domingo, 18 de abril de 2021

1.042. Conservadores de cascarones II

¡Qué barbaridad! Detecto una expectación infrecuente entre mis followers por ver cómo continúo este espinoso tema y hasta dónde me meto en jardines. Tranqui. Más ansioso estoy yo de que me vacunen de una vez y me toca seguir esperando. Vamos a ello. Como les conté, la regulación urbanística del centro de Madrid es resultado de un movimiento ideológico pendular de libro. Los años en que se podía destruir prácticamente cualquier edificio, generaron por reacción una política en la que no se puede tocar nada del caserío de uno de los centros históricos más grandes de Europa. Los primeros autores del catálogo, generaron un grupo de conservacionistas fanáticos que se constituyeron en una especie de secta (mi amiga Eva me autorizó a usar estas palabras: secta y fanáticos, a lo largo de mi clase, si era eso lo que yo pensaba). Por cierto, muchos de ellos han sido compañeros míos y a ellos también les he dicho esto mismo a la cara. Con educación, pero sin cortarme. 

Y tengo que referirme al hombre que encabezó este movimiento, mi admirado Juan López Jaén. Hace mucho que no sé nada de él, era una persona muy mayor cuando le conocí, hace cerca de 40 años, con su barba ya blanca en su despacho de la Gerencia de Urbanismo a la que yo me incorporé en 1982. Calculo que sigue vivo, nadie me ha informado de lo contrario. Juan era realmente un sabio y una gran persona. Aprendí mucho de él en lo profesional y en lo humano. Juan era un gran especialista en conservación de patrimonio y, de acuerdo con la ley estatal, hizo lo que había que hacer: un Catálogo y un Plan Especial que lo incorporase. Les diré que Juan es el responsable de muchos otros planes especiales de protección, como el del Albaicín de Granada, que es una verdadera exquisitez. Los sabios son personas muy necesarias y suelen ser también buena gente. El problema no son los sabios, el problema son sus discípulos o, digámoslo con una palabra más precisa: sus epígonos.

Sin ánimo de ofender a nadie, siempre he considerado que Jesucristo fue una persona excepcional. Y lo mismo podría decir de Siddartha, que luego se convertiría en Buda. El problema no son a menudo los líderes de determinadas tendencias o sectas, el problema son los que convierten sus teorías en dogmas, elaboran una liturgia a su alrededor, se convierten en fanáticos y la imponen por la fuerza. Juan López Jaén hizo un catálogo de protección de la edificación madrileña modélico, impecable. Pero que en ningún momento tuvo otra pretensión que la de ser una norma sectorial; y su autor para nada quiso que se convirtiera en la única regulación urbanística de un área tan grande de la ciudad. Pondría la mano en el fuego por esto que acabo de escribir.

El error surgió durante la redacción del vigente Plan General (1992-1997). En el equipo redactor, se integró una banda de esos epígonos, que venían para ocuparse de la parte de catalogación, pero que convencieron a la dirección de la oficina de que la protección del patrimonio era un tema tan-capital-tan-capital en la problemática del centro que tenían que encargarse ellos solos de su resolución. Y lograron que toda la regulación del centro quedara en sus manos. Yo era en teoría el jefe del Área de Ordenación, pero en mis competencias se generó un agujero central que quedó en manos de la secta. Y yo, que no soy de los que se callan, me pasé los cinco años de trabajo despotricando, peleándome contra ellos y tratando de meter baza, pero no había forma. Por entonces, solía yo llamarles los del otro Plan y, cada vez que aparecían, lo decía: coño, ya vienen por ahí los del otro Plan. 

Podría contar muchísimas anécdotas de broncas alrededor de propuestas concretas de estos señores, pero no voy a satisfacer el ansia de cotilleos al respecto por parte de mis lectores; si alguien quiere más detalles o chascarrillos, que me llame por teléfono y se los cuento con una caña. No estoy escribiendo este post para vengarme de nadie, en aquellos tiempos yo me defendí como pude del atropello y les dije las cosas a la cara, no hay porqué regodearse ahora en contarlo de nuevo, y menos en una tribuna pública. Vayamos, pues, al fondo del asunto. El resultado de que el planeamiento del área central lo elaborase un equipo que no sabía de urbanismo, es una regulación que tiene algunas características normativamente perversas. Por ejemplo: el interés exclusivo de estos señores es la conservación estricta de los cascarones de unos edificios básicamente catalogados por su antigüedad. El mantenimiento del uso original al que estaban destinados, les importa un bledo, ese no es el objetivo de su trabajo.

Por poner un ejemplo extremo (y burdo): estos señores aceptarían que el Museo del Prado se convirtiera en un hotel de lujo, siempre que el arquitecto fuera súper exquisito con la rehabilitación del edificio de acuerdo con el proyecto original. Es una evidente exageración mía, una caricatura, por Dios no se crean al pie de la letra esto que les acabo de decir. Pero durante los más de veinte años de vigencia de esta regulación, se han perpetrado cosas que van en esa línea, como la reforma del Mercado de San Miguel, al que se le autorizó a cambiar a complejo de ocio y restauración de lujo, a cambio de un proyecto súper pulcro, que recuperaba exactamente el proyecto original y que, por cierto, lleva la firma de un amigo mío. Además, eso de que unos tipos que no saben de urbanismo se pongan a hacer una regulación urbanística es un imposible: ellos solos se liaron en una normativa súper compleja e ininteligible. Hasta tal punto que tuvo que crearse una Comisión de Patrimonio para interpretarla, una comisión que, aún hoy, se sigue reuniendo semanalmente para dictaminar individualmente qué proyectos se autorizan, cuáles no y con qué condiciones.

Era una comisión de notables (yo la llamaba siempre el sanedrín) que, en teoría, representaban a numerosos organismos de las tres administraciones madrileñas, lo que parecería garantizar un equilibrio de fuerzas y opiniones. Nada que ver con la realidad: la secta de los conservadores de cascarones se había infiltrado ya en todas partes, nadie entendía de esto más que ellos y cada organismo estaba representado en la comisión por unos cuantos de estos fanáticos bien adiestrados. Resultado: si usted quería hacerse una pequeña reforma en su edificio del centro de Madrid, la licencia le tardaría, en el mejor de los casos, dos años, como ya se ha dicho. 

Esta fue la situación durante los primeros años tras la aprobación del Plan General. Desde entonces se ha intentado suavizar o racionalizar un poco esa situación con diferentes medidas, pero sin demasiado éxito. No quiero aburrirles con los detalles de esta deriva, bastará decir que las cosas no son ahora muy diferentes. Pero la Comunidad de Madrid ha creado, de acuerdo con sus competencias, una Comisión propia, que se llama la Comisión Local y que se ocupa de las operaciones más destacadas que se proponen en el centro. La otra, que se llama la Comisión Mixta, se ha quedado para examinar los pequeños proyectos, lo que, según la terminología de este blog, llamaríamos la purrela. Con dos comisiones, las cosas no van mejor que con una, de modo que las licencias siguen requiriendo dos años de papeleos.

Pero yo quiero aquí hablar de otras cosas, especialmente de lo que les expliqué a los alumnos suizos de mi amiga Eva Gil que, por cierto, dice que se quedaron encantados. Les recuerdo que yo disponía de 40 minutos totales, de los que reservé los 10 últimos para hablar de todo esto (en inglés), lo que pasa es que las cosas que estoy contando aquí no son adecuadas para una clase a unos chavales foráneos y hube de sintetizar. Así que vamos a lo positivo. La pregunta es: con esa losa del catálogo y las diversas comisiones, ¿se ha podido hacer algo de interés en el centro de Madrid en los últimos años? Claro que sí, siempre mediante diferentes atajos. 

Sin ir más lejos, el Estado y la Comunidad hacen lo que quieren con los edificios oficiales de su propiedad, por el procedimiento del artículo 161. No es coña. Eso sí: no tengo ni puta idea de a qué Ley corresponde dicho artículo. Estos organismos presentan un proyecto. Inevitablemente incumple en numerosos puntos la farragosa normativa de aplicación (es imposible cumplirla). Entonces, se acogen al 161, tiran para adelante con el proyecto tal cual y se comprometen a redactar más adelante una Modificación de Planeamiento para adaptar la norma a las características del proyecto que ya han ejecutado. No les extrañará saber que jamás cumplen ese compromiso.

Eso tampoco se lo conté a los suizos, pero sí les puse una serie de ejemplos en positivo de cosas que se habían podido hacer en el centro en estos años, con sus imágenes correspondientes, que voy a reproducir aquí. Por ejemplo, en los 90, las tres administraciones formaron un consorcio que ponía un dinero anual para mejorar las calles de algunos barrios del centro. Las obras las hacía la Empresa Municipal de la Vivienda. Empezaron por Malasaña y luego replicaron el modelo en otros barrios. Estas actuaciones consistían en levantar la calle, renovar todas las instalaciones horizontales de agua, electricidad, saneamiento y teléfono y llevar las redes renovadas al pie de cada edificio. Luego se pavimentaba de nuevo la calle, con un diseño más moderno con las aceras al nivel de la calzada. Y cada comunidad de vecinos podía a su vez renovar sus instalaciones verticales a su costa, pero con unos créditos bastante buenos. Este proyecto fue un éxito, muchas comunidades entraron al trapo y la calidad de vida de estos barrios mejoró notablemente. En la primera de estas fotos ven una vista aérea del primer sector de Malasaña que se renovó.




También les mostré algún ejemplo aislado de nuevos edificios cuya construcción ha sido muy beneficiosa para los barrios donde se implantaron, como el Teatro Valle Inclán de Lavapiés, que ven en la foto de arriba. Pero estas cosas (mejora de calles e instalaciones y construcción de un nuevo teatro) se pudieron hacer porque no afectaban a los cascarones protegidos en el catálogo: donde el teatro había una edificación sin valor arquitectónico y exenta de catalogación. Y lo otro eran las calles. Por último, como ejemplo negativo, les puse la actuación de Canalejas. Esta actuación es típica de una forma totalmente perversa de hacer urbanismo: llega un señor con un saco de millones y dice: yo invierto aquí si se me permite cambiar la normativa para hacerla a la medida de mi proyecto. Para que estas cosas salgan adelante se necesita un cómplice que las apoye desde la administración. Y en la administración municipal de entonces había una persona perfecta para eso: la ignorante supina que la señora Botella tuvo a bien poner al frente del urbanismo. Una imagen fastuosa del resultado.



Bonito ¿verdad? Podría hasta defenderse que esto es bueno para la ciudad. Muy discutible: lo es desde luego para un concepto del centro como parque temático de lujo. Pero después de esta imagen les mostré a los suizos la que pueden ver abajo, tomada a la mitad de las obras. Y aquí se descubre perfectamente el truco. Únicamente se ha mantenido la envolvente. Los mostradores de recepción, las puertas de los ascensores, las preciosas escaleras interiores y el resto de elementos de dentro del edificio han desaparecido. Y esto se lo tragó la comisión de sabios, o sanedrín de esclarecidos de la conservación de cascarones. Sin despeinarse. Que en la antigua sede de varios bancos se instale un centro comercial, un hotel de lujo de la cadena Four Seasons y 20 áticos de súper lujo, los más caros del mercado, le da igual a estos fanáticos: la fachada se ha conservado con todos sus elementos decorativos y eso es lo único que les importa a los Conservadores de Cascarones.



El centro, pues, no ha estado parado del todo. El Ayuntamiento, mediante modificaciones del planeamiento a la carta, ha promovido o apoyado algunas actuaciones interesantes: el Caixaforum, el Medialab, la sede del COAM en las antiguas Escuelas Pías, el Mercado de Barceló. Las otras administraciones, a través del 161, han reformado y actualizado el Museo del Prado, el Ateneo, el Museo Sorolla y otros edificios emblemáticos. Los del sanedrín son muy listos y saben que no es prudente enfrentarse a los grandes poderes aplicándoles con demasiada rigidez sus normativas abstrusas y a menudo contradictorias entre ellas e imposibles de cumplir. Ante los grandes inmobiliarios, doblan servilmente la bisagra de la espalda, mientras aplican esa rigidez a los pequeños promotores que quieren introducir en sus edificios alguna mínima mejora de instalaciones o de habitabilidad.

Lo malo es que este tipo de regulación está impidiendo que el centro albergue propuestas más positivas, elaboradas sobre la base de criterios urbanísticos y no sólo de conservación del caserío antiguo. En los últimos años de Gallardón, contábamos con una unidad específica, llamada la Oficina de Centro, que preparó algunos proyectos sobre el centro histórico, basados en criterios más amplios. Pero llegó la susodicha ignorante supina y disolvió esa unidad. Es algo imperdonable. A mí me cesaron de esa misma tacada pero, pasado el tiempo, hasta puedo entender que, si no había dinero para hacer obras monumentales como Madrid Río durante los siguientes años, se disolviera una unidad cuyo objetivo era precisamente hacer ese tipo de obras, como era el caso de la Dirección General de Proyectos Singulares, a la que yo pertenecía. Pero que disolvieran la Oficina de Centro es un indicativo de la estulticia paleta de esta señora. Abajo tienen un par de planos (uno general y un detalle de un eje transversal que unía diversos parques) del trabajo que llegó a elaborar esta oficina. Un trabajo que, desde entonces, está guardado en un cajón.




He de decirles que yo terminé mi charla a los alumnos hablándoles del edificio que constituye el objeto de su curso de este año. ¿Saben de qué edificio se trata? Pues precisamente del enorme inmueble de oficinas de la plaza Jacinto Benavente cuya foto les mostré en el post anterior, el que alberga entre otros el Centro Gallego de Madrid. ¿Qué piensan los Conservadores de Cascarones de este inmenso edificio? Lo tengo claro: para ellos no existe. Es que ni lo ven, y así se lo conté a los chicos, que se reían incrédulos. Estoy seguro de que los de la secta, cuando van paseando por la calle, tienen un mecanismo de atención selectiva que les impide ver este edificio (como el de Antón Martín). Es el mecanismo por el que ojeamos un periódico y nuestra atención se centra en las noticias, desechando totalmente la publicidad, que ni siquiera vemos. ¿Y por qué ha puesto Eva precisamente ese edificio como objeto de un curso de un año entero? Pues esto es ciertamente muy interesante y se lo voy a contar.

La primera vez que visité Nueva York, en 1982, cuando ni siquiera sabía que a finales de ese año me iba a contratar el Ayuntamiento de Madrid dando un vuelco decisivo a mi vida, una de las cosas que más me llamó la atención fue el furor demoledor y constructor que vivía la ciudad. En ese momento se estaban demoliendo varios grandes rascacielos y empezando a construirse otros igual de grandes (en Nueva York todo es más grande). Es un hecho cierto que demoler un edificio y construir otro en su lugar (del mismo volumen edificado) es más barato que hacer una obra de reforma del inmueble anterior. Es más barato en términos económicos. Lo que pasa es que, para empezar, mucha gente no quiere que se demuelan edificios que han formado parte de su paisaje urbano habitual durante décadas. Después de la Segunda Guerra Mundial, muchas ciudades se plantearon cómo reconstruir sus barrios bombardeados y la mayoría se decidió por reproducir exactamente los edificios anteriores. Únicamente Rotterdam y alguna otra optaron por cambiar completamente su concepción urbanística, para erigir una ciudad nueva, totalmente modernizada.

En el Reino Unido hay actualmente un debate importante respecto a qué hacer con los edificios de los Grandes Almacenes, que parecen tener sus días contados, tras la pandemia y el cambio en las pautas compradoras de los ciudadanos, más inclinadas a la compra por Internet. Si quieren leer algo más detallado sobre este fenómeno (que antes o después llegará a nuestro país), les aconsejo leer un reciente artículo de The Guardian, que pueden encontrar AQUÍEn el debate han terciado también los organismos encargados de la conservación del patrimonio edificado británico. ¿Han de catalogarse estos edificios para evitar su destrucción? ¿Y qué pasa con los que son muy feos? ¿Han de excluirse del indulto por feos? Les pongo abajo un ejemplo de esto último. El edificio John Lewis de Aberdeen, muestra paradigmática del llamado brutalismo arquitectónico. ¿Qué hacer con él?



Al lado de esto, el edificio de la plaza de Jacinto Benavente parece una de las siete maravillas. Pero, en este debate se ha introducido hace ya unos años la componente de sostenibilidad ambiental. Demoler un edificio y construir en su lugar otro nuevo es algo que empieza a no estar de moda, a pesar de que sea más barato que cualquier actuación de rehabilitación del original. Porque las demoliciones van generando más y más escombros y residuos, que difícilmente se pueden reciclar o revertir. Con los medios y las tecnologías que existen hoy en día es posible renovar todas las instalaciones de un edificio, hacerlo energéticamente eficiente y encima modernizar sus fachadas y su imagen. Algo que es menos pernicioso y contaminante para el planeta. Ese es el lema: demoler no, reciclar sí.

Hay muchísimo trabajo que hacer en los edificios deteriorados o anticuados que existen en nuestras ciudades, para dotarlos de mejores condiciones de eficiencia energética y sostenibilidad ambiental. Ustedes conocen la típica situación en que un edificio con calefacción central obliga a muchos de sus ocupantes a abrir las ventanas en pleno invierno para no asfixiarse. Eso es un desperdicio que no se puede permitir el mundo. Por eso hay ahora una línea de proyectos que actúan sobre edificios existentes, renuevan sus instalaciones, optimizan su comportamiento medioambiental (a veces logrando que se conviertan en passive houses o cero emisiones), mejorando además su estética, con unas fachadas menos rancias o feas que las anteriores. A ese empeño, por ejemplo, han dedicado toda su carrera una pareja de arquitectos franceses, Lacaton & Vassal, cuya foto ven abajo.



Anne Lacaton y Jean Philippe Vassal son pareja profesional y pareja también en la vida real y pueden ver que ya no cumplen los sesenta. Pues, por su cuenta y riesgo, llevan toda su carrera haciendo proyectos en esta línea. Unos proyectos discretos, lejos de la arquitectura espectáculo de otros, pero conceptualmente muy buenos. Y este año, el Jurado de los premios Pritzker ha decidido darles este prestigioso galardón (el Nobel de la arquitectura) como premio al conjunto de su carrera. Pero ¡OJO! Mi amiga Eva Gil puso el edificio de Jacinto Benavente como tema de su curso ANTES de que se conociera el veredicto de los Pritzker. Ya les he dicho que es una mujer y una profesional fuera de serie. Que me considere su amigo (así fue como me presentó a sus alumnos) es ciertamente un honor.

Como sólo conté con diez minutos para desarrollar todo esto, no tuve tiempo de contar una anécdota que yo creo que es perfecta para poner la guinda de este asunto. Ya se contó en el blog, pero es normal que no la recuerden. En el verano de 2014 hice un viaje profesional a Friburgo. Cuando digo profesional quiero decir que había quedado con gente del Ayuntamiento de esa ciudad del sur de Alemania, para que me contaran sus proyectos, especialmente novedosos en el campo de la movilidad. No que el viaje me lo pagara el Ayuntamiento. Eran los terribles años del Trienio Negro de Mrs. Bottle y la ignorante supina de la que les he hablado ya más arriba (tercera vez que la insulto en este post) no contemplaba este tipo de viajes. Me lo tuve que pagar de mi bolsillo.

Cuando ya habíamos visto una serie de actuaciones muy interesantes, nos llevaron a ver la joya de la corona. El Ayuntamiento tenía un patrimonio de edificios de vivienda social en alquiler (como esos que Mrs. Bottle se dedicó a vender a fondos buitre) en mal estado por el simple paso del tiempo. Y habían decidido acometer un programa de obras de reforma mejorando sus instalaciones, su eficiencia energética y sus fachadas, para acomodarlos a modelos más sostenibles (les va sonando ¿no?). Y ya había uno de estos edificios terminado y con la gente viviendo allí de nuevo. El primer éxito del programa. Llegamos al pie del inmueble y ciertamente era precioso. Pero ya saben que yo soy veterano y a veces hago las preguntas menos políticamente correctas.

Así que, levantando un dedito, hice la siguiente afirmación/pregunta: –Y todo esto se ha hecho de forma participada, con el acuerdo de todos los inquilinos, supongo. Respuesta: –Sí, sí, desde luego, se negoció con ellos y aceptaron. –Y qué se hizo con ellos durante la ejecución de las obras. –Nada, se les realojó provisionalmente en otro edificio municipal y sin ningún problema. –Y luego han vuelto a su antigua casa. (Joder, Emilio, qué pesado eres, es que lo tienes que preguntar todo hasta los detalles más insignificantes). –Mmmmmmm… Por el sonido que hacía mi interlocutor supe que algo iba mal, que había metido el dedo en la llaga. Después de muchos movimientos de cabeza y gestos extraños, me confesó que únicamente había regresado un 30% de los vecinos originales. –¿Y qué pasó con los demás? Pues que eran sobre todo gente muy mayor, para los que el primer traslado ya había sido un horror y dijeron que ya no querían hacer otro traslado, que lo único que deseaban es que los dejaran en paz.

Tal cual se lo cuento. Es decir, esta línea de no demoler y adaptar los edificios a los nuevos requerimientos ambientales y energéticos está muy bien. Es cojonuda. Pero hay que tener cuidado y hacerle un seguimiento riguroso. Porque una actuación en la que un 70% de los afectados se niega a volver y dice que virgencita-virgencita, no es una operación como para enseñársela a un visitante. Más bien es un caso de gentrificación flagrante, promovida por una administración pública. Muy bien, esperando haber estado a la altura de sus expectativas, les deseo que continúen pasando un domingo espléndido. A ver si puedo ya seguir hablando de Samantha Fish ¡coñe! Bueno, eso, que ustedes sigan bien.

jueves, 15 de abril de 2021

1.041. Conservadores de cascarones I

He estado dudando si contar en el blog este asunto, que finalmente voy a desarrollar en dos posts, porque no me cabe en uno. Y lo que me ha decidido finalmente es que ya no estoy en el Ayuntamiento. Antes me podrían haber echado a la calle por expresar opiniones como las que van a leer. Pero, como ya estoy en la calle, no creo que esto me genere ninguna represalia. Como mucho, algún colega me retirará las hablas, como decimos en Galicia. Pero creo que alguien tiene que decir estas cosas. Por otro lado, no son opiniones exclusivamente mías, mucha otra gente coincide conmigo y verán reforzadas sus impresiones con una serie de datos que les ayuden a explicárselo todo.

Vamos allá. El asunto surge a partir de la invitación que mi amiga Eva Gil me hizo para intervenir como conferenciante en su curso de la EPF de Lausanne. Los que me conocen ya captaron que estaba especialmente nervioso y estresado por esta conferencia, algo bastante infrecuente en mí, que tengo muchas tablas y confianza en mis recursos para salir airosamente de este tipo de retos. Les cuento la génesis del asunto. El año pasado, mi amiga me invitó a participar telemáticamente en la sesión de fin de curso, en la que sus alumnos suizos y de todas partes presentaban sus trabajos. Era su primer curso en la universidad suiza y quiso reforzar su autoridad con mi presencia, algo que le agradezco y dice mucho de su amistad conmigo, aunque ya me suscitó algunas dudas sobre si conseguiría estar a la altura.

Fue una sesión de dos días. Uno de los grupos habló en su presentación de los viajes de agua, así en español y, al comentar su trabajo, lo felicité por su conocimiento de una historia tan madrileña y tan ligada a la fundación y origen de la ciudad. Muchos madrileños no saben nada de los viajes de agua y me parecía admirable que un chico extranjero tuviera noticia de ello. Eva se quedó con la copla y para el curso de este año se le ocurrió invitarme a desarrollar mi tesis sobre la historia de Madrid y su vinculación con el agua. Inicialmente pensé que no me supondría un estrés mayor que el habitual. La historia de la ciudad en relación con el agua es una de las charlas que vengo dando por ahí. Sin ir más lejos, de eso iba mi intervención presencial en la ETSAM hace pocos días también. Eva reserva para conferencias externas los martes y quedamos en hacerlo el 30, para que fuera antes de Semana Santa. Abajo tienen el cartel con el que se anunció la conferencia.

No tenía mucho tiempo para prepararla y aquí fue cuando vinieron los problemas. Para empezar, caí en la cuenta de que nunca había contado esta historia en inglés. Traduje todos los rótulos de mi presentación pero, cuando ensayé mi speech, comprobé que me faltaba mucho vocabulario: piedemonte, pantano, presa, tubería, pendiente… Además, en la ETSAM dispuse de hora y media, más otra media de preguntas. Eva me daba 40 minutos y 20 de preguntas. Se cruzaron más cosas todavía. Se me ocurrió entrar en la página Web de mi anfitriona y me quedé maravillado del trabajo que hace el estudio de esta mujer en cuanto a arquitectura innovadora, reconocida internacionalmente. El resto de colegas que me invitan a dar clases en sus asignaturas son gente dedicada en exclusiva a la enseñanza, o bien la compaginan con una práctica profesional discreta, de fines puramente alimenticios. Por algo a Eva la invitan a enseñar en una universidad tan prestigiosa como esta, y a los otros no.

Creo que para Eva la enseñanza es sólo una faceta más de una práctica profesional poliédrica y brillante en todos los terrenos. Que ella me invite a su curso es un salto de calidad importante para mí, que tengo que cuidar con especial cariño. Pero todavía había un factor más. Cuando cuento ese rollo de Madrid y el agua, el discurso me lleva de manera natural a Madrid Río, proyecto que me sirve de colofón lógico. En una conversación previa con ella, me enteré del tema que les había puesto a sus alumnos en el curso, centrado en estudiar un edificio concreto del centro de Madrid, para que busquen ideas de qué hacer con él (más adelante les diré de qué edificio se trata). El Madrid Río aquí no pintaba nada. Por el contrario, quedamos en que procuraría derivar mi discurso hacia la historia de la regulación urbanística del centro histórico a lo largo de las últimas décadas, para que tuviera relación con el objeto del curso.

Así que procedí a repasar mis recuerdos, datos y opiniones al respecto y me encontré con un discurso bastante radical, una auténtica bomba conceptual. Lo que pasa es que no estaba seguro de si este asunto era adecuado para la ocasión, en un curso de arquitectura de una prestigiosa universidad extranjera. Me conecté con Eva quince minutos antes de empezar la clase y le conté mis dudas. Me dijo: Emilio, tú en mi curso cuentas lo que te apetezca. Eso fue diez minutos antes de que empezara a sonar enérgicamente el timbre de la puerta, e irrumpieran en mi casa el portero y el curreta de los videoporteros hablando a voces, como ya les conté, en una escena digna de aquellas películas en las que empezaron Alfredo Landa y José Sacristán.

Y qué fue lo que les dije a los alumnos suizos e internacionales de Eva. Pues algo que no había contado nunca en público y que creo que puede ser de interés general. Según yo lo veo, después de la guerra, el centro de Madrid empezó a deteriorarse paulatinamente. Las administraciones públicas (que entonces eran dos: el Estado franquista y el Ayuntamiento con Alcalde elegido de forma digital, es decir, por Franco con el dedo), se desentendieron por completo del centro, porque bastante tenían con intentar controlar el caos de la avalancha de inmigración interior que se instaló de cualquier manera por toda la periferia. El centro empezó a perder población selectivamente, es decir, gente joven, familias con niños que se iban a lugares con aire más sano y mejores equipamientos. El declive paulatino de estos barrios, llevaba ineludiblemente a un centro cada vez más despoblado y envejecido.

En los sesenta y setenta aparecieron una serie de alcaldes digitales que empezaron a intervenir en el centro, con criterios exentos de la menor sensibilidad con el Patrimonio Histórico Arquitectónico (esto de proteger el patrimonio es algo bastante reciente, recuerden que antes era normal ponerle una catedral encima a la Mezquita de Córdoba, por ejemplo). Estoy hablando de Arias Navarro (hasta que ascendió a presidente), García Lomas y Arespacochaga. García Lomas es el más peculiar de los tres. Arquitecto del régimen, dirigió sucesivamente el Instituto Nacional de la Vivienda y la Obra Sindical del Hogar, fue Director General de Arquitectura y Procurador en las Cortes franquistas por el tercio de cabezas de familia (que mi padre llamaba siempre de cabezas de ganado). Participó en la construcción de los Nuevos Ministerios y del Estadio Vicente Calderón (fue directivo del Atleti) y fue el que terminó la M-30. Este caballero entró en el centro histórico como elefante en cacharrería, dedicándose a demoler edificios antiguos que se iban quedando vacíos y sustituyéndolos por otros supuestamente modernos, de acero y cristal, generalmente más altos que su entorno construido, como los que ven abajo, sitos respectivamente en las plazas de Antón Martín y Jacinto Benavente.


A García Lomas, el gran caricaturista Mingote lo representaba siempre subido en una excavadora demoliendo cosas. En los estertores de la dictadura, la actuación tolerada y promovida desde el Ayuntamiento presidido por este señor originó un poderoso movimiento de rechazo en la ciudadanía, liderado por una serie de arquitectos expertos en conservación y rehabilitación de edificios, que cristalizó en la elaboración de un Catálogo de acuerdo con las leyes estatales de protección del patrimonio. La aprobación de este Catálogo implicaba una suspensión generalizada de licencias pero, durante su preparación, García Lomas dio la licencia de demolición del Mercado de Olavide, para hacer debajo un aparcamiento cutre y esto fue la gota que colmó el vaso. Aún recuerdo las manifestaciones contra esta demolición, duramente reprimidas por los grises. Abajo, dos clásicas imágenes de este precioso mercado.



En medio de la polémica, el escándalo montado se llevó por delante a García Lomas, que fue sustituido por Arespacochaga. El alcalde saliente no se esperaba este cese, que le fue comunicado, como se hacía en esos tiempos, por motorista venido directamente desde el Pardo. Y se cuenta que le entró la llorera, que se despidió del Ayuntamiento abatido, inconsolable y devastado por la noticia y que se murió de pena pocos meses después. El catálogo se aprobó enseguida y se incluyó en el Plan Especial Villa de Madrid, aprobado en 1978. Desde ese momento, todo el centro de Madrid está protegido por ese catálogo, que se ha revisado varias veces, con pequeños cambios, pero sin entrar a fondo en el propio concepto del catálogo.

La regulación urbanística del centro urbano pasó a estar desde entonces controlada por una serie de arquitectos que no son especialistas en urbanismo, sino en barandillas, balaustradas, artesonados y portadas renacentistas. De la vía libre para demoler lo que se quisiera, se pasó a la imposibilidad de hacer nada en el antiguo caserío de la ciudad. Es un clásico movimiento pendular, de un extremo al contrario. Suele utilizarse un símil taurino: frente a un toro (García Lomas y su política), los cánones determinan que hay que parar, templar y mandar. Bueno, pues con el Plan Especial Villa de Madrid de 1978, se logró parar el toro, sin ninguna duda. El problema es que nunca nadie ha podido ya templar y mandar en esta plaza. El centro de Madrid está en manos de una especie de secta, que yo suelo llamar de los Conservadores de Cascarones, porque sólo les interesa mantener el edificio. El mantenimiento del uso o actividad que en él se pudiera desempeñar con anterioridad, se la trae al pairo.

Durante toda mi carrera municipal he estado enfrentado con esta banda, en una historia que desarrollaré en el segundo post de esta dupla. No es nada personal, de hecho muchos son amigos míos y, después de nuestras discusiones profesionales, quedábamos a menudo a beber cerveza y hablar de otras cosas. Pero es un hecho que, a día de hoy, si usted, querido lector, pretende hacer cualquier reforma en un edificio del centro de Madrid por escueta que sea, la licencia de edificación, si se la llegan a dar, le va a tardar como mínimo ¡dos años! Algo raro pasa aquí, ¿no creen? Les emplazo a leer el segundo post, en pocos días. Que pasen un buen finde. Y cuídense, que antes o después llegarán las vacunas.

lunes, 12 de abril de 2021

1.040. Abocados al naufragio universal

Nada, que aquí me tienen en ascuas esperando al señor Vacunin, yo que me las prometía tan felices por haber cumplido 70, pensando que adelantaba turno, y resulta que era al revés, que todos mis amigos sexagenarios se están vacunando ya y yo sigo aquí Waiting for the man, como decía Lou Reed. Paciencia. Me dicen algunos que mejor así, que me pondrán la Pfizer o la Janssen que dan mejor resultado. Yo no tengo ningún problema con la de Astra Zeneca, desde el primer día dije que la historia de los trombos estaba sobredimensionada por el interés de las grandes compañías en joder una vacuna que resulta más barata y se guarda en la nevera. En cualquier caso, a mí me gustaría que me pusieran la de Moderna, que me pega más, como ya les he dicho.

He estado ocupado estos días acabando algo que me pidió mi jefa y por eso me he retrasado con el blog. Ayer domingo tenía que correr, acabar el trabajo, ver el partido del Dépor y escribir un post. Y no me llegó el tiempo para todo. Hoy a mediodía he acabado esa parte del trabajo y ya entro en un tiempo un poco más relajado hasta el próximo achuchón. Es tiempo de mirar un poco alrededor y ver qué sucede por el mundo. El covid está remontando por todas partes, la cuarta ola es un hecho y el efecto de las vacunas aún no es perceptible a nivel global. En algunos sectores sí, por ejemplo, en las residencias de ancianos de España la incidencia de contagios se ha desplomado. Pero los gráficos de la Johns Hopkins University no mienten y aquí pueden ver cómo están en este momento. Arriba el número de casos diagnosticados por día y abajo los muertos diarios. Es espeluznante.

Leo en el New York Times una comparativa entre cuatro de las principales ciudades europeas, que empieza diciendo que en ninguna parte se han hecho cierres de actividad tan largos como en Europa y, sin embargo, ahora afrontamos una tremenda cuarta ola sin otros recursos que nuevos cierres. En la región de París, todos los negocios no esenciales están cerrados hace meses, hay toque de queda y está prohibido viajar a más de diez kilómetros de casa. Aún así, se han producido 61 muertos diarios la semana pasada. En Milán, con las tiendas no esenciales cerradas y los restaurantes sólo para llevarse la comida a casa, se han reportado 89 muertos en el mismo período. El gobierno italiano está tan preocupado que va a contratar a 70.000 agentes para que vigilen el cumplimiento de las normas. Por cierto, allí llevan con el estado de alarma más de un año, pero nadie llama por ello comunista al primer ministro, ni le hace pasar una sesión de tortura cada vez que se renueva.

En Londres, se ha mantenido uno de los encierros más estrictos durante meses: en la región del Great London estaba prohibido hasta sentarse en un banco de un parque con una persona no conviviente. Pero las medidas parecen haber dado resultado: en la semana pasada se reporta una media de 3 muertos diarios. Por eso han decidido abrir de nuevo los pubs y las terrazas. Por último, la comparativa habla de Madrid. El NYT pone a esta ciudad como única excepción de esta política de cierres estrictos. Aunque los contagios están aumentando, se mantiene la política de tener abiertos los bares, los restaurantes, los teatros y los museos, hasta el punto de que se ha convertido en destino turístico de los jóvenes europeos que vienen a descansar un poco de la presión de sus ciudades. Y los datos de la región de Madrid la semana pasada hablan de una media de 18 muertos diarios.

En fin, esto es algo que no se puede negar, por muy mal que nos caiga la señora Ayuso. Los datos del New York Times de esta mañana están ahí. Vale, que puede que no sean significativos y resulten en conclusiones sesgadas. Yo tengo claro que los datos de contagios y de muertos de Madrid son los peores de España, pero la diferencia no es tanta como podría esperarse de una política tan radicalmente distinta. Es que los bares de Barcelona y todas las ciudades grandes llevan cerrados desde octubre. Y aquí las terrazas están llenas. Realmente no sé qué pensar de esto. Lo que sí tengo claro es que IDA es tan burra como para tirar adelante por un camino en el que Boris Johnson se acojonó, cuando se vio a las puertas de la UCI. Y que las motivaciones de Ayuso (o de MAR, que maneja la marioneta) son coherentes con una concepción ultraliberal y trumpista del mundo.

Ayuso tiene un único objetivo político: joder a Sánchez. Yo creo que si Sánchez fuera partidario de abrir todos los bares, Ayuso los cerraría a cal y canto. Pero salvado esto, esta gente de la línea ideológica Trump-Bannon piensa que aquí cada uno tiene que arreglárselas como pueda. Que contra el virus se lucha con hombría y no se lloriquea tanto. Que nada de ayudas, que cada uno se busque la vida por su cuenta. Y que los que enferman y mueren, es porque son unos perdedores, condición que les impide luchar lo suficiente. Ese fue el calificativo que asignó Trump a los caídos en la guerra de Corea, cuando estuvo en Seúl y se negó a visitar el cementerio de los soldados americanos muertos en combate. Pero los dueños de los bares parece que apoyan a IDA a muerte, según se cuenta en ESTE reportaje de El País.

Yo creo que Ayuso va a ganar de calle, que los de la izquierda estamos abocados al naufragio. Ya saben que soy optimista por naturaleza, pero esto ya no es una cuestión de optimismo o pesimismo: es ver lo que viene. Yo me llevaría una alegría si no pudiera formar gobierno, pero soy realista. También me hubiera gustado que el Dépor subiera a Segunda, pero hace tiempo que se veía venir que no. Y que la Liga la ganase el Atleti pero, aunque sigue de primero, ya se ve que va a acabar tercero como siempre. Basta ver cómo jugaron el Madrí y el Barça el otro día. Así que de ahí el titular del post. Realmente, ese titular viene del comentario de Alfred en el que me hacía ver que el chiste que yo había atribuido a Forges (nosotros o el caos) era en realidad una reinterpretación de otro del Hermano Lobo, 1975, del dibujante abulense Ramón.

Buscando por ahí otros chistes de este señor ya retirado, encontré uno realmente genial. Corresponde al momento mismo de la transición, cuando las Cortes franquistas estaban a punto de aprobar la reforma política que haría viable esa transición, en una decisión que la prensa calificó de harakiri. En la viñeta se ve un bunker, forma en que solía representarse el viejo régimen. Y de la estrecha tronera salen tres bocadillos que dicen lo siguiente. Estamos inevitablemente abocados al naufragio universal. Querrá usted decir sufragio. No, no, yo sé lo que me digo. Me parece genial. Pues de la misma forma, creo que los de la izquierda de Madrid, como los del Dépor y los del Atleti, estamos condenados al naufragio universal de nuestros anhelos respectivos. Pero, igual que el NYT hace una comparativa de las ciudades europeas contra el covid, creo que se puede hacer una comparativa de los vídeos de la campaña madrileña que se van publicando. Veamos primero el de Sosoman Gabilondo.

Bueno, qué quieren que les diga. Creo que el vídeo es hábil. Destaca lo que se puede destacar de este señor. A estas alturas no nos van a vender que es un tipo ocurrente, ingenioso y divertido. Si centran la campaña en lo que es, pueden sacar muchos votos. A la gente más formada, la gente universitaria y profesional, no les gusta nada la chulería, el descaro y la inanidad cultural de Ayuso. Yo no tendría inconveniente en votar a este señor, pero no puedo quitarme de la cabeza una sensación: la gente que no dice nada no me resulta de fiar (véase Pepu). Muchas veces, el que no dice nada es porque no tiene nada que decir, o por falta de carácter. A este señor lo estaban preparando para ser el Defensor del Pueblo, un cargo que le viene al pelo a su personalidad. Pero Ayuso les pilló a contrapié y han tenido que reciclarlo como candidato deprisa y corriendo. En esa tesitura, el vídeo está bien. Veamos ahora uno de Mónica García.

Qué vemos aquí. Pues una señora que habla muy bien, con naturalidad, con el mismo tono que si estuviera en un bar o en una reunión familiar. Ya les he dicho que estoy bastante decidido a votar a Más Madrid, pero en realidad no por su cabeza de cartel, sino por lo que representan Errejón, Carmena y los ecologistas de Equo. Esa línea es con la que más me identifico, más que con la de Podemos, que me parece una continuación de la de Izquierda Unida de toda la vida. De esta señora, supongo que conocen su origen. Mónica es anestesista del Doce de Octubre, en donde trabaja todavía y está bastante valorada profesionalmente. Hace unos años, se involucró en el movimiento de las mareas blancas, los médicos que protestaban por la privatización de la sanidad. Mónica estaba siempre en primera fila, detrás de las pancartas.

Y, cada vez que llegaba algún periodista con un micrófono, acababa hablando ella, porque es piquito de oro y porque descubrió que le gustaba esa vaina, como le pasó a Samantha Fish a los 17 años y a mí cuando llegué al Colegio Mayor. Cuando descubres que te gusta dirigirte a una audiencia, que lo haces bien y que produces un efecto, es como una droga poderosa. De ahí pasó a la política, como miembro de la candidatura de Más Madrid a la Comunidad. Y se dieron una serie de carambolas: Errejón se fue al Congreso, llegó la pandemia y el resto de su grupo delegó en ella, porque es la que sabe de medicina. Y se convirtió en el azote de Ayuso, con unos discursos muy brillantes. Por ahora no ha acreditado que sepa de otras cosas, aparte de medicina. Carece de formación política. Pero tiene carácter, es lista y valiente. Entre lo que hay, a mí es a quien menos me repugna votar, aunque no me parece la candidata perfecta. Pero vayamos con el vídeo de Ayuso (imagino que muchos ya lo habrán visto).

Pues siento decirlo, pero me parece un vídeo buenísimo. MAR sabe de esto y es un auténtico crack de la comunicación. Como les vengo diciendo, esta señora no sabe hablar y es muy corta. Cada vez que habla se ven sus limitaciones y pierde votos. ¿Cómo lo solucionan? Pues con un vídeo en el que no dice nada. Una idea genial. Ahora vienen los listillos a decir que si para recorrer todos esos sitios que salen tendría que hacer 33 kilómetros. Joder, es que así es como se hacen los guiones de los vídeos. Es como si yo ahora me pusiera a decir que su forma de correr no es la correcta, que tiene un trote gallináceo y le sobra peso en salva sea la parte. Da igual, de los tres vídeos este es el que más repercusión ha tenido. A MAR le conviene que se hable de ella todo el rato, aunque sea mal. Los que sí son ingeniosos son algunos memes que le han hecho, como ese que sobre el letrero final Ayuso-Libertad, dice me encanta que estén ya pidiendo la excarcelación de esta señora, eso es tener visión a largo plazo.  

Iglesias creo que no ha hecho ningún vídeo similar, podríamos equiparar a estos el que se grabó en el despacho de vicepresidente, que ya fue debidamente comentado (y contestado) en el blog. Yo sigo creyendo que su principal motivación para dar ese paso es que estaba hasta los huevos de ser vicepresidente y tener que estar callado para no joderla. Que le pone mucho más la Asamblea de Madrid, donde puede lucirse con su discurso crítico continuado y brillante. Contra los que dicen que, si pierde, no se va a quedar en la oposición, yo creo que ahora mismo es lo que más le apetece. Es significativo que se pusiera sus pendientes de aro negro para dar ese discurso y ya no se los haya quitado más. Él es un luchador, no alguien para estar de vicepresidente comiéndose su rabia entre los papeles de un despacho.

Como les he dicho, yo soy pesimista en estas elecciones. Pero el partido hay que jugarlo y nunca se sabe. Como también hay que jugar los que le quedan al Dépor y al Atleti. Yo tiendo a ilusionarme con cosas que veo más posibles. Como por ejemplo, que para febrero la situación haya mejorado y pueda ir a ver a Samantha Fish al Bataclan de Paris. Ya se lo he dicho a mis hijos, a los que invitaría con sus chicas al concierto. Y aquí el comentario de mi hijo Kike, muerto de risa: Papá, estás con Samantha como un verdadero quinceañero. Esto sí que es cojonudo. Tener un hijo tan maduro y tan majo es una bendición.

Mientras tanto, yo sigo mi singladura. Mañana empiezo con mis clases telemáticas de inglés. No tengo más conferencias en perspectiva, pero ya me han pagado por dos de las dadas: 153€ por la de Alcalá de Henares (3 horas) y 114,75€ por la presencial de la ETSAM (2 horas). Cifras netas, tras descuento IRPF. Me falta la de la EPF de Lausanne, que tal vez sea algo más. En cualquier caso, no lo suficiente para que algún listillo de Hacienda se mosquee al ver que recibo una transferencia de Suiza. Son cantidades que no me sacan de pobre, pero no se imaginan la ilusión que me hacen. Y mis gestiones diversas van progresando: hoy me ha llegado por correo mi nuevo carné de conducir. Viene en una carta en la que el Director General de Tráfico, Pere Navarro, me recomienda encarecidamente que conduzca con cuidado y vaya por la sombra. Por detrás, se añaden más consejos, en los cuatro idiomas del Estado. Por ejemplo: Alkohola eta drogak gidatzean bateraezinak dira. O esta otra: Trafikoko arauak errespeta itzazu. Está clarísimo. Se entiende de puta madre.

Así que a ver si me ponen la vacuna de una puta vez, que es por donde hemos empezado con este post. Miren, me alegra encontrar otra opinión coincidente con la mía respecto a la vacuna de Astra Zeneca y nada menos que de la ilustre viróloga Margarita del Val. Dice esta señora que, si pudiera elegir a sus sesenta y pico años, sin duda pediría que le pusieran dicha vacuna, reservando las de las otras marcas para los pacientes de mayor riesgo potencial, como ancianos y enfermos. Sí señor, con dos narices. Pueden leerlo AQUÍ, en La Opinión Coruña.

Ya que hemos hablado de París, les dejo de postre un vídeo de Khatia Buniatishvili, a la que ya presentan como pianista parisina de origen georgiano (igual que hacían con Picasso). Cosas de la grandeur. Con motivo de la Fiesta Nacional de 2019, la última multitudinaria, la invitaron a tocar a Mozart bajo la torre Eiffel. Y al principio la vemos eligiendo el collar que se pondrá para tan solemne concierto. Ya saben que tengo debilidad por las divas valientes y con talento. ¡Ay! Que ganas tengo de que pasemos página de la pandemia, para poder viajar y meterme en medio de multitudes como esta. No se imaginan cuánto echo de menos los codazos, los pisotones y el olor a sudor. Paciencia. Y que pasen una buena semana.