martes, 17 de mayo de 2016

507. ¡Que viene el Boss!

Viene Bruce Springsteen el sábado próximo a Madrid, ciudad donde no toca desde que lo hizo en 2012, en el mismo escenario, el Santiago Bernabeu. Al año siguiente incluyó sólo una visita a España, en el campo de El Molinón, en Gijón. En la gira de este año del Señor de 2016, ha tenido a bien incluir tres conciertos: Barcelona, el sábado pasado, San Sebastián esta tarde y Madrid en la fecha que ya he dicho. En Barna asistieron al concierto 65.000 personas que llenaron el Camp Nou el mismo día en que el Barça se proclamó campeón de Liga, asunto que no pareció interesar a los entregados espectadores del Boss, que vibraron con las más de tres horas y media de concierto de este hombre, que ha alcanzado una especie de plenitud vital en estos últimos años, puesto que su época dorada como compositor culminó en 1980, con el doble álbum The River, hace más de 35 años. En este blog ya se le dedicó hace más de un año un post a este señor, a medias con la madre que lo parió, que pueden (y deben) consultar AQUÍ. Deben leerlo, porque es complementario de este que estoy escribiendo.

Desde entonces están cayendo como moscas diferentes figuras del rock, como Lou Reed, Bowie o Prince. El Boss goza aparentemente de una salud de hierro. Hace poco me dijo un amigo médico listillo que todos estos caen por la mala vida que se dieron de jóvenes, que les pasa factura, como sucedió con los cuatro integrantes iniciales de Los Ramones, que ya se han muerto todos, mientras que Bruce siempre se ha cuidado. No creo que esto sea una correspondencia biunívoca, porque ninguno de los difuntos se castigó tanto el cuerpo como Keith Richard, y ahí lo tienen tan contento. Lo último que le pasó fue una lesión en la espalda, por caerse de un cocotero al que se había subido vaya usted a saber por qué. Vamos, que si me caigo yo de un cocotero, tienen que escayolarme entero, como los heridos que salían en los tebeos. Lo mismo puede decirse de Bob Dylan y hasta de Leonard Cohen, que tiene ya más de 80 años. El que sí se cuida hace tiempo es Mick Jagger.

Hablando de los Stones, me cuentan que se llevan tan mal entre ellos que, para organizar las últimas giras y concretar los detalles de sus conciertos, directamente se reúnen sus abogados respectivos, porque entre ellos ni se hablan. No se soportan. Keith Richard es un yonky inmortal, un walking dead que debe ser bastante difícil de aguantar. Cuando hizo de padre del protagonista de Piratas del Caribe, todos en el equipo de rodaje acabaron hartos de él, de su informalidad y la cantidad de tiempo y dinero que les hizo perder. Bruce Springsteen es diferente. Bruce mantiene en su banda a algunos de sus músicos originales y son todos amigos. Empezaron en New Jersey, en el barrio de Asbury Park, hace más de 40 años. Su primer disco, de 1973, se llama precisamente Greetings from Asbury Park NJ. Y allí estaban ya algunos de los que siguen tocando con el Boss, sesentones como él. Como el batería Max Weinberg, cada vez con más pinta de señor, y el bajo Garry Tallent.

Destaca singularmente el guitarrista Steve van Zandt, también conocido como Little Steven (Stevencito). Es el tipo del pañuelo en la cabeza, al que tienen en la imagen de arriba, que nunca falta al lado del Boss, haciendo los coros. Ya se imaginarán que el sujeto no se quita nunca el pañuelo, porque está calvo como una bola de billar. Y cada vez más gordo, lo que acerca su imagen a la de Agustín Almodóvar. Cuarenta años de acompañar a su amigo Bruce en todas sus giras, no le han impedido desarrollar en paralelo una lucrativa carrera como actor, que le ha llevado a interpretar durante diez años a un gangster con peluquín en las once temporadas de la gran serie de TV Los Soprano, imagen que tienen a la derecha. Algunos de los integrantes iniciales de la E-Street Band se han muerto: el teclista Danny Federici en 2008 y sobre todo el gran Clarence Clemons, el gigante apodado The Big Man que tocaba el saxo en la banda. Clemons, fallecido en 2011, había sido jugador de fútbol americano y le daba un punto soul a la música del grupo, definitivamente perdido. Aunque Bruce, siempre fiel a su amigo, lo ha sustituido por su sobrino, el joven Jake Clemons.

Completan la banda Patti Scialfa (esposa de Springsteen) a la guitarra rítmica, y Nils Lofgren como guitarra solista, en un puesto en el que se han ido sucediendo diversos artistas. Lofgren era ya un artista reconocido con carrera contrastada, cuando el Boss lo fichó. Y aquí tienen a este grupo de sexagenarios haciendo lo que más les gusta: tocar en directo. Como ya les he contado, la carrera del Boss arrancó en el 73, con un par de discos de escasa repercusión. Luego la banda se encerró dos años hasta crear el mítico Born tu run, que llegó a todos los números uno. Bruce descubrió entonces que estaba atado por una serie de contratos leoninos con managers e intermediarios dispuestos a vivir del invento. Se tiró tres años pleiteando, hasta que liberó sus derechos. Pero no estuvo ocioso mientras tanto.

En 1978, ya dueño de su obra, se presentó a su nueva productora con material para tres discos LP. La discográfica hizo una selección y el resultado fue el extraordinario Darkness on the Edge of Town, tal vez uno de los mejores discos de la historia. Repitió la jugada en 1980 con el doble álbum The River. Y ahí se agotó su creatividad. Desde entonces, sus discos de estudio no hacen sino copiar la fórmula. Menos mal que ha encontrado el filón de los conciertos en directo, en los que nadie duda de que es el más grande. 30 años más tarde, sigue tocando las mismas maravillosas canciones que compuso en esa época de sobreproducción creativa. Es curioso esto de las explosiones creativas de los músicos. Bowie compuso mil maravillas entre el 70 y el 75. Y Lennon en tiempos de los Beatles y un poco después. Sin saber por qué, hay un momento en que la fuente se seca y hay que admitirlo. El único que se reinventa de vez en cuando es Bob Dylan, otro que en sus años de locuras se cuidó tan poco como Keith Richards y ahí lo tienen vivito y coleando.

Ya saben que en 1981, cuando a este señor no lo conocía casi nadie en España, yo cogí el tren del rock para ir a verlo en Barcelona. La fecha, el 21 de abril y el lugar, el Palau Dels Esports. De la misma forma, algunos amigos míos viajaron ayer a Donosti, donde las entradas para hoy eran más asequibles que las de Madrid. Supongo que a esta hora ya estarán rondando Anoeta. Las canciones del Boss de esos años dorados, encima tienen unas letras extraordinarias. Bruce siempre ha sido un hombre solidario, capaz de entender el dolor, el duelo y la pérdida, porque él mismo ha tenido que sufrirlo. Les voy a poner un par de ejemplos, para que entiendan lo que digo: el Youtube está lleno de vídeos con sus canciones subtituladas en español. Vean primero este: Point Blank, literalmente: A quemarropa. Un retrato de una mujer a la que la vida ha devastado. Hay que tener una sensibilidad especial para componer esto. 


No me digan que no es una cosa emocionante. El otro tema que les traigo es el archiconocido The River. En 1980, Bruce ya habla hasta de la crisis de la construcción y la desolación del que se tiene que ir al paro. Estas eran las letras que escribía este hombre hace más de 35 años.


En fin, mucho de lo que aquí se ha contado, seguro que mis seguidores más rockeros ya se lo sabían pero, como soy un listillo y un repipi, voy a añadir algo que me apuesto lo que quieran a que no lo sabían. El Boss es una figura de nivel mundial, que ha trascendido de su pequeño barrio de New Jersey. Pero no es el único músico de la zona. Hasta el punto de que incluso puede hablarse de un sonido New Jersey. Por ejemplo, Little Steven se unió a Bruce desde el principio, pero antes ya había tocado en otra banda. La que encabezaba el bueno de Southside Johnny. Su nombre era inequívoco: Southside Johnny and the Asbury Jukes. El tipo ha seguido todo este tiempo componiendo y tocando por los bares y auditorios locales. No envidia al Boss, de quien sigue siendo muy buen amigo. Bien, pues el año pasado, este casi septuagenario se animó, reunió a su banda de toda la vida y grabó un disco de estudio. Se llama Soul Time y es cojonudo. Les voy a dejar con una canción suya. Ya sé que se da un aire a Bruce. No podría ser de otra manera, siendo como son del mismo barrio. Pero en canciones como esta tiene su propio punto soul. Pásenlo bien.


    

sábado, 14 de mayo de 2016

506. Carmena se llama el sastre

Si alguien ha entrado en este blog con la esperanza (Aguirre) de encontrar alguna crítica a mi adorada Alcaldesa y jefa, pues ya puede girar el dial y buscar otra emisora. Digo lo del dial porque, en realidad, de lo que aquí se va a hablar es de la radio, en concreto de la radio en los años 40 y 50, cuando este medio de difusión alcanzó su mayor desarrollo. Era entonces cuando en las emisoras madrileñas se emitía el anuncio del que forma parte el título de este post, que empezaba con un ripio de postín: Carmena se llama el sastre/que viste a la gente bien/hace trajes y hace abrigos/como muy pocos se ven. Entonces aparecía la voz exagerada de un negro, tal como los que salían en la versión doblada de Lo que el viento se llevó, que decía algo así como: akatula malatula. ¿Qué dice el negro? –terciaba una nueva voz extrañada. Respuesta: que Carmena se llama el sastre que viste a la gente bien. Entonces el otro concluía –¡Ah! Hasta los negros lo saben.

La sastrería Carmena estaba en la calle Duque de Alba, cerca del Rastro. Busca que te busca, he encontrado hasta una vieja entrevista a mi querida Alcaldesa, de cuando ejercía como juez, en la que le preguntaban por su relación con el sastre y el viejo adagio del anuncio de la radio. Y ella contestaba que no tenían nada que ver, que su familia había regentado una pañería por la zona de Fuencarral y Hortaleza, pero que, de niña, sus compañeras de colegio intentaban martirizarla cantándole el ripio del sastre Carmena, algo que le molestaba al principio, aunque pronto aprendió a mostrarse inmune a estos ataques, tal vez empezando a forjar ese carácter tranquilo y ponderado que hoy en día conserva. Por lo que respecta al anuncio de marras, hoy sería tachado de racista, pero no hace más que mostrar la ingenuidad de los mensajes que se difundían en esa época, bajo la férrea supervisión de la censura franquista.

Eran tiempos de racionamiento y estraperlo, en un país devastado por la guerra y regido por la política de autarquía, mientras se dirimía la Guerra Mundial, en la que, al menos formalmente, España era neutral y pretendía reconstruirse a partir de sus propios recursos naturales. Después vendría la paz mundial, el plan Marshall y la visita de Eisenhower a quien recibimos agitando banderitas. El racionamiento fue sustituido por la leche en polvo y el queso de lata que se repartía en los colegios. La radio de esos tiempos incluía muchos anuncios locales, para los que se contrataba a cantantes de zarzuela que grababan en el propio estudio con métodos rudimentarios. Se trabajaba mucho el ripio: Pa’l otoño madrileño/gabardinas Butragueño. Aféitese la barbilla/con máquinas de Padilla. Esta tienda de Padilla, cerca de la Puerta del Sol, vendía unas brochas de afeitar excelentes y yo creo que existe todavía. Por esa zona se movía, al parecer, un precursor de los actuales hombres-sandwich que compran oro: el gigante con zancos que anunciaba a otro sastre de prestigio: Flómar, que era una contracción de Florentino Martínez, que nada tiene que ver tampoco con el que están ustedes pensando.

Yo sé todo esto de referencias porque, como sabrán, nací en el 51. En La Coruña, creo recordar que sólo había dos emisoras por entonces: Radio Nacional y Radio Coruña. En mi casa se oía principalmente la segunda, que mi tía Lola llamaba la Radio Pancho. Había sido fundada antes de la guerra por el ilustre don Pancho Hervada. Se anunciaba como Radio Coruña EAJ-41. Nunca supe lo que significaban esas siglas. Leo que las primeras emisoras que empezaron a emitir en España lo hicieron en los años 20, durante la dictadura de Primo de Rivera, y que la primera de todas fue Radio Barcelona, EAJ-1. Tal vez las siglas eran un simple numeral correlativo. Mi tía Lola seguía los seriales más populares, como Dos hombres buenos o Ama Rosa, que solían emitirse por la tarde. A veces, se despistaba o se perdía un capítulo y de pronto ya no entendía nada. Cuando eso le sucedía con el capítulo final, llamaba por teléfono a la radio y les echaba una bronca: –¡Pero qué se han creído ustedes! ¿Que pueden hacer borrón y cuenta nueva y dejarnos así, a dos velas? En la emisora se debían de reír las tripas.

Dos veces al día, todas las cadenas debían conectar con Radio Nacional, para emitir conjuntamente el Diario Hablado, que la gente seguía llamando El Parte, reminiscencia inequívoca de la guerra. El de mediodía empezaba a las dos de la tarde y el otro a las diez de la noche. Cuando empezaba el Parte, mi padre pegaba un puñetazo en la mesa y chistaba enérgicamente: –A callar todo el mundo, que vienen las noticias. Busca que te busca, he encontrado también la sintonía que daba paso al Parte, la famosa Generala (otra reminiscencia guerrera), al parecer adaptada por un cura castrense a partir de un antiguo toque militar de ordenanza. Pues aquí mismo la tienen.


Por la noche, las emisiones se cerraban a las doce, también de manera unificada, con la transmisión de un himno que me ha costado encontrar y que les pongo más abajo. Yo era un niño bastante pijotero y repipi (no creo que les extrañe), pero ya tenía un punto más noctámbulo que madrugador. Mi madre se esforzaba en que me fuera pronto a la cama y yo le pedía que se quedara a mi lado y me contara cuentos o cualquier cosa, pero no conseguía que me durmiera. Al final, le rogaba: –déjame que oiga el himno del final, después te prometo que ya me duermo. Así que he escuchado muchas veces ese himno, cuyas notas están firmemente ancladas en lo más profundo de mi memoria. Me ha costado, como digo, encontrarlo y, a mis años, he sabido que se trataba del llamado Triple Himno, en el que se sucedían un fragmento del Oriamendi, himno de los requetés (por cierto, carlistas y precursores de los nacionalistas actuales), el Cara al Sol, por la parte de los falangistas y, por último, la Marcha Real que aun conservamos como himno nacional. Escúchenlo. 


Eran los tiempos de algunos nombres míticos: Bobby Deglané, José Luis Pecker, Matías Prats, Enrique Mariñas, que era de La Coruña. Y Pepe Iglesias “El Zorro”. Los viejos aparatos de mesa fueron poco a poco sustituidos por los llamados transistores, primero bastante grandes y luego más reducidos, lo que permitía llevarlos en el bolsillo de la americana y, con unos pequeños auriculares, acompañar a la señora al parque siguiendo discretamente el Carrusel Deportivo. Por entonces, la Liga de Fútbol era lo único que se seguía en directo, porque las demás noticias llegaban convenientemente filtradas por la censura y no interesaban a casi nadie. Mi padre escuchaba por las noches Radio París, que tenía algunos noticiarios en castellano en los que uno se podía enterar de algo más.

Comprendo que a algunos de mis lectores más jóvenes, que han nacido en la era digital, todo esto les parezca antediluviano, pero está ahí a la vuelta de la esquina. Yo no conocí el racionamiento por los pelos, pero recuerdo que vivíamos en una sociedad muy pobre. Cuando yo nací, España era el segundo país más pobre de Europa después del Portugal de Oliveira Salazar. La política económica del régimen nos estaba llevando a la ruina, hasta que Franco dio un volantazo, echó del gobierno a los falangistas más casposos y dio entrada a los tecnócratas del Opus Dei. Ellos diseñaron la política de creación de Polos de Desarrollo que indujo la ola de inmigración masiva que llevó a la gente del campo a la ciudad (Madrid, Barcelona y, un poco, Bilbao), atraídos por las nuevas ofertas de empleo en la industria y en la construcción. La gente dejaba masivamente su tierra huyendo del hambre y la miseria, algo que antes sólo se habían atrevido a hacer unos pocos, en un país aterrorizado por la guerra.

Llegaron entonces los turistas, las suecas y el bikini. Y la Televisión en blanco y negro. Por entonces apareció una segunda generación de famosos de la radio, como el inefable Pepe Domingo Castaño, que empezó en Radio Santiago, donde era conocido como Pepito Costilleta, antes de emigrar también a Madrid en busca de más amplios horizontes. Hemos prosperado mucho desde entonces. Pero la radio sigue cumpliendo un papel que no le ha conseguido arrebatar ningún otro medio de difusión. En las mañanas de fin de semana, como hoy, yo suelo poner el programa de la SER, que es muy divertido. Y en el cual se aprenden cosas muy interesantes.

Y, ya que hemos empezado hablando de la señora Carmena, no puedo dejar de decir unas cuantas cosas. En primer lugar, si no me falla la memoria, creo que es la primera vez en mi vida que gana alguien a quien yo he votado. Y, por otro lado, ya saben que yo estaba bastante decidido a jubilarme, incluso contaba en este blog los días útiles que me quedaban y, sin embargo, el cambio de signo del gobierno municipal me ha llevado a mi situación actual, en la que estoy luchando a brazo partido por conseguir el reenganche en condiciones. La señora Carmena no tiene nada que ver con el sastre de la calle Duque de Alba, pero en su tarea diaria ha de dedicarse muchas veces a coser y zurcir los rotos que se producen en el delicado tejido político que la sostiene. Y puedo asegurarles que lo hace con mimo extremo. Sus zurcidos son perfectos, no como esos chapuceros que mi madre llamaba culos de pollo. Sean felices y, si están en Madrid, disfruten del puente.


viernes, 13 de mayo de 2016

505. Problemas y soluciones (Missing you)

Bueno ya tengo más o menos encajada la situación que les conté en el post anterior. La cosa tiene dos componentes: el médico y el administrativo. En el terreno médico, está claro que me ha tocado un traumatólogo conservador y no me queda otra que aceptarlo: yo no puedo ir por libre, tengo que moverme en el marco ASEPEYO, y la mutua me ha asignado al doctor Gárate, que es un excelente profesional. Y tener un médico como él va a mi favor; no me va a soltar hasta que mi húmero esté perfecto. Lo que pasa es que yo conozco a unos cuantos traumatólogos y casi todos responden a un estereotipo diferente: juerguistas, comilones, ligones, bebedores de coñac, fumadores de puros, simpáticos, propensos a las grandes risotadas y, con frecuencia, madridistas acérrimos. Si me llega a tocar uno de estos, tal vez ya me hubiera dado una patada en el culo. En cambio, de Gárate no me extrañaría que fuera vegetariano. Y probablemente tampoco le guste el fútbol. No he conseguido ni que me tutee. Así que, a esperar, a disfrutar otro mes de mi situación de privilegio y a vivir, que son dos días.

El tema administrativo me tenía más preocupado, pero no se lo podía contar en el texto anterior por una elemental prudencia. Una vez resuelto, se lo voy a detallar, para que vean ustedes hasta qué extremos llega la burocracia. Como les conté, antes de Navidad pedí el reenganche, para poder seguir trabajando después del 19 de junio y jubilarme luego cuando me dé la gana. El proceso administrativo tiene un punto crítico: que tu Director General te firme un documento diciendo que le sigues siendo de utilidad y que está de acuerdo en que continúes a sus órdenes. Yo ya había conseguido ese papel y lo había enviado a Personal. Así que sólo me faltaba el reconocimiento médico en Madrid Salud, para el que estaba citado el 22 de febrero. Pero unos días antes, me caí, me rompí el brazo y hubo que llamar a anular la cita. No pueden hacerme ese reconocimiento mientras esté de baja.

Mi preocupación el otro día, se debía a lo siguiente. Según la ley que regula el reenganche, el proceso ha de quedar listo en cinco meses, con todos los papeles necesarios para que el responsable de Recursos Humanos adopte la resolución correspondiente (aunque luego dicho responsable puede demorarse en firmarlo, incluso varios meses más). Yo pedí el reenganche el 22 de diciembre. Luego el proceso debía quedar cerrado el 22 de mayo. Ese día seguiré de baja, por lo que la cosa tenía su riesgo. Puesto al habla con los de Personal, me propusieron una primera solución: no hacer nada. Ellos, el día 22, constatan que desde Madrid Salud no han respondido a su petición de que se me haga el reconocimiento y el proceso puede seguir adelante, porque el silencio administrativo es positivo, a mi favor. Es decir, el reconocimiento es para comprobar que yo no estoy medio muerto, o gagá. Si Madrid Salud no dice nada, se presupone que es porque me han encontrado bien.

Esa solución me pareció una chapuza y así se lo dije. Supondría cerrar el proceso en falso. Cualquier burócrata puede luego constatar que no se me ha hecho el reconocimiento preceptivo y denegarme el reenganche. Es algo improbable, pero yo llevo 33 años conviviendo con burócratas y sé con quién me juego los dineros. Además, desde que contamos con medios digitales, los funcionarios de manguito están todavía más crecidos, porque tienen la excusa perfecta, que se plasma en la frase de oro: (lo que usted propone es muy razonable, pero) EL SISTEMA NO ME DEJA HACERLO. Podía darse el caso de que yo llegara el 20 de junio a mi oficina y no pudiera ni entrar, porque me habrían anulado la tarjeta de fichar.

Ante mis reservas, me propusieron una solución alternativa, aun peor que la anterior: pedir el alta hoy, mañana me hacen el reconocimiento y pasado vuelvo a pedir la baja. No me digan que no sería kafkiano que tuviera que ponerme a bailar esa especie de yenka administrativa. Finalmente, conseguí acceder a una jefa que dio con la solución fetén, que es la siguiente. Personal escribe a Madrid Salud, preguntando por qué no han respondido a su petición de que se me haga el reconocimiento. Madrid Salud contesta contando lo de mi accidente y mi baja prolongada. Ambos escritos se unen al expediente, que puede seguir su curso en plazo. El proceso me llevará así a que me concedan el reenganche condicionado a que se me haga el reconocimiento cuando se pueda, y se incorpore al expediente en ese momento. Así yo me quedo más tranquilo.

Después de este coñazo que les he soltado, cambiamos de tercio a un asunto distinto, que ya está bien de burocracias. Tal vez recuerden mi post sobre los One Hit Wonder, esos casos de artistas del rock que consiguen un único éxito, pero de tal calibre que nunca más pueden igualarlo, por lo que quedan unidos para siempre a su canción mágica. Aunque se esfuercen en componer nuevos temas, no consiguen interesar con ellos a nadie ni vender más discos. En el Post #231 se citaban tres ejemplos: el Cantaloup de US3, el 500 miles de The Proclaimers y el What’s going on de Four Non Blondes. Tiempo después le añadimos el Mr Jones de Counting Crows.

Pues hoy les traigo un caso similar. En 1984, el británico John Waite consiguió un exitazo y llegó al número uno en las listas americanas con la canción que les pongo más abajo. El tema se llama Missing You y relata fielmente las sensaciones que sufre un tipo cuando le abandona su pareja. Pocas canciones han reflejado de forma tan intensa ese desvalimiento. Yo creo que al tal Waite le debió de dejar su novia de verdad antes de componer esta maravilla, lo que no resulta nada extraño viendo la pinta del sujeto, que es más bien desagradable. Ya saben que, en inglés, to miss someone significa echar de menos a alguien. En el estribillo, Waite se desgañita proclamando: NO TE ESTOY ECHANDO DE MENOS PARA NADA, EN ABSOLUTO, BAJO NINGÚN CONCEPTO. Y, tras él, el coro repite todo el rato missing you, missing you, o sea, echándote de menos, echándote de menos.  Abajo les pongo la letra y su traducción. Pensaba que pudieran ver el vídeo en pequeñito, con la letra debajo para que la fueran siguiendo, como hemos hecho otras veces, pero EL SISTEMA NO ME DEJA HACERLO. Así que, para ver el vídeo han de pinchar AQUÍ. Tendrán que verlo primero y luego seguir la letra escuchándolo.

Everytime I think of you, I always catch my breath         Cada vez que pienso en tí, siempre pierdo el aliento
And I'm still standing here, and you're miles away         Y yo sigo aquí quieto y tú estás muchas millas lejos
And I'm wonderin' why you left                                           Y me pregunto por qué te fuiste
And there's a storm that's raging through my                   Y por la noche hay una tormenta rugiendo
Frozen heart tonight                                                             A través de mi corazón congelado

I hear your name in certain circles,                                    Oigo tu  nombre en ciertos círculos
And it always makes me smile                                            Y siempre me hace sonreír
I spend my time thinkin' about you,                                     Me paso el tiempo pensando en ti
And it's almost driving me wild                                             Y esto casi me está volviendo loco
And there's a heart that's breaking down                           Y por la noche hay un corazón
This long distance line tonight                                             Que se quiebra en esta línea de larga distancia

I ain't missing you at all                                                          No te estoy echando de menos para nada          
since you've been gone away                                              Desde que te marchaste 
I ain't missing you,                                                                  No te estoy echando de menos
no matter what I might say                                                    No importa lo que pueda decir


There's a message in the wire,                                            Hay un mensaje en el alambre
And I'm sending you this signal tonight                              Y esta noche te voy a enviar la señal
You don't know how desperate I've become                     No sabes lo desesperado que he llegado a estar
And it looks like I'm losing this fight                                    Me parece que estoy perdiendo este combate
In your world I have no meaning,                                        En tu mundo yo no significo nada
Though I'm trying hard to understand                                 Aunque estoy tratando de entender
And it's my heart that's breaking down                               Y por la noche es mi corazón el que se quiebra 
This long distance line tonight                                             En esta línea de larga distancia

I ain't missing you at all                                                          No te estoy echando de menos para nada          
since you've been gone away                                              Desde que te marchaste 
I ain't missing you,                                                                  No te estoy echando de menos
no matter what my friendt say                                               No importa lo que digan mis amigos

And there's a message that I'm sending out,                     Y hay un mensaje que estoy mandando 
Like a telegraph to your soul                                                Como un telegrama a tu alma
And if I can't bridge this distance,                                         Y si no puedo tender un puente sobre la distancia 
Stop this heartbreak overload                                               Detén esta sobrecarga de angustia

I ain't missing you at all                                                          No te estoy echando de menos para nada          
since you've been gone away                                              Desde que te marchaste 
I ain't missing you,                                                                  No te estoy echando de menos
no matter what I might say                                                    No importa lo que digan mis amigos

I ain't missing you, I ain't missing you,                                No te echo de menos, no te echo de menos
I can lie to myself                                                                    No puedo mentirme a mí mismo
And there's a storm that's raging through                           Y esta noche hay una tormenta rugiendo
My frozen heart tonight                                                          A través de mi corazón congelado

I ain't missing you at all                                                          No te estoy echando de menos para nada          
since you've been gone away                                              Desde que te marchaste 
I ain't missing you,                                                                  No te estoy echando de menos
no matter what I might say                                                    No importa lo que digan mis amigos

Ain't missing you, I ain't missing you                                  No te echo de menos, no te echo de menos                      
I ain't missing you, I can lie to myself                                 No te echo de menos, no puedo mentirme 
Ain't missing you, I ain't missing you                                  No te echo de menos, no te echo de menos
I ain't missing you, I ain't missing you                                 No te echo de menos, no te echo de menos
I ain't missing you, I ain't missing you,                                No te echo de menos, no te echo de menos
Ain't missing you, oh no                                                        No te echo de menos, oh no 
no matter what my friends might say,                                 No importa lo que digan mis amigos
I ain't missing you...                                                               No te echo de menos…

Por qué les he traído aquí esta canción de amor desesperada. Supongo que más de uno ya lo habrá pillado. Llevo tres meses presumiendo de lo bien que me siento de prejubilado. No paro de decirlo. Incluso puede que esté insistiendo demasiado. NO ECHO DE MENOS EL TRABAJO. PARA NADA. EN ABSOLUTO. BAJO NINGÚN CONCEPTO. Y, por detrás, el coro me repite todo el rato missing you, missing you…