viernes, 5 de diciembre de 2014

318. Cada pieza en su sitio

El tiempo va poniendo a cada uno en el sitio que le corresponde o que se merece, hasta el punto de que a veces tiene uno la sensación de que hay una especie de armonía global, una distribución de pesos que hace que, poco a poco, las piezas se vayan encajando solas y terminen por encontrar su sitio en el mundo. Me explico. Menos de dos meses atrás hacíamos por aquí conjuros cruzados para que Teresa Romero, a la que bautizamos como Teresiña de Becerreá, saliera victoriosa en su batalla contra un enemigo terrible que se la estaba comiendo por dentro. Hace unos días la vimos en la tele, más chula que un ocho, con su curioso acento madrileño, sacando pecho y disfrutando de su fama, tan efímera como merecida. Aun tiene que terminar de recuperarse, especialmente en el terreno anímico, donde ha sufrido fuertes embates pero, viéndola ante la cámara, parece como que ya está en su sitio.

Por aquel entonces, si lo recuerdan, nos hacíamos cruces con la respuesta de los responsables de Sanidad, a nivel nacional y autonómico. ¿Y dónde están ahora? Aquí quedó dicho que la señora Mato, a la sazón Ministra de Sanidad, era una especie de ectoplasma que no decía nada porque es imposible que la señora Nadie pueda articular una declaración coherente. Doña Mato está ya en el lugar que le corresponde: su chalet de Pozuelo, en donde debe vigilar atentamente el garaje, no sea que le brote algún nuevo Porsche por arte de magia. Por cierto, hemos estado una semana sin Ministro. ¿Ustedes han echado en falta algo? Honradamente, yo no he notado la diferencia entre que esté la señora Mato o que no haya nadie al frente.

En cuanto al malvado Rodríguez, también a la sazón consejero regional del ramo, pues igualmente está por fin donde le corresponde, en el hospital del que salió, presumiendo de facha entre las miradas de censura de sus compañeros de profesión. Sus últimas declaraciones revelan lo que yo ya intuía: que sus disculpas a Teresa y a su marido no eran sinceras, que se las dictaron para salvarle la cara. En cuanto lo han dejado suelto de nuevo, ha recuperado su discurso más casposo y ha vuelto a decir lo que piensa. Bien mirado, es una pena que lo hayan cesado. Yo hubiera preferido que siguiera en el puesto y que cada semana largara un poco más. Cada declaración suya hacía perder más votos a su partido de impresentables.

Otro que está donde se merece, para alivio de todos los españoles, es el señor Gallardón. Es decir, en su casita, rumiando su ofensa por no haber sacado adelante la Ley del Aborto que le ha retratado ideológicamente para la historia. Y sin poder derrochar más dinero de los contribuyentes. No es difícil imaginárselo en el salón de su casa haciendo pucheros (nadie como él para los pucheros), cada vez que rememora su despecho. Los que no están, sin embargo, en el lugar que les corresponde, son esos auténticos piezas llamados Blesa y Rato. Por ahora. Pero démosles tiempo. Todo llegará. Tengamos paciencia. Y cuidado con Gori-Gori, que también tiene su parte de delito.

Otro que está donde debe estar es el señor Lendoiro, don Augusto César: fuera del fútbol y en el entierro de un delincuente con antecedentes penales más amplios y variados que los de Luis Candelas, apoyando a ese heroico miembro de la peña que le impuso una medalla cuando dimitió como presidente del Dépor. Es de bien nacidos ser agradecido. Y, ya que ha salido otra vez este triste asunto, no puedo dejar de referirme a la interpretación que se hace del mismo en clave nacionalista. El martes se jugó en Vitoria un partido de copa del Alavés contra no sé quién. Antes de empezar, en una de las esquinas del estadio se rindió un sentido homenaje al inefable Jimmy, transfigurado en activista antifascista gallego, asesinado por matones neonazis españoles, en la capital del Estado (odian tanto a España, a la que pertenecen, que la llaman el Estado, así a secas), adonde seguramente había acudido a visitar a su tía abuela por Navidad y traerle un poco de turrón.

Homenajes similares han tenido lugar en otros estadios de las periferias por donde brotan esos sentimientos disgregadores. Allá donde se encuentre el pobre Jimmy, estará henchido de orgullo: ya saben que otro de sus amigos ha revelado que el día antes de su viaje fatídico le comunicó su convicción de que esta vez sí, esta vez saldría en todos los periódicos, porque o la armaba gorda, o terminaba en el río (triste premonición). Seguramente remató la frase exclamando ¡¡Arre carallo!! Pero ya saben que la capacidad de tergiversación de los nacionalistas es infinita y no desaprovechan una sola ocasión de arrimar el ascua a su sardina (o de agarrarse com es d’Elx, que decimos en Valencia).

Así que, eso mismo voy a hacer yo (agarrarme com es d’Elx). Quiero decir que, a cuenta de hablar de que a cada persona el tiempo acaba por ponerla en su sitio, voy a recuperar mi vieja inquina antinacionalista, que han pasado casi dos meses desde que prometí no volver a hablar de Cataluña y ya va siendo hora de romper esa promesa. Después de dejar el tema reposar, a ver si fermentaba, he llegado a algunas conclusiones. Cataluña es la tierra donde siempre han vivido los catalanes. Pero, desde hace unos años, ha surgido allí una nueva subespecie, que vamos a llamar los catalonios (por aquello de que Catalonia is not Spain). Yo estoy convencido de que Cataluña sí que es España, pero por desgracia, Catalonia no.

Tal como se vio en la consulta o lo que fuera, celebrada el pasado día 9 de noviembre, parece que los catalonios son un tercio de la población total, dando por probable que ni uno solo se quedara en su casa sin ir a echar la papeleta en la urna o buchaca establecida al efecto. Pero la proporción crece sin cesar y el tema va por bastante mal camino. Rajoy no sabe qué hacer pero es que, haga lo que haga, cada vez hay más catalonios. Si Rajoy se tira un pedo, otros tres o cuatro catalanes se cambian de bando. Y si no se lo tira, otro tanto. Frente a esto, los catalanes están callados y preocupados. La semana pasada conocí a un catalán, en las sesiones del CONAMA, Congreso Nacional de Medio Ambiente, y concerté con él una visita a Madrid Río. Era de mi quinta y pasamos el día entero juntos, hasta que se fue en el AVE de Atocha.

No fui yo quien sacó el tema del soberanismo, Dios me libre, yo no sabía si se trataba de un catalán o de un catalonio, entre los que, por cierto, también tengo algún amigo. En síntesis, su discurso fue el que les cuento. Mi nuevo amigo del alma se autodefinió como militante histórico del PSC, cuyo carné no había devuelto por una cuestión sentimental. Según él, el inacabable período de mando absoluto de CiU en todas las administraciones catalanas, con el señor Pujol a la cabeza, había sido como una tortura para la gente medianamente progresista de su tierra y había dejado las arcas regionales exhaustas. Para él, CiU es exactamente lo mismo que el PP: un partido de la oligarquía, defensor de una clase alta depredadora y construido a base de clientelismo y reparto de prebendas.

El malestar generado por ese largo mandato, cristalizó en su derrota frente a la izquierda. El problema fue que el PSC tuvo que tirar de Izquierda Unida y Esquerra Catalana, para formar el llamado tripartito, tanto a nivel regional, como local, en Barcelona y las principales ciudades catalanas. Bueno, pues los cuatro años del tripartito fueron aun peor, hasta el punto de que CiU recupero el poder, ya con Más a la cabeza y la actual deriva soberanista, motivada por la necesidad de huir hacia adelante y tapar las escandalosas irregularidades contables de los últimos tiempos. ¿Y por qué fracasó el tripartito? Pues mi amigo lo tiene muy claro: por culpa de Esquerra. Con estos señores no se puede hacer nada (lo dice mi amigo, yo sólo lo transcribo). Además, hacían alarde continuo de su capacidad de bloqueo. Tenim la clau, era su frase más repetida.
    
Entendí perfectamente lo que me contaba este catalán culto, progresista y sincero, porque, según mi interpretación, en Galicia sucedió algo idéntico y eso precipitó la vuelta del PP, del que todo el mundo estaba hasta los huevos cuatro años antes. Ya sé que más de un comentarista me ha tachado de nacionalista español, pero nada más lejos de la realidad. Como ya he dicho aquí, mi sueño es que un día formásemos una federación con Portugal, la gran Iberia soñada de Saramago, para ser más fuertes en Europa (que es otra federación, al fin y al cabo).  Ningún nacionalista gallego puede decirme a la cara que le gustan más que a mí los grelos y los percebes, pero es que no veo la necesidad ni la conveniencia de que los pueblos nos disgreguemos en estados pequeñitos, para que nos jodan mejor.

Tal como yo lo veo, y así lo vengo proclamando desde hace más de 300 posts, los nacionalistas tipo Esquerra o similares, lo que están haciendo es perjudicar a sus pueblos respectivos, abocándolos a una situación mucho peor que la actual. Como el que escupe al cielo, o el que orina contra el viento. Lo malo es que el escupitajo o el pis, en este caso, mancha a mucha más gente y, especialmente, a los que no están por la labor. En mi reciente viaje por Europa, descubrí una cornisa decorada con una sabia máxima al respecto en latín. Fue concretamente en Ámsterdam, muy cerca de la Leidseplein, y aquí abajo tienen la imagen.



Está bien claro: el homo sapiens no orina contra el viento. Cierto que al sujeto al que les muestro en la imagen de más abajo, tal vez sea un poco aventurado considerarlo dentro de la subespecie homo sapiens. Lo que parece claro es que este también es un pieza. Y, como los otros, acabará encontrando su sitio. Sean felices, pasen un buen finde, yo me voy de senderismo, ya les cuento. 


  

8 comentarios:

  1. También Teresiña de Becerreá estaba mejor calladita. En cuanto a los ultras del fútbol, en algún sitio se tienen que integrar los yihadistas en los países donde no hay yihad (de momento). Y tienes razón, Cataluña es España y viva freixenet.

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    1. Estoy de acuerdo en las tres cosas que dices. De Teresiña me interesó la imagen, el acento, el aplomo y la entereza. Lo que decía no era de gran interés y no justificaba una entrevista tan larga. He de confesar que, a los diez minutos, le quité el sonido para no estropear lo bueno. Hay que comprender que una auxiliar de enfermería no tiene por qué ser Castelar, aunque no sería el primer caso que me encuentro.
      Lo de los yihadistas en un país sin yihad es una reflexión muy interesante. Los jóvenes han de buscar algo contra lo que luchar, para dejar salir la frustración de estos tiempos difíciles. A estos hooligans el fútbol les da igual, sólo buscan alguien a quién odiar para cargar adrenalina. Lo que pasa es que a mí no me gustan los violentos y añoro los tiempos en que mi padre podía llevar al estadio a un niño pequeñito como yo, sin miedo y sin preocupación de que escuchara o viera cosas peligrosas para su formación.
      Y en cuanto a lo último, supongo que lo dices irónicamente, pero es verdad y por ahí iba mi reflexión: un grupo cada vez más numeroso de yihadistas sin yihad ha inventado de la nada un ente que han llamado Catalonia y que, evidentemente no es España. Cataluña sí, y veremos cómo acaba esa peligrosa dicotomía.
      Un abrazo.

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  2. Desde que dijo usted que ya no iba a hablar más de Catalunya y el nacionalismo, creo que no ha habido un sólo texto en el que no haya hecho al menos una referencia, más o menos velada, a este asunto que le obsesiona y le da tanto miedo. Ahora recupera la senda anterior: regresa de las referencias veladas a los insultos. Mientras el proceso avanza imparable, usted mantiene un inmovilismo similar al del señor Rajoy.
    En cuanto a su supuesto amigo catalán, no sería de extrañar que fuera imaginario, es muy raro que de pronto aparezca alguien que casualmente sostiene las mismas opiniones que usted.

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    1. Bueno, como dicen que el que calla, otorga, pues he decidido romper el silencio que me había autoimpuesto para evitar la hartura de un tema que aburre a los semáforos (fuera de Cataluña). Se lo creerá o no, pero, cada vez que en la radio se habla del soberanismo de los catalonios, los índices de audiencia caen a cero. La gente cambia enseguida de canal. Me lo han dicho personas que trabajan directamente en la evaluación de audiencias.
      En cuanto a lo segundo, pues, aunque le parezca extraño, hay mucha gente en su tierra que piensa como mi amigo, que no es el amigo invisible que usted sugiere. Lo que pasa es que no le voy a dar más datos sobre él, que no quiero que llenen la fachada de su casa de grafitis llamándolo español y otros epítetos infamantes hoy en día en ese reino de nunca-jamás que es su soñada Catalonia.
      Abrazos y besos.

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  3. La verdad es que, así mucha pinta de homo sapiens, no tiene el pavo.

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    1. Más bien es un homo catalonicus...

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    2. Vale, dejemos ya el cachondeo, que nuestro amigo el troll soberanista se merece un poco de respeto.

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