viernes, 5 de febrero de 2016

472. London calling

Muy bien, el otro día les adelanté que tenía en perspectiva un nuevo viaje de conferenciante del que no daba mayores detalles, porque no estaba todavía confirmado y saben que trae mala suerte anunciar estas cosas antes de tiempo. Ahora ya puedo contarles de qué va la vaina, puesto que tengo los billetes de avión en el bolsillo y la reserva de hotel cerrada. Será una sola noche en Londres, pero a cambio voy a gastos pagos, que decimos los gallegos. Les llamo la atención sobre esto, porque no deja de ser un indicativo del cambio de los tiempos. Me refiero al cambio de mi situación profesional desde que ha entrado el nuevo equipo de gobierno municipal. En junio pasado, yo hice un viaje a Leipzig, Dresde y Erfurt para hablar en sus tres universidades. Para ello hube de pagarme todos los gastos y utilizar parte de mis días de vacaciones (entonces demediados, por los recortes del señor Rajoy). Como ésas eran las condiciones, hice de la necesidad virtud y me tomé realmente unas vacaciones en las que aproveché para visitar a mi hijo Lucas y hacer turismo, no sólo en esas tres ciudades, sino también en Weimar y Berlín.

La culpa de esa situación penosa la tenía una concejala a la que he dedicado el mayor surtido de insultos que se ha proferido en este blog a lo largo de sus más de tres años de recorrido. No voy a insultarla más, bastará que repita que me congratulo de que ahora sea ama de casa, una ocupación más acorde con su preparación profesional y política. Las cosas empezaron a cambiar después: cuando viajé a Hamburgo en octubre, me pagué yo todos los gastos, pero no tuve mayores problemas para que me reconocieran como días de trabajo las jornadas empleadas en este asunto. Ahora me pagan los gastos los de Londres, ultima transición a ese ideal soñado de viajar a cuenta de los contribuyentes madrileños, algo de lo que no disfruto desde hace unos cuantos lustros. Things have changed, que canta el viejo Bob. Y más que tienen que cambiar todavía. Les cuento ya las coordenadas de mi nueva aventura.

La ciudad de Londres es muy extensa y ha crecido a base de barrios de vivienda de muy baja densidad. Su estructura viaria es bastante similar a la de Madrid: hay una ring road (autovía urbana circular), que se llama la M-25, y funciona más o menos como la M-30, o el peripherique de París. Y hay un manojo de vías radiales que conectan la capital con las mayores ciudades británicas del norte y del sur. Estas carreteras atraviesan la M-25 hacia el centro urbano y constituyen cortes tremendos en ese tejido urbano poco denso. En algunos casos transcurren elevadas (lo que aquí se llamó escalextrics), de modo que las calles transversales cruzan por debajo. Estos tramos elevados no suponen barreras funcionales tan rotundas, pero tienen un impacto ambiental, sonoro y estético terrible para los barrios contiguos.

La gestión y mantenimiento de estas auténticas carreteras que se adentran en el llamado Great London (área metropolitana), corresponde a un organismo consorciado entre las diferentes administraciones londinenses, que se llama el TfL (Transport for London). Es decir, algo muy similar al Consorcio de Transportes de Madrid. El TfL administra el Metro, el cercanías, los autobuses y las carreteras. Bien, pues el TfL ha decidido cambiar el diseño de estas infraestructuras viarias tan agresivas, construidas en los años de todo para el coche. Meter el tráfico en subterráneo y destinar la superficie recuperada para la ciudad a ejes peatonales floridos y hermosos, como ciertos meses de mayo. Tienen ya las tuneladoras preparadas. Para organizar un obrón de este calibre en una ciudad como Londres, hacen falta tres cosas: UNO, decisión y liderazgo político, DOS, capacidad de gestión acreditada para un reto como ese y TRES, el dinero. Mucho dinero. De mi experiencia en este tipo de empeños, les puedo decir que el factor más difícil de obtener es el primero. No es fácil encontrar un político que quiera meterse en semejante merdé. Parece que en el TfL han tenido en cuenta estos tres factores a los que hay que añadir, desde luego, una dificultad técnica notable aunque, con dinero, en ingeniería todo es posible.

Para apoyar su gran proyecto, han hecho unos concienzudos estudios estadísticos, cuyas proyecciones a futuro les llevan a apostar por un crecimiento de población de un millón de personas en los próximos veinte años, y un aumento del empleo en consonancia. Y para lanzar su idea al mundo han organizado una jornada que tendrá lugar el día 18 de este mes. Una jornada para la que han buscado proyectos similares en el mundo mundial. Y han encontrado otras dos ciudades que también se volvieron locas en su día: Madrid y Estocolmo. Y allí me tendrán a mí, contando el proyecto M-30/Madrid Río, con una intervención en inglés de veinte minutos y posterior participación en una mesa redonda con todos los ponentes.

He de aclarar que los de TfL contactaron con la empresa Madrid Calle 30 a mediados de enero, cuando no había consejero delegado, por haberse jubilado el anterior. Los gestores de esta empresa mixta me conocían de numerosas ocasiones en que he explicado el proyecto a extranjeros en su sede. Me lo propusieron y ya saben que estas cosas me gustan como a un niño una piruleta. Cuando ya teníamos el tema organizado, fue nombrado un  nuevo consejero delegado. Es un hombre joven, agradable y competente, que ha decidido mantenerme como orador y acompañarme al viaje, algo que me viene muy bien, porque es una persona que ha trabajado en Londres, maneja un inglés superior al mío y puede mejorar mucho mi papel en la mesa redonda, en la que nos sentaremos los dos. Viajaremos el 17 por la tarde, con tiempo apenas para cenar y echarnos a dormir. Tenemos un hotel cercano al centro de congresos. El 18 desayunaremos y caminaremos hasta el lugar. Y, después del congreso, comeremos y tendremos tiempo de dar una vuelta por Londres, porque el vuelo de vuelta es a las 8.

Si hubiera viajado solo, a lo mejor me había quedado por allí unos días a hacer turismo. Hace tiempo que no visito Londres y no me hubiera importado rememorar mis viejos recuerdos: Carnaby Street, el mercadillo de Camden Town, el Hyde Park, los conciertos en el Hammersmith Odeon, que creo que ya no se llama así. Pero será un viaje exclusivamente técnico, como el de Hamburgo, una fórmula que también me encanta: adoro los aeropuertos, los hoteles y las grandes metrópolis. Otro tema diferente es si este tipo de proyectos molan o no molan. Ya saben que la crítica principal es que se trata de inversiones muy elevadas y que, en los tiempos que corren, con ese dinero se pueden hacer muchos carriles bici. Me parece un argumento bastante demagógico. Cuando se hizo la obra del río en Madrid, era lícito sacarlo a colación, porque se trataba de un gasto excesivo para la capacidad de la ciudad. Pero, si en Londres tienen el dinero, ¿por qué no habrían de hacerlo?

El parque de Madrid Río es cojonudo y el tráfico en la M-30 ha mejorado mucho. Nos salimos un poco de nuestras posibilidades, pero la deuda municipal está ahora mismo bajo control. El pasado día 2 el parque Madrid Río recibió en Harvard el XII Premio Verónica Rudge, que es el equivalente al Pritzker en arquitectura del paisaje urbano. AQUÍ pueden consultar la página del premio, con los comentarios particulares de los miembros del prestigioso jurado y la relación de proyectos premiados en ediciones anteriores. Es el premio más importante que ha recibido hasta ahora este proyecto, que todavía mucha gente critica. Tiene cojones que tengan que venir los de fuera a reconocer nuestros aciertos, porque nosotros no los entendemos como tales. Esto sólo pasa en España.

Esta mañana he asistido en la sede central del Ayuntamiento en Cibeles a una jornada en la que se ha hablado de la posición de Madrid en distintos rankings internacionales y cómo mejorarla. Y en una de las imágenes que nos han mostrado aparecía Londres como la ciudad ejemplar en temas de sostenibilidad ambiental para el futuro. No me he podido sujetar de intervenir, para contar lo del premio y lo de mi próximo viaje a Londres. Resulta que voy a ir yo en persona a explicarles a los campeones de la sostenibilidad ambiental cómo se hace un proyecto como Madrid Río. Y por cierto, el nombre de la jornada es Streets Ahead (Calles fuera) y el lema que aparece debajo en pequeñito es Digging Deeper (excavando más profundamente). En fin, ya les iré contando. Me llaman de Londres y les dejo con esta canción precisamente: London Calling. Pasen un buen finde. Han de pinchar AQUÍ.

2 comentarios:

  1. Es una pena que no tengas tiempo de visitar los barrios donde vivió David Bowie, a quien tanto querías...

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    1. Mira que sois requetemalos ustedes-vosotros... Ten cuidado no te muerdas el labio. Bueno, gracias por el mensaje, tío ganso.

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