viernes, 26 de abril de 2019

830. Para acallar el ruido, música

En estos días de ruido atronador, previos a la cita electoral del domingo, me refugio en la música. El estruendo se recrudeció al comienzo de la semana con el absurdo de los dos debates consecutivos, una auténtica sobredosis de ruidos. Me protegí de ello decidiendo no perder el tiempo en ver un solo segundo de ese circo. Ya tengo práctica con el fútbol. Ahora mismo, con el Dépor penando en segunda división, lo único que me resulta un poco estimulante de ese mundo es la posibilidad de que pierda el Barça, algo que casi nunca sucede. Como placer sustitutorio, disfruté un montón hace unos días con la derrota del Manchester City, que, como equipo entrenado por Guardiola, concentra los odios sobrantes que me deja el Barça. En esa situación, me siento incapaz de tragarme la retransmisión de un partido entero. Prefiero enterarme luego de cómo ha quedado y, si acaso, ver uno de esos resúmenes de tres minutos, con los goles y las dos o tres jugadas de interés. Pues eso mismo me propuse con los debates: ver al otro día un resumen de los momentos más destacados, los principales insultos y, en suma, los goles de cada candidato.

Dediqué así la primera de las dos noches a terminar mi traducción de la TED Talk, que les subí al blog en el último post, y la segunda a la lectura del libro que tengo a medias (Apegos feroces, de Vivian Gornick), en ambos casos con el fondo sonoro de uno de mis discos favoritos: las Variaciones Goldberg, de Bach, tal como las registró Glenn Gould un día de junio de 1955, en un olvidado estudio musical de la Calle 30 de Nueva York (que no tiene nada que ver con la Calle 30 de Madrid). Mi decisión de no escuchar los debates era firme, porque ya tengo decidido a quién votar, no voy a cambiar esa decisión y no veía ninguna utilidad en tragarme semejante coñazo duplicado. Pero sucedió que, en las dos mañanas siguientes, mis compañeros de curre se dedicaron a prolongar la bronca, confrontando a gritos sus discrepancias delante de la puerta de mi despacho. Así que tuve que proteger de nuevo mi integridad mental recurriendo otra vez a las Variaciones Goldberg, con la ayuda de mis estupendos auriculares Sennheiser HD 4.40 BT, de profesional, que tengo en el armario en previsión de situaciones de estrés sonoro como esa. Aquí pueden verme en plena faena.

Como ahora todo está en la red, les voy a poner un archivo de Youtube en el que se puede escuchar esa grabación prodigiosa, para que se lo dejen de fondo mientras leen. Dura cerca de 40 minutos, así que les sobra para mi post, pero tal vez quieran dejarlo sonar después; es un contrapunto perfecto para la jornada de reflexión de estas elecciones decisivas convocadas para el día de San Pánfilo, que hasta han obligado a adelantar el Maratón de Madrid al sábado, por primera vez en su historia. Disfruten en cualquier caso de la música.


Esta semana ha sido de aúpa para mí en el trabajo. Teníamos que completar las Fichas de Análisis de los nueve proyectos finalistas de Reinventing Cities, antes del jueves a mediodía, en que teníamos una call con Hélène Chartier, desde Nueva York, para cerrarlas consensuadamente con C40. Llegamos a tiempo con la lengua fuera, lo que nos ha permitido enviar esta mañana toda esta documentación a los diferentes miembros del Jurado que el 6 y 8 de mayo elegirá a los cuatro ganadores. Encima, por las tardes tenía unas sesiones de tres horas en el Medialab, de una iniciativa colaborativa del Ayuntamiento, denominada Madrid Escucha, consistentes en unas mesas de trabajo con funcionarios y ciudadanos de a pie apuntados libremente, para reflexionar conjuntamente sobre temas de movilidad y tratar de llegar a formalizar alguna propuesta. Es algo a lo que me había apuntado porque el organizador es mi amigo italiano Gianni Rondinella, que ya ha colaborado alguna vez en este blog ayudándome a traducir algunas tarantelas italianas. Aquí pueden ver mi grupo de trabajo de estas últimas tardes.



Así que yo comía cualquier cosa al salir del trabajo y me iba pitando al Medialab, de donde salía bastante reventado a las siete y media. Para colmo, ayer, después de la presentación de conclusiones de Madrid Escucha, me fui corriendo al Café Berlín, a escuchar el concierto de presentación en Madrid del tercer disco de Checopolaco, la banda granadina que encabeza uno de los hijos de un ilustre seguidor del blog, el ínclito Coronel Groucho, que venía con ellos y a quien no veía desde hace bastantes años. Eso me llevó hasta las doce de la noche, con ingesta correspondiente de cervezas Estrella Galicia y una tortilla creativa riquísima, de aires betanceiros, con la que nos obsequiamos al salir del concierto, en el bar La Alegría, al lado mismo del Café Berlín. Justo es decir que el concierto me encantó, que estos chicos son de conservatorio y hacen una música muy personal, que bebe de grupos como Wilco, Yo La Tengo, o Cigarettes After Sex, de los que ya les he puesto en el blog algún que otro tema. Por lo demás, un placer reencontrame con el padre de la criatura, a quien pueden ver conmigo en la imagen.


Semana, pues, jubilosa y variada, rematada hoy con una merecida siesta y subsiguiente escritura de post. Ya sé que algunos de ustedes, queridos lectores, hubieran preferido que me tragara los dos debates y escribiera luego mis conclusiones. Pero es que no los vi, entre otros motivos por prescripción médica. Es que, cuando veo a Albert Rivera, me salen unos sarpullidos de tipo alérgico bastante molestos. No entiendo cómo se puede votar a ese señor. He de recordarles que su partido ha estado hasta hace poco sosteniendo simultáneamente a Susana Díaz en Andalucía y a Cifuentes en Madrid, por mucho que ahora diga que no va a pactar con el PSOE ni bajo tortura. Esto es un simple postureo, un bandazo más que traduce el oportunismo y la ambición de este señor, de quien les traigo una foto de hace unos años, que es real, no es un montaje ni una noticia de El Mundo Today.


En cuanto a Pablo Casado, su imagen no me produce sarpullidos, sino nauseas. Es un político decididamente emético. He de decir que siento un cierto respeto por el PP como institución. Yo he convivido con este partido 26 años en el Ayuntamiento y no me ha ido tan mal. Tengo diferentes amigos que les votan y no por ello dejan de serlo. Y creo, honestamente, que quizá se hayan equivocado eligiendo a Casado, resultado de unas primarias que hicieron para parecer modernos y diferenciarse del sistema de designación aznariano, basado en el cuaderno azul. Entiendo que Casado es muy joven y tal vez los años le aporten un poco más de poso y moderación. De momento lo que ha conseguido es que se vayan a Vox un montón de cargos intermedios (varios históricos del Ayuntamiento de Madrid), que se vayan también todos los moderados que arropaban a Rajoy y traer a cambio a unos fichajes que solo puedo calificar de frikis y que, en cuanto han abierto la boca, han demostrado la talla exacta que atesoran.

Hablo de Ruth Beitia (a las mujeres maltratadas se las debe proteger, igual que a los animales maltratados), Suarez Illana (existe el aborto después del nacimiento –sic–, que consiste en cortarles el cuello a los recién nacidos, algo que practicaban los neandertales y que ahora mismo está autorizado en Nueva York), el padre de Mari Luz, famoso predicador gitano (Sánchez se sienta a la mesa con violadores y pederastas), la candidata a la Comunidad de Madrid Díaz Ayuso (los atascos son una seña de identidad de nuestra ciudad y, como siga Podemos en el Ayuntamiento, acabará con ellos) y tantos otros. También ha fichado a un torero que, por fortuna, no ha dicho todavía ninguna tontería. Y luego está Cayetana. He de confesarles que a mí, Cayetana, me pone; qué quieren que les diga, uno tiene sus vicios y sus desviaciones. Me alegra el espíritu ese rostro agrio y rencoroso, esa rabia que le hace achicar el ojo izquierdo cada vez que lanza uno de sus dardos verbales. Sólo le falta teñirse el pelo de rojo para ser la perfecta Cruella de Ville.



Por lo demás, me dicen que Pablo Iglesias demostró en los debates que es el más educado. No lo dudo, pero a mí me produce un cierto agobio su nueva imagen de cuarentón con el ceño permanentemente fruncido y los hombros encogidos, sepultado bajo el peso de sus razonamientos. Como no le avise algún asesor de imagen, se va a quedar sin cuello. Aplaudo desde luego su nuevo talante moderado, pero sólo volveré a apreciar a este señor el día que dé un puñetazo encima de la mesa y arengue a sus huestes a que voten a Carmena y Errejón, algo que dudo que suceda, porque va contra su fascinación por Juego de Tronos. Ya desarrollaré esta línea cuando inaugure la murga de las elecciones locales. Así que me queda sólo Sánchez. Ahora he de hacerles una confesión más. Una razón adicional para no ver los debates fue mi miedo a salir de ellos con la decisión de abstenerme, algo que creo que no es bueno en este momento. Porque Sánchez tampoco me entusiasma. Tal vez sea el que menos afecciones médicas me induce, pero no me gusta. Aun así, le pienso apoyar porque entiendo que ese es ahora el voto útil.

Y porque, en cualquier caso, creo que hay que hacer lo posible para frenar el gobierno a tres de los fachas. No me preocupa Vox, entiendo que den miedo, pero para mí son simples activistas, que han movilizado a una parte de la sociedad hasta ahora oculta y que posiblemente estén usando procedimientos como los denunciados por Carole Cadwalladr en la charla que les traje al post anterior. A mí los que me preocupan son los otros dos. Entre otras cosas, porque los veo incapaces de solucionar el problema de Cataluña. En el mundo actual, las cosas no se arreglan por la fuerza. Lo que se arregla por la fuerza, acaba por rebrotar. ¿ME LO VAN A DECIR A MÍ?



Jajajajajajaja. Que tengan un buen finde, y que voten en conciencia. Yo les pediría que no se abstengan, aunque entiendo perfectamente que lo hagan. Abrazos a porrillo.

3 comentarios:

  1. Mi querido brother, he disfrutado de una más que agradable velada con usted el día 25 (San Marcos, obispo). Hacía mucho tiempo que no nos juntábamos para el placer de escuchar buena música y libar del néctar cervecero. En cuanto a la estampilla que ha publicado, y se lo agradezco, me recuerda a alguna escena de don Quijote y Sancho Panza. Con ella me siento como un héroe por aparecer en su tan leído blog.
    Respecto a la jornada de reflexión (una estupidez como tantas otras) le comento que lo estoy haciendo escuchando a don Claudio Debussy, concretamente las sonatas para violín, cello y piano. Como ya le he comentado a usted en nuestro feliz encuentro, me hallo con serias dudas entre votar o no. Me chirrían todos y, como le dije, una mezcla de Vox y Podemos creo sería una opción válida para mí pero, claro, los programas no se sirven a la carta. Creo que la opción de quedarme el domingo (San Pánfilo) en el dulce hogar me está apeteciendo cada vez más. Como dice mi querida prima estaba deciso y ahora estoy indeciso.
    Un abrazo amigo y disfrute escuchando a Bach y si tiene tiempo a Checopolaco.

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    1. aivai, aivai, meu hooooome!

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    2. Sí señor, gran velada, querido Coronel. He de precisarle que, desde entonces llevo puesto en el coche el disco de Checopolaco, muy útil para afrontar los atascos de Madrid y soportar que los taxistas te cierren en diagonal sin mosquearte. En el coche suena como Dios.
      Aivai, Berto y un abrazo para ambos.

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