domingo, 2 de febrero de 2014

226. ¿Qué está pasando en Brasil? II. La revuelta

El otro día me puse a escribir sobre Brasil con la intención de explicar las causas y la dinámica de la revuelta popular que surgió en el país el verano pasado, con motivo de la celebración de la Copa de Confederaciones de Fútbol, y que ya calienta motores para la contestación masiva contra el Mundial del próximo verano. Lo que pasa es que me salió al paso un tema que considero muy interesante y que ya tenía en cartera desde hace meses: por qué la colonia portuguesa no se disgregó en mil estados como la española.

Al ser derrocado el emperador de Brasil, el país entró en una dinámica de inestabilidad que fue alternando períodos semirrevolucionarios con dictaduras militares que imponían el orden de los cuarteles. Los civiles no recuperaron plenamente el poder hasta 1985, hace dos días, como quien dice. Mientras, el gigante brasileño mantenía su vigor por la riqueza de sus recursos naturales y generaba una imagen paradisiaca hacia el exterior: el trópico, las playas, la samba (en brasileño es masculino: o samba), las mulatas, el carnaval. Esto es algo equiparable con la España del flamenco, la Feria de Sevilla y el Rocío. Aquí les dejo una muestra musical de esta idea, similar al “Que viva España”. Es el muy conocido “País Tropical” de Jorge Ben.


Pero en el gran país tropical, abenzoado por Deus, e bunito pur natureza, se fue generando una clase media urbana, culta, igualitaria, de la que podemos encontrar un síntoma en la creación de una línea musical propia: la bossa nova, que surge como alternativa a la popular samba, adorada por el pueblo llano analfabeto que llena las favelas de las grandes urbes. Y esa clase media pone sus esperanzas en la coalición de izquierda moderada que lidera Lula da Silva y que ganará las elecciones de 2002, dando paso a una transición tranquila. Lula revalidará su triunfo en 2006, y su heredera Dilma lo renovará en 2010. El problema es que estos gobiernos, junto a aciertos innegables, no hacen todo lo que esperan sus votantes en cuanto a disminuir la terrible desigualdad social de Brasil, común a casi toda Latinoamérica.

Las cifras macroeconómicas del país son espectaculares, pero la gente de las favelas sigue al margen de esa bonanza, la sanidad es muy mejorable y la seguridad en las calles de las ciudades brilla por su ausencia. Los votantes se empiezan a impacientar. La crisis económica mundial no favorece el desarrollo de políticas más sociales, pero la gente empieza a desconfiar de los políticos. Para colmo, surgen casos de corrupción, y eso es lo que termina de indignar al personal. Abajo les pongo una de las diatribas del popular locutor de telediario Luis Carlos Prates. Está subtitulada en español, pero quiero destacarles algunas de las palabras que se dicen. Una de ellas, siricaita, si la buscan en un diccionario, se la traducirán por pizpireta, casquivana, putilla. En el Brasil actual, esa palabreja expresa el cachondeo, el despelote, el desmadre de esa clase política que derrocha dinero a dos manos. Incluso ha generado un verbo (que también usa Prates): siricaitar, algo así como “irse de cachondeo”.

Otras dos palabras destacadas: troxa, que sería algo así como pringao y, la mejor de todas: ¡SAFADO! En cada país hay un insulto prototípico. Un extranjero no podrá presumir de conocer España, hasta que maneje adecuadamente la palabra CABRÓN. Lo mismo sucede en Francia con CONNARD, en Italia con ESQUIFOSO, en Inglaterra con FUCKING BASTARD, o en Estados Unidos con MOTHERFUCKER. Bueno, pues en Brasil, el equivalente es SAFADO. Escuchen ahora el vídeo que les adjunto.


Ahí tenemos ya el caldo de cultivo básico. Una ciudadanía indignada, que da muestras inequívocas de irritación, y que tiene claro que prefiere que el dinero de sus impuestos se destine a la mejora de la educación, la sanidad y la seguridad ciudadana, que no que se invierta en organizar campeonatos mundiales de futbol. Esa irritación corre por las redes sociales y asoma la patita en algunos detalles, que los políticos, como de costumbre, no valoran adecuadamente. Antes de empezar la Copa de Confederaciones, la página de información deportiva O Globo hizo una encuesta en la red para que los internautas dijeran quién era en su opinión el favorito para ganar el torneo. Esperaban una respuesta masiva a favor del país anfitrión. Pero el resultado fue otro: el 87% de los participantes, votaron a favor de Tahiti (ya saben que, ante una encuesta similar, la mayoría de los hinchas del Depor eligió este otoño a Evaldo, como el mejor jugador del año pasado).

La revuelta brotará, también como siempre, por una cuestión nimia, la gota que colma el vaso: la subida del billete de transporte público (autobús, metro y tren de las ciudades) en veinte céntimos de real, de 3,00 a 3,20 (más o menos de 1,70 a 1,85 €). El 6 de junio se celebra en Sao Paulo la primera manifestación contra la subida, liderada por el autodenominado Movimento Passe Livre (MPL). La manifestación es pacífica y poco concurrida, pero se repite en los días siguientes. Y el día 13 hay un salto de calidad. El Ministerio del Interior envía a los antidisturbios y se monta una batalla campal. Los noticiarios censuran las imágenes de la refriega, pero por la red circulan escenas de policías disparando balas de goma y apaleando a pacíficos ciudadanos de todas las edades. La respuesta de la ciudadanía será ya masiva.
   
El 17 de junio, la cita se transmite por Facebook y Twitter. En el Largo da Batata se empieza a congregar la multitud, que supera todas las previsiones del MPL. Lo mismo sucederá en Río y las demás ciudades grandes del país. La revuelta es ya imparable. Millones de brasileños gritan su indignación. Supongo que observan la similitud con el movimiento madrileño del 15M. Aquí también hubo una respuesta policial desmesurada a una manifestación pacífica, y una movilización mucho más masiva al día siguiente, terminada con la okupación de la Puerta del Sol durante meses. ¿Y cómo es que la policía no es capaz de prever que, cuantos más palos dé, mayor será la respuesta ciudadana? Pues por resabios de antiguas épocas opresivas (los grises en España, las dictaduras brasileñas) y porque esperan que desde el poder se les apoye, como sucedió, por ejemplo en Estambul, tan recientemente. Allí la revuelta fue aplastada en un baño de sangre.

Pero en España estaba Zapatero, y en Brasil, Dilma. La presidenta dijo comprender a los manifestantes. Un gesto para la galería y para ganar tiempo. Como suele decirse, echar la pelota para delante y ver cómo evoluciona la cosa, a falta de mejores recetas. Pero los problemas subsisten. Y las imágenes que les ponía el otro día sobre los nuevos disturbios de Sao Paulo, son sólo el anticipo de lo que vendrá este verano. Aunque sus dirigentes no se acaben de enterar de lo que está pasando realmente, lo cierto es que los brasileños están hasta los huevos de fútbol. Y del caso Neymar. Y de que, mientras la gente sigue pasando penurias en sus favelas, personajes como el padre de Neymar se hagan de oro. La ciudadanía ya no aguanta más. Sueñan con acabar, de una vez por todas, con los safados que están esquilmando la riqueza de su tierra. Por si quieren leer una larga y bien fundamentada crónica sobre lo acontecido en junio, aquí tienen el link correspondiente. Sean buenos.  

6 comentarios:

  1. Ya que citas el caso Neymar, ¿qué impresión tienes sobre el asunto? (Espero que comentar este asunto no te moleste tanto como hablar de planeamiento). Gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No, por Dios. Tal como yo lo veo, aquí hay un elemento, el padre del jugador, que está dispuesto a hacerse millonario a cuenta del talento del niño. Él fue también jugador y sabe reconocer ese talento desde edad muy temprana. Cuando el chaval es apenas un juvenil, ya vende sus derechos a unas empresas de comunicación brasileñas. Pero luego el chico despierta el interés de Europa y el avispado señor se da cuenta de que se ha quedado corto en sus previsiones. De que la palabra millonario palidece ante las posibilidades del asunto. Entonces imagina unas cifras, lo suficientemente altas como para compensar la indemnización que habrá de pagar a las empresas propietarias de los derechos del jugador.
      Con esas cifras en la cabeza, se dirige a ver al Mais Grande Clube de Futebol du Mundo: el Real Madrid. Se sienta con ellos y hace su oferta: 50 millones de euros "en blanco" y otros 50 "por debajo de la mesa". Las cantidades las he redondeado (es lo de menos). Lo de por debajo de la mesa, adórnelo usted como quiera: contratos de imagen, indemnizaciones en diferido, simulaciones, etc. Los brasileños habrán de tener sus trucos. Pero el Real Madrid hace cuentas y dice, con el sueldo del jugador durante cinco años, nos vamos a cerca de 150 millones. Es mucho. No interesa. Además generaría problemas con el Cretino Ronaldo, que ya sabemos cómo es de mosqueón.
      Entonces el tipo se va con el cuento a Can' Barça. Y allí se tragan el anzuelo. ¿Por qué? Pregúnteselo al señor Rosell. Que si el complejo de inferioridad con el Madrí, que si el victimismo secular de los culés, que si ya nos quitaron a Di'Stefano. El caso es que cierran el negocio y proclaman por todas partes que se han llevado al mejor jugador del mundo por 50 kilos. Y entonces, el Madrí empieza a señalar con el dedo: es falso, les ha costado mucho más, si lo sabremos nosotros. Rosell decide sostenella y no enmendalla. Se arriesga a una denuncia de Hacienda y a que Messi también se mosquée y pida más sueldo, que es una especie de autista, pero también tiene su corazoncito y su punto mosqueón. Entonces, un socio del Barça se mosquea y lo denuncia en el juzgado. La estafa a Hacienda es tan flagrante, que la propia directiva ha de ofrecer la cabeza de su jefe para que caiga sobre él el juicio. Las presiones que le habrán llegado después al socio que destapó el tomate, se las pueden imaginar: que si antibarcelonista, que si anticatalán, que si español de mierda...
      Esta historieta que les cuento, ha sucedido PRESUNTAMENTE. Sus personajes y actuaciones son fruto exclusivamente de mi imaginación desbordada. Quiero dejarlo claro,antes de que alguien me denuncie por difamación.
      Iba a escribir un post al respecto, pero, con su pregunta, me lo ha puesto usted en bandeja. Ahora, que cada uno se crea lo que quiera.

      Eliminar
  2. Amigo, estuve en Brasil trabajando seis meses en los setenta. Recuerdo la canción País Tropical, que estaba de moda entonces. Para mí fueron unos meses inolvidables. Sobre todo por las garotas. Quien no haya estado por allí no puede ni imaginar el peligro que tienen. Es que te llaman, te buscan, te persiguen, te acorralan. Te ponen en bandeja una oferta hecha de miradas, de contoneos, de alegría, de olores. Como las sirenas que acechaban a Ulises, o tienes unos principios sólidos que te sirvan de cuerda con que atarte al mástil de la cordura, o te dejas llevar a la locura y mandas todo a la mierda: esposa, hijos, trabajo, posición. Algún compañero de la empresa se encontró de buenas a primeras con un embarazo, seguramente no del todo casual, y un lazo en el cuello de por vida.
    No tuve mucho margen de visitar las zonas más míseras, nosotros nos movíamos en estratos protegidos, excepto cuando salíamos de siricaita. Me cuesta reconocer en el actual país revuelto por las protestas callejeras, el paraíso que yo pude conocer.
    Muchas gracias por sus textos. Entro de vez en cuando en su blog y leo de corrido cuatro o cinco de sus textos. Hoy me ha revivido usted una época muy querida.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo de las garotas lo da el clima del trópico. ¿Ha visto usted a las canarias? Es el clima lo que las hace madurar antes, aunque también envejecen con rapidez si no se cuidan.
      Lo que sucede con los brasileños es que el país ha dado un salto enorme en las últimas dos décadas. Y que el brasileño medio ya no es un ignorante y ya no le basta con tener "un fusca y un violao", ser del Flamengo y tener a su lado "unha negra chamada Teresa". Sus dirigentes no han valorado esto y se han lanzado nada menos que a organizar la Copa Confederaciones, el Mundial y las Olimpiadas. Y la gente no quiere pagar veinte centavos de más en cada uno de sus billetes de transporte público, para financiar esos fastos, mientras toda la cuadrilla de comisionistas y safados se hace de oro.
      Gracias por su comentario.

      Eliminar
  3. El tío del telediario es genial, pero ¿sabe usted qué historia es esa de la que habla y por qué se enfada tanto?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sé lo mismo que usted. Debe de referirse a un escándalo que no trascendió fuera del país, o al menos yo no me enteré de nada. La cosa va de que los diputados cuentan con la posibilidad de sacar billetes de avión baratos para ir y volver a Brasilia (como los tienen aquí, supongo). Y que algunos han usado esa prerrogativa para "ir siricaitar a Europa". Incluso un safado de Brasilia parece habérselos dado a familiares y, preguntado por ello, dice que la familia está "pur riba de tudo". A mí lo que más me gusta es el grito final. Se queda aliviado, el tipo. ¡Cómo me gustaría a mí gritarle ¡¡¡¡SAFADO!!!! a algún prócer de los que andan por aquí recortando nuestros derechos...

      Eliminar