viernes, 17 de agosto de 2018

764. Una voz en silencio

Mi amigo X me preguntaba hace un par de posts de dónde saco las cosas que traigo al blog. No soy muy partidario de revelar mis fuentes, pero por esta vez voy a hacer una excepción. Mi fascinación por el continente africano viene de antiguo, pero es una atracción puramente literaria, porque nunca he visitado las regiones al sur del Sahara y es probable que ya nunca vaya, dada mi edad, fuerzas e ilusiones. Muchas de las informaciones que me llegan sobre África provienen de mi amigo Paco Matas, compañero del viaje a Birmania y miembro de una ONG que ayuda sobre todo al pueblo de Togo, país al que viaja al menos una vez al año y desde donde me suele mandar unas fotos maravillosas. Pues precisamente Paco Matas me envió anteayer un texto que me parece extraordinario y que hoy voy a compartir con ustedes, con apenas un pequeño prologo para situarles. El texto se llama ¿Quién es pobre? Y hoy este blog se viste de gala para acoger unas líneas de una calidad literaria y humana muy superior a la que les tengo acostumbrados.

La autora de este texto se llama Paula Andrés, presumo que tiene 18 años y es de Cádiz. Como yo, Paula tiene un blog y el enlace que les voy a poner abajo les guiará a su último post, publicado el 10 de agosto. El blog de esta chica se llama La voz en silencio. Es una página muy diferente a la mía y no sólo por la calidad de su prosa. Digamos que mi blog refleja perfectamente mi personalidad y mi momento de euforia un tanto desbordada. Eso se traduce en una graforrea o graforragia irreversible, que me hace escribir y escribir de forma compulsiva. Pueden creerme si les digo que me reprimo cotidianamente para no escribir todos los días y aburrirles aun más con mis pequeñas historias, afanes y proclamas. El blog de Paula Andrés es lo contrario: habas contadas, perlas esporádicas, pinceladas de buena literatura administradas con periodicidad larga. Pequeñas puertas que le abre de vez en cuando a su talento.  

Inauguró el blog a comienzo de 2017 y en su perfil de Blogger se describe a sí misma como estudiante de Segundo de Bachillerato, de 17 años (por eso yo presumo que tiene ya 18). En el presente curso de 2018, apenas ha escrito un post en enero, para saludar el año, otro en febrero y otro en abril. Cortitos. El más largo es el cuarto, el de agosto, el que les recomiendo vivamente que lean. Ya ha quedado claro en mis casi seis años de blog que hay dos colectivos humanos que me fascinan tanto como el África subsahariana: las mujeres y los jóvenes. Tengo una especial empatía con la generación de mis hijos y los que vienen detrás. Ellos se han encontrado un mundo amenazado por diferentes riesgos y peligros, en el que se han perdido algunas certezas básicas, en el que les va a tocar pelear mucho para alcanzar una mínima normalidad.

Eso les acerca a nosotros, los de la generación hippy, que también tuvimos que luchar a brazo partido para cambiar el mundo gris, aburrido y puritano de la postguerra mundial. Entre medias se han quedado una serie de generaciones con las que, en general, me siento menos identificado. Para mí, con perdón, estos son los acomodados, los pasivos, los que se les dio todo hecho, los que se han dejado llevar y han contribuido con su actitud a que todo se vaya al carajo. Toda mi solidaridad y mi apoyo a los millennials, a la Generación Y, a los todavía más jóvenes. Les hemos dejado un marrón y lo están gestionando lo mejor que saben. Son valientes, son decididos y nadie ha afrontado nunca la mayoría de edad con una mejor preparación. Para ejemplo, Paula Andrés.

Esta chica decidió hace unos meses apuntarse al programa España Rumbo al Sur, que este año cumplía su edición nº 12. Se trata de un viaje de 15 días a un país africano, que organiza un sobrino de De la Quadra Salcedo, con otros socios y diversos patrocinios. Los que se apuntan sufren un riguroso proceso de selección, en el que se les instruye para vivir en África, se les enseña a acampar, a protegerse con mosquiteras, a defenderse de los diferentes peligros, a sobrevivir en la selva. Se hacen largas marchas nocturnas, se reciben charlas sobre la cultura local y el trabajo de las ONGs. Incluso se les dan ideas sobre cómo financiarse para poder pagar su participación. Sólo los más preparados son seleccionados para afrontar el viaje final, de unos 15 días. En 2018 la idea ha contado con la participación de 107 jóvenes de todas las regiones (68 de Madrid). Paula entre ellos. Los afortunados han tenido la oportunidad de vivir una experiencia que marcará sus vidas para siempre.

Los chicos viajan acompañados de monitores expertos, pero no van de turismo: han de implicarse, ayudar al grupo y a la gente de los pueblos que visitan, compartir sus tareas agrícolas o artesanas, darles clases y mezclarse con ellos. Mi hijo Kike viajó a Etiopía en un programa similar, durante el verano de 2017, y vino encantado. El viaje de este año de España Rumbo al Sur era a Uganda, un lugar que imagino hermoso, lleno de gente acogedora y un país en vías de desarrollo. Paula era una más, en el grupo de estos 107 aventureros que, en el mes de julio, han viajado por Uganda, de Misión en Misión, en autobuses locales o por cualquiera de los medios que usan los habitantes del lugar. Y a la vuelta ha expresado lo que siente en un texto preciso, emotivo, hondo, admirable. Les dejo con ella. Este blog se honra albergando este texto para su difusión. Para leerlo han de pinchar AQUÍ.

8 comentarios:

  1. No hacía falta que te mostraras tan agresivo con mi generación, que está muy cerca de la tuya, y desde luego, no se nos dio todo hecho como dices. Cada generación, como los individuos, son producto de sus circunstancias históricas, de la educación recibida, y demás influencias. Creo que eso explica todo y no me voy a extender en análisis psicológicos para establecer un debate para el que no me siento preparado.Reclamo justicia.
    El texto de Paula me parece emocionante y sublime. Yo ya me he suscrito y leído algún otro. Gracias y un abrazo. A ver si vienes a tomar una birra. Amigo Alfred.

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    1. Querido Alfred, mi comentario no iba destinado a ti, sino a la gente que vino después de nosotros, los que pueden tener ahora 40 o 50, a lo mejor es que no me expresé bien. A estos efectos tan generalistas, tú y yo podemos considerarnos de la misma generación, al menos es así como yo lo siento.
      Dentro de la gilipollez que supone generalizar por generaciones (obviamente cada una es una multitud de caracteres diferentes, de gente buena y mala, obtusa y brillante), pues yo lo único que quería expresar es una sensación que he tenido (nada científico o medianamente elaborado, en ningún caso). Me refiero a que nosotros, los nacidos en los 40 y 50, incluso algo después, recibimos un mundo muy lastrado por el miedo a las terribles guerras recientes, la escasez económica (racionamiento, estraperlo), el puritanismo y otras lacras. Y tuvimos que pelear duro, contra todo eso. El resultado fue otro mundo distinto, más avanzado y a la vez estable, el mundo que generó con naturalidad la Transición y la Constitución. Y que cosas como el divorcio dejaran de estar en la contienda política. En ese mundo surgió el periódico El País, una seña de identidad de esos tiempos.
      Después, vino otra gente, que recibió ese mundo por el que habíamos luchado nosotros y que pensó que ya habíamos llegado a la meta, que la paz mundial era una cosa irreversible, que con una carrera y un trabajo medio fijo ya podían tumbarse a la bartola, porque ya estaba todo hecho. Se acomodaron, generaron la burbuja inmobiliaria, siguieron consumiendo y divirtiéndose, sobre la base de la convicción de que cada generación está socialmente más arriba y es más rica que la anterior. Yo siempre he tenido malas sensaciones con este personal, aunque tengo muchos amigos (y sobrinos) en ese margen de edad.
      Y ahora, la nueva generación, los de menos de 20, han heredado un mundo otra vez amenazado, en el que habrán de ponerse las pilas (ya se las están poniendo, a la fuerza ahorcan), porque habrán de ser ellos los que afronten la gran transformación económica, ecológica, social, laboral y tecnológica que los nuevos tiempos requieren. Y son gente muy preparada y valiente. Lo demostraron en el 15-M y otros eventos similares.
      Yo he descubierto que tengo una conexión más estrecha con la gente de esa edad. Como Paula Andrés. Como muchos amigos de mis hijos que siguen este blog. Como algunos de los nuevos arquitectos que han presentado propuestas para el Reinventing Cities.
      A eso me refería. Como ves, no es algo racional, sino sustentado en el nivel de las sensaciones. Y, volviendo al principio, nada contra la gente que venía antes que yo (muy poco antes, en tu caso), que fueron los que empezaron a transformar nuestra sociedad.
      Un fuerte abrazo y a ver cuándo encuentro un hueco para ir a La Coruña, o te vienes tú por aquí, para cumplir con esa birra prometida.

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  2. Esta claro que he leído torpemente el post y he visto una alusión a mi generación, que también es la tuya, que no existe. Me confundió un "Entre medias" con que comienzas un párrafo y el hecho de que hice el comentario muy precipitadamente, sin releer ni reflexionar un poco. Te has extendido mucho en la respuesta que amplía tu pensamiento muy acertado sobre las últimas generaciones. Un fuerte abrazo.

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    1. Si te confundiste al leerlo es porque yo no lo había escrito todo lo bien que debiera.

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  3. Paula Andrés me reconcilia con la humanidad.

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    1. A mí también. Es asombroso que una chica de 18 años, que está haciendo el bachillerato en Cádiz, sea capaz de crear un textto tan bello, tan sentido, tan profundo. Todo un hallazgo.

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  4. Gracias por recomendar el blog de Paula Andres

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    1. De nada, Josefina, me reservo otro de tus comentarios del día para darte la bienvenida al blog.

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