lunes, 22 de julio de 2019

854. Estamos en el Antropoceno y ustedes sin enterarse

Nada, que si no fuera por mi blog, ahí andarían todos, tomando el sol en las playas previo rebozado en crema solar factor 50, bañándose en el mar, poniéndose ciegos a gambas a la plancha y paellas con arena, echándose la siesta a la sombra de los pinos, cenando en terrazas de chiringuitos veraniegos, y escuchando reggaetón a todas horas, desconectados del universo mundo, sin haberse percatado de que hemos entrado en una nueva era geológica, el llamado por muchos científicos período Antropoceno. Menos mal que me ocupo yo de ilustrarles un poquito y generarles curiosidad sobre materias varias.

Para empezar, los geólogos más ancianos, conservadores por definición y totalmente alérgicos a la innovación, sostienen que estamos todavía en el Holoceno, último período de la Era Cuaternaria, teoría que seguramente siguen Trump, Bolsonaro, Boris Johnson, Almeida y otros personajes similares (no incluyo aquí a la señora Díaz Ayuso, un auténtico portento, que seguramente no sabe ni que existe una cosa llamada Geología). Pero la comunidad científica ha acuñado el término Antropoceno desde comienzos del presente siglo, e incluso es bastante unánime en situar su inicio en torno a 1950, cuando las primeras pruebas nucleares tras las bombas de Hiroshima liberaron plutonio a la atmósfera, un producto creado por el ser humano a partir del uranio, que empezó a depositarse en las capas más superficiales de la Tierra y los fondos marinos.

Ya saben ustedes por mi post anterior que ahora es posible analizar las distintas capas de polvo posado y solidificado, datando con precisión la época en que se depositó. Pues en unos cuantos millones de años, la humanidad, si no se ha ido al carajo, o en su defecto alguna civilización posterior que nos suceda en el dominio de la Tierra y alcance nuestro nivel científico, podrá verificar que, en las capas posteriores a 1950 hasta nuestros días, se detecta plutonio, gracias a sus locos antecesores que inventaron y utilizaron una cosa muy peligrosa llamada energía nuclear. Por cierto, si no consideran este tipo de energía como un peligro, les recomiendo que vean la mini serie de HBO Chernobyl: es acojonante. En cinco episodios de una hora cada uno, te cuenta exactamente lo que sucedió en ese accidente terrorífico. 

En realidad, yo me empecé a interesar por este tema después de escuchar en Lyon a este señor cuya foto tienen a la izquierda. Se llama Michel Lussault y es catedrático de Geografía en la Universidad de Lyon, de la que ha sido decano. Y fue el encargado de impartir la keynote lecture, la conferencia estelar del European Metropolitan Authorities Forum 2019, celebrado en junio, en el que yo participé en representación de la ciudad de Madrid. Su conferencia me pareció magnífica, la seguí fascinado y tomé un montón de notas. Lo que pasa es que no he encontrado el momento de contarles esto en el blog hasta que hemos entrado en este período de pleno verano en el que me he propuesto aderezarles su ocio con temas como este, para que puedan presumir de enterados luego por la noche, a la hora del cubata.

El tipo se había preparado una charla muy bien estructurada, en la que para cada apartado desarrollaba cuatro conceptos (no sé si le fascina el número 4, o es una casualidad). Por ejemplo, empezó diciendo que en este momento, mientras ustedes están en la playa y yo aquí sufriendo el calor extremo de este año, en el mundo que conocemos están sucediendo cuatro fenómenos decisivos, que él califica de auténticas mutaciones:

1.- La urbanización de la Tierra. Algunas cifras. A comienzos del Siglo XX, la población que vivía en ciudades era de 220 millones de personas. A comienzos del XXI es de 2.800 millones. Se ha multiplicado por 12,7. En cambio, la población total ha pasado de 1.700 millones a 6.100 millones. Se ha multiplicado por 3,5. La cosa está bien clara. En 2008, la población urbana superó el 50% de la total. Y sigue creciendo. En 2030, todas las regiones mundiales tendrán más población urbana que rural. Y en 2050, la población urbana alcanzará el 70% de los 9.600 millones de personas que se prevé que existan por entonces.

2.- La globalización de la economía. No hay mucho que hablar de esto. Es un proceso que comenzó a partir del momento en que los avances tecnológicos abrieron la posibilidad de hacer operaciones financieras en tiempo real. Podemos decir que esta es una mutación completada: ahora mismo un bróker australiano estornuda en la Bolsa de Sídney y al instante un inversor en Wall Street dice ¡Jesús!

3.- La digitalización de nuestras vidas. También es algo evidente. Cuando en 2013 la película de ciencia ficción Her mostraba a toda la gente por la calle enfrascada en sus móviles sin mirar a nadie, todos pensamos ¡qué locura! Seis años después vemos eso cada día. Yo por las mañanas miro antes de salir el Google Maps, para saber cuál es mi mejor ruta en coche, teniendo en cuenta los accidentes, los atascos y las obras. Y varias veces al día consulto las noticias a ver si ha pasado algo. Pronto tendremos robots capaces de cocinarte un entrecotte poco hecho con chimichurri de tomillo y romero, y servírtelo a la mesa.

4.- La antropización del planeta. La influencia del hombre sobre la Tierra es ya la principal causa de modificación de los ecosistemas terrestres, incluyendo el cambio climático, la desertización, la extinción de especies, la modificación genética de los vegetales para suministrar alimento a todos los humanos, o la automatización de la agricultura y la ganadería. El hombre puede ya provocar lluvia, cultivar tomates en edificios en Groenlandia o fabricar comida sintética tan apetitosa como la natural.

Todo esto está ya en marcha y son las características propias de este periódo que algunos han dado en llamar el Antropoceno (la foto es de Hong Kong). Yo le añadiría una quinta: la velocidad, la forma en que todos esos procesos se están acelerando. Lussault indicaba que este proceso está generando una serie de efectos desagradables en las ciudades, que han de ajustarse si no queremos irnos todos a la puta mierda colectiva. Y otra vez, citaba los cuatro riesgos principales.

1.- La fragmentación urbana. Aquí se incluye tanto la polarización social, como la territorial. El urbanismo debe ser un instrumento de reequilibrio. Debemos construir ciudades inclusivas en las que el espacio libre se use para pasear, desplazarse y socializar. Pero si se crea una brecha entre los más ricos y el resto, los más ricos tienden a aislarse en fortalezas acorazadas (y los no tan ricos, en manzanas cerradas con espacios interiores seguros, con piscina y puerta única con portero que no deja salir a los niños al exterior inseguro). Lo mismo sucede entre barrios. Y la marginación crea ciudadanos de segunda, lo que en el Reino Unido llaman categorías subalternas.

2.- La vulnerabilidad medioambiental de las ciudades. Tenemos que estar preparados para calores extremos, terremotos, inundaciones, tormentas y huracanes. Hasta un simple apagón de luz es una especie de tragedia, se te estropea la comida en la nevera, no ves ni hostia, se te va el WiFi y te sientes una especie de minusválido.

3.-La emigración. En unos años, las ciudades han de ser capaces de acoger y dar vivienda a unos 7.000 millones de personas, de los 10.000 millones totales. Y no vale meterlos en chabolas o en guetos. Si no se planifica este fenómeno global, habrá revueltas y violencia.

4.- El reto de la gobernanza participativa. Cuando todo el mundo tiene un móvil con el que te graba cometiendo cualquier tropelía y, al instante, en todos los rincones del planeta están viendo la grabación en red, ya no va a ser posible gobernar de manera autoritaria y ocultista. Es necesario encontrar fórmulas de participación de las personas, los grupos y los barrios, creando una ciudadanía eficiente, informada y concienciada, que participe de manera activa desde los primeros momentos de cualquier proceso.

Estos eran los grandes retos para Michel Lussault. De acuerdo con ello, recomendaba una nueva actitud para los urbanistas, tendente a crear una especie de Smart City sui géneris, basada en cuatro principios fundamentales, que solamente les enuncio: la inclusión social y el cuidado del medioambiente, el compromiso de los ciudadanos y todos los agentes que operan en la ciudad, el control cuidadoso de los recursos y un diseño urbano renovado y adaptado a estos nuevos parámetros.
 
En síntesis, hemos de desechar la idea de que la Humanidad está afrontando un imprevisto momentáneo en su trayectoria, para el que de una forma o de otra se encontrará una salida, como siempre ha sucedido hasta ahora. Por el contrario, los expertos nos dicen que hemos entrado ya en el Antropoceno y que ese concepto designa en realidad un cambio de paradigma: la Humanidad, nuestra propia especie, es tan poderosa y activa que es ya la principal fuerza en la transformación de nuestro planeta. Una teoría que está muy bien, pero que, en mi opinión, no debería descartar las desigualdades regionales, las tensiones geoestratégicas, las guerras comerciales (y las reales) y otros temas de los que ya les hablaré otro día. Las teorías de Michel Lussault no podrían explicar cosas como la situación en la Franja de Gaza, el Brexit o la imposibilidad de formar gobierno en la España actual. Pero constituyen una aproximación teórica al mundo actual y al futuro, que conviene conocer. 

Les dejo de propina un vídeo cortito de divulgación, en donde se explica en términos sencillos el Antropoceno. Lo promociona la inmobiliaria Acciona que, como todas, empieza a concienciarse sobre lo que viene. Lo pueden ver mientras siguen con el cubata. Sean felices y sigan con su veraneo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario