miércoles, 4 de septiembre de 2019

868. Bienvenidos al vértigo

Como les decía, empiezo un par de meses vertiginosos tras la calma chicha agostí, y les voy a poner en antecedentes, ya que tanto les interesa. He de empezar contando que estoy entrenando fuerte desde mediados de julio y empiezo a encontrarme muy bien, empeño efímero porque los viajes que tengo en calendario me van a cortar el entrenamiento como me sucede todos los años, aunque éste intentaré recuperarlo en cuanto pueda. Vengo saliendo al Retiro tres veces por semana, los lunes y miércoles al atardecer y los sábados por la mañana. Siguiendo la doctrina canónica, los dos primeros días mi objetivo es entrenar, terminar mi recorrido de 5 kms. y acumular esfuerzo y distancia. Los sábados, salgo en cambio a toda pastilla, como alma que lleva el diablo, para medir el tiempo final y comprobar la mejora inducida por el entrenamiento semanal. Es como un futbolista que entrena dos días y luego juega un partido o un músico que haga dos días de ensayos y uno de concierto.

Sin embargo la semana pasada hube de volver al horario matutino, porque el lunes caían granizos como albóndigas y era imposible salir. Lo hice, pues, el martes de madrugada, pero resultó que, desde mi última salida tempranera, los días se han acortado un montón, por lo que hube de hacer toda la carrera de noche, entre charcos, barrizales y ramas caídas por la tormenta y encima con lo poquito que veo. Pero logré completar el recorrido sin mayores percances y el jueves volví a repetir ese entrenamiento de madrugada. Y el sábado salí a correr en serio y me sucedieron dos cosas a reseñar. Una es que por primera vez bajé de 31 minutos, hice exactamente 30.25. Teniendo en cuenta que mis primeros entrenos, a mediados de julio, los terminé en más de 37 minutos, es un dato que confirma un avance gradual sostenido, que es lo bueno. Además, si un día logro bajar de los 30, me podría plantear alargar el recorrido de entrenamiento, y contemplar la posibilidad de volver a correr esas carreras de 10 kilómetros que abandoné hace unos 4 años.

Tenía entonces dolores diversos de espalda y rodillas que me obligaron a parar, pero en este momento parecen haber desaparecido, tocaremos madera. La otra cosa que sucedió el sábado es que me echaron un piropo, algo insólito y más viniendo de un colega especialista en el tema. Iba yo a mi velocidad de crucero actual, cuando, unos diez metros delante de mí, observé un grupito de esos que salen con un profesor, porque está de moda correr y hay tipos que saben mucho y te enseñan. El entrenador los tenía a todos haciendo estiramientos a un lado, así que no eran un obstáculo para mi paso, que es lo que yo voy vigilando. Pero vi que el sujeto (recio, unos 35 años, barba negra bien recortada, entradas pronunciadas) se me quedaba mirando con atención. Al pasar a su lado, me pareció que me decía algo asintiendo con la cabeza, pero iba yo tan concentrado que mi mente no procesó lo que había oído hasta un poco después, cuando ya estaba lejos y no me podía volver para contestarle. Entonces comprendí que, al pasar, me había dicho : –Excelente ritmo, jefe.

En fin, uno es moderadamente vanidoso y estas cosas se agradecen porque te inflan el ego. En realidad yo sé que corro bien, no necesito que nadie me lo diga, aunque no voy tan rápido como cuando tenía 40 años. Pero, cuando te haces con los fundamentos de un deporte concreto, ya no los pierdes nunca. Yo sigo corriendo con buen estilo, porque me enseñó gente que corría muy bien y también porque soy coruñés, que no es cualquier origen, y además hice la mili y allí me enseñaron a desfilar. Para correr adecuadamente has de llevar en la cabeza la noción de la simetría corporal, además del empeño de ayudar con todo el cuerpo. Eso implica, por ejemplo, un braceo con los antebrazos perfectamente horizontales haciendo movimientos alternativos como deslizantes, en ángulo de 45 grados y con impulsos enérgicos. El tipo que va como recogiendo flores en el aire, o con un braceo alto como si boxeara, desperdicia esfuerzos y se cansa. Y el tipo que lleva una figura asimétrica pone en riesgo sus caderas y otras partes del cuerpo. Eso es el ABC del runner y no es de extrañar la reacción de mi colega: imagino que le resultó llamativo ver venir a un tipo tan mayor y constatar que seguía las directrices de la ortodoxia corredora.   

El sábado por la mañana, tras mi carrera, mis flexiones y mis pesas, más ducharme y desayunar adecuadamente, me acerqué al estadio del Rayo Vallecano, para sacar un par de entradas para el partido del día siguiente con el Dépor. Ver los partidos del Dépor este año es una forma de masoquismo, pero ya saben que uno no puede cambiar nunca de equipo de fútbol. Hacía tiempo que no me acercaba por el campo de Vallecas, y encontré algunas pintadas bastante explícitas del malestar del barrio contra el presidente del club, Martín Presa, que tiene entre sus previsiones venderlo a un fondo yanqui y suprimir el equipo femenino, que está en Primera División, donde es uno de los equipos punteros. Vean alguna de estas pintadas.










El Rayo es un equipo modesto, obrero, antifa, punk y bullanguero. Y tiene sus propios ídolos, como el portero nigeriano Willy, muy querido por la grada, que, unos años después de retirarse, fue descubierto en un hospital de mala muerte, sin recursos y con una enfermedad severa. El Rayo le ayudó, organizó un partido homenaje y lo cuidó hasta su muerte. La solidaridad de la clase trabajadora. Ahora la puerta número 1 del estadio lleva su nombre, como ven en la tercera de las imágenes de arriba. Pasé por las taquillas y saqué dos entradas, una para mí y otra para mi paisano, colega de profesión y amigo Darío Rivera. La última vez que vinimos él y yo a este campo, estaban en Primera División y el Dépor ganó 1-3. Así que confiábamos en volverle a traer buena suerte.

El sábado por la tarde descansé de mis esfuerzos matutinos, primero con una merecida siesta y luego escribiendo un post sobre Sapiens y el Helicobacter, que publiqué el domingo por la mañana. Por la tarde, me acerqué esperanzado a ver al Dépor, pero perdimos por 3-1 y Darío y yo salimos con el rabo entre las piernas (con perdón por lo del rabo). Por cierto que la grada sur, que habitualmente ocupan los Bukaneros, los más radicales entre los hinchas del Rayo, estuvo todo el partido completamente vacía, parece que como protesta contra el presi Presa. Las aficiones de Rayo y Depor se llevan bien, son de la misma línea ideológica. Y juntos entonamos uno de nuestros gritos reivindicativos más característicos: ¡¡ODIO, ETERNO, AL FÚTBOL MODERNO!! Ahí queda reseñado. Aquí pueden ver lo contentos que estábamos antes de empezar. Luego ya menos.



El lunes por la mañana acudí en coche a mi trabajo. Desde el 1 de agosto ya no tengo plaza de garaje, pero en agosto se circula bien y se puede aparcar con facilidad en el parque Juan Carlos I. Esta situación se mantiene a primeros de septiembre, porque están cerrados los colegios. En cuanto abran volveré a ir al trabajo en Metro. Además, el lunes tenía cita con el oftalmólogo a primera hora de la tarde y me venía bien tener el coche para ir directamente desde el curre. Por cierto que el doctor estudió los resultados de las pruebas que me hicieron en la clínica de Argüelles y me dijo que descartaban otras patologías: lo que tengo es una simple catarata, que parece haberse estabilizado y no está todavía madura para ser operada, a menos que yo tuviera alguna molestia visual, que no es el caso. Así que buenas noticias.

Ayer martes volví a salir a correr de madrugada y luego tuve una mañana complicada en el trabajo, con reuniones con algunos de los ganadores de Reinventing, que empiezan a poner en marcha sus proyectos. A las 4, mi jefa y yo teníamos una reunión más con una persona que sabe mucho de redes de ciudades, con la intención de ficharle para que me ayude en mi trabajo y se quede con el chiringuito, una vez que yo me jubile. Luego, conduje desde la oficina hasta mi aparcamiento en la plaza del Reina Sofía, pero no subí a casa, sino que caminé hasta la estación de Atocha, donde me subí en el AVE a Ciudad Real. Porque esa noche, la peña de viajeros veteranos teníamos nuestra última reunión para el viaje que estamos organizando este año y que ya mismo les desvelo. ¡¡¡¡TA-TA-TA-CHÁN!!!! El día 22 de septiembre nos vamos nada menos que a la lejana y misteriosa isla de Madagascar. Sí, han leído bien, me voy a Madagascar.

Ya les contaré de ese viaje, porque no es el primer lugar a donde me voy a desplazar. Antes de eso, volaré a París este próximo día 11 de septiembre, para participar en el Congreso Europa GRI 2019, que organiza el exclusivo GRI Club Internacional. Llegaré a París a mediodía y tengo que intervenir en una mesa redonda a las 4 de la tarde. Después no sé si me podré escapar rápido, o quizá me tenga que quedar hasta la cena de gala. En cuanto pueda, me iré a la casa de mi hijo Kike, donde pretendo quedarme hasta el domingo 15, para estar unos días en París, encontrarme con algunos amigos franceses, visitar a Philippe y enredar un poco por allí. A la vuelta me quedará una semana para organizarme el equipaje para Madagascar, en donde vamos a estar tres semanas, con regreso el 12 de octubre. Y, casi enseguida, volaré de nuevo, esta vez a Innsbruck (Austria) como miembro del jurado del concurso EUROPAN 2019, con mi compañera M. Pero todo esto ya se lo iré contando

Anoche en Ciudad Real nos lo pasamos muy bien y cerramos los últimos detalles del viaje. Nos reunimos los diez que vamos a Madagascar, que somos los seis de Chile, otros dos que vinieron a Birmania pero no a Chile, y dos nuevos. Prácticamente tenemos ya todo organizado, como les iré contando. Esta mañana, he regresado en el AVE y he subido un momento a casa (hoy me lo he tomado de permiso en el curre) con cuatro objetivos. 1.– Echar mi ropa sucia del día anterior al cesto, porque esta tarde viene a casa la señora que me limpia una vez por semana, además de poner lavadoras, planchar, etc. 2.– Ducharme y afeitarme. 3.–Coger dos botellas de Rioja para mi siguiente asunto. Y 4.–Rematar este post que había logrado escribir a salto de mata, en los ratos libres entre uno y otro lío. En cuanto lo publique y mande el mail a mis seguidores más fieles, cogeré el coche para acercarme a El Escorial, a pasar el día con mi hermano Antonio y su familia, a los que no veo desde antes del verano. De nuevo me saltaré, creo, el entrenamiento del miércoles, así que mañana me tocará madrugar para salir otra vez a correr a la luz de la luna. Les dejo de propina la imagen más emblemática de Madagascar, la famosa avenida de los baobabs. Continuará.




2 comentarios:

  1. Una pena lo del Dépor, con lo felices que se os ve en el preludio. Y felicidades por ser un corredor tan bueno, vas a obtener el título de "Hijo del Viento II".

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    1. El Dépor me temo que me va a dar bastantes disgustos este año, pero no voy a hablar mucho de ello en el blog. Hay seguidores (sobre todo seguidoras) que en cuanto huelen a fútbol ya no siguen leyendo. En realidad, no hubiera hablado de esto sino fuera por las pintadas y lo que rodea al Rayo.
      Y buen corredor, lo he sido siempre. Sólo que ahora, como no tengo molestias derivadas, estoy recuperando ciertas sensaciones.
      Un abrazo, amiga.

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