lunes, 17 de noviembre de 2014

309. TD#11. Día y noche en Lille

Hoy sábado me he levantado tarde. El hotel es bueno, pero lo he cogido sin desayuno, porque eran 13€ adicionales y en las ciudades francesas hay mucha oferta de bares y cafeterías pour le p`tit-dej. Enseguida he encontrado uno con los cruasanes habituales. Está lloviendo y llevo mi paraguas. Echo a andar al azar y veo una especie de puerta de muralla. Sé que hay una Citadelle amurallada y supongo que es esa. En las esquinas más próximas hay dos putas estratégicamente situadas bajo la lluvia. Cruzo la puerta y me encuentro fuera de la ciudad, como en una carretera de salida. Está claro que esto no es la Citadelle, sino una especie de entrada de las viejas murallas. Vuelvo sobre mis pasos.

Una de las putas está negociando con un cliente. Un tipo normal, como cualquier visitante de los que vienen a la Gerencia de Urbanismo a hablarme de un solar que quieren desarrollar. Parece que han atado el precio, porque se van juntos hacia un lado, bajo la lluvia pertinaz. Esto sucede un sábado a las 10.30 de la mañana y pienso que nunca entenderé la complejidad de la mente humana. ¿Qué le habrá dicho este señor a su señora para largarse un rato en sábado por la mañana? ¿Qué tenía que terminar su trabajo de la semana? La chica no es especialmente guapa. ¿Merecen la pena el dinero, el riesgo de te vea un conocido y todos los demás inconvenientes potenciales? ¿A cambio de unos segundos de éxtasis? No estoy hablando de criterios morales, que también habría que considerar; no soy quién para hablar de temas éticos o de conducta. Me refiero sólo a los aspectos prácticos. Ahí lo dejo.

Vuelvo al hotel a lavarme los dientes y empiezo a escribir el post TD#9, hasta que me llama Lucas. Ya se ha levantado y viene a por mí para enseñarme un poco la ciudad. Me cuenta que anoche, mientras me esperaba, bajó a la lavandería y lavó toda su ropa. La acababa de meter en la secadora, cuando yo le llamé y le dije que estábamos ya en el Metro. La dejó allí y, cuando volvió luego a las 4 de la mañana, la puerta estaba atrancada y no pudo entrar. Esta mañana lo ha intentado con el conserje y no han podido. Así que no tiene apenas ropa hasta el lunes. Le ofrezco ir a un H&M a comprar calzoncillos y calcetines, a cambio de la firme promesa de tirar los más viejos que tenga. Antes de eso, tenemos una amplia visita turística por la ciudad. Lucas no controla Lille tanto como Nancy el año pasado, porque allí vivía en el centro y era una ciudad más pequeña. Aquí está a 10 kilómetros.

Hace unos 15 años estuve por aquí en un congreso y ya entonces vendían que Lille-Metropol era la tercera mayor aglomeración urbana de Francia, sólo por detrás de París y Marsella. Es decir, que esta área metropolitana es mayor que las de Lyon o Burdeos, por ejemplo. El sistema de Metro que tienen es espectacular y con una velocidad mareante, más cuando sabes que los trenes van sin conductor. En muchos tramos el Metro va elevado, como el de Ámsterdam. O sea que más que un subway es un upway, y perdón por el chiste malo. El centro de Lille es muy grande y bonito, todo él empedrado con grandes piezas muy desgastadas, fatales para las maletas con ruedas. Hay unas cuantas plazas centrales en donde se sitúan los edificios principales; la Cámara de Comercio, la Ópera, la Prefectura, la antigua Bolsa.

La Catedral tiene una historia curiosa. Empezada en 1850, Notre Dame de la Treille, que es como se llama, se empezó a construir por la parte del altar mayor, con todo lujo de decoraciones neogóticas, y unas vidrieras fastuosas. En algún momento que no he podido precisar, el Estado francés se declaró laico y dejó de pagar a la Iglesia para obras de este tipo. En París les pilló con la catedral terminada, pero aquí estaban a la mitad y empezaron a hacer economías. Es curioso caminar por el interior y observar cómo las vidrieras empiezan a perder color y calidad, cómo los pilares son cada vez de decoración más escueta. En un momento dado, se tomó la decisión de no seguir, se abandonó el proyecto de construir las dos enormes torres delanteras y se cerró lo construido de cualquier manera. La portada era tan fea, que hace unos veinte años la demolieron y le pusieron otra un poco mejor, pero también bastante fea en mi opinión. Dice Lucas que esta portada lleva la firma de un arquitecto de prestigio, pero no he podido constatar el dato. En una capilla hay una maqueta del proyecto original, con las torres nunca construidas.

Desde allí hemos ido a visitar la Citadelle (la de verdad). Curiosamente, en el centro de la antigua fortaleza está el Cuartel General de la OTAN, al que no se puede acceder. Según se ve en los mapas, tiene la forma de un inmenso pentágono, desde donde se deben de tomar grandes decisiones que afectan decisivamente a nuestras vidas, ya seamos españoles o ucranianos. Así que la visita se limita aquí a ver las murallas y la corona de parque que hay entre éstas y el cuartel, donde hay hasta un zoológico gratuito. Esto es algo bastante inaudito. ¿Se imaginan un enorme cuartel internacional en el medio del Retiro? En fin, hemos hecho nuestras compras en H&M, hemos dado otro paseo por el centro urbano y nos hemos subido al hotel a echar la siesta. Bueno, Lucas se ha echado la siesta a mi lado. Yo, mientras, he terminado mi post y lo he subido al Blog.

Por la noche hemos salido otra vez, para la marcha del Saturday night. Hemos cenado unas tartes flambées en un restaurante alsaciano. Son una especie de pizzas muy finitas y crujientes, que están muy buenas. Luego, Lucas ha contactado con sus abundantes amigos y amigas y les he acompañado a ver un concierto de rock. Era en un bar bastante pequeño, en el que se pagaba la voluntad en la puerta y te ponían una pulserita para entrar y salir cuando quisieras. El lugar estaba de bote en bote. El grupo hacía un funk ortodoxo de los 70 y eran bastante simpáticos y animados. Incluía guitarra, bajo, batería y teclados, arropando a una potente sección de vientos, formada por un saxo y un trombón de varas de los de verdad. La música me recordó a la de la primera película de Shaft. Es curioso, pero creo haberla visto mucho tiempo después, comprobando que, tanto los atuendos, como los peinados y los propios diálogos estaban absolutamente demodés. Pero la música permanecía vigente.

Los músicos bromeaban con frases bilingües como esta: ¡¡Maybe there is somebody who don’t speak french, but c’est pas grave!! Lucas estaba preocupado de que yo estuviera incómodo en aquel antro en el que nos apretábamos como sardinas en lata, pero le he dicho que en mis tiempos era igual y, encima, la gente fumaba sin parar. Los que hemos sobrevivido a aquellos tiempos somos indestructibles. Lucas y dos amigos me han acompañado hasta el hotel (yo no hubiera sabido llegar) y luego se han ido a continuar su noche de farra. Me he acostado enseguida y he caído como un tronco.

A las 3 y pico de la mañana me ha entrado un mensaje de Lucas. Le habían robado el abrigo. He pensado que era una putada tremenda, con lo contento que lo había dejado yo. En fin estas cosas pasan y hay que levantar la cabeza. Por pensar en algo positivo, mejor que le haya pasado eso estando yo por aquí. Así le podré echar una mano para comprarse otro. Después de la mala noticia ya no he podido dormir más. Cosas de la vida.

6 comentarios:

  1. Sobre la transacción matinal con la peripatética, puedes suponer que el cliente está soltero. O que es un diabético que sale cada mañana a su caminata habitual, de la que no tiene que dar explicaciones a su costilla. Y también puede ser forastero en Lille o de un barrio muy lejano, por lo que no hay gran riesgo de que lo pille un conocido en tan poco honroso intercambio...
    Peor es que a Lucas lo hayan dejado a la intemperie. No crecen, Emilio, ¿qué gana con informarte a las tres de la madrugada, si a esa hora las abriguerías están cerradas a cal y canto? ¡Total! Que te has desvelado a lo bolo. Tranquilo, serás un "Personal Shopper" fantástico.

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    1. Lo de la prostitución es algo que nunca he entendido. Como lo del juego y los casinos. Son cosas que no van conmigo.
      En cuanto a lo otro, pues llevábamos 24 horas todo el rato juntos y, cuando le pasó la putada, sintió la compulsión de contármelo, no va más allá la cosa. Le contesté con otro mensaje que no leyó hasta que se despertó al día siguiente. Lucas es autónomo, es un tipo duro y se vale por sí mismo ante las adversidades.

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    2. Sí señor, haces bien en sacar la cara por tu polluelo. Eso te honra.

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  2. Por supuesto; pero lamentablemente yo no puedo decir que mis polluelos sean tipos duros y autónomos; sobre todo el mayor, es un merengue.

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