miércoles, 23 de marzo de 2016

486. Mi coche nuevo y el acertijo del trilero

El horror de Bruselas no me sorprende, era de prever, pero me toca muy directamente, porque es una ciudad en la que he estado muchas veces, he llegado a ese aeropuerto, me he movido en ese Metro. La única respuesta contra los que quieren acabar con nuestro modo de vida es precisamente mantener nuestras costumbres y hábitos, continuar nuestra vida sin miedo, ignorarlos dentro de lo posible. Por eso no voy a hablar nada más del tema y voy a seguir con mis rutinas. Por cierto, ayer el doctor Cascoporro me encontró bien y me remitió a los fisios especialistas en rehabilitación. A partir del lunes tendré que ir todos los días a Legazpi a que me den caña. No tengo ni idea de cómo me dejarán esas sesiones, pero el martes tengo Club de Lectura y el miércoles he de atender a una delegación de turcos que quieren ver Madrid Río y por la tarde ir a mi grupo de conversación inglesa. Más lo que vaya surgiendo. Pregunté si podía conducir y me dijeron que yo mismo. Pero que si me doy un golpe puedo tener problemas con los seguros por conducir estando de baja. Está claro. Mi nueva consulta, con el doctor Gárate, el 12 de abril. En función de cómo me vean ese día, me darán o no el alta.

Ya que hablamos de conducir, les cuento lo de mi cambio de coche. Tal vez recuerden que en marzo de 2013, cuando nos trasladaron desde el edificio histórico de la Gerencia Municipal de Urbanismo al destierro del Campo de las Naciones, mi viejo Seat Toledo de matrícula de Barcelona, no soportó el cambio. Mi querido compañero en mil batallas, con el que llevaba unos 20 años, tenía ya el embrague medio escarallado, pero se conoce que por la costumbre me seguía llevando sin rechistar al viejo edificio. El primer día de trabajo en el destierro estuvo ya a punto de fallarme en el viaje de ida, pero consiguió llegar heroicamente al garaje, echando un humo negro bastante sospechoso. Cuando lo cogí para volver a casa, me dejó tirado en la primera cuesta.

Por entonces llevaba yo un tiempo mirando coches nuevos para comprar y estaba ya bastante decidido. Tenía claro que la mecánica más fiable es la de los coches alemanes y japoneses y me inclinaba por los segundos, por una especie de revancha contra la señora Merkel, a quien por entonces responsabilizaba de la tremenda política de recortes que nos estaba calzando ese señor del que ustedes me hablan, a quien ya saben que no quiero nombrar más en el blog. Tenía también claro que quería un coche híbrido, por una cuestión de responsabilidad ambiental con el planeta, aunque por ahora son más caros que los normales. Eso me llevó a la marca Toyota, que tiene tres modelos híbridos: el Prius, el Auris y el Yaris. Me incliné por el Auris, que es de tamaño medio y además me parecía muy bonito. Si el viejo Toledo había estado en el centro de algunos de mis mejores textos en los inicios del blog, como el Post #110, el Toyota pronto se puso a la par con el desternillante Post #149. Si no los leyeron en su día, se los recomiendo como lectura de Semana Santa.

A lo que vamos. Para pagar mi Auris, me ofrecían tres posibilidades. Las dos clásicas, a tocateja y a plazos, y una tercera novedosa que fue la que finalmente escogí. La cosa consistía en lo siguiente. Yo pagué una entrada de 12.000€, uno encima del otro. Y luego firmé 36 letras de 75€, que iría pagando mensualmente durante los 3 siguientes años. Eso me dejaba pendiente de pagar otros 8.000€, el monto de una teórica letra 37. El sistema se basa en una matriz matemática en la que lo único fijo son los 8.000€ que quedan para el final, valor que la marca estima que va a tener el coche tras tres años de uso normal. Es decir, que yo podía haber pagado una entrada más pequeña y unas mensualidades más altas. Pero, en aquel tiempo, tenía liquidez suficiente y me hacía especial ilusión pagar por el coche unos plazos de menos de 100€ al mes.

Naturalmente, a mediados de febrero de este año, la casa se puso en contacto conmigo, para avisarme que los 3 años estaban a punto de cumplirse y que tenía que empezar a pensar en cuál de las fórmulas previstas en el contrato (que ahora les detallo) iba a elegir para el momento de la teórica letra 37. Las fórmulas a las que yo había otorgado con mi firma la conformidad eran las siguientes. UNO. Yo estoy mayor y ya no quiero tener coche. En tal caso, vienen, se llevan el Auris y no pago los 8.000€ pendientes. DOS. Estoy encantado con mi coche, le he cogido cariño y quiero quedarme con él. Así que pago los 8.000€ de marras, bien a tocateja, bien mediante un crédito a renegociar en ese momento. TRES. Me gusta mi coche, pero soy un pijotero al que le encantaría cambiar a un modelo más moderno o evolucionado, previsible tras tres años de innovación en una marca puntera como Toyota. Entonces se renegociará todo globalmente.

Cuando me llamaron, les dije que estaba encantado con mi Auris y que me inclinaba a seguir con él. Pero, pasados unos días, me surgió esa vena pijotera que no puedo negar que tengo y que ya conocen los seguidores habituales del blog. Me enseñaron el nuevo Auris y la verdad es que es una maravilla y tiene una serie de modificaciones que luego les cuento. Lo que pasa es que el modelo de financiación, digamos que se reinicia. Ellos se quedan el coche viejo, yo vuelvo a pagar 12.000€, firmo 36 letras de 80€ y dentro de tres años me quedarán por pagar otros 10.000, porque el nuevo modelo es un poquito más caro. En este momento, yo le paré al vendedor, que es amigo mío y le dije: –Juan, me estás haciendo el truco del trilero. Según mis cuentas, yo he pagado 12.000, más 2.700 de los tres años de cuotas, más ahora otros 12.000 y otros 3.000 de los próximos tres años. Eso suma casi 30.000€. Cómo es que aun me quedarían por pagar otros 10.000, cuando estamos hablando de un coche que vale 23.700€ el primero, y unos 26.000€ el segundo. Me siguen, supongo.

El tipo, con mucha paciencia, me lo explicó paso a paso. Pero no me convencía. Me lo explicó una segunda vez. En un alarde de imaginación le dije: –¿Y si yo le pago ahora la entrada y la cuota 37 y así sólo tengo que ir pagando las mensualidades y dentro de tres años el coche es mío? Se echo las manos a la cabeza y gritó: –Ahhh, no ha entendido usted nada. Quedamos en empate, le pedí unos días para pensármelo y me fui. En el fin de semana siguiente, hablé con varios expertos de mi confianza, entre ellos mi hijo Kike, que se gana la vida como economista, y todos coincidieron en que, aunque las marcas nunca pierden, me estaban haciendo una oferta ventajosa y ciertamente era yo el que no se estaba enterando de nada. Así que llamé al bueno de Juan y le dije que adelante. De todos modos, hay una serie de detalles que no les he contado aún y que les especifico más abajo, en el contexto de la explicación global que más o menos tengo ahora en la cabeza (aunque sigo sin estar seguro al 100% de que no me hayan hecho el truco del trilero).

Para empezar, a la marca le interesa mucho un cliente como yo, digamos, fidelizado y con ese punto pijotero que, dentro de tres años, me hará picar otra vez, seguramente con un modelo enchufable o de pila de hidrógeno. Luego, hay que dividir la cosa en dos procesos diferentes. Yo pagué una entrada y 36 mensualidades de 75€ por usar el primer coche durante tres años. Como ya no lo quiero, se lo llevan y ya no pago los 8.000€ con los que lo adquiriría en propiedad. Punto. El segundo proceso empieza de cero pero, como cliente fidelizado, me ofrecen una serie de ventajas. En vez de pagar 12.000€, he pagado 9.000€. Los otros tres mil me los perdonan por varios conceptos: haber entregado el coche viejo sin muchos rasponazos, no haber llegado a los 75.000 kilómetros y el propio hecho de seguir fiel a la marca. Además, me dan dos vales para hacer las dos primeras revisiones de forma gratuita. Además me entregan el coche en garantía por cinco años (si dentro de tres lo vuelvo a cambiar, esos dos años extra se valorarán debidamente). Todo eso se une a que, al ser híbrido, pago una miseria por permisos de circulación y otros impuestos. Por ejemplo, el municipal se reduce de 129€ a 35€. 

Por si fuera poco todo eso, resulta que voy a disfrutar de sucesivos coches en sus tres primeros años, que es cuando mejor funcionan. Y me voy a ahorrar el coñazo y el dinero de pasar las ITV. En fin. Recuerdo que mi padre tuvo durante una temporada una serie de Seat-600, que cada dos años revendía, para comprarse otro nuevo, así que la pijotería parece que me viene de serie. ¿Y cuáles son las novedades que trae el nuevo Auris que me he comprado? Varias. En primer lugar, es unos 40 cm. más largo y todo eso lo gana de maletero, que era una de las cosas que yo echaba de menos en el viejo. Ahora puedo cargar sin problemas una o dos bicicletas. Segundo: es más silencioso, sobre todo en la fase turbo, cuando se le pisa a fondo. Yo echaba de menos un poco más de repris, por ejemplo, para adelantar a un camión. Me dicen que el motor tiene exactamente la misma potencia, pero que el antiguo, cuando le pisaba a fondo, hacía un ruido tan fuerte que resultaba disuasorio y uno tendía a levantar el pie del acelerador, por miedo a estar forzando demasiado la máquina. Probé un modelo que tenían en el concesionario, nos metimos por autopistas y comprobé lo que me decían.

Además, tiene luces LED. Y alguna tontería más en los acabados. Y, sobre todo, un par de sistemas de avisos sonoros, uno cuando te sales de tu carril sin poner el intermitente, y otro cuando te acercas demasiado al coche de delante. Este último tiene una primera fase intermitente, otra más perentoria y, si sigues acercándote, frena él solo de forma automática. Nuevos sistemas de seguridad para evitar que te duermas al volante, como el conductor del autobús de Tarragona. Yo no lo he estrenado todavía porque, cuatro días antes de llevar el coche viejo y recoger el nuevo, me rompí el brazo. Tuvo que venir un conductor de la marca y hacer el cambio en mi garaje. Pero mi hijo Kike lo conduce por ahí, arriba y abajo, y dice que los sistemas de aviso sonoro son cojonudos y funcionan. Así que la cosa ya está hecha.

Este sistema, aunque lo usara mi padre (que, en esto y otras muchas cosas, era un adelantado a su tiempo), no deja de ser un signo de los nuevos tiempos. Antes era normal tener un coche mucho tiempo y encariñarse con él. Ahora ha llegado la era del coche de usar y tirar. Como dicen en mi tierra: tire con él. Y, desde mi punto de vista, creo que también es un buen negocio para mí, a sustanciar el día en que les diga a los de la marca que ya no quiero más coches, que no les pago los 10.000€ o lo que sea que me quede por pagar, y que se lo metan por donde les quepa. Ese día yo redondearé mi negocio. Así que, digamos, a un 95%, estoy seguro de que no me han hecho el truco del trilero. Por lo que respecta a ese remanente del 5%, ¿qué opinan ustedes, queridos lectores? ¿Alguien se anima a comentar el tema? ¿Creen que me han estafado? Es un acertijo que les propongo para estos días de fiesta. Que ustedes lo pasen bien.

4 comentarios:

  1. Le escribo desde Buenos Aires. Por casualidad encontré su blog y hasta leí sus dos viejos textos, por los que le felicito. Me reí con ganas con los dos. Respecto a si le estafaron o no, pues no sé qué decirle. Las marcas nunca pierden, pero miman a los clientes que como usted gustan de las innovaciones técnicas. El truco del trilero, supongo que se refiere a lo que acá llamamos la mosqueta. Ahí no hay duda: simpre se pierde, pero solo caen en ello los giles.
    Felicidades por su blog.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Querido amigo desconocido! No sabe usted la ilusión que me hace recibir un comentario desde tan lejos. Según mi página de gestión del blog, tengo muchas visitas del extranjero, sobre todo de USA y Alemania, pero me entran pocos comentarios de fuera. Le animo a repetir cuando quiera. Lo que me dice de los trileros me ha animado a buscar información sobre este viejo timo, que ya veo que se usa también en su tierra. Tengo a punto un post al respecto.
      Gracias por contactar conmigo. Nunca he viajado a Argentina, pero es algo que tengo en programa desde hace tiempo. Abrazos.

      Eliminar
  2. Pues, con los debidos respetos, yo si creo que te han timado (un poco, no mucho). Si hubieras pagado los 8.000 que te faltaban, hubieras seguido unos años con un coche que te gustaba, que sería definitivamente tuyo, sin pagar ya más cuotas ni nada. Así has pagado 1.000 más, sigues pagando cuotas tres años y encima les debes todavía 10.000. Yo no veo la ventaja, aunque el coche nuevo sea un poco más moderno. Dicho esto sin ánimo de ofender, solo por abrir el debate, como nos pides, y sin estar tampoco seguro del todo de lo que digo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, algo así pensé yo al principio, pero ahora creo que no está tan mal. Hay una cosa clave: hablas de que, si pagara 8.000 ya tendría el coche en propiedad. Ese es el elemento crucial. ¿Para que quiero yo un coche en propiedad, si dentro de unos años no voy a poder conducir? Una característica de los nuevos tiempos es que se está desmoronando el mito de la propiedad. Mis padres nunca tuvieron un piso en propiedad. Vivieron toda su vida de alquiler y tan contentos. Esto es algo parecido. Yo pago por conducir un coche nuevo de última generación, hasta que me canse y diga que ya no lo quiero. En ese momento, que se lo lleven. Si lo tuviera en propiedad, se iría desgastando y al final tendría que ocuparme de llevarlo a Desguaces Latorre, lo que es un curre más. Tal vez en un futuro, nos ahorremos hasta tener una cocina en casa: habrá un sistema de pedir comida por Internet, que te la traerán calentita, directa al plato, a la hora que les digas. Todo cambia de forma vertiginosa, desde las escayolas en las fracturas hasta la forma de tener coche.

      Eliminar