lunes, 23 de diciembre de 2019

895. Feliz Navidad para todos

En fechas tan señaladas… bueno, dejémonos de coñas, esto de la Navidad es un peñazo, para qué nos vamos a engañar, pero hay que pasarlo y, sin ninguna duda, se lleva mejor con un poquito de rock and roll. Chuck Berry lo entendió hace mucho, nada menos que en 1958. En las navidades de ese año, Chuck felicitó las pascuas a sus seguidores con una canción que tituló Run Run Rudolph. Corre, corre Rodolfo. La letra es tan aguda y cómica como todas las suyas: Rudolph es el reno más listo de la manada y por eso lo eligen para que lleve a Santa (Claus) a la ciudad. Y todos le meten prisa. Corre, corre Rudolph, que Santa tiene que llegar abajo enseguida. Tiene que bajar de la montaña y salir autopista abajo a toda pastilla. Porque hay un chico que le ha dicho: todo lo que quiero por Navidad es una guitarra eléctrica de Rock and Roll. Escúchenla de aperitivo, es muy cortita y les puede servir para practicar inglés si intentan entender la letra.


Estamos, pues, como cada año, en ese momento en que se acaba el mundo durante unos días. Pero, antes de que se acabe el mundo, hay que celebrar el cambio de año (y, esta vez, también de década) por todo lo alto. Prácticamente desde que cerramos el puente de la Constitución y la Inmaculada, que en Madrid incluyó el lunes día 9, no he parado de participar en celebraciones y despedidas de año, casi todas centradas en eventos gastronómico-alcohólico-festivos, así que ya debo de tener los triglicéridos por las nubes, con lo que me estaba cuidando yo. El día 10 empezó la serie con los vinos después de la sesión de cierre de curso de Billar de Letras, una reunión brillante e inspiradora, en torno al libro Prestigio, de la novelista británica nacida en Canadá Rachel Cusk, un auténtico portento, posiblemente el libro más innovador e inquietante de todos los que hemos analizado en el año, del que les hablaré en un post próximo que estoy preparando sobre la literatura femenina. De momento quédense con la imagen de esta señora.


El jueves 12 tuve una mañana llena de citas. A las 8.30, encuentro informativo interno de la Dirección General para repasar la marcha de los trabajos en curso. A las 9.15, reunión con el equipo de producción para empezar a preparar el Meet Up de Reiventing Cities 2, que habrá que organizar a final de febrero y es un sarao que no se prepara en dos días. A las 11.15, tenía un desayuno con el grupo de compañeros jubilados con el que me reúno más o menos una vez por semana en un bar de la zona, grupo al que recientemente se ha incorporado mi amiga del alma África, mi soul sister a la que echo de menos todos los días en la ofi. En suma: otra reunión de cierre de año y otro aporte calórico inhabitual. A las 13.00, acompañé a mi jefa y a Kordineitor a presentar los trabajos que preparamos para los próximos años ante el Foro de Empresas por Madrid, en un acto que tuvo lugar en Cibeles. Por último, a las 15.00 tenía una comida en el Jai Alai, con mi amigo X y la querida cúpula de la extinta Oficina Municipal del Plan, con quienes me sigo viendo desde que se cerró en 1997, hace ya más de 20 años.

A pesar de una mañana tan nutrida de eventos, tras una breve siesta, me concentré en cumplir con ustedes y escribir un post llamado Recovering Myself VII, que no me dio tiempo a terminar en plazo, por lo que ya tuve que colgarlo el viernes 13 de madrugada. El citado viernes 13, los compañeros de la Dirección General nos fuimos a cenar a Lavapiés, una iniciativa que no habíamos hecho nunca desde que se creó la Dirección, pero que logró un éxito notable (nos reunimos 19 personas), indicativo de que cada vez somos un grupo más cohesionado y no sólo en torno al trabajo. Después de esta cena de empresa, decidimos irnos a bailar y, tras ver que la cola para entrar en Medias Puri en Tirso de Molina era de unas dos horas, acabamos en el Sunset, un antro de la calle Huertas donde se pincha música de los 70 (Bee Gees, Gloria Gaynor y similares), cuyos vídeos se proyectan en una pantalla grande para que el personal se inspire a la hora de imitar a Travolta y otros. No me resisto a subir una foto en el restaurante, cuando todavía no estábamos muy borrachos. Me rodean en la imagen tres compañeras, ejemplo del canon de juventud, belleza y alegría que distingue a nuestra Dirección General.


Nos acostamos como a las 3 de la mañana, pero el sábado 14 seguía el lío: a las 12 del mediodía tenía que estar en el Medialab, que ese día celebraba el cierre de curso en medio de la incertidumbre de saber si el nuevo Gobierno municipal les permitirá mantener la línea de estos últimos años o no. La celebración se titulaba genéricamente Un año en un día y daba un repaso a todas las actividades desarrolladas en el lugar a lo largo de 2018. Aprovechamos la ocasión para reunirnos los del grupo de Madrid Escucha que habíamos trabajado en la creación de un prototipo de parking de residentes en altura, como se contó puntualmente en el blog. Para presentar el proyecto contábamos sólo con 5 minutos, dentro del acto global, que duraba mañana y tarde. Nos fuimos a las 14.00 para tomar algo juntos, en un bar cercano a donde yo les llevé, confiado en que les gustarían las empanadas artesanales de estilo argentino que despachan en el lugar. Aquí una foto del grupo, en donde pueden ver a mi amigo César Fernández, el de Arriba las Ramas. El resto son mujeres y guapas, para variar: las mujeres y los jóvenes dominan el mundo y yo estoy con ellos a muerte.


En fin, no les voy a cansar con el detalle de lo que he hecho en la última semana lectiva. Sólo les diré que en la oficina estamos tan eufóricos de que no nos hayan disuelto, como anunciaban los primeros rumores después del batacazo electoral, que, no contentos con organizar una cena de empresa, tuvimos además una copa de Navidad en el trabajo el miércoles a mediodía y un desayuno con roscón y chocolate el viernes a primera hora. Además de eso el lunes por la tarde tuve una call con Londres, en concreto con mi amiga Melina, del GRI Club, para empezar a definir mi participación en el congreso que el grupo hará en abril. Tras la call me fui de vinos con mi amigo suizo Werner, en una noche que empezamos en La Venencia y acabamos en un antro de gin-tonics de garrafón adonde me llevó mi colega, rememorando los tiempos heroicos. Y la tarde del martes y la mañana del miércoles las dedicamos enteras mi jefa, mi compañera M. y yo a otra interminable doble jornada de EUROPAN en la que se proclamaron los proyectos ganadores de todas las ciudades españolas, elegidos en Innsbruck, se lanzó el siguiente EUROPAN, que es bienal, y tuvimos una primera reunión con los ganadores de la parcela de Madrid, que son un equipo de Barcelona.

Como saben, toda esa actividad, no me ha impedido publicar dos posts sobre tema climático, el segundo de ellos escrito el viernes por la tarde, lo que aún me dejó tiempo de ver en la tele el partido Dépor-Tenerife, finalizado con la primera victoria de mi equipo desde el mes de agosto, récord negativo de todas las ligas europeas este año. Al mediodía de ese viernes me había despedido de los compañeros hasta mi vuelta el 8 de enero. Por la tarde llegó mi hijo Kike, en un vuelo desde Bucarest a donde lo había mandado su compañía parisina, y el sábado vino también mi otro hijo Lucas directamente desde Lille. En estos días de vacaciones que tengo, mi plan es descansar, disfrutar de mis hijos, procurar beber menos, entrenar un poco, cuidar el blog, terminar la lectura de Los Errantes, de Olga Tokarczuk, que me tiene fascinado, y pasar como pueda las celebraciones familiares ineludibles.

Les recuerdo que, como una pequeña llama de esperanza, los días han empezado a crecer ya desde este sábado. En realidad, las tardes empiezan a estirar desde el 13 de diciembre, Santa Lucía, pero ese aumento no compensa lo que se pierde por las mañanas, hasta que llega el día del solsticio, en el que la relación se invierte, como ya les he explicado otros años. Este desfase, debido a la inclinación del eje de la tierra sobre el plano de la eclíptica, tiene un reflejo antiguo en el refranero gallego: Santa Lucía, mengua a noite e crece o día. Estas cosas se entienden muy bien estudiando la astronomía clásica, anterior a Ptolomeo, que consideraba la Tierra como centro de un universo plano y pensaba que era el sol el que se movía alrededor. Yo tuve un profesor de Matemáticas (don Gumersindo) que me dio algunas clases al respecto (eran voluntarias, no formaban parte del programa lectivo) que me fueron muy útiles a la hora de estudiar la mejor orientación de los edificios para aprovechar la energía solar.

Hemos empezado este post con rock y vamos a terminarlo con otro tema navideño 40 años posterior. Mi adorada Sheryl Crow demuestra aquí su vena más soul, acompañada a la guitarra por su amigo el gran Eric Clapton. Ambos se han peinado, arreglado y vestido de gala para la ocasión, lo que, en el caso de Clapton, se traduce en lucir una corbata que parece fabricada con los restos de una de esas cortinas opacas que ponen en los hoteles por encima de los visillos para que la luz matinal no moleste a los durmientes rezagados. Teniendo en cuenta que Clapton nació en 1945, bien pudiera ser ese niño que le pidió a Santa Claus una guitarra eléctrica de rock and roll en el tema de Chuck Berry. Pocos contemporáneos suyos le habrán sacado tanto partido a su juguete como este hombre, de carrera eterna. La grabación es de las navidades de 1998. Con 21 años menos, Sheryl estaba tan guapa como mis compañeras de las fotos de arriba. La juventud es lo que tiene. Pongan la pantalla completa y disfruten de la música. Me uno a su mensaje: Merry Christmas, babies (and dear followers).


viernes, 20 de diciembre de 2019

894. Más sobre el clima y la reforestación

Héteme aquí disfrutando de la continuidad de este tiempo gallego que tanto me gusta. Por estos pagos, los manchegos y similares se quejan todo el rato de la lluvia (como si esto fuera el diluvio) y también del viento. ¡Joder! Me gustaría a mí verlos por el paseo marítimo de La Coruña, en esas tardes en que el mar sube la arena de la playa a la vía de circunvalación con olas de cinco metros y, cuando se retira, se ha llevado toda la barandilla y media playa. Mi padre era un gran caminante urbano y gustaba darse un largo paseo matutino después de desayunar y antes de abrir su consulta médica. En los últimos años solía irse hasta la punta del espigón, lo que motivó que más de una vez lo trajera a casa la Guardia Civil, porque lo habían pillado en medio de una situación climatológica ciertamente peligrosa. Yo que no soy tan valiente, he de decir sin embargo que no uso jamás paraguas, que me basta con la capucha de mi chamarra de Desigual con la que me paseo por todos los barrios de Madrid. Vean aquí lo guapo que estaba ayer saliendo de la estación de Atocha.



O sea, que esto del clima condiciona nuestras vidas a todos los niveles. Mi último post ha causado sensaciones encontradas. Por un lado, algunos empezaron a leer, vieron que defendía a muerte a Greta Thunberg y se relamieron de placer esperando un alegato incondicional a favor de las teorías dominantes sobre la emergencia climática, los relatos de terror sobre lo que nos espera, etc., para encontrarse luego en el texto con algunos argumentos a favor de atribuir el calentamiento de la Tierra a otros factores. Bien, siento decepcionar a la gente, pero yo no soy ningún fanático. Lo que intento es estimular el acercamiento científico a los temas. Si alguien aborda un asunto informándose debidamente y no dejándose llevar por impresiones superficiales y apresuradas, posiblemente llegue a conclusiones interesantes, sobre las que formarse una opinión. Luego, uno puede tener una opinión o la contraria, yo no estoy en posesión de la verdad (si lo estuviera, sería el Papa) y lo que quiero es generar debate.

En segundo lugar, a algunos les ha sorprendido la virulencia del arranque del post, por la que no puedo menos que pedir públicamente disculpas. Retiro mi maldición y desde luego que no quiero que nadie tenga un hijo con Asperger, es algo que no le desearía ni a mi peor enemigo. Ese exabrupto tiene un origen y quiero explicárselo. En los días de la Cumbre del Clima, yo seguí comiendo en el restaurante casero al que voy con más frecuencia, hasta el punto que ya son amigos míos. Es un lugar donde come y bebe un público de oficinistas y currantes del entorno y no se vio especialmente concurrido con motivo de la Conferencia, porque, como ya les he contado, los de la Zona Azul disfrutaban del menú de Can Roca, y los de la Zona Verde eran más bien activistas, veganos y similares, y este personal suele llevar tupers con crudités, en vez de comerse un buen cocido, como el que preparan en el bar, entre otros platos riquísimos.

En ese contexto, llegué yo un día al lugar, vi una mesa libre y me dispuse a sentarme. Entonces vino una de las chicas que sirven y me dijo muy seria: –No, no, no, que esta mesa está reservada. –¿Y eso? –Es que la tenemos reservada para la Greta. En ese momento todo el mundo estalló en carcajadas. Era la broma que estaban gastando a los clientes que llegaban despistados, una especie de inocentada. Me parece bien, estos del restaurante son unos tíos cojonudos y yo los sigo queriendo. Lo que pasa es que continuaron con la coña, siguió entrando gente a la que le daban el mismo chasco y cada vez la clientela estaba más pedo y más lanzada, con lo que empezaron a menudear los insultos a Greta a voz en grito, por parte de una serie de energúmenos, que parecían retarse entre ellos a ver quién decía la barbaridad más grande, que se iban envalentonando cada vez más y que saludaban las sucesivas invectivas dándose golpes con la mano abierta en el muslo, para no mearse de la risa.

En definitiva, tipos con un nivel cultural, moral y personal ínfimo dedicándose a insultar a una niña que pesa apenas 35 kilos y que está luchando también por ellos, esté o no equivocada. Los insultos eran además soeces, machistas, ventajistas y crueles, con una persona que ni siquiera estaba presente. La típica chulería barata y alcohólica de unos sujetos que no suelen ser tan valientes cuando se trata de enfrentarse a la cara con enemigos de su talla. Total que casi me sienta mal el cocido, me fui a casa cabreado y, cuando me puse a escribir, me salió del alma el párrafo de marras, inhabitual en mí, que no suelo atacar de manera tan directa. Lo que vino detrás eran una serie de historias y apreciaciones sobre el cambio climático que ya he desarrollado en otros textos del blog. Escribí un texto muy largo, que tuve que recortar para que entrara en el formato, así que hoy estoy elaborando otro con los flecos pendientes. Es decir, que les estoy calzando un post de recuelo, por lo que les pido también disculpas.

Por ejemplo, les dije que el calor medieval (superior al que tenemos ahora mismo, por eso estaba verde Groenlandia), trajo un bienestar generalizado en Europa, floreció la agricultura y la ganadería, aparecieron las ciudades-estado italianas y las hansas del norte, interesantes ejemplos ambos de organización predemocrática, y todo esto se relaciona también con la aparición del Renacimiento. Bien, pues cuando llegó la peste en sus diferentes versiones, todo eso se fue a la mierda. La gente se moría, había mucho miedo, las cosechas se perdían, todo salía mal. ¿Y cuál fue la reacción de la sociedad a este desastre global? Pues una muy propia de una colectividad bárbara e inculta como era aquella: echarle la culpa a las mujeres, en especial, a las que se salían un poco del papel pasivo y maternal que se les asignaba. Ese es el origen de la Inquisición y la quema de brujas en hogueras por toda Europa. Bastaba una denuncia anónima de alguien que te tuviera manía, para que te achicharraran vivo en la plaza del pueblo. A ver. No estoy diciendo que toda la historia de la Humanidad esté condicionada y determinada por el clima. Fenómenos como el Renacimiento o la Inquisición son el resultado de una suma compleja de factores. Lo que digo es que el ambiente más o menos cálido o gélido fue uno más de esos factores y no el menos decisivo. 

Otro tema a matizar. En mi texto afirmo con rotundidad que la Tierra es indestructible. Debería decir indestructible por el hombre. Pero si llega un asteroide de tamaño suficiente, claro que se la puede cargar. Es como cuando antes se vendían relojes y otros objetos con la vitola de irrompibles. Les aseguro que, si usted coge un reloj irrompible, lo pone en el suelo y lo taconea repetidamente con saña, se queda hecho una lástima. Pero aun en el caso del asteroide gigante potencial, podríamos defendernos. Porque los sistemas de observación y modelización espacial nos permitirían predecir su trayectoria. Y podríamos enviar a Bruce Willis en una nave kamikaze cargada de bombas nucleares, a que se estrellara contra la amenazadora roca. Y, en caso de que fallara, aun nos quedaría Sylvester Stallone. ¿Cómo? ¿Que no han visto la película? Ese es problema de ustedes, no mío. Sabemos que la Tierra se defiende del ser humano con distintas estrategias. Y aquí les traigo un par de imágenes. Un derrumbe de barro en Brasil que inutiliza completamente una carretera y la imagen desde el aire de la última erupción del Stromboli, en medio del Mar Tirreno.



Vamos con el tema de la reforestación de la Tierra, como forma de atacar el problema climático desde el otro lado, como proponen los de Arriba las Ramas, a la vista de que el cambio de conductas de la gente, si acaso llega a producirse, no empezará a producir efectos visibles en el planeta hasta medio plazo. Esto no es algo nuevo. Y esta tendencia tiene una figura emblemática. Se llama Wangari Maathai, una portentosa mujer keniana que fue nada menos que la primera mujer africana distinguida con el Premio Nobel de la Paz (2004). Hablo de ella en pasado porque falleció en 2011 a los 70 años. Antes de ese galardón, había sido también la primera mujer de África del Este en obtener un doctorado (en la universidad de Atchinson-Kansas), y también la primera profesora de Anatomía Veterinaria y luego la primera Decana de la Universidad de Nairobi. En 1976 fundó el Movimiento Cinturón Verde, Green Belt Movement, que sigue funcionando y que ha plantado en África nada menos que 14 millones de árboles desde entonces. Es un movimiento dirigido y gestionado por mujeres, aunque no desdeñan la ayuda masculina. El lema con el que arrancaron es no podemos quedarnos sentadas a ver cómo nuestros hijos se mueren de hambre. Por esa formidable iniciativa le dieron el Nobel. Luego se dedicó a la política, fue elegida miembro del Parlamento de Nairobi y hasta llegó a presentarse a presidenta, al frente de una coalición verde, logro que no llegó a conseguir porque se murió. 


Hermosa imagen la de esta mujer extraordinaria, un icono del movimiento por la plantación masiva de arbolado. En Madrid, otra mujer muy guapa, Begoña Villacís, encabeza el proyecto que se ha dado en denominar El Bosque Metropolitano, que bebe de esta tendencia. Su grupo, Ciudadanos, ha aprendido que, si no quiere desaparecer, tiene que diferenciar su discurso del recetario rancio y pedorro del PP. Ojo con el grupo que encabeza esta señora, que esta misma mañana ha votado en el Pleno con la izquierda, a favor de mantener Madrid Central sin variaciones en su régimen de accesos, para cabreo supino de Borja Carburante y sus colegas, que querían abrir el acceso a los vehículos con distintivo C. El Bosque Metropolitano es uno de los proyectos en los que se ha involucrado la Dirección General a la que pertenezco y también una de las razones de que yo haya decidido seguir en el curre un año más. 

Ya les hablaré más en detalle de este tema. Por hoy basta con que les dé unas informaciones más. A nivel mundial, el porcentaje de habitantes que viven en ciudades es ahora mismo del 55%, dato que supongo conocen (se dice también que en 2050 esa proporción será de 2/3). Pero lo que tal vez ignoren es que en la vieja Europa, el porcentaje de población urbana es ya del 74% y en España sube hasta el 79%. Datos de 2019 del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU. Así que hay que renaturalizar las ciudades e introducir el factor verde en el medio urbano. Para evitar que se generalicen algunas patologías de la población urbana, que ya empiezan a aparecer y no me refiero sólo a las respiratorias. La población humana nació en un entorno natural y la adaptación al medio urbano conlleva algunas disfunciones, como la llamada solastalgia, el trastorno de déficit de naturaleza, e incluso la llamada ecoansiedad, forma de depresión derivada del bombardeo que sufrimos de noticias catastrofistas relacionadas con el clima. Como más de uno ya estará pensando que les estoy tomando el pelo, pueden leer algo al respecto pinchando AQUÍ.

Frente a eso, existen técnicas contrastadas, como la japonesa shinrin-yoku (baño de bosque), que es lo que se pueden imaginar: sumergirse en la naturaleza, no tener prisa y hacer una especie de yoga verde. En Madrid hay centros de shinrin-yoku, técnica sobre la que pueden leer ACÁ, por cierto, un enlace sacado de la página del Marca. El shinrin-yoku se puede combinar con el hygge danés, otra receta de la felicidad, sobre la que pueden informarse ACULLÁ. Todas estas cosas las averigüé yo en una jornada de happytología en la que participé como ponente hace como año y medio y que tuvo su correspondiente reseña en el blog, pero no se preocupen: es normal que se les haya olvidado.

Bueno, la de cosas que aprenden ustedes en este blog. Me queda contarles los otros cánticos que proferían los activistas chilenos, además del relativo a los pacos culiaos. El más repetido y generalizado era Piñera, devuélvenos los ojos, grito que hace referencia a los más de 300 tuertos causados por los perdigones que disparan los pacos. Los chilenos que marchaban por la Castellana el 6 de diciembre habían viajado miles de kilómetros, pero estaban felices de poder manifestarse y tocar sus zampoñas y charangos sin que nadie les disparase. Y otro canto, a ritmo de habanera:

                                                         Piiiñeeeeeeera
                                                         La concha’e tu madre
                                                         Asesiiiiino
                                                         Igual que Pinochet (tararán tan-tan)

En fin, ya saben que me he definido últimamente como ecologista, feminista, errejonudo y colaborativo. Estuve tentado hasta de cambiar mi perfil de blogger, pero no lo he hecho porque uno nunca sabe si estas cosas son pasajeras. Después de estos dos posts, creo que mi primera caracterización ha quedado clara y meridiana. Ya iremos con las otras tres. En los albores de una nueva década, creo que está claro que las generaciones emergentes vienen con dos revoluciones bajo el brazo, la climática y la feminista, que son ya imparables. Y yo estoy encantado con ambas. Un tipo que se pasea por ahí con una chamarra de Desigual como la que yo llevo, tiene que estar siempre en la onda. Terminaré con un lema. Está sacado de un texto de Eduardo Galeano. La frase es tan potente, que el colectivo artístico Boa Mistura decoró con ella una pared de Lavapiés. Se la dejo de despedida. Pórtense bien. Aún tengo margen de un último post para felicitarles las pascuas.






martes, 17 de diciembre de 2019

893. Climática

Digamos que es un palabro que me acabo de inventar, que significa filípica, pero relacionada con el clima. O sea que le voy a regañar a más de uno y, al que le pique, evidenciará que ajos come. Así que, para dejar claras las cosas voy a empezar por lanzar tres hurras por Greta Thunberg, como estos: ¡¡¡HIP-HIP-HIP!!! ¡¡¡HURRA!!!  ¡¡¡HIP-HIP-HIP!!! ¡¡¡HURRA!!! ¡¡¡HIP-HIP-HIP!!! ¡¡¡HURRA!!! Y a todos los que estos días han hecho chistes groseros, han escrito o leído burdas mentiras (y se las han creído), o han delirado a cuenta de lo que se ha gastado en gasoil en su travesía en velero por el Atlántico, les deseo con todas mis fuerzas que el próximo hijo, sobrino o nieto que nazca en su familia venga con síndrome de Asperger. Ahí queda dicho. Después hablaremos de Greta, porque primero vamos a volver a contar (¡otra vez!) en qué consiste esto del cambio climático. Porque se empieza por negar el calentamiento global y se acaba votando a Vox. O viceversa.

Vamos a ver. Que el clima está cambiando lo sabe todo el mundo. Hace mucho más calor ahora que hace 20 o 30 años. Eso es algo que no hace falta explicar más. Los llamados negacionistas, como Trump, lo que dicen es que ese calentamiento no se debe a la acción humana, sino que es consecuencia de un fenómeno pendular que cada tanto calienta o enfría el planeta alternativamente. Es una explicación a considerar. Después de las últimas grandes glaciaciones hay testimonios de que se produjeron enfriamientos y calentamientos sucesivos, de forma cíclica, y es muy posible que ahora estemos iniciando uno de esos períodos de recalentamiento. Pero lo que no sirve de nada es negarlo. Es como si el pollo de la foto de abajo proclama a voces que él no tiene un flemón de caballo. Aunque, tal como tiene la boca, es posible que no se entendiese nada de lo que dijera.


Volvamos a la historia. Recientemente se ha publicado un trabajo de investigación que ha revelado que, ya antes del pepinazo del asteroide sobre el Yucatán, se produjo una sobrecarga de CO2 en la atmósfera, probablemente debida a una actividad volcánica desacostumbrada. El CO2 no es un gas tóxico para el ser humano (dicho esto con la debida cautela). Hace falta una concentración muy alta para matar a una persona. Si usted se mete en un garaje, enciende el motor de su coche y sella todas las rendijas, se acabará muriendo pero, en cuanto haya algún escape para el gas, lo va a tener usted muy difícil para suicidarse. Y, en tal caso, la muerte se produce por asfixia, es decir, por falta de oxígeno, no porque el CO2 sea venenoso. Ustedes, como yo, están hartos de respirar CO2 por la calle o, por ejemplo, cuando entran en un garaje del que acaba de salir un vehículo. Y no pasa nada. El problema de los coches en la ciudad son los demás contaminantes que emiten los motores, el CO y, especialmente, el NO2 y las partículas en suspensión, como ya expliqué en su día en el  Post #660, que pueden repasar si quieren un mayor grado de detalle en lo que les estoy tratando de explicar.

El CO2 se extiende por la atmósfera libremente, por erupciones volcánicas, industrias o cualquier otra fuente y, poco a poco, lo van absorbiendo las plantas y los árboles, que lo necesitan para hacer su fotosíntesis. El problema es que, si en la atmósfera hay más CO2 del que pueden procesar las plantas del planeta, el excedente se va a los océanos y eso genera una acidificación muy perniciosa para los diferentes animales marinos. Y, por supuesto, para los amantes como yo del marisco. Si seguimos largando cada vez más CO2 a la atmósfera, nos vamos a quedar sin calamares, ni gambas ni percebes. Los bivalvos son más resistentes y lo que hacen es incrementar el grosor de su concha. Eso es lo que han constatado los investigadores de los que les he hablado al principio: que en los restos de almejas y similares datados antes del pepinazo, ya se evidencia un grosor anormal, que delata una acidificación del agua del mar, producida por un exceso de CO2 en la atmósfera, obviamente generado por causas ajenas al hombre.

Sin necesidad de irse tan atrás, hay huellas ciertas de ese fenómeno cíclico calentamiento-enfriamiento, bastante cercanas. Es lo que se conoce como el Óptimo Climático Medieval (700-1350) y su continuación, la Pequeña Edad del Hielo (1350-1850). El primero de ellos produjo unas temperaturas muy agradables en toda Europa y América del Norte, lo que puede relacionarse con el auge de la agricultura y la ganadería y una cierta prosperidad de los humanos. De esa época es la llegada de los vikingos a una tierra que bautizaron como Groenlandia (tierra verde) porque estaba de ese color y no blanca como se puso después. Si sigue el calentamiento actual, tal vez Groenlandia recupere un color acorde con su nombre.

Ese calor está también relacionado con el surgimiento de las ciudades-estado en Italia, o las de la Liga Hanseática en el norte de Europa, así como el inicio del Renacimiento. Pero todo este florecimiento propiciado por el clima benigno se acaba cuando llegan las ratas (atraídas por el calor) y difunden la peste. La población se ve diezmada, se abandonan los cultivos y se producen incendios y tal vez también erupciones volcánicas. Ese conjunto de desgracias alumbra la Pequeña Edad del Hielo, que se extiende hasta mediados del siglo XIX. Y las temperaturas no empiezan a templarse de verdad hasta bien entrado el Siglo XX. Hace dos días. Algunos investigadores dicen ahora que no está acreditado que eso sucediera también en el hemisferio sur (pueden leerlo AQUÍ). Pero a mí eso me la bufa, yo creo que fue un fenómeno global. Y, por cierto, la mejor información sobre este asunto tan poco conocido la pueden encontrar, cómo no, en mi blog, más en concreto en el Post #270. Hace cinco años y medio ya le explicaba yo esto a mis lectores. ¡A ver qué se han creído!

Así que no es ninguna tontería pensar que estamos en medio de un fenómeno de este tipo. Lo que pasa es que ahora tenemos unos instrumentos de medición muy precisos, que nos permiten elaborar series históricas. Y los datos de estas series evidencian una subida continua del CO2 en la atmósfera, resultado de la proliferación de industrias, los pedos de las vacas y la deforestación galopante, y otra serie correlativa: la que demuestra que el ph de los océanos se está acidificando al mismo ritmo. Sinceramente, yo creo que el cambio climático que estamos sufriendo, es el resultado de ambos factores: calentamiento cíclico y actividad humana. Y comprendo que se hagan campañas de concienciación entre la gente, para ver si nos volvemos un poco más cuidadosos en nuestros hábitos y logramos suavizar las consecuencias de este calentamiento que nos aflige. No sólo utilizando menos el coche, sino usando menos envoltorios de plástico de usar y tirar, por ejemplo. O gastando menos agua. O comiendo menos carne.

Otra gilipollez que se dice por ahí es eso de que el ser humano se está cargando el planeta. El planeta Tierra es indestructible y tiene buena salud. Lo que pasa es que, si se le agrede, se defiende y monta huracanes, terremotos y similares. Lo que sí es posible es que esos estornudos y toses de la Tierra comprometan seriamente el futuro de la Humanidad, o al menos el de algunas zonas, como las afectadas por las sequías, por ejemplo. Pero yo creo que el hombre se adaptará a lo que venga, como ha hecho ya en otras ocasiones similares. He asistido a un par de charlas en el entorno de la Cumbre del Clima COP25, que se celebraba al lado de mi curre. Sólo tenía que cruzar la calle. Me interesó especialmente una que daba mi amigo César Fernández, miembro de la ONG Arriba las Ramas, que se dedican a plantar árboles por todas partes. Por supuesto, no desdeñan todas las campañas y medidas que se están organizando para que se contamine menos, pero dicen que la sociedad occidental es muy reacia a cambiar de hábitos y que, para cuando se empiecen a notar esas medidas, ya será demasiado tarde. Por eso proponen plantar muchos árboles, bosques enteros, para que haya más sumideros para ese CO2 que vamos a seguir produciendo. En suma, es atacar el problema desde el otro lado. Una idea estupenda.

Y vamos con Greta. Estuve, cómo no, en la manifestación por el clima que se celebró en Madrid el día 6 de diciembre por la tarde. Pasé un buen rato en la zona de los activistas chilenos que gritaban repetidamente –El que no salte es paco, proclama colectiva a la que ponía contrapunto sonoro a contrarritmo y en falsete, un tipo con poncho que añadía: CULIAO En algún momento me pareció que iban demasiado despacio, así que me salí por un lateral y caminé más vivo. Superé la cabecera de la mani y pillé un sitio preferente frente al escenario en el que unos mimos ejecutaban una performance bastante sosa. En el móvil acababa de leer que Greta Thunberg abandonaba la manifestación por motivos de seguridad. Pero yo sabía que iba a hacer lo mismo que yo: adelantar por fuera para decir algo desde el escenario. Alguien tan cabezota como ella no iba a abandonar por tan poco. No me defraudó: apareció puntual y pronunció un breve parlamento, apenas a diez metros de mí.

Es una niña muy menudita, no sé cuanto pesará, le calculo unos 35 kilos. Hace ademanes de persona mayor y tiene una voz sorprendentemente potente y nítida. Habla muy bien. Con la pinta que tiene podría esperarse que tuviera una voz de ratita presumida: por ejemplo, Rosa Montero tiene una voz ratonil, coherente con su cara. Greta no. Es una oradora potente y convincente metida en un cuerpo de niña enclenque. Greta es una Asperger de libro y, antes de meterse con ella y hacerle burlas soeces, deberían saber sus críticos lo que es el síndrome de Asperger: una alteración de la personalidad, del espectro del autismo, que se tiene de nacimiento y, atención, de causa desconocida. No se sabe nada de su origen, a pesar de que fue descrito con precisión por el tal Asperger, un médico austriaco. Los que lo sufren, pueden ser listos o tontos, buenas o malas personas, que eso no tiene nada que ver. Y pueden padecer un mayor o menor grado del síndrome.

Los asperger carecen de habilidades sociales. No saben lo que es el miedo, carecen de sentido del humor y de sentido del ridículo, son obstinados, de pensamiento inflexible, no dan nunca un tema por perdido y suelen focalizarse en alguna disciplina o materia de forma obsesiva y excluyente. Los más graves lo pasan mal en el colegio, es frecuente que no soporten que nadie les toque. Algunos articulistas sostienen que Lionel Messi sufre una versión suave del Asperger, lo que explicaría su forma ensimismada de regatear a todos los contrarios que tratan de cerrarle el paso y la seriedad y parquedad de sus celebraciones cuando marca gol. También escribí un post al respecto, pero ya no quiero ponerles más deberes. Por suerte o por desgracia, he conocido de cerca niños con Asperger, hijos de algún conocido y les juro que es un problemón. Y, por lo que yo sé, Greta se está comportando como un Asperger prototípico. 

Si quieren saber algo sobre este tipo de personalidades, les recomiendo que vean la excelente serie de trama policial Bron (El puente). Es una serie sueco-danesa, en torno a una sucesión de crímenes que suceden entre ambos países. La policía que dirige las pesquisas desde el lado sueco se llama Saga Norén, es una Asperger de libro también y uno de los personajes más fascinantes del mundo de las series de TV. Un personaje implacable, capaz de resolver los casos más difíciles, porque es muy lista. Yo creo que Greta también lo es, a pesar de su juventud. Si no sufriera el síndrome de Asperger, me preocuparía su futuro y su capacidad de gestionar la fama súbita que se le ha venido encima. Con su forma de ser, no hay por qué temer que la situación se la coma. Estas personas son inasequibles al desaliento. Les dejo la grabación del breve speech que dio en la cumbre del clima (por cierto, fallida). Aquí pueden ver qué buena oradora es. Para la gente joven es una referencia. Y también para mí, que ya saben que me entiendo mucho mejor con las mujeres y los jóvenes, que con los viejos y los machos que hablan de fútbol en los bares. Sean buenos. Y, al que no le guste mi blog, que deje de entrar.