lunes, 12 de octubre de 2020

984. Historias conquenses

Desde que me han cambiado la interfaz del blog, no me fío demasiado de las encuestas de audiencia de la página, pero según dicha aplicación, tengo casi tantas visitas desde Estados Unidos, como desde España. No es de extrañar, teniendo en cuenta que hablo más de temas norteamericanos que de los nuestros, aburrido como estoy de la bronca continua, de la trifulca permanente, de la gresca indisimulada a la que se entregan nuestros políticos, condenados a una especie de siniestro aquelarre eterno, en el que parecen disfrutar con fruición, cual gorrinos en lodazal templado. Yo propondría, igual que han hecho con la reanudación de la NBA, crear una burbuja hermética, inmune al Covid-19, y meter ahí dentro a todos los políticos, de Vox a Podemos, para que se dedicaran a pelearse entre ellos, a insultarse y ponerse zancadillas. Mientras los tuviéramos a buen recaudo, seguro que los demás nos organizábamos para sacar adelante este país, sin la interferencia de esa casta de impresentables. Me sale del alma un lema: MENOS MAL, QUE NOS QUEDA NADAL.

Así que hoy, para dejarles descansar de tantas novedades de Kansas City, Nueva Orleans y otros lugares similares, les voy a contar algunas cosas sobre la provincia de Cuenca, por donde anduve unos días de septiembre, oxigenando mi cuerpo y mi mente entre encierro y encierro. Tomé nota de una serie de temas, muy adecuados para este blog, pero luego no he encontrado el momento de desarrollarlos. Para empezar, uno sale de la gran urbe madrileña por la A-3, un desagüe viario por el que circulan cientos de coches con gente que se va al campo o la playa. El tráfico es espeso, premioso, incómodo, peligroso. Hasta que llega uno a una señal que dice Cuenca. Te desvías, tomas el lazo cuartocircular que te lleva a la dirección perpendicular a la que traías, pasas bajo el tablero de la autovía y sigues hacia el Este, por una carretera completamente vacía. Lo de la España olvidada es literal: aquí no viene ni Dios.


La ciudad de Cuenca es una auténtica maravilla, no se la voy a descubrir ahora (les voy intercalando algunas de las fotos que tomé en mi excursión). Y tiene un atractivo añadido: el Museo de Arte Contemporáneo, en una de las Casas Colgadas, donde se puede ver la obra de Manolo Millares (el que más me gusta) y también las de Sempere, Saura, Zobel, Canogar, Tapies y todos los demás miembros de una generación pictórica inigualable. Esta vez, había una monográfica de Millares (imagino que continúa, puede ser un buen plan para cuando nos desconfinen), en donde se podían ver bocetos, libros ilustrados y hasta un vídeo muy interesante en el que se ve cómo trabajaba este artista único. 

Por si no saben mucho de este interesante personaje, les diré que nació en Las Palmas de Gran Canaria, sexto hijo de un profesor de secundaria del Instituto Pérez Galdós, que tuvo hasta nueve vástagos. Manolo no fue el único con veleidades artísticas: el quinto, Eduardo, fue uno de los mejores viñetistas de la prensa canaria y fundó un diario satírico similar a La Codorniz, que se llamó Roque Nublo. Y el pequeño, Totoyo, que todavía vive (tiene 85 años) fue el fundador y el alma del grupo folclórico Los Gofiones, que no llegó a ser tan popular como Los Sabandeños pero aun pervive. Tuve un amigo canario que me habló de esta familia, muy querida en su isla. Como buen canarión, mi amigo odiaba a muerte a los chicharreros (y compartía con ellos el odio al godo).

En Cuenca es posible darse grandes paseos por los caminos de ribera del Júcar y el Huécar, además de callejear por la madeja de callejones medievales del centro histórico, con sus bares bien servidos en donde degustar el morteruelo, los zarajos y otras delicatessen locales. Por la noche hay que abrigarse, que la humedad que sube de los ríos se te apodera de la garganta. Bien abrigado, se puede cruzar por el puente metálico hasta el pequeño cerro del Parador Nacional, para ver desde allí la panorámica de las Casas Colgadas con la tenue iluminación de las viejas farolas, cercadas por la neblina del anochecer.

Pero en este blog, ustedes esperan que yo les cuente alguna cosa de las que no salen en las guías ni son fáciles de encontrar en Internet (como lo de la familia de Manolo Millares, que seguramente ignoraban). En ese sentido, ¿a que no saben quién es el santo patrón de Cuenca? Yo no lo sabía hasta este viaje: se trata de San Julián el Tranquilo. Qué quieren que les diga: una ciudad que tiene un patrón con semejante nombre no puede menos que ser un sitio cojonudo. Otros pueblos y ciudades tienen a San Fulano Apóstol, u obispo, o mártir, o labrador, o hasta bailón como San Pascual, pero tranquilo, yo dudo que exista otro santo igual.

San Julián el Tranquilo había nacido en Burgos y ya llevaba una larga trayectoria como cura en Palencia, Toledo y otros lugares, cuando fue nombrado obispo de Cuenca por el rey Alfonso VIII, el gran benefactor de la ciudad que había empezado por reconquistarla de los moros. Julián era un obispo mundano, que hacía labor social por toda su diócesis, ayudando a todos los necesitados, aunque no fueran cristianos. La gente lo quería mucho porque era bondadoso y amable con todo el mundo. Y le gustaba mucho irse a descansar a una cueva cercana a la ciudad, en la que decía que era donde estaba más tranquilo. Allí se llevaba mimbres que mojaba con el agua que corría por algunas paredes para tejer cestillos que luego regalaba a sus feligreses.

Se dice que hizo un solo milagro; que un día las paneras en donde recogía la limosna en la misa aparecieron llenas de trigo, pero parece claro que tuvo que ser un montaje que organizaron sus ayudantes para que luego pudiera ser santo. Continuó siendo el obispo de Cuenca hasta su muerte, el 28 de enero de 1208, fiesta local de Cuenca. Yo tengo muy claro que este señor fue un adelantado a su tiempo, que fue un hombre bueno y que su espíritu protege todavía a esta ciudad, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1996. Pero mi excursión no se quedó sólo en la ciudad, sino que se extendió a la zona de Priego, Beteta, Albalate y el balneario de Solán de Cabras. En una palabra, el fértil territorio que ocupa el extremo norte del pentágono que forma la provincia y que se conoce como La Serranía.

En 2018 estuve en Priego con mi grupo de senderistas y ya les conté algunas singularidades de esta ciudad (ellos dicen que no son un pueblo, que les concedió el rango de ciudad Juan II, padre de Isabel la Católica). Y les conté que el arco que remata la Calle Larga por el extremo norte es el lugar de donde partió Don Quijote con la intención de ver el mar, ruta que le llevó por Alhama de Aragón y Zaragoza hasta Barcelona. Allí pudo ver el mar, pero se desafió con el Caballero de la Blanca Luna, que le derrotó. Desanimado, decidió volver a casa. Pero siempre que se habla de Cuenca, nos viene a la memoria el archifamoso Crimen de Cuenca. Pilar Miró filmó la historia en 1980 y tuvo el dudoso honor de firmar la única película secuestrada judicialmente en tiempos de democracia.

En realidad, la historia debería llamarse el error judicial de Cuenca, pero para título de película era demasiado feo. Pero eso es lo que fue: un error judicial, y no un crimen. La historia: un pastor apodado El Cepa, vende unas ovejas de su rebaño, cerca del pueblo de Tresjuncos y desaparece. Su familia denuncia la desaparición y las autoridades detienen e interrogan a dos compañeros suyos pastores. Hay un juez y un cura especialmente sanguinarios que incitan a los guardias civiles a apretarles las tuercas. Los dos pobres desgraciados son sometidos a terribles torturas hasta que confiesan (esas torturas reproducidas en detalle en la película motivaron sus problemas para ser estrenada). Tras la confesión, son declarados culpables por un jurado popular y condenados a 18 años de cárcel. Saldrán en libertad doce años más tarde, pero ni ellos ni sus familias se librarán nunca del estigma y la inquina popular.

Años después, al cura sanguinario le llega una carta del cura de otro pueblo, pidiéndole la partida de nacimiento del Cepa, porque se quiere casar. El cura, sumido en la vergüenza y la culpa, rompe todas las cartas en ese sentido. Hasta que el propio Cepa se ve obligado a volver al pueblo para conseguir la partida de nacimiento. Interrogado, dice no haberse enterado del lío del juicio y confiesa que se fue porque quiso, que estaba harto de su familia y que le dio un barrunto. Para interpretar a este auténtico proto-friky, Pilar Miró tuvo el acierto de elegir al gran Willy Montesinos, que bordaba este tipo de papeles y que tiene una aparición al final de la película, breve pero estelar. Así que el Crimen de Cuenca que se cuenta en la peli nunca existió, fue un error judicial inducido. Pero tal vez ustedes no sepan que hubo un Crimen de Cuenca de verdad, un suceso terrible, que nunca se ha llevado al cine.

Sucedió en Albalate de las Nogueras, otro de los pueblos que visité en mi excursión, en 1893 y fue objeto de coplas de ciego durante muchos años, en esa España bárbara de la que no queremos acordarnos. En Albalate todavía recuerdan la casa del crimen y el clan de los Pacotes, autores de la tropelía. En la casa del crimen vivía Hipólito Mayordomo, con su mujer y sus cinco hijos. El 18 de marzo, Hipólito estaba en Cuenca, para unas gestiones. El hijo mayor, José, salió de vinos con sus compadres y regresó de anochecida. Encontró la puerta entreabierta, la empujó y descubrió a su madre muerta a hachazos. Salió despavorido gritando. Cuando los vecinos entraron encontraron a los cuatro hermanos pequeños también muertos a hachazos y cuchilladas.

La conmoción fue tremenda, el pueblo contaba entonces con 200 habitantes y la autoridad decidió confinarlos a todos hasta que se averiguara qué había pasado. La guardia civil inició las pesquisas y pronto encontraron toda clase de indicios incriminando a los Pacotes, una familia vecina. El jefe del clan Juan Antonio Racionero dirigió al grupo de asesinos que formaban sus tres hijos y un amigo de uno de ellos. Se cuenta que este señor estaba muy disgustado porque no tenía dinero para pagar las sinecuras necesarias para que no se llevaran a sus hijos a la guerra de África, prebenda que sí había conseguido Hipólito Mayordomo, que era zapatero y vendedor de grano próspero. Así que idearon robarles, pero se les fue la mano, le pegaron una puñalada fatal a uno de los chicos y ahí decidieron matar a todos los demás para no dejar testigos. Lo malo es que hicieron una chapuza, con huellas de todas clases.

Los cinco asesinos y la madre de la familia, acusada de incitación y complicidad, fueron detenidos y, ya confesos, llevados en seis asnos a la cárcel de Priego, partido judicial, entre los insultos de los vecinos. El proceso fue largo y, durante la espera del juicio, el padre falleció en su calabozo de Priego. A los otros cuatro autores se les condenó a muerte. La madre fue sentenciada a 20 años. Durante la espera del ajusticiamiento murió también el hermano mayor, en la cárcel de Cuenca. El hermano medio y el amigo fueron ahorcados aproximadamente dos años después de los hechos. El pequeño fue indultado al tenerse en cuenta que era menor de edad cuando se cometieron los asesinatos. Se le conmutó la pena por la de cadena perpetua y fue enviado a la cárcel de Larache, en Marruecos, a donde su padre no quería que llevaran a sus hermanos mayores, lo que desencadenó la tragedia. Y se cuenta que logró salir en libertad años más tarde, que se rehabilitó y montó un pequeño negocio ya en el siglo entrante. Incluso parece que llegó a viajar a Albalate en una ocasión, a visitar a sus hermanas, pero tuvo que salir pitando porque le reconocieron y querían matarlo a palos.

Historias de esta piel de toro de la que venimos todos, aunque nos creamos muy modernos y nos guste el blues. Al fin y al cabo, tampoco hace tanto tiempo de los sucesos de Puerto Hurraco. Y nos quejamos de que nuestro Congreso parezca una jaula de monos insultándose. Sería bueno que buceáramos un poco en nuestra historia. Siento haberles contado unas historias tan macabras. En realidad, deberíamos estar aplaudiendo con las orejas de vivir en una España que ha dejado atrás aquellos años tenebrosos. A pesar del virus. Hala, vayan con Dios, que hoy han aprendido muchas cosas que no sabían. Cuídense.

viernes, 9 de octubre de 2020

983. No dejen que esto les deprima

Escribo mientras hago tiempo para asistir esta noche al segundo concierto de Samantha Fish en el Knuckleheads Saloon de Kansas City, que será a las tres de la madrugada, como el de anoche. A Samantha la pilló la crisis del coronavirus en Bélgica, al mando de una big band con sección de viento, pianista, etcétera y tuvieron que volverse precipitadamente a Nueva Orleans a confinarse. Según dijo ayer, después de más de 200 días en su casa, ha empezado a volver. Yo vi en diferido su reaparición, sola con su guitarra acústica, sentada, interpretando tres canciones, en el acto organizado por el aniversario de la emisora de radio local WWOZ. Después hizo una actuación sólo para televidentes en streaming, en el Tipitina Saloon de New Orleans, que pude ver en directo a cambio de una entrada de 12 dólares. 

Ese día apareció acompañada por dos negrotes veteranos muy sólidos, íntegramente vestidos de negro, con gafas y sombreros del mismo color y sin desperdiciar una mínima sonrisa. Samantha ha recuperado el formato power trío que tanto me gusta, no sé si por gusto o por la necesidad de reducir gastos. Ayer era su primer concierto con público y se presentó con sus mismos dos colegas veteranos al bajo y la batería. El concierto fue muy bueno, aunque están ustedes en su derecho de pensar que la mía no es una opinión imparcial. La gira que ha iniciado Samantha se anuncia como Social Distance Tour. En el concierto pude ver lo que significa. La peña asistía sentada, en columnas alineadas, seguramente separadas por mesas alargadas. No son las mejores condiciones para un concierto de rock, pero menos es nada.

Samantha cantó y tocó ininterrumpidamente dos horas justas, con la propina incluida. A mitad de concierto dejó descansar a los dos negros para tocar un par de canciones sola con su guitarra acústica. Según mis cuentas fueron 18 canciones, haciendo un repaso de toda su carrera, apenas tres del último y premiado disco, que la gente siguió con entusiasmo matizado, porque esta situación postCovid es muy rara. Pero sí que gritaron ¡otra, otra! Salieron los tres músicos y dieron una sola propina, la canción número 19, la única no compuesta por Samantha. Un tema lleno de simbolismo: Don’t let it bring you down, es decir: No dejes que esto te deprima. Se trata de una de las canciones más gélidas y apocalípticas salidas de la pluma del gran Neil Young. Escuchémosla y luego les digo algo de la letra.


Esta canción apareció por primera vez en un disco en 1971, aunque este vídeo es de 2007. O sea, en plena era del hippismo, el amor, el to’er mundo e’ güeno, Young que siempre ha ido a su bola, se descuelga con esta sombría letra, que habla de ancianos tirados al lado de la carretera sin que nadie les auxilie, de ciegos corriendo en la luz de la noche con una respuesta en la mano, de vientos helados rasgando los callejones al amanecer, de luces rojas parpadeando tras las ventanas y sonidos de sirenas en la bruma. Y el estribillo que machaca: no dejes que esto te deprima, sólo son castillos ardiendo, encuentra a alguien que esté girando y súmate a su danza. Aterrador, pero con un mensaje que puede ser finalmente positivo. Samantha tiene mucha cultura rockera y quiso terminar con esta canción histórica.

Por lo demás, estuvo simpática, como siempre, trató de animar a sus paisanos, un poco fríos con la que está cayendo y con cortos parlamentos entre canción y canción, contando cómo se siente, cuánto le gusta volver a Kansas City y cómo disfruta de los paisajes de su tierra. En un momento dado preguntó: ¿vais a volver mañana? Deberíais, porque tengo preparada una sorpresa. Yo desde luego, no me lo pienso perder. En algo se tiene uno que entretener, una vez que ya nos han confinado otra vez en nuestras casitas. El espectáculo de los políticos dándose por culo mutuamente sin pensar ni un segundo en los ciudadanos ha sido dantesco, con Lollypop Ayuso siempre unos cuerpos por delante en el disparate.

No sé si alguno de ustedes entiende su movimiento: yo cierro unos cuantos barrios (casualmente los más pobres y depauperados). Luego viene Sánchez y cierra toda la ciudad. Entonces, voy yo y abro los barrios que había cerrado antes. ¿Ustedes le ven alguna lógica? La única posible es que haya dicho: A tomar por culo, que se contagie todo el mundo y así le podré echar la culpa al Gobierno. Así que, por hache o por be, estamos otra vez in the ghetto, como los judíos de Varsovia. Supongo que recuerdan esta hermosa canción de Elvis Presley (1969). En España se escuchó mucho pero ¿saben ustedes qué decía en la letra? ¿A que no? Pues les voy a poner un vídeo en el que aparece abajo la letra traducida al español. Disfrútenla.


Así que aquí estamos, en el gueto de Madrid, aunque a mí me trae sin cuidado, de momento yo sigo haciendo la misma vida que hacía desde que llegó el virus. He leído en la BBC News que en Gran Bretaña han hecho una encuesta macro para averiguar cómo han cambiado los hábitos de vida. Y resulta que, en cuanto a lo de hacer ejercicio, parece que la gente joven hace más o menos lo mismo que antes, los cuarentones/cincuentones han disminuido su entrenamiento y se detecta un pico de gente que hace ahora mucho más deporte que antes, especialmente en los mayores de 65. Incluso los de más de 70 ya son la leche. El estudio dice que la causa puede radicar en que los de edades intermedias tienen menos tiempo libre, han de hacerse cargo de sus trabajos, sus hijos, su familia en general y sus negocios. En cambio, los ancianos como yo tenemos todo el tiempo del mundo y no paramos.

Por ejemplo, yo esta semana empecé yendo a la oficina lunes y martes. He alcanzado un acuerdo con mis jefes para no tener que hacer trabajo presencial de aquí a mi jubilación dentro de cuatro meses y medio, pero eso lleva aparejadas dos cosas: me van a dar bastante tarea para hacer en casa (ya contaba con ello) y tengo que dejar mi despacho para que lo ocupe otra persona que deba trabajar de forma presencial. Así que, aparte una reunión que tuve el martes para repartirnos los trabajos, los dos días estuve levantando el despacho. Fue una tarea no exenta de emotividad: después de 38 años de funcionario, había acumulado un montón de libros y objetos de oficina de todo tipo. Hice tres bloques: lo que tiré a la basura, lo que regalé a mis compañeros y lo que me traje a casa, cinco cajas de libros y cuatro bolsas de tela con mis cosas de la mesa y los cajones. La suerte está echada y el miércoles me levanté con la sensación de estar amaneciendo a una nueva etapa de mi vida.

Ayer jueves, mi actividad fue la siguiente. Me levanté y bajé a correr mis 6,5 kms por el Retiro, comprobando que mantengo mis marcas, lo que es la mejor PCR. Luego estuve teletrabajando hasta el mediodía. A las tres bajé a comer con tres amigas con las que había quedado en la cafetería del Jardín Botánico. Lo pasamos muy bien e hicimos una larga sobremesa. A las cinco subí a echarme una siesta. Después de un café de tarde, me concentré de nuevo en el trabajo, tengo una serie de temas que revisar y ya voy retrasado. A las 9 lo dejé, cené algo ligero y me tumbé a leer el libro que analizaremos en el próximo Billar de Letras, que me está gustando menos que el anterior, hasta que me dio el sueño. Me acosté, pero con el despertador a las 2.45. Ahí me levanté y asistí al concierto de Samantha Fish hasta las 5. Luego me acosté otra vez.

Esta mañana me había puesto el despertador a las 12 (tenía cita con el notario a las 13.30), pero a las 9 ya me llamó mi compañera M. para una serie de tareas nuevas que tenían que estar listas antes del puente. Así que me vestí, desayuné y me puse manos a la obra. Conseguí terminarlo todo antes de la una, fui al notario y ya me quedé a comer por la zona con mis compañeros de trámite. Después una siesta larga, me he puesto a escribir para ustedes, por cumplir y también por descansar un poco la mente. Como ayer, cenaré, me echaré un rato, veré de nuevo a Samantha y mañana pondré el móvil en modo avión: siendo sábado, no me tiene que llamar nadie. Y afrontaré los tres días de puente encerrado, dedicado a adelantar mi trabajo pendiente, únicamente distraído por mi carrera del domingo, mi post del lunes y los ratos que descanse leyendo mi libro. Y mañana que me haré un potaje para tener comida para los tres días.

Esto del virus es un coñazo, pero no veo por qué no nos podemos animar y pasar el trance con dignidad. Entretenimientos tenemos a montones. Por ejemplo, la campaña presidencial USA, que ha entrado en su último mes, qué nervios. Las últimas payasadas de Trump al salir del hospital han bajado aún más sus perspectivas en los sondeos, aunque ya saben lo fiables que resultan a veces estas encuestas previas. La página que yo sigo mantiene que Biden va por delante en Florida, Arizona, Carolina del Norte y Ohio, y Trump domina Georgia y Iowa, por citar los estados en que parece que hay más igualdad. El debate de los candidatos a vicepresidente fue bastante soporífero, dicen, ambos estuvieron contenidos para no meter la pata y mantener posiciones. Los próximos debates están en el aire, yo repito que a Trump deberían llevarlo al set de televisión en jaula como a King Kong. Por Estados Unidos ha circulado estos días un vídeo que les pongo abajo. El tres de noviembre, tira de la cadena: ¡Vota!       


Algunos republicanos de toda la vida han anunciado ya que no van a votar a Trump, como el ex-presidente George Bush o el general Colin Powell. Incluso hay una agrupación de políticos republicanos contra Trump, que se llama The Lincoln Project, cuya página Web pueden consultar AQUÍ. El presidente dice que simplemente son unos perdedores. Yo creo que hay mucha de la gente que votó a este energúmeno hace cuatro años, que no está por la labor de repetir su voto. Y muchos demócratas que se abstuvieron porque Hillary les resultaba muy antipática, que ahora tal vez se movilicen. El voto por correo ya ha empezado, la gente lleva unas semanas votando y esto es lo que quiere boicotear Trump. Por ejemplo, Sheryl Crow y dos de sus músicos dijeron el otro día en mitad de su concierto del rancho que ya habían votado.

Por cierto, Sheryl ha retirado el vídeo de su concierto de Youtube, así que los que no lo vieran en su día cuando yo lo publiqué en el blog, ya no tienen modo de verlo. Aquí hay que espabilar, que los vídeos de mis posts a veces se desvanecen y ya no vuelven. Como hoy estamos escuchando canciones históricas con un punto melancólico, bueno será que cerremos con otra en esa línea. Mis admiradas chicas de Larkin Poe, el grupo de las hermanas Rebecca y Megan Lovell, anuncian para finales de mes la publicación de un disco de versiones acústicas de grandes temas. Empiezan a publicar ya algunos vídeos anticipados. Entre ellos, esta fabulosa versión del clásico Nights in White Satin. Joder, este sí era un tema de los de arrimar cebolleta, la de veces que lo habré bailado yo... Anímense. Como dice Neil Young, sólo hay que encontrar a alguien que esté girando para sumarse a su danza. Buen puente. Y tengan paciencia. 


martes, 6 de octubre de 2020

982. ¿Son ustedes positivos?

¿CÓMO? No, no. Positivos de Covid no, qué cosas tienen. ¡Positivos de ánimo! Yo al menos lo intento. Ya he dicho muchas veces que sería antiestético que me quejara. Pero reconozco que a mucha gente le estará resultando incómodo y desalentador esta especie de paso atrás que hemos dado, que nos ha retrotraído al estado de sitio, en el sentido de estar en el sitio y no salir de la cueva, como intenté explicar al inicio del post anterior, sin demasiada fortuna semántica. Aquí cada uno se entretiene como puede; yo tengo bastante con el rock y la literatura, además de cumplir con mi trabajo lo mejor que pueda y seguir manteniendo mi blog. A ese respecto, les voy a obsequiar con el vídeo de un blues surgido como respuesta a la epidemia del Covid. Un bluesman ya bien rodado, oriundo de Saint Louis (Missouri), que responde al mítico nombre de Jeremiah Johnson, nos cuenta cómo se ha derrumbado todo su mundo. El tema se llama Unemployed Highly Annoyed que, así en una primera traducción del Google Translator, sería: Desempleado altamente molesto.

Pero he de aclarar esa traducción. Molesto, en castellano, tiene al menos dos acepciones: el tipo que molesta (es molesto) y aquel al que le molestan otros o la situación general (está molesto). En inglés, se diferencian: annoying, para el primero y annoyed para el segundo. Así que este desempleado del que habla J.Johnson es un tipo que está molesto por la nueva situación. Creo que mejor lo traduciríamos por Desempleado altamente jodido. En la letra reproduce todas las cosas que le llegan a los oídos: cierra tu bar, no salgas a la calle, deja de tocar, lávate las manos, no te toques la cara, no des besos ni abrazos. Todo eso le tiene atónito y medio mareado. Y el estribillo es: circula, circula, quita de en medio, circula, circula, por qué estorbas. Este señor fue uno de los finalistas a la mejor canción del año en los Blues Awards recientemente fallados, pero perdió frente a Samantha Fish. La canción, no obstante, es muy buena y por eso se la traigo. Blues clásico de tres compases, con cantante-guitarrista y dos colegas para el bajo y la batería. También suena por ahí un teclado, del que parece que se ha encargado el propio bajo.


El bueno de Jeremiah Johnson ha dicho en redes que está muy orgulloso y contento de haber sido nominado y que espera que ese sea un buen empujón a su carrera. Esto les da una idea de a qué alturas vuela la carrera de Samantha Fish en estos momentos, en un mundo tan de machos como es el del blues (lo han comprobado en el vídeo). Tengo tres novedades sobre Samantha Fish. La primera: antes de su vuelta anunciada para el jueves 8 en el Knuckleheads Saloon, el salón de los cabezas huecas donde empezó sirviendo pizzas, le ha salido otro bolo, en un drive-in, es decir, un autocine, de una ciudad de Nebraska. Allí, contemplada desde los asientos de los coches aparcados, podrá ensayar el concierto del día siguiente. Segunda novedad: las entradas presenciales para el día 8, se han agotado rápidamente, por lo que se ha visto obligada a duplicar: hará un segundo concierto al día siguiente, 9 de octubre, viernes, cuyas entradas también están ya agotadas. Con estos tres conciertos inicia su gira de otoño, bajo la incertidumbre del Covid, para la cual un amigo le ha preparado un cartel muy divertido, en la línea de los comics de Robert Crumb, que pueden ver aquí abajo.


Para promocionar su gira de otoño, este domingo lanzó en redes un breve mensaje que pueden ver AQUÍ (absténganse empachados). Córtenlo en cuanto termine, si no quieren que se les cuelen otros vídeos que no he sabido como desligar. Pero la tercera noticia es la más importante para mí: ambos conciertos, días 8 y 9 de octubre, pueden ser seguidos en streaming pagando unas módicas entradas de 15 dólares. Estos conciertos serán a las ocho de la tarde, hora de Kansas City, que es una hora más de diferencia con nosotros respecto a Nueva Orleans, así que, en definitiva, otra vez a las tres de la madrugada. De nuevo me tocará trasnochar, porque supongo que no tendrán ninguna duda de que ya me he sacado la entrada para los dos. Por nada del mundo me pierdo yo la vuelta al directo de Samantha, y ver cómo la reciben en su pueblo, después de haberse llevado nada menos que diez de los Blues Awards de este año. Además, sabiendo cómo se las gasta esta mujer, estoy seguro de que van a ser dos conciertos totalmente distintos.

Tengo también curiosidad por ver cómo organizan en Missouri, un estado rural con poca incidencia de Covid, un concierto con público en directo en un local cerrado, manteniendo las normas de distancia social. Ya saben que Trump se contagió en el acto de proclamación de su candidata a juez del Supremo, a pesar de hacerlo al aire libre, porque casi nadie llevaba mascarilla, se apretujaron entre ellos y se dieron toda clase de abrazos y besos, como se ha podido comprobar en los vídeos del acto que han circulado. Al diablo cojuelo ese que va repartiendo infectados entre la población mundial, no hay que dejarle mucho margen, que te hunde. Los que asistían a la proclamación solemne de la nueva candidata al Supremo, tal vez pensaron que, siendo como son ultraconservadores, tradicionales y temerosos de Dios, este diablo no se atrevería a atacarles. Craso error. Basta ver una precisa toma aérea de la ceremonia para comprobar que se lo pusieron a huevo. Distancia social al estilo Trump.

La nueva magistrada del Supremo in péctore, Amy Coney Barret, tiene 48 años, siete hijos, es antiabortista, religiosa hasta el fanatismo y augura tiempos sombríos para el legislativo americano. Biden, si llega a ganar, tendrá al tribunal en su contra todo el rato. De momento, la distancia de Biden en los sondeos se mantiene sólida. Se dice que van a ser decisivos unos seis estados, que están bastante igualados. En El País, el otro día incluían en este paquete a Pennsylvania y Wisconsin. Yo creo que estos dos son claros para Biden. Los dudosos, por lo que yo voy siguiendo, son: Florida, Carolina del Norte, Ohio y Arizona (en estos momentos con muy ligera ventaja de Biden), además de Georgia y Iowa (ahora mismo con ventaja de Trump). El presidente domina claramente las encuestas de Texas, Missouri, Mississippi, Kansas, Kentucky, Louisiana, Alabama, Arkansas, Oklahoma y otros estados de rednecks, además de Carolina del Sur, que marca con su vecino del norte la frontera de la cultura más urbana y abierta. Observaré los dos conciertos de Samantha en busca de signos sobre este asunto (y les daré cumplida cuenta en el blog).

Cambiando de tema, he recibido con satisfacción la información de algunos de ustedes en el sentido de que han visto completos algunos vídeos largos de los que les he puesto recientemente. En concreto la extensa entrevista con Bernardine Evaristo y el concierto de Sheryl Crow en su rancho de Nashville. Eso me anima a ponerles archivos de este tipo, o links con algunas cosas más largas, de forma que el que quiera lo consulte y los demás no se vean agobiados por el volumen de trabajo que les propongo. Esto puede ser perfectamente simultáneo con intentar que mis posts sean un poquito más cortos, propósito mío particular de este arranque de año lectivo, que afronto bajo la influencia de los consejos de mi amigo y profesor Ronaldo, que quiere enseñarme a sintetizar.

Lo cierto es que estaba alcanzando unos tamaños de post realmente disuasorios para muchos. Según Ronaldo, el lector medio lo que hace es echarle un vistazo al título, mirar los santos, evaluar el tamaño del post y, con esos tres datos, decidir si lo lee o no. Yo tenía la vana esperanza de que, quien empieza a leer uno de mis textos por el principio, ya se ve atrapado y no puede parar hasta el final. Esto es así con mis seguidores más fieles y los que disponen de tiempo libre para dedicar a cosas como la lectura de un blog. Los demás lo hacen como dice Ronaldo. Y yo no me puedo permitir perder más lectores, que este blog empieza a parecerse a lo que se conoce como un blog zombie. Así que hoy vamos a ir abreviando pero, a cambio, les voy a dejar una lectura muy interesante.

Mi admirado José Ovejero mantiene también un blog, que ha cambiado varias veces de página Web. Recientemente ha publicado un texto muy diferente de los suyos habituales, generalmente más literarios, para darnos una opinión sobre un tema de actualidad, aunque ahora mismo eclipsado por el Covid y las elecciones USA. Me refiero al Brexit. El próximo uno de enero, Gran Bretaña abandonará formalmente la Comunidad Europea, con o sin acuerdo. Ovejero aporta una opinión al menos original y prácticamente les dice a los británicos: que Dios les dé tanta suerte como alivio dejan. José Ovejero ha sido durante décadas traductor simultáneo de plantilla del Parlamento Europeo, radicado en Bruselas, hasta que se jubiló y se volvió a vivir a Madrid, dedicado ya en exclusiva a tareas literarias y teatrales.

Es decir, que sabe de qué habla. Según él, los británicos han sido a lo largo de los años de pertenencia a la Unión, un verdadero coñazo en todas las negociaciones y una rémora para cualquier avance legislativo. Dice Ovejero que, ahora que se va ese socio tan altamente molesto (en la otra acepción), Europa tiene una ocasión de oro para adoptar medidas de interés para todos los socios, que ayuden a la Unión a salir de la coronacrisis. Para leerlo han de pinchar AQUÍ. El texto está encabezado por una foto impagable de Sánchez y Merkel, que nunca había visto; el autor sabe de la importancia de las fotos en los textos de un blog.

Por cierto, mi querido José Ovejero comete un error importante hablando de sí mismo. Él fue traductor hasta 2013, no hasta 2003. Me consta, porque yo le conocí precisamente en Bruselas en octubre de 2012, con motivo de la presentación de un libro suyo de poesía al que acudimos una serie de compatriotas radicados en Bruselas, o de paso por la ciudad, como era mi caso. Este encuentro quedó reseñado en el Post #23, El tiempo pasa despacio, como pueden comprobar si quieren. Luego nos hemos encontrado en Madrid unas cuantas veces. Así que fue en 2013 cuando se volvió a Madrid. Estos lapsus nos suceden a los mayores, especialmente a los que somos más de letras, tanto con las fechas como con las cuentas. Son cosas de la edad. Así que: nada, que hagan lo posible por ser positivos, a pesar del riesgo de dar positivo. Y que pasen ustedes una buena semana.