sábado, 18 de junio de 2016

519. El día de la infamia

El otro día terminé hablando de la violencia inherente a determinadas ideas políticas o religiosas, que siempre acaba por aparecer. Es obvio que no podemos culpar a Putin de las tropelías de los hinchas rusos en Marsella, ni a Artur Mas o Pujol de que unos energúmenos apalicen a dos chicas que habían montado un stand a favor de la selección española de futbol en una calle de Barcelona. Pero los políticos que abren el baúl de los agravios, la caja de Pandora de los sentimientos excluyentes, son culpables, en mi opinión, de que luego surjan extremistas que extrapolen el mensaje y lo conviertan en lo que un día se llamó la dialéctica de los puños y las pistolas. Esto es algo que me parece evidente, pero no encuentro en la prensa española nadie que lo exprese con esa claridad.

Sin embargo, como ya les he contado muchas veces, en la prensa inglesa se analizan mucho mejor los sucesos que conforman la realidad, se sacan conclusiones y se exponen sin cortapisas ni prejuicios. Eso lleva a los periodistas británicos a firmar textos magníficos. Hace dos días, las islas se vieron sobrecogidas por el asesinato de una parlamentaria que estaba, como suelen hacer allí, hablando con sus votantes. AQUÍ tienen el link al blog de Alex Massie, colaborador habitual de The Spectator, por si quieren leer en inglés su análisis de dicho suceso. Es un texto escrito en caliente, cuando apenas se sabía nada al respecto. Me he molestado en traducirlo para ustedes, porque me parece muy bueno, añadiendo la imagen a que hace referencia. Creo estar de acuerdo al cien por cien con lo que dice este señor. Con lo que siente este señor. Les dejo con este texto, no sin antes desearles lo mejor para este fin de semana, prólogo del verano.

Un día de infamia.
Alex Massie. 16 de junio 2016

Los acontecimientos tienen un efecto multiplicador. Y cuando ocurren en serie el efecto puede ser abrumador. Este ya era un día triste y degradante, incluso antes de que nos enterásemos de la terrible noticia de que Jo Cox, una parlamentaria laborista, había sido asesinada durante una sesión de consulta con sus electores, en su circunscripción de Yorkshire.

La política es, figurativamente hablando, un deporte de contacto. Es un asunto duro porque es un asunto importante. Más aun, cuando las apuestas son muy altas. Pero cuanto más alto es el nivel del deporte, cuando los riesgos son más grandes y todo parece estar en juego, ahí es cuando ese carácter se revela más crudamente, también en la política. Incluso, especialmente, cuando realmente importa.

Un referéndum es uno de los momentos en que ese carácter importa. Nada puede rehacerse, no hay ninguna idea consoladora en la derrota que, al menos, permita pensar en resarcirse en la próxima temporada. No, la derrota es permanente y para siempre. Es por ello que un referéndum es mucho más que una elección general. La gente 'equivocada' a menudo gana una elección, pero su victoria es sólo –y siempre– temporal. Habrá otro día, otra vez. Una elección es una negociación; un referéndum es un juicio sin tribunal de apelación. Y ahí, ese carácter se revela. El cartel presentado por Nigel Farage esta mañana marcó un nuevo límite, incluso para él.



La máscara –la astucia, el truco, ya saben lo que quiere decir máscara– no ocultaba nada, porque no había ninguna máscara en absoluto. PUNTO DE RUPTURA, proclamaba, por encima de la imagen de una cola refugiados de piel oscura, esperando para cruzar una frontera. El mensaje no era muy sutil: Vota marcharte, Gran Bretaña, o terminarás dirigida por gente morena. Toma el control. Vuelve a ser un país. Ya saben lo que eso significa: Si usted quiere un turco –o un sirio– como vecino, vote quedarse. Simple. Sentido común. ¿No es cierto?

Y entonces esta tarde, una mujer miembro del Parlamento de 42 años, que resulta –y esto podría ser más que una coincidencia– que era una parlamentaria que presionó para que Gran Bretaña hiciera más por ayudar a las personas desesperadas que huyen del horror de Siria, ha sido tiroteada, apuñalada y asesinada.

Los acontecimientos tienen un efecto multiplicador.

Puede ser que los testigos presenciales que informaron que el tipo gritó: “Put Britain first” mientras atacaba a Jo Cox, resulten tan poco fiables como suele ser habitual. Podría ser que no haya ninguna motivación política para este crimen aparentemente sin sentido. Al hombre se le conoce en el barrio como Tommy Mair y su hermano menor, Scott, ha declarado:
–Estoy luchando para creer lo que ha sucedido. Mi hermano no es violento y menos político. Ni siquiera sé a quién vota. Tiene un historial de enfermedad mental, pero ha recibido ayuda.
En modo alguno tendríamos tantas preguntas incómodas si esto termina por ser sólo otro acto desquiciado a cargo de un individuo con una larga historia de trastorno mental.

Pero sabemos que incluso los lunáticos solitarios no viven en una burbuja. Están influenciados por acontecimientos exteriores. Por eso, cuando hay un acto de terrorismo islamista, insistimos con razón en saber si fue, implícita o explícitamente, animado por otros actores. No creemos –o al menos no deberíamos creer– en la culpa ni en el castigo colectivos, pero queremos saber, legítimamente, si un asesino individual fue inspirado por una ideología, religión o discurso del odio o cualquiera de los centenares de otros posibles factores de motivación. Nosotros no responsabilizamos a todos los musulmanes de la violencia ejercida en nombre de su Profeta, pero tampoco podemos evitar la verdad fea, desagradable, de que, por lo que respecta al autor, él (casi siempre) está actuando al servicio de su propia interpretación de esa su religión. Él tiene una causa, no importa cuánto la haya deformado. Y por eso nos preguntamos sobre quiénes le influyeron. Cómo llegó a esto.

Por lo tanto, no; Nigel Farage no es el responsable del asesinato de Jo Cox. Y tampoco lo es la campaña a favor del Brexit. Pero sí son responsables por la forma en que han presentado sus argumentos. Ellos no sabían que algo como esto iba a suceder, por supuesto, y estarán tan conmocionados y horrorizados como todo el mundo.

Pero. No obstante. Miren. Si ustedes fomentan la rabia, luego no pueden fingir sorpresa cuando la gente se enfurece. Ustedes no pueden ahora volver la cabeza y decir: “Tío, no tenías que habértelo tomado tan en serio. Era sólo un juego, una táctica, una estrategia para ganar votos”.

Cuando ustedes han gritado una y otra vez PUNTO DE RUPTURA, no se sorprendan si alguien se rompe. Cuando se presenta la política como una cuestión de vida o muerte, como una cuestión de supervivencia nacional, no se sorprendan si alguien les toma la palabra. Ustedes no provocaron este crimen, pero tampoco hicieron mucho para evitarlo.

A veces la retórica tiene consecuencias. Si te pasas días, semanas, meses, años, diciéndole a la gente que están en peligro, que su país les está siendo robado, que están siendo traicionados y vendidos, que su primogenitura está en cuestión, que su problema es que son demasiado lentos para darse cuenta de lo que está sucediendo, que su problema es que no están lo suficientemente indignados, entonces en algún momento, en algún lugar, algo o alguien puede quebrarse. Y entonces algo terrible va a suceder.

No podemos controlar el tiempo atmosférico, pero, en política, puede controlarse el clima, el ambiente en el que ese tiempo sucede. Está en nosotros, en todos nosotros, cualesquiera que sean nuestros argumentos. En el día de hoy, se puede sentir que hemos hecho algo terrible para ese clima.

Tristes es un término que se queda corto. Esto es peor, mucho peor, que tristes. Este es un día de la infamia, un día en el que todos debemos sentirnos enojados y avergonzados. Porque si usted no se siente un poco avergonzado –si no se siente enfermo, ahora mismo, dondequiera que esté leyendo esto–, entonces algo va mal con usted en alguna parte.

Jo Cox era, según todas las fuentes, una excelente parlamentaria y una excelente mujer. Y ha sido arrebatada a su familia y a sus electores. Pero su muerte nos arrebata algo a todos nosotros también. No recuerdo nunca haber experimentado una sensación peor sobre este país y su política, que la que siento ahora.

Los acontecimientos tienen un efecto multiplicador. También los sentimientos.


jueves, 16 de junio de 2016

518. El prusés, el Brexit y otras barbaridades

Hace tiempo que no se habla en este foro de la deriva del mundo y ya va siendo hora. Ya nos vale de dar el coñazo con la evolución de mi brazo, la cantidad de actividades en que participo, o cómo el componente clandestino de algunas de ellas me añade un gradiente de satisfacción. Ya sabemos todos que soy muy majo y todo lo demás. Pero mientras tanto, el mundo sigue girando y se avecinan unos cuantos eventos clave. Primero, la consulta sobre el Brexit. Segundo, la repetición de la jugada electoral en España. Y, en un horizonte más lejano, pero que está ahí mismo, las elecciones en USA. Hoy me referiré al primero de ellos. Ya he insistido muchas veces en que yo no soy un analista político. Por el contrario, me considero alguien con una visión bastante simplista de las cosas, con la perspectiva que me da la edad; alguien que tiene claro qué movimientos o personajes caminan en el sentido correcto y cuáles van a la contra, o van para atrás, como los cangrejos. En ese sentido, intento interpretar lo que sucede, anticipándome a la Historia (con mayúscula), que un día pondrá a cada uno en su sitio. Y soy consciente de que, a veces, los movimientos retrógrados triunfan, como sucedió al final del Imperio Romano, con la larga noche de la Edad Media, de la que sólo salimos con el Renacimiento.

Olvidémonos por un momento de las dicotomías izquierda-derecha, pobres-poderosos, modernos-anticuados, lo que mola-lo que no mola. Hace tiempo que, para mí, existen dos tendencias en el mundo de la política. Por un lado, están los que trazan líneas en el territorio, unas líneas que corren en un sentido, hasta cerrarse sobre sí mismas al encontrar el punto de origen. Y luego dicen: los de aquí adentro somos diferentes, no queremos saber nada de lo que hay al otro lado de la raya, los de fuera nos roban y nos putean y, si nadie nos molesta, aquí adentro nos organizaremos sobre la base de nuestras tradiciones y nuestras señas de identidad y construiremos un paraíso exclusivo. Los políticos que impulsan este tipo de movimientos, lo que en realidad quieren es mangonear y explotar a sus pueblos sin interferencias. El movimiento contrario a este es el de los que buscan la transversalidad y el mestizaje, los que suprimen fronteras, los que tienden puentes en vez de dinamitarlos, los que tratan de organizar alianzas de naciones o estados para, juntos, ser más poderosos y defenderse mejor del enemigo común. 

Un enemigo común que es el poder económico, cada vez más transnacional, menos fragmentado y más despiadado. Mientras ellos crecen y se asocian para esclavizar a unos pueblos que no les han elegido en votación, nosotros seguimos aquí en el ruedo universal, discutiendo sobre galgos y podencos y generando más y más estados, cada vez más minúsculos e irrelevantes. Repasen la lista de países que se eliminan entre sí hasta lograr los 32 que participan en la Eurocopa o en el Mundial de fútbol. Un auténtico escándalo: eslovenia, eslovinia, eslovonia. Armenia, Andorra, Islas Feroe, San Marino. ¡El Kosovo! ¿Qué posibilidades de supervivencia tiene el Kosovo, con un PIB que no alcanza al presupuesto de la más insignificante cadena americana de franquicias? Tal vez piensen que me estoy refiriendo al independentismo catalán y es cierto, pero no sólo a ellos.

Así surgió por ejemplo Portugal. Unos reyes y nobles (lo que ahora son los políticos) se empeñaron en separarse de España (Madrid les robaba, decían seguramente). Y luego impusieron como idioma obligatorio y excluyente el portugués, que sólo se hablaba en una pequeña zona del norte, pegada a Galicia, porque en el resto de las tierras portuguesas se usaba el castellano antiguo de Alfonso X el Sabio y sus cantigas. Esa compulsión de extrapolar las señas de identidad de cada pueblo (que son totalmente respetables), convirtiéndolas en trascendentes y excluyentes, suele esconder un afán de poder, cuando no directamente de enriquecimiento económico de unos pocos. Lo del señor Pujol, verdadero artífice del prusés, es en este sentido, modélico.

Hace muchos años, cuando yo iba con más frecuencia a Cataluña, recuerdo una pintada que me llamó la atención. Decía Qui roba al poble te un nom: lladre. Bien, pues el señor Pujol, lladre confeso, es el que ha encendido la mecha de la hoguera en la que se cuece ahora la mitad aproximada del pueblo catalán. Y Artur Mas era su ministro de Hacienda, que se dio tanta maña en mirar para otro lado, que recibió el premio de ser nombrado hereu. ¿Se han fijado ustedes estos días en un matiz? Ahora que el Guvern no consigue sacar adelante sus presupuestos, por la falta de apoyo de las CUP, ese socio contra natura al que se vieron obligados a encomendarse, el actual ministro de Hacienda, Oriol Junqueras, ha declarado desolado: vamos a tener que reducir las ayudas a la educación, la sanidad, los servicios sociales. Curioso. No ha dicho vamos a reducir el número de embajadas (así llaman a lo que en realidad son delegaciones en el extranjero). No ha dicho vamos a retirar las subvenciones a los artistas que cantan o escriben en catalán. No ha dicho vamos reducir el dinero que empleamos en traducir al catalán las series más cutres de la televisión, o los dibujos animados de Disney.

¿Realmente creen ustedes que a Pujol y su familia les importaba un rábano la prosperidad del pueblo catalán? No sean ingenuos. Esa gente lo que quería es una Justicia y una Hacienda propias, para que sus mangoneos y rapiñas quedaran impunes. En realidad, la única posibilidad de supervivencia de estos países enanos es como paraísos fiscales. Lo vergonzoso del caso Pujol, es que desde Madrid se sabía todo y se hacía la vista gorda, a cambio de que este señor se mantuviera en una postura integradora con España. Tal vez no lo sepan ustedes, pero está documentado que el unurabla Pujol proclamó su cambio de rumbo en directo en un programa de Jordi Évole. Un programa en el que Pujol pidió intervenir, para sorpresa del propio Évole, según él mismo ha declarado. ¿Y a qué se debió ese cambio de tendencia? Pues también se ha contado en este blog: el volantazo se produjo a raíz de las investigaciones del FBI y la DEA sobre el blanqueo de dinero negro de la droga en Andorra. Ahí España ya no pudo seguir mirando para otro lado, y el tipo decidió emprender una huida hacia adelante. No es algo que yo me haya inventado, es que se sabe en la propia Cataluña, gracias, entre otros medios, al periódico El Triangle. Ya les puse el enlace a la noticia en su día, en el Post #450, “Huele a mierda en Barcelona”, pero no tengo inconveniente en repetirlo, que hay mucho público nuevo en el blog: HELO AQUÍ. Por cierto, si una imagen vale más que mil palabras, les invito a que vean estas dos. Son diferentes especies de aves de rapiña.



Lo terrible es que, frecuentemente, estos países que se desgajan de un estado más grande, pasan una época de estrechez económica terrible. Pero a los nacionalistas les da igual que sus pueblos pasen hasta hambre. Portugal fue siempre un país bastante empobrecido, a pesar de la ayuda de Gran Bretaña, y eso es algo que ha durado hasta hace muy poco (ya les conté que en los 40 eran el pueblo más pobre de Europa, por detrás de Bulgaria o Albania). Ha durado hasta que se integró en Europa. Lo mismo sucedió con la Irlanda que se escindió de Gran Bretaña. Les recomiendo que lean el libro Las cenizas de Ángela. Literariamente no es gran cosa, pero cuenta una historia real, la de su autor Frank McCourt, que nace en esa Irlanda recién creada. El hambre es tal que se genera una inmigración masiva a los Estados Unidos. Su familia apenas consigue reunir el dinero para enviarlo a él al nuevo mundo, cuando es sólo un niño, porque los demás no se pueden ni escapar de la miseria.

Con todo esto que les he contado, ya se imaginarán cuál es mi opinión sobre la posibilidad del Brexit. Me parece que, si se produce finalmente, no traerá más que problemas, más desigualdad y más miseria, tanto a Gran Bretaña como a esa Europa amputada. Sin embargo, aquí los papeles están claros, no como en Cataluña. Aquí el Brexit lo defiende la derecha, el partido conservador, los grandes lobbies de la City y el mundo del dinero. Y los que se oponen son los movimientos y partidos de componente más social, los laboristas y figuras como Corbyn (¿alguien duda de que este señor es un izquierdista?), o el respetable Gordon Brown, a quien han vuelto a sacar del congelador, como ya hicieron con ocasión del referéndum escocés. Los secesionistas agitan primero el cotarro provocando un malestar y luego recogen el apoyo de los cabreados. Lo raro es que, en España, los secesionistas catalanes se creen progresistas (por no hablar del pendiente en la oreja de Otegui). Para mí están en el mismo ámbito ideológico que la señora Le Pene (es el corrector del Word el que me hace escribir así su nombre), los de Aurora Dorada, PEGIDA o los partidarios de la Padania italiana. Yo todavía confío en el buen sentido del pueblo británico, pero no las tengo todas conmigo. Veremos qué pasa.

Otra cosa es el maridaje inevitable entre nacionalismo y violencia (y no lo digo por el triste suceso de la diputada laborista asesinada). Pero, de eso hablaremos otro día, que ya estoy fuera de mis límites de tamaño. Besos.

martes, 14 de junio de 2016

517. Recapitulando

Bueno, llevo varios días sin colgar nada en el blog y ya me han llamado algunos amigos a ver si me pasa algo y que qué me dijo el médico y todo lo demás. Hay que ver cómo se preocupan ustedes por mi salud. Hasta los de la empresa Car2go me han mandado un correo diciéndome que hace mucho tiempo que no uso los cochecitos Smart del sistema, que antes pillaba todo el rato. Para animarme, me han enviado un vale con 30 minutos gratis. Lo cierto es que he estado bastante ocupado por diferentes motivos que les voy contando en orden cronológico.

El viernes fui a la consulta del doctor Gárate y me dijo que hemos avanzado bastante (me enseñó la nueva radiografía), pero concluyó que tengo que seguir mi período de rehabilitación. Aquí hay que ir paso a paso –fue la frase que más repitió. Es decir, cholismo en estado puro: partido a partido. Hay que entender que llamarse José Eulogio Gárate no es lo mismo que llamarse Emilio Martínez, por ejemplo. Por eso este hombre cose las heridas con puntos colchoneros y gestiona a sus pacientes partido a partido. Si a esto le añadimos el miedo que tienen todos los médicos a hablar más de la cuenta por si alguien les denuncia, el resultado es lo que yo percibí como una especie de oscurantismo informativo que me molestaba. Ahora que ya lo he entendido todo, les voy a resumir lo que ha pasado en el proceso de formación de la señora Ashton. Para quien no leyera el Post # 476 “La fractura", en donde colgué la radiografía correspondiente, les diré que tras mi accidente, el húmero izquierdo se me quedó tal que así:


Tras la intervención quirúrgica, en la que yo creía que estábamos en el siglo XXI y unas maravillosas máquinas que ni Julio Verne pudiera imaginar permitían operar con visión tridimensional y unir perfectamente los dos trozos de hueso, pues resultó que todo eso eran imaginaciones calenturientas de un aficionado a la ciencia ficción como yo; que los fragmentos de un hueso roto se siguen recolocando a ciegas y se sitúan a como queden. Ello deja un cierto margen a la suerte y parece que yo no tuve mucha, porque me dejaron a la señora Ashton en la posición que ya les mostré, pero no tengo inconveniente en repetirles:


Lo que el doctor Gárate no me contó (o tal vez yo no supe entender), es que la imagen anterior era exactamente la misma que aparecía en las radiografías que se me hicieron el 8 de marzo, el 22 de marzo, el 10 de abril y el 10 de mayo. Que la cosa no avanzaba. En la última de esas consultas, fue cuando se decidió quitarme el tornillo que aseguraba al general De Gaulle a mi hombro. Resultados de esta segunda intervención: UNO, el General se reencarnó en Konrad Adenauer, DOS, empecé a tener dolores en la zona de fractura (donde nunca los había tenido y donde no se me han quitado desde entonces) y TRES, veinte días después de esta segunda operación, la imagen que mostraba la nueva radiografía que me hicieron el 10 de junio era más o menos esta: 


O sea, que vamos bien, pero despacio. Que falta que el hueso se termine de pegar. Que hay que seguir partido a partido (partido es como sigue mi brazo). En este punto, el viernes me dijeron que debo continuar con la rehab. Para eso, se me ofrecían dos opciones: A, darme el alta y B, no dármela. La primera me supondría tener que ir cada día a Legazpi a las 8.00 (para lo que me tendría que levantar a las 6.00) y, desde allí, ir todos los días hasta la otra punta de Madrid, a cumplir con mi horario de oficina. El desplazamiento debería hacerlo en bus, tren y Metro, porque ya les anuncio que en el nuevo sorteo de plazas del parking del edificio de mi trabajo, finalmente celebrado el otro día, no he resultado agraciado. Sí tendré plaza a partir del 1 de diciembre, porque ya no habrá más sorteos y yo podré aparcar en el edificio desde dicha fecha hasta el 1 de junio de 2017, en que tendré que volver al transporte público. Así es el sistema que se ha organizado.

No les sorprenderá saber que elegí la opción B. Seguimos como estábamos. Para qué cambiar, si estoy como Dios. Los inconvenientes son no poder conducir, ni salir de vacaciones. La próxima consulta está fijada para el 15 de julio. Si en ese momento seguimos igual, tal vez reconsidere mi decisión, para poder irme una semanita a la playa. Pero, por ahora, cero cambios. Llega el verano y en mi barrio, llamado de Las Letras, se ha celebrado este fin de semana el evento llamado Decor-Acción, en el que todas las tiendas y comercios se ponen guapos y sacan sus productos a la calle, en plan mercadillo de Camden Town, con mucho producto vintage (no se preocupen si no saben que significa esta palabreja: yo tampoco). El caso es que me dí una vuelta e hice unas fotos, de las que les selecciono unas cuantas.  




































El domingo por la noche me di mi última vuelta por la Feria del Libro, a punto de cerrar. Quería pasar por la caseta de la editorial Automática, para saludar a mi amigo Darío Ochoa, que es el director de dicha editorial, responsable de la publicación en España de libros como El sueño de la aldea Ding, tan alabado en este blog. La última vez que pasó por el club Billar de Letras, nos habló de un libro llamado Éxodo y firmado bajo el seudónimo DJ Stalingrad, que hablaba de los jóvenes anti-sistema en la Rusia post-soviética. Un relato de rock post-punk, violencia extrema, anarquía y no future. Lo había buscado sin éxito en librerías y quería hacerme con él (este libro y su autor enmascarado se merecen un post en exclusiva). Darío me lo vendió y me dio otro de sus libros de regalo, con la excusa de que era el último día de la Feria. Un detalle muy de agradecer.

Ayer lunes me fue imposible encontrar un rato para escribir en el blog. Por la mañana, me levanté a las 6, para poder ir a la rehab de forma excepcional a las 8. El motivo es que tenía una cita a las 10.00 en la gran bandera europea de Príncipe Pío, con un grupo de norteamericanos, encabezado por mi amigo Avrum Shriar, geógrafo y profesor de urbanismo de la VCU, una universidad de Richmond (Virginia). Él ya vino con un colega el año pasado y ahora traían a todo el curso, para que les contara a ellos lo que tanto les había gustado en la anterior visita. Recorrimos el Madrid Río, de norte a sur, hasta terminar en el Matadero, donde me despedí de ellos para coger el Metro de Legazpi. He de decir que, en esta ocasión, acabaron todos agotados, aunque felices de la visita. Al contrario que el peruano del otro día, esta vez los cansé yo a ellos. Luego tuve apenas tiempo de comer, antes de ver el España-República Checa, en el que nos salvó Piqué cuando ya nos estábamos yendo a pique.

Bueno, y por la tarde tras descansar un poco salí de nuevo para hacer una compra macro, porque ya saben que mi hijo no compra nunca. Eso sí, con lo que haya en la nevera, se las ingenia para preparar cualquier cosa para la cena de ambos, con bastante buena mano. Llevaba bastante tiempo sin hacer una compra como Dios manda y hasta me faltaba papel pa'l bul. ¿Cómo que no saben lo que es? ¡Pero bueno! Tranquilos que ya se lo explico. Como saben, en estos nuevos tiempos de la señora Carmena, el Ayuntamiento ha decidido ocuparse de los barrios más vulnerables. Entre ellos está el conocido como Pan Bendito, allá por los Carabancheles. El  músico más conocido de Pan Bendito es el rapero que responde al nombre de El Langui. Pero, dentro del barrio hay muchos otros, algunos claramente aflamencados. Y, entre estos, el más querido es El Josete, el auténtico rey del Pan Bendito, cuyo éxito de mayor renombre es precisamente este: Papel pa'l bul. No dejen de escucharlo. Es cojonudo. Puro arte del suburbio. Para ello han de pinchar AQUÍ.

En fin, que luego quería ver el debate a cuatro que empezaba a las diez, así que no me quedó tiempo de escribir nada. ¡Qué estrés, Andrés! Por cierto, en un día como hoy, no puedo dejar de referirme a la terrible matanza de Orlando. Con esto de los islamistas radicales nadie está libre de que le pille en el centro de una de estas carnicerías. Yo lo iba pensando todo el rato, tanto en la Feria del Libro, como en el Decor-Acción. Qué fácil sería hacerse explotar en medio de un gentío como los que se congregan en cualquier evento del mundo occidental (como el concierto de Bruce Springsteen). Encima, en este caso está el componente homofóbico, que sigue presente en la sociedad y al que, precisamente, no ayudan mucho a erradicar estribillos como ese de Matarile al Maricón, que les puse el otro día. Espero que el asesino de Orlando no llevara esa melodía en su cabeza mientras disparaba (ya saben que Charles Manson, mientras cometía sus tropelías, llevaba en la mente el Helter Skelter de los Beatles). Sean felices mientras puedan.