miércoles, 17 de julio de 2019

853. El flysch de Zumaia y la Hipótesis Álvarez

Mientras deshojo la margarita de la que aún no les puedo hablar, les voy dejando huella de mis actividades recientes no reseñadas, sin un orden cronológico claro, según me voy acordando de las cosas. El título de este post se corresponde con el viaje senderista de hace unos cuantos fines de semana, estructurado y organizado en torno al grupo de Whatsapp que bautizamos como ¡Ahi va la hostia, pues! El objetivo de esta excursión era visitar el Geoparque de Zumaia-Deba-Mutriku, una zona integrada en la red mundial de geoparques de la UNESCO por su interés a la hora de obtener datos para conocer mejor la Historia de la Tierra. Es un lugar de una belleza espectacular, en una de las áreas más abertzales del País Vasco, donde todo el mundo habla en euskera, con esa entonación académica y poco natural de los que lo han aprendido no hace mucho en alguna de las escuelas de idiomas que lo enseñan. Los balcones ostentan pancartas con el mapa de Euskal-herría y la leyenda presoak kalera, algunas ya un tanto desteñidas. 

El nombre del grupo es además pertinente por una segunda razón: no sé si lo saben, pero el euskera no tiene tacos (típico componente puritano de los movimientos de raíz  identitaria), por lo que en medio de una de sus parrafadas reluce de vez en cuando un cagüendios o un halá la hostia. Como quizá recuerden, salí el viernes 28 de junio desde mi trabajo, en lo que fue mi primer viaje con el nuevo Toyota Corolla, que es una delicia de coche. En ciertas zonas el reloj del salpicadero me iba marcando una temperatura exterior de 41 grados, pero el coche se portó bien. Y, más o menos a la hora convenida, llegué al Hotel Loiola, en el 51 de la Loiolako Inacio Hiribidea. Es un hotel maravilloso, de dos estrellas pero que en cualquier otra parte de España tendría tres o hasta cuatro. Está situado en el pueblo de Azpeitia, en medio de varias hileras de unos enormes tilos que esparcen su aroma tranquilizante y a la vista de muchas de las construcciones religiosas que dan fe de la presencia en el lugar de San Ignacio de Loyola. Una vista del hotel para que vean qué bonito es.


El sábado salimos el grupo completo muy temprano, y nos desplazamos en varios coches hasta Zumaia, para iniciar alli una ruta larga, de unos 15,5 kilómetros por la línea de la costa hasta Deba, en un continuo sube y baja con repechos fortísimos. El tiempo estaba nublado y soplaba una brisa marina suave bastante agradable. Hicimos una primera parada en la ermita de San Telmo, famosa por haberse rodado allí parte de la película Ocho apellidos vascos. Desde ese punto, una parte del grupo, los del llamado nivel rosa, se dieron la vuelta y regresaron a Zumaia. Denominamos así a los más veteranos del grupo, que no están ya para darse mayores trotes y vienen a estas excursiones con fines más específicamente gastronómicos y para encontrarse con los amigos. El resto continuamos por el borde de los acantilados, para recorrer el llamado Geoparque, una auténtica maravilla geológica, como verán en las imágenes que les voy intercalando.



En efecto, en esta zona se encuentra material suficiente para investigar todo lo relacionado con la transición del Cretácico al Terciario, un momento decisivo en la historia de la Tierra, lo que se conoce como el punto K/T, de Kreide/Tertiär, por su denominación alemana (todo lo relacionado con estos asuntos tiene nomenclatura germánica). Ese instante, datado aproximadamente hace 66 millones de años, define la transición entre dos mundos muy diferentes. En el Cretácico, la Tierra estaba llena de dinosaurios y toda clase de animales voladores, acuáticos y terrestres. A partir de esa fecha, ya no se encuentran en ninguna parte fósiles ni huellas de ningún tipo que acrediten la presencia de toda la rica fauna característica del Cretácico. ¿Qué sucedió para que se extinguiera completamente esa rica y variada forma de vida? Hasta ahora había varias teorías; unas de tipo climático, como un enfriamiento de la temperatura terrestre que hubiera afectado a todas las especies, empezando por cargarse parte de los alimentos vegetales de los que se nutrían los animales. La otra, se refería a la caída de un asteroide de grandes dimensiones que hubiera generado una nube tóxica.

Parece claro que durante todo el Cretácico el actual País Vasco estuvo sumergido bajo el agua del mar. Fue un largo tiempo de estabilidad geológica, en el que se formaban nubes de diferentes composiciones, muchas veces generadas por volcanes, con una materia en suspensión que se iba depositando mansamente sobre el mar y formaba capas delgadas en el fondo. En un momento bastante posterior, la actual península ibérica, que hasta entonces era una isla, parece haber culminado un largo desplazamiento hacia el norte, hasta chocar violentamente con la gran masa europea. Ese choque telúrico generó en primer lugar los Pirineos. Pero en la zona del País Vasco, desbarató completamente esa serie de capas que se iban depositando en los fondos marinos, rompiéndolas y poniéndolas, digamos, de pie.  Lo cual ha generado una costa escarpada, de unas características estéticamente sorprendentes.

Les ruego se fijen en las personas que se aprecian en la playa, que les darán la escala de este paisaje fastuoso. Por encima de estas crestas caminamos nuestros 15,5 kms. A partir de la declaración de la UNESCO, muchos científicos vienen a estas costas a estudiar las diferentes capas, que a veces se deslizan entre ellas y que se conocen como el Flysch, otro término alemán que claramente significa algo que resbala. Con los modernos sistemas de datación, es sencillo saber a qué era corresponde cada una de las capas. Y aquí es donde surge la llamada Hipótesis Álvarez (cuidado que están aprendiendo ustedes cosas en este post). Es la tesis que sostiene un grupo de físicos norteamericanos, dirigidos por el Premio Nobel Luis Álvarez (obviamente de origen español) y su hijo Wálter Álvarez. Estos científicos han estudiado las diferentes franjas del flysch de Zumaia y han detectado una capa intermedia en la que la concentración de iridio se dispara, hasta unos niveles que indican que el polvo depositado en esos años es de origen indudablemente extraterrestre.



Al comienzo de las investigaciones de estos dos señores, la comunidad científica se choteaba unánimemente de ellos, pero ahora les rinden pleitesía y hasta se han llevado el Nobel, porque las evidencias no se limitan sólo a Zumaia, sino que han encontrado otras en el mismo sentido en Caravaca (Murcia) y hasta han georreferenciado el punto donde cayó el meteorito, en el llamado Cráter de Chicxulub, al norte del Yucatán. El pepinazo, conocido ya como el Impacto K/T, fue de tales dimensiones que extinguió de golpe no sólo a los dinosaurios, ictiosaurios, pterodactilus, tiranosaurios Rex y similares, sino también a otros organismos más discretos, como los ammonites y trilobites, que ya no aparecen en las capas posteriores, datadas en el período terciario. El impacto fue equivalente a 7.000 veces la bomba de Hiroshima. Provocó terremotos, rocas voladoras ardientes que caían a kilómetros, generando incendios por todos lados y un aire básicamente irrespirable.

¿Y quién sobrevivió a esta catástrofe? Pues parece claro que en primer lugar algunas plantas, sobre todo en las zonas cercanas al polo sur, muy alejadas del impacto. En segundo lugar, insectos que se refugiaron acojonados bajo tierra, y salieron después, cuando la cosa se iba calmando, y que, por supuesto, podían sobrevivir alimentándose de las plantas que habían resistido la hecatombe. Y, por último, una serie de pequeños mamíferos, roedores vegetarianos e insectívoros, que sostuvieron a duras penas una mínima biodiversidad. Un auténtico sindiós. En relación con todo esto se puede extraer información fehaciente del análisis de estas hermosas superficies que conforman la costa entre Zumaia y Deba. Y también de otras épocas más recientes, como el Eoceno, en el que se produjo un episodio de cambio climático no debido en este caso a la influencia humana, pero muy similar al actual en sus consecuencias, por lo que su estudio es del máximo interés.



En cuanto al componente estético, bastará decir que estas playas tan peculiares han sido utilizadas en numerosos episodios de la, alabada por todo el mundo, serie Juego de Tronos, en cuyo mundo simbólico vive gente como Pablo Iglesias, que por esa imaginería épica está dispuesto a joder el acuerdo con Sánchez. Yo creo que este señor no tiene arreglo y está llevando a su partido a una hecatombe no mucho menor que la producida por el Impacto K/T. Por el contrario, la pugna por la Comunidad de Madrid es un simple postureo, una representación circense. Hay muchos intereses privados en que la derecha se haga con el mandato regional, y los líderes de Vox son bastante más listos que Iglesias. Y tienen los pies en el suelo. Estoy convencido de que se pondrán de acuerdo, tal vez el último día de madrugada, para darle una falsa emoción peliculera. Por lo demás, al llegar a Deba nos obsequiamos con unas merecidas pintas de cerveza con sus correspondientes pintxos, presenciamos el final de una competición de traineras y nos subimos en el tren de vuelta a Zumaia, que se llama el Euskotrén desde que la competencia de su gestión ha pasado al Gobierno Vasco, pero que no es más que un fragmento modernizado del viejo ferrocarril de vía estrecha que antaño recorría todo el norte de España, hasta La Robla, para facilitar el transporte del material minero.




Por la tarde, nos subimos en un barco para ver el flysch desde el mar, pero no pude sacar muy buenas fotos, como ven arriba, porque el Cantábrico estaba tan removido como siempre. Cenamos en Azpeitia y al otro día completamos por la mañana un recorrido más suave, para el que nos dividimos en tres grupos: ciclistas, nivel rosa y grandes caminantes. Yo, por supuesto, estaba en este tercero. Y nos reunimos todos para la comida, que esta vez fue en Legazpi (pero no al final de la línea 3 de Metro, sino en el pueblo del mismo nombre). Desde allí regresamos por carretera a Madrid. Esperando que este texto les haya resultado instructivo y divertido, les deseo una buena semana de verano.

4 comentarios:

  1. Muy bonito el hotel. Además, con las bajantes por fuera, como Dios debería de mandar, pero es que ya no manda nada.
    De las rocas ya no hablamos, que eso está a otro nivel de estética.

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    1. Gracias amigo. Ciertamente fue un viaje bastante sorprendente por la avalancha de sensaciones estéticas, era difícil no emocionarse. Es un a zona muy recomendable de visitar.

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  2. No pierdes ocasión de dar una coz a Pablo Iglesias, venga o no a cuento. Eres un cansino. Y se ve que le das mucha importancia, a ver si va a resultar que te resulta irresistible.

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    1. Y lo que te rondaré, morena. Repito que este señor sería menos dañino para la izquierda en general y para todo el país, si se dedicara en exclusiva a enseñarle los cinco lobitos a sus gemelos.

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