jueves, 30 de septiembre de 2021

1.087. Sobre justicia y política local

Vamos a ver. Me surgen estas reflexiones al hilo del asunto de Madrid Central, ese proyecto estrella de Carmena que impedía la entrada en el centro urbano de todo tráfico que no fuera el generado por los propios residentes, un centro urbano en el que yo precisamente vivo, como saben, por lo que este es un tema que me afecta directamente, a mí y a mi salud. El tema se ha enmierdado porque todo lo que se politiza se enmierda y ya es difícil opinar atinadamente sin dejarse llevar por las tendencias políticas de cada uno, pero eso es justo lo que yo voy a intentar. Que quiera opinar sin sesgos políticos no quiere decir que sea imparcial. No puedo ser imparcial en un asunto que atañe a mi salud.

Para empezar, es bueno dejar claro que la tendencia a echar fuera de los centros urbanos el tráfico de paso y los vehículos más contaminantes, es algo que viene de la ONU y la Comunidad Europea. Y del sentido común. Dentro de esa línea, el alcalde Ruiz-Gallardón aprobó durante su mandato una serie de Áreas de Prioridad Residencial (APR), en las que se restringía drásticamente el acceso de cualquier vehículo que no fuera de los residentes en el propio APR, además de los vehículos híbridos y eléctricos y el transporte público, incluidos los taxis. Yo vivo en una de esas APR y fue un verdadero alivio que nos quitaran el tráfico de paso y recuperáramos la calle para los peatones.

Para garantizar el cumplimiento de esa norma, se instalaron cámaras en todos los accesos rodados. Esas cámaras te hacían una foto al entrar. Y esa foto iba directamente a la recaudación ejecutiva, es decir al órgano que cobra las multas, sin más trámites intermedios. Pero, si tú, después de haber entrado, te dirigías a alguno de los parkings públicos del interior, en la puerta del parking te hacían una segunda foto que anulaba la sanción de la primera. También se disponía de 24 horas para acudir a una oficina a justificar por qué se había entrado, en caso de que fuera algo justificable, como un suministro, atender a una persona, o para una obra. Se tenía bastante manga ancha en este sentido. Pero el que no decía nada, le calzaban la multa en tres días. Y se imaginan lo cabreado que estaba el personal: ¿recuerdan aquello del afán recaudatorio de Gallardón? ¿Y lo de que era un alcalde faranoico? Para los vecinos de mi barrio, en cambio, la medida fue una bendición.

Durante el cuatrienio Carmena, se elaboró el famoso Madrid Central, que lo que hacía era unificar todas las APR de Ruiz-Gallardón en una sola área, con otras zonas nuevas que se le incorporaban, de modo que todo el casco antiguo de la ciudad, la zona de tejido urbano medieval, pasaba a convertirse en una gigantesca APR. Bueno, gigantesca relativamente, porque en realidad era una parte mínima de la ciudad. Para los de mi barrio, esto no tuvo ninguna incidencia, seguíamos igual que en la era Gallardón, y además, el ámbito se simplificaba y era más fácil de entender por los conductores. Pero he ahí que el señor Martínez-Almeida, a la sazón jefe de la oposición, decidió recurrirla en los tribunales.

A este respecto hay que decir que el PP tiene la manía de meter a la Justicia en todos los saraos, yo creo que por dos razones. UNA, por joder, lisa y llanamente. La política de dar por culo y poner palitos en las ruedas del poder, cuando no lo ostentan ellos. DOS, por un sentimiento atávico, de raíces franquistas, de que el poder les corresponde legítimamente a ellos; que cuando lo ostenta la izquierda son unos okupas, una banda y toda esa verborrea que inventó el funesto Albert Rivera. Pero esa mala costumbre de judicializarlo todo, ha traído muchos efectos perniciosos al país. Como por ejemplo, el recurso que puso el señor Rajoy, también a la sazón jefe de la oposición, en este caso nacional, contra el Estatut Catalán que había sido aprobado por el Parlamento Catalán y por el Español. Va este señor y lo impugna con un grado de frivolidad tremendo.

Y va la justicia y, años después, anula el Estatut y prende la mecha del incendio del prusés y todo el daño que esta historia ha hecho a Cataluña. Porque lo de la Justicia española es para que nos lo hagamos mirar. No hay más que ver que, un año después del estado de alarma, van los jueces y lo anulan porque lo que procedía era el estado de excepción, que es más duro. Es como si a un agresor confeso lo absuelven porque tendría que haber matado a su víctima. No quiero meterme en problemas, no hay que olvidar que este blog lo siguen cuatro gatos y no tiene ninguna repercusión mediática, pero recuerden que a Pedro Pacheco, político andalucista, lo metieron al trullo por decir que la Justicia en España era un cachondeo (sic).

Qué coño pasa con la Justicia de este país, ya que hemos derivado el discurso por esta línea. Pues pasa que, cuando se murió Franco, los jueces del siniestro Tribunal de Orden Público (TOP), el órgano que sustituyó a los tribunales militares y los juicios sumarísimos de la postguerra, pasaron en masa a integrarse en el Tribunal Supremo de la democracia. Si no me creen, les recomiendo que lean un artículo al respecto, que pueden encontrar pinchando AQUÍ. Y desde entonces, la Justicia está mayoritariamente copada por jueces muy carcas y muy retrógrados. Por eso el fraCasado bloquea la renovación del Poder Judicial; no es sólo por joder y por considerar a Sánchez un okupa de la Moncloa, que también, sino por intentar mantener los tribunales en manos amigas. En USA saben mucho de esto también.

Pero volvamos a Madrid Central. No se ha dicho que la Comisión Europea tenía a punto de imponer unas multas millonarias a España, por la mala calidad del aire en Madrid y Barcelona, cuando se aprobó Madrid Central y algunas medidas similares en Barna, como las famosas súper-manzanas. Y que esas multas no se anularon, sino que se suspendieron, hasta ver los efectos de las medidas adoptadas. Pero esta circunstancia no impidió que Almeida prometiera que, en cuanto ganara, derogaría Madrid Central. Fue ese uno de sus lemas de campaña, como pueden comprobar en esta foto, tomada directamente en una de las marquesinas de la EMT.

Miren, a mí Almeida no me cae mal, ya lo han podido apreciar en el blog. Pienso que es un tipo muy feo y muy pequeñito, al que su físico ha condicionado radicalmente (como a mí, o a cualquiera de ustedes). Un tipo con ese aspecto, se las tuvo que ingeniar para defenderse del casi seguro bullying en el cole y encontró la receta de ser muy colega, muy simpático, hasta graciosillo, para que no lo marginaran. Después se hizo abogado del Estado, porque tonto no es, y se abrió camino en la política por mor de una serie de casualidades. Y reforzó su personalidad haciéndose motorista, porque, encima de una moto y con el casco, no se nota lo feo que eres. Yo tuve la oportunidad de verle participando en comisiones de urbanismo como jefe de la oposición y me pareció cordial, rápido en sus respuestas y muy en su lugar.

Cuando la campaña a las elecciones locales, seguramente no pensaba ganar y además se dejó aconsejar por lo más rancio de su partido para basarse en lemas como ese contra Madrid Central. Con la misma frivolidad y falta de fundamento que Rajoy, había presentado un recurso contra este proyecto en los tribunales. Y luego resulta que ganó y le tocó lidiar con el toro. Desde muy al principio, el equipo entrante se dio cuenta de que Madrid Central estaba bien, salvo por el hecho de que habría que extender las medidas contra la contaminación a zonas más amplias. El concejal del que depende la movilidad, Borja Carabante (a quien en este blog hemos apodado Borja Carburante) es un tipo muy listo y con hechuras de político de largo recorrido. Yo lo he visto en debates con Rita Maestre y otros miembros de los partidos de la oposición, y se los comía a todos con patatas.

Pero resulta que el asunto estaba en manos de la Justicia. Y eso tiene un peligro de la hostia. ¿Y saben lo que ha dicho la Justicia? Pues que Madrid Central es nulo de pleno derecho, por una cuestión de trámite: según la Ley, el documento debía incluir una evaluación de los costes que ese proyecto suponía para el Consistorio. Y esa evaluación no se había hecho. Miren, con 70 años que tengo, creo que esta es la mayor barbaridad que he visto en una sentencia judicial. Porque esa es una cuestión secundaria, un papel que le falta. Es casi como si le faltara una póliza. Y por la falta de una póliza, anulan un proyecto del que depende mi salud y la de todos los vecinos del distrito Centro. Pero es que, encima, ya del tirón anulan todas las APR que aprobó el señor Gallardón.

¡¡Por Dios!! Pero ¿CÓMO SE ATREVEN? No suelo gritar en mis textos, pero es que esto es la leche. ¿En qué se basan estos señores de la toga para anularme a mí una disposición del señor Gallardón, aprobada con todos los sacramentos burocráticos y en vigor desde hace varios lustros, porque a un proyecto posterior le falta una póliza? No hay por donde cogerlo. Pero la resolución judicial ha ido escalando tribunales hasta el Supremo y todos ellos la han ido confirmando. Y encima, el Ayuntamiento recibió una providencia recordando la obligatoriedad de cumplir la resolución antes del 15 de septiembre, so pena de desacato. Esto ya entra dentro de los terrenos del acoso, esto es bullying judicial.

¿Y qué fue lo que pasó? Pues que Almeida, Carburante y compañía se apresuraron a elaborar una nueva Ordenanza de Movilidad que salvara Madrid Central en medio de otras medidas más amplias anti contaminación. Tenían que salvarlo para no incurrir en la ira ciudadana y europea. Y además, yo creo que el contacto con la realidad del poder lo ha vuelto a Almeida más ecologista, dentro de su ignorancia general de este tema. Pero aquí entró de nuevo la política en toda su fealdad y mezquindad (en un tema que debería haber sido apoyado por unanimidad de todos los grupos). Empezó Vox dando por culo, diciendo que ellos son partidarios de que los coches entren libremente en el centro. Y que esa nueva ordenanza era una traición a los pactos de Gobierno. Almeida les recordó que ese asunto no estaba incluido en los citados pactos de Gobierno, pero dio igual.

Le faltaban al equipo de gobierno cuatro votos (los de Vox) para aprobar la ordenanza. Y la izquierda vio también la posibilidad de dar por culo. Rita Maestre dijo que la ordenanza suponía un retroceso respecto a Madrid Central. ¿Por qué? Pues por dos motivos. UNO, que a las motos se les permitirá ahora entrar hasta las once de la noche, y antes era hasta las diez (fíjense qué razón de peso). DOS, que se permitiría la entrada también de los comerciantes que trabajen en comercios y bares del centro, evaluados en unos 15.000. Y pusieron el grito en el cielo: Almeida va a autorizar a 15.000 coches más a que entren en el centro. ¡Horror y estigma! ¿Saben cuál es la realidad? Pues que esos 15.000 coches (suponiendo que esa sea la cifra real) ya estaban entrando, por diferentes mecanismos, trucos y picarescas. Había permisos temporales, plazas de parking alquiladas fraudulentamente y otros similares.

El marqués de los vigilantes de mi parking de residentes, del que hablé en mi entrada de relatos eróticos con motivo de mi cumpleaños 69, tiene montado un negocio con esto, que le soluciona la papeleta a unas cuantas docenas de estos comerciantes. Yo les puedo jurar que en el centro no está entrando casi ningún coche más que antes. Pero estas dos minucias, o futesas, fueron suficientes para que Rita y los suyos se posicionaran en contra abocando al Ayuntamiento a perder la votación y que el 15 de septiembre entraran todos los coches en mi barrio. Y el vergonzante PSOE local del inexistente Pepu, se sumó a esta estrategia. Menos mal que los cuatro escindidos de Más Madrid votaron a favor.

Ya les he dicho que en este tema no soy imparcial, porque afecta al funcionamiento de mis pulmones. Tampoco lo soy porque los cuatro de marras son los más puramente carmenistas y tres de ellos los únicos con los que tuve trato directo durante la era Carmena. Desde los medios de la izquierda se les ha puesto verdes, tachándolos de tránsfugas, díscolos, pedorros y otros epítetos infamantes. La realidad es que estos señores eran los que mantenían viva la llama de Carmena, que nunca quiso encabezar un partido, sino una agrupación ciudadana. El resto de Más Madrid se aprestó, desde su derrota en las elecciones de 2019, a organizarse como partido, elaborando unos estatutos a través de un complejo sistema de participación, un procedimiento que los ha tenido ocupados todo lo que va de legislatura. Hasta el punto que, ocupados en eso, no han hecho prácticamente labor de oposición a Almeida, que está gobernando con bastante placidez.

Los cuatro de marras no estuvieron por esa labor, no participaron en la elaboración de esos estatutos y entonces se les empezó a marginar. Hasta que se fueron del grupo y se rebautizaron como Recupera Madrid. Y ahora para la izquierda oficial son unos traidores y unos tránsfugas. El mismo discurso que se le dedicó a Errejón cuando se largó de Podemos, harto de que lo ningunearan. Puro leninismo. Y la respuesta de Maestre a esa ordenanza que evitaba in extremis que se nos llenara el barrio de coches, recuerda por su tozudez y dogmatismo a la forma de actuar del fraCasado: TODO MAL. La ordenanza está mal porque la hace Almeida que es un facha.

En realidad ella es otra fracasada. Les cuento sólo un detalle. Esta señora estupenda, apareció por primera vez en los papeles cuando, al frente de otras airadas mujeres, asaltó la capilla de la Ciudad Universitaria con las tetas al viento, al grito de menos rosarios y más bolas chinas. Eso es historia, pero los de Vox la atacan siempre llamándola asaltacapillas y otras lindezas. Bueno, pues si ustedes buscan la noticia de ese suceso, encontrarán el detalle que les quiero destacar: todas las mujeres perpetraron ese asalto con las tetas al viento; todas menos una: Rita Maestre no se quitó el suje. Pero su participación timorata y melindrosa en esa peripecia le sirvió para darse a conocer y escalar en el movimiento político que se formó alrededor del 15-M y que se llamó Podemos.

En cuanto al vergonzante PSOE local del inexistente Pepu, ni siquiera ha estado ocupado elaborando unos estatutos para organizar un nuevo partido, porque ya tenía partido. ¿Qué han hecho estos señores durante dos años y medio? Nada. Es un misterio del universo. Y, entonces, en base a qué se oponen a una ordenanza de movilidad elaborada de prisa y corriendo para evitar una tropelía a los ciudadanos por la mala cabeza de sus políticos. En fin. Todo muy penoso. Yo tengo el presentimiento de que si Almeida convocara ahora mismo elecciones anticipadas, ganaba por goleada. Sacaría mucha más ventaja que Ayuso en la Comunidad. ¿Por qué no lo hace? Pues porque en el Ayuntamiento no se puede hacer lo que hizo Ayuso. Lo único que puede cambiar un gobierno municipal a mitad de legislatura, es una moción de censura como la que le hicieron a Barranco. Pero la aritmética no da para eso en estos momentos.

Así que Almeida seguirá cómodamente hasta el final, apoyándose alternativamente en Vox o en Recupera Madrid según le convenga. Estos de Recupera Madrid, a los que yo vaticiné que se subdividirían a su vez en Recu y Pera, como les he dicho, son conocidos míos y tienen mi aprecio. Se trata de José Manuel Calvo que fue mi jefe cuatro años y que ayudó con su trato a recuperarme para la causa municipal, después de la imbécil que le precedió en el cargo, además de Luis Cueto y Felipe Llamas, las personas más de confianza de Carmena, que siempre tuvieron un trato cortés conmigo. Completa el cuarteto Marta Higueras, a la que nunca saludé, pero que se ha encargado de explicar la posición de este grupo en una entrevista que les voy a dejar como regalo de despedida. Les pido que la lean. Creo que aclara muchas cosas. Buen finde. Han de pinchar AQUÍ.

sábado, 25 de septiembre de 2021

1.086. Al aliguí

Miren ustedes por donde, resulta que voy a escribir este post al aliguí, expresión que utilizaba mi padre para caracterizar cualquier asunto que se hubiera resuelto de forma casual o improvisada, por pura chiripa. He de confesar que yo he aprobado asignaturas de la Escuela de Arquitectura ciertamente al aliguí, improvisando respuestas sin haber estudiado gran cosa, a partir de mi reconocida facilidad de simular que sabía mucho más de lo que sabía, apoyada en mi brillantez a la hora de redactar, que he seguido utilizando a lo largo de toda mi vida, incluyendo este blog en el que me lanzo a opinar de cosas que desconozco totalmente y parece que entiendo un huevo.

Según las páginas que consulto a veces para averiguar la etimología de ciertas expresiones, resulta que esto del aliguí viene de una vieja tradición medieval vinculada al carnaval. Parece que en tales fechas era costumbre que un tipo entre chamarilero y saltimbanqui se dedicase a divertir a los niños con un juego bien simple, consistente en que llevaba un palo con una cuerda atada al extremo y, a su vez, al extremo de dicha cuerda, un higo seco pequeño (un higuí), que los niños del pueblo debían de tratar de pillarle con la boca, porque hacerlo con la mano no valía, era trampa. El tipo pegaba un estirón del palo cada vez que uno de los infantes estaba a punto de atraparlo de un bocado y gritaba todo el tiempo: Al higuí, al higuí, con la mano no, con la boca sí. Solamente si el tipo se distraía, algún chaval se llevaba el higuí, lo que no sé qué tipo de premio comportaba.

He empezado este texto, como muchas veces, sin saber de qué voy a hablar, pero eso es algo que gusta mucho a mis lectores más fieles, así que vamos a ello. He de decirles que esta semana ha sido especialmente difícil para mí porque, a mis ocupaciones habituales de jubilado hiperactivo, he añadido mi asistencia a un curso virtual de novela, que se desarrollaba a lo largo de cinco jornadas consecutivas, de 19.00 a 22.00, hora final que a menudo contraveníamos, alargándonos casi hasta las diez y media de la noche. Como para buscar un hueco y poder escribir algo en el blog. El curso estaba centrado en las técnicas de presentación de personajes en relatos y novelas, algo que a mí no se me da mal del todo, pero me interesaba seguirlo por escuchar a Ronaldo Menéndez desencadenado, que el año pasado nos dio un curso de iniciación a la novela ciertamente espectacular.

No sé de qué voy a hablar, pero en el párrafo primero he abierto un hilo (como se dice ahora) que puede tener continuidad. He dicho que aprobé algunas asignaturas de la Escuela sin saber mucho y es cierto. No les extrañará saber que yo me presentaba siempre a todos los exámenes, los tuviera o no preparados, porque pensaba que en los exámenes que te suspenden aprendes un montón de cosas que ya tienes trilladas para la siguiente ocasión. A veces, si no me había dado tiempo a estudiar toda la asignatura, me preparaba una parte y me lo jugaba todo a ver si me tocaban preguntas de la parte estudiada. Y, por supuesto, copiaba todo lo que podía. En los exámenes, yo me defendía como gato panza arriba.

A lo mejor alguno de ustedes se escandaliza con esto, pero en la Escuela había toda una industria de compraventa de chuletas de las diferentes asignaturas. Era la consecuencia de tenerte que empollar cosas absurdas que había que aprenderse de memoria y no servían para nada. Por ejemplo, la primera asignatura de Urbanismo con la que te topabas, la dirigía el catedrático ferrolano José López Zanón. Busco su nombre en Internet y me entero de que vive todavía, tiene 95 años, de lo cual me congratulo. Zanón tenía una primera parte de su asignatura teórica y otra práctica. Esta parte práctica se centraba entre otras técnicas en el método de las tizas. Uno cogía un grupo de tizas de distintas longitudes, que simulaban grandes edificios y rascacielos. Hacía un puñado con ellas y las tiraba sobre el plano. Y pudiera ser que la distribución aleatoria de esas tizas nos diera la clave de cómo ordenar un barrio. Uno tiraba las tizas, observaba y, si no sacaba nada en claro, lo intentaba de nuevo.

Esto puede parecer increíble, en la era del diseño por ordenador, pero les juro que yo he visto a gente haciendo exámenes de la parte práctica y tirando una y otra vez las tizas con verdadera angustia sin que se les abriera el cielo de la composición espontánea (o composición al aliguí). En honor a la verdad, he de reconocer que no era esta la única técnica de composición volumétrica que enseñaba este ínclito caballero. Pero es que la parte práctica no era lo peor de su asignatura. Lo peor era la parte teórica. Para salvarla, había que estudiarse de memoria un tocho de una ciencia que promovía este señor, que se llamaba la Ekística. Y les puedo jurar que yo intenté aprendérmela, pero es que me resultaba totalmente imposible entender nada de lo que estaba leyendo. Era como si estuviera en chino.

Hablábamos entre los colegas del curso y todos estábamos de acuerdo en que la Ekística no tenía ni pies ni cabeza. Ni servía para nada. Así que yo (como otro muchos compañeros), que no había copiado en un examen en mi vida (lo juro), tuve que caer en el mercadeo de chuletas con el que varias generaciones de estudiantes anteriores habían conseguido el aprobado de la parte teórica del Urbanismo de Zanón. Y ya saben que, cuando yo me pongo a una cosa, no paro hasta que la domino, ya sea escribir relatos, hacer un blog, tocar blues o bajar por las paredes con 70 años. Me volví un auténtico virguero de la copia en los exámenes. He de decirles que nunca jamás me pillaron copiando. Desarrollé diferentes técnicas para disimular mis malas prácticas, pero nunca me cazaron.

Lo malo es que uno se acostumbra a copiar en los exámenes y es un vicio, luego ya no puedes parar, es como el juego, en realidad es una forma de juego con bastante riesgo. En honor a la verdad, les diré que yo sólo lo utilicé en caso de asignaturas abstrusas, en las que no conseguía entender lo que pretendía decirme el autor del texto que tenía que estudiarme. Otra asignatura que era bastante imposible de estudiar y generaba su propio trapicheo de chuletas, era Estructuras, creo que de tercer curso. La parte teórica era un bodrio incomible. Y, tanto los profesores como toda la Escuela, sabían que la gente trataba de copiar para salvar el escollo. Aquí viene el caso de mi amigo P.A, de quien no diré el nombre, porque, aunque le he perdido la pista hace años, lo imagino convertido en un respetable arquitecto de provincias, cuyos hijos desconocen esta anécdota, que incluso puede que él mismo haya olvidado por pura vergüenza.

El bueno de P.A era ya por entonces un tipo súper correcto, que no compartía nuestro desaliño proverbial de hippies, sino que gastaba camisas planchadas y chalecos de lana, además de un pelo bien cortado, gafas de pasta y unos modales exquisitos. Fui yo quien le convenció de intentar copiar, porque se iba a volver loco tratando de estudiar la teoría de las estructuras. Pero fue al examen muy nervioso, cagado de miedo y además con unos problemas de conciencia que yo jamás tuve. Por aquellos años, el cátedro era el señor Arangoá, bastante anciano, del que ya se ha hablado en este blog, lo que pasa es que ya estaba un poco preparando su jubilación, de modo que dejaba los aspectos prácticos en manos de su segundo, el no menos peculiar Sebastián Arbolí, que en paz descanse.

A Sebastián me lo encontré luego en el Ayuntamiento, donde trataba de organizar un sistema informático precursor de los GIS que luego se generalizarían. Decía que en la informática estaba el futuro y se volvía loco tratando de anticiparlo. Fuimos colegas de funcionariado poco tiempo. Un día, saliendo del viejo edificio de la Gerencia de Urbanismo, se tropezó con un bordillo, se cayó y se rompió un hueso, creo que de la cadera. Ya no salió del hospital. Al examinarlo descubrieron (perdón por la brutalidad de la expresión) que todo él era un cáncer, que se había caído no por un tropezón, sino porque tenía los huesos como azucarillos. Y no se había enterado, porque era un tipo que jamás iba al médico, centrado en su locura técnico-informática.

Pero volvamos a muchos años antes. Cuando los exámenes de la parte teórica de las Estructuras, este caballero tan peculiar era el encargado de vigilar las pruebas, seguro de que todo el mundo iba a tratar de copiar, porque aquellos textos eran imposibles de digerir. Y, en su locura, se dedicaba a circular por los pasillos entre las mesas disimulando, como si estuviera distraído. Y, de vez en cuando, se volvía súbitamente en un giro de 180 grados y miraba a sus espaldas. Siempre pillaba a uno o varios con las chuletas y se las quitaba. Pero no les echaba del examen, era un loco compasivo, que tampoco quería pasarse. Pues el caso es que mi amigo P.A, el hombre súper formal, campeón de la corrección, se vio de pronto descubierto en su trampa que tanto lo avergonzaba. Arbolí le quitó la chuleta y el tipo, en pleno ataque de nervios, recogió sus cosas y se dirigió hacia la puerta de salida, rojo como un tomate. Y Arbolí iba detrás de él diciéndole: Vuelva, hombre, por favor, si yo no le he echado, si lo único que quiero es que haga usted el examen correctamente. Intento vano.

Entre los seguidores de este blog hay unos cuantos colegas de aquellos tiempos, a los que agradeceré que entren a comentar y digan lo que les parezca, incluso enmendándome la plana, a lo mejor todo esto es un bulo que se ha formado en mi memoria sin ninguna base real. Digan, digan. Pero aún me queda la anécdota más sabrosa de esta serie temática, en la que soy yo el protagonista. Tal vez se demuestra aquí que en mí ya habitaba desde hace mucho esa vena alocada y literaria que me lleva ahora a tocar blues con mucho sentimiento, bajar de las azoteas, cultivar un blog que leen cuatro gatos o iniciarme en el yoga a los 70. Ese personaje bloguero, ese monstruo que he despertado a fuerza de inventarme un alter ego ficticio para divertir a los seguidores de este foro, es claramente el protagonista de la anécdota siguiente.

Veamos. Otra de las asignaturas que provocaba en la Escuela un notable tráfico de chuletas para salvarla sin tener que estudiar, era Organización de Obras y Empresas. Esta es una materia interesantísima, que debería ser una de las asignaturas fuertes de la carrera, porque es una habilidad que puede ser muy útil para un arquitecto. Pues no sé ahora, pero en mis tiempos era una de las llamadas marías del último curso de carrera. Piénsenlo: ¿conocen algún ministro o alto directivo de empresa que sea arquitecto? No ¿verdad? Yo no conozco a ninguno. En cambio, ingenieros de Caminos o de cualquier otra rama, ASÍ (ahora tienen que poner todos los dedos de la mano derecha juntitos hacia arriba para subrayar el adverbio de modo).

En el caso de Organización de Obras y Empresas, se copiaba en los exámenes de esta asignatura, no porque fueran muy difíciles o ininteligibles los textos que había que estudiarse, sino porque eran un petardo. La verdad es que la asignatura se aprobaba con facilidad simplemente asistiendo a clase y siguiéndole el rollo al profesor. Pero yo estaba ya acabando la carrera, trabajaba en un estudio como delineante proyectista y nunca me ha gustado perder el tiempo. Así que me matriculé por libre. Y resultó que el cátedro de turno, como buen personaje mediocre que era, se tomaba eso de que no fueras a sus clases como una ofensa personal. A los que iban a clase los aprobaba a todos sin examen ni nada. Pero en el examen de los libres se cebaba con el personal.

En ese contexto, me presenté yo al examen, creo que de septiembre, bien provisto de un fajo de chuletas que me había vendido un tipo que quizá usara el dinero que sacaba de su negocio para pincharse heroína o similar, porque eso era lo que sugería su aspecto demacrado y patibulario. El sujeto me dijo que copiar era muy fácil en esos exámenes, porque los profesores hacían la vista gorda. Era mentira. Ya en el aula, el profesor eligió dos preguntas que había que desarrollar por escrito y escribió los enunciados con tiza en una pizarra (estamos hablando de los años sesenta). La primera pregunta, ni siquiera recuerdo de qué iba. Sólo que en una rápida revisión del índice de mis chuletas la encontré allí y empecé a transcribirla con la pericia acumulada en años de copieteo.

Pero el profesor estaba vigilante, no quería que se copiara, los que nos presentábamos por libre éramos unos cabrones para él y no estaba dispuesto a dejarlo pasar. Fue un combate mental trabajoso, denodado, titánico, entre el profesor, que notó enseguida algo raro en mi actitud, y yo mismo que disimulaba lo mejor que podía y aprovechaba los momentos en que no me miraba para copiar otro trozo. El tipo, cada vez más nervioso, trataba de pillarme a traición, como Arbolí, pero no lo conseguía. En un momento dado, terminé de copiar la primera pregunta y pude esconder las chuletas en los calzoncillos. El tipo vino hacia mí y me pidió que le enseñara las manos, las mangas de la camisa, todos los escondites posibles. Nada por aquí, nada por allí, cara de inocente perfecta. Con un cabreo sordo, me señaló con el dedo y, en voz alta para que lo oyeran todos, me espetó: ꟷUsted está copiando, no sé cómo lo hace, pero yo lo sé; y le advierto muy seriamente: como no deje de copiar, le echo del examen.

Hasta ahí habíamos llegado. Respiré hondo y consideré la situación. El examen constaba de dos temas que había que desarrollar. Y yo había dejado el primero ciertamente niquelao, directamente transcrito de la chuleta que ya no podía seguir usando. Hombre, a poco que lograra escribir algo sobre el segundo, tenía el aprobado garantizado. Desde el fondo de la clase, escudriñe la pizarra. El tipo tenía una letra desastrosa, pero yo leí allí Lesiones producidas por movimientos de las civilizaciones. El problema es que lo leí equivocadamente, porque lo que el tipo había escrito era en realidad Lesiones producidas por movimientos de las cimentaciones. Organización de obras (incluyendo cimentaciones) y empresas. Si una cimentación falla, salen grietas y fisuras. De eso iba la pregunta. Pero yo leí civilizaciones, y así lo escribí en mi examen.

Me creerán o no, pero les juro que rellené seis o siete folios con las lesiones que se derivan de los movimientos de las civilizaciones. Como es natural, me extendí en el componente psíquico de estas lesiones, derivadas de la fluctuación de las civilizaciones. No tengo ni idea de lo que pude escribir, ya saben de mi capacidad de fabular. Entregué mi examen y, a la salida, me encontré con algunos amigos que me preguntaron qué tal me había salido. Muy bien contesté, ufanoꟷ, la primera pregunta perfecta, la he copiado, y la de las civilizaciones me he inventado lo que he podido. La risa de mis colegas se escuchó hasta en Moncloa, no se lo podían creer. Y hasta yo tuve que reírme, en medio de mi desolación.

Algunas cosas más. UNO: nunca fui a recoger la nota de ese examen, aprobé la asignatura al año siguiente, de oficial y acudiendo a las clases, me quedaban ya dos o tres asignaturas y tenía que aprobarlas como fuera. DOS, no sé si se conservan los exámenes escritos de aquellos años; pero, si existen, se podría comprobar que es cierto lo que les he contado. TRES, esta historia corrió entre los alumnos de la escuela y se convirtió en leyenda. Hasta el punto que mi amigo Manolo Márquez me la llegó a contar un día, muchos años después: ¿Sabes lo que le pasó a un tío en Organización de Obras y Empresas? Y estuvo a punto de mearse de la risa cuando le dije que el tipo había sido yo, que era a mí a quien le había sucedido. Ya éramos los dos arquitectos y trabajábamos para el Ayuntamiento, pero la historia continuaba circulando. Cuando una historia se convierte en leyenda, es lo que tiene.   

Por cierto, cuando Manolo me contó la historia y le dije que había sido yo el protagonista, me sentí como el viejo Burt Lancaster en Atlantic City (Louis Malle, 1980), cuando una guapísima Susan Sarandon a la que está intentando impresionar, le cuenta que alguien ha matado a todos los miembros de la banda de gangsters más peligrosa de la ciudad. Con una sonrisa de orgullo, le dice: Fui yo, fui yo quien se los cargó. Una escena bastante patética, porque el tipo está tratando de ligarse a su bella vecina, muchos años más joven que él. Y la chica, de entrada, no le cree. Una película extraordinaria, que les recomiendo sin dudarlo, en el caso de que no la hayan visto. Hasta aquí mi post de hoy. Les dejo de regalo una canción bastante atípica y poco conocida del gran George Harrison, elegida al aliguí, con un vídeo muy american graffiti, para que se animen. Sean buenos.

domingo, 19 de septiembre de 2021

1.085. Aniversario

Hoy, 19 de septiembre de 2021, se cumplen nueve años desde el inicio de este blog. En tal día como hoy del año 2012, Reflexiones a la carrera salió a la luz con el post #1, bajo el bíblico título de Hágase la luz, y hasta hoy. Durante estos nueve años he mantenido un ritmo de publicación de textos en torno a uno cada cuatro días, primando desde luego la cantidad a la calidad, si bien con algunos ítems ciertamente brillantes, aunque esté feo que lo diga yo mismo. En aquellos tiempos estaba yo bastante bajo de moral, después de haber sido cesado a primeros de año como subdirector general y encontrarme sometido en el trabajo a un ninguneo cercano al bullying que, quieras que no, es algo que te afecta.

Desde el punto de vista práctico, me veía obligado a cumplir un horario de siete horas diarias vigilado de forma obsesiva por una carcelera nazi y sin tener un contenido de obligaciones que lo llenara. Y todo eso sucedía en un contexto de crisis económica brutal, que se pretendía solucionar con lo que luego se llamó el austericidio, consistente en aplicar unas políticas de recortes de servicios y austeridad franciscana, que machacaban sobre todo a los de abajo y que aumentaron muchísimo la polarización social. Como en otras ocasiones anteriores en mi vida, sentí que tenía que contar todo eso y, además, necesitaba una ocupación adicional con la que rellenar mis horas lectivas interminables. En ese caldo de cultivo salió a la luz este blog.

Como ya he contado, me estuve asesorando durante los seis primeros meses de 2012 sobre cómo organizar una tribuna como esta. Por entonces estaba como de moda esto de abrir un blog, pero la gente lo hacía con un grado notable de frivolidad, de modo que publicaba apenas una o dos entradas y luego lo dejaba morir. Yo no quería eso, para mí era un tema vinculado a una cierta continuidad, algo que necesita determinadas condiciones: tenacidad, dedicación, unos cuantos temas básicos o leit motivs y contar con una pequeña parroquia de seguidores a los que hay que cuidar y entretener para que no se vayan borrando. Hay también un tipo de blogger perfeccionista, que no publica un texto hasta que está perfecto, sin un solo error, lo que le lleva a un ritmo de publicaciones de una cada tres o cuatro meses.

Nada de eso quería yo, sino una continuidad sostenida, en parte enlazando los temas entre post y post, a la manera de las viejas novelas por entregas o las modernas series de TV. Tenía en mi haber una especie de carrera literaria, en la que había constatado una cierta habilidad para el relato corto (incluso ganando un premio y quedando finalista en otros dos) y por el contrario una dificultad notoria para la novela larga, que había intentado con resultados bastante frustrantes. Me impuse así un tamaño de no más de dos folios por entrada, límite que he ido estirando hasta los tres/cuatro que ahora suelo llenar. También me hablaron de la posibilidad de asociar el blog a una cuenta de Twitter, para tener miles de seguidores en vez de los 30/40 que vengo teniendo. Menos mal que no caí en eso: entre miles de seguidores es normal que surjan unos cuantos boicoteadores, trolls o haters que se te pueden cargar el invento en una tarde.

Cuando empecé no tenía una idea prefijada sobre la duración de esta aventura, sino que sólo pensaba en continuar indefinidamente mientras el tema me divirtiera y entretuviera a mis lectores. La estadística que me facilita la página que gestiona el blog, me habla de muchas visitas desde el extranjero, especialmente de Estados Unidos (muchos meses superan a las de España) y también de Francia, Alemania, Gran Bretaña y otros lugares. Siendo este un foro en español, imagino que se trata de expatriados que se mantienen así al tanto de la actualidad patria. Tampoco imaginé cuando abrí el blog que viajaría tanto como lo hice. En estos años, han podido verme visitando lugares como Japón, Birmania, Madagascar, Chile, Escocia, Rumanía o Polonia, así como ciudades de todo el mundo: Pekín, Estocolmo, Oslo, Helsinki, San Petersburgo, además de buena parte de las ciudades de la Costa Oeste USA, como San Diego, San Francisco, Los Ángeles, Portland, Seattle y Vancouver. 

Y un inolvidable viaje de tres días a Chicago, en el que me encontré en un grupo en el que yo era el mayor, y el siguiente tenía unos veinte años menos que yo, lo que no me impidió estar la primera mañana a las seis de la madrugada, noche cerrada, listo para salir con un grupo de colegas corredores, recorrer a buen ritmo la orilla del lago Michigan, en donde nos amaneció y regresar a tiempo para la apertura del workshop. Además de permitirme un tercer encuentro con mi querida amiga Shannon Ryan, de LA, a la que conocí en Portland un año antes y fui a visitar a California luego. Y qué decir de mis escapadas en tren por Europa, de ciudad en ciudad. Más la visita a la Isla de Pascua. Más el viaje a Madagascar, en donde me tocó trepar por las empinadas paredes del Tsingy Grande, provisto de arnés y mosquetones.

La inesperada pandemia ha cortado esta deriva en seco, pero volverá. Como ya he explicado, el personaje un poco acongojado que yo era al inicio del blog se fue sustituyendo por otro más decidido y animoso que me inventé y que empezó a tener vida propia en paralelo a la mía. Algunos de mis seguidores más amigos supieron captar enseguida esa disociación y me lo hicieron ver. Pero poco a poco ese personaje imaginario se ha ido apoderando de mí y ahora ya manda en mi vida. Es ese un tipo que va por el mundo dando conferencias y charlas en inglés y en francés, que se apunta a todos los bombardeos y al que, como buen personaje de ficción, le salen al encuentro situaciones y circunstancias ciertamente literarias, igual que los perros que le salen a ladrar al caminante por un sendero de tierra.

Ha habido en estos nueve años ocasiones especialmente llamativas, como toda la serie de cambios en el trabajo que me recuperaron para la causa y volvieron a realzar mi papel en el Ayuntamiento, cuando ya no esperaba volver a rehacerme a mis años. Hubo momentos fuertes narrativamente, como mi fractura de húmero, o este tan reciente de cuando me descolgué de la azotea de mi casa como un auténtico Spiderman septuagenario. He salido a hacer un par de fotos, desde abajo y desde arriba, del escenario de mi hazaña, para que se hagan ustedes una idea de la dificultad. Véanlas.


No me digan que no es algo meritorio. En fin, algo que siempre me ha gustado es anticiparme a noticias o tendencias, antes de que se conozcan, o se generalicen como correctas. Ha sucedido muchas veces a lo largo de los nueve años de trayectoria del blog, pero me satisface especialmente el tema del independentismo catalán. Yo empecé a denunciar ese movimiento como retrógrado, parafascista, tóxico y pedorro en los cuatro meses de publicaciones que desarrollé a finales de 2012, cuando mucha gente, especialmente en el universo de las izquierdas, los veía con simpatía, como colegas progresistas. El verdadero talante elitista e insolidario de ese movimiento ha sido ya tan desenmascarado y entendido así por todo el mundo, que ni siquiera merece la pena hablar de ello; yo hace mucho que no les dedico un post.

Después de los cambios sufridos por mí durante este último año, especialmente vinculados a mi jubilación a finales de febrero, he creído conveniente retocar mi perfil de blogger, ese que sale en el lado derecho de la página. El antiguo era escueto y sintético, en consonancia con mi personalidad original con la que empecé a publicar: Escritor novel, corredor veterano, viajero recalcitrante, vividor irredento, funcionario menguante. De acuerdo con mi transformación progresiva, ahora he ido a una descripción más amplia, casi exuberante, que pueden ver ya corregida. Verán que incluyo mi fascinación por Samantha Fish, la musa de este blog, descubierta por mí hace año y medio en los tiempos más duros de confinamiento por la pandemia. La he incluido en mi perfil para subrayar que esto no es un amor de dos días. Aunque su deriva actual me gusta y creo que está en su derecho de evolucionar como artista, lo cierto es que lo que me fascina de esta chica es su fase inicial, como blueswoman tradicional.

Y hoy quiero ponerles un vídeo de esa época. Estamos en 2014 y varios de sus amigos de Nueva Orleans han formado la llamada Royal Southern Brotherhood, es decir, la Real Cofradía de los Sureños. Están aquí Devon Allman y Mike Zito, dos guitarristas de su onda, además del bajo, Charlie Wooton, que la adora, como se puede ver en el vídeo. En esta ocasión no está Cyril Neville, otro de los cofrades destacados. Y, en una actuación en el B.B.King Club de Nueva York, invitan a Sam a tocar con ellos. En este vídeo, cuyo sonido está un poco enmascarado por el barullo del público, se puede ver cómo Sam, que es prácticamente una niña, domina la escena y manda sobre un grupo de músicos mayores, curtidos y de mucha calidad, a los que prácticamente lleva con la lengua fuera durante toda la canción. Esta personalidad es la que me tiene a mí totalmente enganchado.

Otra de las constantes del blog es mi fidelidad al Deportivo de la Coruña, al que el inicio de este foro le pilló en Primera División, comenzando ya su decadencia, que nunca creí que le llevara tan abajo. Este año, por fin parece que juega como un equipo en el tercer escalón patrio, lo que yo llamo la Liga Pedorreta (PRFEF). Ayer ganó su cuarto partido seguido y mantuvo la portería a cero. Clave para esto es la figura del portero Ian Mackay, que es cojonudo. A pesar de su nombre, Ian es coruñés de pura cepa, concretamente del barrio del Ventorrillo, hijo de un capitán de barco escocés que plantó su semilla en una rapaza local y luego se largó a seguir su singladura de marinero con una novia en cada puerto. Ian, criado en Coruña por su madre, empezó en los juveniles del Dépor, pero el equipo era entonces uno de los gallitos de Primera, así que tuvo que seguir una deriva como la de su padre, penando por clubes de Segunda de todo el país. Ahora, con 35 años, lo ha repescado el Dépor y está siendo clave en la marcha del equipo, porque nadie le ha conseguido marcar un gol todavía.

Para firmar su contrato con el club sólo puso una condición. Que le permitieran jugar todos los partidos con una camiseta de color rosa, en homenaje a su madre, muerta de cáncer de mama hace unos seis o siete años. Se la aceptaron y le confeccionaron una camiseta de esas características, con la que sale siempre al campo. Y en el partido de ayer, inventó un nuevo tipo de parada, nunca antes intentada por un portero; debería patentarla. En un mano a mano con un delantero, salió abriendo piernas y brazos como hacen siempre los guardametas para cubrir el máximo de portería. El delantero le disparó justo entre las piernas abiertas, pero entonces Ian dejó caer el tronco y paró la pelota con el culo. Tengo aquí el resumen del partido (apenas 3 minutos) que les pido que vean para que puedan apreciar esta parada innovadora, que salvó la victoria del equipo, enfocada desde varias cámaras.

En toda Coruña ha sido este el tema más comentado en los diversos mentideros: la parada de Mackay con el culo. En el mercado de la Plaza de Lugo, las fornidas pescaderas lanzaban sus aturuxos: ¡¡¡Aaaaaaaay o Mackay ca parou co cúúúúú!!!, mientras se daban fuertes golpes en el muslo con la mano abierta, para no mearse de la risa. El Depor está de vuelta, llegaremos a Primera en unos años y espero tener tiempo de verlo, porque estas edades son una cabronada y, por muy bien que yo me encuentre, en esta guerra vamos viendo bajas en el entorno, cada vez más cercanas, y es algo que te va comiendo la moral.

Una baja sensible, que me ha afectado mucho, es la de Charlie Watts, el batería de los Stones, uno de los cuatro miembros originales del grupo que seguía con vida, hasta el punto de que muchos de sus fans pensábamos que eran inmortales. Me voy a despedir con un vídeo de ellos ciertamente grandioso. Así interpretaron el Satisfaction en el Festival de Glastonbury de 2013, como si dijéramos hace dos días. Tiene una curiosidad. Ese guitarrista gordo y con pinta de señor mayor que luce una chaqueta morada, es nada menos que Mick Taylor, el que fue guitarrista de la banda en su época más dorada. Los Stones son amigos suyos y lo invitan a menudo a los conciertos. Al final pueden ver cómo lo quieren sus ex-compañeros. Ya ven, nueve años con miles de vivencias, que se cierran hoy con un nuevo perfil de blogger y los ánimos intactos. Que terminen ustedes bien el fin de semana.

jueves, 16 de septiembre de 2021

1.084. Hagas lo que hagas...

Les hablaba el otro día de diversos temas mezclados y transversales, enhebrados mínimamente alrededor del disco recién publicado por Samantha Fish, en parte a modo de aperitivo de este nuevo curso que empieza y que por primera vez en mi vida afronto como pensionista y a mucha honra. Algún amigo me ha dicho que estoy en la fase eufórica del que se acaba de jubilar y se lo toma bien (que los hay que se hunden en el desánimo) y por eso me dedico a tantas actividades, porque además, en el momento de entrar en el mundo de las llamadas clases pasivas, uno tiene un cierto miedo de aburrirse y se apunta a todos los bombardeos habidos y por haber. Y me recomiendan estos amigos bienintencionados que, una vez superada esta fase de exuberancia y subidón, recorte un poco mis actividades para entrar en un ritmo más pausado y relajado.

No tengo la menor intención de seguir ese consejo. Yo creo que no son tantas las actividades que vengo desarrollando en la semana y que ya les he contado, el día es muy largo, tiene muchas horas y mis citas a horario fijo me permiten pautar un poco el tiempo y tener margen para quedar con la gente, ver a mis amigos, leer, escuchar música, etcétera. Veamos como es mi agenda. Dos días a la semana salgo a correr al Retiro y me hago mis 6,5 kilómetros de rigor. Otros dos hago mi sesión de yoga. Esto es simplemente deporte y actividad física, a mi edad un seguro de vida que, junto con la costumbre de comer en casa muchos días (no todos), está en el origen de los buenos resultados que ha mostrado la analítica que me hice dentro del chequeo al que me estoy sometiendo. Esta analítica no ha hecho sino confirmar mis sensaciones en el terreno físico (tocaré madera).

Además, dos días a la semana también, tengo una hora con mi grupo de conversación inglesa del nivel B1 alto, a primera hora de la mañana, que ya me deja con un masaje cerebral importante para el resto del día. Los miércoles, mi clase presencial de guitarra de blues, cuyo curso reanudé ayer precisamente. Tras lo aprendido en el curso pasado en tres meses (abril, mayo y junio), le he dicho a mi amigo Henry Guitar que mi objetivo es la guitarra eléctrica y le ha parecido bien, de hecho, ayer estuvimos practicando todo el tiempo con púa. De mis avances en la interpretación ya han tenido ustedes información en el blog, al menos en un par de vídeos subidos oportunamente. Además de esto tengo el Billar de Letras, que es una sesión al mes. Así que tampoco son tantas ocupaciones. Yo no estoy estresado para nada y muchas de estas cosas ya las empezaba a simultanear con mi trabajo normal de los últimos años.

Así que tengo margen para otras actividades. Por ejemplo, me he apuntado a un nuevo curso exprés de novela, con mi querido amigo y maestro Ronaldo Menéndez, que será la semana que viene justo los cinco días laborables de 19.00 a 22.00. Es un poco continuación del que hice el año pasado por estas fechas, cuando aun trabajaba, pero centrado en el arte de crear personajes. Es esta una parte de la creación literaria que a mí siempre me han alabado (tío, es que en dos trazos ya tienes definido al personaje), pero en la que creo que tengo margen de mejora y me apetece mucho hacerlo, porque el del año pasado fue genial. Además, estoy haciéndome el chequeo al que he aludido más arriba, del que tendré la consulta final el miércoles que viene. Hoy me han hecho un TAC de la parte de la garganta, prueba que es desagradable porque has de estar en ayunas seis horas, te cogen una vía para el contraste y has de ponerte la bata esa abierta por el culo que resulta tan ridícula. Todo por cumplir con las directrices de la medicina preventiva.

Para los ratos libres tengo una tarea manual emprendida, consistente en reparar los desperfectos que la Filomena me causó en la mesa y las sillas de la terraza, donde la nieve acumulada durante una semana se comió el revestimiento y las dejó bastante estropeadas. Me he asesorado con una amiga que restaura muebles antiguos y me ha explicado paso a paso lo que tengo que hacer, que es bastante laborioso. Para empezar, fregar las zonas estropeadas con una esponja de esas verdes de los fregaderos y un poco de Fairy Ultra. Dejar secar. A continuación lijar con una lija de 120. En ese punto estoy ahora, como van a ver en las imágenes. Para llegar hasta aquí tuve que ir a Leroy Merlin a comprarme una lijadora pequeña, con su batería y su cargador, porque no la quería de enchufar. Les pongo unas imágenes.


Aquí una imagen general de cómo se quedaron los muebles con el Filomena y un detalle de las sillas.


Aquí pueden ver la tarea de lijado empezada y la maquinita de marras.


Y aquí el momento actual, con el primer lijado terminado.

En este punto tuve que parar porque hubo un par de días de lluvia. Pero ahora tengo que pasarle la lija de 180. A continuación, he de dar una capa de lasur, que es lo que le da el color, para homogeneizar el tono con las zonas no deterioradas. Y, una vez igualado, darle una o dos manos de aceite de teca a todo. El día que fui a Leroy Merlín compré todos los tarros, más las brochas y el disolvente. Así que tengo un entretenimiento manual para los próximos meses, que complete mis ocupaciones mentales y deportivas. Por cierta, fue en esa mesa donde aterricé cuando me descolgué desde la azotea. Es una buena mesa, que no se partió ni nada cuando caí sobre ella como un gato. Así que tengo que cuidarla.

Otra tarea que tengo pendiente es hacerme con un buen equipo de alta fidelidad para recuperar mi colección de discos de vinilo, que es ciertamente extraordinaria. Además, el nuevo disco de Sam lo he encargado en vinilo, de acuerdo con mi proyecto. Y, miren ustedes por dónde, resulta que mi colega X, gran amigo y seguidor del blog, tenía un plato y un amplificador de los que se iba a deshacer, a través de Wallapop. Así que ya me los he traído a casa. Son un plato Dual y un ampli Telefunken, de los de toda la vida, con un aspecto estupendo. Estos aparatos eran mejores que los que se fabrican ahora. Tengo pendiente ir a la calle Barquillo a mirar bafles y he de encontrar también las conexiones adecuadas.

También tengo que ocuparme de mi jardín. En cuanto se caigan las últimas flores tengo que dar una poda generalizada a todas las plantas de la terraza, preparándolas para recibir el invierno que viene. ¿Habrá más Filomenas? Quién lo sabe. En el interior de la casa tengo también muchos tiestos, entre ellos el de mi querida oxalis triangularis, que les recuerdo que entró en mi casa de polizón en un paquete de tierra, sacó uno de sus maravillosos tallos, luego la trasplanté para que estuviera sola en un tiesto y se secó completamente. Pero yo la seguí regando hasta que brotó de nuevo, como les mostré en el blog. Ahora mismo, parece estar contenta. Tan es así que ha sacado ya un segundo tallo, como ven en la foto que le acabo de hacer. Esta planta recoge sus tréboles por la noche para echarse a dormir.

Hasta hace unos días he tenido por casa a mis hijos que me han ayudado en algunas de estas ocupaciones y que ya se han vuelto para sus ciudades francesas. Y ya tengo una cita para repetir mi clase sobre el proceso de desmantelamiento de las chabolas de Madrid para el lunes 27, inauguración de la temporada. El año pasado di unas cuantas de estas clases a partir de enero, que espero que este año se puedan mantener. Tengo ya en cartera una más que puede ser muy interesante, pero, como de costumbre, no se la voy a revelar hasta que esté confirmada, que las cosas no hay que anunciarlas antes de tiempo, que trae mala suerte.  

Lo cierto es que las casas llevan aparejada una continua tarea de mantenimiento, que finalmente es bastante grata de hacer. Para cuando se me acaben estas tareas, ya tengo en cola otras. A este respecto, hay cosas que es mejor no meterse a arreglar, por ejemplo de fontanería. Yo confío bastante en los especialistas. Pero hay otras que se pueden intentar afrontar por nuestros propios medios. Para estas, a mí lo que me gusta es preguntar a los que saben del asunto. Y luego seguir sus instrucciones. Es importante tener herramientas adecuadas. Y también has de tener guantes y accesorios para hacer tu trabajo con seguridad. Me viene a la memoria un viejo aforismo de nuestras abuelas: hagas lo que hagas, ponte bragas. Nuestras mayores tenían la buena costumbre de ponerse bragas limpias cada vez que salían a la calle o a un recado, por si se diera el caso de que tuvieran algún percance o accidente, que los que la ayudaran no las encontraran con la ropa interior llena de zurrapas.

Esto de zurrapas es un término puramente castellano. En la zona catalano-levantina son conocidas como palominos. En el País Vasco se suele utilizar la denominación pedo pintor, y los franceses lo denominan traces de freins, huellas de frenada, estos franchutes siempre tan finolis. Todo esto ha venido por la conveniencia de vestirse adecuadamente para cada ocasión u ocupación. Por ejemplo, la actriz Megan Fox acudió la otra noche a la gala de los MTV con el espectacular vestido que ven abajo. Imaginen la que se hubiera montado si se verifica que esta chica no había seguido el sagaz consejo de nuestras abuelas. Lo dicho. Que sean felices.

domingo, 12 de septiembre de 2021

1.083. Revuelto de espárragos con gambas

Pedazo disco ha publicado Samantha Fish este viernes. Ya están todas las canciones a disposición de los fans, en Youtube, Facebook y otros medios. Yo lo he escuchado varias veces entero y ya voy teniendo mis canciones favoritas. Sam da un paso adelante en su evolución creativa, sin dejar de ser ella misma pero adentrándose en terrenos del pop y el rock más bailable de los ochenta, como soporte musical de unas letras que la muestran eufórica, contenta y proclamando mensajes de empoderamiento femenino, de confianza, de seguridad, de poder seguir ella sola por donde quiera, sin desechar una relación con alguien del sexo contrario, pero basada siempre en el respeto y la equidad en los papeles de ambos.

Es una música optimista, pegadiza, con una producción esmerada y basada en canciones de unos tres minutos, como el rock de toda la vida. Yo les voy a ir intercalando algunos temas, en este y en sucesivos posts para que los vayan escuchando. Empecemos por un tema para el que ha grabado un vídeo en directo con su nuevo grupo. La batería Sarah Tomek es espectacular y chupa mucha cámara, pero es tangible la complicidad entre ambas. Better be lonely, es decir, mejor ser un solitario. El mensaje es claro y yo lo asumo plenamente: yo soy un solitario sociable, como ella dice que es lo mejor. Las nuevas creaciones de Sam van a ser el huevo batido de este revuelto que les estoy presentando hoy.

Lo dicho música pegadiza, optimista y poderosa en tres minutos. Pero vamos ya con el primer puñado de gambas para el revuelto. Ostenta esa primacía por derecho propio, la que para mí es casi la noticia del mes, si no del año, en el terreno por el que este blog se mueve como pez en el agua, que no es el mundo de la política sino el de la observación de la gente y sus conductas más extraordinarias. Me estoy refiriendo a la renuncia del obispo de Solsona, Monseñor Novell, conocido independentista y desde hace un tiempo el obispo más joven de España. La renuncia, inesperada para todo el mundo, se produjo el 23 de agosto, justificada en razones personales. Con el tiempo, se ha ido sabiendo que esas razones personales consisten en su relación con una mujer catorce años más joven, divorciada con dos hijos y ATENCIÓN escritora especializada en novela erótica de corte satánico.

No sólo eso, sino que se conocieron en el desarrollo de su trabajo, al haberse hecho cargo personalmente el obispo de las tareas de exorcista en toda la comarca del Solsonés y sus alrededores. Él podía haber delegado esa tarea en algún especialista, pero la asumió personalmente, empezó a colaborar con la chica y ahora viven juntos en Manresa, donde el ex-obispo busca trabajo como ingeniero agrónomo. Y por toda la comarca corre el bulo de que en realidad el obispo ha sido él mismo endemoniado, por intercesión de la escritora de novelas subidas de tono. Ya me dirán: si yo estructurara una novela corta en torno a un argumentario como ese, todos ustedes dirían que vaya trama más increíble. Pero ha sucedido en la realidad. ¿Y cómo se come eso desde una mentalidad agnóstica (cuando menos) como la mía? Pues con mucha ironía. La que despliega el periodista Santiago Moreno en El Triangle, en este delicioso artículo que pueden consultar ÁQUÍ.

Cojonudo. Tal vez los tres renglones del último párrafo son los únicos serios y sinceros del artículo. Pero volvemos al huevo. Una parte de las peñas de seguidores de Samantha con las que estoy conectado por Facebook, se hacen cruces con su nuevo trabajo. Dicen que es su peor disco, que se ha vendido a las discográficas, que el productor le ha comido el tarro y HORROR, que encima en uno de los temas colabora un rapero. Ya les he contado que una gran parte del público de Sam es gente mayor, que adoran el blues tradicional, en el que ella ha demostrado ser muy buena, y que quieren que siga haciendo esa música toda su vida. Pero ella no se pone barreras, evoluciona y hace la música que quiere hacer en cada momento. Ya les he contado también que a mí lo que me gusta de Sam no son sus grabaciones en estudio, sino sus actuaciones en vivo, donde se expresa sin ataduras. En ese sentido, todos sus discos son diferentes, a mí el que me sigue gustando más es el Wild Heart (2015), pero este me encanta.

Lo que pasa es que entre los seguidores de Sam hay mucho purista y fundamentalista, como los había entre los primeros fans de Bob Dylan, que se hicieron cruces cuando cambió la guitarra acústica por la eléctrica. Menudo escándalo se montó. Hasta iban a reventarle los conciertos y le tiraban cantazos al escenario. ¡Queremos folk, no rock! –le gritaban. Espero que en los conciertos de Sam no le boicoteen los temas del nuevo álbum, que ella irá intercalando con los antiguos. Los puristas del blues son los mismos que abominaron de la portada del disco, que tacharon de ordinaria, añadiendo que Sam es una buena chica y no necesita hacer gestos de puta. Ya saben: purismo y puritanismo comparten origen etimológico. Estos fans de cabeza cuadrada, quizá piensen que Sam está poseída por el demonio del éxito, por intermediación de su nuevo productor Martin Kierszenbaum, responsable de la exquisita producción del disco. 

Ambos han salido a presentarlo al alimón y han contado cómo se conocieron. Resulta que Kierszenbaum está casado con una mujer de Kansas City y fueron presentados por un amigo común antes de Navidad. Sam le mostró las canciones que había compuesto durante el confinamiento y se pusieron a trabajar juntos. Este señor tiene una larga experiencia como productor, con artistas como Lady Gaga, Sting y OJO Sheryl Crow. Y han hecho un trabajo espectacular en mi modesta opinión. Ya les dije, desde el primero de los cuatro posts que le dediqué a esta artista, que Sam es una mujer muy chochi, en el sentido más respetuoso del término, si es que dicho sentido existe. Ella se muestra en este disco como es: femenina, coqueta, seductora y heterosexual. Vean un ejemplo: All ice no whiskey. No se puede decir de otra manera: cuando me besas es como beber hielo, sin whisky. Disfrútenlo.

Un chute de rock del bueno, del que bailábamos en los 80. En fin, hay que ser muy rancio para que no te guste esto en aras de un purismo del blues totalmente trasnochado. Pero vamos con el segundo puñado de gambas. Las vacunas, los antivacunas y el progreso de la lucha contra el covid. Bueno, parece que estamos ya venciendo la quinta ola. Y sobre todo, está la actitud de la gente. Es que este agosto se ha ido de vacaciones todo cristo. Es que hace años que no había vivido un agosto tan tranquilo en la ciudad. Y, ahora, la gente ha vuelto con la mente reforzada por ese descanso que el año pasado resultó tan difícil. Hoy me he despistado con la comida y he salido a comer fuera. Pues estaba todo abarrotado y con gente haciendo cola por las calles, como no había visto algo así desde el principio de la pandemia.

Está claro que hemos ganado. El jodido bicho no ha podido terminar con nosotros y nuestro modo de vida. Como los talibanes en Afganistán, hemos resistido, hemos aguantado carros y carretas y ya estamos casi-casi como antes. Lo que es un problema, porque esa añorada normalidad es la que tensó las cosas en la Madre Tierra, haciendo surgir al virus. Pero nosotros insistimos en nuestro modo de vida. Libertad-libertad-libertad, el lema con el que Ayuso arrasó. Igual que los talibanes ya les han calzado el sayón a sus mujeres (que no necesitan mascarilla), aquí las calles están llenas de minifaldas, escotes, sandalias de tacón y peinados imaginativos. Y cada vez menos mascarillas. Da gloria darse un paseo por ahí. Tal vez convenga recapitular para intentar entender lo que nos ha pasado. Para ello nada mejor que la estadística de casos y la de muertos en España a lo largo de la pandemia. Véanlas.


Ahí lo tienen. Primera andanada en marzo-abril 2020, con un número de muertos tremendo. Le sigue el gran encierro, que nos hace pensar que hemos doblegado al bicho, a costa de cargarnos la economía del país. Pero llegan nuevas oleadas: la segunda (hacia noviembre), la tercera como en febrero, la peor de todas en casos; la cuarta en mayo y la quinta en este verano. Se puede comprobar cómo los muertos van relativamente disminuyendo, a la par que avanza la campaña de vacunación. Ahora mismo, la situación parece en teoría controlada, porque hay también más recursos contra la enfermedad. Pero CUIDADO: en el mundo civilizado, el 90% de los ingresados en UCI son gente sin vacunar. Porque son antivacunas, o unos dejados, o se la bufa o son tolilis (adjetivo rescatado del olvido por El Tito Floren). Se contagian y siguen poniéndose malísimos. Los vacunados, en cambio, se contagian también (dicen que un 15% de los que tienen la pauta completa), pero no se ponen tan malitos.

Por otro lado, se sigue sin saber por qué unos se contagian y otros no. Es una incógnita. Las cifras de Madrid, con la política Ayuso de mantener abiertos bares, restaurantes, teatros y museos, no son peores que las del País Vasco o Cataluña, donde han tenido los bares cerrados seis meses y más. Yo, particularmente, no puedo descifrar por qué no me lo he pillado, cuando no he seguido más recomendaciones y precauciones que las que me ha dictado el sentido común. Yo empecé a entrar dentro de los bares que no estaban muy llenos nada más salir del gran encierro. Y la última botella de gel hidroalcohólico la he puesto en la balda de más arriba, porque ya no la uso. Ya saben que toda mi vida he cruzado los pasos de peatones en rojo, cuando no pasan coches Y hace unos días me he descolgado desde la azotea para poder entrar en mi casa. Lo peor que hay en la vida es el miedo paralizante.

El virus se quedará entre nosotros, como el de la gripe. Es imposible alcanzar una tasa de vacunación del 90% en occidente, necesaria para lograr la inmunidad de grupo. Y en el Tercer Mundo las tasas de vacunación están por debajo del 20%. Pero, de forma natural, encontraremos tratamientos y nuevas vacunas para mitigar los efectos peores y todo esto no será sino un mal sueño. Puede que haya aun una sexta ola y aparezcan nuevas variantes, pero hemos vencido al peor de los efectos de la pandemia: el miedo. Colectivamente ya no tenemos miedo y yo lo he comprobado hoy, cuando he salido a mediodía y me he encontrado calles llenas de gente, terrazas abarrotadas, camareros enmascarados que no daban abasto, familias del extrarradio y las provincias limítrofes de Madrid con los niños y los abuelos, porque este personal viene a Madrid los domingos. Así que ¡hala! a disfrutar y a bailar.

Algunos espárragos para completar el revoltillo. El fraCasado ha viajado a Berlín y ha dado un discurso a sus compañeros del Partido Popular Europeo, en un acto de despedida de Merckel. Y, para estupefacción de sus oyentes, ha dicho lo único que sabe decir: que Sánchez lo está haciendo TODO MAL. Pero no por torpe, sino por malo, porque quiere que dejemos de ser una democracia y nos convirtamos en dictadura chavista. Y, repitiendo su mayor deslealtad, ha vuelto a pedir que no nos den fondos, que nos traten como a Hungría y Polonia, donde gobiernan partidos hermanos de Vox, porque aquí la justicia está politizada y no es ecuánime. Este señor es el prototipo del tolili, líbrenos Dios de que llegue un día a presidente. Uno de los diputados presentes, todavía atónito, declaró: la derecha española lleva tiempo pidiéndonos que les entreguemos a Puigdemont, porque dicen que la justicia española es limpia, no está politizada y este señor tiene garantizado un juicio justo; ¿en qué quedamos?

Todo esto es una minucia, al lado de la trayectoria de mi querido Dépor, que ya por fin parece que tiene un buen equipo y un buen entrenador. Este año ha arrancado en el tercer nivel nacional, lo que antes se llamaba Tercera División, ahora conocida como Liga PRFEF, o Liga Pedorreta como se ha rebautizado en este blog. Cerrada la tercera jornada, el Dépor marcha destacado, con tres partidos ganados, nueve goles a favor y ninguno en contra. La afición está enganchada, incluso se organizan autobuses para ir a animarlo por esos campos de Dios y todo esto es una muestra más de que las aguas vuelven a su cauce después del covid. Si el equipo consigue llegar de primero al final de la liga Pedorreta, ascenderá automáticamente a Segunda. En cuanto a las chicas del Dépor Femenino, pues cuentan también sus partidos por victorias en la Segunda Femenina y están en el camino de luchar para volver al máximo nivel.

Algo que no es más que otra muestra del avance de las mujeres en el mundo occidental. Samantha Fish ha recogido ese sentimiento en su disco que se dio a conocer a nivel mundial el viernes pasado como les digo. A la vez se publicó un vídeo del tema que da título al disco, que está teniendo mucha difusión, como todo el disco. En la última lista de los discos más escuchados en I-Tunes, Faster figuraba en segundo lugar, detrás del disco de Metallica. Sam está muy sexi en este vídeo y mantiene su buen humor. Pueden ver cómo se va acaramelando con su pretendiente, después se ve el coche desde fuera moviéndose significativamente, pero luego muestran su interior y se comprueba que el movimiento lo produce la propia Sam tocando su Gibson SG.

Termino con el toque culinario maestro. A un buen revuelto de espárragos trigueros y gambas, le van perfectamente unos ajetes tiernos. La verdad es que ya he utilizado toda clase de títulos para estos textos en los que se habla de cosas variadas. Los ajetes aquí vienen de la mano de un tema que está en el ambiente. Vale, hemos vencido a la pandemia (ojalá sea verdad). Pero ahora hay que ver qué coño hacemos con el mundo. La economía está en las últimas, y sobrevive en los países ricos a base del doping que supone la impresión continua de nuevos billetes. Pero eso es pan para hoy y hambre para mañana. La desigualdad entre países y entre clases sociales dentro de cada país es creciente y está al límite. Y la sobreexplotación de los recursos del planeta también está en máximos muy peligrosos.

Todo eso genera ira entre la gente, y está detrás de la aparición de los antivacunas, los terraplanistas, los chalecos amarillos y todas las demás versiones del malestar contra el poder establecido. El mundo está en riesgo, nuestra generación puede ser la última que viva mejor que sus padres y JODER eso es algo difícil de soportar. Algunos analistas anticipan explosiones de ira generalizadas, como las que se han producido últimamente en Cuba, en Perú, en Chile, o en Myanmar, Hong-Kong y otros lugares, por no hablar de los disturbios raciales en USA. Un país en donde la venta de armas se ha disparado. Les pido que lean este artículo aparecido recientemente en El País. El autor se deja llevar a veces por raptos poéticos un tanto cursis, pero lo que cuenta es muy interesante. Han de pinchar AQUÍ.

Samantha Fish no es ajena a estos problemas. Ella ha sacado un disco muy optimista y muy pop. Porque ese era su estado de ánimo y lo quería mostrar a todo el mundo. Pero el disco termina en una canción preciosa, melódica, profunda, de tintes entre la británica Adele y los propios Beatles. Como diciendo: vale, yo he hecho una cosa muy alegre y superficial, pero sigo siendo Samantha Fish y esta es la canción que lo expresa. Dudo que a los puristas más cerriles no les guste este tema. Es una maravilla. Con él les dejo. Terminen bien el domingo.

martes, 7 de septiembre de 2021

1.082. Gente con mala suerte

La suerte es una materia que cursa normalmente por rachas, de pronto entras en la mala racha y te empiezan a costar el doble todas las cosas que emprendes, lo que antes te salía bien ahora te sale mal y has de luchar denodadamente para quebrar el sentido de los tiempos, porque si te vienes abajo te hundes. Con esta idea, es un poco estúpido hablar de tipos con mala suerte, la mayoría de la gente tiene buenas rachas y malas rachas y cualquier tendencia es reversible si se pelea por ello. Sin embargo hay personajes que parecen castigados por un destino maldito y se puede concluir esto cuando conoces toda su trayectoria vital. Es decir, cuando están muertos.

Me viene a cuento esta reflexión a partir de la muerte de Alfredo Rodríguez, el dueño de El Brillante, el mítico bar de la glorieta de Atocha, el pasado 30 de agosto. Tenía 67 años, tres menos que yo. Sin embargo, yo siempre lo había visto como a una persona mayor, no imaginaba que fuera tres años más joven. Porque El Brillante es una referencia para mí, un lugar imprescindible, y he ido tantas veces al mediodía, cuando este señor se pasaba por el negocio con su cojera característica, arriba y abajo, controlando que todo estuviera en orden, que ya nos saludábamos con cariño. Parece ser que El Brillante de Atocha abrió sus puertas en 1951, hace 70 años y fue el padre de Alfredo la persona que lo fundó.

Tres años después nació nuestro trágico héroe, que sufrió el primer revés del destino cuando contrajo la terrible poliomielitis, lo que en mis tiempos se llamaba también la parálisis infantil, que afectó a muchos de los niños de entonces hasta que se descubrió y generalizó la vacuna obligatoria contra la enfermedad (en tiempos de Franco, que yo sepa, no había antivacunas y la vacunación era una obligación para todos). Alfredo sobrevivió pero se le quedó una pierna más corta y consiguió librarse de la silla de  ruedas a fuerza de rehabilitación, aunque le quedó ese caminar asimétrico que le caracterizaba. Desde muy joven empezó a trabajar en el bar de su padre, un negocio que ha sido toda su vida. Aquí la imagen más conocida de este señor.

Es de reconocer que Alfredo estuvo siempre evolucionando, adaptando su negocio a los tiempos. Como saben, yo he vivido en el barrio en dos etapas de mi vida. Cuando llegué en 1985, El Brillante ya era famoso por los bocatas de calamares, allí terminaban o empezaban muchas de las manifestaciones y actividades de protesta de la época y era frecuente acabar con uno de estos míticos bocatas. Por entonces, el bar tenía una fachada principal a la glorieta de Atocha, con terraza, y una especie de salida trasera a un entorno tenebroso, cuando el actual Museo Reina Sofía era un antiguo hospital cerrado y con la edificación en un avanzado estado de deterioro. Además, la plaza estaba ocupada por varias docenas de paradas de autobuses, dispuestas en espiga, lo que hacía que los humos, el ruido y el tizne en las fachadas conformaran un lugar bastante insano. No obstante, El Brillante servía bocatas para llevar, a los viajeros de los autobuses que salían, volvían o hacían transbordo.

Las cosas cambiaron con la transformación de la plaza a partir de la apertura del museo en 1992 y el traslado de las paradas de bus a otros lugares. Y El Brillante supo adaptarse, arregló su fachada trasera, duplicó la terraza y acostumbró a los camareros a entenderse más o menos en inglés chapurreado. En mi primera etapa en este barrio, yo recuerdo que el bar tenía un asador de pollos y era frecuente, cuando te pillaba la hora de comer sin tener nada preparado, bajar al bar, hacer una cola discreta y subirte con tu pollo recién asado, tus patatas fritas y tus bebidas. Cuando yo volví al barrio en 2006, ya no se preparaban pollos, parece que la reconversión del bar había desterrado este uso tan de barrio de las afueras. En esta segunda fase y ya con el blog inaugurado (ni un año llevaba) escribí un texto con una pequeña historia que se desarrollaba en este bar. Es realmente uno de mis posts más divertidos y les pido que lo lean, como un homenaje a Alfredo Rodríguez. Lo tienen aquí: Post #145. 

No sé si la memoria me juega una mala pasada, pero yo creo recordar que había otros bares de El Brillante, por ejemplo uno en Bravo Murillo, más al norte de Cuatro Caminos, y otro en Vallecas al comienzo de la Avenida de la Albufera. Imagino que el negocio fue creciendo y que, cuando alguna de las crisis económicas que pagan los de siempre, Alfredo hubo de desprenderse de estos negocios, cerrándolos o traspasándolos. Pero siempre mantuvo el de Atocha. En tiempos ya de este siglo, yo solía correr a mediodía con algunos colegas del trabajo al acabar nuestra jornada. Nos cambiábamos en un polideportivo cercano al curre y al terminar nos duchábamos y yo me pillaba el coche para casa. Entonces salía del parking directamente al Brillante y me tomaba un pepito de ternera, o un bocata de calamares o un montado de beicon con queso si no tenía tanta hambre.

En esas ocasiones, el bar estaba prácticamente vacío, cuatro o cinco de la tarde. Mi amigo Álvarez, que me conocía desde los 80, nada más verme entrar me ponía una pinta de cerveza de las más grandes antes de averiguar qué quería yo comer ese día, para vocearlo con la coda habitual oído cocina. Alfredo andaba siempre por allí y entre los tres sobrellevábamos la soledad del bar en silencio. Cada vez que el negocio montaba una promoción, Álvarez me daba un paquetito con discreción: una taza con la imagen del bocata impresa, una mochilita de corredor, bolígrafos y rotuladores. A menudo me invitaba también a un café o cualquier otra cosa. Un día le dije: joder, Álvarez, yo comprendo que me tienes aprecio, pero deja de invitarme y regalarme tantas cosas, que así no hacéis negocio. Bajó la voz y me dijo: los cafés corren de mi cuenta, pero lo demás ha sido el jefe el que me lo ha dicho: a este señor hay que atenderle bien que es un cliente de los buenos.

Parece que antes de la pandemia, Alfredo se había lanzado a ampliar el negocio, abriendo nuevos Brillantes en los centros comerciales Nassica e Isla Azul en el extrarradio y también otro en Boadilla del Monte. Se endeudó para esta ampliación y la llegada del Covid con el primer gran confinamiento le fastidió todos los planes y le hundió las finanzas. Últimamente estaba hasta arriba de deudas y empezó a estar deprimido porque las rutinas del bar no podían desarrollarse como antes. La base del negocio de El Brillante era la barra y ya saben que no se puede utilizar ahora. Desconozco cuál era su situación familiar, se habla de que tenía unas hijas que se quedan con el negocio y han garantizado su continuidad. Pero lo cierto es que vivía solo, en la calle Costa Rica.

Su actitud ante las catástrofes urbanas era siempre de ayudar, en el bar se estuvo atendiendo a la gente después de las bombas del 11M y ahora con la pandemia montó un food-truck que repartía comida gratuita a la puerta de los hospitales. En medio de un mar de deudas, una huida hacia delante, sin duda. Su familia estaba muy preocupada por su deplorable estado de ánimo. El 30 de agosto, Alfredo envió un Whatsapp a uno de sus sobrinos con un mensaje escueto: le dejaba al portero unas llaves para que se las diera. El sobrino llamó inmediatamente a la policía y corrió a la casa. Subió con el portero y entraron. Alfredo se había pegado un tiro en la cabeza con la pistola reglamentaria que tenía en su casa. La policía llegó poco después. Un triste final para la historia de un hombre que luchó toda su vida contra un destino torcido.

Pero, para destino torcido el del segundo y último personaje que les traigo hoy al post. Viene al caso por una noticia. El 2 de septiembre, se anunció que Argelia dejaba de utilizar gasolina con plomo, una vez que había agotado sus existencias de ese tóxico producto. Era el último país del mundo en donde todavía se utilizaba gasolina con plomo. Ahora, podemos ponernos condescendientes con los argelinos, desde nuestra posición de occidentales, pero lo cierto es que ustedes y yo hemos estado tragando plomo por un tubo (nunca mejor dicho: de escape) durante décadas. Si hacen funcionar la memoria, recordarán que, en el principio de los tiempos, sólo había un tipo de gasolina, sin apellidos, pero con plomo a mansalva. Después, a esta gasolina se la apellidó normal, para distinguirla de la súper, que seguía con su aditivo de plomo como mandaban entonces los cánones.

Ya en tiempos de una incipiente preocupación por el medio ambiente, empezó a aparecer la gasolina sin plomo, pero sólo la usaban los elegantes; los del pueblo seguíamos con la súper, cuando no directamente con el gasoil. Productos ambos que expulsan a la atmósfera partículas en suspensión, bastante tóxicas las de carbono que echa el gasoil y directamente venenosas las de plomo que echaban los coches hasta hace cuatro días. ¿Y a quién se debe la idea de añadirle a la gasolina un aditivo con plomo? Pues esa es la historia de nuestro segundo personaje, considerado el ser vivo más dañino y nefasto para el planeta de toda la historia de la Tierra. Está claro que ese título le tenía que corresponder a un ser humano, no creo que tengan ninguna duda de que somos el virus más peligroso. Pero es que lo de este señor ya es para nota.

Les hablo de Thomas Midgley, el caballero cuya imagen tienen a la izquierda. Nacido en 1889 en Beaver Falls (Pensilvania), era hijo de un inventor y tenía marcada en sus genes esa vocación, por lo que se graduó como ingeniero mecánico y entró a trabajar en la General Motors en 1916. Estamos en los inicios de la industria del automóvil y los coches recién inventados presentan un problema grave: la combustión no era continua ni silenciosa, sino que producía continuos estallidos; uno iba tan tranquilo en su auto y de pronto el motor pegaba un pedo tremendo antes de seguir funcionando. Esa sucesión de pedos del motor era muy incómoda y a Midgley lo ponen enseguida a investigar cómo solucionarlo. Su primer descubrimiento llega pronto: añadiendo etanol a la gasolina los pedos desaparecen. Pero estamos en los años 20, la llamada Ley Seca prohíbe la fabricación de alcohol etílico (no otra cosa es el etanol) y Midgley ha de seguir buscando.

Da entontes con el tetraetileno de plomo, un producto descubierto a mediados del siglo anterior, que no tenía de momento ninguna utilidad práctica. Para comercializar el producto se creó la Ethyl Corporation, empresa conjuntamente participada por General Motors y Stándar Oil (la actual Exxon). Midgley fue nombrado vicepresidente de dicha compañía. La gasolina con plomo empezó a venderse hasta generalizarse por todas partes. Pero en las fábricas donde se producía, algunos operarios empezaron a tener alucinaciones, a enloquecer y a morirse. Se montó un escándalo considerable y las autoridades sanitarias intervinieron. Entonces Midgley convocó una conferencia de prensa que ha pasado a la historia. Tuvo lugar el 30 de octubre de 1924. Allí, delante de todos los presentes, este señor se embadurnó las manos con el aditivo y estuvo inhalándolo con fruición durante un par de minutos para demostrar que era inocuo. Luego culpó a los trabajadores afectados de causar su propia ruina por no tomar las debidas precauciones.

Consiguió revertir la situación, la gasolina con plomo fue autorizada y su uso se extendió por el mundo. Pero él se puso malísimo, le costó más de un año recuperarse del envenenamiento y ya se quedó tocado de por vida, pero fue capaz también de ocultar este hecho al mundo. Debilitado y con las defensas por los suelos, dedicó sus años siguientes a otro invento nefasto: los CFC, acrónimo de clorofluorocarbonatos. En este caso se trataba de encontrar un gas para los frigoríficos que empezaba a fabricar la General Electric. Tenían diversos productos refrigerantes que, en caso de fuga, podían producir irritaciones en la piel o en los ojos. Midgley ideó los CFC y, amante de los numeritos y las performances, dio otra conferencia de prensa inhalando este producto.

Los CFC no son ciertamente tóxicos para las personas y su uso se generalizó en el mundo, hasta ser usado en todos los sprays de cualquier laca, nata para las fresas o productos para las plantas, además de en todos los sistemas de aire acondicionado (el famoso freón). Los CFC no eran malos para las personas, pero en pocos años le hicieron a la capa de ozono un agujero del tamaño de un continente. Hubo que prohibirlos y, gracias a esa medida universal, la capa de ozono se ha recuperado y los efectos del cambio climático no son todavía todo lo terribles que podrían haber sido con el citado agujero. Así que Thomas Midgley es el inventor y el impulsor intelectual de dos de los inventos más dañinos de la historia de la Humanidad.

Pero este señor, como resultado de sus excesos y demostraciones en vivo de la inocuidad de sus productos, tenía sus defensas por los suelos. Eso explica que con 51 años contrajera la poliomielitis, una enfermedad que sólo atacaba a los niños y a algún tipo inmunodeficiente. Se quedó completamente paralizado de cintura para abajo, condenado de por vida a una silla de ruedas. Pero era tozudo y, al fin y al cabo, un inventor nato. Así que ideó un sistema de poleas y cuerdas que le permitía por las mañanas dar a un botón y ser izado de la cama a la silla de ruedas con la que ya se movía por el mundo, y por la noche el movimiento contrario para acostarse. Cuatro años vivió en estas condiciones. Hasta que una mañana, el invento funcionó mal, se endemonió y una de las correas lo estranguló. Tenía 55 años.

Así que no me vengan ahora a perorar sobre la suerte, la mala suerte o las rachas. Hay tipos que son cenizos y punto. Gentes marcadas por un destino fatal. Personas buenas como Alfredo Rodríguez luchan toda su vida contra ello. Otros, tercos y contumaces como Thomas Midgley parece que todavía hacen méritos para empeorar su trayectoria. Dos historias que no se encuadran mucho en el tono optimista y positivo de este blog, pero también interesantes e instructivas. Sean buenos y procuren no atraer a la mala suerte. Besos y abrazos.