viernes, 5 de noviembre de 2021

1.097. Atrincherado contra el frío

Atrincherado contra el frío en mi ático que pierde calor por todos los lados, incluso por el suelo, ya que debajo de mí no vive nadie, les pido disculpas por no estar demasiado centrado en el mantenimiento de mi blog, porque la realidad manda y yo me voy a París el día 18 para participar en un acto académico en inglés con los cursos de dos profesores, Alain Sinou, francés, y Rainer, desconozco el apellido, profesor de la universidad de Kiel, evento para el que no tengo las cosas debidamente preparadas, porque por medio se ha cruzado otro tema de tipo personal del que aun no he dado cuenta en este foro, pero ya les pondré debidamente al día cuando toque, asunto que me impide concentrarme en la preparación de mi intervención en París. Cualquier otro estaría de los nervios con lo de París, pero no es mi caso, porque soy muy veterano en estas lides, porque tampoco me juego nada excepto la honrilla (si me sale mal, no me volverán a llamar y listo) y porque, con perdón, soy arquitecto, para bien o para mal, y los arquitectos tenemos entre otros el vicio de dejarlo todo para el final.

Cuando yo estudiaba, era muy frecuente que tuviéramos, por ejemplo, que entregar un proyecto el viernes y que nos pillara el toro el jueves por la tarde sin casi nada dibujado. En esas tesituras se convocaba a todos los colegas a una noche loca con café a mansalva en la que cada uno hacía un plano y al final acabábamos todos exhaustos sin dormir, con un resultado no siempre bueno, porque eso dependía de que el autor del proyecto tuviera ya el asunto muy adelantado o no. Lo más común era lo segundo, el que organizaba ese tinglado solía tener dos ideas cogidas con pinzas que era muy difícil plasmar en unos planos. Pero los colegas teníamos que estar allí, aunque sólo fuera por hacerle compañía al amigo, en ese caso extremo de lo que ahora se ha dado en llamar procrastinar, anglicismo que a mí me irrita especialmente, porque el castellano tiene una hermosa palabra para ese vicio de dejar las tareas para el día siguiente: trasmañanar.

Lo cierto es que en París voy a hablar de un tema del que nunca he hablado y eso me exige prepararme una presentación con imágenes, tarea en la que estoy bastante enfrascado, pero que no avanza todo lo que yo querría. Se suma a eso que, desde que me jubilé, o a lo mejor es una simple cosa de la edad, tengo una cierta facilidad para distraerme y dispersarme. Es increíble la cantidad de cosas que tiene que hacer diariamente un jubilado en su devenir cotidiano. Y ya saben que, en Madrid, cada gestión que haya que hacer, se lleva una mañana entera. Por ejemplo, ayer me llamaron los del arreglo del tocadiscos Dual para vinilos, para avisarme que ya estaba. Y esta mañana se me ha ido entera en recoger el aparato y poner el equipo en funcionamiento. ¿Cómo es eso? Pues porque las tiendas no abren hasta las diez. Porque en Madrid hay un atasco monstruoso desde que volvió el personal del veraneo. Porque, según el contador del coche, esta mañana he hecho 30 kilómetros, quince de ida y quince de vuelta.

Dirán ustedes: Y tú que tanto te las das de ecologista ¿por qué no has ido en Metro? Bueno, les diré que el viejo Dual pesa como un demonio y no es algo que yo pueda llevar en el Metro, dejando una mano libre para pasar el abono por la pantallita y teniendo que bajar escaleras sin ver los escalones, con el consiguiente riesgo de escorromoñarme y que el tocata salte en pedazos. El aparato está perfectamente, solamente estaba lleno de polvo y suciedad. Así que lo han desmontado pieza a pieza, lo han limpiado y lo han engrasado debidamente. Y me han cobrado el precio mínimo que me dijeron: 70€. Pero luego, al llegar a casa, me he puesto el disco de Samantha y algún otro de los viejos que tengo, y resulta que la aguja saltaba descontrolada de surco en surco, con un resultado sonoro diabólico.

Inmediatamente les he llamado, a ver qué solución me daban. Con una ruedecita, le he aumentado el peso del brazo hasta el máximo, y de esa forma, el disco de Sam suena a toda pastilla sin problemas. Los otros no, pero eso lo que indica es que están sucios y/o rayados. Para remediarlo, me han recomendado limpiarlos con una bayeta de microfibra empapada en agua con un poquito de Fairy y bien escurrida. Pero esa es una tarea que se quedará como muchas otras para después de París. De momento, puedo escuchar el disco de Samantha Fish y cualquier otro vinilo que me compre, tengo un equipo precioso y todo me ha salido por 70€, gracias a mis queridos amigos y seguidores del blog, que han tenido a bien regalarme los diferentes devices. Cuando tenía todo listo, me he grabado un par de videoselfis para que vean mi nueva equipación musical, y también para darles las gracias a mis benefactores. Son cortitos, apenas dos pinceladas.


Maravillosa canción esta del vídeo, recién empezada: All ice, no whiskey. Tus besos son como un vaso de hielo sin nada de whisky. ¿Se le puede decir algo peor a alguien que trata de ligar con uno/una? En fin, que con todo este trajín he mirado el reloj y eran ya cerca de las dos y media. Tenía que prepararme algo de comer que se cocinara rápido y que no exigiera sacar algún elemento del congelador, porque ya no había tiempo para descongelarlo. Combinando algunas de las cosas que tenía por ahí, me he preparado un plato de nueva invención, que he bautizado como Habitas baby con guanciale y amb ou escalfat. ¿Cómo dicen? ¿Que no saben lo que es el guanciale ni entienden el catalán? Vamos por partes. Para seguir este blog hay que manejar un poco de idiomas, inglés, francés, italiano, gallego y, por supuesto, catalán.

El guanciale es un producto típicamente italiano, parecido a la panceta, pero sacado del carrillo o belfo del cerdo, curado durante tres semanas en sal y pimienta negra. Es algo difícil de conseguir en Madrid, salvo quizá en el Corte Inglés y algún supermercado gourmet. Pero a mí me trajo un trozo mi hijo Kike cuando pasó por mi casa de vuelta de Italia. El guanciale es muy valorado para la preparación de los verdaderos espaguetis carbonara. En realidad, la receta que he usado se puede hacer también con taquitos de panceta o de jamón, no es nada muy imaginativo, pero es rápida y con ese nombre tan particular me tiro mucho más el pisto de chef exquisito, como corresponde a un verdadero dandy coruñés.

Los ingredientes son un bote de habitas baby de unos 200 gramos (para una persona), unos taquitos de guanciale, un cuarto de cebolla, un par de ajos, aceite de oliva, sal y un huevo para escalfarlo. Se hace un sofrito a fuego lento con el ajo y la cebolla picados y un poco de sal, se sofríe bien el guanciale, se echan las habitas bien escurridas, se dan unas vueltas y se le echa un vaso pequeño de agua. Debe hervir unos cinco o diez minutos, y entonces se le echa el huevo, se apaga el fuego y se tapa para que se termine de hacer, mientras preparas la mesa. Es cosa de unos quince minutos en total y les he hecho como de costumbre una serie de fotos de las distintas fases.








Estaban de rechupete. Como han visto, las he acompañado con un bol de Dippas (para dippear) y una cerveza Estrella Galicia Especial 1906, la que por mi tierra suele llamarse La Milnueve. Una comida estupenda y rápida de preparar. En fin, que con estos entretenimientos no me concentro demasiado en la preparación de mi charla, confío en que este puente que empieza mañana me sirva para avanzar en el tema. Veamos algunos aspectos que se han tocado en este texto de manera tangencial. Primero: los atascos. No es de extrañar que toda la ciudad sea un puro atasco. Se juntan aquí varios factores. Mucha gente que antes iba en Metro al trabajo ha dejado de hacerlo porque aún no han superado el miedo al Covid, y con razón, porque en toda Europa está repuntando. Así que van en coche al trabajo. Además están todos los forofos del automóvil que lo usan para ir a 500 metros a tomarse un vermú y lo dejan en doble fila para no caminar un poco. Son estos gente sedentaria, pasiva, obtusa y en general votantes del PP.

Pero a todo esto hay que sumar la nula política de movilidad sostenible que practica el equipo del señor Almeida. Al final del confinamiento más severo (ya lo he contado, pero insisto) asistí a un debate telemático sobre cómo iba a ser la nueva normalidad que vendría después. Yo envié una pregunta, planteando por qué no se aprovechaban las calles aun vacías para cambiar la sección, ganar espacios para peatones y ciclistas e inducir con ello un cambio en el modelo de movilidad, como se estaba ya haciendo en París, Milán, Bogotá y un poco en Barcelona. Me contestó el señor Ezquiaga, ilustre experto al servicio de las administraciones, desaconsejando esta forma de urbanismo táctico e incluso afeándome mi intención, como si les pretendiera colar a traición este tema a los madrileños. No lo dijo con esa claridad, sino de forma sibilina, como suele decir las cosas este señor, por lo demás amigo mío.

Era tiempo entonces de haberse anticipado a la vuelta de la gente a las calles. No se hizo en ese momento y ahora ya es imposible. Además de este factor, el atasco se recrudece por la cantidad de obras en la vía pública que ha puesto en marcha el equipo de gobierno y que tiene media ciudad levantada, hasta el punto de que circula por ahí el mote de Pepe Gotera Almeida y Otilio Carburante. Esta pareja hace obras por un tubo y las hace rápido porque son buenos gestores, pero se están pasando. Tal vez la fraCasada Rita Maestre aproveche para decir que todo esto es por los cambios en Madrid Central, pero es falso y puedo dar fe de ello porque vivo en el barrio en cuestión. Si me lo dijera a mí a la cara, le contestaría: ꟷEstás mintiendo, Rita, y tú lo sabes.

Pero además, hay un factor que aún empeora los atascos: los malos conductores. Los que se paran de pronto en medio de la vía, a saber: conductores novatos de VTC, que no se conocen la ciudad y han de pararse a consultar el GPS, tipos que se ponen a hablar por el móvil, gordos que se están comiendo una palmera de chocolate, se les cae la mitad por la panza y tratan de recuperarla, torpes domingueros de día de diario, acojonados crónicos, miopes, manazas, conductores en prácticas de la Autoescuela Palomero. No sigo, porque es penoso. Respecto a lo de Pepe Gotera les muestro dos imágenes que he tomado en mi vecindario: el estado actual del carril de preferencia ciclista en Antón Martín y el exquisito acabado de las obras de la calle San Eugenio en su conexión con Atocha.



La señora Ayuso dijo en pleno confinamiento que echaba de menos los atascos, que eran la sal de Madrid. Estará contenta ahora. Y ya que estamos, menuda bronca tiene con ella el fraCasado, es algo inaudito, igual-igual que si fueran un partido de izquierdas. Yo estoy en esta guerra del lado de Ayuso, que me parece que es mucho más lista que este pollopera que pretende dirigir el PP, lo cual no es un mérito grande, porque se trata del tercero más tonto del país, después de Albert Rivera y del más tonto de todos: el tolili Girauta. Veremos a ver en que queda este asunto. Mi amigo Mariano pronosticó hace meses que Ayuso se acabaría ella sola, bajo fuego amigo, y puede que resulte clarividente. Pero yo más bien creo que puede ganarle la partida al fraCasado en las primarias del próximo congreso, convirtiéndolo en alguacil alguacilado, porque él mismo llegó a la secretaría general ganándole a la candidata oficial Soraya. 

A pesar de estar absorto en la preparación de mi charla parisina y en ese otro tema misterioso que ya les contaré, no dejo de interesarme por la actualidad, llena de noticias curiosas, como eso del rescate de seis perros aislados por la lava en medio del volcán de la Palma. No sé si se han enterado, pero se montó un operativo para rescatarlos desde el aire y cuando llegaron ya no estaban. Unos días después, una llamada anónima a unos veterinarios en nombre de un grupo secreto que se autodenomina el Equipo A, desveló dónde habían llevado a estos perros. Los habían dejado en un corral en perfecto estado de salud. Parece el comienzo de una serie del llamado noir nórdico, pero es real. Y a día de hoy nadie sabe quiénes forman ese Equipo A.

Lo demás es bastante previsible. El Covid rebrota en Europa, pero ahora las autoridades hacen como si no existiera. Cosas veredes. Por si acaso, yo estoy deseando que me pongan ya la tercera dosis de la vacuna, que no creo que me tarde mucho. La COP26 celebrada en Glasgow se cerró con la habitual sinfonía de palabras huecas, promesas cogidas por los pelos y brindis al sol. Casi lo más relevante se puede considerar el acuerdo para reducir las emisiones de metano. En consonancia con ese programa, les comunico que he decidido dejar de tirarme pedos, en un esfuerzo solidario que todos deberíamos emular, en aras de mejorar la calidad del aire y optimizar los aspectos olfativos.

Por lo demás, el Dépor juvenil, después de la machada de remontar un 3-0 con un 4-0 glorioso, ha empezado la segunda eliminatoria en casa venciendo al Maccabi de Haifa por 5-1, o sea que ya la puede dar por superada también. Un camino de gloria del que les tendré al tanto. Al partido del 4-0, en un miércoles desapacible, asistieron 8.000 personas. Al 5-1, también en miércoles pero encima lloviendo a cántaros, asistieron 12.000 personas. Es un asunto que ha llamado la atención de la propia UEFA, que nunca ha visto nada igual. Un aforo que supera a la mayoría de los partidos de la Primera División española. En cambio, al estadio del Barça cada vez va menos gente y yo sueño con verlos bajar a segunda, que le voy a hacer, cada uno tiene sus fijaciones.

Para variar un poco, esta vez les voy a dejar de propina un vídeo de un concierto reciente de Larkin Poe. Las hermanas Lovell están de gira, comandadas por Rebecca, la más joven y de personalidad arrolladora, la del vozarrón, los tatuajes y la guitarra al estilo de Malcolm Young. Al principio del vídeo cuenta que ellas se criaron en el norte de Georgia, cerca de Tennessee y que cuando tenían trece o catorce años formaron un grupo de blue grass. Ese grupo se llamaba precisamente The Lovell Sisters y había una tercera hermana, Jessica, la mayor de todas, que tocaba el violín. Después, Rebecca dio el salto al blues y su hermana intermedia Megan se fue con ella para arroparla en su nuevo grupo. Ya les he contado que a mí la que me pone del duo es Megan, sin tatuajes salvo un letrerito mínimo en el interior del codo, siempre en segundo plano, siempre sonriente y atenta a apoyar a su hermana con segundas voces y punteos de su slide-guitar horizontal. Disfrútenlas y que pasen un buen finde.

lunes, 1 de noviembre de 2021

1.096. Muertos mal enterrados

Al final del puente de Todos los Santos, abro un huequecito para hablarles de un tema que me parece clave. Vivimos en un país en el que se practica la desmemoria histórica y no sólo en cuanto a la Guerra Civil (por qué habrá que ponerle mayúsculas a los mayúsculos horrores), sino respecto a temas como el esclavismo, que está detrás de la forja de algunas de las fortunas personales de las actúales familias más pudientes de Cataluña y Andalucía (demostrado) o el País Vasco (presumible). El esclavismo, la Inquisición, los horrores de la Guerra Civil, parece que nunca hubieran sucedido. De eso no se habla, es tabú. Y, de esa forma, resulta que algunos temas no están resueltos de verdad. Como en el clásico chiste, no están muertos, sino mal enterrados. Un tema muy propio de las festividades de estos días.

Un ejemplo claro y meridiano se da en relación con otro fenómeno histórico terrible, en este caso mucho más cercano, puesto que hace poco se cumplió el décimo aniversario de su final. Y, respecto de este asunto concreto, hace unos días se publicó en El País un artículo que me parece buenísimo, porque es preciso, sintético, tiene la dosis de sarcasmo justa, pone los puntos sobre las íes en relación con un personaje muy concreto y ya iba siendo hora de que alguien dijera lo que en dicho artículo se dice de él. Como sé que muchos de mis seguidores no están suscritos a El País (por motivos ideológicos o por un reparo o escrúpulo previo de tipo ético, que les impide pagar por leer la prensa), pues en vez de ponerles el link, esta vez se lo voy a transcribir. No sé si me busco algún lío con esto, a cuenta del copyright, pero cito el medio de origen, el autor y la fecha y lo transcribo tal cual. Tal vez incumpla alguna ley y hasta me haga merecedor de una sanción, pero en el contexto ético de mi conciencia no creo estar haciendo nada incorrecto.

Ya saben que, al menos en inglés, no es lo mismo la ética que la moral, y yo siempre me he guiado por principios éticos y no morales; por eso cruzo por los pasos de peatones con el semáforo en rojo cuando no viene ningún coche (ya he explicado esto en el blog hasta la saciedad). Les diré que yo entro en El País directamente a leer los artículos de opinión de unas cuantas firmas: David Trueba, Manuel Jabois, Enric González. Huyo en cambio de otros que no se me ocurre ni empezar a leer: Cebrián, Rosa Montero, Leila Guerriero (en este último caso es porque no la entiendo, no sé qué me quiere decir). Bueno, pues entre los primeros hay uno que me encanta especialmente. Se llama Íñigo Domínguez y lo descubrí cuando escribió uno tras otro unos diarios del confinamiento que salían publicados todos los días y que me parecieron fabulosos; algunos incluso puse el enlace en el blog para que los leyeran ustedes. Bien, pues este caballero publicó hace unos días el artículo que les transcribo a continuación, y que creo que pasó bastante desapercibido, aunque me parece extraordinario. Léanlo, please.

                       Ese pueblo narcotizado

                            Íñigo Domínguez, El País 26 de octubre de 2021

El 8 de abril de 2018, ETA divulgó un comunicado sobre “el daño causado” que, entre otras cosas, decía: “ETA reconoce la responsabilidad directa que ha adquirido en ese dolor, y desea manifestar que nada de todo ello debió producirse jamás o que no debió prolongarse tanto en el tiempo”. Otegi dijo este martes frases con palabras idénticas, y parecía algo, porque las otras ya se nos habían olvidado. A él seguro que no, tendrá apuntadas estas cosas, pero las hace pasar por nuevas. Un aniversario del fin del horror sin que él aparezca por ahí sería demasiado bonito para ser cierto. Sigue haciendo copia y pega de parrafitos de ETA porque cree que a los suyos les da legitimidad seguir el hilo de la gloriosa tradición, pero es al revés, se la quita. Debería poder existir un partido independentista y de izquierda normal en el País Vasco, que no tuviera nada que ver, ni remotamente, con el horror. Pero Otegi se cree imprescindible, cuando solo es insoportable. A ver si algún amigo se lo dice.

Las otras palabras de Otegi, horas después ante sus congéneres, han causado mucho revuelo, pero han quedado eclipsadas las menos estridentes. Es normal, la chorrada más grande se lleva el protagonismo. Pero había otras que, bien miradas, son de notables proporciones: “Me alegro no tanto por lo que hemos dicho, que también, sino porque hemos vuelto a colocarnos en el centro del tablero, porque en este pueblo narcotizado hemos vuelto a hacer plas y a darle una patada al hormiguero”. Qué dos expresiones tan curiosas: un pueblo narcotizado y unos individuos que hacen plas.

Revelan un complejo de superioridad del hablante que resulta esclarecedor, no solo familiar. Es un salvador, un profeta, en el ejercicio de su comprensible vanidad. En cambio, esta gente que solo piensa en vivir tranquila, tener un trabajo, una familia, está amodorrada. Malditos pequeñoburgueses. Mira que olvidarse de las prioridades, de la lucha, de la utopía. Todo culpa de Netflix, del satisfyer. Menos mal que sobrevolando la ciudad, como Batman, tenemos a unos tipos que hacen plas. Unos individuos que tutelan a esta masa de borregos para despertarlos, ponerlos en la recta vía, recordarles lo importante. Es un pueblo que se resiste a ser liberado por esta élite de listos, que creen dirigir el mundo, o el Gobierno de Madrid, desde su guarida secreta.

Por razones de trabajo tuve relación durante un tiempo con exterroristas italianos. A pesar de los años, había dos frases que a algunos les costaba mucho decir, una cuestión de soberbia revolucionaria. Una: “Hemos perdido”. Dos: “No teníamos razón”. La primera se enmarca en una concepción de lo ocurrido como una guerra, y aunque era precisamente la suya, no asumen el resultado. Es un cálculo completamente majara, pero es que suponían que tenían que vencer. Porque el pueblo, creían, estaba de su parte, pero estaba como narcotizado, no les seguía. La segunda frase es más puñetera, porque supone admitir que todo fue un gigantesco error. No un error político, que tienes que dimitir y tal, sino un error moral monstruoso, y es que entonces te tienes que encerrar en casa y callarte para siempre. Abres un estanco, intentas pasar inadvertido. No tienes autoridad ni para dirigir un orfeón. Da igual lo privilegiado que sea tu cerebro o tu sagaz olfato político, son tesoros que la humanidad se perderá. No sé si Otegi alguna vez condenará a ETA, pero creo que será más fácil que oírle decir una de estas dos cosas. Quiere seguir haciendo plas.

Creo que, como les decía, es un artículo necesario, para poner en su justo sitio a un personaje al que no le tengo ninguna simpatía, aunque reconozco que fue clave en el proceso de reflexión interna que llevó a ETA a disolverse, aunque no a abjurar de todo lo hecho en 50 años de actos violentos. Estos días se han hecho encuestas entre los niños de la ESO de la Comunidad Navarra y resulta que sólo el 57% sabe lo que fue ETA y apenas a un 0,5% les suena el nombre de Miguel Ángel Blanco. Es bastante significativo y no creo que en la propia Euskadi las cifras sean más altas. Sin embargo, cuando en un territorio se produce algo tan tremendo como lo de ETA, es necesario que la población haga una especie de examen de conciencia colectivo, de acto de contrición conjunto que sirva entre otras cosas para evitar que el fenómeno rebrote.

Pero eso no se ha producido en el País Vasco, si bien libros como Patria de Aramburu o películas como Maixabel de Itziar Bollaín pueden cumplir esa función. Especialmente si, como en el caso del libro que les digo, se convierten en un auténtico best seller. Todo el mundo en el País Vasco leyó Patria y fue como una especie de catarsis. Nadie quiere que el terror vuelva, están todos encantados de no tener que llevar escolta. A este respecto les recomiendo que vean el documental Impuros, producido por RTVE, que pueden encontrar en el link https://www.rtve.es/play/videos/impuros. Se trata de una larga entrevista con dos políticos que sufrieron en sus carnes el terror, Eduardo Madina del PSOE y Borja Semper del PP. Ambos abandonaron la política después y cuentan sus experiencias de los tiempos en que debían ir con escolta (yo recuerdo ver en el Hipódromo de Lasarte a Fernando Savater con su escolta, que tiene cojones que Fernando Savater tuviera que llevar escolta).

En cualquier caso, el paso dado por Otegui el otro día está bien, aunque debería ser el primero de un camino que les llevara a condenar su pasado de forma institucional. Es un proceso que requiere su tiempo y en el que se ha avanzado a paso de tortuga durante estas dos últimas décadas. Y lo que no comparto para nada es la postura de PP y Vox de que no hay nada que hablar con Bildu, porque siguen siendo los mismos etarras de antes disfrazados de pacíficos. Es una teoría falsa de raíz, o más bien falseada, porque cualquiera puede saber quién es Bildu, un partido que, en sus estatutos, rechaza expresamente toda violencia. En realidad, Bildu es una coalición de tres partidos: Eusko Alkartasuna (la escisión del PNV que fundó el lehendakari Garaikoetxea), el colectivo Aralar y Sortu. Los dos primeros fueron siempre contrarios a la violencia, desde su fundación. Sortu es el heredero de Herri Batasuna, que entre otras cosas cambió de nombre para desmarcarse de su antecesor.

Yo creo que a Bildu hay que exigirle que se ajusten a las reglas del juego y animarles a que profundicen en su reflexión interna hasta llegar a la condena sin matices de toda la violencia anterior. No acosarles ni acorralarles. Me viene una historia a la cabeza. Los años en que trabajé con el Ayuntamiento de Colombo (Sri Lanka), comenzaron en plena guerra civil. En aquel momento, en el estado cingalés había un bipartidismo con una cierta alternancia entre un partido de la derecha y otro de la izquierda. Pues, miren por dónde, el partido de la derecha era el más partidario de declarar un alto el fuego y empezar unas conversaciones de paz con los tamiles separatistas que controlaban el tercio norte de la isla. Ellos sabían que este tipo de conversaciones se pueden alargar y alargar con un poco de maña y que la población enseguida se acostumbra a la paz y luego es muy difícil reanudar las hostilidades. Y que ese marco de tranquilidad favorecería la inversión extranjera, tan necesaria para el país y sus empresas.

En parte y salvando las distancias, es lo que está haciendo Sánchez con los catalanes. Esas reuniones entre los dos gobiernos empezaron con una antes del verano. Se saludaron, se preguntaron por sus cosas, que tal los niños, ¿y la suegra que estaba delicada? Bueno, como estamos en junio y viene el calor, ya si eso lo dejamos para septiembre. Ahora mismo, se han vuelto a reunir y lo han pospuesto de nuevo para después de Navidad (y se han felicitado las Pascuas, supongo). Marear la perdiz es bueno para enfriar el tema y avanzar un poquito hacia un futuro menos crispado, porque, entre otras cosas, se van muriendo viejos recalcitrantes y nacen nuevos niños que serán tan ignorantes del tema como los de Navarra. Si pasa tiempo suficiente, el día que quieran resucitar el prusés, nadie les apoyará.

Pero volvamos a Sri Lanka. ¿Qué opinaba el Partido Socialista? Pues que los tamiles eran unos terroristas y unos cabrones y no había nada que hablar con ellos, que había que darles leña con el ejército y cero negociaciones. Era algo explicable si tenemos en cuenta que el liderazgo del Partido Socialista lo ostentaba la señora Chandrika Bandaranaike a quien los tamiles habían matado a su padre y a su marido en sendos atentados. En el caso español, no sucede esto. Como se ve en el documental, ETA golpeó por igual a PP y PSOE. Lo que pasa es que la derecha se ha embarcado en la política del TODO MAL del fraCasado, diseñada por el campeón mundial de lanzamiento de güitos de aceituna, y cualquier manipulación que vaya en el sentido que se pretende, es bienvenida.      

¿Y qué sucedió en Sri Lanka? Pues algo bastante parecido a lo de ETA. Durante el tiempo que duró mi trabajo de cooperación, hubo un cambio de gobierno. Los socialistas perdieron el poder y la derecha, mediante una moción de censura, ganó el gobierno, decretó un alto el fuego inmediato y empezaron las negociaciones. Y, después de unos años de negociar, los tamiles rompieron la baraja, perpetraron un atentado que rompía su tregua y el estado dijo a por ellos. Fueron con todo y ganaron la guerra. Yo creo que aquí también ETA perdió la guerra y eso fue clave para que prosperara su reflexión interna, que tan orgullosamente se atribuye Otegui. Pero cada uno puede tener su opinión.

Un último matiz sobre el tema. No sé si han visto Maixabel, pero en esa película se escucha con toda claridad la opinión actual de los presos etarras que ya no propugnan la violencia. Todos dicen: oigan, a nosotros no nos tienen que condenar, nosotros cumplíamos órdenes, éramos soldados, a los que tienen que juzgar y castigar es a los dirigentes que nos metieron en este fregado absurdo y que en muchos casos se han ido de rositas porque ellos no tenían sangre en las manos. Otro ángulo del problema que conviene saber. Estos movimientos fueron muy frecuentes en los sesenta, década en que surgieron en Alemania, Italia y otros lugares (por no hablar de nuestro GRAPPO). Todos se fueron disolviendo o fueron derrotados, salvo ETA y el IRA que aguantaron más. Lo de ETA, para mí fue una derrota, lo del IRA no: lo del IRA sí fue una reflexión interna, que llevó a los Acuerdos del Viernes Santo, cuya validez está ahora en peligro por el maldito Brexit.

Es este un tema del que no me gusta mucho hablar. Ya les conté que yo tenía una peña de amigos vascos, que coseché en la ETSAM, la mili y otros lugares. Todos eran buena gente, contrarios a la violencia, pero decían compartir los fines de ETA, no sus métodos. Yo perdí la amistad con todos ellos a fuerza de decirles que a mí lo que no me gustaba de ETA eran los fines; que con semejantes fines me parecía muy coherente que usaran tales métodos. No sé lo que opinarán ahora, todos se desempeñaban en la órbita del PNV, regresaron a su tierra con la carrera acabada y en algún caso he visto su nombre en la prensa, ligado a corruptelas políticas de pueblos pequeños. El PNV, como todos estos movimientos, tiene una red clientelar muy tupida en la que el urbanismo es un tema central.

Yo tengo muy claro y siempre lo he tenido que ninguna ideología justifica matar a una persona. Ya que estamos en el día de los muertos, conviene que no perdamos de vista este principio básico. En todo el mundo anglosajón y en México se celebra este fin de semana el día de los muertos con disfraces macabros para la Fiesta de Halloween. Es esta una fiesta que llevaron a USA los emigrantes irlandeses y se dice que incluso proviene de las tradiciones de los pueblos que vivían en Irlanda antes de la llegada de los celtas. Y que luego, cuando se cristianizó la isla, los sacerdotes dejaron esta fecha como día de finalización de la cosecha, diferenciándola de la Navidad y con el nombre de All Hallows Eve (Vigilia de todos los Santos), de donde viene el nombre actual.

Como, a estas alturas del post no he puesto ninguna imagen y tampoco les he hablado de Samantha Fish, pues voy a matar dos pájaros de un tiro: vean como se disfrazaron los de su grupo para la fiesta de Halloween. En la segunda foto se comprueba algo que ya estaba yo detectando: Sam está adelgazando otra vez, con el trajín de uno o dos conciertos diarios. En el vídeo que les puse en el último post ya me dio la impresión de que el traje púrpura le quedaba un poco holgado. En esta foto ya no hay duda. Sean felices y pásenlo bien.


viernes, 29 de octubre de 2021

1.095. Buenas y lluviosas tardes

Buenas y lluviosas tardes en este último finde de octubre en el que los que mandan tienen a bien devolvernos la hora que nos birlaron allá por el mes de abril, por mor de una optimización de la productividad mal entendida, que cada año es recibida con los consabidos artículos de prensa en los que queda claro que el cambio de horario no sirve para nada, además de afectar a los seres más sensibles, como los niños, los ancianos, los deprimidos, las embarazadas y, ya sé que no se lo creen, pero también los gatos: yo tuve un gato que, cada vez que cambiaban la hora, se entristecía y ya no volvía a limpiarse la cara ni atusarse los bigotes hasta que su organismo se acomodaba a los nuevos ritmos circadianos. Yo les agradezco que me devuelvan la hora sustraída, pero tengo que decir que a mí me gusta más el horario de verano, con esos atardeceres interminables en los que uno sale a cenar a una terracita y disfruta del aire templado mientras el sol cae por detrás de las torres de ladrillo.

Con la perspectiva de tres días festivos por delante, es momento para entretenimientos caseros y me parece que es mi deber de blogger escribirles algo que les sirva de pasatiempo para aderezar esas horas de vacío en torno a una mesa camilla, o tumbados en un sofá bajo una manta de lana, con la calefacción recién recuperada y el disfrute hogareño de sentirse a buen recaudo, protegido de los fríos vientos de la noche en la ciudad. Este blog es una forma de narración continua, en la que los temas se desarrollan más allá del límite de los posts, como en las viejas novelas por entregas. Y yo tengo varios asuntos que apuntan a una continuación. Por ejemplo, el otro día les mostré el anuncio del concierto de Samantha Fish el pasado día 23 de octubre en un viejo teatro de Lorain (Ohio), en donde compartía cartel con King Solomon Hicks, el bluesman de nueva hornada que tiene esa cara de bueno tan característica.

Pues ya está colgado el vídeo de la canción que ambos dieron de propina tras un concierto fabuloso. Es el clásico Shake’em on down, en el que Sam manda como de costumbre y reparte los turnos de lucimiento después de cantar las estrofas de inicio, sobre el acompañamiento de su cigar box guitar, instrumento en el que les recuerdo que está considerada la mejor intérprete mundial. Primero le deja brillar al teclista pequeñito Matt Wade, pide un aplauso para él y le da la venia al Rey Salomón que se bandea como pez en el agua por las escalas pentatónicas con la facilidad que le vimos en el último post. Sam aprovecha entonces para presentar a sus músicos, canta un poco más y a continuación reta a Solomon a un duelo de guitarras espectacular, en el que se contrapone el sonido más rudo de la cigar box (que sólo tiene cuatro cuerdas), con la delicadeza del fraseo de Hicks. El dueto de Salomón con la reina de Saba merece la pena verse y los espectadores de Ohio supieron apreciarlo. Es un vídeo bien filmado y perfecto para abrir boca en este viernes desapacible.

Espectacular. Dice un cronista local que Samantha Fish supone la irrupción más fulgurante en la escena del rock/blues desde Stevie Ray Vaughan que, como les conté, se estrelló con su helicóptero camino de un concierto, cuando Sam tenía seis meses de edad. Stevie Ray Vaughan era el heredero directo de Jimmy Hendrix y nadie ha recuperado la antorcha desde su muerte (con permiso de Tab Benoit), hasta la llegada de Sam. Pero, después de este aperitivo, seguimos con los temas en curso. Ha recibido muy buenas críticas mi post sobre el Brexit, incluso el preciso retrato que de Boris Johnson hace John Carlin para la Vanguardia. Yo creo que las personas son fundamentales en el devenir de los países y los acontecimientos. Nada bueno se podía esperar de este sujeto, que fue capaz de abrir la caja de Pandora de los sentimientos más deplorables del pueblo británico, ese etnocentrismo de las zonas rurales que les ha hecho estar incómodos en Europa desde el primer día.

Esto del Brexit, como les digo siempre, es un fenómeno en sintonía con la elección de Trump o la de Bolsonaro. Es como la revancha de los garrulos de las zonas rurales (Arkansas, el Matto Grosso o la Inglaterra interior) frente a las élites urbanas (en las que me incluyo), que comprendo que somos bastante insufribles también. Pero la solución es atarnos corto y exigirnos un mínimo nivel político. En ningún caso la solución es regresar a la caverna y separarnos del entorno. Pero, veamos una cosa. El Brexit es también el resultado de la aplicación de la democracia. Mal entendida, pero democracia al fin. Digo mal entendida, porque una decisión de ese calado no se puede dejar al albur de un resultado 51/49 como el que se dio en el Brexit. Ahí está el fallo. Llegados a este punto, si las reglas eran esas, tenemos que aceptar el resultado. Lo contrario es muy peligroso, lo contrario es lo que hace el fraCasado, que no acepta haber perdido frente a Sánchez dos veces, y eso es dudar del concepto mismo de la democracia.

El gran Borges, que todos sabemos que era un tipo con una mente privilegiada y muy peculiar, dejo algunas perlas al respecto. Por ejemplo, cuatro meses después del establecimiento de la dictadura de Videla, Borges publicó un libro de poemas, cuyo prólogo finalizaba con un par de renglones geniales que les transcribo: Me sé del todo indigno de opinar en materia política, pero tal vez me sea perdonado añadir que descreo de la democracia, ese curioso abuso de la estadística. Era una especie de mensaje de bienvenida a los militares, tras el funesto período de Isabelita Perón en la presidencia, de la que Borges fue un crítico furibundo. Pero justo es decir que luego criticó con igual dureza a los militares, se opuso públicamente a la invasión de las Malvinas y se implicó en profundidad en la denuncia de los desaparecidos. Borges era un espíritu libre. Sería bueno saber qué opinaría sobre estas historias penosas de nuestro presente.

Los británicos están ahora pagando su peaje en forma de desabastecimiento y crisis económica. Yo no tengo duda de que estarían mejor en Europa, pero allá ellos. Sé que muchos de los que votaron sí al Brexit están desolados y arrepentidos, pero hay otros muchos que están encantados, que han recuperado la vieja idiosincrasia imperial y que incluso no verían mal (lo han dicho) que se establecieran medidas de racionamiento, que a algunos vejestorios les retrotraen a la gloriosa época de la Segunda Guerra Mundial. ¡Qué divertido!, mientras nos podamos tomar un té con una nube de leche, no tenemos de qué preocuparnos. Otros reaccionan con resignación y con el típico humor británico. Vean, por ejemplo unas imágenes de la estantería de un supermercado londinense. Los espárragos se han acabado por el desabastecimiento, pero no pasa nada: se sustituyen por una foto, a guisa de trampantojo, y a vivir. Incluso, en uno de los estantes, se han equivocado y han pegado la imagen al revés, como se observa en detalle en la segunda foto. 


En fin, que se va haciendo de noche y yo quiero ponerles al día de mis afanes cotidianos, que tanto les interesan. Les dejé con que estaba pendiente de tres llamadas, por las reparaciones del tocadiscos Dual, mi primera guitarra eléctrica heredada de mi hijo Kike y el cristal frontal del móvil que se me astilló cuando me caí por irlo consultando de noche y sin poner suficiente atención al suelo. Bien, del tocata aún no sé nada. La guitarra me la dio ayer reparada Juanmi el Guitarrero, que me había prometido que lo haríamos a medias para que yo aprendiera como se debe calibrar una guitarra eléctrica. Pero luego se le fue la olla, se le olvidó y me llamó cuando ya la tenía terminada. He de añadir que no me cobró nada, por lo que habré de invitarlo a comer o al menos a unas cañas. Ya ven que me está saliendo todo a precio de ganga. Y queda lo del móvil. También lo tengo reparado. Pero esto da pie a un pequeño relato, muy en la línea del blog y demostrativo de ese pequeño pronto que tengo a veces.

Es un pronto que no puedo evitar, cuando pienso que alguien me está chuleando con disimulo, pero que se desvanece en cuanto la situación se aclara. Es una ira instantánea y evanescente. Les recuerdo una historia a título de ejemplo. Cuando llegué a San Diego en mi viaje más bloguero, me subí a un taxi conducido por un negro que era un auténtico borrico y dio pie a un post que se llamó precisamente así: un auténtico borrico. Por si quieren repasarlo, se trata del Post #747. Si no les apetece leerlo, les resumo la parte más interesante. El taxista se porta conmigo como un mastuerzo, aunque no era mala persona, pero me lleva finalmente a la puerta del hotel. Le pago lo que dice el taxímetro y me pregunta: ¿Qué hay de la propina? Le explico que no me ha gustado su servicio y por eso no le doy propina, pero puedo añadir un dólar más al pago. Me dice que es poco. Le anuncio que no le voy a dar más y, entonces, activa una palanca para abrir el maletero trasero y me dice que me baje yo solo las maletas.

Bajo el equipaje, lo coloco en la acera con parsimonia y le digo al tipo que baje la ventanilla. Entonces le espeto desde fuera que, si quiere cerrar el maletero, tendrá que bajarse y hacerlo él mismo, porque yo no tengo intención. Al tipo le entra la risa floja, a mí también y entonces añado: vale, tranqui, ya le cierro yo el maletero. Como ven, un pronto instantáneo y evanescente que acaba de forma amable. Pues algo parecido me sucedió, más o menos, en el servicio técnico de Huawei, al que acudí atravesando el Retiro por segunda vez, cuando me avisaron por Whatsapp de que ya tenían el cristal de repuesto. El local, muy iluminado y primorosamente decorado con fotos de paisajes, pretende mantener el orden de atención a los clientes con un expendedor de tickets a la entrada, en el que has de teclear el tipo de servicio que quieres (entrega, reparación, recogida de aparato reparado, etc.).

Yo escogí el botón adecuado y obtuve el número 74. Pero había mucha gente y, a pesar del sistema de tickets, en la tienda reinaba un cierto caos. Al fondo había dos mostradores, con mamparas de cristal anti-covid, atendidos por un chico y una chica muy jóvenes. Pero allí entraba gente después de mí a la que atendían antes, con o sin número, debido, imaginé, a que les habían mandado a dar una vuelta por una reparación rápida. Decidí calmarme, pasar de ese caos y entretenerme con las noticias que podía consultar en mi móvil roto. Como digo, siguieron atendiendo a gente que llegaba detrás de mí, pero yo estaba decidido a no darle importancia. En esas entró un chaval tirando a modernito de clase alta, flequillo empinado, ropa de marca y cargado con un montón de apuntes desordenados, que sujetaba con dificultad para que no se le cayeran al suelo. El tipo se sentó a mi lado y se puso a enredar con su móvil.

En un momento dado, el chico del mostrador de la izquierda se quedó libre y empezó a dar voces: El 73, quién tiene el 73. Era el número anterior al mío. Nadie se daba por enterado. Como en una intuición, pensé que a lo mejor mi vecino de asiento era el interpelado y no se enteraba porque estaba enfrascado en su móvil. Así que le dije: Oye, ¿no tendrás tú el 73? A mi pregunta respondió con un respingo y enseguida dijo atropelladamente: ¡Ah! Sí, sí, sí, yo tengo el 73. Y para reforzar su afirmación, añadió: ¡Claro! Y se dirigió al mostrador. Me pareció muy rara su actitud, le vi que ponía su montaña de apuntes a un lado y hacía ademán de hacer entrega de su móvil al empleado, con el que empezaba a hablar. Me puse de pie como un rayo y les interrumpí con cara de poca broma: Perdonad un momento, ¿estás seguro de que tienes el número 73? Sí, sí, ese es mi número. ¿Y dónde tienes el ticket?

El chaval empezó a tantearse los bolsillos de la camisa, el trasero del pantalón (en algún sitio lo debo de tener decía), luego rebuscó entre los apuntes, sacó la cartera y la abrió sin resultado. El empleado, mientras el otro hacía todo ese teatro, empezó a sacar de su funda el móvil que le acababan de entregar para ir adelantando, pero, con la misma cara de mala leche, le señalé con el dedo y dije: No empieces a trastear con ese móvil, porque si este caballero no encuentra su ticket, me vas a atender a mí primero que tengo el 74 (se lo mostré); si quieres luego lo atiendes a él. El chaval, muy colorado, seguía rebuscándose el ticket por todos lados, el empleado se quedó helado en mitad del gesto y la tensión se palpaba en toda la tienda, con los demás clientes pendientes del asunto como si un imán atrajera sus miradas.

En ese momento, la dependienta que atendía el mostrador de al lado, con voz dulce y como un poco asustada, terció para decir: Señor, yo ya estoy acabando, sólo me falta darle las vueltas a esta señora y les vamos a atender enseguida a ustedes dos, no hay por qué hacer un problema. Tenía razón. Respiré hondo y dije: Vale, está bien, atiéndele a él, que yo me voy al otro mostrador. La tensión se desactivó de forma instantánea. La chica me atendió, le dejé mi móvil y me dijo que necesitaba una hora para la reparación, que me fuera a dar una vuelta y que, al regreso, no tenía que coger ticket ni nada. Como ya me habían avisado que esa era la dinámica, llevaba mi ordenador colgado al hombro. Me fui al cercano Starbucks Coffee, me pedí un café y un croissant y terminé allí mi post que no sabía cómo titular y que finalmente se llamó What the fuck are we just talking about, una frase que saqué del estribillo de un rap que sonaba en el café a todo volumen.

Así que ya se lo saben todo. Ahora les agradecería que opinen sobre esta historieta, sobre mis prontos y cómo la ira instantánea se me evapora en un segundo. Yo creo que esto se debe a mi capacidad de salirme de mí mismo y mirar las situaciones como desde fuera. Cuando hago eso, a veces veo con toda claridad que el asunto se ha terminado, que no hay por qué seguir porfiando. Pero admito otras teorías. Por cierto, yo tengo la rutina de contestar a sus comentarios con un desfase de dos posts, por responder más en frío. Si no lo saben, a lo mejor se pierden algunos cruces de comentarios bastante sabrosos. Por ejemplo, les recomiendo que vuelvan al post sobre el zurullo primigenio. Los comentarios y réplicas del final yo creo que superan el contenido del propio post. Hala, ya no les pongo más deberes, que pasen ustedes un puente delicioso bajo la lluvia, vayan con Dios.