lunes, 31 de diciembre de 2018

798. Por un 2019 venturoso para todos

La otra noche estuve por ahí de copas con mi amigo y colega Tito y, en los momentos finales, cuando en la deriva noctívaga se suelta la lengua y llega el momento de la verborrea, de la sinceridad, de rescatar del fondo del baúl los deseos inconfesados, de la reivindicación de los anhelos nunca cumplidos, mi amigo entornó los ojos con nostalgia y dijo una de esas frases que, por su lucidez, inmediatamente de pronunciadas adquieren un peso propio y parecen ponerle un punto y aparte a la deriva enloquecida del mundo: –Yo tenía que haber sido negro y saxofonista.

Queda aquí registrada como una de las frases del año a punto de terminar. Les había prometido escribir un último post de felicitación del año nuevo y casi se me pasa el momento. Esta mañana he cumplido con mi programa de entrenamiento, tercera vez consecutiva que salgo y la verdad es que me he encontrado fenomenal. El Retiro volvía a estar helado y bastante poco concurrido. Apenas había corredores, eso sí, los que había eran runners de verdad; los tuercebotas pedorros que suelen atestar los senderos del parque estaban todos en sus casas, porque esta noche correrán la San Silvestre, una especie de pseudocarrera, en la que la gente va disfrazada y dispuesta a hacer el mono durante diez kilómetros, porque, correr, lo que se dice correr, es prácticamente imposible. Tengo que decir que yo la he corrido muchos años y sé de lo que hablo.

En realidad, yo solía correr esa carrera exclusivamente por una finalidad, que por primera vez voy a confesar abiertamente, ya con la perspectiva de los años transcurridos. Mi objetivo al sumarme a esa astracanada era sólo librarme de tener que ayudar en la preparación del festejo pantagruélico con que en aquellos años celebrábamos la entrada de año en familia. Me explico. Uno se apunta a la San Silvestre y por la mañana no puede ayudar a comprar nada, porque ha de estar concentrado y descansado para la heroicidad que va a hacer por la tarde. Después tampoco puede hacer nada en la cocina, porque ha de salir con tiempo para llegar puntual al pistoletazo de salida. Y a la vuelta, ha de ducharse y vestirse como corresponde, para sentarse a mesa puesta sin haber preparado una triste ensalada. Y, encima, dándose importancia a base de exagerar lo duro que es el recorrido, el frío que hacía, etc…

En fin, ya que estamos en un país de cultura católica apostólica, se pueden imaginar lo aliviado que me he quedado, tras quitarme semejante peso de encima. Es que no sé ni cómo he podido vivir con ello todos estos años. Aunque, ahora que lo pienso, para que la cosa de la confesión funcione, hace falta arrepentimiento sincero y propósito de la enmienda y de ambas cosas ando yo bastante escaso. He de precisar que, al contrario que muchos de mis amigos y seguidores, a mí no me agobian las multitudes y ya he contado que me siento muy bien en medio de un concierto de rock multitudinario, una manifestación gigantesca o un partido de fútbol en el estadio. Y hasta experimento la comunión y el éxtasis colectivo en el comienzo de determinadas canciones, un grito coreado especialmente reivindicativo o el orgásmico gol de la victoria.

Hace ya unos cinco o seis años dejé claro que no me gustan las navidades. Pero este año, tal vez porque estoy más contento, me están molestando menos. No quiero decir con eso que vaya a cambiar de opinión sobre esta orgía agotadora de buenismo, hipocresía y consumo desenfrenado. Ya me conocen, esta es una página en la que se registran sentimientos, no pretende ser una guía de cómo actuar correctamente. Quiero decir que yo primero tengo una sensación y luego la cuento, casi para explicármela a mí mismo. Y este año me estoy encontrando menos incómodo y hasta me he infiltrado por determinados escenarios nocturnos que normalmente no solía pisar por estas fechas. Les pongo unas cuantas imágenes. La Gran Vía, la iluminación de un tramo de Alcalá, una vista de Julia, la maravillosa estatua de Jaume Plensa en Colón y unas imágenes de la Plaza Mayor, en pleno concierto del grupo colombiano Candeleros, que, como pueden ver, tocaron desde los balcones del primer piso de la Casa de la Carnicería, recientemente rehabilitada como hotel.







Y, ya que estamos con sensaciones, pues respecto a ustedes, en estos tiempos, he creído detectar que les encantan los textos caóticos en los que no se sabe de qué se habla. Y desde luego, los posts cortitos. Así que no les voy a dar más el coñazo. El año que empieza es como un bebé recién nacido. No sé si es casualidad pero, en los períodos en que he estado bien en el trabajo, por estar integrado en un grupo majo que se esforzaba en hacer algo interesante, siempre he comprobado que mis compañeros tenían muchos niños. Por el contrario, cuando el rollo laboral era malo, lo que había eran separaciones. En este último año y pico desde mi workshop de Portland, hemos registrado el nacimiento de Ziggy y Zosia, los gemelos de Radcliffe, además de Eduardo, el hijo de Guadalupe, de Buenos Aires. Y, centrándonos en el equipo de Reinventing Cities hay que reseñar los recientes nacimientos de Alexandre, hijo de Hélène Chartier y de Federica, la niña de Julia López Ventura.

Así que, para que disfruten de estas primeras horas del año bebé, les voy a dejar de propina un vídeo que ya subí al blog hace varios años, pero que me parece que viene al pelo y, además, la mayoría de mis lectores actuales no me seguían por entonces. Tommy Fletcher, el cantante del grupo británico McFly, tuvo un primer hijo llamado Buzz (ahora ya tiene otro más). Un día salió con él a la espalda y se le ocurrió coger del campo una de esas flores que los ingleses llaman dandelion y que nunca he sabido cómo se llaman en español (en Coruña las llamábamos paracaidistas), que al soplarles dispersan sus semillas por el aire. Tommy iba grabando a su hijo, pero no esperaba que la cosa le hiciera tanta gracia. Cuando se da cuenta de que la escena está trascendiendo del simple vídeo casero, la alarga convenientemente, muerto de risa. Con las carcajadas de este simpático bebé, les deseo un muy, muy, muy feliz año 2019.  Y que lo pasen bien esta noche.



viernes, 28 de diciembre de 2018

797. Joder qué año

Ya saben que no me gusta anticipar las celebraciones, que me da mal rollo, que en este blog se han anunciado a bombo y platillo cosas que se daban por seguras y luego se han frustrado en el último momento. La última, cuando di por hecho que tendría plaza de garaje en mi trabajo y luego me quedé a una uña de lograrlo (por cierto, en relación con este asunto, les comunico que unos días antes de Navidad se ha hecho con una plaza alguien apellidado Martínez Trigueros, a quien no conozco, lo cual viene a pronosticar que pronto será mi turno, por riguroso orden alfabético). Gobernados como estamos por ese Dios travieso y casquivano del que hemos hablado a menudo, no puedo descartar que en los días que quedan para cerrar 2018 no me vaya a pasar alguna putada. Toco madera. Por eso seré especialmente cuidadoso a la hora de escribir el párrafo siguiente.

Digamos pues que, a falta del transcurso de los cuatro días (contando este) que quedan para completar el año del Señor de 2018, los 361 ya transcurridos han resultado totalmente venturosos para mí. Han superado con mucho las expectativas que me planteaba a comienzos del pasado mes de enero. Mis hijos están bien y contentos, ya los dos instalados en Francia, en condiciones laborales precarias, pero haciendo lo que les gusta. En el trabajo, la deriva que inicié en el año anterior se ha confirmado totalmente. Estoy implicado, me estoy divirtiendo, sigo conociendo a gente nueva y tengo la sensación de ser útil de nuevo, hasta el punto de que no acabo de ver el horizonte de la jubilación. Respecto a este trascendental tema, no voy a hacer nuevos anuncios, entre otras cosas, porque nadie de ustedes se los va a creer ya. Tengo el compromiso con mi jefa de seguir hasta las elecciones locales del último domingo de mayo. Luego, ya veremos qué pasa y qué es lo que me ofrece la situación resultante de esas elecciones. Así que iremos partido a partido.

El proyecto Reinventing Cities sigue marchando viento en popa, después de superar resistencias, bloqueos y obstáculos de todo tipo. Algún día puede que cuente esta guerra en detalle en el blog, pero ya les digo que, en varias ocasiones hemos estado también a una uña de que todo se fuera a la mierda. Es un asunto que requiere una lucha continua, que nos obliga a aguzar la imaginación y estar todo el rato muy pendientes y conectados con gentes de todo el mundo. Esta actividad la he tenido que compatibilizar con la recepción continua de visitas, que no ha bajado el ritmo, y con toda la serie de actividades que desarrollo por las tardes, lo que no me ha impedido seguir cumpliendo con ustedes en el blog. Además, he vuelto a entrenar con una cierta continuidad. Lo que he dejado es la natación, de momento, porque es una actividad que no me divierte y que inicié para mitigar mis dolores de espalda y poder seguir corriendo. Como ya no me duele la espalda (vuelvo a tocar madera), no tiene mucho sentido que siga nadando.

El día 26 retomé mis entrenamientos por el Retiro, aprovechando estas vacaciones en casa que son un ensayo de mi futura vida de jubilado. Hoy he salido por segunda vez. La verdad es que no me estoy encontrando muy mal; en realidad, llevaba sólo dos meses sin correr, la última vez que lo hice fue en Chicago, de madrugada, por la orilla del lago Michigan, en una jornada memorable que quedó debidamente reseñada en el blog. Hasta ese día llevaba un entrenamiento bastante regular, desde mediados de julio, porque este año decidí adelantar el comienzo de la temporada. Teniendo en cuenta que en un par de meses voy a cumplir los 68, es algo que no deja de ser bastante meritorio. Pero es que la edad mental a veces va desfasada con la real. Por ejemplo, desde que cumplí los 60, cada otoño recibo una carta de la Comunidad de Madrid recomendándome encarecidamente que me vacune contra la gripe. Nunca me he vacunado. Para qué, si apenas me cojo constipados y los supero por mí mismo.

Así que, por el mismo razonamiento, seguiré corriendo mientras pueda. Porque los vagabundos como yo, nena, hemos nacido para correr. Tramps like us, baby, we were born to run. Es esta una de las canciones más impresionantes que se han compuesto nunca. Bruce Springsteen la lanzó en 1974 y dejó a todo el mundo boquiabierto. En New Jersey hasta se recogieron firmas para que fuera declarada como el himno del Estado. Y muy pronto se empezó a transmitir por el boca a boca que los conciertos de Springsteen eran como de otro nivel. Por eso yo viajé a Barcelona en el tren del rock, a casa de mi amigo Jordi-que-no-se-llamaba-Jordi. Para no perderme el advenimiento de aquel portento en su única visita a España. Les voy a poner un vídeo de cómo se las gastaba este señor por esos tiempos. Está grabado en Phoenix (Arizona) en 1978. Es imposible desarrollar más energía en escena que Bruce. Han de pinchar AQUÍ. Véanlo (en pantalla grande, por favor) y continuamos.   

En fin. Sin comentarios. Nunca se ha visto en un escenario tanta pasión, es un verdadero éxtasis. Bruce es el genuino héroe americano. Algunas acotaciones. En los años en que todos íbamos desaliñados, con jerseys llenos de rotos y sin ducharnos más que lo justo, este señor salía a escena acompañado de su amigo el saxo Clarence Clemons, The Big Man, ataviado con un exquisito traje rojo de soulman, además de un bajo con chaleco y corbata. El vídeo es de hace 40 años, pero, cuando fui a verle de nuevo al Bernabeu el año pasado en compañía de mi amigo X, en la banda continuaban, además de Springsteen, cuatro de sus integrantes originales, el guitarra Steve van Zandt que ya se cubría la cabeza con una gorra porque se estaba quedando calvo, el pianista Roy Bittan, entonces con barba, más el bajo y el extraordinario batería. Los únicos que faltan son The Big Man y el teclista Danny Federici, y porque los dos se han muerto. En el caso del saxo, el Boss lo ha reemplazado por su sobrino Jake. Eso dice mucho de lo que aprecia Bruce la verdadera amistad.

Ya saben: de la vida, los amigos. El concierto del Boss en Barcelona, en 1981, sigue siendo el mejor concierto de rock que he visto nunca. Una actuación épica, grandiosa, legendaria. Dos horas y media al nivel de intensidad que han visto. Tengo en mi memoria un detalle que no he visto en ningún vídeo ni leído en ninguna reseña. El Boss no es demasiado alto, y su estatura se reducía aún más cuando se situaba al lado del gigante Clemons. Al final del concierto de Barna, cuando la banda saludaba al público rendido, Clemons agarró a su jefe en volandas y se lo subió a los hombros a caballito, como se hace con los niños, como hacía también Le Corbusier con Mercadal, que era enano. Y terminaron así sus saludos, con el Boss eufórico, a horcajadas de su gran amigo el gigante.

Bien, estaba yo haciendo una especie de resumen del año, pero me he salido por peteneras con el Boss, disculpen, es algo superior a mí, es que es una de mis señas de identidad, como la película Blade Runner. Hablando de este film, este año hemos inaugurado una modalidad en el blog: el premio a los siete seguidores distinguidos, a los que regalé un pen-drive con la versión remasterizada de la película tal como se estrenó en España. También he propuesto diversas adivinanzas, con el resultado de que todas las acertaba Paco Couto. Ha habido asimismo algunos posts especialmente celebrados por el personal, como los dos sobre mi amigo Jordi. La serie Recovering myself, en cambio, me ha parecido detectar que a mucha gente le ha terminado por resultar aburrida, pero era algo que tenía que contar, porque ahí están las claves de mi resurrección.

Y qué decir de mis viajes. Es difícil tener un año tan lleno de movimientos. En enero fui con mi jefa y mi compañera M. a París, para asistir al Meet Up de Reinventing Cities, en el que nos inspiramos para organizar el de Madrid. En marzo, volví a viajar con M., esta vez a Cannes para difundir nuestro proyecto en la feria MIPIM. En junio fue mi viaje fastuoso a LA, Frisco, San Diego y Tijuana. El viaje bloguero perfecto, con la visita al Bradbury en compañía de mi amiga Shannon, mis dos entrevistas en el Ayuntamiento de San Francisco, la noche del día más duro, el taxista borrico y el cruce a pie de la frontera para volver a los USA, entre otros momentos destacados. En octubre volé a Chicago para el workshop de la red Land Use Planning, y a finales me embarqué en un viaje de tres semanas a Chile, incluyendo la Isla de Pascua.

Después de semejante singladura, qué le puedo pedir al año que empieza. Pues, por supuesto, salud, para mí y para los míos. Y, además, si es posible, que se parezca al año que termina. No puedo pedir más, incluso me conformaría con algo un poco menos intenso. En relación con la salud, alguien me ha llamado por teléfono hace un rato, le he dicho que acababa de volver de correr cinco kilómetros por el Retiro y se ha echado las manos a la cabeza: –¿Es que no sabes que estamos en escenario 2 de contaminación? Es peligroso salir a hacer deporte en estas condiciones. Mi respuesta gallega: –Es peligroso ¿para quién? Pues para la población más vulnerable, los niños, los enfermos pulmonares crónicos… Tras esos puntos suspensivos, a mi amigo se le ha visto de forma transparente el final de la frase: …y los viejos. Ahí está el quid de la cuestión.

¿Debo considerarme población de riesgo por estar a punto de cumplir 68? Pues, honradamente, creo que no. Para mí, salir a correr al Retiro, seguir implicado en el trabajo y mantener un blog como este, constituye un triple seguro de vida. No tanto de vida (todos sabemos cuál es el final de estas aventuras), como de calidad de vida en el tiempo que me quede. Este año he estado en una jornada sobre la felicidad, en la que participé como ponente. Bien, pues uno de los objetivos centrales de los happytólogos, es reducir el tiempo de dependencia, desde los 4 o 5 años que demanda de media un tipo que no se cuida física ni mentalmente, hasta períodos entre seis meses y un año. La gente que reduce su tiempo de dependencia a esos límites da mucho menos el coñazo a los que tiene alrededor. Así que ya saben lo que tienen que hacer. En la generación de nuestros abuelos, a mi edad uno era un anciano. Ahora es diferente. Así que, a falta de un último post para desearles Feliz Año Nuevo, les dejo con esta imagen ilustrativa de lo que estoy diciendo. Sean buenos, al menos estos días que faltan para entrar en 2019.



martes, 25 de diciembre de 2018

796. Un post cortito para celebrar la Navidad

El día de Nochebuena de 1938, Jorge Luis Borges, que empezaba a ver mal, fue a casa de una amiga a la que había quedado en recoger para compartir la cena con otros amigos del grupo. Encontró el ascensor averiado, por lo que echo a correr escaleras arriba. Alguien había dejado una ventana abierta en la escalera, recuerden que en las fechas navideñas hace mucho bochorno en Buenos Aires. Entre la postura agachada, la velocidad y la mala visión del escritor y genio bonaerense, el resultado fue que literalmente se abrió la cabeza. Se le fastidió la cena de Nochebuena, puso todo perdido de sangre y tuvieron que llevarlo a un hospital. Una intervención clara y manifiesta de ese Dios malévolo, que echa los dados y decide nuestros destinos, del que ya hemos hablado en este blog unas cuantas veces. Un Dios, además, amante de la geometría y la física, porque hace falta que la ventana tenga el ángulo preciso y la cabeza del genio la velocidad necesaria para provocar tan tremenda avería.

Pero no terminó aquí el puteo de esa divinidad caprichosa y despiadada. Porque la ventana resultó estar recién pintada, la herida se le infectó, en el hospital no se dieron cuenta a tiempo y en el organismo de Borges amagó una septicemia generalizada. Un accidente estúpido derivó en que el genio casi se muere, tuvo que ser operado y no pudo salir del hospital antes de dos meses y pico, tiempo en el que sufrió dolores de cabeza, alucinaciones y pesadillas. Pero, ya recuperado, empezó a escribir unos cuentos fantásticos delirantes, muy diferentes de los que escribía hasta entonces, que a la postre lo elevarían al Olimpo de los escritores universales. Su madre certificó esa transformación en una entrevista que le hicieron años después, si bien precisó que a ella le gustaban más las cosas que escribía antes del accidente. Supongo que a los padres de Lou Reed también les gustaba más lo que escribía antes de que le dieran electroshocks.

Mi amiga Valeria Correa utilizó esta anécdota para su felicitación navideña en Facebook hace tres años y la ha vuelto a reutilizar ahora, en cierta forma plagiándose a sí misma. Así que yo me he tomado la libertad de usar a mi vez esta historia en el blog, espero que no le importe, aunque no me consta que sea seguidora de esta página. Al fin y al cabo, el reciclaje es uno de los rasgos que caracterizan este tiempo enloquecido que vivimos y no creo que nadie me pueda acusar de plagio teniendo en cuenta que cito la fuente. En todo caso, se me podría acusar de intertextualizar, como Luis Racionero. Como hacía Valeria hace tres años, yo también les insto a que busquen un cambio en su vida, aunque para ello tengan que abrirse la cabeza. Los tiempos cambian y hay que adaptarse para poder flotar y que no se nos lleve la marea o tsunami.

Como en estas ocasiones suelo regalarles algunas piezas musicales, hoy les voy a traer un par de temas, directamente rescatados de las raíces del blues, para que revisen la figura del gran Sonny Boy Williamson II. Se trata de una de las mejores armónicas de los tiempos fundacionales, que se movía por el entorno de Memphis y, por tanto era buen amigo de Muddy Waters, Memphis Slim, Willy Dixon, Memphis Minnie y otros. En el primero de los temas es el mismísimo Memphis Slim, con su inconfundible mechón de pelo blanco, quien lo presenta. Observen cómo llega teatralmente con su sombrero, bastón y cartera y se coloca para empezar (era un tipo con un gran sentido escénico y una vis cómica impagable). Es increíble que alguien pueda tocar la armónica así, faltándole tantos dientes. ¿A que ustedes no sabían que se puede tocar la armónica sin manos?


En este segundo vídeo, es el propio Sonny Boy quien hace de presentador (vean cómo domina el cotarro), para anunciar a Lonnie Johnson, otro de la pandilla, buen bluesman pero un tímido incurable. Es curioso lo que la diferente gimnasia gestual de dos personas puede revelar sobre el carácter de ambos. Por cierto, el gordo que toca el contrabajo es nada menos que el gran Willy Dixon.


Este es mi modesto regalo de Navidad para ustedes, queridos seguidores. Ayer inauguramos esta interrupción del mundo, que muchos años dura tres semanas, aunque esta vez, por suerte, sólo van a ser dos. Hemos superado ya la primera parte del coñazo: el telediario informando de que el Gordo ha estado mu’ repartío y las escenas en las que los premiados descorchan el champán y hacen el mono (yo sospecho que las tienen filmadas de antes con actores, total quién se va a dar cuenta). Hemos pasado también la cena de Nochebuena sin mayores quebrantos y nos va faltando menos. Así que: sean felices, déjense querer y abran sus mentes, que no sus cabezas: quienes les aprecian y les quieren los necesitan lúcidos y con buen ánimo.

sábado, 22 de diciembre de 2018

795. At home, pero atento al mundanal ruido

Les hablaba el otro día de mis familias, la biológica y la literaria y de cómo cada una honraba a sus muertos respectivos (por cierto he empezado a leer los relatos de la Micropedia de Ignacio Padilla y estoy alucinado: hace tiempo que no leía una prosa tan cervantina como esta). Hasta un tipo tan cosmopolita, asfáltico y descastado como yo necesita de vez en cuando arroparse en un grupo, disfrutar del sentimiento de pertenencia, sentirse miembro de una comunidad, familiar o de cualquier otro tipo, para protegerse de la intemperie infinita del mundo. Es entonces cuando uno se refugia en sus raíces. Mi admirada Sheryl Crow sintetiza todo esto en su exitosa canción Home, en cuyo vídeo promocional se la puede ver rodeada de la gente más rural de los USA, ese personal inculto, hirsuto, devastado, depauperado, extenuado y sin esperanzas al que canta a menudo Bruce Springsteen. Por eso he puesto la mitad del título en inglés, frivolidad de políglota por la que me disculpo debidamente. Vean el vídeo y seguimos. Para ello han de pinchar AQUÍ.

La canción es de hace 20 años; Sheryl estaba en su plenitud física y quiso participar en este vídeo en el que se rodea de gente muy fea, porque la pobreza y la miseria no son bonitas. A este personal hay que cuidarlo porque es vulnerable y tienen un límite, al otro lado del cual está la ira y la violencia. Refugiado en mi hogar, en contacto con mi familia y mis amigos del mundo de la literatura, escucho los ruidos del mundo. Ayer terminé mi desempeño laboral del año del Señor de 2018, con una actividad a la altura de una singladura anual tan divertida y brillante como ha sido esta: recibiendo a una delegación de la ciudad surcoreana de Ulsan, encabezada por el Director General de Planificación, Dr. Sangchan Lee, y el Director de la agencia UDI, Ulsan Development Institute. Me habían contactado a través de la traductora Mónica Kim, que es ciertamente un encanto. La ciudad de Ulsan, un millón y pico de habitantes, es conocida por albergar la sede de Hyundai. Estuve toda la mañana con ellos, charlando primero en una sala que había reservado para nuestro encuentro y luego de visita por el Madrid Río, a donde nos desplazamos en Metro. Aquí una foto del grupo.



Desde mi retiro escucho el ruido del mundo, digo, y no me refiero al falso ruido catalonio que se ha orquestado estos días. Esa gente no está depauperada, ni devastada, ni exhausta, esa gente se han montado un falso agravio y en cuanto llegan a la hora de la verdad, se arrugan y montan esperpentos bufos, como la huelga de dieta y otros similares. Yo me refiero, por ejemplo, al ruido de los gilets jaunes, una revuelta de verdad con cientos de detenidos, heridos, barricadas, hogueras, tiendas destrozadas, sostenida por un movimiento que ha puesto en jaque al Estado francés. Una guerra con fuego real. Es interesante analizar este conflicto, del que no he hablado todavía en el blog por esperar a tener una perspectiva más completa. Empezaré por decir que, como saben, mi hijo Kike vive en París y, en alguno de los momentos álgidos, las imágenes de la revuelta que veía en la TV me llegaron a inquietar y le pregunté si estaba bien. Respuesta: no te preocupes, papá, que eso sólo afecta a los barrios de los ricos. En mi barrio estamos como siempre.

Es decir, que en la zona de Republique/Bastille, la gente seguía yendo al trabajo, se tomaba sus vermús o sus perriers, fumaban como cosacos, compraban flores a sus amantes y comentaban la revuelta cómodamente instalados en las terrazas de los cafés. Este es un barrio de clase media alta urbana, hipsters y profesionales cualificados, pero en el entorno hay mucha infravivienda, gente más modesta y población inmigrante. Todos estaban tranquilos. ¿De dónde venían entonces los airados que unos cientos de metros más allá destrozaban los escaparates de las exclusivas tiendas de la Avenue Montagne y el llamado Triangle d’Or? Recapitulemos. El origen de la protesta viene de la medida de Macron de aumentar los impuestos a los combustibles, especialmente el diesel. Este señor, que empezó su mandato de forma incluso brillante, corre el riesgo de llegar a las cotas de tontuna de Hollande, probablemente el gobernante más estólido de todos los que han estado al frente de un país europeo en los últimos años, por delante de Cameron y Zapatero. En este caso, Macron se las quiso dar de moderno, quiso ser un campeón de les ecoló y le ha salido el tiro por la culata.

¿Quiénes son los gilets jaunes? Pues gente que vive en el exterior del Grand Paris, en la corona que rodea la gran metrópolis, industriales y transportistas que han de desplazarse cada día en sus vehículos, porque allí no llega el Metro y los transportes públicos han sido severamente recortados por la crisis. Toda esta gente depende de su automóvil, camioneta o camión, que se han comprado con esfuerzo y que en muchos casos ni siquiera han terminado de pagar a plazos. Una subida de los impuestos al combustible literalmente los estrangula. Sin olvidar que hasta hace cuatro días el diesel se vendía como el producto más ecológico y se subvencionaba para que fuera más barato que la gasolina. A esta gente, les ecoló directamente le da por le cul. La revuelta fue espontánea, se convocó por las redes sociales y se fue al centro de París no por casualidad. Es una reacción contra el mundo de los elegantes, los hipsters, los ecologistas y los dandis que viven a todo lujo en la Ciudad de la Luz, a la que todo el Estado francés apoya y sostiene, mientras ellos pasan penurias sin cuento.

¿Estoy diciendo que se deben abandonar las medidas contra el cambio climático? No, desde luego. Es el viejo dilema. Para quien lo desconozca, en los años 70 se empezó a poner en cuestión el modelo de crecimiento económico continuado e indefinido. Se entendió que era imposible mantener ese modelo para siempre, porque nos cargaríamos el planeta, y se le contrapuso una idea muy atractiva: el crecimiento cero. Yo recuerdo un artículo a toda plana en el Triunfo (lo que leía yo en aquellos tiempos) glosando las bondades que traería al mundo una política de crecimiento cero. Lo firmaba Luis Racionero, más tarde famoso porque le pillaron plagiando descaradamente y se defendió diciendo que él no plagiaba, él intertextualizaba. La idea se consideró y se estudió en la ONU y la OCDE, pero fueron precisamente los países pobres o en vías de desarrollo los que dijeron que el crecimiento cero pa’ los ricos, que a ellos les dejaran seguir creciendo hasta ponerse a la par que los grandes, y luego ya verían. Entonces se llegó a una solución de compromiso, que se dio en llamar desarrollo sostenible.

Es decir, las medidas para luchar contra el cambio climático han de subordinarse, o al menos compatibilizarse con la lucha contra la desigualdad del mundo, que, en mi opinión, ha de ser prioritaria. ¿Y cómo se hace eso? Pues con imaginación y valentía. Eso es lo que hace, por ejemplo Justin Trudeau al frente del Canadá. Este joven e innovador gobernante ha aprobado una tasa de 20$ por tonelada de CO2 producida, que irá subiendo progresivamente hasta alcanzar los 50$ en 2022. Pero el 90% de lo que se recaude por ese impuesto se devolverá a los ciudadanos canadienses. Se estima que una familia de Ontario podría pagar 564 dólares más al año, pero recibiría a cambio una devolución fiscal de 697. Cojonudo. Por eso a este señor lo adoran sus ciudadanos y no le forman revueltas de gilets jaunes (por cierto, supongo que habrán leído la noticia de que, en Egipto, el dictador militar Al Sisi ha prohibido la venta de chalecos amarillos en todo el país. Just in case, que dicen los gringos, o por si es caso, que decimos en Galicia).

Vale. Ahora querrán ustedes saber de dónde he sacado esos datos tan concretos. Pues les pongo la fuente, pero, por favor, no hace falta que se lo lean si no quieren, ya les he resumido lo principal, es un artículo muy largo y sesudo y no quiero que les pase como a mi amigo X que usa mi blog para echar la siesta, se fuerza a leer todos los links que les pongo aunque sean un tostón y se queda frito antes de volver al post. Mi fuente la tienen AQUÍ. En fin, con esto hemos contado cómo empezó la revuelta de París. Pero luego, la cosa se ha salido de madre, se ha desvirtuado y ha virado de forma peligrosa. Los revoltosos han recibido el apoyo decidido de los fachas de la señora Le Pene, que suelen acudir al lío como moscas a la mierda. Y ahora, ya puede hacer Macron lo que quiera, que el ambiente va a seguir siendo explosivo, porque estos sectores quieren otra cosa y han visto el poder de la revuelta. Y ya se habla de que Le Pene estaría por delante de Macron en todos los sondeos. Los movimientos populistas de la extrema derecha están teniendo un crecimiento imparable en todo el mundo. Eso explica la elección de Trump, el Brexit y muchos otros hechos lamentables.

En este sentido, la reciente aprobación del Pacto Mundial sobre la Inmigración, auspiciado por la ONU, ha tenido la virtud de retratar a los países gobernados por movimientos de ese tipo. La lista de los no firmantes es bien significativa: USA, Italia, Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Estonia, Bulgaria y otros. Al gobierno belga le ha costado su disolución, porque los independentistas flamencos del N-VA le han retirado su apoyo, sólo por firmar ese acuerdo. Estos del N-VA han sido en estos años el principal apoyo exterior de Puigdemont y los secesionistas catalanes, de los que hace tiempo que vengo proclamando que comparten costado ideológico con Trump, Le Pene, Farage, Salvini, etc. Y con Vox, por supuesto. Tal vez piensen que es una manía mía, pero ya lo dice hasta gente tan bien informada como el gran Jaume Reixach, en el artículo que, este sí, les pido que lean y que pueden encontrar AQUÍ.

Extraordinario como siempre este hombre. Me hace gracia que los catalanes estén convencidos de que lo suyo es diferente. Escolti tú, esos otros son feixistas, un respeto ¿eh? que nosaltres somos pacíficos, nosaltres somos demócratas, no compares. Es cierto que los independentistas catalanes comparten retórica y métodos de una cierta izquierda, pero los movimientos se califican por sus fines, no por sus métodos. Su mecanismo mental es el mismo por el que a mí me repugnan los viejos verdes, pero escolti, lo mío es diferente, yo busco la amistad de las chicas jóvenes, el amor platónico, el feeling compartido, el cariño y la conexión mental. Y yo tampoco soy violento ¿eh? Creo que está bien claro.

Les voy a dejar de regalo una música navideña que ya he usado en el blog, pero es que no encuentro otra mejor. Nadie como el gordo Fats Domino para extraer un groove imparable de algo tan soso como el Jingle Bells. Y las imágenes del vídeo son diferentes. Esta vez son todo un catálogo de la parafernalia navideña del american way of life. Buenas fiestas, que les toque hoy el otro gordo y que pasen unos días felices los que puedan.




miércoles, 19 de diciembre de 2018

794. Familias, carreteras y honras fúnebres

Les he tenido todo este año muy malacostumbrados con viajes y aventuras prodigiosas sin cuento y, ahora que estoy bastante tranquilo haciendo vida casera (dentro de un orden) y trabajando de manera regular, pues parece que a este foro le falte algo más de emoción. Qué quieren que les diga, un relato de autoficción como este que vengo perpetrando de unos años para acá en el blog, fundamenta su autenticidad también en la ausencia de noticias cuando no las hay. Hay veces que uno se hace incluso más creíble por omisión que forzando una sobrecarga ficticia de acontecimientos. Ahora mismo estoy atravesando uno de esos lapsus del sinvivir en que se ha convertido mi existencia en los últimos tiempos y he de esforzarme en encontrar temas con los que cubrir el expediente, sin caer en el coñazo de los vientos catalonios y otros temas tóxicos de la actualidad. Aunque la verdad es que sigo sin parar demasiado, pero con temas ciertamente menos espectaculares que Chicago, la Isla de Pascua o mi amigo ficticio Jordi-que-no-se-llama-Jordi.

El jueves pasado, por ejemplo, acudí a la sede del Instituto Cervantes para asistir a un acto de homenaje al escritor mexicano Ignacio Padilla cuya imagen pueden ver aquí a la izquierda. No tenía grandes referencias de este escritor, pero ha sido todo un descubrimiento. El acto, presentado por el director del Instituto Luis García Montero, coincidía con la publicación de la antología de todos los cuentos de Padilla, agrupados en una caja de cuatro libros, que se llama la Micropedia. Parece, según se dijo, que Padilla concibió sus cuentos con ese formato y se dedicó a escribirlos para rellenar una estructura literaria previamente diseñada, trabajo que le llevó los últimos veinte años de vida. Mi amigo el editor Juan Casamayor, responsable de la editorial Páginas de Espuma, se ha embarcado en la aventura de publicar la obra de Padilla en ese formato. Algo que me parece muy meritorio y de alto riesgo. Yo me compré, por supuesto, un ejemplar de la Micropedia, pero me parece que su precio de 60€ no le augura un gran futuro en las librerías. Al contrario del libro Lo llamaré frontera, de mi amiga María José Beltrán, que ha agotado su primera edición y tiene en prensa la segunda. Si se les ocurre regalar libros estas navidades, no me digan que no les estoy dando ideas.

Ignacio Padilla, murió hace dos años atropellado por un vándalo al volante. Circulando por la carretera de Querétaro a Ciudad de México, se encontró parado en medio de un atasco monstruoso, como el que relataba Julio Cortázar en La autopista del sur. Como el coche no se podía mover, se le ocurrió bajarse para llamar más cómodamente a su hija por el móvil. Se salió al arcén de la vía y por allí se lo llevó por delante un loco que iba adelantando por la derecha a toda velocidad para salvar el atasco de una tacada. Se interrumpió así bruscamente la carrera literaria de uno de los mayores talentos de la literatura mexicana. Padilla, integraba además un grupo literario de gente joven, que eran todos amigos y estaban muy unidos. Los otros estaban en el acto, que resultó muy emotivo. Estoy hablando de Jorge Volpi, de Fernando Iwasaki, de Juan Carlos Méndez y otros. Todos ellos se autodenominaron el grupo El Crack, del que Padilla parecía ser el tipo más brillante. 

Ignacio Padilla hizo de su vida una novela, en la que llevaba la autoficción a sus límites, puesto que todo el rato contaba mentiras sobre sí mismo, según reconocieron todos, aunque nadie supo decir si se las creía o no. Originario de Ciudad de Mexico, empezó esta vida novelesca yéndose a hacer los dos años de la Prepa (el COU, para entendernos) nada menos que a Swazilandia. Regresó de allí contando que había compartido pupitre con las hijas de Mandela, algo que nadie se creyó, como tampoco la historia de que estuvo a punto de ser fusilado porque le confundieron con un líder mercenario que había puesto una bomba en Zambia. Después cursó la carrera de Literatura y se fue a hacer un máster de un año a Edimburgo y otro a Salamanca, donde se reunieron todos. Lanzada ya su carrera literaria, vivió una serie de años en Europa, incluyendo tres años como agregado cultural de la Embajada de México en Londres, antes de volver a su tierra a encontrarse con esa muerte inesperada. El acto fue, como digo, muy emotivo y allí nos reunimos la familia de los escritores y otros satélites asociados como yo, para rendir tributo al colega difunto. Por allí saludé a Ronaldo Menéndez, Valeria Correa y el propio Juan Casamayor, con los que acabé tomando unas cervezas.

El viernes terminé mi trabajo, llegué a casa con la intención de descansar de una semana bastante intensa, pero entonces sonó el teléfono y me comunicaron el fallecimiento a mediodía de la mujer de uno de mis escasos primos hermanos que me quedan vivos. Me tocó coger el coche y viajar hasta La Roda (Albacete), directamente al tanatorio, donde estaba esta parte de mi familia al completo, una familia a la que no veo más que en ocasiones como esta. Por segunda vez en poco tiempo, familia, honras fúnebres y carretera. Y emociones también a raudales, porque la fallecida, a pesar de sus 88 años, estaba muy bien un par de días antes y era muy apreciada por todos. Encuentros con viejos conocidos y parientes lejanos, intercambio de novedades vitales, recuento de recuerdos, descubrimiento de alguna prima a la que viste por última vez cuando era una niña y ahora la encuentras convertida en una mujer sorprendentemente próxima. Recuperación de raíces familiares, en suma. Pasan los años y nos vemos poco, pero uno  sabe que existen estos parientes y que no le van a fallar. Este año he viajado a rincones lejanos del mundo, como Los Ángeles, Chicago o Santiago de Chile y me he encontrado amigos por todos lados, pero resulta que aquí al lado, en La Roda (Albacete), hay personas que te aprecian y con los que compartes muchos vínculos. Dice Bruce Springsteen que uno no puede saber a dónde va si olvida de dónde viene.

El sábado las emociones se desbordaron en el funeral y el entierro, que se hicieron según el ritual de los pueblos manchegos como este. El féretro es llevado del tanatorio a la iglesia (en el centro del pueblo, Siglo XVI, sólida construcción renacentista) y, tras el funeral, vuelta al cementerio, que está al lado del tanatorio. Conmovido por toda esta sinfonía de emociones, cogí el coche de vuelta y tomé la carretera para llegar a comer a Madrid. A este respecto, he de contar que el camino de vuelta lo hice por la misma ruta que el de ida: la autopista de peaje AP-36. A la ida, tome ese camino porque era de noche y ya saben que por las noches veo peor. Me sorprendieron dos cosas. El contraste brutal entre el tráfico espesísimo y lento de la A-4, hasta llegar a Ocaña, con el vacío absoluto de la AP-36, que nadie utiliza. Pensé que el peaje sería carísimo y aquí viene la segunda sorpresa: 13€ por hacer unos 150 kms. Piensen que, por ejemplo, la R-4, construida también absurdamente en los años de la burbuja, tiene 50 kms. y cuesta unos 10€. No es de extrañar que no la use nadie.

La AP-36 se inauguró en 2006 y fue como todas un fracaso. Empezó siendo más cara y, ante la falta de usuarios, fue bajando de precio hasta que el concesionario no pudo más y el Estado la rescató, en este año de Dios de 2018, lo mismo que la R-4 y las demás. Ahora, el Ministerio está estudiando bajar el peaje aun más para ver si entran más conductores. Pero a mí me parece que pagar 13€ por hacer 150 kms. de forma cómoda por una carretera bien trazada y bien mantenida, es un precio muy razonable. Esta es otra muestra del salto al abismo que dio nuestra sociedad en torno a 2007/2008: de la abundancia y la fe en un crecimiento indefinido, a la crisis de la que aun no hemos salido. El problema es que, si no usamos estas carreteras por roñas, las tiene que rescatar el Estado y luego las pagamos todos, como muestra este cartel que sostiene nuestro amigo el barbas.




Llegan las navidades; desde este viernes ya no vuelvo a la oficina hasta el 8 de enero, así que tendré margen de cumplir algo más con el blog, espero. Mis hijos vienen este fin de semana a pasar las fiestas a Madrid. Por cierto, mi último día de trabajo lo dedicaré a atender a una delegación de la ciudad surcoreana de Ulsan, que tiene un río urbano sobre el que quieren hacer una propuesta de regeneración de sus márgenes. Mi plan es echarles un speech a primera hora y luego visitar el Madrid Río y comer con ellos en la Cantina del Matadero. En esta ocasión, el contacto me ha llegado a través de la traductora que han contratado, una chica muy simpática que atiende por Mónica Kim. Ella preguntó a sus colegas traductoras y le dijeron que nadie como yo para contarles el río. Les dejo con una foto de la chica para que vayan haciendo boca.



jueves, 13 de diciembre de 2018

793. Un espacio para la poesía

Al promediar la tarde de aquel día,
cuando iba mi habitual adiós a darte,
fue una vaga congoja de dejarte
lo que me hizo saber que te quería.

Hoy vamos a hablar de los poetas y de la poesía, un arte mayor que se disfruta con los sentidos, como la música, y del que obviamente no soy un experto. Lo mío es la narrativa, el rock, la autoficción, el humor y el análisis sociopolítico ligerito, sin entrar en mayores profundidades, siempre tan aburridas. No obstante, sí que leo poesía y tengo en mi mesita de noche algunos poemarios que de vez en cuando ojeo, como la antología de dos tomos con todas las letras de Bob Dylan, premio Nobel de Literatura largamente merecido aunque concedido con retraso, o Mujer lenta, de José Ovejero, o Danza de la Muerte, de Leopoldo María Panero. Incluso el libro de cuentos Lo llamaré frontera, de mi amiga María José Beltrán, está más cerca del mundo de la poesía que del de la narrativa. No soy un experto, como digo, pero a este blog hay que darle aire, si no queremos que languidezca, y la variedad de temas es uno de sus puntos fuertes, por lo que me dicen. Aunque yo tengo la impresión de que siempre escribo sobre lo mismo, que mis textos no hacen más que dar vueltas y vueltas sobre los tres o cuatro asuntos que me preocupan o me interesan.

Los versos que encabezan este post salieron de la pluma del gran Leopoldo Lugones, uno de los mejores poetas clásicos de Argentina, y constituyen el primer cuarteto del soneto titulado Alma venturosa, donde se describe con precisión esa primera emoción del amor que surge. El soneto habla luego del rubor de la chica y cómo ese tono rosado leve, casi imperceptible, expresa la duda, la atracción-temor de la inexperiencia. Cosas como ésta sólo se pueden explicar con un poema. Lugones fue un gigante de la poesía modernista latinoamericana, a la altura de Rubén Darío. Pero entiendo que ustedes prefieran estilos más actuales. Por ejemplo el de otro grande de la poesía argentina como es Juan Gelman. Abajo pueden ver cómo expresa este genial autor el anhelo y la tortura de la ausencia, la compulsión de poseer y ser poseído por el ser amado, otra de esas emociones que sólo pueden describirse en un poema. El título es Ausencia de amor.

Cómo será pregunto.
Cómo será tocarte a mi costado.
Ando de loco por el aire
que ando que no ando.

Cómo será acostarme 
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobre cristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.

Será ya como sea.
Tal vez me estalle el cuerpo todo lo que he esperado.
Me comerás entonces dulcemente
pedazo por pedazo.

Seré lo que debiera.
Tu pie. Tu mano.


La poesía es un arte de larga tradición en el cono sur americano. En mis reseñas chilenas ya hice referencia de pasada al hecho de que Pablo Neruda, poeta aclamado unánimemente en todo el mundo, sea un personaje bastante más controvertido en su tierra. Han podido comprobar que no les mentía, si leyeron la información de que el proyecto gubernamental de renombrar el aeropuerto internacional de Santiago de Chile como Aeropuerto Pablo Neruda está levantando ronchas en el país. Desde ciertos sectores se acusa incluso al poeta de machista ajqueroso y maltratador de mujeres. Si no lo han leído, pueden hacerlo AQUÍ. A este respecto, les transcribo lo que me contaron algunos chilenos.

En el universo de la poesía chilena, hay tres gigantes reconocidos por todo el mundo literario: Vicente Huidobro, Gabriela Mistral y Pablo Neruda. Neruda es sin duda el más popular a nivel internacional pero, en Chile, la persona más conocida y más querida de los tres es sin discusión Gabriela Mistral. De hecho, su nombre se propone como alternativa para el aeropuerto. ¿Se debe esto al hecho de ser mujer y provenir la indignación de sectores feministas? No exactamente. En realidad, Huidobro y Neruda fueron algo más que poetas. Fueron hombres públicos cuyas opiniones se seguían y respetaban y que tuvieron una participación activa en la vida política de su país. Desde esa condición más integral, ambos se decantaron por opciones políticas opuestas y extremas. Huidobro, tal vez el más dotado de los tres para la poesía, terminó en las filas de la extrema derecha. Y Neruda en el Partido Comunista. Como se pueden imaginar, ambos se odiaban a muerte.

A Neruda lo mataron a los pocos días del golpe de Pinochet. Durante los siguientes 17 años sus libros estuvieron prohibidos en Chile. Mientras tanto, los libros de Huidobro y las descalificaciones que le lanzaba a Neruda, se difundieron libremente. Las nuevas generaciones de chilenos crecieron en la ignorancia de Neruda (como las nuestras con Alberti o Hernández), incluso algunos se han enterado de su existencia a través de determinadas películas, como la exitosa del cartero. Ahora se acaba de editar su obra completa y va teniendo un poco más de repercusión. De todas formas, las cosas que decía Huidobro tenían su fundamento. A Huidobro le hacía gracia que su enemigo mortal se las diera de progre y de desinteresado. Huidobro pertenecía a la clase alta y consideraba a Neruda un arribista social. Como prueba de su afirmación, argumentaba el hecho cierto de que Neruda se casó tres veces y todas ellas con damas adineradas, que le permitían vivir como un cura y poderse dedicar a la poesía y a vender su imagen. ¡Así soy yo también de izquierdas! –exclamaba el ultra Huidobro.

Como les conté, Neruda fue candidato a las primarias de la Unidad Popular por el Partido Comunista y se retiró para dejar paso a Allende. Según Huidobro y sus partidarios, ello se debió a que le había llegado el soplo de que casi tenía en la mano el Nobel de Literatura, que ganaría finalmente ese año. Frente a esta disputa un tanto pueril y ridícula, no es de extrañar que la gente imparcial, la clase media urbana de Santiago y Valparaíso, se decantara por Gabriela Mistral, una mujer entrañable y próxima, desprovista de orgullos absurdos, que siempre permaneció junto a los suyos, el pueblo del que se nutría su poesía, con los que compartió una existencia modesta que no le impedía componer unos poemas de una hondura sorprendente.

Pero habíamos quedado en hablar de poesía y no sólo de los poetas y sus egos. Tal vez ustedes crean que este es un arte sólo al alcance de ciertas élites exquisitas, paladares selectos, gentes que mean colonia y levantan el meñique al sorber de sus tazas de té. Para conjurar ese prejuicio e intentar engancharles a la poesía, les voy a poner un par de fragmentos, sin salirme de los libros de cabecera que pueblan mi mesita de noche. En el poemario de José Ovejero Mujer lenta (Pre-textos, 2018), se contiene el poema Escribir, que les transcribo aquí entero.

Escribir es idéntico a lamer tu coño;
paseo la punta de la lengua por cada pliegue,
por tus susurros y tus gritos, por el eco
cada vez más lejano del nombre
que me has dado
como quien pone un collar a un perro,
para que te pertenezca y me distinga
de todos los perros y perras
del barrio.
Muerdo y me alegro de que a pesar de todo
no brote la sangre, muerdo, lamo como escribo,
el mundo no es que esté ausente, lo llevo dentro,
no lo olvido pero lo contengo en mis venas
y en el vientre,
la saliva es tinta que no emborrona ni se corre
sobre tus rasgos,
aclara, permite el descenso de mis manos,
entrar en el núcleo de las cosas sin que duela tanto,
tanto, tanto
esa rabia con la que te deletreo
ese instante en el que podría afirmar que lo he visto todo,
ese penar y alegrarme,
para, al final, que no es el final, llegar
y haber creado un personaje salido del barro
y la trama infinita
de un pasado que cuento en presente
en tu oído, en tus labios, en tu coño,
y es un cuento antiguo, contado por otros,
y a la vez nuevo, una red de posibilidades
un bosque

en el que perderme.

No me dirán que este tipo de cosas puede expresarse por otro vehículo que no sea la poesía. Ovejero hace aquí un canto a la vida, a la sensualidad, a los sentimientos más intensos y un paralelismo entre la vida y el proceso de creación literaria, tan similares en su opinión. En el otro extremo del espectro anímico está Leopoldo María Panero, un tipo realmente loco de encerrar, como tuve ocasión de comprobar un par de veces en que estuve tomando cañas con él por los antros más infectos de Malasaña. Sucedió esto en la prehistoria de mi vida, porque teníamos un amigo común compañero de farras. Para Panero, la creación literaria es un proceso doloroso, de esos que te dejan exhausto. Leopoldo expresa todo el horror de una vida mirando a la mierda y al infierno de la propia existencia. El libro Danza de la Muerte (Igitur, 2004) no es ciertamente muy recomendable para los días de bajón. De aquí les he extraído este fragmento sin título.

Sólo soy un fantasma
a una piedra atado, porque ningún hombre quiere saber
el secreto oscuro de la vida
de la vida que apesta, como mujer vencida
como derrota que soy yo, como silencio
estruendoso de la vida
que apesta más que un pedo
el silencioso pedo de existir
aun frente a los hombres, en pugna por la vida
y con el secreto
cruel de la existencia
donde como un marino holandés borracho me tambaleo
y sobre el papel hago eses
para olvidar que soy una serpiente
y sobre el papel sólo me veo,
como un papel que estruja una doncella,
menos que un hombre y menos que doncella
menos aun que un árbol y menos que la nada

He de decirles que tengo también una amiga que hace poesía, la estupenda Valeria Correa Fiz, una exuberante argentina que vive entre Madrid y Milán, heredera de la mejor tradición poética de su tierra y muy buena también como narradora, como ha demostrado en su excelente libro de cuentos La condición animal, ya comentado en el blog. Valeria estuvo en la última Feria del Libro de Guadalajara, en donde le tocó participar en una mesa redonda con Leonardo Padura. Al final, se hicieron esta foto que ella colgó en su perfil de Facebook al que estoy suscrito.


Este post es, digamos, un respiro que me he tomado antes de que el ambiente prenavideño nos invada. Ayer hizo una niebla de la hostia y en mi curre vamos a la carrera para dejar los deberes lo más avanzados que se pueda, antes del día 21, en que iniciaremos esa interrupción anual del mundo durante tres semanas, en las que hemos de dedicar el tiempo a martirizarnos con villancicos y petardos, tocar la zambomba, comprar compulsivamente regalos y poner cara de felicidad. Espero que estos poemas les animen a comprarse algún libro de poesía, un arte que ayuda mucho a pasar el trago de las fiestas. La poesía es en cierta manera una forma de vivir, hay gente que hace poesía cada día, aunque no escriban nada. Y algunos letreros callejeros pueden resultar decididamente poéticos, como este que pueden ver abajo y que me mandó la propia Valeria.









Para los que tengan dudas sobre si iniciarse o no en la poesía, les dejo de regalo un poema maravilloso. Se debe a la pluma de un ya anciano Czeslaw Milosz, premio Nobel de Literatura 1980, fallecido en 2004. No cabe mayor sinceridad que la de este hombre, con cuyos sentimientos me identifico plenamente. Sean felices.

Honesta descripción de mí mismo bebiendo un trago de whisky en un aeropuerto, digamos que en Minneapolis

Mis oídos cada vez captan menos las conversaciones y mis ojos se han debilitado, pero son insaciables.
Veo sus piernas en minifaldas, en pantalones, en telas onduladas
Miro a cada una de ellas, sus nalgas y sus muslos, arrullado por las fantasías del porno.
Viejo libidinoso, ya es hora de que te vayas a la tumba, no de andar con juegos y diversiones de muchachos.
Pero hago lo que siempre he hecho: concebir escenas de esta tierra bajo las órdenes de mi imaginación erótica.
No es que desee a estas criaturas en particular; lo deseo todo y ellas son como un signo de la unión extática.
No es mi culpa que estemos hechos así: la mitad de contemplación desinteresada, la mitad de apetito.
Si algún día fuera al cielo, tiene que ser como aquí, salvo que me liberaré de mis torpes sentidos, de mis pesados huesos. 
Transformado en mirar puro, absorberé, como antes, las proporciones de los cuerpos humanos, el color de los lirios, una calle de París en un amanecer de junio, todo ello incomprensible, incomprensible la multitud de cosas visibles.

domingo, 9 de diciembre de 2018

792. Tras tres días triscando entre trasgos

Bien, aquí me tienen de nuevo después de una excursión senderista al interior de la provincia de Castellón, que me ha ocupado cinco días (dos de ida y vuelta y tres de triscar por los montes). El miércoles 5 salí directamente desde el curre, donde había aparcado el coche en un parque cercano con el equipaje hecho. Y llegué a dormir al hotel María de Luna, en el pueblo de Segorbe. El jueves hicimos una marcha de unos 10 kms, con más de 600 metros de desnivel y piso bastante malo. He de confesar que acabé un tanto cascado. El viernes la ruta fue de unos 14 kms, pero con un desnivel similar y mejor piso. Los colegas se quejaron de que era dura, pero a mí me resultó mejor, ya saben que soy de desarrollo largo. Estas dos primeras rutas fueron por la sierra del Espadán, un lugar lleno de parajes solitarios, donde es difícil encontrarse con nadie, salvo los trasgos y otros habitantes del bosque mediterráneo, con alcornoques, viejas instalaciones para la saca del corcho, balcones al abismo, formaciones pétreas monumentales y hasta trincheras de la Guerra Civil perfectamente conservadas. No olvidemos que la zona de Valencia fue donde se refugió el Gobierno Republicano cuando empezó el asedio de Madrid y la última en caer.  

Ayer viernes nos desplazamos al entorno de Sagunto y subimos al Picayo, la cumbre más oriental de la sierra Calderona, muy cerca del pueblo de El Puig. Fue una excursión pequeña, sólo de mañana y con unos 300 metros de desnivel, a modo de aperitivo del estupendo arros del Señoret con el que nos obsequiamos en el restaurante Noray, en la playa de El Puig. Las tardes/noches de los tres días las dedicamos a visitar los monumentos y los bares de Segorbe y otros pueblos cercanos. Hoy por la mañana he pillado el coche de vuelta para evitarme el atasco de entrada a Madrid y he llegado a tiempo de tomarme un vermú en el barrio, comerme un cocido que tenía en la nevera (y que después de casi una semana de cocinado, estaba mucho más bueno) y echarme una siesta en condiciones, que mañana me toca incorporarme a la oficina. Tras un té Earl Grey, me he puesto al teclado para escribir algo, mientras se juega el partido River-Boca en el Bernabeu, un acontecimiento de postín, que ayuda a poner a nuestra ciudad en el mapa y, por tanto, me parece bien.

Está mi casa muy tranquila en este domingo final del puente más largo del año y, para que sintonicen con este ambiente reposado, voy a empezar poniéndoles una música ad hoc. Se trata de la versión del Secret Love que hace el excelente pianista yanqui de jazz Brad Mehldau, sobre las evocadoras imágenes viradas a blanco y negro de El paciente inglés, una triste película con dos actores muy buenos y muy guapos. Pueden elegir quedarse viendo las imágenes, o continuar leyendo y dejársela de fondo  




Nos habíamos quedado el otro día en que tenía pendientes algunas reflexiones sobre las elecciones andaluzas, pero se me ha cruzado por medio una información que no sé si han leído. Salió el otro día en El País y enlaza con dos temas sobre los que se ha hablado en el blog. En primer lugar, el terrorífico asesinato y eliminación completa del cuerpo del periodista Khashoggi en Estambul. Les comenté que me sorprendía mucho esa saña, ese auténtico odio africano que había llevado al príncipe heredero saudí a eliminar de una forma tan cruel a un simple periodista difusamente crítico con su régimen, un tipo que escribía en el Washington Post unos artículos en los que reclamaba un poquito de libertad de expresión en su tierra. Pues bien, en este artículo, se desvela la verdadera causa de su asesinato. Y además, la cosa conecta con el mundo de los algoritmos del que se habló el otro día. Como ya está escrito, y muy bien por cierto, me parece inútil que se lo cuente; simplemente léanlo. Los mensajes de whatsapp que este pobre hombre enviaba a su socio han salido ahora a la luz y aparecen en el artículo como citas destacadas a derecha e izquierda. Para leerlo han de pinchar AQUÍ.

Impresionante. La verdad acaba siempre por salir. Sólo hay que buscarla. Pero teníamos pendiente analizar los resultados andaluces y aquí también les digo que es una inutilidad repetir lo que ya está escrito. Así que, ya con una semana de perspectiva y tras tres días triscando entre trasgos, intentaré decir algunas cosas que tal vez no se han dicho, o sí se han dicho y yo no las he leído, o al menos no se han dicho de la misma manera. Las voy a numerar y las cuento sin un orden predeterminado.

1.- Los sondeos fallaron estrepitosamente en lo relativo a Vox. Ni se olieron que iba a tener tantos escaños. Los más atrevidos aventuraban tres o cuatro y fueron doce. ¿Por qué? Pues está clarísimo. Porque la gente que pensaba votar a Vox no lo decía, porque no mola. Está mal visto. Es algo vergonzante. El encuestador preguntaba, el tipo decía que iba a votar a cualquier otro y nadie se daba cuenta de cómo le crecía la nariz. Pero ¡ojo! Eso ya no va a volver a pasar. En las próximas contiendas electorales, el que vaya a votar a Vox lo dirá bien alto, porque ahora se va a sentir respaldado por 400.000 andaluces.

2.-Yo confío en que Vox sea un fenómeno pasajero (cruzo los dedos). Buena parte de sus votantes han elegido esa opción para mostrar su descontento con una situación económica que no acaba de arrancar. A los gobernantes se les llena la boca diciendo que las grandes cifras de la macroeconomía van mejorando, pero la crisis nos ha dejado una situación de polarización social muy peligrosa, los de abajo están cada vez más abajo y los ricos cada vez son más ricos. Ese descontento alimentó hace unos años a Podemos y ahora lo ha hecho con Vox. Podemos se está diluyendo y a Vox le puede pasar lo mismo, aunque es difícil que consigan tener un líder tan torpe como Pablo Iglesias.

3.- La situación creada podría hasta ser buena para la izquierda. Quiero decir que, hace unos años, toda la derecha votaba en bloque al PP (incluidos muchos de los 400.000 de Vox) y ganaban siempre, porque la izquierda estaba fraccionada entre PSOE e Izquierda Unida, que muchas veces defendían propuestas políticas similares, pero perdían por estar divididos en dos bloques. Ahora que Podemos se está yendo a la mierda, tal vez se refuerce el PSOE y, al otro lado, la derecha se fraccione. Al fin y al cabo, Ciudadanos y PP defienden opciones políticas bastante similares. Vox, no; Vox es otra cosa. Pero les quita votos.

4.- La debacle del PSOE andaluz es muy fácil de explicar. Que un partido esté tantos años en el poder es algo muy malo. Es una situación que, de forma inevitable, genera rutinas perversas, clientelismo, putrefacción y corruptelas sin número. Cuando Felipe González perdió finalmente unas generales y le dejó el sitio a Aznar, les puedo jurar que mi primera sensación fue de alivio, aunque Aznar estaba entonces bastante lejos de mis anhelos políticos. Pero yo estaba harto de Filesas, de Roldán, del GAL, de la chulería de mirar a la cámara cuando la prensa acorralaba a Alfonso Guerra para decir que a ver si iban a tener dos por el precio de uno (por citar un detalle). Y Felipe llevaba sólo 14 años. ¿Se imaginan ustedes lo que han sido los 26 años de la derecha en el Ayuntamiento de Madrid? Ya les dije que yo era un chaval cuando llegaron y un anciano cuando se han ido. Pues ahora traten de visualizar lo que han sido 36 años de PSOE en la Comunidad andaluza. Algo sin parangón en Europa. Joder, es que en 36 años se muere mucha gente y nacen otros muchos. Y no se puede seguir con el mismo partido en el gobierno.

En Madrid, la descomposición del partido en el poder la simbolizaba en los últimos años Ana Botella. Pues Susana Díaz es una figura similar. Y eso explica la gran abstención y el descenso de votos del PSOE. Yo lo siento por ella, pero no se puede pretender ser la líder de una opción de centro-izquierda hablando de la forma en que habla esta señora. Con perdón, es como se oye hablar a ciertas señoras en el mercado o en la cola del pan. Un andaluz un poco culto con ideas, digamos, de izquierda moderada, no tenía más remedio el otro día que quedarse en su casa, o irse de excursión al campo. Porque las otras ofertas tampoco le resultarían muy tentadoras. Yo no sé qué más tiene que pasarle a Susana para que se dé cuenta de una vez de que la gente no la quiere. Que este país está ya muy por delante de su discurso rancio y pasado de moda.

5.- Un factor clave. Ni Pedro Sánchez ni Pablo Iglesias han bajado a la arena. No se han fajado en la contienda. Por motivos similares: su relación con las candidatas a la Junta no era ni es buena. Susana fue la que sacó a Sánchez de la secretaría de su partido, con un procedimiento bochornoso, petición de pizzas incluida. Y eso es difícil de olvidar. Además, no parece que le haya pedido ayuda. Tal vez pensó que podía ganar ella sola. Y el otro se ha pasado la campaña viajando por Cuba y otros lugares. El caso de Podemos es igual. La tal Teresa tampoco pidió ayuda, no quiso concurrir bajo las siglas de Podemos y hasta eliminó el color morado. Y el amigo Iglesias se pasó la campaña cuidando a sus gemelos. Casado y Rivera se dieron cuenta a tiempo y se dejaron la piel en la campaña. Estuvieron allí todo el tiempo, se lo curraron de lo lindo pueblo por pueblo y trajeron a todos los pesos pesados de sus partidos. Ellos son los que han ganado las elecciones para la derecha, lo de Vox es un efecto colateral.

6.- Una última cosa. Si Pedro Sánchez tuvo algún día la duda de adelantar las elecciones, esa vacilación ha desaparecido. Yo en su lugar me agarraba al sillón presidencial y me pegaba el culo con superglú. No me quitaban de ahí ni con agua caliente. Hasta los de El inMundo han dejado de insistir en el tema (¿se acuerdan de aquello del gobierno Frankestein?). Pero de las derrotas también hay que aprender y lo que no puede pretender el señor Sánchez es que nos creamos que la hostia se la ha llevado Susana ella sola por cabezota. El susanazo se lo ha pegado también él, con todo el partido, y más le vale que ponga las barbas en remojo si no quiere salir aun más escaldado en las próximas citas electorales. En cuanto al señor Iglesias, continúa demostrándonos que es el más humano de nuestros líderes (por aquello de errare humanum est) y se sigue equivocando a conciencia. De la derrota de su grupo ha sacado la conclusión de que hay que apoyar aun más a los independentistas catalanes (tiene huevos). Hasta que no se convenza de que esos señores comparten tendencia ideológica con Trump, el Brexit, Bolsonaro, Le Pene y Salvini, sus partidarios seguirán haciéndose la picha un lío y no pasará de encabezar un grupo marginal. 

Los nacionalismos son de derechas por definición, porque la izquierda de verdad es universalista. No existen diferencias entre el America first de Trump, el los españoles primero de Vox y el Catalunya davant de Puch Dem-un. Pero este es otro tema al que ya le dedicaremos el espacio que le corresponde. De momento, les anuncio que, en solidaridad con la huelga de hambre de los presos del prusés, y siguiendo el ejemplo del señor Torra (ese androide al que Puch Dem-un maneja desde Waterloo mediante un algoritmo), esta noche me voy a dejar el cuscurro de pan en la panera. Sean felices y hagan acopio de ánimo, que vienen las navidades. 

lunes, 3 de diciembre de 2018

791. Algoritmos, susanazos y yavoys

Pues el caso es que estaba yo preparando un texto sobre el suculento tema de los algoritmos, cuando me he visto arrasado por el tsunami, o tsusanami andaluz y nada: que me ha dejado empapado de arriba abajo, con las noticias que vienen del sur. Entonces me ha entrado la duda: escribo de los algoritmos o del susanazo que se ha pegado el PSOE. Esta mañana en el curre he escuchado a unas cuantas personas valorando los resultados de las elecciones andaluzas, el tema del día. Y he constatado lo que ya dije en alguna ocasión: que las opiniones son como los culos, que cada uno tiene la suya. Así que he decidido centrarme en los algoritmos y dejar un poco reposar el otro tema, a ver si se le quitan los posos y puedo rescatar de entre la maraña de opiniones una reflexión más reposada.

Lo del algoritmo me vino por lo siguiente. Mira que tengo yo claro que no hay que contar las novedades hasta que estén seguras y confirmadas. Que trae mal fario anunciar las buenas nuevas antes de que sean completamente seguras. Pues me ha vuelto a pasar. Soy un desastre. No aprendo. Me refiero a que, en mi último post, daba por hecho que desde esta mañana podría venir en coche al trabajo. Pues naranjas de la China. Lo explico. Como he contado otras veces, las plazas de garaje de mi oficina, se reparten a sorteo por períodos de seis meses. El sorteo se hizo sólo la primera vez; entonces se sorteó una letra y de ahí para abajo hasta llenar el parking. A los seis meses entraron los siguientes, hasta que se llenó de nuevo. Hay unas 200 plazas y somos unos 450 peticionarios. Así nos va tocando a todos, aunque cada vez hay unos 50 que repiten turno sin plaza. El 1 de diciembre empezábamos nuevo período. Yo me enteré de quién era el último del turno que finalizaba. Conté hacia abajo en la lista y encontré mi nombre 167 puestos más abajo. Por eso estaba seguro de tener plaza y por eso lo dije en el blog.

El jueves, de pronto, caí en la cuenta de que no me habían mandado el correo con el número de plaza y las condiciones de uso. Y comprobé que a todos les había llegado ya. Llamé a preguntar y me lo explicaron. Resulta que, los de Recursos Humanos, responsables del garaje, han decidido que todo el que se haga con el uso de una plaza mediante sorteo o cualquier otro mecanismo, tiene derecho a disfrutarla durante seis meses. A menos que la deje de usar antes de que pasen esos seis meses, porque se traslade a otra dependencia municipal, o venda el coche, o el médico le prohíba conducir o se jubile o se muera (hoy nos hemos desayunado con la noticia de un colega que se ha muerto en el fin de semana y otro en estado crítico por un infarto). En esos casos, la plaza pasa al siguiente de la lista, que se quedó en su día en espera. Pero este nuevo usuario también tiene derecho a usar su flamante plaza durante seis meses, a contar desde ese día.

Así que, con la cantidad de incidencias que suceden a lo largo de cada período de seis meses en un grupo de unas 800 personas, pues resulta que hay un baile de plazas continuo y un guirigay importante. En mi caso, me han dicho que todavía tengo a quince delante en la lista de espera. Deduje que ya no tendría plaza hasta el 1 de junio y me contestaron: –No creas, estás muy bien colocado, es muy posible que te hagas con una plaza no mucho más tarde de las navidades. Y aquí vino mi pregunta, trufada de estupor: –Pero el tipo que tenga que controlar ese quilombo, se vuelve loco; ¿cómo lo hace? ¿con un ábaco? Respuesta: –Es que el sistema no lo controla un funcionario. Eso sería prácticamente imposible. El sistema lo controla un algoritmo. 

Ahí es adonde queríamos llegar. El mismo jueves, salí del curre a la hora del café de media mañana y eché a andar bajo la niebla. Crucé un puente sobre las vías del tren y la M40 y me dirigí a una sucursal del BBVA, la más cercana ahora a mi oficina (antes tenía otra casi al lado, pero la han cerrado). Tenía que pagar el IBI de mi casa, que no tengo domiciliado por un viejo resabio de los tiempos en que Gallardón lo subía sin escrúpulos. Entré en la sucursal y me encontré un letrero que decía: Desde el 1 de octubre, el horario de caja será de 8.30 a 11.30. Miré mi reloj: eran las 11.35. Hablé con la directora de la sucursal. Le dije que, ya que había ido hasta allí, podía hacer una excepción conmigo y colarme como si hubiera llegado cinco minutos antes. Total por cinco minutos. Anda, mujer. La vida es eterna en cinco minutos, etc. Le puse la respuesta a huevo: –Caballero, yo no puedo hacer nada, a las 11.30 se cierra automáticamente la aplicación y ya no se puede utilizar hasta que se abre al día siguiente a las 8.30. Me fui por donde había venido, con un convencimiento: el horario de la sucursal lo maneja un algoritmo. 

Ustedes tal vez no se han enterado, pero buena parte de nuestras rutinas más cotidianas están en este momento gobernadas por algoritmos. Es un algoritmo el que ahora, cada vez que abro mi ordenador, me brea a anuncios de vuelos a Chicago y hoteles en esa ciudad. De Chile no me dicen nada, porque los billetes y las reservas de hotel las hizo un compañero de Ciudad Real. También saben qué tipo de noticias me interesan y a qué clase de ayudas solidarias soy más sensible. Ya quedó dicho que me hice socio de ACNUR, en una ocasión en que me llegó un dinero que no esperaba (también me hice accionista del Deportivo). Pues bien, desde que me apunté a ACNUR, no paran de entrarme mensajes de Amnistía Internacional y de UNRWA, que es como ACNUR, pero dedicada en exclusiva a los refugiados del conflicto palestino. Encima, estos últimos me llaman Vicente (aquí se ha liado el algoritmo). Cada día me desayuno con imágenes de niños palestinos heridos o hambrientos y mensajes desesperados que me imploran: –Vicente, tú no puedes consentir que suceda esto, Vicente. Tienes que ayudarnos, Vicente.

Para que vean que no les engaño, les pongo el enlace a un par de artículos sobre los algoritmos, sólo de las últimas 24 horas. No hace falta que los lean, sólo échenles un vistazo diagonal (a menos que les interese). Los tienen AQUÍ y ALLÁ Los algoritmos sirven también para reforzar las propias líneas de pensamiento de cada uno. Si saben que usted es un facha (o un rojo), le harán llegar noticias reales o falsas para que se reafirme en sus ideas. Incluso en casos de gente dubitativa pueden ayudar a inclinarles a uno u otro lado. Así se forjó la victoria de Trump, como la del Brexit y otras. Es decir, querido lector, que alrededor de usted hay unos algoritmos que le bombardean sutil e imperceptiblemente con mensajes, con los que usted forma lo que se llama una colmena de pensamiento, que luego refuerza si tiene un grupo de whatsapp o similar en el que la matraca se repite ad eternum. Los votantes de Vox del domingo, seguro que todos pudieron leer el sábado una noticia en libremercado.com, en la que se decía que la contaminación en Madrid había aumentado desde que se había cerrado el centro al tráfico el día anterior. Creen que me lo estoy inventando. Pues ACULLÁ la tienen.

Pero los algoritmos hacen muchas más cosas. Por ejemplo, controlan la mayoría de las fases de los procesos de selección de personal. A la gente de la edad de mis hijos, las empresas los seleccionan ayudándose de un algoritmo, hasta la etapa final, que suele consistir en una entrevista personal, para comprobar que el algoritmo no se ha equivocado de perfil. Y también se utilizan para timarte. Les pongo un ejemplo. El otro día intento localizar a un concursante de Reinventing Cities, para ver si está enterado de que lo esperamos esa tarde para una sesión de participación en la Junta de Distrito. Encuentro un número de contacto que nos ha dado y lo marco con mi móvil. Mientras espero a ver si lo coge, no me suena el típico pitido, sino un reggaetón escandaloso a volumen sideral. Miro el aparato y veo un letrero que dice algo así como: –Si acepta la llamada pulse uno, si desea continuar pulse dos. Pulso el uno, me sale el tono normal de llamada en espera y un rato después la habitual voz mecánica me remacha que mi interlocutor no contesta, como si yo fuera sordo o lelo y no me hubiera dado cuenta ya.

Continúo con mi trabajo y a la hora de comer se me ocurre mirar el móvil y veo que tengo dos mensajes SMS. Los consulto. El primero dice: –Yavoy info: Has copiado el yavoy Échame La Culpa, de Luis Fonsi, que acabas de escuchar. Yavoy es GRATIS el primer mes. Después, 2,49€/semana IVA incluido. Si no lo quieres, envía CANCELAR al 2210 antes de 30 minutos. Más información en el link xxxx. El segundo SMS, exactamente 30 minutos después, dice: –Yavoy info: Enhorabuena. Tu petición para copiar el yavoy Échame la culpa, de Luis Fonsi, que has escuchado cuando llamabas al número XXXXXXXXX, se está procesando. En breve, te informaremos de su activación por SMS y ya será escuchado por todas las personas que te llamen, hasta que descuelgues. Gracias por tu confianza. Ese era el segundo mensaje.

Aterrorizado, me apresuré a enviar CANCELAR al número que me decían. Tres veces lo intenté y las tres veces con el mismo resultado: Error al enviar. Entré en Internet y descubrí que se trataba de una trampa saducea de la que no era fácil salir y encima consentida o amparada desde el entorno Movistar. Un tertuliano se quejaba amargamente de que le habían colado uno de estos yavoy, que lo tenía adherido a su móvil como una lapa, que le estaban cobrando semanalmente y no conseguía anularlo y que, cada vez que le llamaba alguien, al comunicante le sonaba el Y Viva España de Manolo Escobar, con lo que encima tenía que afrontar la rechifla de todos sus amigos y parientes. En fin, les cuento todo esto para que no caigan ustedes en la misma trampa.

¿Y cómo se solucionó el asunto? Pues tuve más suerte que Jaime de Moratalaz con su tarjeta black. Resulta que la llamada la había hecho con la tarjeta del móvil municipal (por eso es de Movistar; el mío particular lo tengo con Orange). Y el móvil del trabajo está capao, de forma que sólo sirve para hacer llamadas y SMS en el territorio nacional. No me vale en el extranjero ni tengo whatsapp ni datos ni Internet ni nada. Así que la cosa se ha anulado sola. Aún así, de vez en cuando le digo a algún amigo que me llame y me confirme que no le sale el Échame la culpa de Luis Fonsi. Si me hubiera entrado esa garrapata virtual en mi móvil particular, hubiera sufrido una estafa digital, sin duda urdida por un algoritmo. Dentro de poco, los algoritmos te dirán por dónde has de seguir caminando para evitarte una pelea callejera, qué gel de baño le conviene más a tu piel, dónde están ese día las manzanas golden más baratas, etc.

Y no se detendrán aquí. En un futuro no muy lejano, uno tendrá que pedir permiso al algoritmo para cruzar la calle. Al que insista en cruzar con el semáforo en rojo, le sonará un mensaje que dirá: dése la vuelta, está poniendo en riesgo su vida y todos le mirarán por la calle. El algoritmo le buscará enchufes para encontrar trabajo, le conseguirá amantes para un apuro, le hará diagnósticos psiquiátricos instantáneos y analíticas exprés. Le encargará el árbol de Navidad directamente de la floristería. Y no será raro escuchar por la calle conversaciones como esta: Querida, ¿con quién cenas esta Nochebuena? Yo con el Algoritmo. Y, en el Ayuntamiento de mis penares, los puestos de Interventor y Secretario General Técnico de las diferentes áreas, podrán ser desempeñados sin ningún problema por sendos algoritmos.

Sean felices. Ya hablaremos del susanazo. Para que se animen les voy a dejar con un temazo histórico. 1962. El gran Chubby Checker. Let's do the twist. No me hubiera importado que me calzaran un yavoy con esta maravilla. Pónganselo en pantalla grande y a bailar.