miércoles, 30 de enero de 2019

806. De ilusión, claro que se vive

En una reciente entrevista que le hacen a mi amiga la poetisa y cuentista rosarina Valeria Correa, el periodista le formula, como última pregunta, la siguiente: –Puedes revelarnos cuáles son tus próximos proyectos literarios? Respuesta: –No. No puedo. Es que soy muy supersticiosa y me consta que cuando nombro algo que no está totalmente asegurado, luego no sucede. Por eso, para que suceda, no lo nombro. Una respuesta brillante, como todas las de Valeria, que he citado de memoria, no estoy seguro de que la transcripción sea literal, pero el sentido es ese y coincido plenamente con ella. Todas las veces que me he adelantado a anunciar en el blog algo que yo consideraba seguro y no lo estaba, se ha fastidiado después. La penúltima, cuando di por seguro que tendría plaza de garaje en mi oficina a partir del 1 de diciembre. Pues fue que no. Y, por cierto, que ya la voy a tener finalmente a partir de pasado mañana. Una plaza estupenda que podré disfrutar hasta el 1 de agosto, Dios mediante, o Dios mediando, como le gustaba decir a mi padre.

Pero no aprendí de ese episodio, no señor. Y poco después anuncié que me habían invitado (de palabra) a dar una clase en una universidad de París a comienzos de este año. Es habitual que las palabras se las lleve el viento, pero en este caso hubo también intercambio de correos. Les recordaré el caso. A lo largo del año pasado, la arquitecta parisina Ariella Masboungi estuvo haciendo una serie de entrevistas a responsables municipales del mundo del urbanismo para elaborar con ese material un libro sobre Madrid, financiado por el Estado francés. El 18 de octubre se presentó el libro en el Matadero, en una jornada que duró todo el día y a la que acudió una amplia delegación del mundo académico/urbanístico francés. Yo fui con mi jefa, a quien también habían entrevistado. En la pausa de mediodía, teníamos un almuerzo en el bar del teatro en unas mesas corridas de madera. Me senté con mi jefa y, al otro lado, se situó un francés de edad, a quien no conocía, pero con el que inmediatamente pegué la hebra en franchute, desentendiéndome de mi jefa, que departía amigablemente con alguien al otro lado.

Lo que le conté sobre nuestro trabajo le gustó tanto que me dijo que estaría muy bien que fuera a exponerlo en su máster y me planteó quedar conmigo al día siguiente, viernes, por la noche, para concretar el asunto mientras nos tomábamos algo, una vez que se fueran todos los demás miembros de la delegación (él se quedaba el fin de semana para visitar Toledo y otros lugares). Lo llevé a La Venencia y a La Vinícola Mentridana y le enseñé la charcutería del mercado de Antón Martín donde suelo comprar el embutido, porque me dijo que quería hacer provisión de productos de calidad (el charcutero, que es amigo mío, me confirmó unos días después que había ido por allí y había hecho una compra descomunal). En esa velada cerramos el compromiso que habíamos esbozado el día de la  presentación del libro: me invitaba a dar una charla en su cátedra de la Escuela de Arquitectura de la Universidad París 8, para explicar a sus alumnos lo que le había contado a él sobre nuestro trabajo actual.

Estas promesas de palabra a menudo se pierden como lágrimas en la lluvia pero, para mi sorpresa, Alain, que así se llama el señor, me escribió pronto e iniciamos un intercambio de correspondencia bastante nutrido en la que me hizo llegar el programa de su asignatura de máster y yo le mandé mi currículum. Ahí fue cuando lo conté en el blog. El asunto me hacía mucha ilusión y pensé que no fallaría. En el último correo suyo que tengo, Alain me decía que estaba encontrando dificultades para pagar mis gastos, no siendo yo profesor de universidad, como en casos precedentes de colegas extranjeros que habían intervenido en su máster en años anteriores. Le contesté que, teniendo a mis hijos en el entorno de París, yo podía plantearme un viaje en parte profesional y en parte personal, por ejemplo de una semana, para visitarles y ver a otros amigos que tengo por allí, con lo cual podía financiarme yo el viaje; que él me pagara lo que pudiera, o me invitara a cenar un día, que eso sería suficiente. No contestó a este correo. En Navidad le mandé un mensaje de felices pascuas y le volví a insistir en el tema. Respuesta: silencio total.

Dado que estamos ya a finales del mes de enero y seguimos sin novedades al respecto, yo creo que podemos dar el tema por perdido y olvidado. La gente de las universidades a veces son un poco maleducados, no es la primera vez que me pasa algo así con ellos. Por otro lado, en un razonamiento similar al de Valeria, el hecho de que yo proclame en público que doy el asunto por abortado y sin vuelta de hoja, tiene una intención clara: comprobar si también en esto me equivoco. Si lo que nombro no sucede, a lo mejor a fuerza de afirmar que algo ya no va a suceder, al final ocurre. En cualquier caso, me gustaría saber a ciencia cierta qué cojones está pasando, para poderme yo planificar mis viajes de este año, en el que voy a tener que espabilar, porque no creo que me empiecen a caer viajes del cielo como el año pasado. Me gustaría visitar a mis hijos en París, y también ir a Londres a ver a mi sobrina Elena y su familia, además de algunos otros amigos, entre ellos mi querida Clare Haley, a la que no he visto desde que se fue de Madrid, y mi colega mexicana Érika Kulpa, que está por allí hasta junio haciendo un máster de urbanismo. Hace poco, para animarme a que fuera a visitarlas, me mandaron esta foto que les pongo abajo, en la que pueden comprobar lo guapas que están ambas dos. Mmmm… cherchez la femme… Está claro que tengo que ir a Londres.


Ilusiones y proyectos para el año recién iniciado. El 15 de marzo es la fecha tope para la entrega de las propuestas finales de Reinventing Cities y estamos luchando a húmero partido por ayudar a los equipos a encontrar apoyos financieros y completar sus anteproyectos. Esta vez sí que se juega la mano definitiva, la que determinará si el asunto produce algún efecto en la ciudad de Madrid, o se queda sólo en una ilusión. Les iré contando. Vienen además algunos temas de los que tendremos que ocuparnos en el blog. Por ejemplo, en poco tiempo empezarán los trabajos de demolición del Estadio Vicente Calderón, lugar de tantos recuerdos (aquel concierto de los Stones comenzando en plena tormenta de rayos y truenos). Y el gran circo que se va a montar en torno al proceso al prusés, que empezará enseguida. Los prusesistas, una vez que han visto frustrada su idea de celebrar un partido de fútbol Girona-Barça en Miami, tendrán una nueva ocasión de hacer mucho ruido y montar un aquelarre mediático para mostrar al mundo lo perversos que somos los españoles. Ya hablaremos de este asunto, lo mismo que de la batalla de las elecciones municipales, que ya ha dado comienzo y en la que aún conservo otra ilusión: la de que no nos pille intentando poner de acuerdo a montescos y capuletos (insisto en un concepto: el hecho de que el capuleto en jefe esté encerrado en su casa enseñando a sus gemelos a hacer los cinco lobitos, es una ocasión única para que su señora arregle el entuerto con su superior criterio y mayor talento estratégico).

Pero a veces las noticias que parece que van a acaparar la primera plana de los periódicos ceden el protagonismo a sucesos sobrevenidos, como que un niño se caiga en un pozo. A mí esto me dio mucha pena, ya saben que soy empático con estas cosas y no concibo desgracia mayor que perder a un hijo en un accidente. Pero me dio pena el primer día, cuando me enteré del accidente. Los doce siguientes, el sentimiento que ocupó mi alma y mi mente fueron unas ganas de vomitar incontenibles, ante el circo mediático que se montó, alrededor de un supuesto imposible: que el niño estuviera vivo. Yo no tuve la menor esperanza al respecto, desde el minuto uno, desde que vi la foto de la embocadura del pozo. Vamos a ver. El pozo tenía 71 metros de profundidad (de entrada se dijo que 100, pero luego se rebajó la cifra). ¿Saben ustedes qué altura tiene un piso de esos en los que vivimos ustedes y yo? Pues, más o menos, 3 metros. Pongamos que fueran 72 metros para que sea múltiplo. La caída del pobre niño fue el equivalente a precipitarse desde el piso 24 de un rascacielos. Entonces, de qué mierda nos han estado hablando casi quince días.

Entiendo que me consideren un desalmado, pero todo ese espíritu solidario que se ha montado en torno al caso, es algo que se ha dejado crecer sobre una base falsa y se ha fomentado interesadamente por motivos de audiencia, para montar un circo mediático de tres pistas. Ya es hora de que alguien lo diga. Los programas de TV más repulsivos hicieron carne en el asunto. Y montaron guardias de 24 horas para ir informando del tema, como quien retransmite un partido de fútbol: ya estamos a dos metros del niño, ya estamos a uno y medio, maldición, otro saliente de roca, habrá que utilizar más microexplosivos, 35 centímetros separan a los mineros de su objetivo. La gente de bajo nivel cultural y mente espesa devora estos programas y busca dónde seguir esos simulacros de información en tiempo real, por el morbo de degustarlos con el corazón en un puño. Intervenciones interminables de expertos que no se atrevían a asegurar que el niño estaba ya muerto para no pifiar el invento. Indecentes tomas de los desolados padres, a los que nadie les dijo la verdad haciéndoles pasar un tormento inmerecido. Y el patético delegado de los ingenieros de Caminos que, cada vez que le ponían delante un micrófono, soltaba una nueva simpleza, del tipo vamos a llegar hasta él sí o sí.

En una cafetería de La Coruña coincidí con una señora sentada en la mesa de al lado, de esas que componen una imagen similar a la de una coliflor, con su cardado de peluquería, su maquillaje de urgencia y su abrigo de pieles con olor a naftalina. Llegó otra del mismo aspecto y se saludaron con surtido de arrebujos, zalemas y mua-muás, antes de sentarse otra vez. La conversación brotó de manera natural: –¿Qué tal estás? –Ay, hija, yo fatal, no he pegado ojo en toda la noche, con lo del niño. –(gesto de gran horror) ¿Es que le ha pasado algo a tu nieto? –Noooo, gracias a Dios (se santigua rápidamente), te hablo del niño del pozo. Este tipo de doñas, que cada noche se empapan del debate del Canal 24 horas, me recuerdan siempre a dos personajes esporádicos de Cortázar: la señora de Gutusso y la señora de Cinamomo. Por cierto, en la marea de tontuna que nos invade, no duden que los textos de Cortázar serían hoy tachados de machistas (como los de Dylan y tantos otros).

Lo de la telebasura no me sorprende, pero es que la ola solidaria en torno a un imposible inundó también las primeras páginas de los periódicos generalistas y noticiarios televisivos. Y al final, ante el resultado previsto, oleadas de falsa sorpresa: toda España llora el triste desenlace. Como si esperasen otra cosa. Yo solo veo telediarios en fin de semana. Acostumbraba a ver los de la Cuatro pero, como los han fulminado, ahora oigo los de Telecinco. Pues este sábado, cuando ya se había encontrado el cuerpo, la información del caso ocupó 25 de los 30 minutos del noticiario. Y el domingo los 15 primeros. El coñazo no cesa, ahora estamos con las secuelas y las repercusiones internacionales. Después de este triste y nefasto espectáculo, qué se puede esperar del juicio del prusés, que va a ser televisado en directo. Qué Dios nos pille confesados.

El año que empieza trae todos los signos de venir de nalgas. Nacional e internacionalmente. Necesitaremos serenidad y buen juicio. La batalla de las municipales va a ser reñida y cruenta. Habrá que bajar a la arena, fajarse y pelear duro y cuenten con que les voy a insistir hasta ponerme pesado (más, si cabe, de lo habitual). A mi, la verdad, ni me va ni me viene el tema a nivel personal: al mes que viene cumpliré 68 y mi futuro profesional tiene unos límites bastante claros. Pero, como madrileño de adopción, tengo la ilusión de que el actual equipo repita y pondré todos los medios a mi alcance para ayudar a cumplir esa ilusión. Porque, como muy bien sentenciaba el sapo cansionero, la vida es triste/si no la vivimos/con una ilusión. Que sean felices.

sábado, 26 de enero de 2019

805. Podemos cagarla

En fin. Para espantar a los lectores no habituales de mi blog que hayan entrado aquí atraídos por tan ingenioso título (la verdad es que no sé cómo no se le ha ocurrido a alguien antes que a mí), pues empezaré por contar que escribo ya desde Madrid, después de mi venturosa estancia en La Coruña, que incluyó un par de citas con el bueno de Alfred, el reencuentro con mi amigo Berto que ha contactado conmigo a través del blog después de 40 años sin vernos, más presenciar una victoria clara del Deportivo, más mucho callejear bajo la lluvia y descubrir algún bar nuevo, como La Vermutería Mártínez, en la calle de la Galera, donde puede uno tomarse un estupendo vermú de grifo mientras escucha a Amy Winehouse. Asistí también a un debate entre los escritores Marta Sanz y Luisgé Martín en la Fundación Luis Seoane y comprobé que en el Teatro Rosalía de Castro daban El Precio de Arthur Miller, ya comentada en el blog. En La Coruña se vive muy bien ahora. No tiene nada que ver con la ciudad de la que yo huí hace 50 años.

La Coruña es una ciudad moderna, del Siglo XXI y orgullosa del patrimonio histórico artístico que conserva, como la serie de edificios modernistas a los que fui haciendo fotos al azar, que les voy poniendo por aquí. Ayer viajé de regreso. Cogí mi coche a las 11.30 y estaba en casa a las 17.30, tras una parada en Piedrafita a poner gasolina y otra en Tordesillas para picar algo con una cerveza. A poco de salir, en el peaje de la AP-9, me sucedió uno de esos incidentes insignificantes que suelo contar en el blog y que algunos de mis lectores piensan que me los invento y otros creen que los fuerzo para poder luego contarlos. El caso es que llego al lugar, enfilo la batería de arcos de pago del peaje y veo unos con el emblema que indica que son para abonados del telepeaje, otros para el pago con Visa y dos en los que reza: pago fácil. Elijo estos últimos y me meto en el de la izquierda. Y resulta que allí no hay nada, ni ranura para los billetes, ni hucha para los sueltos, ni un botón para reclamar. Sólo una barrera bajada al frente.

Miro alrededor. En la caseta de cristal a mi derecha veo la espalda de una chica, que atiende la otra línea de pago fácil, cobrando a los conductores y dándoles paso. Trato de llamar su atención, sin éxito. No me queda más remedio que darle al botón del doble intermitente, poner la marcha atrás y recular muy despacito, como mandan los cánones. Ningún otro conductor me estorba, se ve que se hacen cargo de mi apuro. Tengo que recular bastante, hasta poder salvar una línea separadora de bolardos marrones. Entonces enfilo el carril de al lado, detrás de un todoterreno negro. La chica es muy mona, risueña y de ojos vivos. Una joven gallega de última generación. Entre nosotros se desarrolla el siguiente diálogo:

–Hola, ¿cuánto es?
–Uno noventa (le doy una moneda de dos euros).
–Discúlpeme lo que le voy a decir, pero la señalización de este peaje es bastante engañosa para un conductor que venga por primera vez. Ahí dice pago fácil pero no se puede pagar con dinero.
–Es que ese es pago fácil con tarjeta (sonrisa ampliada).
–Pues está mal indicado: en vez de pago fácil debería poner pago difícil.
–(Sonrisa de oreja a oreja mientras me devuelve diez céntimos). Se lo diré al supervisor. Que tenga buen viaje.

Mi último contacto con el humor coruñés, siempre suave, amable y educado. Tuve, realmente, un buen viaje, acunado por una climatología bastante amable. Había salido bajo una incipiente llovizna pero, a la altura de Baralla, los cielos empezaron a abrirse y las nubes se fueron retirando. Y cruzar Piedrafita y Manzanal bajo el cielo azul cobalto es un paseo militar y un trance bastante grato. En realidad, el único sobresalto que me trajo el día fue leer en la parada de Tordesillas que había dimitido Ramón Espinar, el jefe de Podemos en Madrid. A estas alturas del post espero que los visitantes no habituales se hayan aburrido lo suficiente como para no llegar hasta aquí. Empezaré por decir que no soy militante de Podemos (en realidad, no lo he sido nunca –lo juro– de ningún partido). El movimiento del 15-M suscitó todas mis simpatías. Yo estaba entonces integrado en el equipo que ultimaba el proyecto Madrid Río a las órdenes de Gallardón y me tocaba escuchar cada mañana comentarios despectivos sobre este asunto (que no se lavaban, que había ratas en la Puerta del Sol). Falso. Muchas noches me acerqué por allí y me pareció un lugar impecable, perfectamente organizado y controlado. Un punto de encuentro entre gente joven llena de ideas. Unos cuantos hijos de amigos míos tenían papeles destacados en la organización del asunto.

Sucedía esto en 2011. A comienzos de 2014, un grupo de profesores e intelectuales de la izquierda recogieron ese espíritu y enhebraron a la carrera una candidatura a las elecciones europeas de mayo. Lo llamaron Podemos y obtuvieron un éxito que ni ellos mismos esperaban: cinco escaños y cuarto partido nacional en número de votos. La gente estaba indignada con el poder, la corrupción, la crisis económica y la casta de los políticos. Y materializaba ese malestar votando a este grupo que al menos era nuevo. Un año más tarde, en las elecciones locales de mayo de 2015, el éxito se redobló. Podemos, en alianza con otros grupos y con personalidades independientes, se hizo con las alcaldías de las mayores ciudades del país. Confieso que les voté tanto para el Ayuntamiento como para la Comunidad. En el caso de la Autonomía, pensaba votar a Gabilondo, del PSOE, pero unos días antes escuché por la radio al candidato de Podemos (un tal López, a quien también han echado, como a tantos) y me convenció su discurso.

Aclararé que yo voté a Podemos, no a la señora Carmena, a la que por entonces apenas conocía. Pero la llegada de esta señora a la alcaldía de Madrid transformó mi deriva profesional, como se ha contado reiteradamente en el blog, haciéndome revisar mi decisión de jubilarme en cuanto pudiera. En diciembre de 2015, tuvieron lugar elecciones generales. Podemos convenció a 5 millones y pico de votantes. Yo fui uno de ellos, al rebufo del resultado municipal. Entonces, Pedro Sánchez se postuló para presidente en alianza con Ciudadanos. Este es un asunto que se contó en directo en el blog. Podemos no tenía más que abstenerse, para permitir echar a Rajoy. Algo que quería mucha gente y que a ellos les hubiera permitido estar cuatro años haciendo oposición, formando cuadros y madurando como partido. Algo por lo que se decantaban Íñigo Errejón y otros dirigentes. Pero no se abstuvieron. Votaron no, junto con el PP, abortaron la operación y perpetraron una cagada histórica.

¿Y por qué no se abstuvieron? Pues porque al frente tienen al humano Iglesias al que hemos calificado aquí más de una vez de leninista, lo cual es un insulto a Lenin. Yo creo que más bien podríamos tacharlo de jacobino. Este señor hizo una cuenta sencilla (probablemente con los dedos, lo que se llama en inglés finger counting): cinco millones cien mil, más novecientos mil de Izquierda Unida, son seis millones. Con esto, más lo que le seguiremos rebañando al PSOE, le damos el sorpasso y nos convertimos en el primer partido de la oposición, liderado por mí, con la coleta. ¡Viva mi ego! Como saben, el batacazo fue monumental. Al fracasar el tándem PSOE-Ciudadanos, hubo que repetir las elecciones en seis meses. Y Podemos perdió un millón de votos, entre ellos el mío. Lo peor no es eso. Lo peor es que el humano Iglesias no ha reconocido nunca su error. Él lo hace todo bien, somos los votantes los que nos equivocamos. No le he escuchado una sola frase de autocrítica. Y está cada vez más aislado en su castillo (de Galapagar).



Mientras tanto, la señora Carmena sigue trabajando en Madrid (ya le dedicaremos un texto propio a la problemática municipal). Y Errejón se ha sumado a su ticket, que representa el espíritu original del 15-M. Porque este grupo busca la transversalidad, atraer a gentes de muchas ideologías que quieran trabajar por el bien común, y no reducirse a un grupo enano de nostálgicos del comunismo. La primera reacción del humano Iglesias fue lamentable. Si hubiera contado hasta cien, no habría escrito la carta que publicó. Ahora está preso de su promesa de presentar una lista alternativa a la de Errejón, un auténtico disparate que abocaría a su formación al ridículo y perjudicaría a los verdaderos intereses de la gente que quiere un cambio político. El Humano se está quedando cada vez más solo. El señor Echenique se ha disculpado públicamente por lo que dijo de Errejón (por cierto, la prensa carroñera no ha publicado esta rectificación; si ponen ustedes en Google Echenique se disculpa, no encontrarán ninguna entrada de El País ni de El inMundo, que sacaron el insulto en portada). Y ahora se va también Espinar, incapaz de acompañar al Humano en su deriva suicida hacia la insignificancia.



Todo el mundo espera que Iglesias se coma su orgullo y termine apoyando a Errejón en Madrid. Para ello, sólo tiene que decir Diego donde dijo digo. Nada, es que me levanté con el pie equivocado ese día, no me habían dejado dormir los gemelos. Me levanté, leí lo de Íñigo y me cogí un cabreo… Es que me cogí un cabreo… Es que lo mato, mira, lo mato. Pero nada, ahora he recapacitado y creo que le voy a perdonar. Por el bien del pueblo. Aquí no ha pasado nada. Pelillos a la mar. Esto es algo que los políticos hacen con bastante frecuencia. Y no pasa nada. Pero mucho me temo que no suceda. Iglesias tendría que empezar por desfruncir el ceño (el ceño mental, que es el más difícil de desfruncir) y no le veo yo muy capacitado para ello. La presión de su orgullo es demasiado fuerte. Aunque yo aun tengo la esperanza de que rectifique. Porque, como no lo haga, podemos cagarla.

lunes, 21 de enero de 2019

804. Errejonudamente

Miren ustedes por donde, resulta que estoy nada menos que en La Coruña, mi primer viaje de este año del Señor de 2019. Viajé anteayer por carretera (nevando duro en el Manzanal y lloviendo con diferentes intensidades el resto del camino, con un verdadero diluvio en el entorno de Piedrafita). El objetivo aparente de mi viaje era ver el partido del domingo del Deportivo, aunque esa es sólo la disculpa para pasar unos días en mi tierra bajo la lluvia, visitar a la familia y amigos y respirar ese aire húmedo que limpia las narices y disuelve las costras que produce la contaminación y de las que nunca me quejo, porque ya saben que al blog se viene llorado. Es decir, que estoy aquí errejonudamente instalado haciendo un descanso del sinvivir al que me ha llevado mi deriva vital de los últimos tiempos. Y que dure, que me lo estoy pasando muy bien.

Como no voy a tener tiempo de grandes elucubraciones y disertaciones, voy a procurar aliñar algunos textos sobre temas de actualidad, basándome sobre todo en fotos e imágenes que voy por ahí recopilando. De paso, ustedes descansan de rollos más áridos, como los de los últimos posts, que más de uno me ha confesado que les han dejado un poco agotados. El primer tema en candelero, o en candelabro que dicen algunos, es el del maldito Brexit. Hay que ver la que se ha liado a base de torpezas, mentiras, falsas esperanzas y mucha ineptitud. Para empezar, el olvidado señor Cameron abrió la caja de Pandora de los sentimientos identitarios y excluyentes y luego es imposible volverlos a meter dentro del baúl. Ya saben: Bruselas nos roba, estaríamos mejor a nuestra bola, etc. Este señor, convocó a todos los malos espíritus británicos por pura tontuna, para solucionar una disputa interna de su partido. Luego, se vio con una promesa formulada solemnemente, que tenía que cumplir. Intentó arreglarlo haciendo una gran campaña a favor de quedarse en Europa, pero el mal ya estaba hecho. Vean aquí lo compungido que estaba el día que dimitió, bajo la atenta mirada de su señora, cuya postura traduce un reproche infinito: mira que te dije yo que no te metieras en ese lío, si es que no me haces caso, eres un inútil James, una sola cosa que tienes que hacer, que ya me encargo yo de todo lo demás, y la haces mal. Lo típico, recuerden que esta dama es española. 

 No acabo de entender cómo es que tipos tan tontos como estos tienen estas mujeres tan aparentes; la señora Zapatero era bastante atractiva y lo de Hollande (el más tonto de los tres y, encima, feo) era ya de escándalo: cualquiera de sus tres parejas conocidas era guapísima y súper lista, extremo que me llevó a expresar mi perplejidad en este blog con una frase también histórica: ¿Qué las das, François? El caso es que Cameron, no el más tonto, pero sí el más dañino para su pueblo, se largó por vergüenza propia y conyugal, además de ajena, y dejó el entuerto en manos de la bruja May de la torva mirada, de la que ya publicamos en el blog una imagen que les vuelvo a repetir, seguida de una nueva reciente en donde se observa cómo se le va reconcentrando el rencor y la impotencia de tan absurdo empeño.





El resultado es que los ingleses se han metido en un marrón del que no se sabe cómo van a salir, porque ahora mismo todas las salidas son malas. Es como el chaval que intenta irse de su casa y emanciparse y no lo consigue. Si se va, mal. Si se queda, mal. Y, mientras decide si se va o no, la situación es muy irritante. Si finalmente se queda, es muy difícil que todo siga igual. Quiero decir que sus hermanos y el resto de la familia no pueden ignorar que se ha intentado ir y, si no se ha largado, es sólo porque no le ha quedado otro remedio. Como el futbolista que intenta irse a un club más potente y no puede. El público no dejará de abuchearle en los partidos sucesivos. La mejor imagen de la situación actual del Brexit es la siguiente.

Algo parecido les sucede a los catalanes. En este caso la cosa no ha partido de la tontuna de ningún Cameron, sino de la urgencia de Pujol por ver si se libraba de la cárcel, él y sus hijos. Eso les hizo acelerar un proceso que iba tranquilamente sumando apoyos de la mano del pastor Junqueras y que hubiera desembocado probablemente en una mayoría consistente en un par de décadas. Pero les entró la prisa y ahora han llevado al pueblo catalán a una situación similar a la del Brexit. ¿Saben cuál es la única solución sólida de estas dos situaciones? Para mí está bien claro. El Brexit sólo se solucionará si convocan un segundo referéndum y lo pierden. Las encuestas están ahora, digamos, en sazón, como ciertas jovencitas. Vean otra imagen muy reciente.

Igualmente, el problema catalán sólo se solucionará si finalmente hacen la consulta que quieren hacer, y la pierden. Es decir, si deciden quedarse en España. El proverbial seny de este pueblo podría llevar a esa salida basada en el sentido común. Pero ahora mismo no hay una encuesta como la del Brexit que yo conozca. Y desde luego que con gestos como el de reivindicar al señor Companys, un extremista como Puigdemont (aunque desde luego condeno su fusilamiento como el de cualquier mortal), no se consigue nada. O cambiando el nombre del aeropuerto. Que ya ven que castizo queda.

Hablando de esto del prusés, he encontrado en la prensa una imagen ciertamente extraña, que les he puesto aquí arriba. Véanla con atención. Observarán que, con la excepción de Maragall y Montilla, que departen tranquilamente en el centro de la imagen, los otros cuatro personajes que aparecen, Mas entre ellos, tienen gesto similar. Como si se estuvieran comiendo un caramelo. ¿Qué puede significar esto? ¿Tal vez es una píldora que han de saborear de vez en cuando para que no se les desactive la ameba comecerebros del independentismo? ¿O quizás es un simple caramelo de malvavisco, o un toffe de café con leche, que les permita endulzar el duro trago de digerir todos los marrones que conlleva el susodicho prusés. Lo dejo a su leal saber e interpretar.
Pero sin duda la noticia de los últimos días ha sido la salida del armario podemita del señor Errejón. Este caballero siempre ha gozado de mis simpatías, por delante del ceñudo Iglesias, de quien en esta página se ha dicho que es el más humano de nuestros políticos, por aquello de errare humanum est. Yo no puedo olvidar que, tras las penúltimas elecciones generales, en las que Podemos sacó más de cinco millones de votos (entre ellos el mío), este partido en crecimiento tuvo la oportunidad de hacer un servicio al país absteniéndose en la votación a la candidatura conjunta PSOE-Ciudadanos, lo que hubiera permitido echar a Rajoy en ese momento. Yo defendí aquí esa propuesta, que me parecía muy útil para ayudar a salir de la crisis económica, igual que la propuesta de Roosevelt sumando medidas de izquierda y de derecha sacó a USA de la crisis posterior al crash del 29 y llevó al mundo a una época de prosperidad nunca antes vivida.
No se abstuvo Podemos, a pesar de que Errejón y los suyos estaban por la labor, porque el humano Iglesias se mostró clarividente y vio antes que nadie que era mejor que se repitieran las elecciones, en las que ellos, bajo su batuta magistral, darían el sorpasso al PSOE y se convertirían en miembro ilustre de la casta que antes tanto criticaban. Resultado: Podemos perdió un millón de votos (entre ellos el mío) y empezó a disolverse en la inconsistencia, quedándose reducido a una mala copia de Izquierda Unida, a quien también se comieron en el proceso. Vale, un político está en su derecho de apostar todo a una carta y perderlo. Lo admito. Pero lo que pasa es que al señor Iglesias no se le ha escuchado una mínima autocrítica. Él lo hace todo bien, es el pueblo el que no le entiende y se equivoca en sus preferencias y en el sentido de sus votos. Él acierta en todo, hasta comprándose un chalé en Galapagar y poniendo de número dos a su parienta.
Por eso yo celebro que el señor Errejón haya cortado con esa caspa autoritaria y leninista y se haya lanzado en brazos de la abuela Carmena, una señora que lleva cuatro años gobernando en equilibrio, con un equipo precario y diciendo en todo momento que ella no es de ningún partido. AQUÍ pueden ver un análisis que coincide básicamente con el mío. Carmena y Errejón son los herederos del espíritu del 15-M, secuestrado por Iglesias y su círculo. Estas crisis tienen la virtud de que la gente se retrata con sus actitudes y sus respuestas. La carta de Iglesias respondiendo en menos de 24 horas al movimiento de Errejón, retrata a un tipo amargado, rancio, antiguo, al que podemos imaginar en su chalé preparando biberones, mientras los chinches y los grillos le suben por la coleta. En cuanto al “lisiado”, al que bautizamos así por influencia chilena, ya que es argentino, pues su declaración nos lo muestra como un miserable, como un tipo con un rencor de nacimiento, ciertamente justificado, porque no hay derecho a que otros nazcan enteros y guapos.
Tenía yo cierta esperanza en que, aprovechando la baja paternal de Iglesias, su señora, que es varias veces más lista y brillante que él, aprovechase para arreglar los problemas del partido. Pero es que el humano Pablo no le ha dejado margen para ello, con su carta apresurada y absurda. Estos días he encontrado yo cierto desánimo entre los militantes que conozco de Podemos (así vamos a hacer el ridículo) y del PSOE (si Podemos se viene abajo, no nos comemos una rosca). Paralelamente, mis amigos de la derecha (que también los tengo y muy buena gente) están aplaudiendo con las orejas y proclaman: la Comunidad ya la tenemos ganada y quién sabe si el Ayuntamiento también. Sin embargo yo estoy contentísimo. Igual que otros se han retratado en un sentido, Carmena y Errejón se han retratado en el otro. Ahora queda dar la pelea y que ganen los que más se lo merezcan. Desde esta tribuna declaro que la simbiosis del retrato que ven abajo tiene todas mis simpatías y todo mi apoyo (ya daré la murga en ese sentido de aquí a mayo).


Así que ya lo saben. Estoy feliz como una perdiz. Y encima ayer ganó el Deportivo haciendo un partido magnífico. Y, cuando estoy feliz me entran ganas de bailar, como el día en que ganó Carmena. Modificando ligeramente el dicho british les diré que: The closer it gets to local elections, the happier I am, and the happier I am, the more I want to dance. En cristiano: cuanto más se acercan las elecciones locales, más feliz me siento y cuanto más feliz me siento, más ganas me entran de bailar. El día en que ganó Carmena les puse la histórica canción Shame, shame, shame, del inexistente grupo Shirley & co. Esta vez he encontrado además un vídeo con imágenes de bailes de famosas películas, más o menos adaptados al ritmo de esta canción inolvidable, una de las que más he bailado yo en las discotecas de Madrid a las que solía ir en esos años. Póngansela en pantalla grande, suban el volumen y a bailar. Y sigan siendo felices.



jueves, 17 de enero de 2019

803. Todo está interrelacionado

A menudo les digo que en mi blog, que aparenta tratar un abanico muy amplio de temas variados, en el fondo siempre se habla de lo mismo (la verdad es que no sé cómo me aguantan, después de más de seis años dando la coña un día y otro sobre los mismos asuntos). Pues miren por dónde, finalmente he encontrado en un periódico digital un artículo fabuloso, en el que se demuestra que todos estos temas son en realidad el mismo, que todo está relacionado. Es un artículo muy largo y voy a resumírselo cambiando el orden de las argumentaciones, así que no les pondré el link hasta el final. Lo que quiero es que me lean a mí primero y luego, ya si eso, puedan consultar el artículo si quieren, para confirmar datos o ampliar o profundizar la información.

El artículo ha salido hace unos pocos días y tiene la firma de María José Carmona, según leo, una periodista especializada en tema de migraciones, pero cuyas reflexiones trascienden de este asunto y lo abarcan todo, pasado, presente y futuro, como los libros de Yuval Noah Harari, de los que ya se ha hablado en el blog. Dice esta señora que, de aquí a 2030 (pasado mañana, como quien dice), 800 millones de empleos van a verse destruidos en el mundo, para pasar a ser desempeñados por robots. Eso obligará en primer lugar a efectuar una reflexión en profundidad sobre el mercado de trabajo. ¿A qué nos vamos a dedicar la mayor parte de los mortales? De esto hemos hablado también en este foro, en donde he dicho que, para lo que hacen determinados burócratas de las administraciones, sus puestos podrían ser perfectamente cubiertos por robots.

De hecho ya hay numerosas tareas que resuelve directamente un algoritmo, como sabemos. Quien ha decidido que, después de viajar a Chicago, mi ordenador me machaque durante meses con anuncios de ofertas de vuelos y hoteles a Chicago, es un algoritmo. Y un algoritmo muy tonto, porque, si fuera más espabilado, sabría que no voy a volver a Chicago en mucho tiempo, quizá nunca. No es que haya algoritmos tontos, es que carecen de sentido común, característica diferencial del ser humano frente a la máquina. Dejaremos de lado la variante temática paranoide de que estamos siendo observados, que hay alguien por ahí que espía todo el rato lo que hacemos. Es un hecho demostrado, del que hasta se habla en la última campaña publicitaria en TV de El Corte Inglés. Pero, si a mí me preocupara esto, no tendría en la nube un blog en el que me expongo y me desnudo para que quien quiera pueda entrar a verme las pelotas, con perdón (me refiero, por supuesto, a las pelotas mentales).

Lo que sí me preocupa es que se dejen en manos de los algoritmos competencias o tareas que requieran de una mínima interpretación de la letra de la norma. El burócrata de manguitos y cuello de lechuguilla (sublime aportación de mi amigo Berto en un comentario reciente), ha encontrado un apoyo impagable en los medios informáticos que utiliza ahora en su trabajo, hasta llevarle a encontrar la frase definitiva con la que apabulla al sufrido ciudadano: señor, lo que usted me plantea es muy razonable, pero EL SISTEMA NO ME DEJA HACERLO. No me digan que en los últimos tiempos no les ha soltado eso algún chupatintas parapetado tras un mostrador de atención. Pues desde aquí proclamo que esa muletilla es mentira: el sistema deja hacer cualquier cosa que se quiera hacer, sólo hace falta que el burócrata que lo maneja esté lo suficientemente preparado y sepa cómo hacerlo. El ser humano será, pues, siempre necesario para gestionar y coordinar esos trabajos desempeñados por robots o gobernados por algoritmos.

Los burócratas de los que siempre reniego son tipos que te aplican la letra menuda, sin buscar en el espíritu de la propia norma apoyos para interpretarla de manera más imaginativa. Durante toda mi vida administrativa he buscado hacer esto: interpretar la norma para aplicarla de acuerdo con su espíritu, no con su letra, por supuesto, siempre en beneficio del administrado. Y creo que, para aplicar la literalidad de los textos legales, como hacen algunos de mis compañeros, sería suficiente un robot. Pero, volvamos al artículo. Parece claro que determinados puestos de responsabilidad no pueden dejarse en manos de robots y han de ser desempeñados por seres humanos. Para María José Carmona, la garantía de que ese sistema sea eficiente es que esos humanos tengan una formación adecuada. Y para lograr ese perfil, la articulista reivindica la educación artística y de humanidades. Ahora mismo, las carreras de letras y artes están en un momento bajo. El chaval que quiera dedicarse a la filosofía pura o a la alfarería creativa, ha de enfrentar en primer lugar la oposición de su propia familia, que le dirá que esas son carreras que no tienen salidas. En Europa, sólo un 12% de los universitarios transita por esas carreras. Y muchas universidades les van reduciendo recursos y las asfixian hasta eliminarlas.

Sin embargo, existe una nueva tendencia a recuperar las humanidades y las artes. Según cuenta el artículo, parece claro que en los tiempos venideros se van a necesitar muchos ingenieros, matemáticos, programadores y científicos de todas las ramas para manejar adecuadamente las máquinas. Pero, para que estos señores hagan bien su trabajo, es fundamental que tengan también una formación humanista y/o artística. Eso es lo que sostiene por ejemplo el MIT, que lleva años recomendando a sus alumnos de ciencias que incluyan en su currículum alguna asignatura de literatura, arte, historia o música. También llegan vientos similares desde Silicon Valley y la empresa Google anunció en 2012 la contratación de 4.000 filósofos. Por otro lado, parece que el 34% de los CEOs de las principales multinacionales tecnológicas han estudiado carreras humanísticas o artísticas.

No sé si es casualidad pero mi hijo Kike, que trabaja desde marzo en una de estas multinacionales del universo digital, ha venido estas navidades con nuevas ansias por leer y que le recomendara buena literatura. Y se ha llevado unos cuantos libros que le he aconsejado. Primero pensé que quería presumir de culto para ligarse a alguna chica más leída que él. Pero ahora sospecho que la explicación de esta nueva afición está más relacionada con un afán de ir con los tiempos, porque este hijo mío no da puntada sin hilo. Yo tengo bien claro que la sabiduría en temas de música, arte o filosofía favorece el pensamiento crítico, la creatividad, el aprendizaje colaborativo y la empatía, factores todos necesarios para hacer un trabajo de calidad en el Siglo XXI, que además nos diferencian de los robots y los algoritmos. El trabajo colaborativo está demostrado que es cojonudo: aprender a sugerir sin imponer y aprender a admitir las sugerencias del otro sin mosquearse, es un doble vector que optimiza resultados.

Así que esto confirma otra de las líneas de mi blog: que es imprescindible que todos nos enteremos de quién era Thelonious Monk, o Coltrane o Borges o Cortázar. Y que recuperemos el lenguaje, el latín, la filosofía, a Homero y Herodoto. Así que en este blog seguiremos dando la coña por este lado. Pero la cosa tiene más variantes. Porque también es fundamental que sepamos de Historia, para que nadie la tergiverse y nos la meta cuadrada. La Historia, con mayúscula, es el resultado de una investigación seria que nos permita saber qué es lo que pasó exactamente, sin prejuicios ni orientaciones predeterminadas. Por ejemplo, la historia del Franquismo es algo que deberíamos recuperar y librarla de interpretaciones sesgadas y, por esta vez y sin que sirva de precedente, lo digo tanto en uno como en otro sentido, ustedes ya me entienden.

Pero la articulista avanza un paso más. Porque añade que la mala calidad del aprendizaje humanista y artístico, relegado socialmente entre las últimas generaciones, está en el origen del auge de los populismos y el renacer de las ideas extremistas. En otras palabras, que la gente culta y formada en artes y humanidades, está más preparada para resistir los cantos de sirena de los mensajes que difunden movimientos que van contra el progreso y la globalización. Que si la gente supiera más de Heráclito de Éfeso y de Charlie Parker, Trump nunca habría ganado, ni se hubiera producido el Brexit (por cierto, menudo pollo el que tienen montado), ni en Cataluña los señores Pujol, Mas y Puigdemont hubieran siquiera soñado acercarse al 50% de apoyo, ni Vox hubiera sacado tantos votos en Andalucía, ni Bolsonaro ni Salvini ni Duterte ni Orban hubieran llegado al poder en sus países. Y aquí me voy a lanzar a dar un paso más, a riesgo de precipitarme en el abismo: el tema explica también el auge de la violencia de género.

En efecto, en todos los estratos sociales y culturales hay psicópatas y sádicos, pero yo estoy convencido de que un tipo que sabe quien fue Amenophis IV, o que es capaz de saborear un disco de Monk, o reírse las tripas leyendo a Borges o a Eduardo Mendoza, es mucho menos propenso a liarse a bofetadas con su señora o ex-señora hasta matarla o dejarla malherida. No hablo ya de los asaltos de desconocidos en calles mal iluminadas a medianoche, que es el otro sector de lo que llamamos violencia de género, aunque me malicio que estos asaltantes nocturnos tampoco gozan de una gran formación artística o humanista. Así que, ahí queda dicho. La cultura es lo único que puede salvar al mundo. Y ahora les pongo el link al excelente artículo que explica todas estas cosas (menos la última, que se me ha ocurrido a mí, en un alarde de extravagancia): AQUÍ MISMO lo tienen.

Pero llevo ya una serie de posts muy serios y sesudos, así que vamos a cambiar de tendencia rematando con un vídeo en el que pueden ver una especie de ninot de Trump al que pasean en procesión carnavalera por una ciudad, presumo que norteamericana, con un trasero sobresaliente y blando, para que la gente le dé libremente patadas en el culo a este impresentable. Hasta llevan a un niño y lo levantan en brazos para que le dé su patada. Háganme caso, sean felices si pueden. No hay mejor alternativa.


lunes, 14 de enero de 2019

802. Thelonious y Julio

Buenas noches, queridos, aquí me tienen de nuevo al pie del cañón. En primer lugar he de disculparme con los que encontraron que mi último post era un tostón, si bien, por los comentarios que me entraron, parece que hubo más de uno que se lo pasó bien leyéndolo, aunque no fueran del mundo del urbanismo. Y queda un tema sobre el que profundizar, el de la burocracia, la personalidad de los burócratas y las viejas tradiciones como el balduque, que ya vamos a dejar para una entrada posterior, porque ya saben que uno de mis terrores acerca de este foro es que se convierta en monográfico (de urbanismo, de los catalanes o de lo que sea). El valor de este blog es la variedad y el que los lectores no saben a ciencia cierta con qué se van a encontrar cada vez. En la variedad está el gusto, dice el clásico refrán.

Así que, para seguir en esa línea, hoy vamos a dedicar el post al gran Thelonious Monk, uno de los pianistas más grandes de la historia, el gran heterodoxo, con una técnica peculiar que nadie ha sabido imitar, aunque al mismo tiempo su música influyó decisivamente en todo el jazz posterior. Se decía que manejaba los dedos sobre el teclado como si fueran las baquetas de un batería. Era también el gran oso ensimismado e impenetrable, más hermético que huraño, de quien nadie sabía qué estaba pensando, porque hablaba poco. Su actitud preludiaba la enfermedad mental que le hizo dejar de tocar y recluirse en la mansión que su protectora la baronesa Pannonica de Koenigswarter tenía en New Jersey, en donde, se cuenta, Monk se vestía impecablemente cada día para simplemente dejar pasar el tiempo sin hacer nada ni hablar con nadie.

Nadie ha valorado la importancia de Monk en la historia de la música como Julio Cortázar y, si ya este otro genio ha dejado escrito el mejor retrato de Monk, después de verlo en un concierto en Ginebra, no veo motivo para intentar emularlo. Ese retrato se incluyó en el inclasificable libro La Vuelta al Día en 80 mundos (1967), con el título La vuelta al piano de Thelonious Monk y me van a permitir que lo transcriba íntegro (es muy cortito, como todos los textos de ese libro). No es difícil establecer un paralelismo entre la heterodoxia y el carácter innovador del libro de Cortázar y la forma de tocar de Monk. En aquellos años, yo me compraba los libros de Cortázar que iban saliendo, el primer día en que se podían adquirir en una librería, y me los leía ese mismo día, aunque acabara agotado de madrugada. Creo que pocos autores han influido tanto en mi vida y en mi manera de pensar y de ver el mundo. Disfruten del relato. Cortázar describe como nadie el asombro de escuchar a Monk en directo.

La vuelta al piano de Thelonious Monk

En Ginebra de día está la oficina de las Naciones Unidas pero de noche hay que vivir y entonces de golpe un afiche en todas partes con noticias de Thelonious Monk y Charles Rouse, es fácil comprender la carrera al Victoria May para fila cinco al centro, los tragos propiciatorios en el bar de la esquina, las hormigas de la alegría, las veintiuna que son interminablemente las diecinueve y treinta, las veinte, las veinte y cuarto, el tercer whisky, Claude Tarnaud que propone una fondue, su mujer y la mía que se miran consternadas pero después se comen la mayor parte, especialmente el final que siempre es lo mejor de la fondue, el vino blanco que agita sus patitas en las copas, el mundo a la espalda y Thelonious semejante al cometa que exactamente dentro de cinco minutos se llevará un pedazo de la tierra como en Hector Servadac, en todo caso un pedazo de Ginebra con la estatua de Calvino y los cronómetros de Vacheron & Constantin.

Ahora se apagan las luces, nos miramos todavía con ese ligero temblor de despedida que nos gana siempre al empezar un concierto (cruzaremos un río, habrá otro tiempo, el óbolo está listo) y ya el contrabajo levanta su instrumento y lo sondea, brevemente la escobilla recorre el aire del timbal como un escalofrío y, desde el fondo, un oso con un birrete entre turco y solideo se encamina hacia el piano poniendo un pie delante de otro con un cuidado que hace pensar en minas abandonadas o en esos cultivos de flores de los déspotas sasánidas en que cada flor hollada era una lenta muerte del jardinero. Cuando Thelonious se sienta al piano toda la sala se sienta con él y produce un murmullo colectivo del tamaño exacto del alivio, porque el recorrido tangencial de Thelonious por el escenario tiene algo de riesgoso cabotaje fenicio con probables varamientos en las sirtes y, cuando la nave de oscura miel y barbado capitán llega a puerto, la recibe el muelle masónico del Victoria May con un suspiro como de alas apaciguadas, de tajamares cumplidos. Entonces es Pannonica, o Blue Monk, las tres sombras como espigas rodean al oso investigando las colmenas del teclado, las burdas zarpas bondadosas yendo y viniendo entre abejas desconcertadas y hexágonos de sonido, ha pasado apenas un minuto y ya estamos en la noche fuera del tiempo, la noche primitiva y delicada de Thelonious Monk.

Pero eso no se explica: A rose is a rose is a rose. Se está en una tregua, hay intercesor, quizá en alguna esfera nos redimen. Y luego, cuando Charles Rouse da un paso hacia el micrófono y su saxo dibuja imperiosamente las razones por las que está ahí, Thelonious deja caer las manos, escucha un instante, posa todavía un leve acorde con la izquierda, y el oso se levanta hamacándose, harto de miel o buscando musgo propicio a la modorra, saliéndose del taburete se apoya en el borde del piano marcando el ritmo con un zapato y el birrete, los dedos van resbalando por el piano, primero al borde mismo del teclado donde podría haber un cenicero y una cerveza pero no hay más que Steinway & Sons, y luego inician imperceptiblemente un safari de dedos por el borde de la caja del piano mientras el oso se hamaca cadencioso porque Rouse y el contrabajo y el percusionista están enredados en el misterio mismo de su trinidad y Thelonious viaja vertiginosamente sin moverse, pasando de centímetro en centímetro rumbo a la cola del piano, a la que no se llegará, se sabe que no llegará porque para llegar le llevaría más tiempo que a Phileas Fogg, más trineos de vela, rápidos de miel de abeto, elefantes y trenes endurecidos por la velocidad para salvar el abismo de un puente roto, de manera que Thelonious viaja a su manera, apoyándose en un pie y luego en otro sin salirse del lugar, cabeceando en el puente de su Pequod varado en un teatro, y cada tanto moviendo los dedos para ganar un centímetro o mil millas, quedándose otra vez quieto y como precavido, tomando la altura con un sextante de humo y renunciando a seguir adelante y llegar al extremo de la caja del piano, hasta que la mano abandona el borde, el oso gira paulatino y todo podría ocurrir en ese instante en que le falta el apoyo, en que flota como un alción sobre el ritmo donde Charles Rouse está echando las últimas vehementes largas pinceladas de violeta y de rojo, el oso se balancea amablemente y regresa nube a nube hacia su teclado, lo mira como por primera vez, pasea por el aire los dedos indecisos, los deja caer y estamos salvados, hay Thelonious capitán, hay rumbo por un rato, y el gesto de Rouse al retroceder mientras desprende el saxo del soporte tiene algo de entrega de poderes, de legado que devuelve al Dogo las llaves de la serenísima.

Tras leer este brillante fragmento, no queda más remedio que escuchar una grabación del cuarteto de Monk en esos años, para que lo vean con sus propios ojos. He encontrado esta, de la que sólo sé que corresponde a 1965, pero desconozco dónde está grabada. Lo que sí les puedo decir es que el saxo es ese Charles Rouse del que habla Cortázar y de quien se dijo que fue el saxofonosta que mejor se entendió con el genio, por delante de Coltrane y de Johnny Griffin. Larry Gales al bajo y Ben Riley a la batería tienen también ocasión de lucirse, porque aquí se daba cancha a todos. Véanlo y que duerman ustedes bien.


jueves, 10 de enero de 2019

801. Lo que me censuraron

Hoy les voy a proponer un texto técnico, para que vean que también domino otro tipo de relato además del bloguero. El pasado 5 de diciembre, la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid aprobó el Plan Estratégico de Regeneración Urbana Madrid-Recupera. Es el trabajo al que se ha dedicado en cuerpo y alma la Dirección General de Planificación Estratégica, a la que pertenezco. Cuando se empezó a escribir la Memoria de este Plan, yo le pedí a mi jefa que me dejara redactar el primer punto: "Contexto y antecedentes". Escribí un largo texto y a mi jefa le encantó, me lo agradeció en público y dijo que ese discurso ponía en contexto todo lo que estábamos haciendo. De eso hace más de un año, tiempo en el que el Plan y su Memoria han sufrido el escrutinio menudo de todas las instancias superiores, como es natural. Todos los jefes y jefazos, y hasta el propio Concejal, lo consideraron correcto. Peeeeero ¡amigo! Faltaba por sortear la Brunete Burocrática, también conocida como Frente Burocrático Leninista.

Mi texto cayó en manos de un leguleyo de tercera, de esos que son expertos en redactar providencias, elaborar diligencias-para-hacer-constar, confeccionar cláusulas suspensivas, unir expedientes por cuerda floja o poner correctamente pólizas sin torcerse, tareas todas ellas que requieren de serenidad, buen juicio y experiencia. El chupatintas, al parecer, puso el grito en el cielo, proclamó que eso no se podía llevar a aprobación y amenazó con chivarse de lo que habíamos escrito a la Máxima Autoridad Burocrática. Mi jefa me lo contó desolada, pero yo le dije que no se preocupara, que quitase ella lo que tuviera que quitar, que a mí me daba igual, que ya lo publicaría en el blog o escribiría un artículo al respecto si me apetecía. Es obvio que mi reino no es de "ese" mundo. Parece que lo que cabreaba al escandalizado plumilla era especialmente el apartado b en su conjunto (y me malicio que también los primeros párrafos del d). Lo más interesante en mi opinión. 

He esperado pacientemente a que el Plan se aprobara y publicara para cargar esto en el blog. Ya saben que, en el mundo del urbanismo, lo que se aprueba es lo único que existe. Lo demás son sólo "flatus vocis", ruidos de voces. Así que aquí tienen estos ruidos de voces, fuego de virutas, espuma de champán, tal como yo los escribí. Les transcribo enteros los apartados a y b y los inicios del c y el d, para que sitúen lo que digo en el conjunto del relato (el resto de esos dos apartados resultaría tedioso para ustedes). Es obvio que la gente que no tolera ese tipo de argumentos y reflexiones es precisamente la que vive del mantenimiento de una situación absurda en la que se mueven con comodidad y se sienten importantes y necesarios, encargándose de solucionar todas las trabas que ese sistema comporta. 

Por cierto, si no saben de urbanismo, o no les interesa esta historia, son libres de dejarlo en este punto. Yo creo que incluso mi prosa administrativa es amena, aunque comprendo que haya lectores que no compartan tal creencia. Tranquis: en el próximo post volveremos a hablar de rock’n roll. He de añadir que lo que se dice en este texto, en especial el apartado b, es parte esencial del rollo que ahora mismo les cuento a todos los visitantes extranjeros y que todos consideran súper interesante y muy innovador. Es también el grueso de lo que le conté a Flavio Coppola en San Francisco, que le movió a invitarme corriendo a exponerlo en Chicago. Y lo que también, quizá, pueda un día ir a explicar a la Escuela de Arquitectura de la Universidad Paris 8, si es que este sarao se confirma finalmente, que está por ver. Que lo disfruten.

1.      Contexto y antecedentes

a)      Elecciones locales 2015 y cambio político

El 24 de mayo de 2015, se celebraron en toda España elecciones municipales. Como resultado de esta cita electoral, en la ciudad de Madrid resultó elegida alcaldesa Manuela Carmena Castrillo, cabeza de lista de la coalición Ahora Madrid, candidatura ciudadana de amplia base, concebida como espacio de confluencia ciudadana, en la que se integraban Podemos, Ganemos Madrid, Izquierda Unida, Equo y personalidades independientes sin adscripción a ningún partido. La coalición obtuvo la alcaldía a través del apoyo del Grupo Municipal del PSOE en la sesión de investidura, e inmediatamente formó un Gobierno Municipal de corte innovador, en línea con los constituidos en algunas de las mayores ciudades españolas, en lo que dio en denominarse Ayuntamientos del Cambio.

Efectivamente, desde sus primeras decisiones, el nuevo Gobierno empezó a poner en práctica los principios sobre los que se basaba su programa electoral, un documento que ya había sido elaborado de forma participada y colaborativa, mediante mesas y foros de discusión, talleres, y consultas a los círculos sectoriales y territoriales, a lo que se sumó la recogida, en la medida de lo posible, de las aportaciones y sugerencias formuladas por los ciudadanos a través de los cauces que se habilitaron para ello. Resultado de todo ello, se pusieron en marcha de inmediato diversas medidas que se consideraron urgentes, mientras se empezaban a elaborar otras políticas de corte estratégico, a medio y largo plazo, destinadas a organizar la ciudad de forma más justa, cohesionada, sostenible y participada, creando una nueva cultura urbana que permita a Madrid incluirse entre las metrópolis punteras de Occidente.

En el terreno del urbanismo, el nuevo equipo de Gobierno se encontró con un escenario en el que se había iniciado una Revisión del Planeamiento General que se encontraba paralizada de hecho, mientras que en paralelo se preparaban una serie de operaciones puntuales en diferentes grados de desarrollo y tramitación, planteadas exclusivamente sobre criterios de rentabilidad económica, sin tener en cuenta otros enfoques de tipo social, medioambiental o de movilidad, y sin una participación real de la ciudadanía, que en muchos casos las observaba con desconfianza. Era el momento de poner sobre el tapete una nueva perspectiva, acorde con las bases ideológicas y programáticas de la corporación surgida de las urnas, de cara a definir un nuevo modelo urbano. Acorde con ese cambio de perspectiva, el Área de Urbanismo, que se ocupa de esta temática, pasó a denominarse Área de Desarrollo Urbano Sostenible.

b)      El agotamiento del sistema de planeamiento urbanístico

En el momento presente, el modelo de planeamiento urbanístico instituido en la Ley del Suelo de 1956 muestra síntomas de agotamiento y no parece disponer de la eficacia y agilidad que se requiere para afrontar la realidad de las ciudades en el siglo XXI. En Madrid, se está elaborando una nueva Ley del Suelo de ámbito regional que sustituya a la 9/2001 todavía vigente. Pero es necesaria una revisión más profunda. Parece indudable que la realidad urbana actual es muy diferente de aquella en la que se estableció el corpus normativo vigente en el urbanismo español.

Vivimos una situación histórica peculiar, caracterizada por la velocidad de transformación, los ritmos a los que se transforma la ciudad, nunca vistos con anterioridad. La sociedad capitalista ha tomado una deriva que impone una adaptación y una reutilización continua de los espacios y los volúmenes. La situación ha adoptado algunas características como propias: la inestabilidad, la imprevisibilidad y los cambios sucesivos, de forma que puede decirse que los flujos predominan sobre los espacios. Y nuestra regulación normativa, elaborada en una situación de estabilidad urbana, está diseñada para operar sobre espacios y resulta muy inadecuada para regular flujos. Para eso se requiere un tipo de instrumento diferente.

En segundo lugar, toda la regulación normativa vigente en el urbanismo está enfocada a los crecimientos urbanos, descuidando completamente los medios de actuación sobre la ciudad existente. Pero en Madrid, el Plan General de 1997, todavía vigente, ha colmatado el término municipal, al considerar urbanizables todos los terrenos no protegidos por planeamientos de ámbito regional, de acuerdo con su declaración programática de hacer un planeamiento al límite de capacidad del territorio.

Una vez agotado el territorio, nos encontramos con que la ciudad existente requiere una atención nueva, para poner al día las condiciones constructivas de los edificios de viviendas, así como los espacios públicos, en unos barrios construidos a partir de los años sesenta del siglo pasado en otro contexto sociopolítico, que deben modernizar sus condiciones para afrontar los retos del cambio climático y que, por puro envejecimiento de la construcción, necesitan intervenciones de mantenimiento, para mejorar la calidad de vida de sus habitantes y contribuir al reequilibrio urbano. La potente industria inmobiliaria de la ciudad puede encontrar una nueva utilidad en la rehabilitación de los barrios más vulnerables. 

En tercer lugar, los planes generales, herramienta estrella de la actual regulación urbanística, se han convertido en instrumentos lentos, de una tramitación cada vez más ardua y complicada, que requieren cuando menos cinco años de elaboración, de forma que, si llegan a aprobarse, operan sobre una información urbanística recolectada cinco años antes y probablemente obsoleta a la velocidad a la que evolucionan los fenómenos urbanos en la actualidad.

Pero además de lentos e ineficaces, los planes generales tienen un alto nivel de incertidumbre en su desarrollo; es muy dudoso que consigan llegar a la aprobación definitiva, porque dependen de acuerdos entre administraciones frecuentemente difíciles cuando no imposibles y en cualquier momento su tramitación puede colapsar, como sucedió con el último intento de Revisión en Madrid, un proceso que ya estaba paralizado antes de la llegada del actual Gobierno municipal. Y, tras su aprobación definitiva, pueden verse de nuevo suspendidos por recursos judiciales que busquen únicamente esa paralización, dadas las posibilidades que ofrece la acción ciudadana en un contexto fuertemente judicializado. Por eso buena parte de las ciudades españolas han decidido renunciar a la revisión de su planeamiento urbanístico y recurrir a una vía alternativa: el planeamiento estratégico.

Finalmente, si vamos a actuar sobre zonas o barrios habitados, es fundamental operar sobre la base de un enfoque participativo, que busque el mayor grado posible de consenso, de forma que todos los intereses que confluyan en un ámbito determinado sean tenidos en cuenta y puedan compaginarse y armonizarse. Con esto, ya tenemos las condiciones del tipo de plan estratégico que se propone, el Plan Madrid Recupera. Se trata de un instrumento novedoso, adaptado a una situación dinámica, que actúa sobre la ciudad existente, más estratégico que urbanístico y con el mayor grado de participación.

c)      Los barrios a regenerar

El crecimiento de la ciudad de Madrid experimentó una aceleración importante entre los años 50  y 70 del siglo pasado. Desde el final de la guerra civil hasta los 50, la ciudad mantenía una población estable en torno a 1,3 millones de habitantes y se mantenía dentro de los límites de la actual M-30. Esta estabilidad poblacional viene inducida por la política de autarquía, propugnada por el Estado en un contexto internacional de Guerra Mundial. Pero al lograrse la paz internacional, España empieza a abrirse al extranjero y ha de cambiar su política económica, que la ha llevado a ser uno de los países más pobres de Europa, sólo superado por Portugal. El cambio se sustancia en la Ley de Estabilización Económica (1959), que propugna la creación de polos de desarrollo industrial en las principales ciudades españolas.

Estos cambios inducen un fenómeno masivo de inmigración interior, del campo a la ciudad. Las ciudades crecen de forma exponencial por la avalancha de población que viene atraída por el empleo en la industria y la construcción, huyendo en muchos casos de las condiciones de miseria de sus lugares de origen. La población de Madrid pasa en pocos años de 1,3 millones a 3,7, cifra alcanzada en los años 70, tras lo cual se inicia un descenso hasta los 3,2 actuales. Toda esa nueva población se establece de forma más o menos irregular, a menudo en condiciones de infravivienda, en una corona en torno a la ciudad existente. Desde el Estado se ponen en marcha políticas de vivienda para regular esta avalancha, a partir del Plan de Urgencia Social, mediante Poblados Dirigidos, Poblados de Absorción, UVAS y promociones de la Obra Sindical del Hogar, que apenas consiguen solucionar una parte menor del problema.

No será hasta los 80, con el gran Programa de Barrios en Remodelación iniciado en 1975, cuando se afronte el problema de dotar a la población inmigrante de unas mínimas condiciones urbanas. Más adelante, promociones públicas, como Madrid Sur o Valdebernardo, completan el mapa de la periferia con los últimos barrios del extrarradio. Todo ello nos deja una corona, en general comprendida entre la M-30 y la M-40, formada por barrios construidos entre los 50 y los 80, mayoritariamente en tipología de bloque abierto, con condiciones constructivas a menudo deficientes, y con unos espacios libres caracterizados por su incertidumbre registral, una urbanización de baja calidad y un mantenimiento insuficiente.
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d)      Por un urbanismo más participado

La participación ciudadana en el urbanismo está contemplada en las sucesivas regulaciones urbanísticas como un componente ineludible del planeamiento. Sin embargo, con el tiempo los mecanismos arbitrados por la legislación suelen devenir en un envoltorio vistoso pero vacío de contenido. Se publican los diferentes planes, se recogen las alegaciones recibidas, se informan someramente y se da por cumplido el trámite, lo que permite avanzar en la tramitación. El número de alegaciones suele ser significativamente bajo, aunque a veces aparenta ser mayor por la existencia de reclamaciones idénticas suscritas por muchos particulares y presentadas de forma individual.

Un urbanismo participado es algo diferente. Un urbanismo participado es una forma de actuar que requiere incorporar al ciudadano desde la primera fase, la de la reflexión, de forma que tenga una intervención activa en todo el proceso. El municipio no debe limitarse a publicar aprobaciones y abrir un período para alegaciones. Se requiere que los técnicos trabajen conjuntamente con los vecinos y sus asociaciones, con un enfoque colaborativo. Se requiere crear un clima favorable que destierre la desconfianza histórica hacia la administración, justamente ganada después de décadas de ignorar las demandas ciudadanas. Y no basta con escuchar lo que dicen los vecinos y tomar nota. Es necesario propiciar una actitud activa de los ciudadanos, que les haga sentirse partícipes de las soluciones que se adopten.
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lunes, 7 de enero de 2019

800. Un hoax a ritmo de do wap

Una de las finalidades de este blog es precisamente que ustedes encuentren aquí términos o expresiones que no conocían antes, para que luego puedan fardar en sus reuniones de sociedad dándoselas de expertos, entendidos, engagés o aggiornati. Así que, como aventuro que muchos de mis seguidores no saben lo que es un hoax, ni conocen la música do wap, pues allá que me apresto a ilustrarles en esta mañana/tarde de día festivo, al menos aquí en Madrid. Tras los fastos de estos días, después de haber soportado los coñazos sucesivos de la cena de Nochebuena, el cotillón y las uvas de Nochevieja, más la comida del día de Reyes, de convivir con la ciudad atestada de cantores de villancicos y la casa llena de hijos, agradezco sobremanera que los que diseñan el calendario laboral de cada año hayan decidido que hoy, día 7 de enero, lunes, sea festivo. Y, por primera vez en unas cuantas semanas, me encuentro solo en casa, disfrutando de una jornada en la que no tengo que hacer nada que no me apetezca, ni espero que venga nadie, ni nada se va a interponer en este nuevo ensayo puntual de mi futura vida de jubilado.

De paso, ya les he colado el adverbio sobremanera, que seguro que tampoco manejan ustedes de forma cotidiana: me ha venido a la pluma (digital), lo he escrito así todo junto y no ha suscitado la irritación del corrector de Word, de lo que deduzco que es correcto. No les extrañará saber que lo primero que he hecho esta mañana ha sido salir a correr al Retiro. Lo mismo que hice los días 26, 28 y 31 de diciembre y 2 y 4 de los corrientes. Estoy en buena forma por primera vez en varios años y me gustaría poder seguir entrenando, aunque mañana empiezo a trabajar y no sé si va a ser posible. De momento, el miércoles debería salir de nuevo, pero tengo ya en agenda una jornada bastante complicada, que no sé si me dejará fuerzas para salir al parque a última hora de la tarde. Hoy he volado literalmente, a pesar de que continúa la contaminación y las restricciones de tráfico. Pero ya saben que yo sigo con mis convicciones y mi propia forma de cuidarme, hasta el infinito y más allá.

Les pongo un contraejemplo. El otro día llamé a mi amigo Tito, para desearle feliz año y pedirle permiso para mencionar su nombre completo en el blog, al citar su frase gloriosa con la que inicié uno de mis últimos posts (si me hubiera dicho que no, hubiera puesto solamente su inicial, de acuerdo con las normas del blog). Y resultó que lo pillé en la cama, con un gripazo tremendo, fiebre alta y una ronquera importante. Pregunta: –¿Tú no te vacunas, Tito? Respuesta: –Yo, religiosamente, desde que cumplí los 60, según lo que recomienda la Comunidad de Madrid. En fin, ya saben que yo no me he vacunado en mi vida, que mi forma de protegerme de la gripe es salir a correr por el Retiro a temperaturas entre -1 y 2 grados. Y por supuesto: yo no me vacuno, además, precisamente porque lo recomienda la Comunidad de Madrid, organismo por cuya desaparición a medio plazo brindo desde esta página, como he dicho repetidamente.

Pero vayamos a lo que les prometía en el título, y en orden inverso, para joder. Por si no lo sabían, la música do wap está considerada uno de los antecedentes del rock’n roll. Es una música esencialmente vocal, que salió de los coros de góspel de las iglesias en los años 30 y 40 y que empezó a cantarse en las calles, sobre todo por grupos de chavales negros, básicamente sin acompañamiento de instrumentos musicales (no tenían dinero para comprarlos), lo que suele llamarse a capella, con el único apoyo de alguna percusión improvisada, o el ritmo que marcaban los músicos chasqueando los dedos. Hace poco les traje un vídeo de los Platters, cantando The great pretender. Los Platters eran un grupo surgido del mundo del do wap. Lo que pasa es que en los 50, grupos de blancos se empaparon de esas armonías y empezaron a componer sus canciones en esos registros, línea estética que completaron con tupés, chalecos abiertos de raso rojo, chicas con vestidos amplios de lunares, cadillacs, etc. Este estilo tuvo su máxima expresión en Nueva York, con grupos como Dion and the Belmonts, del que les traigo un tema, para que sepan de qué estamos hablando.


Vamos introduciendo ahora lo del hoax (pronunciar heucs). Lo cierto es que la otra noche estaba tan tranquilo en mi casa, cuando me entró por whatsapp un mensaje de mi amigo Horacio-que-no-se-llama-Horacio, mi colega de Barcelona en el workshop de Chicago, en el que me rebotaba un anuncio de la aerolínea Emirates que ofrecía 500 billetes gratis a los primeros que los pidieran, para conmemorar el aniversario de la creación de la compañía. Sonaba raro, pero ya saben que soy un poco pánfilo y no desconfío de entrada de estas cosas y menos viniendo de un tipo tan ventilado, como Horacio, a quien vi desempeñarse en Chicago con mucha soltura, tanto en inglés como en lo relativo al mundo digital. El caso es que, por si es caso, se me ocurrió rebotar el mensaje a un chat que mantengo con un par de amigas bastante versadas en estos temas, para ver qué me decían. Luego empecé a indagar en el mensaje.

Empezaban por hacerte dos preguntas muy estúpidas, de esas que tienen una respuesta muy clara. Respondí a ambas y entonces me pidieron que rebotara el mensaje a diez amigos míos de whatsapp. Hasta ahí podíamos llegar. Ese es un truco para calzarte un yavoy o similar, que conozco desde que una vez metí la pata en la prehistoria de mi vida, cuando intentaba entrar en una página pirata para ver gratis un partido de fútbol de pago. Cometí la torpeza hasta de teclear mi número de teléfono y luego me costó un mundo quitarme el yavoy, por el que me cobraban dos o tres euros semanales. Bastará que les diga que eso me sucedió con uno de aquellos Nokia con los que todos empezamos a engancharnos al móvil. El caso es que me volví para atrás y entonces me llegaron los mensajes de mis compañeras de chat. Ojo, que puede tener un virus, me decía una. Cuidado, me advertía la otra que, aunque no tenga virus, seguro es un hoax.

Continúo ilustrándoles respecto al do wap, antes de seguir con la historia del hoax. Como les decía, en los cincuenta, el do wap se infiltró en el imaginario de los chavales de Brooklin y del Bronx, que aprendieron a manejar estas armonías, que acabarían influyendo decisivamente en los Beach Boys y hasta en los mismísimos Beatles. Cuando el actor Robert de Niro se decidió a firmar su primera película como director (sólo ha hecho dos y la otra no es tan buena en mi opinión), se centró en contar su propia infancia en los barrios neoyorkinos. El film es extraordinario y se llama Una Historia del Bronx (1993). Para elaborar su banda sonora, reunió a cinco veteranos de aquellos años, que seguían formando un grupo callejero esporádico, aunque vivían de otros trabajos. El grupo se renombró Cool Change y este es el maravilloso resultado, sobre unas imágenes del Bronx de la época. Merece la pena que se lo pongan en pantalla grande. Este es un do wap de libro, sin más acompañamiento del que puntean los dedos chasqueados.


Sobre este delicioso fondo musical se iniciaba la película, antes incluso de los títulos de crédito. Les diré que yo la vi dos veces en el cine de estreno y se la recomendé a todos mis compañeros de trabajo, como había hecho con Blade Runner diez años antes (por ese tiempo yo tenía ya más ascendiente sobre mis colegas en cuestión de cine y rock'n roll). Joder, si no la han visto, bajen al videoclub más cercano o descárguensela, o corran a comprarla en algún FNAC o similar. Y véanla ya hoy, no esperen a mañana. Es una de las películas que más me han gustado en la vida. Ese grupo improvisado de músicos veteranos, que dio en llamarse Cool Change, dejó para la posteridad este otro vídeo en el que improvisan un do wap según la norma. Aquí lo tienen.


OK. Ahora que ya saben lo que es el do wap, sigamos con la otra historia. Investigué un poco en Internet y muy pronto encontré una información al respecto, que pueden ver AQUÍ y que inmediatamente le remití a mi amigo de Barcelona. Espero no haberme infectado con algún virus o mierda similar, yo no mandé los diez whatsapps que te piden, sólo uno y lo borré enseguida. Lo que no estoy tan seguro es que el bueno de Horacio haya quedado libre de mancha. Es posible que haya mandado los diez mensajes que le pedían. Aún en ese caso imagino que le habrán pedido algún tipo de confirmación que hay que ser muy pánfilo para clickar, aunque ya les digo que yo hice algo así con mi Nokia prehistórico.

A lo que vamos. ¿Qué es un hoax? Pues un engaño masivo por medios informáticos, que uno puede ayudar a propagar sin ser consciente de ello. Un fraude en el que te ponen un cebo para que piques. Una vez que picas, puede que te infecten con un virus o un malware, o simplemente te tragues una noticia falsa o un mensaje político tóxico. Con cosas como esta se ha conseguido que gane el señor Trump, que triunfe el Brexit, que en Colombia gane el no a la paz, o que Vox saque tantos votos en Andalucía. O que los gilets jaunes sigan dando el coñazo domingo tras domingo. Y, por supuesto, que se extienda el mensaje no menos tóxico del prusés (ya he dicho que para mí este fenómeno no es diferente de los relacionados más atrás). Hemos de protegernos de estas cosas. Y todos los analistas políticos alertan de que viene un año de abrigo. Las elecciones locales y europeas de mayo son cruciales para proteger el mundo que hemos vivido en los últimos 70 años y tratar de mejorarlo y no empeorarlo.

Háganme el favor, estén atentos. La derecha va a seguir votando a los suyos, sean corruptos, burros o impresentables. Si los de la izquierda nos las damos de exquisitos y empezamos a arrugar la nariz al advertir que nuestros candidatos son feos, tienen halitosis o gastan una coleta que no nos gusta, entonces vamos aviados. De aquí al último domingo de mayo les voy a dar mucho el coñazo con este tema. Porque creo que nos jugamos mucho. No hay que caer en alarmismos, está en nuestra mano pararlos. Pero, hemos de juntar fuerzas contra los Trump, Salvini, Le Pene, Putin, Erdogan, Duterte, Salman y tantos otros (y Puigdemont, desde luego). Todos esos sujetos están al frente de fuerzas disgregadoras. Y hemos de estar unidos para afrontar, de la mano de la ONU, el triple reto que nos viene: demográfico, tecnológico y climático. Si estoy equivocado, si esto es incorrecto, if this is wrong…

El do wap ha sido siempre una línea artística muy próxima al rockabilly. Por eso, cuando Robert Gordon grabó en 1978 su disco Fresh Fish Special, que era todo un homenaje al rockabilly, no dejó de incluir un tema totalmente do wap que se llamaba If this is wrong. Yo vi su concierto en Madrid durante la gira de promoción de este disco. Compartía cartel con Ian Dury y ambos tocaron en el desaparecido Pabellón de Baloncesto del Real Madrid, justo donde ahora hay cuatro torres monstruosas (y una quinta en camino). Les dejo con el tema en cuestión: si esto es incorrecto, enamorarme de ti, no hay nada que yo pueda hacer, etcétera. Para escucharlo han de pinchar AQUÍ. Sean buenos.