viernes, 30 de septiembre de 2016

562. Los tópicos nacionales y unos daneses birreros

Viene hoy en El País una referencia a un ranking recién publicado donde se valora la calidad de vida de los expatriados en los diferentes países, elaborado por el banco HSBC Exat, en el que se vierten (literalmente: un auténtico vertido) una serie de tópicos sobre nuestro país, que ya empiezan a ser cansinos; todo eso de la siesta, la impuntualidad, la informalidad, los piropos, etcétera. AQUÍ tienen el artículo en cuestión, por si quieren echarle un vistazo, aunque sea en diagonal, pero ya les advierto que no se van a perder mucho si no lo leen. Esto de los rankings es un asunto muy de moda, hay centenares de ellos valorando distintos conceptos y, detrás de cada uno, hay una empresa cuyo único objetivo es elaborar y mantener ese ranking. Cosas de los tiempos modernos.

Esta tontuna concreta del ranking de ciudades más o menos acogedoras para los expatriados (elaborado mediante encuestas a los propios extranjeros) no se merece una réplica en mi blog, pero se la voy a dar, porque creo que en nuestra ciudad los extranjeros viven muy bien y, los que le cogen el punto, ya no se van nunca. En primer lugar, insistiré en algo que ya dije en el blog: el banco HSBC se esconde tras unas siglas (prueben a buscar su significado en Google y verán qué difícil resulta), porque si dijera su verdadero nombre, nadie en su sano juicio metería allí su dinero. ¿Lo están buscando? ¿A que no sale en ninguna parte? Bueno, pues ya se lo digo yo. Esas siglas corresponden a Hong Kong & Shanghai Banking Corporation. Un nombre que, a mí al menos, me da bastante miedo. Por eso lo ocultan.

Respecto a nuestra informalidad, impuntualidad e ineficiente burocracia, me basta con poner unos ejemplos. El 2 de enero envié una transferencia internacional por valor de 190€ a la Sparkasse de Leipzig, oficina central, para pagar la matrícula de mi hijo Lucas en el máster. Ese dinero nunca llegó a la Universidad. Mi banco lleva desde entonces reclamándoselo a la Sparkasse sin resultado. Lucas tuvo que hacer el pago con su dinero, porque le amenazaban con expulsarle de la Uni por impago. Leipzig es parte de la antigua Alemania del Este, y allí se une la cabezonería tradicional teutona con la ineficacia de un país postsoviético. Respecto a la reclamación a Air France por los gastos derivados de la pérdida de mi maleta en Piter, mucho me temo que va por el mismo camino y ya le dedicaré un post específico cuando tenga ganas. Esos son los eficientes europeos que se permiten mirarnos por encima del hombro.

Y viene a cuento también la historia de los daneses birreros, que me dispongo a contarles. Una historia verdaderamente surrealista. Resulta que, desde antes del verano, la embajada de Dinamarca en Madrid llevaba preparando la visita de un grupo de importantes inversores inmobiliarios de su país que querían que se les contase el contexto del mercado de la vivienda en nuestra ciudad. Su idea inicial era visitar la Operación Chamartín (un erial lleno de vías sin un diseño todavía decidido) pero, a través de nuestro contacto en la embajada, un chaval avispado que atiende por Mikkel, les convencimos de que no era una buena idea y les organizamos un programa distinto para la mañana de anteayer miércoles.

El programa se componía de una primera conferencia a mi cargo, sobre el contexto y la historia del planeamiento en Madrid, una segunda del Consejero Delegado de la EMV contando la política municipal de vivienda, una visita al barrio en construcción de Valdebebas y otra más a Madrid Río. Venían 40 personas y el horario era de 9.00 a 16.00. La comida la resolvían con unos bocatas en el bus, algo llamativo para nosotros, pero común entre los nórdicos. No es la primera vez que me toca acompañar a un grupo que ha encargado un picnic en el mismo parque del río. El nombre del grupo era Realkredit Denmark Delegation, que suena bastante imponente. Así que el miércoles estaba yo en el curre a las 8.45 bien maqueado y compuesto, con mi mejor traje de entretiempo, dispuesto a recibir a tan importantes caballeros de la envidiada Dinamarca, donde sabido es que todo el mundo mea colonia.

A las 9.30 no había noticias del grupo. Llegaron, en efecto, a las 9.45 y empezaron a subir por la amplia escalera del edificio con paso cansino. La mayoría eran tipos de edad mediana, seguramente más jóvenes que yo, del tipo vikingo grandote barrigudo y con bigote, vestidos con camisetas desteñidas, chanclas y bermudas, piernas peludas al aire, medio afeitados hace varios días y a ritmo tropical. Como si vinieran a la playa. Se acomodaron como pudieron y empezó la cosa. OJO AL DATO: ¿saben cuantas mujeres venían en el grupo? Respuesta: ninguna. 40 inversores de la simpar Dinamarca, modelo de igualdad de género: todo tíos. Les pregunté si eran de Copenhague y dijeron que no. Ya lo sabía, era sólo por comprobarlo: eran unos auténticos garrulos. A las 10.15 asomó por la puerta el capitoste de la EMV y me apresuré a cortar el rollo. Estos tipos no se merecían más que una faena de aliño.

Me fui al despacho mientras les hablaba el de la EMV y esperé. Después fueron al baño y bajamos al bus en dirección a Valdebebas, la única promoción que siguió trabajando en los momentos más duros de la crisis, el único lugar de Madrid donde se veían grúas en 2008. En la sede de la promoción, tienen una maqueta muy espectacular y una pantalla donde les pusieron una serie de proyecciones. Me quedé al fondo y allí me abordó uno de los más gordos, que salía a la puerta a fumar. Con su aliento apestoso, me hizo una serie de preguntas bastante insultantes. Cómo se resolvía el suministro de agua a un nuevo barrio. No tenemos problema de agua en Madrid –le dije. Sí, pero es un país muy seco este, por lo que sabemos. ¿Ha probado usted el agua del grifo en su hotel? Es muy buena ¿no? Otra: ¿cómo resuelven la seguridad del barrio? ¿Tal vez van a construir un muro alrededor? No señor, todos esos parques y calles son públicos y están abiertos, este es un país seguro.

Estos paletos tal vez se creían que venían a Sudamérica. A las 12.30 les trajeron los bocatas allí a la puerta del edificio. Había bolsas con cerveza y alguna con agua. Me preguntaron de cuál quería y dije que con cerveza, lo que me valió una pequeña ovación. Cada paso que dábamos suponía un nuevo retraso, era como mover a un grupo de elefantes. Cuando ya nos subíamos al bus, apareció Mikkel con su coche y se disculpó: había tenido que atender otra visita a primera hora. Se ofreció a llevar de vuelta a la oficina a un compañero que había venido a ayudarme y quedamos con él en Príncipe Pío, debajo de la gran bandera europea. Llegamos al punto de encuentro, despedimos al bus y yo me quedé con el teléfono del conductor para llamarle cuando se cansaran, porque ya presentía que no íbamos a hacer el recorrido completo. Mikkel se retrasaría un poco, porque además de dejar al compañero tenía que aparcar, etcétera, así que empecé a contarles el proyecto bajo la bandera.

Al poco, el que ejercía de líder del grupo decidió que empezásemos el paseo sin esperar a Mikkel. Pregunté si lo habían avisado y dijeron que no pero que daba igual. Bajamos al parque y, en el Puente del Rey, hice un pequeño corro para explicar alguna cosa más. Ya allí me pareció que el grupo se había reducido bastante. Enfilamos hacia la Huerta de La Partida y les conté algunos detalles más. El grupo perdía unidades por momentos. Llegamos a la Avenida de Portugal y observé que otros cuatro o cinco se desentendían de mí y se iban hacia el río. Pensé que iban a los aseos de un bar restaurante que hay allí mismo. Pero, cuando bajamos, no estaban. Y fue ver la terraza del bar y ponerse todos a juntar mesas para acomodarse. Llegó el camarero y le pregunté si podíamos ocupar tantas mesas para tomar una cerveza, porque se trata de un restaurante. Sin problemas. Pedimos dieciséis cervezas dobles. Apenas habíamos iniciado el recorrido por el parque y yo tenía el compromiso de seguir con ellos hasta las 16.00, según el programa. Pero no era mi problema si perdían el tiempo.

Empezamos a confraternizar. Les pregunté dónde estaban los demás y me dijeron que tenían que descansar para el programa de la noche. ¿Y cuál era ese programa? Pues más de la mitad del grupo iban luego a ver el partido Atlético de Madrid-Bayern de Munich. ¡Pero si hace tiempo que se agotaron las entradas! –dije ingenuamente. No hay problema, nosotros las compramos por Internet hace más de un mes. O sea que venían a eso. La política local de vivienda se la sudaba ampliamente. Les pregunté de dónde eran exactamente. Daneses. Ya, pero ¿son ustedes una especie de asociación de toda Dinamarca? No, no. Somos de un sitio concreto. ¿De cuál? Pues de Uuuudn. ¿Cómo dicen? Uuuudn. En su inglés de acento alemán sonaba así. Pero ¿qué es Uuuudn? –les pregunté– ¿Una ciudad, una región? Respuesta: es una ciudad y es una región y es una isla. Era realmente complicado entenderse con estos patanes.

Saqué un papel y un boli y les pedí que me escribieran el nombre de su ciudad. Era Odense. La ciudad dedicada al dios vikingo Odín. Luego he visto en Google que Odense tiene unos 180.000 habitantes, o sea, que es más pequeño que La Coruña. Pero los coruñeses no somos tan garrulos. Creo yo. Me contaron que su ciudad tiene dos motivos históricos de orgullo. Uno, que allí nació Hans Christian Andersen. El otro, que el Odense Club de Fútbol vino una vez a Madrid y le ganó 0-2 al Real Madrid, eliminándolo de la Copa de Europa, acontecimiento que todavía se recuerda en la región. ¡Y eso que en el Real jugaba Michael Laudrup, el mejor jugador danés de la historia! ¡No es posible! –exclamé. Tiraron de móvil y lo buscaron. Fue en 1994. El Odense, un equipo de ínfimo nivel, venía de perder en la ida 2-3. El entrenador Valdano dio descanso a varios titulares. Hacia el minuto 80 les metieron un gol y en el 90 cayó el segundo que los eliminaba.  

Ya nos habíamos acabado la cerveza, así que llamé al camarero para que nos trajera la cuenta, a ver si empezábamos de una vez nuestro recorrido por el río. El hombre abrió los brazos perplejo y dijo: –¡Pero si me acaban de pedir otras dieciséis cervezas! En fin, yo ya me relajé. Me contaron que los que no iban al partido habían reservado un restaurante junto a la Plaza Mayor para cenar un cordero. Alabaron la cerveza, pero dijeron que la danesa era mejor y entonces decidí tocarles un poco las pelotas. Les dije que la Carlsberg era muy buena, que yo había visitado la vieja fábrica de Copenhague con mis hijos pero que, en mi opinión, las mejores cervezas eran las checas y las belgas. Estuvieron de acuerdo, pero aportaron un dato: Dinamarca es el lugar del mundo donde más cerveza se bebe. Me lo creo.

No me sorprendió que dijeran que no querían ver el río. Ni yo pretendía enseñárselo ya. Pregunté si habían avisado al conductor para que volviera a Príncipe Pío. Se la sudaba; ellos habían decidido volver andando al hotel, que estaba cerca de la plaza de España y lo encontrarían con el Google Maps de sus móviles. Así que le llamé yo al conductor. Nadie le había dicho nada y nos estaba esperando por allí. Le dije que se fuera a su casa, que su trabajo se había terminado. Once de los presentes tomaron el camino del hotel. Eran de los que iban al fútbol y debían recoger sus bufandas, imagino que del Bayern. Los otros cuatro se pidieron una tercera doble, para irse preparando para el cordero. Yo subí hasta la estación de Príncipe Pío y tomé un tren a casa. Eran exactamente las cuatro de la tarde y necesitaba descansar un poco y comer algo antes de mi taller de inglés. Así que ya ven lo que eran estos daneses birreros y paletos. Unos patanes. No me extraña que ninguna mujer quisiera venir con ellos. Eran como esas peñas gastronómicas de los vascos. Y esta es mi moraleja: no se sientan menos que nadie. Los españoles somos una gente cojonuda. Y más educados que muchos extranjeros. Que pasen un buen finde.   

miércoles, 28 de septiembre de 2016

561. Para terminar: las imágenes de Piter

Hoy no tengo demasiadas ganas de escribir y, por otro lado, algunos lectores me han reclamado que ponga más fotos de mi maravilloso viaje a Piter. La verdad es que tengo fotos a cientos, pero me ha parecido más interesante escribir textos y creo que he contado todo lo sucedido bastante fielmente. Pero es cierto que la potencia de la imagen no tiene nada que ver con lo que se puede contar por escrito. Así que les voy a poner una selección de las imágenes que complementan el relato de estos días en la ciudad rusa más cosmopolita y europea. Para empezar, algunas imágenes del Congreso de la ACUUS. En esta pueden ver la primera fila, la de los importantes, aplaudiendo al Presidente de la asociación, el griego con cara de monolito de la Isla de Pascua. De izquierda a derecha, el vice-gobernador de Piter que habló sobre el Metro, el propio Gobernador, Jacques Bessner, el japonés Kishii, mi amigo Yingxin Zhou de Singapur, Clement Demers, de Montreal, Evasio Lavagno y un asiático no identificado.

El Gobernador inaugurando el Congreso


Aquí un par de imágenes del menda lerenda desarrollando el speech totalmente concentrado



Sergei Alpatov y Jacques Bessner siguiendo atentamente mi speech. El segundo con su letrero de 5 minutos preparado para mostrármelo en cuanto me extendiera más de lo acordado.


Yingxin Zhou durante su intervención en la sesión inaugural.


Vladimir Kolotarev, Meritorious Architect of Russia, durante su magnífica intervención en el panel.


El gran Rashid Mangushev.


Evasio Lavagno, aburrido mientras ejercía de moderador del segundo panel.



El equipo de azafatas del Congreso. Mi adorada Svetlana luce pequeña al lado de las dos gigantas que la ayudaban, ambas presuntas jugadoras de basket.


Pasamos ya a algunas fotos de la ciudad. Para empezar, una boda en el Palacio de Catalina la Grande. Se puede observar que algunas rusas no esperan a los 30 y a casarse para ponerse orondas.


Aquí la tienda de Zara en la Nevsky prospect.


Una hermosa fachada de iglesia vista desde la Nevsky Prospect


Y aquí la fachada más de cerca. Resultó ser una iglesia armenia y, por tanto, de culto católico. Entré y asistí al final de una misa con unos cánticos preciosos.


Una estatua de Dostoievsky, en la esquina donde supuestamente vivía Raskolnikov.


La fachada del mítico Money Honey, el primer lugar en que se empezó a tocar rock tras la caída de la Unión Soviética.

Por último, las fachadas de un Burger King y un Macdonalds, con los letreros en ruso. Sean felices.



lunes, 26 de septiembre de 2016

560. Algunas consideraciones sobre Rusia y los rusos

Bien, después de pasar una semana en San Petersburgo, creo que se pueden hacer unas consideraciones sobre lo que he visto (llamarle reflexiones a lo que sigue sería un ejercicio de petulancia). Hace 25 años la Unión Soviética se vino abajo de forma estrepitosa. El país hubo de reconstruirse sobre las bases de un sistema capitalista para el que los rusos no estaban preparados ni formados. El derrumbe del anterior sistema supuso un trauma colectivo del que poco a poco van saliendo. El nuevo sistema conlleva una diferencia de clases que antes no había. Ahora hay una clase alta que está literalmente forrada, y también gente muy pobre, que antes no existía. En el sistema soviético, la gente estaba igualada a la baja, en un nivel de pobreza digno, que te garantizaba trabajo, vivienda, salud y educación. Ahora todo esto hay que peleárselo, como en cualquier otro sitio del mundo.

La desigualdad es también geográfica. En Moscú y en Piter se vive bastante bien, pero el resto de Rusia está bastante depauperada, tal como me contó mi amigo Alexander, el ruso de Sigüenza. Colectivamente, el país progresa, pero hay gente joven de provincias, como este Alexander, que quieren vivir bien ya, no pueden esperar. Por eso emigran a las dos grandes ciudades y, el que puede, se va fuera, algo que no es nada fácil. Y, dentro de las dos grandes ciudades, me comentaron que Moscú es un lugar mucho más duro, donde hay muchos más mendigos y te roban o te atacan con más facilidad. En Piter, te puede pillar algún mangushev que te robe la cartera sin que te enteres. Pero no es un lugar violento. Así que, realmente yo he estado en un lugar que es la crême de la crême. Del resto del país no puedo opinar, porque no lo conozco.

En Piter, la gente joven trabaja y está contenta. Las mujeres rusas gustan de casarse jóvenes, antes de volverse feas (luego profundizaremos en esto) y tienen niños en cuanto pueden. Se ven muchas parejas vestidas de boda haciéndose fotos junto a los monumentos. Esta gente  casi no conoció la situación anterior y están libres de traumas. Entre los jóvenes con los que pude hablar (Svetlana, Natasha y algunos otros), se capta un sentimiento de admiración y orgullo por la vieja Rusia imperial, por el esplendor de los zares. Y se habla del período soviético con mucha naturalidad, como algo que sucedió y hay que asumirlo. Nada que ver con nuestra relación con el franquismo, que nadie quiere mirar de frente, parece que nunca sucedió y se echa en falta un acercamiento riguroso, que analice de forma desideologizada un período que tuvo sus cosas buenas y malas. Los rusos hablan con la misma naturalidad de los actuales oligarcas, mafiosos y gangsters, como algo que está sucediendo y hay que admitirlo.

Y, sin excepción, la gente adora a Putin. Es la persona que ha restaurado el orgullo patrio. Este señor, incluso ha conectado con la heredera de los zares, la gran duquesa María Vladimirovna Romanova, que vive en Madrid donde nació, y a la que Putin invita a los actos protocolarios de mayor alcurnia y tronío. No sólo eso, sino que a su hijo Jorge le ha buscado una colocación como representante ruso en Bruselas. AQUÍ pueden consultar una entrevista con esta señora, que ya anticipaba su acercamiento al gobierno ruso, acercamiento que, me consta, se ha producido ya. Algo parecido ha sucedido en Rumanía, con el heredero del trono, un anciano que vive en su país desde hace bastante tiempo. El sueño de Putin es devolver a Rusia a su posición dominante en el mundo.


La gente joven de Piter es activa, trabaja, vive la vida, se divierte. La ciudad está en los circuitos. Hay buenos clubes de jazz, como el Jimmy Hendrix Club, y lugares míticos del rock, como el Money Honey, que se abrió en 1994, por lo que presume de ser el club de rockabilly más antiguo de Rusia. Lo vi una de las tardes en que anduve rondando la plaza Senaya y era muy bonito, pero los conciertos empezaban muy tarde para mi horario de turista solitario. Y luego está la gran discoteca A2 Club, en donde se celebran los mejores conciertos de rock con artistas internacionales (la ciudad estaba llena de carteles anunciando al grupo americano Garbage para el 15 de noviembre). Esa misma gente joven, alternativa y animosa son los que han rebautizado la ciudad, con ese nombre abreviado que algunos de mis lectores más desconfiados piensan que me lo he inventado. Les diré que la emisora que escuchan todos los conductores de bus y taxi se llama Piter FM. Y aquí tienen la imagen sobre la sudadera que le compré a uno de mis hijos. Está en ruso, pero se lee perfectamente: I love Piter.


En cuanto a los rusos, pues ya quedó dicho que son algo secos, que no tienen por costumbre sonreír a un desconocido y uno puede pensar que están siempre enfadados. Pero, una vez rota la coraza de las convenciones, pueden resultar entrañables, dentro de su estilo rudo y bárbaro. Y nos queda hablar de las rusas. Aquí tengo que reseñar una discrepancia doctrinal entre mis dos gurús. Parece claro que las rusas, hasta los 30 son una preciosidad, de las mujeres más bellas del mundo. Y luego se estropean. Según mi amigo Juanmi el Guitarrero, esto se debe a dos causas: el frío y la mala vida que les dan sus hombres, que son unos brutos. Es decir, que, si yo me trajera a una rusa aquí al calorcito del sur y la tratara con amabilidad, seguiría siendo guapa para siempre.

Mi amigo X niega la mayor. Dice que las rusas después de los 30 se afean, cierto, pero no porque se agosten, sino porque engordan y se ponen como botillos. Así que, si te traes una a España y se forra a paellas, pues igual se pondrá cual foca. El Guitarrero no está de acuerdo. Dice que, efectivamenmte, las rusas se estropean después de los 30 porque engordan. Pero eso se debe también al frío. Para contrarrestar temperaturas de veinte bajo cero, han de hacer una comida muy grasa y abundante. Así que, si te traes una a España, le vigilas que haga una dieta mediterránea y se guarde del caldo-puchero, pues puede que la cosa resulte, joder, que el que algo quiere algo le cuesta. ¿Cómo? ¿Que no saben lo que es el caldo-puchero? ¿O sea, que no se enteraron del atentado que se preparaba en Sevilla durante la fallida visita de Obama? ¡Cómo se nota que no leen El Mundo Today! Abajo tienen la reseña del suceso en esa divertida Web que subvierte la realidad sin ataduras.