viernes, 29 de marzo de 2013

107. Punto y seguido al Hombre Nuevo.

Así, sin enterarnos, se ha terminado el invierno. Bueno, esto a lo que ahora se llama invierno. Hace años que no salgo a correr con mi equipación invernal (chándal completo), para no asarme. A lo más que llego es a usar lo que antes consideraba equipación de entretiempo: mallas y una sudadera fina sobre la camiseta. Pero es que este año ni siquiera he duplicado el edredón. Tengo un edredón divisible en dos partes, una fina y otra gruesa, que pueden usarse solas o, las dos al tiempo unidas con unos automáticos, versión que se reserva para las noches más frías del final de enero. Bien, pues este invierno, o lo que sea, me ha sido suficiente con el semiedredón más grueso. Si esto no es el calentamiento global, que venga Dios y lo vea. Y si no, que envíe al bueno de Francisco (desde Juan XXIII no me caía tan bien un Papa).

Pero es que, de un plumazo, resulta que también nos estamos quitando de en medio la Semana Santa, que este año se adelanta para acompasarse al calendario lunar precristiano, sobre el que les hablé en los posts #63 y 68. Y otra vez, como cada año, contemplamos estupefactos cómo radios y televisiones dedican la mayor parte de su tiempo a contar procesiones, algo aun más aburrido que las retransmisiones de corridas de toros. Y uno se pasa el rato haciendo infructuosamente zapping para intentar librarse de los rostros llorosos de niños y mayores, porque, para variar, la procesión X no puede salir por la lluvia. Es algo tan previsible y coñazo, como lo de que el Gordo de Navidad salga mu repartío.

Esto de la lluvia en las procesiones de Semana Santa deberían hacérselo mirar los beatos. Mira que cada año juegan al trilero con el calendario, para despistar a la climatología. Hasta que se sabe cuando cae el Viernes Santo, se vuelve uno majareta. Pues nada: llega la fecha señalada, cada año diferente, y la noche del Jueves Santo cae un diluvio. ¿No será que Dios les está dando una especie de aviso reiterado? ¿No estará el Altísimo haciéndoles ver que está hasta la mitra de estas manifestaciones de idolatría semipagana convertidas en atracción turística? Mi ya admirado Papa Paco, lo ha celebrado saliendo a un centro de internamiento de menores delincuentes a lavarles los pies a seis internos, dos de ellos mujeres, y al menos uno, que se sepa, musulmán. Quizá Dios guste más de este tipo de gestos y por eso al Papa no le llueve.

Pero es que, además, estamos en el siglo XXI. No se les ha ocurrido a las cofradías que existe un invento maravilloso llamado lona vinílica. Cualquier marca de toldos te fabrica unas carpas portátiles, que permitirían llevar al santo bien protegido. Pues nada de carpas, a esperar a ver si llueve y luego a quejarse y llorar como todos los años. Tampoco se les ocurre sacar los pasos en carritos con ruedas, o llevados por tractores. Nada de eso: a lomos de los costaleros, como en la Edad Media. Por no hablar de la posibilidad de pasear un santo virtual, un holograma, o una pantalla de plasma, con su cubierta vinílica, por supuesto. Si Rajoy puede dar una conferencia de prensa a través de una pantalla de plasma, los beatos podrían solucionar así las procesiones. Al fin y al cabo, Rajoy lo hizo para guarecerse de la previsible lluvia de preguntas.

Además de todo esto, en un par de días nos cambian el horario y pasamos a tener otra vez unas tardes como Dios manda. Esto del cambio de horario me ha parecido siempre una gilipollez. Yo mantendría todo el año el horario de verano. Creo que así se nos haría menos duro el invierno, al evitar la tristeza de esas tardes que se acaban a las seis. No me extraña que en los países escandinavos haya tantos suicidios. El ahorro de energía que se consigue con este baile de horas, yo creo que se neutraliza con la disminución de rendimiento laboral producida por las alteraciones que las personas más sensibles sufren en cada cambio, una especie de jet lag en parado. Especialmente sensibles a estos cambios somos los mayores con insomnio y los niños. Además de algunos animales: yo tuve un gato que se deprimía con el cambio de hora del equinoccio de otoño. Se pasaba varios días sin lavarse la cara ni atusarse los bigotes hasta que se hacía a las nuevas coordenadas.

Todas estas cosas (Primavera, Semana Santa y cambio de hora) me han pillado distraído con el traslado de mi oficina. También se me ha pasado festejar el primer semestre de este Blog, que tuvo lugar el pasado día 19 de marzo, San José. Y celebrar la visita nº 6.000, que ha llegado también en estos días. Cuando empecé en este empeño, muy pocos esperaban que estuviera seis meses colgando entradas a este ritmo. Pues nada, pondré la voz atiplada del Caudillo y proclamaré: “se creían ustedes que no iba a durar y aquí me tienen, después de haber pasado tres viajes, dos vacaciones, un chequeo, un traslado de oficina y un pertinaz diluvio”.

En cuanto a lo del chequeo, ante la avalancha de preguntas sobre su resultado (ni uno solo de mis lectores se ha interesado por mi salud), pues tengo que parafrasear ahora a Kid Tarao, famoso personaje televisivo de Tony Leblanc: estoy hecho un mulo, tío, al Moreno le voy a arrear hasta en el carné; si es que estoy todo el día del gimnasio a la Casa de Campo y de la Casa de Campo al gimnasio. Bueno, esa era mi situación al final del chequeo. Pero al día siguiente, se me ocurrió levantar una de las cajas de libros del traslado y, desde entonces, estoy hecho un cuatro. Bueno, talmente como esos tipos de los pueblos que van doblados y, cuando preguntas, te dicen: al Telesforo es que le dio un aire. Con motivo de ello, ya no puedo correr, hasta que se me pase la cuatrez y pueda retomar el entrenamiento.

Como tenía alto el colesterol, me han dado una pastilla que debo tomar cada noche. Ahora, con la pastilla, puedo comer lo que me dé la gana. Todo son novedades. No sé si será la primavera, pero yo estoy encantado con la nueva oficina. Cierto que me he esforzado en mentalizarme para que no me afectase mucho, pero es que me siento eufórico y no echo para nada de menos el viejo caserón de Guatemala. Es verdad que tardo un poco más en llegar por las mañanas. Pero subo y me encuentro en una open office con un horizonte interior muy amplio, en el que se hace mucha vida social. Por ejemplo, cada vez que mantengo una conversación telefónica para echarle una bronca a alguien que me anda fastidiando, en cuanto cuelgo, se escucha a un delineante que, desde el fondo, grita: “Ahí has estao tú muy bien, Emilio”. Para cuando necesite un mayor aislamiento, me he comprado unos cascos de los grandes, de los que usaban los músicos de antes en las grabaciones.

En resumen: que he pasado página. Están ustedes ante el Hombre Nuevo, primaveral, optimista, bajo en colesterol, con la ITV superada, con nuevo despacho (es un decir), con la casa llena de las plantas que me he llevado del despacho viejo, con mi Smartphone cargado con la música que más me gusta y mis auriculares a estrenar, listo para continuar la pelea y seguir escribiendo en mi Blog, mientras paso la mañana bailando al son que me toquen. ¿Acaso debería estar amargado? Yo creo que no. Sólo me falta que el Deportivo salga del Domingo de Resurrección con posibilidades de quedarse en Primera. Para eso debe ganar o empatar en casa del Mallorca. Veremos. El Deportivo es también un Equipo Nuevo, desde que ha llegado un entrenador de la tierra, que lo primero que ha hecho es mandar a la grada al negro Evaldo. ¡¡¡Arre Carallo!!! 

2 comentarios:

  1. ¿Y tú? ¿Por qué no usaste un carrito con ruedas para levantar el cajón de libros? Pesan más que los santos, que suelen estar huecos. Que te mejores pronto y vuelvas a correr, a ver si vas a tu maravillosa nueva oficina a la carrera. Con tanta euforia, ¿para qué necesitas coche?

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    1. Está claro que debería haber usado un carrito para los libros. Pero ya voy mejor. Al trabajo no puedo ir corriendo, porque no hay ducha. Si la hubiera, no digo yo corriendo, pero a lo mejor sí en bici. Te agradezco tus buenos deseos.

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