sábado, 13 de marzo de 2021

1.031. Locuras entrecruzadas

Bueno, entre las frenéticas noticias de la política nacional, que cada pocas horas nos dan un nuevo susto, y mi propia deriva enloquecida de saraos y acelerones, esto es un sinvivir desencadenado, una locura permanente; es que no tiene uno ni tiempo de disfrutar un rato de Samantha Fish y su arte. Empezaré por mi locura de vida de jubilado, para ir luego de lo particular a lo general, al contrario de lo que suele ser habitual. Como saben, este lunes tendré una clase presencial en el máster de Medio Ambiente y Arquitectura Bioclimática de la ETSAM que dirige mi amiga Ester Higueras, en el que les contaré mi relato de la historia de la ciudad centrada en su relación con el agua, algo que ya se contó en el blog hace años y que remataré con un enfoque sobre el proyecto Madrid Río. Ester ya me ha escuchado esta conferencia en alguna ocasión y ha decidido que le cuadra en el contexto del máster de este año, lo que le agradezco en el alma. La clase será a las siete de la tarde, así que me acercaré en coche a la Escuela, para poder volver luego pronto a casa y descansar.

Porque el martes tengo un sarao diferente, un encuentro con la ciudad de Bogotá del que ya les he hablado, en el que tengo una intervención de 20 minutos para contar Madrid Río, seguida de un debate específico, como uno de los tres ejemplos sobre los que quiere conversar el equipo urbanístico de la capital colombiana, de cara a su proyecto de conversión en eje verde de la Carrera Séptima, que pasará de ser una vía de tráfico rodado, a una sección más blanda, de convivencia con peatones, bicicletas y zonas verdes. Las otras dos ciudades invitadas serán San Francisco y finalmente Londres, en un sarao que empieza a las 15.30, hora de Madrid y dura tres horas, tras lo cual tendré apenas una hora de descanso hasta conectarme con mi sesión de Billar de Letras para analizar la novela Los Incendiarios, que me está gustando un montón y de la que ya les hablaré otro día. El evento colombiano está promovido por la red ONU-Hábitat y ha retrasado la fecha para que lo pueda presidir la alcaldesa de Bogotá, Claudia López. Vean abajo el poster de dicho encuentro.

Así que estos días estoy intentando prepararme los dos saraos, ambos de compromiso, de cara a que me sigan llamando para cosas similares en los tiempos venideros, lo que me ayudaría a mantenerme en buena forma mental en estos tiempos de encierro a los que nos hemos tenido que acostumbrar a la fuerza. El problema es que, además, me estoy estudiando los proyectos presentados al Reinventing Cities para ayudar a mi jefa y mi compañera M. a quienes no puedo dejar de apoyar en cualquier cosa que me pidan, después de lo bien que me han tratado en los últimos cinco años de trabajo y el cariño que me demostraron en mi despedida como funcionario. Y además, tengo que leerme el libro para Billar de Letras, para lo que dispongo del tiempo justo. Y ocuparme de las gestiones diversas, propias de mi sexo y condición. De estas, ya les adelanto que la más ardua de todas es conseguir que la Seguridad Social se dé por enterada de que me he jubilado y disponga que me paguen la pensión. Pero yo no cejaré en el empeño y ya les contaré el proceso cuando logre que me paguen de una vez.

Otras gestiones ya las tengo finalizadas. Por ejemplo lo de renovar el carné de conducir, o lo de conseguir que la compañía Orange me ponga el Internet a través de fibra óptica, guerras que les contaré también otro día. Todas estas cosas me quitan tiempo de mis empeños laborales y vitales más importantes, pero las tengo que hacer. La semana que termina he tenido unas mañanas bastante ocupadas, que no he podido dedicar a los trabajos pendientes. El miércoles tenía previsto conectarme a las 10.00 con mi amiga Eva Gil, profesora de un curso de Arquitectura en la EPFL (École Polytechnique Fédéral de Lausanne), para concretar una posible charla en su grupo, con el que ya colaboré en las sesiones de calificación del año pasado. Finalmente la conversación se alargó más de lo que yo esperaba, por asuntos personales de ambos que no voy a contar aquí; hacía mucho tiempo que no hablábamos y teníamos mucho que contarnos. A las doce y pico cortamos, me duché, me vestí y cogí el coche para el APOT, donde había quedado con mis compañeras para organizar mi participación en el análisis de los proyectos de Reinventing.

Era cerca de la una cuando aparqué en el parque Juan Carlos Primero (con perdón). Llamé a mi compañera M. y le pregunté cuándo les convenía mejor que fuera, si ya o a las dos. Me dijo que lo segundo, así que me fui a comer a la Dehesa del Partenón, en donde me recibieron tan cariñosos como siempre. Luego caminé al APOT, con la alegría en el cuerpo de ver que puedo organizar mi mañana laboral llegando al trabajo a las dos de la tarde, con lo que yo he sufrido en el pasado por el absurdo del fichaje en los tornos y la obligación de cumplimiento de horario. Esta situación se parece bastante a la libertad.  

El jueves me tocaba correr y de hecho empecé con mis vueltas dentro de casa, pero entonces sonó el teléfono. Mi compañera M. me pedía un favor, que la sustituyera en una reunión por Windows Teams con Hélène Chartier y algunas personas más en relación con un posible proyecto para un eventual Reinventing Cities III. Hélène se alegró mucho de verme otra vez, ya les conté que estuvo presente en mi despedida de la Dirección General y aguantó la hora entera a pesar de que no entiende una palabra de español. Había hablado luego con ella para darle las gracias y me dijo: Emilio, yo tenía que acompañarte en ese momento aunque no entendiera nada, porque Madrid ha sido una de las ciudades que más se ha involucrado en mi proyecto de Reinventing y todo eso sucedió a partir de que nos encontramos tú y yo en Portland en 2017, algo que no puedo olvidar.

La conferencia duró una hora, después reinicié mi carrera indoor y ya desayuné tarde y consumí parte de la mañana útil. Así que decidí bajar a comer al Matilda, que siempre es más rápido que cocinar. El Matilda ha estado cerrado casi dos meses, con un letrero que decía que cerraban por responsabilidad ciudadana, algo que contribuyó a alimentar la paranoia que me hizo encerrarme a principio de año y de la que ya les informé en el blog. Ahora me han confesado que lo que sucedió fue un caso de covid en su entorno familiar, que les obligó a una cuarentena de la que no quisieron decir nada y de la que han salido todos bien. ¡Madre mía! Esta tercera ola me ha pasado rozando por todas partes, he de dar gracias de que no me haya pillado.

Y lo del viernes ya fue el despelote. Estaba comprometido a participar en la presentación de trabajos en el curso de Darío Rivera, donde di mi charla hace poco. De estos trabajos saldrán los seleccionados para participar en Reinventing Students. La cita era a las 9.00 y yo entendí que se terminaba a las 11.00. Cuando el día anterior los técnicos de Orange que venían una vez más a casa a intentar instalarme la fibra óptica, me hablaron del viernes, les dije que a partir de las once, lo que quisieran. Para colmo, a las 12.45 tenía una entrada para bajar a ver la exposición de los expresionistas alemanes en el Thyssen, que una amiga me avisó que se clausura este domingo. Al final, resultó que la clase de Darío duraba hasta las 12.30, con lo cual se me juntaron las tres cosas. Pedí ayuda al portero negacionista de mi casa para que atendiera él a los técnicos de Orange y gracias a eso pude cumplir con todos. A la vuelta del Thyssen, estaba tan agotado que volví a recalar en el Matilda.

La buena noticia es que por fin tengo Internet por fibra, así que a partir de ahora los posts me van a salir niquelaos. Bueno, eso de que no tengo ni tiempo de disfrutar de Samantha es mentira, como ya se imaginan. Así que, antes de hablarles de la actualidad nacional, les voy a pedir que escuchen esta deliciosa intervención de Sam en un festival en Portland (Oregón, que no Valderribas) en el verano de 2016. En ese verano, yo estaba también confinado en Madrid, de baja médica por rotura de húmero, sin sospechar que un año más tarde me estaría paseando por las calles de esa ciudad del oeste americano, en mi primer workshop presencial de C40, en una de cuyas noches conocí a Hélène Chartier, un encuentro que cambiaría mi vida. 

Sentada con una guitarra acústica, Sam acomete un riff hipnótico y acelerado, que le sirve de base rítmica para cantar un par de estrofas y permitir el lucimiento de sus dos compañeros también sentados: su amigo friki el obeso Christone Kingfish Ingram y un tercero con aires de asesino en serie. Ambos son unos solistas buenísimos a los que Sam cede todo el protagonismo guitarrero en este viejo blues. A destacar lo bien que se lo pasan los buenos músicos tocando juntos y el hecho de que Sam, siempre tan maqueada para los conciertos, aparece aquí enfundada en unas viejas mallas rotas por las rodillas. Pónganse la pantalla grande y disfruten de esta pequeña maravilla.


Toca pues hablar de la vertiginosa actualidad nacional y creo que trataré de establecer una cronología. La cosa empieza en abril de 2017. En ese mes, el presidente regional murciano Pedro Antonio Sánchez, acorralado por su imputación judicial en el caso Púnica y otros, pacta con la dirección nacional del PP su dimisión irrevocable, que le acepta la cúpula del partido, dirigida entonces por Rajoy y Soraya. Como el PP tiene una mayoría holgada, a un escaño de la absoluta, le sucede el siguiente de la lista, Fernando Miras, este jovenzano y esforzado caballero cuya imagen de esos tiempos (ahora se ha recortado las greñas), ven a la izquierda, el cual no logrará su investidura en primera votación, pero sí en la segunda, al cosechar más síes que noes gracias a la escéptica abstención de Ciudadanos, que no lo ve muy claro, pero sigue las directrices de Albert Rivera que ya por entonces barruntaba sumarse a la infame foto de Colón, convertir a su partido en Ciudadanospedorros y hacer el mayor ridículo de la historia política de la Democracia.

El nuevo presidente se convierte en el político más joven en encabezar un gobierno regional superando la marca de José María Aznar en Castilla León. Y le imprime a su gestión un empuje decisivo basado en su juventud, si bien no consigue quitarse de encima el olor de la corrupción de su predecesor, quien, tras retirarse de la política, vive ahora en Miami, sin que esté clara cuál es su ocupación. Llegan las elecciones de 2019 y la lista más votada es la del PSOE, pero Miras obtiene el respaldo de Ciudadanospedorros (y de Vox en la sombra) y continúa de presidente. En estos años hasta ahora, la situación del gobierno regional se ha ido avinagrando por momentos, al igual que en el Ayuntamiento de Murcia. Liberados de Rivera, los miembros de Ciudadanos se han quitado de encima el sufijo pedorros y han rescatado su viejo afán de luchar contra la corrupción. Y no les ha gustado lo que han visto a su alrededor, entre sus compañeros de ambas administraciones.

En la Comunidad, el reparto de vacunas ha sido un sindios, varios políticos y más de 400 funcionarios se han colado en la lista para vacunarse antes que nadie y hasta al obispo de Cartagena lo pillaron vestido de lagarterana para colarse camuflado en un turno al que no tenía derecho según la norma. En el Ayuntamiento, el jefe del grupo de Ciudadanos Mario Gómez había aceptado a regañadientes el acuerdo con el PP a condición de que se creara una Comisión de Transparencia, presidida por él mismo, que investigara la corrupción municipal. Por cierto, tanto las habituales prácticas municipales como las autonómicas incurren en corruptelas a partir del abuso de los contratos menores, para fraccionar otros más grandes. Por ejemplo: ¿que hay que hacer un puente que cuesta 30.000€? Sin problemas, se hacen dos menores por valor de 15.000 cada uno, que son de adjudicación directa. Gómez acumula un montón de información sobre todo esto, pero sus socios de gobierno municipal le tienen cortocircuitada la comisión, a la que no dejan avanzar.

Harto de la situación, Gómez le pasa más de tres gigas de información a la UDEF, la unidad de la Guardia Civil que investiga estos delitos, inaugurando con este paso una cascada de comportamientos antideportivos de libro, por todas las partes. Sí, ya sé que es por una buena causa, pero a mí me enseñaron de pequeñito que ser acuseta es algo muy feo. Este señor sabrá por qué lo ha hecho, pero a partir de aquí, todo vale. Gómez empieza a recibir amenazas en su teléfono, que denuncia ante la policía. El PP local le planta una querella criminal por revelación de secretos. Y desde la dirección nacional de Ciudadanos, Arrimadas empieza a maquinar la doble moción de censura en Ayuntamiento y Comunidad. Arrimadas sopesa este movimiento como forma de asomar la patita rompiendo la foto de Colón y ver qué pasa. Pero ha de hacerse con la máxima discreción, para evitar que en ambos lugares se huelan la tostada y la aborten convocando elecciones anticipadas.

Lo demás ya se lo saben. El miércoles a primera hora salta la liebre. Yo me entero por la televisión mientras comía en la Dehesa del Partenón. Y allí en directo anuncian la jugada de Ayuso en Madrid: a ella no le van a hacer la cusqui como al murciano, buena es ella. Aquí se produce una circunstancia clave. Arrimadas dice que se apresuró a telefonear a Casado a garantizarle que la jugada de su partido se circunscribía exclusivamente a Murcia, que no tenían intención de replicarla en ningún otro lado, y menos en Madrid. Pero Casado dice que esa llamada se produjo tres horas después de anunciarse las mociones de Murcia y en ese momento él ya no podía frenar a Ayuso, que nunca se ha llevado bien con Aguado, su vicepresidente de Ciudadanos y estaba deseando tener un pretexto para darle una patada en el culo. Yo creo que los dos dicen la verdad, no tengo motivo para no creerles. Arrimadas no podía llamar a Casado antes del anuncio, obviamente, pero metió la pata demorando esa llamada tres horas. Un error de pardilla que le puede costar muy caro.

Ayuso es ya incontrolable, tiene detrás al astuto y avieso MAR y yo creo que está convencida de que puede ganar con mayoría absoluta o apoyándose en Vox. Sin perder de vista que su movimiento es tan antideportivo como todos los demás en esta contienda, hay que reconocer que es una jugada brillante, porque pilla a la izquierda a contrapié. Podemos-Pero-No-Queremos, está fraccionado hasta el ridículo. Y el PSOE no tiene de quién echar mano y ha de encomendarse otra vez al sieso de Gabilondo, qué tristeza, por Dios, cómo van a ganar con un tipo tan aburrido y con tan poca energía. Sí, ya sé que es un señor muy inteligente, buena gente, formado, educado y todo lo que ustedes quieran, pero no tiene el gancho que se requiere para esta guerra y lo ha demostrado a lo largo de toda su carrera de político. Es un mandiles y Ayuso se lo come entre pan sin mover apenas un dedo. El mejor retrato de Ayuso lo leí precisamente en La Voz de Galicia y lo firma Pousa, una de las mejores plumas periodísticas de Galicia, en mi opinión. Pueden leerlo AQUÍ 

Pero el culebrón no se había terminado. Faltaba la intervención del campeón mundial de lanzamiento de güitos de aceituna, que es murciano y conoce su tierra. En un inesperado contrataque, este señor ha dejado chiquito al tamayazo comprando a tres de los seis consejeros de Ciudadanos en el anterior gobierno murciano. Cómo lo ha conseguido, no lo sé ni me interesa, pero la jugada al borde del reglamento es patente. Ahora la bomba regional murciana se ha desactivado, se desconoce si la moción de censura se mantiene en el Ayuntamiento. Y la señora Ayuso parece haberse pasado de frenada. O quizá no, porque a lo mejor es lo que ella estaba buscando, una simple excusa para romper la baraja. Y yo la veo claramente ganadora. Esta señora, nos guste o no, ha afrontado la pandemia con una política que sólo ella se ha atrevido a promover en Europa (lo intentó Boris Johnson, pero le entró la cagalera cuando se vio a las puertas de la UCI).

Cierto que las cifras de la pandemia en Madrid son las peores de España, descontando Ceuta y Melilla, pero no son mucho peores, como podría esperarse. Y Madrid es percibida en todos lados como la ciudad libre. Los dueños de bares y restaurantes, los autónomos, los de los cines y teatros la van a votar en masa. Su empeño tiene sin duda riesgos. Pero creo que es una mujer valiente hasta extremos suicidas. Y que le pone precisamente el riesgo, la apuesta, no en vano es heredera directa de Aznar y Esperanza. Además de todo eso, no sé si ustedes están al tanto de que su pareja, el peluquero que proclamaba continuamente su amor por ella en Instagram, la dejó estas Navidades. Así que no tiene ya más apoyos vitales que la lucha política. Esto del peluquero se conoció en enero y tal vez tenga que ver con su actual talante, dispuesta a comerse el mundo asumiendo los riesgos que hagan falta.

Pero miren por dónde, la cosa tiene una derivada inesperada en el mundo del cotilleo de la peor estofa entre los famosos. Tal vez ustedes lo hayan olvidado, pero yo les hablé no hace mucho de Steisy, una tronista (es decir, participante en el programa de TV Mujeres, Hombres y Viceversa). La tal Steisy sorprendió a todo el mundo cuando contó públicamente por qué le gustaba tanto tener un novio bisexual: es que, lo mismo te come el coño, que te maquilla (sic). Una declaración que me pareció sensacional y por eso la traje al blog. Si lo recuerdan, resultó que el maromo, por nombre Pablo, era arquitecto, de lo cual yo deduje que la ETSAM había diversificado muchísimo sus enseñanzas desde los tiempos en que yo andaba por allí (por entonces las enseñanzas de la Escuela no incluían la forma correcta de comerle sus partes a una señora).

Muy bien, pues esta misma Steisy, en cuanto supo que el peluquero amoroso había dejado a la señora Ayuso, se apresuró a hacer una nueva declaración, en la que sostiene habérselo follado (yo, en mi blog zombie, no tengo por qué camuflar las expresiones malsonantes con asteriscos). El novio bisexual la acompaña al hacer esa declaración y asiente vivamente. ¿Que les parece increíble? A mí también. Pero pueden consultarlo AQUÍ. En este momento me viene a la mente un viejo chiste de la infancia. No lo recuerdo con exactitud, pero era algo así: ¿Por qué los soldados ingleses son tan valientes? Respuesta: porque hay muchas solteronas (recuerden el término: spinsters). Al haber muchas solteronas, hay muchos gatos. Como hay muchos gatos, hay pocos ratones. Como hay pocos ratones hay mucho queso. El queso se saca de la vaca y los soldados ingleses comen mucha carne de vaca y por eso son tan valientes. Ya ven qué tontería. 

Pero no es muy difícil establecer una asociación similar. Si Steisy, a la hora de ponderar las bondades de su novio, resalta el tema del sexo oral, es porque le gusta ese tipo de práctica. Si el peluquero tuvo una historia con ella, debe de ser que no lo hace tan mal. Y extrapolando, podemos pensar que cierta señora está ahora mismo de los nervios porque se acaba de quedar sin nadie que se ocupe cotidianamente de satisfacerla en tan delicado desempeño. Vale, no sigo más allá, aquí lo dejo, que sigan ustedes pasando este delicioso fin de semana pre-primaveral. Menos mal que este es un blog zombie, sin casi repercusión. En caso contrario, en unos días estaría yo en el trullo por aplicación de la Ley Mordaza o similar. Sean buenos, no como yo. 

martes, 9 de marzo de 2021

1.030. Prodigios y portentos

No vengan ahora de listillos, que prodigios y portentos no son la misma cosa: prodigio sólo tiene una acepción (suceso extraño, que excede de los límites de la naturaleza, o bien, algo que sobresale dentro de una disciplina o materia), mientras que portento es algo parecido en segunda acepción, pero en primera se refiere a una persona capaz de hacer cosas portentosas o prodigiosas. Por eso se dice: Fulanito es un portento. Hay, obviamente, una derivación irónica, que nos llevaría a decir que la señora Ayuso es un portento (o Pedro Sánchez, si es usted de los que marca paquete del lado contrario). Dicho esto último a título únicamente metafórico, sin ánimo de faltar a los lectores y lectoras más sensibles de esta tribuna, precisamente a la vuelta del Día de la Mujer en el que la Marcha Feminista de todos los 8 de marzo fue prohibida este año por el mismo Delegado del Gobierno de Sánchez que no hace mucho autorizó un concierto de Raphael. Un portento de coherencia este señor.

Pero hemos dicho que un prodigio es algo que excede de los límites normales de la naturaleza. Que se lo pregunten a David Morris, un promotor inmobiliario de 52 años que vive cerca del punto más meridional de Gran Bretaña, el pueblo de Lizard, en la punta de la península de Cornualles desde la que vigila la cabecera del Canal de la Mancha, más o menos enfrente de Brest, en la Bretaña francesa, cuyas costas se alcanzan a ver al fondo en el horizonte, en los atardeceres despejados cuando el sol poniente las ilumina desde atrás, antes de fundirse en la neblina que flota sobre el mar. Este señor gusta de salir por los acantilados tanto al amanecer, antes de irse al trabajo, como al anochecer, cuando vuelve de su actividad laboral cotidiana. La excusa en ambos casos es pasear a su perro, un viejo terrier que agradece estas excursiones para aliviar la vejiga, marcar su zona de dominio y corretear aquí y allá.

Hace unos días, Morris se despertó animoso como casi siempre, descorrió las cortinas y vio que hacía un día precioso. Un sol de justicia se elevaba sobre el cielo, lo que garantizaba unas buenas vistas del Canal, siempre surcado por petroleros y cargueros de todo tipo en dirección a los puertos de El Havre y Rotterdam. El perro lo aguardaba ya nervioso y salieron enseguida, sin desayunar ni apenas lavarse la cara. Llegó a su acantilado favorito, miró al mar y vio algo inesperado. No daba crédito. Pensó que todo se debía a que no se había lavado los ojos, o que la noche anterior se había pasado de cerveza. Miró otra vez y se dijo: no puede ser, es imposible, mi cabeza o mis ojos me están jugando una mala pasada. Llevaba su móvil y decidió hacer una foto del prodigio, a ver si el aparato procesaba la imagen mejor que su cerebro. Pero nada: la foto coincidía con lo que él veía. Así que decidió continuar con su paseo y no darle más vueltas al tema. Por la tarde colgó la foto en su perfil de Facebook. Y esa noche ya se había vuelto viral. Véanla.

Lo primero que pensaron los listillos fue que era un truco, un Photoshop o similar. Pero enseguida entraron expertos que certificaron que la foto era real y no había sido manipulada. ¿Cómo se explica el portento? Hace unos cuantos siglos eso hubiera sido considerado un milagro divino. Pero ahora la ciencia tiene explicaciones para todo. La doctora Claire Cisowsky, investigadora de óptica de la universidad de Glasgow, lo explica en términos sencillos: se trata de un ejemplo típico de espejismo superior, un fenómeno poco corriente, parece que son más frecuentes los llamados espejismos inferiores. Todo se debe a que la luz que viene de lejos, no siempre sigue una trayectoria recta. Cuando atraviesa capas de aire a diferente temperatura, su trayectoria se dobla. Pero el cerebro (y, al parecer, la lente óptica de una cámara también) procesa la imagen como si la trayectoria de los rayos de luz fuera recta.

Es el mismo fundamento por el que una pajita metida en el agua se ve como doblada aunque sigue siendo recta, o una mano bajo el mar se percibe desalineada: la luz viaja a distinta velocidad por el aire que por el agua, pero nuestro cerebro se despista. Y es sabido que el aire frío es mucho más denso que el aire caliente. En los espejismos inferiores, los más comunes, la imagen que viene de lejos atraviesa dos capas de aire a muy diferente temperatura, una muy caliente pegada a la tierra que guarda el calor del día (son frecuentes en el desierto) y otra más fría que se coloca encima de la primera. Una imagen lejana atraviesa ambas capas y su trayectoria se dobla hacia arriba. Por eso vemos en el horizonte un trozo de cielo que se confunde con agua o aire ardiendo. En el caso de Cornualles, sucedió lo contrario. El sol salió y empezó a calentar el aire superior pero, en pleno invierno, una capa de aire helado se quedó agarrada al mar. Entonces, los rayos de luz se doblaron hacia abajo. Y, en vez de ver un trozo de cielo cayendo sobre la tierra en el horizonte, lo que se vio fue el barco levantado, como si estuviera levitando.

En nuestro entorno más inmediato, suceden también prodigios y portentos. Por ejemplo, mi querida buganvilla está finalmente viva, ya no tengo ninguna duda, todo el tronco bulle de retoños minúsculos que al principio creí que estaban ahí ya en enero y se habían helado. Pero están vivos y crecen de forma imperceptible todavía. Tan seguro estoy, que ayer le di una poda inmisericorde para estimular la fuerza de esos brotes. Eso sí, se lo expliqué pacientemente, le dije que era por su bien y le pedí reiteradamente disculpas. Mi querida buganvilla es muy lista y reaccionó al Filomena tirando todas las hojas y haciéndose la muerta más de dos meses, como hacen algunos insectos. Este es un asunto que me tiene muy contento. 

Y para prodigio el que se necesitaría para que el Dépor se enganchara al tren del ascenso a Segunda División. Lo de mi equipo del alma, del que además soy accionista, es una decadencia de proporciones bíblicas, un auténtico descenso a los infiernos; como se descuide, puede acabar en la cuarta o la quinta de las divisiones nacionales. Me veo al año que viene jugando contra el Polvorín FC. No importa, resurgiremos de nuestras cenizas y volveremos, no lo duden. Lo que más me jode es que en su caída está arrastrando al Dépor Femenino, que se va de cabeza a Segunda. Mi admirada Athenea del Castillo, a la que vemos abajo celebrando un gol, me imagino que terminará en el Real Madrid. Raro será que Florentino no la tenga ya atada.



Y hablando de descensos a los infiernos, qué espectáculo más lamentable el de la izquierda en el Ayuntamiento de Madrid. Ya les anticipé hace mucho tiempo que en Más Madrid, la plataforma que montó la señora Carmena para concurrir a las últimas elecciones (y que habría ganado si Pablo Iglesias hubiera sido menos tonto), existían dos sensibilidades diferentes: los carmenistas y los errejonudos. Los segundos han montado un partido con unos estatutos, tarea en la que están entretenidos desde las elecciones, en vez de dedicarse a hacer de oposición. Se han quedado fuera de ese invento cuatro carmenistas residuales, que han decidido formar una escisión (de Más Madrid que ya era a su vez una escisión de Podemos). Los cuatro se llamarán ahora Recupera Madrid e irán por libre.

Yo tengo más trato y más proximidad con estos cuatro que con el resto del grupo (Calvo fue mi concejal cuatro años, Cueto apoyó Reinventing Cities más que nadie y Felipe Llamas se encargaba de las relaciones internacionales y tuve muy buena relación también con él). Pero esto es un despelote. El eterno problema de las izquierdas. Si la cosa sigue por esos derroteros, lo siguiente será dividirse en dos grupos de dos, que podrían llamarse Recu y Pera. En Recu estarían por ejemplo Calvo y Cueto, aunque siempre podrían luego dividirse de nuevo y quedarse en dos grupos unipersonales, un formato bastante cómodo, ya que evita las discusiones bizantinas prototípicas de estas formaciones y parece constituir la única forma de que un grupo de izquierdas tome decisiones por unanimidad. Un auténtico portento.

Pero aun no les he hablado del prodigio de los prodigios: la página de Facebook Samantha Fish España, que llevaba cerca de dos meses atascada en 99 miembros, ha alcanzado el número 100, lo que ha sido celebrado por todo lo alto por los demás peñistas. ¿Y saben quién es el número 100? Pues nada menos que el gran Paco Couto, uno de los seguidores más ilustres de este blog, que imagino que tras leer mi post anterior quiso echar una mano para qué llegáramos a los tres dígitos. Otra muestra más de que el universo del blog se está imponiendo al mundo real, como les expliqué en dicho post en relación con mi doble personalidad. Bienvenido al grupo, querido amigo, tú sí que eres grande, este blog no sería lo que es sin seguidores tan incondicionales como tú.  

Por hache o por be, ya ven que siempre acabo hablando de Samantha Fish. Es como lo que le pasaba al gran Juan Rulfo que con Pedro Páramo entró directamente en el Olimpo de la gran literatura universal, y ya no escribió nada más. Los editores sólo pudieron sacarle una antología de cuentos que tenía escritos de antes y que se publicó como El llano en llamas. A Rulfo lo invitaban a todos los congresos de escritores en donde era alabado por todos sus colegas. Pero inevitablemente le preguntaban por qué no escribía alguna otra obra, lo tachaban de vago y no entendían qué le pasaba. Entonces él se excusaba: si yo ya lo intento, cuates, lo que pasa es que me pongo a escribir y nomás me sale Pedro Páramo otra vez. Pues yo me pongo a escribir y nomás me sale Sam todo el rato. Sin que pretenda compararme con el maestro.

Como siempre, Samantha sigue generando noticias. El domingo cerró la parte de su gira correspondiente al estado de Florida, con el concierto en Kissimmee. En estos bolos la hemos visto de nuevo en formato power trío, con sus dos negros cincuentones, el bajo Ron Johnson y el batería Terence Higgins, cada vez más conjuntados y con mayor complicidad entre ellos, hasta el punto de que ya se animan a hacerle coros y segundas voces. Hace poco hicieron una encuesta informal en una de las fan pages de Facebook a las que estoy suscrito, para ver cual era el formato de Sam que más gustaba, si el trío, la big band o ella sola cantando con la guitarra acústica. Ganó el trío por mayoría abrumadora. Pero tenía pendiente contarles cómo es que Sam sigue haciendo sus giras en este tiempo de pandemia. Para ello les traigo aquí un artículo recientemente aparecido en la prensa de Nueva Orleans, pero no les pido que lo lean, es muy largo y ya les resumo yo abajo lo principal. Lo encuentran AQUÍ.

Dice el articulista que sólo hay tres artistas que están de momento organizando sus giras por el país: Samantha, Tab Benoit y la Allman Betts Band, el grupo que formaron los hijos de la antigua Allman Brothers Band. Los tres son amigos y tienen el mismo representante, un tipo que se llama Rueben Williams. Rueben es el socio de Samantha en la Wild Heart Records, compañía independiente que por ahora sólo ha producido tres discos (ya hablaremos de ello otro día). Según cuenta el artículo, estas giras han implicado continuas pruebas pcr a los músicos y controles muy estrictos, además de en algunos casos ocupar hoteles sin otros huéspedes, en plan burbuja sanitaria. Además, los músicos han ido combinando conciertos al exterior, por ejemplo en drive-in cinemas, con otros en interiores, con limitación severa de capacidad.

Esto les ha permitido mantener vivos sus negocios y tener ocupados a sus empleados. Dice Samantha que está trabajando el doble de duro y no gana el dinero al que estaba acostumbrada. Pero, añade, están intentando trabajar de forma segura, transitando por la delgada línea que separa la seguridad de la necesidad de salvar una industria a la que muchos como ella han dedicado sus vidas. Rueben es consciente de los riesgos, ha perdido amigos y conocidos por la epidemia y piensa continuamente en los peligros de moverse por todo el país en una burbuja sanitaria con controles permanentes, pero sus músicos y él son conscientes de que nadie les iba a ayudar en este empeño. Y han logrado salvar un sector del negocio que se basa en la fidelidad que suscitan estos músicos. Rueben piensa además que han abierto un camino y que otros músicos que necesitan tocar en directo para ganarse la vida y mantenerse en la onda pueden seguir su senda.

Samantha continuará su gira a finales de este mes por las principales ciudades de Texas. Pero antes hay otra novedad. El Samantha Fish Cigar Box Guitar Festival que cada enero tiene lugar en Nueva Orleans, y que este año se suspendió por la pandemia, se va a celebrar finalmente los días 19 y 20 de marzo, por eso había dejado Sam ese espacio libre en su calendario. ¡Y se podrá ver en streaming! Yo ya tengo mi entrada. Es este el festival al que acuden músicos provistos de instrumentos artesanales de todo el país. Suele ser un evento en parte al aire libre, aunque habrá conciertos en el Chickie Wah Wah, cuya imagen ven abajo, y otras salas de conciertos de NOLA.

Samantha sigue dando entrevistas, donde cuenta que para ella ha sido muy raro estar seis meses encerrada en su casa con sus gatos, después de diez años de prácticamente vivir en la carretera. Que estaba acostumbrada a componer en los ratos libres por las noches en los hoteles y que ahora ha tenido que organizarse de otra manera. El disco que ha grabado con los temas compuestos en su encierro está en fase de post-producción, ella ya ha acabado su trabajo y no sabe cuándo se lanzará. Lo único que ha desvelado es que se trata de un paso adelante en su carrera, igual que los anteriores, en los que no se ha ceñido a los parámetros estrictos del blues de toda la vida, aunque siempre llevará el blues en su alma.

Después del Cigar Box Festival y su gira texana, Sam tocará varios conciertos con Tab Benoit en abril y ya tiene un programa continuo hasta el verano, en función de cómo vaya la pandemia y la vacunación en USA. Lo que les conté de que por la mañana yo podía ver íntegramente el concierto de la noche anterior ya lo han cortado, como no podía ser de otra manera. Su pequeña compañía no se puede permitir esa piratería si no quieren ir a la ruina. No obstante, yo seguiré estando bien informado de sus andanzas, para las que le deseo toda la suerte del mundo.

Me preguntaba una lectora si iba a hacer un post especial sobre el Día de la Mujer, que fue ayer. No lo estimo necesario, porque toda mi actividad a lo largo del año es un continuo homenaje a la mujer y al eterno femenino. Aquí se habla todo el rato de Samantha Fish, de las chicas de Larkin Poe (últimamente las tengo un poco abandonadas, ya saben que soy partidario decidido del poliamor, aunque Sam me está llevando de vuelta a la monogamia), de Jacinda Ardern y Athenea del Castillo y Khatia Buniatishvili y otras guerreras que triunfan en sus respectivas disciplinas a base de esfuerzo, determinación y calidad. Hoy me voy a despedir con otra chica que se acerca a la excelencia en su campo. Hablo de Elena González del Pino, especialista en narración oral.

Elena ha publicado ya su segunda entrega de la serie En voz alta y pelo largo. Y es de verdad espectacular. El problema de Elena es que hace sus grabaciones a un volumen de sonido muy bajo (ya se lo he dicho). Es lo que tienen las producciones artesanales. Para escucharla bien les recomiendo utilizar auriculares si los tienen. En caso contrario, el ruido ambiente les dificultará oír bien lo que dice y esta es una disciplina que requiere una buena audición. Hace diez años Elena se desempeñaba como narradora oral en Libertad-8 y otros locales madrileños. Luego lo dejó para dedicarse a otras experiencias vitales, y ahora lo ha recuperado. El cuento que les propongo escuchar, de Dorothy Parker, es una delicia y no se puede declamar mejor. Les dejo con él, no sin antes desearles que pasen una buena semana. 

sábado, 6 de marzo de 2021

1.029. La consentida, el alter ego y la pescadera

Buenos días nos dé Dios en este fin de semana pre-primaveral. Este era el arranque que escribí esta mañana, cuando hasta vislumbraba la posibilidad de comer en mi terraza al aire libre, algo que sólo había podido hacer en contadas ocasiones desde la tormenta Filomena y su rastro de días grises y desapacibles que durante semanas nos han impedido disfrutar del cielo de Madrid (ya saben: de Madrid, el cielo). Por cierto, la jodida tormenta esparció daños colaterales sobre mi vida y mi entorno. Fiel a mis principios de no utilizar esta tribuna para quejarme y condolerme de desgracias propias (al blog se viene llorado), de primeras no les conté nada al respecto. Saben que me caí y me dañé la rodilla derecha, pero no lo comenté en el blog hasta que pude empezar otra vez a correr, con mi rodillera supersónica diseñada por procedimientos de inteligencia artificial. Pero no fue ese el único daño colateral. Había otros.

Las plantas de mi terraza soportaron estoicamente la nevada desmesurada; luego, el palmo y medio de nieve se heló, lo que me impedía llegar hasta los tiestos para aliviar sus penas y, en esas condiciones, vinieron varias noches de diez bajo cero. Unas temperaturas letales para ciertas especies vegetales. La dipladenia, esa trepadora de hermosas flores rojas con la que me agradeció los servicios prestados un vecino al que le estuve haciendo la compra durante el mes de encierro más severo, falleció por congelación. Era una planta vistosa que no llevaba demasiado tiempo conmigo por lo que apenas se había incorporado a mi vida, así que tengo encargada una sustituta en la tienda de mis amigos floristas que, por cierto, se han recuperado del covid, de lo cual me congratulo. Otra planta que resultó muy afectada fue una pequeña begonia de flor, pero esta es como una especie de hidra, un monstruo doméstico que ya ha sufrido catástrofes de todo tipo, de las que renace siempre con ánimos renovados. Con esta admirable muestra viviente de resiliencia vegetal, ya sé lo que tengo que hacer: cortar todo lo que sobresalga de la tierra, al ras, y esperar una resurrección que todas las veces se produce (ya está brotando desde la misma tierra y estoy convencido de que llegará a tiempo de echar flores para esta primavera que se acerca).

Pero lo peor fue lo de mi querida buganvilla, esa compañera fiel y permanente de todas mis penas y alegrías, que ya estaba en su rincón favorito cuando nació mi hijo Lucas hace 30 años y que ahí seguía tan campante. Era claramente mi consentida y así se lo dije a los floristas cuando les encargué el arreglo de la terraza: podéis hacer lo que queráis, a vuestro gusto, salvo tocar un pelo a mi consentida, que tiene que seguir en su rincón sin que nada la estorbe. Pero, mi querida compañera nunca había sufrido temperaturas de diez bajo cero. Estaba tan contenta que hasta había echado una pequeña floración invernal, por primera vez en sus 30 años de existencia. La calamidad climática la dejó completamente seca, convertida en un conjunto de troncos adornados por dry leaves and dead flowers. Y así sigue dos meses después, como ven en la imagen de abajo.

Como ven, le he quitado todas las hojas secas y la he limpiado de otros restos. Y, dos meses después de la catástrofe, aún albergo esperanzas de que reviva. Si eso sucede, lo celebraré por todo lo alto, como un evidente buen augurio. Cada mañana, en cuanto hago pis y me lavo someramente las manos y la cara, como me enseñó a hacer mi padre, salgo a la terraza y me paso un buen rato con mi consentida. La rocío con un spray de agua templada, reviso todos los rincones en busca de indicios de brotes. Pero sobre todo, le hablo. Le consulto sobre cómo enfocar mi día, cómo ordenar las tareas ingentes que me aguardan en mi jornada de jubilado. Me dirijo a ella con todo el cariño que puedo expresarle y espero que este tratamiento conjunto dé algún resultado. Ya saben que las plantas son seres vivos y mi buganvilla ha de ser sabia, si ha logrado llegar a este punto pasando a través de todo tipo de penalidades y abandonos. Este post es como una especie de exorcismo, para intentar revertir esa inmovilidad mortal que me muestra. Para que todos ustedes unan sus corazones en un impulso vital que insufle de nuevo confianza a mi planta más querida. Entre tanto, las demás plantas se dedican a celebrar por todo lo alto el hecho de que han sobrevivido y las más tempranas ya exhiben sus flores, como esta que ven abajo.

Les he dicho más arriba que tengo un volumen de tareas pendientes ingente. No exagero. Estoy ocupado de cojones. Yo la verdad, no entiendo cómo hay gente que se jubila y se deprime porque no sabe qué hacer. Hace poco, la única hija de Albert Camus, una sesentona de aire radiante, contó en una entrevista en la prensa que, en una ocasión, ella estaba de niña con su padre, que leía tranquilamente un periódico. Para llamar su atención, con la voz nasal y el toque ñoño que saben poner las pre-adolescentes, le soltó: jo, papi, es que me aburro… Su padre, sin despegar la vista del texto que leía, dijo: en este mundo sólo se aburren los imbéciles. Desde ese día, ella ya no se volvió a aburrir. Nunca más. Yo tengo ahora mismo varias tareas pendientes, digamos, profesionales. Por una parte, he de preparar mi clase presencial de hora y media en la ETSAM del próximo día 15. Tengo una serie de imágenes de charlas similares, que he de reordenar y adaptarlas al formato que me piden.

Pero es que al día siguiente, 16 de marzo a mediodía, me conectaré con Bogotá, San Francisco y una tercera ciudad que cada vez que me escriben cambia: ahora parece que puede ser París. La cita la han retrasado para que pueda presidirla la Alcaldesa de Bogotá. Lo mismo hasta tengo que ponerme una corbata. Aquí dispondré de veinte minutos para contar muy brevemente el Madrid Río. Lo que me supone preparar un segundo power point específico para el evento. En ese ecuador del mes de marzo, mi agenda se espesa y genera uno de esos grumos de actividad a los que siempre he respondido sin quejarme. Porque el mismo día 16, a las 19.30 tendré mi sesión de Billar de Letras para analizar el libro Los incendiarios, que me estoy leyendo en estos días. Para acabar de joderla, mi amigo Werner, la última persona a la que visité antes de estos encierros encadenados (inolvidable viaje a Pravia), me ha dicho que viene a Madrid el 14 para un asunto profesional y quiere quedar conmigo antes de volverse a Asturias el 16. La guinda del grumo.

Pero es que además, mis amigas del curre, esas que me quieren tanto y me hacen vídeos tan cariñosos como el que les mostré hace un par de posts, me han pedido que les vaya echando un vistazo a los proyectos presentados a la segunda fase de Reinventing, que son seis. Los puedo ver en pantalla, para lo que C40 me ha facilitado una clave personal, pero también en papel cuando voy al edificio APOT, algo que hice el jueves pasado y repetiré el próximo miércoles. Ellas dos no han podido empezar a ver los proyectos entregados y les viene bien que vaya yo desbrozando el camino. Pero es que, en paralelo, estoy desarrollando otra serie de tareas, digamos, personales que también me ocupan mucho tiempo.

Se las enumero para no ser exhaustivo, ya habrá tiempo de ir narrando los aspectos más blogueros que se vayan suscitando en cada una: gestionar el pago de mi pensión (algo más difícil de lo esperado, porque tengo que pelear contra una máquina), renovar el carné de conducir (hecho), conseguir que me instalen el Internet por fibra, gestionar mis exiguos fondos, que tengo en varias cestas como se aconseja, lo que me supone resistir las presiones de los gestores de cada una de las cestas, que me intentan seducir con todo tipo de halagos y estratagemas para que traslade todos los huevos a la misma cesta, casualmente la suya de cada uno. Tengo también que acabar de ordenar las cajas de libros y documentos que me traje de mi despacho, actualizar mi curriculum, poner al día mi perfil de Linkedin. Más mantener mi jardín y hacerme la comida la mayor parte de los días, y una compra de vez en cuando. También tengo en espera darle un tratamiento con aceite de linaza o similar a las sillas y la mesa de mi terraza, muy afectadas por la nieve de Filomena.

Para cuando termine todo eso, tengo una tarea pendiente, muy de jubilado: repasar mis posts del blog uno por uno desde el #1, para restaurar los videos que la página Youtube tiene a bien suprimirme periódicamente. Eso, siempre que se pueda, porque, como sabrán, hay algunos que han sido eliminados para siempre y con esos no puedo hacer nada. Y, para cuando me vaya quedando más libre de estas ocupaciones, he de pintar y acuchillar en casa, asunto que no es baladí. Además, estoy considerando rescatar mi viejo grupo de conversación inglesa, en versión telemática, con el bueno de Ed, el neoyorkino al que nadie llama por su verdadero nombre, salvo su madre y sólo cuando está enfadada y se dispone a echarle una bronca: ¡¡EDWIN!! Y todo eso hasta que llegue el día en que podamos otra vez viajar por el mundo, momento para el que, al cumplir 70, me he saltado al turno anterior de vacunación.

Además, poco a poco voy recuperando mi vida social perdida, aprovechando que la pandemia parece aflojar un poco (antes de que llegue la cuarta ola); salgo a comer con amigas y algún que otro amigo, tanto en terrazas como en interiores y ayer fui al teatro, a ver Mi amigo Cicerón, ocasión que me permitió encontrarme con mi vieja peña de adictos al teatro; a algunos hacía más de un año que no los veía. Así que ya ven que estoy entretenido, y eso sin contar con la lectura, la guitarra y la propia escritura de posts para el blog. Así que estoy en completo acuerdo con la hija de Camús. Pero, sentado esto, quiero contarles algo. Uno de estos días me encontré con un amigo por la calle; también hacía mucho que no lo veía en persona. Me hizo las preguntas de rigor: ¿qué tal estás? Bien. ¿Y tus hijos? Muy bien también. Hasta aquí lo habitual. Lo raro fue la pregunta siguiente: ¿Y cómo está Samantha Fish? ¿Cómo dices? Sí, que cómo van sus conciertos, qué tal está resultando la nueva gira; Sam es ya como de la familia, los que te seguimos en el blog estamos muy interesados en que continúes contándonos sus novedades.

Algunos de mis lectores se creerán que me lo estoy inventando. Allá ustedes. Sucedió tal cual lo cuento. Y esto me trae a la cabeza una reflexión. Yo empecé este blog hace más de ocho años y fui mejorándolo poco a poco, con historias de todo tipo, valorando qué tipos de rollos gustaban más a mis lectores y cuáles me dejaban a mí más satisfecho. En esa evolución, gradualmente fue surgiendo un personaje de mí mismo que empezó siendo como un espejo de mi verdadera personalidad, pero poco a poco fue cobrando vida propia y disociándose de mí, de forma que llegó a haber dos Emilios bien diferenciados, el real y el del blog. Ambos comparten algunas señas de identidad, como la literatura, el urbanismo, el rock o el running, pero el primero es quien soy de verdad, mientras que el segundo es una especie de alter ego, que se parece más a lo que yo hubiera querido ser. Algunos de mis lectores, que me conocen también en persona, detectaron hace tiempo esa especie de doble personalidad casi esquizoide.

Todo esto es un poco freudiano, pero cierto. Creo que ya les conté que una amiga de mis hijos que me sigue en el blog, quedó conmigo a tomar una cerveza para conocerme en persona. Y luego le comentó a mi hijo que le había sorprendido lo tímido que era, que por el blog me imaginaba como alguien mucho más decidido, seguro de sí mismo y con una personalidad arrolladora. Me parece que está claro lo que quiero decirles. Pero lo curioso es que ese Emilio bloguero ha ido cobrando un peso creciente a medida que iba pasando el tiempo, de forma que ya casi se está comiendo al otro. Ahora mismo yo ya no soy la persona que era antes, sino que ese Emilio bloguero ha ido fagocitando poco a poco mi personalidad, hasta hacerse con el mando de mi persona. Eso explica, por ejemplo el cariño que me han mostrado en el curre en el momento de la jubilación, la proximidad, la admiración, la ternura, el afecto que se trasluce del vídeo que me hicieron, la dedicatoria del libro que me regalaron, las palabras que se pronunciaron en la reunión de homenaje por Teams en la que se conectó toda la Dirección General.

El Emilio hasta ahora real, ese personaje dubitativo y un poco melancólico que era yo cuando inicié el blog, cuyo perfil se ha mantenido en paralelo a esta eclosión de mi nuevo yo, jamás hubiera suscitado semejantes expresiones de cariño, unos parabienes y unos homenajes como los que yo he recibido en estos días. Y en este nuevo escenario, los lectores me preguntan que cómo va Samantha, un personaje directamente nacido en el seno de mi alter ego bloguero. Samantha es alguien que hemos ido ustedes y yo descubriendo post a post en la deriva imparable de este blog. Una mujer que con determinación admirable ha derribado la puerta del viejo mundo del blues, dominado hasta ahora por hombres y en gran medida por negros, para instalarse allí como uno de los mejores, con su melena rubia teñida, su aire Marilyn y su simpatía que no se arredra ante nada. Su gira actual empezó el día 3 en Tallahassee y ha seguido con uno o dos conciertos diarios de hora y cuarto en distintas salas de conciertos de Florida.

Esos conciertos tienen lugar, en horario de Madrid en torno a las cuatro de la mañana. Y cada día, cuando me levanto, ya tengo en mis fan-pages de Facebook la retransmisión entera de al menos uno de esos conciertos, grabada por algún miembro de la red con su móvil. Así que, en estos días pasados, lo segundo que he hecho después de lavarme la cara y las manos y hablar un rato con mi buganvilla pendiente de resurrección, ha sido encender el ordenador, conectarlo con el cable HDMI a la televisión y ponerme a todo volumen el concierto de Sam de la noche anterior, para verlo mientras desayunaba. También me van llegando fotos de los eventos, como estas que les voy a poner. Corresponden a su concierto de anoche, 5 de marzo, en el Funky Biscuit de Boca Ratón, no muy lejos de la mansión de Trump en Mar-a-Lago.





Hoy no les voy a poner muchos deberes en cuanto a ver vídeos de esta artista admirable. Les contaré que Sam tiene ya un cierto estatus de diva, lo que hace que tenga un pequeño equipo a su alrededor que la protege de fans, curiosos, adoradores babosos y pesados. Los que logran atravesar ese filtro, son unánimes en sus opiniones: Samantha es una persona sencilla, cariñosa, vitalista, empática, con un sentido del humor infatigable que empieza por reírse de sí misma y encantada de que todo el mundo quiera estar un rato con ella. Es ya lo que se suele llamar una artista de culto, concepto que implica un carácter minoritario: como saben, Los Ramones no tuvieron nunca un solo éxito discográfico o número uno en las listas. Eran un grupo de culto y tenían seguidores fijos muy fieles que acudían a verlos a todos sus conciertos.

El grupo de Facebook Samantha Fish España, creado en junio por un barbudo gaditano y del que formo parte desde agosto, no consigue alcanzar los 100 miembros; ahora mismo somos 99. Es una consecuencia de que Sam sea una artista independiente, que no ha buscado integrarse en una multinacional discográfica, sino que tiene su propia productora en la que patrocina a cuatro frikis de esos por los que tiene debilidad. Las discográficas son capaces de hacer que todo el mundo hable de sus artistas y eso explica que ahora tengamos a Rosalía, a Billie Eilish, e incluso a C.Tangana (el nombre de artista más ridículo desde Nacha Pop) hasta en la sopa. Pero a Sam ya le llegará su hora. Mientras tanto, ella hace lo que le gusta, ha conseguido vivir del invento y no piensa dejar de ser ella misma, salvo por el hecho de que está más gorda que cuando pesaba 56 kilos y, tal como se la ve, imagino que habrá tenido que cambiar más de una vez la talla de sus pantalones de cuero.

En próximas entradas les explicaré cómo es que esta señora ha empezado (como siempre, la primera) a dar conciertos por USA, cuando la pandemia está todavía en pleno auge. Por hoy les voy a dejar con un vídeo del que sólo quiero que vean los 35 primeros segundos, para que se fijen en un simple gesto (por supuesto, quien quiera que lo vea entero). Les voy a pedir que imaginen una escena. Estamos en el mercado de la Plaza de Lugo, enfrente de la casa donde yo nací. Hemos ido a comprar pescado (fish) y le hemos pedido a la pescadera que nos limpie y nos corte en trozos medianos una pescadilla para hacerla a la gallega. La pescadera es una mujer recia, de la parte de Corme o de Malpica, que lleva desde pequeña trajinando con el pescado, con su juego de cuchillos intimidante, su fuerza natural y una profesionalidad a prueba de bomba, arre carallo.   

Con gesto automático, limpia el más grande de sus cuchillos con el grifo que le cae del techo en el extremo de una manguera plástica, elige una pescadilla mediana y empieza a trabajar con ella. Esta mañana hacía frío y niebla por el Orzán, cuando se ha acercado caminando a La Plaza (así llaman allí al mercado), por lo que se ha puesto una rebequita de lana para no enfriarse. Ahora la lleva puesta todavía, pero con el ejercicio de cortar el pescado con precisión y puntería, para que no se desbaraten los trozos, ha empezado a sudar y le está entrando un calor que amenaza con derivar en sofoco. Valora la posibilidad de terminar con la pescadilla y luego quitarse la rebeca, pero decide que no, que tiene que parar, porque se está asfixiando. Se la quita, pues, y entonces repara en que todos los clientes están mirando cómo lo hace. Es entonces cuando sobreactúa ligeramente, para teatralizar el gesto, quitarle importancia y empatizar con el coro de clientes mirones.

¿Han memorizado ese gesto? Pues van a verlo ahora. Este es un concierto de Samantha Fish en St. Louis (Missouri) en diciembre de 2018. Yo lo he visto entero y he observado cómo Sam ha salido con una especie de toquilla dorada sobre los hombros, que todo el rato se le está descolocando y puede que también le dé calor. Un verdadero coñazo. El vídeo que les pongo es de un trozo de ese concierto y empieza justo en el momento en que Sam se quita la rebeca y, a la vista de todos los asistentes, reproduce el gesto de la pescadera. Esta mujer viene del pueblo, es de Kansas City, que conceptualmente no es un lugar muy diferente de Corme o Malpica, y va a seguir siendo ella misma pase lo que pase, porque no le importa el qué dirán. Por eso la adoramos sus fans.

Antes les diré, a modo de despedida, que esta mañana me he levantado, me he lavado las manos y la cara, como me enseñó a hacer mi padre, luego he desayunado viendo el concierto de Samantha de anoche, el cuarto que daba en Boca Ratón, y enseguida me he puesto a escribirles esta entrada. He hecho una parada a mediodía, justo para comerme un plato del potaje de garbanzos, espinacas y bacalao que me cociné ayer antes de ir al teatro, que estaba de rechupete, y echarme una pequeña siesta. Y ya tengo el trabajo hecho. Me queda tiempo esta tarde para empezar a seleccionar imágenes de Madrid Río para mi presentación en power point para el día 15 y su extracto para el 16. En fin, como van a ver (en pantalla grande, por favor) los 35 primeros segundos del vídeo que les pongo abajo, yo que ustedes ya lo dejaría entero, le subiría el volumen y aprovecharía para bailar un rato, que es tarde de sábado y tenemos que celebrar que aun no nos ha pillado el virus. Sean buenos. Y cuídense.