lunes, 9 de noviembre de 2020

993. Se acabó la pesadilla

Por fin tenemos ganador de las elecciones USA, la noticia que esperábamos. Una noticia que comporta una sensación de alivio mundial, como cuando estás inmerso en una pesadilla horrible y de pronto te despiertas todo sudado, abres los ojos y dices: ¡qué gusto, otra vez el mundo real! ¿Se imaginan otros cuatro años de este sujeto al frente de la mayor potencia mundial? ¿Qué hubiera sido de la lucha contra el cambio climático? ¿Qué hubiera sido de la pandemia, con un tipo que no se habla con la Organización Mundial de la Salud? Esto era como un relato distópico hecho realidad. Pero la pesadilla ha terminado y ojalá entremos ahora en unos años más tranquilos. Le escribí un Whatsapp a mi amiga Shannon, de LA, diciéndole simplemente: Congrats. What a relief!! con unos símbolos del brazo que muestra la fuerza. Ya me ha contestado, feliz: HUGE RELIEF!!!, un alivio enorme, escrito así con mayúsculas. Y añade: They both will get us back on the track, algo así como estos dos nos van a poner otra vez en marcha, o nos van a reactivar. Toda la gente famosa que apoyó a Biden/Kamala está exultante, el mejor baloncestista del momento, LeBron James, decidió celebrarlo fumándose un puro y Lady Gaga colgó en sus redes esta foto abrazándose a Biden después de un acto de la campaña.








Sheryl Crow se ha apresurado a colgar un vídeo que debía de tener preparado de antes, confiada en una victoria que no tenía nada clara. Yo creo que expresa muy bien esa sensación de alivio. Lo acompaña con un comentario que les traduzco directamente: ...tiempo de sanar... mi esperanza es que podamos avanzar juntos, con un sentimiento renovado de confianza en nuestra democracia y entre nosotros, para construir un futuro mejor para todos. Esto es clave: tender lazos entre esas dos américas que Trump ha contribuido a separar. Una canción para esa esperanza.

Por mi parte, les diré que yo no lo voy a celebrar todavía, hasta que vea que este señor, el presidente más tóxico de la historia de los USA, se va de la Casa Blanca sin que tengan que enviarle a la Guardia Nacional. Porque no duden que el tipo va a intentar todas las mañas y argucias imaginables para evitar el desahucio. Pero me temo que se está quedando solo en esta guerra. El candidato a vicepresidente Mike Pence está callado. George Bush, Mitt Romney y otros próceres republicanos han felicitado ya a Biden, igual que los líderes mundiales y la prensa de todos los países. Colin Powell y la viuda de John McCain incluso dijeron que iban a votar a Biden.

El tiempo que queda hasta el 20 de enero va a ser un espectáculo penoso. Ya sé que la mayoría de mis seguidores no son taurinos; yo tampoco, aunque no soy tampoco antitaurino, simplemente creo que es un espectáculo que irá languideciendo poco a poco, por pura inanición. Pero esta situación de Trump me trae a la memoria esos momentos en que el toro ya ha recibido una estocada, pero no se muere. Se pone en marcha entonces la llamada suerte del descabello, pero a veces el que la ejecuta es un manta y no acierta, por lo que ha de repetirla. Es un espectáculo muy cruel, que a mí me ha tocado ver alguna vez en las pocas corridas que he presenciado. El público se cabrea y abuchea al matarife, que se pone nervioso y lo intenta interminables veces.

Hasta que el toro cae muerto. Entonces, el típico espectador con el vaso de whisky de tubo en una mano y el puro en la otra sentencia la situación con una frase: Ha doblao. Es una afirmación redundante, porque todo el mundo lo ha visto, pero estamos en una sociedad en la que hasta las papeleras a veces tienen un letrero arriba que dice Papelera. Discúlpenme el ejemplo, pero yo creo que el toro Trump va a seguir penando, de descabello en descabello, hasta que doble. Porque yo no le veo muchas posibilidades de llevarse el gato al agua. Si hay algo que funciona bien en USA es el sistema de contrapoderes: Trump puede hacer las denuncias que quiera ante los jueces, pero lo normal es que no se las admitan o que, si le admiten alguna, pierda el procedimiento. Pero yo no lo voy a celebrar aún, por si es caso, que decimos los gallegos. Lo que sí les voy a poner son unos pocos memes de los que han circulado por el guasap estos días.

No es momento de celebraciones todavía, pero sí de análisis. Lo que dice Trump del fraude electoral es un delirio de alguien que ha perdido ya toda relación con la realidad. Pero es cierto que, según los datos en el momento en que escribo este post, Biden ha obtenido 75,3 millones de votos (la cantidad más grande de la historia de las elecciones USA), y Trump se ha llevado 71 millones de votos, la segunda cantidad más abultada de la historia de los USA; el único que se acercó a esas sumas fue Obama en su primera victoria, en la que cosechó 69,5 millones de votos. Así que una de las primeras falsedades que se ha dicho es que Biden ha ganado por los pelos. En votos populares, la diferencia es de más de 4 millones y faltan todavía votos por contar, porque han de saber que en California dieron ganador a Biden, cuando aún faltaban 4 millones de votos por escrutar (la ventaja ya era insalvable), lo mismo que sucedió en Texas con Trump. La ventaja de Biden en votos populares aún puede aumentar.

Pero yo quiero quedarme con el dato de Trump. ¿Cómo es posible que 71 millones de gentes hayan votado a este energúmeno? De verdad, tenemos que hacérnoslo mirar. Y yo empezaré por ponerles unos mapitas. Seguramente todos ustedes han estado estos días siguiendo el mapa de los estados, coloreados de rojo y azul, que pueden ver aquí.

Lo reconocen, ¿verdad? Pero, miren ustedes por dónde, resulta que mi amigo X me avisó de que había una aplicación que permite, pinchando en cada uno de los estados, ver la distribución del voto por condados, dentro de dicho estado. El resultado es sorprendente y yo me he dedicado a seleccionar algunos de estos estados y guardar esa distribución por condados, con la herramienta de Google de recorta-y-pega, para enseñárselos a ustedes y que vean lo mismo que yo vi. Empecemos, por ejemplo por ver lo que ha sucedido en Lousiana, estado claramente trumpista, donde está Nueva Orleans, la ciudad en la que viven Samantha Fish y Tab Benoit (cerca). Aquí la tienen.

Ya lo ven. En las ciudades (Nueva Orleans, la capital Baton Rouge o Shreveport) gana Biden. En el campo, donde las amplias llanuras y los campos de algodón, gana Trump. Veamos otro estado sureño en el que Trump ha ganado claramente. En este caso, Tennessee. Allí está Memphis, el lugar de donde salió Elvis Presley, y Nashville, la capital del country, la ciudad donde vivieron Bob Dylan, Johnny Cash y tantos otros, donde viven ahora Sheryl Crow y las chicas de Larkin Poe y donde está el auditorio Ryman en el que tocaron Samantha y Tab la otra noche (ya les contaré de ese concierto fabuloso). Pues aquí está.

Acojonante ¿no creen? Veamos ahora el estado republicano por excelencia, el que más compromisarios le ha proporcionado a Trump. Hablo de Texas.

Increíble. Las grandes ciudades tejanas (San Antonio, Houston, Austin, Dallas, Fort Worth, El Paso) también han votado a Biden. Trump recoge el voto rural y Biden el urbano. Pero vamos a ver ahora uno de los estados en los que ha ganado Biden, en este caso, por poco: Michigan.

Ya lo ven, todo rojo menos Detroit y las demás ciudades industriales del estado. ¿Y cómo es que con ese mapa todo rojo ha ganado Biden este estado? Pues muy sencillo: porque en las ciudades vive mucha más gente que en el campo. Para comprobar lo que les estoy diciendo, nos queda ver un último mapa, el del estado de Nueva York. ¿Puede imaginarse un lugar más urbano que New York? Pues también tiene amplias zonas rurales. Aquí lo pueden comprobar. 

En este caso, sólo aparecen en azul Nueva York y las otras ciudades: Siracusa, Albany, Rochester, Búfalo y probablemente Patterson. ¿Qué quiere decir esto? Pues que a Trump le votan mayoritariamente los garrulos, la gente de baja cultura, los agricultores que viven en sus ranchos, armados hasta los dientes y temerosos de que vengan nuevos inmigrantes y les quiten el poco trabajo que hay. Después volveré sobre esto. Porque esta historia de los mapas aún tiene un estrambote muy curioso. Cuando empezó el proceso del impeachment de Trump (que finalmente no prosperó), su nuera Lara Lea Trump, esposa de su hijo Eric y antigua locutora de televisión como Leticia, publicó en su cuenta de Twitter el mapa que les pongo abajo, con la distribución del país por condados, en base a las encuestas de intención de voto de aquel momento. El letrero es claro: Intenten impedir esto.

Por la misma red, Karim Douieb, un informático belga, desveló la falsedad que supone ese mapa, sustituyendo los valores de los condados por círculos que reflejan el número de habitantes reales de cada uno de ellos. El resultado es el de abajo, con un letrero también muy claro: la tierra no vota, lo hacen las personas.


Me parece que no hay mejor explicación de lo que ha sucedido que la que suministran los mapas procesados con las modernas herramientas GIS, como las que yo uso en mi trabajo. Pero he pasado de puntillas por un tema, que nos puede llevar a conclusiones falsas. Digamos que, de acuerdo con todo esto, ¿hemos de creer que en USA hay 71 millones de garrulos? Nos equivocaremos si pensamos eso. Ese paquete tan grande de gente tiene una caracterización más amplia y variada. Obviamente, hay en ese conjunto muchísimos garrulos. Pero hay también otros grupos, que paso a enumerar abajo.

1.- La gente puramente conservadora o de derechas de toda la vida. Como decía Richard Ford en la entrevista que les propuse leer el otro día, los militantes y cuadros del Partido Republicano son gente muy disciplinada, que votan siempre al partido al que pertenecen. Pasa lo mismo en España. Yo tengo conocidos que votan siempre al PP. No se abstienen nunca, aunque el candidato sea un corrupto manifiesto, o sea corto, o feo, o tenga halitosis, o sea Lollypop Ayuso. Ellos no fallan. Este personal no quiere la ley del aborto, ni el matrimonio homosexual, ni pagar más impuestos, y tiene miedo a los disturbios raciales: Ley y Orden por encima de todo. A cambio de eso, les da igual que el candidato sea un putero, un abusón y un maleducado. Les garantiza Ley y Orden y ya está.

2.- Los extremistas de todo tipo, desde supremacistas blancos, hasta evangélicos, mormones y similares, enardecidos por telepredicadores que a menudo luego son unos pederastas, si no algo peor. Pasando por los fanáticos pro-vida, los testigos de Jehová y hasta me temo que los seguidores de la Iglesia de la Cienciología. Por ejemplo las iglesias evangelistas están extendidísimas en Sudamérica. Recuerden que el referéndum para apoyar el proceso de paz en Colombia se perdió porque los negociadores, por hacerse los modernos, habían incluido en el texto del acuerdo una referencia a estudiar una ley del aborto. Y los evangelistas hicieron campaña en contra. En USA hay también mucho pirao. Tal vez en este grupo no haya demasiada gente, pero cuentan.

3.- Los conspiranoicos, antivacunas, terraplanistas y negacionistas del Covid. Estos son los que más miedo me dan, porque son productos del aislamiento de la sociedad moderna y muchos de ellos viven en las ciudades. Yo tenía un amigo que ya se murió, al que quería mucho, que estaba totalmente convencido de que las Torres Gemelas las habían tirado los propios americanos, basándose en que la familia de Bin Laden había ganado un montón de dinero en Bolsa después de los ataques y otros datos igual de enloquecidos. Con las redes sociales, estos rollos se han disparado. Hay mucha gente convencida de que el Covid-19 lo han esparcido los chinos intencionadamente y que Trump era el único que podía frenar a los chinos, porque todos los demás (incluyendo ustedes y yo) estamos conchabados en una especie de conspiración judeo-masónica-oriental, cuyo objetivo es cargarse nuestro mundo y que acabemos todos hablando en mandarín.

Hay una doctora china escapada de su país alimentando esa teoría, que ha sido desautorizada ya por los principales científicos. Pero ya lo saben: los líderes mundiales son todos más o menos cómplices, la prensa internacional también está toda comprada y los que nos creemos lo que dicen, resulta que somos unos elitistas progres, concepto cuya principal seña de identidad externa es una superioridad moral realmente insufrible para los demás, no sé cómo nos aguantan. A mí esa gente la verdad es que me produce mucha lástima. Debe de ser horroroso vivir convencido de semejantes cosas. Por eso, yo estaba durmiendo mal pensando que la suma de esos grupos (garrulos, conservadores, extremistas y conspiranoicos) volviera a inclinar la balanza de una votación, como ya sucedió en el Brexit, la primera elección de Trump, el referéndum colombiano y las últimas elecciones locales y regionales madrileñas. Por no hablar de la comedura de tarro colectiva de los catalanes. Es que ya estaba hasta los huevos de no poder celebrar una buena noticia (salvo la victoria de Jacinda Ardern).

Biden no es que me entusiasme mucho. Pero es un hombre educado, moderado, tranquilo, con experiencia política y decidido a irse dentro de cuatro años (si no se muere antes). El primer día de mandato renovará el apoyo al Acuerdo del Clima de París, un asunto clave, y empezará a colaborar con la OMS en la lucha contra el Covid-19. Y hará una política internacional razonable, basada en la cooperación. En este aspecto, lo tiene fácil: todo el rato lo van a comparar con su antecesor y, haga lo que haga, lo mejorará. En política interior lo tiene más difícil. Su oportunidad es mostrarse conciliador y atraerse la colaboración del Partido Republicano en los temas clave. Y bien hará en protegerse, que cualquier trumpista cabreado y armado le puede pegar cuatro tiros, y no quiero dar ideas.

Trump es el que lo lleva crudo. En USA, el perdedor de unas elecciones no tiene nada que hacer, ni siquiera puede ejercer de jefe de la oposición, como en España y otros lugares. Sólo tienen que ver lo que pinta Hillary desde hace cuatro años. Yo creo que él ha luchado por la reelección porque de verdad se lo estaba pasando bien, le gustaba tener tanto poder y tanta atención mediática. Y ahora está condenado a terminar aburriéndose de cojones. Yo llevo hablando en el blog de estas elecciones desde las últimas navidades. No me digan que no les he tenido súper informados. Cuando Biden nombró a Kamala Harris vicepresidenta, ustedes ya sabían quién era y habían visto su foto en el blog. Y de las primarias demócratas se informó en este foro al minuto. Ya saben que eso es lo que me gusta, que ustedes encuentren aquí datos e informaciones que no pueden encontrar en ningún otro sitio.

Por ejemplo, en España, nadie salvo ustedes sabe que existen Samantha Fish y Tab Benoit. La otra noche dieron un concierto fabuloso, del que ya les hablo en el próximo post. De momento confórmense con el video de una de las canciones, que un espectador tomó con su móvil y ha colgado en Youtube. Yo lo vi en directo con varias cámaras y un mezclador de imágenes. Si Samantha ha vuelto del confinamiento con unos kilos de más, Tab Benoit lo ha hecho con un melenón impresionante, él, que siempre había llevado el pelo bien cortadito. Parece que no ha visitado la peluquería en los ocho meses de encierro que lleva; el del otro día era su primer concierto, Samantha ya lleva un mes por ahí de gira. Al bajo, Corey Duplechin, el tipo con pinta de epsilón de Un mundo feliz, que parece que ya no ha engordado más, y a la batería Terence Higgins, que hasta ahora acompañaba a Samantha en su gira. Parece que a partir de este concierto va a seguir con Tab Benoit. La canción que tocan es el I put a spell on you, que ya han visto en el blog tocada al alimón por ambos en una versión deliciosa, que aquí incluso superan. Pónganselo en pantalla grande y disfrútenlo. Tab Benoit está en una forma impresionante, parece un león que haya estado ocho meses encerrado en su jaula. Que tengan una buena semana.


viernes, 6 de noviembre de 2020

992. Una semana de órdago

Uf! Qué estrés de semana esta que termina, a las puertas de un segundo puente consecutivo en Madrid. Aquí fue fiesta el lunes pasado, día 2, y lo será el que viene, día 9. Pero lo cierto es que el puente pasado apenas pude relajarme. El martes 3 teníamos prevista una reunión en las oficinas de mi Dirección General los cinco que estábamos revisando los proyectos presentados al concurso de El Bosque Metropolitano y teníamos que llevar todas las fichas cumplimentadas para cruzar criterios y tomar decisiones sobre cuáles se ajustan más a lo que queremos para Madrid y su periferia. Lo habíamos programado para dos martes consecutivos, pero los que yo había analizado se verían en la primera ronda. Así que me pasé casi todo el puente trabajando en las dichosas fichas. Aún así, encontré tiempo para correr el domingo (indoor) y escribir un post preelectoral esperanzado, que empecé el domingo por la tarde/noche, cuando se me bloqueó la cabeza de tanta ficha, y terminé el lunes por la mañana, después de desayunar y antes de ponerme a rematar el trabajo pendiente.

El martes 3 madrugué para estar a las nueve en la ofi, bien desayunado, duchado, afeitado y peinado. La sesión terminó después de las doce. Como tenía el portátil estuve resolviendo una serie de asuntos con el correo electrónico y luego bajé a comer al bar de mis amigos y me volví a casa. Toda esta semana ha estado lloviendo sin parar, pero ya saben que eso es algo que me gusta y no es problema para mí conducir bajo la lluvia. Me eché una pequeña siesta y empecé a pensar en el sarao que tenía al día siguiente, que luego les cuento y que todavía no me había puesto a preparar. No rendí demasiado, estaba cansado y me acosté pronto. Me prohibí a mí mismo ver nada de las elecciones USA esa noche, para no ponerme más nervioso, lo último que leí fue que ya se habían abierto los colegios y todo estaba en orden.

La verdad es que lo que ha pasado con las elecciones no se le habría ocurrido ni al mejor de los guionistas de Hollywood. El miércoles me levanté, me lavé someramente y desayuné, con mi habitual zumo de naranja y café con un par de tostadas con aceite y sal. Sólo entonces encendí el ordenador y miré los resultados. Se me cayó el alma a los pies. Trump ganaba entonces por goleada y yo me agarré un cabreo monumental. En ese momento yo lo di por perdido, porque siempre que me ilusiono con una cosa y no sale, pues me jode y me cabrea y además ya estoy requetequemado, después del Brexit, la propia elección de Trump hace cuatro años, el referéndum para ratificar el proceso de paz en Colombia y la derrota de la señora Carmena, entre otras expresiones de la burrez colectiva.

Escuché la intervención de Trump atribuyéndose la victoria y me mosqueó su discurso. ¿Si dice que ha ganado, por qué ese rollo victimista de que quieren hacerle trampas? Creí en ese momento que ni él mismo esperaba un resultado tan bueno, tenía ese speech preparado para el caso de unos resultados más parejos y no le había dado tiempo a cambiar el chip, como nos pasa muchas veces a los viejos. Salvando ese matiz y convencido de la derrota, pensé que el mundo está lleno de borricos, que el sistema electoral permite que pacíficos ciudadanos elijan a Hitler, que vaya mierda de encuestas las que se hacen en el país de Silicon Valley y los cohetes a la luna y otra serie de pensamientos negativos.

Pero no tenía tiempo de abandonarme a la autocompasión. Debía intervenir en un webinar a las 6 de la tarde y no tenía ni las imágenes que quería mostrar ni el discurso medianamente elaborado, salvo unas cuantas ideas esbozadas en mi trabajo de la tarde anterior. Así que cerré las noticias y llamé a mi compañera M. pidiéndole socorro. Me explicó la ruta en donde está guardada una presentación de las grandes líneas de nuestra Dirección General, me la bajé y empecé a trabajar con ella para reducirla. Esa es una presentación de una hora y yo tenía dos turnos de apenas diez minutos, uno primero más general y otro sobre un caso de éxito, que había pensado centrar en Madrid Río, de lo que tengo imágenes a punta pala. Pero tenía que organizarme con eso dos presentaciones para apoyar mis dos intervenciones.

Mi compañera me vio muy desanimado y me dijo que tuviera paciencia, que aún no había un resultado definitivo y las cosas podían cambiar. Pensé que lo decía por animarme. Preparé mis imágenes y a las 6 estaba conectado. Este webinar forma parte de un máster de Economía Creativa que dirige mi amiga Belén Elisa Díez, artista gráfica y economista. He dado clases en ese máster durante muchos años, la última vez en 2017. En 2018, después de muchos años de participar como profesor, Belén no me incluyó en el cuadro del máster. Cuando viajé de vuelta desde Chile, hace ahora dos años, nada más aterrizar me encontré un montón de mensajes suyos en el teléfono y en el whatsapp.

Parece que le había fallado un profesor y la clase, presencial como lo eran todas entonces y de dos horas, era esa misma tarde. Estaba amaneciendo y yo acababa de llegar de un vuelo transoceánico con una escala interminable en Bogotá, tenía un jet-lag de puta madre y sólo quería llegar a mi casa y dormir doce horas. Así que le dije que no podía. Me presionó de diversas maneras que no voy a revelar aquí, pero me mantuve firme. Ella me conoce y sabe que podía hacerlo si hubiera querido, pero que no me gusta ser plato de segunda mesa. Si había contado con otro mejor que yo y le había fallado, no era culpa mía. Yo nunca le había fallado. Pero se enfadó y el año pasado no me llamó. Pensé que ya no me llamaría más. Pero hace unas semanas contactó conmigo y yo tenía la cita anotada en mi agenda.

Hicimos la cosa por Zoom y tuve un pequeño problema técnico, porque antes de empezar probé las imágenes para compartir y funcionaban, pero, en vez de minimizarlas, las cerré y, cuando quise abrirlas en el momento oportuno, no las encontraba. Pasé mi primer turno sin imágenes, intervine en el coloquio intermedio y, para mi segunda intervención, ya había encontrado las imágenes, así que las puse todas. Al final no quedé tan mal. Por cierto, a mí Belén no me había dicho nada de que la sesión versara sobre la ciudad post-covid, tuve que empezar mi charla con una finta. La sesión la han colgado en Youtube y les voy a poner el enlace por si quieren echarle un vistazo. Dura dos horas y cuarto, pero yo sólo intervengo puntualmente. Desde luego, si les interesa el urbanismo, hay intervenciones bastante más interesantes que la mía. Me he visto después y me ha sorprendido tener tanto acento gallego. Yo creo que me va saliendo a medida que envejezco. AQUÍ tienen el link.

La noche del miércoles estaba agotado y estresado, después de la sesión de más de dos horas de la tarde. Pero me puse a ver las noticias, ya metido en la cama y vi que Biden remontaba, lo que terminó de desvelarme del todo. Se apretaban los resultados en Michigan y Wisconsin y Biden tomaba distancia en Arizona y Nevada. Los resultados se empezaban a parecer a los que pronosticaban las encuestas que yo había ido siguiendo antes. Así que dormí de puta pena. Aún así, el jueves hice mi reglamentario entrenamiento indoor, desayuné y entonces me encontré un correo de mi jefa. La segunda sesión del Bosque Metropolitano no podíamos hacerla el martes, porque ella tenía una reunión de alto nivel a la misma hora. Proponía aplazarla o adelantarla a hoy viernes. Y las otras tres chicas del equipo (yo soy el único varón), ya habían contestado decantándose por el adelanto.

Así que ayer me tocó trabajar otra vez un montón, para cerrar mis fichas con las correcciones derivadas de la sesión del martes y darle un vistazo a los proyectos de los otros paquetes. Pero le iba echando un ojo de vez en cuando a las noticias y así me enteré de las victorias en Michigan y Wisconsin. Biden estaba a un pelo de ganar. Anoche dormí mejor, pero hoy he tenido que madrugar otra vez, coger el coche y acercarme a la ofi. Esta sesión ha durado desde las nueve hasta la una de la tarde. He tenido todo el rato el modo avión en el móvil. Al final, un whatsapp me avisaba de que Georgia había virado también a azul clarito. He bajado a mi bar favorito y me he comido una súper hamburguesa de buey, con tomate, lechuga, cebolla caramelizada y queso, bien regada con dos sobrecitos de mostaza y otros dos de ketchup, que ya saben que soy proyanqui perdido, pero proyanqui de la mitad urbana y culta.

Después he cogido el coche de vuelta, he aparcado, he pasado por la farmacia y, cuando estaba llegando a casa, me he encontrado a mi amigo César que salía de Medialab, y al que no veía desde el principio de la pandemia, aunque estamos en contacto continuo por el guasap. Así que no me ha quedado más remedio que tomarme un doble de cerveza extra con él, que no había comido aún. Luego, por fin una siesta en condiciones. Y me he puesto a escribirles a ustedes. Pero mi ritmo no se para con este post. Porque esta noche, a las 3 de la mañana, me conectaré a ver el concierto de Tab Benoit y Samantha Fish en Nashville, inicio de la gira del primero. Tengo después tres (¡3!) días para tumbarme a la bartola. Y el martes no tengo que ir a la ofi, o sea que bien. Por si no me creen, abajo tienen el poster del concierto.

Ahora mismo parece que Biden gana. Pero no hay que celebrarlo antes de tiempo, que aún puede pasar de todo. Yo querría que Biden ganara todos los estados aún en liza, para que la diferencia fuera grande y evitara el espectáculo que Trump parece dispuesto a dar hasta el 20 de enero. En este asunto, yo confío en que su familia le disuada de su huida hacia adelante. No sé si Melania, Ivanka o Kalinka, o como se llame la otra hija. Es una huida peligrosa. Le han votado 70 millones de americanos, de la rama más garrula, todos armados hasta los dientes (las armerías han agotado sus existencias estos días) y convencidos de que les han engañado (eso les dice su líder).

Cuando la cosa se despeje, ya les contaré mis reflexiones y análisis de lo que ha pasado. Ahora mismo, basta decir que Biden está remontando imparable desde los primeros resultados, por una sola razón: porque Trump dijo a sus seguidores que no se les ocurriera votar por correo o anticipadamente, que todos el día de las elecciones y sin mascarilla. Por eso ahora todos los votos que van contando son demócratas. Seguir a un líder como ese tiene estas cosas y ojalá que no se hayan contagiado del virus. Y que conste que a mí Biden no me produce ningún entusiasmo, lo único que siento es alivio de que no haya ganado Trump. A mí quien me gusta es Alexandria Ocasio-Cortez. Y, por supuesto, Jacinda. Hoy ha anunciado que todos los políticos y empleados públicos se bajan el sueldo un 20% para apoyar la recuperación de la economía. Les voy a dejar su discurso como propina. Esta mujer tiene las prioridades claras. Primero: salud. Mantener el bicho fuera de Nueva Zelanda. Luego la economía ya se arreglará, que hay sistemas para ello. Hablaremos de todos estos temas en los siguientes posts. Buen puente.  


lunes, 2 de noviembre de 2020

991. Todo o nada

No va más, que se dice en la ruleta. La suerte está echada. Mañana votarán los norteamericanos que no lo hayan hecho anticipadamente (ya han votado 93 millones según los últimos datos). Y sabremos de una vez qué pasa. Les prometo que, si Trump pierde la presidencia, el evento se celebrará adecuadamente en el blog. Por lo que voy leyendo, la victoria de Biden en votos populares parece asegurada y también la ventaja demócrata en el Congreso. Está por dilucidar si esa victoria popular de Biden se traduce en compromisarios que le den una ventaja amplia, o si las cosas se quedan más apretadas, lo que le daría a Trump la posibilidad de tensionar la situación y seguir dando por culo, que ya sería lo único que le quedaría. 

El presidente proclama a diestro y siniestro que la parte contraria hará fraude, y yo creo que realmente se lo cree, porque es lo que él haría si pudiera, lo que ha hecho toda su vida, ya saben el refrán: cree el ladrón, que todos son, de su misma condición. Hace cuatro años las encuestas se equivocaron y no valoraron el escaso entusiasmo que despertaba Hillary, incluso entre sus propias filas. Ahora es diferente. Esto es una emergencia y todo el Partido Demócrata es un bloque, Bernie Sanders ha pedido el voto para Biden y ha participado en los mítines electorales, igual que Pete Buttigieg, Elisabeth Warren, Eric Garcetti y la mayor parte de los pesos pesados del partido. 

Mi admirada Alexandria Ocasio-Cortez (AOC) ha ido más allá. Se ha prestado a hacerse un reportaje para el número de diciembre de la revista Vanity Fair y esto enlaza con los temas del post anterior. Igual que la primera ministra de Finlandia, o Irene Montero, ha desvelado datos de su intimidad y ha accedido a posar con ropa de marca. Pero con algunas condiciones. Una de ellas, que se le permitiera filtrar la portada y parte del contenido antes de las elecciones. Otra, que no se censurasen sus comentarios. Así podemos leer cómo se refiere a Trump como motherfucker (cabrón) y dice cosas como esta: Los que dicen que no hay dinero para construir más escuelas y universidades públicas, son los mismos cabrones que han estado años pagando 750 dólares al año en impuestos. Por lo demás, abajo pueden ver que está guapísima. El establishment se ha apresurado a ponerla verde por posar con ropas que valen en total 14.000 dólares. ¿Pero no era de izquierdas? se preguntan los republicanos escandalizados. Ella ha contraatacado diciendo que es una ropa que le prestaron para las sesiones fotográficas (algo obvio), pero que en todo caso está acostumbrada a vestirse con ropa prestada o compartida con su gente, así que ningún problema. Vean la portada de la revista.

Respecto a eso de que Trump no va aceptar el resultado, es algo que nunca me he creído. Este señor es un fanfarrón, y como todos los fanfarrones alardea de todo lo que va a hacer, que luego no hace. Yo tuve un jefe que, cuando se cabreaba con alguien, lo ponía verde a sus espaldas, lo insultaba a gritos de todas las maneras habidas y por haber y, para coronar su perorata iracunda, solía culminar con una frase final: ¡Se lo voy a decir! Los que le escuchábamos, ya sabíamos en ese momento que no le iba a decir nada al interfecto, que cuando lo tuviera a la cara se callaría como un puta. Trump no ha dicho en ningún momento que no vaya a aceptar el resultado. Sólo ha deslizado sibilinamente algo de incertidumbre al respecto, para que se hable de ello y seguir siendo protagonista de la actualidad. Pero, ya generada la curiosidad sobre el asunto, todos los periodistas le preguntan sobre qué haría en ese hipotético caso de resultado apretado, a lo que suele contestar en gallego: ya veremos…

En esta especie de jornada de reflexión, sólo nos queda ejercitar la paciencia, como con el maldito virus. Mi página de seguimiento de encuestas, sondeos y apuestas, le concede a Trump un 10% de posibilidades de victoria, frente a un 90% de Biden. La única posibilidad de que repita el presidente es que fallen estrepitosamente las encuestas. Ya lo hicieron en 2016, pero entonces los pronósticos eran más apretados, Hillary suscitaba mucha antipatía y, por aquellos tiempos, había mucha gente que no admitía que iba a votar a Trump y luego lo hacía, lo mismo que pasaba con Vox al principio. Los encuestadores suelen ser gente joven y algunos de los encuestados les dicen lo que creen que quieren oír. Incluso los hay que, por tratar de ligarse a la entrevistadora, presumen de majos y progres pero luego, en el anonimato del voto secreto, eligen la papeleta contraria. Eso ahora pasa bastante menos, los trumpistas, como los voxeros, ya no se ocultan, sino que gritan a los cuatro vientos sus preferencias, que ya no están tan estigmatizadas.

También hubo en 2016 bastante abstención: desencantados de todo, partidarios de Sanders que votaron a la candidata ecologista, incluso los que pensaron que no hacía falta que se molestaran en votar, porque la cosa estaba ganada (como sucedió aquí con Carmena). No olviden que en USA, la votación es en día laborable (el primer martes después del primer lunes de noviembre, según la Constitución) y que muchas empresas de gerente absentista o negrero no les facilitan a sus empleados el permiso para ir a votar. Entre eso y la situación de pandemia, muchos se han apresurado a votar antes, para evitar peligrosas aglomeraciones. Sheryl Crow ha sido uno de ellos y el otro día posaba así con su mascarilla y la pegatina que dice yo ya he votado

Según la página que les digo, la situación de los estados más trumpistas y la de los anti-Trump está bastante clara. La partida se juega en los llamados swing states. Yo excluiría de este concepto a Minnesota, Michigan, Wisconsin y Pensilvania, que se han citado a menudo y que creo que se los llevará Biden. La cosa empieza a estar más apretada en Arizona, Carolina del Norte y Florida, donde parece tener Biden una ventaja exigua, Georgia y Ohio, virtualmente en empate, y Texas y Iowa, con ventaja ajustada de Trump. En estos estados puede suceder de todo, siendo los más importantes, por su tamaño poblacional, Texas y Florida. Los esfuerzos del ticket demócrata se han concentrado estos días en Florida, de donde dice Biden que, si ganan allí, ya no hay más que hablar. Incluso han sacado del congelador a Obama a que eche por allí un par de speechs, a ver si rebaña algún voto con su proverbial verbo encendido. Texas yo creo que se lo llevará Trump, aunque es el estado en que más gente ha votado ya, más que el total de votantes de 2016.

Otra cosa que se juega mañana es la composición del Senado, si bien sólo se renueva un tercio de los asientos. Esto está verdaderamente difícil. Si se consiguiera la mayoría simple en el Senado, entonces sí que yo ya me daría directamente al alcohol. Ya les he dicho que el Senado sólo ha estado en manos demócratas en contados períodos de 2 o 4 años a lo largo de la historia. Obama lo tuvo siempre en contra y sólo disfrutó de un Congreso demócrata los dos primeros años de mandato, que es cuando pudo empezar algunos avances. Los otros seis tuvo a ambas cámaras en contra boicoteándole todo, así que se limitó a hablar bonito y aguantar la posición, haciendo lo mínimo que le dejaban hacer. Respecto a este tema de las elecciones USA, una de las mejores cosas que he leído es la entrevista que le hacen al escritor Richard Ford, autor entre otras de la gran novela El periodista deportivo (1986). Pueden encontrarla AQUÍ

En fin. A ver si gana Biden y nos podemos concentrar todos en la lucha contra el virus, el cambio climático y la desigualdad social del mundo, sin que nos distraigan las payasadas de ningún impresentable. Respecto al puto virus, la cosa está jodida. Yo creo que nadie sabe qué hacer para prevenir contagios. Primero parecía que éramos nosotros los más torpes de Europa, apreciación que compartían el fraCasado y los de Vox, pero ahora están cayendo ya los franceses, italianos, británicos y hasta los súper correctos alemanes, que tanto presumen de superioridad respecto a los latinos. Lo cierto es que se acaba de inaugurar el nuevo aeropuerto de Berlín, cuyas obras han tenido un sobrecosto de 4.000 millones de euros y un retraso de nueve años. Han batido los records de incumplimientos que tenía la Filarmónica de Hamburgo. Así que tan perfectos no son.

Yo dudo que consigamos doblegar al virus en poco tiempo, mantengo la ilusión de que sea el propio virus el que modere su malignidad porque, si no, vamos de culo, nadie sabe qué hacer. Y, de momento, yo sigo haciendo mi vida, bastante encerrado, pero sin exagerar. El martes pasado fui a la oficina y tuve un par de reuniones presenciales. Luego me quedé a comer en el bar de mis amigos. El jueves salí también a recoger un móvil con el que generosamente me obsequia el Ayuntamiento de Madrid y que he de devolver a mediados de febrero junto con el ordenador, por lo que he decidido no sacarlo siquiera del envoltorio. Al salir me fui a comer a Casa Tomás, donde no vi menos trasiego del habitual. Y el viernes acudí al Medialab al acto de presentación de un libro que hemos editado, en donde me reuní con el concejal, mi jefa y otros compañeros. A la salida me quedé a tomar una caña con dos amigos que aparecieron por allí, en la terraza del propio Medialab, aprovechando el sol de mediodía.

Esas han sido mis salidas de la semana. Les confesaré que llevo un par de semanas sin correr por el Retiro, haciendo mi entrenamiento en círculos por la casa. Me resulta cómodo y las últimas veces que salí detecté ciertas miradas de cabreo por el hecho de que corro sin mascarilla. Así que esa es mi respuesta al nuevo cierre de la situación. Uno de los que intervinieron en el acto de presentación de nuestro libro, dijo algo que me parece interesante: está todo el mundo hablando de adaptarse a la situación post-covid, y yo creo que más bien deberíamos pensar en adaptarnos a la situación covid y aprender a convivir con ello. Un escritor cuyo nombre no recuerdo, decía el otro día en una entrevista que tenemos que desistir de arreglar el presente, que el presente hay que darlo por perdido y empezar a pensar en cómo será el futuro. Son dualidades simples, pero creo que acertadas. Como la de todo o nada.

Si tengo ilusión en echar a Trump del poder es por quebrar esa deriva maldita que hemos sufrido en los últimos años, que ha llevado a diferentes países a tener al frente de sus gobiernos a impresentables peligrosos, como Putin, Xi Jinping, Erdogan, Bolsonaro, Duterte, Maduro, Ortega, más los presidentes de Hungría, Polonia, Bielorrusia y tantos otros lugares. No puede estar el mundo en manos de semejantes sujetos. Y no me olvido de Boris Johnson. Gran Bretaña está ya clausurada y tengo una foto cojonuda de un hogar inglés, con la que voy a encabezar una serie de imágenes de ese mundo covid al que nos tendremos que adaptar, a modo de cierre de este post esperanzado, en el que hago votos para que mañana tengamos buenas noticias y podamos celebrarlo.

Ya ven. Toda la familia escucha el mensaje televisivo de Boris Johnson, menos el perro que mira afuera nostálgico, sin entender por qué no lo sacan a la calle como antes.


Un futbolista, fichaje de relumbrón de algún equipo español, cuyas primeras impresiones quieren captar los periodistas, sin acercarse demasiado, no vaya a resultar ser un súpercontagiador.


Peatones de una calle de Pekín, escuchando a su presidente en una pantalla gigante. El de la derecha, como el perro de la familia inglesa, pasa de todo, enfrascado en su móvil.


El mercadillo de la calle principal de Kalaw (Birmania), que yo visité hace casi cuatro años, con los puestos distribuidos según las condiciones de distancia social preventiva de contagios.


Una propuesta de gimnasio externo seguro.


Macron y Merkel al terminar una conferencia de prensa conjunta.


El presidente del Parlamento Europeo, Charles Michel, que no puede evitar un cierto aspecto cómico ni en las peores situaciones, saluda a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, siguiendo las recomendaciones de saludo seguro.


Paseantes en una calle del centro de Seúl (Corea).


La nueva línea de la moda, mascarilla a juego con la minifalda.


Y esta ya para volver al tema del principio y cerrar del todo: la pancarta que se ha puesto en su jardín un republicano decepcionado con Trump. Tocaremos madera. Nos vemos a la vuelta.