viernes, 15 de diciembre de 2017

691. Sobre la sencillez y la grandeza

   Ya nunca sabré
   Qué pensaba de mi A.
   Si B. llegó a perdonarme de verdad
   Por qué C. aparentaba que no pasaba nada
   Qué papel jugo D. en el silencio de E.
   Qué esperaba F., si es que esperaba
   Qué aparentaba G., a pesar de estar segura
   Qué quería ocultar H.
   Que quería añadir I.
   Si el hecho de que yo estuviera a su lado
   tuvo alguna importancia
   para J. para K. y para el resto del alfabeto

Lo anterior es un poema de Wislawa Szymborska, la musa de Cracovia, premiada con el Nobel en 1996 y fallecida en 2012 en la ciudad a la que llegó cuando tenía 8 años y de la que nunca más se movió. Se titula ABC y forma parte del poemario Dos Puntos, publicado por Ígitur en 2007, con la excelente traducción de Abel A. Murcia Soriano. Si les apetece leer algo de poesía para escapar un poco del bullicio navideño, es una buena recomendación. Todos los poemas de esta señora son magníficos. Sentarse a leer poesía, en un sofá cómodo con una mantita sobre las piernas, es una forma de defenderse de los villancicos, la zambomba, los petardos y el follón urbano que nos amenaza como cada año. 

El fin de año me llega bastante cargado de trabajo. A pesar de que con los fríos las visitas de extranjeros empiezan a escasear por estas fechas, este año tenemos bastantes delegaciones sudamericanas interesadas en visitar Madrid Río, tal vez aprovechando que allí es verano. La semana pasada tuve que atender a dos altos directivos del Ayuntamiento de La Paz (Bolivia). Eran muy agradables y tuvimos una larga sesión matutina, a pesar de que estaban helados de frío. En el Mirador de la Huerta de La Partida, encontramos a un ciclista errante que nos hizo la foto que ven abajo.


El miércoles presentamos a la ciudad el concurso Reinventing Cities en una jornada que llevábamos un tiempo preparando. La cosa salió bien, acudieron cerca de 90 personas, más de lo que esperábamos, y parece que hay una cierta expectación en la ciudad alrededor de esta iniciativa novedosa. Ya les contaré algo respecto a este programa, aunque no sea este el foro más adecuado para difundirlo. El asunto no ha salido en prensa y solamente tenemos una breve reseña en la Web Internacional del Ayuntamiento. Esta Web, recientemente creada, tiene por objeto dar a conocer las novedades y las iniciativas de Madrid a nivel internacional, algo que sorprende mucho que no tuviéramos antes (no saben ustedes lo que ha sido la larga travesía del desierto de los años del PP en el Ayuntamiento, con el estrambote del trienio negro de la señora Botella). La Web se llama Madrid For You, está en español y en inglés y AQUÍ tienen la reseña del acto de que les hablo. Ya ven que me puse traje y todo para darle realce a la presentación.

Ayer jueves apenas pude sentarme en mi despacho, porque a las 9.00 esperaba a dos arquitectos paraguayos, del Ayuntamiento de Asunción. Les hablé del urbanismo madrileño durante hora y media y luego me los llevé en mi coche a ver el río. Aparqué en Príncipe Pío y echamos a andar. El problema es que estos colegas no había forma de conseguir que fueran deprisa. Hacían cientos de fotos y vidéos (con acento en la e, como lo dicen ellos). Así que fuimos recorriendo el Madrid Río pasito a pasito, suave-suavesito, llegamos a Legazpi, a las tres y cuartito. Yo estaba agotado, me cansa mucho el llamado paso de museo y, además, tampoco conseguí que hiciéramos ninguna parada. No tenían sed, no necesitaban hacer pis, no se cansaban. Hay que entender que para ellos, Madrid es un paraíso, un sueño inalcanzable, cuya visita quieren aprovechar al máximo. Un dato al respecto: los bolivianos, con los que hice más migas, me contaron que el presupuesto anual de La Paz es de unos 300 millones de euros. El de Madrid anda en torno a los 4.500.

Esta mañana he rematado la faena con un grupo de arquitectos chilenos que me ha mandado mi amigo Antonio Sastre, el líder de mi grupo senderista, y que por fortuna tenían acotada su visita a dos horas, lo que me ha permitido volver a la oficina y al menos echarle un ojo al correo. A este ritmo, las semanas se me pasan volando y llego al finde con bastante poca gana de juerga, directo al sofá y a leer tranquilamente lejos del mundanal ruido. Lo que nos lleva al principio de este post y a su título. Hace unos cuantos textos que llevo insistiendo en que los verdaderos genios son gente sencilla, que no se tira el rollo. Wislawa Szymborska fue siempre una persona discreta, que hacía unos poemas asombrosos y que alcanzó las cotas más altas en el mundo de la poesía, sin dejar de ser una mujer sencilla. Las personas verdaderamente valiosas hacen arte sin esforzarse, con naturalidad. Como el leit motiv de este blog viene siendo el rock, pues vamos a este sector de la cultura para ver una prueba de lo que quiero decir.

Es un vídeo de los Stones, relajados, en el estudio. Sentados y desenchufados, hacen una interpretación tranquila del Love in Vain, cuya versión oficial ya hemos traído a este foro. Empieza Keith Richards con una guitarra española y le sigue Jagger concentrado, gesticulando lo justo. Luego entran los demás. Ron Wood a la bottleneck guitar, que se toca con un cilindro metálico ensartado en el dedo índice (a falta de cilindro, puede valer un mechero Bic). Empieza con la guitarra en vertical, pero luego la tumba para mayor comodidad. Charlie Watts a las escobillas y un bajo y un teclista de apoyo. No actúan para nadie, tocan para ellos mismos, porque les divierte y porque son buenos. Alguien les graba para un disco que salió en 1995 y que se llamó Stripped, con numerosas versiones acústicas de sus mayores éxitos.


Una muestra de lo que les decía: sencillez y grandeza a la par. Al hablar de los músicos, he olvidado mencionar la armónica de Jagger. Mick es un maestro del instrumento aunque no se prodiga demasiado. Hay que decir que una boca como la suya es perfecta para tocar la armónica. Cualquiera puede tocar una armónica, pero no cabe duda de que un tipo que tiene en la boca unos labios mayores, está predestinado a tocarla de puta madre. Tal vez discrepen de mí pero yo creo que hay diferentes bocas para diferentes tareas, Por ejemplo, para hablar en francés, nada mejor que la boquita fruncida de las francesas. Si no, es imposible decir cosas como Qu’ést ce que tu veux monsieur. Y entre las bocas de las francesas, ninguna como la de Silvie Vartan. Alguien me ha dicho que el recientemente fallecido Johnny Halliday se merecería una necrológica en mi blog. No me gustan las necrológicas pero es que, en realidad, ya se la hice cuando elaboré la reseña de la gira de los tres cabrones (Post #645).

El bueno de Halliday ya era un cadáver ambulante, arropado por sus dos amigos, que aceptaron participar en la gira para despedirse de él. Pase lo que pase, para mí Johnny Halliday será siempre el tipo que enamoró a la más bella del baile. ¡Qué tiempos! ¡Cuántas veces he soñado yo con esos dientecillos separados, con esa mirada que sugería todo lo que uno pudiera imaginar! Y qué valentía se requiere para salir (en 1965) en un plató de TV vestida con un picardías. ¿Cómo? ¿Qué no saben lo que es un picardías? Bueno, en todo caso ese es un problema de ustedes. Lo que lleva esta señorita es indudablemente un picardías. Súbanle el volumen y hagan memoria a ver si han visto en su vida unos dientes más bellos que los de La plus belle pour aller dancer. El vídeo, de acuerdo con la moda de la época, adolece de un exceso de Lazarov, pero merece la pena verlo.


En fin, hay bocas adecuadas a diferentes funcionalidades y hay personas con sex-appeal y otras que nunca lo tendrán. Como soy un viejo, mis referencias son de tiempos jurásicos, pero a mí, además de los dientes y la boca de Silvie Vartan, me ponían bastante las piernas de Nancy Sinatra. Abajo les dejo de propina su video más prototípico, de 1966. Nancy y Silvie marcaron tendencia entre las chicas de las que yo me enamoraba en la prehistoria de mi vida. Todas las imitaban. Incluso nuestra Karina, que pretendía emular los cardados excelsos de Nancy, pero no tenía el menor sex-appeal. Un golpe de cadera de Nancy, una mirada a los ojos de Silvie, transmiten una intensidad que pocas pudieron imitar. Por cierto, no sé por qué he terminado hablando de esto, cuando yo quería circunscribirme a la sencillez y la grandeza. Hacer reflexiones a la carrera sin un esquema previo, es lo que tiene. Que pasen un  buen finde.


martes, 12 de diciembre de 2017

690. Cerrando el año...o así

Ya de vuelta de mi excursión senderista, un placer profundamente disfrutado a base de caminar por paisajes nevados con un frío notable en medio de hayedos y pinares por los entornos de Estella, Sangüesa y la sierra de Urbasa. Con esto del cambio climático, los árboles se vuelven un poco locos, el otoño ha venido retrasado y las hayas están todavía perdiendo las hojas, que forman en el suelo un manto dorado rojizo, que suaviza la pisada y hace más denso el silencio del bosque. En los paisajes destaca también la masa ocre de los robles, entre el verde de los pinos y las encinas. La hoja del roble se pone amarilla, se seca, pero no se cae, sino que se queda en su lugar para ayudar a abrigar al árbol en el duro invierno y para proteger a los nuevos brotes que saldrán en primavera. Sólo cuando surgen los brotes, estás viejas hojas solidarias se desprenden, lo que suele tener lugar en el mes de marzo. Por eso se le llama hoja marcescente, que en cada una de estas excursiones se viene uno con una nueva palabra aprendida.

He de decirles, que mi móvil sigue bastante enfadado conmigo. En el viaje de ida, no empezó a hablarme hasta Logroño. En ese momento yo ya me había cagado en su padre veinte veces (vinimos todo el viaje peleando). Me tuve que parar dos veces en el arcén para mirar la ruta porque el cabrón no me decía nada. Cerca de Logroño le grité que lo iba a tirar al río Ega en cuanto llegáramos. Sólo entonces se dignó empezar a hablar. Un compañero me explicó que suele pasar lo mismo con los móviles viejos. Que al principio, la relación con ellos es maravillosa, pero luego las cosas se van agriando y ya no es lo mismo. En el viaje de vuelta no me dijo una sola palabra. Bien es cierto que el camino no ofrecía dudas, pero nos venía pisando los talones la insigne ciclogénesis Ana, y se alternaban los bancos de niebla, los diluvios y los atascos de vuelta del puente. Un camino duro, en el que mi móvil podía haberse apiadado de mi esfuerzo. Pues nada de nada.

Entre las zonas que recorrimos, algunos lugares míticos, como la Foz de Arbayún, la reina de las foces navarras. Hay que hacerse una buena subida hasta alcanzar La Canaleta. Una obra hidráulica para el transporte del agua que se construyó hace cerca de cien años y que, según un cartel de información costó la friolera de 375.000 pesetas, que en esa época era una barbaridad. Siguiendo la canaleta, se alcanza la pared de la foz, un muro vertical impresionante, sobre el que se puede continuar por un sendero mínimo tallado a pico en el mismo borde del abismo. En algunos tramos hay una cuerdita clavada en la pared, para que se agarren los inseguros. Aunque los que tengan vértigo es mejor que no atraviesen este pasaje. Abajo una foto del lugar. 


Otro lugar impactante es el mirador también cortado a pico que domina toda la sierra de Urbasa. Es el llamado Balcón de Pilatos (que no de Pilates, como le llamó alguna compañera). La vista desde allí es impactante, se divisan los buitres a media altura por debajo del balcón. Luego hay una bajada por el borde de la cortada hasta alcanzar las suaves pendientes que conducen al pueblo de Bakedano. Allí se completa el recorrido subiendo al nacimiento del río Urederra (aguas bonitas, en euskera). Por lo demás, el pueblo de Estella donde estuvimos alojados tiene tres iglesias medievales importantes, como punto notable del Camino de Santiago: San Pedro, San Miguel y la Capilla del Santo Sepulcro. Todas ellas con portadas muy interesantes. Visitamos también el monasterio cisterciense de Iranzu, reconstruido con bastante exquisitez, a cuyo alrededor hicimos una tercera ruta, casi toda nevada. Aquí la foto.


Por lo demás, he de decir que casi todo el rato tuvimos tiempo nublado, con lluvias intermitentes, más o menos intensas. Nada de eso nos disuadió de cumplir el programa previsto, somos senderistas, viajamos bien preparados para todas las inclemencias potenciales y no hay excusas para quedarse en casa. Yo llevaba mi ordenador Lenovo por si me daba por escribir algo para ustedes, pero no se dio. Y ya saben que los artistas, como Cartarescu y como yo, necesitamos que nos baje del cielo la inspiración, para poder escribir nuestras paridas. Uno está tan tranquilo dándose un paseo y, de pronto, viene una especie de pálpito y ¡zaca! ya está el texto formado en tu cabeza. Entonces tienes que correr a escribirlo. Algo así como cuando Puigdemont iba a convocar las elecciones y, de pronto, le vino un barrunto y no las convocó. Un auténtico artista.
   
Ya les he dicho que los verdaderos genios suelen ser gente sencilla y humilde que no se tira el rollo. Hoy quiero hablarles de uno de los más grandes. El señor Edward Kennedy. ¿Cómo? ¿El político? No, no. ¿Cómo que el político? Es que no les he dicho el segundo apellido. Son ustedes unos ansiosos y no me han dado tiempo. Estoy hablando del señor Edward Kennedy Ellington. Era tan bueno que sus propios colegas lo bautizaron como Duke, El Duque. Tal vez ustedes identifiquen su figura con el director de una Big Band formada por muchos músicos, o con sus éxitos discográficos por ejemplo acompañando a Ella Fitzgerald. Pero el Duke era por encima de todo un pianista poderoso, con una capacidad de improvisación única. En 1962, cuando ya tenía una carrera consolidada, había cumplido 63 y no tenía nada que demostrar, este señor decidió encerrarse en un estudio de grabación, con otros dos monstruos.

Les hablo de Mingus, uno de los bajistas mejores de todos los tiempos, y el gran batería Max Roach. Todo el mundo le dijo que aquello era una locura, que Mingus tenía un tremendo mal genio (el propio Ellington lo definía como el clásico negro cabreado) y que Roach era un tipo introvertido y tímido con tendencia a largarse si le tocaban mucho los cojones, dejando la grabación a la mitad. Le pronosticaron que acabarían como el rosario de la aurora. Pero el Duke se salió con la suya. Reunió a sus compañeros y se encerró con ellos 24 horas. Porque había que hacerlo todo en un día; era impensable que se pudieran reunir más tiempo con la cantidad de compromisos que tenían los tres. El disco fue bautizado como Money Jungle, contiene once cortes y es una verdadera maravilla. Como ejemplo, les traigo aquí uno de los temas que se grabaron en esa sesión memorable. Empieza Mingus, pero lo paran enseguida protestando: espera un poco, hombre, que no estamos preparados. Entonces empieza de nuevo. Súbanle el volumen.



En fin, se va acabando el año y nos acercamos al tiempo de las reflexiones. Ha sido un año fructífero, con viajes a Birmania, norte de los USA y un par de escapadas a Italia. Ya sé que les tengo un poco abandonados en estas últimas semanas, pero es que tengo otra vez bastante trabajo y, cuando me voy de viaje, llevo el ordenador por si acaso, pero no me visita el Espíritu Santo. Y así no hay manera. En unos días me tomaré vacaciones y tal vez tenga un mayor margen para escribir en el blog. Mientras tanto, échenle paciencia. No hay mal que cien años dure. Y dentro de nada empezará otra vez el coñazo de los catalanes, que siempre es un filón aprovechable. Disfruten de la música.

lunes, 4 de diciembre de 2017

689. Semana de puentes

Bueno, esta vez no toca el gran acueducto, como el año pasado, que las fiestas del 6 y el 8 de diciembre cayeron en martes y jueves, lo que propició una semana de largarse fuera, o bien trabajar un día sí, otro no; un día sí, otro no y un día sí, otro no, pasito a pasito, suave-suavesito, nos vamos pasando el curre por el pito, etc. Este año caen en miércoles y viernes, que tampoco está mal, pero a mí me toca trabajar hoy y mañana. El miércoles tengo un día de descanso, para preparar la salida del día siguiente, con mi grupo de senderistas hasta el domingo. Nos concentraremos en Estella (Navarra), salvo que el temporal que se anuncia nos obligue a suspenderlo. A mí lo único que me preocupa es poder llegar al hotel con mi coche y poder salir de allí el último día de vuelta a casa. El resto del tiempo doy por hecho que vamos a pasar un frío de carallo y nos tocará pisar nieve en abundancia. En pleno recrudecimiento del calentamiento global, es un alivio pasear por la montaña con temperaturas bajo cero.

Lo primero que he hecho para preparar el viaje es solucionar mis problemas de pareja con el teléfono móvil. Es que, desde hace unos cuantos meses, estaba enfadado conmigo y no me hablaba. Y yo no tengo GPS en el coche, porque era un extra que me cobraban aparte y pensé que con el móvil y el Google Maps me las arreglaría. Nunca imaginé que el aparato se ofendiera conmigo hasta el punto de dejar de hablarme. ¿Pero qué le habré hecho yo? –pensaba para mis adentros. Que tu propio móvil te haga luz de gas es algo muy desagradable. Por ejemplo, en mi anterior salida senderista al parque de Redes, allá por el mes de octubre, yo le puse el hotel de destino y el punto de salida y le di a INICIAR. Pues nada. Ni una palabra. Así que llegué a Campo de Caso de noche y me perdí buscando la Casa Rural. Pregunté a un paisano, que me metió por la madeja de callejuelas con una indicación precisa: siempre a la izquierda. Siguiendo dicha recomendación, aparecí al otro lado del pueblo, entre las leiras salvajes, sobre un estrecho camino de tierra con drenajes longitudinales muy hondos a los dos lados y sin luz alguna. Aun no sé cómo conseguí dar la vuelta.

Cuento esto, por si a algún lector le está sucediendo lo mismo, en cuyo caso me pongo a su disposición para montar ambos una Asociación de Afectados por acoso de sus propios aparatos de intercomunicación digital. Por mi parte, esta mañana he tirado de un delineante que tiene un teléfono idéntico al mío. No se creía lo que yo le decía (ya está el Emilio con otro de sus delirios –pensaba, seguramente), pero hemos puesto ambos teléfonos juntos, hemos ido dando los mismos pasos y el suyo se ha puesto a hablar como un loro adulto, mientras el mío seguía apretando los labios digitales con su tozudez habitual. Mi colega ha entrado en los Ajustes para intentar averiguar qué le pasaba, pero no había forma de saberlo. Lo hemos reiniciado, y nada. Entonces hemos recurrido a la heroica: le hemos quitado la batería, lo hemos tenido un rato sin ella y hemos vuelto a montarlo.

Repitiendo la maniobra de hacer lo mismo con los dos aparatos, al principio se ha resistido un poco, pero al ratito se ha arrancado a hablarme en danés (se lo juro). Y me ha dado tal alegría que lo he cubierto de besos húmedos. Es algo así como el llamado síndrome de Estocolomo: tu acosador te hace sentirte tan poquita cosa que, de pronto, se pone a hablar en búlgaro y se lo agradeces con lágrimas en los ojos. El resto era fácil: buscar el idioma predeterminado y cambiarlo al español. ¿Por qué estaba en danés? Pues miren: ni idea. Yo ni sabía que se podía poner en danés. Espero que el jueves haga bien su papel de copiloto. Como me vuelva a fallar, no sé que puedo hacer. Tal vez amenazarle: ¡Cagüendios! ¿A que te quito la batería, payaso? A mí no me tocas tú los cojones, que yo por las buenas lo que quieras, pero por las malas… ¡Mmm! En estas cosas a veces es mejor venirse arriba y atacar. Es la forma de que te respeten. Ya les contaré cómo me resulta el viaje.

Por lo demás, la vida sigue, desde el viernes pasado tengo plaza de garaje en la oficina y llego a mi trabajo como un señor, sigo sin encontrar la versión primigenia de Blade Runner y, entre estas y otras minucias, resulta que ya tenemos encima las putas Navidades. Otra vez a parar el tiempo tres semanas. Llegados a este punto, me preguntan algunos lectores que cómo hago para enterarme de las cosas curiosas que cuento en mis textos. Que ellos abren el periódico y no suelen encontrar noticias tan surrealistas como las que yo acostumbro a traer a este foro. ¡Hombre! No esperarán que les revele mis fuentes. Un bloguero que se precie no puede hacer eso jamás. Además, ya les he dicho que son las noticias las que me buscan a mí y no al revés. Yo sigo mi camino y las noticias más estrambóticas me salen al paso, como perrillos que vienen a ladrarte. Así que, en estas fechas previas al puente (y antes de que el mundo se pare otra vez tres semanas) vamos a comentar algunas de ellas.

Empezaremos, cómo no, con el Benevento Calcio Club de Fútbol. Han de saber que, en la última jornada de noviembre, el equipo volvió a perder, esta vez con el Atalanta, redondeando un récord insólito de 14 derrotas seguidas. Ningún equipo de fútbol de primera división de las ligas europeas ha sufrido nunca una racha como esta. Ayer domingo, el equipo recibía al poderoso Milán de Berlusconi. Y he de confesarles que durante toda la semana estuve yo elevando sentidas y fervientes rogativas a San Benitiño de Lérez, a ver si echaba una mano, sumándome a las que muchos napolitanos de bien habrán implorado seguramente a San Gennaro y otros santos caritativos. A pesar de ello, el partido llegó al final del tiempo reglamentario con el resultado previsible: 1-2 para los del Milán. Y fue entonces cuando se produjo el milagro, porque sólo como un milagro puede explicarse semejante cambio de sentido en la veleta del destino. Y, como es habitual en el sur de Italia, la cosa se escenificó con los tintes épicos propios de este tipo de portentos.

Era el minuto 94 y el árbitro pitó una falta a favor de los locales. Una última ocasión de al menos empatar. El equipo al completo subió al área, para intentar rematar el saque de la falta, incluso el portero, de perdidos al río. Toda Italia contuvo el aliento, esperando que las rogativas hicieran su efecto. Sacaron por fin la falta y el portero voló por encima de contrarios y compañeros para rematar con la coronilla hacia atrás, directo a las redes de la portería contraria. Ni el guionista más afamado de Hollywood hubiera imaginado un final de racha como este. El portero se volvió loco, sus compañeros se volvieron locos, el público se volvió loco. Les traigo aquí un par de vídeos, uno sobre la jugada y otro que muestra cómo se vivió la escena desde la grada sur. Son cortitos y merece la pena verlos. El primero, por cuestiones de derechos de autor, han de verlo en Youtube, pinchando en el enlace y poniéndolo en grande. El segundo está tomado con un móvil.

     

Otro tema no menos sorprendente. Sotillo de la Ribera, es un pueblo burgalés de unos 500 habitantes, cercano a Aranda de Duero y parte de la comarca vitivinícola de la Ribera del Duero. Con la riqueza tradicional de las viñas, no les extrañará saber que este pueblo tiene una iglesia barroca de buen porte, la Parroquial de Santa Águeda, patrona del lugar. Entre las tallas que en ella se guardan destaca una por encima de todas: el llamado Cristo del Miserere, que cada Semana Santa se saca en procesión por el pueblo. Después de tantos años de procesionarlo, el cristo estaba bastante deteriorado, por lo que la parroquia decidió mandarlo a Madrid a restaurar. Y allí, las restauradoras de la empresa Da Vinci Restauro, dos chicas que han salido sonrientes en la tele local, descubrieron que el paño que ocultaba púdicamente las partes pudendas de la figura, por la parte de atrás contenía un portillo secreto que daba acceso a una cavidad interior. Allí dentro, encontraron dos folios amarillentos, escritos con caligrafía impecable, en los que se contaba cómo era la vida en el momento en que se esculpió la figura, durante el reinado de Carlos III. Es decir, una auténtica cápsula del tiempo, escondida en el culo del Mesías que suplica el perdón de nuestros pecados.

Como ya sé que no se creen estas cosas, pues AQUÍ pueden confirmar la información. Las chicas han hecho lo correcto con un descubrimiento como ese: hacer una fotocopia del documento, enviar el original a los archivos de la Iglesia y volver a meterle por el culo, con perdón, a la estatua la fotocopia, junto con un par de folios mecanografiados en los que se cuenta cómo es ahora la vida en el mundo, por si en un futuro lejano la encuentra un grupo de replicantes. Tal vez hayan contado que, en estos tiempos, la gente se vuelve loca por el fútbol, se afana en viajar a ver cosas que no entiende en rebaños de turismo masificado y dedica buena parte del día a mirar el móvil y a enviarse mutuamente mensajes estúpidos por el Whatsapp. Dentro de unos pocos días, la estupidez colectiva se elevará al cubo con la llegada de la Navidad. No sé si han visto el vídeo que les dejo de cierre. Es una manifestación callejera contra la Navidad, que protagoniza un rebaño de pavos, en protesta por su próxima conversión en cena de Nochebuena. Son unos pavos muy bien entrenados. Igual que los manifestantes callejeros de cualquier ciudad siguen al maestro de ceremonias que grita las consignas por el megáfono, estos animales obedecen al silbido del conducator, y hacen gurugurugurú agachando la cabeza para ponerle más énfasis. Totalmente identificado con ellos, me despido proclamando: YO TAMBIÉN SOY UN PAVO.