jueves, 14 de noviembre de 2013

198. Estrasburgo, ciudad clave de la construcción europea

Aquí estoy otra vez frente al ventanal de la Avenida Winston Churchil, que hoy me muestra una Bruselas gris, bajo un manto de niebla que no acaba de levantar. Cuando termine de redactar mi post, tal vez me vista de deportista y salga a correr a un parque que he localizado por aquí cerca. El gato Gustavo vuelve a vigilar el paso de las aves por el cielo. Es un gato prudente, al que no gustan las alturas ni los sobresaltos. Yo creo que debe de sufrir alguna forma de vértigo, algo inusual entre los gatos, que revela su nivel de inteligencia y reflexión. La prudencia es cualidad propia de los seres más evolucionados. Los irracionales suelen ser mucho más arriesgados e insensatos.

El lunes 11, aniversario del Armisticio de la Gran Guerra y festivo en USA y buena parte de Europa, salimos Lucas y yo en un tren tempranero con intención de visitar Estrasburgo, ciudad que no conocíamos, y regresar al anochecer. Por estas tierras del norte, el atardecer es largo y perezoso pero, aun así, a la 17.30 es prácticamente noche cerrada. Hace poco escuché que una comisión del Congreso español estaba estudiando cambiar nuestro horario para ponernos al ritmo de Portugal y Canarias que es lo que nos toca según el huso solar. Si hacen eso, en invierno se nos hará también de noche a las 17.30. Creo que ya les he dicho que a mí el horario que me gusta es el de verano. Yo no lo cambiaría en todo el año.

Lo más curioso es que dicen los de la comisión de marras que eso de que vayamos con el horario de la mayor parte de Europa proviene de una decisión de Franco, que quería que estuviéramos acompasados con el horario de Berlín, para halagar a Hitler. Y como lo decidió Franco, ya es algo malísimo y perverso. Desde luego que fue un Dictador, dio un golpe de Estado, nos jodió durante 40 años y es el culpable de muchas cosas, pero no todo lo que hizo ha de ser malo por decreto. Seguro que se tiraba pedos, y no vamos a demonizar por eso a todos los pedorros. Yo no sé por qué no dejan en paz los horarios, cada vez que hay un cambio de horario, los niños, ancianos y personas más sensibles pasan unos días fatal. Yo tuve un gato que se deprimía en el cambio del otoño y no se recuperaba hasta una semana después.

Estrasburgo es una ciudad preciosa, marcada por su localización en una zona llana en la que el curso del Rin se abre en numerosos brazos y meandros, creando una serie de islas fluviales en las que se asientan los barrios más céntricos. La posición geográfica de algunas ciudades marca para siempre su destino en la historia; piensen en lugares como Lisboa o Tuy. Los romanos llegaron hasta aquí y plantaron un campamento de la Legión al que llamaron Argentoratum. Desde el siglo IV tiene obispo cristiano, si bien fue arrasada por los hunos de Atila en el año 451. Reconstruida y asaltada de nuevo incontables veces, recibió el nombre germánico de Strassburg, ciudad de carretera, que subraya su carácter de cruce de muchas rutas, entre ellas la fluvial, puesto que el Rin era navegable hasta aquí.

Bajo el mando del obispo, formó parte de la Lotaringia y se integró con ella en el Sacro Imperio Germánico. En 1680 la conquistaron los franceses, pero en 1781, tras la guerra franco-prusiana, pasó otra vez a dominio alemán hasta el fin de la Gran Guerra. Luego, otra vez francesa hasta que las tropas de Hitler burlaron la Línea Maginot por el procedimiento de invadir Holanda y Bélgica y entrar por el norte. Recuerden que, para ello, arrasaron Rotterdam y amenazaron con hacer lo mismo con Utrecht. Después de unos años de prohibición de hablar en francés (una sola palabra en francés, escuchada y delatada por un soldado nazi, comportaba el encarcelamiento inmediato), fue liberada por el general Leclerc a finales de 1944.

Y aquí viene lo más grande. Esos dos colosos, esos dos estadistas que fueron De Gaulle y Adenauer decidieron entonces que se habían acabado las guerras. Se dieron un abrazo, dijeron que “pelillos a la mar” y proclamaron la unión indisoluble de sus países para siempre, germen de la actual Unión Europea. Subieron al carro a algunos comparsas para disimular: Italia y los tres del Benelux. Fijaron la capital en Bruselas, para que no estuviera en un lado ni en otro (por eso Bélgica no se ha dividido aun en dos países). Situaron algunas instituciones centrales en Luxemburgo por el mismo motivo. Y convirtieron a Estrasburgo en capital de la reconciliación.

Estrasburgo está del lado francés, pero desde el Estado y la región de Alsacia se promueven continuamente políticas de hermanamiento con Alemania, tanto fiscales como culturales. La ciudad se apoya en la misma raya de la frontera, por lo que su área metropolitana incluye un barrio alemán, denominado Khel. Los rótulos de las calles son bilingües. Y las autoridades educativas, que no se parecen en nada a Lo-que-hay-que-Wert, imponen el aprendizaje del alemán desde los niveles de primaria. No se crean que aquí no hay también nacionalistas, es un virus generalizado. Estos personajes de mente preclara promueven en cambio el uso y aprendizaje del alsaciano, una lengua arcaica, como el bretón o el euskera, tan difícil como éstos y con idéntica utilidad fuera del terruño vernáculo.

En su papel de territorio de la reconciliación, alberga importantes instituciones como el Parlamento Europeo, el Tribunal de Derechos Humanos o el Consejo de Europa. Todos ellos ocupan enormes edificios fuera del maravilloso centro histórico, situado en una isla del Rin de forma elíptica, la Grande Île, íntegramente declarada Patrimonio de la UNESCO, como ejemplo de ciudad medieval. En su centro, la Catedral de Nôtre Dame de Strasbourg, testimonio del antiguo poder del obispo, la cuarta catedral más alta del mundo. Esta construida en la piedra arenisca de la región y data del siglo XV. Es de estilo gótico flamígero, que en francés se dice gothique flamboyant. El trabajo de piedra es de una complejidad y delicadeza sorprendentes.

La ciudad tiene un estupendo servicio de tranvías de doble raíl, inaugurado en 1994. El área metropolitana, con 1,2 millones de habitantes, es la cuarta de Francia, después de París, Marsella y Lille. Tiene un montón de sedes bancarias, una Bolsa, varias Universidades y Escuelas Politécnicas, además de la sede central de la ENA, la poderosa Escuela Nacional de Administración de la que salen todos los funcionarios de Francia y por la que han pasado los principales políticos franceses de los últimos tiempos. 

Abajo les pongo un enlace con algunas de las fotos que hice. Estuvimos todo el día callejeando por allí, aprovechando que el tiempo estaba despejado. Hay muchísimas cosas que ver en esta ciudad. Paramos a comer una hamburguesa en L’Academie de la Bière, un lugar con mesas de madera sin mantel, grandes jarras de cerveza a presión, buenas hamburguesas de carne roja, música de blues de calidad y público de moteros y músicos veteranos. Estos son mis lugares favoritos (¿conocen el Boot’s Hill de Majadahonda?). Y regresamos en el tren de las 18.15, que ya salía de noche. En Nancy estaba también despejado, pero hacía un frío del carajo (perdón, del demonio). Cenamos unas salades gourmandes y nos recogimos pronto, que mi hijo trabajaba al día siguiente. Mi tren a Bruselas no saldría hasta las 13.20, por lo que tendríamos margen de comer juntos y despedirnos. La excursión a Estrasburgo, extraordinaria.
  

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