martes, 14 de agosto de 2018

763. El huevo de la serpiente

Me preguntan algunos por qué le tengo tanta manía a los independentistas catalanes, a los que en el último post ya directamente insulto sin medias tintas. En fin, creo que va siendo hora de distribuir las culpas de las desgracias y los malos rollos entre los que realmente las tienen, equitativamente. Puch Dem-un y las demás cabezas visibles del PRRRU-sés, no son líderes aislados que estén engañando a su pueblo, como flautistas de Hamelin, llevándolo a donde no quiere ir. Por el contrario, creo que se trata de dirigentes que les están diciendo a sus seguidores lo que muchos de ellos quieren oír. Me explico. Hitler no fue un loco aislado que llevó a Alemania al desastre engañando a todos sus compatriotas. El antisemitismo ya existía en Alemania antes de Hitler. Y el victimismo. Y la sensación de que el armisticio tras la Gran Guerra se había saldado con unas condiciones injustas para ellos. Los líderes nacionalistas son culpables, desde luego, pero sólo de abrir la caja de Pandora de los sentimientos excluyentes. Y, en el siglo XXI, una sociedad medianamente presentable y moderna no se cree esas milongas, salvo de forma minoritaria. Cuando un pueblo llega a porcentajes cercanos al 50%, mal asunto. Esos números no se han alcanzado jamás en el País Vasco ni en Galicia.

A mí esta fobia me viene precisamente de mi conocimiento del caso vasco. Como ya he contado en el blog, yo viví años con un compañero de carrera de Bilbao con el que me llevaba muy bien, porque los dos éramos rockeros y no nos perdíamos concierto en aquella época fundacional, anterior a la llamada movida. Y fui testigo de cómo lo fueron infectando, de cómo le comieron el tarro. Cada vez que iba de vacaciones a su tierra, volvía cargado de cintas de cassette con himnos de su tierra cantados por el Orfeón Donostiarra y similares. Y yo llegaba a casa, me encontraba puesto el Eusko Gudariak a todo volumen y rápidamente le decía: –ya estás quitando esa mierda, joder, que yo no te he puesto una puta muiñeira todavía. Es un detalle anecdótico, pero muy significativo. Lo cierto es que fui muchas veces al País Vasco en ese tiempo y que viví allí en primera persona un par de estados de excepción en tiempos de Franco y les puedo asegurar que no era cosa de broma.

Y también me he leído completa la saga Verdes valles, colinas rojas, de Ramiro Pinilla, un conjunto de tres tochos de unas 900 páginas cada uno, muy recomendables si tienen ustedes tiempo de leer en condiciones. Ramiro Pinilla es, en mi opinión, el mejor escritor vasco de todos los tiempos. Escribía en castellano, y murió no hace mucho con más de 90 años. Yo lo recuerdo firmando su obra en la Feria del Libro de Madrid, en el Retiro. Por cierto, este señor vivió toda su larga existencia en su tierra, sin que nadie le molestara. Pues, en un pasaje acojonante y seguramente cierto de su novela, Pinilla narra una reunión del PNV en Bilbao, con las tropas de Franco a las puertas de la ciudad, a punto de entrar y tomarla. Mientras las tropas republicanas esperan instrucciones, el Partido se reune para discutir si se defienden, como piden algunos, o se suman a la rebelión golpista, como ya habían hecho los tradicionalistas navarros. La discusión es larga y difícil, pero no versa sobre qué es más correcto o más ético, sino exclusivamente sobre qué postura es la mejor para la construcción de una futura Patria Vasca. Al final, se vota y, por un margen muy estrecho, deciden defender la ciudad.

¿Cómo se explica una aberración semejante? Pues es muy sencillo. El PNV es un partido creado a comienzos del siglo XX por el señor Sabino Arana, un fascista de libro, mucho más extremista que Hitler y Mussolini. Y, coherentemente, también un clasista, racista, machista y católico-apostólico radical. Porque la Iglesia ha sido muchas veces cómplice de este tipo de movimientos (miren su connivencia con el franquismo). Alejo Carpentier, en su maravillosa obra El siglo de las luces, cuenta un pasaje delicioso a este respecto. Tras la revolución francesa, la religión se prohíbe en todo el territorio nacional. Pero los vasco-franceses siguen celebrando misas clandestinas a las que acuden los panaderos con las hostias escondidas en la boina. Un cubano radiografía la idiosincrasia de un pueblo que no es el suyo con una simple anécdota. Sabino Arana escribió en vida cientos de artículos en periódicos locales y no es difícil encontrar citas que muestran su pensamiento desnudo, sin aditivos ni conservantes.

Arana consideraba maketos a todos los no bizcaínos, incluidos los catalanes a los que dedica también insultos específicos y deja claro que no son hermanos de los vascos. Por ejemplo, en el número 15 de Bizcaitarra, dice textualmente: El aseo del bizcaíno es proverbial; en cambio, el español se lava una vez en la vida y se muda una vez al año. Oíd hablar a un bizcaíno en su idioma y escucharéis la más eufórica, moral y culta de las lenguas; oídle a un español y, si sólo le oís rebuznar, podéis estar satisfechos, pues el asno no profiere voces indecentes ni blasfemias. Otra perla, ahora del número 29 de Bizcaitarra: La mujer es vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades propias de la naturaleza humana: por eso en el Paraíso fue ella la que primero cayó, por eso precisamente de ser inferior en cabeza y corazón. Arana, puritano redomado, deducía la inferioridad de los españoles, entre otras cosas, de la indecente costumbre de bailar el agarrado, en comparación con la elegancia del aurresku.

Pero una de las citas que mejor explica su pensamiento es cuando detalla las instrucciones sobre qué hacer si vas paseando por el puerto y ves que alguien se está ahogando en el mar. Un verdadero gudari se habrá de asegurar primero de si el tipo que manotea en el agua es español o bizcaíno. En el primer caso, lo correcto, como buen patriota, es que le diga: usted disculpe, es que no le entiendo porque no hablo español, antes de seguir caminando. Sólo en el segundo caso estará obligado a tirarse al agua para salvarlo. Creo que no hay fragmento que mejor sintetice lo que es un sentimiento nacionalista. Para estos movimientos, surgidos a finales del XIX dentro del espíritu del romanticismo, es fundamental definir un enemigo externo, para asignarle la culpa de todos los males y odiarlo debidamente. En el siglo XXI, movimientos como ese son ya una verdadera antigualla. A mí lo que me hace gracia de los catalanes independentistas es que básicamente estarían de acuerdo con lo dicho hasta aquí, pero añaden: escolti, nen, es que lo nuestro es distinto, nosotros somos diferentes, nosotros somos pacíficos y cívicos, no somos fascistas porque no usamos la violencia.

Bueno, esto forma parte de la guerra de imagen. Ellos saben que, en cuanto utilicen formas de violencia más explícitas, perderán el poco apoyo externo que tienen. Como les pasó a los vascos. Yo perdí a la mayoría de mis amigos vascos, todos peneuvistas, moderados y buena gente. Ellos sostenían que estaban de acuerdo con los fines de ETA, pero no con los medios que empleaban. Yo les decía en cambio que los etarras eran los nacionalistas más coherentes y que lo que no me gustaba de ellos eran precisamente sus fines. Que alguien con semejantes fines es normal que se sienta legitimado a usar todos los medios a su alcance, incluido el tiro en la nuca. Por eso me quedé sin amigos vascos. Los catalanes son muy cuidadosos con este tema. Saben que, para su campaña internacional, es mejor recibir hostias que darlas. Sobre todo si hay alguien presto para filmar cabezas ensangrentadas y difundirlo instantáneamente urbi et orbi. Pero, por concretar, lo que yo vengo sosteniendo es que Puch Dem-un está del mismo lado que Le Pene, Farage, Gert Wilders, Salvini y similares. Personajes que, para mí, comparten bando ideológico con Putin, Trump o Maduro.

Y este es el punto crucial de mi razonamiento: los movimientos se califican por su contenido esencial y fundacional, independientemente de que usen o no la violencia, o de su alineamiento político en un momento dado. Quiero decir que el fascismo está en los escritos de Sabino Arana, como lo está en los viejos y repetidos tweets de Kim Jong-torra. Ese es el verdadero huevo de la serpiente. Luego, que sus seguidores sean violentos o no, es accesorio; es más, yo sigo sosteniendo que, con semejante ideario, es mucho más coherente andar poniendo coches bomba. El fascismo está en el mensaje, no en los medios que luego se ponen en liza para extender ese mensaje. A este respecto, les pido que lean el manifiesto que firmó un horrorizado Daniel Baremboim y que publicó El País no hace mucho. Se refiere a la Ley que acaba de aprobar el presidente israelí Netanyahu, otro que tal baila. Esa Ley muestra tanto desprecio por los no judíos que viven en Israel (es decir, los palestinos), como el que demuestran día a día los independentistas catalanes hacia la señora Arrimadas y sus votantes mayoritarios en la región. Para leerlo han de pinchar AQUÍ. La similitud entre los nacionalismos israelí y catalán es también algo muy sorprendente, pero tiene unos motivos, que explica mi admirado Jaume Reixach AQUÍ.

Ya ven que mi posicionamiento en este conflicto no es fruto de un capricho o un empecinamiento, sino que está fundamentado. El ínclito Kim Jong-torra es un espécimen puro del nacional-catolicismo, de misa diaria. Un tipo que parece exactamente lo que es. He encontrado una foto suya que aparenta hacer realidad la concreción física de sus ensoñaciones. La tienen abajo. El sueño secreto de este caballero sería comandar unas tropas de trabucaires que liberasen a su pueblo del invasor español, bien aleccionadas y abastecidas de ratafia a granel para el combate. Lo que pasa es que el grupo de soldados veteranos que pueden verse en la foto no parecen muy por la labor. Así muy marciales no los veo yo, que digamos. Hombre, vestirse de macero y ponerse una gorra medieval, vale, que de algo tiene uno que vivir. Pero de ahí al heroísmo hay un trecho muy amplio.

Todo esto resulta rancio y desfasado en el siglo XXI. Estamos en un mundo intercomunicado, en el que este tipo de movimientos identitarios tiene, o debería tener, poco futuro. Tal vez ustedes no lo sepan, pero se acaban de iniciar las obras para tender una canalización de fibra óptica que va a conectar Madrid con Lisboa y, a través del océano, con Sao Paulo. Un cable submarino con capacidad de 72 terabites por segundo que mejorará la comunicación entre los dos continentes, aumentando capacidad, velocidad y seguridad en la transferencia de datos. La obra, que comporta una inversión de 200 millones de euros, está siendo acometida por un consorcio hispano-brasileño. Pero esta verdadera autopista de la información será neutra, es decir, que cualquier operador privado o público podrá utilizarla libremente (se supone que pagando).

En un mundo como este, las patrias tienen poco que hacer. A la gente no le puedes pedir ya heroísmo ni sacrificio por una idea. Se pudo comprobar en la escena del fantasmal atentado a Maduro. El vídeo, que tienen abajo, parece fruto del trabajo de un montador cinematográfico, pero es exactamente lo que vieron en directo los televidentes venezolanos. Se escuchan unas explosiones y el orador interrumpe su speech. Entonces, la realización quita la imagen del presidente, por lo que pueda pasar, y se centra por unos instantes en el rostro de un soldado, cuyos ojos se mueven muy ligeramente, inquietos. Y enseguida el realizador cambia de nuevo, esta vez a un plano general del grueso del batallón, con la idea de dejarlo como imagen de fondo hasta que se aclaren las cosas. Es entonces cuando sucede lo que sucede. Algo muy demostrativo de la condición humana. Digamos que no se sabe si alguien gritó rompan filas o maricón el último. Sean felices. Y recuerden: el fascismo está en el mensaje.  



8 comentarios:

  1. Tal vez lo que alguien gritó fue: no corráis que es peor.

    ResponderEliminar
  2. Aplausos de principio a fin. El nacionalismo en cualquier grado es una enfermedad mental. Cuanto mas nacionalista, mas enfermo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Josefina. Tu entrada en el blog es una buena noticia. En el texto titulado "Carmena se llama el sastre" te he escrito una contestación de bienvenida más amplia. Respecto al problema catalán, llevo cinco años criticando el secesionismo. Creo que es algo reaccionario, arcaico, desfasado y muy peligroso. Y es nuestro deber hacerle una crítica desde el lado de la izquierda y desde la moderación y el sentido común.
      Te reitero mi bienvenida.

      Eliminar
  3. El 29 de agosto, Josefina escribió:
    Cualquier nazionalismo debería escribirse siempre con z para que no se nos olviden sus orígenes y sus consecuencias.

    ResponderEliminar