lunes, 30 de diciembre de 2019

897. Por un 2020 bueno para todos ustedes

Sí señor, mañana cerramos década y entramos en los felices 20, como dice un anuncio de Movistar. Esperemos que sean tan felices como los de hace 100 años, para ustedes mis fieles lectores. Bueno, fieles en general, porque en navidades como en agosto la afluencia cae bastante, de lo cual se puede deducir que están ustedes muy ocupados cantando villancicos, tocando la zambomba, zumba-zumba-zumba, aguantando a sus parientes más coñazos, con perdón, me refiero a los típicos cuñaaaos o sobrinos impertinentes, comprando regalos para todo el mundo y poniendo cara de arrobo máximo, aunque en su fuero interno estén como yo deseando que se acabe el peñazo. Qué quieren que les diga, yo voy cumpliendo con mis diferentes deudos y amigos, he hecho los regalos correspondientes, me he mostrado paciente con los pesados e indulgente con los intolerantes, en vez de darles dos bofetadas, y he puesto la correspondiente cara de felicidad que se espera de uno en Navidad.

Eso sí, no he cantado villancicos (me lo prohíbe mi religión) y mi respuesta a los grandes retos del consumismo ha sido la siguiente. Gastos en el Black Friday: 0€. Gastos en el Ciber Monday: 0€. Pero bueno, la verdad es que me lo estoy pasando aceptablemente, he disfrutado de mis hijos (Kike se ha marchado ya), he entrenado duro y no me he pasado demasiado con la bebida y la comida. Mi amiga francesa Barbara ha estado por aquí y me ha gustado mucho conocer a su marido y sobre todo a su maravillosa hija de 8 años, con los que he estado por ahí dos días completos. Aquí pueden ver una de las fotos que nos hicimos.


Por lo demás esto es sólo un ensayo de mi futura vida de jubilado que finalmente, como saben, he decidido posponer un año más, lo máximo que puedo. El frío ha llegado por fin, y es una delicia salir a correr por el Retiro a las 8 de la mañana, aun de noche y ver cómo va clareando sobre las praderas escarchadas. La temperatura esta mañana era de 2 grados. Tal vez sepan que el llamado Paseo de México, que parte de la entrada de la Puerta de Alcalá, está en obras de mejora de los jardines, en las que han encontrado unos restos arqueológicos, que las pueden hacer eternas. No es de extrañar, porque el parque está construido sobre los restos que dejó Napoleón del anterior Palacio Real del Buen Retiro. El caso es que esas obras cortan mi recorrido habitual de runner, que he tenido que modificar.

Ahora, desde la puerta llamada de España, corto en diagonal para salvar las obras, pasando junto a una esquina del gran lago para seguir la diagonal hasta la montaña de los gatos, que contorneo por el exterior, para volver por el borde oriental del parque hasta la magnífica biblioteca instalada en el edificio de la antigua Casa de Fieras, por cierto, una iniciativa de la denostada señora Botella, donde salgo al Paseo de Coches para retomar mi circuito habitual. El recorrido es incluso más bonito que el anterior y está menos petao de corredores pedorros, por lo que creo que lo seguiré manteniendo aunque abran de nuevo el paseo de México. Me falta medirlo sobre plano para saber si es más largo o no, pero de todas formas me encuentro bastante bien y estoy valorando estirar el trayecto incluso un poco más.

Pero, vamos a lo que vamos. Mañana termina el año y es día de salir por ahí a bailar, o quedarse en familia, pero también para bailar algo en casa. Así que voy a obsequiarles con unas cuantas músicas, que hoy voy a concentrar en un artista que tal vez es el que más escucho últimamente. Hablo de Tim Armstrong, el líder del grupo punk Rancid, que mantiene en vigor, aunque sus miembros tienen ya las crestas recortadas y los tatuajes un poco desteñidos. Les he puesto mucha de la música que este señor hace por libre: My bucket’s got a hole, She’s drunk all the time, Let’s get moving into action, Telegraph Avenue y algunas otras. Hoy les voy traer algunas muestras de lo que podríamos llamar el post-punk o el ska-punk, que este señor practica con sus amigos. Empezando por este Oh la la. Pónganlo alto y: a bailar.


El año que termina, podemos decir que ha sido bueno en general. Por lo que a mí respecta, no me puedo quejar. Cierto que mis viajes se han reducido un poco, pero es que era muy difícil mantener el ritmo de los dos años anteriores: Birmania y Portland-Seattle-Vancouver en 2017 y Los Ángeles-San Francisco, Chicago y Chile en 2018. Este año me ha salvado el fastuoso recorrido por Madagascar, uno de los viajes más interesantes y peculiares que he afrontado en los últimos años, además de otros muchos de trabajo: París, Oslo, Lyon, otra vez París e Innsbruck. No está mal. De Madagascar les voy a traer una foto que me han mandado mis compañeros como felicitación navideña y que ni siquiera recordaba que me hubieran hecho. Está tomada en una de las aldeas en las que desembarcamos durante el descenso del Tsiribihina, y por tanto sin otro acceso que el fluvial. Todos los compañeros se volcaron con los niños, pero a mí me llamó la atención una anciana que se dedicaba a recoger palitos secos, supongo que para encender el fuego. Hablaba poco francés y estaba algo desdentada, pero parecía feliz con el mundo. Estuve un rato ayudándola a recoger palitos y al final accedió a fotografiarse conmigo. Al fondo, un par de baobabs.


Por lo demás, el desastre electoral de la dupla Carmena-Errejón amenazó durante un tiempo con arrasar mi nicho laboral, pero al final salimos indemnes, incluso reforzados, porque es un buen mensaje que una unidad técnica sobreviva después de un cambio ideológico tan extremo. Eso indica que estamos trabajando bien, según directrices internacionales y que hemos logrado un peso suficiente como para que unos y otros se pongan medallas a nuestra costa. Es algo que nos ha inducido un subidón final colectivo, que hemos plasmado celebrando la Navidad por todo lo alto, como un partido de fútbol que todo el mundo espera perder y al final se remonta. En esa euforia colectiva hay que enmarcar mi decisión de no jubilarme todavía. Así que seguimos con Tim Armstrong, que en este nuevo vídeo hace un homenaje a la familia punk de Japón.


Quedan las cuestiones colectivas, que tendré tiempo de desarrollar en posts sucesivos. El Brexit se aproxima a consumarse, lo que yo creo que va a ser una cierta tragedia para los ingleses, que corren el riesgo de convertirse en el Reino Desunido, si escoceses e irlandeses optan por largarse. Para mí es una muestra de lo perniciosos que pueden llegar a ser los referéndums y las consultas. Yo creo que este es un instrumento que sólo sirve para ratificar decisiones ya tomadas por los políticos, a los que hemos votado para que decidan, no para que nos pregunten qué hacer. Lo de Cataluña no parece en vías de arreglarse, pero a mí lo que más me ha preocupado siempre es que todo el mundo entienda el verdadero signo del movimiento independentista. Y eso parece bastante claro. Luego, puede ser que logren separarse, como los británicos, que en este mundo no siempre gana la alternativa más correcta y ética, como ya se sentenciaba en La Venganza de Don Mendo: Vinieron los sarracenos/y nos molieron a palos/que Dios ayuda a los malos/cuando son más que los buenos. No hay más que ver que ver que Trump ganó la presidencia de los USA.

Ese es otro de los retos de este 2020 que empieza: las Elecciones Generales a celebrar el primer martes después del primer lunes de noviembre. El proceso de impeachment terminará por fracasar; está por ver si ayuda a deteriorar la imagen de Trump, o sirve para lo contrario: para reforzarlo. A nivel nacional, el Gobierno que parece a punto de constituirse lo va a tener negro. Tener que trabajar sin molestar a ERC es como sufrir un dolor de huevos prolongado. Veremos lo que dura la cosa. Si hay algo que tengo claro es que el problema catalán, por la fuerza, no se arregla, sino que se realimenta. Pero yo no quiero hablar hoy de estas cosas. Mañana se termina un año que no ha sido malo y les invito a celebrarlo bailando. Tim Armstrong demuestar mucha cultura musical con esta versión delirante del Brown Eyed Girl, de Van Morrison. ¡Hala! Que lo pasen pipa. Buena entrada de año.


jueves, 26 de diciembre de 2019

896. Las mujeres al poder

Que las mujeres están logrando avances espectaculares en su lucha en pos de la igualdad, es algo tan difícil de negar como el hecho irrefutable de que cada vez hace más calor. A lo mejor los de Vox lo niegan en público, para provocar, aunque en su fuero interno seguramente lo admiten. Y ya saben que yo me he definido como ecologista, feminista, errejonudo y colaborativo hace unos cuantos posts, y la primera de las definiciones ya la he dejado patente en el arranque de estos tiempos navideños (por cierto, hoy 26 de diciembre, he comido con mi hijo Lucas en una terraza al aire libre de la glorieta de Atocha, algo que hace unos años me hubiera supuesto pillarme una pulmonía triple). Así que voy a casi cerrar el año, a falta del post de Año Nuevo, con un acercamiento doble al tema de las mujeres, aunque ya he dejado clara mi admiración y mi fascinación por el género femenino en al menos una docena de posts. 

Me estoy terminando el libro de Olga Tokarczuk Los errantes, que me parece fabuloso. Es un libro poliédrico, descompuesto en decenas de pequeños relatos, pero todos unificados por algunos temas que le obsesionan especialmente a la autora. Una especie de deconstrucción de la novela. Uno de los asuntos que más interesan a Tokarczuk es la indivisibilidad del cuerpo y el alma. Para ella son un todo indivisible. Esa historia del alma entendida como algo inmaterial que se insufla en un cuerpo material, le parece un camelo. El ser humano es uno, cuerpo y alma. Vean este fragmento de una carta reproducida en el libro (obviamente imaginada por la autora), en la que la hija de Angelo Soliman, escribe al emperador Francisco I de Austria. Soliman nació como esclavo negro, pero fue liberado por una duquesa. Ya como hombre libre, llegó a prosperar y se convirtió en diplomático al servicio del emperador.

Sin embargo, a su muerte, el emperador ordenó disecarlo para exhibirlo en un museo que tenía lleno de animales de todo tipo, igualmente disecados. Esto, que parece ahora una barbaridad, era algo frecuente en aquella época, en que a los negros se los consideraba casi como animales, y solamente voy a nombrar al Negro de Banyoles, que estuvo expuesto en Cataluña mucho tiempo (mucha de la riqueza de Cataluña proviene del esclavismo, tema que ya desarrollaremos otro día). El caso es que la hija de Soliman, una mujer culta que está casada con un blanco, le escribe al emperador para rogarle que devuelva a la familia el cuerpo de su padre, para poderle dar cristiana sepultura. Y aquí les transcribo uno de sus razonamientos.

Creo (Majestad) que a quienes nos gobiernan no les importa gobernar nuestras almas, como comúnmente se piensa. El del alma es hoy un concepto abstracto e incomprensible. Tanto si es Dios quien dio cuerda al reloj, el Relojero, o es el espíritu de la naturaleza quien en verdad se revela intangible y del todo impersonal, el concepto de alma se ha vuelto incómodo y vergonzoso. ¿Qué soberano querría gobernar algo tan lábil e indefinido? ¿Qué soberano ilustrado desearía gobernar algo cuya existencia no ha quedado demostrada en un laboratorio? No cabe ni brizna de duda, Majestad, de que el verdadero poder humano puede sólo ejercerse sobre el cuerpo humano, y así es como se ejerce.

Olga Tokarczuk concede mucha importancia al cuerpo, su prosa es muy física, describe estados de ánimo con sudores, temblores, exaltaciones místicas, incluye unas descripciones muy precisas de los personajes que retrata y da rienda así a su idea. La lectura de este libro me reafirma en una de las ideas que ya he desarrollado en el blog: que el físico de las personas dice mucho de su forma de ser y de su identidad más íntima. Que, a partir de ciertas edades, uno es responsable de su cara y de su cuerpo. Que saludando a una persona ya se llega a saber mucho, de forma intuitiva, sobre su verdadera naturaleza. Sobre esta base, mi post va a tener dos partes, como he dicho. Una primera de imágenes, y otra de regreso a la literatura, al texto de Olga Tokarczuk y algunos otros. 

Recientemente, el congreso de los Estados Unidos ha encargado a dos fotógrafas que retratasen a las mujeres congresistas, que por primera vez son más de cien. He entrado a ver el reportaje y he seleccionado algunas para ustedes. Porque estas imágenes dicen mucho sobre el tema del que hoy nos estamos ocupando. Sus caras, su ropa, sus formas de posar y, por supuesto, sus miradas, nos cuentan todo sobre el avance de la mujer en la sociedad moderna. Ahora les diré algo que no sé si se van a creer, pero ese es su problema, lo que les cuento es rigurosamente cierto. Yo entré en una galería de retratos y seleccioné a ocho congresistas exclusivamente por sus rostros, que me parecieron los más adecuados para lo que quiero expresar. En la galería sólo indicaba el nombre de las señoras. Pero, para publicar esto en el blog, me pareció interesante dar alguna información sobre ellas, que busqué en Internet. Y resultó que todas, las ocho, pertenecen al Partido Demócrata. Supongo que no es casualidad, un errejonudo como yo tiene sus afinidades políticas arraigadas en lo más profundo. Véanlas. 

Nancy Pelosi, demócrata por California y presidenta del Congreso.

Lauren Underwood, demócrata, por Illinois

Abigail Spanberger, demócrata por Virginia occidental

Kamala Harris, demócrata por California

Deb Haaland, demócrata, por Nuevo México

Angela Craig, demócrata, por Minnesota

Ayanna Presley, demócrata, por Massachusetts

Alexandria Ocasio-Cortez, demócrata por Nueva York

Volvamos a la literatura. En este último año se ha consolidado una tendencia: las obras escritas por mujeres han alcanzado un lugar preferente, y están aquí para quedarse. Estoy convencido de que hay una prosa femenina, que los temas que se cuentan en sus novelas y la forma de abordarlos son esencialmente femeninos. Les voy a hablar de tres obras, a modo de recomendación de lecturas navideñas. En primer lugar, El año en que mi madre tuvo los ojos verdes (Tatiana Tîbuleac-2019, Impedimenta). Esta autora moldava, que vive en París y es periodista, debuta en el mundo de la novela con un tema muy femenino, la relación madre-hijo, pero contada desde el lado del hijo, un adolescente medio subnormal y profundamente violento y agresivo, internado en una institución para alumnos difíciles. Les voy a transcribir los dos párrafos con los que arranca la novela:

Aquella mañana en que la odiaba más que nunca, mi madre cumplió treinta y nueve años. Era bajita y gorda, tonta y fea. Era la madre más inútil que haya existido jamás. Yo la miraba desde la ventana mientras ella esperaba junto a la puerta de la escuela como una pordiosera. La habría matado con medio pensamiento. Junto a mí, silenciosos y asustados, desfilaban los padres. Un triste hatajo de perlas falsas y corbatas baratas, venido a recoger a sus hijos defectuosos, escondidos de los ojos de la gente. Al menos ellos se habían tomado la molestia de subir. A mi madre yo le importaba un pimiento, al igual que el hecho de que hubiera conseguido terminar unos estudios.
Dejé que sufriera casi una hora; observé que al principio se mostraba irritada, caminaba arriba y abajo a lo largo de la valla, luego se quedó inmóvil, a punto de echarse a llorar, como alguien con quien se hubiera cometido una injusticia.

Tremendo, pero con un potencial literario ya mostrado en estos párrafos: matar a alguien con medio pensamiento, o caracterizar a los padres como una ristra de perlas falsas y corbatas baratas no son cualquier cosa. Volvamos al libro de Olga Tokarczuk. Como les he dicho, esta obra trasciende el concepto clásico narrativo, para hacer una especie de gran collage, con más de cien fragmentos unidos no por una secuencia espacio-temporal, o temática, sino por unas conexiones más profundas, en sintonía con los temas que le obsesionan a la autora. Hay pequeños relatos que son verdaderas joyas. Les voy a contar uno de ellos, que me parece buenísimo. La cosa transcurre en una isla muy al norte, situada muy cerca del continente, o tal vez en el norte de Escocia, no se especifica.

En la isla hay un pequeño poblado, con un único bar, unido a tierra firme por un ferry. El conductor del ferry es un viejo marinero de origen extranjero (su acento le delata) que cada día cruza el pequeño estrecho, de ida y de vuelta, varias veces. Un trabajo muy aburrido: hacer un tramo muy corto, esperar a que bajen los coches y suban los del otro lado, y desandar el camino. Los pasajeros son siempre los mismos, en un lugar donde no llega el turismo: el médico que va a pasar consulta, los funcionarios del puerto y de las pequeñas oficinas administrativas, algunos dependientes que van a trabajar a la ciudad próxima y regresan luego en el último barco. Cuando termina su trabajo, Eric, que así se llama el tipo, se va a beber al bar. Allí se agarra un buen pedo cada día y empieza a ponerse farruco con los demás, que no se lo toman en cuenta porque le conocen y lo aprecian. Y, cuando está muy borracho, utiliza un lenguaje épico muy anticuado, para gritarles a los demás bebedores cosas que nadie entiende: ¡Daos todos por enrolados! ¡Qué desgracia navegar con una tripulación tan pagana!

La autora hace un largo flash-back y cuenta que Eric no se llama Eric, sino que tiene un nombre impronunciable que le pusieron en su país de origen, un triste país comunista (puede pensarse que Polonia, o similar), del que huyó de forma clandestina y dramática. Recién llegado al norte sin saber una palabra de inglés, se enroló como marinero en un mercante, lo único que sabía hacer. Y resultó que el barco transportaba drogas y fue interceptado. Nadie dio la cara por él, nadie le dijo al juez que no sabía nada. Así que lo condenaron a tres años de cárcel, que cumplió en una prisión cercana. Allí se propuso aprovechar el tiempo infinito de la reclusión para aprender inglés y que no le volvieran a pillar en otra. El problema era que el único libro que había en la prisión era Moby Dick. Y allí fue donde aprendió ese inglés extraño que utiliza al final de sus noches alcohólicas: Eric habla como el capitán Ahab. Hasta que alguien lo lleva a rastras hasta la casita en la que vive solo.

Al salir de prisión, Eric vivió una larga vida de marino, recorrió todos los océanos y conoció todos los puertos, todas las culturas. Podría haber prosperado, pero su carrera se vino abajo por su manía de beber sin moderación y pelearse después con el primero que se le encarara. Se cuenta que llegó a romperse un brazo en una pelea. Por eso ha llegado a deteriorarse tanto como para terminar en ese trabajo infame: un tramito adelante, esperar y otro tramito atrás. Pero volvemos al tiempo presente. Un día, Eric, repentinamente, a mitad de su minúscula travesía, gira noventa grados y enfila el ferry a mar abierto. Se cuenta que nadie se pone nervioso, que todos lo conocen y saben que es buena gente, que no tienen miedo y no les preocupa especialmente llegar tarde a sus citas del día. Termina el cuento cuando el ferry, lejos de sus aguas habituales, es rodeado por helicópteros y remolcadores que le conminan a volver a la ruta correcta. Luego le preguntarán (durante el juicio que dará de nuevo con sus huesos en la cárcel) por qué ha hecho esa locura. Y él no sabe responder. Tal vez podría haber dicho, como Pascual Duarte: señoría, fue un barrunto. Un cuento precioso.

Y un tercer libro: Prestigio (Rachel Cusk, 2018, Libros del Asteroide). Esta atractiva mujer cuya foto pudieron ver en el post anterior, nació en Canadá en 1974, inmediatamente su familia se mudó a Los Ángeles y cuando ella tenía 7 años se vinieron a Inglaterra. Estudió en Oxford y empezó a escribir novelas con 27 años. Después de varios premios y una sólida carrera, se cambió a la autoficción, con un par de libros sobre su maternidad y su divorcio, que fueron grandes éxitos de ventas en todo el mundo anglosajón. Finalmente, ha emprendido una tercera vía, materializada en una trilogía, cuyo tercer volumen es precisamente Prestigio. Esta mujer perpetra otra forma de deconstrucción narrativa, que no tiene nada que ver con la de Tokarczuk. Rachel Cusk también hace una especie de collage narrativo, pero enhebrado en torno a una protagonista (tal vez ella misma), que se va encontrando con gente que le cuenta sus batallitas.

Es también una crítica del mundo actual, en el que las conversaciones entre la gente son más bien monólogos sucesivos. A través de los coñazos que le cuentan sucesivamente sus interlocutores, esta mujer se ríe de todos los pesados que pululan por nuestro mundo, de los lugares comunes, de los prejuicios y de la tontería imperante. Sin embargo, hay algunos interlocutores, mujeres especialmente, que le cuentan historias de más interés, a través de cuyos personajes la autora desarrolla sus preocupaciones: el amor, la muerte, el cuidado de los otros, la maternidad, el abandono, el machismo o las formas de dominar al otro. Es un relato delirante y realmente innovador desde el punto de vista narrativo. No sé si recomendárselo, esto no es para cualquier lector, esto tiene un nivel de abstracción que requiere una cierta aptitud lectora, dicho esto sin ánimo de faltarles. Lo que les aclaro es que ha sido un gran éxito de ventas. Y está traducido de forma exquisita.

Aquí les voy a transcribir también un pequeño fragmento, para que se hagan idea acerca de qué estamos hablando. La protagonista está en un congreso y, a la hora del almuerzo, se pone a la cola del comedor del hotel, en la que hay un atasco moderado, al parecer causado por el sistema de vales que han repartido a los congresistas. En la cola, hay una pesada que le explica el problema de los vales, en los siguientes términos:

El problema, señaló una mujer que estaba a mi lado, era que el valor de los cupones no se correspondía con los precios de la comida, y aun no habían resuelto la manera de dar el cambio. Además, algunos querían comer y beber más que otros, pero a todos nos habían asignado la misma cantidad. Ella, personalmente, comía poco, porque era pequeña y ya tenía cierta edad, pero un hombre con apetito necesitaría el triple. De todos modos, comprendía que habría sido imposible para el hotel ofrecer barra libre a los invitados, dándoles un número infinito de cupones, y también injusto discriminarlos por sus distintas necesidades, porque ¿quién podía decir cuáles eran las necesidades de los demás? ¿Eh? Y llegados a este punto, dijo, mirando con resignación la cola y a los desconcertados camareros que deliberaban largo y tendido, mientras los invitados empezaban a dar signos de impacientarse, se temía que al final no nos dieran nada. Inventamos estos sistemas para garantizar la justicia, dijo, pero las situaciones humanas son tan complicadas que siempre escapan a nuestro control. Mientras libramos la guerra en un frente, en otro se ha desatado el caos, y muchos regímenes han llegado a la conclusión de que el individualismo es la causa de todos los problemas. Si todos fuéramos iguales y tuviéramos el mismo punto de vista, nos resultaría mucho más fácil organizarnos. Y es ahí donde empiezan las complicaciones.

En fin, creo que está claro lo que les decía. Esta mujer tiene una ironía muy british y hace una prosa realmente sorprendente. Ahora, es cosa de ustedes comprarse este libro o no. A mí me ha parecido lo mejor que he leído en el año que termina. Sean buenos.

lunes, 23 de diciembre de 2019

895. Feliz Navidad para todos

En fechas tan señaladas… bueno, dejémonos de coñas, esto de la Navidad es un peñazo, para qué nos vamos a engañar, pero hay que pasarlo y, sin ninguna duda, se lleva mejor con un poquito de rock and roll. Chuck Berry lo entendió hace mucho, nada menos que en 1958. En las navidades de ese año, Chuck felicitó las pascuas a sus seguidores con una canción que tituló Run Run Rudolph. Corre, corre Rodolfo. La letra es tan aguda y cómica como todas las suyas: Rudolph es el reno más listo de la manada y por eso lo eligen para que lleve a Santa (Claus) a la ciudad. Y todos le meten prisa. Corre, corre Rudolph, que Santa tiene que llegar abajo enseguida. Tiene que bajar de la montaña y salir autopista abajo a toda pastilla. Porque hay un chico que le ha dicho: todo lo que quiero por Navidad es una guitarra eléctrica de Rock and Roll. Escúchenla de aperitivo, es muy cortita y les puede servir para practicar inglés si intentan entender la letra.


Estamos, pues, como cada año, en ese momento en que se acaba el mundo durante unos días. Pero, antes de que se acabe el mundo, hay que celebrar el cambio de año (y, esta vez, también de década) por todo lo alto. Prácticamente desde que cerramos el puente de la Constitución y la Inmaculada, que en Madrid incluyó el lunes día 9, no he parado de participar en celebraciones y despedidas de año, casi todas centradas en eventos gastronómico-alcohólico-festivos, así que ya debo de tener los triglicéridos por las nubes, con lo que me estaba cuidando yo. El día 10 empezó la serie con los vinos después de la sesión de cierre de curso de Billar de Letras, una reunión brillante e inspiradora, en torno al libro Prestigio, de la novelista británica nacida en Canadá Rachel Cusk, un auténtico portento, posiblemente el libro más innovador e inquietante de todos los que hemos analizado en el año, del que les hablaré en un post próximo que estoy preparando sobre la literatura femenina. De momento quédense con la imagen de esta señora.


El jueves 12 tuve una mañana llena de citas. A las 8.30, encuentro informativo interno de la Dirección General para repasar la marcha de los trabajos en curso. A las 9.15, reunión con el equipo de producción para empezar a preparar el Meet Up de Reiventing Cities 2, que habrá que organizar a final de febrero y es un sarao que no se prepara en dos días. A las 11.15, tenía un desayuno con el grupo de compañeros jubilados con el que me reúno más o menos una vez por semana en un bar de la zona, grupo al que recientemente se ha incorporado mi amiga del alma África, mi soul sister a la que echo de menos todos los días en la ofi. En suma: otra reunión de cierre de año y otro aporte calórico inhabitual. A las 13.00, acompañé a mi jefa y a Kordineitor a presentar los trabajos que preparamos para los próximos años ante el Foro de Empresas por Madrid, en un acto que tuvo lugar en Cibeles. Por último, a las 15.00 tenía una comida en el Jai Alai, con mi amigo X y la querida cúpula de la extinta Oficina Municipal del Plan, con quienes me sigo viendo desde que se cerró en 1997, hace ya más de 20 años.

A pesar de una mañana tan nutrida de eventos, tras una breve siesta, me concentré en cumplir con ustedes y escribir un post llamado Recovering Myself VII, que no me dio tiempo a terminar en plazo, por lo que ya tuve que colgarlo el viernes 13 de madrugada. El citado viernes 13, los compañeros de la Dirección General nos fuimos a cenar a Lavapiés, una iniciativa que no habíamos hecho nunca desde que se creó la Dirección, pero que logró un éxito notable (nos reunimos 19 personas), indicativo de que cada vez somos un grupo más cohesionado y no sólo en torno al trabajo. Después de esta cena de empresa, decidimos irnos a bailar y, tras ver que la cola para entrar en Medias Puri en Tirso de Molina era de unas dos horas, acabamos en el Sunset, un antro de la calle Huertas donde se pincha música de los 70 (Bee Gees, Gloria Gaynor y similares), cuyos vídeos se proyectan en una pantalla grande para que el personal se inspire a la hora de imitar a Travolta y otros. No me resisto a subir una foto en el restaurante, cuando todavía no estábamos muy borrachos. Me rodean en la imagen tres compañeras, ejemplo del canon de juventud, belleza y alegría que distingue a nuestra Dirección General.


Nos acostamos como a las 3 de la mañana, pero el sábado 14 seguía el lío: a las 12 del mediodía tenía que estar en el Medialab, que ese día celebraba el cierre de curso en medio de la incertidumbre de saber si el nuevo Gobierno municipal les permitirá mantener la línea de estos últimos años o no. La celebración se titulaba genéricamente Un año en un día y daba un repaso a todas las actividades desarrolladas en el lugar a lo largo de 2018. Aprovechamos la ocasión para reunirnos los del grupo de Madrid Escucha que habíamos trabajado en la creación de un prototipo de parking de residentes en altura, como se contó puntualmente en el blog. Para presentar el proyecto contábamos sólo con 5 minutos, dentro del acto global, que duraba mañana y tarde. Nos fuimos a las 14.00 para tomar algo juntos, en un bar cercano a donde yo les llevé, confiado en que les gustarían las empanadas artesanales de estilo argentino que despachan en el lugar. Aquí una foto del grupo, en donde pueden ver a mi amigo César Fernández, el de Arriba las Ramas. El resto son mujeres y guapas, para variar: las mujeres y los jóvenes dominan el mundo y yo estoy con ellos a muerte.


En fin, no les voy a cansar con el detalle de lo que he hecho en la última semana lectiva. Sólo les diré que en la oficina estamos tan eufóricos de que no nos hayan disuelto, como anunciaban los primeros rumores después del batacazo electoral, que, no contentos con organizar una cena de empresa, tuvimos además una copa de Navidad en el trabajo el miércoles a mediodía y un desayuno con roscón y chocolate el viernes a primera hora. Además de eso el lunes por la tarde tuve una call con Londres, en concreto con mi amiga Melina, del GRI Club, para empezar a definir mi participación en el congreso que el grupo hará en abril. Tras la call me fui de vinos con mi amigo suizo Werner, en una noche que empezamos en La Venencia y acabamos en un antro de gin-tonics de garrafón adonde me llevó mi colega, rememorando los tiempos heroicos. Y la tarde del martes y la mañana del miércoles las dedicamos enteras mi jefa, mi compañera M. y yo a otra interminable doble jornada de EUROPAN en la que se proclamaron los proyectos ganadores de todas las ciudades españolas, elegidos en Innsbruck, se lanzó el siguiente EUROPAN, que es bienal, y tuvimos una primera reunión con los ganadores de la parcela de Madrid, que son un equipo de Barcelona.

Como saben, toda esa actividad, no me ha impedido publicar dos posts sobre tema climático, el segundo de ellos escrito el viernes por la tarde, lo que aún me dejó tiempo de ver en la tele el partido Dépor-Tenerife, finalizado con la primera victoria de mi equipo desde el mes de agosto, récord negativo de todas las ligas europeas este año. Al mediodía de ese viernes me había despedido de los compañeros hasta mi vuelta el 8 de enero. Por la tarde llegó mi hijo Kike, en un vuelo desde Bucarest a donde lo había mandado su compañía parisina, y el sábado vino también mi otro hijo Lucas directamente desde Lille. En estos días de vacaciones que tengo, mi plan es descansar, disfrutar de mis hijos, procurar beber menos, entrenar un poco, cuidar el blog, terminar la lectura de Los Errantes, de Olga Tokarczuk, que me tiene fascinado, y pasar como pueda las celebraciones familiares ineludibles.

Les recuerdo que, como una pequeña llama de esperanza, los días han empezado a crecer ya desde este sábado. En realidad, las tardes empiezan a estirar desde el 13 de diciembre, Santa Lucía, pero ese aumento no compensa lo que se pierde por las mañanas, hasta que llega el día del solsticio, en el que la relación se invierte, como ya les he explicado otros años. Este desfase, debido a la inclinación del eje de la tierra sobre el plano de la eclíptica, tiene un reflejo antiguo en el refranero gallego: Santa Lucía, mengua a noite e crece o día. Estas cosas se entienden muy bien estudiando la astronomía clásica, anterior a Ptolomeo, que consideraba la Tierra como centro de un universo plano y pensaba que era el sol el que se movía alrededor. Yo tuve un profesor de Matemáticas (don Gumersindo) que me dio algunas clases al respecto (eran voluntarias, no formaban parte del programa lectivo) que me fueron muy útiles a la hora de estudiar la mejor orientación de los edificios para aprovechar la energía solar.

Hemos empezado este post con rock y vamos a terminarlo con otro tema navideño 40 años posterior. Mi adorada Sheryl Crow demuestra aquí su vena más soul, acompañada a la guitarra por su amigo el gran Eric Clapton. Ambos se han peinado, arreglado y vestido de gala para la ocasión, lo que, en el caso de Clapton, se traduce en lucir una corbata que parece fabricada con los restos de una de esas cortinas opacas que ponen en los hoteles por encima de los visillos para que la luz matinal no moleste a los durmientes rezagados. Teniendo en cuenta que Clapton nació en 1945, bien pudiera ser ese niño que le pidió a Santa Claus una guitarra eléctrica de rock and roll en el tema de Chuck Berry. Pocos contemporáneos suyos le habrán sacado tanto partido a su juguete como este hombre, de carrera eterna. La grabación es de las navidades de 1998. Con 21 años menos, Sheryl estaba tan guapa como mis compañeras de las fotos de arriba. La juventud es lo que tiene. Pongan la pantalla completa y disfruten de la música. Me uno a su mensaje: Merry Christmas, babies (and dear followers).


viernes, 20 de diciembre de 2019

894. Más sobre el clima y la reforestación

Héteme aquí disfrutando de la continuidad de este tiempo gallego que tanto me gusta. Por estos pagos, los manchegos y similares se quejan todo el rato de la lluvia (como si esto fuera el diluvio) y también del viento. ¡Joder! Me gustaría a mí verlos por el paseo marítimo de La Coruña, en esas tardes en que el mar sube la arena de la playa a la vía de circunvalación con olas de cinco metros y, cuando se retira, se ha llevado toda la barandilla y media playa. Mi padre era un gran caminante urbano y gustaba darse un largo paseo matutino después de desayunar y antes de abrir su consulta médica. En los últimos años solía irse hasta la punta del espigón, lo que motivó que más de una vez lo trajera a casa la Guardia Civil, porque lo habían pillado en medio de una situación climatológica ciertamente peligrosa. Yo que no soy tan valiente, he de decir sin embargo que no uso jamás paraguas, que me basta con la capucha de mi chamarra de Desigual con la que me paseo por todos los barrios de Madrid. Vean aquí lo guapo que estaba ayer saliendo de la estación de Atocha.



O sea, que esto del clima condiciona nuestras vidas a todos los niveles. Mi último post ha causado sensaciones encontradas. Por un lado, algunos empezaron a leer, vieron que defendía a muerte a Greta Thunberg y se relamieron de placer esperando un alegato incondicional a favor de las teorías dominantes sobre la emergencia climática, los relatos de terror sobre lo que nos espera, etc., para encontrarse luego en el texto con algunos argumentos a favor de atribuir el calentamiento de la Tierra a otros factores. Bien, siento decepcionar a la gente, pero yo no soy ningún fanático. Lo que intento es estimular el acercamiento científico a los temas. Si alguien aborda un asunto informándose debidamente y no dejándose llevar por impresiones superficiales y apresuradas, posiblemente llegue a conclusiones interesantes, sobre las que formarse una opinión. Luego, uno puede tener una opinión o la contraria, yo no estoy en posesión de la verdad (si lo estuviera, sería el Papa) y lo que quiero es generar debate.

En segundo lugar, a algunos les ha sorprendido la virulencia del arranque del post, por la que no puedo menos que pedir públicamente disculpas. Retiro mi maldición y desde luego que no quiero que nadie tenga un hijo con Asperger, es algo que no le desearía ni a mi peor enemigo. Ese exabrupto tiene un origen y quiero explicárselo. En los días de la Cumbre del Clima, yo seguí comiendo en el restaurante casero al que voy con más frecuencia, hasta el punto que ya son amigos míos. Es un lugar donde come y bebe un público de oficinistas y currantes del entorno y no se vio especialmente concurrido con motivo de la Conferencia, porque, como ya les he contado, los de la Zona Azul disfrutaban del menú de Can Roca, y los de la Zona Verde eran más bien activistas, veganos y similares, y este personal suele llevar tupers con crudités, en vez de comerse un buen cocido, como el que preparan en el bar, entre otros platos riquísimos.

En ese contexto, llegué yo un día al lugar, vi una mesa libre y me dispuse a sentarme. Entonces vino una de las chicas que sirven y me dijo muy seria: –No, no, no, que esta mesa está reservada. –¿Y eso? –Es que la tenemos reservada para la Greta. En ese momento todo el mundo estalló en carcajadas. Era la broma que estaban gastando a los clientes que llegaban despistados, una especie de inocentada. Me parece bien, estos del restaurante son unos tíos cojonudos y yo los sigo queriendo. Lo que pasa es que continuaron con la coña, siguió entrando gente a la que le daban el mismo chasco y cada vez la clientela estaba más pedo y más lanzada, con lo que empezaron a menudear los insultos a Greta a voz en grito, por parte de una serie de energúmenos, que parecían retarse entre ellos a ver quién decía la barbaridad más grande, que se iban envalentonando cada vez más y que saludaban las sucesivas invectivas dándose golpes con la mano abierta en el muslo, para no mearse de la risa.

En definitiva, tipos con un nivel cultural, moral y personal ínfimo dedicándose a insultar a una niña que pesa apenas 35 kilos y que está luchando también por ellos, esté o no equivocada. Los insultos eran además soeces, machistas, ventajistas y crueles, con una persona que ni siquiera estaba presente. La típica chulería barata y alcohólica de unos sujetos que no suelen ser tan valientes cuando se trata de enfrentarse a la cara con enemigos de su talla. Total que casi me sienta mal el cocido, me fui a casa cabreado y, cuando me puse a escribir, me salió del alma el párrafo de marras, inhabitual en mí, que no suelo atacar de manera tan directa. Lo que vino detrás eran una serie de historias y apreciaciones sobre el cambio climático que ya he desarrollado en otros textos del blog. Escribí un texto muy largo, que tuve que recortar para que entrara en el formato, así que hoy estoy elaborando otro con los flecos pendientes. Es decir, que les estoy calzando un post de recuelo, por lo que les pido también disculpas.

Por ejemplo, les dije que el calor medieval (superior al que tenemos ahora mismo, por eso estaba verde Groenlandia), trajo un bienestar generalizado en Europa, floreció la agricultura y la ganadería, aparecieron las ciudades-estado italianas y las hansas del norte, interesantes ejemplos ambos de organización predemocrática, y todo esto se relaciona también con la aparición del Renacimiento. Bien, pues cuando llegó la peste en sus diferentes versiones, todo eso se fue a la mierda. La gente se moría, había mucho miedo, las cosechas se perdían, todo salía mal. ¿Y cuál fue la reacción de la sociedad a este desastre global? Pues una muy propia de una colectividad bárbara e inculta como era aquella: echarle la culpa a las mujeres, en especial, a las que se salían un poco del papel pasivo y maternal que se les asignaba. Ese es el origen de la Inquisición y la quema de brujas en hogueras por toda Europa. Bastaba una denuncia anónima de alguien que te tuviera manía, para que te achicharraran vivo en la plaza del pueblo. A ver. No estoy diciendo que toda la historia de la Humanidad esté condicionada y determinada por el clima. Fenómenos como el Renacimiento o la Inquisición son el resultado de una suma compleja de factores. Lo que digo es que el ambiente más o menos cálido o gélido fue uno más de esos factores y no el menos decisivo. 

Otro tema a matizar. En mi texto afirmo con rotundidad que la Tierra es indestructible. Debería decir indestructible por el hombre. Pero si llega un asteroide de tamaño suficiente, claro que se la puede cargar. Es como cuando antes se vendían relojes y otros objetos con la vitola de irrompibles. Les aseguro que, si usted coge un reloj irrompible, lo pone en el suelo y lo taconea repetidamente con saña, se queda hecho una lástima. Pero aun en el caso del asteroide gigante potencial, podríamos defendernos. Porque los sistemas de observación y modelización espacial nos permitirían predecir su trayectoria. Y podríamos enviar a Bruce Willis en una nave kamikaze cargada de bombas nucleares, a que se estrellara contra la amenazadora roca. Y, en caso de que fallara, aun nos quedaría Sylvester Stallone. ¿Cómo? ¿Que no han visto la película? Ese es problema de ustedes, no mío. Sabemos que la Tierra se defiende del ser humano con distintas estrategias. Y aquí les traigo un par de imágenes. Un derrumbe de barro en Brasil que inutiliza completamente una carretera y la imagen desde el aire de la última erupción del Stromboli, en medio del Mar Tirreno.



Vamos con el tema de la reforestación de la Tierra, como forma de atacar el problema climático desde el otro lado, como proponen los de Arriba las Ramas, a la vista de que el cambio de conductas de la gente, si acaso llega a producirse, no empezará a producir efectos visibles en el planeta hasta medio plazo. Esto no es algo nuevo. Y esta tendencia tiene una figura emblemática. Se llama Wangari Maathai, una portentosa mujer keniana que fue nada menos que la primera mujer africana distinguida con el Premio Nobel de la Paz (2004). Hablo de ella en pasado porque falleció en 2011 a los 70 años. Antes de ese galardón, había sido también la primera mujer de África del Este en obtener un doctorado (en la universidad de Atchinson-Kansas), y también la primera profesora de Anatomía Veterinaria y luego la primera Decana de la Universidad de Nairobi. En 1976 fundó el Movimiento Cinturón Verde, Green Belt Movement, que sigue funcionando y que ha plantado en África nada menos que 14 millones de árboles desde entonces. Es un movimiento dirigido y gestionado por mujeres, aunque no desdeñan la ayuda masculina. El lema con el que arrancaron es no podemos quedarnos sentadas a ver cómo nuestros hijos se mueren de hambre. Por esa formidable iniciativa le dieron el Nobel. Luego se dedicó a la política, fue elegida miembro del Parlamento de Nairobi y hasta llegó a presentarse a presidenta, al frente de una coalición verde, logro que no llegó a conseguir porque se murió. 


Hermosa imagen la de esta mujer extraordinaria, un icono del movimiento por la plantación masiva de arbolado. En Madrid, otra mujer muy guapa, Begoña Villacís, encabeza el proyecto que se ha dado en denominar El Bosque Metropolitano, que bebe de esta tendencia. Su grupo, Ciudadanos, ha aprendido que, si no quiere desaparecer, tiene que diferenciar su discurso del recetario rancio y pedorro del PP. Ojo con el grupo que encabeza esta señora, que esta misma mañana ha votado en el Pleno con la izquierda, a favor de mantener Madrid Central sin variaciones en su régimen de accesos, para cabreo supino de Borja Carburante y sus colegas, que querían abrir el acceso a los vehículos con distintivo C. El Bosque Metropolitano es uno de los proyectos en los que se ha involucrado la Dirección General a la que pertenezco y también una de las razones de que yo haya decidido seguir en el curre un año más. 

Ya les hablaré más en detalle de este tema. Por hoy basta con que les dé unas informaciones más. A nivel mundial, el porcentaje de habitantes que viven en ciudades es ahora mismo del 55%, dato que supongo conocen (se dice también que en 2050 esa proporción será de 2/3). Pero lo que tal vez ignoren es que en la vieja Europa, el porcentaje de población urbana es ya del 74% y en España sube hasta el 79%. Datos de 2019 del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU. Así que hay que renaturalizar las ciudades e introducir el factor verde en el medio urbano. Para evitar que se generalicen algunas patologías de la población urbana, que ya empiezan a aparecer y no me refiero sólo a las respiratorias. La población humana nació en un entorno natural y la adaptación al medio urbano conlleva algunas disfunciones, como la llamada solastalgia, el trastorno de déficit de naturaleza, e incluso la llamada ecoansiedad, forma de depresión derivada del bombardeo que sufrimos de noticias catastrofistas relacionadas con el clima. Como más de uno ya estará pensando que les estoy tomando el pelo, pueden leer algo al respecto pinchando AQUÍ.

Frente a eso, existen técnicas contrastadas, como la japonesa shinrin-yoku (baño de bosque), que es lo que se pueden imaginar: sumergirse en la naturaleza, no tener prisa y hacer una especie de yoga verde. En Madrid hay centros de shinrin-yoku, técnica sobre la que pueden leer ACÁ, por cierto, un enlace sacado de la página del Marca. El shinrin-yoku se puede combinar con el hygge danés, otra receta de la felicidad, sobre la que pueden informarse ACULLÁ. Todas estas cosas las averigüé yo en una jornada de happytología en la que participé como ponente hace como año y medio y que tuvo su correspondiente reseña en el blog, pero no se preocupen: es normal que se les haya olvidado.

Bueno, la de cosas que aprenden ustedes en este blog. Me queda contarles los otros cánticos que proferían los activistas chilenos, además del relativo a los pacos culiaos. El más repetido y generalizado era Piñera, devuélvenos los ojos, grito que hace referencia a los más de 300 tuertos causados por los perdigones que disparan los pacos. Los chilenos que marchaban por la Castellana el 6 de diciembre habían viajado miles de kilómetros, pero estaban felices de poder manifestarse y tocar sus zampoñas y charangos sin que nadie les disparase. Y otro canto, a ritmo de habanera:

                                                         Piiiñeeeeeeera
                                                         La concha’e tu madre
                                                         Asesiiiiino
                                                         Igual que Pinochet (tararán tan-tan)

En fin, ya saben que me he definido últimamente como ecologista, feminista, errejonudo y colaborativo. Estuve tentado hasta de cambiar mi perfil de blogger, pero no lo he hecho porque uno nunca sabe si estas cosas son pasajeras. Después de estos dos posts, creo que mi primera caracterización ha quedado clara y meridiana. Ya iremos con las otras tres. En los albores de una nueva década, creo que está claro que las generaciones emergentes vienen con dos revoluciones bajo el brazo, la climática y la feminista, que son ya imparables. Y yo estoy encantado con ambas. Un tipo que se pasea por ahí con una chamarra de Desigual como la que yo llevo, tiene que estar siempre en la onda. Terminaré con un lema. Está sacado de un texto de Eduardo Galeano. La frase es tan potente, que el colectivo artístico Boa Mistura decoró con ella una pared de Lavapiés. Se la dejo de despedida. Pórtense bien. Aún tengo margen de un último post para felicitarles las pascuas.






martes, 17 de diciembre de 2019

893. Climática

Digamos que es un palabro que me acabo de inventar, que significa filípica, pero relacionada con el clima. O sea que le voy a regañar a más de uno y, al que le pique, evidenciará que ajos come. Así que, para dejar claras las cosas voy a empezar por lanzar tres hurras por Greta Thunberg, como estos: ¡¡¡HIP-HIP-HIP!!! ¡¡¡HURRA!!!  ¡¡¡HIP-HIP-HIP!!! ¡¡¡HURRA!!! ¡¡¡HIP-HIP-HIP!!! ¡¡¡HURRA!!! Y a todos los que estos días han hecho chistes groseros, han escrito o leído burdas mentiras (y se las han creído), o han delirado a cuenta de lo que se ha gastado en gasoil en su travesía en velero por el Atlántico, les deseo con todas mis fuerzas que el próximo hijo, sobrino o nieto que nazca en su familia venga con síndrome de Asperger. Ahí queda dicho. Después hablaremos de Greta, porque primero vamos a volver a contar (¡otra vez!) en qué consiste esto del cambio climático. Porque se empieza por negar el calentamiento global y se acaba votando a Vox. O viceversa.

Vamos a ver. Que el clima está cambiando lo sabe todo el mundo. Hace mucho más calor ahora que hace 20 o 30 años. Eso es algo que no hace falta explicar más. Los llamados negacionistas, como Trump, lo que dicen es que ese calentamiento no se debe a la acción humana, sino que es consecuencia de un fenómeno pendular que cada tanto calienta o enfría el planeta alternativamente. Es una explicación a considerar. Después de las últimas grandes glaciaciones hay testimonios de que se produjeron enfriamientos y calentamientos sucesivos, de forma cíclica, y es muy posible que ahora estemos iniciando uno de esos períodos de recalentamiento. Pero lo que no sirve de nada es negarlo. Es como si el pollo de la foto de abajo proclama a voces que él no tiene un flemón de caballo. Aunque, tal como tiene la boca, es posible que no se entendiese nada de lo que dijera.


Volvamos a la historia. Recientemente se ha publicado un trabajo de investigación que ha revelado que, ya antes del pepinazo del asteroide sobre el Yucatán, se produjo una sobrecarga de CO2 en la atmósfera, probablemente debida a una actividad volcánica desacostumbrada. El CO2 no es un gas tóxico para el ser humano (dicho esto con la debida cautela). Hace falta una concentración muy alta para matar a una persona. Si usted se mete en un garaje, enciende el motor de su coche y sella todas las rendijas, se acabará muriendo pero, en cuanto haya algún escape para el gas, lo va a tener usted muy difícil para suicidarse. Y, en tal caso, la muerte se produce por asfixia, es decir, por falta de oxígeno, no porque el CO2 sea venenoso. Ustedes, como yo, están hartos de respirar CO2 por la calle o, por ejemplo, cuando entran en un garaje del que acaba de salir un vehículo. Y no pasa nada. El problema de los coches en la ciudad son los demás contaminantes que emiten los motores, el CO y, especialmente, el NO2 y las partículas en suspensión, como ya expliqué en su día en el  Post #660, que pueden repasar si quieren un mayor grado de detalle en lo que les estoy tratando de explicar.

El CO2 se extiende por la atmósfera libremente, por erupciones volcánicas, industrias o cualquier otra fuente y, poco a poco, lo van absorbiendo las plantas y los árboles, que lo necesitan para hacer su fotosíntesis. El problema es que, si en la atmósfera hay más CO2 del que pueden procesar las plantas del planeta, el excedente se va a los océanos y eso genera una acidificación muy perniciosa para los diferentes animales marinos. Y, por supuesto, para los amantes como yo del marisco. Si seguimos largando cada vez más CO2 a la atmósfera, nos vamos a quedar sin calamares, ni gambas ni percebes. Los bivalvos son más resistentes y lo que hacen es incrementar el grosor de su concha. Eso es lo que han constatado los investigadores de los que les he hablado al principio: que en los restos de almejas y similares datados antes del pepinazo, ya se evidencia un grosor anormal, que delata una acidificación del agua del mar, producida por un exceso de CO2 en la atmósfera, obviamente generado por causas ajenas al hombre.

Sin necesidad de irse tan atrás, hay huellas ciertas de ese fenómeno cíclico calentamiento-enfriamiento, bastante cercanas. Es lo que se conoce como el Óptimo Climático Medieval (700-1350) y su continuación, la Pequeña Edad del Hielo (1350-1850). El primero de ellos produjo unas temperaturas muy agradables en toda Europa y América del Norte, lo que puede relacionarse con el auge de la agricultura y la ganadería y una cierta prosperidad de los humanos. De esa época es la llegada de los vikingos a una tierra que bautizaron como Groenlandia (tierra verde) porque estaba de ese color y no blanca como se puso después. Si sigue el calentamiento actual, tal vez Groenlandia recupere un color acorde con su nombre.

Ese calor está también relacionado con el surgimiento de las ciudades-estado en Italia, o las de la Liga Hanseática en el norte de Europa, así como el inicio del Renacimiento. Pero todo este florecimiento propiciado por el clima benigno se acaba cuando llegan las ratas (atraídas por el calor) y difunden la peste. La población se ve diezmada, se abandonan los cultivos y se producen incendios y tal vez también erupciones volcánicas. Ese conjunto de desgracias alumbra la Pequeña Edad del Hielo, que se extiende hasta mediados del siglo XIX. Y las temperaturas no empiezan a templarse de verdad hasta bien entrado el Siglo XX. Hace dos días. Algunos investigadores dicen ahora que no está acreditado que eso sucediera también en el hemisferio sur (pueden leerlo AQUÍ). Pero a mí eso me la bufa, yo creo que fue un fenómeno global. Y, por cierto, la mejor información sobre este asunto tan poco conocido la pueden encontrar, cómo no, en mi blog, más en concreto en el Post #270. Hace cinco años y medio ya le explicaba yo esto a mis lectores. ¡A ver qué se han creído!

Así que no es ninguna tontería pensar que estamos en medio de un fenómeno de este tipo. Lo que pasa es que ahora tenemos unos instrumentos de medición muy precisos, que nos permiten elaborar series históricas. Y los datos de estas series evidencian una subida continua del CO2 en la atmósfera, resultado de la proliferación de industrias, los pedos de las vacas y la deforestación galopante, y otra serie correlativa: la que demuestra que el ph de los océanos se está acidificando al mismo ritmo. Sinceramente, yo creo que el cambio climático que estamos sufriendo, es el resultado de ambos factores: calentamiento cíclico y actividad humana. Y comprendo que se hagan campañas de concienciación entre la gente, para ver si nos volvemos un poco más cuidadosos en nuestros hábitos y logramos suavizar las consecuencias de este calentamiento que nos aflige. No sólo utilizando menos el coche, sino usando menos envoltorios de plástico de usar y tirar, por ejemplo. O gastando menos agua. O comiendo menos carne.

Otra gilipollez que se dice por ahí es eso de que el ser humano se está cargando el planeta. El planeta Tierra es indestructible y tiene buena salud. Lo que pasa es que, si se le agrede, se defiende y monta huracanes, terremotos y similares. Lo que sí es posible es que esos estornudos y toses de la Tierra comprometan seriamente el futuro de la Humanidad, o al menos el de algunas zonas, como las afectadas por las sequías, por ejemplo. Pero yo creo que el hombre se adaptará a lo que venga, como ha hecho ya en otras ocasiones similares. He asistido a un par de charlas en el entorno de la Cumbre del Clima COP25, que se celebraba al lado de mi curre. Sólo tenía que cruzar la calle. Me interesó especialmente una que daba mi amigo César Fernández, miembro de la ONG Arriba las Ramas, que se dedican a plantar árboles por todas partes. Por supuesto, no desdeñan todas las campañas y medidas que se están organizando para que se contamine menos, pero dicen que la sociedad occidental es muy reacia a cambiar de hábitos y que, para cuando se empiecen a notar esas medidas, ya será demasiado tarde. Por eso proponen plantar muchos árboles, bosques enteros, para que haya más sumideros para ese CO2 que vamos a seguir produciendo. En suma, es atacar el problema desde el otro lado. Una idea estupenda.

Y vamos con Greta. Estuve, cómo no, en la manifestación por el clima que se celebró en Madrid el día 6 de diciembre por la tarde. Pasé un buen rato en la zona de los activistas chilenos que gritaban repetidamente –El que no salte es paco, proclama colectiva a la que ponía contrapunto sonoro a contrarritmo y en falsete, un tipo con poncho que añadía: CULIAO En algún momento me pareció que iban demasiado despacio, así que me salí por un lateral y caminé más vivo. Superé la cabecera de la mani y pillé un sitio preferente frente al escenario en el que unos mimos ejecutaban una performance bastante sosa. En el móvil acababa de leer que Greta Thunberg abandonaba la manifestación por motivos de seguridad. Pero yo sabía que iba a hacer lo mismo que yo: adelantar por fuera para decir algo desde el escenario. Alguien tan cabezota como ella no iba a abandonar por tan poco. No me defraudó: apareció puntual y pronunció un breve parlamento, apenas a diez metros de mí.

Es una niña muy menudita, no sé cuanto pesará, le calculo unos 35 kilos. Hace ademanes de persona mayor y tiene una voz sorprendentemente potente y nítida. Habla muy bien. Con la pinta que tiene podría esperarse que tuviera una voz de ratita presumida: por ejemplo, Rosa Montero tiene una voz ratonil, coherente con su cara. Greta no. Es una oradora potente y convincente metida en un cuerpo de niña enclenque. Greta es una Asperger de libro y, antes de meterse con ella y hacerle burlas soeces, deberían saber sus críticos lo que es el síndrome de Asperger: una alteración de la personalidad, del espectro del autismo, que se tiene de nacimiento y, atención, de causa desconocida. No se sabe nada de su origen, a pesar de que fue descrito con precisión por el tal Asperger, un médico austriaco. Los que lo sufren, pueden ser listos o tontos, buenas o malas personas, que eso no tiene nada que ver. Y pueden padecer un mayor o menor grado del síndrome.

Los asperger carecen de habilidades sociales. No saben lo que es el miedo, carecen de sentido del humor y de sentido del ridículo, son obstinados, de pensamiento inflexible, no dan nunca un tema por perdido y suelen focalizarse en alguna disciplina o materia de forma obsesiva y excluyente. Los más graves lo pasan mal en el colegio, es frecuente que no soporten que nadie les toque. Algunos articulistas sostienen que Lionel Messi sufre una versión suave del Asperger, lo que explicaría su forma ensimismada de regatear a todos los contrarios que tratan de cerrarle el paso y la seriedad y parquedad de sus celebraciones cuando marca gol. También escribí un post al respecto, pero ya no quiero ponerles más deberes. Por suerte o por desgracia, he conocido de cerca niños con Asperger, hijos de algún conocido y les juro que es un problemón. Y, por lo que yo sé, Greta se está comportando como un Asperger prototípico. 

Si quieren saber algo sobre este tipo de personalidades, les recomiendo que vean la excelente serie de trama policial Bron (El puente). Es una serie sueco-danesa, en torno a una sucesión de crímenes que suceden entre ambos países. La policía que dirige las pesquisas desde el lado sueco se llama Saga Norén, es una Asperger de libro también y uno de los personajes más fascinantes del mundo de las series de TV. Un personaje implacable, capaz de resolver los casos más difíciles, porque es muy lista. Yo creo que Greta también lo es, a pesar de su juventud. Si no sufriera el síndrome de Asperger, me preocuparía su futuro y su capacidad de gestionar la fama súbita que se le ha venido encima. Con su forma de ser, no hay por qué temer que la situación se la coma. Estas personas son inasequibles al desaliento. Les dejo la grabación del breve speech que dio en la cumbre del clima (por cierto, fallida). Aquí pueden ver qué buena oradora es. Para la gente joven es una referencia. Y también para mí, que ya saben que me entiendo mucho mejor con las mujeres y los jóvenes, que con los viejos y los machos que hablan de fútbol en los bares. Sean buenos. Y, al que no le guste mi blog, que deje de entrar.   

viernes, 13 de diciembre de 2019

892. Recovering myself VII

Retomo el título de una serie que terminé con la sexta entrega hace más de un año, a punto de salir de viaje para Chicago para participar en el workshop presencial de 2018 de la red LUP (Land Use Planning), una de las sub-redes de la organización C40, que dirige mi amigo Flavio Coppola, a quien conocí en San Francisco, durante mi periplo más bloguero, y volví a ver en ese viaje a Chicago que se anunciaba en el post citado. Quiero resumirles hoy lo que ha sido mi trayectoria laboral desde entonces, cómo ha evolucionado el asunto Reinventing Cities y cómo todo ello ha incidido en mi decisión de liarme la manta a la cabeza y seguir en el trabajo hasta que se me permita, es decir, hasta febrero de 2021. El título me viene muy bien, porque es una referencia camuflada a Reinventing, programa del que acabamos de lanzar la segunda edición y al que no quiero citar en el título. Si citas un tema en el título, inmediatamente aparece en los buscadores de Google. Y ahora mismo no me interesa que los que buscan información técnica sobre Reinventing-2 entren en este foro, en donde yo cuento algunas cosas que quizá no debería contar, pero ya saben que tengo un punto de imprudencia, al amparo del escaso volumen de lectores que me siguen (según el contador, entre 30 y 40 fieles seguidores). Digamos que lo mío es una imprudencia prudente.

En Chicago me lo pasé muy bien, aunque en el workshop del año anterior en Portland hice más amigos. En Chicago renové mi amistad con Flavio y con Shannon Ryan, a los que ya conocía, confraternicé bastante con Horacio-que-no-se-llama-Horacio, mi colega de Barcelona, y también me resultaron atractivos Giselle, de Curitiba, Marcelo, de Sao Paulo y el gran Eric, un negro gay gigantesco y expansivo, que venía en representación de Washington DC y que nos atronaba con sus risotadas contagiosas. Por cierto que a Eric lo despidieron fulminantemente del Ayuntamiento a la vuelta del workshop. Entonces decidió cogerse un tiempo sabático y se fue a la costa brasileña, desde donde nos mandaba fotos en tumbonas de playa sujetando caipirinhas, ironizaba sobre su situación de parado y se ofrecía como canguro eventual por un módico sueldo para cualquiera del grupo que lo necesitara. Un crack, el gran Eric.

Casi sin tiempo de recuperarme, viajé a Chile tres semanas con mi panda de Ciudad Real y afronté el último tramo de 2018 en el que los finalistas de Reinventing-1 empezaban a desarrollar los anteproyectos que debían presentar a la segunda fase del concurso. El plazo que tenían terminaba el 15 de marzo, ya en este año. Antes de eso, fui a París y Lille a ver a mis hijos y dar un par de charlas en dos de sus universidades respectivas. En abril reunimos al jurado para elegir los ganadores de cada una de las parcelas del concurso. Y, en la semana previa a las elecciones locales, mi jefa, mi compañera M. y yo viajamos a Oslo para la proclamación de los vencedores de todas las ciudades implicadas. Allí lo pasamos también genial y descubrimos que solamente cinco ciudades habían completado el proceso en plazo y Madrid era una de ellas.

A continuación vino la debacle electoral de la señora Carmena, que me hizo dudar muy seriamente si era ya el momento de marcharme a mi casa. Pero mi jefa me pidió seguir un poco, después llegó el nuevo equipo con mi amigo Kordineitor al frente del staff técnico y, entre todos me han convencido de seguir. Entre los factores clave que me han llevado a tal decisión, esta el hecho de que a mi jefa la han mantenido y potenciado, que los trabajos que teníamos en marcha les han gustado a los nuevos, que mantenemos hasta el nombre de la unidad (Planificación Estratégica) y que han apreciado especialmente Reinventing Cities. Respecto a los cuatro proyectos que seleccionamos como ganadores, tengo que decir que estamos ahora en plena negociación con los equipos, para ver cómo y en qué condiciones les cedemos las parcelas correspondientes. Es un asunto difícil, del que todavía no tenemos unos resultados de los que presumir mucho. Les iré contando lo que se pueda.

Pero la red C40 sigue su propio devenir. Como les he explicado, esta red, que en estos momentos agrupa a 96 grandes ciudades de todo el mundo, cuenta con un órgano político constituido por la asamblea de todos los alcaldes, que se reúne en un magno congreso que se celebra cada tres años y en el que se elige al presidente para el período siguiente, a la manera de las comunidades de propietarios. En el verano de 2016 se celebró ese congreso en Ciudad de México y allí salió elegida la señora Anne Hidalgo, alcaldesa de París. Como saben, ese es el origen de Reinventing Cities, un programa propuesto por esta señora, a imagen y semejanza del Reinventer Paris que el Ayuntamiento de la capital gala había organizado antes por su cuenta. En consecuencia, este año tocaba nuevo congreso de C40, y ese congreso tuvo lugar en octubre, en Copenhague.

Tengo que contar que, como es natural, invitaron a ese sarao a los alcaldes de las 96 ciudades y que el de Madrid declinó la invitación, imagino que por miedo a que le regañaran por sus ataques a Madrid Central. Ahí estuvo al quite Begoña Villacís, a la que ya he conocido personalmente y es una mujer muy guapa y de trato muy agradable. Villacís fue a Copenhague al frente de la delegación de Madrid y firmó el documento por el que las ciudades de C40 se comprometen a continuar la lucha contra el cambio climático, con una batería de medidas y actuaciones concretas. También estábamos invitados al sarao los tres mosqueteros de Reinventing Cities (C40 está muy contenta con nosotros) lo que pasa es que al final sólo fueron dos, porque el tercero estaba cazando lémures por Madagascar. Este era un viaje que tenía yo organizado desde mucho antes, y por eso no fui a Copenhague.

Estaba yo en Antsirabé visitando la estación de tren, esa de la que sale el único tren de la isla, que tarda once horas en hacer 170 kilómetros, cuando me llegó un whatsapp desde Copenhague. Mi jefa y mi compañera M. me mandaban unas fotos suyas y me decían que me estaban echando mucho de menos. No me resisto a subir al blog una de estas fotos. Si un día alguna de ellas entra en este foro, espero que no le moleste. Es una foto en la que están muy guapas y me hizo mucha ilusión recibirla en medio de mi aventura africana.


En Copenhague, se procedió a votar al nuevo presidente de C40 (no insistiré más en la opción que hubiera tenido Carmena, porque ya saben que el hubiera no existe) y resultó elegido el alcalde de Los Ángeles Eric Garcetti, es decir, el jefe de mi amiga Shannon Ryan durante los últimos años. Cuando yo la visité en Los Ángeles, estaba en la oficina del alcalde. En realidad, el presidente de C40 se elige por votación secreta antes del congreso y en Copenhague todo el mundo sabía ya a quién se iba a proclamar. A mí me lo contó mi amiga Julia López Ventura, así que llamé a Shannon por si iba a viajar con su jefe, para que saludara a mis compañeras. Fue entonces cuando me contó que ya no estaba en la oficina del alcalde, sino que había vuelto a su puesto anterior en el Departamento de Planeamiento Urbano. Y que, por tanto, no iba a Copenhague.

Y el nuevo presidente de C40 ha decidido mantener el concurso Reinventing Cities, del que Hélène Chartier ya tenía todo preparado para lanzar una segunda edición. Igual que hace dos años, hemos tenido hasta mediados de noviembre para presentar la carta de adhesión, que esta vez ha firmado Villacís. Y, más o menos en ese momento, yo decidí seguir hasta el final de 2020. A partir de estos dos hechos, hemos empezado ya la previsible vorágine de trabajo. El pasado día 4 de diciembre hicimos el acto de presentación a la ciudad de esta segunda edición. Vean primero la convocatoria que mandamos a todo el mundo. Puro rock'n roll.


Utilizamos el llamado International Lab, un edificio municipal de la calle Bailén. Presidió el Concejal y me tocó hacer de moderador, igual que hace dos años. Vino mucha gente (contamos 70 asistentes) y tuve ocasión de hacer una pequeña travesura. Durante todo el acto, estuvo en el centro del escenario un globo terráqueo, que la gente interpretó que formaba parte de la decoración, en alusión a la cumbre del clima y todo el tema medioambiental que promueve C40. Vean estas dos fotos que nos hicieron, en donde la Tierra aparece como protagonista destacada en el centro.



En realidad, el globo era una pelota de playa. La había comprado yo en una juguetería creativa de Malasaña la tarde anterior y la había inflado por la noche. Como llegué el primero, para organizar toda la logística del acto, la deposité en el centro del escenario (pueden imaginar las miradas que suscité cuando caminé desde mi casa hasta Bailén, medio de noche todavía, llevando ese balón de playa en la mano). Pero el objetivo de ese elemento no era solamente decorativo. Terminadas las intervenciones principales, anuncié que comenzábamos el turno de ruegos y preguntas y que iba a ser un turno innovador y colaborativo. Al que levantara la mano para hacer una pregunta le lanzaríamos el globo. Aquí tienen un vídeo que tomó mi compañera de la derecha en la mesa, de cómo se inició esta gamberrada, que nadie en la mesa ni en la sala sabía que iba a perpetrar. Al final, la cosa gustó a todo el mundo (aunque en el vídeo he descubierto a un matiti, a la izquierda en primera fila, que está abstraído con su móvil y es el único que no se ríe).


Ayer por la mañana acompañé a mi jefa y a Kordineitor a contar este proyecto (y otros) ante el Foro de Empresas por Madrid, un grupo de empresas de las grandes, que ayudan al Ayuntamiento en determinados proyectos, y ante el cual fuimos también en su día a publicitar el Reinventing-1. Allí es donde vi por primera vez en directo a Begoña Villacís, que es muy simpática y me saludó con un par de besos, como si me conociera de toda la vida. Les juro que me sentí como el sapo del cuento que se convierte en príncipe. Me queda ahora una semana de trabajo, antes de irme de vacaciones navideñas. El viernes día 20 será mi primer día de asueto. Para entonces tenemos que tener acabadas un montón de cosas relacionadas con Reinventing. Y, por cierto, qué delicia estas tres semanas de cuatro días lectivos con que estoy terminando mi penúltimo año laboral. Así deberían ser todas. Que pasen un buen finde.