martes, 6 de septiembre de 2016

552. Personas y personos

Pues estaba yo aquí sin saber de qué coño escribir, en medio de la ola de calor extemporánea que nos aflige. Ayer tuve una cita con cuatro australianos, responsables de urbanismo de distintas ciudades, que andan recorriendo Europa y América y ya han visitado Los Ángeles, Santa Mónica, Minneapolis y Nueva York, antes de empezar su parte europea en Madrid. Estaban interesados en el proyecto Madrid Río, porque parece que tienen una problemática similar en Brisbane, así que aproveché para ensayar con ellos mi presentación para Piter. Lo malo es que se interesaron mucho en los detalles y la cosa se alargó más de lo previsto, de forma que salimos a visitar el parque cerca de la una. Les propuse comer algo en la Cantina del Matadero y pasear después. Obviamente, no era la mejor hora de caminar por Madrid Río, pero conseguimos llegar hasta la Puerta de Toledo. Allí dijeron basta. Eran las cuatro de la tarde. Yo iba protegido con mi sombrero de paja, pero por la noche estaba bastante agotado y achicharrado.

Por el contrario, en Piter parece que encontraré temperaturas máximas de 15 y mínimas de 8, así que he de llevarme ropa de invierno. Me he conseguido una pajarita para la cena de gala en el Salón de Banquetes del Picadero de la Primera Compañía del Cuerpo de Cadetes, a la que finalmente me invitan en mi calidad de keynote speaker (cuesta 100€ el cubierto). He de decirles también que al final no me he pedido el alta anticipada. Tenía hora para eso el viernes pasado después de la rehab, pero ese día se debieron de cruzar las trayectorias de los planetas de forma que hubo mogollón de accidentados. Después de más de una hora de espera, todavía tenía cuatro pacientes delante y la cosa no avanzaba porque no paraban de llegar nuevos ingresos de gente recién descalabrada, en camillas y sillas de ruedas. Así que decidí anular la consulta y jugármela a todo o nada con Gárate este próximo viernes en Coslada. Mi vuelo a Píter sale el sábado a las 7 de la mañana, lo que me obliga a estar en Barajas a las 5.

Decía que no sabía de qué hablarles esta vez, cuando me ha llegado el aviso de entrada de un comentario en uno de mis últimos post. Parece claro que es una señora y parece también claro que su mente está llena de prejuicios feministas que la llevan a observar la realidad bajo un punto de vista único, bastante sesgado. Ya le contestaré, pero ese comentario me ha llevado al tema del que les voy a hablar. No he seguido el tedioso debate de investidura, con el que Los Cuatro Dirigentes y demás impresentables de las minorías han tenido a bien castigarnos de nuevo, a la manera de la película El Día de la Marmota. Pero estoy seguro que todos han dirigido sus vacuos discursos a los españoles y las españolas, los trabajadores y trabajadoras, y así sucesivamente. Mira que nos reíamos hace años del lendakari Ibarreche cuando empezó tan serio a decir lo de los vascos y las vascas. Y resulta que ahora lo dicen todos. De esto ya se ha hablado hasta la saciedad, es una tontuna que no sirve para nada, va contra el principio de economía en el lenguaje y hasta contra el sentido común. Aquí una imagen al respecto.

Entrados en la deriva de la imbecilidad, nunca es bastante y seguro que pronto empezará la campaña para que se diga delante la parte femenina, es decir, las españolas y los españoles, etc. Todavía no me ha explicado nadie por qué el movimiento LGTB se llama ahora así, cuando siempre se había llamado movimiento GLTB, orden que me parece más justo, puesto que los gays han sido los protagonistas de una lucha histórica de décadas y los demás se han sumado muy recientemente. Esta inversión del orden me recuerda al gesto supuestamente caballeroso de cederles el paso a las féminas ante cualquier puerta. A día de hoy yo, si fuera mujer y alguien me cediera el paso en una puerta, le daba una bofetada. Pero volviendo al tema del lenguaje, resulta que esta deriva de la que hablamos está consiguiendo hacer la picha un lío a los hispanohablantes, como se evidencia en el interesante artículo al respecto publicado hoy en El País, que pueden consultar AQUÍ y cuya lectura les recomiendo.

Pero estas muestras de confusión no se circunscriben a lo que dice el artículo. Hoy estaba comiendo en La Pitarra, cuando en la mesa de al lado ha sonado un móvil. Una chica lo ha cogido, ha puesto cara de alegría inmensa y ha proclamado: ¡Luisita, cómo estás, corazona! Se lo juro. Corazona. No había oído algo tan malsonante desde que, cuando tenía unos veinte años, escuchaba la expresión ¡Jo, macha! También les juro que la oí, y más de una vez. Lo que me gustaría dejar claro es que todo esto es un tema nimio. La mujer sigue sufriendo situaciones de desigualdad, y si no que se lo pregunten a las del mundo musulmán, o las de África y los países más pobres. Según UNICEF, 750 millones de personas en el mundo carecen de agua potable. En esos medios tan pobres, es la mujer la que ha de lavar la ropa y ha de hacerlo en el río más cercano, si no está seco. También es la mujer la que se levanta antes del amanecer y va con los niños a traer el agua para el desayuno del marido.

Ese es el verdadero machismo. Donde mejor vive la mujer hoy en día es en Occidente, como resultado de una larga lucha por sus derechos. Les recomiendo que vean la película Sufragistas (Sarah Gavron-2015), donde se cuenta la lucha por el voto femenino en Inglaterra. Por si no lo saben, en España el voto femenino se autorizó en 1931, en Francia en 1944 y en la civilizada Suiza nada menos que en 1971. Pero el voto no era lo más importante para la vida cotidiana de las mujeres. Casi tan decisivo como eso fue la generalización de la lavadora (cuántas mujeres en el mundo carecen actualmente de lavadora; no he encontrado el dato) y, por supuesto, la píldora anticonceptiva y la liberación sexual consecuente. El machismo pervive y es una característica de nuestra especie, que hunde sus raíces en nuestros orígenes. El hombre mandaba sólo porque tenía más fuerza. Y la mujer ha ido ganando terreno gracias a una larga lucha.

Así que lo de Occidente en estos momentos es una situación ciertamente avanzada, lo que no quiere decir que la lucha haya terminado. Pero todo esto de los trabajadores y las trabajadoras es una simple muletilla de los políticos para parecer más majos, cuando lo que hacen es el ridículo. En el fondo es uno más de los eufemismos que se manejan en esta sociedad, en donde no se puede llamar negro a un negro, ni cojo a un cojo. En este caso además es un doble eufemismo. Porque se habla de género, un término importado del mundo de la Gramática, para designar lo que antes se llamaba sexo. En los formularios tradicionales había una casilla que indicaba sexo, y se rellenaba con una V o una M, según los casos. Pero es que la palabra sexo, ha pasado a su vez a designar lo que siempre se había llamado la polla o el coño. Una cursilería de estirpe monjil. ¿Se imaginan a alguien diciendo: me acaricias el sexo, querida?

En la Galicia rural hasta hace poco pervivía el modelo tradicional consistente en que la mujer hace todo el trabajo de la casa, se ocupa de los niños, los cultivos y el ganado, mientras el marido se pasa el día en el bar arreglando el mundo. Y, si vuelve cabreado por la noche, encima la calienta. Como les digo es algo arraigado en nuestra naturaleza animal. Mi hijo Kike ha estado este verano quince días en Namibia con tres amigos, recorriendo parques naturales en un cuatro por cuatro y observando a los animales. Lo que más le ha alucinado son los leones. Según me cuenta, el león se pasa el día tumbado panza arriba (de vez en cuando se estira y cambia de postura). La leona se ocupa de todo, cuida a los cachorros, caza para todos y se encarga de la seguridad. Al león le lleva de comer cuando toca y se aparean cuando ella quiere. Ahí está el origen de todo.

Así que, dejémonos de tontunas. La mujer lleva siglos desarrollando una lucha admirable. En esa lucha, es irrelevante que los políticos y políticas dirijan sus discursos y discursas a las personas y personos, en vez de dedicarse a hacer política, según el mandato que les hemos dado (dos veces ya) los ciudadanos. Sean felices y felizas.  

2 comentarios:

  1. Milu, en el metro oí a dos chicas de unos 15 años que discutían. Una dijo a la otra: "me toca la polla, tía, me toca la polla"

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