sábado, 1 de febrero de 2020

906. Al platu vendrás arbeyu...

En mi reciente excursión por Asturias escuché el refrán local cuya primera estrofa titula este post: Al platu vendrás arbeyu, sin non ye de xoven de viellu. Por si lo desconocen, arbeyu es la denominación en bable del guisante. No conocía este refrán, si bien de niño solía ayudar a mi madre a desgranar (así se llama) las vainas para obtener las suculentas semillas, que luego se incorporaban a los guisos de carne o a la merluza a la gallega, o se cocían para añadir a la ensaladilla rusa. Ahora los guisantes vienen metidos en un plástico, si no precocinados, que tamaña tontería es la que tenemos. El significado del refrán es algo similar al castellano arrieritos somos… ¿Y a quién le lanzo yo esta advertencia velada? Pues a ustedes, queridos lectores, porque el contador de visitas me chiva que a mi post anterior sobre la campaña de los demócratas para decidir la nominación de su candidato, han entrado cuatro gatos. ¿Acaso que no les interesa?

Yo mismo empezaba el texto diciendo que era más una guía de consulta sobre los candidatos que un relato para leer de corrido. Pero los que hayan entrado, leído ese comienzo y dejado la lectura para otro momento como yo recomiendo, ya quedan registrados en el contador como visitantes. Así que no me cuenten historias. Entiendo que están ustedes muy ocupados y todo eso, pero es que mi post anterior era de los buenos, con enjundia. Ya vengo yo observando este fenómeno. Por no ir muy atrás, mi reciente entrada sobre el problema mundial de la vivienda tuvo bastantes menos visitas que el siguiente, que era un delirio desde el mismo título (A ver cómo coño titulo yo esto). Está claro que mis seguidores más fieles usan esta tribuna para divertirse (que está muy bien) y se sienten menos interesados por los temas más serios. Me chiva la mujer de uno de mis más acendrados followers, que su marido se lleva mis textos a la cama por las noches para dormirse leyéndolos y que en más de una ocasión la ha despertado con sus carcajadas.

Así que, al plato volveréis arbeyus… En realidad estoy de coña. Dios me libre de regañar o exigir más diligencia a mis lectores. Yo voy a seguir escribiendo cuando me dé la gana, y ustedes me leen cuando les apetezca. Faltaría más. En realidad, sucede que hoy no sabía de qué hablarles y he empezado mi divagación por un refrán que me hizo gracia la semana pasada, a ver si tirando de ese hilo se me ocurría alguna cosa más. Ayer estuve tomando unas cañas con una amiga y seguidora del blog (hola, cómo estás, querida) en el bar llamado El Mercado de la Reina, en plena Gran Vía, un lugar muy recomendable. Llegué primero, como debe hacer un gentleman que se precie, y, mientras esperaba, escuché por el equipo de sonido del bar un fragmento de un tema que me pareció curioso y que logré identificar en medio del bullicio del personal. Era una versión del famoso Seventh Nation Army del grupo The White Stripes, que ya he traído al blog más de una vez.

Para los desmemoriados, es ese tema apoyado en un riff obsesivo, que usa ya hasta el Real Madrid cuando presenta a sus jugadores uno a uno, y en cuyo vídeo se veía desfilar a unos esqueletos que parecían llevar la banda roja del Rayo Vallecano. Pero lo que yo escuchaba mientras esperaba a mi amiga, era una versión soul muy atractiva y sugerente. Así que, cuando llegué a casa, busqué en Google: Versión soul de Seventh Nation Army. Lo encontré enseguida. Y resultó ser obra de un franchute. El soul es una música universal, como demostraban los protagonistas de la película The Commitments, que les recomiendo sin dudarlo, si es que no la conocen ya (¡coño! pueden verla en Filmin, seguro). Y a mí me emociona que las nuevas generaciones tengan incorporadas a su cultura estas músicas con las que yo me hice un hombre desde mi adolescencia coruñesa. El tipo se llama Ben L’Oncle Soul. El tío Soul. Y hace unas versiones de los clásicos muy buenas. Empezaré por ponerles una, del tema de Otis Redding These arms of mine. Inolvidable. Esos brazos míos, que están solos, que te echan de menos, que arden en deseos de abrazarte. Pónganselo en grande y véanlo con atención: versionear a Otis Redding no es fácil, hay que ponerle mucha pasión y no venirse abajo.


Joder con el franchute, qué sentimiento. El legado del eterno Otis está en buenas manos. Culturas cruzadas, mestizaje, puentes entre diferentes tradiciones, redes supranacionales. Este es el mundo que tenemos hoy en día. Por eso resulta totalmente anacrónico el surgimiento de historias como el prusés o el Brexit que hoy se culmina. Ambos procesos son similares y han llevado a sus pueblos respectivos a una división muy dañina, cuyo resultado es que la mitad de sus poblaciones está condenada a la frustración y la tristeza. En Cataluña está por decidir qué mitad es la que entrará en depresión. En Gran Bretaña ya se sabe cuál. A mí me produce congoja que se vayan los ingleses. Algunos analistas lo consideran un hasta luego (al platu volverán, arbeyus). Entienden que los británicos volverán antes o después, para eso sólo hace falta que se mueran unos miles de abuelos y entren al censo otros tantos elementos de las nuevas generaciones. Los escoceses ya han dicho que no esperarán y volverán antes. Y está por ver si los norirlandeses no se lían otra vez a bofetadas. Una penita, y tengo un par de imágenes muy significativas. La primera es de hace tiempo, de una mani a favor del remain. La mirada del niño que sujeta el globo concentra toda esa melancolía. La otra es de ayer mismo: el eurodiputado socialista Rory Palmer llora al final de su última sesión en el Parlamento de Bruselas, al que ya no volverá. 



Entre los que han expresado su convencimiento de que sus hijos asistirán a la vuelta de su país a Europa si es que se les admite de nuevo, está el parlamentario de los Lores John Kerr. La entrevista que pueden leer AQUÍ es muy significativa. Ahora queda un año de transición en el que hay que perfilar determinadas cuestiones económicas no cerradas en la negociación, además del peliagudo tema de la frontera entre las dos Irlandas, que durante este año va a seguir prácticamente igual, abierta, de forma provisional. En fin, estas son las consecuencias de la tontuna del señor Cameron, sumadas al ensayo de como manipular un proceso electoral mediante fake news, procedimiento que se probó aquí antes de ser usado por Trump para ganar (como se demostró en el Blog, Post #829), y sumado también al resurgir de un nacionalismo rancio y aislacionista con un fuerte olor a naftalina. Todo muy lamentable.

En cuanto a la mayoría absoluta obtenida en las últimas elecciones generales por el señor Boris Johnson, para mí se explica por dos motivos. Uno, el hartazgo del pueblo inglés sobre el tema del Brexit, en el que han estado enmierdados tres años. La gente estaba tan aburrida y hastiada del asunto que ha votado porque se termine de una puta vez. Por eso han apoyado al único que ofrecía un camino claro para salir del atolladero, aunque sea un impresentable y todos lo sepan. Ojo, que esta es una vía que intentarán recorrer los catalanes: conseguir que todos estemos tan hartos de su prusés, que acabemos votando mayoritariamente que se vayan. Pero hay otra razón poderosa en Gran Bretaña en mi opinión: la antipatía que destila la figura del antagonista Corbyn. Es que ese tío es un sieso, que además no se definió sobre la cuestión clave. Y llego a pensar que mucha gente apoyó a Johnson con tal de no votar a semejante matiti. Ya saben que yo le doy mucha importancia a estos factores. Por ejemplo, estoy convencido de que Hillary perdió en buena medida porque es una antipática. 

En fin, que muchos jóvenes ingleses tendrán años para echar de menos los programas Erasmus y la posibilidad de viajar libremente por Europa sin tener que atravesar fronteras y de hacer amigos sobre la base de una identidad común continental. O, dicho en términos poéticos, que sentirán arder sus brazos por el anhelo de abrazar a sus coetáneos europeos, lo que nos lleva otra vez al soul y al franchute que se hace llamar El Tío Soul y sus maravillosas performances. Les voy a dejar de propina el vídeo de la versión de estudio del tema de The White Stripes con el que he empezado este post, el que yo escuché ayer por la tarde en El Mercado de la Reina. El vídeo es muy bueno, puesto que escenifica el sueño tipo del mirón, para lo que utiliza a una chica ciertamente guapa. Y el arreglo soul del tema, con un punto funky y unos toques de ska, tiene bastante gracia. Además, por supuesto de lo bien que canta este joven, que domina con soltura los fundamentos del soul, algo que yo capté entre el ajetreo y el ruido del bar. Les pido que se tomen este texto como un post de descanso después del de las elecciones yanquis, pero no se confíen que ya tengo en preparación otro sobre el conflicto con Irán. Disfruten del finde caluroso en el que estamos y pórtense bien.  


miércoles, 29 de enero de 2020

905. Arranca la carrera en USA

Pedazo post les he preparado; me ha salido un poco largo, pero no lo suficiente como para dividirlo en dos partes. Tampoco hace falta que se lo lean de un tirón, tal vez pueden tenerlo como una guía para saber quién es quien en esta carrera que empieza. El día 3 de febrero tendrá lugar el caucus de Iowa y el día 11 las primarias de New Hampshire, las dos primeras citas del proceso para elegir al candidato del Partido Demócrata que se presentará a las elecciones presidenciales a celebrar el primer martes después del primer lunes de noviembre, competición en la que deberá enfrentarse a un Donald Trump que marcha viento en popa hacia la reelección, si nadie lo remedia. Por mi parte, se trata de elegir a alguien que pueda ganarle a Trump, aunque no sea el más guapo ni el mejor presidente de los USA. 

Tener a Trump otros cuatro años en la Casa Blanca es un peligro adicional para el mundo, a añadir a los riesgos climáticos, sociales, financieros o laborales que nos acechan, por no hablar del coronavirus de Wuhan, la ameba comecerebros de los nacionalismos varios y hasta el entontecimiento de los humanos, inducido a partir de delegar en las maquinitas determinadas responsabilidades que antes confiábamos a nuestros cerebros, como, por poner un ejemplo, la de recordar los números de teléfono de los amigos. O hacer una raíz cuadrada (no digamos una derivada o una integral). ¿O es que usted, querido lector, se sabe algún número de teléfono que no sea el suyo? Yo no. Ni siquiera los de mis hijos. Para qué, si los puedo buscar en el móvil... ¿Y ni por un momento ha pensado usted que esta falta de ejercicio cerebral puede ser muy perjudicial para su salud mental? Desarrollaré este asunto en un post específico un día de estos, porque ahora quiero centrarme en el tema de los aspirantes demócratas. 

En el caucus de Iowa es posible que algunos de los candidatos queden tan descabalgados que abandonen la carrera. Pero de momento quedan en liza cuatro o cinco que parecen tener posibilidades serias. Hace cuatro años, yo me pronuncié de forma entusiasta y esperanzada por Bernie Sanders, un personaje que goza de todas mis simpatías, Pero en estos momentos suceden dos cosas que matizan ese entusiasmo. Por un lado, su edad. Sanders tendrá en el momento de las elecciones 79 años y recientemente ha tenido un episodio cardíaco serio. Esto es un cierto lastre, a pesar del entusiasmo imbatible que lo caracteriza y el cariño que le tienen sus seguidores. El segundo factor es el hecho de que sus propuestas, que hace cuatro años eran innovadoras, incluso revolucionarias, no han cambiado apenas, siguen siendo prácticamente las mismas y además han sido en parte incorporadas por algunos de los otros aspirantes, en especial por la senadora Elisabeth Warren, otro personaje atractivo, progresista y un poco más joven (no mucho, como veremos). Y, en cuanto a las posibilidades de ganarle a Trump, tal vez Sanders no sea el candidato más adecuado, característica que comparte con Warren. Es dudoso que la sociedad norteamericana este ya preparada para tener un presidente de tendencia socialista o socialdemócrata. Aquí una imagen reciente de este caballero.

No obstante esas matizaciones, Sanders sigue siendo mi favorito, lo que se ha reforzado a partir del apoyo explícito de la congresista neoyorkina Alexandria Ocasio-Cortez, uno de los personajes más refrescantes de la escena política americana en los últimos años. Ocasio ha brindado a Sanders su apoyo incondicional, hasta el punto de que se está encargando personalmente de dirigir su campaña en Iowa, dado que Sanders (como Warren) es senador y está por tanto centrado en el examen de las pruebas y declaraciones del impeachment a Trump, lo que le supone estar encerrado las 24 horas del día y no poderse comunicar con nadie para no contaminar su imparcialidad en el juicio, como se hace en USA con los jurados de cualquier procedimiento, supongo que han visto ustedes las suficientes películas o series yanquis de temática judicial como para saberlo. Normalmente, esta situación no se resolverá hasta una fecha muy próxima al caucus de Iowa (y, salvo sorpresa, culminará con la absolución del presidente). 

Ocasio es una mujer muy guapa y muy potente intelectualmente, cuyo trabajo en el Congreso reconoce ya todo el mundo. Dos anécdotas la definen. En cuanto fue elegida, los de la derecha se pusieron compulsivamente a buscar mierda en su pasado, como hacen siempre. Y encontraron un vídeo de cuando era universitaria en Boston, bailando una danza bastante inocente con sus compañeros de carrera, que enseguida colgaron en las redes. Su respuesta: entró bailando en su despacho de congresista y encargó a un amigo que la filmara desde el pasillo. Al poco rato, las redes ardían con un baile actualizado más sexy que el anterior y con una leyenda: He oído que algunos republicanos consideran que una mujer bailando es algo escandaloso; pues esperen a que descubran que las congresistas también bailan. La otra anécdota. En una entrevista en directo, el periodista empezó una de sus preguntas con una introducción retórica: Para una persona como usted, que viene de la izquierda... Ocasio le interrumpió categórica: Oiga, no se confunda usted, yo no vengo de la izquierda, yo vengo de abajo, que no es lo mismo. Una imagen de esta atractiva mujer.

Sanders y Ocasio-Cortez representan lo que podemos considerar el ala izquierda del Partido Demócrata. Un poco más hacia el centro encontramos a la también senadora Elizabeth Warren, una mujer a punto de cumplir los 71, muy respetada en su país, que ha llegado a la política después de largos años de actividad como catedrática universitaria y como defensora de los derechos de los consumidores. Warren ha incorporado a su programa muchos de los puntos de Sanders, pero exhibe una naturalidad y un pragmatismo muy alejados de requerimientos ideológicos, que le pueden dar una cierta ventaja frente a Bernie, un político asentado en unas bases ideológicas firmes que le hacen ser más rígido en sus planteamientos. Elisabeth Warren fue la protagonista involuntaria de una polémica sonada con Trump. Antes de apuntarse a la carrera presidencial, afirmó en un coloquio tener bastantes certezas de tener parte de sangre india, según lo que le habían contado sus padres y abuelos. Con su típica zafiedad chabacana, Trump se mofó de ella en Twitter, creyó que estaba diciendo eso para sacar alguna ventaja política, la rebautizó como la senadora Pocahontas y la retó a hacerse un examen de ADN. En un momento de euforia twittera, se vino arriba y añadió que estaba dispuesto a donarle un millón de dólares si se hacía la prueba de ADN y esta resultaba positiva.

El caso es que Warren se hizo la prueba de ADN y recibió un informe científico que certificaba que, aunque la mayor parte de su sangre es de origen europeo, en su ADN hay presencia indudable de sangre india. Warren se lo comunicó a Trump a través de Twitter, y le reclamó el dinero prometido para donárselo a una organización de defensa de las mujeres indias. Pero el presidente se hizo el sueco. Dijo que no lo había dicho en serio y que ningún documento firmado le obligaba a darle ese dinero a su contrincante política. Quedó como lo que es. Todo esto es agua pasada, pero lo cierto es que Elisabeth Warren y Bernie Sanders están compitiendo por lograr el apoyo del mismo sector de población dentro de la ciudadanía norteamericana y, al final, sólo uno de los dos puede ser el candidato. Parece lógico pensar que el primero que se retire de la carrera recomendará a sus seguidores que apoyen al otro. 

Las encuestas prenavideñas situaban a Sanders segundo y a Warren tercera, con porcentajes parejos, cercanos al 15% y bastante alejados del que marchaba en cabeza, el ex vicepresidente de Obama Joe Biden instalado en un 22%. Sin embargo ahora Sanders parece haberse despegado de Warren y amenaza seriamente a Biden. Entre ambos está la victoria en Iowa, un estado que no aporta demasiados delegados, pero es el primero en dilucidarse, lo que le otorga un alto contenido simbólico. Biden representa la parte más moderada y centrista del partido y parte con la ventaja de una larga carrera política a sus 77 años, ya ven que esto va de abuelos. Cuenta con el apoyo de la maquinaria del partido y ha sido el objeto directo de los ataques de Trump en el asunto de Ucrania que ha desencadenado el impeachment, lo que sugiere que tal vez Trump lo considera como su enemigo más serio. Si Sanders ha recibido la ayuda decisiva de Ocasio, Biden ha encontrado también un apoyo no menos importante: el del alcalde de Los Ángeles Eric Garcetti.

Garcetti es uno de esos nuevos políticos que por juventud parecen estar destinados a alcanzar un día la presidencia del país, y les pido que se queden con su nombre. Su curriculum es amplio y variado. Es politólogo, experto en planeamiento urbanístico y en relaciones internacionales, ha sido militar y profesor y, para colmo, es un reputado actor, que aparece en muchas de las series televisivas de éxito en USA. Garcetti es en estos momentos el presidente del grupo C40 y durante años ha sido el jefe directo de mi amiga Shannon Ryan, que hasta le escribía sus discursos y que ahora ha dejado su puesto para volver al Departamento de Planeamiento de LA, por motivos que tal vez un día me explique. Tanto Shannon como los demás miembros de C40 hablan maravillas de este señor, cuyo apoyo a Biden es significativo. Vean aquí un par de imágenes de ambos caballeros, Biden a la izquierda. Salvando la diferencia de edad, no cabe duda de que ambos tienen una imagen presidenciable clásica.


En la misma zona moderada del Partido Demócrata se sitúa una mujer, la abogada y senadora por Minnesota Amy Klobuchar, de ascendencia eslovena y suiza. Klobuchar marcha bastante descolgada en las encuestas, pero hace una semana recibió un impulso importante, nada menos que del New York Times, que publicó un artículo de opinión en el que distribuía su apoyo entre Warren y ella. El motivo de este insólito e infrecuente pronunciamiento parece partir de un planteamiento tan pintoresco como absurdo: el próximo presidente debería ser una mujer y el periódico se decanta por una competición entre el ala más izquierdista, personificada por Warren y la rama más moderada que encarna Klobuchar. Aparte de los calificativos ya dichos, me parece una propuesta ventajista: como el feminismo es un movimiento imparable, el NY Times se apunta al carro, entre otras cosas, para ganar más lectores desde el lado femenino. Una verdadera mierda: el movimiento feminista es suficientemente sólido como para no necesitar apoyos impostados.

A la izquierda tienen una imagen oficial de esta señora, que en principio parece abocada a terminar su carrera presidencial en Iowa, pero nunca se sabe. Estas cosas dan sorpresas y el New York Times lo lee mucha gente. En su lado más oscuro, las denuncias que le hicieron varios de los colaboradores de su despacho de abogados, que declararon que esta señora los machacaba, los exprimía y los acosaba laboralmente. Una auténtica negrera. Y nos queda todavía hablar del quinto jinete de este apocalipsis presidencial. Entre la moderación que representan Biden y Klobuchar, y la izquierda de Warren y Sanders hay un amplio espacio ideológico. Y por allí se mueve un personaje inclasificable: el ínclito Pete Buttigieg, el candidato millennial.

Para empezar, yo en su lugar me cambiaría de apellido. Eso de Buttigieg suena a escupitajo, con perdón. Como Agag. Este señor es el más joven de la partida (38) y parece ser un organizador y un líder natural. Desde pequeño ha sido siempre el delegado de sus cursos de bachiller y luego en la Universidad de Harvard, donde se graduó en Historia y Literatura. Habla muy bien y se dice que, de todos los candidatos, es el que tiene un relato en positivo de lo que quiere hacer, sin dedicarse a criticar a los demás. Además, participó en la guerra de Afganistán durante siete meses como marine de reserva en un submarino de la Sexta Flota. Por si eso fuera poco, toca el piano bastante bien y habla siete idiomas, entre ellos el español. Y en 2015 salió del armario. Es el primer candidato abiertamente gay que opta a la presidencia, está casado y, con su marido, ha salido nada menos que en la portada del Time. Aquí pueden ver la imagen (Pete es el de la derecha).


¿Están preparados los yanquis para tener instalado en la Casa Blanca a un presidente gay con marido? Pues ustedes me dirán. Pero la sociedad está cambiando y este es un personaje muy peculiar, porque paradójicamente es muy religioso y declara aquí y allá que salir del armario y casarse le ha permitido acercarse más a Dios. Su marido se ha convertido también en un tipo muy popular, con miles de seguidores en su cuenta de Twitter, en donde ha contado que Pete le desveló su intención de optar a la presidencia mientras hacían la colada. Además tienen dos perros rescatados, llamados Truman y Buddy, que hasta tienen cuenta propia en Twitter y en Instagram. En cuanto a su proyecto político, es de ribetes kennedyanos, algo muy valorado en su tierra. Sería sin duda un presidente muy popular y apreciado, que acercaría la administración a los ciudadanos, con los que le encanta mezclarse y debatir. En los últimos sondeos ha crecido bastante, hasta emparejarse con Elisabeth Warren. Y se apunta que en Iowa podría obtener un resultado sorprendente, porque es muy conocido allí y se está fajando en la campaña. En resumen, los cinco que compiten en este primer caucus son Biden y Sanders (más de un 20% en los sondeos), Warren y Buttigieg (en torno a un 15%) y Klobuchar claramente descolgada, pero que aun no ha tirado la toalla.

Pero, miren ustedes por dónde, además de estos cinco candidatos, la campaña tiene un tapado, que no competirá en Iowa ni en New Hampshire, porque se ha apuntado el último y fía todas sus esperanzas a aparecer directamente en el supermartes del 3 de marzo. ¡Y qué tapado! Nada menos que Michael Bloomberg. Me van a disculpar, pero no puedo disimular la fascinación que me produce este caballero, cuya fortuna se estima en 53.000 millones de dólares, unas trece veces la atesorada por Donald Trump. Ya he contado en el blog que tuve la oportunidad de saludarlo personalmente y que me dio muy buen pálpito, algo que no me ha pasado con otros personajes, como Gallardón, por ejemplo. También he contado su historia, que no me importa repetir. Porque este señor es hijo de un obrero judío de Boston y consiguió matricularse en una universidad de grado medio para hacer un curso de perito eléctrico, mediante una beca, que completaba trabajando de aparcacoches en la propia universidad. Con su título de perito se puso a trabajar en el mantenimiento de la red eléctrica de la universidad de Harvard, en donde se matriculó en Empresariales. Y cuando acabó esta segunda carrera, ya lo estaban esperando los cazatalentos de Wall Street.

Fichó entonces como empleado de la firma bursátil Salomon & Brothers, en donde vieron que era tan bueno que pronto le ofrecieron hacerse socio de la empresa. Y cuando, años después, Salomon fue absorbida por otra marca más grande y tuvo que reducir personal, recibió una indemnización por despido de 10 millones de dólares. Y a partir de ese dinero edificó su imperio. Ahora mismo, la página www.bloomberg.org es la Web de información financiera que recibe más visitas del mundo. Pero este señor no olvida sus orígenes y dona cada año millones de su fortuna para construir polideportivos y equipamientos para los sectores sociales más desfavorecidos de Nueva York y otras ciudades. Además, es uno de los fundadores del grupo C40 y es la persona que coordinó, firmó en primer lugar y entregó en la sede de la ONU el documento suscrito por los alcaldes y gobernadores de todas las grandes ciudades y estados de la Unión comprometiéndose a seguir aplicando las directrices del Acuerdo de París por el Clima, después de que Trump sacara a su país de dicho acuerdo.

En política, ya saben que ha sido alcalde de Nueva York, dos veces, la primera como republicano y la segunda como independiente, dejando la ciudad guapa, creando carriles bici por todos lados y desarrollando el proyecto High Line, que ya se ha explicado en este blog. Ahora lleva unos años en el Partido Demócrata, porque el corsé del sistema de partidos yanqui se le queda pequeño. En las últimas elecciones generales estuvo valorando presentarse como independiente para competir con Trump y Hillary, pero se retiró a tiempo, cuando se dio cuenta de que su presencia sólo serviría para hacerle un sanchezmato a Clinton. Esta vez ha decidido entrar en liza desde dentro del Partido Demócrata y no descarten ustedes que consiga la nominación, porque es una encarnación viviente del self made man, el hombre hecho a sí mismo, el prototipo del sueño americano, algo que gusta mucho a sus paisanos. Además tiene dinero para aburrir y me cuentan que ya ha inundado de anuncios de su candidatura las principales cadenas de televisión del país. 

¿Y qué política haría este señor? Pues no me cabe duda que una muy distinta de la de Trump, porque es un hombre con grandes inquietudes medioambientales y sociales, que apoya el aborto, las políticas de integración LGTBI, el matrimonio homosexual y la regulación de la venta de armas. Él mismo está separado de su primera mujer, con la que tiene dos hijas súper brillantes, y convive desde hace 20 años con su novia Diana Taylor, una reputada financiera de Wall Street, que ya ejerció como discreta primera dama neoyorkina, y con la que no ha mostrado especial interés en casarse. Abajo pueden ver la foto del acto en el que formalizó su candidatura a la presidencia, al que acudió con su novia y sus dos hijas, todas vestidas para la ocasión. En fin, que no hace falta que siga hablando de este señor, que en un par de semanas cumple 78 años, para que ustedes deduzcan que es mi ídolo. En todos los sentidos.

Como les he dicho, Blomberg es un personaje clave del C40, en donde tiene un cargo honorífico. Como tal, acudió al congreso de la red en Copenhague el pasado mes de octubre, al que yo no pude ir porque estaba en Madagascar y no tengo el don de la ubicuidad. Sí estuvieron mi jefa y mi compañera M. que me han contado que Bloomberg pronunció uno de los discursos más brillantes de todo el congreso. Este señor tiene un relato sólido y habla muy bien. También estuvo, como no podía ser menos, en la COP25 celebrada a primeros de diciembre en Madrid, donde habló con la claridad que le caracteriza. Les dejo de propina un vídeo con un extracto de su intervención. Sean buenos. Y prepárense para esta larga carrera contra Trump, que muy posiblemente nadie gane. Si alguien consiguiera echarlo de la presidencia, sería un puntazo.


domingo, 26 de enero de 2020

904. Patrias queridas

Vale, ya estoy de vuelta en Madrid después de un provechoso viaje al norte, a mi patria chica La Coruña y a mi segunda patria, Asturias. El domingo pasado acudí al estadio de Riazor para ver en directo la resurrección de mi equipo del alma que, ahora mismo, encadena ya cinco victorias seguidas y ha salido de los puestos de descenso. Como saben, suelo organizar mis viajes a partir de alguna cita que me sirve de disculpa para moverme. El Dépor llevaba sin ganar un partido desde finales de agosto, todo un record europeo, y estaba de último, a nueve puntos de la salvación. El 20 de diciembre consiguió por fin ganar de nuevo con un gol en el descuento. Pero por entonces ya había huido la directiva en pleno, con el presidente a la cabeza. Se hizo cargo del club Fernando Vidal (que no es primo mío) y que disponía de dos semanas para cambiar la dinámica del club. Vidal llegó con un acuerdo de apoyo económico con Abanca, la entidad heredera de Caixa Galicia, y se puso manos a la obra.

Para cuando el equipo volvió de vacaciones navideñas, ya teníamos un nuevo entrenador, Fernandiño Vázquez, de la tierra y profesor de inglés. El 5 de enero, el Dépor jugó en Soria con el Numancia y ganó 0-1, primera victoria de la temporada fuera de casa y primera de Fernandiño. Aún seguíamos de colistas, pero algo más cerca de la salvación. A continuación venían dos partidos seguidos en Riazor, los días 16 y 19 de enero. Y en ese momento yo imaginé lo que podía suceder y me conjuré con mi sobrino Marcos. El 19 estaríamos en Riazor y, si antes ganábamos el partido del 16 contra el Racing de Santander, el campo estaría a rebosar. Mi sobrino sacó tres entradas, una tercera para su padre, a quien le contaríamos el plan un día antes, para no darle margen a poner excusas. Todo salió como esperábamos. El Dépor ganó el jueves 16. El 18 me agarré mi Toyota y me planté en Monte Alto. Esa noche se lo contamos a mi hermano. Y el domingo estábamos los tres en Riazor. Asistieron al partido 25.000 personas, la mayor entrada de la temporada y la quinta mayor de ese domingo entre Primera y Segunda División. Y el estadio lleno a rebosar empujó al equipo a su cuarta victoria seguida. Y fue ciertamente emocionante escuchar a los 25.000 seareiros coreando al final el SÍ SE PUEDE, que se debió de oír en toda la ciudad. Abajo tienen la foto que nos hicimos en el campo.




Pero las excusas para este viaje no eran sólo las relativas al partido del Dépor. Además, hay un punto de partida que es que todavía me quedaban cinco días de mi abundante reserva de vacaciones, moscosos, canosos y similares, que debía de gastar antes del 1 de febrero, día en que se hace borrón y cuenta nueva y lo que no se haya disfrutado se pierde para siempre. Podría haberme cogido la última semana, pero justo era la penúltima la que me permitía casar un mayor número de requerimientos para completar una semana cojonuda. El lunes anduve toda la mañana con mi hermano, ayudándole en una serie de historias y negocios que no voy a detallar aquí. Comí con él y con mi cuñada en el restaurante La Dehesa, donde se degusta un pescado y un marisco de primera. Después tenía la tarde libre y aproveché para escribir un post para ustedes centrado en el barrio de Monte Alto. 

Como les dije, me había dejado el ordenador en Madrid y ya había probado a intentar cargar algo en el blog con el móvil y comprobado que es un coñazo. Es como intentar hacerlo con los guantes de boxeo puestos. Así que busqué en el Google Maps ciber-cafés en La Coruña y encontré uno que no se apartaba mucho de mi ruta hacia Monte Alto. Me prestaron un ordenador que funcionaba fenomenal y así escribí mi post anterior. Y me cobraron exactamente dos euros. El martes tenía también una cita, una comida con mi buen amigo Berto, uno de mis seguidores coruñeses del blog (el otro, Alfred, estaba fuera de Coruña). Tomamos un aperitivo en el Alameda, comimos una parrillada en un lugar enxebre cercano a la Avenida de Finisterre y hasta nos acercamos a la playa de Santa Cristina a tomarnos un gin-tonic para recordar los viejos tiempos. Aquí una imagen para la posteridad. Observen las tazas del café de pota y la botella de aguardiente local para cargarlo.


Pero el miércoles cogí el coche y enfilé la carretera en dirección a Asturias, para la segunda parte de mi viaje. Como ya he contado en alguna ocasión, las dos veces en que me he visto inmerso en una convivencia multirregional (el colegio mayor y la mili), mis mejores compañeros y amigos han sido los asturianos y tengo por esa tierra un aprecio especial, tanto por sus gentes, como por sus paisajes y su gastronomía inigualable. Pero esta vez, mi anfitrión no era asturiano sino suizo: mi amigo Werner, del que ya he hablado muchas veces en el blog. Werner se dedica a traer grupos de extranjeros interesados por la arquitectura, a los que les organiza todo el viaje, que muchas veces incluye una charla mía. Pasado mañana martes ha de estar en Madrid para esperar a una delegación de estudiantes de arquitectura de la Universidad de Xiamén (China), con permiso del coronavirus, y esta es otra de las razones que me llevaron a adelantar mi viaje a la penúltima semana.

Werner me había dicho muchas veces que fuera a visitarlo a Pravia, donde vive, pero hasta ahora no había encontrado el momento. Así que me he pasado estos días en su casa, con su familia y visitando algunas de las cosas interesantes del entorno, como el Cabo de Peñas, el casco antiguo de Avilés, o la propia iglesia parroquial de Pravia, que Werner está restaurando y que tiene una historia antigua muy interesante. Pravia fue lugar de regreso de indianos, cuyas casas se pueden distinguir en el paisaje, con su arquitectura colonial, sus galerías, sus palmeras y su grandilocuencia constructiva. He pasado unos días estupendos en un entorno privilegiado, disfrutando de la vida tranquila de esta villa de antigua alcurnia, actualmente en decadencia, tomando sidra y comiendo queso de Cabrales y de Afuega’l pitu. Y, entre las visitas que hemos hecho, una muy especial a la presa de Grandas de Salime.

Se trata de la primera presa que construyó Franco, ya entonces obsesionado con el agua, después de sufrir la pertinaz sequía de la postguerra. Fue en aquellos momentos la presa más grande de Europa y se movilizó para construirla a más de 3.500 obreros, en parte represaliados o que buscaban redimirse en un trabajo donde no les mirasen mal. Las obras empezaron en 1946, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, según el proyecto del arquitecto Joaquín Vaquero Palacios, la gran referencia de la arquitectura industrial asturiana y una figura de talla internacional. Como el lugar estaba muy retirado de cualquier ciudad o puerto, hubo que construir un poblado para los obreros, con todos los servicios y con un teleférico que traía los materiales desde la costa para la elaboración del cemento a pie de obra, además de los principales suministros para los obreros.

Para llegar a este recóndito lugar, pegado a la provincia de Lugo, hay que hacer dos horas y media de trayecto por una carretera de las antiguas, que sube a la montaña por curvas interminables. Nos levantamos a las 8 para llegar a la hora de la visita que teníamos concertada. Yo iba de copiloto y llegué medio mareado, algo que hacía tiempo que no me pasaba. En el pueblo de Grandas de Salime hacía un grado sobre cero y una niebla terrible. Nada más llegar, entramos en un bar y nos tomamos un caldito de cocido, con picatostes y un toque de tabasco para resistir el frío. Y nos hicimos la foto que ven abajo, al pie de la iglesia del pueblo.   



Las obras tardaron nueve años en completarse, todo un record, hasta que en 1955 vino Franco a decir su frase favorita: queda inaugurado este pantano. La presa tiene un interés enorme como obra de ingeniería, pero es que encima, el arquitecto y su hijo el conocido artista Joaquín Vaquero Turcios se empeñaron en la aventura de decorar la parte interior de la bóveda de la presa, donde están las salas de turbinas, y estos murales son impresionantes. Lo mejor es que vean algunas de las fotos que tomé en el lugar, un espacio inmenso, con algo de catedral y una decoración figurativa que remite al cine expresionista alemán de entreguerras. Vean algunas de las imágenes.








Un detalle. Para decorar los cabezales que rematan las vigas que sustentan la presa, los Vaquero, padre e hijo, habían pensado reproducir unos retratos de Einstein, Max Plank, Freud y Picasso, grandes figuras de la ciencia, la filosofía y el arte del momento. Pero la censura franquista se lo prohibió. En revancha, los artistas reprodujeron en los murales algunos caballos y animales directamente sacados del Guernica de Picasso, que se les colaron a los censores. Y en 2001, cuando hubo que restaurar esos murales con motivo de unas humedades procedentes de filtraciones que los habían estropeado, Vaquero Turcios recuperó su vieja idea y allí están ahora los cuatro retratos. Otra de las ideas de los Vaquero fue construir frente a la presa un mirador, solamente para observarla, y le dieron forma de boca de ballena. Abajo tienen las imágenes correspondientes.





Vaquero Palacios desarrolló una actividad incansable, construyendo centrales hidroeléctricas y edificios industriales en el entorno de Avilés. Hace unos años, el Ministerio de Fomento organizó una exposición de su obra en la sala del ICO, que era súper interesante. En fin, he de decirles que durante esta semana no he escrito en el blog, no por falta de ordenador (mis anfitriones me prestaron uno cuando lo necesité para consultar el correo y hacer alguna operación bancaria menor, que no sé hacer con el móvil) sino precisamente por deferencia hacia esos amigos que me han tenido alojado en su casa y se han desvivido por atenderme. Esta mañana he cogido el coche de vuelta, he llegado a Madrid a mediodía y he dispuesto de un rato en mi casa por la tarde para escribir este post, por supuesto, después de seguir por la radio la narración del partido del Dépor en Albacete, quinta victoria consecutiva, que ya nos saca de los puestos de descenso a Segunda B, en donde llevábamos cuatro meses. Sean buenos. Y no dejen de confiar. Cualquier situación se puede revertir.