viernes, 20 de diciembre de 2019

894. Más sobre el clima y la reforestación

Héteme aquí disfrutando de la continuidad de este tiempo gallego que tanto me gusta. Por estos pagos, los manchegos y similares se quejan todo el rato de la lluvia (como si esto fuera el diluvio) y también del viento. ¡Joder! Me gustaría a mí verlos por el paseo marítimo de La Coruña, en esas tardes en que el mar sube la arena de la playa a la vía de circunvalación con olas de cinco metros y, cuando se retira, se ha llevado toda la barandilla y media playa. Mi padre era un gran caminante urbano y gustaba darse un largo paseo matutino después de desayunar y antes de abrir su consulta médica. En los últimos años solía irse hasta la punta del espigón, lo que motivó que más de una vez lo trajera a casa la Guardia Civil, porque lo habían pillado en medio de una situación climatológica ciertamente peligrosa. Yo que no soy tan valiente, he de decir sin embargo que no uso jamás paraguas, que me basta con la capucha de mi chamarra de Desigual con la que me paseo por todos los barrios de Madrid. Vean aquí lo guapo que estaba ayer saliendo de la estación de Atocha.



O sea, que esto del clima condiciona nuestras vidas a todos los niveles. Mi último post ha causado sensaciones encontradas. Por un lado, algunos empezaron a leer, vieron que defendía a muerte a Greta Thunberg y se relamieron de placer esperando un alegato incondicional a favor de las teorías dominantes sobre la emergencia climática, los relatos de terror sobre lo que nos espera, etc., para encontrarse luego en el texto con algunos argumentos a favor de atribuir el calentamiento de la Tierra a otros factores. Bien, siento decepcionar a la gente, pero yo no soy ningún fanático. Lo que intento es estimular el acercamiento científico a los temas. Si alguien aborda un asunto informándose debidamente y no dejándose llevar por impresiones superficiales y apresuradas, posiblemente llegue a conclusiones interesantes, sobre las que formarse una opinión. Luego, uno puede tener una opinión o la contraria, yo no estoy en posesión de la verdad (si lo estuviera, sería el Papa) y lo que quiero es generar debate.

En segundo lugar, a algunos les ha sorprendido la virulencia del arranque del post, por la que no puedo menos que pedir públicamente disculpas. Retiro mi maldición y desde luego que no quiero que nadie tenga un hijo con Asperger, es algo que no le desearía ni a mi peor enemigo. Ese exabrupto tiene un origen y quiero explicárselo. En los días de la Cumbre del Clima, yo seguí comiendo en el restaurante casero al que voy con más frecuencia, hasta el punto que ya son amigos míos. Es un lugar donde come y bebe un público de oficinistas y currantes del entorno y no se vio especialmente concurrido con motivo de la Conferencia, porque, como ya les he contado, los de la Zona Azul disfrutaban del menú de Can Roca, y los de la Zona Verde eran más bien activistas, veganos y similares, y este personal suele llevar tupers con crudités, en vez de comerse un buen cocido, como el que preparan en el bar, entre otros platos riquísimos.

En ese contexto, llegué yo un día al lugar, vi una mesa libre y me dispuse a sentarme. Entonces vino una de las chicas que sirven y me dijo muy seria: –No, no, no, que esta mesa está reservada. –¿Y eso? –Es que la tenemos reservada para la Greta. En ese momento todo el mundo estalló en carcajadas. Era la broma que estaban gastando a los clientes que llegaban despistados, una especie de inocentada. Me parece bien, estos del restaurante son unos tíos cojonudos y yo los sigo queriendo. Lo que pasa es que continuaron con la coña, siguió entrando gente a la que le daban el mismo chasco y cada vez la clientela estaba más pedo y más lanzada, con lo que empezaron a menudear los insultos a Greta a voz en grito, por parte de una serie de energúmenos, que parecían retarse entre ellos a ver quién decía la barbaridad más grande, que se iban envalentonando cada vez más y que saludaban las sucesivas invectivas dándose golpes con la mano abierta en el muslo, para no mearse de la risa.

En definitiva, tipos con un nivel cultural, moral y personal ínfimo dedicándose a insultar a una niña que pesa apenas 35 kilos y que está luchando también por ellos, esté o no equivocada. Los insultos eran además soeces, machistas, ventajistas y crueles, con una persona que ni siquiera estaba presente. La típica chulería barata y alcohólica de unos sujetos que no suelen ser tan valientes cuando se trata de enfrentarse a la cara con enemigos de su talla. Total que casi me sienta mal el cocido, me fui a casa cabreado y, cuando me puse a escribir, me salió del alma el párrafo de marras, inhabitual en mí, que no suelo atacar de manera tan directa. Lo que vino detrás eran una serie de historias y apreciaciones sobre el cambio climático que ya he desarrollado en otros textos del blog. Escribí un texto muy largo, que tuve que recortar para que entrara en el formato, así que hoy estoy elaborando otro con los flecos pendientes. Es decir, que les estoy calzando un post de recuelo, por lo que les pido también disculpas.

Por ejemplo, les dije que el calor medieval (superior al que tenemos ahora mismo, por eso estaba verde Groenlandia), trajo un bienestar generalizado en Europa, floreció la agricultura y la ganadería, aparecieron las ciudades-estado italianas y las hansas del norte, interesantes ejemplos ambos de organización predemocrática, y todo esto se relaciona también con la aparición del Renacimiento. Bien, pues cuando llegó la peste en sus diferentes versiones, todo eso se fue a la mierda. La gente se moría, había mucho miedo, las cosechas se perdían, todo salía mal. ¿Y cuál fue la reacción de la sociedad a este desastre global? Pues una muy propia de una colectividad bárbara e inculta como era aquella: echarle la culpa a las mujeres, en especial, a las que se salían un poco del papel pasivo y maternal que se les asignaba. Ese es el origen de la Inquisición y la quema de brujas en hogueras por toda Europa. Bastaba una denuncia anónima de alguien que te tuviera manía, para que te achicharraran vivo en la plaza del pueblo. A ver. No estoy diciendo que toda la historia de la Humanidad esté condicionada y determinada por el clima. Fenómenos como el Renacimiento o la Inquisición son el resultado de una suma compleja de factores. Lo que digo es que el ambiente más o menos cálido o gélido fue uno más de esos factores y no el menos decisivo. 

Otro tema a matizar. En mi texto afirmo con rotundidad que la Tierra es indestructible. Debería decir indestructible por el hombre. Pero si llega un asteroide de tamaño suficiente, claro que se la puede cargar. Es como cuando antes se vendían relojes y otros objetos con la vitola de irrompibles. Les aseguro que, si usted coge un reloj irrompible, lo pone en el suelo y lo taconea repetidamente con saña, se queda hecho una lástima. Pero aun en el caso del asteroide gigante potencial, podríamos defendernos. Porque los sistemas de observación y modelización espacial nos permitirían predecir su trayectoria. Y podríamos enviar a Bruce Willis en una nave kamikaze cargada de bombas nucleares, a que se estrellara contra la amenazadora roca. Y, en caso de que fallara, aun nos quedaría Sylvester Stallone. ¿Cómo? ¿Que no han visto la película? Ese es problema de ustedes, no mío. Sabemos que la Tierra se defiende del ser humano con distintas estrategias. Y aquí les traigo un par de imágenes. Un derrumbe de barro en Brasil que inutiliza completamente una carretera y la imagen desde el aire de la última erupción del Stromboli, en medio del Mar Tirreno.



Vamos con el tema de la reforestación de la Tierra, como forma de atacar el problema climático desde el otro lado, como proponen los de Arriba las Ramas, a la vista de que el cambio de conductas de la gente, si acaso llega a producirse, no empezará a producir efectos visibles en el planeta hasta medio plazo. Esto no es algo nuevo. Y esta tendencia tiene una figura emblemática. Se llama Wangari Maathai, una portentosa mujer keniana que fue nada menos que la primera mujer africana distinguida con el Premio Nobel de la Paz (2004). Hablo de ella en pasado porque falleció en 2011 a los 70 años. Antes de ese galardón, había sido también la primera mujer de África del Este en obtener un doctorado (en la universidad de Atchinson-Kansas), y también la primera profesora de Anatomía Veterinaria y luego la primera Decana de la Universidad de Nairobi. En 1976 fundó el Movimiento Cinturón Verde, Green Belt Movement, que sigue funcionando y que ha plantado en África nada menos que 14 millones de árboles desde entonces. Es un movimiento dirigido y gestionado por mujeres, aunque no desdeñan la ayuda masculina. El lema con el que arrancaron es no podemos quedarnos sentadas a ver cómo nuestros hijos se mueren de hambre. Por esa formidable iniciativa le dieron el Nobel. Luego se dedicó a la política, fue elegida miembro del Parlamento de Nairobi y hasta llegó a presentarse a presidenta, al frente de una coalición verde, logro que no llegó a conseguir porque se murió. 


Hermosa imagen la de esta mujer extraordinaria, un icono del movimiento por la plantación masiva de arbolado. En Madrid, otra mujer muy guapa, Begoña Villacís, encabeza el proyecto que se ha dado en denominar El Bosque Metropolitano, que bebe de esta tendencia. Su grupo, Ciudadanos, ha aprendido que, si no quiere desaparecer, tiene que diferenciar su discurso del recetario rancio y pedorro del PP. Ojo con el grupo que encabeza esta señora, que esta misma mañana ha votado en el Pleno con la izquierda, a favor de mantener Madrid Central sin variaciones en su régimen de accesos, para cabreo supino de Borja Carburante y sus colegas, que querían abrir el acceso a los vehículos con distintivo C. El Bosque Metropolitano es uno de los proyectos en los que se ha involucrado la Dirección General a la que pertenezco y también una de las razones de que yo haya decidido seguir en el curre un año más. 

Ya les hablaré más en detalle de este tema. Por hoy basta con que les dé unas informaciones más. A nivel mundial, el porcentaje de habitantes que viven en ciudades es ahora mismo del 55%, dato que supongo conocen (se dice también que en 2050 esa proporción será de 2/3). Pero lo que tal vez ignoren es que en la vieja Europa, el porcentaje de población urbana es ya del 74% y en España sube hasta el 79%. Datos de 2019 del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU. Así que hay que renaturalizar las ciudades e introducir el factor verde en el medio urbano. Para evitar que se generalicen algunas patologías de la población urbana, que ya empiezan a aparecer y no me refiero sólo a las respiratorias. La población humana nació en un entorno natural y la adaptación al medio urbano conlleva algunas disfunciones, como la llamada solastalgia, el trastorno de déficit de naturaleza, e incluso la llamada ecoansiedad, forma de depresión derivada del bombardeo que sufrimos de noticias catastrofistas relacionadas con el clima. Como más de uno ya estará pensando que les estoy tomando el pelo, pueden leer algo al respecto pinchando AQUÍ.

Frente a eso, existen técnicas contrastadas, como la japonesa shinrin-yoku (baño de bosque), que es lo que se pueden imaginar: sumergirse en la naturaleza, no tener prisa y hacer una especie de yoga verde. En Madrid hay centros de shinrin-yoku, técnica sobre la que pueden leer ACÁ, por cierto, un enlace sacado de la página del Marca. El shinrin-yoku se puede combinar con el hygge danés, otra receta de la felicidad, sobre la que pueden informarse ACULLÁ. Todas estas cosas las averigüé yo en una jornada de happytología en la que participé como ponente hace como año y medio y que tuvo su correspondiente reseña en el blog, pero no se preocupen: es normal que se les haya olvidado.

Bueno, la de cosas que aprenden ustedes en este blog. Me queda contarles los otros cánticos que proferían los activistas chilenos, además del relativo a los pacos culiaos. El más repetido y generalizado era Piñera, devuélvenos los ojos, grito que hace referencia a los más de 300 tuertos causados por los perdigones que disparan los pacos. Los chilenos que marchaban por la Castellana el 6 de diciembre habían viajado miles de kilómetros, pero estaban felices de poder manifestarse y tocar sus zampoñas y charangos sin que nadie les disparase. Y otro canto, a ritmo de habanera:

                                                         Piiiñeeeeeeera
                                                         La concha’e tu madre
                                                         Asesiiiiino
                                                         Igual que Pinochet (tararán tan-tan)

En fin, ya saben que me he definido últimamente como ecologista, feminista, errejonudo y colaborativo. Estuve tentado hasta de cambiar mi perfil de blogger, pero no lo he hecho porque uno nunca sabe si estas cosas son pasajeras. Después de estos dos posts, creo que mi primera caracterización ha quedado clara y meridiana. Ya iremos con las otras tres. En los albores de una nueva década, creo que está claro que las generaciones emergentes vienen con dos revoluciones bajo el brazo, la climática y la feminista, que son ya imparables. Y yo estoy encantado con ambas. Un tipo que se pasea por ahí con una chamarra de Desigual como la que yo llevo, tiene que estar siempre en la onda. Terminaré con un lema. Está sacado de un texto de Eduardo Galeano. La frase es tan potente, que el colectivo artístico Boa Mistura decoró con ella una pared de Lavapiés. Se la dejo de despedida. Pórtense bien. Aún tengo margen de un último post para felicitarles las pascuas.






martes, 17 de diciembre de 2019

893. Climática

Digamos que es un palabro que me acabo de inventar, que significa filípica, pero relacionada con el clima. O sea que le voy a regañar a más de uno y, al que le pique, evidenciará que ajos come. Así que, para dejar claras las cosas voy a empezar por lanzar tres hurras por Greta Thunberg, como estos: ¡¡¡HIP-HIP-HIP!!! ¡¡¡HURRA!!!  ¡¡¡HIP-HIP-HIP!!! ¡¡¡HURRA!!! ¡¡¡HIP-HIP-HIP!!! ¡¡¡HURRA!!! Y a todos los que estos días han hecho chistes groseros, han escrito o leído burdas mentiras (y se las han creído), o han delirado a cuenta de lo que se ha gastado en gasoil en su travesía en velero por el Atlántico, les deseo con todas mis fuerzas que el próximo hijo, sobrino o nieto que nazca en su familia venga con síndrome de Asperger. Ahí queda dicho. Después hablaremos de Greta, porque primero vamos a volver a contar (¡otra vez!) en qué consiste esto del cambio climático. Porque se empieza por negar el calentamiento global y se acaba votando a Vox. O viceversa.

Vamos a ver. Que el clima está cambiando lo sabe todo el mundo. Hace mucho más calor ahora que hace 20 o 30 años. Eso es algo que no hace falta explicar más. Los llamados negacionistas, como Trump, lo que dicen es que ese calentamiento no se debe a la acción humana, sino que es consecuencia de un fenómeno pendular que cada tanto calienta o enfría el planeta alternativamente. Es una explicación a considerar. Después de las últimas grandes glaciaciones hay testimonios de que se produjeron enfriamientos y calentamientos sucesivos, de forma cíclica, y es muy posible que ahora estemos iniciando uno de esos períodos de recalentamiento. Pero lo que no sirve de nada es negarlo. Es como si el pollo de la foto de abajo proclama a voces que él no tiene un flemón de caballo. Aunque, tal como tiene la boca, es posible que no se entendiese nada de lo que dijera.


Volvamos a la historia. Recientemente se ha publicado un trabajo de investigación que ha revelado que, ya antes del pepinazo del asteroide sobre el Yucatán, se produjo una sobrecarga de CO2 en la atmósfera, probablemente debida a una actividad volcánica desacostumbrada. El CO2 no es un gas tóxico para el ser humano (dicho esto con la debida cautela). Hace falta una concentración muy alta para matar a una persona. Si usted se mete en un garaje, enciende el motor de su coche y sella todas las rendijas, se acabará muriendo pero, en cuanto haya algún escape para el gas, lo va a tener usted muy difícil para suicidarse. Y, en tal caso, la muerte se produce por asfixia, es decir, por falta de oxígeno, no porque el CO2 sea venenoso. Ustedes, como yo, están hartos de respirar CO2 por la calle o, por ejemplo, cuando entran en un garaje del que acaba de salir un vehículo. Y no pasa nada. El problema de los coches en la ciudad son los demás contaminantes que emiten los motores, el CO y, especialmente, el NO2 y las partículas en suspensión, como ya expliqué en su día en el  Post #660, que pueden repasar si quieren un mayor grado de detalle en lo que les estoy tratando de explicar.

El CO2 se extiende por la atmósfera libremente, por erupciones volcánicas, industrias o cualquier otra fuente y, poco a poco, lo van absorbiendo las plantas y los árboles, que lo necesitan para hacer su fotosíntesis. El problema es que, si en la atmósfera hay más CO2 del que pueden procesar las plantas del planeta, el excedente se va a los océanos y eso genera una acidificación muy perniciosa para los diferentes animales marinos. Y, por supuesto, para los amantes como yo del marisco. Si seguimos largando cada vez más CO2 a la atmósfera, nos vamos a quedar sin calamares, ni gambas ni percebes. Los bivalvos son más resistentes y lo que hacen es incrementar el grosor de su concha. Eso es lo que han constatado los investigadores de los que les he hablado al principio: que en los restos de almejas y similares datados antes del pepinazo, ya se evidencia un grosor anormal, que delata una acidificación del agua del mar, producida por un exceso de CO2 en la atmósfera, obviamente generado por causas ajenas al hombre.

Sin necesidad de irse tan atrás, hay huellas ciertas de ese fenómeno cíclico calentamiento-enfriamiento, bastante cercanas. Es lo que se conoce como el Óptimo Climático Medieval (700-1350) y su continuación, la Pequeña Edad del Hielo (1350-1850). El primero de ellos produjo unas temperaturas muy agradables en toda Europa y América del Norte, lo que puede relacionarse con el auge de la agricultura y la ganadería y una cierta prosperidad de los humanos. De esa época es la llegada de los vikingos a una tierra que bautizaron como Groenlandia (tierra verde) porque estaba de ese color y no blanca como se puso después. Si sigue el calentamiento actual, tal vez Groenlandia recupere un color acorde con su nombre.

Ese calor está también relacionado con el surgimiento de las ciudades-estado en Italia, o las de la Liga Hanseática en el norte de Europa, así como el inicio del Renacimiento. Pero todo este florecimiento propiciado por el clima benigno se acaba cuando llegan las ratas (atraídas por el calor) y difunden la peste. La población se ve diezmada, se abandonan los cultivos y se producen incendios y tal vez también erupciones volcánicas. Ese conjunto de desgracias alumbra la Pequeña Edad del Hielo, que se extiende hasta mediados del siglo XIX. Y las temperaturas no empiezan a templarse de verdad hasta bien entrado el Siglo XX. Hace dos días. Algunos investigadores dicen ahora que no está acreditado que eso sucediera también en el hemisferio sur (pueden leerlo AQUÍ). Pero a mí eso me la bufa, yo creo que fue un fenómeno global. Y, por cierto, la mejor información sobre este asunto tan poco conocido la pueden encontrar, cómo no, en mi blog, más en concreto en el Post #270. Hace cinco años y medio ya le explicaba yo esto a mis lectores. ¡A ver qué se han creído!

Así que no es ninguna tontería pensar que estamos en medio de un fenómeno de este tipo. Lo que pasa es que ahora tenemos unos instrumentos de medición muy precisos, que nos permiten elaborar series históricas. Y los datos de estas series evidencian una subida continua del CO2 en la atmósfera, resultado de la proliferación de industrias, los pedos de las vacas y la deforestación galopante, y otra serie correlativa: la que demuestra que el ph de los océanos se está acidificando al mismo ritmo. Sinceramente, yo creo que el cambio climático que estamos sufriendo, es el resultado de ambos factores: calentamiento cíclico y actividad humana. Y comprendo que se hagan campañas de concienciación entre la gente, para ver si nos volvemos un poco más cuidadosos en nuestros hábitos y logramos suavizar las consecuencias de este calentamiento que nos aflige. No sólo utilizando menos el coche, sino usando menos envoltorios de plástico de usar y tirar, por ejemplo. O gastando menos agua. O comiendo menos carne.

Otra gilipollez que se dice por ahí es eso de que el ser humano se está cargando el planeta. El planeta Tierra es indestructible y tiene buena salud. Lo que pasa es que, si se le agrede, se defiende y monta huracanes, terremotos y similares. Lo que sí es posible es que esos estornudos y toses de la Tierra comprometan seriamente el futuro de la Humanidad, o al menos el de algunas zonas, como las afectadas por las sequías, por ejemplo. Pero yo creo que el hombre se adaptará a lo que venga, como ha hecho ya en otras ocasiones similares. He asistido a un par de charlas en el entorno de la Cumbre del Clima COP25, que se celebraba al lado de mi curre. Sólo tenía que cruzar la calle. Me interesó especialmente una que daba mi amigo César Fernández, miembro de la ONG Arriba las Ramas, que se dedican a plantar árboles por todas partes. Por supuesto, no desdeñan todas las campañas y medidas que se están organizando para que se contamine menos, pero dicen que la sociedad occidental es muy reacia a cambiar de hábitos y que, para cuando se empiecen a notar esas medidas, ya será demasiado tarde. Por eso proponen plantar muchos árboles, bosques enteros, para que haya más sumideros para ese CO2 que vamos a seguir produciendo. En suma, es atacar el problema desde el otro lado. Una idea estupenda.

Y vamos con Greta. Estuve, cómo no, en la manifestación por el clima que se celebró en Madrid el día 6 de diciembre por la tarde. Pasé un buen rato en la zona de los activistas chilenos que gritaban repetidamente –El que no salte es paco, proclama colectiva a la que ponía contrapunto sonoro a contrarritmo y en falsete, un tipo con poncho que añadía: CULIAO En algún momento me pareció que iban demasiado despacio, así que me salí por un lateral y caminé más vivo. Superé la cabecera de la mani y pillé un sitio preferente frente al escenario en el que unos mimos ejecutaban una performance bastante sosa. En el móvil acababa de leer que Greta Thunberg abandonaba la manifestación por motivos de seguridad. Pero yo sabía que iba a hacer lo mismo que yo: adelantar por fuera para decir algo desde el escenario. Alguien tan cabezota como ella no iba a abandonar por tan poco. No me defraudó: apareció puntual y pronunció un breve parlamento, apenas a diez metros de mí.

Es una niña muy menudita, no sé cuanto pesará, le calculo unos 35 kilos. Hace ademanes de persona mayor y tiene una voz sorprendentemente potente y nítida. Habla muy bien. Con la pinta que tiene podría esperarse que tuviera una voz de ratita presumida: por ejemplo, Rosa Montero tiene una voz ratonil, coherente con su cara. Greta no. Es una oradora potente y convincente metida en un cuerpo de niña enclenque. Greta es una Asperger de libro y, antes de meterse con ella y hacerle burlas soeces, deberían saber sus críticos lo que es el síndrome de Asperger: una alteración de la personalidad, del espectro del autismo, que se tiene de nacimiento y, atención, de causa desconocida. No se sabe nada de su origen, a pesar de que fue descrito con precisión por el tal Asperger, un médico austriaco. Los que lo sufren, pueden ser listos o tontos, buenas o malas personas, que eso no tiene nada que ver. Y pueden padecer un mayor o menor grado del síndrome.

Los asperger carecen de habilidades sociales. No saben lo que es el miedo, carecen de sentido del humor y de sentido del ridículo, son obstinados, de pensamiento inflexible, no dan nunca un tema por perdido y suelen focalizarse en alguna disciplina o materia de forma obsesiva y excluyente. Los más graves lo pasan mal en el colegio, es frecuente que no soporten que nadie les toque. Algunos articulistas sostienen que Lionel Messi sufre una versión suave del Asperger, lo que explicaría su forma ensimismada de regatear a todos los contrarios que tratan de cerrarle el paso y la seriedad y parquedad de sus celebraciones cuando marca gol. También escribí un post al respecto, pero ya no quiero ponerles más deberes. Por suerte o por desgracia, he conocido de cerca niños con Asperger, hijos de algún conocido y les juro que es un problemón. Y, por lo que yo sé, Greta se está comportando como un Asperger prototípico. 

Si quieren saber algo sobre este tipo de personalidades, les recomiendo que vean la excelente serie de trama policial Bron (El puente). Es una serie sueco-danesa, en torno a una sucesión de crímenes que suceden entre ambos países. La policía que dirige las pesquisas desde el lado sueco se llama Saga Norén, es una Asperger de libro también y uno de los personajes más fascinantes del mundo de las series de TV. Un personaje implacable, capaz de resolver los casos más difíciles, porque es muy lista. Yo creo que Greta también lo es, a pesar de su juventud. Si no sufriera el síndrome de Asperger, me preocuparía su futuro y su capacidad de gestionar la fama súbita que se le ha venido encima. Con su forma de ser, no hay por qué temer que la situación se la coma. Estas personas son inasequibles al desaliento. Les dejo la grabación del breve speech que dio en la cumbre del clima (por cierto, fallida). Aquí pueden ver qué buena oradora es. Para la gente joven es una referencia. Y también para mí, que ya saben que me entiendo mucho mejor con las mujeres y los jóvenes, que con los viejos y los machos que hablan de fútbol en los bares. Sean buenos. Y, al que no le guste mi blog, que deje de entrar.   

viernes, 13 de diciembre de 2019

892. Recovering myself VII

Retomo el título de una serie que terminé con la sexta entrega hace más de un año, a punto de salir de viaje para Chicago para participar en el workshop presencial de 2018 de la red LUP (Land Use Planning), una de las sub-redes de la organización C40, que dirige mi amigo Flavio Coppola, a quien conocí en San Francisco, durante mi periplo más bloguero, y volví a ver en ese viaje a Chicago que se anunciaba en el post citado. Quiero resumirles hoy lo que ha sido mi trayectoria laboral desde entonces, cómo ha evolucionado el asunto Reinventing Cities y cómo todo ello ha incidido en mi decisión de liarme la manta a la cabeza y seguir en el trabajo hasta que se me permita, es decir, hasta febrero de 2021. El título me viene muy bien, porque es una referencia camuflada a Reinventing, programa del que acabamos de lanzar la segunda edición y al que no quiero citar en el título. Si citas un tema en el título, inmediatamente aparece en los buscadores de Google. Y ahora mismo no me interesa que los que buscan información técnica sobre Reinventing-2 entren en este foro, en donde yo cuento algunas cosas que quizá no debería contar, pero ya saben que tengo un punto de imprudencia, al amparo del escaso volumen de lectores que me siguen (según el contador, entre 30 y 40 fieles seguidores). Digamos que lo mío es una imprudencia prudente.

En Chicago me lo pasé muy bien, aunque en el workshop del año anterior en Portland hice más amigos. En Chicago renové mi amistad con Flavio y con Shannon Ryan, a los que ya conocía, confraternicé bastante con Horacio-que-no-se-llama-Horacio, mi colega de Barcelona, y también me resultaron atractivos Giselle, de Curitiba, Marcelo, de Sao Paulo y el gran Eric, un negro gay gigantesco y expansivo, que venía en representación de Washington DC y que nos atronaba con sus risotadas contagiosas. Por cierto que a Eric lo despidieron fulminantemente del Ayuntamiento a la vuelta del workshop. Entonces decidió cogerse un tiempo sabático y se fue a la costa brasileña, desde donde nos mandaba fotos en tumbonas de playa sujetando caipirinhas, ironizaba sobre su situación de parado y se ofrecía como canguro eventual por un módico sueldo para cualquiera del grupo que lo necesitara. Un crack, el gran Eric.

Casi sin tiempo de recuperarme, viajé a Chile tres semanas con mi panda de Ciudad Real y afronté el último tramo de 2018 en el que los finalistas de Reinventing-1 empezaban a desarrollar los anteproyectos que debían presentar a la segunda fase del concurso. El plazo que tenían terminaba el 15 de marzo, ya en este año. Antes de eso, fui a París y Lille a ver a mis hijos y dar un par de charlas en dos de sus universidades respectivas. En abril reunimos al jurado para elegir los ganadores de cada una de las parcelas del concurso. Y, en la semana previa a las elecciones locales, mi jefa, mi compañera M. y yo viajamos a Oslo para la proclamación de los vencedores de todas las ciudades implicadas. Allí lo pasamos también genial y descubrimos que solamente cinco ciudades habían completado el proceso en plazo y Madrid era una de ellas.

A continuación vino la debacle electoral de la señora Carmena, que me hizo dudar muy seriamente si era ya el momento de marcharme a mi casa. Pero mi jefa me pidió seguir un poco, después llegó el nuevo equipo con mi amigo Kordineitor al frente del staff técnico y, entre todos me han convencido de seguir. Entre los factores clave que me han llevado a tal decisión, esta el hecho de que a mi jefa la han mantenido y potenciado, que los trabajos que teníamos en marcha les han gustado a los nuevos, que mantenemos hasta el nombre de la unidad (Planificación Estratégica) y que han apreciado especialmente Reinventing Cities. Respecto a los cuatro proyectos que seleccionamos como ganadores, tengo que decir que estamos ahora en plena negociación con los equipos, para ver cómo y en qué condiciones les cedemos las parcelas correspondientes. Es un asunto difícil, del que todavía no tenemos unos resultados de los que presumir mucho. Les iré contando lo que se pueda.

Pero la red C40 sigue su propio devenir. Como les he explicado, esta red, que en estos momentos agrupa a 96 grandes ciudades de todo el mundo, cuenta con un órgano político constituido por la asamblea de todos los alcaldes, que se reúne en un magno congreso que se celebra cada tres años y en el que se elige al presidente para el período siguiente, a la manera de las comunidades de propietarios. En el verano de 2016 se celebró ese congreso en Ciudad de México y allí salió elegida la señora Anne Hidalgo, alcaldesa de París. Como saben, ese es el origen de Reinventing Cities, un programa propuesto por esta señora, a imagen y semejanza del Reinventer Paris que el Ayuntamiento de la capital gala había organizado antes por su cuenta. En consecuencia, este año tocaba nuevo congreso de C40, y ese congreso tuvo lugar en octubre, en Copenhague.

Tengo que contar que, como es natural, invitaron a ese sarao a los alcaldes de las 96 ciudades y que el de Madrid declinó la invitación, imagino que por miedo a que le regañaran por sus ataques a Madrid Central. Ahí estuvo al quite Begoña Villacís, a la que ya he conocido personalmente y es una mujer muy guapa y de trato muy agradable. Villacís fue a Copenhague al frente de la delegación de Madrid y firmó el documento por el que las ciudades de C40 se comprometen a continuar la lucha contra el cambio climático, con una batería de medidas y actuaciones concretas. También estábamos invitados al sarao los tres mosqueteros de Reinventing Cities (C40 está muy contenta con nosotros) lo que pasa es que al final sólo fueron dos, porque el tercero estaba cazando lémures por Madagascar. Este era un viaje que tenía yo organizado desde mucho antes, y por eso no fui a Copenhague.

Estaba yo en Antsirabé visitando la estación de tren, esa de la que sale el único tren de la isla, que tarda once horas en hacer 170 kilómetros, cuando me llegó un whatsapp desde Copenhague. Mi jefa y mi compañera M. me mandaban unas fotos suyas y me decían que me estaban echando mucho de menos. No me resisto a subir al blog una de estas fotos. Si un día alguna de ellas entra en este foro, espero que no le moleste. Es una foto en la que están muy guapas y me hizo mucha ilusión recibirla en medio de mi aventura africana.


En Copenhague, se procedió a votar al nuevo presidente de C40 (no insistiré más en la opción que hubiera tenido Carmena, porque ya saben que el hubiera no existe) y resultó elegido el alcalde de Los Ángeles Eric Garcetti, es decir, el jefe de mi amiga Shannon Ryan durante los últimos años. Cuando yo la visité en Los Ángeles, estaba en la oficina del alcalde. En realidad, el presidente de C40 se elige por votación secreta antes del congreso y en Copenhague todo el mundo sabía ya a quién se iba a proclamar. A mí me lo contó mi amiga Julia López Ventura, así que llamé a Shannon por si iba a viajar con su jefe, para que saludara a mis compañeras. Fue entonces cuando me contó que ya no estaba en la oficina del alcalde, sino que había vuelto a su puesto anterior en el Departamento de Planeamiento Urbano. Y que, por tanto, no iba a Copenhague.

Y el nuevo presidente de C40 ha decidido mantener el concurso Reinventing Cities, del que Hélène Chartier ya tenía todo preparado para lanzar una segunda edición. Igual que hace dos años, hemos tenido hasta mediados de noviembre para presentar la carta de adhesión, que esta vez ha firmado Villacís. Y, más o menos en ese momento, yo decidí seguir hasta el final de 2020. A partir de estos dos hechos, hemos empezado ya la previsible vorágine de trabajo. El pasado día 4 de diciembre hicimos el acto de presentación a la ciudad de esta segunda edición. Vean primero la convocatoria que mandamos a todo el mundo. Puro rock'n roll.


Utilizamos el llamado International Lab, un edificio municipal de la calle Bailén. Presidió el Concejal y me tocó hacer de moderador, igual que hace dos años. Vino mucha gente (contamos 70 asistentes) y tuve ocasión de hacer una pequeña travesura. Durante todo el acto, estuvo en el centro del escenario un globo terráqueo, que la gente interpretó que formaba parte de la decoración, en alusión a la cumbre del clima y todo el tema medioambiental que promueve C40. Vean estas dos fotos que nos hicieron, en donde la Tierra aparece como protagonista destacada en el centro.



En realidad, el globo era una pelota de playa. La había comprado yo en una juguetería creativa de Malasaña la tarde anterior y la había inflado por la noche. Como llegué el primero, para organizar toda la logística del acto, la deposité en el centro del escenario (pueden imaginar las miradas que suscité cuando caminé desde mi casa hasta Bailén, medio de noche todavía, llevando ese balón de playa en la mano). Pero el objetivo de ese elemento no era solamente decorativo. Terminadas las intervenciones principales, anuncié que comenzábamos el turno de ruegos y preguntas y que iba a ser un turno innovador y colaborativo. Al que levantara la mano para hacer una pregunta le lanzaríamos el globo. Aquí tienen un vídeo que tomó mi compañera de la derecha en la mesa, de cómo se inició esta gamberrada, que nadie en la mesa ni en la sala sabía que iba a perpetrar. Al final, la cosa gustó a todo el mundo (aunque en el vídeo he descubierto a un matiti, a la izquierda en primera fila, que está abstraído con su móvil y es el único que no se ríe).


Ayer por la mañana acompañé a mi jefa y a Kordineitor a contar este proyecto (y otros) ante el Foro de Empresas por Madrid, un grupo de empresas de las grandes, que ayudan al Ayuntamiento en determinados proyectos, y ante el cual fuimos también en su día a publicitar el Reinventing-1. Allí es donde vi por primera vez en directo a Begoña Villacís, que es muy simpática y me saludó con un par de besos, como si me conociera de toda la vida. Les juro que me sentí como el sapo del cuento que se convierte en príncipe. Me queda ahora una semana de trabajo, antes de irme de vacaciones navideñas. El viernes día 20 será mi primer día de asueto. Para entonces tenemos que tener acabadas un montón de cosas relacionadas con Reinventing. Y, por cierto, qué delicia estas tres semanas de cuatro días lectivos con que estoy terminando mi penúltimo año laboral. Así deberían ser todas. Que pasen un buen finde.