martes, 28 de abril de 2015

373. El follón de LA FOTO y la repera

Continúan y no paran las repercusiones de LA FOTO, la imagen de la mano en la nuca del señor Rato, presunto corrupto, tramposo y follón, calificativo este último que no utilizo para sugerir que follara más de lo conveniente, sino en su sentido más cervantino, el que recoge la segunda acepción del DRAE: Vano, arrogante, cobarde y de ruin proceder. De todas esas feas cualidades se acusa al señor Rato, al que encima atribuyen un delito de alzamiento (menos mal que no se trata de otro alzamiento nacional). Con esto de la detentio interrupta del señor Rato, se ha armado un enorme follón, palabra que ahora uso en su acepción más común, como sinónimo de lío. Las derivaciones del asunto amenazan con eternizarse. La mano al cuello de Rato corre el riesgo de erigirse en competidora de la mano incorrupta de Santa Teresa, que se conserva en Ronda (Málaga) cubierta de plata, para preservarla del carbono-14 y otros inventos impíos.

Al principio, la cosa olió a chamusquina, a operación de imagen política para lavar el baldón de la indignidad del partido en el poder. Vean, vean –estaría proclamando Rajoy de Moncloa con LA FOTO de marras–; vean, vean: no nos tiembla el pulso a la hora de meter al trullo al más pintado. Aquí no hay amistad que valga, la mano de la Justicia no se detendrá ante nada. Algo así sugería yo en mi diálogo inventado que empezaba con “Rodrigo, chavalote, etc.” La Policía de Aduanas sacó un desmentido que nadie se creyó y lo que no entiendo es por qué al pobre hombre al que tocó agarrar al reo por el pescuezo no le difuminaron la cara en las imágenes publicadas, como suele hacerse en estos casos. Todo el mundo conoce ahora el rostro de este trabajador, el Caballero de la Mano en la Nuca, a quien imagino abrumado por esta popularidad inesperada. Seguro que, cada vez que sale a la calle, los paseantes se le arremolinan para hacerse selfies con él. Debe de estar pasándolo fatal. A menos que se trate de alguien con personalidad histriónica o exhibicionista, en cuyo caso estará encantado.  

En fin, que la cosa era tan sospechosa de ser un montaje, que hasta Casimiro García Abadillo, actual director de El inMundo, se sintió obligado a hacer una editorial interminable, hablando de conspiraciones secretas y rencillas varias entre diferentes cuerpos de seguridad, policías que seguían a Rato, otros policías que, a su vez, vigilaban a los primeros, amago de trifulca entre ambos grupos y otra serie de escenas directamente sacadas de la mejor tradición de la serie negra. Sólo faltaba por allí el inspector Clouseau, con su lupa a la caza del corrupto. De forma un tanto sutil, este señor se alineaba con la tesis de que la Justicia es independiente, de que hay gente honrada que va haciendo su trabajo y, cuando por casualidad dan con un pez gordo, no se detienen y siguen adelante. Que estos cuerpos de investigadores no actúan al dictado de intereses políticos y luchas de poder. Por mí, que cada uno se crea lo que quiera.

Pero la cosa se empezó a aclarar apenas un par de días después, el viernes pasado, cuando la Audiencia Nacional anunció que la fianza fijada por el juez Andreu para el sangrante caso Bankia, que era de 800 millones de euros, quedaba instantáneamente rebajada, nada menos que en un 96%, hasta quedarse en 34 milloncetes de nada. La parte que le hubiera tocado pagar a Rato, que era de 133 millones, por arte de magia se veía jibarizada y bajaba a 5,6. El ínclito Gori-gori respira aliviado: ya no tendrá que proseguir con la demanda contra su antecesor al frente del tinglado, y sin embargo amigo. Un tipo de cuya amistad muy pronto todos renegarán, aunque por ahora guardan las formas, porque Rajoy de Moncloa todavía no se ha referido a él como ese señor.

Para mí ya está todo bien claro. Los poderes fácticos supieron de antemano que se iba a producir ese anuncio y, en un momento preelectoral especialmente delicado por los catastróficos pronósticos de voto al PP, quisieron contrarrestar sus efectos con una imagen para la galería que contentara el ansia de revancha de los preferentistas y demás estafados. Así que se organizó la escenografía, se llamó a fotógrafos y cámaras de televisión (había incluso cadenas extranjeras) y, en cuanto se dio la señal, procedieron a detener a Rato (sólo un rato y sin esposas), los fotógrafos dispararon sus máquinas e inmortalizaron el instante mágico: la mano que aprieta, en plena faena. LA FOTO. Una vez más, el mensaje es el medio, como dijo McLuhan. El problema es que se pasaron un pelo al tratar de hacerlo verosímil. Que sobreactuaron. Que, si el tipo es un criminal, no se entiende que lo detengan sólo un rato. Y, si no lo es, sobra la mano al pescuezo.

Al ver que el escándalo no hacía sino crecer, que el tiro les estaba saliendo por la culata, para calmar el malestar y los murmullos generalizados, mandaron al Congreso al flamante director de la Agencia Tributaria, un figurante hasta ahora sin diálogo que, rodeado de micrófonos, taquígrafos y congresistas ávidos de escuchar sus explicaciones, se vio en el momento de gloria con el que sueña todo mediocre, y no pudo evitar la tentación de la jactancia. Con aires de perdonavidas, el tipo proclamó a los cuatro vientos: “En la Agencia Tributaria disponemos de los datos de todo el mundo, y son la repera patatera”. Fin de la cita. Isaías Lafuente, director de la Unidad de Vigilancia Lingüística de la Cadena Ser, un equipo que cada semana desmenuza con humor las meteduras de pata de los oradores patrios, destaca que estamos ante una combinación innovadora de términos. Que hasta ahora se usaban las expresiones es la repera limonera (equivalente de es la reoca, por ejemplo), o bien es un rollo patatero (equivalente de es un rollo macabeo). Pero nadie había hablado de la repera patatera.

A partir de esa constatación, este señor nos advierte de que estemos atentos, y vigilemos si la expresión se generaliza y se convierte en habitual. No creo que eso suceda y me baso en un antecedente que ha obviado el bueno de Isaías Lafuente. En la campaña de 2000, en la que el señor Aznar optaba a la reelección (que obtuvo), en un mitin celebrado en Toledo dijo, refiriéndose al PSOE: En tema de responsabilidades, lecciones, cero; pero cero... escuchadme un momento, no cualquier cero, ¿eh? CERO PATATERO –remachó a voces entre las ovaciones de sus fieles. Expresión que no se ha incorporado al lenguaje de calle, salvo entre cuatro peperos irredentos. Así que no se equivoquen y combinen cada sustantivo con el adjetivo que le corresponde. Cada oveja con su pareja: el cero, pelotero; la pera, limonera; el rollo, patatero y los peperos irredentos, acojonados con la que se les avecina. Aquí el vídeo para los incrédulos habituales.


Aunque, bien pensado, a lo mejor el de la Agencia Tributaria no es tan tonto y lo han mandado justo para que haga lo que ha hecho: decir una estupidez lo suficientemente contundente como para que a partir de ahora todos hablemos de la repera y nos olvidemos de LA FOTO, la mano y el propietario del pescuezo que sujetaba. Porque resulta bastante insólito que envíen al Congreso a un alto cargo (de alto sueldo, de baja estofa), y el sujeto se limite a decir inconsistencias. Vaguedades. Flatus vocis. Y esto del flato nos lleva hasta la última acepción del DRAE para la palabra follón: ventosidad emitida sin ruido. No sé si este señor se tiró algún follón durante su comparecencia, lo que ha trascendido es únicamente su desafortunada expresión, origen de toda clase de merecidos retruécanos de los analistas de la prensa, como ESTE de La Voz de Galicia.

En fin, queridos lectores: no sean follones, ni se tiren follones en público, a ver si se van a meter en un follón. Eso sí: follen lo que puedan. Las ocasiones que se pierden ya no vuelven más. Recuerden el evocador pasaje de Murakami en Kafka on the shore: Lost opportunities, lost possibilities, feelings we can never get back again. That’s part of what it means to be alive…


4 comentarios:

  1. Un post redondo. Una muestra de como darle una vuelta de tuerca más a un tema que ya se había analizado dos veces y al que le vuelves a sacar punta. Muy bueno eso de la tentación de la jactancia. La misma a la que sucumbe Aznar unos renglones más abajo. Felicidades.

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    1. Gracias por sus elogios. La tentación de la jactancia la llevan "de serie" determinados personajes. Le puedo asegurar que yo he sido bastante importante en el Ayuntamiento y jamás me he sobrado de esa manera. Sin embargo hay gentes que, en cuanto tienen un poquito de audiencia, se vienen arriba y pierden el sentido del ridículo y la mesura. Sucede, por ejemplo, mucho en los bares, porque el consumo de alcohol ayuda no poco.

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  2. Se infiere que crees que la Justicia sólo actúa cuando alguien (seguramente el ejecutivo o los poderes fácticos) le pide que actúe contra una persona concreta a la que se quiere machacar. Yo creo que también hay jueces honestos que persiguen a los delincuentes y hacen que nuestra sociedad funcione mejor.

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    1. Dios me libre de confirmar lo que usted "infiere" de mis comentarios. Por mucho menos (decir que la Justicia es un cachondeo) empapelaron al antiguo alcalde de Jerez. En realidad no tengo pruebas concretas ni constancia alguna de que la Justicia funcione de esa manera acomodaticia y pragmática. Sólo me figuro que es así como va la vaina. Porque, en otros sectores que sí conozco, como la prensa, funciona de esa manera. Ningún medio saca una sola noticia sin que "le den la salida" determinados poderes o instancias. Sé de qué hablo.
      Desde luego que hay jueces y funcionarios de la Justicia que actúan honradamente pero, como se descuiden o se pasen un pelo, acaban como Garzón o Epidio Silva, a quien, por cierto, el Supremo acaba de confirmar la inhabilitación y ya sólo le queda recurrir a los tribunales internacionales.
      Tal vez recuerde usted la película Z, de Costa Gavras. En la Grecia de "los coroneles", el poder designa como fiscal de un caso criminal que les implica, a un joven abogado (Trintignant), al que eligen por ser pariente de las familias fuera de toda sospecha. Pero el tipo se toma en serio su papel, investiga de verdad y no se detiene ante nada. Esas cosas pasan en las películas.
      Saludos.

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