jueves, 23 de julio de 2015

406. En la cola del Bolshoi

El título alude a una historia a la que ya he hecho referencia, tal vez en más de una ocasión, no lo sé a ciencia cierta, ya saben que tengo la memoria al pil pil (excepto esos grumos que se me representan con claridad). Octubre de 1917. Los aristócratas de San Petersburgo hacen cola bajo la nieve para entrar en la Ópera y asistir a la representación del Bolshoi. A su lado empiezan a pasar milicianos armados a la carrera. Se dirigen al Palacio de Invierno, la residencia tradicional de los zares, que hace tiempo que viven en otro lugar. Allí está ahora instalado el primer ministro Kerensky, el hombre que ha encabezado la primera revolución, la de febrero, en la que el zar fue derrocado. Kerensky, se verá arrasado por la revuelta que él mismo inició, como ha sucedido históricamente con muchos aprendices de brujo, devorados por su propio invento (y como le pasará posiblemente a Artur Mas).

A lo que vamos. Los desarrapados revolucionarios pasan raudos. Tienen prisa por llegar a su cita con la Historia. Y los aristócratas los miran pasar sin inmutarse. Tal vez algunos de ellos intuyen que aquello puede afectar a su pequeño mundo de lujo y abundancia, que creen bien protegido. Pero no hacen nada. Sólo esperan para ver el ballet. Llevan buenos gabanes y gorros de astracán para el otoño helado de San Petersburgo y se sienten seguros. La toma del Palacio de Invierno por los bolcheviques marcará un punto de inflexión en la historia de Rusia y en la de toda la Humanidad. El relato de esta escena se encuentra en el libro Diez días que estremecieron al mundo, escrito por el periodista norteamericano John Reed, al que pilló la Revolución de Octubre en primera fila. El mismo Reed que, de vuelta a su país, fundó con otros el Partido Comunista de Estados Unidos. Tuvo que salir por piernas y volver a Rusia, donde murió de tifus a los 32 años. Está enterrado en el Kremlin. En 1981, se filmó una película sobre su figura: Reds (Rojos), escrita, dirigida, producida e interpretada por Warren Beatty.

En fin, enlazando con mi post anterior, aquí estamos todos en la cola del Bolshoi. Se intuyen grandes perturbaciones en el mundo. Pero nosotros seguimos a lo nuestro. Recogiendo la basura, pagando la hipoteca, preparando las vacaciones en la playa. Como si no fuera a pasar nada. Mi post inmediatamente precedente ha desatado una serie de comentarios. Dice la gente que no me reconocen. Que yo soy un optimista inveterado y ese texto es profundamente pesimista y agorero. Que les preocupa el hecho de verme tan desanimado. Es posible que tengan razón. Supongo que estoy en un momento bajo, resultado de varios factores. Primero, el bajón tras mi aventura alemana, en donde me lo he pasado tan bien. Segundo el hecho de regresar a mis trabajos municipales y ver que el cambio que con tanta ilusión esperábamos, se queda por ahora en agua de borrajas, o en parto de los montes. Y para colmo, el calor extremo, que no hay quien lo aguante.

No obstante, ese post del que hablamos tiene varias lecturas. Por un lado, mi acreditada falta de acierto como pronosticador se somete una vez más a la prueba del algodón. Como sé que siempre me equivoco, pues a ver si esta vez mantengo la tendencia, no pasa nada, somos felices y comemos perdices. Inshallah. En segundo lugar, es bueno que estemos avisados. Hay muchos riesgos en el aire. Yo confío en que haya alguien por ahí que se ponga las pilas y evite esa pronosticada debacle del mundo occidental. Pero no se equivoquen: ahora mismo hay una falta generalizada de liderazgo (excepto por el lado del Papa Curro). Obama es un verdadero mandiles y no lo veo yo ni siquiera mandando unos cuantos portaaviones a restaurar el orden, suponiendo que fuera necesario. En tercer lugar, si alguna de estas amenazas se concreta, siempre podré proclamar eso de No me digan que no les avisé. Y, si estar alerta nos ayuda a protegernos mejor, pues bienvenido sea.

Digamos también que, aunque nos entristezca que se vaya a la mierda este mundo creado después de 1945 en el que tan felices hemos sido, pues tendremos que admitir que no era un mundo más justo que el de la Rusia de los zares y que lo que nos pase lo tendremos bien merecido. Como les conté en el Post #340de los 7500 millones de habitantes actuales de la Tierra, 2000 carecen de alojamiento estable. En esa cifra no están incluidos okupas, personas que se construyen ilegalmente su casa, ni gentes que se guarecen en infraviviendas hechas con materiales sólidos. Estamos hablando de terrícolas que viven en cuevas, campamentos, chabolas hechas con cartones sobre suelo de tierra, asentamientos provisionales de refugiados o, directamente, en la calle, a la intemperie. 2000 millones. Por no hablar de los 900 millones que pasan hambre. Eso no es sostenible. Los que habitamos este paraíso que solemos llamar Occidente, somos una minoría de privilegiados, cobijados bajo un techo de cristal que no resistirá las pedradas el día que lleguen.

Pero no se preocupen. Yo soy el primero que vive en la cola del Bolshoi, y seguiré contando mis reflexiones y mis afanes para entretenimiento de mis seguidores, compañeros de castillo encantado. Este malestar que les he trasladado en el anterior post y medio, no me impide seguir con mi vida como si nada. Así que ya no les acongojo más. Mis disculpas. Paso a hablarles otra vez de las minucias de mi devenir cotidiano, que tanto les interesan. Para la primera quincena de agosto tengo preparado un viaje a Polonia, similar al de Rumanía del año pasado: senderismo, naturaleza, algunas ciudades (Varsovia, Cracovia), algunas visitas destacadas (Auschwitz, minas de sal de Wieliczka). No viajo solo esta vez, así que no me llevaré el ordenador y les daré vacaciones de blog. El descanso nos vendrá bien a todos. Yo creo que es este ínterin entre Alemania y Polonia lo que se me está haciendo cuesta arriba, tal vez por el calor y la calma chicha laboral.

La vida sigue, como les digo. Durante ni periplo alemán no he hecho ningún tipo de deporte, pero, al volver he recuperado mis dos días de natación a la semana. Lo que pasa es que el Polideportivo Luis Aragonés está cerrado hasta el 1 de septiembre y me he tenido que buscar otro. Ahora voy al Municipal de Barajas, que es cojonudo. Tiene las paredes acristaladas, de forma que ves los jardines mientras nadas. Me preocupa lo que hará en estos dos meses mi colega el Cangrejo Taciturno. En qué ocupará ahora su tiempo, con este calor y sin poder ir a la piscina en la que se pasaba todas las tardes. El único del faunario que se ha trasladado también a Barajas es el que dimos en llamar El Efebo Griego, el tipo que se estira largamente en la ducha, de cara al personal. Incluso me saludó, reconociéndome, la primera vez que nos vimos en Barajas. De todas formas, en agosto cierra también esta piscina. Mi plan es empezar a correr el 15 de agosto (espero que el calor haya bajado) y hacer este año la temporada como Dios manda. Y en septiembre volver a nadar un día por semana.

Por lo demás, ese tiempo de finales de agosto será como siempre el momento de los grandes proyectos para el año lectivo que comienza, la hora de las buenas intenciones. Que no siempre se cumplen. Yo tengo unas cuantas ideas en cartera. Por un lado, he de revisarme la vista. Así como por llevar la contraria, resulta que sigo viendo bien de cerca sin gafas. Pero de lejos no es lo mismo. Aun leo bien los subtítulos en el cine, pero empiezo a no distinguir los letreros de las carreteras, sobre todo de noche, hasta que estoy casi encima. Otro proyecto: organizarme una clase de inglés. Con alguien que mejore mi conversación. A ser posible una mujer y a ser posible guapa. Me han dicho que mi pronunciación es muy buena, y eso debe ser un acicate para mejorar vocabulario y recursos orales. Y por último, dar unas clases de natación, para ampliar estilos. No creo que sean demasiadas cosas.

Cambiando de tema, con la inexorabilidad de un reloj callejero bien engrasado, la unidad de Recursos Humanos del Ayuntamiento, ha puesto en marcha conmigo su poderosa maquinaria. El otro día recibí una carta en mi casa, en la que me recuerdan que estoy a seis meses de cumplir 65. Con tal motivo, me conminan a presentar en registro a la mayor brevedad (sic) un par de documentos: una fe de vida, en donde se acredite mi fecha de nacimiento, y un informe de vida laboral. Ya los he pedido (ahora se hace por Internet). Comparando ambos documentos, los avispados funcionarios de Recursos Humanos harán una comprobación, cuyo resultado ya conozco. Si yo tuviera ahora mismo 36 años cotizados, me podría ir ya sin perder casi pensión. No es el caso, tengo sólo 33. Eso me obliga a quedarme hasta el 19 de junio, como ya se ha comentado en el blog.

La petición de reengancharme la tengo que presentar entre el 19 de diciembre y el 19 de enero. Creo que lo haré, y respondo así al último comentario del bueno de Alfred. Está claro que eso es lo que más me conviene, porque luego puedo irme cuando más me convenga o me apetezca. Supongo que me lo firmarán (si no, todavía le puedo partir la cara a algún desagradecido). Pero no descarto marcharme al comienzo del próximo verano. Es un tema que, por ahora (si mantengo mi buena salud) sólo depende de una cosa: que se termine esta calma chicha exasperante y que me involucre en tareas que, de alguna forma, me generen un mínimo de ilusión. Yo le pido al trabajo tres cosas, que normalmente van juntas y se realimentan entre sí: sentirme útil, aprender y divertirme. Si no me asignan una tarea que tenga esos tres componentes, pues, en cuanto pueda, salgo de naja.

Por lo demás, hoy hace cuatro años que murió Amy Winehouse, una figura única, cuya música no se parece a la de ningún otro artista. Ayer fui al cine a ver el documental sobre su vida titulado Amy y recién estrenado. Ya les cuento. De momento les dejo aquí una de sus canciones más conocidas, con un vídeo un tanto fúnebre, para seguir con el tono dominante.





martes, 21 de julio de 2015

405. No reason to get excited

Eso, que no se pongan nerviosos, que no hay motivo para ello. Todos tranquilos. La situación no invita precisamente al optimismo, pero hay que mantener la calma. Para empezar, el calor sigue sin remitir. Uno consulta la prensa y todos los medios coinciden en anunciar que ahora llega la cuarta ola de calor, que el bochorno repunta después del alivio del fin de semana. Pero ¿de qué alivio hablan? Yo no he dejado de sentir un calor insufrible, ni el sábado ni el domingo. Ni un poquito de aire en movimiento. Esta es la ola de calor más larga e intensa que se ha visto por estos pagos, por mucho que traten de camuflarla con falsos alivios que nadie nota y repuntes igualmente ilusorios porque, si no ha habido alivio, cómo va a haber repunte. Trucos para no reconocer que el cambio climático ha llegado. El cambio está aquí, y nadie hace nada por invertir la tendencia de consumir por encima de las posibilidades del planeta. Pero no hay que ponerse nerviosos. Aquí el chiste de El Roto de hace unas cuantas semanas.


Tampoco nos debe preocupar el aumento continuo de población. Tranquilos, hombre. Hay mucho terreno libre todavía. Si dijo Esperanza Aguirre que en el territorio español hay hectáreas y hectáreas de eriales y terrenos baldíos, susceptibles de ser edificados, pues no vean lo que queda en Mongolia y en las extensiones desérticas que en el mundo abundan. Podríamos llenarlo todo de viviendas y cabría mucha población ahí. España podría exportar a Villar Mir, Florentino y otros emprendedores patrios, que rápidamente construirían ciudades sostenibles, con el informe de impacto ambiental de serie. A lo mejor hasta podemos mandarles al Pocero Bueno, a que haga otra vez el agosto.

El único problema es que el consumo de carne para esa población hipotética sería muy poco sostenible. Ya lo es el actual, como pueden ver en el reportaje al respecto publicado en El País la semana pasada, que pueden leer AQUÍ. Pero no hay motivo para asustarse ni para ponerse nerviosos. A lo mejor falla antes el asunto del agua, como le ha pasado a los de Ferrol. O se peta la electricidad como ya ha sucedido en California en varias ocasiones. ¿Se imaginan estos días sin aire acondicionado, ni frigorífico? Pero nada. Nosotros a lo nuestro. A tumbarnos a la playa y a bañarnos en el mar lleno de medusas. Y sin dejar de mandar polladas por el móvil todo el rato. Y luego, una paellita llena de arena y una buena siesta bajo un pino.

Hay amenazas más próximas y directas, pero tampoco tenemos que preocuparnos. Qué decir del ISIS. Ayer se produjo un atentado que supone un salto cualitativo importante, porque los terroristas entraron en territorio turco. Allí, en la ciudad fronteriza de Suruç se habían concentrado un montón de chavales turcos de grupos de izquierdas, que pretendían cruzar a Kobane, del lado sirio, para ayudar a la reconstrucción de esta ciudad, devastada tras cuatro meses de dominio islamista y reconquistada por los kurdos. En medio de los chavales se inmoló una pobre mujer, forrada de explosivos, con el resultado descrito. Cruzar de Kobane a Suruç es sencillo, lo sé de buena tinta, porque en Kobane está el hijo de un amigo mío, ayudando a que aquello se parezca a un mundo normal y justo. Yo le diría que saliera de allí cagando leches pero, como no creo que me haga caso, pues le mando desde aquí un abrazo muy fuerte. Todo ese horror transcurre en territorios superpoblados, no en desiertos de Mongolia. Allí hay familias y hay niños. La organización Save the Children ha publicado recientemente un vídeo que les pongo  para que lo vean.


Siguiendo nuestro acercamiento a problemas más próximos, pues ahí tenemos la tragedia de la guerra civil de Ucrania. Despues de año y medio, las informaciones son precisas: seis mil muertos, la mayoría civiles, medio millón de desplazados, y la industria de las zonas de Donetsk y Lugansk funcionando a un 20%, agravando la asfixia económica de este desgraciado país, siempre en el centro de los conflictos. Putin es un elemento bastante peligroso, que no está dispuesto a que Ucrania se integre en Europa y en la OTAN, como ya hicieron los Países Bálticos y los demás estados soviéticos, tras la caída del telón de acero. Este hombre no se detiene en minucias. ¿Que la constitución rusa dice que no puede ser reelegido? Pues pone a un hombre de paja para un segundo mandato y así puede él volver para un tercero. ¿Que sale un opositor reuniendo datos de su implicación en Ucrania y convocando marchas anti-Putin? Solución fácil: cuatro tiros a bocajarro. AQUÍ  tienen la información.

Pero Europa se ha desentendido de este molesto conflicto. No hay tiempo para ayudar a Ucrania, centrados como estamos en el empecinamiento por machacar a Grecia, donde el amigo Tsipras ha resultado un bluff, que lo único que ha conseguido es retrasar y agravar la camisa de fuerza a un país que nunca debería haber entrado en la Unión Europea. Tsipras ha peleado contra un enemigo despiadado, con la misma ingenuidad que Don Quijote contra los molinos. Y ha salido igual de escaldado. Como siempre, la voz de mi amigo y tocayo Emilio de la Peña, precisa el asunto desde el punto de vista técnico. Véanlo AQUÍ. Pero tampoco por esto debemos de preocuparnos demasiado. No pasa nada. La Unión Europea nació para evitar que los alemanes provocaran una nueva guerra mundial (la tercera según las cuentas oficiales; la enésima si contamos la de los 100 años y todas las anteriores). Ahora, la señora Merkel ha entrado en una deriva autoritaria que en cierta forma pervierte el espíritu original. Pero no hay que ponerse nerviosos.

Nosotros a lo nuestro. Los catalanes siguen con su raca-raca. Todo lo que sume para llegar a la independencia, es bienvenido. Raül Romera, que ha sido durante años el azote de CiU (pueden comprobarlo AQUÍ), pues ahora se da besos en la boca con Artur Mas. Por cierto, eso de ponerle una diéresis al nombre, para que resulte menos español, es tan ridículo, como que en el País Vasco haya un político rebautizado como Pernando Barrena. Los vascos se están rearmando también y ahora gobiernan en Navarra. No sé cómo es posible que, en una comunidad en donde los abertxales son minoritarios, puedan llegar a hacerse con el poder. Debe de ser por el denostado sistema D’Hont. Volviendo a Cataluña, a mí me parece bien que voten. Yo creo que el pueblo ya tiene toda la información y confío en el tradicional seny de los ciudadanos de esas tierras. Pero allí se ha dejado que determinados sujetos (como Pujol) empollaran el huevo de la serpiente durante 30 años, y el resultado es ahora mismo muy incierto.

Pero, como les he repetido varias veces, no hay que ponerse nerviosos. A veces, un clavo saca a otro clavo. Me explico. A lo mejor, los catalanes se independizan. A lo mejor, España les manda los tanques y se arma una guerra localizada. Eso nos empobrecería al nivel de Grecia. La Unión Europea no nos echaría una mano, como no se la esta echando a Ucrania. Los países desertarían en masa del euro y la Unión se iría a la mierda. En ese momento, Putin aprovecharía para reconquistar los antiguos países soviéticos, empezando por los Bálticos y siguiendo por Polonia, Hungría y los demás. Aprovechando para pillarnos entretenidos en este conflicto, los Islámicos se aprestarían a organizar su cruzada contra Occidente y nos pondrían a todos mirando a La Meca, vestidos de naranja. Finalmente, la escabechina general terminaría por controlar la superpoblación de la Tierra, y dejaríamos de deteriorar el medio ambiente. Y ya no pasaríamos olas de calor como esta. Me refiero a los que quedásemos con vida.

Mientras llega este Armageddon, a mí me están entrando unas ganas enormes de ejercer el derecho a decidir, e independizarme de este mundo empeñado en volver a la primera mitad del Siglo XX, cuando no a la Edad Media. Para subrayar mi conversión en soberanista individual militante, por una Arcadia Unipersonal Efervescente, empezaré por cambiarme el nombre. A partir de ahora me voy a llamar Hëmîliõ Mårʧĵɳěż. A lo mejor es que estos sesenta años de paz y prosperidad (más o menos los que yo tengo), han sido sólo una ilusión. Just an illusion. Buenas tardes.




viernes, 17 de julio de 2015

404. Summertime


Arriba tienen a la simpar Ella Fitzgerald interpretando la conocida canción de George Gershwin, dedicada al verano. Esta señora sudaba a mares y usaba grandes fulares para aliviarse de la incomodidad. Dudo que hubiera sobrevivido al verano madrileño de este año. Yo no recuerdo una ola de calor extremo como la de estos días, y llevo en Madrid desde 1968. Jamás he sufrido un bochorno tan intenso y prolongado. Es un calor asqueroso, pegajoso, repugnante. Es que no se puede salir a la calle. Es que el otro día hicieron en la Puerta del Sol una fondue directamente sobre la tapa de una alcantarilla. Es que no sé cómo los pajaritos no caen del cielo, directamente fritos al plato de los esforzados parroquianos, que sufren el sofoco con entereza y paciencia. ¿Será culpa de Rita Barberá por haberse inventado eso del caloret? Por el barrio andamos todos preocupados. Luis, del restaurante La Pitarra, dice que no cree haber vivido una ola de calor tan larga como esta. Corrobora tal apreciación mi nunca bien ponderado Álvarez, casi 50 años de camarero en El Brillante.

A Álvarez y sus compañeros les han puesto un uniforme nuevo de verano completamente negro y están que trinan. Con el apresto de los tejidos recién estrenados, se cuecen en su salsa. En El Brillante celebran todos los martes el día de San Calamar. Ese día, el bocata-calamares con una caña vale en la barra 4,90€. El martes pasado quedé allí con Lisardo, aunque ni él ni yo tomamos casi nunca calamares, por la cosa del colesterol. Quería, como todos los años, desearle un buen verano. Ya me ha perdonado por no abrir una cuenta de Twitter para propiciar que cada entrada de mi blog la vieran instantáneamente miles de seguidores. Sin Twitter, por aquí entran en torno a 40 visitas por post, de media. Si descontamos los amigos y unos cuantos enganchados a mi prosa, una auténtica miseria. Pero yo no quiero más. El problema es que Lisardo, desde que se ha jubilado como ordenanza del Ayuntamiento de Madrid, tiene un excedente de energía mental, al que ha de dar salida. Y siempre ha sido un genio de la economía creativa y la gestión cultural.

Su última ocurrencia: –Don Emilio, hágame caso, usted lo que tiene que hacer es buscarse una editorial que le publique una antología de sus mejores posts. Ya tengo hasta el título: Las mejores reflexiones de mi carrera, o bien: Tres años reflexionando a la carrera.  –Pero, Lisardo –le digo–, que mis mejores posts están llenos de fotos y vídeos musicales. ¿Cómo se come eso? –Pues muy fácil: un libro-disco y ya está. Ya me veo en la Feria del Libro aguantándole el atril para las firmas. Usted, cuando necesite un soguilla que le lleve el maletín, ya sabe que ninguno como yo. Me cuenta luego que estuvo a punto de presentarse en mi conferencia a los del Credit Agricole, a partirle la cara a los traductores, para que pudiera hablar en francés como yo quería. Y que estuvo muy preocupado por mi corazón pero se reprimió de llamarme, porque confiaba en el refrán ese de la mala hierba que nunca muere. Lisardo está en plena forma, se le ve gordito, saludable y bronceado. No parece afectarle el bochorno.

Otro de los personajes que suele aparecer por El Brillante es El Moro. Es un marroquí de edad, al que recuerdo por el barrio desde siempre. Entra por un extremo del bar y sale por el otro, tras recorrer las barras con su paso renqueante, ofreciendo distintas mercancías (lo último, unos llaveros con linterna mini incorporada, que muestra ensartados en un anillo plateado). Yo le digo que no quiero nada de lo que vende, pero que lo convido a un té o lo que quiera. Como buen musulmán, no bebe alcohol. Un día me contó que se llama Ahmed y lleva 37 años en Madrid, así que llegó recién estrenada la democracia. Álvarez sabe cómo chincharle para que largue. El martes, mientras fregaba unos vasos, así como al descuido, le soltó: –Escúchame, tú, Moro. Me han dicho a mí que la piedra esa de granito del Valle de los Caídos se ha empezado a mover. Que Franco va a salir de la tumba. Que va a volver al poder, a darles pa’l pelo a todos.

Ahmed se enciende: –¡Ah! ¿Ese? ¡Un cabrón! Tenía la Guardia Mora. Todos de mi pueblo. Y les disía: tú tienes que morir aquí para protegerme, que luego vas a resucitar en tu tierra. Pero ni uno volvió por allí. Lisardo sigue a lo suyo. Dice que, si el libro triunfa, habría que empezar a pensar enseguida en el tomo dos. La conversación transcurre en un bar medio vacío; con este calor la gente se retrae de salir de casa. El Moro se ha retirado con su paso renqueante. No parece afectarle el calor. Álvarez y sus compañeros se transmiten las comandas a voz en grito, como se hace en los bares españoles. Me comentaba mi hijo Lucas hace unos días en Leipzig que, en toda Europa, el servicio de bares y restaurantes es malísimo, que en ninguna parte se sirve como en España. Y yo creo que eso va ligado directamente al sistema de vociferar las comandas. Al respecto les voy a narrar una anécdota que contaba mi padre. Pero antes, otra versión fastuosa del Summertime de Gershwin: la que cantó Janis Joplin hace casi 50 años.


Mi padre estudió Medicina en Madrid en los años veinte. La Facultad, como quizá sepan, estaba en el actual Museo Reina Sofía. Mi padre vino a estudiar a Madrid desde su pueblo manchego con una beca, de la que vivía modestamente. Se alojaba en pensiones baratas en el entorno de Atocha, donde yo vivo ahora. Y comía  de costumbre en un restaurante económico de los de la época. Allí observaba al personal como yo lo hago ahora y como lo han hecho siempre mis hermanos, que esto es cosa de familia: con perspicacia, con humor, pero siempre con cariño. Entre los contertulios habituales del comedor estaba don Próspero, un abuelo que malvivía en algún cuartucho del  barrio y que, contradiciendo su nombre, andaba apurado de dinero, como tantos por entonces. Don Próspero pedía el menú del día, pero gustaba de llevarse un panecillo a casa para reforzar su magra cena. El problema era que también quería comer a mediodía con pan.

A la vista de que la calidad de los postres no era muy acreditada, don Próspero había ideado una solución: pedía cambiar el postre por un segundo pan, pero debía plantearlo de entrada, porque en caso contrario le cobraban aparte el panecillo extra. Era un hombre muy tímido, al que no le gustaba llamar la atención. Sin embargo no podía evitar una escena que se repetía a diario, para solaz de los contertulios. Con el comedor a rebosar, don Próspero llamaba a uno de los camareros y en voz baja le proponía el trueque, rogando que, si se admitía, se hiciera con discreción. Pero el camarero, avisado por sus compañeros, indefectiblemente proclamaba la petición a voz en grito: DON PRÓSPERO PROPONE: EL INTERCAMBIO DEL POSTRE POR UN SEGUNDO PANECILLO. Desde el fondo, el jefe remachaba: ACEPTADO. El aludido, colorado como un tomate, encogía la cabeza en las solapas raídas de su viejo gabán.

Historias de tiempos pretéritos. Hemos escuchado dos versiones del Summertime de Gershwin, pero la más popular de las canciones dedicadas al verano es un tema de 1970, del efímero grupo Mungo Jerry. El cantante Ray Dorset, con un grupo de amiguetes grabó ese año la canción In the summertime, cuyo vídeo les pongo más abajo. Era este un grupo de músicos aficionados y autodidactas, que reivindicaba la pereza y una cierta forma de guarrería, como concepto opuesto a la etiqueta y las normas rígidas de conducta de la sociedad inglesa. La letra de la canción es inequívoca: en verano, puedes tirarte a la bartola, es tiempo de salir, de beber y de ligar lo que puedas. Si su padre es rico, invítala a cenar, si su padre es pobre, déjate llevar por los sentimientos. Conduce a donde te lleve tu moto, háztelo en un área de descanso. Canta y baila todo el día, tócate las pelotas a dos manos, bebe lo que puedas, disfruta, que la vida es para vivirla. Más abajo se justificaba: no somos una amenaza, no somos unos guarros, no somos malos, queremos a todo el mundo pero hacemos lo que nos sale de los huevos. Escuchen la canción y vean la pinta que tenían los tipos.


Igual que el mensaje de Amy Winehouse muchos años más tarde (nooo, nooo, no), la letra de esta canción caló en la juventud de mi tiempo y se convirtió en una especie de referencia de conducta. El disco single llegó al número uno de ventas en todos los países y aun hoy es uno de los discos más vendidos de la historia. Ya les he dicho que tengo la suerte o la desgracia de tener una memoria a grumos. Tengo en mi cabeza una escena de la televisión en blanco y negro de aquel año. Igual que la de Martín Lutero King (todos los negros toman café) la recuerdo con total precisión, pero no he podido encontrar la filmación. Así que tendrán que creérsela. En ese tiempo, la reina Isabel de Inglaterra organizaba cada año la Gala del Disco, en el Royal Albert Hall, en la que se daba oportunidad de actuar a las estrellas del rock más rutilantes del momento, que luego saludaban a la reina y posaban para la foto de rigor.

En 1970, Mungo Jerry eran los reyes del cotarro, de modo que fueron invitados y, como es lógico, actuaron en último lugar. Los tipos aparecieron, de acuerdo con su filosofía de la vida, vestidos con unas camisetas viejas sin mangas y unos pantalones del trapero, probablemente sin haberse aseado más que lo imprescindible. Cerraron su actuación con su famosísimo In the summertime y el teatro entero rompió en ovaciones. En un momento dado, Ray Dorset se vino arriba, se acercó al palco de la reina y levantó los brazos al cielo para dar palmas animando a todo el público a seguirle. En la tele en blanco y negro, pudimos ver a este señor con su sonrisa de oreja a oreja, mostrando unos sobacos adornados con sendas matas frondosas, concordantes con su pelo afro, a pocos centímetros de la soberana, que daba palmitas educadas mientras miraba de reojo a la cámara, con una sonrisa de conejo, tras la cual se podía adivinar lo que estaba diciendo entre dientes: ¡qué tufo!, por favor, que alguien se lleve a este energúmeno lejos de mis narices.

He buscado en Internet alguna referencia sobre qué pasó con el bueno de Ray Dorset y su tropa. Con alegría he comprobado que Dorset vive todavía. Con 68 años, tiene el sustento asegurado a cuenta de los royalties de su canción más conocida. No sé a cuánto ascienden estas cosas, pero podemos imaginar que, cada vez que ustedes escuchan su canción en mi blog, el tipo se come una aceituna, por decir algo. Ray Dorset vive en una casa de campo en Bournemouth (Inglaterra), con su tercera esposa y sus seis hijos. De vez en cuando lo invitan a hacer algún bolo en las verbenas locales, donde ha de tocar su único éxito, pero no lo necesita para vivir. Abajo una foto actual. Está mayor, se ha cortado las patillas y es posible que su higiene haya mejorado, pero la sonrisa es la misma, la de un hombre convencido de que la vida es para vivirla. Imprégnense ustedes también de esta filosofía y sean felices si pueden.