domingo, 16 de agosto de 2015

411. Varsovia y Cracovia I

Ya saben que yo donde me siento como pez en el agua es en las ciudades. El campo es un lugar lleno de insectos en donde me da miedo perderme. Pero, si me sueltan en medio de una ciudad grande, inmediatamente me oriento, busco el centro, me hago con un plano y me sitúo. En Polonia, las dos ciudades más grandes y relevantes son las del título. Cracovia fue la capital histórica de Polonia durante siglos, hasta serlo también de la gran Mancomunidad con Lituania, creada en 1569, cuyos dominios se extendían hasta el Mar Negro (el rey de Polonia y el Gran Duque de Lituania idearon esa fórmula para ser más fuertes juntos, al contrario de lo que ahora pretende Artur Mas). Ese gran estado, que llegó a ser el mayor de Europa, duró hasta 1795, cuando los territorios polacos se repartieron entre Rusia, Prusia y Austria.

Y fue precisamente en ese período de esplendor cuando el rey polaco decidió trasladar la corte a Varsovia, lo que la convirtió en capital de hecho. El objetivo de ese traslado era buscar una ubicación céntrica para crear la capital de la Mancomunidad, en un lugar neutral que no fuera ni Vilnius ni Cracovia. Desde entonces, Cracovia y Varsovia tienen una rivalidad acusada. Los de Cracovia dicen que ellos nunca han dejado de ser la capital de Polonia, porque los reyes sólo se llevaron la corte, pero no hicieron una declaración formal de que la nueva capital fuera Varsovia. Los de Varsovia responden que Cracovia tampoco contó nunca con una declaración formal como la que les exigen a ellos. En fin, puñeterías. De lo que no cabe duda es de que Varsovia es la más grande de las dos (1,8 millones de censados, tal vez 2 contando la población irregular, frente a los 800.000 de Cracovia) y que es la capital administrativa. Cracovia es la capital cultural e histórica del país, ciudad bullanguera, llena de estudiantes y turistas. Y finalmente hay algo indudable: Cracovia es preciosa y Varsovia es más bien fea.

La historia de ambas está llena de asimetrías. Durante los 124 años en que Polonia desapareció del mapa, Varsovia quedó bajo dominio ruso y Cracovia en el lado austriaco. Los rusos son gente mucho más rígida y tienen una manía ancestral a los polacos. Así que les aplicaron un régimen bastante severo. En cambio los austriacos se prendaron de la belleza de Cracovia, la ayudaron a desarrollarse y la promocionaron como una de las ciudades importantes del Imperio Austro-húngaro. Tras el armisticio de la Gran Guerra, la recién creada Polonia hubo de defenderse del ataque soviético de 1920, que pretendía extender el socialismo hacia el Oeste. Los polacos les derrotaron en las afueras de Varsovia, con unas tropas notoriamente menos numerosas, en lo que se dio en llamar el milagro del Vístula. Eso dio a la gente de Varsovia un marchamo de héroes: ellos habían sido los que habían frenado el expansionismo del comunismo ateo y despótico. Ellos eran los salvadores de Occidente y del catolicismo, a costa de su propia sangre. Mientras tanto, en Cracovia seguían con su vida plácida, bailaban el charlestón y seguían presumiendo de ser los más cultos y los más modernos.

Llegan entonces los nazis y se arma la que ustedes saben. Cada una de estas dos ciudades tiene una película emblemática, que expresa con exactitud lo que sucedió: El Pianista, de Polansky (Varsovia) y La Lista de Schindler, de Spielberg (Cracovia). Terribles las dos. Durante la ocupación, en Varsovia se produjeron dos insurrecciones, ambas aplastadas a sangre y fuego. La primera, la del Gueto Judío, en 1943, surge cuando al interior del gueto llega la información de que a la gente de allí a la que van deportando, no la mandan a campos de trabajo sino de exterminio. Su desarrollo se puede visualizar en la parte final de El Pianista (el tema de los judíos requiere un texto aparte, sobre todo, después de mi visita a Auschwitz). El segundo levantamiento tuvo lugar a finales de 1944. Los rusos estaban a las puertas y los polacos decidieron allanarles el camino. Pero, como ya se ha consignado en el post anterior, Stalin dio la orden de que las tropas se quedaran al otro lado del Vístula. Y los rebeldes polacos fueron masacrados por los nazis. El resultado de ambos alzamientos frustrados fue una ciudad demolida prácticamente en su integridad.

En Cracovia, los nazis fueron bastante respetuosos, a pesar de crear un gueto para los judíos. El centro histórico se respetó y la ciudad nunca se rebeló, por lo que tampoco sufrió una destrucción como la de Varsovia. Finalmente, durante el período de gobierno socialista, el régimen reconstruyó Varsovia con los criterios del urbanismo soviético. Y respetaron Cracovia, en donde ayudaron a rehabilitar algunos monumentos dañados y se limitaron a construir a unos cuantos kilómetros un barrio  nuevo con los criterios marcados por la URSS. Es el barrio de Nova Huta, en donde se alojó a los obreros de una nueva industria siderúrgica. Ahora esta industria está cerrada y Nova Huta es un distrito de la Cracovia extendida. Con estos antecedentes, no es de extrañar que, cuando la UNESCO inició su programa de declaración de Bienes Patrimonio de la Humanidad, Cracovia fuera (con Quito) uno de los dos primeros cascos históricos declarados como tales, en 1978.

¿Qué es lo que tiene Cracovia, para que su tejido histórico central fuera respetado por los sucesivos invasores de Polonia? Pues es algo intangible, que se siente al pasear por sus calles llenas de gentes, tiendas tradicionales, cafetines de estilo vienes y músicos callejeros. Y el fenómeno es de doble dirección. Quiero decir que, el hecho de que nunca haya sido destruida, dota a sus estructuras de una continuidad directa con los tiempos ancestrales, con tradiciones y rutinas intactas desde hace siglos. Cuando una ciudad sufre tantas destrucciones sucesivas como Varsovia, algo más que los edificios se pierde para siempre. En el siguiente post les pongo algunas imágenes de ambas ciudades. Con todo, Varsovia es también una ciudad llena de interés, en donde, por ejemplo, se firmó el famoso Pacto de Varsovia, que durante años equilibró el peso de la OTAN. Tras 1945, la ciudad fue reconstruida paulatinamente y recobró la riqueza de su vida cultural.

En el centro histórico reconstruido hay una plaza mayor, ahora llena de terrazas y chiringuitos, y presidida por la estatua de la sirena que empuña una espada, símbolo local. Cuando la reconstrucción, se produjo una de esas historias que a mí me encantan y que no se pueden encontrar en Internet, sino que necesitas que te la cuente, en este caso, un polaco. En uno de los lados de la plaza, los soviéticos propusieron construir uno de sus edificios prototípicos, coronado por una estatua gigante de Lenin, con el dedo índice alzado. Llegaron a tener el proyecto terminado. Pero, dentro de los parámetros de colaboración entre los gobiernos del Pacto, optaron por consultar con un prestigioso arquitecto polaco, afín al régimen. El tipo desmontó el proyecto, planteando una duda que fue imposible de resolver. De acuerdo con las nuevas normas de la navegación aérea, el edificio debía tener una señalización luminosa, en sus puntos más altos. ¿Dónde poner las luces rojas? ¿En el dedo de Lenin? ¿En el cocoroto? ¿Tal vez en la nariz? Cualquiera de las soluciones podría provocar la rechifla de los contrarios al socialismo.

Ante ello, los arquitectos optaron por cambiar su idea y completar la plaza con un frente similar a los otros tres, en el que ahora se está construyendo el Museo Nacional de Polonia. Es una historia reveladora del carácter polaco, que me recuerda a otra similar en la primera posguerra española, que les cuento. El Arco de Triunfo que todavía existe en la entrada a Madrid por la Moncloa, es en realidad una escenografía, junto con el edificio que ahora alberga el intercambiador de transportes, cuyo objeto último era servir de fondo a una estatua ecuestre del Caudillo. Incluso, si lo visitan, pueden ver en el suelo la peana preparada al efecto. Se planteó entonces una duda. Si se colocaba mirando al exterior, el caballo mostraría el culo a la ciudad. En el caso contrario, el culo del caballo sería lo primero que verían los que llegaran a Madrid. Ante ello se optó por poner la estatua en un lateral de los Nuevos Ministerios, un lugar donde compositivamente no pintaba nada. Allí subsistió durante todo el franquismo, hasta que, ya en democracia, fue sustituida por la actual del ministro socialista de la República Indalecio Prieto.

Las fotos en el segundo capítulo de este texto.

      

4 comentarios:

  1. En los primeros días del próximo mes viajaré a Polonia en plan turista, así que estos post son una bendición que me viene en el momento más adecuado.
    Inicialmente programé cuatro días en Cracovia, y visto lo visto, parece que me he equivocado: necesitaría siete. Tengo pues que variar mi planificación, llegando a la conclusión de si visitar Auschwitz o Zakopane en el día que dispongo, pues los otros ya los tengo comprometidos.
    Creo que voy a sacrificar Auschwitz, al igual que ese grupo de seis que no quisieron ir, Y la razón que me mueve a no ir es el mercantilismo que se está haciendo del victimismo judio. Me gustaría su opinión al respecto, pues creo que Auschwitz no es un museo de un hecho histórico, sino la mejor propaganda que el sionismo ha encontrado para propagar su ideología. Tengo la impresión de que se presenta lacrimógeno, buscando la solidaridad con la causa judía como principal objetivo.
    Zakopane, sin embargo, está a más de cien kilómetros, y dado los transportes, el día quizá me resulte insuficiente.
    Digo todo esto para atreverme a solicitar un post exclusivo sobre Auschwitz ¿es posible?.
    Un abrazo.

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    1. Amigo, no sabes qué ilusión me hace que mis textos tengan alguna utilidad suplementaria, más allá del mero entretenimiento. Tengo en la cabeza dos posts: uno sobre religión y antisemitismo en Polonia, y otro específico sobre Auschwitch y el horror absoluto (por cierto, tu comentario me ha hecho ver que lo escribía mal y ya lo he corregido en donde lo he visto).

      Bien, yo ya no volvería a Auschwitch, pero creo que merece la pena una visita. No es tanto un tema de propaganda de Israel como tu te imaginas (aunque en el post correspondiente contaré una anécdota que avala tu suposición). Pero es cierto que es una "turistada". Quiero decir que está ya en los programas de todos los tour-operators y que, al menos en agosto, conviene madrugar para verlo, porque luego está "petao." Dicho esto, yo te recomiendo visitarlo. La impresión que se lleva uno es tremenda. Te pongo algunos otros ejemplos de turistadas imprescindibles: el Partenón. Hay que verlo al natural, aunque esté lleno de gente. En fotos no se puede apreciar su grandeza, su situación en una colina y la magia que desprende. Otro: subir al Empire State de Nueva York. Hay que hacerlo.

      Lo que no te recomiendo es Zakopane, excepto como base para hacer excursiones a las montañas que la rodean, que son preciosas (eso fue lo que hizo mi grupo, que pernoctó allí cuatro noches). Zakopane es una estación de esquí. Y en verano es el centro del turismo local. Fuera de temporada tiene 28.000 habitantes. En temporada invernal o veraniega, medio millón. El pueblo se estructura en torno a una larga calle peatonal en cuesta. El 90% del turismo de verano es polaco y por las pintas y las actitudes, se puede deducir que es gente de los pueblos. Es algo muy similar a Andorra, Benasque, o las estaciones pirenaicas de Francia. La gente se pasa el día haciendo senderismo (una actividad muy popular en Polonia, donde lo practican familias enteras, a veces con niños muy pequeños, visiblemente cansados y fastidiados). Luego se duchan y al atardecer pasean arriba y abajo por la calle principal, en donde hay juegos de niños, atracciones de feria, futbolines y similares, hamburgueserías, pollos de Kentucky, etc. Que yo sepa no hay monumentos más allá de una iglesia medieval de madera con cementerio anejo. Tu verás si te interesa esta visita por algún motivo que yo desconozco, pero la carretera desde Cracovia es infame.

      Las minas de sal cercanas a Cracovia son otra turistada recomendable, bastante sorprendente. En cuanto a la propia Cracovia, tal vez con cuatro o cinco días tengas suficiente (dos más si vistas Auschwitch y las minas).

      Te advertiré, en fin, que mis opiniones son auténticas (no busco ser moderno o parecer un experto, sino que cuento mis impresiones) pero a la vez sesgadas (soy apasionado y vehemente, quizá demasiado). Con esto quiero decirte que leas mis consejos con atención, pero los consideres junto a los de otros y saques luego tus propias conclusiones antes de decidir lo que quieres ver. Algunos amigos me han hablado bien de Lodz, prototipo de ciudad soviética, que alberga el mayor cementerio judío de Polonia.

      Un fuerte abrazo.

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  2. Muchísimas gracias por el buen acogimiento de mi petición, y también por quitarme la idea de mi mismo de ser un pelmazo. Esto de la Red tiene cosas buenas, y estos encuentros es de las mejores cosas que nos pueden ocurrir en estos tiempos en los que vivimos cada vez con mayor encapsulamiento personal. Repito nuevamente las gracias.
    Auschwitch o Auschwitz es indiferente, creo yo. Yo lo he puesto tal como viene en guías y mapas, pero la grafía carece de importancia, al menos yo no se la doy cuando queda bien claro el nombre al que se alude.
    Mi duda de ir o no a Zakopane quedó resuelta, y agradecido por contribuir a iluminarme en la materia. Inicialmente me había animado a ir sólo por conocer las casas diseñadas por Witkiewicz en ese "Estilo Zakopane", pero dadas las circunstancias, desisto. Lo que todavía no tengo decidido es si ir a Auschwitch, pues el convencimiento que tengo de que con el sufrimiento y masacre de tantas víctimas, que sufrieron realmente, se está haciendo política comercial y propagandística. Y eso de mercantilizar la tragedia, de convertir en rentable lo que tiene origen en el dolor, lo veo muy judio, la verdad. Y si -además- superpongo Auschwitch y Gaza, veo que no hay mucha diferencia, si de seres humanos hablamos.
    Para no ser pelmazo, corto y cierro, pero que el blog continúe.
    Abrazos

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    1. Amigo, si comparas el tamaño de tus comentarios con el de mis respuestas, verás muy claro quién es el pelmazo aquí... En fin, sobre Auschwitz (parece que ya he logrado escribirlo bien de una puta vez) he colgado un extenso post en donde cuento mi opinión. Que vayas o no, depende de tu curiosidad por el tema. No es una visita agradable, desde luego. La visita a las minas de sal es curiosa. Empieza en una escalera que parece bajar al infierno (uno de mi grupo se asomó al hueco y decidió inmediatamente darse la vuelta hacia la entrada) y luego se va pasando por unos espacios bajo tierra bastante sorprendentes.
      Bien, como habrás visto mi viaje era de grupo y venía diseñado "de serie". Yo me apunté y listo. Si ahora tuviera la posibilidad de diseñar mi propio viaje privado, creo que incluiría por supuesto Cracovia, también Varsovia, que tiene muchas cosas que ver, y tal vez Gdansk, que no conozco. A mi me gustan mucho los puertos (soy coruñés), el año pasado visité Hamburgo y Lübeck y me quedó la curiosidad de continuar hacia el Este con los demás viejos puertos de la Liga Hanseática: Rostock, Gdansk y el oblast ruso de Kaliningrado, hasta llegar a Riga, ciudad preciosa que conozco. Si un día consigo retirarme de la vida laboral, es un viaje que me gustaría hacer.
      Por cierto, cuando vuelvas, me gustaría que me comentaras algo de tu viaje, si quieres. Puedes colgarlo en cualquiera de mis posts, tengo un avisador de Gmail que me advierte de la entrada de cada nuevo comentario y algunos amigos se comunican conmigo en secreto por el sistema de subir un comentario en alguno de mis posts más viejos, los que ya nadie lee.
      Un abrazo y buen viaje.

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