viernes, 9 de octubre de 2020

983. No dejen que esto les deprima

Escribo mientras hago tiempo para asistir esta noche al segundo concierto de Samantha Fish en el Knuckleheads Saloon de Kansas City, que será a las tres de la madrugada, como el de anoche. A Samantha la pilló la crisis del coronavirus en Bélgica, al mando de una big band con sección de viento, pianista, etcétera y tuvieron que volverse precipitadamente a Nueva Orleans a confinarse. Según dijo ayer, después de más de 200 días en su casa, ha empezado a volver. Yo vi en diferido su reaparición, sola con su guitarra acústica, sentada, interpretando tres canciones, en el acto organizado por el aniversario de la emisora de radio local WWOZ. Después hizo una actuación sólo para televidentes en streaming, en el Tipitina Saloon de New Orleans, que pude ver en directo a cambio de una entrada de 12 dólares. 

Ese día apareció acompañada por dos negrotes veteranos muy sólidos, íntegramente vestidos de negro, con gafas y sombreros del mismo color y sin desperdiciar una mínima sonrisa. Samantha ha recuperado el formato power trío que tanto me gusta, no sé si por gusto o por la necesidad de reducir gastos. Ayer era su primer concierto con público y se presentó con sus mismos dos colegas veteranos al bajo y la batería. El concierto fue muy bueno, aunque están ustedes en su derecho de pensar que la mía no es una opinión imparcial. La gira que ha iniciado Samantha se anuncia como Social Distance Tour. En el concierto pude ver lo que significa. La peña asistía sentada, en columnas alineadas, seguramente separadas por mesas alargadas. No son las mejores condiciones para un concierto de rock, pero menos es nada.

Samantha cantó y tocó ininterrumpidamente dos horas justas, con la propina incluida. A mitad de concierto dejó descansar a los dos negros para tocar un par de canciones sola con su guitarra acústica. Según mis cuentas fueron 18 canciones, haciendo un repaso de toda su carrera, apenas tres del último y premiado disco, que la gente siguió con entusiasmo matizado, porque esta situación postCovid es muy rara. Pero sí que gritaron ¡otra, otra! Salieron los tres músicos y dieron una sola propina, la canción número 19, la única no compuesta por Samantha. Un tema lleno de simbolismo: Don’t let it bring you down, es decir: No dejes que esto te deprima. Se trata de una de las canciones más gélidas y apocalípticas salidas de la pluma del gran Neil Young. Escuchémosla y luego les digo algo de la letra.


Esta canción apareció por primera vez en un disco en 1971, aunque este vídeo es de 2007. O sea, en plena era del hippismo, el amor, el to’er mundo e’ güeno, Young que siempre ha ido a su bola, se descuelga con esta sombría letra, que habla de ancianos tirados al lado de la carretera sin que nadie les auxilie, de ciegos corriendo en la luz de la noche con una respuesta en la mano, de vientos helados rasgando los callejones al amanecer, de luces rojas parpadeando tras las ventanas y sonidos de sirenas en la bruma. Y el estribillo que machaca: no dejes que esto te deprima, sólo son castillos ardiendo, encuentra a alguien que esté girando y súmate a su danza. Aterrador, pero con un mensaje que puede ser finalmente positivo. Samantha tiene mucha cultura rockera y quiso terminar con esta canción histórica.

Por lo demás, estuvo simpática, como siempre, trató de animar a sus paisanos, un poco fríos con la que está cayendo y con cortos parlamentos entre canción y canción, contando cómo se siente, cuánto le gusta volver a Kansas City y cómo disfruta de los paisajes de su tierra. En un momento dado preguntó: ¿vais a volver mañana? Deberíais, porque tengo preparada una sorpresa. Yo desde luego, no me lo pienso perder. En algo se tiene uno que entretener, una vez que ya nos han confinado otra vez en nuestras casitas. El espectáculo de los políticos dándose por culo mutuamente sin pensar ni un segundo en los ciudadanos ha sido dantesco, con Lollypop Ayuso siempre unos cuerpos por delante en el disparate.

No sé si alguno de ustedes entiende su movimiento: yo cierro unos cuantos barrios (casualmente los más pobres y depauperados). Luego viene Sánchez y cierra toda la ciudad. Entonces, voy yo y abro los barrios que había cerrado antes. ¿Ustedes le ven alguna lógica? La única posible es que haya dicho: A tomar por culo, que se contagie todo el mundo y así le podré echar la culpa al Gobierno. Así que, por hache o por be, estamos otra vez in the ghetto, como los judíos de Varsovia. Supongo que recuerdan esta hermosa canción de Elvis Presley (1969). En España se escuchó mucho pero ¿saben ustedes qué decía en la letra? ¿A que no? Pues les voy a poner un vídeo en el que aparece abajo la letra traducida al español. Disfrútenla.


Así que aquí estamos, en el gueto de Madrid, aunque a mí me trae sin cuidado, de momento yo sigo haciendo la misma vida que hacía desde que llegó el virus. He leído en la BBC News que en Gran Bretaña han hecho una encuesta macro para averiguar cómo han cambiado los hábitos de vida. Y resulta que, en cuanto a lo de hacer ejercicio, parece que la gente joven hace más o menos lo mismo que antes, los cuarentones/cincuentones han disminuido su entrenamiento y se detecta un pico de gente que hace ahora mucho más deporte que antes, especialmente en los mayores de 65. Incluso los de más de 70 ya son la leche. El estudio dice que la causa puede radicar en que los de edades intermedias tienen menos tiempo libre, han de hacerse cargo de sus trabajos, sus hijos, su familia en general y sus negocios. En cambio, los ancianos como yo tenemos todo el tiempo del mundo y no paramos.

Por ejemplo, yo esta semana empecé yendo a la oficina lunes y martes. He alcanzado un acuerdo con mis jefes para no tener que hacer trabajo presencial de aquí a mi jubilación dentro de cuatro meses y medio, pero eso lleva aparejadas dos cosas: me van a dar bastante tarea para hacer en casa (ya contaba con ello) y tengo que dejar mi despacho para que lo ocupe otra persona que deba trabajar de forma presencial. Así que, aparte una reunión que tuve el martes para repartirnos los trabajos, los dos días estuve levantando el despacho. Fue una tarea no exenta de emotividad: después de 38 años de funcionario, había acumulado un montón de libros y objetos de oficina de todo tipo. Hice tres bloques: lo que tiré a la basura, lo que regalé a mis compañeros y lo que me traje a casa, cinco cajas de libros y cuatro bolsas de tela con mis cosas de la mesa y los cajones. La suerte está echada y el miércoles me levanté con la sensación de estar amaneciendo a una nueva etapa de mi vida.

Ayer jueves, mi actividad fue la siguiente. Me levanté y bajé a correr mis 6,5 kms por el Retiro, comprobando que mantengo mis marcas, lo que es la mejor PCR. Luego estuve teletrabajando hasta el mediodía. A las tres bajé a comer con tres amigas con las que había quedado en la cafetería del Jardín Botánico. Lo pasamos muy bien e hicimos una larga sobremesa. A las cinco subí a echarme una siesta. Después de un café de tarde, me concentré de nuevo en el trabajo, tengo una serie de temas que revisar y ya voy retrasado. A las 9 lo dejé, cené algo ligero y me tumbé a leer el libro que analizaremos en el próximo Billar de Letras, que me está gustando menos que el anterior, hasta que me dio el sueño. Me acosté, pero con el despertador a las 2.45. Ahí me levanté y asistí al concierto de Samantha Fish hasta las 5. Luego me acosté otra vez.

Esta mañana me había puesto el despertador a las 12 (tenía cita con el notario a las 13.30), pero a las 9 ya me llamó mi compañera M. para una serie de tareas nuevas que tenían que estar listas antes del puente. Así que me vestí, desayuné y me puse manos a la obra. Conseguí terminarlo todo antes de la una, fui al notario y ya me quedé a comer por la zona con mis compañeros de trámite. Después una siesta larga, me he puesto a escribir para ustedes, por cumplir y también por descansar un poco la mente. Como ayer, cenaré, me echaré un rato, veré de nuevo a Samantha y mañana pondré el móvil en modo avión: siendo sábado, no me tiene que llamar nadie. Y afrontaré los tres días de puente encerrado, dedicado a adelantar mi trabajo pendiente, únicamente distraído por mi carrera del domingo, mi post del lunes y los ratos que descanse leyendo mi libro. Y mañana que me haré un potaje para tener comida para los tres días.

Esto del virus es un coñazo, pero no veo por qué no nos podemos animar y pasar el trance con dignidad. Entretenimientos tenemos a montones. Por ejemplo, la campaña presidencial USA, que ha entrado en su último mes, qué nervios. Las últimas payasadas de Trump al salir del hospital han bajado aún más sus perspectivas en los sondeos, aunque ya saben lo fiables que resultan a veces estas encuestas previas. La página que yo sigo mantiene que Biden va por delante en Florida, Arizona, Carolina del Norte y Ohio, y Trump domina Georgia y Iowa, por citar los estados en que parece que hay más igualdad. El debate de los candidatos a vicepresidente fue bastante soporífero, dicen, ambos estuvieron contenidos para no meter la pata y mantener posiciones. Los próximos debates están en el aire, yo repito que a Trump deberían llevarlo al set de televisión en jaula como a King Kong. Por Estados Unidos ha circulado estos días un vídeo que les pongo abajo. El tres de noviembre, tira de la cadena: ¡Vota!       


Algunos republicanos de toda la vida han anunciado ya que no van a votar a Trump, como el ex-presidente George Bush o el general Colin Powell. Incluso hay una agrupación de políticos republicanos contra Trump, que se llama The Lincoln Project, cuya página Web pueden consultar AQUÍ. El presidente dice que simplemente son unos perdedores. Yo creo que hay mucha de la gente que votó a este energúmeno hace cuatro años, que no está por la labor de repetir su voto. Y muchos demócratas que se abstuvieron porque Hillary les resultaba muy antipática, que ahora tal vez se movilicen. El voto por correo ya ha empezado, la gente lleva unas semanas votando y esto es lo que quiere boicotear Trump. Por ejemplo, Sheryl Crow y dos de sus músicos dijeron el otro día en mitad de su concierto del rancho que ya habían votado.

Por cierto, Sheryl ha retirado el vídeo de su concierto de Youtube, así que los que no lo vieran en su día cuando yo lo publiqué en el blog, ya no tienen modo de verlo. Aquí hay que espabilar, que los vídeos de mis posts a veces se desvanecen y ya no vuelven. Como hoy estamos escuchando canciones históricas con un punto melancólico, bueno será que cerremos con otra en esa línea. Mis admiradas chicas de Larkin Poe, el grupo de las hermanas Rebecca y Megan Lovell, anuncian para finales de mes la publicación de un disco de versiones acústicas de grandes temas. Empiezan a publicar ya algunos vídeos anticipados. Entre ellos, esta fabulosa versión del clásico Nights in White Satin. Joder, este sí era un tema de los de arrimar cebolleta, la de veces que lo habré bailado yo... Anímense. Como dice Neil Young, sólo hay que encontrar a alguien que esté girando para sumarse a su danza. Buen puente. Y tengan paciencia. 


martes, 6 de octubre de 2020

982. ¿Son ustedes positivos?

¿CÓMO? No, no. Positivos de Covid no, qué cosas tienen. ¡Positivos de ánimo! Yo al menos lo intento. Ya he dicho muchas veces que sería antiestético que me quejara. Pero reconozco que a mucha gente le estará resultando incómodo y desalentador esta especie de paso atrás que hemos dado, que nos ha retrotraído al estado de sitio, en el sentido de estar en el sitio y no salir de la cueva, como intenté explicar al inicio del post anterior, sin demasiada fortuna semántica. Aquí cada uno se entretiene como puede; yo tengo bastante con el rock y la literatura, además de cumplir con mi trabajo lo mejor que pueda y seguir manteniendo mi blog. A ese respecto, les voy a obsequiar con el vídeo de un blues surgido como respuesta a la epidemia del Covid. Un bluesman ya bien rodado, oriundo de Saint Louis (Missouri), que responde al mítico nombre de Jeremiah Johnson, nos cuenta cómo se ha derrumbado todo su mundo. El tema se llama Unemployed Highly Annoyed que, así en una primera traducción del Google Translator, sería: Desempleado altamente molesto.

Pero he de aclarar esa traducción. Molesto, en castellano, tiene al menos dos acepciones: el tipo que molesta (es molesto) y aquel al que le molestan otros o la situación general (está molesto). En inglés, se diferencian: annoying, para el primero y annoyed para el segundo. Así que este desempleado del que habla J.Johnson es un tipo que está molesto por la nueva situación. Creo que mejor lo traduciríamos por Desempleado altamente jodido. En la letra reproduce todas las cosas que le llegan a los oídos: cierra tu bar, no salgas a la calle, deja de tocar, lávate las manos, no te toques la cara, no des besos ni abrazos. Todo eso le tiene atónito y medio mareado. Y el estribillo es: circula, circula, quita de en medio, circula, circula, por qué estorbas. Este señor fue uno de los finalistas a la mejor canción del año en los Blues Awards recientemente fallados, pero perdió frente a Samantha Fish. La canción, no obstante, es muy buena y por eso se la traigo. Blues clásico de tres compases, con cantante-guitarrista y dos colegas para el bajo y la batería. También suena por ahí un teclado, del que parece que se ha encargado el propio bajo.


El bueno de Jeremiah Johnson ha dicho en redes que está muy orgulloso y contento de haber sido nominado y que espera que ese sea un buen empujón a su carrera. Esto les da una idea de a qué alturas vuela la carrera de Samantha Fish en estos momentos, en un mundo tan de machos como es el del blues (lo han comprobado en el vídeo). Tengo tres novedades sobre Samantha Fish. La primera: antes de su vuelta anunciada para el jueves 8 en el Knuckleheads Saloon, el salón de los cabezas huecas donde empezó sirviendo pizzas, le ha salido otro bolo, en un drive-in, es decir, un autocine, de una ciudad de Nebraska. Allí, contemplada desde los asientos de los coches aparcados, podrá ensayar el concierto del día siguiente. Segunda novedad: las entradas presenciales para el día 8, se han agotado rápidamente, por lo que se ha visto obligada a duplicar: hará un segundo concierto al día siguiente, 9 de octubre, viernes, cuyas entradas también están ya agotadas. Con estos tres conciertos inicia su gira de otoño, bajo la incertidumbre del Covid, para la cual un amigo le ha preparado un cartel muy divertido, en la línea de los comics de Robert Crumb, que pueden ver aquí abajo.


Para promocionar su gira de otoño, este domingo lanzó en redes un breve mensaje que pueden ver AQUÍ (absténganse empachados). Córtenlo en cuanto termine, si no quieren que se les cuelen otros vídeos que no he sabido como desligar. Pero la tercera noticia es la más importante para mí: ambos conciertos, días 8 y 9 de octubre, pueden ser seguidos en streaming pagando unas módicas entradas de 15 dólares. Estos conciertos serán a las ocho de la tarde, hora de Kansas City, que es una hora más de diferencia con nosotros respecto a Nueva Orleans, así que, en definitiva, otra vez a las tres de la madrugada. De nuevo me tocará trasnochar, porque supongo que no tendrán ninguna duda de que ya me he sacado la entrada para los dos. Por nada del mundo me pierdo yo la vuelta al directo de Samantha, y ver cómo la reciben en su pueblo, después de haberse llevado nada menos que diez de los Blues Awards de este año. Además, sabiendo cómo se las gasta esta mujer, estoy seguro de que van a ser dos conciertos totalmente distintos.

Tengo también curiosidad por ver cómo organizan en Missouri, un estado rural con poca incidencia de Covid, un concierto con público en directo en un local cerrado, manteniendo las normas de distancia social. Ya saben que Trump se contagió en el acto de proclamación de su candidata a juez del Supremo, a pesar de hacerlo al aire libre, porque casi nadie llevaba mascarilla, se apretujaron entre ellos y se dieron toda clase de abrazos y besos, como se ha podido comprobar en los vídeos del acto que han circulado. Al diablo cojuelo ese que va repartiendo infectados entre la población mundial, no hay que dejarle mucho margen, que te hunde. Los que asistían a la proclamación solemne de la nueva candidata al Supremo, tal vez pensaron que, siendo como son ultraconservadores, tradicionales y temerosos de Dios, este diablo no se atrevería a atacarles. Craso error. Basta ver una precisa toma aérea de la ceremonia para comprobar que se lo pusieron a huevo. Distancia social al estilo Trump.

La nueva magistrada del Supremo in péctore, Amy Coney Barret, tiene 48 años, siete hijos, es antiabortista, religiosa hasta el fanatismo y augura tiempos sombríos para el legislativo americano. Biden, si llega a ganar, tendrá al tribunal en su contra todo el rato. De momento, la distancia de Biden en los sondeos se mantiene sólida. Se dice que van a ser decisivos unos seis estados, que están bastante igualados. En El País, el otro día incluían en este paquete a Pennsylvania y Wisconsin. Yo creo que estos dos son claros para Biden. Los dudosos, por lo que yo voy siguiendo, son: Florida, Carolina del Norte, Ohio y Arizona (en estos momentos con muy ligera ventaja de Biden), además de Georgia y Iowa (ahora mismo con ventaja de Trump). El presidente domina claramente las encuestas de Texas, Missouri, Mississippi, Kansas, Kentucky, Louisiana, Alabama, Arkansas, Oklahoma y otros estados de rednecks, además de Carolina del Sur, que marca con su vecino del norte la frontera de la cultura más urbana y abierta. Observaré los dos conciertos de Samantha en busca de signos sobre este asunto (y les daré cumplida cuenta en el blog).

Cambiando de tema, he recibido con satisfacción la información de algunos de ustedes en el sentido de que han visto completos algunos vídeos largos de los que les he puesto recientemente. En concreto la extensa entrevista con Bernardine Evaristo y el concierto de Sheryl Crow en su rancho de Nashville. Eso me anima a ponerles archivos de este tipo, o links con algunas cosas más largas, de forma que el que quiera lo consulte y los demás no se vean agobiados por el volumen de trabajo que les propongo. Esto puede ser perfectamente simultáneo con intentar que mis posts sean un poquito más cortos, propósito mío particular de este arranque de año lectivo, que afronto bajo la influencia de los consejos de mi amigo y profesor Ronaldo, que quiere enseñarme a sintetizar.

Lo cierto es que estaba alcanzando unos tamaños de post realmente disuasorios para muchos. Según Ronaldo, el lector medio lo que hace es echarle un vistazo al título, mirar los santos, evaluar el tamaño del post y, con esos tres datos, decidir si lo lee o no. Yo tenía la vana esperanza de que, quien empieza a leer uno de mis textos por el principio, ya se ve atrapado y no puede parar hasta el final. Esto es así con mis seguidores más fieles y los que disponen de tiempo libre para dedicar a cosas como la lectura de un blog. Los demás lo hacen como dice Ronaldo. Y yo no me puedo permitir perder más lectores, que este blog empieza a parecerse a lo que se conoce como un blog zombie. Así que hoy vamos a ir abreviando pero, a cambio, les voy a dejar una lectura muy interesante.

Mi admirado José Ovejero mantiene también un blog, que ha cambiado varias veces de página Web. Recientemente ha publicado un texto muy diferente de los suyos habituales, generalmente más literarios, para darnos una opinión sobre un tema de actualidad, aunque ahora mismo eclipsado por el Covid y las elecciones USA. Me refiero al Brexit. El próximo uno de enero, Gran Bretaña abandonará formalmente la Comunidad Europea, con o sin acuerdo. Ovejero aporta una opinión al menos original y prácticamente les dice a los británicos: que Dios les dé tanta suerte como alivio dejan. José Ovejero ha sido durante décadas traductor simultáneo de plantilla del Parlamento Europeo, radicado en Bruselas, hasta que se jubiló y se volvió a vivir a Madrid, dedicado ya en exclusiva a tareas literarias y teatrales.

Es decir, que sabe de qué habla. Según él, los británicos han sido a lo largo de los años de pertenencia a la Unión, un verdadero coñazo en todas las negociaciones y una rémora para cualquier avance legislativo. Dice Ovejero que, ahora que se va ese socio tan altamente molesto (en la otra acepción), Europa tiene una ocasión de oro para adoptar medidas de interés para todos los socios, que ayuden a la Unión a salir de la coronacrisis. Para leerlo han de pinchar AQUÍ. El texto está encabezado por una foto impagable de Sánchez y Merkel, que nunca había visto; el autor sabe de la importancia de las fotos en los textos de un blog.

Por cierto, mi querido José Ovejero comete un error importante hablando de sí mismo. Él fue traductor hasta 2013, no hasta 2003. Me consta, porque yo le conocí precisamente en Bruselas en octubre de 2012, con motivo de la presentación de un libro suyo de poesía al que acudimos una serie de compatriotas radicados en Bruselas, o de paso por la ciudad, como era mi caso. Este encuentro quedó reseñado en el Post #23, El tiempo pasa despacio, como pueden comprobar si quieren. Luego nos hemos encontrado en Madrid unas cuantas veces. Así que fue en 2013 cuando se volvió a Madrid. Estos lapsus nos suceden a los mayores, especialmente a los que somos más de letras, tanto con las fechas como con las cuentas. Son cosas de la edad. Así que: nada, que hagan lo posible por ser positivos, a pesar del riesgo de dar positivo. Y que pasen ustedes una buena semana. 

sábado, 3 de octubre de 2020

981. En estado de sitio

No hay que dramatizar, más bien quiero decir que estamos condenados a quedarnos en el sitio, como forma de defendernos del virus de los cojones. Para mí no es un gran problema, yo ya estaba prácticamente así y creo que es lo que toca, a ver si mejoramos un poco la curva de contagios. Por cierto, la Organización Mundial de la Salud ha declarado que no tiene ni puta idea de por qué esta segunda ola está pegando más fuerte en España que en los demás países. Hombre, yo creo que la calidad de nuestros políticos, de uno y otro signo, algo ha de tener que ver, pero es sólo una sensación. El resto de los países tampoco es que anden muy boyantes, quitando Nueva Zelanda y algunos otros lugares del mundo adelante. Pero vamos a lo nuestro.

Esta semana he roto mi ritmo de publicar un post cada tres días, porque no disponía del tiempo necesario para ello. Y esto por varias razones. El miércoles día 30 de septiembre fue mi primer día oficial de trabajo, después de un mes de vacaciones. Ya les he contado que, en mi dinámica diaria, no se distinguen apenas los días de trabajo y vacaciones; tampoco los de diario y los festivos. De hecho, durante las vacaciones participé en un par de reuniones con equipos finalistas de Reinventing, consulté mi correo cada día, asistí a los encuentros informativos de los jueves a primera hora y estuve todo el tiempo al tanto. Así que creía que mi reincorporación iba a ser tranquila, sin percibir ningún tipo de solución de continuidad.  

No contaba con que formo parte de un equipo. Y que los demás me estaban esperando para endosarme una serie de tareas, que no me habían pasado antes por respetar mis vacaciones. Algunas de ellas ya iban retrasadas respecto a los plazos previstos. Así que tuve que ponerme a ello en serio. En segundo lugar, he tenido el Curso Intensivo de Iniciación a la Novela, que terminé anoche y que es un tema bastante absorbente, porque es un curso teórico-práctico, en el que se requiere participación e implicación, te ponen deberes que tienes que llevar hechos cada noche y no son tareas rutinarias sino que suponen un esfuerzo intelectual bastante agotador. He salido del curso con un proyecto de novela bastante avanzado, que no creo que pueda desarrollar hasta que me jubile, si bien puede que empiece a trabajarlo en los ratos libres. De esto no les puedo contar nada, obviamente, que, si se lo saben, ya no irán a comprar mi libro en el caso de que un día saliera a la luz.

Para colmo, en una demostración palpable del Principio de Peter, el jueves me levanté y comprobé que me había quedado sin Internet. Llamé al servicio técnico de Orange, intentamos varias maniobras, ninguna funcionó y me dijeron que tardarían entre 24 y 72 horas en resolver el problema. Era una chica sudamericana muy simpática. Empezó a explicarme cómo poner mi móvil como antena WiFi de forma provisional, pero la corté, porque ya sé cómo se hace. Con eso me la gané. Le dije que me preocupaba gastar muchos datos y consultó mi contrato. Tengo un límite de 50 gigas y me aseguró que, por si se me acababan, inmediatamente me asignaba un bono gratuito por otras 35, con lo cual creía ella que tendría de sobra. Al final le pedí permiso para adivinar su nacionalidad. Dijo que adelante y, sin dudarlo, proclamé: Colombia. Celebró con muchas risas mi acierto y añadió que ella estaba tratando de que no se notara su acento, pero era evidente que sin mucho éxito.

En fin, que me entraron ganas de que se me estropeara el router de vez en cuando para ver si me atendía la misma chica (Milena, me dijo que se llamaba). Esta mañana me ha entrado un sms indicándome que ya me lo habían arreglado. Era cierto. He cerrado mi sesión de móvil como antena y he comprobado el uso de datos: ando en torno a 7 gigas consumidas. No está mal, teniendo en cuenta que la cosa incluyó dos sesiones en Zoom de tres horas para la clase literaria, dos mañanas de conexión al trabajo y algunas otras actividades. Todo esto muestra la fragilidad de nuestras conexiones a la red, de la que somos tan dependientes. Yo me paso todo el día Samanthing, como definió con precisión mi hijo Kike, tengo un Spotify Premium para escuchar música de fondo cuando quiero y veo muchos vídeos de Youtube, además de consultar de vez en cuando las noticias.

Eso me ha permitido seguir puntualmente el combate entre Young Sánchez y Lollipop Ayuso, que ha acabado con victoria del primero, como no podía ser de otra manera. La salud de los ciudadanos parece ser un mero pretexto para la gresca y la pendencia de nuestros políticos. Dentro de la incuria moral y mental de nuestra clase política, Lollipop parece ir unos grados más adelante. Yo creo que es un claro ejemplo de mujer-florero de esas que el PP promociona para no parecer tan jodidamente misógino, basándose sobre todo en lo guapas que son, una saga inaugurada hace años por Isabel Tocino. ¿Cómo? ¿Que si Lollipop me parece guapa? Pues hombre, yo creo que, de frente es muy guapa. De perfil ya no tanto, a mí me recuerda a las caras que sobresalían del muro en las casas modernistas coruñesas de mi infancia.

Y lo que decididamente no me enamora demasiado es su tipo, a menudo disimulado por amplios vestidos blancos o floreados. Los franceses tienen una expresión deliciosa para designar este tipo de figuras: une femme aux cuisses hospitalaires. Una mujer de caderas acogedoras. Su nivel mental ya lo ha dejado claro en muchas de sus declaraciones públicas, podríamos empezar a elaborar un diccionario con ellas. Pero lo extraño es ese empecinamiento, esa contumacia, ese carácter terco, que parece llevarla a veces al borde de la locura, algo que yo creo que le pone al fraCasado (y al del Bigote). No me dirán que la mirada que aparece en esta imagen que tienen a la izquierda, no parece contener unos gramos de locura. 

Pero la noticia bomba de esta semana es lo de que Trump se ha contagiado del SARS-CoV-2. No es muy de mi estilo alegrarme de la desgracia de nadie, y menos si implica algo tan serio como el Covid-19, pero no me negarán que hay algo de justicia poética en este asunto. Y luego está el hecho de que le ha contagiado una asesora personal que se llama Hope Hicks y que tiene el aspecto que pueden ver abajo. Una imagen vale más que mil palabras y todos ustedes están pensando lo mismo que yo. A Trump no le gustan precisamente les femmes aux cuisses hospitalaires.



Las implicaciones del contagio del presidente son imposibles de prever. ¿Habrá que suspender los debates? Por cierto, Trump se pasó todo el primer debate gritándole a Biden, lo que es algo no muy recomendable a efectos de prevención de contagios. Biden ha sido muy hábil, deseándole un pronto restablecimiento, pero subrayando el hecho de que Trump ha andado por ahí sin mascarilla y metiéndose en actos electorales multitudinarios sin precaución alguna. En el debate, Trump bromeó: yo nunca he dicho no a la mascarilla, lo que pasa es que sólo me la pongo cuando afronto una situación de riesgo, no como el señor Biden, que no se la quita ni para acostarse en la cama. Un caso típico de alguacil alguacilado, como el de Boris Johnson. A los fanfarrones les pasan estas cosas. Yo le deseo también un rápido restablecimiento, si bien, me van a permitir que sugiera que, para el próximo debate y en aras de evitar la propagación del virus, al señor Trump lo lleven al set de televisión en jaula, como a King Kong.

Si Trump con lo protegido que debe de estar (en realidad es un cagón, como todos los fanfarrones) se ha contagiado, creo que nadie estamos ya a salvo, el virus campa por sus respetos y está por todas partes. Y esto es algo que incide en nuestra vida cotidiana de una forma tremenda. Por ejemplo, ¿recuerdan que mi curso de literatura era presencial? Pues el lunes por la mañana, Ronaldo nos mandó un correo urgente. Uno de los profesores de Billar de Letras se había puesto muy malito y estaban pendientes del resultado de la PCR, con lo cual el primer día sería por Zoom. El segundo y el tercer día, seguía sin saberse el resultado. El cuarto se confirmó el positivo, así que todo el curso ha sido telemático. También se nos dijo que a partir del lunes próximo hemos de acudir a la oficina de la Isla de Alcatraz dos días por semana. Yo voy a procurar no ir más que cuando me lo pida mi jefa por algún asunto concreto, además de los días que necesite para recoger mi despacho. El resto del tiempo que me queda, me parece absurdo arriesgarme a un contagio para contentar el ego de los de Asuntos Internos que, como siempre, se creen que lo que no queremos es trabajar.

Por lo demás el curso de novela fue fascinante, Ronaldo nos calificó enseguida como grupo intenso y al final nos confesó que se había divertido mucho a lo largo de las quince horas lectivas impartidas. A mí me fue muy bien. Encontré ahí todos los defectos de pardillo que habían convertido en fallida mi novela sobre Tijuana (y que me condujeron a abrir un blog, y a ustedes a disfrutarlo). Les pongo sólo un ejemplo. El tramo de clase destinado a aprender a sintetizar y resumir, venía encabezado por esta entradilla de Ronaldo: Del personaje Fulanito sabemos mucho, desde dónde y cómo nació, hasta el último de sus pelos. Y vamos a contarlo todo, para que el lector sepa que se trata de Fulanito y no de un perchero. ¿Realmente es necesario? A mí me hubiera venido muy bien dar este curso antes de ponerme a escribir una novela larga. Pero pensé que, si dominaba el relato corto, no tendría mayores problemas.

Así que esta semana he estado muy ocupado y prácticamente encerrado. Y, desde mi terraza, estoy percibiendo cómo el sol va cada día más bajo. He tenido tres días de curso on line con un tiempo veraniego y otros dos tormentosos y con chaparrones esporádicos. Los primeros los seguí desde la terraza, los últimos ya me tuve que refugiar dentro. ¿Cómo dicen? ¿Que si esto se debe al cambio climático? Nada de eso. En realidad, esto es un fenómeno que está descrito desde siempre en la sabiduría popular. Lo primero que hemos vivido es el Veranillo de San Miguel (que es el 27 de septiembre). Y que normalmente va seguido por el Cordonazo de San Francisco (cuya festividad se celebra mañana). Cuenta la leyenda que San Francisco era de natural tranquilo y pacífico, pero que el demonio se dedicaba a tocarle los cojones, a pulular a su alrededor como mosca borriquera, hasta que el hombre se hartaba, se quitaba el cordón y empezaba a dar cordonazos a ciegas, para espantar al diablo, origen de esas tormentas dispersas de esta época del año. En La Coruña anoche menudeaban los rayos y centellas.  

En fin, que no les he puesto nada de música y yo creo que es una buena forma de cerrar. Ya les conté que Sheryl Crow había dado dos conciertos en su rancho de Nashville. Finalmente no pagué por verla en streaming. Y ahora ha colgado el concierto más electrificado, el primero, para que se pueda ver gratis en Youtube. Lo tienen abajo. Es un vídeo de hora y media, delicioso, para que ustedes se lo negocien como quieran. Pueden verlo a trozos. Pueden ver sólo el principio, para comprobar qué guapa está esta mujer con sus 58 tacos, qué bien toca y canta, qué contenta está y cómo saluda a la audiencia televisiva gritando: Hey gente, hemos sobrevivido por ahora. O pueden no abrirlo y pasar de todo. Son ustedes libres de hacer lo que les pete. Entre canción y canción, Sheryl habla del virus, de cómo ha tenido que ceder y permitir a sus hijos el uso del móvil y la X-box por el encierro y recomienda las medidas de distancia social que los cuatro músicos aplican a rajatabla. En un momento dado, pide una cerveza y dice: venga, tíos, no pasa nada, es viernes por la noche.

Si quieren una sugerencia, pueden ponerse en el minuto 30. A partir de ahí vienen tres canciones que me gustan mucho y que ella no suele tocar en sus conciertos. La primera, Run, baby, run, cuenta cómo su padre le dijo que corriera siempre que se viera acuciada por una situación difícil (Sheryl entrena todos los días y está en plena forma). La segunda se titula I can’t cry anymore, no puedo llorar ya más, un tema que le sirvió para dar por finalizada su relación con el ciclista tramposo Lance Armstrong. Su letra es bastante explícita: coge tu coche, vuélvete a Texas, lo siento, cariño, pero ya no me fío de ti, etc. La tercera se llama Home, hogar. y es una preciosidad. Las tres han sonado en el blog. Así que disfruten del finde. Hoy no les he hablado de Samantha Fish, pero no se confíen: como el bebé de mi historieta, sólo estoy descansando. Y pónganse la pantalla grande, que Sheryl se lo merece.