jueves, 23 de octubre de 2014

296. Lucas Pérez, un Ulises coruñés

Lucas Pérez es estos días el tío más popular de La Coruña. Es un héroe del pueblo, un tipo que emigró a tierras lejanas, para forjarse en duras batallas futboleras en lugares como Ucrania o Grecia, donde se convirtió en estrella deportiva de primer orden. Este año ha decidido volver  a su Ítaca natal. Lo hace perdiendo dinero, para ayudar a salvar los muebles al equipo de sus amores, en un momento de naufragio económico en las antípodas de sus glorias pasadas. Aquí tienen su foto. Un tipo con esa cara sólo puede ser gallego y muy buena persona, valga la redundancia.


Lucas nació en 1988, p’allá pa la parte de Monelos, actualmente uno de los barrios con más xeito de la ciudad. En esa época, Monelos era una zona recién incorporada al continuo urbano. Se estaban terminando de construir el Barrio de las Flores y el Polígono de Elviña, dos promociones públicas muy de la época, y apenas quedaban rastros del caserío del viejo Monelos que yo había conocido 30 años antes. En los tiempos históricos, el río de Monelos bajaba libre por el centro del pueblo, rodeado de lavaderos públicos y amplias campas en las que se organizaban las verbenas, la más lucida la de la Virgen de Agosto. Los chavales de la postguerra jugábamos a la bujaina y a las bolas en los descampados, o íbamos a cazar lagartos a los taludes de las primeras obras de construcción de la Avenida Alfonso Molina.

Los fines de semana, rapaces de todos los barrios nos juntábamos en la Playa de Santa Cristina, para jugar partidos de fútbol en la arena. Luego nos bañábamos en aquel entorno paradisíaco, donde apenas había otras construcciones que el merendero de Casa Sara, junto al muelle de la lancha que traía a los bañistas desde el Puerto de La Coruña. Los de Monelos tenían un camino más corto: bajaban por las corredoiras hasta Las Jubias, y allí se subían a la lancha de remos de El Rubio, que cruzaba la ría en diagonal, aprovechando el empuje de la corriente. El Rubio cobraba 10 pesetas, pero a los niños y a la gente que le caía en gracia los cruzaba gratis.

Para volver, se podía uno acercar al Puente Pasaje a coger el tranvía de Sada, al que la gente llamaba el Siboney, por anunciar en sus costados esa vieja marca coruñesa de café. Leo en alguna parte que el Siboney dejó de funcionar en 1956. Tenía yo cinco años y ya no puedo asegurar si mis recuerdos de ese tiempo se basan en escenas reales, o son ensoñaciones fabricadas a partir de imágenes de viejos documentales. Lo que si conservo nítidamente en mi memoria es el viejo autobús de Cal Pita, que sustituyó al tranvía. Los amigos solíamos bajarnos en la campa de La Palloza, para hacer una parada en la fábrica de cerveza Estrella de Galicia.

Nada de esto podría recordar Lucas Perez, nacido en tiempos de la democracia, con la playa de Santa Cristina sin dunas y llena de edificios de apartamentos. Las leiras entre Monelos y la ciudad se habían rellenado poco a poco con los nuevos barrios de bloque abierto. El Barrio de las Flores, obra de los arquitectos Corrales y Molezún, es un valioso ejemplo de la arquitectura social de los 70, algo que, probablemente, sus habitantes desconocen. Y más allá, el polígono de Elviña. ¿E lojo ti de dónde eres? Ay, señor, eu son de Monelos ¿E ti? Eu son do políjano. El pequeño Lucas iba con sus abuelos al estadio de Riazor y soñaba con debutar un día en ese campo y recibir la ovación unánime del público. Empezó en el Victoria local, un club modesto de la llamada Liga de la Costa. Allí ya demostró buenas maneras y una zurda digna de Puskas, a pesar de que no tenía todavía sus actuales hechuras físicas.

Pero, en ese tiempo, ingresar en el Super Depor, campeón de Liga y semifinalista de la Champions League, era una quimera imposible para un chaval de Monelos. Empezó entonces un peregrinar por los equipos juveniles del Arteixo, Órdenes, Montañeros y otros, incluyendo un breve paso por el Alavés. Para entonces ya medía 1,80 y estaba cuadrado. Pero su ambición era otra y en 2007 se marcha al Atlético de Madrid. En este club lo mandan directamente al equipo C, que se mueve entre la tercera división y la regional preferente, con la promesa de ir ascendiendo en función de sus méritos. Dos años después, continúa en el C. Bloqueado en su progresión, se le abren entonces dos posibilidades: entrar en el Real Madrid C, o fichar por el Rayo Vallecano B. Elige la segunda. Él es un chaval del suburbio y piensa que puede ser feliz en Vallecas. Además, la B sólo necesita un salto para llegar a la A, no dos como la C.

Jugará en el Rayo B una temporada y media, en las que meterá muchos goles. En el inicio de la temporada 2010/2011, empieza a alternar los partidos del B, con algunos del A, por entonces en Segunda. En Navidad, el club tiene grandes expectativas de ascender, pero el entramado económico de Ruiz Mateos se tambalea. A Lucas le deben dinero, el club está a punto de entrar en concurso de acreedores y en ese contexto, le surge la posibilidad de emigrar a Ucrania. Lucas no se lo piensa. El 17 de enero de 2011 aterriza en el pequeño aeropuerto de Lviv, una pista completamente cubierta de nieve, cuya torre de control más parece una iglesia, según sus propias palabras. Con él viaja su primo Yago, inseparable escudero que acompañará al héroe en todas sus aventuras.

En Lviv pasará dos años y medio, en los que explotará como jugador en una liga obviamente de menos nivel que la española. El Karpaty de Lviv es una especie de tercero en discordia de una competición dominada por dos equipos muy fuertes: el Dinamo de Kiev y el Shakhtar de Donetsk. Algo así como el Atlético de Madrid frente a Real y Barça. Para colmo, Kiev es la capital del estado, cabeza de la zona pro-occidental, mientras Donetsk es la ciudad más importante de los separatistas pro-rusos. Así que las similitudes son sangrantes. Dice Lucas que en Ucrania hace mucho frío y que los ucranianos son también fríos y poco apasionados. A pesar de disputarle la liga a los dos gigantes, al estadio del Karpaty apenas acudían 300 espectadores. Con todo, Lucas metió innumerables goles y se convirtió en el ídolo local. En su segunda temporada, uno de sus goles fue elegido como el mejor del año en Ucrania. Pueden verlo AQUÍ y comprobarán que el premio es merecido.

En el verano de 2012, llega a Ucrania el Campeonato Europeo que ganará España y Lucas disfruta de los partidos como un hincha más, mientras se dispone a cumplir el tercer año que tiene firmado con el Karpaty. Pero en febrero se interpone el Dinamo de Kiev. El poderoso club de la capital, paga un dineral al Karpaty por la cesión de su principal estrella hasta el verano. Lucas cree haber dado el salto definitivo en su carrera pero, para su sorpresa, no llega a jugar ni un solo minuto. Es la típica conducta mafiosa de los equipos grandes: resulta que lo han fichado sólo para debilitar a un rival potencial que se estaba poniendo farruco. Dice Lucas que esos fueron los peores cuatro meses de su carrera. Desengañado de una Ucrania en la que, un año después del campeonato europeo, la guerra civil parece inevitable, acepta la oferta del equipo griego del PAOK de Salónica. En Grecia encontrará, además de un clima más cálido, un temperamento más latino y una pasión futbolera en consonancia.

En su única temporada en el fútbol griego demostró ser un completo crack. Fue elegido uno de los once jugadores del equipo ideal de la liga y compitió por ser el mejor jugador del año. Sus números hablan de 10 goles y muchas más asistencias. Pero este verano le surgió la posibilidad de venir a ayudar al Dépor y no se lo pensó. Pertenece todavía al PAOK y ha venido cedido con opción de compra por 2 millones. Nadie duda que, si a final de año el club no tiene dinero para su recompra, en un crowdfunding la ciudad reuniría fácilmente esos dos millones. Sin embargo, la mala suerte le atrapó nada más llegar a su tierra. En el primer entrenamiento se produjo un esguince de rodilla. Cuando ya parecía que se recuperaba del percance, sufrió una lesión muscular, la primera de toda su carrera. Yo no tengo duda de que la ansiedad por debutar tuvo algo que ver en esa historia. Mientras tanto la Liga empezó y el Depor, sin Lucas, iba sin frenos y cuesta abajo.

El domingo pasado, Lucas por fin estaba listo para debutar ante su público. El Depor, colista de la Liga, era en ese momento el equipo más goleado de Europa. Todos, entrenador, compañeros y público, esperaban a Lucas, un tipo arrollador, con un optimismo invencible, que contagia a todos los que le rodean. La víspera, un periodista que lo entrevistaba, le dijo que lo veía todo negro, a lo que respondió que él lo veía todo blanco. El reto era peliagudo. El equipo debía enfrentarse al poderoso Valencia, imbatido, segundo en la tabla, y con sólo cuatro goles encajados. El Depor le metió otros tres, como seguramente saben. El segundo, el de la tranquilidad, lo marcó Lucas. Lo pueden ver AQUÍ (el vídeo incluye los tres goles, no he encontrado ninguno exclusivo del suyo).

La jugada empieza en un saque largo del portero. Con fe inquebrantable, el negro Cavaleiro salta a disputar el balón que viene del cielo y convierte un globo inocuo en una perfecta asistencia a Lucas con la coronilla. Después de tantos años esperando ese momento, a nuestro héroe no le temblaron las piernas. Avanzó y se perfiló para armar su zurda legendaria. El portero, de forma ortodoxa, cubrió el palo corto y toda la portería, excepto un palmo del palo largo (es imposible taparlo todo). Con toda su rabia acumulada, Lucas disparó al único agujero. El portero, rectifica y llega a tocar el balón, pero no puede evitar el gol. Lejos de hacer alguna de las pijadas al uso entre los figuras del balón (el corazoncito, señalar al cielo y demás horteradas), Lucas respiró hondo, se besó el escudo, dio una patada a una valla y se fue a abrazar a los espectadores del corner, el lugar donde él iba de pequeño con su abuelo a ver los partidos. En esta secuencia de fotos pueden ver el alivio supremo del héroe tranquilo, el éxtasis tras consumar su hazaña. Las fotos están tomadas por Cesar Quian, para La Voz de Galicia.















Es el final del viaje del Ulises coruñés. Vendrán nuevos goles ahora. Nuevas hazañas. El objetivo del club es sencillo: terminar la Liga con, al menos, tres equipos por detrás. No es demasiado difícil. En Primera hay este año más de tres equipos peores que el Depor. Y, además, los otros no tienen a Lucas. Tras el partido, este moderno Odiséo no hizo tampoco ninguna celebración especial. Según ha contado, bajó al bar de la esquina y se tomó un refresco con su primo y los amigos de la infancia, que aun mantiene. Luego subió a casa a cenar y se tumbó en el sofá a ver por la tele los resúmenes de los demás partidos. Esto no ha hecho más que empezar.    


9 comentarios:

  1. Ya que te fijas en la forma que tiene la gente para referirse a determinados barrios (o políjano), te recuerdo que no muy lejos de Monelos hay uno de esos polígonos de promoción industrial y comercial que completaban los nuevos barios residenciales. Me refiero al Polígono Comercial Mayorista de la Coruña, bautizado con el acrónimo Pocomaco, al que la gente llama por supuesto el PacoMaco. ¿E lojo tí donde traballas? Eu no PacoMaco.

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    1. ¡Qué bueno! Tienes razón. Ya no me acordaba del Pacomaco. Me viene a la memoria el asunto de la demolición del Manolito franquista que había en las islas Cíes. Un abrazo, paisano.

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  2. Haces bien de resaltar lo del río "de" Monelos. Era tan humilde que no tenía ni nombre, era sólo el río que pasaba por el pueblo de Monelos. Yo no tengo un recuerdo tan bucólico como el tuyo, tal vez por ser más joven. En mi memoria tengo la imagen de un cauce lleno de mierda entre piedras negras de pura suciedad, que ya bajaba cuajadito de residuos de las industrias y donde la gente tiraba encima sus basuras sin ningún cuidado. La canalización fue una bendición para el entorno, aquel río era un foco insalubre muy peligroso.
    En cuanto a la historia de Lucas, lo que más me ha impresionado es el vídeo del gol que marca en Ucrania. Un auténtico viqueirón. Si marca uno de esos en Riazor se pueden venir abajo el estadio.

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    1. Mis recuerdos no son tampoco muy diferentes, lo que pasa es que no quería decirlo con tanta crudeza. Lo del viqueirón es algo muy coruñés. Cuando jugábamos al fútbol en algún descampado, se establecían al principio las reglas del juego, especialmente en un tema: ¿Vale furar o no vale furar? Los porteros eran los que pedían que no valiese furar, para evitar viqueirones que pusieran en peligro su integridad. O bien decían que sí, que valía furar, para hacerse los duros.

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  3. Sí, claro, no hay más que repasar la lista de gallegos bien conocidos en el mundo para dejar establecido que añadir "buena persona" al calificativo de "gallego" es una redundancia: Francisco Franco, Manuel Fraga... muy buenas personas estos gallegos. Un poquito sanguinarios, un poquito fascistas, un poquito totalitarios, pero eso carece de importancia, al lado de lo buenas personas que fueron, dado que fueron gallegos. ¡Faltaría más!

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    1. Pero bueno: qué agresividad. No me voy a picar contigo: viendo la cara del tipo, es fácil deducir que es gallego y que es buena persona. El resto del párrafo es un adorno literario humorístico para provocar la sonrisa del lector. Si te lo has tomado al pie de la letra y encima te cabreas, es tu problema. Este no es un foro para que hooligans regionales diriman sus absurdas contiendas, sino todo lo contrario. De todas formas, no te metas con los gallegos, que yo no me he metido con los bolos (excepto con los conductores). Un beso, a pesar de todo.

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    2. ¡Que yo no he sido, pesao! Y que sepas, además, que el pollo de la foto, el tal Lucas Pérez, no parece de Coruña, ni nada, parece de Cuenca, mira tú por donde, que estás muy pero que muy perdido en materia de fisiognomías.

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    3. Respondiendo a este comentario que tampoco has escrito tú, te diré que dudo que en Cuenca haya nadie con esa cara. El físico de este chaval remite exactamente a la fisonomía del marulo, estereotipo típicamente gallego con el que se suele designar a los mangallones de pueblo, sanos, colorados y buenazos. Se les suele tachar de cortos, aunque no es el caso de Lucas Pérez, un coruñes muy viajado y ventilado, que habla inglés como Shakespeare.

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  4. Por lo que sea no había leído este post y me quedo alucinado por lo que me concierne.
    En primer lugar nací en el Barrio de Monelos, Avda. de Chile, a unos 100 m del río. Cierto lo de su mala salubridad, mi hermano se bañó en él (propio de ocurrencias de un personaje como mi hermano) y se agarró unas tifoideas de collons.
    Hoy en día me considero un graduado de la Universidad de Monelos.
    He de precisar que la Liga de la Costa, como usted dice, se llamaba realmente "Liga de las Mariñas". En otra liga, más local, la de los "modestos", participaban insignes clubs como el Liceo de Monelos y el "Oza Juvenil". Los dos del barrio que siempre ofrecían gran espectáculo bronco en sus "derbys".
    Por otra parte y siguiendo sus "términos" del argot futbolístico coruñés, existe uno fantástico como es "barrón" (poste o larguero). ("El viqueirón pegó en el barrón", "chocó con el barrón"...etc...).
    Podría precisar muchísimos más recuerdos, cualquier día lo haré en otro foro, pero con esto me sobra para agradecerle este rato tan agradable que me ha hecho pasar leyendo el post.
    Un gran abrazo amigo.
    Ah! Hoy, por fortuna y buen hacer, D. Lucas es un crack candidato a "pichichi" y la selección nacional.

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