viernes, 29 de enero de 2016

470. A mandar

Que sí, que bueno, que vale, que de acuerdo, que estoy un poco pesadito con el Bowie, no hace falta que me lo repitan tantas veces, ya les pongo abajo a Elvis, hala, con Dios.

Por si alguien pensaba que exageraba con eso de El País, El Buda Feliz y la brunete mediática, ¡toma ya primera página de ayer! Esto sí que es poner las cartas boca arriba. Fuera caretas. El Buda a cuatro columnas atronando desde su Olimpo, Hades enfurecido clamando por la Grosse Coalition, el gran contubernio que salve el statu quo, de forma que nadie les toque los privilegios y las sinecuras a los que han cortado el bacalao en la finiquitada era del bipartidismo. Su discurso está lleno de diatribas contra Podemos, partido al que acusa nada menos que de “querer liquidar el marco democrático de convivencia”. Tal vez se refiere al marco que ha permitido, por ejemplo, que Rodrigo Rato se forre estafando a los pequeños inversores que confiaron en él cuando todavía se afeitaba y tocaba la campana con una sonrisa de oreja a oreja.

Anoche me crucé por la Gran Vía con una patética manifestación de afectados de Bankia. Eran unos veinte, todos ancianos resguardados bajo sus paraguas negros y vigilados por no más de dos policías, de puro inofensivos que resultaban. Marchaban bajo la lluvia, como muertos vivientes, arrastrando los pies por los charcos y cantando sin mucha convicción este estribillo: Nosán-qui-tao, nues-tro-dinero (bis). Y también este otro: No somos inversores, somos ahorradores (bis). Que les hablen a éstos del peligro de que venga alguien a liquidar el marco democrático. Por otro lado, con lo gordo que está El Buda Feliz, lo raro es que no se haya quedado atorado en alguna de las puertas giratorias que con tanto énfasis quiere proteger de podemitas y chavistas. Y aquí estamos los sufridos españolitos, espectadores atónitos del circo político, ya en 2016 y con enero vencido. Dentro de nada, otra vez Navidad.  

Hace tiempo que no les cuento nada de mi vida y milagros y tal vez sea momento para ello. Por un lado, a finales del año pasado hice un viaje relámpago a Galicia, con baricentro en una notaría de Noya, donde debía firmar unos documentos de los que no les he dado muchas precisiones, pero que me han supuesto un ingreso de dinero extra, tras desbloquearse un asunto enquistado durante décadas. No es una cantidad como para volverme loco y cambiar de vida, pero sí para darme algún lujo. Digamos un premio menor de la lotería de la vida. Ante eso, y también inducido por el cambio de año, he adoptado unas cuantas decisiones que les detallo.

1.- Adquirir acciones del Deportivo de La Coruña, aprovechando la ampliación de capital que Hacienda le ha obligado a completar antes de fin de año. No les voy a decir la cantidad, pero creo que es proporcionada a mi situación y la del club.
2.- Hacerme socio de ACNUR, la organización de la ONU que ayuda a los refugiados que deben abandonar su tierra y malvivir en campamentos provisionales. Como les he dicho más de una vez, 2.000 millones de personas, de los 7.500 que habitan la Tierra, carecen de alojamiento estable. Un concepto que no incluye okupas ni edificios de autoconstrucción bien aislados y acondicionados. Sólo gente que vive en chabolas infames, campamentos, cuevas, en la selva o en la calle. Cualquier ayuda es poca, para este desastre.
3.- Hacer unas obras en mi casa, renovar la cocina y el baño y mejorar el aislamiento general para no pasar tanto calor en verano ni frío en invierno (suponiendo que hubiera invierno, cosa que todavía está por ver este año). Aún no he empezado con esto pero ya he hecho los primeros contactos.

Planeo un número 4 y un número 5, pero no se los voy a contar todavía. Aquí sólo se reseñan los proyectos ciertos y confirmados, porque, por un lado, ya saben que trae mala suerte vender la piel del oso antes de cazarlo y, por otro, en las ocasiones en que he proclamado que haría una cosa y luego no la he hecho, ustedes queridos lectores, me han machacado conveniente y justificadamente a cuenta del incumplimiento. Por ejemplo, cuando viajé a Escocia y prometí comprarme un kilt, la típica falda, y subir al blog una foto vestido con ella. Así que aquí ya no se promete nada que no esté asegurado y certificado.

Otro asunto. Les conté que había presentado la instancia para pedir el reenganche o, dicho con propiedad, la prórroga de mi actividad laboral para otros cinco años (Five years, that's all I got). Por error les dije que esa instancia iniciaba tres vías administrativas paralelas, que terminaban en tres documentos, a la vista de los cuales el responsable municipal de recursos humanos adoptaba una resolución oficial al respecto. La cosa no es exactamente así. En realidad, hay uno de estos procedimientos que va por delante: ese en que tus jefes directos firman un papel diciendo que eres todavía útil y necesario. Si este procedimiento no prospera, se ahorran los otros dos. No ha sido así en mi caso: ya tengo el papel firmado y cursado. Ahora estoy a la espera de que me convoquen para un nuevo reconocimiento médico (tengo los resultados del que me hicieron en noviembre, aparentemente sin ninguna novedad a destacar). Y, en paralelo, alguien debe de estar haciendo el informe sobre mi trayectoria laboral de más de 33 años en el Ayuntamiento.

Si nada se tuerce y me conceden el reenganche, entraré en un período nuevo, caracterizado por la facultad de largarme cuando más me apetezca, una cierta forma de libertad. Es una situación que me da bastante tranquilidad. Tendré tiempo para pensar con calma qué es lo que más me conviene. Depende de la deriva que tome el Ayuntamiento de mis penares y de mi posición en estos tiempos nuevos. Yo ya no espero que me reclamen para puestos de responsabilidad como los que ostenté hasta 2011. Pero estoy en una posición cómoda, nadie me presiona excesivamente y tengo muchos días de vacaciones, una vez que nos han devuelto los canosos que nos habían birlado (me encanta esta palabra) los del equipo anterior.  Lo de que los tiempos han cambiado, es una realidad, y no hay que quedarse con cuestiones superficiales, como la entrada de un tipo con rastas en el Congreso. En el mundo de la empresa ya se han dado cuenta y, por ejemplo, aquí les traigo una imagen muy expresiva, que ha repartido entre sus empleados una empresa puntera. Véanla con atención.



Supongo que se han fijado en eso de la Redarquía y la Adhocracia Distribuida. Nuevos palabros que habrá que aprenderse. Lo que pasa es que yo tengo mucho adelantado, porque llevo algo más de tres años trabajando en régimen de adhocracia, no sólo distribuida, sino encima clandestina. Lo hacía así, porque por los canales jerárquicos no me llegaba el suficiente trabajo como para llenar las interminables horas de encierro que me obligaban a cumplir. Fue una de mis formas de no volverme loco (junto con esta de escribir un blog) y ahora me muevo como pez en el agua por estas redes transversales. En este momento represento al Ayuntamiento en la red ONU-Habitat, y al Área de Desarrollo Sostenible (antes Urbanismo) en dos comisiones, una que se ocupa de aplicar la nueva Ley de Transparencia y otra que tiene por objetivo mejorar la posición de la ciudad en los rankings internacionales. Además sigo atendiendo a todos los grupos de extranjeros que vienen a Madrid y, de vez en cuando, esto tiene una correspondencia con algún viaje al exterior. Ahora mismo tengo uno de estos viajes en proyecto, que no les especifico, porque todavía no es seguro al 100%.

Así que no me puedo quejar. Estoy entretenido, nadie me gruñe, ayudo en cosas que son de utilidad, y encima estoy a punto de ingresar en un estatus que me permitirá largarme cuando me dé la gana. Porque no se crean que no me tira también la vida de jubilado. La posibilidad de tomarme un vermú en las Bodegas Rosell en día de diario, sin que esté petao. O de ver la exposición de Kandinsky en Cibeles sin tener que hacer una cola interminable. Pero he de reconocer que, a día de hoy, la mía es una situación envidiable. Sería hasta antiestético que me quejara. Cierto que en el Ayuntamiento hay un poco de caos y una cierta parálisis. Queramos o no, el municipio está también afectado por el caos y la parálisis del Estado. Ahora que parecía que PP y Ciudadanos estaban a punto de lograr un acuerdo, les ha explotado el grano de pus de la corrupción valenciana. Realmente, el señor Rajoy debería de quitarse de en medio. Siempre va a tener sobre su cabeza una cruz: su nombre en los renglones amarillos de Bárcenas (aguanta Luis), ahora empeorada por su declaración de amor eterno al impresentable de Rus. Como en el caso de Rato, espero que un día todos estos tipos que se han hecho de oro por el procedimiento de birlarnos nuestros ahorros, acaben bailando el Jailhouse Rock. Les dejo con el vídeo prometido. Comprueben por qué le llamaban a este hombre Elvis the Pelvis. Buen finde.   


6 comentarios:

  1. Mira que había escuchado mil veces el rock de la cárcel, pero no había visto nunca esa coreografía tan graciosa. ¿De dónde la has sacado?

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    1. Está en el Youtube. La escena pertenece a la película Jailhouse Rock, dirigida por Richard Thorpe y estrenada en 1957. Se considera, junto a King Creole (Michael Curtiz 1958), la mejor de las películas de Elvis, en donde su arte se puede disfrutar en plenitud. Ese mismo año 58 fue llamado a filas y el invento se jorobó: ya no volvió a ser el mismo.

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  2. Lo de arreglarte tu casa puede ser o no un lujo, en función de cómo la tengas. De vez en cuando hay que darle un repaso, para que no se te caiga a pedazos.
    Una cuestión colateral: el contador del número total de visitas hace tiempo que no muestra ninguna cifra.

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    1. La última reforma de la casa, sobre un diseño mío, se hizo con mi hijo Lucas recién nacido. Está a punto de cumplir 26. Ya hace años que le toca remozarse un poco.
      Lo del contador a mí me sale perfectamente. A lo mejor tienes un Ipad, que son mucho más imprevisibles. El Ipad e mobile, cual piuma al vento...

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  3. A Rato lo acabaremos viendo tras las rejas, supongo. La Justicia es como un animal antediluviano: es difícil hacer que se mueva pero, una vez que arranca, ya no se puede parar.

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    1. Mucha fe tienes tú en la Justicia (no sé ni por qué la pongo con mayúscula). Te diré: Operación Guateque. Iniciada en 2007. Nueve años después aun no hay juicio ni nada.Otro: Mario Conde. Una temporadita a la sombra y a vivir. Más Roldán, más tantos otros. Si no fuera así, no estaría todo el mundo intentando hacer trampas. Hasta las ciclistas belgas de 19 años. Yo creo que, para uno que pillan, nueve se van de rositas. Y al que pillan también se va de rositas a medio plazo. Eso de que el criminal nunca gana es literatura. En este país, el único que sigue en la cárcel es Otegui.

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