Bueno, pues después de tanto
tiempo esperando que les contara qué diablos es Reinventing Cities, ese proyecto al que me refiero
en la mayoría de mis últimos textos, por fin se lo voy a ir detallando, aunque me
malicio que la cosa me llevará varios posts. No teman, esto no se va a
convertir en un foro técnico; lo que voy a ir relatando es el lado bloguero (es
decir, literario) de esta aventura en la que me he embarcado y he embarcado
también a la ciudad de Madrid. Y cómo ese proyecto me ha servido para recuperarme a mí mismo. En el titular del post he enmascarado ligeramente el nombre, porque hay que tener mucho cuidado con estas cosas y les pongo un par de ejemplos. Hace unos cuantas fechas, titulé un post Carallo coa fariña. Pues, nada más publicarlo, el blog se me llenó de entradas desde Brasil, supongo que de adictos al porno gay, que esperaban una página llena de miembros viriles espolvoreados con harina, listos para ser succionados. El otro: mi post anterior, antes de llamarse Caretos, pensé en titularlo Qué cansinos los catalinos. Lo cambié para evitar la avalancha de fachas y nacionalistas españoles, ávidos de comprobar cómo me cagaba en Torra.
Hasta ahora me resistía a referirme en extenso al asunto, por miedo a atraer alguna forma de mala suerte. No sé si pudieron ustedes ver el partido final de la Copa de la UEFA, en el que el Atlético de Madrid ganó claramente al Olimpique de Marsella por tres a cero. Ya sé que muchos de ustedes, mis queridos seguidores, no son futboleros, pero no voy a hablar aquí de futbol, sino de un hecho colateral. Está a punto de empezar el partido. La cámara enfoca en primer plano la copa que se disputa y el plano nos muestra al fondo a los dos equipos listos para salir al campo. De acuerdo con la liturgia preestablecida, echan a andar en sendas hileras y se dirigen hacia el campo, en perpendicular a la cámara. Por el lado de la izquierda, el capitán del equipo francés, que se llama Dimitri Payet (un jugador extraordinario que despuntó en el Mundial anterior), viene el primero, en paralelo al capitán del Aleti, que se llama Gabi. Han de pasar por los dos lados de la copa en disputa, situada en alto en un poyete. Entonces sucede. Payet se lleva la mano izquierda a la boca, estampa un beso en el haz de los dedos y se lo traslada a la copa, tocándola con la mano, al pasar a su lado. Me quedé helado. Eso es algo que no se debe hacer nunca. La copa que se va a disputar se mira pero no se toca, hasta que acabe el partido: todo el mundo sabe que quien lo haga atraerá sobre sí un mal fario irreversible.
Hasta ahora me resistía a referirme en extenso al asunto, por miedo a atraer alguna forma de mala suerte. No sé si pudieron ustedes ver el partido final de la Copa de la UEFA, en el que el Atlético de Madrid ganó claramente al Olimpique de Marsella por tres a cero. Ya sé que muchos de ustedes, mis queridos seguidores, no son futboleros, pero no voy a hablar aquí de futbol, sino de un hecho colateral. Está a punto de empezar el partido. La cámara enfoca en primer plano la copa que se disputa y el plano nos muestra al fondo a los dos equipos listos para salir al campo. De acuerdo con la liturgia preestablecida, echan a andar en sendas hileras y se dirigen hacia el campo, en perpendicular a la cámara. Por el lado de la izquierda, el capitán del equipo francés, que se llama Dimitri Payet (un jugador extraordinario que despuntó en el Mundial anterior), viene el primero, en paralelo al capitán del Aleti, que se llama Gabi. Han de pasar por los dos lados de la copa en disputa, situada en alto en un poyete. Entonces sucede. Payet se lleva la mano izquierda a la boca, estampa un beso en el haz de los dedos y se lo traslada a la copa, tocándola con la mano, al pasar a su lado. Me quedé helado. Eso es algo que no se debe hacer nunca. La copa que se va a disputar se mira pero no se toca, hasta que acabe el partido: todo el mundo sabe que quien lo haga atraerá sobre sí un mal fario irreversible.
¿Cuál fue el correlato de ese
gesto temerario? El Olimpique perdió, por supuesto. Pero, lo más importante: en
torno al minuto 30 de partido, Payet se lesionó y no pudo continuar. Abandonó
el campo llorando desconsolado. Lloraba, porque su equipo iba ya perdiendo por
un gol. Y porque, de alguna manera, entendía que ya iba a ser imposible remontar,
al quedarse el equipo sin su capitán y mejor jugador. Y
porque sabía también que esa lesión le iba a impedir participar en el inminente
Mundial de Rusia. Todavía sigo sin entender por qué Payet tocó la copa al salir.
Es que eso lo sabe hasta el que asó la manteca. ¡Joder! La suerte es algo
serio. Algo que determina nuestras trayectorias y nuestras vidas completas. A
la buena suerte hay que cortejarla, como a una mujer esquiva, hay que
trabajársela y esforzarse en complacerla. Eso no garantiza tener suerte,
por supuesto. Pero, si no te la trabajas, es seguro que no la vas a tener. Y con
la mala suerte no se puede jugar, porque es muy puta y muy despiadada. Hay que tener mucho
cuidado con estas cosas. Ya sé que ninguno de ustedes cree en las meigas, y yo tampoco, pero.
Por cosas como estas no quería yo
hablar antes de tiempo de Reinventing Cities, ese asunto que me ha hecho reengancharme
otra vez al trabajo, cuando ya nadie se lo esperaba. Ya dije el otro día que mi
trayectoria profesional se encaminaba indefectiblemente a una derrota segura,
cuando me surgió esta oportunidad y fue como esos penaltis que le pitan al Real
Madrid en el tiempo de descuento de ciertos partidos (por seguir con el tema
futbolístico). Desde entonces, como han podido percibir, cabalgo a favor de
viento, cual experto surfer sobre ola desbocada. Cuando las cosas vienen bien dadas, hay que subirse a
la tabla y procurar guardar el equilibrio para no caerse. Es lo que hace también Sheryl Crow, que, tras todas las desgracias que ha sufrido, está ahora cabalgando la ola favorable. Por cierto, me dicen numerosos lectores que gracias a mí han descubierto lo buena que es
esta artista. Hay uno que incluso se ha lesionado el tobillo intentando emular los tres saltitos con que Sheryl da pie cada vez al estribillo en el tercero de los vídeos que les puse. En fin, no es por tirarme el rollo (o sí) pero en esta tribuna se habló
por primera vez de Sheryl Crow hace cerca de cinco años, concretamente en el Post #182
“La vida al revés”, pueden comprobarlo si quieren.
Pero volvamos a Reinventing
Cities. ¿Por qué, de pronto, me he decidido finalmente a hablar de ello en el blog?
La verdad es que, hasta el próximo día 31 en que se cierre el plazo de
presentación de propuestas, no vamos a saber a ciencia cierta si ha sido un
éxito o un bluff. Es todavía posible que no se presente nadie, o que se
presenten tales mierdas que resulte imposible seleccionar tres finalistas por sitio. No van por ahí los vientos que nos llegan, pero es todavía una posibilidad cierta. La verdad es que no sé por qué he tomado la decisión de contar ya este asunto. Tal vez haya tenido que ver una anécdota que les cuento a
continuación, aunque no estoy seguro.
Lo sucedido. El lunes por la
mañana, cuando acababa de despedir a mi colega vietnamita Ly Nguyen, me llamó
por teléfono mi viejo amigo y colega Z. Estaba eufórico. Un estudio de
arquitectura de Copenhague, actualmente de los más potentes del mundo y trabajando en numerosas ciudades europeas y americanas, se había puesto en contacto
con él y le había ofrecido asociarse para concursar en Reinventing Madrid. Lo había
hecho mediante un correo en español, que mi amigo (no voy a desvelar su
identidad por esas cautelas que he esbozado antes) había recibido en algún
momento del fin de semana. Mi viejo colega le había echado un vistazo en
diagonal y había estado a un tris de eliminarlo de su buzón de entrada, por creer que se
trataba de la típica estafa piramidal o algo por el estilo. Un sexto sentido le
hizo no borrarlo y esperar a que el lunes lo examinaran en su estudio.
El lunes, mi amigo se levantó,
desayunó tranquilamente como cada día de diario y se fue caminando al estudio, recreándose
en este tiempo de primavera que estamos disfrutando. Llegó al estudio y le dijo
a sus chicos: echad un ojo a esto que ha llegado, a ver de qué se trata.
Uno de sus colaboradores se puso a investigar y, de pronto, se quedó blanco y
empezó a llamar a su jefe a voces: ¡tío, ¿pero tú sabes quiénes son estos
señores? Fue en ese momento cuando me llamó por teléfono, fuera de sí. Pero Emilín,
–me decía– ¿qué has hecho tú para que me llame esta gente? Le expliqué que su
correo lo habíamos subido al mailing de Reinventing Cities, que está colgado en
la Web del proyecto. Que los de ese estudio danés habían decidido participar y les había parecido
oportuno buscarse un partenaire local. Y que, entre los cientos que hemos
colgado, lo habían elegido a él, porque les había gustado la forma en que
trabaja. Un subidón para mi amigo y también para mí, porque nuestro trabajo
incansable durante más de seis meses, estaba empezando a dar sus frutos.
En efecto, Madrid
se adhirió formalmente a la iniciativa Reinventing mediante una carta de la
señora Carmena de fecha 15 de noviembre de 2017. Desde entonces
no hemos parado. Y ya antes llevábamos un tiempo trabajando en el tema. Pero esta es
una página literaria en la que todo el rato se mezclan mis vivencias personales
con las profesionales y con mis propias preocupaciones y opiniones sobre la
actualidad. Y, desde los primeros tiempos del blog, yo
aparecía aquí como un tipo en decadencia, escéptico y desencantado de mi
trabajo, dedicado a otros empeños de tipo literario y vital y haciendo cábalas
sobre cuando me jubilaría. ¿Cómo es que se ha producido este vuelco en mi trayectoria? Pues, tal como suceden estas cosas en la vida: de forma gradual. Y eso es lo que tengo que contarles
en esta serie de textos que abrimos hoy.
He de aclarar otro punto previo.
He escuchado a algunos de mis amigos y lectores habituales manifestar, más o menos, la
siguiente idea. Coño, Emilio, es que, cuando ya te ibas a jubilar, te ha
surgido el trabajo más interesante y más apasionante de toda tu carrera. Bueno.
Ojo con eso. Es posible que lo sea. Pero tengo que decir que, a lo largo de mis 35 años de
Ayuntamiento, he tenido el privilegio de vivir cinco momentos estelares, en los que el trabajo me ha
resultado maravilloso y me ha enganchado de la misma manera. Los detallo a
continuación.
1.- Mi
colaboración en el Plan General de 1985
2.-
La redacción del Plan General de 1997
3.-
El proyecto LASDO, Madrid-París-Colombo (Sri Lanka)
4.-
El proceso de información/participación de Madrid Río
5.-
Reinventing Cities
Se trata de cinco auténticos highlights y creo que les dedicaré una serie paralela, que se merecen de largo.
Así que hasta aquí hemos llegado, en esta especie de prólogo, sin empezar ni a
hablar de Reinventing Cities (supongo que, conociéndome, no se esperaban otra cosa). Y ya que
hemos hablado de Sheryl Crow y de la forma en que está en estos momentos
cabalgando la buena ola, vamos a despedirnos con el tema que da nombre a su
disco del año pasado. Be myself. Ya saben: si no puedo ser cualquier otro
(repetir tres veces), no me queda más remedio que SER YO MISMA. Les traigo una
grabación, por supuesto, en directo: esta mujer es mucho mejor en directo que en
sus discos de estudio. Es en el directo donde deja fluir su creatividad y explota completamente la calidad de
sus composiciones. Para verla, han de pinchar AQUÍ. No dejen de fijarse en el batería: es total. Buen finde.
Hay que ver qué música más pegadiza hace la señora Crow. If I can't be someone else (3 veces), I might as well be myself. Yo lo traduciría por: si no puedo ser algún otro, puedo mejor ser yo misma. La cosa es que lo he escuchado un par de veces y ya llevo toda la mañana con esa tonadilla en la cabeza.
ResponderEliminarLa traducción que aportas es literal. El mensaje de Sheryl está bastante claro. Yo diría: si no puedo ser alguien diferente, "ya si eso" mejor ser yo misma. Con esto ya tenemos tres traducciones. Un abrazo.
EliminarElla es maravillosa y, sí, el bateria es el Ecce homo restaurado de Borja
ResponderEliminarLos baterías no tiene que ser guapos sino eficaces, como este. Sheryl es especialmente venerada en el ámbito anglosajón (USA, Reino Unido, Australia) porque uno de sus puntos fuertes son las letras, de las que no hemos hablado aún en el blog.
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