domingo, 11 de agosto de 2019

860. Más sobre Barcelona y el cambio climático

Cuando yo era pequeño, recuerdo que mi madre solía regresar de la calle los sábados, satisfecha y ufana por algo que le producía mucha tranquilidad y que enseguida nos contaba alborozada: ya había ido a misa y, según las nuevas disposiciones vaticanas, esa misa le valía para el domingo. Además del alivio de no tener que tragarse semejante peplum en su día de descanso, creo que hay un motivo esencialmente femenino en eso de tener las cosas adelantadas y no dejarlas para última hora. El mismo que lleva a las conductoras a poner gasolina cuando tienen todavía medio depósito lleno, o a las pasajeras de avión a estar en el aeropuerto dos horas antes de que empiece el embarque. Los hombres somos más apresurados y desordenados, dejamos las cosas para el final, arriesgamos y a veces nos pilla el toro y, por ejemplo, nos quedamos sin gasolina y tenemos que dejar el coche en el arcén y caminar unos kilómetros, maldiciendo a pleno sol, para que nos llenen el bidoncillo de plástico en la primera gasolinera a mano. Tal vez es una generalización no muy fundamentada, pero díganme: ¿conocen ustedes alguna mujer que se haya quedado sin gasolina en marcha? Yo no. En cambio, hombres, así (esta palabra hay que apoyarla apretando los dedos de una mano hacia arriba, un gesto que tiene otro significado en Italia donde, por cierto, solo pueden hacerlo los hombres; entre las mujeres está mal visto).

Viene esto a cuento porque yo, que soy bastante femenino en algunas cosas, estoy escribiendo este texto el sábado, pero ya me vale para mañana, lo que me hace sentir ufano y feliz como una perdiz. Qué descanso dominical más completo voy a disfrutar, sin tener que escribir ni nada. Mi única obligación consistirá en dar un click para publicarlo, mandarlo al mailing de mis seguidores y colgarlo en Facebook para los que me siguen a través de dicha página. Unos cinco minutos en total. Y luego todo el día para tocarme las pelotas a dos manos. En realidad, lo que me pasa es que, en este agosto en el que sobra el tiempo y tampoco puede uno salir a la calle porque se achicharra con el cambio climático, me he propuesto mantener un ritmo constante de publicaciones: un día sí y dos no. Es un límite razonable que me he impuesto para controlar mi contrastada graforrea o graforragia continuada que, sin un mínimo control, me llevaría seguramente a escribir varios posts cada día.

También limito, como saben, el tamaño de los textos, procurando que no lleguen a tres folios de Word. En cuanto termino el segundo, empiezo a abreviar. Son precauciones que me tomo para no atufarles con un exceso de lectura, que estoy al tanto de que más de un seguidor se limita a mirar los santos, porque le da pereza leer tanto. El inconveniente es que muchas veces me dejo temas sin desarrollar del todo por falta de espacio. Hoy quiero hablarles de uno de ellos, algo que se quedó pendiente el otro día. ¿Recuerdan el documental sobre el exceso de turistas en Barcelona? Me quedé sin hacer todos los comentarios que me vinieron a la cabeza al respecto. En primer lugar, el director del film es un extranjero, un cubano que no habla catalán. Una parte grande de los entrevistados (como la mitad) hablan a la cámara en castellano, en parte, supongo, por cortesía y en parte también para que las denuncias que formulan tengan una mayor difusión y alcancen ámbitos geográficos más amplios.

En cambio, otros hablan en catalán, porque aprovechan para hacer ostentación de esa seña de identidad y el director de la película que se joda y ponga subtítulos si quiere. Es lo que pasa cuando una lengua deja de ser un vehículo para entenderse y se convierte en un medio de afirmación identitaria. Por ese mismo mecanismo, en las ruedas de prensa de los futbolistas del Deportivo de la Coruña, hay una parte de los periodistas que hacen sus preguntas en gallego, aunque el jugador que ha de contestar sea argentino o africano. No estoy haciendo una crítica, sino constatando un hecho: doy por sentado que todos los entrevistados en Bye bye Barcelona son bilingües, algo que para mí es un tesoro, y considero también que son libres de expresarse en la lengua que les pete. El que lleva ya las cosas un poco más allá es el profesor Enric Vilà, que sin sonrojo o, como se dice ahora, sin complejos, tiene los santos cojones de afirmar que la Rambla es un proyecto borbónico, que la trazaron recta para hacer ostentación del poder español y dominar mejor a Cataluña. Está tan centrado en mirarse el ombligo que no es consciente de que en esos tiempos se abrió la Gran Vía de Madrid o los bulevares de París. Un poco más adelante en el documental, añade que las putas y los flamencos que solían pulular por la Rambla hace unos 50 años, eran una forma más del franquismo para joder a los catalanes. Todo vale a la hora de arrimar el ascua a la sardina independentista.

Pero quedémonos en lo de la Rambla, por aquello del componente urbanístico. Por cierto, que la primera Rambla que se urbanizó, discurría por la antigua Riera del Cagadell, miren ustedes. Unos años después, Barcelona, a la par que todas las grandes ciudades de Occidente se vio en la necesidad de ampliar sus límites para acoger a todos los trabajadores que venían del campo atraídos por el empleo inherente a la Revolución Industrial. De aquí surgirá el Ensanche, como seguramente saben. Pero hay una cosa que me malicio que no saben (yo no la sabía hasta que la escuché en una conferencia de Carlos Sambricio, que mostró incluso los planos del asunto). Y es algo muy significativo. Resulta que, para el diseño de ese ensanche, el Ayuntamiento de Barcelona convocó un concurso de ideas urbanísticas. Y, reunido el jurado, decidieron premiar un desarrollo orgánico apoyado en un esquema radial, que abrazaba la ciudad vieja y se estructuraba en torno a un sistema de plazas. Cada plaza se diseñaba inspirada en un elemento de la idiosincrasia catalana, una tenía la forma de la rosa de San Jordi, otra formaba una barretina, otra emulaba la butifarra. El resultado era ya entonces antiguo y como casposo, sensación que producen sus planos aun hoy.

Ante eso, el Ministerio de Fomento del Gobierno de Madrid dio un puñetazo en la mesa e impuso por Decreto-Ley un ensanche de cuadrícula como el de Madrid, diseñado por el ingeniero Ildefonso Cerdá, que trabajaba para el Ministerio. Y las autoridades locales se quejaron amargamente: ya están los de Madrid jodiéndonos como siempre, España nos roba y nos machaca, no nos dejan desarrollar nuestra idiosincrasia. Se llegó a decir que Cerdá no era un auténtico catalán, sino un botifler, y que esas calles tan anchas producirían corrientes de aire, de forma que todos los buenos catalanes se constiparían. Hoy, el Ensanche, lo mismo que las Ramblas, son parte del motivo por el que Barcelona es una de las ciudades más bonitas del mundo y por eso atrae a tantos turistas. Ya ven que este conflicto del prusés viene de antiguo. Y, sin embargo, yo creo que se va a solucionar a medio plazo de la forma más inesperada: por el cambio climático. Al ritmo que llevamos, el nivel del mar subirá y se tragará a Venecia y otras ciudades costeras. Y la gente se tendrá que ir de Barcelona. A lo mejor, los más urbanitas tienen que venirse a Madrid, como en su día hicieron algunos artistas, como Loquillo (y hasta el mismo Sisa, por un tiempo), preocupados por la subida del nivel del mar del independentismo.


Esta imagen que les pongo tiene un contenido simbólico definitivo. Hasta los que afirman no creer en el calentamiento global, como Trump, se van a ver anegados. Lo de este verano es algo nunca visto. Acabamos de sufrir el junio y el julio más calurosos desde que se inventaron los termómetros, como tal vez hayan leído en la prensa. A este ritmo, no sólo desaparecerá Barcelona, sino países enteros, como algunos de Polinesia, o buena parte de Holanda. Para paliar el avance del mar sobre las ciudades costeras, la ONU está pensando seriamente en crear barrios flotantes, frente a las costas urbanas en peligro. Es algo que ya existe, más o menos sobre el esquema de la maqueta que ven abajo.   



La idea es sencilla: construir islas flotantes, medioambientalmente neutras, autoalimentadas con placas solares, con vegetación, mezcla de usos y servicios para todos. El único problema es que los residentes tal vez tengan que ir en lancha al trabajo o a hacer la compra. La ONU, como les digo, ha pensado en que esto puede ser una solución a la problemática de los hábitats costeros. Y ha encargado a un prestigioso equipo de arquitectos (el estudio de Copenhague BIG, que encabeza Bjarke Ingels) que diseñen un prototipo, en el que se tenga en cuenta la respuesta a maremotos y escenarios tormentosos o la propia supervivencia de la isla si el nivel del mar sigue subiendo. Este último asunto ya parece tener solución: una especie de ancla, construida con materiales adaptados al mar, que sujeta la isla desde el fondo. Si el nivel sigue subiendo, se le da un poco más de holgura al cable y listo. Digo yo que el cable del ancla, ya que es ecosostenible, podría aprovecharse para cultivo de mejillones y contribuir así a la autosuficiencia alimentaria del conjunto. Como imagino que más de uno de mis lectores empieza a dudar de si le estoy tomando el pelo, AQUÍ tienen un artículo en que se habla de ello. Les recomiendo que lo abran, es muy interesante, tiene muchas imágenes y hasta un vídeo de divulgación muy expresivo.

Pero todo esto no es ciencia ficción. En realidad ya se está haciendo y existen ejemplos. En Maldivas, han construido una nueva capital en una isla artificial, para sustituir a la vieja Malé, a la que dan por perdida, a pesar de haberla rodeado con un muro de contención de tres metros de altura, construido con tetrápodos de hormigón. La nueva capital ya cuenta con una mezquita monumental, grandes avenidas, edificios ministeriales y parques. Hay una lista de espera de ciudadanos que han pedido trasladarse a esta ciudad flotante. Pero, en todo lo que tenga que ver con el urbanismo, se puede cruzar siempre el punto hortera de los que tienen que diseñar las formas de estas nuevas ciudades (como el de los catalanes y su proyectado ensanche orgánico). Esto es lo que les ha sucedido a los jeques del petróleo, que han llenado las costas de los Emiratos Árabes Unidos de resorts turísticos con las formas de las proverbiales palmeras del desierto. Vean abajo una imagen de conjunto y un detalle del denominado Palma Jumeirah, justo enfrente de la ciudad de Dubai.




Pero de despedida, o mejor digamos de traca final, les reservo una muestra más de que todas las cosas de las que se habla en este blog están relacionadas, que yo en el fondo no hago más que escribir de lo mismo todo el rato. ¿Recuerdan el vídeo que les puse en el que el presidente del Parlament, el unurabla Torrent, aguantaba estoicamente el discurso insultante de un empresario alemán afincado en Barcelona? Eso sucedía en el mes de marzo. Pues resulta que este señor se llama Karl Jacobi y parece que, tras su discurso demoledor, se vino arriba y decidió encabezar una candidatura a la alcaldía de Barcelona. Su lista se llamó Força Ciutadana y obtuvo exactamente 1.145 votos. Y nadie discute que constituyó la candidatura más friky de todas las presentadas. Porque su idea estelar era construir una isla frente a la costa barcelonesa, para edificar en ella 300.000 viviendas sociales, y resolver de un plumazo el actual problema de vivienda en la ciudad. Esta isla formaría en el mar el nombre de la ciudad, para que se viera desde los aviones, y tendría dos conexiones con el continente, una en plena playa de la Barceloneta y la otra más o menos por donde desagua el Besós. No me digan que el asunto no es de traca. Parece claro que este señor les ha pillado el punto fallero y folklórico a los catalanes. Abajo tienen la imagen. Sean buenos y sigan pasándoselo bien.





jueves, 8 de agosto de 2019

859. Sobre la belleza interior y exterior

Ya les aviso que el tema que voy a desarrollar en este post es una tontería, así que se pueden ahorrar insultarme porque ya lo admito yo de entrada. No tiene pies ni cabeza, pero aun así, lo planteo como una pregunta. ¿Hay una relación entre la cualidad ética de las personas y su aspecto físico? ¿Un tipo malo se muestra como alguien feo y un sujeto bueno termina por ser bello? ¿Están los feos predestinados a ser malos? La respuesta a esta tercera pregunta es, obviamente, no. Lo que pasa es que todo depende del concepto de belleza que tenga cada uno. Para mí, la belleza es algo muy relacionado con el alma, con una actitud, una tranquilidad, una sensatez, que hace que hombres y mujeres que otros considerarían feos (y que, desde luego, no podrían desarrollar una carrera como modelos), a mí me parezcan guapos. Porque es hermoso mirarlos y verlos tan contentos y tan serenos. Si ves a alguien que te transmite esa paz, esa sabiduría, ese savoir faire, pues te importa un rábano que tenga una nariz decididamente antiestética, porque las personas somos un todo, física y moralmente.

La mayoría de los niños son una preciosidad, al menos así los veo yo. Pero luego, la persona va creciendo a la par, en lo físico y en el carácter, de forma que no es descabellado ver una relación entre el físico y el alma, tanto para bien como para mal. La cara es el espejo del alma, según el refrán popular. Algunos autores incidieron en este tema, ya saben que los escritores tenemos cierta tendencia a fantasear. Albert Camus dijo que, a partir de cierta edad, cada persona es responsable de su rostro. Jean Cocteau aportó un matiz: de mayores, todos tenemos el rostro que nos merecemos. Y muchas veces, uno busca la foto de alguien que ha hecho algo malo o muy malo y, al ver su cara, no puede evitar pensar que hay una correlación clara entre rostro y alma. Y lo mismo para bien. Como no sé si me siguen, creo que lo mejor es que pongamos algunas imágenes. Empezando por la que me ha sugerido poderosamente esta reflexión tan poco científica. Un rostro que yo creo que requiere pocas explicaciones. Me refiero al tipo que el otro día viajó nueve horas en coche, desde Dallas hasta El Paso (la urbe yanqui que está enfrente de Ciudad Juárez, al otro lado del Río Grande), provisto de un fusil AK-47, para entrar en un Walmart (algo así como un Carrefour) y disparar indiscriminadamente sobre los clientes, con resultado de 22 muertos. Esta vez el tipo no fue abatido (joder con el verbo) sino capturado vivo.


He utilizado el cartel que ha circulado por toda Norteamérica, publicado el mismo día de la masacre por la organización Occupy Democrats, creada en 2012 con el objetivo fundacional de hacer de contrapeso del Tea Party. Les traduzco lo que dice el mensaje: Este es Patrick Crusius, 21 años, de Dallas. Hoy ha disparado y matado al menos a 19 personas con un fusil tipo AK-47, en un Walmart en El Paso. Él no es un inmigrante. No es musulmán. No pertenece al ISIS. Es otro terrorista supremacista blanco autóctono, que en su Twitter idolatra a Trump, al líder del Ku-Klux-Klan David Duke y también a Dylan Roof, el supremacista blanco que disparó en la iglesia negra de Charleston. Él condujo hasta El Paso, para apuntar allí a hispanos norteamericanos. AMÉRICA, TENEMOS UN ENORME PROBLEMA, QUE UN MURO NO VA A ARREGLAR. Occupy Democrats es uno de los movimientos y personalidades que encarnan la ideología y la forma de ser de esa mitad de los norteamericanos con la que tanto me identifico.

Pero, a lo que íbamos. ¿Ustedes no piensan que este sujeto tiene la cara que pudiera esperarse de alguien capaz de hacer semejante barrabasada? A ver. No estoy diciendo que el tipo naciera feo y estuviera por ello predestinado a convertirse en un monstruo. Al contrario. Puedo imaginar que fue un niño guapo como cualquier otro. Y que su evolución física y mental corrió pareja hasta convertirse en lo que es hoy. Por cierto que parece que van a pedir para él la pena de muerte. Es fácil pensar que se la merece, pero yo soy contrario a la pena de muerte como concepto, en todos los casos. Vamos con otro ejemplo. Hace poco Trump aceptó la dimisión de su Ministro de Trabajo, después de que se desvelara que hace años, siendo juez en Florida, exoneró del cargo de corrupción de menores al millonario Epstein, a cambio de una alta suma de dinero. Esto se ha sabido ahora, en el contexto del proceso que se sigue contra el tal Epstein, que, como todos los pedófilos, ha seguido reincidiendo, hasta que lo han pillado con las manos en la masa (está ahora mismo en la trena). Pues vean la cara del flamante Secretario de Trabajo de Trump, cuando comunicó su dimisión.  



Creo que sobran los comentarios: es la cara que puede esperarse de un juez capaz de embolsarse una importante cantidad de dinero a la buchaca, a cambio de mirar para otro lado mientras un cabrón agrede sexualmente a niños. Pero tengo más casos. Hace poco que el izquierdista Tsipras ha sido desalojado de la presidencia de Grecia por el derechista Mitsotakis, cuya imagen tienen abajo. ¿Creen ustedes que un tipo que se parece tanto a Zapatero puede ser un buen presidente?



Estoy de coña, obviamente, en este último caso. Pero qué me dicen del nuevo regidor de Madrid, ese alcalde al que le ha regalado el cargo la división de la izquierda propiciada por cierto personaje que no quiero nombrar, para que no me remachen eso de que le tengo manía. ¡Joder, claro que le tengo manía! El nuevo alcalde ha comenzado su mandato equivocándose con el Madrid Central y otros asuntos. ¿Era previsible que lo hiciera, viendo su cara? En fin, este hombre tiene aún mucho recorrido como alcalde y yo confío en que, por el bien de esta ciudad a la que tanto quiero, empiece a hacerlo algo mejor. Si eso sucede, hasta puede que lo lleguemos a ver más guapo, que ya saben que esto de la belleza es un concepto dinámico, que hay muchos feos que guapean, y viceversa. La verdad es que el hombre partía de salida con un handicap importante, a la vista de quien es su modelo físico y moral, con el que pueden verlo abajo.




Pero voy a dejar de castigarles con imágenes de feos y vamos a pasar al otro extremo, el de la belleza. Ya saben que soy hetero y, para bien o para mal, el concepto de belleza está para mí indefectiblemente ligado a las mujeres, qué le vamos a hacer. Empiezo por hablarles de Nueva Zelanda. En esa hermosa tierra, mi amigo Mariano estuvo una temporada cubriendo para RTVE la Copa del América de vela y hasta llegó a convertirse en un experto en dicho deporte. Bien, pues ¿saben ustedes quién es el presidente electo de ese bonito y recóndito país? No es presidente, es presidenta. En las elecciones de hace dos años, como en las precedentes, la lista más votada fue la del Partido Conservador. Pero esta vez el segundo en discordia, el Partido Laborista, encabezado por la señora Jacinda Ardern, logró la investidura, apoyada por el Partido Verde y por una pequeña minoría nacionalista que, como es natural, se llama New Zeland First, Nueva Zelanda Primero.

Esta señora saltó a la fama después de los brutales atentados supremacistas que un australiano cometió contra dos mezquitas en marzo de este año, matando a 51 personas. La reacción de la señora Ardern fue ponerse inmediatamente un hiyab en la cabeza e irse al velatorio de las víctimas, para estar con las familias de los musulmanes asesinados, en un gesto que fue ampliamente difundido en la prensa mundial. Pero antes de eso ya había dado muestras de una forma innovadora de hacer política. Por ejemplo, tendiendo la mano a la emigración, a la gente que viene en pateras desde el sudeste asiático, a los que ha ofrecido asilo e integración. Y, nada más ser nombrada, en una medida sin precedentes en el mundo, impulsó y aprobó una ley que prohíbe a los extranjeros adquirir propiedades inmobiliarias en el país, una medida contra la especulación, para favorecer un mercado de vivienda asequible para los autóctonos. Solamente se quedan fuera de esta prohibición los australianos.

La señora Ardern acaba de aprobar un presupuesto para el año que viene, que es totalmente innovador, porque prioriza el bienestar de la población, por delante de otras  metas, como el crecimiento del PIB. Para la señora Ardern, que crezca o no el PIB es secundario, frente a la felicidad de sus ciudadanos. Con ese objetivo genérico, el presupuesto se estructura sobre cinco grandes líneas: avanzar hacia una economía sostenible y de bajas emisiones, impulsar la innovación y las oportunidades económicas y sociales ligadas a la era digital, elevar los ingresos y las capacidades de la población aborigen, reducir la pobreza infantil y apoyar el bienestar mental de la población. Joder, es que yo me quito el sombrero ante esta señora, que el año pasado tuvo a su primera hija. Y, a lo que vamos. ¿Qué aspecto creen que tiene la señora presidenta de Nueva Zelanda? Véanlo.


Además de gobernar su país, tener un marido y una hija y mantenerse físicamente en una forma espléndida, a esta mujer admirable le sobra tiempo para ir a conciertos de rock y hacerse fotos con sus ídolos, como esta con el gran Ed Sheeran, al que quizás hayan visto haciendo de sí mismo en la película Yesterday, un film amable, que se deja ver, recomendable sobre todo para forofos, como yo, de los Beatles.

Ya sé lo que están pensando. Que Sheeran es muy feo. Para gustos, colores. Después de verlo en la película que les he dicho, a mí me resulta un tipo entrañable, un músico genial salido de los concursos televisivos tipo La Voz, que sigue manteniendo su sencillez y su modestia a pesar de que todo el mundo lo trata como a un genio de la composición musical. Tal vez sea feo, pero, como el chico del chiste del ácido sulfhídrico, a mí me gusta. Pero, siguiendo con el tema, el martes tuve una entrevista por Skype con la señora Gudrun Haindlmaier, profesora del Instituto de Geografía e Investigación Regional de la Universidad de Viena. Esta señora está elaborando una tesis sobre las distintas formas de planificación estratégica puestas en marcha en las ciudades occidentales y chinas y, naturalmente, había llegado a sus oídos el gran trabajo que hemos desarrollado en Madrid durante los últimos cuatro años, bajo la dirección de mi jefa. Gudrun quería conocer de primera mano los detalles de ese trabajo, para lo que nos proponía mantener una videoconferencia. 

Le contesté que en la oficina la única forma que tenemos de hablar viéndonos las caras es mediante el programa que usamos en los webinars de C40, pero en Viena no tienen ese programa. Entonces le propuse hacerlo por Skype desde mi casa por la tarde. Hablamos durante hora y media y resultó ser una mujer lista, competente y profesional, además de muy agradable, con la que ya he quedado conectado. Confirma mi teoría el hecho de que también es muy guapa, como pueden ver en esta foto de su perfil público de la Universidad de Viena.


Me queda hablarles de mi amiga Svetlana, de San Petersburgo. Esta mujer, con la que mantengo el contacto, está ahora de vacaciones en Italia, lo que ha aprovechado para ir a ver un concierto multitudinario del grupo Muse en el estadio de San Siro, en Milán. Allí se hizo este selfie, que colgó después en Facebook, para que todos sus amigos pudiéramos verla. Es ciertamente asombroso lo guapa que puede llegar a ser una mujer inteligente. Un escándalo.


Ya sé que me van a asaetear con ejemplos de guapos malvados y feos admirables. Imagino que esos casos pueden ser considerados como excepciones de lo que yo les digo, que, repito, no tiene ningún fundamento científico, sino que es algo que he observado en determinados casos, los suficientes como para pensar que pueda haber una ley que los abarque a todos, algo que no va más allá de una simple ocurrencia. También sé que otros me van a tachar de machista o sexista; está claro que he ilustrado mi teoría con las imágenes de cuatro feos y tres guapas (podría haber añadido a Alexandria Ocasio-Cortez para empatar, pero ésta se merece un texto en exclusiva). Para conjurar esta crítica, les voy a dejar de propina una foto que expresa muy bien lo que yo entiendo por belleza, un concepto no sólo ligado a las señoras, sino también abarca a otros dos colectivos que adoro: los niños y los gatos. Esta foto, por cierto, también me la mandó Svetlana. Sean buenos y sigan pasándoselo bien, donde quiera que anden.



lunes, 5 de agosto de 2019

858. La situación y mis nuevos devices

¿Cómo? ¿Que no saben lo que son devices? Desde luego es que hay que darles todo mascado. Con ese nombre anglo se designa lo que podemos llamar aparatejos o artilugios, normalmente digitales. Esos que te venden y a los dos años hay que llevarlos al punto limpio, porque tienen obsolescencia programada y ya se han quedado antediluvianos. No sé si lo recuerdan pero, hasta hace muy poco, algunos hoteles extranjeros te decían que sólo podías usar la clave de WiFi para dos devices por habitación, como máximo. Ahora ya lo han dejado por imposible, porque la gente viaja con diez o doce devices y lo primero que hace al llegar a un hotel es conectarlos todos, una forma más de la locura colectiva que nos inunda. Por ejemplo, una pareja hipster lleva como mínimo dos ordenadores portátiles, dos tablets y dos móviles, seis devices en total. Por cierto, han de pronunciar divaisss, no se olviden.

Pero yo he prometido en el título hablarles, aunque sea brevemente, de cómo está la situación política del país, tal como la han dejado los diferentes líderes antes de irse a tumbar bajo sendos ciruelos a pasar este agosto que yo prefiero disfrutar cada año sin moverme de mi casa. Esta vez, he acertado con mis pronósticos y les reto a que rebusquen en el post #853, sobre el Flish de Zumaia y la hipótesis Álvarez. En la parte final pronosticaba dos cosas que se han cumplido puntualmente, aun a costa de ganarme la regañina de una querida comentarista que me acusó de darle coces (sic) a Pablo Iglesias, viniera o no a cuento. Mi pronóstico era, por un lado, que todas las negociaciones pendientes entre los tres partidos de la derecha eran un simple circo, porque hay muchos intereses económicos y empresariales en juego como para que no se pongan de acuerdo. Que todas las supuestas guerras, insultos y descalificaciones eran pura pirotecnia, para consumo de sus propios votantes. Y así se ha demostrado con los acuerdos en Madrid y en Murcia.

En cuanto a las negociaciones para la presidencia del Gobierno de Pedro Sánchez, en cambio, mi pronóstico era justo el contrario, que no iba a haber acuerdo y así ha sido. ¿Por qué estaba yo tan seguro? Pues únicamente por una razón: porque esta batalla tenía por medio a Pablo Iglesias. Miren, a mí no me gusta nada Sánchez, creo que ha llevado muy mal la negociación y que se está mostrando bastante torpe en este envite. Pero convendrán conmigo en que tener que negociar algo con Pablo Iglesias es como que te salga un grano en el culo. Como intentar mear y no echar gota. Como que te tengan que colonoscopizar sin anestesia. Se me agotan las comparaciones. Este señor se empezó a equivocar cuando se negó a abstenerse en la anterior investidura de Sánchez, cuando éste iba de la mano de Ciudadanos, y no ha parado hasta ahora. Luego machacó a Errejón en Vista Alegre II. Se había empezado a distanciar de él a cuenta de esa negativa a abstenerse, de su apoyo al tema catalán, y algunos otros temas clave. Es que lo que le intentaba explicar Errejón no lo entendía, como se ve en esta expresiva imagen, de cuando ambos compartían banco en Las Cortes.


Hace tiempo que, desde esta tribuna, vengo pidiéndole a este señor que por el bien del país y de la izquierda en general se dedique, ya definitivamente y en exclusiva, a enseñarle los cinco lobitos a sus gemelos, a los que por otra parte les envío desde aquí mis mejores deseos, lo mismo que a su nueva hermanita, que lo Cortés no quita lo Moctezuma, según frase precisa de mi amigo el Coronel. Por qué no se retirará de la política este hombre tan empecinado en la contumacia táctica. Es difícil encontrar en la historia reciente del país alguien con esa capacidad de equivocarse una vez y otra. De su forma de negociar sabemos mucho en el Ayuntamiento: cuando la señora Carmena empezó a confeccionar una lista de consenso con El General que Salió del Frío, a media negociación, el otro filtró a la prensa una lista en la que los del equipo de Carmena aparecían al final, lo que provocó que todos ellos se dieran de baja de Podemos en 24 horas. Lo mismo sufrió Errejón a la hora de hacer su lista a la Comunidad, lo que le forzó a largarse también y aliarse con Carmena. 

Y el principal culpable de que Carmena no haya ganado en Madrid, ni Gabilondo en la Región es este señor, que presentó una lista contra Errejón en la Comunidad y no cerró aquí su campaña, como todos los demás líderes, sino que se fue a Tenerife, pero tuvo tiempo antes de irse de pedir el voto para Sánchez Mato. Y cada uno de sus fracasos lo resuelve aplicando una figura ciertamente novedosa, cuya autoría en exclusiva nadie le discute: la autocrítica del otro. Iglesias la caga, hace autocrítica y, como resultado de ella, cae Echenique, o cae Espinar o el que haga falta. ¿Cómo no le voy a dar coces a este señor con el daño que nos está haciendo? Es que, como vayamos a nuevas elecciones, estoy seguro de que ganará la derecha. La investidura del otro día me recordó mucho a aquella otra de Simancas en la Comunidad. ¿Recuerdan? Había ganado la izquierda por los pelos y sólo hacía falta que se pusieran de acuerdo para votarle. ¿Y qué pasó? Pues que dos de los suyos se salieron a mear. Entonces se repitieron las elecciones y ganó la derecha de calle. En este caso, han decidido jugárselo todo en la prórroga, en el mes de septiembre. Antes de convocar nuevas elecciones, yo les sugeriría a todos que, de persistir el empate, recurran al lanzamiento de penaltys.

Pero, en fin, están ustedes por ahí de vacaciones, en la playa o en la montaña (sí, sí, no lo nieguen, que se nota en las cifras de visitantes del blog) y no quiero fastidiarles la mañana, así que voy a pasar al otro tema, el de los devices. El caso es que por las vueltas que da la vida, me he tenido que agenciar algunos nuevos de esos artilugios, además de los que ya tenía. Les cuento. Todo empezó cuando cambié de coche en abril. Pasé de un Toyota Auris de hace tres años a un Corolla de última generación. De tan última generación, que ha prescindido de algunas de las piezas de los coches de toda la vida, como el freno de mano, que ahora se activa con un botón. Y, naturalmente, tampoco tiene lector de CDs. Yo, como soy una persona mayor, sigo comprando CDs, de hecho, ahora mismo tengo encargado un ejemplar del disco a punto de salir de Sheryl Crow, que me han prometido mandar a finales de mes directamente desde Nashville, donde vive la dama.

Mi ordenador Lenovo es también lo suficientemente moderno como para no tener lector de CDs y el resto de reproductores de CDs que tenía en mi casa llevaban tiempo medio en cuarentena, porque funcionaban bastante mal. Por otro lado, tampoco tenía un buen sistema de altavoces para poner música en condiciones. En una palabra, que mis viejos devices, estaban ya en situación de mandarlos al punto limpio, lo que pasa es que yo escuchaba mis CDs en el coche y me arreglaba en casa como podía. Al pasar a tener un coche sin reproductor, sólo me quedaban dos alternativas: o tirar todos mis CDs a la basura, o renovar el hardware. Así que me acerqué por la calle Barquillo a ver qué me ofrecían. En la primera tienda que visité me intentaron estafar. Me dijeron que la única forma de escuchar CDs ahora mismo, en 2019, es por medio de un aparato de Alta Fidelidad, uno de esos grandes, negros y horizontales, que vienen costando unos 400€. Debieron de tomarme por tonto, con el pelo blanco y mi aire de despiste general.

Crucé a la otra acera y allí encontré un tipo más colega, que me aconsejó bien. Estuve con él más de una hora, probando aparatos y comparando sonidos. Y salí de allí con dos compras, feliz como una perdiz. Por un lado, me agencié un altavoz Bosé, SoundLike Mini, por 150€, que se puede adaptar al ordenador, al televisor, a la radio y a la X Box, que todos esos devices tengo yo en funcionamiento en mi casa. Además tiene entrada USB y Bluetooth y les puedo asegurar que suena como Dios. En la foto pueden ver esta pequeña maravilla, que mejora la calidad del sonido, cualquiera que sea la fuente de la que provenga. Con este altavoz, me pongo las Variaciones Goldberg para trabajar y me salen los textos solos.


El otro aparato que me compré fue un viejo walkman Sony, algo que he soñado tener desde hace muchos años, para dar rienda a mi vena macarra y salir con él en el hombro, con el rock a todo volumen, a sumarme al botellón de yayos que se reúne en algunas plazas del centro. Como es algo que ya no está de moda, me costó exactamente 95€. Aquí puedo escuchar ahora toda mi colección de CDs. Además tiene radio, entrada USB y salida para auriculares, por la que lo puedo conectar también a mi nuevo altavoz Bosé y montarme unos guateques de puta madre. Los primeros walkmans eran de casete y fueron creados por Sony a comienzos de los 80 para el mercado japonés, pero pronto pasaron al norteamericano. Después le siguieron Aiwa y Panasonic, pero el auténtico era el de Sony. Y, más adelante, se adaptó la idea a los CDs, con el nombre de discman, aunque todo el mundo lo seguía llamando walkman.

La gente los usaba para el botellón y también para hacer gimnasia callejera, patinaje o step, con los casetes de Jane Fonda, mujer que, por cierto, sigue estando espléndida a los 80, como pueden comprobar en la película Nosotros en la noche (2017), con Robert Redford. Redford ha rodado luego otra película en la que hace de anciano atracador y ya ha dicho que, después de esto, se retira. En fin que, en cuanto baje el calor un poco, saldré con mi nuevo walkman calle Atocha arriba, para lo que he estado practicando en mi terraza renovada, todavía pendiente de que me instalen los toldos y que en septiembre mis amigos gays de la floristería me optimicen la decoración verde. Les voy a dejar de propina el videoselfie que me produje la otra tarde. Parece algo sencillo, pero no lo es tanto. El film se graba con el teléfono, pero viene pesando más de 350 megas, lo que imposibilita mandárselo a nadie por whatsapp, o subirlo al blog. Así que he tenido que pasarlo al ordenador con un cable, a través de la aplicación HiSuite. Luego lo he reducido de tamaño con el programa HandBrake para dejarlo en 31 megas. Eso me ha permitido subirlo finalmente al blog. Hombre, con un nuevo surtido de devices como el mío, malo sería que uno no pudiera hacer un poquito de postproducción. Que lo disfruten y que sean buenos, dentro de lo que cabe.