un documental de una hora, que no he conseguido tener en un solo archivo. Si ustedes entran en el Youtube y teclean “Antanas Mockus” les saldrá dividido en siete partes: 1/7, 2/7, etcétera. Es un reportaje muy interesante. De la alcaldía, Mockus salió como candidato a la presidencia del país, en donde perdió. Pueden ustedes hacer el ejercicio de ficción ucrónica: ¿qué hubiera pasado en Colombia si llega a ganar Mockus al frente del Partido Verde?

Por lo demás, me encantó conocer Colombia,  un país que me pareció extraordinario, lleno de pujanza creativa y cultural. Han encontrado recursos económicos importantes, a partir de yacimientos de coltán y lítio, por ejemplo, y cuentan con jóvenes generaciones bien preparadas y valientes. Además, es el lugar del mundo en el que se habla el castellano más perfecto que he escuchado jamás. Y, encima, enriquecido con palabras exclusivas, importadas de la tradición india. Por ejemplo, es uno de los pocos países latinos que tienen una palabra para designar el olor a pies: “pecueca”.

En ingles, la pecueca se conoce por stink foot y ese es precisamente el título de una celebrada canción del gran Frank Zappa, cuya letra pueden consultar aquí: http://letrascanciones.mp3lyrics.org/f/frank-zappa/stink-foot La canción cuenta en primera persona la historia de un tipo que se pone unas botas nuevas de piel de serpiente y ya no se las puede quitar hasta que se ablandan, más de una semana después, y entonces su novia le grita: ¡¡Vete!! ¡¡Tienes stink foot!! ¡¡Your stink foot put a hurt in my nose!!

Frank Zappa fue un personaje tan estrambótico y brillante como Mockus y se merecería una entrada exclusiva en este Blog. Admirado por muchos colegas de la música contemporánea, como Pierre Boulez, grabó más de 80 discos de rock, además de dirigir algunas películas. ¿Y a que no saben qué ciudad fue la primera en erigirle un monumento a este señor? Pues nada menos que Vilnius, la capital de Lituania, el país de origen de Antanas Mockus. El mundo es un verdadero pañuelo. En 2008 el gobierno lituano construyó y donó una réplica a Baltimore, la ciudad natal de Zappa. Les dejo de postre una imagen del busto original, y otra mía al pié de la estatua, poniendo cara de Zappa. Sean buenos.

 




lunes, 10 de junio de 2013

136. Quironómidos y otros bicharracos

Las grandes ciudades son, de antiguo, hábitat natural de toda clase de bichos, como hormigas, cucarachas, ratas y ratones. A veces se desmadran y entonces se habla de plaga, pero generalmente se mueven discretamente en las horas en que la gente duerme, porque los bichos, como las personas, no quieren más problemas de los imprescindibles.

Madrid no es una excepción y, como noctámbulo recalcitrante, me ha tocado muchas veces estar tranquilamente sentado en alguna terraza al aire libre de la zona centro a altas horas de la noche y, de pronto, observar el avance silente de una auténtica guerrilla de cucarachas. O las maniobras de unas cuantas ratas para saquear alguna basura con disimulo.

El hombre se defiende de estos incómodos intrusos con armas de todo tipo. En la memoria colectiva, las enfermedades felizmente erradicadas como la llamada peste bubónica, que cada tanto diezmaba las poblaciones en la Edad Media y posteriores. En ese tiempo, las ratas campaban por sus respetos por los empedrados de calles y plazas. Fue a finales del siglo XIX cuando, en el marco de las políticas higienistas de la época, se crearon los llamados Parques de Desinfección, coetáneos de los Parques de Bomberos, que fueron puestos en marcha por los ayuntamientos de las ciudades más grandes.

En Madrid, esa unidad especializada en el control de plagas subsistió más de 120 años, con el nombre de Parque Municipal de Desinfección, Desratización y Desinsectación. En mis primeros años como funcionario municipal, el parque lo dirigía un personaje al que apodábamos Quique el Ratas, que era bastante eficiente. Cada vez que encontrábamos algún solar invadido por alimañas urbanas, llamábamos por teléfono a Quique el Ratas, que inmediatamente se ponía manos a la obra. Al día siguiente en el solar no quedaba bicho viviente. 

No volví a tener contacto con ese departamento municipal hasta muchos años más tarde, cuando me hice cargo de la información sobre las obras de la M-30 en la zona del río. La construcción de los túneles a los dos lados del cauce fue una obra de un impacto descomunal. La envergadura de la excavación que se hizo, no se había visto nunca en una zona tan céntrica como la ribera del Manzanares y su imagen recordaba la de las grandes canteras perforadas en zonas rurales. Los hábitats de las ratas y las cucarachas se descabalaron y los animales, hasta que lograron recolocarse, se metían donde podían.

Sucedió en más de una ocasión que nos llamaron por teléfono vecinos aterrorizados, que no podían salir de sus casas porque su portal se había llenado de ratas o lo habían tomado algunas especies de insectos. La primera vez que sucedió, llamamos corriendo al equipo de control de plagas. Gran sorpresa. Quique el Ratas se había jubilado hacía tiempo. Y la unidad había perdido su viejo y pomposo nombre: Parque Municipal de Desinfección, Desratización y Desinsectación. El señor Gallardón y su equipo habían decidido que ese era un nombre arcaico y lleno de connotaciones negativas.

¿A que no saben cómo se llama desde entonces? Pues (agárrense al sillón): nada menos que Unidad Técnica de Control de Vectores. Se lo juro, créanselo, que yo no les cuento mentiras, excepto cuando hablo de mí mismo y no siempre. Los nuevos Insectbusters y Ratbusters  fueron presentados por el Concejal de Seguridad, a la sazón don Pedro Calvo, el 30 de abril de 2004.

Como se explica en esa nota, los efectivos municipales en la lucha contra las plagas pasaron de 6 a 33, y supongo que, en el momento de las obras de la M-30, solucionarían eficazmente las incidencias de las que les avisamos. A mí me hizo tanta gracia el asunto del cambio de nombre que lo empecé a contar por todas partes, como un ejemplo perfecto de la hipocresía que inunda el lenguaje oficial.

Llamarle a una unidad Desratización supone que hay ratas y hay que combatirlas. Eso es algo negativo, sucio, feo. En cambio, el control de vectores es una cuestión aséptica, incolora, inmaculada. Uno imagina a los trabajadores de la primera matando bichos a hachazos con unas batas blancas llenas de manchas de sangre y mugre, y a los segundos como a una especie de investigadores superlimpios y cuidadosos trabajando en ordenadores de última generación.

Por fin, un amigo médico me aclaró de donde venía el nombrecillo de marras. En el mundo de la arquitectura, un vector es una línea recta con una flechita en la punta, que indica una dirección. Incluso yo recordaba que, cuando empezamos en la Escuela, una de las novatadas más extendidas era mandar a los neófitos a la papelería Valluerca, al comienzo de la Gran Vía, a que compraran una caja de vectores. A los que mordían el anzuelo, les precisábamos que debían ser metálicos y de buena calidad. Los de la papelería estaban hartos del jueguecito.

Sin embargo, en el mundo de la epidemiología, un vector es un concepto diferente, también arraigado y consolidado. Un vector es un animal, o factor de otro tipo, que traslada un agente patógeno desde un organismo infectado a otro que antes no lo estaba (tras la intervención del vector, sí). Ejemplos claros: El mosquito anopheles es un vector de la malaria. El mosquito tigre lo es del dengue. Y el rattus norvegicus, nombre de la especie de la rata de alcantarilla, puede serlo de la rabia y otras enfermedades. 
 
No acaba aquí la historia. Construido el parque Madrid Río y con las obras ya completamente olvidadas, recibimos una queja de los vecinos de la zona norte. Como cada año, el cauce del río se había visto asaltado por miríadas de mosquitos diminutos. Los vecinos pedían que se fumigara, como se había hecho otras veces. Conozco ese tipo de mosquitos, me han asaltado alguna vez haciendo camping. Son minúsculos, pero muy molestos, porque te dan como pequeños bocaditos (carecen de aguijón) y se mueven por millones. Llamamos a la Unidad de Control de Vectores y nos hicieron saber que debíamos enviarles el asunto por escrito (eso sí, vía mail).

Aproximadamente diez días después recibimos la respuesta, también por mail. Personados en el lugar los efectivos de la indicada Unidad, habían comprobado que los insectos que formaban la nube que había sobre el Manzanares no eran mosquitos, sino quironómidos y, al no tener este insecto la condición de vector, la fumigación no era tarea de su competencia. Un indicativo más de los tiempos que corren. ¿Imaginan a Quique el Ratas dando una respuesta como esta? Yo no. Pues, tal como me sucedió, así se lo he contado.