miércoles, 30 de junio de 2021

1.063. Goles, llantos y mujeres guerreras

En mi reciente Post #1.058, titulado La Pausa y terminado en el célebre calvo que dejó a mis lectores sin palabras (es uno de los pocos, entre mis textos, que no ha suscitado ningún comentario por escrito), me refería yo a la tontuna de la gente, sobre todo joven, que va todo el rato sacando fotos y pequeños vídeos con el móvil, para colgarlos enseguida en la red y que todos sus amigos los vean en directo. Hace poco estuve con una amiga en la terraza del hotel Riu de Plaza de España, desde dónde se ven unas vistas excelentes de la ciudad, y en la mesa de al lado había cuatro chicas que ni disfrutaban de la ocasión, sino que estaban haciéndose fotos sin parar, las unas a las otras, o a sí mismas, posando con esas posturitas imbéciles (la uve de la victoria, el corazoncito, los morritos besantes, la sonrisa estúpida), para colgarlas enseguida, con el móvil firmemente asido con las dos manos como si fuera una soga de la que dependiera la salvación y tecleando con un movimiento frenético de ambos pulgares.

Ese afán compulsivo se traslada también a los acontecimientos deportivos transmitidos en directo. En los partidos de la Eurocopa, si es que los siguen (yo veo bastantes, ya que son gratis, les recuerdo que mis convicciones profundas me impiden pagar por ver futbol por la tele), cada vez que enfocan a alguien del público, se puede comprobar que no están atentos al juego, sino a las pantallas gigantes del estadio en donde se ve la transmisión en directo, lo que se evidencia porque, invariablemente, en pocos segundos se dan cuenta de que les están enfocando y se ponen a hacer el tonto o a saludar a sus familias. Esta tontuna, lleva a extremos peligrosos. No sé si lo han visto, pero en la etapa inaugural del Tour de Francia, una quinceañera con anorak amarillo sacó un cartel escrito en un gran cartón con la leyenda Allez Opi Omi, claramente destinada a saludar a sus abuelitos. Y sucedió lo que pueden ver abajo: la mitad del pelotón se fue al suelo.

Un desastre tremendo, se cayeron más de 100 corredores, la carrera tuvo que pararse, hubo unos cuantos heridos, parece que ninguno de gravedad, aunque alguno quizá haya tenido que abandonar el Tour, con lo que cuesta prepararlo. La chica del anorak amarillo se escapó rápidamente del lugar y no ha dado la cara. La organización del Tour y la policía han pedido ayuda a la población para encontrarla y meterle un puro-que-te-cagas. Ya ven a dónde llega la manía de pasar a la posteridad mediante unos segundos de gloria efímera (ya se ha matado más de un chaval al precipitarse a un abismo por el empeño de hacerse una foto haciendo el mono en lugares peligrosos). En fin, cuando yo era más joven solía ver las llegadas de las etapas del Tour, eran a mediodía, en verano y tenían unos efectos somníferos apreciables, casi como los de los programas de animalitos de La 2. Pero he de confesarles que dejé de interesarme por el ciclismo en general el día en que Induráin perdió su primer Tour.

El futbol tampoco lo sigo demasiado, aunque estoy viendo los partidos de España en la Euro. Pero una cosa es el fútbol y otra cosa el Deportivo de la Coruña, mi club desde pequeñito, ahora en la tercera división nacional, que se ha dado en llamar Primera RFEF, PRFEF, que a mí me suena a pedorreta. Ahí está mi equipo: en la Primera Pedorreta. El Dépor es una de mis señas de identidad, que cuenta con etiqueta propia en el blog y del que no hablo mucho últimamente, porque todas las noticias que vienen del club son negativas. Hemos tocado fondo y yo creo que en la temporada entrante empezaremos a remontar. Pero en el Dépor hay también una cantera y varios equipos infantiles y juveniles. El Juvenil ha ganado este año la Liga correspondiente, hay siete grupos geográficos y el Dépor ha ganado el suyo. Eso le daba derecho a jugar la llamada Copa de Campeones que disputan los siete campeones de grupo y el mejor segundo.

Los siete campeones eran, además del Dépor, los equipos juveniles de Atlético de Madrid, Barcelona, Athletic de Bilbao, Málaga, Levante y Las Palmas, y el mejor segundo, el poderoso Real Madrid, que finalmente había cedido el campeonato a su eterno rival del Metropolitano. La copa tiene una primera eliminatoria a doble partido, de la que ya sólo quedan cuatro. Al Dépor le tocó el Las Palmas y logró pasar con mucho esfuerzo. Los cuatro que quedaban ya eran el Dépor, el Málaga, el Barcelona y el Real Madrid, que se vengó del Atleti dejándolo fuera de la competición. Estos cuatro se debían concentrar en Marbella para jugar una Final Four con dos semifinales y una final, todas a partido único. El sorteo deparó estos enfrentamientos: Real Madrid-Dépor y Barcelona-Málaga. El Barcelona parecía a priori el candidato más fiable al título, después del juego mostrado en la temporada regular y ganó con claridad su semifinal al Málaga.

Y el Depor ganó al Real Madrid, una machada inesperada, con un solitario gol del número 9, Noel López, un rapaz espigado, de rasgos auténticamente celtas, coronados por una mata de pelo crespo que parece haber recogido entre sus ondas todo el oleaje del Atlántico. El Real estuvo atacando todo el partido, pero el Dépor se defendió con uñas y dientes, con grandes paradones del portero y al final los cazaron en un contraataque. En fin, ya venidos arriba, se enfrentaron en la final al todopoderoso Barcelona, que tiene hasta jugadores extranjeros, de esos que se traen los ojeadores de los países más extraños. Y el Dépor ganó nada menos que por tres a uno. Noel dio la asistencia del primer gol y metió los otros dos. Les pido que vean este vídeo de resumen de los goles, para que vean cómo juega este Noel y cómo se besa el escudo cada vez que marca.


Por si no se han dado cuenta, en el Barça hay unos cuantos negros, que no parece que tengan ocho apellidos catalanes, y el nombre del que mete su gol tampoco parece que delate a un oriundo del Ampurdán. Los del Dépor, en cambio, son todos de la tierra y ojo con ese Noel, que apunta a figura. La cantera coruñesa empieza otra vez a dar frutos. Es la segunda vez que el Dépor conquista la Copa de Campeones juvenil. La vez anterior fue en la temporada 95/96, preludio del gran Súper Dépor. ¿Será este segundo trofeo el inicio de una segunda época de oro? Confiemos en que sí. En este otro vídeo (muy cortito), vemos la celebración final, cómo se abrazan a sus familias y las declaraciones del entrenador y del propio Noel, elegido mejor jugador del torneo, como no podía ser de otra manera. 

En el vídeo han podido ver cómo uno de los rapaces del Dépor Juvenil llora al final desconsolado y tienen que venir a animarlo dos de sus compañeros. ¿Emoción por el triunfo conseguido? Tal vez, pero a lo mejor hay algo más, no parece el llanto causado sólo por la emoción de la victoria. Quizá se acordó en ese momento de su abuelo, fallecido por covid al principio de la pandemia y que no ha podido disfrutar de su triunfo (la facultad de fabular es libre en este blog). La relación abuelos-nietos debe de ser la hostia, y digo debe de ser porque no he tenido todavía la suerte de hacerme con algún nieto, pero todos los abuelos que conozco destilan esa sensación única de querer a alguien dos generaciones más allá pero con tus mismos genes, una afinidad siempre correspondida. La chica del anorak amarillo armó un pifostio descomunal para saludar a sus abuelos por la tele.

Pero esto del fútbol es muy emotivo y especialmente en el futbol femenino las emociones están a flor de piel. El Dépor femenino ha terminado por bajar a Segunda División, era la crónica de una muerte anunciada, pero las chicas pelearon como jabatas hasta el final, con su figura estelar Athenea del Castillo, que también tiene un hueco en este blog, como saben. El descenso se consumó en el penúltimo partido, en Sevilla contra el Betis. Al final del choque, Athenea se sentó en el césped y rompió en un llanto inconsolable, hasta el punto de que dos jugadoras del Betis se sentaron con ella a abrazarla y ver si la animaban un poco. Se puede ver esto pinchando en el siguiente link. Es una crónica que no les pido leer, sólo buscar el vídeo de Twitter que sale en medio. Ahí pueden ver que se trata de Athenea. El link AQUÍ.

Ya saben que una de las cosas que más me gustan es adelantarme a las noticias, por pura intuición de veterano. Hace tiempo que les dije que Athenea era una figura emergente del fútbol nacional y que, en caso de descenso del Depor a Segunda, quedaría desvinculada del club y era muy probable que acabara en el Real Madrid. El tito Floren tiene mucho ojo para estas cosas y el año pasado ya se llevó a nuestra capitana Tere Abelleira y a la portera Misa, que en su primera temporada en el Real ha ganado el premio Zamora femenino. Athenea, a pesar de lo mal que iba su equipo, ha sido llamada por la Selección Nacional absoluta, donde debutó en el penúltimo amistoso unos minutos y jugó toda la segunda parte en el último. Tras la derrota y el llanto frente al Betis, al equipo le quedaba un último partido en casa, contra el prestigioso Athletic de Bilbao. Las chicas se despidieron ante su afición con un claro triunfo por tres a cero. Los dos últimos goles fueron de penalti. Athenea asumió la responsabilidad de tirarlos y los marcó los dos. Aquí les traigo un último vídeo. Esta vez es la propia página Web del Real Madrid la que se hace eco del interés del club por Athenea, sobre una serie de fotos de la chica (la última llorando también tras perder un partido con la sub 21 femenina). Es ya más que un rumor. Pero yo lo adelanté en el blog hace tiempo.

Mi predilección por Athenea no se debe sólo a que haya jugado dos años en el Dépor. Ya saben que me encanta ese tipo de mujer luchadora y perfeccionista que se abre camino en algún terreno profesional tradicionalmente reservado a los varones. No sólo Athenea, también Khatia Buniatishvili, excepcional pianista clásica, o Jacinda Ardern, primera ministra de Nueva Zelanda tienen reservado un lugar de honor en este blog. Y, por supuesto, Samantha Fish, la reina indiscutible de este foro. Ya saben que tiene un nuevo disco grabado desde Navidad, que no acaba de publicarse, por cuestiones, supongo, de mercado. Sam es una empresaria a la que hemos definido en su perfil como fenicia, que respeta las rutinas y los plazos que le pongan las compañías discográficas. Estoy seguro de que ella está deseando incorporar a su repertorio habitual las canciones del nuevo álbum, pero no lo hace, porque es muy profesional.

No sé si se han fijado, pero Sam termina sus canciones de forma clara y rotunda, nunca hace eso de otros artistas de irse yendo poco a poco, o dar la impresión de que no saben cómo terminar la canción. Sam enfatiza los finales con la música y el gesto y enseguida hace un ademán como expresando un ¡Hala, ya está! Samantha es muy lista y fue siempre una chica ordenada y un poco sabidilla en el colegio. Otra cosa que hace siempre es, cuando tiene nuevo grupo, hacerse una foto de lanzamiento, una imagen promocional. Ya la vimos después del encierro covid con sus dos músicos negros cincuentones, el bajo Ron Johnson y el batería Terence Higgins. Hace tiempo que el batería se volvió con Tab Benoit y tenía un sustituto no demasiado vistoso. En sus últimos conciertos incorporó a un teclista. Ahora ha tenido unos días de descanso y ya prepara su siguiente maratón de conciertos. Y acaba de publicar su nueva foto promocional, que les pongo aquí.


Esta imagen se ha publicado hace apenas 24 horas. Samantha es una mujer alta (1,70, más sus habituales tacones). A su lado, en el centro, su ya inseparable bajo Ron Johnson. A un lado, el teclista, del que dijimos que se parecía al Nowhere man del Yellow Submarine. Y la gran sorpresa: una chica a la batería. No sé los nombres de estos dos músicos, pero seguro que están bien elegidos. El nuevo disco de Samantha Fish se retrasa, pero ella no puede estarse quieta, como sabemos. Y siempre evoluciona. Ahora mismo está también ocupada en el lanzamiento del cuarto disco de su productora semiartesanal Wild Heart Records, el segundo de Jonathon Long.

Hace tiempo que este es un blog feminista en el buen sentido, en el que se rinde homenaje a ese tipo de mujer guerrera, brillante, alegre y confiada que tanto me gusta. Por completar el ramillete de nombres, voy a terminar con mi amiga y posible profesora de yoga Elena González del Pino, espléndida narradora oral que continúa grabando sus vídeos de textos muy femeninos, bajo el título genérico de En voz alta y pelo largo. Hemos visto en el blog los tres primeros, sobre textos de Carson McCullers, Dorothy Parker y Lucía Berlín (el último, Atracción sexual, extraordinario). Pues hoy les traigo el número cuatro, que yo creo que supera a todos los anteriores. Elena ha mejorado el encuadre, acercado el plano, está muy guapa y se la oye mejor. Y qué decir del cuento. Basta con especificar que se trata de un relato de la gran Patricia Highsmith. Inquietante, como todo lo que escribía esta señora. Disfrútenlo en paz. Seguiremos adentrándonos en el verano sin apuros, pero sin desfallecer.

domingo, 27 de junio de 2021

1.062. Cultura para el pueblo

Vaya, anteayer fue el último día de obligatoriedad de la mascarilla por la calle. Y ayer sábado me levanté y me preparé para salir a correr. Mientras me vestía me tomé mis habituales café solo y medio litro de agua de la nevera a traguitos. Al mismo tiempo le eché un ojo al ordenador y vi en portada de los diarios las escenas de la noche antes, a las doce en punto, cuando la gente joven que andaban de farra hicieron una cuenta atrás: tres, dos, uno, CERO y se quitaron todas las mascarillas levantando sus manos al cielo con la uve de la victoria. Así que salí a correr esperando ver a un personal desenmascarado y feliz por el Retiro. Nada más lejos de la realidad. Entre los corredores y ciclistas la inmensa mayoría iba sin mascarilla, igual que antes. Pero entre los peatones yo le calculo tres cuartos de enmascarados y como mucho un cuarto de gente a cara descubierta. Lo mismo he observado en mis siguientes salidas a la calle.

Es algo un poco raro, ¿no creen? ¿No estaba todo el mundo hasta la coronilla (por no citar otras partes menos nobles de la anatomía personal) de ir embozados? ¿No decía la gente que se ahogaba con este calor, que les sudaba el bigote y se les empañaban las gafas? Entonces, ¿cómo es que ahora que se puede ir sin mascarilla la mayoría de la gente la sigue llevando? Hay una explicación, digamos, políticamente correcta: el personal tiene miedo, hay rebrotes graves en Gran Bretaña y en Portugal, la variante india es más contagiosa que la otra, no responde tan bien a las vacunas y hay que ir poco a poco, no se puede quitar todo el mundo el cubrebocas así de pronto. A esto se une una cuestión práctica: si la tienes que llevar en el bolsillo y andártela poniendo cada vez que se te echa la gente encima o entras en un local cerrado, pues casi es más cómodo llevarla puesta y así te quitas de coñazos.

Pero yo tengo una explicación más ajustada a los términos habituales del blog, es decir, absurda, humorística y a la vez arrimando el ascua a mi particular sardina (por cierto, es ahora el mejor momento de comprar sardinas frescas: por San Xoán, a sardiña molla o pan). Quiero decir que, aquí en Madrid, no debemos olvidar que en las recientes elecciones autonómicas, se registraron 3.644.577 papeletas, 1.620.213 de las cuales fueron para la señora Ayuso, es decir, cerca del 45%, o lo que es lo mismo, casi una de cada dos. Es decir que uno de cada dos madrileños se tragó el discurso, o el relato de esta señora.

¿Y cuál era ese relato? Pues también se lo recuerdo. El grito de LIBERTAD-LIBERTAD-LIBERTAD partió de las manifestaciones de Núñez de Balboa, en las que los pitongos, polloperas y niñatos del Barrio de Salamanca se quejaban de que no podían tomarse el vermú en José Luis. La señora Ayuso hizo suyo ese grito y lo convirtió en su mensaje central. Miren, yo no suelo leer la propaganda electoral de ningún partido, los sobres que me meten en el buzón van directamente a la papelera sin abrir. Pero me dicen mis amigos que los del PP no contenían nada escrito, ningún programa electoral, como los de los demás partidos. Sólo una foto de la candidata más la palabra Libertad. Ya les he dicho que MAR es un genio de la comunicación. Aquí ven lo que les digo.

Este mensaje se complementa con el latiguillo del fraCasado, según el cual, todo lo que decide Sánchez esta MAAAAAL, está muy MAAAAAL, está fatal, qué mal está. Ya conocen el mensaje: Sánchez lo que quiere es acabar con la democracia y crear un régimen leninista, bolchevique y bolivariano, en el que no podamos ganar dinero, vayamos todos vestidos de gris y nos requisen nuestras viviendas para uso y disfrute de sus milicianos con coleta. Ese es su plan secreto y para lograrlo tiene que seguir en el poder, aunque se apoye en terroristas y separatistas. Muy bien, pues si todo lo que hace Sánchez está mal, la decisión de permitir que nos quitemos las mascarillas, también. Lo que quiere Sánchez es que vuelvan a subir los contagios para volvernos a confinar, que no podamos ejercer nuestra libertad-libertad-libertad tomando cañas en las terrazas y seguir con su plan de cambiarnos de régimen.

Por lo tanto, casi uno de cada dos madrileños probablemente no se quite la mascarilla porque lo ha dicho Sánchez. Esperarán a que lo diga Ayuso y entonces se la quitarán todos. Mientras tanto, esta señora se va a Ibiza a pasear por el malecón sin mascarillas y darse morreos con su novio contraviniendo las medidas de aislamiento. Lo clásico de la derecha: disfrutan ellos de lo que prohíben a los demás. Ellos se han opuesto históricamente al divorcio, al aborto, al matrimonio gay y ahora también a la eutanasia. Pero, cuando le toca a un familiar, pues tiran de contactos y hacen lo que quieren, incluso yéndose al extranjero si hace falta.

¿Alguien ha pedido en nuestro país que la señora Ayuso dimita por darse un lote con su nuevo novio? No. Sin embargo, en Gran Bretaña, el Ministro de Sanidad ha tenido que dimitir después de que los tabloides (me encanta el nombre) publicaran sus fotos achuchándose con su consejera más próxima, estando ambos casados y, lo peor de todo: ¡tocándole el culo! ¿No han visto las fotos? Ya las han eliminado de Internet, pero les pongo abajo una imagen de lo que queda de ellas en redes. Las captó una cámara de seguridad del Ministerio y el vigilante que se las filtró al Sun se ha debido de forrar. Se me ocurre un refrán apócrifo: cuando las ganas de follar aprietan, ni las distancias covid se respetan.

En fin, que estamos en 2021, pero muchas cosas siguen igual que antes de la Guerra. Por eso está de plena vigencia la obra de teatro que fui a ver el viernes al Teatro Español. Se llama Una noche sin luna y es un monólogo extraordinario del actor Juan Diego Botto, centrado en la figura de Federico García Lorca. El propio actor la ha escrito y creo que es una de las mejores obras de teatro que he presenciado en mi vida, de verdad, no recuerdo una emoción igual desde la primera vez que vi a la compañía de Lindsay Kemp, allá por los 80. El público se puso en pie como un solo hombre y le dedicó al actor una ovación como recuerdo pocas. ¿A qué se debe tanto entusiasmo? Pues precisamente a que el tema sigue estando de actualidad.

En la obra se va contando la preocupación de Federico de acercar el teatro a la gente humilde, con su compañía ambulante La Barraca, con la que va por todos los pueblos de la geografía española representando las obras del teatro clásico, desde Cervantes, Lope de Rueda, Tirso de Molina y Lope de Vega hasta Calderón. Y se ve también cómo le putea la censura, por rojo y por maricón, y como le prohíben hasta los teatrillos de guiñol con los que empezó. Botto interpreta tanto a Lorca como a los que le insultan y durante un trecho bastante largo de la obra se transfigura en un facha prototípico (para lo que se pone una chaqueta), con un discurso acojonante, es que es como si estuviéramos viendo a Abascal.

Si no han visto este acontecimiento magnífico les recomiendo vivamente que lo hagan. Han hecho ya una gira por toda España en condiciones covid y están en Madrid hasta el 11 de julio, tras de lo cual, probablemente repitan la gira. De verdad, merece la pena verlo. Lorca iba por los pueblos y cosechaba bastante éxito, porque la gente de las clases sociales más desfavorecidas agradece mucho que se les acerque la cultura, siempre que se les explique y se les ponga en contexto adecuadamente. Mi experiencia de muchos años trabajando en el Ayuntamiento en tareas de participación, me demostró que los vecinos de los barrios son los que mejor saben cuáles son sus problemas y son muy abiertos a que se les expliquen las cosas, siempre que te pongas a su nivel y no los avergüences con terminología técnica abstrusa. La gente que acude a estos eventos es muy proactiva, tiene mucha curiosidad y le gusta aprender.

Lorca fue un adelantado a su tiempo en este sentido, pero hay mucha gente que se dedica a acercar la cultura al pueblo, hoy en nuestros días. El sábado acudí al barrio de Palomeras a ver el concierto que daba allí la big band que dirige mi profesor de blues Enrique, a quien aprovecho para saludar en este post, y darle la bienvenida al blog, puesto que el amigo común que me puso en contacto con él, tuvo a bien hace unos días darle la dirección y lo primero que se encontró al abrirlo fue el ya archifamoso calvo del que tanto se ha comentado. Como muchos de los habituales de este foro tienen un apodo o seudónimo (El Coronel Groucho, el Amigo X, Alfred, o el Ateo Piadoso), mi nuevo lector va a ser Henry Guitar, homenaje a la maravillosa película Johnny Guitar y su inolvidable requerimiento a su adorada Vienna: Miénteme, Vienna, miénteme, por favor, dime que me quieres.

El concierto era a la una de la tarde, bajo un sol de justicia. Habían habilitado unos toldillos para el público, porque el sol pegaba bien, pero los músicos hubieron de venir provistos de sombreros de paja para protegerse. La banda tiene un batería, una percusionista, un bajo, un guitarra, un pianista y unos doce o catorce saxofonistas, trompetas y metales diversos, todos de los barrios del sur y alumnos de la escuela a la que yo voy. Y el bueno de Henry Guitar los dirige en piezas de Duke Ellington, Benny Goodman, Gershwin y similares, entre las que les coló el Milestones de Miles Davies y el Valery de Amy Winehouse, cantado por una vocalista muy aparente que salió a cantar varios temas.

Henry intercaló también algunos temas propios y les explicó a los presentes lo que iba tocando. Los presentes no éramos más de cuarenta, casi tantos como músicos, pero fue un evento muy emotivo, porque la banda tocaba por primera vez después de la pandemia, un tiempo en el que apenas habían podido ni verse, mucho menos ensayar y algunos habían estado malos. Hice algunas fotos del evento, que les pongo a continuación.








Al final, me quedé a tomar un botellín de Mahou con ellos y con algunos del público. Como han visto, el concierto tuvo lugar en un pequeño espacio libre delante de la Asociación de Vecinos Nuevas Palomeras. En un lado, alguien de la asociación ponía a secar las camisetas de colores que se habían utilizado antes en un evento infantil. En un momento dado, se empezó a levantar un aire fresquito bastante insistente, una bendición para el público, pero una putada para los músicos, cuyas partituras empezaron a salir volando.

Pero allí estaban los vecinos para hacer de la necesidad virtud, utilizando las pinzas de colores del tendedero improvisado para sujetar las partituras. De todas formas, los músicos no pararon de tocar a pesar de las partituras volanderas, lo que me trajo a la memoria la intervención del anciano Buster Keaton en la escena final de Candilejas, cuando trata de acompañar al Chaplín violinista con un piano y un atril un tanto particulares. No hay mejor colofón para este post veraniego. Que sigan disfrutando del buen tiempo y de la posibilidad de circular por ahí sin mascarilla. Buena semana.


jueves, 24 de junio de 2021

1.061. Si con meterla ofendí...

Poco a poco vamos limpiando en nuestras mentes las telarañas del miedo y la tristeza acumulados en este terrible período que ya parece ir tocando a su fin, marcado por encierros, cautelas, recelos y desconfianzas, bajo una auténtica lluvia ácida de informaciones y desinformaciones sobre un virus del que se sigue sabiendo poco, o lo que se averigua no se dice. La semana pasada acudí a una fiesta de cumpleaños, la primera desde que nos cayó encima la pandemia, en una casa particular, eso sí, bien ventilada y aireada. Mayoría de participantes médicos y de al menos 60 años, es decir, vacunados y con conocimiento de causa. Allí, los que iban llegando se quitaban la mascarilla, se la guardaban en un bolsillo y se sumaban a la conversación, el bebestible y la música, con los ánimos reforzados tras la larga hambruna de sensaciones gratas que hemos padecido. Ahora sí parece que estamos en la puerta de salida del túnel.  

Anteayer por la tarde quedé en la Plaza de Santa Ana con un grupo de amigos que no nos veíamos desde hace año y medio y la sensación fue mayoritariamente de gozo y de alivio por esta especie de normalidad que estamos recuperando a pulso desde la desolación de unos meses que no olvidaremos. Entre los contertulios, estaba el querido amigo y lector que se camufla bajo el seudónimo de Ateo Piadoso e, inevitablemente, hablamos un poco del blog. Este señor, que me honra con su atención y su fidelidad a esta página, en donde a veces nos hace llegar algún que otro comentario dictado siempre desde la sabiduría y la experiencia de su larga y fructífera trayectoria, me confesó que hasta le estaba empezando a gustar Samantha Fish, algo que también me comentó Berto en La Coruña. Yo creo que una de las cosas que hacen especial este blog es la calidad humana de algunos de sus seguidores más constantes. Vaya, no tuve más remedio que pedirle a mi amigo que nos hiciéramos algunas fotos juntos, para la posteridad. Aquí una de las más vistosas.

A partir del respeto que tengo a la autoridad moral de mi amigo, por motivos de edad, dignidad y gobierno, le pregunté qué le había parecido lo del calvo que les dediqué a los participantes en la mani de Colón, bastante comentado entre mis lectores más tradicionales e impresionables, que me dicen que qué valor tengo, que he superado una raya roja (yo creo que es una raya, o cordón sanitario, que tienen ellos en su mente). El querido Ateo Piadoso me miró tranquilamente a los ojos y me dijo que para él lo que de verdad tiene importancia es que muestre la cara en un foro al que puede entrar cualquiera. Que una vez que he sacado la cara (y yo la muestro en casi todos los posts) el culo es sólo otra parte más del cuerpo que no pasa nada por enseñar. Sabiduría a toneladas. Y, añadió, que si me preocupaba el que alguien pudiera haberse molestado, tenía fácil aportar una disculpa, para lo que me sugirió un viejo dicho, al parecer de la zona de Murcia, que yo no había oído jamás: si con meterla ofendí, con sacarla cumplo. Tal cual queda reseñado.

Como no podía ser de otra manera, se habló en la tertulia largo y tendido del tema del día: los indultos. Algo habré de decir al respecto, aunque no pretendo sentar cátedra. Empezaré por decir que ayer me levanté, me vestí de corredor y salí al Retiro. Y que lo encontré como siempre. La gente que deambulaba por allí, con sus perros, sus bicis, corriendo o paseando, no parecían abrumados por ninguna tragedia, cataclismo o paso irreversible hacia el abismo de la Historia, como los que pronosticaban el fraCasado y su cohorte de seguidores. Por la tarde fui a mi clase de blues en Palomeras con la misma sensación. No quiero abusar de la prototípica frase de los marihuaneros principiantes, pero es que vuelve a venir como anillo al dedo: ¡Pues yo no noto nada!

Es este un tema del que he procurado no decir mucho (con lo del famoso calvo ya dejé clara mi postura al respecto y nunca mejor dicho lo de postura), pero entiendo que mis lectores quieren que entre en mayores análisis. Empezaré diciendo que este tema de los catalanes atañe más a los sentimientos que a la razón, que está gobernado a nivel de intestinos, más que de cerebro: cerebralmente no se sostiene el afán por segregarse de España, cuando sólo con hacer un amago las empresas principales de la zona entraron en desbandada. Pues en ese terreno de los sentimientos, en donde habitan también las empatías y las afinidades, he de decir que a mí, que estos señores hayan estado casi cuatro años en el trullo, no me genera ninguna sensación de pena, conmiseración o siquiera proximidad. Debo de ser un poco bruto y bastante insensible, pero mis intestinos lo que me susurran es un que se jodan.

Sí he de decir que no me satisface mucho una Justicia que, tras condenar a estos señores a 13 años en algún caso, sentencia al llamado Rey del Cachopo a 15 años de cárcel. Ha quedado probado que este señor mató a su joven novia latina, la descuartizó para que pudiera caber en una maleta grande que tenía y luego llevó la maleta a una nave de su propiedad, la roció con gasolina y le prendió fuego. No le salió bien la jugada porque unos vecinos de la nave sintieron el humo, llamaron a los bomberos y llegaron estos pronto a apagar el fuego, salvando los restos chamuscados para que pudieran ser identificados. Pregunto ¿es la condena de este señor equilibrada frente a la de Junqueras? Obviamente no. Pero yo creo que la que está bien es la de Junqueras; al otro tendrían que haberlo colgado por los huevos en la plaza pública (figuradamente).

Si yo, y me imagino que mucha gente, no tenemos empatía alguna por estos señores, es fácil conjeturar que Sánchez tampoco siente nada similar. ¿Por qué los indulta entonces? Pues para buscar una utilidad: resolver el embrollo del conflict y pasar a la historia como un desfacedor de entuertos irresolubles (y, de paso, optar a la reelección, con esa baza ganadora en la mano). Sabemos que Sánchez es un maniobrero efectivo, que domina el regate en corto. Pero, ¿llegará con esta jugada a progresar en la senda de la distensión? Pues es una apuesta bastante arriesgada, pero puede salir. Lo que desde luego no sirve para nada es ponerse de perfil, no hacer nada, judicializar el asunto y dejar que se vaya pudriendo. En otras palabras: hacer un Rajoy.

Hay una cosa clara: el prusés ha sido catastrófico para Cataluña. Y seguir porfiando en esa línea, seguirá siendo una ruina para la economía de la zona. El gesto de Sánchez es una mano tendida que podría ser un primer paso en la dirección correcta. Pero yo desconfío bastante de los del otro lado y ya se ha visto en las escenas y en las actitudes de los que salían de la cárcel. Como siempre, el mejor análisis es el del gran Jaume Reixach, de hace tres días, que pueden leer AQUÍ. Es muy aleccionador leer a este señor. Yo he estado siempre a favor de estos indultos, además exactamente en la forma en que se han concedido: condicionados a que se porten bien y sin afectar a la inhabilitación. Los medios controlados por la derecha hablaron de una encuesta nacional que evidenciaba una mayoría abrumadora en contra, pero entre la gente con la que yo hablo o me comunico, casi todo el mundo estaba a favor, siempre pienso que vivo en una burbuja de gente culta y ecuánime. Y a saber cómo hicieron la pregunta. Tal vez: ¿es usted tan gilipollas que está a favor de los indultos?

Pero lo que ya me ha confirmado definitivamente que estamos en la línea de opinión más pertinente es la oposición frontal explícita de Puigdemont y sus seguidores. Recuerden que, cuando Sánchez fue a contar sus propuestas al Liceu, los puigdemoníacos convocaron una manifestación en contra a la misma puerta, y que los tipos insultaban y llamaban traidores a los que iban acudiendo a escuchar al presidente, en un pronunciamiento exactamente simétrico al de la astracanada de Colón. En fin, seguramente ya lo han olvidado, pero yo tengo una receta para arreglar el conflict, que detallé en el blog hace tiempo. Además, cuando estuve en el congreso en Lyon de la red Metrópolis, conviví los tres días con una amplia delegación catalana, toda independentista, encabezada por Maite Aymerich, la mujer que sustituyó a Junqueras en la alcaldía de Sant Vicenç dels Horts, cuando ascendió a vicepresidente de Puigdemont.

Era esta una mujer agradable, educada y proactiva con la que hablé mucho y le conté mi propuesta, haciéndola al menos dudar, una vez que me escuchó (por cierto, ya no es alcaldesa de Sant Vicenç, en las últimas elecciones locales le quitó el puesto el PSC). Mi propuesta es sencilla y a la vez imposible, por la premisa de base. Se necesitarían dos presidentes (en España y en Cataluña) que hablaran con las cartas boca arriba, sin dobleces ni traiciones bajo la mesa. Con lealtad. Eso es lo difícil. A partir de ahí, diseñarían entre ambos un paso a paso. Como diría un moderno: una hoja de ruta. Como diría un informático: un texto programado. Como diría yo: un guiaburros. Ese paso a paso o guiaburros se elaboraría por consenso y se anunciaría a la ciudadanía para ver qué les parece. Esto último no en forma de consulta formal, sino como se ha hecho con los indultos.

Y ese paso a paso empezaría por organizar un Referéndum No Vinculante. ¡Toma ya! En cuanto alguien de la derecha oye referéndum, se pone ya totalmente en contra. Y en cuanto un separatista oye no vinculante, lo mismo; Maite se puso inmediatamente tensa y me soltó: eso es considerar a los catalanes menores de edad. Creo que en parte es un problema de nomenclatura, habría que buscar un nombre que no ofendiera a nadie. Se me ocurren algunos. Consulta exploratoria vinculante ma non troppo. Plebiscito de opinión previa coadyuvante. Diagnóstico primigenio de intenciones profundas y abstractas. No lo sé, doctores tiene la política como para buscar nombres inocuos pero significativos. Pero el nombre sería lo de menos. Lo principal es el concepto.

Lo que yo propongo es una consulta a todos los ciudadanos de Cataluña en la que se les pregunte si quieren segregarse de España o seguir dentro. Y con unas condiciones pactadas previamente entre las dos partes. La primera, un compromiso de gestión posterior conjunta y leal del resultado, sea el que sea. Quiero decir que, si los catalanes se pronuncian en un 80% a favor de separarse, el Estado español estaría comprometido a ayudar a las instituciones catalanas en el proceso de desconexión. Una segunda condición clave: la necesidad de una mayoría cualificada suficiente: una decisión como esa no se puede tomar a partir de un 51% de votos, como el desdichado Brexit. El porcentaje sería otro dato a consensuar. Cuando le expliqué a Maite Aymerich estas condiciones, se destensó visiblemente y se quedó pensativa, mirando al infinito, como soñando en un mundo en el que la política estuviera en manos de gente tan razonable como yo.

Y por supuesto, yo añadiría una tercera condición: ese referéndum se haría sólo una vez, como dictaminó la Clarity Act de Canadá. Lo que resulte de ese referéndum ya no se toca, sería definitivo, no se pueden seguir repitiendo estas consultas ad infinitum, hasta que una de ellas salga en positivo para ellos, momento en que se separarían y decretarían inmediatamente el final del derecho a decidir. Este guiaburros me lo he parido yo solito y me imagino que tendría cuarenta dificultades procedimentales, jurídicas y burocráticas, pero es la forma de no olvidarse en esta guerra de la mayoría (por ahora) de catalanes que no se quieren separar, a los que representa por ejemplo mi admirado Javier Cercas, que también se ha pronunciado a favor de los indultos, en el artículo que pueden leer pinchando AQUÍ.

Vaya, mira que siempre les juro y perjuro que no quiero opinar de política, pero acabo cayendo en este error una y otra vez. Yo de lo que quiero hablar es de Samantha Fish, cuyo nuevo disco se retrasa y nos tiene a todos en ascuas. Y de blues y de yoga y de mis andanzas por la ciudad postcovid. Otra vez he caído en el error y tengo que pedirles disculpas por ello. Entre las mil formas de disculparse hay algunas muy pedestres como se me ha escapao. He dicho pedestres porque es la que se suele utilizar cuando te pillan tirándote un pedo. Pero sin duda la mejor es la que se sugiere en el título del post: si con meterla ofendí, con sacarla cumplo. Cumpliré, pues, en la medida de lo posible, hablándoles de otros temas en los posts sucesivos.

Aunque no viene mal empezar por el final de este. Un vídeo cortito y suave de Samantha siempre es una buena forma de cerrar un post. Hoy les traigo una canción de su vena más country, tocada con una guitarra acústica y el único acompañamiento del violín de su amiga Rebecca Crainshaw. Es una canción que Sam no canta nunca en sus conciertos, de hecho no hay ninguna otra versión en Youtube. Yo creo que es porque se trata de una canción muy triste, que habla de una chica que se fue de su Arkansas natal en pos de un amor juvenil y que luego ha tenido una vida desgraciada que la ha convertido en esa señora soñadora, esa Belle of the West que viaja en un barco por el Mississippi, tal vez bajo una sombrilla de colores, y que nunca piensa en volver derrotada a su tierra, sino en alejarse más y más hacia el sur. El vídeo está grabado en unas bodegas de New York. Disfrútenla en paz, cuídense del virus y de las nostalgias diversas y miren adelante. Siempre.  

sábado, 19 de junio de 2021

1.060. Formas de andar y sex-appeal

Me viene la idea de un cabo suelto de hace unos cuantos posts. Hablando de Michelle Pfeiffer, manifesté que en general me parecía la mujer perfecta, mi ideal de mujer, salvo por su forma de andar, un poco tipo pato. Me preguntaron algunas lectoras a qué me refería y lo cierto es que he buscado en Youtube y no he encontrado ninguna escena suya en la que se la vea andando sin tacones desde atrás, se ve que su entorno cuida mucho que no se publiquen esas imágenes. Es algo que tengo en mi memoria, una escena de una película que he olvidado, de las primeras suyas, en la que se la ve caminando, creo que por algún paseo playero de California y a uno se le cae un poco la libido ante esa forma de moverse.

El estilo es algo clave en cuanto a la información visual que obtenemos de las personas, ese estudio de la gimnasia gestual que tanto me gusta. Hay gente, de ambos sexos, que tiene una elegancia natural y la muestran desde niños. Pero, en general, uno vive una infancia más o menos feliz, rica en experiencias de todo tipo, en la que no se preocupa de estas cosas y, de pronto, entra en la adolescencia y se encuentra metido en un cuerpo mucho más grande, sin saber dónde meter las piernas cuando se sienta, ni qué hacer con los brazos. Es una metamorfosis dura, que requiere un gran esfuerzo, una transición en la que te sientes como si fueras tú mismo y a la vez otro. Y es en esa época donde se construye el estilo, la forma en que cada uno actuará en la película de la vida, ese estilo, más o menos fino o atractivo, que marcará tu forma de acercarte a los demás para el resto de tus días. A ver si me explico.

Yo, por ejemplo, pasé una adolescencia marcada por una cierta timidez de base, un no saber qué hacer conmigo mismo, que me inducía bastante angustia e inseguridad. Metido en un cuerpo que no controlaba, notando cómo me salía una voz cambiada tan diferente de la que tenía de niño, solía sentarme todo retorcido en los sillones, como si quisiera parecer una gamba y, sobre todo, andaba de forma rara y supongo que poco agradable a la vista de los demás, como pegándome a las paredes, tratando de que no se me viera demasiado. A mi padre le ponía muy nervioso mi forma de andar y también mi tono apagado de voz, porque no me oía bien. Fue por entonces cuando empecé a escuchar rock and roll y a vestirme con vaqueros de los más cutres, que me compraba en El Barato Mercantil, una tienda coruñesa mítica, cerrada hace ya muchos años.

Lo de la forma de hablar no logré remontarlo nunca, se me quedó esta especie de voz rota que me caracteriza y que no puedo forzar mucho porque me da la tos y, además, la sordera de mi padre tampoco remitió. Pero lo de la forma de caminar sí que lo corregí. ¿A que no se imaginan dónde? Nada, no tienen ni idea. Pues ya se lo digo: en la mili. Allí me enseñaron a desfilar y eso fue clave para mí (también aprendí a tocar la corneta, pero eso ya se lo cuento otro día). Llegué a desfilar con una técnica perfecta y, cuando volví de la mili, caminaba ya de otra manera, denotando una mayor seguridad general. Y mi padre apreció el cambio: Ahora sí que andas bien, no como antes, que parecías un percebe andante.   

Lo que mi padre no llegó a conocer en vida fue mi otro cambio posterior, el que sufrí después de ver la película American Gigolo, Paul Schrader (1980). Es otra de esas películas que vi dos veces en el propio cine de estreno y luego muchas más veces (no tantas como Blade Runner) y, desde luego es una película que les recomiendo, aunque se va notando que tiene ya 40 años. Yo bebía las imágenes de ese film fijándome todo el rato en la forma en que camina Richard Gere y en general en la forma en que se mueve todo el tiempo. Y, me creerán o no, pero llevo desde entonces imitando la forma de andar de Richard Gere en esa cinta, sobre todo cuando llevo chaqueta.

Hala, ya les he revelado otro secreto más. Saber caminar me vino de perlas a la hora de aprender a correr, porque finalmente uno corre como anda. Y yo mantengo un estilo de runner elegante y grácil, que no te garantiza buenas marcas (me adelanta gente que se mueve con un estilo horrible), pero contribuye a que te sientas bien después del ejercicio. Les voy a poner un vídeo con la versión larga de la canción de Blondie que se utilizó en la película de que les vengo hablando, con una serie de escenas. A Gere no se le ve mucho andar (para eso tienen que ver la película entera), pero creo que se harán una idea de lo que les quiero decir.  

Para que una mujer resulte elegante y atractiva, tiene también que saber andar. Allá por septiembre de 2018 publiqué yo un post hablando de una amiga que me estaba conquistando entre otras cosas por su manera de caminar a mi lado, que me hacía verla como una mujer con un indudable sex-appeal. No les cuento cómo acabó la cosa, que este no es un foro de cotilleos o autoconfesiones, pero si les voy a poner otra vez el vídeo que me trajo a la mente aquella aventura incipiente, apenas esbozada. Es un vídeo de imágenes de cuadros del pintor británico Drew Darcy, seguidor confeso de Edward Hopper y admirador de las mujeres que caminan de forma elegante, sobre la música del tema A woman's way de la encantadora Halie Loren, artista emergente del jazz de Seattle. Entenderán lo que les estoy tratando de explicar.

Samantha Fish, la diva permanente de este foro, tuvo también que pasar una adolescencia con problemas, en cuanto empezó a crecer y hacerse mujer, y se convirtió en esa largirucha sabidilla que sacaba los cursos con facilidad casi sin estudiar, mientras se empeñaba en su lucha por tocar la guitarra como sus ídolos de infancia, entre ellos Mike Campbell, el guitarrista de la banda de Tom Petty del que estaba perdidamente enamorada, como sólo una quinceañera puede llegar a estarlo. Piensen sólo en un detalle, una chica de esas características, además muy tímida, que lo pasaba fatal cuando la sacaban a la pizarra, encima se apellidaba Fish (Pescado). Las chicas de esas edades son inusitadamente agudas y crueles y no es difícil imaginar las pullas que le lanzarían: querida, hoy no te has lavado bien tus partes, hueles un poco a tu apellido.

Si creen que exagero, vayan a ver la excelente película Las niñas, ganadora del Goya de este año, en la que se puede pulsar el ambiente en un colegio femenino de finales del franquismo. Sólo alguien con una personalidad fuerte como Sam podría salir indemne de ese bullying continuado y encima convertirse en una celebridad para envidia de todas sus compañeras, seguramente devenidas en amas de casa del Medio Oeste. Hemos visto muchas facetas artísticas de Sam, desde la súper energética siempre alegre, la guitarrista pulcra de técnica depurada, la líder que dirige a toda su banda con mano de hierro, la profesional que no se achica por dificultades técnicas sobrevenidas o la que dramatiza su desolación al borde de las lágrimas. Hoy quiero traerles otra de las caras de esta artista poliédrica: la poseedora de un sex-appeal indudable.

Sam está siempre guapa, porque cuida de salir a escena bien arreglada, pero hay veces en que está como para comérsela, no se sabe por qué, simplemente siendo ella, actuando con naturalidad y dejándose llevar. Aquí la vamos a ver con su cigar box guitar, cantando uno de sus temas más característicos y dejando fluir la música. Ya saben que Samantha toca con todo el cuerpo, que acompaña la melodía subrayando cada nota destacada, de forma que algunas armonías parecen producirle retortijones gástricos severos y otras la elevan hasta alturas casi orgásmicas. Lo que van a ver sucede en el Cigar Box Guitar Festival de Nueva Orleans, de 2019; ya saben que a partir del año siguiente pasó a llamarse The Samantha Fish Cigar Box Guitar Festival. El tipo que la filma con su móvil es consciente del atractivo que desprende Sam ese día y no le quita la cámara en todo el tema. Véanlo.

Hemos entrado de lleno en el espinoso tema del título. Por qué una persona nos resulta atractiva en determinadas circunstancias. Hombre, ayuda que sea guapa, pero no es sólo eso. Es una forma de moverse, una naturalidad, una seguridad en sí misma que se suma a menudo a una elegancia natural como la de las gacelas y otros animales. Por no hablar del aroma, el sentido del olfato es básico en este asunto, recuerden la película Profumo di donna, sobre un ciego que sabe perfectamente cuándo tiene cerca a una mujer atractiva. Es un asunto que tiene una innegable base química, las personas esparcen feromonas para quien sepa captarlas, finalmente somos animales y esta es una de las manifestaciones más simples de la condición animal, desde los palomos que arrastran el ala todo el día alrededor de la hembra esquiva y altanera, hasta cualquier otra especie de animales superiores como nosotros.

Es algo difícil de explicar con palabras, no tanto con imágenes y vídeos. Ya les he contado que yo fui a un colegio masculino en los tiempos de la discriminación por sexos, y que tampoco tuve hermanas, por lo que el mundo femenino ha tenido para mí siempre un punto mágico y maravilloso que todavía se mantiene vivo en mi espíritu de quinceañero septuagenario. De aquellos años les traigo un viejo vídeo, salido de la batuta del gran Xavier Cugat, un catalán universal al que no puedo imaginar como independentista. Este señor siempre tuvo buen gusto para las mujeres y por eso tuvo una serie de cantantes de su orquesta, con algunas de las cuales se casaba, realmente impactantes. Entre ellas la simpar Abbe Lane. Aquí podemos verla en una escena de la película Susana y yo (1957), tratando de camelarse a un jovencísimo Juanjo Menéndez, un pasaje al parecer eliminado por la censura franquista.

Seis añitos tenía yo cuando se rodó esta película y esas fueron las referencias entre las que me crié en ese mundo en blanco y negro en que una cuadrilla de censores cuidaba de que escenas como estas no llegaran a nuestros inocentes ojos. Y, sin embargo, los curas de algunos colegios religiosos de mi entorno se dedicaban por entonces a tocarle el culo a los chicos y cosas peores. Estaré eternamente agradecido a mi padre por haberme llevado a la Academia Galicia, un colegio laico como a quince minutos de casa, cuando teníamos a los Maristas enfrente, prácticamente cruzando la calle. Sí, esos mismos maristas de los que ahora están saliendo a la luz todas sus miserias, denunciadas por ex-alumnos más o menos de mi edad.

Pero siguiendo con mi trayectoria, yo caí muy pronto en las redes del rock and roll y allí había también artistas con un sex-appeal acreditado, como Nancy Sinatra y sus impagables botas para caminar. Un vídeo que les pongo a continuación, pero que tampoco tuvo mucha difusión por entonces, enterrado bajo la garra censora. Si la iconografía de Abbe Lane resulta ahora casposa y paleolítica, lo de Nancy ya remite directamente al tiempo en que yo empecé a ir a las discotecas en Madrid; por aquel entonces todas las chicas se vestían, se peinaban y se movían como las que se ven en este vídeo. Los lectores de mi quinta saben de qué hablo. 

En este post queda en evidencia que tengo 70 años, para bien y para mal, y que mis referencias mentales, culturales y vitales son de una época muy concreta. Y la quintaesencia del sex-appeal para los de mi generación era sin ninguna duda Marilyn. Aquí les traigo, para que la recuerden, su espectacular primera aparición en Some like it hot, que por aquí llamaron Con faldas y a lo loco. Ahí está condensado lo que les estoy tratando de contar. Además verán que también aquí la cosa va de la forma correcta de andar, en este caso con tacones. Los dos músicos que interpretan Tony Curtis y Jack Lemmon se han disfrazado de mujer para huir de los gangsters que los persiguen, camuflados en una orquesta de señoritas. Y no consiguen andar correctamente con tacones. Hasta que aparece Marilyn y les muestra cómo.


Un rato después hacen el primer ensayo con la banda completa en el propio tren, en otra escena que no me resisto en traerles también. Por un lado, en la primera parte, pueden ustedes descubrir de dónde salió buena parte de la vis cómica de Martes y Trece. Es que esta película es de 1959, cuando Millán y Josema iban en pantalón corto y, sin embargo, aquí está ya toda su gestualidad y todo su arte único. Y en la segunda parte de la escena irrumpe Marilyn con su icónico Runnin' Wild/Lost Control frenéticamente interpretado con el ukelele, el sex-appeal sintetizado en una píldora inolvidable de menos de un minuto.

Estamos ahora en una época diferente, con Internet, los móviles y los coches que te vigilan y te dicen que te pares a tomar un café, que ya llevas demasiado tiempo conduciendo sin descansar. Pero las claves del sex-appeal y el atractivo físico no han variado demasiado, son universales. Una de las mujeres más atractivas que hay en este momento en el mundo del cine es Scarlett Johanson. Y van a ver cómo sintetiza la esencia del sex-appeal en apenas un minuto. No hace falta vestirse de manera llamativa o sugerente. Basta con un ligero contoneo de hombros y un casi imperceptible alzamiento de la ceja izquierda en el momento preciso. Sucede la escena en Afganistán, adonde Scarlett ha viajado para animar a las tropas, en una caravana de artistas en la que también está el cantante Craig Campbell, del mundo del country. De la canción no hace falta que les diga cuál es, la van a reconocer enseguida. Véanlo.

Sin comentarios. En fin, es este un universo mucho más interesante y rico que el de la política, especialmente la nacional. Pero esto del atractivo sexual, por decirlo ya de una vez en castellano, no es algo exclusivo de las mujeres. Hay hombres que van distribuyendo feromonas por donde aparecen y, dado que en este blog hay un porcentaje notable de lectoras, terminaré con una imagen para ellas, que ya he traído a este foro, pero que no tengo inconveniente en repetir. Son Paul Newman y Lee Marvin, dos monstruos del cine, en un descanso de rodaje. No están posando ni nada, ellos eran así. Les pongo la imagen a tamaño natural, para que la disfruten. Buen finde.



martes, 15 de junio de 2021

1.059. Excursiones, indultos y un calor-que-te-cagas

Bueno, pues aquí me tienen de nuevo en Madrid, pasando un calor de la hostia, un calor asfixiante, insufrible, insoportable, un calor-que-te-cagas. Esta mañana en mi clase de inglés se ha dicho it’s too hot, extremely hot, scorching hot, boiling hot o torrid hot. Pues todo eso sufro yo en mi ático del Barrio de las Letras y más tras haber pasado una semana en La Coruña a 21 grados de máxima bajo una brisa mariñeira deliciosa. El lunes 7 me levanté en casa, hice el equipaje estrenando la maleta que me regalaron los compañeros del curre por mi jubilación, y bajé al coche. Le pedí al portero que me hiciera una foto de turista accidental y aquí tienen el resultado.

No voy a hacer un relato exhaustivo de mi semana, ya les conté algunos detalles, hice todas las gestiones que tenía que hacer y me quedó un margen para pasear por la ciudad, especialmente al anochecer, cuando me quedaba solo en el hotel. Lo mejor de todo fueron los dos días en que mi amigo Berto me llevó de excursión a dos zonas muy queridas que me retrotrajeron a mi infancia coruñesa: un tramo de la llamada Costa de la Muerte y otro del litoral entre Coruña y Ferrol. En la primera (Ponteceso, Corme, Laxe) pasé un par de veranos en casa de un amigo cuyo nombre ni siquiera recuerdo y del que años después supe que se había metido a cura, las vueltas que da la vida. Por la segunda (Pontedeume, Puente del Pedrido, Caveiro), solíamos ir de excursión con mis padres en el seiscientos, a disfrutar de las playas y el campo. Lo mejor es que les ponga algunas de las fotos que tomamos por allí.


Este es el faro de Roncudo, cerca de Corme, que está considerado como el lugar donde se cogen los mejores percebes del mundo. Los buenos percebes han de ser chatos y gruesos, y sólo se consiguen en zonas superficiales de mar movido. Los del fondo son más alargados y peores de sabor, porque tampoco les llega el sol, que es un elemento clave para el buen sabor del percebe.
 

Aquí los dos mosqueteros intrépidos posando al pie del faro.


El dolmen de Dombate, monumento seguramente funerario erigido en el Neolítico, en torno a 3.500 años antes de Cristo. Se cree que las piedras fueron traídas de una cantera cercana rodando sobre rodillos de madera y arrastradas por bueyes, con los que también se contó para ponerlas de pie. El uso de los bueyes ya sugiere una época posterior al sedentarismo inherente a la adopción de la agricultura como forma de subsistencia. La Xunta le ha edificado un tejadillo elegante por encima para protegerlo.


Aquí una imagen del paraje de Verdes, un antiguo molino en el curso del rio Anjons, que más abajo forma la ría de Ponteceso. Es un lugar tradicional de excursiones, del que arrancan buenas rutas senderistas.


A las puertas del Pazo de Mariñan, cerca de Betanzos, hay eucaliptos centenarios, como el que se ve en la foto. No digo milenario, porque parece fuera de toda duda que el eucalipto fue traído a Galicia a mediados del XIX, según creencia popular no muy aceptada por los científicos, cuando el padre Rosendo Salvado volvió de Australia con un saco de semillas de este árbol bonito, bienoliente, de porte elegante, pero muy invasivo y perjudicial para las demás especies vegetales.


Y aquí en el gran espacio libre frente al Pazo de Mariñán. Ese día visitamos también el monasterio de Caveiro y la zona de las Fragas del Eume, además de darnos una vuelta por Pontedeume y acercarnos al castillo de San Felipe, en la bocana de la rada de Ferrol. Abajo una imagen en el puerto deportivo de Ponteceso. Se la mandé a mi amiga Tantri, actualmente en viaje de novios y me contestó: You look very stylish and relaxed


Aunque viajé con bañador y toalla, no me bañé ningún día. Lo que sí hice fue salir a correr por el paseo marítimo, el miércoles en dirección al Monolito del Milenio y el sábado hacia la Torre de Hércules. Ambos días hice unos 60 minutos de carrera efectiva. Como les dije, tuve que encontrar una melodía más rápida que el Slow Down de los Beatles para llevar en mi cabeza, porque alguien que entrena en altura, al llegar a la costa vuela. Tal vez no se lo crean, pero ambos días fui tarareando el tema Ça plan pour moi, cuya historia ya les he contado en el blog, aunque supongo que no la recuerdan. Y las paseantes coruñesas me miraban como a un autentico friki, cuando me cruzaba con ellas cantando eso de muá-muá muá-muá. Escúchenlo.

Referencias de un viaje a los tiempos de la perdida normalidad. En Galicia el nivel de contagios está bajo y la gente empieza a despertar de la pesadilla. En la calle todo el mundo lleva mascarilla, pero las terrazas de los bares están a reventar, aprovechando el aire fresco y soleado. Este sábado pasado se hizo en todas las ciudades gallegas un experimento, tutelado por la Xunta, consistente en abrir una discoteca por ciudad, con aforo reducido y exigencia de prueba negativa de covid. En Coruña, la disco que se abrió fue la sala Pelícano, con capacidad para 3.000 personas. Se vendieron sólo 1.000 entradas, que se agotaron en unas horas. Aún están pendientes de evaluar si se han producido brotes como consecuencia de esa reapertura puntual. Pueden encontrar una información a posteriori del evento en La Opinión Coruña, para lo que han de pinchar AQUÍ.

En los días anteriores, encontré en la prensa local una entrevista con el propietario de la discoteca. Le preguntaron si no temía que se organizara un desmadre y contestó con mucha seguridad. Para él la gente joven es muy cumplidora de las normas, cuando las hay; son mucho peores los adultos (y los viejos teenagers como yo, que no hacemos caso de nadie). Lo que pasa es que en la calle no hay normas y por eso se desmadran tanto en los botellones callejeros. Nunca había oído algo así, pero puede que tenga razón. Mis hijos, cuando iban a una fiesta fuera de Madrid, siempre se quedaba uno de ellos sin beber para conducir el coche de vuelta. Mis amigos y yo no hemos hecho eso en la vida: conducíamos de vuelta con el pedo bien puesto, despacito y con mucha prudencia, únicamente preocupados de los controles anti-doping.

Este domingo, cogí el coche de vuelta a Madrid. A la ida, había hecho como tres paradas, a poner gasolina, descansar, comer algo. Para la vuelta tenía pensado hacer lo mismo pero, cuando llevaba 200 kms, me encontré fuerte y descansado para seguir, y lo mismo a los 250 y a los 300, mitad de trayecto. Fueron decisiones sucesivamente improvisadas, porque tampoco necesitaba gasolina. Entonces, a poco de pasar los 300 kms de conducción continua, la pantalla del salpicadero de mi coche eliminó todas las cifras, gráficos e informaciones de ruta, para mostrarme únicamente el icono de una gran taza de café humeante con un letrero debajo: ¿No cree usted que debe hacer un pequeño descanso? Intenté quitarlo tocando todos los botones, pero no pude. Así que paré a echar gasolina. En cuanto encendí el coche de nuevo, la pantalla habitual se había restablecido.

Ya saben que hay gente muy paranoica con que nos están vigilando todo el rato con cámaras de seguridad en las esquinas de las calles y en las tiendas. Con este coche nunca había conducido más de 300 kms sin pararme, pero me quedó claro que estamos continuamente vigilados, empezando por nuestros propios coches que son muy listos. Por lo demás, con esa única parada tardé cinco horas y media de puerta a puerta, una marca que nunca había conseguido. Tenía prisa por volver al scorching heat, por una serie de urgencias pendientes. La primera, tenía que escribir antes de hoy un texto de 800 palabras sobre el programa que desmanteló las chabolas de Palomeras y demás asentamientos en torno a Madrid, sobre la que di un par de clases en la ETSAM. Una de las profesoras que me invitó, me ofrecía la posibilidad de incluir ese extracto en el E-book de la asignatura para este curso.

Lo terminé ayer, se lo mandé y entonces empecé a ocuparme de la declaración de la renta, que este año me voy a tener que hacer yo solito, porque, como saben, el vecino que me ayudaba a cambio de 50€, falleció por covid en marzo de 2020. En el verano pasado, una amiga se ofreció a ayudarme y me fue de muchísima utilidad, pero este año dice que no quiere repetir, porque aquello le causó muchísima ansiedad, hasta el punto de que ni dormía. Me ha sonado a excusa femenina, con perdón, pero nada más lejos de mis intenciones que causar ansiedades a nadie con mis problemas domésticos. Mi declaración de este año es sencilla y ya estoy en ello. El año que viene valoraré si me compensa el coñazo o encuentro a alguien que me quiera ayudar sin pedirme mucho dinero.

Con motivo de todo esto, estoy ralentizando el ritmo de publicación de posts, pero por lo que veo en las estadísticas de visitas al blog, tampoco ustedes parecen demasiado interesados, igual que sucede cada verano o cuando llegan las Navidades. Si yo fuera malpensado, imaginaría que mis seguidores no me leen en vacaciones porque usan mi blog para escaquearse un rato del curro. La verdad es que más bien tiendo a ligar este bajón al hecho de que la gente no viaja con el ordenador y aprovecha para descansar también del coñazo de estar siempre conectado a las redes. Por hache o por be, lo cierto es que mi anterior post ha tenido muy pocas visitas y ningún comentario. También puede ser que se hayan quedado ustedes anonadados ante el calvo con el que me sumé a la manifa facha de Colón. Miren, creo que ese evento no se merece por mi parte más que un calvo (de Carmen Calvo). Les confesaré que el autoselfie me salió a la segunda: en el primer intento se me veían los huevos, algo bastante antiestético, así que lo repetí apretando el culo para que quedara más aparente.

Estos días en La Coruña he tenido tiempo de pensar al respecto. Y he llegado a una visión clara: estas manifestaciones en Colón contra una decisión (la que sea) que adopta el gobierno en el ejercicio de sus competencias, son primas hermanas de las que montan los islamistas en países deprimidos del tercer mundo cuando alguien extiende el rumor de que en Occidente han insultado a Mahoma o algo similar. La gente se ofende y acude como borregos sin saber exactamente de qué protestan. Como aquí somos más civilizados, no hay grandes disturbios, ni heridos ni destrozos, pero la esencia es la misma. No he leído a ningún periodista diciendo algo como esto (tampoco dedicándoles un calvo, de Carmen Calvo).

Dice Manuel Jabois, periodista y escritor gallego heterodoxo, que los grandes beneficiados de estas manis de Colón, son dos: Abascal y Pedro Sánchez, que puede luego agitar el espantajo de la foto de los dirigentes posando juntos. Por eso los de PP y Ciudadanos han sido muy cuidadosos de ni cruzarse con Abascal. Yo vine oyendo la radio en el coche, donde retransmitían a ratos en directo. Y escuché cómo ovacionaban a Ayuso y, en cambio, a Casado le cantaban con música de Guantanamera: ¿dónde está el máster? ¿Casado, dónde está el máster? ¿Dónde está el maaaaaaster? ¿Casado dónde está el máster? Arrimadas parece que se quedó remoloneando por la zona de la Biblioteca Nacional, sin entrar a la plaza, hasta que se cubrió el aforo y luego ya no le dejaban pasar.

¿Qué pienso yo de los indultos? Pues lo tengo bien claro. Yo los habría indultado ya hace mucho tiempo, me parece un despelote que llevemos tres años y medio con esta gente en la cárcel, en un régimen ciertamente amable, pero sin libertad, y encima que les estemos pagando la manutención entre todos. Yo, como digo, les hubiera sacado de la cárcel hace mucho. Ahora, eso sí, la inhabilitación para cualquier actividad política se la mantendría de por vida; que se dediquen a otra cosa. Dicho esto, entiendo que Sánchez, que es un maniobrero contrastado, haya esperado para poderlo utilizar a su conveniencia, a ver si con esto del indulto consigue reconducir el conflict. Es que si lograra eso, que es lo que quiere la mayoría del pueblo catalán (por eso ganó Illa las elecciones), hasta podría optar a la reelección cuando se acabe la legislatura, que es su sueño.

Lo que pasa es que, como no lo consiga (que es muy probable), la señora Ayuso se lo va a comer con patatas, después de haberse zampado al fraCasado de aperitivo. Es que lo del fraCasado es muy fuerte, yo tengo muy claro que no da la talla para dirigir al principal partido de la derecha española, a mí me caen mejor Ayuso, Almeida o Feijoo. Buscando en mi maravilloso Gran Libro de los Insultos, de Pancracio Celdrán, he encontrado el adjetivo que más le cuadra a este señor: pitongo, un vocablo bastante en desuso que Celdrán define con precisión casi quirúrgica: Pollopera, niñato; joven redicho y remilgado de familia bien, hijo de papá, presuntuoso y un tanto gilipollas. Es que lo clava.  

Ya sé que muchos piensan que le tengo manía, pero veamos. Encontré en Youtube el discurso de este señor al Grupo Popular del Parlamento Europeo, un vídeo de casi media hora. Y me lo escuché entero, con atención, hay que ver lo que argumenta el enemigo. Y he de confesarles que al principio no estaba mal; hacía alguna crítica de la política exterior de Sánchez, proponiendo alternativas y manejando cifras y datos bastante demoledores. Hablaba de la relación con USA, de Marruecos (antes del asalto de niños a Ceuta), de Latinoamérica. Todo lo declama con ese tonillo como de estar diciendo algo gracioso o muy ingenioso, esa media sonrisa estúpida que usa continuamente (sólo se puso serio cuando atacó a Abascal en el Congreso y ahí estuvo bien, a pesar de que le salieron algunos inoportunos gallos, seguramente por la falta de costumbre de hablar en ese tono).

Pero es que, a medida que va avanzando el vídeo, cualquiera se da cuenta de un detalle: Sánchez lo hace todo rematadamente mal, según él, y no por torpe, sino por malvado. Y uno piensa: joder, qué casualidad que este señor no haga ni una cosa bien, ni por error. Ese detalle, sumado a la media sonrisa, desvela que eso de que Sánchez la ha pifiado es un latiguillo, una especie de tic. Haga lo que haga Sánchez, este pollo va a decir que menuda cagada. Y esas cosas las capta la gente. Que la gente es muy lista. A este niño pitongo, Ayuso se lo va a quitar de en medio con el revés del dedo meñique, como se echa a un insecto aterrizado en la mesa de comedor. En cuanto le estorbe.

Y no olvidemos que este señor llegó a su puesto cuando el PP fingió ser el partido moderno que no es y organizó por primera vez en su historia unas primarias para elegir a su secretario general. Y que, en primera vuelta, esas primarias las ganó Soraya, pero hubo que ir a una segunda vuelta, en la que la presunta delincuente Cospedal, que había quedado la tercera, volcó su apoyo a Casado, por puro rencor a Soraya. O sea que llegó de carambola y ni siquiera tenía en orden los papeles del máster ese que parece que le regalaron sin haber ido ni a clase, como a Cifuentes. Por todo eso, su discurso es de piñón fijo: Sánchez lo hace todo mal. Y si va a promover los indultos no es para reconducir el conflict sino por puro aferrarse al cargo. Es tan tonto que no se da cuenta de que ese argumento se le puede aplicar también a él: todo lo que hace es para quitar a Sánchez del puesto, no porque le importen otras cosas.

En fin, ya ven que aunque me vaya a La Coruña una semana, yo sigo también con mis leit motivs: el fraCasado es uno de los más recurrentes. Y por supuesto, Samantha Fish. Este sábado, horas después de que se cerrara la discoteca Pelícano, por el desfase horario, Sam tocó dos horas seguidas en el festival Stomp the Blues Out of Homelessness, organizado en Springfield (Missouri) para recaudar fondos para la gente sin hogar del estado. Les voy a poner el enlace del concierto completo, a falta de la última media hora, obviamente no para que se lo traguen entero, sino algunos trozos si quieren, sólo para que vean el aspecto actual de la diva. En el frontal del escenario un mensaje: bueno, dices que estás triste, tienes agujeros en los dos zapatos, te sientes solo y confuso, pero tienes que seguir sonriendo.

Sam empieza con Bitch on the run, con un sonido bastante malo (luego mejora). Le acompañan su bajo habitual después del confinamiento Ron Johnson, un batería blanco que no es manco y una novedad: un teclista que le da cuerpo al grupo, porque además hace coros. Este teclista se parece bastante al Nowhere Man que salía en la película Yellow Submarine, pero es un buen músico. A media canción, a Sam se le suelta la bandolera que sujeta su pesada Gibson SG y ha de hacer malabarismos para seguir tocando sin que se le caiga. Parece que se hace un poco de daño en los dedos porque acaba la canción y ha de hacer unos cuantos estiramientos de dedos de la mano izquierda, clave en su desempeño. Abajo tienen el vídeo, pero quiero reproducir aquí lo que dijo una asistente al concierto en Facebook al día siguiente:

¡Gran show Samantha Fish! Gracias por regresar a Springfield, Missouri, para ayudar a acabar con la falta de vivienda.

Hay muchas razones por las que me gusta Samantha. Su música es de verdad. Puedo relacionarme con ella como una mujer del Medio Oeste. Es trabajadora, genuina y valiente. Algunas de sus canciones hablan de superar obstáculos y de malas relaciones, PERO no tienen las letras duras y obscenas que puedes escuchar en otras músicas.

¡Y ella es simplemente una buena persona! Un chico estaba fuera con una guitarra de caja de puros esperando a ver si ella se la firmaba después del show.

Ella no salió a hacer el Meet and Greets (¿se la puede culpar? La imagino cansada, iba vestida de cuero negro y se estaría cociendo). Sin embargo, uno de los miembros de la banda llevó la guitarra a su tráiler y ¡la firmó! Le arregló la noche al chaval.

¡Mis mejores deseos para Samantha! ¡Ella es una estrella en ascenso!


jueves, 10 de junio de 2021

1.058. La pausa

Escribo desde mi habitación de la octava planta del Hotel Riazor, en La Coruña, desde la que se ven las panorámicas que les pongo más abajo. Se está aquí como Dios y es una gozada abandonar por fin el encierro, también llamado confinamiento (¿recuerdan cuando bajábamos a comprar al supermercado con guantes?). La situación va mejorando, aunque hay que ser prudentes. El lunes cogí mi coche, salí de Madrid como a las 10.30 y tuve un viaje plácido, con varias paradas. Una de ellas en el área de servicio La Pausa, cerca de Ponferrada, en donde me calcé un entrecot de puta madre (Zidane dixit), acompañado de una copa grande de cerveza. La chica de la barra, una rubia de ojos vivos y sonrientes asomando por encima de la mascarilla, me preguntó qué me había parecido la carne. Contesté que excelente pero, por ponerle alguna pega, que era demasiado grande para un sitio de carretera donde hay que evitar que la gente coma de más y le dé la soñera. La chica achicó un poco más las comisuras de sus ojos traviesos para decir que lo que pasaba es que yo venía de Madrid, en donde estamos acostumbrados a comer poco; que aquello era El Bierzo y allí se come de verdad.

El lunes lo tuve ocupado entero en el viaje, llegué por la tarde a la casa de mi hermano en Oleiros y estuve por allí hasta que empezó a anochecer y me vine al hotel. El martes fue un día también muy intenso, salí a desayunar a un bar cercano, volví para conectarme a la clase de inglés a las 9.30, después tenía una cita en una notaría para un asunto privado e hice algunas gestiones más antes de coger el coche para ir a comer donde mi hermano. A media tarde regresé al hotel para la sesión de cierre de Billar de Letras, una sesión memorable, en palabras del propio Ronaldo que comparto, y de la que les hablaré después. Acabé tan excitado y despejado que decidí salir a dar una vuelta por la ciudad y tomarme algo en un bar cualquiera, a pesar de que estaba cansado y de que a las diez de la noche cae sobre la ciudad la típica fresca cargada de humedad y hay que abrigarse. Para ser un martes, había bastante actividad en la zona de bares, sobre todo gente joven; el virus no ha conseguido domesticar su espíritu. Veamos ya las fotos prometidas.


Bien, podría pensarse que estoy en una especie de pausa de mi sinvivir de jubilado vertiginosamente activo, pero ya ven que en el mundo interconectado a través de la galaxia Internet, esa actividad continua me persigue allá donde yo vaya, a menos que no tenga cobertura, algo que ya casi no sucede en ninguna parte. Ayer miércoles, por ejemplo, me levanté, me bebí unos cuantos vasos de agua del grifo y bajé a correr por el paseo marítimo. Lo tomé hacia la izquierda y llegué más allá del monolito del Milenio, rebasé el ascensor inclinado de cabina esférica que te sube al Monte de San Pedro y aún más allá, casi hasta El Portiño, donde iba de pequeño a pescar y volvía a casa con tres míseros pececitos enanos que mi madre me freía para cenar. El saber popular ha bautizado el monolito como El Pirulí, y el ascensor como La Arielita.

Tras mi carrera, ducha y gran desayuno, me acerqué a la cafetería Manhattan, en donde tenía una cita con el gran Berto, seguidor de este blog y amigo de los de verdad, con quien me pasé todo el día deambulando por algunas zonas míticas de la Costa de la Muerte, excursión que se merece un post específico que les prometo. Tal vez ese día sí constituyó una verdadera pausa, llena de resonancias mágicas que me retrotrajeron a la infancia y de la que acabé agotado pero feliz, por la noche en mi magnífica cama doble de la octava planta del hotel, arrullado por el murmullo del mar inmenso. Hoy he desayunado con apetito, he vuelto al hotel para conectarme a mi nueva sesión de inglés y me he puesto a escribir algo para ustedes. Espero terminar a tiempo de coger el coche para irme a comer de nuevo donde mi familia. Y a las 18.00 tengo una call con Los Ángeles, con una gente de un Banco solidario que tal vez nos ayude a desbloquear uno de los proyectos ganadores del primer Reinventing, que está atascado por falta de financiación.

Pero hoy quiero hablarles de otros asuntos. La novela con la que cerramos Billar de Letras hasta septiembre se llama Como si existiese el perdón y su autora es la argentina Mariana Travacio, de Rosario, aunque se conectó con nosotros desde Buenos Aires, donde vive actualmente. Esta mujer, de mediana edad, cuya imagen tienen arriba, ha trabajado muchos años como psicóloga forense, que no es cualquier cosa. Conoce mucho del alma humana, de la bondad y la maldad, del rencor y de la venganza como motores de las conductas humanas. Nos contó que ha escrito numerosos cuentos, que son su especialidad narrativa, pero que casi todos se desarrollan en escenarios fuertemente urbanos. Esta su primera novela, en cambio, transcurre en las llanuras infinitas de la Pampa, en donde la gente está muy sola y no existen instituciones como La Justicia o La Administración. Uno ha de valerse solo, sin ayuda de nadie.

Yo intervine en el debate sólo una vez para decir que me parecía que la historia reflejaba espléndidamente la forma de pensar de la gente del mundo rural y cómo las grandes planicies influyen en la mentalidad de la gente que las habitan. Dije que esta historia podía transcurrir en La Mancha, o en las grandes llanuras de Polonia. El libro comienza en un punto en donde están los dos protagonistas al final de su día, haciendo una pequeña hoguera para calentarse una cena y luego cebarse un mate, sin prisas y casi sin hablar entre ellos, mientras el sol cae sobre el horizonte. Allá por el fondo se intuye que llega un tipo a caballo. Se va materializando, cobrando tamaño. El que manda de los dos, que se llama el Tano, deja claro que será él quién hable con el desconocido.

El tipo llega, descabalga y, sin más saludos o preámbulos, dice a bocajarro: —Estoy buscando a la Pepa. Sigue un largo silencio en el que los dos locales continúan con sus tareas cotidianas. El Tano se piensa la respuesta porque hay una Pepa que no vive lejos y es la hija de uno de sus colegas, por lo que ha de protegerla de cualquier mal viento que venga. Sólo un rato después, sosteniéndole la mirada al desconocido, le responde: —Y para qué la busca, compañero. Transcurre otro rato hasta que el recién llegado aclara: —Mire, compadre, si la ando buscando es porque se me perdió. Fíjense ustedes qué diálogo más preciso, qué arranque más impresionante de la novela. Les diré que, tras ese intercambio inicial de retos, el Tano le invita al otro a sentarse con ellos, compartir la cena y unas ginebras, para luego, todos juntos, decidir como aúnan fuerzas para encontrar a esa Pepa, que muy pronto averiguan que es otra diferente a la que primero creyeron.

Arranca ahí una historia de rencores y venganzas que desemboca en un auténtico western y que le ha valido a su autora varios premios, ser traducida a unos cuantos idiomas y entiendo que no tardará mucho en generar un guión cinematográfico. En el debate, Ronaldo propuso que opináramos sobre si la historia nos parecía totalmente realista o si tenía componentes fantásticos o mágicos. Yo me pronuncié claramente por la primera de las posibilidades porque, dije, la realidad está trufada de componentes mágicos e inexplicables que superan siempre a lo que un autor pueda imaginar. Traje a colación la respuesta de García Márquez cuando le preguntaban por cómo hacía para elaborar su realismo mágico: no, yo lo único que hago es reflejar lo que veo, en Latinoamérica la realidad es así. Otros contertulios opinaron lo contrario, pero yo lo tengo claro y además estamos hablando de la visión de una psicóloga forense.

En cualquier caso, un libro que les recomiendo. Es cortito, conciso, con capítulos de media página. Se lee en una tarde. Yo me lo he leído dos veces, la primera con la tensión de saber qué sucede y la segunda para recrearme en los detalles, en las descripciones del paisaje que es casi como otro personaje protagonista. Conocía ya esos ambientes por otros relatos, con especial relevancia de El gaucho insufrible, de Roberto Bolaños, un cuento magnífico. Pero ahora quiero incidir en otro aspecto. La novela de Travacio describe una historia que, como hemos dicho, no puede transcurrir en otras localizaciones: por ejemplo en un ambiente urbano. Tampoco en un pequeño pueblo, en el que enseguida corre el rumor y toda la colectividad opina e interviene. Aquí son personajes solos en un escenario inmenso. Sus actividades y sus diálogos son esencialmente demorados. Llevan un ritmo opuesto al sinvivir que yo experimento en la ciudad y que me traigo puesto a mi semana de vacaciones.

Y esa pausa, inducida por el paisaje, me lleva a uno de los últimos textos del blog de José Ovejero, en donde analiza otra de las características de la vida moderna, el vicio de grabarlo todo en fotos o vídeos, para conservarlos, como una especie de receta de inmortalidad. Esa ansiedad compulsiva por dejar constancia de todo para la posteridad, nos llega a impedir disfrutar de la vida en su plenitud: no vivimos porque estamos todo el día dedicados a dejar constancia de cómo vivimos. Ovejero enciende una vela por el disfrute de los momentos irrepetibles, la fugacidad, la mortalidad y, en definitiva, el olvido. Curioso tema. Les pido que lo lean, para lo que han de pinchar AQUÍ, y luego continuamos.

Creo que esto de guardarlo todo es una inutilidad. Me vienen a la cabeza los tiempos de las diapositivas, con aquellos carros circulares en los que había que revisar una a una las imágenes para asegurarse de que no estaban al revés. Uno iba a cenar a casa de una familia amiga y al final te decían: —¿Quieres que te ponga las fotos de nuestro viaje por las islas griegas? Y te calzaban un coñazo insufrible. Menos mal que apagaban la luz y podías darte alguna cabezadita. Otro tema: yo tengo guardadas una serie de cintas de casette que le grabaron a mi madre, ya muy mayor, cantando o diciendo cosas que se le ocurrían. Tal vez piensen que soy lo que se llama un descastado, pero jamás he sentido ganas de escucharlas. Ahora ya ni tengo aparato reproductor de cassette, pero es algo que nunca he tenido curiosidad de escuchar. Y eso que me acuerdo de mis padres y de mi hermano Viti, prácticamente todos los días.

Y en cuanto a la belleza de lo efímero irrepetible, pues siempre tendré en la memoria los speechs que mi amigo X y yo soltamos a todos los presentes al final de su comida de jubilación. Algunos que no pudieron venir, me han preguntado si lo tenemos grabado y les he dicho que no, que había que haber estado allí. Ese fue un momento único que todos conservamos en nuestras memorias y que no podremos nunca revisar y está bien así, como dice Ovejero. Pero este autor soslaya un matiz del tema. Es que mucha de la gente que va sacando fotos y vídeos de todo lo que hace, realmente no actúa así por preservar el momento mágico para la eternidad, sino para colgarlo enseguida en redes y que le llenen de megustas y caritas sonrientes con lágrimas azules a los lados. Y sus amigos lo borran todo enseguida, o al cabo de unos días.

Y esta es una tontuna que desenmascara el absurdo de una tipología de personajes en posesión de unos medios técnicos asombrosos, pero sin la adecuada preparación psicológica (¿forense?) para gestionarlos de forma racional. Y, para colmo, ese es un tema que puede llevar a derivadas perversas, como el asesinato del profesor francés que fue degollado por un fanático islamista después de que una de sus alumnas colgase en redes que había insultado a Mahoma en su clase, algo que la propia chica admitió después que era falso. Mi admirada Leila Slimani, el día en que presentó su nueva novela, nos contó que ese terrible incidente le hizo borrarse de Facebook y las demás redes sociales, y que desde entonces está muy a gusto. Hablando de esta señora, ya saben que una de las cosas que más me satisfacen es que en los grandes periódicos se hable de un tema que yo he sacado primero en el blog. Pues en el artículo que van a ver abajo se destacan los libros de Slimani y la novela La vida lenta de Abdelá Taia, de la que les reproduje un fragmento. Pueden verlo AQUÍ.

En fin, que yo sigo con mi pausa a la vera del océano. Disfrutando unos días de esta vida lenta, a pesar del vértigo que me traigo a la espalda. Y que mañana y pasado no tengo planes prefijados por lo que espero dedicarme plenamente a fluir. Let’s flow. Y el domingo cogeré otra vez la carretera para volver a Madrid. Sólo lamento una cosa: no poder llegar a tiempo para sumarme a la manifestación de Colón. Como se pueden imaginar, estoy loco por aparecer en esa foto con los padres de la patria, hacedores de la libertad-libertad-libertad y martillo pilón del comunismo y la pérdida de valores en la que ha desembocado esta Sodoma y Gomorra de Sánchez y compañía. Como no me da tiempo a llegar a sumarme a ese evento maravilloso, he decidido grabarme un autovídeo dedicado a estos señores, que les dejo de cierre y que creo que describe perfectamente todo lo que se ha hablado en este post. Que les aproveche.